viernes, 29 de abril de 2016

Hacia la paz pepertua: la filosofía política de Immanuel Kant



Hace ya tiempo les compartí una selección de citas y fragmentos de la obra de tres grandes pensadores de la antigua Grecia: Platón, Aristóteles y Demóstenes. En esta ocasión quiero hacer lo mismo con el pensamiento de Immanuel Kant, quizá el más grande de los filósofos de la Ilustración y una de las figuras más sobresalientes del pensamiento occidental.

Las obras más importantes de Kant, Crítica de la razón pura y Crítica de la razón práctica, que tratan de metafísica, ética y epistemología, son famosas por su dificultad y complejidad. En cambio, cuando escribe sobre temas más mundanos, Kant es un autor muy accesible. Aquí les presento una colección de fragmentos de varios ensayos que tienen en común los temas políticos, sociales e históricos. Nos sirven para conocer el pensamiento del filósofo alemán, su evolución a lo largo de los años y su influencia en la historia de las ideas políticas, pero también encontrarán que estas reflexiones tienen mucha actualidad y relevancia para los tiempos modernos.

Kant estaba a favor de una democracia moderada, por ejemplo en forma de monarquía parlamentaria. Simpatizó con la independencia de los Estados Unidos y, antes del Terror, con la Revolución Francesa. Conocido por su morigeración en todos los aspectos de su vida, y por su rigorismo lógico, no es de sorprendernos que sus ideales políticos apelen sobre todo a la razón.

¿Qué es la Ilustración? (1784)



Este primer ensayo es una pieza breve en la que habla de la libertad de pensamiento y expresión, pilares de la revolución cultural que transformó a Occidente a partir del siglo XVIII. Kant defiende la vital importancia de guiarnos por nuestra propia capacidad de raciocinio, y de no renunciar a pensar por nosotros para aceptar ciegamente la guía de alguien más. Los gobernantes deben asegurar la libertad de todos para expresar sus pensamientos, incluso si éstos son incómodos o inconvenientes para el poder. Kant, más reformista que revolucionario, piensa que un ciudadano no debe romper la ley, pero que está en su derecho de criticarla si le parece injusta o inconveniente.

“Ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo responsable es él mismo. Esta minoría de edad significa la incapacidad para servirse de su entendimiento sin verse guiado por algún otro. Uno mismo es el culpable de dicha minoría de edad cuando su causa no reside en la falta de entendimiento, sino en la falta de resolución y valor para servirse del suyo propio sin la guía del de algún otro. ¡Ten valor para servirte de tu propia razón! Tal es el lema de la Ilustración.”

“Un público sólo puede conseguir lentamente la ilustración. Mediante una revolución acaso se logre derrocar un despotismo personal y la opresión generada por la codicia o la ambición, pero nunca logrará establecer una auténtica reforma del modo de pensar; bien al contrario, tanto los nuevos prejuicios como los antiguos servirán de rienda para esa enorme muchedumbre sin pensamiento alguno.”

“Para esta ilustración tan sólo se requiere libertad y, a decir verdad, la más inofensiva de cuantas puedan llamarse así: el hacer uso público de la propia razón en todos los terrenos.”

 “El ciudadano no puede negarse a pagar los impuestos que se la hayan asignado, a pesar de lo cual, él mismo no actuará contra su deber cívico si, en tanto que especialista, expresa públicamente sus tesis contra la inconveniencia o la injusticia de tales impuestos.”

“Una época no puede aliarse y conjurarse para dejar a la siguiente en un estado e que no le haya de ser posible ampliar sus conocimientos, rectificar sus errores y en general seguir avanzando hacia la ilustración.”

“Los hombres van abandonando poco a poco el estado de barbarie gracias a su propio esfuerzo, con tal de que nadie ponga un particular empeño por mantenerlos en la barbarie.”


Ideas para una historia universal en clave cosmopolita (1784)



En este texto Kant trata de encontrar el propósito de la historia humana, no de las historias particulares de cada pueblo o nación, sino la de toda la humanidad. Claro, Kant parte dando por hecho algo incomprobable (y en mi opinión, falso) que es que la historia tiene un propósito. En fin, él cree que puede hallar ese propósito al estudiar la historia universal (cosmopolita), un propósito trazado por la Naturaliza o la Providencia y que implica el continuo mejoramiento de la sociedad humana. Es de observarse que en este texto, contrario a lo que se lee en La paz perpetua, la guerra aparece como algo inevitable, incluso como un proceso que permite el avance de la historia hacia un estadío en el que más conflictos no sean necesarios. Aquí pueden hallarse las raíces del pensamiento que después desarrollaría Hegel y, más tarde, Marx.

"La Historia, que se ocupa de la narración de tales fenómenos, nos hace abrigar la esperanza de que, por muy profundamente ocultas que se hallen sus causas, acaso pueda descubrir al contemplar el juego de la libertad humana en bloque un curso regular de la misma, de tal modo que cuanto se presenta como enmarañado e irregular ante los ojos de los sujetos individuales pudiera ser interpretado al nivel de la especie como una evolución progresiva y continua, aunque lenta, de sus disposiciones originales."

"No puede uno librarse de cierta indignación al observar la actuación del hombre en la escena del gran teatro del mundo, pues, aun cuando aparezcan destellos de prudencia en algún que otro caso aislado, haciendo balance del conjunto se diría que todo ha sido urdido por una maldad y un afán destructivo asimismo pueriles; de suerte que, a fin de cuentas, no sabe uno qué idea debe hacerse sobre tan engreída especie."

"El hombre es un animal, el cual cuando vive entre los de su especie necesita un señor: pues ciertamente abusa de su libertad con respecto a sus semejantes y, aunque como criatura racional desea una ley que ponga límites a la libertad de todos, su egoísta inclinación animal le induce a exceptuarse a sí mismo a la menor ocasión. Precisa por tanto de un señor que quebrante su propia voluntad y le obligue a obedecer a una voluntad universalmente válida, de modo que cada cual pueda ser libre."

"Toda guerra supone un intento (ciertamente no en la intención de los hombres, pero sí de la Naturaleza) de promover nuevas relaciones entre los Estados y, mediante la destrucción o cuando menos desmembración de todos ellos, configurar nuevos cuerpos políticos, los cuales, al no poder subsistir tampoco en sí mismos o junto a otros, tienen que padecer nuevas revoluciones análogas a las anteriores; hasta que finalmente (gracias en parte a la óptima organización de la constitución civil interna y en parte también a la legislación exterior fruto de un consenso colectivo) se alcanzará un estado de cosas que, de modo similar a una comunidad civil, se conserve a sí mismo como un autómata."

"Si bien este cuerpo político sólo se presenta por ahora en un tosco esbozo, ya comienza a despertar este sentimiento, de modo simultáneo, en todos aquellos miembros interesados por la conservación del todo. Y este sentimiento se troca en la esperanza de que, tras varias revoluciones de reestructuración, al final acabará por constituirse en aquello que la Naturaleza alberga como intención suprema: un estado cosmopolita universal en cuyo seno se desarrollen todas las disposiciones originarias de la especie humana."


Probable inicio de la historia humana (1786)



Es interesante este breve ensayo, que consiste principalmente en una interpretación racionalista del libro del Génesis es decir, que toma la narrativa del texto bíblico como metáfora de sucesos históricos que bien pudieron haber ocurrido. Me pareció interesante, pues cuando yo aún era creyente pensé que de esa manera tendría que haber sido interpretado, e incluso llegué a conclusiones similares. Muchos de los temas antes tratados se abordan aquí de nueva cuenta, y podemos extraer algunas reflexiones de mucho interés.

“La reflexiva expectativa de futuro, esta capacidad de gozar no sólo del momento actual, sino también del venidero, esta capacidad de hacerse presente un tiempo por venir, a menudo muy remoto, es el rasgo decisivo del privilegio humano, aquello que le permite trabajar en pro de los fines más remotos con arreglo a su destino – pero al mismo tiempo es asimismo una fuente inagotable de preocupaciones que suscita el futuro incierto, cuitas de las que se hallan exentos todos los animales.”

“La salida del hombre del paraíso no consistió sino en el tránsito de la rudeza propia de la simple criatura animal a la humanidad, de las andaderas del instinto a la guía de la razón, en una palabra, de la tutela de la naturaleza al estado de libertad.”

“La amenaza de la guerra es, incluso hoy en día, lo único que modera el despotismo, porque actualmente un Estado precisa de mucha riqueza para convertirse en potencia y sin libertad no se darían las iniciativas que pueden crear esa riqueza.”

“Se ha de reconocer que las mayores desgracias que afligen a los pueblos civilizados nos son acarreadas por la guerra y, en verdad, no tanto por las guerras actuales o las pretéritas, cuanto por los preparativos para la próxima, por ese rearme nunca interrumpido e incesantemente incrementado que tiene lugar por temor a una guerra futura.”

“Dado el nivel de cultural en el que se halla todavía el género humano, la guerra constituye un medio indispensable para seguir haciendo avanzar la cultura; y sólo después de haberse consumado una cultura –sabe Dios cuándo. Podría sernos provechosa una paz perpetua, que además sólo sería posible en virtud de aquélla.”

