jueves, 22 de septiembre de 2016

Leones comandados por asnos: Las grandes matanzas de 1916



Oh, how do you do, young Willy McBride?
Do you mind if I sit here down by your graveside,
and rest for a while in the warm summer sun?
I've been walking all day and I'm nearly done.


El año de 1916 fue uno de los más sangrientos de la historia humana. Algunas de las batallas más grandes -en cuanto a fuerzas, muertes, recursos usados y duración- se dieron aquel año como parte de la Primera Guerra Mundial, que hundió a Europa y buena parte del globo en un baño de sangre. El conflicto había estallado en agosto de 1914 y después de la "etapa de movimientos" de aquel año había llegado a un punto muerto. No porque no hubiera acción -las muertes se podían contar por miles en un solo día- sino porque por más balas que fuesen disparadas, por más bombas que explotaran, por más jóvenes que murieran en el altar de sacrificio de esa locura llamada nacionalismo, ninguna de las potencias beligerantes podía presumir de hacer avances significativos o duraderos.

Desde inicios de 1916 los altos mandos militares de algunas de las potencias decidieron intentar operaciones grandilocuentes con tal de romper el empate. Pero las armas eran muy destructivas, los hombres usados como carne de cañón eran muchos, y sobre todo la soberbia, la incompetencia y el total desdén por la vida humana por quienes gobernaban naciones y comandaban ejércitos era demasiada. La destrucción y la muerte podían ser tremendas; los avances, muy poco significativos, insuficientes para inclinar la balanza. Tengamos en cuenta que unas 11 millones de personas murieron en ese conflicto; de ésas, 4 millones perdieron la vida en 1916. Para nunca olvidar los niveles demenciales que la presunción de los "asnos que comandaban a los leones", y continuando con nuestra conmemoración del centenario de la Gran Guerra, les dejo un resumen de las acciones militares más importantes de aquel año y de sus catastróficos resultados.

Las fuerzas en campo





Repasemos. La Primera Guerra Mundial se dio entre dos coaliciones de países. Por un lado, las Potencias Centrales: el Imperio Alemán, el Imperio Austro-Húngaro, el Imperio Turco Otomano y el Reino de Bulgaria.

Por el otro, la Triple Entente o los Aliados: el Imperio Británico (que incluía a Canadá, Australia, Nueva Zelanda, la India y otras colonias), el Imperio Ruso, la República de Francia y el Reino de Italia, más sus aliados menores, Bélgica, Portugal, Serbia y Montenegro, a los que este año se uniría Rumania.

La Rebelión de Pascua


And I see by your gravestone you were only nineteen
When you joined the great falling in nineteen sixteen.
Well, I hope you died quick, and I hope you died clean.
Oh, Willy McBride, was it slow and obscene?




En abril de aquel año la guerra se extendió hasta un "frente doméstico". Nacionalistas irlandeses pensaron que aquel momento, en que las fuerzas británicas estaban ocupadas con el conflicto en Europa, era bueno para declarar la independencia de Irlanda como una república. La insurrección armada duró solamente una semana, pues los 1,200 rebeldes no fueron problema para los 16 mil soldados británicos que las sofocaron. 

Los enfrentamientos y las ejecuciones que les siguieron arrojaron un saldo 82 muertos entre los combatientes irlandeses, 143 entre los ingleses y 260 civiles que no la debían ni la temían. Casi nada, comparado con los números de muertos en cada batalla de las que se libraban en el continente, pero estos eventos, sumados a las recientes derrotas británicas en la guerra, ocasionaron pánico entre los ingleses, sobre todo porque se sabía que agentes alemanes habían colaborado con los rebeldes.

La caída de Kut


And did you leave a wife or a sweetheart behind?
In some loyal heart is your memory enshrined?
And though you died back in nineteen sixteen,
In that loyal heart you're forever ninteen.



Ya les había platicado de esta acción militar ocurrida en Mesopotamia, entre las tropas británicas e indias que se apostaron en la ciudad de Kut Al Amara, y las fuerzas turcas que les pusieron sitio. Todos los intentos por parte de los Aliados para liberar la ciudad terminaron en fracaso. Incluso los rusos habían intentado hacer pasar una fuerza por Persia, pero no llegaron ni cerca de Kut.

Los sitiados resistieron desde septiembre de 1915, pero el hambre y las enfermedades los hicieron capitular finalmente en abril de 1916. Ésta fue probablemente la mayor derrota para el ejército británico en toda su historia, y venía a pocos meses después de la vergonzosa retirada de Galípoli -en enero de este mismo año, en que un intento de invasión aliada había sido repelido por los otomanos-, y casi al mismo tiempo que la rebelión irlandesa. Como se pueden imaginar, las situación parecía desesperada.

Hoy quiero centrarme en la "marcha de la muerte" que vino después, cuando los prisioneros británicos e indios fueron obligados a caminar desde Mesopotamia hacia campos de prisioneros en Anatolia. Un 70% de los ingleses, para nada preparados para resistir aquellos climas áridos e inclementes, murió en el trayecto, así como un 30% de los indios. En total, el Imperio Británico perdió a 30 mil hombres, mientras que el Imperio Otomano perdió 10 mil.

La batalla de Verdún

Or are you just a stranger without even a name,
Forever enshrined behind some old glass pane,
In an old fotograph torn, tattered and stained,
And faded to yellow in a brown leather frame?



Quizá nada habla de la futilidad de la guerra como la Batalla de Verdún, que se dio entre febrero y diciembre. El objetivo de su artífice, el comandante alemán Erich von Falkenhayn, era obligar a los franceses a desgastarse en la defensa del sistema de fortalezas de Verdún. O eso dijo él tiempo después, porque en un principio afirmaba que tomaría las posiciones francesas con pocos problemas, pero cuando vio que la ofensiva se prolongaba sin visos de un final parece que cambió su versión.

Verdún no sólo era importante desde el punto de vista estratégico, pues custodiaba las fronteras entre Francia y Alemania, sino que tenía un significado histórico y simbólico para los franceses, quienes alardeaban de que la fortaleza era impenetrable. Por eso cuando las hostilidades comenzaron no tardaron en escalar. Los franceses no podían permitirse perderla (Ils ne passeront pas! era el grito de guerra) y los alemanes no podían darse el lujo de no conquistarla, porque el honor se les iba en ello. Con cada bando decidido a no ceder ni un ápice, franceses y alemanes derramaron hombres y recursos en esta batalla que duró 300 días.

El tonelaje de bombas y artillería usados por alemanes y franceses en la batalla no tuvo precedentes en la historia humana. Cuando los alemanes atacaron por sorpresa el 21 de febrero, iniciaron con un bombardeo que duró ocho horas y en el que dispararon no menos de dos millones de proyectiles sobre las posiciones francesas. Decenas de millones de proyectiles serían disparados en los casi diez meses que duró la batalla. Si bien la mayor parte de los soldados caídos en la Gran Guerra perdieron la vida por causa de la artillería, en Verdún las proporciones fueron inauditas: el 70% pereció bajo las balas de los cañones.

Los alemanes arrojaron bombas, atacaron desde el aire, usaron gas contra sus enemigos. Obligaron a los franceses a concentrar valiosos recursos en la defensa de esta fortalezas. Consiguieron destruir los bosques que rodeaban la región y reducir muchas de las fortificaciones francesas a escombros. No menos de nueve aldeas francesas (Beaumont, Bezonvaux, Cumières, Douaumont, Fleury, Haumont, Louvemont, Ornes y Vaux) fueron arrasadas hasta sus cimientos, y de ellas no quedó piedra sobre piedra.

Pero al final, ¿qué se logró? Para cuando los alemanes por fin desistieron de su intento porque se dieron cuenta de que no podían seguir invirtiendo hombres y recursos en esto, las bajas entre ambas partes sumaban cerca de un millón entre muertos, heridos y prisioneros. Aproximadamente 160 mil franceses y 140 mil alemanes murieron en una batalla sangrienta y destructiva que decidió prácticamente nada.

