lunes, 24 de noviembre de 2014

Epílogos a una Primavera Global (y la Revolución de las Sombrillas)



Les pongo como introducción lo mismo que ya he dicho varias veces: a finales de 2010 se inició una serie de movimientos de protesta con ánimos revolucionarios que se extendieron por países de los cinco continentes. Inició con la Primavera Árabe y se extendió al 15M español, el movimiento estudiantil chileno y el Occupy Wall Street estadounidense. En su momento de mayor apogeo, vio protestas similares en muchos países del mundo, desde China hasta Inglaterra. En 2012 se vivió el Yo Soy 132 mexicano y en 2013 atestiguamos lo que parecía ser una revitalización de estos movimientos con protestas en Turquía y Brasil.

Estos movimientos tuvieron, a pesar de su enorme diversidad, rasgos en común: sus protagonistas fueron principalmente jóvenes educados de clase media, y se oponían a diversas formas de autoritarismo, en contra de que poderes fácticos, desde dictadores hasta grandes bancos y corporaciones trasnacionales, decidieran sobre sus vidas, eliminando o pervirtiendo la democracia. El otro factor fundamental fue el uso de las redes sociales como medios de difusión, debate y organización, pues Internet permite una accesibilidad e inmediatez que ningún otro medio hasta entonces podía ofrecer. Así, no es extrañarnos que paralelamente a estos fenómenos, e incluso a menudo de forma interseccional, se dieran otros en Internet, como WikiLeaks, Anonymous o las revelaciones de Edward Snowden. (Otra similitud: la inesperada apropiación de la máscara de V de Vendetta como símbolo de disidencia).

¿Y qué fue lo que pasó? Los diferentes movimientos tuvieron desenlaces distintos. La Primavera Árabe logró cambios menores en las leyes y los gobiernos de diversos países de Medio Oriente. Logró la caída de cuatro dictadores: Zine El Abidine Ben Ali en Túnez; Hosni Mubarak en Egipto, Muammar Gaddafi en Libia y Ali Abdullah Saleh en Yemen. Fue exitosa en Túnez, el país que la vio nacer, aunque no ha estado exenta de sus propios conflictos. Pero en Libia y en Egipto derivó en inestabilidad, ingobernabilidad y violencia. Los casos de Yemen y Bahrein son aún más desalentadores. Los jóvenes que protagonizaron la Revolución Egipcia eran educados, laicos y democráticos, pero en su nación aún pesa mucho el islamismo como fuerza política, y rápidamente se apresuró a ocupar el poder, aprovechando sus sólidas bases populares, y sólo un golpe de Estado militar le pudo poner fin a su ascenso, devolviendo las cosas a como estaban en un principio. Sin embargo, en Egipto la lucha continúa (No dejen de ver el estupendo documenta The Square al respecto).



En Siria, la respuesta brutal del régimen de Bashar Al Assad contra la versión local de la Primavera Árabe derivó en una guerra civil entre diversas facciones, cada una apoyada por potencias extranjeras, y que llevó a una confrontación diplomática entre los Estados Unidos de Barack Obama y la Rusia de Vladimir Putin que, por fortuna, se resolvió con acuerdos. Sin embargo, lo peor estaba por venir: la inestabilidad en Siria y el fronterizo Irak (donde también hubo su capítulo de la Primavera) permitieron el ascenso del grupo islámico radical más peligroso desde Al Qaeda: Estado Islámico (o ISIS, por sus siglas en inglés), cuya salvajía y barbarie llevaron no sólo a que los antiguos opositores de Al Assad prefirieran ponerse del lado de su dictador, sino a que Estados Unidos estableciera una alianza de facto con el régimen sirio y con Rusia para enfrentarse a este aterrador nuevo enemigo.

La moraleja parece ser que el camino de la revolución nunca es terso, incluso cuando los que la protagonizan profesan y practican métodos e ideales pacifistas, lo que hace comprensible que haya muchos que prefieran "dejar las cosas como están" antes que arriesgarse a que todo se venga abajo en la persecución de un orden mejor que no sabemos si llegará. Yo no soy de estos últimos, claro está, pero los entiendo.

Si en los países árabes la rebelión tenía un objetivo (democracia) y un enemigo (dictadores) claros, en Europa y América la cuestión no era tan inequívoca. Sí, había la noción de que los políticos electos no representaban ya los intereses de la ciudadanía, sino los de otros poderes, específicamente los de sus mismos partidos y los de las grandes corporaciones. Su quehacer político, impulsando medidas que favorecen no a los ciudadanos sino a dichos poderes era, y sigue siendo, bastante obvio y descarado. El crecimiento de un estado de vigilancia con la militarización de los métodos de represión, sobre todo en países supuestamente democráticos y desarrollados, se volvió alarmante. También existían algunas exigencias más o menos concretas, como mayor regulación  del sector financiero. Pero fuera de eso, y de algunas ideas bastante lúcidas que algunos de los que participaron tenían (diversos textos y entrevistas me dejaron admirado) no había un objetivo concreto de lo que se quería lograr.



Occupy Wall Street se fue debilitando poco a poco después del furor de los meses iniciales. Aún existe, pero es mucho más reducido. El Yo Soy 132 se desbandó efectivamente poco después del triunfo electoral el PRI en México; por los meses consecutivos siguieron apareciendo manifiestos y convocatorias en su nombre, pero el movimiento se había fragmentado en diferentes variantes regionales, ahora conformado y dirigido por los grupúsculos izquierdosos usuales, de ésos que están para cualquier "causa justa" que lo amerite.

En unos y otros movimientos se podían encontrar grupos con causas diversas, pero complementarias: feministas, ambientalistas, colectivos LGTB, gente a favor de la educación pública, de la salud pública... Otros tenían ideas difíciles de conciliar, desde socialdemócratas, socialistas o de plano anarquistas en algunas de muchas corrientes. Incluso se podían hallar por los foros a uno que otro demócrata cristiano. Y así como se podían encontrar personas muy lúcidas, de las que uno podía darse cuenta que tenían ideas y sabían de lo que hablaban, también se podían hallar chairos incoherentes, conspiranoicos de los ovnis, fundambientalistas antitransgénicos y magufos varios, lo que fue bastante decepcionante para los que anhelábamos una transformación racional de la sociedad.

Del 15M surgió el partido Podemos, el cual ha sido alabado por posicionarse como una plataforma para que la gente común (o sea, no políticos de carrera) acceda a las curules del poder, lo cual es algo positivo para el empoderamiento de la ciudadanía. Pero también ha recibido muchas críticas, porque su afán democratizador lo ha llevado a posturas francamente demagógicas, del tipo que es igual la opinión de la tía Pili que la de un experto en economía. Esto a su vez lo ha llevado a apoyar posturas anticientíficas, al grado de querer someter cuestiones de ciencia a la votación del pueblo (y de ahí su apoyo a las pseudomedicinas y al movimiento antitransgénicos). Además, en su afán de no ser "ni de izquierdas ni de derechas" se le ha señalado su ausencia total de una brújula económica, y de la expresión de simpatías por demás extrañas, así sea por el chavismo venezolano (del cual ya se desdijo) o el régimen islamista de Irán.




Quizá la moraleja aquí es que no se puede esperar que un movimiento como aquéllos continúe indefinidamente. Espontáneos y horizontales, surgen más por cuestiones emocionales (indignación, rabia, furor, entusiasmo) que por objetivos bien pensados. Conforme el tiempo pasa y el entusiasmo se desvanece, las diferencias aparecen y se hacen evidentes.

Otra moraleja quizá sería que los movimientos de protesta no deberían convertirse en partidos políticos; su función en la sociedad es diferente e igual de importante. Esto no quiere decir que activistas y luchadores sociales, como individuos, no puedan convertirse en gobernantes funcionarios públicos, pues hay ejemplos positivos de ello. Es que la lógica del movimiento de protesta es diferente a la del partido político, y su actuar debe ser distinto también. Los necesitamos en la calle, ejerciendo presión, difundiendo ideas, haciendo visibles los temas que los poderosos gustan pasar por alto, demostrando que no toda la sociedad se reclina paciente esperando los resultados de los políticos, diciendo lo que es necesario que se diga sin compromisos, y celebrando la libertad y el derecho de hacer todo ello. Este ensayo de Foreign Affairs habla de la importancia de movimientos populares masivos de protesta para corregir los rumbos que siguen las naciones, a la vez que advierte que sus propuestas pecan de ser demasiado ingenuas:

Dejada a sí misma, la democracia capitalista tiende a poner más poder en manos de los ya poderosos y más riqueza en manos de los ya acaudalados. Para balancear la gradual erosión de la economía y la justicia, las democracias necesitan ocasionales erupciones de descontento popular. En este sentido, el populismo de izquierdas puede ser un importante correctivo para las tentaciones egoístas a las cuales cualquier élite gobernante es proclive a caer con el tiempo.

