jueves, 30 de octubre de 2014

Monstruos



De entre todas las formas de maguferías, mi favorita es la pseudociencia de la criptozoología. Las pseudomedicinas son aburridas hasta el fastidio; la magia y la brujería son simpáticas, pero como narrativas les falta coherencia interna; los fantasmas sí que dan miedo, pero sus historias son siempre más o menos iguales. De entre las maguferías modernas, sólo dos tienen una mitología, un cuerpo de narrativas y creencias más o menos coherentes que las hacen fascinantes como objeto de estudio para folcloristas y antropólogos culturales: la ufología y la criptozoología. Pero la primera es tan amplia que se pierde en una marisma enorme de relatos contradictorios; en cambio, la criptozoología tiene toda una colección de fábulas exquisitas.

¿Qué es la criptozoología? Es una pseudociencia (una falsa ciencia, digan lo que digan los criptozoólogos) que se encarga de "estudiar" a los animales causi míticos que supuestamente no existen. O sea, es la disciplina que "estudia" a los monstruos de los que se dice que pueblan nuestro mundo: Pie Grande, el Monstruo del Lago Ness y el Chupacabras. Insisto en entrecomillar eso del "estudio", porque está muy difícil estudiar algo sobre lo que ni siquiera tienes pruebas de que existe (te estoy viendo a ti, teología). Los criptozoólogos se dedican sobre todo a tratar de reunir evidencias sobre la existencia de estos bichos y a especular sobre su naturaleza y orígenes.


El infame hombre mono de De Loys, supuestamente cazado por una expedición en el Amazonas, era en realidad un mono araña al que le habían arrancado la cola.


Ahora, quizá a ustedes les sorprenda, mis queridos contertulios, pero cuando yo era un mozalbete granuliento anduve bien clavado con todas las cosas sobrenaturales y misteriosas que pudiera ofrecerme el mundo y los Internetz (excepto la astrología; esa mamada nunca me pareció tener el menor sentido), y de entre todas esas cosas fue la criptozoología la que más me llamaba la atención. Quizá también me parecía la menos disparatada. Es decir, para creer en Pie Grande no necesitas creer en magia, hadas, fantasmas u otros seres sobrenaturales, y la existencia del buen Sasquatch no contraviene a las leyes de la física. Después de todo, el bicho sólo sería algún animal desconocido viviendo en un área poco explorada del mundo. ¿Acaso es tan insensato pensar que puede haber alguna criatura simiesca no identificada morando en los bosques de Norteamérica?

Pues resulta que sí, es muy insensanto. Conforme salí de la adolescencia y aprendí más de ciencias (gracias, Carl Sagan), fui dejando atrás mi fe en los misterios insondables de lo desconocido. Uno de los aspectos que más me decepcionó fue darme cuenta de que, por más que pasaban los años (y habían pasado los años antes de mí) la gran revelación que probaría sin duda que somos visitados por extraterrestres o que en el lago Ness vive un enorme plesiosaurio, nunca llegó. Por más que Jaime Maussán y otros misteriólogos que hacen fortuna con la credulidad de la gente anunciaran que estábamos a punto de tener evidencias feacientes e incontrovertibles de la existencia de monstruos y alienígenas, eso nunca sucedía. Y nunca sucederá, porque no existen.



¿Cómo sabemos que esos monstruos no existen? Bueno, tenemos la falta absoluta de evidencias. Fotografías borrosas de orígenes inciertos y testimonios de campistas asustados no nos sirven de mucho, sobre todo si tenemos en cuenta que los criptozoólogos han dedicado décadas para tratar de encontrar a esos bichos. Es cierto, los científicos reales siguen descubriendo nuevas especies de plantas y animales, y eso parecería dejar la esperanza de que algún día un Pie Grande vivo sea capturado. Pero sucede al contrario: si todas esas especies, que son en su mayoría pequeñas, son descubiertas a cada rato sin que nadie las esté buscando, ¿cómo es posible que no hayan podido encontrar a un animal del tamaño de un gorila tras décadas de búsqueda?

Los criptozoólogos llaman críptidos a los animales objeto de sus "estudios". Cada críptido tiene su historia en particular, y sus razones para descartar su existencia. Existen críptidos de diversos tipos. Algunos más o menos terrenales en cuanto a su naturaleza y sólo aparentan ser animales desconocidos, como el bueno de Pie Grande. Otros tiene características más extravagantes y recuerdan más a las extrañas quimeras de mitologías antiguas que a bestias que pudiesen existir en el presente o el pasado: Mothman cae en esta categoría. Algunos monstruos sólo se aparecen por un periodo determinado de tiempo, como el misterioso Mothman. Otros se convierten en parte del folclor local y sus leyendas y avistamientos trascienden las décadas, como Nessie.



Los entusiastas de la criptozoología a menudo se apoyan en leyendas folclóricas como indicios a favor de la existencia de los críptidos. Si en el lugar donde se ha visto a un ser parecido a un brontosaurio existen leyendas antiguas sobre dragones o serpientes gigantes, los criptozoólogos toman eso como un argumento a su favor. Lo que suelen ignorar es que los seres de las leyendas antiguas difieren mucho de lo que testigos modernos afirman haber visto, tanto en la descripción de la criatura como en su naturaleza. Los criptozoólogos a menudo tuercen las leyendas para hacerlas parecer que corresponden con los avistamientos modernos.

Por supuesto, entre otros rasgos en común que comparte la criptozoología con las otras maguferías es la presencia de "mitos zombi". Como en el campo de las pseudociencias hay de poca a ninguna investigación, las publicaciones que tratan estos temas se repiten y copian las unas a las otras sin verificar fuentes ni testimonios. Así, historias y fotografías que se han demostrado falsas una y otra vez, vuelven a la vida como zombis en diferentes publicaciones, y de vez en cuando adquieren nuevos bríos. Este fenómeno se ha incrementado con la llegada de Internet.

Por ejemplo, tenemos al misterioso Monstruo de Montauk, cuyo cuerpo fue encontrado en una playa del estado de Nueva York. Aunque se le identificó como el cadáver de un mapache en descomposición, en diversos sitios de Internet podrán encontrar su imagen acompañada de un texto que advierte que la identidad del animal es un gran misterio. Es fácil encontrar muchos casos así (ver la sección del Chupacabras).





Alterar fotografías no es difícil, menos ahora que todo el mundo puede hacerlo con sencillos programas de computadora. Uno pensaría que saber eso haría a la gente un poco más precavida sobre lo ve en medios e Internet. Pero no, la fuerza psicológica de una imagen puede ser muy poderosa.

Además, algo que se puede notar estudiando la historia de los avistamientos de críptidos es cómo sus descripciones se modifican a lo largo del tiempo, correspondiéndose con los conocimientos de la época y siendo fuertemente influenciados por la cultura pop. Al principio de la Era Ovni los extraterrestres vistos y contactados tenían formas muy variadas, desde humanos de perfecta raza aria, hasta hombrecitos peludos, porque para esa época tales criaturas eran plausibles. Hoy en día esas descripciones parecen ridículas, sacadas de películas de serie B de mediados de siglo (¡lo son!) y entonces ha prevalecido la forma de los "grises", igualmente por la influencia de la cultura pop. El mismo fenómeno ocurre con los críptidos que se han visto por todo el mundo (ver el apartado sobre los dinosaurios).

