viernes, 22 de julio de 2016

El amor es una cosa horrible



Amor. Para los griegos, un dios tan poderoso que los mismos Olímpicos no podían evitar someterse a su voluntad. Sentimiento idealizado y reinterpretado de forma distinta en diversas sociedades a través de las edades, desde el eros griego, pasando por el amor cortesano de finales de la Edad Media, la fuerza fatídica de la naturaleza según los románticos, y hasta las nuevas formas de concebirlo en relaciones poliamorosas y anárquicas contemporáneas.

Relaciones, he ahí el meollo. El amor es algo abstracto, que quizá cada ser humano concibe y experimenta de diferente manera. Pero las relaciones amorosas están ahí, podemos observarlas, podemos vivirlas. El ideal quiere que el amor sea puro, generoso, abnegado. La realidad nos da relaciones amorosas que incluyen el dolor, la traición, el abuso y la destrucción mutua. "Quien bien te quiere, te hará llorar", "Amar es sufrir, querer es gozar" y otras frases hechas legitiman como inevitable la relación amor=dolor. No es muy sano para una sociedad pensar así.

Pero no podemos negar que las relaciones humanas son intrínsicamente complejas, puesto que enfrentan necesariamente los sentimientos, voluntades y deseos de dos o más seres que existen en sí mismos y de los que no se puede esperar, ni de los más generosos, una absoluta abnegación y renuncia para satisfacer los del otro. El conflicto es inherente en la interacción humana y no hay forma de interacción más compleja que la de la relación amorosa.

A veces sucede que los humanos que se encuentran en una relación son seres rotos, heridos. A veces sucede que hieren y se rompen poco a poco hasta la destrucción final. Algunas relaciones amorosas son como adicciones a drogas muy dañinas; otras están mediadas por drogas literales. Algunas veces la lujuria hacia alguien fuera de la pareja lleva a la traición y el deterioro. Otras veces la lujuria hacia la propia pareja hacen que la relación se vuelva más y más tóxica. El mundo está lleno de historias así, y también el cine.

La siguiente selección de películas explora el lado oscuro del amor. Aquí no hay historias conmovedoras de amantes que no pueden estar juntos porque sus familias se odian, o uno de ellos tiene una enfermedad incurable o una condición anormal que le hace dar saltos por el tiempo (¿?). Lo que verán aquí son ejemplos del daño que los amantes se hacen unos a otros: celos incontrolables, inseguridades, infidelidad, traición, maltrato emocional, manipulación, violencia, adicciones, desilusión, crueldad, deseos de venganza... Todo aquello que nos hace ver que el amor puede llegar a ser una cosa horrible.

Procuré armar una selección que abarcara casi todas las etapas de la historia del cine, de diferentes países, y que abordaran los asuntos del amor desde diferentes puntos de vista. Encontrarán retratos de la realidad contemporánea, dramas históricos y hasta ciencia ficción; y si bien la visión de todas estas cintas es en conjunto pesimista, el tono varía entre lo sórdido y lo cómico. Sin duda hay algunas obras maestras que faltan aquí, pero traté de no repetir temas y quise limitarme a sólo una por director. Cualquier sugerencia es bienvenida.

Anímate. Quién sabe, si decides aventarte a ver todas estas películas y al final no quieres cortarte las veas con galletas de animalitos mientras escuchas canciones rancheras, quizá descubras que tu decepción amorosa en realidad no fue tan mala...


La caja de Pandora (Die Büchse der Pandora, Alemania, 1928) 
Dir: G.W. Pabst. 
Con: Louise Brooks, Fritz Kotner, Francis Lederer, Carl Goetz y Alice Roberts

En este clásico del cine silente, la legendaria femme fatale Louise Brooks (una de las mujeres más hermosas que han existido) interpreta a Lulú, una joven flapper que disfruta de recibir la atención de los hombres. Resuelta a casarse con el rico y viejo Schön, se las arregla para seducirlo y que su prometida los encuentre juntos. El compromiso se rompe, naturalmente, y Lulú se casa con Shcön, pero los celos de este hombre no toleran la personalidad desenvuelta de Lulú y la tragedia acude pronto a visitar a la pareja. Lulú no es mala, pero tiene el talento involuntario de hacer que hombres -y una que otra mujer- se obsesionen con ella. Por supuesto, los celos, a menudo violentos, son parte de esa obsesión, esa necesidad de poseer por completo al objeto deseado. Sin quererlo ni merecerlo, la vida de Lulú y de quienes la rodean desciende en una espiral de crimen, violencia, persecución, pobreza y prostitución forzada.

El Ángel Azul (Der blaue Engel, Alemania, 1930)
Dir: Josef von Sternberg

Con: Emil Jannings, Marlene Dietrich y Kurt Gerron

Conozcan la historia del profesor Immanuel Rath, respetado educador de la juventud local, hombre recto y severo, del tipo que no tolera tonterías. Es buscando atrapar a sus estudiantes en actos inmorales que Rath se escabulle en el cabaret "El Ángel Azul", donde conoce a la bailarina estrella Lola, de quien queda prendado de inmediato. Un romance entre el adusto profesor y la joven beldad inicia a su segunda visita al cabaret. Consumido por el deseo y la obsesión, Rath abandona toda su vida para seguir a Lola. Con el paso de los años, Rath se deja caer en una posición cada vez más humillante, hasta que, desprovisto de toda su antigua dignidad y enloquecido por los celos que le produce la popularidad de Lola, se convierte en un hombre violento. En esta imperdible película, la primera del cine sonoro alemán, las actuaciones de Jannings y Dietrich siguen siendo objeto de admiración.

Las reglas del juego (La Régle du jeu, Francia, 1939)
Dir: Jean Renoir
Con: Nora Gregor, Paulette Dubost, Marcel Dalio, André Jureiux y Jean Renoir

El juego es, por su puesto, el del amor, y la regla principal es mantener las apariencias. Todo es válido siempre y cuando se aparente seguir las convenciones sociales que se esperan sobre las relaciones monógamas. Los jugadores son los esposos Christine y Robert, sus respectivos amantes André y Geneviève; los novios Lissette y Schumaccher, y el pretendiente de ella, Marceu. La partida tiene lugar en la casa de campo de Robert durante un fin de semana en el que todos se encuentran reunidos. Las tentaciones y las tensiones son demasiado fuertes, las confusiones son caóticas. ¿Quién ama a quién? ¿Quién quiere realmente estar con quién? Mientras vemos a los amantes infieles exigir fidelidad a sus parejas, los celos y la furia escalan a cada momento, y el asesinato entra en la mente de más de uno. Este clásico sobre la hipocresía de la moral aristócrata nos pone a pensar qué tanto de nuestras concepciones sobre lo que deben o pueden ser las relaciones amorosas se basan en simples mentiras.

Lo que el viento se llevó (Gone With the Wind, Estados Unidos, 1939)
Dir: Victor Fleming
Con: Vivien Leigh, Clark Gable, Leslie Howard y Olivia de Havilland

Si existe una gran épica de la cultura norteamericana, es ésta película. Situada en el sur en el contexto de la Guerra Civil, nos cuenta la historia de Scarlett O'Hara, una caprichosa joven de la aristocracia sureña, quien desprovista de su lujoso estilo de vida trata de sobrevivir mientras todo su mundo se desmorona a su alrededor. Además del interés que tiene como retrato de una civilización a la que el viento se llevó (el sur esclavista), esta obra maestra también se centra en la relación de amor/odio entre Scarlett y Rhett Butler, un juego de atracción y desdén que se da durante años y que trasciende los dos matrimonios de ella y la guerra misma. Cuando dos individuos de personalidades fortísimas se atraen y a la vez chocan, la tragedia y la devastación no se da sólo en los combates bélicos o el incendio de Atlanta. El conflicto destructivo se da entonces a dos escalas, la de las relaciones personales y la de sociedades enteras. Una trabajo de proporciones magníficas, epítome de la grandilocuencia del cine de la Edad Dorada de Hollywood.