Si los alemanes hubieran sabido que la única vía de abastecimiento que tenían los franceses era la Voie Sacrée (Vía Sagrada), un continuo convoy de camiones que viajaban por una carretera completamente vulnerable a un posible ataque aéreo, quizá la batalla habría terminado más pronto y con menos muertes... O quizá no.

La batalla de Jutlandia

The sun shining down in this green fields of France
The warn wind blows gently and the red poppies dance
The tranches have vanished long under the plow
No gas, no barbwire, no guns firing now.



Aunque la Primera Guerra Mundial vio relativamente poca acción en alta mar, fue el escenario de la batalla naval más grande de la historia humana hasta ese momento, por el número de naves de guerra que participaron y el tonelaje de artillería que se disparó en ella. Se dio entre el Imperio Británico y el Imperio Alemán en las aguas frente a Jutlandia, en el Mar del Norte, entre el 31 de mayo y el primero de junio.

Los británicos habían establecido casi desde el principio de la guerra un bloqueo marítimo que tenía el objetivo de ahogar a Alemania, privándola de sus rutas de abastecimiento por mar. Sin embargo, en el campo de la guerra submarina los alemanes llevaban la delantera y establecieron una política de ataques indiscriminados contra cualquier embarcación que se dirigiera hacia las Islas Británicas, aunque fueran barcos civiles o de países no beligerantes.

La Flota de Alta Mar del Káiser tenía la intención de sorprender a la Gran Flota de la Marina Real para destruir de ella lo más que pudiera y romper el bloqueo, pero los británicos interceptaron las comunicaciones de los alemanes y pudieron eludir a los submarinos, los cuales no tuvieron participación alguna en la batalla de Jutlandia. Al medio día del 31 de mayo, los alemanes y los británicos se encontraron antes de lo que los primeros tenían planeado

La Marina Real nunca había sido derrotada, pero eso cambió aquel día. A pesar de que los alemanes sólo contaban con 99 naves de batalla, frente a las 151 de los británicos, fueron los primeros quienes ocasionaron mayores daños a sus enemigos. Los británicos perdieron 14 naves; los alemanes, 11. Pero además, los británicos perdieron a más de 6,000 hombres, mientras que los alemanes contaron bajas de 2,500 hombres. En cuanto al volumen de material hundido, los británicos perdieron 113 mil toneladas, contra las 62 mil perdidas por los alemanes.

Sin embargo, la victoria táctica fue para los británicos. Temerosos de la Marina Real, los comandantes de la Flota de Alta Mar ordenaron la retirada de las aguas de batalla durante la noche; al amanecer, la flota de Su Majestad se encontró dueña del mar. Si los alemanes se hubieran dado cuenta de la ventaja que tenían o si hubieran contado con el apoyo de su flota submarina, quizá la historia de la guerra habría sido distinta...

La batalla del Somme

But here in this graveyard that's still no man's land
The countless white crosses in mute witness stand
To man's blind indifference to his fellow man
And a whole generation were butchered and damned




Una de las acciones militares más sangrientas y destructivas de toda la guerra y de la historia humana hasta su momento. Del desastre que significó el intento de británicos y franceses por romper las líneas alemanas es que proviene la expresión "Leones comandados por asnos". La ofensiva tuvo lugar entre julio y noviembre, en el área circundante al río Somme que separaba las líneas alemanas de las francesas. Nació de la mente de sir Douglas Haig, comandante de las fuerzas expedicionarias, quien se ganó el apodo de "El Carnicero".

Todo empezó a ir mal desde el primer día. Después de haber bombardeado las trincheras alemanas durante 7 días, el primero de julio los británicos enviaron una fuerza de 100 mil soldados para tomar por asalto las posesiones enemigas. Fue un desastre: los soldados británicos fueron recibidos por ráfaga tras ráfaga de ametralladora y perdieron a casi 20 mil de los suyos. Ésta fue la peor matanza en la historia del Imperio Británico.

Como de costumbre, la situación fue mucho más difícil de lo que el wishful thinking de los comandantes les hizo creer. El avance de los franceses y británicos iba a un ritmo demasiado lento y costaba demasiadas vidas. Algunas unidades eran exterminadas casi por completo. Por ejemplo, el 11 de julio, el Undécimo Batallón de East Lancashire perdió a 584 de los 720 que lo conformaban. El día quince, 3,000 hombres de la Primera Brigada Sudafricana ocuparon el Bosque de Delville (o, como ellos lo llamaban, Devil's Wood) y resistieron los feroces ataques de los alemanes. Cuando el batallón fue relevado, sólo quedaban 143 hombres. Durante las seis semanas entre julio y agosto en que los británicos enviaron a las fuerzas australianas y neozelandesas para tratar de capturar la posición granja Mouquet, murieron 12 mil soldados.

Durante la Batalla del Somme la guerra escaló como nunca antes. Mucha de la imaginería que normalmente asociamos con este conflicto (tropas atravesando desiertos de lodo, soldados disparando desde trincheras hediondas, ases del aire teniendo duelos de caballería por encima de campos de batalla mucho menos románticos) provienen de esos días de horror. Fue allí donde por primera vez se usaron los tanques, y fue allí donde Manfred von Richtoffen, el mítico Barón Rojo, forjó su leyenda.

En agosto, después del avance de los Alidos y sin conseguir el éxito en Verdún, Von Falkenhayn renunció al mando del ejército alemán y fue reemplazado por Paul von Hindenburg y su mano derecha, Erich Ludendorf. Éstos adoptaron una nueva estrategia: retroceder y concentrar sus fuerzas para obligar a los Aliados a extenderse más allá de su capacidad y así hacerlos sufrir más bajas de las que podrían soportar.

Pero si en septiembre una victoria aliada parecía posible, por lo menos en la imaginación de los mandos militares, en octubre la llegada de las lluvias convirtió los campos y bosques devastados por la artillería en grandes lodazales. Los Aliados ahora tendrían que luchar cuesta arriba y enfrentar un clima desfavorable. El primero de octubre los británicos perdieron a 57 mil hombres entre muertos, heridos y prisioneros, en los combates en Le Transloy.

Tras casi cinco meses, tras 141 días de bombardeos, asaltos, batallas aéreas, combate cuerpo a cuerpo y los primeros usos de tanques en el frente, los Aliados lograron avanzar apenas unos 10 kilómetros. El costo: 420 mil soldados británicos, 200 mil franceses y 500 mil alemanes. En total, más de un millón de seres humanos perdieron la vida o quedaron heridos y mutilados para ganar esos 10 kilómetros. Es por eso que el Somme se ha convertido en sinécdoque de la brutalidad y futilidad de la Gran Guerra.

La ofensiva Brusílov


And I can't help but wonder, oh Willy McBride,
Do all those who lie here know why they died?
Did you really believed them when they told you the cause?
Did you really believe that this war would end wars?



Entre junio y agosto el ejército del Imperio Ruso avanzó sobre territorios del Imperio Austro-Húngaro con una enorme ofensiva, concebida por el brillante general Aleksei Brusílov. Éste planeó el inicio del ataque con una serie de bombardeos rápidos y precisos sobre las líneas enemigas. Normalmente los bombardeos eran prolongados, lo que daba tiempo al enemigo de replegarse y prepararse para ulteriores ataques, además de que dañaba la Tierra de Nadie entre las líneas, por lo que resultaba muy difícil para los ataques avanzar a través del territorio bombardeado.

La nueva estrategia de Brusílov resultó un éxito rotundo; la línea de los austro-húngaros fue rota por completo y los rusos avanzaron a grandes pasos por la Galizia ucraniana. Entre otras mejoras tácticas, Brusílov creó unidades especiales de choque, compuestas por individuos con experiencia y bien entrenados, para atacar puntos débiles en las líneas austro-húngaras, en vez de enviar grandes números de soldados a morir bajo la artillería enemiga.