Los criptozoólogos tienen, con todo, una circunstancia que le da un poco de fuerza a su caso: la de los animales cuya existencia fue negada por los científicos hasta que fueron presentados más allá de toda duda. Nativos y exploradores hablaron a los científicos occidentales sobre criaturas como el gorila, el oso panda, el ornitorrinco y el okapi, pero se encontraron con un escepticismo obstinado. Al final, bajo el peso de las evidencias, no hubo más remedio que admitir que dichas bestias sí existían.

El caso más exitoso de esto es seguramente el del Kraken, el mítico calamar gigante de las leyendas nórdicas, y sobre los cuales marineros de todo el mundo y todas épocas juraban sobre su existencia, incluyendo a autores como Herman Melville y Julio Verne. No obstante, los científicos occidentales descartaron estas historias como supersticiones de marineros ignorantes. Hoy en día, para su vergüenza eterna, sabemos que existen por lo menos dos especies de cefalópodos monstruosos: el calamar gigante y el calamar colosal.




Claro que aceptar eso como argumento sería caer en el vergonzoso 'efecto Galileo' ("Galileo tenía razón y se rieron de él; ahora se ríen de mí, así que debo tener razón"). Los científicos que dudaban de la existencia del Kraken, el panda, el gorila, el ornitorrinco y el okapi podían estar equivocados a final de cuentas, pero tenían razón en no creer en la existencia de un animal sin que se les presentara pruebas. Eso, sin tener en cuenta que los descubridores del calamar gigante fueron científicos reales, no criptozoólogos siguiendo la pista de leyendas populares.

Debo admitir que me gustaría creer que el mundo está poblado por monstruos en sus rincones más obscuros. ¿Acaso no sería interesante viajar por todas partes buscando a esos abominables críptidos?Sería un poco como vivir en aquel mundo mítico de dragones y unicornios en el que creían los antiguos. Pero no, ya sé que no es así, aunque los canales de pseudociencia como el Discovery Channel hagan su agosto con esas historias. De todas formas, les quiero dejar con algunos de mis monstruos favoritos.

PIE GRANDE



Se trata de un homínido o simio, quizá incluso un "eslabón perdido", que habita en las zonas boscosas de Estados Unidos y Canadá, y que ha sido avistado desde mediados del siglo XX. Ah, claro, existen leyendas indígenas sobre "hombres del bosque"... Como las que tienen prácticamente las mitologías de todo el mundo, y aún así los hombres simio escasean. Es curioso que fue a partir de la popularización de Pie Grande que los avistamientos comenzaron a multiplicarse, incluso a través de muy distantes y de climas muy variados, para lo cual sería necesario que existiera una población muy grande de dichas criaturas, lo que sólo hace aún más sospechoso que no existan evidencias físicas. Tras años de búsqueda, sólo tenemos fotografías y videos nebulosos, testimonios de personas confundidas y algunas huellas que han sido descartadas como falsas.

También está el hecho de que todos los primates originarios del Nuevo Mundo son de tamaño pequeño. Nunca hubo homínidos ni simios tan grandes como se dice que es Sasquatch en el continente americano, además de que toda la línea evolutiva del Homo sapiens se encuentra en África; el "eslabón perdido", de existir, estaría ahí y no en América. Sería imposible que un animal como Pie Grande hubiera evolucionado en nuestro continente; encontraríamos restos fósiles no sólo de él, sino de sus ancestros.

EL ABOMINABLE HOMBRE DE LAS NIEVES



Bueno, éste tiene un mejor caso que su primo americano Sasquatch. Historias sobre el Hombre de las Nieves se remontan al folclor de los habitantes del Himalaya, y los exploradores occidentales ya hablaban de la criatura en el siglo XIX. De hecho, otra "curiosidad" de Pie Grande es que empezó a ser avistado cuando el Yeti ya era popular en Occidente, qué casualidad. Además, está el hecho de que en Asia existe una especie de simio grande, el orangután, y que justo en el área donde supuestamente vive el Yeti existió un primate colosal llamado Gigantopitecus.

Pero el caso es que sigue sin haber evidencias físicas de la existencia del Hombre de las Nieves. Las reliquias que se exhiben y hasta venden en diversos lugares de Asia son ingeniosas falsificaciones hechas con piel, pelaje y huesos de otros animales, así como antaño se vendían colmillos de narval como si fueran cuernos de unicornio. Además, fueron los europeos quienes reinterpretaron a la criatura mítica, considerada más como un ser de naturaleza espiritual (al igual que muchos otros espíritus de los bosques presentes en las mitologías de todo el mundo) y empezaron a especular que podría tratarse de un animal desconocido... Porque, claro, esos nativos pendejos, son capaces de ponerse a adorar cualquier cosa como si fuera dios, y de confundir a un mono con un monstruo sobrenatural, qué bueno que los exploradores ingleses son más sensatos slurp slurp *bebe de su taza de té.

Así que sigue sin haber pruebas de la existencia del Yeti, por más años que llevan buscándolo. Sus avistamientos pueden explicarse por otros animales elusivos de la zona montañosa, tales como osos, leopardos o monos. No se descarte que la soledad y silencio de los montañas son ideales para que la imaginación nos juegue malas pasadas.

EL MONSTRUO DEL LAGO NESS




Es uno de los favoritos a nivel mundial. Según las leyendas, se trata de un animal de gran tamaño y forma serpentina que habita en el Lago Ness, en Escocia. Muchos testigos afirman haber visto al monstruo nadando apenas bajo la superficie del lago, e incluso sacando su elegante cuello de cisne para respirar. El lago es extenso, profundo y de aguas turbias; si a eso se le agregan antiguas leyendas celtas de kelpies, espíritus acuáticos con forma de caballo, y del monstruo fluvial al que se enfrentó San Columba, el evangelizador de Escocia, uno podría empezar a considerar la veracidad de estas sospechas.

Pero luego te enteras de que no. Que, fuera de las leyendas antiguas (y en todo el mundo hay leyendas sobre espíritus acuáticos, desde las sirenas hasta los ahuizotl, pero no vemos monstruos por todas partes), los avistamientos comenzaron en los años 30 del siglo XX. Desde entonces, ninguna evidencia ha sido presentada, con todo y que ha habido diversas exploraciones, incluso con ayuda de submarinos, para encontrar al monstruo.

La hipótesis del plesiosaurio es fácilmente descartable; que un animal anfibio de tales dimensiones sobreviviera durante 65 millones de años después de la extinción masiva del Cretácico tardío es inconcebible. Además, geológicamente, para cuando el lago se formó, ya había pasado mucho tiempo desde la época de los grandes reptiles. Por si fuera poco, los cuellos de los plesiosaurios se extendían rígidos hacia adelante, y no los llevarían flotando sobre la superficie del agua como periscopios. Finalmente, los plesiosaurios eran animales de aguas cálidas que no habrían podido sobrevivir al frío de Escocia.

Este cadáver fue recuperado por un barco japonés cerca de las costas de Nueva Zelanda. ¿Un plesiosaurio? Esto podría darle algo de credibilidad a Nessie...
Pues no. Era sólo el cadáver de un tiburón peregrino.