“Éste es el factor decisivo de una primitiva historia humana esbozada por la filosofía: satisfacción con la providencia y con el curso de las cosas humanas en su conjunto que no avanza elevándose de lo bueno a lo malo, sino que se despliega poco a poco hacia lo mejor partiendo de lo peor; progreso al que cada uno está llamado por la naturaleza a colaborar en la parte que le corresponda y en la medida de sus fuerzas.”


La paz perpetua (1795)



Éste es el ensayo más extenso y el más importante de cuantos Kant escribió sobre asuntos sociales y políticos. En él busca la receta para la paz perpetua entre naciones. Su tesis principal, con ecos de Hobbes, es que en un estado de naturaleza los hombres están en guerra constante los unos contra los otros y por eso requieren de un Estado que les dé orden y leyes. Claro que si Hobbes tenía en mente al Leviatán absolutista, Kant piensa en un orden social donde le sea posible a los ciudadanos participar de la política de su país y criticar al poder si le parece. 

Ahora bien, las naciones del mundo se encuentran precisamente en un estado de barbarie entre ellas; no hay más ley que la ley del más fuerte ni más justicia que la del vencedor en la guerra. De hecho, dice Kant, la única diferencia entre los salvajes de Europa y los de América es que estos últimos se comen a los vencidos, mientras que aquéllos los hacen engrosar las filas de sus ejércitos. La solución para este ciclo de barbarie es una unión libre de naciones. Libre, es decir, no mediante la conquista militar, sino por la voluntad de cada nación, que entienda la conveniencia de someterse a una ley superior a las leyes naciones. Con este ensayo, Kant sienta las bases de la teoría del derecho internacional. 

La profundidad de la visión del filósofo es impresionante, sobre todo después de más de tres siglos de su muerte y tras la catástrofe de las guerras mundiales. También me hace pensar en la actual crisis de refugiados del Medio Oriente en Europa, donde ahora mismo resurgen la xenofobia y el nacionalismo fanático. Urge recuperar estas ideas.

“Un Estado no es (como, por ejemplo, el terreno sobre el que se halla situado) un patrimonio. Es una sociedad de hombres sobre la cual sólo ella misma puede gobernar y disponer.”

“Estar al servicio de alguien con el objeto de matar o ser muerto parece incluir el uso del hombre como simple máquina o instrumento en manos de otro (del Estado), cosa incompatible con los derechos de la humanidad en nuestra propia persona.”

“La guerra no es otra cosa que un triste remedio en el estado de naturaleza (en el que no hay tribunal alguno que pueda pronunciar un fallo legal) para afirmar cada uno su propio derecho por medio de la fuerza.”

“Una guerra a muerte que aniquile ambas partes y anule todo derecho no podrá terminar nunca en paz perpetua, a no ser la del cementerio de todo el género humano.”

“En una constitución no republicana, la guerra es la cosa más fácil del mundo, puesto que el jefe del Estado no es conciudadano, sino propietario del Estado, y la guerra no le quita nada de sus banquetes, cazas, castillos fastuosos, fiestas, etcétera.”

“A la auténtica política le es imposible dar un solo paso sin haber rendido antes homenaje a la moral.”

“El derecho del hombre ha de ser guardado como algo sagrado, por muchos sacrificios que ello pueda ofrecer al poder gobernante.”

“No se trata de filantropía, sino de derecho: la hospitalidad significa el derecho de un extranjero a no ser recibido con muestras de hostilidad por el mero hecho de haber arribado a territorios pertenecientes a otro.”

“El problema es el siguiente: una muchedumbre de seres racionales pide leyes universales para su observación, aunque cada uno sienta interiormente el deseo de eludirlas. Ahora hay que ordenarlos, dándoles una constitución tal que, aunque sus tendencias internas se opongan unas a otras, éstas se detengan mutuamente, siendo respecto a su conducta pública el resultado igual al que podría lograrse si no existieran dichas malas intenciones.”

“Las máximas de los filósofos acerca de las condiciones de la posibilidad de una paz pública deben ser consultadas por los Estados dispuestos para la guerra.”

“Sólo existe este modo de entender el derecho a la guerra: Es justo que los hombres que piensen así se destrocen mutuamente y encuentren, por consiguiente, la paz perpetua en la gran tumba, bajo la tierra que cubre todos los horrores de la violencia con sus propios causantes.”

“Terminada una guerra, al concertar la paz, sería conveniente para un pueblo fijar, además del día de júbilo y agradecimiento, un día de penitencia para suplicar al cielo, en nombre del Estado, perdón por el gran pecado que continúa cometiendo la humanidad al no querer someterse a ninguna constitución legal en su relación con otro pueblo, prefiriendo usar, orgullo de su independencia, el medio bárbaro de la guerra.”

“Una máxima que no puede publicarse sin provocar el fracaso de sus propósitos, que debe mantenerse en secreto para conseguir el éxito deseado, que no puedo proclamar públicamente sin levantar el ánimo de todos contra mis intenciones, esta máxima no podrá basarse sino en la injusticia, injusticia con la cual amenaza a todos.”

“Las revoluciones, sea cual fuere el lugar donde la naturaleza las provoque, no deberán emplearse como disfraz de una opresión mayor, sino que, muy al contrario, servirán como una llamada de la naturaleza a la instauración, mediante hondas reformas, de una constitución legal basada en los principios de libertad.”

“El movimiento del progreso ha de ser en el futuro mucho más rápido y eficaz que en pasado.”

“Una federación de Estados que tenga por único fin el evitar las posibilidades de la realidad de una guerra es el único estatuto legal compatible con la libertad de los Estados.”


Sobre si el género humano se halla en continuo progreso hacia lo mejor (1797)



Como buen ilustrado, Kant cree en el progreso humano, si bien es lento, tortuoso y sólo se logra a lo largo de muchas generaciones. Uno ha de tener paciencia, y entender que el progreso por el que se consagran nuestras acciones no llegará mientras vivamos. Invita a trabajar en pos de objetivos cuya consecución supera incluso nuestro tiempo de vida. Kant piensa que la mejor prueba de que el progreso es posible es la Revolución Francesa, y no tanto por sus resultados finales, sino porque en ella se expresa el deseo del espíritu humano hacia el mejoramiento moral de sus sociedades, un deber de avanzar hacia el horizonte de la utopía, aunque sea inalcanzable.

“La revolución de un pueblo pletórico de espíritu, que estamos presenciando en nuestros días, puede triunfar o fracasar, puede acumular miserias y atrocidades en tal medida que cualquier hombre sensato nunca se decidiera a repetir un experimento tan costoso, aunque pudiera llevarlo a cabo por segunda vez con fundadas esperanzas de éxito y, sin embargo, esa revolución –a mi modo de ver- encuentra en el ánimo de todos los espectadores (que no están comprometidos en el juego) una simpatía rayana en el entusiasmo, cuya manifestación lleva aparejado un riesgo, que no puede tener otra causa sino la de una disposición moral en el género humano.”

“Sus contrincantes no podían emular mediante incentivos crematísticos el fervor y la grandeza de ánimo que el mero concepto del derecho insuflaba a los revolucionarios e incluso el concepto del honor de la vieja aristocracia militar (un análogo del entusiasmo, al fin y al cabo) se disipó ante las armas de quienes las habían empuñado teniendo presente el derecho del pueblo al que pertenecían.”

“Aunque para la omnipotencia de la naturaleza el hombre sea una cosa insignificante, el hecho de que los mandatarios de su propia especie lo tomen por tal y lo traten así, sirviéndose de él cual un animal de carga, como mero instrumento de sus propósitos, o enfrentándolos en sus contiendas para que se maten unos a otro, no es ninguna minucia, sino la subversión del fin último de la propia creación.”

“Esperar que un constructo político como los reseñados aquí [las utopías] llegue a materializarse algún día –por remoto que sea- es un dulce sueño, pero aproximarse constantemente a ese horizonte utópico no sólo es algo imaginable, sino que, en cuanto pueda compadecerse con la ley moral, constituye un deber, y no de los ciudadanos, sino del soberano.”



Listo, ahí tienen un poco de sabiduría, no para aceptarla como tal (después de todo, estamos hablando de alguien que murió hace más de 300 años), sino para iniciar la reflexión crítica y el debate razonado, punto de partida si queremos empezar a caminar hacia una mejor sociedad y, quizá algún día, hacia una paz perpetua.

lunes, 18 de abril de 2016

Crossing over / Encuentros extraños I



Qué gran emoción produce a cualquier fan cuando dos personajes a los que admira se encuentran en una misma historia, ya sea para enfrentarse y medir fuerzas, o para hacer equipo. Es como cuando presentas a dos amigos que no se conocen entre sí. Mientras más improbable sea este encuentro, más se disfruta.

A lo largo de la historia estos encuentros entre personajes ficticios, llamados crossovers, han causado sensación o producido resultados decepcionantes. Quizá uno de los primeros crossovers fue cuando el detective más famoso del mundo, Sherlock Holmes, se enfrentó al más grande de los caballeros ladrones, Arsène Lupin, en el clásico Sherlock Holmes llega muy tarde (1906). Por desgracia, el creador de Lupin, Maurice Leblanc, había usado al detective sin el permiso de Arthur Conan Doyle, por lo que le tuvo que cambiar el nombre al poco sutil Herlock Sholmes. Aunque, claro, de todos modos sabíamos de qué iba.