Un tranvía llamado Deseo (A Streetcar Named Desire, Estados Unidos, 1951)
Dir: Elia Kazan
Con: Vivien Leigh, Marlon Brando y Kim Hunter

En circunstancias misteriosas, Blanche DuBois deja su trabajo y su hogar y viaja hasta Nueva Orléans para hospedarse en casa de su hermana Stella. Desde un principio el abusivo esposo de Stella, Stanley, se muestra receloso hacia Blanche, una boca más que alimentar, alguien ocupando espacio en un hogar de por sí reducido a la pobreza. Stella de todo corazón quiere ayudar a su hermana, y hasta pretende emparejarla con Mitch, el cortés amigo de Stanley. Por su parte, Blanche no deja de advertir a Stella de la brutalidad de Stanley y la necesidad de terminar su relación, pero ella presta oídos sordos a estos consejos. Las cosas se complican más y más cuando se da a conocer la historia de Blanche, llena de promiscuidad e inestabilidad emocional -era maestra y se había metido con uno de sus estudiantes. Mientras Stella está dando a luz al bebé de Stanley, él viola a Blanche. El infierno y la locura caen sobre este pequeño grupo de personas en este desgarrador clásico basado en la obra de Tennesse Williams.

Un verano con Monika (Sommaren med Monika, Suecia, 1953)
Dir: Ingmar Bergman
Con: Harriet Andersson y Lars Ekborg

El amor es idealizado sobre todo en la primera juventud. El enamoramiento adolescente, se nos dice, está marcado por la inocencia, la ingenuidad y por la creencia auténtica de haber encontrado a "esa persona especial" más bien temprano en la vida. Así, Harry y Monika viven una fantasía romántica al escaparse en un bote por el río. En su idilio no importa el futuro, no importan las reglas de la sociedad, sólo importa estar el uno con el otro en perfecta alegría navegando como si el verano fuera a durar por siempre. Pero no es así y la realidad regresa para golpearlos. Monika queda embarazada y de pronto ella y Harry tienen que aceptar una vida de adultos, con responsabilidades, problemas y crisis. Esta no es la vida que Monika imaginaba y desea; en busca de un ideal romántico destruirá a su joven y frágil familia. Del inmortal Bergman nos llega este desencanto de los sueños de juventud.

La calle (La Strada, Italia, 1954)
Dir: Federico Fellini
Con: Anthony Quinn, Giuletta Masina, Richard Basehart 

Zampanò prácticamente compra a la pobre Gelsomina, una joven con ligero retraso mental, inocente y crédula, pero de gran corazón. Ella parece entender esta relación como una especie de matrimonio, pero en realidad Zampanò la posee como poco menos que a una esclava, pues en su espectáculo de hombre fuerte Gelsomina es la payasita que recoge las propinas. Esto no excluye que existan celos también, en este caso contra el equilibrista 'Il Matto', quien a diferencia de Zampanò trata a la joven con dulzura. En busca de un significado para su vida, Gelsomina intenta una y otra vez ver romance donde sólo hay brutalidad. Pero Zampanò será incapaz de mantener su dominio sobre ella -o sobre sí mismo- por demasiado tiempo. Quizá de forma menos evidente y menos hiperbólica, ¿cuántas relaciones habremos conocido que sean justo eso, una ilusión de amor donde sólo hay egoísmo y explotación?

Días de vino y rosas (Days of Wine and Roses, Estados Unidos, 1962)
Dir: Blake Edwards
Con: Jack Lemon, Lee Remick y Charles Bickford

En esta ocasión tenemos una historia diferente, pues lo que vuelve tormentosa la relación entre Joe y Kristen es el alcoholismo de ambos. Jóvenes con un futuro por delante, se conocen, se enamoran y se casan. Les gusta divertirse y beber socialmente. Pero conforme pasa el tiempo la bebida se va apoderando de sus vidas, y pasan de tomar una copa en el almuerzo a emborracharse durante el día. Como es de esperarse, su forma de actuar no tarda en empezar pasarles factura: él pierde empleo tras empleo y ella provoca un accidente que casi le cuesta la vida a su pequeña hija. Las cosas a partir de entonces sólo van empeorando, con algunos momento esporádicoss en los que parece que se podrán recuperar. Y quizá lo hagan, pero el precio que habrán pagado no será bajo. Es que a veces aquello con lo que las parejas se divierten juntas es lo mismo que termina destruyéndolas.

Lolita (Estados Unidos, 1962)
Dir: Stanley Kubrick
Con: James Mason, Shelley Winters, Sue Lyon y Peter Sellers

Ah, Lolita. Novela, filme, concepto que aún causa escozor en las buenas conciencias (quizá hoy más que ayer). Es la arquetípica historia del profesor Humbert, un hombre maduro que se obsesiona con la precoz adolescente Lolita, hija de su casera Charlotte. Para estar cerca del objeto de su deseo Humbert inicia una falsa e insatisfactoria relación Charlotte. Humbert desea con locura a Lolita y a ella no le es indiferente la atención de este hombre mayor. La historia plantea muchos dilemas morales. ¿Estaba Humbert abusando de la infantil Lolita? ¿O era ella, sexualmente activa desde antes de conocerlo, tan culpable como él? Sea cual fuere el caso, la relación es enfermiza y la diferencia de edades y la intensa sexualidad de Lolita poco a poco deterioran las vidas de ambos. Si esto no es suficiente, tengan en cuenta de Peter Sellers es asombroso.

El último tango en París (Ultimo tango a Parigi, Francia/Italia, 1970)
Dir: Bernardo Bertolucci
Con: Marlon Brando, Maria Schneider y Jean-Piérre Leaud.

Intensamente erótico, este filme nos relata el encuentro casual entre Paul, un hombre de mediana edad, y Jeanne, una joven próxima a casarse. Inician una relación basada enteramente en el arrebato de sus deseos, en la que se prometen nunca decirse nada el uno del otro, ni siquiera sus nombres. Pero pronto Paul necesita más que eso, se enamora -a su manera, posesiva, dominante-, le revela su identidad de Jeanne y le cuenta que aún sufre por el suicidio de su esposa. La ilusión de esta aventura, que le permitía a Jeanne escapar de su realidad, se rompe al instante. Ellos no podrían estar juntos nunca, y Jeanne hará hasta lo impensable para poner fin a la relación. Una de las películas más cachondas de la vida, con un par de las actuaciones más memorables de la historia del cine.

El imperio de los sentidos (Ai no korīda, Japón, 1976)
Dir: Nagisa Oshima
Con: Aiko Matsuda y Tatsuya Fuji

Inspirada en una historia real que ocurrió en la década de 1930, esta escandalosa cinta -que presenta coito real en pantalla- nos relata la tormentosa relación entre Sada Abe y Kichizo Ishida, una antigua prostituta y el dueño de un hotel. Su relación es salvajemente erótica, pues ellos dos van escalando en la intensidad de sus experiencias sexuales, cada vez más fuera de lo ordinario, sin importarles cuánto se lastiman o dañan a las personas que les rodean. Entregados a una interacción enfermiza, son capaces de soportar violencia, infidelidad y humillaciones con tal de poseerse el uno al otro. Porque es verdad que a veces la atracción sexual que sientes por esa otra persona es tan intensa que puedes saber que te está destruyendo pero que necesitas estar con ella teniendo el sexo más rico que podrías imaginar. Claro, ese idilio no puede durar por siempre, pues nadie puede aguantar todo lo que la lujuria impone.

Manhattan (Estados Unidos, 1979)
Dir: Woody Allen
Con: Woody Allen, Diane Keaton, Michael Murphy, Meryl Streep y Mariel Hemingway

No podía faltar un experto en las relaciones humanas con todas sus vicisitudes como lo es Woody Allen. En ésta, mi película favorita del director, Davis (Allen en su papel de siempre), es un hombre de mediana edad, dos veces divorciado y con un trabajo insatisfactorio, que sostiene una relación romántica con Tracy, una chica de 17 años. La cosa empieza mal, como ven. Pero se pone peor cuando conoce a Mary, la amante de su amigo Yale (quien, por cierto, está casado), y se enamora de ella. Davis trata de encontrar sentido a su vida y a las relaciones que ha tenido con las distintas mujeres -incluyendo su ex esposa, que ahora vive con su pareja lesbiana y no oculta el profundo desdén que ambas sienten por él. Abrumado por la complejidad de la vida, Davis podría descubrir que quizá, después de tanto intento de alcanzar el amor, cada uno de nosotros está solo en el mundo.

