miércoles, 27 de agosto de 2014

México en la Primera Guerra Mundial o Cómo dejar de mamar con el Telegrama Zimmerman

Un pacto faustoniano


Con el centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial, algunas publicaciones de Internet mexicanas han aprovechado el momento para hablar del Telegrama Zimmerman, el asunto que vincula a nuestro país de forma directa con aquel conflicto global. 

Para los que acaban de sintonizarnos, el Telegrama Zimmerman fue un documento secreto y cifrado enviado en 1917 por el Secretario del Exterior de Alemania, Arthur Zimmerman, al embajador alemán en México Henrich von Eckardt. En él Zimmerman instruía al embajador que, en caso de que Estados Unidos entrara a la guerra con los Aliados, Alemania le propondría a México una alianza para atacar a su vecino del norte, en probable conjunción con Japón. A cambio de atacar a Estados Unidos, Alemania premiaría a México dándole de vuelta los territorios de Arizona, Nuevo México y Texas, los cuales había perdido en la humillante guerra de 1848.

El original cifrado


El Telegrama Zimmerman saltó a una fama muy modesta en la conciencia nacional a raíz de un libro bestselleroso de Francisco Martín Moreno titulado México... alguna cosa. Todos sus libros se titulan México alguna cosa. En él, el autor, especialista en novelas históricas con un toque de ficción, se centraba en el Telegrama Zimmerman y lo ocurrido alrededor de este documento. Hoy se vuelve a hablar del papelito aprovechando las conmemoraciones del centenario. Ésta es la parte en la que muchos mexicanitos de Internet dicen:




Con el propósito de terminar con este (por otro lado, bastante marginal e intrascendente) mame, he aquí que voy a darles una de mis fabulosas y breves lecciones de historia.

Primero, lo primero. La Primera Guerra Mundial inició en 1914 y se prolongó hasta 1918. El año en que el Telegrama Zimmerman fue enviado era el penúltimo de la guerra, y para entonces las potencias en conflicto ya sentían que estaba durando demasiado y no vislumbraban una solución en el horizonte. La intervención de los Estados Unidos podría cambiar el curso de los acontecimientos, y era tanto anhelada por los Aliados como temida por las Potencias Centrales.

Roces entre Alemania y los Estados Unidos ya se habían dado por causa de la guerra submarina indiscriminada. En su intento de aislar y asfixiar a Gran Bretaña, Alemania había ordenado que sus submarinos destruyeran cuantas naves se acercaran al archipiélago británico. Esto incluyó buques en los que viajaban ciudadanos estadounidenses, los cuales que perdieron la vida. El presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson protestó enérgicamente y exigió el final de los ataques submarinos, ante lo cual Alemania, temiendo la intervención gringa, aceptó suspenderlos.


El hundimiento del Lusitania en 1915 estuvo a punto de provocar la entrada de EUA a la guerra


Pero conforme la lucha en Europa seguía y seguía y seguía sin llevar a ninguna parte, Alemania decidió reanudar la guerra submarina indiscriminada en 1917. En otro de sus planes fantásticos que fantásticamente fracasaban, los altos mandos alemanes calcularon que así podrían vencer a Gran Bretaña y/o a Francia antes de que los Estados Unidos pudieran organizarse y enviar tropas a Europa. Para asegurarse de que ese envío tardara aún más, era mejor si le daban a los gringos una distracción. Y esa distracción era México.

Ahora hablemos de nuestro hermoso país, que había estado viviendo una horrenda lucha fratricida gloriosa revolución desde 1910. Ese año Francisco I. Madero inició un levantamiento armado contra el dictador Porfirio Díaz con el objeto de establecer una democracia verdadera tal como se lo habían ordenado los espíritus del más allá. Pero aunque el general Díaz se fue largó a Francia en 1911 para no derramar más sangre, Madero ya había soltado al tigre y demostraría no tener ni puta idea de cómo domarlo. Mientras rebeliones de sus antiguos aliados revolucionarios perturbaban la calma en el país, Madero fue traicionado y asesinado en 1913 por el general encargado de su seguridad, el porfirista Victoriano Huerta, en uno de los casos más notables de "¿cómo mierda no vio eso venir?".

Entonces los jefes revolucionarios Francisco Villa, Emiliano Zapata, Venustiano Carranza y Álvaro Obregón se levantaron en armas contra el usurpador Huerta, al que lograron vencer en 1914. Pero como fuera de su odio por Huerta no se ponían de acuerdo sobre casi nada, casi enseguida empezaron a pelearse entre sí. En 1917 Venustiano Carranza era el presidente interino de México, y esperaba estrenar su flamante Constitución ese mismo año para convertirse en presidente constitucional con todas las de la ley. Pero aún estaba en lucha contra las fuerzas rebeldes de Villa y Zapata.

México estaba viviendo su propia guerra total


Alemania ya llevaba algún tiempo tratando de meter a México en guerra con los Estados Unidos. Cuando Huerta fue derrotado y enviado al exilio, el Reich prometió ayudarlo a recuperar el poder en México a cambio de que atacara de inmediato a Gringolandia. Pero Huerta fue detenido por las fuerzas estadounidenses cuando intentaba regresar al país en 1915.

Al mismo tiempo, los alemanes trataban de seducir a Pancho Villa a través de un espía llamado Felix Sommerfeld, quien haciéndose pasar por periodista, se había ganado la confianza del Centautro del Norte. En 1916, Villa, probablemente instigado por Sommerfeld, atacó la ciudad de Columbus, Nuevo México. El saldo fue de 18 gringos y 80 mexicanos muertos. Después del ataque, el gobierno de Wilson envió a 5,000 soldados bajo el mando del general John Pershing en una expedición punitiva para encontrar y castigar a Villa, cosa que nunca logró.

Más o menos así fue


La propuesta del Telegrama Zimmerman fue sólo otro de esos intentos, pero esta vez dirigidos hacia el presidente Carranza. Éste simplemente ignoró la oferta, y no habría pasado a más de no ser porque el servicio de inteligencia británico interceptó y decodificó el mensaje para después mostrárselo a Estados Unidos, lo que decidió finalmente a Wilson a meterse a la Primera Guerra Mundial. Sólo entonces el gobierno de Carranza rechazó la propuesta oficialmente.