En 1941 los Universal Studios tuvieron la jran idea de hacer que dos de sus monstruos más populares se encontraran en Frankenstein contra el Hombre Lobo. Es un churro hecho y derecho, como se podrán imaginar, pero incluye un número musical y tuvo el suficiente éxito como para que luego los estudios se decidieran a meter a Drácula en la fórmula, y los tres monstruos protagonizaron La casa de Frankenstein (1944) y La casa de Dracula (1945).



Cuando los personajes son de dominio público es muy fácil armar pastiches, así sea enfrentar a Sherlock Holmes con Jack el Destripador en A Study in Terror (1965) o al rey de los vampiros contra una leyenda del oeste en Billy the Kid versus Dracula (1966). Lo que realmente emociona son los encuentros entre personajes que pertenecen a dos obras, medios o compañías diferentes, como cuando se pelearon los reyes de los monstruos en King Kong vs. Godzilla (1962).




A veces las series de TV han hecho crossovers memorables. En los 60 Batman y Robin se enfrentaron a, y luego hicieron mancuerna con, el Avispón Verde y Kato, en un especial de dos episodios. En los 80 y 90, los Picapiedra conocieron a los Supersónicos, Ace Ventura se encontró con La Máscara, los Power Rangers hicieron mancuerna con las Tortugas Ninja, Jimmy Neutrón compitió con Timmy Turner y así por el estilo. El nuevo milenio nos dio esa gloria del cine malo que es Freddy vs. Jason. Los xenomorfos de Aliens y el cazador implacable de Predator ya se habían enfrentado en cómics y videojuegos, pero fue hasta los dosmiles cuando aparecieron juntos en la pantalla grande. Aunque estoy seguro de que a los mexicanos nada nos entusiasmaba tanto como ver a Santo y a Blue Demon juntos:

¡En la Atlántida!

En el reino de los cómics los crossovers son de lo más común entre personajes de una misma casa editorial. Los encuentros entre Batman y Superman, por ejemplo, son cosa de todos los días. Pero los crossovers intercompañías eran, por lo menos en mich tiempoch, eventos extraordinarios que generaban mucha expectativa. Recuerdo hablar de ello con mis amigos en el patio de la primaria: ¿ya viste que Tal peleó contra Tal? En los 90 parecieron florecer como nunca antes ni después.

En una entrada anterior ya les hablé de los crossovers entre Marvel y DC. Esta vez quiero compartirles algunos de los encuentros más sobresalientes entre personajes dispares; en unos casos hay buenas historias, en otros sólo son muy extrañas y muchas otras que se sienten como oportunidades desperdiciadas. Pero eso sí, nos demuestran que en el multiverso de los cómics, como en el reparto de Gossip Girl, todos se han dado contra todos.

La tagline es mentira: queremos que gane Depredador

Un par de invitados constantes no provienen del mundo del cómic, sino del cine; se trata de los más grandes monstruos extraterrestres ochenteros: Alien y Depredador. Siempre es atractivo ponerlos a pelear contra casi cualquier otro personaje y, por supuesto, entre ellos dos. En los crossovers siempre se tiene que guardar un equilibrio, pues ninguna compañía quiere que su personaje resulte derrotado... a menos que el personaje sea un villano y que el público pague precisamente por verlo perder. De ahí la enorme popularidad de estos duelos.

Otros dos íconos de la ciencia ficción hiperviolenta de la década que me vio nacer también harán esporádicas apariciones en las viñetas: RoboCop y Terminator. Los cómics de todos ellos aparecieron bajo el sello de Dark Horse, editorial especializada en personajes provenientes de otros medios (también publicaba Star Wars, por ejemplo). Esta entrada estará dedicada a algunos de los crossovers más sobresalientes entre los monstruos de Dark Horse y los superhéroes de DC.

Aliens vs. Predator de Randy Stradley y Chris Warner (1990): El cómic que inició el desmadre, el primer encuentro oficial entre los xenomorfos y los yautja. No es muy bueno, más bien es regular. La historia se sitúa en un planeta, recién colonizado por humanos, donde se cría ganado que es mitad vaca, mitad rinoceronte. La cultura de los colonos es tipo cowboys, pero es el futuro, así que todo el ambiente se siente muy weird west tipo BraveStar bastante ridículo. Los Depredadores liberan aliens en el planeta para convertirlo en un coto de caza deportiva y el caos se desata. La protagonista, Machiko Noguchi, es la heroína de acción que nos gusta ver, pateando tantos traseros que se gana el respeto de Depredador, y luciendo sexi al mismo tiempo. Pero lo mejor del cómic es el Número 0, una especie de prólogo en blanco y negro en el que podemos ver a los Depredadores haciendo de las suyas mientras leemos una discusión entre dos pilotos interestelares sobre temas éticos y existencialistas. Después de ese cómic, los duelos entre Alien y Depredador se vuelven tan cotidianos como las discusiones entre esposos por dejar arriba el asiento del retrete.

Batman vs. Predator de Dave Gibbons y Andy Kubert (1991): Este cómic es realmente bueno, en serio, uno de los mejores crossovers, incluso una de las mejores historias de Batman. El Depredador está en Ciudad Gótica de cacería, tomando como trofeos las cabezas de los "machos alfa" de la ciudad: atletas, políticos, gángsters... Por supuesto, no hay macho más alfa que Batman. El cómic tiene todos los elementos que nos gustan de una historia del Encapotado y de una historia de Depredador: el misterio, el suspenso, cadáveres deshollados colgados de cabeza, una épica partida de madre que le propinan al héroe (casi mata a Batman y se salva de chiripa), y la climática pelea final. El arte de Andy Kubert sobre fondo negro es perfecto para este duelo de titanes. Ver al Depredador en los tejados cubiertos de gárgolas no tiene precio. Es simplemente excelente.

RoboCop vs. The Terminator de Frank Miller y Walt Simonson (1992): Miren que este cómic me sorprendió por ser bastante bueno. No podría ser de otra forma dados los talentos detrás de su creación. Éste es el Miller de los buenos tiempos, de antes de que se botara la canica, y entiende a la perfección a ambos personajes, en especial a RoboCop como figura trágica, y la hiperviolencia de las obras de las que vienen. No crean que es nada más un crossover en el que se aparece un Terminator y va directo a los trancazos con el bueno de Alex Murphy. Miller crea una historia en la que RoboCop, por ser el primer cyborg de la historia, sirve involuntariamente para crear a Skynet. Una guerrillera de la Resistencia de John Connor viaja al pasado para matar a Murphy, y un trío de Terminators va detrás de ella. Es una aventura llena de drama, acción, viajes en el tiempo y peleas en el pasado y el futuro.

Superman vs. Aliens de Dan Jurgens y Kevin Nowlan (1995): Otro que, contrario a lo que podríamos esperar, es realmente bueno. Lo que parecía el movimiento obvio después del crossover entre Batman y Depredador se convierte en una historia de calidad en sí misma. Supes viaja a una ciudad que flota en el espacio con la esperanza de encontrar supervivientes de Kryptón. En cambio, encuentra a muy pocos habitantes en una ruina oscura infestada por xenomorfos. Para colmo, al estar lejos del sol, Superman va perdiendo sus poderes poco a poco. Tiene suspenso y terror, es trágica y oscura, como debe ser una buena historia de Aliens, pero además logra conjugarse perfectamente con la mitología de Supes en la era posterior a su muerte y resurrección. Nuestro héroe es arrojado al centro de una verdadera pesadilla en lo que constituye una de las historias más oscuras de Superman.


Tarzan vs. Predator: At The Earth's Core de Walter Simonson  y Lee Weeks (1996): ¡Esperen, sé lo que están pensando! Pero no dejen de leer, porque este cómic es realmente bueno, de esos años en los que los crossovers aún tenían calidad. Simonson demuestra sus conocimientos del universo de Edgar Rice Burroughs al incluir no sólo a Tarzán, sino a la tierra mítica de Pellucidar, un mundo perdido en el centro del planeta, que alberga dinosaurios y otras criaturas prehistóricas. Cuando Tarzán recibe un mensaje de auxilio de sus amigos en Pellucidar, viaja hacia allí para sostener un duelo con un grupo de Depredadores que ha hecho del lugar su coto de caza, pero también con los horribles Sauroides, una antigua raza de reptiles alados con poderes mentales. El arte es excelente y la historia conjuga a la perfección la mitología burroughsiana con el personaje del Depredador en una aventura llena de encanto pulp.

Batman/Aliens de Ron Marz y Bernie Wrightson (1998): Éste es bastante bueno, no tanto como algunos los anteriores, pero también tiene lo suyo. Batman investiga la desaparición de un grupo de científicos de Wayne Tech en la selva centroamericana y encuentra una nave extraterrestre que transportaba huevos de xenomorfo. Rápidamente, el terror se libera y Batman tiene que tratar no sólo de sobrevivir, sino de que los aliens no se reproduzcan y acaben con la vida en la Tierra. Vale aunque sea por el gusto de ver a Bats peleando con xenomorfos entre ruinas mayincatecas. Incluye la aparición de un alien monstruoso gestado en un cocodrilo, de tamaño gigantesco y fuerzas descomuniles. Podría equivocarme, pero me parece que es la primera vez que vemos que los xenomorfos toman las características, fuerza y poderes de sus cuerpos huésped, un tópico que se volvería muy común en los años venideros.