Las relaciones peligrosas (Dangerous Liaisons, Estados Unidos, 1988)
Dir: Stephen Fears
Con: Glenn Close, John Malkovich, Michelle Pfeiffer, Uma Thurman y Keanu Reeves

Finales del siglo XVIII en Francia, una época memorable por los excesos de una clase aristocrática decadente, hastiada por el aburrimiento y ansiosa por experiencias extremas. La marquesa de Merteuil y el vizconde de Valmont, expertos manipuladores, tiburones de la alta sociedad, maquinan un plan para destruir la relación entre el conde de Bastide y su joven prometida, la virginal Cécile. Mientras para esta pareja de cínicos todo es un juego, otras personas sufren de corazones rotos y ven sus vidas destruidas. Esto deja en evidencia lo débiles que somos los humanos y lo frágiles que son nuestras relaciones: basta que alguien astuto y taimado sepa qué decir y qué hacer, para que la fidelidad jurada se apague tan fácilmente como se sopla una vela. Pero los efectos de tan perverso complot no tardarán en alcanzar a Merteuil y Valmont, pues éste es un juego que en realidad nadie puede ganar.

Luna amarga (Bitter Moon, Estados Unidos/Reino Unido/Francia, 1992)
Dir: Roman Polanski
Con: Peter Coyote, Emmanuelle Seigner, Hugh Grant y Kristin Scott Thomas

Ésta es una de mis películas favoritas de la lista. Aquí tenemos a una pareja de esposos, Nigel y Fiona, en un crucero que se dirige hacia la India. Su relación es armoniosa pero aburrida y él ve la oportunidad de tener la aventura de su vida con la hermosa y sensual Mimi. La única condición para que esto suceda es que él escuche el relato que su esposo Oscar -un hombre mayor, en silla de ruedas y muy amargado- tiene que contarle. Así, noche tras noche Nigel escucha la historia de la relación entre Oscar y Mimi, que inicia con toda normalidad, una atracción entre una joven hermosa y un hombre maduro a quien ella admira. Pero conforme va pasando el tiempo, en busca de emociones cada vez más intensas, los experimentos sexuales de ellos se tornan cada vez más enfermizos. Él la violenta y la humilla; ella deja de ser inocente y aprende el arte de manipulación para obtener de Oscar lo que quiere. Nigel escucha sin aprender la lección de esta historia y, pensando solamente en cómo le hará para escabullirse de Fiona y pasar la noche con Mimi, ignora que durante todo este tiempo alguien más ha estado seduciendo a su esposa...

Batman regresa (Batman Returns, Estados Unidos, 1992)
Dir: Tim Burton
Con: Michael Keaton, Michelle Pfeiffer, Danny DeVitto y Christopher Walken

Bruce y Selina son dos seres marcados por la tragedia y consumidos por la ira; él contra el crimen que le arrebató a sus padres; ella contra la sociedad que la ha rebajado y humillado por años y a la que Bruce ha jurado defender. Ambos usan máscaras, las que portan durante el día a día ante todos los demás; los que muestran en la noche son sus verdaderos rostros. Colocados de forma fatídica en lados opuestos de la ley, estas criaturas rotas se encuentran en la noche y descubren que tienen mucho más en común de lo que los separa, y que su amor salvaje -literalmente animal- puede ser más fuerte que su ira. Pero ése es precisamente el problema: ¿cómo pueden dos almas igualmente quebradas estas juntas sin seguirse desbaratando? No puede haber un final de cuento de hadas. Tal como le dice Selina "no podría vivir conmigo misma". Porque el muérdago puede ser mortal si te lo comes, pero es más mortal un beso que viene del corazón.

La edad de la inocencia (The Age of Innocence, Estados Unidos, 1993)
Dir: Martin Scorsese
Con: Danel Day-Lewis, Michelle Pfeiffer y Winona Ryder

Todo está listo para la boda entre Newland y la inocente May cuando él conoce a la prima de su prometida, Ellen. Ella es una mujer moderna, inteligente y audaz que a lo largo de su vida a escandalizado a la sociedad victoriana y recientemente ha abandonado a su esposo, un aristócrata europeo que la maltrataba. Newland no tarda en quedar prendido de la personalidad de Ellen, a la par que se desilusiona de la "demasiado perfecta" May. Dividido entre su amor por Ellen y su sentido de responsabilidad, trata de apresurar su compromiso para escapar de las tentaciones. Realmente dispuesto a cumplir con el deber, le es difícil darse cuenta de que debe renunciar al amor de su vida para seguir el camino del honor y la respetabilidad. Pero más difícil será reconocer que la inocente May, junto con su familia y toda la sociedad neoyorkina, son menos incautos y más hábiles en el juego de manipulación de lo que él se imagina.

Othello (Estados Unidos/Reino Unido, 1995)
Dir: Oliver Parker
Con: Laurence Fishburne, Kenneth Brannagh, Irène Jacob y Nathaniel Parker

El moro Othello tiene todo Venecia, su patria adoptiva: honor, posición, riquezas y el amor de la bella Desdémona. Pero hay una serpiente en el paraíso, su falso amigo Iago. Él sospecha que en algún momento Othello se acostó con su esposa, y además envidia a este moro advenedizo que ha conquistado el éxito. Iago urde un plan: convencer a Othello de que Desdémona le ha sido infiel con Cassio. Con perfidia, el traidor manipula a todos cuantos le rodean con el propósito de destruir la vida de los felices amantes. Othello tiene dos grandes debilidades: es propenso a la cólera, y se sabe feo mientras Desdémona es de una belleza extraordinaria y a demás vive rodeada de hombres más jóvenes y apuestos que el moro, precisamente como Cassio. Una vez que el virus de la sospecha es sembrado en su mente por Iago, el descenso de Othello hacia la violencia es inevitable. Una excelente adaptación del clásico de Shakespeare, con una actuación soberbia por parte de Brannagh.

Amores perros (México, 2000)
Dir: Alejandro González Iñárritu
Con: Gael García Bernal, Vanessa Bauche, Álvaro Guerrero, Goya Toledo y Emilio Echevarría

En esta película ya clásica, primer largometraje del ahora celebérrimo González Iñárritu, tres historias se entrelazan a partir de un hecho fortuito, un accidente de auto. Primero están Octavio y Susana, dos adolescentes de clase baja que sienten atracción y cariño el uno por el otro. Pero ella es madre del bebé de Ramiro, el hermano mayor de Octavio, un bravucón abusivo e infiel, dedicado al crimen. Luego están Daniel y Valeria; ella una guapa modelo española, él un adinerado hombre mayor que ha abandonado a su esposa e hijos para vivir con ella. Pero tras el accidente Valeria ve su carrera truncada y, con la pierna rota, no puede abandonar el departamento que Octavio le ha puesto; poco a poco la soledad y la depresión la invaden. Finalmente está El Chivo, vago y matón a sueldo. Alguna vez fue un brillante profesor universitario, pero abandonó su vida y su familia para unirse a la guerrilla. Décadas después, con la única compañía de sus perros, vive de la fantasía retroactiva de haber sido un padre para su hija Maru. Hay muchas formas de amar, hay muchas formas de construir relaciones unos con otros. Y hay muchas formas en las que todo ello puede irse al diablo.

El último suspiro (Lost and Delirious, Canadá, 2001)
Dir: Léa Pool
Con: Piper Perabo, Jessica Paré y Mischa Barton

El amor, como bien sabemos, no es sólo cosa de hombres y mujeres. Puede ser entre dos hombres, o entre dos mujeres (o más). El desamor también. Después de que la melancólica Mary es dejada por su padre y su madrastra en un internado para señoritas, descubre que sus compañeras de cuarto, Paulie y Tori, mantienen una relación romántica y sexual. Mary no tiene problemas con ello, y ve en las dos chicas un amor apasionado y muy sincero. Pero la sociedad sí que tiene un problema, y cuando un grupito de niñas descubre a las amantes durmiendo juntas, el escándalo se desata en el colegio. Esto no es lo peor, pues Paulie está lista para gritar al mundo su amor por Tori. Lo peor es que ella no está en el mismo lugar y, temiendo por su reputación y conexiones sociales, rompe la relación y la niega por completo, llegando hasta acusar a Paulie de ser una acosadora. Lo que sigue es la estrepitosa caída de Paulie hacia la desesperación. Traicionada por el amor de su vida, se hunde más y más, hasta llegar a medidas extremas. A veces no le importamos tanto a esa persona como ella nos importa a nosotros, y basta una dificultad para revelarlo.