Se ha especulado que Nessi podría ser entonces algún otro animal, como una anguila gigante o un esturión de gran tamaño. El caso es que, de cualquier forma, la ecología del Lago Ness no permitiría a una población de animales de grandes dimensiones vivir en él: sus aguas son pobres en nutrientes. Si existiera toda una especie de anguilas gigantes en el lago, no sólo ya habríamos encontrado alguna hace tiempo, sino que para mantenerlas se necesitarían cardúmenes y cardúmenes de peces menores que las alimentaran. Simplemente no hay suficiente biomasa en el Lago Ness.

¿Qué es, entonces, lo que ha visto la gente? Con Nessie sucede lo mismo que con Pie Grande: los reportes de avistamientos se dispararon conforme aumentó la popularidad del mito. Si tenemos en cuenta que los turistas van al Lago Ness precisamente a buscar a Nessie, no es de extrañarnos que, sugestionados, vean justo lo que quieren ver. Un tronco podrido que flota repentinamente a la superficie puede parecer un monstruo que asoma la cabeza sobre el agua. Una pata y sus patitos nadando el fila sobre el agua pueden parecer a lo lejos el cuerpo sinuoso de una serpiente que desliza sobre la superficie. Y así y así.

MOKÈLÉ-MBÈMBÉ



Otro supuesto fósil viviente. Se trata ni más ni menos que un saurópodo (dinosaurio de cuello largo) que se dice que habita las selvas del Congo. Su nombre significa "el que detiene el curso de los ríos" y nunca ha sido visto por un hombre blanco, sino que los nativos del área son los que cuentan sus leyendas. Exploradores occidentales lo han estado buscando desde finales del siglo XVIII; sin hallarlo, por supuesto. Se ha hecho mucha alharaca sobre que los nativos identificaron imágenes de un saurópodo como el Mokèlé-mbèmbé, pero también han señalado fotografías de rinocerontes y elefantes. Eso es porque en realidad ninguno de ellos lo ha visto, y las descripciones se encuentran sólo en las leyendas de la localidad.

Por supuesto, la existencia de un dinosaurio en el África plantea los mismos problemas que Nessie: ¿cómo habría sobrevivido un animal de grandes dimensiones no sólo a la gran extinción sino a todos los cambios ambientales durante 65 millones de años? Ah, claro, a veces se menciona el caso del celacanto, un pez que se creía extinto desde tiempos prehistóricos y que resultó que aún existía en los mares de África. Pero ése era un pez, con mucha agua para esconderse. No un reptil gigantesco que no ha podido ser hallado por más que se le busca.

Por cierto, que el bestiario criptozoológico incluye otros muchos dinosaurios en África, basándose en las leyendas de los nativos: Emela-ntouka sería un triceratops, al igual que Ngoubou; Mbielu-Mbielu-Mbielu sería un estegosaurio, y Kongomato, una especie de pterosaurio. Lo más "curioso" es que las descripciones más antiguas de los avistamientos coinciden con las ideas erróneas que sobre los dinosaurios se tenían en la época, y no con los conocimientos más recientes sobre cómo los dinosaurios son realmente. Es como si yo viera un velociraptor, pero como salieron en Jurassic Park, no como de verdad fueron.



Miren esta foto de uno de esos monstruos, el Kasai Rex, supuestamente un tiranosaurio vivo en la región de Kasai, en África. Es obviamente la foto de un lagarto, pero en su momento, a principios del siglo XX, pasó por aceptable. ¿Por qué? Bueno, porque en esa época se consideraba a los dinsaurios poco más que iguanotas.



Esta otra foto de Kasai Rex, una falsificación más reciente, muestra lo que parece ser un dinosaurio de escayola, probablemente tomado de alguna película de animación cuadro por cuatro (el efecto especial más usado para crear dinosaurios antes del CGI). Su representación corresponde con la imagen que se tenía de los T. Rex a mediados del siglo XX, y no con lo que la ciencia sabe ahora sobre la apariencia del rey de los dinosaurios.

EL DIABLO DE JERSEY



Aquí las cosas empiezan a ponerse extrañas. El Diablo de Jersey ha sido visto desde el siglo XVIII en la remota zona de los Pine Barrens en el estado de Nueva Jersey. En sus orígenes legendarios, era literalmente un demonio, hijo de una mujer que después de haber tenido 12 dijo que prefería parir al diablo que tener un hijo más. ¿y qué creen que pasó? ¡Pos que parió al diablo, chan chan chan! Dio a luz a un monstruo con cabeza de cabra, pezuñas en vez de pies, cola bifurcada y alas de murciélago que aterrorizó la zona hasta que un exorcismo lo expulsó por ahí de 1740. Sin embargo, ha habido diversos avistamientos desde entonces.

Fue sólo hasta el siglo XX que empezó a considerarse que el Diablo de Jersey pudiera ser un animal de carne y huevo. Quizá una especie desconocida de reptil volador... quizá un pterodáctilo (aquí vamos de nuevo). Si tenemos en cuenta que ya los nativos llamaban a la zona donde se aparece el Diablo de Jersey "el lugar del dragón", y los exploradores suecos la llamaron "el río del dragón", podríamos pensar que la existencia del bicho es anterior a la leyenda del décimotercer hijo diabólico, quizá inventada por los colonos anglosajones para explicar la presencia de una criatura desconocida en la zona.

Pero no, siguen sin encontrarse rastros del monstruo. Todo parece ser una mezcolanza de leyendas locales con visiones modernas sobre dinosaurios o críptidos en general. Como en otros casos, las descripciones de los avistamientos cambian según la idea que tiene la gente sobre lo que quiere ver, y así pasamos de un demonio con patas de cabra a un dinosaurio volador; las versiones que se han popularizado en la cultura mediática sustituyen a las del folclor local.

MOTHMAN



Uno de los críptidos más extraños e inusuales. Cae a la vez en la categoría de los que sólo fueron vistos en una época determinada y en la de los que son casi una cosa sobrenatural. Todo un monstruo, pues. Fue avistado entre noviembre de 1966 y diciembre de 1967 en los alrededores de la localidad de Point Pleasant, Virgina. Era descrito como una figura alada de forma humanoide y tamaño humano, pero sin cabeza ni cuello, sino con un par de ojos brillantes a la altura de lo que debía ser el pecho. Se aparecía siempre de noche y aterrorizaba a los testigos.

Sus avistamientos estuvieron relacionados con historias de ovnis, teorías conspiratorias (que se le viera cerca de una antigua planta de municiones le echó sabor al caldo) y fenómenos paranormales. Las suposiciones sobre la naturaleza del Hombre Polilla van desde que pudiera tratarse de un animal de carne y hueso, quizá alguna especie de mutación o un ser extraterrestre, a que fuera un ser sobrenatural o un demonio visitante de una dimensión paralela.

Para hacer la historia aún más sabrosona, tenemos el hecho de que los avistamientos del Hombre Polilla se detuvieron justo después del colapso de un gran puente colgante llamado Silver Bridge, tragedia ocasionó la muerte de 46 personas. Uno pensaría que después de este trágico episodio nadie estaría pensando en el monstruo y por eso nadie lo vio, pero conforme pasó el tiempo la gente razonó que dos más dos es igual a pez, y concluyó que las visitas de Mothman estaban relacionadas con el desastre; quizá lo provocó, quizá quería advertir sobre él.