Ahora, hablando de Japón... Porque uno de esos genios mexicanos de Internet ya se chaqueteaba pensando en la forma en que los Tres Amigos invadirían a los odiados Estados Unidos para destruirlos de una vez por todas: Japón por el Pacífico, Alemania por el Atlántico y México por el sur. Fuck yeah! Pues déjenme decirles que ésta es la PRIMERA Guerra Mundial, no la Segunda. En ésta, Japón estaba con los Aliados y en contra de Alemania. El Telegrama Zimmerman de hecho le pedía a México que intercediera por ellos ante Japón para ver si los convencían de cambiarse de bando. O sea, la participación de Japón no sólo no era algo seguro sino, improbable hasta lo delirante.

La expedición gringa en México para buscar a Villa.
Se cree que su fracaso inspiró las caricaturas de Speedy Gonzales

Aclaremos las cosas, mexicanos que sueñan con una línea temporal alternativa en la que el gobierno de Carranza aceptó la propuesta:

1.- México llevaba siete años de guerra civil y Carranza aún tenía que vérselas con Villa y Zapata. No estaba en posición de meterse a una guerra internacional con el país más poderoso del continente para recuperar unos territorios que a nadie chingados le importaban. Porque, créalo usted o no, la política internacional no puede guiarse por rencores de 70 años de antigüedad, especialmente cuando lo que quieres es estabilizar tu gobierno recién tomado por la fuerza.

2.- Alemania estaba en guerra con Gran Bretaña, Francia y Rusia, rodeada de enemigos por los cuatro costados y no estaba en posición de brincar el océano para invadir otro continente (coño, no podía ni cruzar el Mar del Norte para invadir Inglaterra). Pero lo más importante: no tenía la mínima intención de hacerlo. Como el mismo Zimmerman declaró, lo único que quería era que Estados Unidos se distrajera con una guerra con México y así retrasar el envío de tropas gringas a Europa el tiempo suficiente. Sabía que nuestro país no tenía la más lejana oportunidad de vencer (o sea, vean la desproporción de bajas de uno y otro bando en el ataque de Villa a Colombus).

3.- Borren a Japón de la ecuación.

4.- ¿Y para qué mierdas quieres de vuelta los territorios perdidos? Aparte de una bastante primitiva y casi animalesca noción de que tener más territorios es bueno, ¿de qué crees que le serviría a México tener Texas, Arizona y Nuevo México, que para esos años de todos modos tenían una mayoría de población anglosajona? O sea, güey, tú de seguro ni podrías ubicarlos en un mapa. ¿Qué pedo? ¿Mejoraría la calidad de vida de los mexicanos si tuviéramos esos territorios? ¿Acaso es lo que nos hubiera faltado para ser potencia mundial? ¿De verdad crees eso?

Sueeeeeeña


Yo sólo quiero decir una cosa para terminar: en los últimos 100 años Alemania perdió dos guerras mundiales y fue partida en dos por más de cuatro décadas (y una de esas mitades era comunista; eso no es poca cosa). Hoy por hoy Alemania es la economía más poderosa de Europa y la tercera del mundo (y campeona del Mundial de Futbol). Mientras tanto, en México seguimos lloriqueando porque hace 100 años alguien no aceptó un descabellado e imposible plan para recuperar unos territorios que perdimos hace 170.

viernes, 22 de agosto de 2014

Tres legendarios personajes de la Primera Guerra Mundial que deberías conocer



Seguimos con las conmemoraciones del inicio de la Primera Guerra Mundial hace ya 100 años, y en esta ocasión quiero tomarme el tiempo para hablar de algunos legendarios personajes que participaron en esta contienda.

Cuando nos enseñan historia en la escuela, nos suelen mencionar listas de nombres feos y raros, acompañados en el mejor de los casos por algún retrato hierático y seriesote, como si los personajes históricos fueran todos aburridos rostros en blanco y negro. Una de las grandes fallas de la enseñanza de la historia a nivel escolar está en dejar que los alumnos olviden que los personajes históricos eran seres humanos de carne y hueso, llenos de pasiones, ideas, emociones, experiencias de vida únicas y visiones propias del mundo. Aún más, tanto profesores y libros de texto olvidan que muchas figuras históricas tuvieron vidas y personalidades fascinantes, que parecerían personajes de ficción surgidos de alguna película o novela de aventuras.

Y para que vean que los protagonistas de la Primera Guerra Mundial no fueron sólo generales prusianos bigotones mirando inmutables desde sus retratos color sepia, hoy les presento tres personajes que, si no hubiesen sido reales, algún autor de pulp bien los habría podido inventar.

MANFRED VON RICHTHOFFEN
EL BARÓN ROJO



Así es, leyeron bien, el mítico Barón Rojo, el terror de los aires, el más legendario piloto de combate de la historia, cuyo nombre todos han escuchado, aún sin saber quién era o que tenía algo que ver con la 1GM. Manfred von Richthoffen nació en 1892, en una familia perteneciente a a la aristocracia prusiana. A los 19 años ya era oficial de un cuerpo de caballería, pero al iniciar la guerra rápidamente se dio cuenta de que formaba parte de una institución noble pero sin futuro: los caballos y sus jinetes eran presa fácil de las ametralladoras, y su cuerpo fue relegado a misiones de reconocimiento.

Richthoffen encontró una nueva profesión digna de un caballero de su categoría: la aviación. Al principio de la guerra los aeroplanos habían sido utilizados principalmente para operaciones de reconocimiento o comunicación y los "combates" se daban cuando los pilotos disparaban desde sus naves con pistolas o rifles, o arrojaban alguna granada desde el aire. Pero la ametralladora convirtió el aeroplano en un arma de cada vez mayor importancia estratégica, especialmente tras que se inventara un sistema que permitía disparar sin que las balas rebotaran en la hélice del avión. El legendario avión de Richthoffen fue un triplano Fokker que hizo pintar de rojo, el cual le ganó el sobrenombre con el que pasaría a la historia: el Barón Rojo (también, el Caballero Rojo o el Diablo Rojo, nombres que no pegaron tanto).