Brusílov había aprendido que la guerra moderna era muy diferente a la decimonónica, pero por desgracia fue de los pocos que lo hicieron. La importancia de las comunicaciones y de líneas de abastecimiento bien organizadas fue obviada por el alto mando ruso. El éxito del avance de Brusílov lo alejó cada vez más de sus propias líneas, y además, tras barrer con el incompetente ejército austro-húngaro tuvo que enfrentarse al eficiente ejército alemán, que no caía en las mismas estratagemas. 

Por si fuera poco, el éxito en cuanto a territorio ganado vino a un altísimo costo en vidas humanas, pues los rusos se estaban jugando el todo por el todo. Cuando el avance ruso llegó a su fin en agosto, el Ejército Imperial había perdido 500 mil hombres. Con todo, las pérdidas para las potencias centrales fueron mucho mayores: aproximada 1,3 millones de soldados entre muertos, heridos y prisioneros. Para colmo, el objetivo principal fracasó: el propósito de la ofensiva rusa era coordinarse con la ofensiva británica y francesa en el Somme para romper de una vez por todas los ejércitos de las Potenciaes Centrales, lo que obviamente no sucedió.

Las batallas del río Isonzo

Well the suffering, the sorrow, the glory the shame,
The killing and dying, it was all done in vain.
Oh, Willy McBride, it all happened again,
And again, and again, and again, and again.



Este río, que separaba los terrirtorios de Italia y Eslovenia (en el Imperio Austro-Húngaro) fue el escenario de no menos de doce batallas durante la Primera Guerra Mundial, de las cuales cinco (de la quinta a la novena) se pelearon en 1916, entre los meses de marzo y noviembre.

Esta batalla resulta excepcional porque fue un duelo de talentos entre dos de las mentes militares menos brillantes de la historia humana: el italiano Luigi Cadorna, artífice de la entrada de su país a la guerra, y el austriaco Franz Conrad von Hötzendorf, el responsable de que Austria-Hungría invadiera Serbia e iniciara la guerra, un tipo tan soberamente estúpido que merecería una entrada para él solito. Ambos se caracterizaban por pensar que la maquinaria de guerra moderna no contaba para nada y que lo importante era el valor y patriotismo de los soldados, por lo que no tenían empacho en lanzar oleadas tras oleadas de hombres jóvenes contra el fuego de las ametralladoras.

En marzo los italianos lanzaron una ofensiva, como era costumbre, mal planeada y peor ejecutada. No hubo un resultado claro, sino más bien fue otro de esos empates que nada lograron, pero costaron muchas vidas. Los italianos sufrieron 1,800 bajas, mientras los austriacos perdieron a 1,900 hombres, entre muertos y heridos.

La batalla de agosto fue la más exitosa para los italianos, lo cual es muy poco decir. Les costó 20 mil vidas, contra las 8 mil de los austriacos (8,500 hombres de ambos bandos murieron sólo el 6 de agosto, en los combates en Doberdò), y lo único que lograron fue tomar el control del paso a través del río, así como conquistar la población de Gorizia, en el lado esloveno. Con todo, se vendió al público como una gran victoria para Italia. Esperando repetir ese resultado, Cadorna ordenó otra ofensiva en septiembre, en la que se invirtió una gran cantidad de recursos y se contaron 17 mil bajas para los italianos y 15 mil para los austriacos, pero no se logró nada, en parte debido a que las lluvias desbordaron el río y sus aguas inundaron las trincheras italianas.

Otro intento fallido se dio en octubre, con 25 mil bajas para cada uno de los bandos. Cadorna seguía terco con querer establecer posiciones del otro lado del río y un último intento tuvo lugar en noviembre. Las bajas fueron catastróficas: 39 mil para los italianos y 30 mil para los austriacos. Aunque estos últimos siempre tuvieron la mejor mano, no podían seguir perdiendo gente a ese ritmo, lo que provocó la intervención de los alemanes, quienes sumaron sus fuerzas a las de sus aliados en las consiguientes batallas. Mientras tanto, miles de hombres jóvenes habían perdido la vida a orillas de río Isonzo.

La Zona Roja de Francia

Did they beat the drums slowly?
Did the played the fife lowly?
Did they sound the Death March,
As the lowered you down?
Did the band played the 'Last Post' in chorus?
Did the pipes played 'The Flowers of the Forest'?



Finalmente, quiero mostrarles cómo la guerra sigue teniendo efectos sobre el medio ambiente y la vida humana, aún tras un siglo de que terminara. La Zona Roja en Francia recibe ese nombre porque es un sitio sumamente peligroso, que corresponde al área en la que se libró la batalla de Verdún. La cantidad de explosivos, municiones y armas tóxicas usadas en esta zona durante la Primera Guerra Mundial la han convertido en un campo minado. Aunque en algunas partes alrededor del área se han establecido viviendas, granjas y hasta sitios turísticos, en su corazón hay un área restringida.

Desde hace décadas los granjeros de los alrededores extraen toda clase de vestigios del conflicto: armas, cascos, ballonetas, incluso restos óseos de soldados olvidados. Y a veces, proyectiles y explosivos que en ese momento estallan, dañan los tractores y dejan aterrorizados a los campesinos.

Además, los químicos usados en la fabricación de armas y explosivos siguen contaminando el medio ambiente durante años, aún después de que las bombas hubieran estallado. Por supuesto, los remanentes de los ataques con gas tóxico son de los elementos más contaminantes, y los que causan más muertes de los trabajadores del Département du Déminage, la dependencia del gobierno francés que aún hoy, cien años después, se dedica a limpiar sitios de riesgo. De hecho, se calcula que terminar de limpiar la zona tomará varios siglos.

Entre los químicos presentes en el suelo, el agua e incluso en los organismos vegetales y animales del lugar se encuentran plomo, mercurio, arsénico y zinc. ¿Lo peor? Los niveles de algunos de estos contaminantes siguen en ascenso y pueden permanecer en el ambiente por 10 mil años. Algunas áreas están tan contaminadas por los agentes tóxicos que se han convertido en extensiones desérticas, en las que casi nada puede crecer.


Los verdes campos de Francia...

La expresión "leones comandados por asnos" implica que los que están al mando eran idiotas, pero que los combatientes eran guerreros valerosos. Esta concepción es engañosa, pues quienes estaban en la línea de fuego no necesariamente eran "leones", sino personas comunes y corrientes que fueron transformadas por la experiencia bélica, y así como algunos sobrevivían y otros resultaban ser buenos para el combate, otros se quebraban, y nadie volvía a casa sin cicatrices, físicas o emocionales. Los numerosos casos de shell shock, o neurosis de guerra, una forma de estrés postraumático que afectó a muchos soldados, da cuenta de que en realidad nadie está hecho para la guerra.

La guerra es locura. En nombre de la patria, de la raza o del honor, unos hombres envían a otros a matar y morir, a vivir una pesadilla que quienes no la han experimentado apenas pueden imaginar. La guerra es siempre un acto de los viejos contra los jóvenes, los ricos contra los pobres, los poderosos contra los anónimos. 

Hoy en día los ajedrecistas de la destrucción siguen reclutando a jóvenes, convirtiéndolos en mártires inútiles o en ejecutores de atrocidades, enseñándoles a odiar a quienes nada les han hecho, todo con las promesas vacías de ideales abstractos, mientras ellos pemanecen seguros y cómodos muy lejos del frente.

A lo largo de esta entrada les he puesto estrofas de la canción The Green Fields of France de Eric Bogle (aquí les pongo el cover de Dropkick Murphys), que trata precisamente de la tumba de un joven soldado irlandés caído en la batalla del Somme en 1916. Conociendo la historia de aquel año podemos comprender mejor la letra y conmovernos. Lo más triste de recordar la demencia de la Gran Guerra es precisamente que todo volvió a pasar una y otra vez...