Llevados por el deseo (Closer, Estados Unidos/Reino Unido 2004)
Dir: Mike Nichols
Con: Natalie Portman, Julia Roberts, Jude Law y Clive Owen

Chico conoce chica por casualidad. Chico y chica se enamoran. Todo muy lindo, pero ¿qué sucede con el tiempo? Un año después de que Alice y Dan se conocieran, él ya está comenzando a desviarse del camino y hacerle avances a Anna. Alice se entera y sufre en silencio, mientras Dan va tras Anna, incluso después de arreglar una relación entre ella y Larry. La situación se complica entre los cuatro, cuando cada quien comienza a serle infiel a su pareja con la del otro. Las relaciones se rompen, y surgen otras nuevas, pero éstas no son más armoniosas, pues siempre están marcadas por la infidelidad, la traición, los celos y la voluntad de dominar sobre la persona deseada. Todos son infieles, todos mienten, pero exigen fidelidad y honestidad de los demás, y nadie está dispuesto a renunciar a lo que desea, así traiga sólo dolor para los demás. Así es la vida, ¿no?

Competencia de talentos (Rocket Science, Estados Unidos, 2007)
Dir: Jeffrey Blitz
Con: Reece Thompson, Anna Kendrick y Nicholas D'Agosto

Con el primer amor viene la primera desilusión, y lo que se vive apenas despuntando la adolescencia puede rompernos el corazón tanto como lo que nos pasa conforme crecemos. Quizá más, porque entonces somos inocentes y no sabemos como escudarnos del desencanto. Esa persona a la que conocemos en tal momento crucial de nuestras vidas puede hacernos soñar con un romance idílico para luego dejarnos caer el suelo sin saber ni siquiera qué nos pasó. Eso es lo que le ocurre a Hal con la linda Ginny, una chica inteligente, fuerte y ambiciosa, por la que se mete al concurso de debate de secundaria. ¿Es real lo que ella le hace sentir o sólo lo está manipulando? ¿Siente ella algo por él, aunque sea sólo atracción? ¿Será sincera con sus sentimientos o se dejará llevar por sus ambiciones?



Sólo un sueño (Revolutionary Road, Estados Unidos/Reino Unido, 2008)
Dir: Sam Mendes
Con: Leonardo DiCaprio, Kate Winslet y Michael Shannon.

Es la década de 1950, una edad de oro para la clase media americana. Frank y April son dos jóvenes talentosos e inteligentes, con sueños y ambiciones que van más allá de las metas que establecen las convenciones de su tiempo. Pero la realidad se ríe de sus planes y en cambio se convierten en un matrimonio ordinario, en un barrio ordinario con una vida laboral y familiar ordinaria. La cotidianidad es la tragedia en esta historia de amor, pues la anodina existencia suburbana y clasemediera va amargando su relación. Cada quien tiene resentimiento hacia el otro por sus sueños perdidos, lo que los empuja a infidelidades y malos tratos. Cuando por fin toman la radical decisión de salir de la zona de confort y lanzarse a la aventura en busca de los sueños de juventud, la vida les juega, una vez más, un truco sucio. Si alguna vez se preguntaron qué habría sido de Jack y Rose si se hubiesen bajado del Titanic, ésta es la respuesta: que el sueño americano es sólo eso, un sueño.

Ella (Her, Estados Unidos, 2013)
Dir: Spike Jonze
Con: Joaquin Phoenix, Scarlett Johansson y Amy Adams

Llegamos al final de nuestro recorrido para dar vistazo al futuro. Theodore es un hombre solitario, introvertido y melancólico, prácticamente sin relaciones personales, que llena su vida con gadgets de última generación. Por eso adquiere un nuevo sistema operativo avanzadísimo, una voz femenina que se da a sí misma el nombre de Samantha. Conforme pasa el tiempo, Theodore y Samantha descubren que ella es mucho más que una voz de ordenador, y que tiene inteligencia y personalidad propias; no tardan en quedar enamorados el uno del otro. Pero nada es para siempre; mil problemas hacen pronto su aparición, pues una mente sin límites como Samantha no puede reducir su capacidad de amar hacia un solo individuo. Además de ser una triste fábula de nuestro mundo moderno, en el que el contacto humano está progresivamente mediado por la tecnología, este filme nos plantea un interesante punto de vista sobre los celos. Éstos suelen manifestarse como un deseo de exclusividad física, pero ¿qué sucede cuando lo físico no es importante -de hecho inexistente? Nos damos cuenta de que la posibilidad de no tener todo el pensamiento y todos los sentimientos de una persona puede ser todavía más doloroso que no tener su cuerpo.

Con eso terminamos, mis queridos contertulios. Ahí tienen un ciclo de cine para ver solos, con sus parejas, para discutir fríamente con sus amigos intelectuales o para hallar en ellos paralelismos con lo que les ha sucedido en la vida. Si se avientan todas estas películas seguidas no dejen de responder, ¿qué piensan del amor después de todo esto? ¿Acaso no es una cosa horrible?

sábado, 16 de julio de 2016

Crossing over / Encuentros extraños IV: Diosas y monstruos



Parte I: Alienígenas y depredadores
Parte II: Tormentas salvajes
Parte III: La bruja, la daga y la oscuridad

Vampiros, demonios, zombis, asesinos en serie, monstruos extraterrestres, dioses antiguos... El terror, la fantasía oscura y la comedia de horror tienen también su lugar en el vasto universo de los cómics, que desde luego no se limita al género de superhéroes. Si antes habíamos estado hablando de de los encapotados, en esta entrada nos concentraremos en esas cosas que dan miedo... o más o menos. Y miren que éstas joyitas son especiales, pues aunque algunos de sus personajes provienen del cómic, la mayoría tiene su origen en el cine, la televisión o la literatura.

¿Recuerdan que en la primera entrada les hablé de la histórica Frankenstein contra el Hombre Lobo? Y seguro que tendrán muy fresco aquel mítico crossover que parecía imposible por lo absurdo de su premisa: Freddy vs. Jason. Bien, pues prepárense para reencontrarse con más de un ícono del horror, especialmente del cine ochentero, que tan alto podía elevarse y tan bajo podía caer. Pero hay más y dos son nuestros personajes estrella: Vampirella, quien debutara en las revistas pulp de los 60 y alcanzara cierta popularidad en los 90; y Ash Williams, de la saga de Evil Dead. Otros personajes más les sorprenderán con encuentros que seguramente ustedes nunca creyeron que podrían existir.



Ahora, tengo que confesarles algo. The Evil Dead me parece una de las mejores películas de terror de la historia. A la segunda parte le tengo mucho menos respeto. Aprecio la creatividad en la imaginería grotesca y en los efectos especiales, pero a fin de cuentas se me hace una película fea y estridente, más molesta que otra cosa. Pero Army of Darkness es para mi un churro hecho y derecho. Entiendo por qué a alguien le puede encantar, pero yo la considero una película muy estúpida. Los cómics de Army of Darkness que publicó Dynamite son pendejísimos. Ash, personaje de cómic, es un cretino insoportable, pero además sin el carisma y la actuación exagerada de Bruce Campbell pierde todo encanto.

La mayor parte de las tramas en los encuentros que van a ver reseñados hoy siguen una misma fórmula: una fuerza del mal ataca y desata el caos, pero necesita el Necronomicon para ganar definitivamente; Ash es un imbécil, pero por alguna razón es el Elegido y otros personajes muchos más heroicos unen sus fuerzas con él para detener al mal. Sin embargo, estos cómics pueden ser de los placeres culpables más placenteros y más culposos cuando los argumentistas deciden darle vuelo a la hilacha y escribir las pendejadas más locas que se les ocurra.

En verdad, fuera de una que otra joya olvidada, no encontrarán aquí muchas recomendaciones, sino que ésta será una expedición arqueológica hacia los niveles inferiores de la cultura pop. Déjenme guiarlos, como lo hacía Vampirella en su propia revista, por estas alocadas historias, muestra de lo gloriosamente malo y lo encantadoramente grotesco, pero también de las agradables sorpresas que uno puede encontrar cuando bucea en las aguas más extrañas.