El Barón llevó sus ideales aristocráticos del suelo al cielo. Se veía a sí mismo como un caballero del aire, apegado a un código de honor inquebrantable. Respetaba a sus enemigos y era respetado por ellos. A la cabeza del escuadrón de élite Jasta 11, formado los mejores pilotos alemanes (algunos entrenados por él mismo), logró espectaculares victorias. Él solo se anotó 80 victorias aéreas confirmadas, lo suficiente para convertirlo en el as de ases de toda la Primera Guerra Mundial, pero quizá ese número ascendía a más de 100 contando las victorias que no se pudieron confirmar.

En abril de 1918 el Barón Rojo peleó su última batalla, esta vez contra un piloto canadiense llamado Arthur "Roy" Brown. Tradicionalmente se pensaba que Brown había disparado el tiro que le quitara la vida a Richthoffen, pero hoy en día se manejan otras hipótesis, como que el tirador fue en realidad un soldado en tierra. Sea como fuese, tras haber sido derribado y muerto, recibió de quienes fueran sus enemigos un funeral con todos los honores militares y fue enterado en suelo francés. Tenía 26 años de edad.



Si la guerra en tierra era atroz y obscena, el cielo se convirtió en el último espacio para los ideales aristocráticos como el honor y caballerosidad, un mundo en el que los héroes mueren jóvenes y son llamados por los dioses al Valhalla. A nivel personal me incomoda que los nobles se dieran el lujo de jugar a ser caballeros del aire mientras la gente de clase trabajadora se veía condenada a pasar sus días en trincheras apestosas. Pero como romántico cursi debo admitir que algo en mí se conmueve al saber que, por lo menos en algún lugar en medio de esa atrocidad que duró cuatro años, había un espacio donde los caballeros aún existían.

En favor de Richthoffen, una vez fue herido en combate y quedó imposibilitado de volar por algún tiempo, el gobierno lo instó a dejar el cielo y tomar un trabajo de escritorio (el Barón era también un arma propagandística, pues elevaba la moral de los alemanes y aterraba a sus enemigos), a lo cual él se negó señalando que los soldados comunes no tenían la opción de abandonar el combate y que entonces él tampoco lo haría.

En palabras de Gianluca De Lucchi, "Treinta años después, entre 1939 y 1945 el mayor Erich Hartmann reportará 352 victorias con su Me-109. Es el as de ases, pero pocos lo recuerdan: en aquella guerra hasta el cielo era inmundo".

Curiosidades pop: Muchos libros y muchas películas (incluso algunos videojuegos) se han hecho sobre el Barón Rojo, pero quizá es más famoso por ser el némesis de Snoopy. En México, el personaje de Dick Dastardly, un villanesco piloto de las caricaturas de Hanna-Barbera, fue traducido primero como Pierre Nodoyuna (con acento francés) y luego como el Barón Rojo (con acento alemán), un par de giros que no tenían nada que ver con el personaje original.




MARGARETHA GEERTRUIDA ZELLE
MATA HARI



Otro nombre que seguramente han escuchado alguna vez, y que probablemente les remite a la idea de sensualidad y exotismo, pero que es posible que no hayan podido ubicar con exactitud. La historia de Margaretha Zelle es una de tragedia y osadía, de una mujer tratando de sobrevivir en un mundo de hombres arrogantes que quieren reducirla a una criatura dominada. Pero ella les viró la tortilla.

Nacida en 1876 en Holanda, a los 19 años se casó con Rudolph McLeod, un militar veinte años mayor que ella, y a quien conoció porque el señor había anunciado en un periódico que buscaba esposa. Con él se mudó a Indonesia, donde la pareja tuvo dos hijos (un varón que murió a los dos años y una niña que vivió para ver el final de la guerra, sólo para morir de sífils al año siguiente). El matrimonio sólo duró cinco años, que para Zelle fueron de frustración e infelicidad, pues el hombre era alcohólico, abusivo e infiel. Ella se refugió en el estudio intensivo de la cultura local, en especial sus danzas. Por un tiempo abandonó a su esposo y se convirtió en bailarina exótica, adoptando el nombre artístico de Mata Hari, que en lengua malaya significa "El Ojo del Día". Al volver a los Países Bajos, la pareja se divorció.

Entonces ella se mudó a París e inició una exitosa carrera como bailarina y modelo, cautivando a las audiencias con su exótico y sensual estilo dancístico y su coquetería. Elevó la danza exótica a un espectáculo artístico de altos vuelos que se ganaban los comentarios favorables de críticos prestigiosos.



Poco antes de la guerra, al cruzar la barrera de los 30 años, su carrera comenzó a declinar. Entonces se convirtió en cortesana de tiempo completo. Aunque no poseía una belleza espectacular, encantaba a los hombres con su personalidad sexy y desinhibida, consiguiendo así muchos privilegios de sus adinerados amantes. Y cuando inició la guerra, sus habilidades le permitieron hacerse de una nueva fuente de dinero.

Seduciendo hombres de uno y otro bando, Mata Hari obtenía información tanto de los alemanes como de los franceses y la vendía a ambos. Los franceses creían que trabajaba para ellos, mientras los alemanes pensaban lo mismo y así ella obtenía dinero de ambos.



Si embargo, en 1917 las autoridades francesas habían interceptado telegramas alemanes y con ayuda de los británicos los habían descifrado. Estos mensajes hablaban de un misterioso agente cuyo nombre código era H-21, que la inteligencia francesa identificó como Mata Hari. Ella fue arrestada y acusada de espionaje, y por sus acciones se le achacó la muerte de 50,000 soldados franceses. En realidad, las acciones de espionaje de Mata Hari no habían tenido un impacto apreciable en el resultado de los combates, pero por esos días el ejército francés enfrentaba fuertes motines y tomó a la bella mujer como chivo expiatorio como parte de sus esfuerzos propagandísticos para demostrar que tras las sublevaciones estaba la manipulación extranjera (cuando fueron las deplorables condiciones en las que vivían los soldados las verdaderas causas de que se rebelaran).

Tras un juicio cuyo veredicto había sido decidido desde antes de que comenzara, Margaretha fue ejecutada por un pelotón de fusilamiento a la edad de 41 años. Se dice que antes de morir, le envió besos a los soldados que estaban por dispararle y un periodista presente en la escena afirmó que ella no quiso que la ataran ni que le vendaran los ojos, y que tras recibir las descargas ella mantuvo la frente en alto y la expresión digna, siempre mirando a los hombres que le estaban quitando la vida.