Para aprender más

Easter Rising 1916: Six days of armed struggle that changed British and Irish history
The Tragedy of Kut
10 things you may not know about the Battle of Verdun
What was the Battle of Jutland and why was it so important?
The Battle of the Somme: 141 days of horror
The Brusilov Offensive
Eleven Battles of the Isonzo
The 'Red Zone' in France

sábado, 17 de septiembre de 2016

STRANGER THINGS o de cómo los 80 descubrieron la pubertad



Dedicado a Toño y Mario, mis mejores amigos de la infancia

                Como todo niño de los 80, este verano que me quedé fascinado con la nueva serie de Netflix, Stranger Things, uno de los pocos productos nostálgicos que han valido la pena. Además de su ambientación y de las referencias, obvias y veladas, a filmes clásicos de la década, esta serie tuvo el tino de recoger uno de los elementos más característicos de la época: la representación de la pubertad.

Bien se dice que la década de los 50 descubrió (o inventó) la adolescencia. Que fue el momento de la primera gran brecha generacional, en que los jóvenes marcaron su propia identidad diferenciándola de la generación de sus padres. Fue la era de los rebeldes sin causa, de los pantalones de mezclilla, chaquetas de cuero, los arrancones y el rock n’ roll.

                De la misma manera yo diría que la década de los 80 descubrió la pubertad, en particular la de los varones, esos años increíbles entre la infancia y la adolescencia (más o menos entre los 10 y los 13), de cambio y descubrimiento, de amistades únicas, experiencias nuevas y despertar sexual. Es la etapa en la que nuestros amigos dejan de ser simples compañeros de juegos y se convierten en nuestros confidentes y consejeros –aunque estén tan despistados como nosotros-, en las personas con las que compartimos las vivencias más importantes, y con los que vivimos en un mundo del que los adultos no tienen idea. Es la etapa en la que descubrimos que nuestros cuerpos cambian, que los cuerpos de las chicas también están cambiando, que las niñas siguen siendo fastidiosas pero también se vuelven extrañamente fascinantes. Es la edad en la que los más osados de nosotros roban cigarros de los bolsos de sus madres, cervezas de las neveras y revistas porno de sus hermanos mayores. Es la etapa en la que los inadaptados nos dimos cuenta de qué tan inadaptados estábamos, de qué tan diferentes éramos a los demás en nuestros gustos y nuestras ideas, pero aún soñábamos con la aceptación y la popularidad, inconscientes de que en realidad iniciábamos toda una adolescencia de nunca encajar.

Stand by Me

Un puñado de películas clásicas abordaron esos aspectos de la pubertad y se ganaron un lugar en nuestros corazones. Niños, adolescentes y adultos habían protagonizado sus propias historias, pero la pubertad nunca había sido tan explorada como en esos años en los que la cultura pop fue tan extraña, tan sui generis, que aún seguimos viendo con fascinación y nostalgia sus productos, aunque sepamos en el fondo que no eran tan buenos como quisiéramos creer.

E.T. (Steven Spielberg, 1982) es quizá la obra seminal, en la que tenemos por primera vez la dinámica del grupo de chavillos que tiene que esconder a un amigo de otro mundo mientras se enfrentan a la vigilancia de un gobierno en el que no se puede confiar.  Los Goonies (The Goonies, Richard Donner, 1985) es quizá la película arquetípica, la que viene a la mente de todo mundo. Además de presentar una aventura fantástica, esta película tiene como protagonistas a chicos irreverentes que, entre otras cosas, no tienen timidez en hacer chistes sexuales. Cuenta conmigo (Stand by Me, Rob Reiner, 1986) es probablemente la mejor, por su realismo y la rica caracterización de sus personajes. Como suele ser en las historias de Stephen King, ésta muestra los horrores detrás del idilio del típico pueblito estadounidense.

 Pero si he de escoger el non plus ultra de la pubertad ochentera, le doy el título a El escuadrón anti monstruos (The Monster Squad, Fred Dekker, 1987), en la que los chavos se dan a toda clase de conductas y situaciones inapropiadas, y son los héroes que salvan al mundo de las fuerzas de las tinieblas. Era el sueño de todo chicuelo adicto al terror –como quien esto escribe. Del mismo año llega Los muchachos perdidos (The Lost Boys, Joel Schumacher, 1987) que aunque está protagonizada por adolescentes, incluye a un grupo de pubertos amantes de los cómics de terror que entiende mejor la situación que sus mayores y saben cómo enfrentarse a los vampiros glam. La primera parte –a mi gusto, la que vale la pena- de la miniserie Eso (It, Tommy Lee Wallace, 1990) se centra en la infancia de los protagonistas que tienen que enfrentar al diabólico payaso Pennywise. De nuevo Stephen King nos muestra los horrores del mundo a través de los ojos de los preadolescentes.

Si bien la pubertad es ingenua, a la vez implica la pérdida de ciertas inocencias, y el mayor tino del cine de esa década fue precisamente captar esa paradoja. No es la infancia idealizada, de niños bien portados con sueños puros e imaginación dorada. No: nuestros pubertos del cine dicen groserías, se pelean a golpes, se escapan de la escuela, ven cosas prohibidas para chicos de su edad, fantasean con las hermanas mayores de sus amigos. Como pubertos, disfrutábamos de estas conductas que tanto habrían escandalizado a nuestros padres.

The Monster Squad

Los geeks están de moda, y por eso los cuatro protagonistas de Stranger Things lo son en grado extremo, al punto que parece improbable que chicos de sólo 10 años tuvieran tal acervo de referencias ñoñas. Nuestro ensemble de los 80 habría sido una panda de inadaptados con problemas de bullying, sin duda, pero aunque seguramente habrían demostrado gran pasión por cosas como los cómics, los videojuegos o las películas de terror, no habrían sido tan abiertamente geeky. Entre todos, habría habido uno que fuera el Nerd, el gafapasta, más ñoño que los demás, pero capaz de construir aparatos geniales; quizá habría habido uno que llamemos el Loco, más excéntrico y atrabancado que sus camaradas, el primero en lanzarse al peligro y tener los planes más descabellados; alguno de ellos tendría que ser el Líder, protagonista de la historia y el más sensato; por lo menos tendría que haber un chico Cool, quizá un poco mayor que los otros, más rudo y apto para los golpes, pero también un marginado, quizá porque la sociedad lo considera un delincuente juvenil o porque su familia tiene mala fama. Además, puede haber una Chica (interés romántico del Líder), una hermanita o hermanito menor, u otros chicos que no entren en estas categorías.

Nuestra historia no sería sólo un retrato de la vida púber de estos chicos, sino que sería justamente el momento de su iniciación, su ritual de paso, el momento que les llevará a tener las experiencias que los marcarán por siempre o que incluso los convertirán en héroes. Ayudar a un extraterrestre a volver a casa, desterrar a un montón de monstruos a su dimensión, encontrar un tesoro pirata, vencer a la misma encarnación del miedo o proteger el cuerpo de un compañero caído ante el acoso de los bravucones… ¡la anécdota es lo de menos! Lo importante era cómo esa aventura fortalecía nuestras amistades, permitía descubrir valor y fortaleza insospechados en nuestro interior, y nos enseñaba lo que era tener un propósito que va más allá de nosotros mismos. Y digo “nosotros” porque los chicos de este lado de la pantalla participábamos de la aventura casi tanto como los de aquel lado. Aunque no hubiéramos visto esas películas en el cine, sino en video o en la TV; aunque viviéramos en una realidad muy distinta a la del suburbio gringo; aunque esas experiencias fantásticas estuvieran fuera de nuestro alcance, nosotros que a lo mucho andábamos en bicicleta por nuestros barrios y nos metíamos a una que otra casa abandonada a buscar fantasmas y duendes, compartíamos el mismo sentir que nuestras contrapartes ficticias y anglosajonas.