Batman/Tarzan: Claws of the Cat-Woman de Ron Marz e Igor Kordey (1999): Otro cómic bastante bueno. Se ubica en la década de los 30, haciendo posible que Tarzán y Batman coexistan. Tienen, por supuesto, una breve pelea reglamentaria, y a lo largo del cómic se pueden apreciar las diferencias entre el Caballero Nocturno y el Rey de la Selva, no sólo en cuanto a métodos y habilidades, sino en cuanto a sus valores éticos. El escritor Ron Marz se anota otro triunfo al conseguir fusionar los mundos de ambos héroes en un ambiente y un estilo totalmente pulp. Por ejemplo, en esta historia Gatúbela es la princesa de una ciudad perdida en medio de la selva africana, mientras que Dos-Caras es un saqueador mercenario. La trama es bastante sencilla, pero el arte de Igor Kordey es maravilloso. Además, nada grita "igualdad de razas" como tener a un par de blancos aristócratas apaleando nativos africanos. Un crossover imperdible.

Green Lantern vs. Aliens de Ron Marz y Rick Leonardi (2000): Bien, no era un enfrentamiento obvio ni que estuviéramos esperando, pero resultó ser un cómic bastante bueno. Hal Jordan había reubicado un montón de xenomorfos en un planeta deshabitado porque, a según, "no son malos, sólo siguen sus instintos naturales". Diez años más tarde los Linterna Verde ya no existen excepto por Kyle Ryner, el chaval que fue un pinche novato durante toda la década de los 90. Kyle es llamado a rescatar a los supervivientes de una nave que se estrellara en el planeta infestado de aliens. Lo que parecía una misión sencilla se convierte en una lucha por la supervivencia cuando el teto de Kyle pierde su anillo de poder en la primera batalla y tiene que ir a buscarlo en el nido de la reina alien.

Superman vs. The Terminator: Death to the Future de Alan Grant y Steve Pugh (2000): Fíjense que este cómic no es tan malo como uno podría esperar. De hecho, es regular y bastante divertido. Sus problemas son principalmente partir de la premisa de que el futuro dominado por Skynet habría podido darse en un mundo que está lleno de superhumanos (o que a Sarah Connor no se le hubiera ocurrido pedir ayuda a Superman sino hasta que se lo topó en Metrópolis). El otro problema es que carece de toda la violencia, horror y tragedia que caracteriza a la saga de Terminator; de hecho, parece un capítulo genérico de "Superman pelea contra unos robots malos". Claro, hay cierta satisfacción en ver al Azulote barriendo con los ejércitos de Skynet y liderando a las tropas de John Connor en el futuro. Si viendo Terminator alguna vez pensaste "¿dónde está Superman cuando se le necesita?" esta historia es para ti.

Aliens vs. Predator vs. The Terminator de Mark Schultz y Mel Rubi (2000): Déjenme confesarles algo: es bastante mejor de lo que esperaba. Le daría el calificativo de regular. De hecho, el argumento no es malo: esto sucede después de Alien Resurrection, así que tenemos no sólo a una Ellen Ripley rediviva con poderes de alien, sino a la androide Call (personaje de Winona Ryder). Las máquinas perdieron la guerra, pero quedó uno que otro Terminator que se mezcló con los humanos y esperó pacientemente el momento de resucitar a Skynet. Un mensaje dejado a través de los siglos por John Connor alerta tanto a los rebeldes de Call como a los Depredadores, los cuales eligen a Ripley para dirigirlos a una batalla contra híbridos de Terminator y Aliens (no sé cómo se puede hibridar un robot con un bicho gigante, pero bueno...) Todo eso está muy cool. ¿El problema? El cómic está apresurado, usa un chingo de exposición para hacer avanzar la historia, los personajes hacen deducciones inverosímiles y son persuadidos de cualquier cosa a la primera, y las viñetas están saturadas de prosa narrativa estorbosa. Se queda uno con la sensación de que si hubieran dado más tiempo para que se desarrollaran la historia y los personajes habría salido una novela gráfica muy buena.

Superman vs. Predator de David Michelinie y Alex Maleev (2001): Es bastante malo, y aburrido, que es lo peor. Para estas alturas la fórmula ya estaba muy gastada. Tanto los aliens como el Depredador habían sido convertidos en personajes de utilería. Nada en este cómic es nuevo: una vez más estamos en América Central, una vez más están las ruinas mayincatecas, una vez más Superman se queda casi sin poderes. Además, el Depredador ni siquiera es el verdadero antagonista de esta historia, sino que lo es un científico loco que quiere eugenizar a la humanidad. Es un cómic de la era Bush y se pinches nota. La única mujer fuera de Lois Lane es una científica de raza negra que se pasea en shorts y top de bikini durante todo el cómic, y que además resulta ser "la mala", pero no se preocupen, que el hombre blanco exmilitar le da su merecido. Incluye la frase "las armas no matan gente, los liberales torpes matan gente". Puaj.

JLA vs. Predator de John Ostrander y Graham Nolan (2001): Este también es malosón, pero por lo menos no está de hueva, y se gana puntos por extraño y absurdo. La cosa va así: unos extraterrestres malos crean unos clones de Depredador, cada uno de los cuales imita los superpoderes de uno de los miembros de la Liga de la Justicia. Tons hay Depredadores con los poderes de Superman, Flash, Átomo, el Detective Marciano, la Mujer Maravilla (calzoncito y látigo incluidos), Aquaman. el Hombre Plástico, Linterna Verde (!?) y Batman (!!!???). Sí, nada tiene sentido, especialmente porque los extraterrestres malos bien podrían haberle dado a todos los Depredadores los poderes de Superman y esto habría acabado en quince minutos. Es bien estúpido, pero está cagado.

Superman/Tarzan: Sons of the Jungle de Chuck Dixon y Carlos Meglia (2001): Éste es bastante malo. Es un Elseworld con una premisa interesante: la nave de Kal-El cae en medio de la selva africana y el pequeño kryptoniano es criado por gorilas. Entonces, básicamente tenemos a un Tarzán con los poderes de Superman. Mientras tanto, John Clayton es criado por sus padres en Inglaterra. Pero luego Dixon ya no sabe para dónde llevar la historia y todo se siente como un enorme desperdicio. No sé cómo no se le ocurrió usar a villanos como Grodd o Titano, teniendo el escenario tan puesto. Con decirles que al final Clayton y Kal-El se encuentran e intercambian lugares porque ése era su destino... ¿O sea que John Clayton no tenía que haber sido criado por simios para convertirse en Tarzán? ¿O sea que Kal-El, a pesar de haber vivido en la selva por 20 años, sólo tenía que mudarse a Metrópolis para ser Superman? Es bien estúpido. Lo mejor del cómic es el postfacio de Robert R. Barrett, el archivista de Edgar Rice Burroughs, que habla de la relación entre ambos personajes. Y hasta él sólo alcanza a decir que la historia está "entretenida" y que el arte es "interesante".

Superman and Batman vs. Aliens and Predator de Mark Schultz y Ariel Olivetti (2007): Well, fuck it. El cómic en sí está regular y definitivamente es mejor que los dos anteriores encuentros entre DC y los Depredadores. Tiene la ventaja de que el de Ariel Olivetti es hermoso, y la historia no carece de cierto interés: 14,000 años atrás, una nave de Depredadores se estrelló en los Andes, y quedó sepultada bajo la cordillera; en el sistema de cavernas, los Depredadores desarrollaron una civilización muy primitivota, que incluía la cría de xenomorfos para la caza. La actividad volcánica los hace resurgir, y entonces Batman y Superman tienen que ir a evacuarlos a todos. Sip, los terribles monstruos extraterrestres que poblaron las pesadillas de todo niño de los 80 son aquí pobres damnificados que requieren ayuda superheroica y que presentan inconvenientes más que amenazas para nuestros héroes. La cosa había decaído bastante en la última década.



No dejen de sintonizarnos la próxima semana para más encuentros extraños. Créanme cuando les digo que esto apenas está comenzando. Mientras tanto, pueden checar mi álbum Duelos improbables sobre peleas que nunca sucedieron, pero que debían haber sucedido.

lunes, 11 de abril de 2016

Feminismo. Parte II: Luchas y realidades



Parte II: Luchas y realidades

Una vez aclarados los términos, debemos pasar a lo verdaderamente importante, que es demostrar por qué es necesaria una lucha específicamente dirigida a liberar a las mujeres de la opresión para alcanzar la equidad de género. Por tanto, a partir de aquí cuando hable de “feministas” y “feminismo” me estaré refiriendo al activismo militante.

5. ¡Pero si las mujeres están privilegiadas en esta sociedad!


Nope, no estás entendiendo de qué va la cosa.