Al no tener familia, su cuerpo fue usado para investigaciones médicas y su cabeza fue embalsamada y conservada en el Museo de Anatomía de París, de donde desapareció en una fecha indeterminada.

Tragedia, exotismo y sensualidad marcaron la existencia Mata Hari, la extraordinaria femme fatale que engañó y manipuló a hombres que dirigían ejércitos, una mujer cuyos últimos años de vida bien habrían podido formar la trama de una inverosímil novela de espías.

Curiosidades pop: Tres películas sobre Mata Hari se han realizado, la más famosa de ellas fue a protagonizada por la diva Greta Garbo y dirigida por George Fitzmaurice en 1931. También muchos otros personajes basados en ella han aparecido en diversas expresiones de la cultura pop. A diferencia de la Mata Hari real, sus versiones en la cultura pop hacen énfasis en una supuesta figura escultural y voluptuosa que ella no tenía; de hecho, Marghereta era muy consciente de tener un busto muy pequeño y nunca se quitaba el sostén en sus espectáculos desnudistas.





THOMAS EDWARD LAWRENCE
LAWRENCE DE ARABIA



La vida de TE Lawrence fue verdaderamente épica. Nació en 1888 como hijo ilegítimo y el segundo en una familia de cinco. Recordaba haber sido golpeado constantemente en su juventud. Bajo de estatura, delgado y de aspecto frágil, tenía toda la pinta de un ratón de biblioteca, y su vocación como historiador orientalista se ajustaba a esta imagen. Ciertamente no delató lo que sería de su vida.

Estudió en Oxford y se graduó como historiador. Como parte de expediciones arqueológicas, visitó Palestina, Siria y Mesopotamia, para estudiar desde los castillos de los cruzados hasta las ruinas de civilizaciones antiguas. Y mientras hacía esto comenzó a trabajar como espía para la inteligencia británica, interesada en lo que sucedía en el decadente Imperio Turco Otomano.

Cuando la Primera Guerra Mundial inició en 1914, Lawrence recibió una nueva misión. Sus conocimientos de la lengua y la cultura árabe (hablaba con fluidez y conocía ampliamente el Corán), lo llevaron a ser elegido por el ejército británico para contactar a los árabes, que  entonces vivían sometidos bajo dominio otomano. Inteligente, carismático y afecto a ser el foco de atención, Lawrence se ganó en 1916 la confianza del rey Hussein y su hijo Faysal, a quienes incitó y aconsejó para que se rebelaran contra los turcos.



Las campañas de Lawrence tuvieron un éxito arrollador. Los árabes bajo su liderazgo tomaron la hasta entonces inexpugnable Medina en 1917, y en 1918 su amigo Faysal tomó la ciudad de Damasco. El amor de Lawrence por el pueblo árabe fue sincero, y aún a sabiendas de que estaba manipulándolo en beneficio de los Aliados, compartía con ellos el sueño de un reino árabe unificado e independiente, sueño que se derrumbaría tras el final de la guerra, cuando franceses y británicos se repartieron el Medio Oriente de forma arbitraria y atendiendo a sus intereses imperialistas.

Desilusionado, Lawrence buscó desaparecer de mundo. Se cambió el nombre a John Ross y se unió a la Royal Air Force en 1922. En 1935 apareció su autobiografía titulada Los Siete Pilares de la Sabiduría, con una amorosa dedicatoria a una misteriosa figura, alguien llamado SA, cuya identidad sigue siendo motivo de debates. Lawrence murió de una forma por demás mundana, en un accidente de motocicleta, en mayo de ese mismo año. Tenía 46 años.



Además de su astucia, valentía y su amor por la cultura árabe, hay un aspecto de Lawrence que ha llamado siempre la atención: su sexualidad. Aunque nunca se le conocieron amantes (ni hombres ni mujeres), se cree que era homosexual debido a la forma tan conmovedora en la que en su libro se refiere al "amor perfecto" entre hombres. Se ha especulado que las misteriosas siglas SA corresponderían a algún hombre, una mujer o al pueblo árabe, pero uno de los candidatos más probables es el excavador Selim Ahmed, su compañero en las expediciones arqueológicas, y quien muriera de tifus en 1918. También hay declaraciones suyas y pasajes de su vida que indican que disfrutaba sexualmente al recibir azotes.

No se puede dejar de mencionar el trágico episodio de 1917, cuando fue hecho prisionero por los turcos y torturado y violado por sus captores. Lawrence pudo escapar al ganarse la simpatía de los mismos soldados turcos.

Cual fuera el caso, Lawrence es una figura contradictoria. El pequeño intelectual que lideró una rebelión en medio del desierto, el espía de las potencias imperialistas que manipuló a un pueblo, el romántico que estaba dispuesto a dar la vida por la libertad de una nación que había robado su corazón, Lawrence de Arabia queda como uno de los personajes históricos más fascinantes de la Primera Guerra Mundial.

Curiosidades pop: La representación más famosa de T.E. Lawrence es la que aparece en la película Lawrence de Arabia (1962), protagonizada por un estupendo Peter O'Toole y dirigida por David Lean. La cinta tiene varias inexactitudes históricas, revuelve la cronología de los hechos y omite mucho de la historia de la Primera Guerra Mundial, además de que O'Toole era demasiado alto y fornido para interpretar al menudo Lawrence. Sin embargo, eso no le quita ser una de las más grandiosas películas de la historia del cine, una que no deben perderse.


lunes, 11 de agosto de 2014

¿Y a mí qué me importa la Primera Guerra Mundial?



Adivino lo que muchos de ustedes han de estar pensando, mis queridos contertulios: “Ego, eso de la Primera Guerra Mundial ocurrió hace cien años, ¿para qué seguir perdiendo el tiempo con cosas tan remotas? El mundo está lleno de problemas ahora, ¿no crees que deberías dedicarle más espacio a los conflictos de nuestro entorno contemporáneo? Además, eso de ‘mundial’ ni es tan cierto, porque fue más bien un conflicto europeo y ya hay que dejar de ver el pasado y el presente desde un enfoque eurocentrista.”