Además de los testimonios de gente muy sacada de onda, no tenemos evidencias de que el Hombre Poilla haya paseado por Virginia. Sí hay, sin embargo, confesiones de bromistas que ataron linternas a globos de helio para espantar a la gente por las noches. Los avistamientos también se pueden explicar por una mezcla de sugestión causada por los primeros reportes, más la fauna local nocturna, tales como grullas y búhos. Vamos, que es muy fácil ver lo que no está ahí.

EL CHUPACABRAS



A este bicho le tengo especial cariño por haber formado parte de mi infancia. Yo era un chicuelo crédulo e impresionable, con una fascinación morbosa por todo lo que fuera macabro y monstruoso, y además crecí en una tierra de superstición y magia idónea para cultivar mi apetito por lo supernatural: Tabasco. Todos los latinoamericanos lo conocemos; el Chupacabras, ese misterioso ser de aspecto contradictorio (o sea, contradictorias las descripciones de la criatura) que atacaba animales de granja y les chupaba toda la sangre cual vampiro. Dícese que los primeros ataques fueron reportados en Puerto Rico, y luego que el animal comenzó a emigrar hacia el norte, pasando por México y desapareciendo por ahí de Texas, dejando un rastro sangriento a su paso.

Estaba en la primaria cuando la histeria del Chupacabras cundió por todas partes. En un viaje por carretera mi madre se llevó su pistola en el coche (única vez en la vida que lo hizo), sólo en caso de que nos fuera a aparecer el monstruo. Hubo muchísima especulación al respecto: ¿extraterrestre, vampiro, experimento genético fallido, una nueva especie? Hasta se produjo parafernalia y souvenirs de la criatura y, por supuesto, se compuso una cumbia.



Fue realmente inusual la atención mediática que recibió el Chupacabras, llegando a aparecer notas de sus ataques hasta en los noticieros más formales, y no sólo en los programas de misteriología a los que esta clase de asuntos solían circunscribirse. Incluso hubo una teoría conspiratoria que afirmaba que los medios de coumnicación, en especial Televisa y TV Azteca, habrían centrado su atención en el monstruo como tapadera de las acciones del gobierno de Carlos Salinas, que estaba a punto de llevar al país a una crisis económica y política. Versiones más extremas decían que habría sido el mismo gobierno mexicano el que preparó el montaje del Chupacabras. La segunda versión se cae solita, porque el bicho comenzó a ser reportado en otros países, y porque requeriría una capacidad de manipulación inverosímil por parte del gobierno (incluyendo eso de ponerse a matar ganado). La primera, más moderada, puede ser que tenga algo de sentido, pero habla menos de la malignidad del Innombrable que de la estupidez mexicana.

Lo que originó la histeria del Chupacabras fue el hallazgo de restos de animales de granja a los que les habían bebido toda la sangre. Dejando de lado la histeria colectiva, el sensasionalismo mediático y las posibles falsificaciones, hay que admitir que en algunos de esos casos había un misterio en verdad interesante. Algo había matado a esos animales y se había bebido su sangre. Se sabe que algunos depredadores, como coyotes o felinos, a veces actúan de esa manera, pero de todos modos seguimos sin poder afirmar a ciencia cierta qué pasó ahí. Claro que de eso a concluir que un monstruo mutante   extraterrestre estaba chupándose a nuestras cabras hay un gran trecho.


La anterior foto de una amenazadora y repulsiva criatura circula en las redes como prueba de la existencia del Chupacabras. En realidad es un oso con una rara afección de la piel que le ha hecho perder el pelo (y además está en un zoológico en Alemania). Fotos y videos de animales como coyotes, zorros, mapaches, coatíes u otros carnívoros pequeños, con alguna afección de la piel, o de sus cadáveres en un estado avanzado de descomposición, como sarna o alopecia, circulan por las redes como imágenes definitivas del Chupacabras.

Las descripciones de los que avistaron al monstruo, como dije antes, son muy contradictorias. Hubo que lo describía como un ser bípedo, una especie de canguro con hocico canino y dos grandes colmillos que usaba para sangrar a sus víctimas; otros testimonios lo describen como una versión monstruosa de los alienígenas "grises", de cuerpo delgado, gran cabeza e insondables ojos oscuros, pero con el añadido de escapas, púas, garras, colmillos y alas como de murciélago. Fue una imagen parecida a esta última versión la que se popularizó a través de la cultura mediática. Hoy en día, aunque ya no se reportan avistamientos del Chupacabras, la bestezuela ha pasado a formar parte del imaginario colectivo.

EL HOMBRE BÚHO DE CORNUALLES



Quiero hablarles de este críptido poco conocido porque su leyenda me fascinó cuando era adolescente y la verdad es que hasta miedito me dio. Cuentan que dos niñas de Cornualles se lo toparon mientras acampaban en el bosque, cerca de una antigua iglesia. Una de ellas salió de la tienda de campaña para investigar unos ruidos, y vio lo que pensó que era un hombre con un disfraz del búho. Tras un primer susto, las niñas rieron pensando que se trataba de alguien que les quería gastar una broma, pero en ese momento la criatura se echó a volar, lo que aterrorizó a las chicuelas.

Es descrita como un búho de tamaño humano, con grandes ojos rojos, plumas en la cabeza que dan la apariencia de cuernos y, esto es lo mejor, sus patas no son como las de un ave, sino que más bien parecen pinzas como de crustáceo.

El Hombre búho fue visto sólo en dos ocasiones en 1976. Además de que sólo existen estos testimonios, quien los recogió fue un himbestigador de lo paranormal conocido por sus múltiples fraudes. Eso no ha evitado que la leyenda del Hombre Búho se propale por Internet, donde basta que alguien alguna vez haya escrito que alguien alguna vez le dijo que alguna vez vio alguna cosa para que pase a formar parte del folclor criptozoológico.

EL DEMONIO DE DOVER



Aquí tenemos otro caso de un monstruo que fue visto por un grupo de chavales en pocas ocasiones, pero que con eso tuvo suficiente para atraer la atención mundial de los misteriólogos. Se le describe como una criatura humanoide, pero de pequeña estatura, piel grisásea, cabeza grande y ojos luminiscentes. El Demonio se apareció en los alrededores de la comunidad de Dover, Massachussets. Un chaval de 17 años que pasaba manejando en la noche, lo vio posado sobre una barda derruida en el casco de una vieja granja, mientras que un quinceañero juró haberlo visto posando tranquilamente en una avenida del pueblo.

Se ha especulado sobre la identidad del monstruo. Algunos sugieren que podría tratarse de una alenígena o un animal desconocido. Otros lo comparan con criaturas del folclor indígena, algo así como duendes (muchas culturas tienen mitos sobre "gente pequeña"). Algunos escépticos generosos sugieren que los chicos podrían haber visto una cría de alce extraviada y desorientada, lo que coincidiría con la descripción. Otros, menos indulgentes, suponen que todo fue una broma perpetrada por adolescentes pendejos.

LOS MAMUTS DE SIBERIA



Estos me encantan, porque los mamuts son la cosa más bonita que haya caminado por la Tierra y qué más me gustaría que saber que están vivos en algún lugar de esa enorme estepa helada que es Siberia. Es más, una parte dentro de mí espera sinceramente que uno de estos días agarren a uno vivo (o mínimo, que lo clonen). Su posible existencia es menos descabellada que la de otros críptidos, pues se sabe con certeza los mamuts sobrevivieron en remotas islas siberianas hasta tiempos tan recientes como 1,700 años antes de Cristo. O sea, todavía existían mamuts cuando civilizaciones antiguas como los egipcios y los babilonios levantaban ciudades de piedra (pero no el mismo lugar, ¿eh, Roland Emmerich?).