Hellraiser/Nightbreed: Jihad de D.G. Chichester y Paul Johnson (1991): Tienen ante ustedes el esperado encuentro entre los cenobitas de Hellraiser y los fenómenos de Nightbreed... Un momento, ¿qué es Nightbreed...? *...busca en Wikipedia...* Ah, pos aparentemente es la otra película que hizo Clive Barker. En fin, ¿qué tal está el cómic? Es realmente bueno; la mejor obra de la que hablaremos hoy. Estamos en la época en la que los crossovers todavía no se convertían en lugar común y por lo tanto los creadores todavía pensaban que eran grandes eventos y le echaban ganas. Y miren que no soy fan ni conocedor de los universos creados por Barker, pero esta novela gráfica me gustó de verdad. Todo en ella me pareció muy bueno: la historia, los diálogos y por supuesto, el arte, que es fantástico. Los cenobitas han declarado una guerra santa contra la raza de los fenómenos, pues consideran que su estilo de vida es caótico y blasfemo. Es fascinante adentrarse en la mitología, la historia y la filosofía del universo creado por Barker y expandido por los autores de este cómic. Claro está, Pinhead es un personaje muy muy cool y siempre es un deleite leerlo decir sus mamadas pretenciosas.

Jason vs. Leatherface de Nancy Collins y Jeff Butler (1995):  Pos quién iba a decir que este cómic resultaría algo así como que bueno. O no sé, quizá es que ya estoy bajando mis estándares porque para hacer estas entradas me he tenido que chutar cosas espantosas. Y es que no creo que ni una sola de las películas de Viernes 13 sea buena (no, ni la primera), mientras que La masacre de Texas es una pequeña maravilla. Pero este cómic me tomó por sorpresa en cuanto a lo bien armada que está una historia que daba para churro. Lo cierto es que Leatherface no tenía oportunidad: por más grandote y malvado que fuera, es un simple mortal, mientras que Jason es un engendro del mal indestructible. La autora inteligentemente hace que este cómic se centre en la simplísima psique de Jason, quien encuentra en Leatherface a un alma gemela. Es hasta conmovedor, coño. Aunque sea no más por ser una cosa bien extraña vale la pena checarlo.

Catwoman/Vampirella: The Furies de Chuck Dixon y Jim Balent (1997): Oigan, no les voy a decir que este cómic es una obra de arte, pero es bueno y muy divertido. Básicamente, es un pretexto para poner a dos de las femmes fatales más chenchuales en las mismas viñetas. Y miren que en ese entonces no se usaba poner girl on girl action para todo y a cada rato, pero poco le falta. En fin, es sobre todo fan service, pero no por eso deja de ser una aventura súper entretenida. Vampirella está en Ciudad Gótica para investigar unos crímenes que ella sospecha fueron cometidas por una entidad sobrenatural, mitad mujer mitad gato. Gatúbela es la sospechosa de tales fechorías y, deseosa por limpiar su "buen nombre" une fuerzas a la vampira semidesnuda favorita de todos. El resto, una divertida odisea llena de garras, colmillos y tetas del tamaño de cabezas humanas.


Vampirella vs. Lady Death de David Conway y Dorina Cleavenger (2000): Existen cuatro crossovers entre estas dos bellezas de la noche. Todos, por supuesto, son basura, cuyo único mérito es que están bien cachondos y que su arte bien podría adornar las paredes de los juegos mecánicos de la feria local. En serio, ¿esta gente nunca ha visto una vulva? Digo, porque no es creíble que tanguitas tan delgadas pudieran cubrir unos labios sin que se note por lo menos el cammeltoe, a no ser que fueran tan sutiles que diera igual si no existieran. Pero divago... Si he de escoger uno para que puedan disfrutar de la ínfima calidad de estos cómics, les recomendaría el último. Se dio entre los números 23 y 26 de la revista mensual de Vampirella y forman el último arco argumental de esta publicación. La loca historia va de un científico loco nazi con una mano biónica y su sobrina en minifalda, tirante y coletas (but of course!), quienes hacen un trato con Lady Death para matar a todas las razas no arias, y es claro que sólo Vampirella puede detenerla. Además de estos dos fan services con patas, aparecen Pantha y Dixie, en ese entonces la novia de Vampi. Llena de gore y comentarios sexuales súper cutres, tiene además un estilo de arte gloriosamente kitsch (sólo miren la portada, caray): la epítome del mal gusto.

Vampirella/Witchblade: Union of the Damned de Justin Grey y Jimmy Palmiotti (2004): Existe una trilogía de crossovers entre estas dos bellezas semidesnudas. El primero es bastante equis y el tercero no está mal, pero el bueno es el segundo. En serio, es divertidísimo, lleno de gore, humor negro, imaginería locochona, muy buen arte, diálogos ingeniosos y muchas sorpresas. Cuando la policía encuentra a una niña siniestra que anda por la ciudad cargando una cabeza humana, Sara Pezzani llega a investigar, sólo para toparse con que todo era una trampa de Demian, el hijo de Lucifer, para atraer a Vampirella al Infierno. Lo que sigue es un torrente de diversión, fan service, y un momento en que Vampirella comparte el poder de Witchblade para patear traseros infernales. Incluso tienen una conversación en la que cada una señala lo ridículo e inverosímil del atuendo de la otra. Cien por ciento recomendable.

Witchblade/Vampirella/The Magdalena/Tomb Raider de Gail Simone, Kevin McCarthy y Joyce Chin (2005): Además de cruzarse con Witchblade, Vampirella protagonizó un par de crossovers con The Magdalena (que no están mal, pero que ustedes pueden brincarse sin problemas), y otro con The Darkness (que es completamente olvidable). La cosa escaló bastante pronto hasta que tuvimos esta auténtica pieza de colección. Es un crossover bastante chido, por varias razones. Primero, para que no vayan a decepcionarse, sepan que Lara Croft no aparece junto a las otras tres. En realidad el cómic reúne dos historias breves y completamente inconexas: la primera, escrita por McCarthy, es protagonizada por Lara y vale la pena por sí misma; la segunda, de la pluma de Simone, ve a las otras tres hacer equipo para enfrentar a un vampiro muy antiguo y poderoso que tiene un circo de fenómenos monstruosos. Ambas historias cuentan con el genial arte de Joyce Chin en blanco y negro, lo que le da un aspecto visual fantástico. Chin dibuja a las cuatro con proporciones téticas y cúlicas exageradas, por cierto... Pero está bien porque ella es mujer, supongo... Al igual que Trina Robbins, la artista que creó a Vampirella... Y todos saben que Gail Simone es feminista... La neta ya ni sé cómo funciona esto del doble estándar en el mame del sexismo.


Monster War de Christopher Golden, Tom Sniegoski, Joyce Chin y Vitor Ishimura (2005): Éste cómic, de forma agradablemente sorpresiva, resultó que está bastante chido. Es la lucha entre cuatro de los personajes estrella de Top Cow (Witchblade, The Darkness, Lara Croft y The Magdalena) contra los cuatro monstruos clásicos de la literatura de horror (Drácula, el Monstruo de Frankenstein, los hombres lobo y el Señor Hyde), los cuales aparecen en los cómics de Dynamite. Parece una premisa ridícula, tipo El Santo contra los monstruos, pero de hecho está muy bien manejada, con un guión que respeta a los personajes, y con muchas sorpresas y emociones. El Sr. Hyde anda por el mundo resucitando a los monstruos clásicos con el objetivo de traer el reinado de los Antiguos lovecraftianos. En su camino se interpondrán nuestros héroes, pero la lucha no será fácil. Por el gusto de ver a estos personajes interactuar, y por el arte de Chin y Ishimura, éste es un crossover que vale la pena, especialmente si son fans del terror.


Army of Darkness vs. Re-Animator de James Kuhoric y Sanford Greene (2005): Presenciamos el encuentro entre dos íconos del terror ochentero, que más que terror eran comedias de horror, lo cual se traslada a esta joya del placer culpable en cuanto a cómic, aunque tengo entendido que los fans de Re-Animator lo odiaron. Después de una masacre en el supermercado donde trabaja, Ash es llevado al Asilo Arkham... pero no el de Batman, sino un manicomio en el poblado de Arkham, Massachussets, donde trabaja ni más ni menos que el científico loco Herbert West, el re-animador. Aquí se revela que el Necronomicon de la serie The Evil Dead es el mismo que el de Lovecraft (buuu), y West quiere usar el libro y a Ash para traer a Yog-Sothoth a este mundo. Con situaciones cagadísimas y alucinantes, un arte genial y ad hoc al tono de la historia, y mucho, muchísimo gore y humor negro, este crossover entre Ash Williams y Herbert West me divirtió como pocos.