Pues qué actitud, ¿eh, joven? La Primera Guerra Mundial sigue siendo un asunto de enorme importancia, cuyas consecuencias aún nos afectan en el presente, a lo largo y ancho de todo el globo terráqueo. No sólo hablamos de los millones de muertos, las ciudades y campos arrasados, las poblaciones desplazadas, la caída definitiva del absolutismo monárquico, la desaparición de imperios, el surgimiento de nuevas naciones, la aparición o perfeccionamiento de tecnologías novedosas (aviones, tanques, submarinos, radiocontrol, etc.) o el cambio en la forma de hacer la guerra, sin mencionar las lecciones históricas que podemos extraer de este magno acontecimiento, siendo quizás la más importante cómo toda una civilización puede irse a la mierda estando en el pináculo de su desarrollo material y social. Aquí hablaremos de consecuencias palpables en nuestra vida contemporánea y de conflictos modernos que tienen su origen directo en la Gran Guerra.



Si eres de los que se interesan en asuntos contemporáneos, desde las luchas del feminismo hasta el actual conflicto en la franja de Gaza, este post es para ti, pues en él me propongo demostrar cómo para comprender mejor estos asuntos es importante retroceder hasta tiempos de la 1GM. Ahora que si usted es de los que no se interesan en el pasado, ni en el presente, pues este post no es para usted. De hecho, este blog no es para usted, pero no se preocupe, que haciendo click en este enlace encontrará algo de su agrado.

Ahora sí, les presento una selección de apenas CINCO razones (sólo como una muestra) de por qué debería importarles la Primera Guerra Mundial.

5.- EL CONFLICTO EN LOS BALCANES Y EUROPA ORIENTAL

Durante cientos de años la región que conocemos como los Balcanes ha pasado de manos de un imperio a otro: romanos, bizantinos, otomanos y austro-húngaros, todos en algún momento dominaron o se disputaron el dominio de esta región montañosa y agreste, crisol de múltiples etnias, lenguas, idiomas y tradiciones. Lo que es una novedad es eso de que cada uno de esos grupos humanos deseara tener su propio Estado-nación.



Miren, esto del nacionalismo es un concepto muy moderno, que se remonta cuando mucho por ahí entre los siglos XVIII y XIX. Durante siglos, los pueblos balcánicos habían vivido en una paz relativa. Pero para principios del siglo XX, en los años anteriores a la Gran Guerra, el nacionalismo se había convertido en una fuerza política e ideológica de mucho peso. Como vimos en laentrada anterior, antes del inicio de la guerra, el Imperio Austro-Húngaro se enfrentaba a los sentimientos nacionalistas de las múltiples nacionalidades que lo componían, como checos, eslovacos, polacos, rumanos, eslovenos, croatas y los más problemáticos de todos, los serbios. Fue un fanático nacionalista serbio, Gavrilo Princip, quien asesinó al archiduque Franz Ferdinand y fue el ataque de Austria-Hungría contra Serbia lo que desencadenó el desmadre que duraría cuatro años.

Bien, pues al finalizar la guerra, los serbios lograron su objetivo: unificar a todos los pueblos eslavos del sur de Europa en un solo país: Yugoslavia (cuyo nombre significa precisamente “tierra de los eslavos del sur”). Ah, pero resulta que después de todo, los eslavos del sur no eran tan amiguitos como creían, y de nuevo el nacionalismo empezó a marcar las sutiles diferencias entre los diversos grupos étnicos: croatas, eslavos, bosnios, montenegrinos, albaneses y demás. Después vino la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), en la que las Potencias del Eje invadieron y conquistaron Yugoslavia; pero más importante aún fue que al finalizar esta otra gran guerra la región quedó en la esfera de influencias del comunismo.


El dictador Josef Tito (que gobernó de 1953 a 1980 y quien por cierto se curtió en la 1GM)) logró mantenerse bastante independiente de la URSS al mismo tiempo que con su amoroso puño de hierro mantuvo unidos a los conflictivos eslavos del sur. Pero tras la muerte de Tito y el final de la Guerra Fría esas diferencias resurgieron, ahora alimentadas por mitos nacionalistas de reciente invención que hablaban de enemistades seculares y exaltaban la superioridad de una u otra nación sobre las demás. Y para variar, los más problemáticos y agresivos fueron los serbios, cuyos ejércitos cometieron atroces actos de genocido durante las Guerras Yugoslavas (1991-1999), guiados por un nacionalismo acompañado de xenofobia que tienen su origen directo en la ideología extremista de los años anteriores a la 1GM.

Hoy por hoy, el nacionalismo serbio sigue vivo. En fechas recientes, precisamente en el marco de las conmemoraciones del inicio de la Primera Guerra Mundial, los serbios decidieron boicotear los eventos que se llevarían a cabo en la ciudad de Sarajevo para recordar el asesinato de Franz Ferdinand. Eso no es todo: levantaron una estatua en honor de Gavrilo Princip, a quien muchos aún consideran un héroe nacional. Las tensiones nacionalistas siguen existiendo en la región y todavía son una causa de preocupación para los líderes mundiales.

Serbios actuales, rindiendo homenaje a Gavrilo Princip


Si eso no les parece suficiente, vámonos más al norte y al oriente, y piensen en el reciente conflicto en Ucrania, que se debate entre la Unión Europea y Rusia. Si tenemos en cuenta que Alemania es indiscutiblemente el estado más poderoso e influyente de la UE, la actual crisis podría considerarse un episodio más de la competencia entre Alemania y Rusia por esta nación rica en campos de cultivo y con atractivos puertos del Mar Negro. Hay que remontarnos a tiempos de la Primera Guerra Mundial, cuando tras el repliegue de Rusia por causa de su revolución, Alemania se extendió hacia Ucrania, de la que sólo retrocedió tras ser derrotada en 1918. La región volvió a ser campo de batalla durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Alemania la ocupó de nuevo.

En nuestros días la política de Vladimir Putin, que se sigue erigiendo como protector de los serbios y que se anexó parte de Ucrania con el pretexto de proteger a los rusos étnicos de ese país, tiene un eco del nacionalismo paneslávico que llevó a Rusia a declarar la guerra a Austria-Hungría para proteger a Serbia, convirtiendo así un conflicto balcánico en una guerra mundial.

4.- EL CONFLICTO ÁRABE-ISRAELÍ



Antes de la Primera Guerra Mundial, esa parte del mundo que llamamos Medio Oriente y que abarca una multitud de países, en su mayoría árabes y en su mayoría musulmanes, se encontraba casi por completo bajo el poder del Imperio Turco Otomano. Para ganarse el apoyo de los árabes, durante la Gran Guerra los británicos hicieron vagas promesas sobre la independencia de sus naciones.