¿Un mamut cruzando un río siberiano?
¿O un oso que sostiene un pez largo en el hocico?


Desde el siglo XIX ha habido testimonios de quienes aseguran haber visto a mamuts vivos en las regiones más recónditas de Siberia. Pero aunque me encantaría que fuera cierto, lo más probable es que las historias sean confusiones, mezclas de anécdotas sobre el descubrimiento de cuerpos de mamut congelados con el deseo ferviente de exploradores crédulos por encontrar a estos elefantitos peludos. Y es que los mamuts fueron animales muy grandes que vivían en manada; sería muy difícil para ellos ocultar su presencia, aún en las vastas regiones heladas de Eurasia.

BESTIARIO DEL MUNDO MODERNO




En la Edad Media se compusieron bestiarios, libros que reunan el conocimiento que la gente de esa época tenía sobre los animales. Además de que a los animales reales se les atribuían toda clase de características fantásticas, junto a elefantes, leones o castores, en los bestiarios convivían dragones, unicornios y mantícoras, porque las personas medievales no veían diferencia entre unos y otros. La criptozoología nos ha provisto de un nuevo bestiario, uno compuesto de nuevas criaturas extravagantes de orígenes desconocidos.

Entre las muchas criaturas incluidas en el bestiario criptozoológico se encuentran serpientes gigantes capaces de tragarse hombres enteros; aves de rapiña colosales (por lo general buitres o águilas) que pueden llevarse a un niño humano entre sus zarpas; hombres mono que habitan selvas y bosques de todo el mundo; hombres pez u hombres anfibios que se hallan en ríos, pantanos y cimas marinas; homínidos alados (como la mujer pájaro de Vietnam); monstruos marinos y lacustres, por lo general de forma serpentina o sauriana; dinosaurios y otras bestias prehistóricas que sobrevivieron a la extinción; algunos monstruos urbanos como las ratas gigantes o los cocodrilos de las alcantarillas; grandes carnívoros como félidos o cánidos, donde no debería haberlos; plantas antropófagas capaces de moverse a voluntad (aunque estrictamente hablando, éstas pertenecen al campo de la criptobotánica), y toda clase de híbridos extraños compuestos de partes de especies diversas ensambladas grotescamente.




Estos monstruos han pasado a formar parte de la cultura mediática, estelarizando películas, libros, videojegos, series de TV y cómics de todo tipo, ya sea de aventura, fantasía u horror. En la actualidad es común que existan universos ficticios en los que todos esos críptidos existen y conviven, por lo general con algún origen en común: todos son extraterrestres, como en La Conspiración Roswell; o todos son exiliados de una dimensión paralela, como en Monsters Inc.; o todos son criaturas mágicas camufladas como en Harry Potter. Yo mismo usé a varios de estos personajes en mi propio libro de terror.

Como sea, los monstruos son parte de nuestra cultura; reflejo de lo que nos asusta, lo que nos fascina o lo que añoramos, han llegado para quedarse con nosotros, merodeando en los rincones oscuros, si no del mundo real, sí de nuestras mentes.



PD: ¿Notaron la falta de enlaces a fuentes confiables en esta entrada? Es a propósito para ilustrar mi punto sobre por qué no hay qué creer todo lo que se ve en los Internetz, así lo diga alguien tan simpático como yo. Así que vaya e investiguen, aunque sea en Wikipedia.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Los Simpson: Especial de Noche de Brujas



Estaba en la primaria cuando mi amigo Toño me habló por primera vez de los especiales de Noche de Brujas de Los Simpson, los que describía como episodios macabros y muy locochones en los que podía pasar cualquier cosa, y que por eso eran muy divertidos. Me parece que para entonces ya habían salido los tres primeros, pero por alguna razón no habíamos sabido de ellos sino hasta entonces. A mis padres no les gustaba que viera Los Simpson (ahora los veo con mis hijos; el ciclo de la vida), así que no los veía tan menudo como quería. Además Azteca 7, el único canal que los transmitía, los pasaba en un orden en apariencia aleatorio, por lo que tales capítulos podían aparecer de pronto cualquier del año (sólo años después se les ocurrió ponerlos en los días cercanos a Halloween).

Estuve atento durante meses hasta que por fin logré captar uno de esos especiales. Creo que fue el cuarto. Desde entonces, estos episodios se convirtieron en mis favoritos y año con año esperaba  el nuevo. Eran divertidísimos, con un peculiar sentido del humor macabro, y al estar fuera de la continuidad oficial de la serie, los creativos podían hacer con ellos lo que querían.

Pero conforme Los Simpson fue envejeciendo, los especiales de Noche de Brujas fueron perdiendo calidad. Incluso antes de que la serie comenzara a decaer, los capítulos de Halloween ya no eran buenos. Las historias dejaron de ser creativas y graciosas, y ya sólo veíamos parodias fáciles de películas clásicas o recientes, mientras que el humor pasó a depender más y más de mostrar muertes obvias y grotescas de los diversos personajes, como si ver a Krusty ser destripado fuera gracioso sólo por eso, y ya no tuvieran que pensar en chistes inteligentes o en tramas ingeniosas.

Según yo, los especiales de Noche de Brujas buenos llegan hasta el número X, aunque hay uno que otro momento bueno después. Los mejores, sin embargo, son a mi gusto los que están entre el III y el VII. Hoy les voy a compartir mi Top 15, no de cada especial, sino de mis segmentos favoritos.


#15 La Casa de las Pesadillas (Especial No. I)


Aunque hoy los primeros especiales de Halloween pueden parecer muy tranquilos (les faltaban tripas y sangre a cubetadas) esta historia la guardo en la memoria con especial cariño. Sin ser particularmente "chistoso", en el sentido de que no provocaba carcajadas, me parece que tiene una buena historia, que mezcla en su justa proporción lo humorístico con lo macabro. Esto último lo logra con una atmósfera muy bien construida, y la música ayuda mucho.

El mejor momento: Un "cementerio indio" en el sótano de la casa incluye lápidas con los nombres Pocahontas, Jerónimo, Toro Sentado, Haiawatta y Mahatma Gandhi. Chiste políticamente incorrecto como los que ya no vemos estos días.


#14 El Payaso sin Piedad (Especial No. III)


Uno de los más clásicos, que cuenta la historia de la clásica muñeca diabólica, en este caso, un Krusty que Homero le compra a Bart por su cumpleaños. Tiene algunos momentos de risa loca y uno que otro gag visual muy ingenioso. Incluso hay un instante que logra espantar al espectador.

El mejor momento: Uno de los más memorables de la serie, en la tienda del chino siniestro...

-El muñeco tiene una horrible maldición.
-Qué mal.
-Pero le damos yogurt gratis.
-Qué bien.
-El yogurt también está maldito.
-Qué mal.
-Pero usted escoge la cubierta.
-Qué bien.
-La cubierta tiene benzoato de potasio.
-...
-Qué mal.
-¿Ya me puedo ir?