Darkman vs. Army of Darkness de Kurt Busiek, Roger Sterne y James Fry III (2007): ¡Pues quién no se estaba muriendo de ganas por ver un encuentro entre las dos creaciones más famosas del director Sam Raimi! Yo no, por cierto. Este cómic es regular. Darkman es un personaje muy cool, lo que contrarresta un poco la cretinidad de Ash. Cuando el Necronomicon es leído en voz alta sin querer (ay, qué original), un ejército de deadites toma la ciudad y se desata el caos. Lo interesante del cómic no es verlos interactuar, sino presenciar cómo un vigilante como Darkman se enfrenta al Ejército de las Tinieblas. Pero por lo demás, sigue la típica fórmula de un cómic de Army of Darkness y uno ya puede adivinar qué pasará en cada entrega de esta miniserie de cuatro números medianamente entretenidos.


Army of Darkness: Ash vs. the Monsters de James Kuhoric y Kevin Sharpe (2007): Ash se enfrenta a los monstruos clásicos en esta historia que es secuela tanto de Monster War como de Army of Darkness vs. Re-Animator. Es malo y aburrido. La fórmula es, una vez más, la misma de siempre, pero además, la dinámica entre los monstruos es idéntica a la de Monster War: Drácula quiere traer la noche eterna con el Necronomicon, el Monstruo de Frankenstein descubre al final que él no es malo y traiciona al vampiro frustrando sus planes, etcétera. Y sí, ver a Ash y al Monstruo de Frankenstein peleando juntos contra vampiros, momias y hombres lobo está padre, pero no compensa el tener que chutarse cuatro números con un personaje tan insoportable haciendo lo mismito de siempre y siendo incapaz de evolucionar ni un poquito.


Marvel Zombies vs. Army of Darkness de John Layman y Fabiano Neves (2007): Éste es un crossover que no se querrán perder, porque es tremendamente divertido y bastante bueno. Sucede que los cómics de Army of Darkness pendejizan a los personajes con los que hacen crossover (vean lo que pasa con Xena y Vampirella más adelante), pero aquí sucede lo contrario: Marvel Zombies presta su ingenio a este estupendo encuentro, que termina siendo, a mi gusto, el mejor cómic de ambas series.  En sus saltos aleatorios por dimensiones y realidades, Ash Williams llega al universo Marvel justo a tiempo para presenciar el inicio de la plaga zombi. Este cómic forma parte de la continuidad del zombiverso Marvel y de hecho es paralelo a Dead Days, junto con el cual narra el origen de la plaga. Ash trata de advertir a los Avengers que un Sentry zombificado está a punto de infectar al universo, pero nadie lo escucha. Aquí vemos cómo los más grandes héroes de Marvel se convierten en monstruos antropófagos. Para sobrevivir, Ash deberá hacer mancuerna con Dazzler, Scarlett Witch y el Dr. Doom.


Freddy vs. Jason vs. Ash de James Kuhoric y Jason Craig (2007-2009): En realidad se trata de dos miniseries de 6 números cada una (la segunda subtitulada The Nightmare Warriors, en referencia la tercera película de la saga de Freddy), pero el equipo creativo es el mismo en ambas y la segunda empieza literalmente donde acaba la primera, así que se puede leer como una sola historia. En breve, es malísima, pero pasa como placer culpable por absurda y delirante. Es secuela de la película Freddy vs. Jason y toma como canónicas todas y cada una de las mil ochomil entregas de sus respectivas series fílmicas. La primera parte es un slasher bastante rutinario, pero la segunda se pone loquísima, cuando Freddy, con los poderes del Necronomicon, lidera a un ejército de deadites para tomar Washington, mientras que Ash se une a un equipo de supervivientes de las películas de Viernes 13 y Pesadilla en la calle Elm para combatir a los monstruos. Muchísima violencia innecesaria, subtramas incongruentes, misantropía, incesto y un amor honesto por las obras más ínfimas de la infracultura marcan este cómic. Lo interesante es que se revela cómo es que un conserje de escuela y un niño subnormal adquirieron sus poderes demoniacos en primer lugar: gracias al Necronomicon, por supuesto.


Hack/Slash vs. Chucky de Tim Seeley y Matt Merhoff (2007): La premisa de Hack/Slash es muy divertida: Cassandra Hack es la final girl de una historia de terror y ahora, convertida en chica darketa con minifalda y mallones, se dedica a viajar por los Estados Unidos deteniendo la amenaza de los slashers, asesinos en serie enmascarados, algunos de los cuales son personajes originales, mientras otros son referencias obvias a tipos como Jason y Freddy. Éstos debían estar ocupados batallando con Ash, pues lo mejor que Cass y su protector, el gentil gigante Vlad, pudieron conseguir fue a Chucky, el muñeco diabólico en carne y plástico. Como las películas de Chucky, este cómic es un churro, pero tan bueno como podría ser teniendo en cuenta los materiales con los que se trabaja. Además el tono de la serie, de acción sumada a horror y humor negro, la hacen un buen placer culpable. Por último, es breve, así que se acaba antes de ponerse demasiado estúpido.


Hack/Slash: Cass and Vlad meet the Re-Animator de Tim Seeley y Emily Stone (2008): Revisando cómics y más cómics para hacer estas entradas descubrí los de Hack/Slash y fíjense que me han gustado. Son ingeniosas y entretenidas en su deconstrucción del género slasher. Esta historia sucedió en la publicación regular, entre los números 15 y 17, por lo que no es solamente un encuentro casual, sino un arco argumental que tiene consecuencias importantes para la serie: aquí se sabe lo que sucedió con los padres de Cass. Por otro lado, la trama es interesante en sí misma: el señor Hack, que era un científico que estudiaba el fenómeno de los slashers, une sus fuerzas con Herbert West para desarrollar una mejor suero capaz de devolver la vida a los muertos, sin que sean zombis re-animados sin alma, ni asesinos seriales guiados sólo por el odio. Si como yo son fans del horror, les recomiendo que le echen un ojo a este cómic.


Army of Darkness/Xena de Brandon Jerwa y Miguel Montenegro (2008): Una vez más tenemos dos miniseries, de cuatro números cada una, pero que se pueden leer como una sola historia. Es un cómic loquísimo, nada bueno, pero que pasa como placer culpable, cuanto más placentero y más culpable conforme el escritor va brincando más y más tiburones. Ash viaja al pasado con ayuda del Necronomicon y se topa con Xena y Gabrielle... y lo más divertido, Autolycus, quien como recordarán era interpretado con Bruce Campbell en la serie de televisión. Este carnaval de sinsentidos incluye a un demoniaco mini-Ash liderando a un ejército de hadas satánicas genocidas, hechiceros deadites cavernícolas con tiranousarios a su servicio, una distopía tipo Mad Max surgida a raíz de un supermercado que Ash construye en la antigüedad, una visita a la dimensión de El Mago de Oz, una Xena zombi y muchas pendejadas más que no tienen sentido y que serán el deleite para los fans de lo extravagante y del mal gusto.


The X-Files/30 Days of Night de Adam Jones y Tom Mandrake (2010): En esta historia los agentes Mulder y Scully investigan una masacre en Alaska, en un poblado en el círculo polar ártico. Ellos lo ignoran, pero nosotros lo sabemos porque ya vimos la película: son vampiros. ¿Qué tal, eh? Bueno, pues es un cómic bastante bueno. El escritor da en el clavo al delinear las personalidades de nuestros agentes del FBI favoritos: se siente como si de verdad estuviéramos viendo un capítulo de la serie (aunque, eso sí, bastante menos sutil de lo que solían serlo). Pero además, te mete en el universo de los vampiros árticos, que para los que no conocemos el cómic (yo sólo había visto la peli), resulta una introducción muy atractiva. Con una buena atmósfera y mucho suspenso, éste es uno de esos crossovers que resultan ser mejores de lo que cabría esperar. Parecería que este cómic desentona en la lista, no sólo porque es mejor que la mayoría de los aquí reseñados, sino porque es la primera vez que hablamos de estos personajes. No se preocupen: no será la última.