El Imperio Otomano fue destruido como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, pero los ingleses no cumplieron sus promesas, sino que junto a los franceses se repartieron los despojos como parte del pacto secreto Sykes-Picot. Por ello, trazaron fronteras según sus propios intereses y sin tomar en cuenta etnias, lenguas, religiones e identidades nacionales de los pueblos de la región, y esas mismas fronteras siguen vigentes hoy en día (de ahí que, por ejemplo, los kurdos, sigan divididos entre varias naciones sin tener una patria propia).

Entre los territorios que le tocaron a Gran Bretaña estaba justamente el de Palestina, habitado en su mayoría por árabes musulmanes, pero también por muchos judíos que desde el siglo XIX habían estado emigrando a esta región, como parte del proyecto sionista de establecer un Estado judío en su tierra ancestral. Palestina, ahora bajo mandato británico, siguió recibiendo inmigración judía, cada vez en mayores cantidades.

Esto fue así porque si los británicos no cumplieron sus a los árabes, sí cumplieron la que habían hecho a los judíos: la Declaración de Balfour, en la que aseguraron un hogar para los judíos dentro del mandato de Palestina. Tanto la ocupación británica como la inmigración judía provocaron reacciones de rechazo por parte de los árabes, y casi desde el principio hubo disturbios y confrontaciones.



Tras la Segunda Guerra Mundial, y en el marco de la desintegración de los grandes imperios coloniales europeos, los antiguos dominios de Francia y Gran Bretaña alcanzaron su independencia, y como parte de lo mismo fue que se estableció el Estado de Israel en el otrora mandato británico de Palestina, y para detrimento de las poblaciones árabes locales. Desde entonces el conflicto ha seguido, con Israel expandiéndose a veces como medida de defensiva (como tras las guerras Árabe-Israelí, la de los Seis Días o la del Yom Kipur) y a veces de forma arbitraria y por completo injustificable. El resto es historia.

Otros muchos conflictos de la actualidad tienen sus orígenes en el nuevo orden surgido tras la 1GM. Gran parte del recelo que los países árabes sienten hacia las potencias occidentales viene de ese periodo de colonialismo que siguió a la desintegración del Imperio Otomano y existen hoy en día movimientos que exigen la eliminación de las fronteras que fueron trazadas hace casi 100 años al final de la Gran Guerra por el tratado Sykes-Picot. Uno de ellos es el infame Estado Islámico, o ISIS por sus siglas en inglés, un grupo fundamentalista islámico radical y muy violento que ha conquistado militarmente amplios territorios de Irak y Siria, causando con ello una severa crisis internacional en la región.

Y hablando de la guerra civil en Siria, recordarán que el año pasado hubo un revuelo internacional cuando el gobierno de Al Assad usó gas venenoso contra los rebeldes. Bien, pues fue en la Primera Guerra Mundial la primera vez que esa arma fue utilizada y fue después de terminada la guerra que se proscribió por considerársele demasiado brutal. Desde entonces el gas venenoso ha sido un tabú y su utilización por parte del régimen de Al Assad fue lo que convirtió el conflicto sirio en un asunto internacional, pues por un lado Estados Unidos consideraba que se debía castigar a Siria para disuadir a cualquier otro dictadorzuelo de usarlo y por otro Rusia se oponía rotundamente a ello.

Siria en la Primera Guerra Mundial


Otro caso importante es el de los actuales disturbios en Turquía, en donde el actual presidente Recep Tayyip Erdoğan, trata de echar para atrás el orden político laico creado por tras la desintegración del Imperio Otomano por Mustafa Kemal Atatürk, el fundador y primer presidente la moderna República de Turquía, y quien, por cierto, fue entrenado como estratega militar por los alemanes que ayudaron a modernizar el ejército Otomano antes y durante la Primera Guerra Mundial.

3.- LA LIBERACIÓN FEMENINA



Ya desde el siglo XIX existieron movimientos feministas con cierto peso político. No sólo las famosas sufragistas, sino mujeres afiliadas al socialismo o anarquismo hicieron sentir su presencia en la vida pública de los países más desarrollados de Occidente. Pero la Primera Guerra Mundial fue el catalizador que permitió que se acelerara el proceso de transformación de la sociedad hacia una cada vez más equitativa para los géneros.

El reclutamiento masivo de varones en todos los países beligerantes conllevaba el peligro de dejar la industria sin obreros. Por lo regular los trabajadores de sectores económicos estratégicos estaban exentos de ser reclutados. Pero al mismo tiempo que era necesario tener más hombres en el frente se hacía necesario aumentar la producción de armas y toda clase de productos industriales porque una guerra no se gana sólo con gente disparando sino que se necesita de una sólida economía industrial que produzca todo desde balas hasta comida enlatada.

La forma de cubrir las necesidades de mano obra fue reclutar mujeres, en un principio solteras con experiencia laboral en otros campos, pero más tarde las mismas madres, hermanas y esposas de los hombres que estaban en el frente. Durante cuatro años de guerra, muchas mujeres probaron lo que era ganar y administrar su propio dinero, sin necesidad de rendir cuentas a ningún hombre. Es decir, saborearon la independencia económica, un primer paso hacia la emancipación.



Y no sólo conocieron la autonomía individual, sino que también descubrieron su poder colectivo como una fuerza política de peso real. En un principio las mujeres inglesas se manifestaron a favor de la guerra, animando a los hombres a luchar contra el enemigo, y expresaban solidaridad con las mujeres de la Bélgica ocupada por Alemania, que sufrían brutales violaciones por parte de los ejércitos del Káiser. Incluso algunas mujeres andaban por la calle y repartían plumas blancas (símbolo de cobardía) a los hombres vestidos de civil, por no haber tenido las pelotas de enlistarse en el ejército para defender la patria.

Pero conforme la guerra fue avanzando y se reveló como la locura cataclísmica que era, las mujeres constituyeron una de las fuerzas más importantes en pos de la paz. Como la mayoría de los hombres en edad de combatir estaban en el frente, por lo que en muchas ocasiones las protagonistas de las grandes manifestaciones en contra de la guerra fueron las mujeres. De hecho, recuerden que la Revolución Rusa inició cuando un grupo de mujeres, que conmemoraban el Día de la Mujer, encabezaron una protesta por la carestía ocasionada por la guerra.