Stranger Things

Creo que gran parte del éxito de Stranger Things se explica precisamente por esto. Así, mientras recordamos nuestros años pubescentes con nuestros camaradas de la infancia, ya fuera esas tardes que pasamos en busca de aventuras, o esas veces que fuimos al cine en bolita, esperamos también la segunda temporada.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Las tentaciones de San Antonio



Uno de mis temas favoritos en la historia del arte es el de Las tentaciones de San Antonio, representación de un episodio místico de la mitología cristiana. San Antonio Abad fue un monje que vivió por ahí entre los siglos III y IV de nuestra era (se dice alcanzó los 105 años de edad). Aquélla era la época en la que el cristianismo estaba definiéndose, pasando de ser una secta de sólo algunos loquillos a convertirse en la religión oficial del Imperio Romano. De hecho, Antonio fue contemporáneo de Constantino y uno de los fundadores del movimiento eremético, es decir, de los eremitas o ermitaños, hombres santos que vivían en soledad, apartados del mundo y en condiciones precarias. En su retiro, Antonio fue tentado por el Demonio en varias ocasiones, pero resistió firmemente gracias al poder de su fe.

Lo que me parece fascinante de la leyenda de San Antonio es la concepción de la santidad y de la tentación, dos de los aspectos que se me figuran de los más morbosos de la religión cristiana. La santidad se equipara a la privación, las carencias, incluso al sufrimiento. Un eremita se aísla de un mundo cruel y pecaminoso, y se vuelve santo por ayunar y tolerar penurias. En lo personal me preocupa quien piense que uno se hace bueno soportando carencias sin necesidad, en especial cuando tal sufrimiento no le hace bien a nadie. Pero existe en la tradición religiosa una nada sana corriente de pensamiento asceta que cree que para purificar el alma hay que castigar al cuerpo. Es justamente este culto al sufrimiento lo que me parece abominable en la recién canonizada Teresa de Calcuta, quien no daba la atención médica necesaria a los pobres a los que "ayudaba", porque quería que ofrecieran su dolor a Cristo.

Pues bien, todos esos santos apartados del mundo me parecen, además de todo, inútiles. Su santidad no servía para aliviar el sufrimiento en el mundo, y sus milagros eran de lo más chafas. Ahí está Pablo el Simple, por ejemplo, quien según la leyenda era alimentado por un cuervo que le llevaba un pedazo de pan todos los días. Dios no podía enviar a sus cuervos a alimentar a los hambrientos del mundo, pero sí a un viejito loco que se apartaba de la civilización para vivir orando todo el santo día. 

Entiendo que estos siglos de decadencia del Imperio Romano y ascenso del cristianismo eran épocas de violencia e inestabilidad. El cristianismo no ofrecía la posibilidad de mejorar el mundo, sino de hallar consuelo en un mundo hostil y maligno, en la esperanza de la vida futura. De ahí que el colmo de la santidad fuera apartarse de todo lo mundano para dedicarse a Dios. Pero de todos modos estas ideas siguen causándome escalofríos.

En cuanto a la tentación, ésta suele presentarse precisamente como los aspectos del mundo material a los que ha renunciado el santo, tales como las riquezas, el poder y los lujos. Pero, sobre todo, el sexo. Porque, a huevo, el mal no es hacerle daño a los demás sino echarse una follada. Si en las obras más antiguas vemos demonios de pesadilla que hacen de estas pinturas obras realmente macabras (y podrían muy bien estar en esta colección o en esta otra), a partir del Barroco podemos ver que en la vasta iconografía artística sobre San Antonio las tentaciones suelen estar representadas en la forma de mujeres atractivas y desnudas.

El erotismo se desborda de algunas de estas obras de arte, y apostaría a que la mayoría de estos pintores (en especial del Romanticismo en adelante) le tenían más respeto a las tentaciones que al santo. Me los imagino creyendo que Antonio es un viejito ridículo más que un hombre que merece veneración, y que son las tentadoras las que merecían un lugar en nuestros altares. O quizá es sólo que yo lo veo así. Como sea, aquí están algunas obras de arte basadas en la leyenda de San Antonio:


Empezamos con el rey de la locura, Hyeronimus Bosch, el Bosco (1450-1516)

De Domenico Ghirlandaio (1449-1494)

De Jan Brueghel el Viejo (1568-1625)

De Joos van Craesbeeck (1605-1660)

De David Teniers el Joven (1610-1690)

De Jan van der Venne (1616-1651)

De Mattheus van Helmont (1623-1685)

De Giovanni Battista Tiepolo (1696-1770)

De Paul Delaroche (1797-1856)

De Eugène Isabey (1803-1886)

De Henri-Pierre Picou (1824-1895)

De Alexandre-Louis Leloir (1843-1884)

De Félicien Rops (1833-1898)

De Paul Cézanne (1839-1906)


De John Charles Dollman (1851-1934)

De Lovis Corinth (1858-1925)

 Otra de Corinth, hecha once años después de su primera versión.
De Robert Auer (1873-1952)

De Max Ernst (1891-1976)

De Salvador Dalí (1904-1989)

Espero que esta pequeña muestra de mis favoritas, por delirantes, siniestras o eróticas, les invite a buscar más del trabajo de estos artistas y de este fascinante tema. ¡Saludos! Y no sean como San Antonio: déjense llevar por las tentaciones.

domingo, 28 de agosto de 2016

Las Verdaderas Cazafantasmas: sexismo y mame



El fin de semana pasado llevé a mi hijo mayor a ver la nueva versión de Cazafantasmas, después de haberlo dudado un poco. Miren ustedes, Los Cazafantasmas (1984, el año en que nací) es una película a la que le tengo mucho cariño, pero sobre todo soy fan from hell de la serie animada Los Verdaderos Cazafantasmas. Mi chiqui salió fan de ambas también, y él tenía muchas ganas de ver la película, así que fuimos a verla. En resumen, esto pienso...

Lo bueno:



El reparto es el elemento más fuerte de la película. Las cuatro protagonistas hicieron un trabajo estupendo; se ve que son todas comediantes de talento y que de verdad se comprometieron con el proyecto. Además, me gustó que no fueran simples versiones femeninas de Egon, Winston, Peter y Ray, sino personajes nuevos, atractivos en sí mismos y que evitan caer en los estereotipos. A ellas les doy un aplauso sin reservas y añado que Holtzmann es mi nuevo crush (ni pedo, me gustan locas).

Por cierto, añado que la peli se sostiene bastante bien por sí misma. Me gustó que presentara una historia nueva, y tratara de explorar nuevas situaciones (aunque es una lástima que el clímax tuviera que tener, una vez más, a un monstruo gigante aplastando Nueva York). Tiene sus cameos y referencias a la versión clásica, es cierto, y son todos muy lindos, pero la peli tampoco depende de ellos.

Las secuencias de sustos y de acción funcionan muy bien. Incluso las últimas superan a la original: vemos a las Cazafantasmas teniendo una verdadera batalla contra un ejército de espectros y usando una variedad de armas locochonas. Eso está padre, junto con todos los gadgets y la nerdosidad intensa que sólo puede darnos el mumbo jumbo pseudocientífico de una cosa que no es ni fantasía ni ciencia ficción sino algo que sólo existe en sí mismo.

Lo malo:



El humor. Y no es poca cosa, porque se supone que esto es una comedia. Es un revolitjo entre una mayoría de chascarrillos bobos pero inocuos, con algunas puntadas ingeniosas y otros chistes pendejísimos que dan ganas de ir a golpear a los guionistas. A veces no sólo cuentan un chiste malo, sino que agarran un chiste que había salido bien en un principio y lo explotan como a la Cándida Eréndira, hasta que no queda nada de su dignidad. Hay escenas que no contribuyen a la trama pero para nada, y sólo existen como pretexto de un chiste... de un chiste malo, además. Y tampoco es que la original sea una cosa en la que te carcajeas en el suelo hasta perder control de esfínteres, pero no llenaba los momentos muertos con chistes idiotas.