Army of Darkness vs. Hack/Slash de Tim Seeley y Daniel Leister (2014): Volvemos con este estupendo título para un crossover bastante bueno, el segundo mejor de Army of Darkness, y eso sobre todo gracias a que el autor es el mismo creador de Hack/Slash y no alguno de los papanatas que escribían para los cómics de Ash. Es un cómic con una trama hecha y derecha: años después de la última aventura de Cassandra Hack, Ash se aparece para reclutarla y encontrar a quien está vendiendo páginas del Necronomicon al mejor postor. Así, en cada uno de los seis números, Cass y Ash se enfrentan a situaciones diversas, con mucha diversión y emociones. Por supuesto, Seeley respeta la esencia de su creación y esta historia se siente como un muy buen cierre para la saga, pero además le da algo de dimensión a Ash, haciéndolo un personaje más empático e interesante de lo ordinario. Lo disfruté y lo recomiendo; chéquenlo.


Vampirella/Army of Darkness de Mark Rahner y Jethro Morales (2015): Por fin hemos llegado a esto, el encuentro entre las dos estrellas del recuento de esta semana: Vampirella y Ash... y es decepcionantemente malo. Es decir, ni siquiera es divertido. Ash es demasiado imbécil, Vampirella no tiene personalidad alguna y la trama es demasiado confusa y simplona a la vez. En los días en que Ash está atrapado en la Edad Media, por alguna razón Vampirella es transportada hacia su castillo, y por alguna razón se chupa a un tipín, y por alguna razón se convierte en un monstruo vampiro gigante. Hay un juicio inquisitorial contra nuestra heroína, una orden monacal que está por invocar criaturas demoniacas y muchos comentarios sexistas por parte de Ash. Nada memorable, y se siente como una oportunidad despediciada, sobre todo viendo la clase de locuras que se habían hecho con Xena.


Aliens/Vampirella de Corinna Bechko y Javier García-Miranda (2015): Tenía que pasar: un crossover con los Aliens. Pues igual y no me creen, porque yo mismo no me lo creo, pero este cómic es bastante bueno. En el futuro, los humanos ya han establecido una pequeña base en Marte, pero descubren las ruinas de una civilización Nosferatu, por lo que recurren a Vampirella como consultora. Como es de esperarse, en las ruinas hay xenomorfos, que fueron los causantes de que la civilización vampírica se fuera al diablo. Entonces se desatan todos los infiernos. La trama es típica de un cómic de Aliens, pero bastante más interesante que la mayoría de los que salieron en el siglo XXI, porque mezcla muy bien los elementos de la mitología de vampiros extraterrestres con los de los xenomorfos. Lo más llamativo: Vampirella se pasa los seis números del cómic completamente vestida. Está claro que los creadores querían que sus lectores supieran que no tratarían de distraerlos con erotismo barato, sino que estaban por presentarles una historia que valdría la pena en sí misma. Aquí Vampirella es mucho más que tetas y culo, lo cual resulta refrescante.

Como ven, el cómic puede ser más que gente poderosa pateándose el culo mutuamente, sino que es el espacio idóneo para que se den los encuentros que nunca habríamos creído posibles. Esto no es todo: en la próxima entrada las cosas se pondrán todavía más raras. ¡Hasta entonces!



martes, 5 de julio de 2016

De cómo el neoliberalismo le abrió la puerta al fascismo



En la entrada anterior les compartía mis temores -quizá exagerados, me dicen- acerca del ascenso de la ultraderecha en el mundo occidental. Después de todo, temer la llegada de otro Hitler u otro Mussolini podría ser hiperbólico; los populismos de derecha al estilo Donald Trump o Norbert Hoffer tienen más probabilidades de convertir a sus naciones en repúblicas bananeras que en dictaduras fascistas; más que campos de concentración y guerras mundiales, de ellos podemos esperar formas de gobernar estrafalarias e ineptas, que sólo agudicen los problemas sociales que de por sí ya tenemos.

Con todo, más que a los dictadores, creo que habríamos de temer a las turbas enardecidas por el odio. Puede ser que los demagogos como Trump no estén de acuerdo con acciones, ya sea de grupos o “lobos solitarios”, que violentan a migrantes, homosexuales u otras minorías, pero su ascenso decididamente envalentona a quienes cometen esos actos. Ahora, en un mundo interconectado, imagínense que esos grupos se alientan e inspiran unos a otros a través de las redes sociales en todos los rincones del globo: algo así como Anonymous mezclado con el Ku Kux Klan.

Pero si bien podemos delinear las características de estos grupos de odio en ascenso (nacionalismo, racismo, xenofobia, homofobia, misoginia, antiintelectualismo y antielitismo), más difícil resulta identificar las causas del surgimiento. En una columna previa enlisté algunos de los probables factores: el terrorismo islámico, crisis de refugiados producto de la guerra en Siria; la ineptitud de la izquierda primermundista para atender los problemas de la clase trabajadora; los cambios hacia una sociedad más diversa y multicultural, que para generaciones más viejas han sido “demasiados en muy poco tiempo”; el lento pero progresivo giro de los partidos conservadores hacia el antiintelectualismo y su cada vez mayor dependencia de bases radicales incómodas pero necesarias, y añadía yo, la falta de un modelo educativo humanista, cosmopolita y racionalista que fomente el pensamiento crítico.

Hoy quiero hacer énfasis en uno de esos factores, que no es menor: la crisis del neoliberalismo. Claro, “neoliberalismo” es uno de esos términos convenientes que engloban diferentes posturas, escuelas de pensamiento y prácticas políticas (no siempre compatibles) más que una sola ideología monolítica. Sin embargo, el término es útil, siempre que reconozcamos sus limitaciones, para referirse a una visión de la economía y la política que favorece mercados lo más libres posible y gobiernos que intervengan lo mínimo en la economía, y que se opone al Estado de bienestar y a la socialdemocracia. Llegado al poder en la segunda mitad de la década de los 70 en Estados Unidos (y a principios de los 80 en México), se ha convertido en la ortodoxia de diversos gobiernos sin importar que se autodenominen conservadores o liberales.

Amanecer Dorado, el fascismo en Grecia.

¿A dónde nos ha llevado este paradigma? Aunque la extrema pobreza a nivel global se ha reducido, la desigualdad en la distribución de la riqueza ha aumentado drásticamente: nunca antes el 1% más rico había sido tan rico, y nunca antes la diferencia entre ellos y los demás había sido tan pronunciada. La clase media está en retroceso: trabaja más y tiene menos poder adquisitivo. Por primera vez esta generación de jóvenes sabe que no tendrá un futuro mejor que la de sus padres y abuelos. Es natural que esto genere descontento social y un resentimiento hacia las élites económicas y la clase política.

Quiero citar algunos extractos de textos que ilustran lo que quiero decir y que dan una idea de lo que está pasando (las traducciones son mías). El primero es de George Monbiot de The Guardian:
“Quizá el impacto más peligroso del neoliberalismo no son las crisis económicas que ha causado, sino las crisis políticas. Mientras el dominio del Estado se reduce, nuestra habilidad para cambiar el curso de nuestras vidas mediante el voto se contrae. En cambio, nos dice la teoría neoliberal, la gente puede ejercer su facultad de elegir a través del gasto. Pero algunos tienen más para gastar que otros; en la democracia del gran consumidor o el accionista, los votos no están equitativamente distribuidos. El resultado es el desempoderamiento de los pobres y la clase media. Ya que los partidos en la derecha y la antigua izquierda adoptan políticas neoliberales similares, el desempoderamiento se convierte en enajenación. Grandes números de personas han sido alienadas de la política.
Chris Hedges señala que ‘los movimientos fascitas construyen sus bases no con los activos políticamente, sino con los inactivos, con los perdedores que sienten, a menudo acertadamente, que no tienen voz ni rol que jugar en el establishment político’. Cuando el debate político ya no se dirige a nosotros, la gente empieza a responder a eslóganes, símbolos y sensacionalismo. Para los admiradores de Trump, por ejemplo, los hechos y los argumentos son irrelevantes.”