Terminado el conflicto, mujeres de toda Europa se hallaban empoderadas como nunca antes, y no es casualidad que en los años que siguieron ellas obtuvieran el derecho al voto en la mayoría de los países desarrollados. Oh, es cierto que entonces los gobiernos las obligaron a abandonar sus empleos y volver a sus hogares con el objeto de que hubiesen plazas laborales para los soldados que volvían a reintegrarse a la vida civil. Pero no fueron pocas las que se resistieron (duramente criticadas por la prensa: "malas mujeres que no quieren devolver sus empleos a nuestros héroes de guerra") y de cualquier forma la experiencia de la libertad no puede borrarse por decreto. Finalmente con la Segunda Guerra Mundial el reclutamiento de las mujeres como fuerza laboral se dio a una escala incluso mayor, y después de la guerra los países que aún faltaban poco a poco reconocieron el derecho de las mujeres a participar en la vida política.




La segunda ola de feminismo se dio a mediados de siglo y hoy estamos viviendo una tercera, pero todos estos logros muy probablemente se habrían retardado de no ser por el triunfo de la primera ola de feminismo gracias a la Primera Guerra Mundial

2.- EL SOCIALISMO REAL



La historia es muy conocida: las condiciones en las que vivía el pueblo ruso en la época zarista eran insoportables, y la entrada del Imperio Ruso en la Primera Guerra Mundial sólo agravó las cosas, que llevaron al estallido conocido como la Revolución Rusa, la cual a su vez dio origen a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y el primer y más poderoso estado comunista del mundo. Pero hay que matizar un poco.

Sí, las condiciones en la Rusia imperial eran deplorables. El régimen zarista ya había enfrentado una revuelta importante en 1905 tras la derrota de Rusia a manos del Japón, que llevó a que el zar hiciera concesiones democratizadoras, como la aceptación de una constitución y la conformación de un parlamento (la Duma). Aún así el régimen se tambaleaba y poco antes del estallido de la 1GM, los asesores de Nicolás II ya le habían advertido que Rusia no estaba preparada para otra confrontación o sufriría una revuelta mayor. Y dicho y hecho, en el tercer año de la Gran Guerra, el hartazgo del pueblo y los soldados rusos llegó a tal nivel que estalló la revolución.

Pero la Revolución de Febrero (que fue en marzo; Rusia estaba tan atrasada que no tenía ni siquiera buenos calendarios) no fue una revolución comunista. El régimen zarista se terminó y el poder fue asumido por un gobierno provisional organizado por la Duma, que a su vez representaba los intereses de las clases altas y medias, mucho más que los de los obreros y campesinos. Aunque se puede argumentar que una revolución en Rusia ya era cuestión de tiempo, su rumbo pudo haber sido otro muy distinto: podría haberse establecido en Rusia una democracia parlamentaria burguesa al estilo occidental, o alguno de los otros grupos socialistas no tan radicales como los bolcheviques pudo haberse hecho con el poder, pero la Gran Guerra llevaría al país por otro rumbo.

El gobierno provisional tomó una decisión que selló el destino de su fracaso: continuar con la guerra. Y no es que fueran estúpidos; de hecho temían que una victoria de Alemania, que tenía un régimen monárquico conservador como había sido el zarista, tuviera como consecuencia una contrarrevolución en Rusia. Pero el pueblo ruso estaba harto de la guerra, y cuando Lenin y los bolcheviques hicieron de la paz una parte importante de su programa revolucionario, muchos rusos, civiles y soldados por igual, se les unieron cuando estalló la Revolución de Octubre (que fue en noviembre, ver paréntesis anterior).

El Soviet de Petrogrado


Y ya que hablamos de Vladimir Ilich Ulianov, alias Lenin, debemos recordar que hasta 1917 él se encontraba exiliado en Suiza. Si llegó a Rusia a tiempo para iniciar la Revolución fue que gracias a… adivinaron: la Primera Guerra Mundial. Fueron los alemanes quienes le dieron un salvoconducto y todas las facilidades a Lenin para que pudiera llegar hasta Rusia, con la esperanza de que la presencia del líder socialista desestabilizara al gobierno provisional y sacara a su país de la guerra.

El apoyo de las Potencias Centrales a los bolcheviques no se detuvo ahí. Aunque a menudo se dice que la revolución sacó a Rusia de la guerra, en realidad fue parte de la 1GM. Los Aliados no reconocían al régimen de Lenin y así tropas inglesas, canadienses, estadounidenses y japonesas invadieron territorio ruso con la esperanza de provocar su caída y permitir que algún otro grupo tomara el poder. Los Aliados no sólo repudiaban el proyecto político de los bolcheviques sino que aún tenían la esperanza de que Rusia continuara en la guerra presionando el Frente Oriental, algo que los bolcheviques no pensaban llevar a cabo. Las Potencias Centrales tampoco simpatizaban con Lenin, pero su régimen estaba dispuesto a negociar para terminar la guerra, mientras que un gobierno apoyado por los Aliados seguramente continuaría con las hostilidades. Y de cualquier forma, apoyar a los bolcheviques significaba prolongar el caos en Rusia, algo que convenía a Alemania, cuyos ejércitos ya se expandían por Europa Oriental, desde los países del Báltico hasta Ucrania (ver primer apartado). Sin las Potencias Centrales reconociendo a los bolcheviques como parte de su estrategia para ganar la 1GM, quizá el régimen de Lenin no habría sobrevivido.

Tropas americanas en Vladivostok, Rusia, en 1918


Y como dije, no sólo fue la Primera Guerra Mundial lo que permitió que hubiera una Revolución Rusa y una Unión Soviética, sino que marcó la forma en que se desarrollaría el socialismo real a lo largo del siglo XX. Marx imaginaba que el socialismo se debería dar en un país industrializado con una clase obrera fuerte y bien organizada, como Francia, Inglaterra o Alemania (de hecho, esa última tenía un mayor número de socialistas que cualquier otro país de Europa, mientras que Rusia tenía sobre todo gente encabronada). La Revolución Rusa hizo de la exégesis leninista de los postulados de Marx el dogma y doctrina de los movimientos socialistas de mayor peso alrededor del mundo, y marcó el modelo de las naciones en las que se establecerían regímenes socialistas (la inmensa mayoría de las veces por las armas): países atrasados, principalmente agrícolas, con una burguesía casi inexistente y con poca industrialización. Sin la Primera Guerra Mundial, ese enfrentamiento entre capitalismo y socialismo que marcó la mayor parte de la historia del siglo XX habría sido muy diferente.