Se puede confundir fácilmente la pérdida de impulso de estos movimientos con un fracaso y decir "no lograron nada". Pero como dice Fernando Savater:



Ya lo había dicho antes: uno de los logros más importantes de estos movimientos fue que puso sobre la mesa de discusión asuntos que se daban por sentados, hicieron que el diálogo y la conversación se centraran en problemas que hacía falta atender. Pero también me interesan las consecuencias a largo plazo. ¿Cómo se desarrollarán los precedentes de empoderamiento civil sentados por experimentos como la vigilancia ciudadana de las elecciones o el debate ciudadano en México, o las asambleas de barrio formadas en España? ¿Qué pasará con los memes que surgieron de ahí, las críticas, los análisis y las propuestas? [Entendiendo memes como unidades de información que se pueden transmitir y reproducir, no como chistes mensos en Internet]. La experiencia de miles de jóvenes que participaron en estos acontecimientos no se puede borrar de un plumazo; son miles de personas que en un diferentes actividades, cotidianas o extraordinarias, construyen la sociedad, que heredarán sus conocimientos a las generaciones venideras y que quizá lleguen a ocupar posiciones desde las que les sea factible cambiar algo. El cambio social no se logra con un verano de protestas, sino con toda una vida de trabajo y lucha, que tendrá sus momentos espectaculares y otros más discretos.

Ahora, si bien no ha vuelto a haber un momento tan espectacular como 2011, ningún año desde entonces ha pasado sin que ocurra un capítulo de la Primavera Global. En 2012 fue el movimiento estudiantil de Quebec y el Yo Soy 132 mexicanoTurquía y Brasil protagonizaron sus propios movimientos sociales en 2013. En Brasil de momento las cosas se han calmado. Quienes protestaban contra lo que veían como un gasto irresponsable en la organización del Mundial de Futbol y los Juegos Olímpicos, hicieron una tregua en tiempos electorales, pues se presentaba el peligro del regreso de la derecha al poder. Dilma Roussef ha sido reelecta, y como me dicen mis contactos en ese país, no es tanto que les alegre la victoria de Dilma como que les alivia la derrota del otro. Aún queda mucho por exigirle a la reelecta presidenta y se espera una renovación de las protestas conforme se acerquen las Olimpiadas.


Turquía ha perdido los reflectores, pero aún existe un fuerte movimiento social prodemocrático contra el régimen de Recep Tayyip Erdoğan, quien se presenta como esa usual mezcla de política autoritaria y conservadora (incluso islamista) con economía de corte neoliberal. Para los que insisten que economía libre es igual a sociedad libre; en la historia reciente hemos visto muchos ejemplos de cómo gobiernos autoritarios sirven de aliados de las potencias occidentales y sus corporaciones para imponer las políticas del capitalismo neoliberal en países emergentes. Pero además ahora se suman las relaciones conflictivas con el Kurdistán y la amenaza de ISIS en sus fronteras, todo lo cual hace que la lucha contra Erdoğan pase a un segundo plano.



2014 vio lo que pareció en algún momento serían acontecimientos similares: las protestas en Venezuela y en Ucrania. Como en los casos anteriores, se trataron de movimientos iniciados principalmente por jóvenes con educación y en contra de los poderes que decidían sobre sus vidas. Pero estos dos acontecimientos rápidamente derivaron en conflictos violentos y de interés internacional. El que dichos movimientos se dieran contra gobiernos de izquierda polarizó la opinión pública. 

El caso de Venezuela, tras la muerte de Hugo Chávez, es ejemplar. Alrededor del mundo la derecha hipócritamente celebró a los manifestantes, ignorando la presencia de grupos reaccionarios, fascistoides y de células violentas... y cuando digo "violentas" no hablo de pedradas y molotovazos, sino de gente con armas de asalto que quién sabe de dónde sacaron. La izquierda se apresuró a santificar el gobierno chavista de Nicolás Maduro, ignorando los problemas que el país ha sufrido (inseguridad, desabasto, crimen), por causa de un gobierno corrupto, autoritario e incompetente; e ignorando también el descontento legítimo de una buena parte de la población que no se estaba manifestando ni por fascista ni por manipulación de la CIA, sino por motivos muy reales.

Ucrania también dividió opiniones. Una vez más, la izquierda ignoró las razones para un descontento legítimo y descalificó a los manifestantes (para entederlos, ver aquí, aquí y aquí); interpretó el conflicto como resultado de los planes nefarios de grupos fascistoides (que indudablemente los hubo y los hay en el país) manipulados por las potencias occidentales para desestabilizar un gobierno de izquierdas... Que lo único de izquierdas que tenía era ser amigo de la Rusia de Putin, pues hay todavía muchos izquierdosos muy norteados que piensan que ese país representa alguna esperanza para los ideales revolucionarios. Lo cierto es que el conflicto es en gran parte resultado del choque del expansionismo imperialista occidental con el expansionismo imperialista ruso, una situación en la que no cabe buscar a los buenos y a los malos. Tanto en Ucrania como en Venezuela (y en su momento, en Siria y hasta en el conflicto coreano) se vio cómo a esa izquierda le importan poco ideales como igualdad, derechos humanos, libertad de expresión, secularismo, justicia social, distribución de la riqueza y esas cursilerías, y que su guía moral es apoyar a cualquier régimen que sea enemigo de Estados Unidos (y lo demás vale verga).




Ucrania se convirtió rápidamente en un conflicto internacional con la Unión Europa y Estados Unidos de un lado, y Rusia del otro, en lo que parecía una reedición de la Guerra Fría (aquíaquíaquí y aquí). Los ideales del grupo de jóvenes prodemocráticos que iniciaron el movimiento quedaron olvidados muy por debajo de los tejemanejes geopolíticos de esas potencias disputándose posiciones estratégicas.

Pero a nivel global las causas del descontento siguen moviendo a la gente. Esta gráfica publicada en 2013 por The Economist muestra qué países estarían al borde del estallido social en 2014, ¡y miren qué tino! Pues más tarde este mismo año surgió un nuevo movimiento esperanzador, la Revolución de las Sombrillas en Hong Kong. Volvemos a ver las mismas características desde 2010: jóvenes de clase media, sobre todo estudiantes, objetivos prodemocráticos, espontaneidad y horizontalidad del movimiento, métodos de protesta principalmente pacíficos, y uso extensivo de Internet y las redes sociales como instrumentos de comunicación, difusión y organización.

Hong Kong ya había sido escenario de protestas en 2011, cuando la primera y más grande oleada de esta Primavera Global alcanzó a países de todo el mundo. Hoy, la Revolución de las Sombrillas, llamada así porque los manifestantes usaron paraguas para protegerse de las granadas de gas lacrimógeno de la policía china, tiene objetivos muy concretos.




Cuando Hong Kong le fue devuelto a China en 1997 (había sido tomada por Gran Bretaña desde a Guerra del Opio), los hongkoneneses estaban preocupados porque ellos se habían acostumbrado a un nivel de democracia y libertades civiles propios del orden británico y temían las restricciones propias del orden chino. Para calmar los ánimos, el gobierno chino le prometió a Hong Kong el ideal de "un país, dos sistemas", en el que la isla gozaría de libertades y derechos democráticos que nadie más tendría en el continente.

Esto ha funcionado más o menos bien desde entonces, pero este año el gobierno chino ha impulsado una serie de reformas electorales para los comicios del legislativo en 2016 y del ejecutivo en 2017. Básicamente, con estas reformas, los candidatos tendrían que ser aprobados por el gobierno central chino. Es decir, se respetará el sufragio universal, pero efectivamente se anulará la democracia.

Desde septiembre hubo una reacción por parte de los ciudadanos hongkonenses, que obviamente estaban en contra de estas medidas. Como en movimientos anteriores, hubo una reivindicación de las plazas, calles y otros espacios públicos como centros medulares de la vida civil, y así nació el Occupy Central With Love And Peace, que hasta rebautizó extraoficialmente la explanada del Complejo Central de Gobierno como "Plaza Cívica" e inició su estrategia de resistencia civil pacífica. Como en otras ocasiones, la reacción represora del gobierno sólo ocasionó que el movimiento creciera (para que no aprenden).



Sus estrategias son llamativas, como el uso mismo de paraguas: una solución sencilla que activistas de otros lugares del mundo (incluso México) pueden aprender. También han realizado marchas silenciosas para que no digan que son revoltosos violentos, y en ese mismo afán de recuperar los espacios públicos, han establecido bibliotecas y salas de estudio en medio de las plazas, para que los jóvenes puedan dedicarse a sus deberes escolares mientras siguen en el plantón. Los manifestantes han practicado la "economía de compartir" y limpian los sitios después de los plantones, con todo y unidades para el reciclaje. Además, como las redes sociales son una herramienta fundamental para estos movimientos, pero Internet es vulnerable y susceptible de ser interrumpido por las autoridades, se ha implementado el uso de Firechat, una app para celulares que no requiere de conexión a Internet, para que no se pierda la comunicación. En fin, no dejen de leer los enlaces que les acabo de poner en este párrafo, pues hay mucho que aprender y reflexionar ahí.

Aunque este movimiento (como los otros) es horizontal y sin jerarquías, ha sobresalido la figura de Joshua Wong, un muchachito de 17 años que se ha convertido en un referente de las protestas. Wong ha sido activista desde los 15 años, cuando formó junto a sus condiscípulos el colectivo Scholarism, para darle voz a los estudiantes. En 2012 este grupo encabezó un movimiento que logró revocar reformas que habrían ideologizado los programas educativos de Hong Kong para hacerlos más pro-China. A su tierna edad, Wong sabe de lo que habla cuando dirige un discurso sobre democracia o desobediencia civil.