#13  Ciudadano Kang (Especial No. VII)


Este deliciosamente noventero episodio no es sólo un especial de Noche de Brujas divertido y macabro, sino que constituye una exquisita sátira política. Cuando dos extraterrestres suplantan a los candidatos Bill Clinton y Bob Dole, los gringos no pueden hacer nada porque su sistema bipartidista les obliga a elegir entre dos monstruos alienígenas.

El mejor momento: Otro de los más memorables; Bob Dole Alien da un discurso:

-¡Aborto para todos!
-¡Buuuuu!
-Bueno, entonces no hay aborto para nadie.
-¡Buuuuu!
-Aborto para unos. Banderitas estadounidenses para los demás.
-¡Yeeeeee!


#12 La Bandeja del Génesis (Especial No. VII)


Clásico de clásicos. Al tratar de probar que la Coca-Cola disuelve los dientes, Lisa accidentalmente crea vida. La situación da para muchas risas, incluyendo uno que otro chiste blasfemo y algunos momentos como para usar en una clase de filosofía.

El mejor momento: Cuando Lisa es "desagrandada" por sus criaturas y llevada dentro de la bandeja para ser adorada como diosa.


#11 King Homero (Especial No. III)


Una divertida parodia de una de mis pelis favoritas, King Kong. Además de ser muy chistosa, es el primer segmento de un especial de Noche de Brujas en mostrarnos algunas muertes con sentido humorístico. King Homero liberado y comiendo gente a diestra y siniestra por toda la ciudad no tiene precio.

El mejor momento: Homero se come a Shirley Temple. Tan sorpresivo como hilarante.


#10 Drácula de Bart Simpson (Especial No. IV)


Bonita y nostálgica parodia de películas de vampiros, en especial la Drácula de Coppola, pero también con varios guiños encantadores a Los Muchachos Perdidos. Está llena de momentos chuscos del más ingenioso humor negro.

El mejor momento: El abuelo entra al cuarto de Bart con una estaca y un martillo.

ABUELO: ¡Hay que matar al muchacho!
MARGE: ¿Cómo saben que es un vampiro?
ABUELO: ¡¿Es un vampiro?! (sale huyendo despavorido) ¡Aaaaargh!


#9 El Ataque de los Anuncios (Especial No. VI)


Situación completamente irreal, mucha destrucción sin sentido y hasta un número musical son algunas de las cosas que se pueden ver cuando las mascotas publicitarias cobran vida y atacan Springfield. Una nada sutil y sí muy astuta crítica al consumismo de la sociedad gringa... O algo.

El mejor momento: Bart haciendo de la consciencia de un demonio gigante e incitándolo a destruir la escuela.


#8 Pesadilla en Avenida Siempreviva (Especial No. VI)


No podía faltar una parodia de las películas de Freddy Krueger, esta vez con Willy el Escocés haciendo el papel del asesino de ensueño. Los momentos hilarantes se multiplican a lo largo de este sensacional capítulo.

El mejor momento: "Eran las trece horas del día trece del mes trece..."


#7 El Diablo y Homero Simpson (Especial No. IV)


Estupendo e inmortal clásico en el que Homero vende su alma al Diablo (que no es otro que Ned Flanders) a cambio de una rosquilla. Con todo y juicio por el alma de nuestro querido Homero, representado legalmente por, faltaba más, Lionel Hutz, abogado, que trata de convencer a un jurado de almas condenadas. No tiene desperdicio.

El mejor momento: Homero en la división de castigos irónicos del Infierno es obligado a comer todas las rosquillas del mundo, lo cual está lejos de ser un castigo para él. Hasta el demonio encargado de torturarlo se queda perplejo.


#6 Marca Z para Zombis (Especial No. III)


¡Zombis! ¡Todo es mejor con zombis! Al tratar de revivir a su difunto gato, Bart y Lisa sin querer despiertan a los muertos (pero el auto está bien). Te hará reír a carcajadas de principio a fin, con algunas de las mejores muestras de estupidez homeriana de la serie.

El mejor momento:

-¡Papá, mataste al zombi de Flanders!
-Ah, ¿era un zombi?


#5 Terror a Metro y Medio (Especial No. IV)


Éste es uno de mis favoritos personales, aunque viendo en los Internetz me doy cuenta de que los demás no lo valoran tanto. Se gana puntos conmigo por ser el único segmento que de niño me causó miedo de verdad. El camino a la escuela en autobús se convierte en un viaje de horror para Bart cuando un gremlin empieza a sabotear el vehículo.

El mejor momento: Pensando que Juan Topo es el gremlin por el que Bart está alarmado, Otto lo saca del camino, provocando la muerte del indefenso hombrecito, aunque no de la forma en que ustedes creen.


#4 Castigo del Tiempo (Especial No. V)


El Especial V tiene varios de los momentos más jocosos de toda la serie, y algunos de ellos se encuentran en este segmento, una montaña rusa de carcajadas desde el primer segundo. Ver a Homero destruyendo el continuum del espacio-tiempo mientras trata de reparar una tostadora es de las mejores cosas de la vida.

El mejor momento: Homero estornuda provocando la extinción de todos los dinosaurios. Suavemente murmura "Esto se va a poner feo".


#3 El Resplandor (Especial No. V)


Para muchos, éste es el mejor segmento de todos y yo mismo estuve tentado a ponerlo en primer lugar. Definitivamente es el más chistoso, hilarante y jocoso hasta las lágrimas, escrito y animado con tal precisión que uno no ha terminado de carcajearse antes de que llegue un nuevo chiste. Parodia del clásico inmortal de Kubrick, este episodio deconstruye lúdicamente sus escenas icónicas para beneplácito del público. En fin, está bien cagado.

El mejor momento: "Sin tele y sin cerveza Homero pierde la cabeza"


#2 Homero 3 (Especial No. VI)


Escogí este segmento para un lugar tan alto porque es una maravilla y ocupa un lugar especial en mi corazón. En ese tiempo no era común ver animación en 3D, mucho menos en televisión. Curiosamente, por esos mismos días había jugado Mario 64 por vez primera, por lo que siempre que veo este capítulo me acuerdo de cómo me sentí con ese videojuego... y viceversa. Fue un capítulo verdaderamente mágico. Además de que es condenadamente gracioso y resulta un deleite si lo ven estando ácidos (dicen).

El mejor momento: "Hay tanto que no sé de astrofísica. Hubiera leído el libro del paralítico ése."



#1 El Cuervo (Especial No. I)


Sí, éste. ¿Por qué? Porque es magnífico. Sin ser particularmente chistoso, demuestra que Los Simpson en algún momento fueron una serie con más pretensiones que sólo meter gags y parodias fáciles. Fue mi primera aproximación al poema de Poe, y debo agradecer no sólo a la serie original sino al trabajo de doblaje mexicano, con la voz de Roberto Reséndiz como el narrador y siguiendo la traducción clásica de Porrúa de El Cuervo. Además, porque fue este especial el que lo inició todo, y añoro los días en que los segmentos estaban insertados en una narración de marco; en este caso, Bart y Lisa contando historias de miedo en la casita del árbol.

El mejor momento: El final, con la última estrofa del poema original, con la voz narradora y la música intensota y siniestra, con una animación estupenda... uno de los mejores momentos de la serie, y no por ser cómico sino por estar muy, pero muy bien hecho.