Hay dos formas en las que las mujeres reciben un “trato especial” en nuestra sociedad. La primera deriva de la visión tradicional de los roles de género y se expresa en la caballerosidad (abrir la puerta, pagar la cena o el cine, etc.), las leyes que favorecen a las madres en caso de divorcio, la exención del servicio militar, o frases como “¡niños y mujeres primero!”. Todas vienen de la idea de que las mujeres son desvalidas por sí mismas y necesitan un hombre que las mantenga, las proteja y sirva de intermediario entre ellas y el mundo.

Por ejemplo, la costumbre de que sea el hombre quien pague la cena viene de que tradicionalmente los hombres trabajaban y ganaban dinero, mientras que las mujeres no, o ganaban menos. El hombre debía demostrar que era capaz de mantener a la dama que cortejaba porque se asumía que ella no podría hacerlo por sí misma. Cuando se espera que la mujer no trabaje, no sólo se le protege de la dureza del mundo laboral; se le condena a encargarse del hogar o la familia (que es un trabajo titánico), se le quita la posibilidad de disponer de su propio dinero y de encontrar la realización vocacional, y se le deja expuesta al desamparo si el hombre del que depende muere o la abandona.

Si todavía las leyes o la jurisprudencia favorecen a las madres en caso de divorcio, se debe a la creencia de que por naturaleza sobre ellas recae la obligación de cuidar y criar a los hijos (recuérdese que tener hijos no es sólo una hermosa experiencia: es también una chinga enorme). Si a los hombres maltratados por mujeres (es muy minoritario, pero pasa) no se les toma en serio, es porque se toma por ridícula la situación de que alguien inferior y débil maltrate a quien se supone que es fuerte y dominante; desde el punto de vista del patriarcado, sería tan ridículo como que a un tigre lo correteara una gallina.

Considerar que personas adultas y perfectamente capaces son desvalidas e inútiles, que necesitan de la protección del “sexo fuerte”, o que sus aptitudes y funciones se reducen al hogar y a los hijos, no es privilegiarlas: es tenerlas como menores de edad. Y como a menores de edad no sólo se les brinda protección, sino que se les quita la autonomía, se reducen sus posibilidades de acción y elección y se les coloca bajo la tutela de alguien más. Obviamente, las feministas no están a favor de nada de eso.




Otra forma en que las mujeres reciben un “trato especial” es progresista y proviene del reconocimiento de que, por el hecho de estar en una sociedad sexista, las mujeres se encuentran en desventaja frente a los hombres. Esto se expresa en políticas públicas o programas sociales, como las cuotas de género en empresas o gobiernos y la creación de espacios seguros exclusivos para mujeres. Idealmente, en un mundo no sexista estas medidas serían innecesarias. Podríamos debatir si son eficaces o no para la consecución de la equidad de género y seguramente habrá algunas que no estén muy bien concebidas o resulten contraproducentes. Pero por lo menos hay que entender la lógica detrás de ellas: no se trata de darle privilegios a las mujeres sólo por serlo, sino de darles la posibilidad para superar las dificultades que contrae el ser mujer en un mundo sexista.

Por ejemplo, las cuotas de género. Obviamente una persona debería obtener un puesto en una empresa o un cargo público por sus cualidades y talentos. Así sería si viviéramos en una meritocracia perfecta en la que cada quien obtiene lo que merece. Pero ay, no es así. Sucede que aún persisten muchos sesgos y prejuicios. Se han hecho experimentos que demuestran que los empleadores juzgan currículos idénticos con criterios distintos si piensan que son de hombres o de mujeres, y que los profesionistas son más duros para calificar el desempeño de sus compañeras (aquí, aquí y aquí). La lógica de las cuotas es contrarrestar esta desventaja: se trata de que cada vez más mujeres tengan acceso a empleos bien pagados y espacios representativos que les permitan prosperar, como individuos y como pertenecientes a un grupo históricamente oprimido.

Decir que estas medidas ponen a las mujeres en una situación privilegiada es absurdo; en el mejor de los casos lo que hacen es compensar por la desventaja en la que se encuentran. Las quejas al respecto son como las de los empresarios ricos que se lamentan de “estar satanizados y perseguidos” cuando se exige que los que más tienen paguen proporcionalmente más impuestos; o como los rednecks gringos que despotrican con que los negros tienen muchos privilegios porque reciben apoyo en forma de programas sociales.



Hay una tercera razón por la que las mujeres reciben un “trato especial” y tiene que ver con su condición biológica inevitable de hembras humanas (hablando de mujeres cisgénero, desde luego), que implican cosas como los permisos de maternidad, el acceso libre y completo a servicios de salud ginecológica y obstetra (los penes no requieren tantos cuidados; cuenten cuántas veces en su vida han necesitado ir al urólogo), las ausencias al trabajo o la escuela justificadas en caso de malestar menstrual, o el derecho exclusivo a decidir sobre la interrupción del embarazo.

Por supuesto que sería estupendo que existieran permisos de paternidad también (como en los desarrolladísimos países del norte de Europa), pero mientras tanto es más urgente que las madres los tengan, porque ellas son las que tienen que gestar, dar a luz y amamantar, y porque no deberían perder sus ingresos ni sus posibilidades de desarrollo profesional. De nuevo: esto no es privilegiar a nadie; es simplemente procurar que seres humanos puedan cubrir sus necesidades. Exigir que se eliminen los permisos de maternidad si no los hay de paternidad (como he leído expresar a algunos antifeministas) es una culerada inexcusable: sólo perjudicaría a las mujeres y a los bebés sin ayudar a los hombres y no tiene más fundamentos que la ardidez y falta total de empatía.

“Ah, pero vivimos en una sociedad capitalista en la que cada quien tiene que ver por sí mismo sin preocuparse por lo demás, y por eso mismo un empresario debería poder contratar a quien más le convenga, y si no le conviene  contratar a mujeres porque se embarazan y se vuelven inútiles, pues nadie debería obligarlos”. Bueno, pues se trata de evolucionar más allá de esas ideas salvajes de que los seres humanos son sólo posibilidades de lucro para alguien más y que quienes están en posiciones de poder tienen derecho a ser cretinos frente a los que no, para progresar hacia una sociedad en la que nos protejamos los unos a los otros y hagamos lo posible para que todos tengamos las mismas oportunidades.

6. ¡Pero los hombres también sufren!




Respuesta rápida: sí, los hombres también sufrimos por el sexismo. Se nos imponen ideas de masculinidad, junto con expectativas y deberes ligadas a ellas, que empobrecen nuestra vida emocional y muchas veces chocan con nuestras formas de ser como individuos, lo que nos lleva a la frustración y a la infelicidad. Está jodido que así como la marca de la feminidad tenga que ser lo frívolo, la marca de la virilidad tenga que ser lo brutal. La abolición de los roles de género sólo pude ser buena para todos los seres humanos, no sólo para las mujeres. ¿Y pos qué creen? Ése es uno de los puntos más importantes del feminismo.

Mire usté, joven, el hecho de que los hombres también la pasemos mal NO es un argumento en contra del feminismo, por lo siguiente:

A.- La lucha del feminismo no sólo no está peleada con la lucha contra los estereotipos que oprimen a los varones: es complementaria. Las personas que quieran actuar contra las leyes que perjudican a los padres en caso de divorcio, o contra el servicio militar obligatorio para varones, o que quieran abogar a favor de los permisos de paternidad en el trabajo, o a favor de que se aborde con seriedad el problema de la violación hombre-hombre en las cárceles, o a favor de que haya apoyo estatal para los padres solteros… En fin, las personas que abracen estas causas no encontrarán oposición por parte del feminismo ni de las feministas (excepto, quizá, de algunas de las más atarantadas), antes bien tendrían su apoyo moral, porque de lo que se trata es de combatir la desigualdad.

B.- No son las mujeres en general ni las feministas en particular las que oprimen a los hombres. Son otros hombres, y aunque sobre un género recaen estas injusticias, la dinámica definitivamente no es la de violencia que ejerce un género contra otro, amén que la mayoría de las veces tiene más que ver con otras estructuras de poder -clase social (ricos contra pobres); edad (adultos contra niños); razas (blancos contra minorías); u otras jerarquías (gobiernos autoritarios contra sus ciudadanos, mandos militares contra sus subordinados)- que con el género en sí. Interseccionalidad, gente.

C.- Aunque la lucha por la igualdad implica lógicamente deshacerse de las inequidades que perjudican a los hombres, las feministas no están obligadas a involucrarse activamente en esa lucha. Están muy ocupadas en resolver los problemas que les afectan como mujeres (que no son pocos) y están en todo su derecho a enfocar su atención y sus fuerzas en ello. Si bien muchas feministas apoyan estas causas en sus discursos y en sus acciones, no es justo reclamar a las que decidan no hacerlo ni ello deslegitima sus propias luchas.



D.- Los hombres no están igualmente oprimidos por el sexismo que las mujeres. Muchos de los casos de opresión masculina que suelen mencionar los antifeministas se refieren a leyes muy específicas y en su mayoría en países de tercer mundo. Esto difícilmente puede ser paragonado con la opresión histórica y universal que han sufrido las mujeres. Otros tantos se refieren a prácticas generalizadas, pero ni aún así eso coloca a los hombres en una posición igual de desventajosa.

Voy a desarrollar esto último. Un señor feudal tenía la responsabilidad de proteger a sus siervos e impartir justicia entre ellos, lo que seguramente era una chinga. Pero no por eso decimos que el feudalismo oprimía por igual a siervos y a señores. Sé que la analogía es hiperbólica y desproporcionada, pero síganme la corriente hasta que vean mi punto.