Los medios oficiales chinos, por supuesto, se han dedicado a desprestigiar y tratar de deslegitimar el movimiento, señalándolo como el resultado de oscuras maquinaciones por parte de potencias externas. Del mismo Joshua Wong se ha dicho que es un extremista, un payaso y un radical. Mucha gente se cree esta versión, desde luego, como ha sucedido en otros países, y como sucede en México ahora.

Hablando de México, en nuestro país ha surgido un movimiento, o más que un movimiento, una serie de reacciones de la ciudadanía en contra la inseguridad, la impunidad y la corrupción en todos los niveles de gobierno, así como muchas otras razones para estar indignados. Estas reacciones encontraron su catalizador en la desaparición forzada y muy probable asesinato de 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa. Si esta reacción de rabia e indignación puede traducirse en un movimiento organizado, creo que hay una posibilidad de lograr cambios verdaderos. Pero de eso hablaremos en la próxima entrada. ¡Saludos y que tengan unos días muy revolucionarios!

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Ayotzinapa y la guillotina




Los  conservadores y los liberalistas clásicos gustan de expresar su horror ante revoluciones como la francesa, la mexicana o la rusa, y de señalar las atrocidades cometidas durante las mismas y por los regímenes que surgieron de ellas. Gustan de recordarnos el horror de la guillotina. Estas personas parecen olvidar que dichas revoluciones no se dieron cuando todos estaban muy tranquilos y felices de la vida, ni nada más porque de pronto la gente se leyera El contrato social o El capital, o escuchara el discurso del primer demagogo que se les cruzase en frente, y ya por eso le dio por salir a cortar cabezas. Ninguna revolución se dio nada más porque las personas se vieran de repente contagiadas por alguna ideología radical y utópica. Esos conflictos, que tanta sangre costaron, estallaron cuando la gente se cansó de sufrir abusos, explotación y miseria, de pasarse la vida contemplando la ostentación impune de los poderosos. Estoy seguro de que la inmensa mayoría de los parisinos que tomaron la Bastilla, o de los rusos que asaltaron el Palacio de Invierno, sabían de poco a nada sobre Rousseau o Marx, y estaban motivados mucho más por la rabia acumulada tras años de humillaciones y privaciones que por principios ideológicos.

Estudiando las historias de las revoluciones, que en efecto casi en todos los casos derivaron en baños de sangre y regímenes mesiánicos, se puede ver que hubo oportunidades, por parte de quienes estaban en el poder, para evitar el desastre. Luis XVI pudo haber cooperado para transformar a Francia en una monarquía constitucional. La Duma pudo haber retirado a Rusia de la Primera Guerra Mundial. Porfirio Díaz tuvo el tino de renunciar y retirarse a tiempo, pero Francisco I. Madero no se comprometió plenamente con sus aliados revolucionarios, y sus ingenuos intentos de quedar bien con los porfiristas al final lo destruyeron. La ceguera de los gobernantes les impidió ver el descontento creciente de la población. Se sintieron intocables hasta que se derrumbó su castillo de naipes. ¿Habría pensado en ello el ciudadano Luis Capeto mientras esperaba que cayera la cuchilla?

En México los poderosos llevan demasiado tiempo sintiéndose intocables, pensando que pueden cometer toda clase de abusos con impunidad, mientras la gente sufre en silencio por el crimen, la violencia, la falta de servicios y las dificultades económicas. Pero tenía que llegar un momento en que toda esa furia acumulada estallara. Y ese momento lo dio Ayotzinapa, la gota que derramó el vaso.




Cuarenta y tres estudiantes de una escuela normal superior en Ayotzinapa, municipio de Iguala, estado de Guerrero, fueron secuestrados por la policía municipal y entregados al crimen organizado por órdenes del ahora depuesto alcalde José Luis Abarca. Mucho revuelo mediático y protestas en las calles se dieron desde el momento del secuestro en septiembre. El fin de semana pasado el procurador de justicia Jesús Murillo Karam confirmó lo que muchos temíamos: los estudiantes están muertos (detalles aquí).


Es cierto que los normalistas eran "revoltosos". Que llevaba a cabo acciones que podríamos considerar abusivas e incluso delictivas, tales como secuestrar autobuses (incluyendo en el que viajaban esa noche), robar camiones de mercancías y establecer retenes ilegales para cobrar "cooperación" a los transeúntes; todo ello con la justificación de que el gobierno federal no le daba a la escuela normal el presupuesto que le había prometido, dejándola eternamente en crisis. Pero eso no justifica de ningún modo la masacre, y si eres de los que piensa que sí, pues tienes una calidad moral e intelectual tan ínfima que ni siquiera vale la pena considerar lo que traes debajo de la mollera.

Reflexionemos. ¿Hay crimen de Estado? Sí lo hay, aunque tenemos que admitir que dicha sentencia se exclama a menudo sin mucha conciencia y vale la pena matizar (opinión sorprendentemente lúcida, aquí). Fue indudablemente un crimen de Estado por lo menos a nivel de Iguala. El alcalde dio la orden, la policía municipal la ejecutó. Estos son los culpables directos. Se sabe que además las policías estatal y federal, así como el ejército, sabían lo que estaba pasando y se hicieron de la vista gorda, si es que de plano no ayudaron a que se perpetrara el crimen (ver aquí). También tienen responsabilidad el gobierno de Guerrero y el PRD (y hasta cierto punto, el mismo AMLO), que apoyaron la candidatura de un político con nexos con el crimen organizado. Si lo ignoraban, su negligencia e incompetencia los hacen responsables. Si lo sabían, su conocimiento los hace cómplices.

La responsabilidad de Peña Nieto y el gobierno federal es más indirecta. Su culpa está en haber sido negligente en cuanto a los temas de inseguridad y violencia, por hacer de cuenta que el crimen organizado ya no era un problema real, eludiendo el tema para no parecer, como Calderón, que estaba obsesionado (ver aquí) como si ignorando la gravedad del asunto éste desapareciera por la ley de la atracción; su culpa está en no ser capaz de garantizar la libertad y seguridad de los ciudadanos.




No extrañe la reacción exacerbada de buena parte de la sociedad mexicana, especialmente los jóvenes y los estudiantes (que naturalmente se identifican con los desaparecidos). No extrañe que muchos dejen salir sus frustraciones de forma violenta, como vimos en Chilpancingo en semanas pasadas o lo que ocurrió durante las protestas en el DF, o de nuevo en Guerrero, con más incendios contra edificios de gobierno.

No apoyo los actos de violencia ni el vandalismo. Creo que la violencia sólo es legítima cuando se usa para defenderse del violento. Sí creo en el sabotaje como método de lucha cuando no hay víctimas humanas y está bien planeado y dirigido contra las armas y medios que el tirano usa para amenazar la vida y la libertad de las personas. Pero nunca veré bien la destrucción cuando es caótica, irracional, carece de propósito y se dirige contra quien no la debe ni tiene razones para temerla; tales acciones destructivas no buscan hacer justicia, sino dejar salir las emociones  más viscerales. 


No me digan que una puerta quemada o una pared grafiteada no se comparan con 43 personas muertas; lo sé, hay que estar idiota para no saberlo. Me sigue pareciendo una acción sin sentido que no va a llevar a nada. No lo apruebo, pero tampoco me rasgo las vestiduras, porque entiendo de dónde viene. No es ira gratuita, ni ganas de destruir nada más porque sí; es el resultado de años de frustración e indignación acumuladas.

Se dice que los actos vandálicos en el contexto de la manifestaciones en el DF han sido cometidos por elementos infiltrados, no por los "verdaderos" manifestantes. Quizá así es, porque el gobierno tiene un largo historial de usar esa estrategia, incluso en tiempos recientes. Pero no me parece impensable que, con todo el coraje que puede traer una persona, en el calor del momento se pueda pasar a acciones violentas. Sí creo, con todo, que hay diferencias, aunque el daño sea el mismo: si fueron infiltrados, es un acto de bajeza; si fueron manifestantes dejando salir un sentimiento de auténtico descontento, que tampoco se justifica, pero se entiende.






A los que andan persignándose por lo de la puerta quemada y otras acciones por el estilo les digo que le bajen al mame. Entiendo que el indignarse por ello no significa que aprueben la matanza de estudiantes (sé que hay despistados que así lo interpretan). Pero tienen que admitir que si no han abierto la boca en este terrible asunto para nada, y de repente están gritando alarmados "¡bárbaros, salvajes!", no se ven ni muy congruentes ni muy listos, ni están demostrando tener mucha consciencia o un criterio muy agudo.


Lo mismo va para los que, estando el país en medio de una crisis de derechos humanos, sólo se les ocurre postear memes que se burlan de los "chairos pendejos que protestan". El problema no es que estén en desacuerdo o que piensen que las muestran de descontento son absurdas o inútiles (yo mismo pienso que algunas lo son). El problema es que ahora se necesita información y diálogo inteligente y cuando lo ÚNICO que se te ocurre es poner chistes sobre lo ridículos que son los chairos es como para contestarte "¿Güey, neta? ¿Es lo único que tienes que aportar?"