El aspecto visual. Oigan, Los Cazafantasmas tenían un diseño súper creativo y un aspecto sui generis. Algunas de las escenas bien podrían haber estado en Poultergeist o en Evil Dead. Algunos de la serie animada parecían cosas lovecraftianas; eran una verdadera chulada. Los fantasmas de la nueva versión están hechos sin ingenio. Peor: sus colores neón le dan una apariencia ridícula, como de Disneylandia. Es más, el aspecto de la película me recordó, en este orden, a las adaptaciones cinematográficas de Scooby-Doo, La Mansión Embrujada y Casper. Son referencias terribles, que nunca deberían venir a la mente de nadie. Mal, película, mal.

El villano. Es un sujeto cualquiera. Un tipín que aprendió a construir tecnología para atraer fantasmas leyendo un libro. Al parecer era un maldito genio, pero aún así era un weirdo. Porque, güey, hay que odiar a los weirdos y los losers, especialmente si son inteligentes, porque algo se traen entre manos. En fin, un villano sin chiste, que ni intimida, ni es gracioso, ni nada. Pésimo a la sombra de Gozer el Gozeriano, que sale pocos minutos, y sí parece Liza Minelli, pero caray, le hacen un build-up excepcional. Y digan lo que digan de Los Cazafantasmas II, Vigo el Cárpata es un personajazo. Y puedo pensar en como 10 villanos de las series animadas mucho mejores que el pendejo que pusieron aquí. 

Haciendo un balance:



Es una película regular, que se inclina ligeramente hacia el lado positivo. Divertida, mejor que el promedio de comedias gringas bobaliconas y bastante mejor que los muchos refritos nostálgicos con los que nos bombardea Hollywood todos los años, pero al fin y al cabo intrascendente. Creo que una secuela con un mejor guión, o un director's cut podría darnos algo mejor.

¡Ah! Pero ésta es la película intrascendente más importante de todos los tiempos, porque su importancia no está en la película en sí, sino en EL MAME. De eso se trata, ¿no? Eso es lo que todos quieren, eso es lo que vinieron a buscar: mame. ¡Mame por todos lados! ¡Todo mundo mamando! Pues buen, aquí lo vamos a abordar. Agárrense que hay mame.

El mame:



Cuando supe que iban a hacer un refrito de Los Cazafantasmas me molesté, porque por cuestión de principios de vida odio los refritos (aunque me gusta uno que otro). "Bueno", pensé "ojalá que pongan una chica en el equipo, como en Extreme Ghostbusters, porque estamos en el siglo XXI y la cosa no está ya para que los personajes femeninos sean sólo secretarias". Cuando supe que iban a hacer un equipo de sólo mujeres pensé "Hey, es buena idea", y cuando se rumoró que una de ellas sería mi amada Tina Fey, quedé encantado (y me decepcioné cuando no fue).

No pensé que fuera buena idea en sí, porque el hecho de que fueran mujeres haría que la película fuera buena ipso facto (ni lo opuesto), sino porque prometía plantear algo diferente, y por lo mismo interesante, que podría hasta justificar la existencia del refrito: no hacer exactamente lo mismo, sino explorar opciones distintas. Además, me gustan las historias protagonizadas por mujeres (debe ser por eso que cuando juego videojuegos, si es posible hago que mi personaje sea mujer).

Luego salieron los primeros avances y fue descorazonador. Los chistes eran malísimos. Pero para entonces el mame había alcanzado grandes proporciones, y por encima de todas las voces resonaban las de dos extremos: la de quienes odiaban la misma idea de esta película, y las de quienes la mamaban a huevo porque feminismo o algo.

Experimentar



La cosa va más allá de esta película y nos lleva a hablar de la experimentación con materiales clásicos. Últimamente hemos estado viendo un fenómeno en la cultura pop, en especial en los cómics de superhéroes una tendencia a experimentar como no se había visto desde principios de los 90 en que mataron a Superman. Como en aquellos años los nombres y mantos de héroes y villanos clásicos ha sido retomado por nuevos personajes, pero esta vez la diferencia es que se experimenta con género, raza y orientación sexual. Esto es natural, pues responde a las inquietudes de la época. A principios de los 90 la experimentación iba por otros rumbos, con nuevos personajes que eran más jóvenes, más imperfectos, con personalidades más atribuladas o con vidas más parecidas a las de los lectores promedio (piensen en Azrael como el nuevo Batman, o en Kyle Ryner como el nuevo Linterna Verde de esos años).

Estos experimentos pueden o no resultar bien. Puede ser que el nuevo personaje funcione, o puede que no. El simple hecho de cambiarle la edad, el género o la raza a un superhéroe no es garantía ni de éxito ni de fracaso; tiene que haber un buen trabajo creativo detrás. Sobre todo, el cambio tiene que justificarse. Creo que se nota cuándo sinceramente los creadores de cómics quieren explorar nuevos horizontes y cuándo sólo están metiendo cosas en apariencia novedosas no más para parecer cool con la chaviza, pero sin entender las implicaciones de los cambios que están haciendo. Es como cuando creadores chavorrucos quieren poner en onda a un personaje dándole un actitud juvenil y les sale ridículo, o cuando meten a un personaje negro no más pa' que no digan que son racistas, pero dicho personaje termina siendo un estereotipo. "¡Hay que mostrar que todavía somos relevantes maldita sea!"

Ahora bien, hay que aclarar un punto: en la nerdósfera hay muchos puristas. El cambio no cae bien. Les dice alguien que vivió el Superman eléctrico y que Ben Reilly fuera Spider-Man. La nerdiza se rasgas las vestiduras cuando le cambian mucho a sus personajes. Para ejemplos más recientes, acuérdense del Superior Spider-Man, cuando la mente de Otto Octavius (alias Dr. Octopus) ocupó el cuerpo de Peter Parker. Los fanboys pusieron el grito en el cielo, pero con el tiempo se dieron cuenta de que 1.- ¡Hey, en realidad no eran tan mala idea! 2.- De todos modos, todo volvió a la normalidad al poco tiempo, como suele pasar.

Volviendo a las Cazafantasmas, estoy seguro de que muchos fans están indignados porque les cambiaron un producto que amaban y que quisieran ver preservado en su estado prístino. Muchos odian la idea de un refrito en sí, y temen -absurdamente- que les arruine para siempre la versión original. El sexismo no está necesariamente detrás del rechazo a esta nueva versión (además, es una película bobalicona y no tiene por qué gustarle a todos). Es tonto e injusto acusar a todos quienes se nieguen a verla, o que le hayan dado una crítica negativa, de ser monstruos misóginos. 

Los machitrolls



Dicho esto, mucho del rechazo a la nueva versión sí ha sido misógino, y tampoco es muy inteligente negarlo. Pueden ver las evidencias aquí, aquí y aquí. De que existe sexismo en la nerdósfera, lo hay, y se puede ver cada vez que se hace una crítica feminista hacia algún producto de la cultura pop, o se hacen esfuerzos para hacerlo más incluyente: en seguida viene el acoso masivo, los insultos machistas, las amenazas de violación y muerte; en fin, las cosas que terminan convirtiendo la experiencia online en una pesadilla para la víctima. 

Incluso hay quien trata de disfrazar sus razones sexistas con otros argumentos. Me tocó alguien en mi fanpage que comentara "No me molesta que hagan un remake, peeero, ¿por qué tenían que hacerlas mujeres?" Le contesté que era para probar algo diferente, para que valiera la pena una nueva versión. Me respondió "Podrían haber hecho alguna otra cosa, no tenían que ser mujeres". O sea "aceptaré cualquier cosa menos que sean mujeres".