Los roles de género tradicionales implican ventajas y responsabilidades tanto para hombres como para mujeres. Sin embargo, las mujeres han estado siempre en la posición más desventajosa, pues a cambio de cierta seguridad (que por lo demás estaba supeditada a la potestad del hombre) debía renunciar a libertad, autonomía y empoderamiento. El que se considere que el hombre debe ser el proveedor del hogar pone sobre él una gran carga, pero al mismo tiempo implica que es quien puede desarrollarse en la profesión de su agrado, quien dispone de su propio dinero para usarlo como mejor le parezca, quien puede ascender a posiciones de poder en empresas o gobiernos (y cuando no, se debe a otros ejes de opresión, no al hecho de ser hombres). No es igualmente opresivo que se espere de ti ser fuerte, a que se diga de ti que no puedes serlo.

Pienso que los padres solteros deberían recibir apoyos al igual que las madres solteras, porque es muy difícil estudiar o trabajar cuando además se tiene que cuidar a un bebé; es una exigencia válida. Pero, independientemente de eso, nótese la hostilidad que reciben las mamás: son tildadas de putas e irresponsables que sólo esperan la hora de poder dejar a sus bebés encargados para poder seguir puteando (en los Internetz proliferan los memes en ese tenor). En cambio los padres solteros son vistos como individuos heroicos. ¿Por qué? Porque la mujer está haciendo mal lo que debería ser su principal misión: cuidar hijos; mientras que el hombre se está encargando abnegadamente de algo que excede el cumplimiento del deber: cuidar hijos. Además, tampoco el hecho de que existan algunos programas que dan algo de apoyo a las madres solteras significa que ya tienen la vida resuelta; siguen enfrentando múltiples dificultades, tanto por la carga de responsabilidades como por el estigma social que conlleva.



Uno de los ejemplos favoritos de los antifeministas es que en la mayoría de los países en los que aún pervive el servicio militar obligatorio y la leva para ir a la guerra, son los hombres los únicos que sufren por estas políticas. Sí, es atroz obligar a los jóvenes a ir a la guerra, y pienso que estas prácticas barbáricas deberían abolirse; de hecho, ni siquiera deberían haber guerras, ni ejércitos, ya que estamos en ello.

Pero no podemos soslayar que estas políticas de leva y reclutamiento parten de la creencia de que el hombre tiene cualidades heroicas apreciadas socialmente (y de las cuales las mujeres carecen) como la valentía, la fuerza, la habilidad para el combate y la disciplina. Sobre todo, implica para el recluta o el soldado disponer de armas, recibir entrenamiento y, si decide permanecer en las fuerzas armadas, la posibilidad de ascender en la jerarquía de una institución que goza de poder y prestigio social.[1]

Parecería que esas personas que hablan de lo privilegiadas que están las mujeres por no tener que servir en las fuerzas armadas se imaginan las guerras como las llevan a cabo los países del primer mundo: enviando a sus soldados a rincones lejanos mientras la población civil se queda tranquila en casa. Creo que olvidan que las guerras ocurren también en la tierra natal de los combatientes, en el mismo lugar donde viven los civiles.

Ser un civil en caso de guerra implica depender de la protección de las fuerzas armadas y estar sometido a la posibilidad de que el enemigo disponga de uno sin tener la oportunidad de defenderse peleando. Ser mujer en esas sociedades significa por default ser civil y, a menos que ellas decidan tomar las armas (o sea, empoderarse), como las guerrilleras kurdas, se encuentran a merced de las fuerzas enemigas (y muchas veces, de las aliadas), y no olvidemos que es una tradición milenaria tomar a las mujeres del enemigo como botín de guerra para violación o esclavitud.

¿Ahora ven a qué venía la analogía con el feudalismo? Tengo que aclarar, porque me ha sido reclamado muchas veces, que mi propósito con esta exposición no es miniminzar los problemas e injusticias que afectan a los hombres. Son muy reales y deben ser abordados con seriedad, pero no se vale invocarlos para tratar de deslegitimar las luchas feministas. Cuando abordé este tema la última vez me acusaron de malrollero por llamar pendejos a los pendejos. Así que aquí tienen, explicado con toda la buena onda y amabilidad del mundo. Putitos ¬¬

7. Pero si ya pueden votar, estudiar, trabajar, tener propiedades… ¿qué más quieren?




Se dice que en una sociedad moderna y primermundista (o de clase media para arriba en un país “en vías de desarrollo” como México) la equidad de género ya se logró y por lo tanto el feminismo carece de sentido. ¿Qué derecho fundamental no está ya incluido en las leyes de todo país que no sea una teocracia islámica o una república bananera?

Una de las cosas más importantes que hay que entender es que el cambio en las leyes no es suficiente; las feministas también pretenden transformar la cultura. No sólo las leyes prohíben y dictan acciones: también existe la presión social. Por ejemplo, obviamente la ley no permite que un hombre golpee a su esposa, pero eso no es suficiente si muchos maridos siguen pensando que tienen ese derecho y muchas mujeres siguen aceptándolo como lo normal, si vecinos y parientes son indiferentes ante estos hechos, y si las autoridades correspondientes lo minimizan.

De poco sirve la igualdad en la ley si en las familias se sigue difundiendo la falacia de que hay actividades propias de chicas y otras propias de varones; que las niñas deben ser princesas y los niños guerreros; que lo más importante para una niña es verse bonita y ser aprobada por los varones; que la feminidad se expresa en lo frívolo o que una mujer se realiza al convertirse en madre; que los celos son prueba de amor y que a veces los novios maltratan, pero no importa si su amor es sincero; que los hombres por naturaleza son infieles y que ni pedo, hay que aguantarlo; que las mujeres a las que les gusta el sexo casual son unas zorras, mientras que los hombres que cogen mucho son unos chingones.

De poco sirve que la educación y las profesiones estén abiertas a todos si las estudiantes han aprendido que algunas carreras son para hombres y otras para mujeres; si las profesionistas no son tomadas en serio por sus colegas; si los jefes creen que tienen derecho a hacerle insinuaciones sexuales a sus empleadas y que si ellas se ofenden es por “mamonas y apretadas”; si todavía hay políticos que dicen públicamente que cuando la violación “es real” la mujer no se puede embarazar; si los electores no conciben que una mujer pueda ser buena gobernante o si los socios no creen que una mujer pueda ser una buena directora de una empresa. Las feministas luchan contra todas estas prácticas y el sistema de valores que las sostienen.



La violación es un delito, claro, pero hace falta erradicar la cultura de la violación. Éste es un término controvertido, pues muchas personas niegan que exista tal cosa. En efecto, casi cualquier persona a la que le preguntáramos (a menos que fuera el más descarado de los patanes ultramachistas) diría que está en contra de la violación. Sin embargo, hay ciertas nociones, ciertos valores o criterios morales muy arraigados en nuestra cultura que propician que las mujeres sean victimizadas.

Se tiende a minimizar el crimen y a culpabilizar a la víctima: que si la chica se vestía de tal forma, que si era coqueta o promiscua, que si antes ya había tenido sexo con su acosador, que si le gustaba tomar o drogarse, que si se lo estaba buscando… Con estas ideas no sólo la sociedad niega empatía a las víctimas y suaviza la condena moral de los victimarios, sino que las mismas autoridades muchas veces desdeñan las denuncias. Se enarbola el peligro a que los hombres sean injustamente acusados por pérfidas mujeres; situación que sin duda sería terrible, pero que de hecho tiene una frecuencia muy baja como para justificar ese temor (aquí), basado más en concepciones misóginas que en hechos reales.

No olvidemos que hasta hace poco la violación dentro del matrimonio no estaba tipificada como delito en México. A muchos hasta les parecía absurda la idea: ¿acaso si una mujer se casó con un hombre no es porque le gusta tener con sexo con él? Pues ideas de este tipo siguen siendo muy comunes, y son precisamente el objeto de la crítica feminista.

8. Pero las feministas de hoy sólo se preocupan por tonterías frívolas

Un meme tan popular como estúpido

Si tu único conocimiento de lo que hacen las feministas proviene de las redes sociales, es normal que pienses así. Pero en realidad las feministas hacen muchos trabajos de gran importancia: asesoran a mujeres que sufren de violencia doméstica o acoso laboral y crean espacios donde ellas puedan discutir sus problemas en seguridad; impulsan leyes en contra de la discriminación por género o a favor de la despenalización del aborto o del reconocimiento de los derechos laborales de las madres trabajadoras; crean organizaciones para proveer a otras mujeres de servicios de salud ginecobstétrica; buscan abolir prácticas sexistas normalizadas y para ello invitan tanto a mujeres y a hombres a cuestionar ideas sexistas que tienen interiorizadas; critican y ridiculizan a las autoridades eclesiásticas que promueven valores machistas; presionan a las autoridades civiles para que presten la debida atención a los crímenes que victimizan a las mujeres: violación, prostitución forzada, feminicidio…

Claro, no todas las feministas pueden ofrecerse voluntarias para ayudar a niñas de comunidades pobres. Lo que pueden y eligen hacer es mejorar sus condiciones en su ambiente inmediato, y tienen derecho a ello. Sí, reclamar el derecho a decidir no depilarse se ve muy poco heroico junto hacer campañas contra la mutilación genital en África. Pero cada quien hace su lucha desde el medio en que le tocó vivir e incluso algo que parece tan intrascendente como la defensa del vello corporal tiene su razón de ser: va contra el doble estándar de que socialmente se le exige a las mujeres modificar su apariencia natural de formas (a veces dolorosas, e incluso peligrosas para su salud) que no se le piden a los hombres.