Cuando uno es de clase media, vive en un vecindario tranquilo, tiene casa propia, un auto y escuela para sus hijos, y sabe lo mucho que ha costado que en este país sea posible obtener eso (aunque sea para un puñado de personas), es natural temer que todo pueda perderse. Entonces podemos ver la conveniencia de la vía pacífica, institucional y reformista para el cambio social. Es más difícil creer en ello para una persona a la que ya no le queda qué perder más que la propia vida. La situación actual ha llenado el país de personas así (tal es el caso de los autodefensas de Michoacán, por ejemplo). Son los gobiernos los que crean a las mutltitudes furiosas que claman por la guillotina.

He leído en Internet a quienes expresan su miedo ante una guerra civil; un temor tan desproporcionado como pequeñoburgués. Creo que voy entendiendo cómo piensan; ahí les va mi "educated guess". Cuando se trata de injusticias o crímenes cometidas contra campesinos en Michoacán o estudiantes en Guerrero, tienen la noción de que son asuntos condenables, pero como se trata de casos lejanos y ajenos, sienten apenas una indignación tibia. Se reconoce como algo lamentable, pero nada por lo que valga la pena perturbar la paz.

En cambio, cuando se trata de esos mismos campesinos tomando las armas o esos mismos estudiantes incendiando edificios de gobierno, entonces ya lo ven más cercano; se imaginan que ahora pueden ser SUS tiendas las que resulten saqueadas, SUS autos los que terminen quemados, SUS ventanas las que acaben rotas y SUS ciudades las que se vean paralizadas. Y ahí sí reaccionan condenando con vehemencia, porque el prospecto les pinche aterra.




¿Va por ahí la cosa? Lo entiendo, a mí también me asusta un escenario así y ciertamente no quiero que suceda, ni en mi ciudad ni en ninguna otra. Dudo mucho que lleguemos a eso de una guerra civil, porque los inconformes no están ni armados, y tienen en su contra no sólo al ejército mexicano, a las policías, a las agencias gubernamentales y a los narcotraficantes, sino a la sombra del intervencionismo yanqui. Pero sí creo que podemos esperar más disturbios, cristales rotos y autobuses en llamas, ya sea por culpa de infiltrados o de manifestantes auténticamente encabronados. Podemos esperar más polarización y radicalización, más canonizaciones y satanizaciones, más cerrazón al diálogo y a comprender el punto de vista del otro; más sospechosismo y conspiranoia; más dimes y diretes entre la clase política, más grupos y actores políticos tratando de pasarse la bola o capitalizar la tragedia (el papel de la oposición partidista ha sido patético); más violencia y llamamientos a la violencia; más invocaciones a la guillotina.

Y es que no es sólo Ayotzinapa; es la ira, la frutración y la indignación tras años de corruptelas (ahora mismo se revela un negocio chueco de Peña Nieto y la empresa que le regaló una mansión a cambio de licitaciones), de impunidad descarada e insultante (¿qué pasó con Cuauhtémoc Gutiérrez y su red de trata de personas?), de crímenes violentos perpetrados con la complicidad o beneplácito del gobierno, de negligencia criminal por parte de las autoridades, de la ostentación que los miembros de la clase política hacen de sus riquezas malhabidas, del desdén con el que sus juniors se refieren al pueblo mexicano como si fueran los dueños del país y el resto los nacos que estamos ahí para servirles (dos ejemplos recientes aquí y aquí); años de pobreza, marginación e inseguridad sufridas por miles de mexicanos.

En una ocasión les presenté datos del desarrollo de México en comparación con otros países del mundo, y más recientemente un panorama de la desoladora situación del país a los casi dos años del gobierno de Peña Nieto. Hay muchas razones para la indignación y no se circunscriben a este sexenio. Han sido ya muchos años en que los gobernantes han creído que pueden hacer lo que les da la gana, sin nunca tener que pagar un precio por ello. Pero no se puede pisotear a la gente por tiempo indefinido y sin consecuencias. 

Lo que yo temo es que el descontento se canalice en acciones destructivas que no lleven a ningún lado y que permitan la fácil deslegitimación y represión de un incipiente movimiento social. Temo que el odio, a menudo irracional, contra Peña Nieto nos haga olvidar que el problema no sólo es él, ni su partido, ni su administración (parece que algunos gustan olvidar que los responsables directos son del PRD), sino que hay una crisis generalizada de derechos humanos e institucionalidad en el país. Temo que se enfoque la ira contra personajes en específico, se ignore que el problema de fondo es la podredumbre de nuestro sistema político, y se pierda la oportunidad para iniciar diálogos, planes y acciones encaminados a mejorarlo.






Pero no pierdo la esperanza. Con todo y los disturbios, y admitiendo que una buena parte de ellos los hayan cometido manifestantes auténticos y no infiltrados, la mayoría de los mexicanos inconformes se ha pronunciado por la protesta pacífica, constructiva y propositiva. Incluso en medio de los disturbios en Chilpancingo cuando algunos normalistas saquearon tiendas, los padres de familia de los desaparecidos regañaron a los que se estaban pasando de la raya y los obligaron a devolver lo robado. Aún cuando no me sorprendería que se comenzara a afilar la guillotina, la civilidad prevalece.

Creo en la transformación de la sociedad a través de la educación, de la participación ciudadana, de la difusión del conocimiento y de los métodos pacíficos y racionalesEs por eso que, aunque las marchas y manifestaciones no sean mi forma favorita de protesta, sí las apoyo. Muchas personas piensan que no servirán de nada, pero veo que en esta ocasión han servido de mucho. En su momento publiqué esto en Facebook:

¿Que paros y manifestaciones no van a hacer que aparezcan con vida los 43 estudiantes de Ayotzinapa? Lo sé. ¿Que no es que Peña Nieto los tenga escondidos debajo del colchón? Sí, lo sé también. Pero ése no es el punto. El punto de todo el desmadre en apariencia inútil y escandaloso es mostrar al gobierno que sucesos como el de Ayotzinapa no se pueden sólo mandar a la zona fantasma de la nota roja, no se pueden sólo esconder bajo el tapete, esperar a que aparezca un nuevo encabezado en los periódicos y pasar la página. 
El propósito de las protestas y de los paros, según yo lo entiendo (no aseguro que todos los que en ellas participan así lo vean), es mostrar a los gobernantes que si suceden estas cosas va a haber mitote, que va a haber escándalo; ese tipo de escándalo que hace que aparezca el país en los medios internacionales perdiendo credibilidad y prestigio; ese tipo de escándalo que obliga a sacrificar a peces no-tan-gordos y que arruina carreras políticas. El depuesto alcalde de Iguala ya fue arrestado; el gobernador de Guerrero ya renunció. Personalmente, dudo que eso se hubiera logrado de no ser por la presión popular y la atención mediática (y una alimenta a la otra). 
El propósito del borlote y el barullo es que vea el gobierno que si no puede cumplir la más básica de sus funciones, asegurar la vida y libertad de sus ciudadanos (que es supuestamente la justificación de la existencia del Estado), le va a costar, así sea tranquilidad, o credibilidad, o prestigio internacional, o capital político, pero ALGO; que vea que éste no puede ser siempre el país de "no pasa nada"; que vean los gobernantes que los mexicanos señalarán no sólo al que jaló el gatillo, sino al que dio la orden, al que se hizo pato, al que no hizo su trabajo, al negligente, al indolente. Así quizá para la próxima, aunque sea por evitar descontentos de este tamaño que ensucien sus "mexican moment", harán tantito mejor su trabajo, o serán tantito menos descarados.

Ahora que han caído un gobernador y un alcalde, es buen momento para exigir una limpieza más profunda del gobierno, un verdadero combate contra la corrupción y la impunidad, y que vaya más allá del caso de Ayotzinapa. Por ejemplo, ¿por qué se habla tan poco de Tlatlaya, donde el ejército ejecutó a unas veinte personas? ¿Será que indigna menos que Ayotzinapa porque las víctimas fueron menos y además presuntos miembros del narco? ¿Será que no se mienta tanto porque el perpetrador fue el intocable ejército mexicano y ocurrió en el Estado de México, gobernado por el PRI? Pues deberíamos exigir que se esclarezca este asunto y que caigan también las autoridades que no cumplieron con su trabajo. ¿Qué hay del reciente caso de Chichicapan, Oaxaca, donde el presidente municipal (priista) abrió fuego sobre los pobladores porque estaban manifestándose? ¿Por qué ya no se habla de las autodefensas de Michoacán? ¿Por qué no exigimos también la liberación de Manuel Mireles, preso político?



Este momento, en que el gobierno está tambaleándose inseguro, vulnerable y observado por la comunidad internacional, es el indicado para obligarlo a hacer concesiones si es que quiere salvar lo poco que le queda de legitimidad y credibilidad. Si los gobernantes tienen tantita inteligencia se darán cuenta de que su misma supervivencia les va en ello. Recordarán la guillotina.