Donald Trump anuncia un resurgimiento del populismo de derechas en Estados Unidos


Algo más nos explica Michael Lind de The Smart Set:

“Las sociedades occidentales de hoy están más atomizadas que nunca desde la revolución industrial. Los arreglos corporativistas del siglo XX fueron desestabilizados por la revolución informática y desmantelados por gobiernos centristas en el afán de quitar obstáculos a los mercados competitivos. Las ganancias en eficiencia han sido reales en muchos sectores, pero al precio de la pérdida de agencia de la mayoría de los trabajadores. Un desempoderamiento similar de los ciudadanos siguió a la desintegración de la maquinaria política basada en la pertenencia a grupos y la transformación de los partidos políticos en meras etiquetas que pueden ser capturadas por activistas o compradas por individuos adinerados y cabildos de donantes.
La pertenencia a partidos políticos, iglesias, grupos comunitarios, caridades y clubes ha declinado en todas las naciones occidentales. El universo social se ha reducido al trabajo, la familia y la realidad virtual provista por la televisión, la radio y la Internet. Con todos sus defectos, las viejas instituciones sociales empoderaban a la gente a la vez que los educaban en valores cívicos. “Los modales son la moral pequeña” dice el dicho. Pero los medios masivos, que recompensan la majadería y el impacto junto con la celebridad, actúan como una influencia decivilizatoria. 
Ahora que el acceso a la influencia política depende, no de organizaciones populares descentralizadas como gremios y sindicatos, sino del dinero movilizado y de la celebridad mediática, es natural que quienes se sienten marginados se vuelvan hacia caudillos que son billonarios como Ross Perot, celebridades de la TV como el italiano Beppe Grillo, o una combinación de ambos como Donald Trump.” 
Trump se ha ganado el apoyo de grupos racistas, incluido el Ku Kux Klan.


Lo que podemos esperar en el futuro próximo nos lo explica Sally Goerner en Evonomics

“Las oligarquías siempre colapsan porque están diseñadas para extraer la riqueza de los niveles más bajos de la sociedad, acumularla en la cima, y bloquear cualquier cambio al concentrar también el poder político. Aunque puede tomar un tiempo, tal extracción finalmente eviscera a los niveles productivos de la sociedad y el sistema se vuelve más y más frágil. Presiones internas y un sentimiento de haber sido traicionados crece mientras la desesperación y la desesperanza se multiplican en todas partes, excepto en la punta; pero reformas efectivas se antojan imposibles porque el sistema parece por completo amañado. En las etapas finales, surgen líderes advenedizos, algunos honestos y otros fascistoides, que buscan canalizar la frustración para sus propios fines. Si tenemos suerte, el público se movilizará junto a líderes honestos para llevar a cabo reformas efectivas. Si no tenemos suerte, el establishment continuará respondiendo con ineficiencia hasta que la economía colapse o los fascistas tomen control y creen condiciones demasiado horribles para contemplar.”
El problema es que los defensores del establishment parecen estar ciegos a esta crisis. Desde sus cómodas posiciones, las manifestaciones de descontento les toman por sorpresa. Pero más que asustados, se ven ofendidos por esta incursión de los advenedizos en un reino que ellos creían tener bien dominado. Con desdén regañan a las masas ignorantes y esperan que éstas acepten humildemente su propia estupidez, asuman “su lugar” en la jerarquía social y dejen trabajar a las élites que saben lo que hacen (estos textos de James Traubs, John Carlin y Richard Dawkins respecto al Brexit ejemplifican tal falta de visión).

Sí, las masas iracundas pueden estar absolutamente equivocadas respecto a quién tiene la culpa de esta crisis (“las élites gobernantes corruptas que nos obligan a aceptar migrantes que nos quitan los empleos y destruyen nuestra cultura”) y cuáles son los pasos para solucionarla (“que nos gobierne un líder fuerte que haga a nuestra nación grande otra vez sin importar lo que diga el mundo”). Pero no se puede desestimar las causas de su descontento: la reducción en su calidad de vida, la sensación de empobrecimiento y de falta de control sobre su propio destino, y el hartazgo hacia clases gobernantes por las que se sienten traicionadas. No es que la gente estuviera tranquila y feliz antes de ser seducida por los demagogos: el descontento ya estaba y sólo precisaba de una forma para canalizarse.

Mapa del crecimiento del nacionalismo en Europa.


La ceguera de los defensores del establishment se ve también en su incapacidad de distinguir entre diferentes manifestaciones de descontento, y entonces ponen al Tea Party y a Donald Trump en el mismo saco que Occupy Wall Street y Bernie Sanders (este texto del Washington Post es ejemplar). Desde el punto de vista del establishment, todos son movimientos de advenedizos que se atreven a cuestionar la sabiduría de la clase política y la eficacia del sistema, y que enardecen a las masas (que de otra forma no darían lata).

Que de un lado se predique el odio, el miedo y el regreso a un pasado idílico que nunca existió, mientras que del otro se predique la esperanza, la justicia social y un futuro que puede ser mejor para todos, no parece marcar ninguna diferencia para los defensores del establishment. Ignoran lo que con lucidez señala, acerca de los movimientos populistas, Yascha Mounk de Foreign Affairs.

“El populismo de izquierda, que se revitaliza entre las democracias occidentales, se concentra en asuntos económicos. A diferencia de su contraparte en la derecha, cuyas plataformas se basan en amenazas exageradas o inventadas, ellos se enfocan en problemas muy reales: corrupción gubernamental y corporativa, desigualdad económica creciente y el estancamiento de la calidad de vida.
Estos populistas económicos están en lo cierto al señalar que las democracias contemporáneas están lejos de ser infalibles. Dejada a sí misma, la democracia capitalista tiene una tendencia a poner más poder en manos de los ya poderosos y más riqueza en manos de los ya ricos. Para contrarrestar esta gradual erosión de la justicia económica y política, las democracias necesitan ocasionales erupciones de ira popular. En este sentido, el populismo de izquierdas puede ser un correctivo importante a la tentación autocomplaciente a la que toda élite es susceptible a caer tarde o temprano.”
Agrupaciones fascistas en Europa: un mapa contemporáneo.


Pero en vez de reconocer las muchas formas en las que el sistema que han creado está roto, desgastado y desprestigiado, las élites se preparan para defenderlo a capa y espada. Ejemplo de ello es el respaldo oficial del Partido Demócrata a Hillary Clinton, la más insider de los insiders, representante de ese centro neoliberal que nos trajo a donde estamos. Como señala Nathan Robinson en Current Affairs, esto se ha hecho a pesar de que encuesta tras encuesta demuestra que Clinton es casi tan despreciada nacionalmente como Trump y que Sanders tenía una mucho mejor oportunidad de vencer al millonario en las urnas. Después de que la retórica de los medios favorables al Partido Demócrata logró convencer a los liberales de que una victoria de Clinton era más factible, ya están achacando la culpa a Sanders de la más que probable victoria de Trump, por haber “dividido a los votantes”. De nuevo, no ven las causas del descontento en las características del sistema y sus representantes, sino que culpan de todo a los advenedizos.

Mientras tanto Sanders siempre ha tenido el cuidado de decir que no tiene nada en contra de Clinton, sino que sólo difieren en sus posturas sobre temas importantes, y a quien ha asegurado su apoyo en las elecciones. Viéndose fuera de la competencia electoral, Sanders está determinado a asegurarse de que los objetivos del movimiento popular al que él representa (mejorar el salario mínimo, ofrecer educación superior gratuita, poner a Wall Street bajo control, etc.), encuentren un lugar en la plataforma de Clinton. Sanders no busca división sino inclusión, y he ahí una de las diferencias más importantes entre un demagogo y un líder popular. Se podría debatir la viabilidad de las soluciones que propone Sanders, pero no hay forma honesta de equipararlo a Trump (Obama entiende muy bien las diferencias, como le demostró a Peña Nieto en su reciente visita a Canadá).

Tess Ausplund se le plantó enfrente a un contingente de neonazis que marchaban libremente por las calles de una ciudad sueca.


No tenemos que irnos muy lejos para hallar una pista de lo que está sucediendo. Ya antes el modelo del laissez-faire había traído crisis económicas y políticas profundas. Con la Gran Depresión que iniciara en 1929, también surgieron movimientos políticos que se oponían a las élites gobernantes de siempre y prometían soluciones a un pueblo empobrecido y frustrado. Pero si por un lado surgió Benito Mussolini, por el otro surgió Franklin D. Roosevelt.

El sistema actual está en crisis. Puede reformarse, experimentar una transición hacia otro más funcional y sustentable. O puede aferrarse a sí mismo hasta el final, con sus defensores tapándose ojos y oídos al enojo creciente de la población y hundiéndonos a todos en el proceso.

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