Es decir, incluso si una joven tiene toda la vida resuelta y su único problema es que la llaman “puta” porque le gusta el sexo casual, está en todo su derecho de tratar de cambiar esa parte de la cultura.

Por supuesto que es posible que algunas de esas causas resulten ser superfluas o absurdas, pero para emitir un juicio primero tienes que saber por lo menos de qué van, y no simplemente descartar una idea porque te parece inusual, o porque va contra lo que has sido educado para aceptar como “normal”.

9. ¿Por qué las feministas sólo hablan de los “feminicidios”?  Son más frecuentes los asesinatos de hombres que los de mujeres. ¿No todo asesinato es lamentable?




Pues sí, pero presten atención. No todos los homicidios son iguales: el asaltante que mata a su víctima en el proceso de un robo; el sicario de un cartel que elimina a un rival; el fulano que mata a su pariente por la herencia; el político corrupto que manda a silenciar a un periodista incómodo; el borracho que apuñala a un parroquiano por una disputa de cantina; el empresario que hace desaparecer a un líder sindical… Cada crimen es de naturaleza distinta, aunque todos terminen con la pérdida de una vida humana, y si se asesina con más frecuencia a los hombres no es porque la sociedad los odie, sino que hoy por hoy tienen una mucho mayor participación en la vida pública.

De todo el universo de asesinatos, un subconjunto de ellos tienen motivaciones sexistas: el violador que acaba con su víctima porque se le resiste; el exnovio celoso y resentido que mata a la chica que le puso el cuerno o le rompió el corazón; el gángster que “escarmienta” a sus propias víctimas de prostitución forzada cuando éstas se insubordinan o tratan de escapar; las pandillas que colectan señoritas para violarlas, matarlas y tirarlas en el desierto… Y luego está la particular brutalidad y saña de los feminicidios: no se mata a las mujeres con el certero disparo de un francotirador, sino que antes se les viola y se les tortura.

No se trata simplemente de encontrar al asesino y castigarlo. Cuando piden que se emitan alertas de género o se tipifique el feminicidio como una clase particular de crimen, las feministas quieren que se actúe contra las condiciones que permiten que estos asesinatos tengan lugar y queden impunes. Otros tipos de crímenes tienen motivaciones distintas y también se debe actuar para impedir que sucedan o para hacer justicia una vez ocurridos. Las feministas actúan y exigen que se actúe contra la clase particular de crímenes de los cuales las mujeres son víctimas. ¿Por qué? Porque alguien tiene que hacerlo.

10. En fin…




Es necesario combatir las injusticias que atribulan a las mujeres, desde las más sutiles hasta las más atroces. Se puede decir que toda violencia es mala o que se está a favor de la igualdad para todo mundo, pero a fin de cuentas eso no significa gran cosa. No es suficiente con desaprobar la injusticia en general, es necesario luchar contra cada forma particular. Las feministas luchan contra las injusticias que afectan a las mujeres, que les impiden liberarse de la opresión y ocupar una posición de equidad con respecto al género masculino. Yo entiendo que mi deber moral como hombre, como ser humano que quiere un mundo más justo, es apoyarlas. ¿Cuál piensas que es el tuyo?



[1] En México existe servicio militar para los hombres. Es obligatorio, pero no para todos, pues se decide por sorteo, y cada vez tiene menos de servicio militar y más de servicio comunitario, ya que excluye entrenamiento en combate. Definitivamente, a ningún joven del SMN lo van a mandar a la guerra. Sí, es injusto y es un atavismo absurdo que debería ser eliminado, pero tampoco es terriblemente oneroso.

lunes, 4 de abril de 2016

Feminismo. Parte I: Nombres y conceptos



Introducción

Pues ha llegado el momento de hablar de feminismo. No es la primera vez que toco el tema, claro está, pero es la primera vez que me animo a hacer el ejercicio de exponer mi pensamiento de forma estructurada. Me parece necesario porque hay muchísima confusión, de la ingenua y de la malintencionada, acerca de términos, conceptos, causas y luchas.

Con esta serie de entradas no pretendo (¡faltaba más!), escribir el texto definitivo al respecto. Hubo muchas ideas que por falta de espacio se quedaron en el tintero, muchos temas que no toqué y muchas posibles objeciones en las que pensé pero no tuve chance de abordar (y por supuesto, muchísimas cosas de las que mi ignorancia me impide hablar). Lo que quise más bien fue aclarar algunos puntos y así apartar varios obstáculos que nos impiden iniciar una conversación ilustrada.

Comprendo también que el papel de los hombres que simpatizan con el feminismo es usar los espacios a los que tienen acceso para ayudar a la causa, y que no nos corresponde pontificar ni arrogarnos el papel de voceros del feminismo ni mucho menos. No pretendo imponer mis opiniones sobre lo que creo que el feminismo debería ser o lo que deberían hacer las feministas. Trataré simplemente del feminismo como yo lo entiendo, de los valores que yo defiendo y de los hechos que yo conozco. Cualquier pifia es responsabilidad mía.

Parte I: Nombres y conceptos

1.- ¿De qué va?



Empecemos por el principio: ¿qué podemos entender por “feminismo”? Como yo lo veo, el término puede interpretarse principalmente de dos maneras, una de las cuales deriva y depende de la otra. La primera es como el conjunto de principios, valores y actitudes que favorecen la equidad entre los géneros, la liberación de las mujeres y la oposición al sexismo. Con base en esta definición amplia, todas las personas que comparten estos valores pueden ser llamadas “feministas”.  Denme chance, sé que no todos están de acuerdo con esta interpretación.

La segunda forma de entender “feminismo” es como el conjunto y cada una de las muchas corrientes de pensamiento, y los movimientos militantes derivados de ellas, avocadas a la realización social y política de los valores arriba mencionados. En este sentido, es fundamental comprender que no existe UN feminismo, sino muchas vertientes feministas, algunas de las cuales divergen bastante, e incluso se contraponen. Es más, las opiniones varían mucho entre individuos. Todas, sin embargo, tienen en común un objetivo: lograr la equidad entre los géneros al eliminar la opresión en la que se encuentran las mujeres. Es a partir de este principio básico que todos los feminismos divergen en análisis, métodos, paradigmas, metas, etcétera. Esto implica que una persona puede ser feminista sin formar parte de un movimiento militante ni identificarse con corriente alguna.

A su vez existen dos formas de antifeminismo. Una es la conservadora o reaccionara, que se aferra a los roles de género tradicionales y se opone de plano a la equidad, a menudo por motivos religiosos. Es decir, se opone a los valores feministas y en consecuencia a los movimientos feministas. La otra es más “liberal”, y está a favor de la equidad, pero piensa que ésta ya se ha logrado, por lo menos en las sociedades desarrolladas, y/o que no es necesario el activismo en forma de movimientos feministas militantes para alcanzarla. Es decir, se opone o se desentiende del activismo feminista y no cree que esos valores sean potestad exclusiva del feminismo.





Este segundo grupo, además, tiende a identificar al feminismo contemporáneo con las corrientes actuales más extremistas de la militancia (ver apartado 3) y ello provoca que algunas personas prefieran no identificarse con la etiqueta. Es decir, para estas personas “feminismo” es un término identitario que se relaciona con corrientes y movimientos particulares que incluyen muchos elementos con los que no están de acuerdo. A su parecer, las actitudes a favor de la igualdad de género no tendrían que estar supeditadas a identificarse con dichas corrientes, sino que serían simplemente los valores de cualquier persona ilustrada y decente. Después de todo, históricamente ha habido movimientos y posturas a favor de la equidad, que si bien retroactivamente se clasifican como feministas, en su momento nunca usaron la etiqueta. De ahí que rechacen el mote y digan cosas como “sí estoy a favor de la igualdad, pero no soy feminista”.

Ante estos reveses, las feministas responden que si una persona está a favor de la equidad de género y en contra del sexismo y la opresión, entonces es feminista. Pero esta discusión se encuentra en un callejón sin salida porque cada bando está hablando de dos acepciones distintas de una misma palabra. Para aceptar el argumento de las feministas se necesita partir del supuesto de que tal conjunto de valores debe ser nombrado categóricamente feminismo. Yo comparto esta opinión, y por tanto alegar “sí estoy a favor de la equidad, pero no soy feminista” me parece un poco tonto, como decir “sí creo en el gobierno representativo del pueblo, pero no me identifico como demócrata” o “no creo en las religiones ni en la existencia de ningún dios, pero no me considero ateo” o “sí creo que la homosexualidad es inmoral, pero no me gusta que me digan homofóbico”. Sin embargo, entiendo que no todos aceptan esto.