Este tsunami de sangre ha despertado a la sociedad civil en México, pero hay que ir más allá de pedir justicia por la tragedia en Iguala; hay que prevenir que más masacres ocurran. Hay que rescatar al Estado de los gobernantes que lo han secuestrado. Se trata de salvar vidas y para ello se necesita un movimiento social fuerte y unido. 
La sociedad civil tiene que estar en las calles y paralizar el sistema económico y mafioso que tiene México. Eso es lo que hicieron en Colombia y en Italia. En el movimiento de “ manos limpias”, por ejemplo, millones de italianos en los años 90´s salieron a las calles , paralizaron el gobierno y la economía, liderados por figuras de la sociedad civil, tenían una agenda clara y concreta con la que consiguieron someter a proceso penal a la mitad del Parlamento y a muchos otros altos funcionarios del gobierno italiano.
Hay quien tiene la jenialidad de preguntar por qué no se hacen protestas contra los narcotraficantes, si fueron ellos quienes cometieron la masacre. Bien, la respuesta es obvia: porque no son los narcotraficantes los que se supone que trabajan para nosotros y deben rendirnos cuentas.




Por ejemplo, se pide la renuncia de Peña Nieto, pero en esta exigencia hay diferentes interpretaciones. Hay quien realmente ve en Peña Nieto al responsable directo de las muertes de los estudiantes, lee en esta situación un complot orquestado desde Los Pinos y verdaderamente espera la renuncia del presidente. Pero algunos lo vemos de otra manera. Yo firmé la petición de renuncia de EPN no porque crea que vaya a suceder, ni porque crea que si sucediera se solucionaría el problema. Lo hice para que quedara como testimonio del repudio. Como expresa Jorge Ramos Ávalos en Reforma:

¿Por qué piden su renuncia? Por incapaz, por no poder con la violencia que aterra al país, por los altísimos índices de impunidad y corrupción, por tener una política de silencio frente al crimen y, sobre todo, por la terrible y tardía reacción ante la desa- parición de 43 estudiantes en Guerrero.
Peña Nieto actuó con incomprensible indiferencia y negligencia: se tardó 11 días en hablar en público desde que ocurrieron las desapariciones; se ha negado a realizar una sola conferencia de prensa o una entrevista con un periodista independiente -de hecho, no ha respondido a una sola pregunta sobre el tema; y tuvieron que pasar 33 días para reunirse con los padres de los estudiantes desaparecidos. Todos errores. Eso es precisamente lo que un presidente no debe hacer nunca.
Peña Nieto, desde luego, no va a presentar nunca su renuncia. Ni este Congreso -con sus complicidades y alianzas- se atrevería a sugerirla. El gobierno seguramente dirá que los pedidos de renuncia al Presidente son producto de un pequeñísimo grupo de radicales y resentidos. Pero eso no es cierto. Esto apunta a un vibrante y naciente movimiento cívico y democrático. La marcha al Zócalo del 22 de octubre fue una de las más grandes de este siglo en México. Imposible no verlo.

Ya hay movimientos organizándose en diferentes entidades de nuestro país, y cada quien puede escoger el que mejor se identifique con nuestros objetivos e ideales. Éste es un momento crítico, pero también de oportunidades. Si como pueblo de México sabemos jugar nuestras cartas (hay muchas lecciones que recoger de la experiencia del #YoSoy132 y del proceso electoral del 2012), esto puede sentar un precedente importante en cuanto a participación social y empoderamiento de la ciudadanía, mostrar de lo que somos capaces y quizá hasta dar el primer paso hacia una transformación real y positiva del país. O puede que cometamos los mismos errores del pasado y todo se quede igual, o que la frustración y la ira lleguen a tan nivel que la gente empiece a pedir la guillotina. El rumbo que tomará el país podría depender de lo que decidamos ahora.


PD: He comenzado a formar una "Lista de la Impunidad" para reunir datos de políticos y funcionarios corruptos que hayan protagonizado algún escándalo de corrupción y hayan salido impunes. Ahora que la atención del mundo está centrada sobre México, es un buen momento para exigir que rueden algunas cabezas. Puedes contribuir enviando información aquí.

jueves, 30 de octubre de 2014

Monstruos



De entre todas las formas de maguferías, mi favorita es la pseudociencia de la criptozoología. Las pseudomedicinas son aburridas hasta el fastidio; la magia y la brujería son simpáticas, pero como narrativas les falta coherencia interna; los fantasmas sí que dan miedo, pero sus historias son siempre más o menos iguales. De entre las maguferías modernas, sólo dos tienen una mitología, un cuerpo de narrativas y creencias más o menos coherentes que las hacen fascinantes como objeto de estudio para folcloristas y antropólogos culturales: la ufología y la criptozoología. Pero la primera es tan amplia que se pierde en una marisma enorme de relatos contradictorios; en cambio, la criptozoología tiene toda una colección de fábulas exquisitas.

¿Qué es la criptozoología? Es una pseudociencia (una falsa ciencia, digan lo que digan los criptozoólogos) que se encarga de "estudiar" a los animales causi míticos que supuestamente no existen. O sea, es la disciplina que "estudia" a los monstruos de los que se dice que pueblan nuestro mundo: Pie Grande, el Monstruo del Lago Ness y el Chupacabras. Insisto en entrecomillar eso del "estudio", porque está muy difícil estudiar algo sobre lo que ni siquiera tienes pruebas de que existe (te estoy viendo a ti, teología). Los criptozoólogos se dedican sobre todo a tratar de reunir evidencias sobre la existencia de estos bichos y a especular sobre su naturaleza y orígenes.


El infame hombre mono de De Loys, supuestamente cazado por una expedición en el Amazonas, era en realidad un mono araña al que le habían arrancado la cola.


Ahora, quizá a ustedes les sorprenda, mis queridos contertulios, pero cuando yo era un mozalbete granuliento anduve bien clavado con todas las cosas sobrenaturales y misteriosas que pudiera ofrecerme el mundo y los Internetz (excepto la astrología; esa mamada nunca me pareció tener el menor sentido), y de entre todas esas cosas fue la criptozoología la que más me llamaba la atención. Quizá también me parecía la menos disparatada. Es decir, para creer en Pie Grande no necesitas creer en magia, hadas, fantasmas u otros seres sobrenaturales, y la existencia del buen Sasquatch no contraviene a las leyes de la física. Después de todo, el bicho sólo sería algún animal desconocido viviendo en un área poco explorada del mundo. ¿Acaso es tan insensato pensar que puede haber alguna criatura simiesca no identificada morando en los bosques de Norteamérica?

Pues resulta que sí, es muy insensanto. Conforme salí de la adolescencia y aprendí más de ciencias (gracias, Carl Sagan), fui dejando atrás mi fe en los misterios insondables de lo desconocido. Uno de los aspectos que más me decepcionó fue darme cuenta de que, por más que pasaban los años (y habían pasado los años antes de mí) la gran revelación que probaría sin duda que somos visitados por extraterrestres o que en el lago Ness vive un enorme plesiosaurio, nunca llegó. Por más que Jaime Maussán y otros misteriólogos que hacen fortuna con la credulidad de la gente anunciaran que estábamos a punto de tener evidencias feacientes e incontrovertibles de la existencia de monstruos y alienígenas, eso nunca sucedía. Y nunca sucederá, porque no existen.



¿Cómo sabemos que esos monstruos no existen? Bueno, tenemos la falta absoluta de evidencias. Fotografías borrosas de orígenes inciertos y testimonios de campistas asustados no nos sirven de mucho, sobre todo si tenemos en cuenta que los criptozoólogos han dedicado décadas para tratar de encontrar a esos bichos. Es cierto, los científicos reales siguen descubriendo nuevas especies de plantas y animales, y eso parecería dejar la esperanza de que algún día un Pie Grande vivo sea capturado. Pero sucede al contrario: si todas esas especies, que son en su mayoría pequeñas, son descubiertas a cada rato sin que nadie las esté buscando, ¿cómo es posible que no hayan podido encontrar a un animal del tamaño de un gorila tras décadas de búsqueda?

Los criptozoólogos llaman críptidos a los animales objeto de sus "estudios". Cada críptido tiene su historia en particular, y sus razones para descartar su existencia. Existen críptidos de diversos tipos. Algunos más o menos terrenales en cuanto a su naturaleza y sólo aparentan ser animales desconocidos, como el bueno de Pie Grande. Otros tiene características más extravagantes y recuerdan más a las extrañas quimeras de mitologías antiguas que a bestias que pudiesen existir en el presente o el pasado: Mothman cae en esta categoría. Algunos monstruos sólo se aparecen por un periodo determinado de tiempo, como el misterioso Mothman. Otros se convierten en parte del folclor local y sus leyendas y avistamientos trascienden las décadas, como Nessie.



Los entusiastas de la criptozoología a menudo se apoyan en leyendas folclóricas como indicios a favor de la existencia de los críptidos. Si en el lugar donde se ha visto a un ser parecido a un brontosaurio existen leyendas antiguas sobre dragones o serpientes gigantes, los criptozoólogos toman eso como un argumento a su favor. Lo que suelen ignorar es que los seres de las leyendas antiguas difieren mucho de lo que testigos modernos afirman haber visto, tanto en la descripción de la criatura como en su naturaleza. Los criptozoólogos a menudo tuercen las leyendas para hacerlas parecer que corresponden con los avistamientos modernos.