Espero que les haya gustado este conteo. Quedo pendiente de sus comentarios y ¡feliz Noche de Brujas!

viernes, 17 de octubre de 2014

Los momentos más aterradores de mi infancia (gracias a la cultura pop)




A los chicos les gusta asustarse. Bueno, cuando yo era niño me gustaba recibir un buen susto de vez en cuando. Como les he dicho antes, siempre he tenido una relación ambivalente con los monstruos y el horror: ejercen sobre mí una atracción fascinante, pero también me asustan de verdad. 

En tiempos pretéritos, cuando los contenidos para niños no eran tan mojigatos, algunas de las secuencias más aterradoras se aparecieron en las películas y series dirigidas a los más pequeños. Y eso era bueno, porque creo que este tipo de experiencias ayuda a los chicos a aprender a lidiar con emociones negativas como el miedo y la tristeza (algunas caricaturas eran bien trágicas), pero en situaciones en las que no corren el peligro de ser lastimados... No como ahora, que las caricaturas tiene que enseñar matemáticas y buenos modales, y lo más amenazador que hay en ellas es un zorro que no te robará tus cosas si le insistes lo suficiente...

Como sea, a continuación van los diez momentos más aterradores de mi infancia. No se extrañen de que la mayoría de esos momentos vengan de Disney, porque ya vimos que ese tipo era un genio del mal. Aclaro que este top no es de las escenas que son más aterradores en sí, sino de las que me dieron más miedo a mí en el momento en que las vi. Por eso, algunas de ellas pueden ser menos aterradoras que otras, pero como las vi estando más pequeño me traumatizaron más.

Dejé fuera momentos de películas que sí fueran de miedo (como Tiburón) para enfocarme en material dirigido a niños. Pensé incluir momentos de películas como Los Cazafantasmas, Beetlejuice y Gremlins, que son más bien comedias de horror, pero como éstas no eran realmente para niños, las dejé fuera.

MENCIÓN HONORÍFICA Gente que se transforma en monstruos, en varias caricaturas ochenteras



Una de las cosas que más me asustaba de pequeño (y hasta la fecha) son las escenas en las que alguna persona se transforma en monstruo. Por eso los hombres lobo me dan mucho miedo. La idea de que una persona común y corriente, incluso una buena persona, o hasta un ser querido, se pudiera convertir en un monstruo feroz, salvaje y malvado, me podía quitar el sueño. Algunas caricaturas ochenteras presentaron imágenes así y me daban muchísmo miedo. 

Por ejemplo, recuerdo un capítulo de Academia Lazer en el que el villano Draxon convierte a las personas normales en monstruos simiescos llamados Skugs, incluyendo a los padres de los héroes. No importa, estoy seguro de que nadie recuerda esta serie. En un episodio de Los Caza Fantasmas (no los verdaderos, los otros) un "gnomo" liberado por un niño incauto tiene el poder de convertir a otras gentes en gnomos como él, y aplica ese poder en el padre del niño que lo liberó

En un capítulo de Tortugas Ninja, Abril se mete a una máquina que le ocasiona una mutación y empieza a convertirse lentamente en mujer gato. Ahora bien, TMNT estaba repleta de mutantes animales antropomorfos y seguro si viera ese capítulo ahora me parecería muy sexy la Abril furry, pero a mi tierna edad, ver a la heroína de la serie irse convirtiendo en monstruo me aterraba. Hubo muchos más momentos (Gengis Rex, de Dinoplatívolos, convirtiéndose en un feroz tiranosaurio real) y varios de ellos podrían haber ocupado sus propios puestos en este conteo. Para no llenar la lista con ellos, los pongo todos en este desproporcionadamente largo apartado.

Los momentos que más me dieron miedo, sin embargo, fueron dos: Un episodio de los Súper Amigos, en el que unos hombres gato son capaces de convertir a otras personas en hombres gato con un rasguño. Pronto los héroes se enfrentan a toda una plaga de gente gato. Lo peor: algunos de los héroes son transformados en monstruos (excepto Batman, obvio, 'cause he's the goddamn Batman). Cuando ves a los buenos, los que deberían salvarte, con los que estabas contando que iban a solucionar la situación, transformarse en monstruos malignos, pierdes toda la esperanza (y esto fue aaaaños antes de Marvel Zombies). Intenté ver ese mismo capítulo en dos ocasiones distintas y jamás pude terminarlo. Por suerte mis amigos de la escuela me confortaron contándome que al final Batman encontraba la cura (obvio, he's the goddamn Batman) y todos volvían a la normalidad.

El otro momento es de mis años más tiernos. Debía tener no más de 4 años de edad cuando vi el primer capítulo de la serie Los 13 Fantasmas de Scooby-Doo. En este episodio la pandilla llega a un pueblo habitado por hombres lobo. Eso habría bastado para aterrorizarme, pero lo que casi me mata del susto es cuando nuestra heroína Daphne se transforma en una loba y ataca a sus amigos. Literalmente salí huyendo y me metí bajo la cama. True story.


#10 Los Skeksis, en El Cristal Encantado






Jim Henson era un genio. Conocía a su público a la perfección y era un maestrazo para despertar en los niños las emociones más intensas. El miedo, sobre todo. Los Skeksis no sólo son feos, monstruosos y malvados, sino que están tan bien hechos que parecen vivos. En cuanto a deformidad blasfema no le piden nada a cualquiera de los monstruos feos que pululaban por las películas verdaderamente de horror de la época. Pero además, la escena en la que el rey Skeksis muere convirtiéndose en polvo me traumatizó a tal punto que durante años no recordaba otra cosa de esa película.


#9 El Jinete sin Cabeza, en La leyenda de Sleepy Hollow





De mano del genio de Walt Disney llega esta adaptación del clásico cuento de Washington Irving. Aunque esta caricatura es bastante ligera y musical, contiene una de las secuencias de animación más aterradoras de la vida. El equipo de animación se toma unos momentos para crear la atmósfera. Vean las sombras, los sonidos, la ausencia de música, la lentitud con la que Ichabod y su caballo se mueven, contagiándonos su miedo. Fíjense en el ritmo perfectamente manejado, los falsos sustos que nos provocan y luego, cuando nos sentimos seguros, aparece el Jinete en todo su esplendor (hasta los colores del cielo cambian). Lo peor: su risa diabólica y antinatural pues no tiene cabeza. A veces, cuando salía a montar bici por la noche, temía que de pronto escucharía el retumbar de cascos equinos tras de mí...


#8 Las brujas revelan su verdadero ser, en Las brujas



Hola de nuevo, Jim Henson. Ahora une fuerzas con el escritor Roald Dahl, otro desquiciado que amaba aterrorizar a los niños. El equipo de Henson se lució con el maquillaje de las brujas, uno de los más horrendos que ha visto el cine y que, de nuevo, no le pide nada a películas tipo The Evil Dead o The Thing. Como ya les había dicho, si hay algo que me da miedo son las transformaciones. La escena en particular que me asustaba de esta cinta era cuando Anjelica Houston y las otras brujas se quitan la máscara y revelan su monstruoso ser. De hecho, esta escena que aparecía en los cortos promocionales me daba tantísimo miedo que no me atreví a verla sino hasta muchos años después. Hasta que estuve en secundaria, lo único que había visto de la película era ese momento, que se aparecía en los cortos en las películas en formato Beta. Por eso no la pongo en un lugar más alto, porque cuando por fin vi la peli, ya estaba grandecito y no me dio tanto miedo.