Hubo quien señaló que si se hubiera cambiado de género a un personaje clásico como Blanche DuBois o Scarlett O'Hara, la gente habría puesto el grito en el cielo y acusado de sexismo. Primero, bájale de huevos: Los Cazafantasmas no es ni Un tranvía llamado Deseo ni Lo que el viento se llevó, no mames; es una comedia de acción-horror muy original y propia de una década bien extraña, no una obra maestra del cine y la literatura. Dos, sí ha habido experimentos con clásicos de ese tamaño. Yo una vez vi en teatro una adaptación de Tranvía en la que el equivalente a Blanche era un hombre y seducía al machista y homófobo equivalente de Stanley. Y ahí tienen la versión homoerótica de El Lago de los Cisnes. Nada de esto arruina la versión original, sino que son experimentos artísticos que juegan con la intertextualidad y la deconstrucción de símbolos arraigados en la cultura.

Alguien incluso tuvo el tino de señalar "es LOS Cazafantasmas". No, pedazo de zoquete, es Ghostbusters y no hay nada en el concepto de atrapar espectros con rayos de protones que implique que para hacerlo haya que ser hombre. El único argumento que podría haber tenido algo de sentido decía que la original era una cinta guiada no tanto por el concepto, sino por los personajes. Que si no eran Egon, Winston, Peter y Ray interpretados por Harold, Ernie, Bill y Dan simplemente no podría funcionar. Era un temor bastante válido y con fundamentos, pero creo que al final resultó estar equivocado: Abby, Erin, Jillian y Patty, interpretadas por Melissa, Kristen, Kate y Leslie, supieron llevar adelante la película con mucha gracia y dignidad.

Muchos argumentaron que este tipo de cambios (como Thor mujer) son sólo corrección política, cosas que esas malditas feminazis y millennials hipsters arruinan al empujarnos que todo sea de viejas y negros. Una queja común va más o menos así: "está bien que quieran introducir más mujeres y negros, pero que mejor lo hagan en algo nuevo en vez de cambiar algo que ya existe." Creo que tienen un punto, no sólo porque es comprensible que a alguien no le guste que le cambien lo que conoce y ama, sino también porque nos convendría dejar de regodearnos en tanta pinche nostalgia y empezar a crear una cultura pop propia de esta década. Pero, por otro lado, es en estos espacios ya conocidos donde se puede llamar la atención del público e irlo acostumbrando a la idea de que no todos los héroes del pop mainstream tienen que ser hombres blancos heterosexuales.

¿Qué? ¿Una película protagonizada por viejas que no están ahí luciendo buenorras para mí?
¡Malditas feminazis, todo lo arruinan!


Además, hay una sección de la nerdiza a la que le molesta no el cambio, sino la inclusión. Por ejemplo, en la nueva película de Star Wars la protagonista es mujer, y dos de los personajes principales son un negro y un latino. Una queja común fue que esto se hace sólo por corrección política, sólo por cumplir cuotas. Pero aquí no se cambió nada: se trataba de nuevos personajes en una historia nueva. Para estas personas, ¿cuándo sería aceptable incluir a mujeres o gente de razas no blancas en la cultura pop? ¿Cuándo no lo desestimarían como simple corrección política? Sospecho que detrás de esta actitud muchas veces lo que se quiere decir es "está bien, pongan mujeres y negros si quieren, pero en un lugar donde yo no tenga que verlos".

Cuando salió The Force Awakens hubo grupos que gritaron que la inclusión del actor afroamericano John Boyega era racismo contra los blancos. Ahora se dice que Cazafantasmas es sexista contra los hombres. ¿Por qué? Porque en una sociedad tan racista y sexista como la actual basta con que un par de películas, entre decenas cada año, tengan protagonistas negros o mujeres para que los hombres blancos se sientan amenazados (en Latinoamérica, donde a una parte de la población le gusta sentirse aria y caucásica, la reacción racista me es todavía más chocante).

En fin, ésta es la banda que arguye un montón de motivos sin sentido para odiar de antemano una película, sin importarles la calidad de la misma en cuanto a guión, actuaciones y realización; y todo porque su verdadera motivación, de forma velada o explítica, es el sexismo.

Lxs Social Justice Warriors



Pero también hay mame del otro lado, no se crea. Hubo una bandita que nos presentaba esta película como el traje nuevo del emperador: quien no veía su grandeza, era misógino. No podía haber otras razones, como que a los fanboys no les gusta que le cambien la jugada o como que de hecho se trata de una película medio pendeja y no para el gusto de todo mundo: si no te gustó, eres un cerdo misógino y mereces toda la furia de los Social Justice Warriors. 

El ejemplo primordial lo encontré en el sitio io9, que otrora fuera más inteligente de lo que es en aquestos días, ya que degeneró en lo más chafa del politicorrectismo (tan gradualmente que no me di cuenta). Porque así como hay fanáticos que desestiman toda crítica contra la discriminación y todo intento a favor de la inclusión como simple corrección política, hay otros mamadores que dicen que la corrección política no existe y que toda acusación de malrollismo y toda medida tomada a favor de la inclusión son completamente válidas, legítimas racionales y, sobre todo, de vital importancia, y quien diga lo contrario es un engendro del mal.

io9 es el mismo sitio que hiciera un mame porque la página web de Hasbro se atrevió a decir que las velociraptor de Jurassic World eran machos cuando todos sabemos que son hembras (¡cerdos misóginos!). Bien, pues este sitio le ha estado echando porras a la nueva película de las Cazafantasmas, sin importar qué, incluso diciendo que el tráiler era graciosísimo, y por supuesto, acusando de sexista a cualquiera que pudiera no gustarle. Incluso llegó a decir que era sexista referirse al equipo como Female Ghostbusters. y que era mejor simplemente decir The new Ghostbusters

Ya es bastante confuso que a veces te digan que señalar que son chicas es sexista y que a veces te digan que no reparar en las diferencias de género lo es, pero además los argumentos para este asunto carecían de pies y cabeza, incluyendo que los que usaran esa frase creían que las mujeres no pueden ser comediantes. WTF?! Y ése es un problema con el puritanismo moral de los SJW Millennials: una expresión, el uso de una palabra, el vestir una prenda, el tener gusto por algo, bastan para categorizar a una persona como un monstruo discriminador; los contextos y los matices no importan, si dices esto es porque eres así, y eso es todo lo que se necesita saber de tu calidad como ser humano. 

El que uno pudiera usar la frase Female Ghostbusters porque, coño, eso era lo que principalmente distinguía a esta película de la original, que hasta podías usarla para expresar cosas positivas de la película, era inconcebible para los hinchas de io9. En la sección de comentarios una chica incluso se atrevió a señalar que estaban mamando, y fue atacada por los trolls que la acusaron de tener esa opinión sólo para parecer cool con los machirrines. ¡Ah, chinga! Pues si algo me parece sexista es decir que el único motivo de una mujer para pensar como piensa es darle gusto a los hombres.

Estas actitudes sólo lo hacen todo peor. Alienan a quien pudiera tener una opinión distinta con ataques a priori a su persona, y le quitan todas las ganas de querer entender el otro punto de vista. Le dan causa a los machistas para acusar a todo el feminismo de ser cosas de ñoños de primer mundo que pontifican dogmáticamente hasta por tonterías. Por eso no podemos tener nada bonito, pinches internetz.

En conclusión




A pesar de su calidad mediana como película, la tormenta de arena alrededor de Cazafantasmas, la hace un fenómeno cultural de cierta relevancia. O sea, la discusión sobre la cinta es más importante que la cinta misma. No es que sea radicalmente feminista, ni que quiera meter un discurso feminazi a huevo por las orejas. Como dice mi camarada Felipe Oliva, es más bien una película post-feminista. 