Por supuesto, entre otros rasgos en común que comparte la criptozoología con las otras maguferías es la presencia de "mitos zombi". Como en el campo de las pseudociencias hay de poca a ninguna investigación, las publicaciones que tratan estos temas se repiten y copian las unas a las otras sin verificar fuentes ni testimonios. Así, historias y fotografías que se han demostrado falsas una y otra vez, vuelven a la vida como zombis en diferentes publicaciones, y de vez en cuando adquieren nuevos bríos. Este fenómeno se ha incrementado con la llegada de Internet.

Por ejemplo, tenemos al misterioso Monstruo de Montauk, cuyo cuerpo fue encontrado en una playa del estado de Nueva York. Aunque se le identificó como el cadáver de un mapache en descomposición, en diversos sitios de Internet podrán encontrar su imagen acompañada de un texto que advierte que la identidad del animal es un gran misterio. Es fácil encontrar muchos casos así (ver la sección del Chupacabras).





Alterar fotografías no es difícil, menos ahora que todo el mundo puede hacerlo con sencillos programas de computadora. Uno pensaría que saber eso haría a la gente un poco más precavida sobre lo ve en medios e Internet. Pero no, la fuerza psicológica de una imagen puede ser muy poderosa.

Además, algo que se puede notar estudiando la historia de los avistamientos de críptidos es cómo sus descripciones se modifican a lo largo del tiempo, correspondiéndose con los conocimientos de la época y siendo fuertemente influenciados por la cultura pop. Al principio de la Era Ovni los extraterrestres vistos y contactados tenían formas muy variadas, desde humanos de perfecta raza aria, hasta hombrecitos peludos, porque para esa época tales criaturas eran plausibles. Hoy en día esas descripciones parecen ridículas, sacadas de películas de serie B de mediados de siglo (¡lo son!) y entonces ha prevalecido la forma de los "grises", igualmente por la influencia de la cultura pop. El mismo fenómeno ocurre con los críptidos que se han visto por todo el mundo (ver el apartado sobre los dinosaurios).

Los criptozoólogos tienen, con todo, una circunstancia que le da un poco de fuerza a su caso: la de los animales cuya existencia fue negada por los científicos hasta que fueron presentados más allá de toda duda. Nativos y exploradores hablaron a los científicos occidentales sobre criaturas como el gorila, el oso panda, el ornitorrinco y el okapi, pero se encontraron con un escepticismo obstinado. Al final, bajo el peso de las evidencias, no hubo más remedio que admitir que dichas bestias sí existían.

El caso más exitoso de esto es seguramente el del Kraken, el mítico calamar gigante de las leyendas nórdicas, y sobre los cuales marineros de todo el mundo y todas épocas juraban sobre su existencia, incluyendo a autores como Herman Melville y Julio Verne. No obstante, los científicos occidentales descartaron estas historias como supersticiones de marineros ignorantes. Hoy en día, para su vergüenza eterna, sabemos que existen por lo menos dos especies de cefalópodos monstruosos: el calamar gigante y el calamar colosal.




Claro que aceptar eso como argumento sería caer en el vergonzoso 'efecto Galileo' ("Galileo tenía razón y se rieron de él; ahora se ríen de mí, así que debo tener razón"). Los científicos que dudaban de la existencia del Kraken, el panda, el gorila, el ornitorrinco y el okapi podían estar equivocados a final de cuentas, pero tenían razón en no creer en la existencia de un animal sin que se les presentara pruebas. Eso, sin tener en cuenta que los descubridores del calamar gigante fueron científicos reales, no criptozoólogos siguiendo la pista de leyendas populares.

Debo admitir que me gustaría creer que el mundo está poblado por monstruos en sus rincones más obscuros. ¿Acaso no sería interesante viajar por todas partes buscando a esos abominables críptidos?Sería un poco como vivir en aquel mundo mítico de dragones y unicornios en el que creían los antiguos. Pero no, ya sé que no es así, aunque los canales de pseudociencia como el Discovery Channel hagan su agosto con esas historias. De todas formas, les quiero dejar con algunos de mis monstruos favoritos.

PIE GRANDE



Se trata de un homínido o simio, quizá incluso un "eslabón perdido", que habita en las zonas boscosas de Estados Unidos y Canadá, y que ha sido avistado desde mediados del siglo XX. Ah, claro, existen leyendas indígenas sobre "hombres del bosque"... Como las que tienen prácticamente las mitologías de todo el mundo, y aún así los hombres simio escasean. Es curioso que fue a partir de la popularización de Pie Grande que los avistamientos comenzaron a multiplicarse, incluso a través de muy distantes y de climas muy variados, para lo cual sería necesario que existiera una población muy grande de dichas criaturas, lo que sólo hace aún más sospechoso que no existan evidencias físicas. Tras años de búsqueda, sólo tenemos fotografías y videos nebulosos, testimonios de personas confundidas y algunas huellas que han sido descartadas como falsas.

También está el hecho de que todos los primates originarios del Nuevo Mundo son de tamaño pequeño. Nunca hubo homínidos ni simios tan grandes como se dice que es Sasquatch en el continente americano, además de que toda la línea evolutiva del Homo sapiens se encuentra en África; el "eslabón perdido", de existir, estaría ahí y no en América. Sería imposible que un animal como Pie Grande hubiera evolucionado en nuestro continente; encontraríamos restos fósiles no sólo de él, sino de sus ancestros.

EL ABOMINABLE HOMBRE DE LAS NIEVES



Bueno, éste tiene un mejor caso que su primo americano Sasquatch. Historias sobre el Hombre de las Nieves se remontan al folclor de los habitantes del Himalaya, y los exploradores occidentales ya hablaban de la criatura en el siglo XIX. De hecho, otra "curiosidad" de Pie Grande es que empezó a ser avistado cuando el Yeti ya era popular en Occidente, qué casualidad. Además, está el hecho de que en Asia existe una especie de simio grande, el orangután, y que justo en el área donde supuestamente vive el Yeti existió un primate colosal llamado Gigantopitecus.

Pero el caso es que sigue sin haber evidencias físicas de la existencia del Hombre de las Nieves. Las reliquias que se exhiben y hasta venden en diversos lugares de Asia son ingeniosas falsificaciones hechas con piel, pelaje y huesos de otros animales, así como antaño se vendían colmillos de narval como si fueran cuernos de unicornio. Además, fueron los europeos quienes reinterpretaron a la criatura mítica, considerada más como un ser de naturaleza espiritual (al igual que muchos otros espíritus de los bosques presentes en las mitologías de todo el mundo) y empezaron a especular que podría tratarse de un animal desconocido... Porque, claro, esos nativos pendejos, son capaces de ponerse a adorar cualquier cosa como si fuera dios, y de confundir a un mono con un monstruo sobrenatural, qué bueno que los exploradores ingleses son más sensatos slurp slurp *bebe de su taza de té.

Así que sigue sin haber pruebas de la existencia del Yeti, por más años que llevan buscándolo. Sus avistamientos pueden explicarse por otros animales elusivos de la zona montañosa, tales como osos, leopardos o monos. No se descarte que la soledad y silencio de los montañas son ideales para que la imaginación nos juegue malas pasadas.

EL MONSTRUO DEL LAGO NESS




Es uno de los favoritos a nivel mundial. Según las leyendas, se trata de un animal de gran tamaño y forma serpentina que habita en el Lago Ness, en Escocia. Muchos testigos afirman haber visto al monstruo nadando apenas bajo la superficie del lago, e incluso sacando su elegante cuello de cisne para respirar. El lago es extenso, profundo y de aguas turbias; si a eso se le agregan antiguas leyendas celtas de kelpies, espíritus acuáticos con forma de caballo, y del monstruo fluvial al que se enfrentó San Columba, el evangelizador de Escocia, uno podría empezar a considerar la veracidad de estas sospechas.

Pero luego te enteras de que no. Que, fuera de las leyendas antiguas (y en todo el mundo hay leyendas sobre espíritus acuáticos, desde las sirenas hasta los ahuizotl, pero no vemos monstruos por todas partes), los avistamientos comenzaron en los años 30 del siglo XX. Desde entonces, ninguna evidencia ha sido presentada, con todo y que ha habido diversas exploraciones, incluso con ayuda de submarinos, para encontrar al monstruo.

La hipótesis del plesiosaurio es fácilmente descartable; que un animal anfibio de tales dimensiones sobreviviera durante 65 millones de años después de la extinción masiva del Cretácico tardío es inconcebible. Además, geológicamente, para cuando el lago se formó, ya había pasado mucho tiempo desde la época de los grandes reptiles. Por si fuera poco, los cuellos de los plesiosaurios se extendían rígidos hacia adelante, y no los llevarían flotando sobre la superficie del agua como periscopios. Finalmente, los plesiosaurios eran animales de aguas cálidas que no habrían podido sobrevivir al frío de Escocia.

Este cadáver fue recuperado por un barco japonés cerca de las costas de Nueva Zelanda. ¿Un plesiosaurio? Esto podría darle algo de credibilidad a Nessie...
Pues no. Era sólo el cadáver de un tiburón peregrino.