#7 El juez Doom, en ¿Quién engañó a Roger Rabbit?




De por sí este tipo, interpretado magistralmente por Christopher Lloyd (de pequeño ni cuenta me di de que ése era el mismo que el gentil Doc Brown), era bastante siniestro: pálido y todo vestido de negro, aterrorizando a los dibujos animados. A lo largo de la película lo vemos cometer atrocidades como meter a un zapatito de caricatura con ojos grandes y brillosos en un baño de ácido, mientras  la pobre criatura gritaba y se retorcía de dolor. Al final, después de que el villano es arrollado por una aplanadora, comienza la verdadera pesadilla. Con sus ojos de caricatura y su voz chillona y demencial, el Juez Doom pertenece a una nueva generación de engendros que sólo la cultura pop contemporánea podría crear.


#6 El Espantaniños, en Los verdaderos Cazafantasmas




El coco, el boogeyman, el monstruo que vive en tu armario. Esta espantosa versión del Joker fue uno de los pocos enemigos recurrentes de los Cazafantasmas. Aterrorizaba a Egon, quien aún siendo el más racional de los adultos se sentía como un niño indefenso ante la amenaza de este monstruo de naturaleza desconocida (ni siquiera era un fantasma y los rayos de protones no le hacían nada). Se alimentaba del miedo de los infantes... De hecho, él es la encarnación misma de todas nuestras pesadillas infantiles. Literalmente me quitaba el sueño.


#5 El Toro Rojo, en El último unicornio



¡Maldito engendro del infierno! Si de por sí ésta era una película muy intensa, además nos echan encima a un demonio literal, una criatura de fuego con cuernos y colmillos y ojos encendidos que persigue y ataca a nuestros héroes. Cada vez que el Toro Rojo se aparecía, me ponía tenso y quería aparar la vista. El bicho me causa terror, y en ocasiones me tapaba los ojos o me escondía bajo mis sábanas con tal de no verlo. Aún lo veo y juro que no sé cómo a alguien se le ocurrió que sería buena idea meter esa cosa en una peli para niños. Ah, claro, eso no impedía que viera esta aventura una y otra vez. Ya ven, uno que es adicto a que lo espanten. Añado que también la arpía estaba de miedo. Caray.


#4 Los niños se transforman en asnos, en Pinocho




De nuevo Disney y su maravilloso talento para sacarnos la mierda del susto y de nuevo yo con mi personal miedo a las transformaciones monstruosas. En esta escena tenemos a un par de niños en una isla de la felicidad haciendo cosas de niños, como fumar y jugar billar, cuando de pronto se empiezan a convertir en burros. La expresión de pánico y desesperanza en el simpático Polilla y la de terror en el buen Pinocho lo dicen todo. Que la voz dé lugar a los rebuznos y luego a las violentas coces por todo el cuarto es más de lo que mi corazón infantil podía soportar. Pero quizá lo que de verdad me traumatizó fue una escenita que sucede instantes antes, en la que un niño ya transformado completamente en burro llora con voz humana llamando a su mamá, y es arrojado con otros burritos con alma de niño. Y es peor cuando te pones a pensar que aunque Pinocho volvió con su padre y se convirtió en un niño de verdad, todos los otros fueron transformados en burros, apartados de sus familias y vendidos como animales de carga. Gracias, Disney, gracias.



#3 Las ánimas del terror, en Dumbo + Efelantes y Guartas, en Las Aventuras de Winnie Pooh




Incluyo estas dos secuencias, pequeñas obras maestras de la animación psicodélica, porque son muy parecidas, aunque ciertamente la de Winnie Pooh es menos aterradora (tiene más color y los bichos por lo menos tienen ojos). Pero ambas sin duda comparten en que toman a un montón de adorables elefantes y los convierten en abominaciones lovecraftianas que cambian constantemente de forma y tamaño sin seguir ningún orden o lógica en lo absoluto. Es esa locura tan absoluta, en la que no hay referentes estables a los cual aferrarse, es lo que hace de estas dos secuencias el mejor material de pesadilla. No ayudaba el doblaje mexicano, que cambió el título del número musical de Pink Elephants on Parade a Las ánimas del terror, sobre las que aseguraba que eran "parientes de Satanás". Es la descripción gráfica de un mal viaje. ¿Cómo rayos eso no iba a traumatizar a un niño? Claro, por mucho que tuviera, volvía a ver estas partes una y otra vez. Así soy yo.







#2 La reina se convierte en vieja bruja, en Blancanieves



Ah, llegamos a un básico en la historia del cine animado. La transformación de la bruja de Blancanieves. ¿Ven cómo eso de las metamorfosis me da miedo? Y fíjense que no me asustaba la vieja en sí, que viejas feas hay muchas. Es esa transformación lyncheana la que causaba terror en mi ego infantil al grado de querer ponerme a llorar [Por cierto, la secuencia del bosque embrujado también me daba mucho miedo] Aprecien esta secuencia, por favor, miren la iluminación, la coreografía de los movimientos de la reina, la fluidez de la animación; súmenla a los efectos de sonido y la música, y al trabajo de la actriz que da voz a esta villana. Díganme si no es de lo mejor que han visto en cine. Fíjense que Blancanieves no me encanta, se me hace más bien sosa, pero en esos dos momentos que les digo no puedo dejar de reconocer el genio de Walt Disney. Y hablando del diablo...







#1 Una noche en la árida montaña, en Fantasía




Hemos llegado al número uno, al momento más aterrador de mi infancia: la secuencia completa de "Una noche en la árida montaña" de Fantasía. Se trata de una animación inspirada en la obra sinfónica del mismo nombre del compositor ruso Modest Petrovich Mussorgsky, y que constituye una de las mejores piezas de la música clásica macabra. Walt Disney soñaba con hacer obras de arte como ésta, y si concentró en princesas y cuentos de hadas fue porque era lo que le redituaba. Pero es en esta secuencia en la que se puede apreciar el tamaño de su genio. 

El demonio Chernabog, que fue animado tras estudiar los gestos y movimientos del gran Bela Lugosi, es de por sí aterrador, pero lo que más me daba miedo era toda su corte, todo su aquelarre: fantasmas, brujas, esqueletos de humanos y animales, dragones, serpientes, demonios con forma de cerdos o perros, arpías, mujeres de fuego, toda esa locura infernal y demoniaca que de niño me quitaba todo el valor y la esperanza. De no ser por el hermoso Ave María que sigue a esta secuencia, creo que me habría vuelto loco tras verla por primera vez, como personaje de cuento de Lovecraft.

De hecho, con lo mucho que me gustaba Fantasía, y aún cuando la tenía en Beta para verla cuando quisiera, al acabar la secuencia de los hipopótamos bailarines (que es la última anterior a ésta) le paraba a la peli para no tener que ver estas pesadillas, así que en mi tierna infancia la habré visto sólo dos o tres veces. Aún así, la llevé en mi cerebro bien grabada hasta que me atreví a verla de nuevo, ya como adulto. Sigue siendo un espectáculo dantesco.



¿Y ustedes qué cuentan? ¿Cuáles fueron los momentos más aterradores de su infancia?

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