Así pues, el debate se ha vuelto semántico y, por lo mismo, llegado a un punto muerto. Lo que sucede es que alguien dice “Según lo que YO entiendo por feminismo, no soy feminista” a lo que se responde “Según lo que YO entiendo por feminismo, sí lo eres.” Se convierte en una discusión sobre palabras…

2.- El nombre...



Una de las objeciones más comunes (y molestas) que se le hacen al feminismo va más o menos así: “si buscan la equidad entre hombres y mujeres, ¿por qué llevan el nombre de un solo género?”. La respuesta es más bien sencilla: porque se trata de acabar con la opresión que sufren las mujeres; porque son las mujeres el género que histórica y actualmente se ha encontrado en desventaja y que debe liberarse.

Otras etiquetas como “humanismo” o “igualitarismo” resultan imprecisas. En sus orígenes el humanismo no incluía específicamente la lucha contra el sexismo. El igualitarismo es un término demasiado amplio que implica igualdad entre individuos, razas, géneros, clases sociales, etc; puede pedir igualdad de oportunidades o de resultados; puede alegar que las diferencias innatas entre individuos son irrelevantes para la igualdad de derechos, o puede negar que existan diferencias innatas; puede aceptar u oponerse a la meritocracia.

Naturalmente, en sus acepciones modernas tanto humanismo como igualitarismo incluyen la equidad entre géneros como un principio cardinal, pero aún así se hace necesario nombrar de forma específica a las actitudes y valores encaminados hacia ello, y es por eso que sigo defendiendo el uso del término “feminismo”.



Toda injusticia es mala, desde luego, y toda persona decente se indigna ante ella. Pero no todos los grupos humanos sufren las mismas formas de injusticia, ni con la misma intensidad, ni por los mismos motivos, ni por parte de los mismos victimarios. Así como se necesitan movimientos que combatan específicamente el racismo, el maltrato infantil, la explotación laboral, la corrupción política, la represión a las libertades civiles o el deterioro del medio ambiente, se necesitan otros que se concentren en luchar contra las injusticias que sufren las mujeres. Es decir, se necesitan movimientos feministas.

Si tú defiendes los valores que llevan hacia la equidad de géneros, pero crees que esos valores no tienen por qué ser etiquetados de feministas, y entonces prefieres llamarte “humanista” o “equidista”, aunque pienso que no es lo más acertado, ¿qué te puedo decir? Si crees que puedes aportar a la lucha contra las injusticias que sufren las mujeres sin necesidad de usar un nombre con el que no te sientes identificado, ¡enhorabuena!

Pero tengo que decirlo: he notado que muchas de esas personas que dicen “sí, estoy a favor de la equidad y en contra del sexismo pero no soy feminista” tienden a negar que las mujeres sigan sufriendo opresión en las sociedades desarrolladas y en general rechazan de antemano cualquier discurso que provenga del feminismo. Y esto puede ser peligroso. A menudo cuando se habla de la violencia machista, los que suelen responder “pues toda violencia es mala, venga de quien venga”, son los que de todos modos no hacen nada por apoyar las luchas contra esas formas de violencia. Son como los que a un "Black lives matter" responden tranquilamente "All lives matter" y siguen igual.

Como sea, si la principal objeción que le pones al feminismo es su nombre, pues vaya, creo que de todos modos no tienes mucho qué decir.

3.- Oye, pero hay feminazis



De entre de las múltiples y muy variadas corrientes de feminismo hay muchas cosas con las que personalmente no estoy de acuerdo. Hay posturas que me parecen debatibles (¿es el prohibicionismo y la censura la mejor forma de combatir los discursos misóginos?) y otras que creo que están de plano equivocadas (lenguajx incluyentx, por ejemplx). Pero hay que saber distinguir la gimnasia de la magnesia.

Tengo amigas (y amigos) feministas con los que estoy de acuerdo en la mayoría de las cosas que profesan, pero con los que tengo ciertos puntos de desencuentro, que por lo general nos llevan a tener las mismas discusiones una y otra vez (y a veces nos acaloramos bastante). Pero no las descalifico llamándolas “feminazis”, porque entiendo que esas discrepancias no desvirtúan los valores que defienden ni hacen que el resto de su lucha carezca de legitimidad. Las gente decente puede disentir sin enemistarse.

Ciertamente algunas posturas y algunas personas me parecen irremediablemente irracionales, dogmáticas y delirantes. Sí, yo también he leído a quienes dicen que los hombres son inherentemente malvados y que el mundo sería mejor si sólo existieran mujeres, o que una verdadera feminista tendría que ser lesbiana porque toda forma de coito heterosexual equivale a violación, y demás cosas por el estilo. Si hubiera que colocar el mote de “feminazi” a alguien, se lo reservaría exclusivamente a estas personas. Pero como a menudo (y por lo general desde la derecha) se usa esa palabreja para insultar a todas las feministas y rechazar acríticamente todo lo que pueda venir del feminismo, he optado por emplearla cada vez menos (no sea que me confundan con los machirrines).



No diría que esas posturas o esas personas no son “el feminismo real” puesto que se identifican como tales. Simplemente diré que son feminismos con los que no puedo estar de acuerdo. De la misma manera soy de izquierda, pero no estoy de acuerdo con todas las corrientes, posturas, movimientos e individuos que se identifican como izquierdistas. Y así como critico a la izquierda irracional, he criticado y seguiré criticando esas posturas feministas que me parece que están cagando la banana. Pero por ahora creo que es más importante defender aquello con lo que estoy de acuerdo que criticar aquello con lo que no. Es que a fin de cuentas las “feminazis” pueden ser irritantes, pero el machismo mata.

En fin, es válido y necesario utilizar el propio criterio para juzgar qué posturas, acciones, narrativas, metas y objetivos dentro de los feminismos nos parecen sensatos y cuáles descartables. Lo que no se vale, lo que es deshonesto, injusto y muy estúpido es tomar como ejemplo lo obviamente infumable para deslegitimar todo lo demás. No dejaré de apoyar el feminismo sólo porque en su interior existan posturas con las que no estoy de acuerdo, así como no dejaré de ser izquierdista sólo porque en la izquierda abunden los chairos y magufos, y así como no dejaré de ser fan de Star Wars porque la mitad de ellos sean tetos y chavorrucos.

4.- ¡Patriarcado!



Patriarcado es sencillamente el nombre para designar un orden social que favorece a los hombres en detrimento de las mujeres, y que se manifiesta a través de leyes, instituciones, costumbres, creencias, valores, prácticas y otras expresiones culturales. Varía mucho de una sociedad a otra, incluso dentro de clases o círculos sociales.

No es un sistema que haya sido diseñado por nadie, ni es el resultado de una gran conspiración, ni una fuerza mística invisible que lo controla todo, aunque haya una que otra feminista que así lo entienda y antifeministas que usen esa absurda interpretación para negar que exista. Como, por ejemplo, el capitalismo, es simplemente la forma en la que nuestra sociedad evolucionó por diferentes causas históricas. Todas las sociedades humanas han sido patriarcales en mayor o menor medida, mientras que la equidad sólo ha podido avanzar mediante la acción consciente y deliberada. Debido a que el patriarcado se expresa en valores y creencias muy arraigadas, la lucha en su contra topa con una fuerte resistencia, incluso entre las personas que no se benefician de él, de ahí que muchas mujeres contribuyan con sus acciones a perpetuarlo.

Esto no significa que cada hombre oprima a cada mujer personalmente, ni niega que haya hombres decentes y mujeres culeras. Quiere decir que los hombres, como clase, oprimen a las mujeres, como clase. Se trata de una opresión sistémica, no personal. Tampoco implica que todas las mujeres estén igualmente oprimidas ni que todos los hombres estén igualmente privilegiados. Existen otros ejes de opresión, tales como raza, clase social, edad, orientación sexual, religión, posición al interior de una estructura jerárquica, condiciones de salud, etcétera. Un anciano campesino indígena y pobre seguramente enfrenta condiciones más difíciles que una mujer “criolla” joven y rica de la gran ciudad. Pero una mujer anciana indígena pobre la tiene aún más difícil que el hombre precisamente por su condición de mujer (a esto se refiere el concepto de “interseccionalidad”; búsquenlo).



O sea, lo importante es entender que cuando un cabrón golpea a su esposa, cuando un patán toca las nalgas de una señorita en el metro, cuando un jefe le da los ascensos a otros hombres aunque sus empleadas sean igual o más eficientes, no estamos ante casos de individuos que son cretinos (aunque obviamente tienen responsabilidad individual por sus acciones), sino ante pautas de conducta muy comunes detrás de las cuales están una serie de factores sociales, culturales e institucionales generalizados en la sociedad.

Cuando las feministas dicen que están luchando contra el patriarcado, quieren decir que luchan no solamente contra las acciones culeras de algunos hombres específicos, sino contra el sistema social que las produce, las alienta o las normaliza.



En la siguiente entrega hablaremos de realidades y luchas, de si las mujeres realmente están oprimidas en esta sociedad (spoiler alert: sí), de si los hombres también sufren por culpa del sexismo, de cuáles son las causas actuales por las que batallan las feministas cuando derechos como la educación y el voto hace tiempo que se reconocen, y otras dudas que seguramente les surgieron en este ratito.

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