Se ha especulado que Nessi podría ser entonces algún otro animal, como una anguila gigante o un esturión de gran tamaño. El caso es que, de cualquier forma, la ecología del Lago Ness no permitiría a una población de animales de grandes dimensiones vivir en él: sus aguas son pobres en nutrientes. Si existiera toda una especie de anguilas gigantes en el lago, no sólo ya habríamos encontrado alguna hace tiempo, sino que para mantenerlas se necesitarían cardúmenes y cardúmenes de peces menores que las alimentaran. Simplemente no hay suficiente biomasa en el Lago Ness.

¿Qué es, entonces, lo que ha visto la gente? Con Nessie sucede lo mismo que con Pie Grande: los reportes de avistamientos se dispararon conforme aumentó la popularidad del mito. Si tenemos en cuenta que los turistas van al Lago Ness precisamente a buscar a Nessie, no es de extrañarnos que, sugestionados, vean justo lo que quieren ver. Un tronco podrido que flota repentinamente a la superficie puede parecer un monstruo que asoma la cabeza sobre el agua. Una pata y sus patitos nadando el fila sobre el agua pueden parecer a lo lejos el cuerpo sinuoso de una serpiente que desliza sobre la superficie. Y así y así.

MOKÈLÉ-MBÈMBÉ



Otro supuesto fósil viviente. Se trata ni más ni menos que un saurópodo (dinosaurio de cuello largo) que se dice que habita las selvas del Congo. Su nombre significa "el que detiene el curso de los ríos" y nunca ha sido visto por un hombre blanco, sino que los nativos del área son los que cuentan sus leyendas. Exploradores occidentales lo han estado buscando desde finales del siglo XVIII; sin hallarlo, por supuesto. Se ha hecho mucha alharaca sobre que los nativos identificaron imágenes de un saurópodo como el Mokèlé-mbèmbé, pero también han señalado fotografías de rinocerontes y elefantes. Eso es porque en realidad ninguno de ellos lo ha visto, y las descripciones se encuentran sólo en las leyendas de la localidad.

Por supuesto, la existencia de un dinosaurio en el África plantea los mismos problemas que Nessie: ¿cómo habría sobrevivido un animal de grandes dimensiones no sólo a la gran extinción sino a todos los cambios ambientales durante 65 millones de años? Ah, claro, a veces se menciona el caso del celacanto, un pez que se creía extinto desde tiempos prehistóricos y que resultó que aún existía en los mares de África. Pero ése era un pez, con mucha agua para esconderse. No un reptil gigantesco que no ha podido ser hallado por más que se le busca.

Por cierto, que el bestiario criptozoológico incluye otros muchos dinosaurios en África, basándose en las leyendas de los nativos: Emela-ntouka sería un triceratops, al igual que Ngoubou; Mbielu-Mbielu-Mbielu sería un estegosaurio, y Kongomato, una especie de pterosaurio. Lo más "curioso" es que las descripciones más antiguas de los avistamientos coinciden con las ideas erróneas que sobre los dinosaurios se tenían en la época, y no con los conocimientos más recientes sobre cómo los dinosaurios son realmente. Es como si yo viera un velociraptor, pero como salieron en Jurassic Park, no como de verdad fueron.



Miren esta foto de uno de esos monstruos, el Kasai Rex, supuestamente un tiranosaurio vivo en la región de Kasai, en África. Es obviamente la foto de un lagarto, pero en su momento, a principios del siglo XX, pasó por aceptable. ¿Por qué? Bueno, porque en esa época se consideraba a los dinsaurios poco más que iguanotas.



Esta otra foto de Kasai Rex, una falsificación más reciente, muestra lo que parece ser un dinosaurio de escayola, probablemente tomado de alguna película de animación cuadro por cuatro (el efecto especial más usado para crear dinosaurios antes del CGI). Su representación corresponde con la imagen que se tenía de los T. Rex a mediados del siglo XX, y no con lo que la ciencia sabe ahora sobre la apariencia del rey de los dinosaurios.

EL DIABLO DE JERSEY



Aquí las cosas empiezan a ponerse extrañas. El Diablo de Jersey ha sido visto desde el siglo XVIII en la remota zona de los Pine Barrens en el estado de Nueva Jersey. En sus orígenes legendarios, era literalmente un demonio, hijo de una mujer que después de haber tenido 12 dijo que prefería parir al diablo que tener un hijo más. ¿y qué creen que pasó? ¡Pos que parió al diablo, chan chan chan! Dio a luz a un monstruo con cabeza de cabra, pezuñas en vez de pies, cola bifurcada y alas de murciélago que aterrorizó la zona hasta que un exorcismo lo expulsó por ahí de 1740. Sin embargo, ha habido diversos avistamientos desde entonces.

Fue sólo hasta el siglo XX que empezó a considerarse que el Diablo de Jersey pudiera ser un animal de carne y huevo. Quizá una especie desconocida de reptil volador... quizá un pterodáctilo (aquí vamos de nuevo). Si tenemos en cuenta que ya los nativos llamaban a la zona donde se aparece el Diablo de Jersey "el lugar del dragón", y los exploradores suecos la llamaron "el río del dragón", podríamos pensar que la existencia del bicho es anterior a la leyenda del décimotercer hijo diabólico, quizá inventada por los colonos anglosajones para explicar la presencia de una criatura desconocida en la zona.

Pero no, siguen sin encontrarse rastros del monstruo. Todo parece ser una mezcolanza de leyendas locales con visiones modernas sobre dinosaurios o críptidos en general. Como en otros casos, las descripciones de los avistamientos cambian según la idea que tiene la gente sobre lo que quiere ver, y así pasamos de un demonio con patas de cabra a un dinosaurio volador; las versiones que se han popularizado en la cultura mediática sustituyen a las del folclor local.

MOTHMAN



Uno de los críptidos más extraños e inusuales. Cae a la vez en la categoría de los que sólo fueron vistos en una época determinada y en la de los que son casi una cosa sobrenatural. Todo un monstruo, pues. Fue avistado entre noviembre de 1966 y diciembre de 1967 en los alrededores de la localidad de Point Pleasant, Virgina. Era descrito como una figura alada de forma humanoide y tamaño humano, pero sin cabeza ni cuello, sino con un par de ojos brillantes a la altura de lo que debía ser el pecho. Se aparecía siempre de noche y aterrorizaba a los testigos.

Sus avistamientos estuvieron relacionados con historias de ovnis, teorías conspiratorias (que se le viera cerca de una antigua planta de municiones le echó sabor al caldo) y fenómenos paranormales. Las suposiciones sobre la naturaleza del Hombre Polilla van desde que pudiera tratarse de un animal de carne y hueso, quizá alguna especie de mutación o un ser extraterrestre, a que fuera un ser sobrenatural o un demonio visitante de una dimensión paralela.

Para hacer la historia aún más sabrosona, tenemos el hecho de que los avistamientos del Hombre Polilla se detuvieron justo después del colapso de un gran puente colgante llamado Silver Bridge, tragedia ocasionó la muerte de 46 personas. Uno pensaría que después de este trágico episodio nadie estaría pensando en el monstruo y por eso nadie lo vio, pero conforme pasó el tiempo la gente razonó que dos más dos es igual a pez, y concluyó que las visitas de Mothman estaban relacionadas con el desastre; quizá lo provocó, quizá quería advertir sobre él.

Además de los testimonios de gente muy sacada de onda, no tenemos evidencias de que el Hombre Poilla haya paseado por Virginia. Sí hay, sin embargo, confesiones de bromistas que ataron linternas a globos de helio para espantar a la gente por las noches. Los avistamientos también se pueden explicar por una mezcla de sugestión causada por los primeros reportes, más la fauna local nocturna, tales como grullas y búhos. Vamos, que es muy fácil ver lo que no está ahí.

EL CHUPACABRAS



A este bicho le tengo especial cariño por haber formado parte de mi infancia. Yo era un chicuelo crédulo e impresionable, con una fascinación morbosa por todo lo que fuera macabro y monstruoso, y además crecí en una tierra de superstición y magia idónea para cultivar mi apetito por lo supernatural: Tabasco. Todos los latinoamericanos lo conocemos; el Chupacabras, ese misterioso ser de aspecto contradictorio (o sea, contradictorias las descripciones de la criatura) que atacaba animales de granja y les chupaba toda la sangre cual vampiro. Dícese que los primeros ataques fueron reportados en Puerto Rico, y luego que el animal comenzó a emigrar hacia el norte, pasando por México y desapareciendo por ahí de Texas, dejando un rastro sangriento a su paso.

Estaba en la primaria cuando la histeria del Chupacabras cundió por todas partes. En un viaje por carretera mi madre se llevó su pistola en el coche (única vez en la vida que lo hizo), sólo en caso de que nos fuera a aparecer el monstruo. Hubo muchísima especulación al respecto: ¿extraterrestre, vampiro, experimento genético fallido, una nueva especie? Hasta se produjo parafernalia y souvenirs de la criatura y, por supuesto, se compuso una cumbia.