En efecto, aquí tenemos por extraordinario algo que debería ser común a estas alturas de la vida: una película protagonizada por mujeres en un género que no es tradicionalmente el de mujeres (no es un drama de amor o una comedia romántica), y ni siquiera se trata de "mujeres que triunfan en un mundo de hombres". Sólo cuatro mujeres chistosísimas, que no están ahí haciendo de taco de ojo, sino teniendo aventuras y hablando de cosas ñoñas por dos horas.

¡Además, hay niñas encantadas con la idea! Que mi sobrinitas quieran ser Cazafantasmas como yo quería serlo cuando tenía su edad me parece maravilloso. Qué bueno que tengan modelos a seguir diferentes de princesas y niñas mimadas: científicas y heroínas de acción.

En lo personal me gustaría ver más de esto, y ya espero que vengan otros ejemplos en otros subgéneros que se atrevan a dar ese paso, le duela cuanto le duela a los haters, hasta que llegue el momento en que no cause revuelo, y podamos valorar una película de zombis o superhéroes, de espías o detectives, de científicos o de aventureros, no por si sus protagonistas son hombres o mujeres, sino por su calidad.




Excepto si es de ninjas, porque ésos son putos ¬¬

viernes, 19 de agosto de 2016

Si un árbol cae en medio del bosque...



Inicia otro nuevo curso de Filosofía en segundo de prepa. Eso significa que tengo desde la primera clase que plantear algo que les llame la atención y al mismo tiempo les dé una probadita de lo que será una materia que tiene fama de aburrida e inútil. El truco que utilizo es recurrir al viejo y choteado experimento mental "Si un árbol cae en medio de un bosque y no hay nadie ahí para escucharlo, ¿hace ruido?".

No se me alebresten, mis queridos contertulios. Ustedes saben que no estoy aquí para hacer reflexiones magufas de libro de autoayuda y que me huixo solemnemente en el posmodernismo relativista de "nuestra percepción crea la realidad, maese". Pensar en el árbol en medio del bosque solitario NO es filosofía, ustedes lo saben y yo también. Pero escojo este mame con un motivo, y es que puede ser el desencadenador de la serie de reflexiones que acercarán a mis educandos a la filosofía.

El proceso suele ir más o menos así: algunos chicos responden "no", otros responden "sí", y lo que les preguntó es por qué. Ahí empieza el meollo del asunto, porque pasan a preguntarse si existe sonido sin que haya un oído que lo detecte. Pero tiene que existir algo aunque nadie lo perciba, ¿no? Si los chicos son sensatos, no tardarán en llegar a una respuesta: la caída del árbol produce ondas sonoras, pero sin un ser con un sistema auditivo que las detecte y las interprete como ruido, no se puede hablar de tal.

Hasta aquí todo muy bien, ya hicieron un ejercicio de pensamiento que los llevó más allá de la respuesta fácil y automática. Pero aquí les planteo una nueva cuestión: ¿cómo saben que la caída del árbol producirá esas ondas sonoras? Tardarán un poco en formular sus pensamientos coherentemente, pero al cabo los presentan de la siguiente manera: que cuando un cuerpo choca con otro se producen siempre esas ondas sonoras. 

Muy bien, chicos, pero ¿cómo lo saben? Me encanta ver su cara de estupefacción en este punto, y su reacción de que "¡güey, es obvio!" Pero, ¿lo es? Es aquí donde pasan a apelar al conocimiento científico: lo saben porque lo dice la ciencia. Pero, ¿cómo lo sabe la ciencia? Porque se ha comprobado mediante observación, experimentación, etcétera. Entonces les planteo el problema de la inducción (del cual ya les había hablado en el breve curso de lógica práctica que les puse por acá).



Yo golpeo la puerta, y se produce ruido; la golpeo otra vez y se produce ruido; la golpeo una vez más y también hace ruido. Luego concluyo que todas las veces que golpee la puerta ésta hará ruido. De la misma manera, todas las veces que hemos observado a dos cuerpos chocar constatamos que se producen ondas sonoras, y podemos predecir confiados en que siempre que dos cuerpos choquen se producirán ondas sonoras. Todo esto es muy sensato, pero ¿cómo sabemos que simplemente no nos ha tocado uno de los pocos casos en los que dos cuerpos que chocan NO hacen ruido? ¿Cómo sabemos que ya hemos observado suficientes veces el mismo fenómeno para establecer que siempre va a ser así? Así es como empieza dolerles la cabeza.

Si no se rinden antes de tiempo, la respuesta puede llegar a ser: no lo sabemos, chingados, pero lo más sensato y seguro es confiar que sí. Pues bien, he ahí una revelación importante. Porque, verán, el punto de plantear la pregunta mamona del árbol no es encontrar una respuesta definitiva, sino hacer que los estudiantes se cuestionen las respuestas que ya tienen de antemano. Que se pregunten por qué creen en lo que creen y si pueden confiar en el conocimiento que les ha sido dado, ya sea por sus padres, sus maestros o los medios. 

Sobre todo, es un punto de partida para una de las lecciones más importantes sobre la ciencia: que, a diferencia de otras formas de conocimiento, no debemos admitir la que se nos presenta como científica sólo porque alguien nos dice que así son las cosas, sino que podemos cuestionarla y siempre preguntarnos cómo y por qué. Y nos dará respuestas, aunque sean parciales y tentativas. Así empezamos a damos cuenta de que la ciencia, si bien imperfecta y limitada porque los seres humanos somos imperfectos y limitados, es la mejor forma de conocimiento de la que disponemos. 




Como yo lo veo, la materia de Filosofía cumple dos finalidades primordiales. La primera es ésta: enseñar a pensar. Partimos de las respuestas que algunas de las grandes mentes de la humanidad le han dado a las mismas grandes preguntas que nos seguimos haciendo, para que cada uno de nosotros haga sus propios razonamientos y llegue a sus propias conclusiones. Estamos llenos de respuestas prefabricadas, y estudiar filosofía nos obliga a preguntarnos ¿por qué creemos esto? Nos obliga a cuestionarnos nuestros criterios de lo que es bueno, verdadero, justo o bello: nos saca de nuestra zona de confort intelectual.

Preguntarse sobre si los árboles hacen ruido no tiene mucha utilidad en la vida real, pero sí lo será preguntarse cuándo una acción es éticamente correcta, cómo podemos alcanzar la felicidad o en qué tipo de sociedad queremos vivir. Quizá no sean preguntas que nos vayamos a hacer todos los días, pero sí son preguntas importantes que nos haremos en momentos importantes. La filosofía no nos da respuestas definitivas (ni pretende, ni es justo exigírselas), pero nos enseña a plantearnos las preguntas. Puede ser que al final los chicos se queden con sus mismas respuestas pero ahora tendrán las bases para decir por qué. 

La otra finalidad es la de dotar a los estudiantes de los elementos para entender el mundo en el que viven. ¿De dónde vienen las ideas que todo mundo sostiene? ¿Por qué algunas formas de pensar triunfan y otras fracasan? ¿Cómo es que algunas que hace siglos eran compartidas por un puñado de personas al final terminan convirtiéndose en doctrinas casi universales? ¿Por qué tenemos el sistema político que tenemos y por qué estamos convencidos de que (en teoría) es el mejor?

Como creo con firmeza en ambas finalidades de la Filosofía, lamento profundamente el embate que sufre la asignatura en los nuevos planes educativos. Éste es el último año en que daré la materia completa; a partir del siguiente quedará reducida a sólo la mitad, y todo para satisfacer a un sistema educativo obsesionado con lo inmediato, lo cotidiano y lo laboral; un sistema que no quiere individuos pensantes, sino empleados útiles.

En fin, sólo me queda educar a esta última generación lo mejor posible, hacer mi mejor trabajo a partir del próximo año a pesar de las limitaciones y tratar de crear otros espacios para la reflexión que hará falta en las escuelas, por lo menos hasta que lleguen tiempos menos insensatos.

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