Fue realmente inusual la atención mediática que recibió el Chupacabras, llegando a aparecer notas de sus ataques hasta en los noticieros más formales, y no sólo en los programas de misteriología a los que esta clase de asuntos solían circunscribirse. Incluso hubo una teoría conspiratoria que afirmaba que los medios de coumnicación, en especial Televisa y TV Azteca, habrían centrado su atención en el monstruo como tapadera de las acciones del gobierno de Carlos Salinas, que estaba a punto de llevar al país a una crisis económica y política. Versiones más extremas decían que habría sido el mismo gobierno mexicano el que preparó el montaje del Chupacabras. La segunda versión se cae solita, porque el bicho comenzó a ser reportado en otros países, y porque requeriría una capacidad de manipulación inverosímil por parte del gobierno (incluyendo eso de ponerse a matar ganado). La primera, más moderada, puede ser que tenga algo de sentido, pero habla menos de la malignidad del Innombrable que de la estupidez mexicana.

Lo que originó la histeria del Chupacabras fue el hallazgo de restos de animales de granja a los que les habían bebido toda la sangre. Dejando de lado la histeria colectiva, el sensasionalismo mediático y las posibles falsificaciones, hay que admitir que en algunos de esos casos había un misterio en verdad interesante. Algo había matado a esos animales y se había bebido su sangre. Se sabe que algunos depredadores, como coyotes o felinos, a veces actúan de esa manera, pero de todos modos seguimos sin poder afirmar a ciencia cierta qué pasó ahí. Claro que de eso a concluir que un monstruo mutante   extraterrestre estaba chupándose a nuestras cabras hay un gran trecho.


La anterior foto de una amenazadora y repulsiva criatura circula en las redes como prueba de la existencia del Chupacabras. En realidad es un oso con una rara afección de la piel que le ha hecho perder el pelo (y además está en un zoológico en Alemania). Fotos y videos de animales como coyotes, zorros, mapaches, coatíes u otros carnívoros pequeños, con alguna afección de la piel, como sarna o alopecia, o de sus cadáveres en un estado avanzado de descomposición, circulan por las redes como imágenes definitivas del Chupacabras.

Las descripciones de los que avistaron al monstruo, como dije antes, son muy contradictorias. Hubo que lo describía como un ser bípedo, una especie de canguro con hocico canino y dos grandes colmillos que usaba para sangrar a sus víctimas; otros testimonios lo describen como una versión monstruosa de los alienígenas "grises", de cuerpo delgado, gran cabeza e insondables ojos oscuros, pero con el añadido de escapas, púas, garras, colmillos y alas como de murciélago. Fue una imagen parecida a esta última versión la que se popularizó a través de la cultura mediática. Hoy en día, aunque ya no se reportan avistamientos del Chupacabras, la bestezuela ha pasado a formar parte del imaginario colectivo.

EL HOMBRE BÚHO DE CORNUALLES



Quiero hablarles de este críptido poco conocido porque su leyenda me fascinó cuando era adolescente y la verdad es que hasta miedito me dio. Cuentan que dos niñas de Cornualles se lo toparon mientras acampaban en el bosque, cerca de una antigua iglesia. Una de ellas salió de la tienda de campaña para investigar unos ruidos, y vio lo que pensó que era un hombre con un disfraz del búho. Tras un primer susto, las niñas rieron pensando que se trataba de alguien que les quería gastar una broma, pero en ese momento la criatura se echó a volar, lo que aterrorizó a las chicuelas.

Es descrita como un búho de tamaño humano, con grandes ojos rojos, plumas en la cabeza que dan la apariencia de cuernos y, esto es lo mejor, sus patas no son como las de un ave, sino que más bien parecen pinzas como de crustáceo.

El Hombre búho fue visto sólo en dos ocasiones en 1976. Además de que sólo existen estos testimonios, quien los recogió fue un himbestigador de lo paranormal conocido por sus múltiples fraudes. Eso no ha evitado que la leyenda del Hombre Búho se propale por Internet, donde basta que alguien alguna vez haya escrito que alguien alguna vez le dijo que alguna vez vio alguna cosa para que pase a formar parte del folclor criptozoológico.

EL DEMONIO DE DOVER



Aquí tenemos otro caso de un monstruo que fue visto por un grupo de chavales en pocas ocasiones, pero que con eso tuvo suficiente para atraer la atención mundial de los misteriólogos. Se le describe como una criatura humanoide, pero de pequeña estatura, piel grisásea, cabeza grande y ojos luminiscentes. El Demonio se apareció en los alrededores de la comunidad de Dover, Massachussets. Un chaval de 17 años que pasaba manejando en la noche, lo vio posado sobre una barda derruida en el casco de una vieja granja, mientras que un quinceañero juró haberlo visto posando tranquilamente en una avenida del pueblo.

Se ha especulado sobre la identidad del monstruo. Algunos sugieren que podría tratarse de una alenígena o un animal desconocido. Otros lo comparan con criaturas del folclor indígena, algo así como duendes (muchas culturas tienen mitos sobre "gente pequeña"). Algunos escépticos generosos sugieren que los chicos podrían haber visto una cría de alce extraviada y desorientada, lo que coincidiría con la descripción. Otros, menos indulgentes, suponen que todo fue una broma perpetrada por adolescentes pendejos.

LOS MAMUTS DE SIBERIA



Estos me encantan, porque los mamuts son la cosa más bonita que haya caminado por la Tierra y qué más me gustaría que saber que están vivos en algún lugar de esa enorme estepa helada que es Siberia. Es más, una parte dentro de mí espera sinceramente que uno de estos días agarren a uno vivo (o mínimo, que lo clonen). Su posible existencia es menos descabellada que la de otros críptidos, pues se sabe con certeza los mamuts sobrevivieron en remotas islas siberianas hasta tiempos tan recientes como 1,700 años antes de Cristo. O sea, todavía existían mamuts cuando civilizaciones antiguas como los egipcios y los babilonios levantaban ciudades de piedra (pero no el mismo lugar, ¿eh, Roland Emmerich?).

¿Un mamut cruzando un río siberiano?
¿O un oso que sostiene un pez largo en el hocico?


Desde el siglo XIX ha habido testimonios de quienes aseguran haber visto a mamuts vivos en las regiones más recónditas de Siberia. Pero aunque me encantaría que fuera cierto, lo más probable es que las historias sean confusiones, mezclas de anécdotas sobre el descubrimiento de cuerpos de mamut congelados con el deseo ferviente de exploradores crédulos por encontrar a estos elefantitos peludos. Y es que los mamuts fueron animales muy grandes que vivían en manada; sería muy difícil para ellos ocultar su presencia, aún en las vastas regiones heladas de Eurasia.

BESTIARIO DEL MUNDO MODERNO




En la Edad Media se compusieron bestiarios, libros que reunan el conocimiento que la gente de esa época tenía sobre los animales. Además de que a los animales reales se les atribuían toda clase de características fantásticas, junto a elefantes, leones o castores, en los bestiarios convivían dragones, unicornios y mantícoras, porque las personas medievales no veían diferencia entre unos y otros. La criptozoología nos ha provisto de un nuevo bestiario, uno compuesto de nuevas criaturas extravagantes de orígenes desconocidos.

Entre las muchas criaturas incluidas en el bestiario criptozoológico se encuentran serpientes gigantes capaces de tragarse hombres enteros; aves de rapiña colosales (por lo general buitres o águilas) que pueden llevarse a un niño humano entre sus zarpas; hombres mono que habitan selvas y bosques de todo el mundo; hombres pez u hombres anfibios que se hallan en ríos, pantanos y cimas marinas; homínidos alados (como la mujer pájaro de Vietnam); monstruos marinos y lacustres, por lo general de forma serpentina o sauriana; dinosaurios y otras bestias prehistóricas que sobrevivieron a la extinción; algunos monstruos urbanos como las ratas gigantes o los cocodrilos de las alcantarillas; grandes carnívoros como félidos o cánidos, donde no debería haberlos; plantas antropófagas capaces de moverse a voluntad (aunque estrictamente hablando, éstas pertenecen al campo de la criptobotánica), y toda clase de híbridos extraños compuestos de partes de especies diversas ensambladas grotescamente.




Estos monstruos han pasado a formar parte de la cultura mediática, estelarizando películas, libros, videojegos, series de TV y cómics de todo tipo, ya sea de aventura, fantasía u horror. En la actualidad es común que existan universos ficticios en los que todos esos críptidos existen y conviven, por lo general con algún origen en común: todos son extraterrestres, como en La Conspiración Roswell; o todos son exiliados de una dimensión paralela, como en Monsters Inc.; o todos son criaturas mágicas camufladas como en Harry Potter. Yo mismo usé a varios de estos personajes en mi propio libro de terror.

Como sea, los monstruos son parte de nuestra cultura; reflejo de lo que nos asusta, lo que nos fascina o lo que añoramos, han llegado para quedarse con nosotros, merodeando en los rincones oscuros, si no del mundo real, sí de nuestras mentes.



PD: ¿Notaron la falta de enlaces a fuentes confiables en esta entrada? Es a propósito para ilustrar mi punto sobre por qué no hay qué creer todo lo que se ve en los Internetz, así lo diga alguien tan simpático como yo. Así que vaya e investiguen, aunque sea en Wikipedia.

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