1.- LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL



Pues obvio, sin Primera Guerra Mundial no habría existido una segunda. Para empezar, el Tratado de Versalles, con el que se acordaba la paz entre las naciones beligerantes, acusaba de forma por demás injusta y arbitraria a Alemania de ser la causante de la guerra, cuando todos, Aliados y Potencias Centrales por igual tenían su parte de culpa en el desmadre.

Las condiciones del Tratado de Versalles significaba una humillación injustificable contra Alemania: reducía su territorio, le quitaba sus colonias, le prohibía construir ejércitos grandes y la obligaba a indemnizar a sus enemigos por los gastos de guerra, entre otras; y si el propósito de los Aliados al imponerle a los alemanes tales castigos era neutralizarlos para que no se fueran a convertir en una futura amenaza, lo que lograron fue alimentar el odio y rencor en tierras germánicas. Este ambiente de resentimiento fue el escenario propicio para el surgimiento de una ideología revanchista y ultranacionalista que exaltaba la violencia y la sed de conquistas: el nazismo. Alemania quedó convertida en el equivalente geopolítico de ese chico extraño al que todos hacen bullying en la escuela hasta que un buen día llega a clases con un par de armas semiautomáticas y masacra a medio mundo. O sea, miren ustedes a este garrido mocetón:



Ése es Adolf Hitler, quien combatió en la Primera Guerra Mundial y sufrió por un ataque con gas venenoso (uno de los episodios candidatos a explicar porqué el tipo estaba chiflado). Cuando Hitler se recuperó del ataque, Alemania ya se había rendido. Como muchos otros, él creía que el Reich aún tenía oportunidad de ganar y que había sido una traición orquestada en el corazón del mismo imperio la que los había llevado a la rendición y humillación posterior. Esta teoría conspiranoica de orates fue conocida como el mito de la “puñalada por la espalda”, y Hitler no sólo se la creía a pies juntillas sino que acusaba que detrás de esa traición estaban… ¡los judíos!

De hecho, el escenario postapocalíptico de entreguerras era ideal para el florecimiento de ideologías extremistas. En Italia se gestó desde antes un movimiento hermano: el fascismo de Benito Mussolini. Italia alimentaba rencor contra los Aliados porque al final de la guerra no obtuvo todo lo que se le había prometido. Si en Alemania circulaba el mito de la “puñalada por la espalda”, en Italia figuraba el de la “victoria mutilada”.

Por su parte, las democracias occidentales dejaron crecer estos movimientos políticos extremistas y totalitarios y hasta en sus propios países muchos los veían con buenos ojos. ¿Por qué? Porque la Revolución Rusa (a su vez consecuencia de la Primera Guerra Mundial) los hacía cagarse de miedo por la posibilidad de que el comunismo se expandiera por toda Europa. Ellos esperaban que Hitler, Mussolini y los de su estilo contuvieran el avance del comunismo. Lo mismo se puede decir de las clases altas al interior de esos países, que se aliaron con, o por lo menos no se opusieron a los fascistas; pensaban “bueno sí, son unos orates, pero por lo menos no son comunistas…” Qué ternura.

En verde, lo que le prometieron a Italia y no le dieron


Además, resultaba que si Francia y Gran Bretaña se miraron al terminar la guerra y se dijeron “goey, ya no hay que volver a hacer estas mamadas”, y pensaban que Alemania tampoco querría más madrazos, en realidad el Führer se estaba preparando para otra ronda chingadazos. Así que mientras los Alidos apostaban por una política de apaciguamiento pensando que todos querían lo mismo, los nazifascistas se aprovechaban de su buena fe para fortalecerse.

Del otro lado del mundo, la lucha en Europa tenía tan distraídos a los grandes imperios que nadie tenía cómo detener la expansión japonesa. El Imperio del Sol aprovechó la guerra y se declaró como uno de los Aliados para hacerse con las posesiones coloniales alemanas en Oriente, con algunas de las cuales se quedó una vez terminado el conflicto. Y si antes de la 1GM, eran las potencias europeas quienes esperaban zopilotescamente a que la decadente China terminara de colapsar, fue al final Japón quien la convirtió en su patio de juegos. De hecho, Japón no tenía mucho interés en intervenir en la Revolución Rusa (ver apartado anterior), pero lo hizo porque vio en ello la oportunidad de avanzar en sus planes expansionistas hacia China.

La Alemania nazi y la Italia fascista son productos directos de la Primera Guerra Mundial, la cual también dio la oportunidad a Japón para expandir su imperio. Estos tres países formarían las principales Potencias del Eje, indudablemente las partes agresoras en el conflicto que después conocimos como Segunda Guerra Mundial.

Ocupación japonesa de Siberia, parte de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa



Y bueno, ni qué decir que la 2GM forjó el mundo el que vivimos. Ya vimos en cada apartado cómo la Segunda Guerra Mundial magnificó y aceleró los procesos de cambio que la Primera ya había iniciado. Las consecuencias de este conflicto global no siguen afectando diariamente. Ustedes escojan una: la consolidación de Estados Unidos como superpotencia mundial, la expansión del comunismo por Europa Oriental, la Guerra Fría con todo lo que implica, la descolonización de Asia y África con la consecuente aparición del Tercer Mundo, el triunfo de Gandhi en la India y los movimientos inspirados por aquél, el triunfo de la revolución maoísta en China, el conflicto entre las Coreas, la creación de la Organización de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el auge económico de mediados de siglo, la energía atómica, la carrera espacial, la computación, la filmografía de Steven Spielberg y un largo, larguísimo etcétera. Si la Primera Guerra Mundial fue el doloroso trabajo de parto del siglo XX, la Segunda fue su ritual de paso.



FIN

jueves, 7 de agosto de 2014

...Y entonces mataron a Franz



Pues bien, niños, este año se cumple el centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial. Y como ustedes se imaginarán, ésta es una fecha importante para un nerd de la historia como su seguro servidor. Ello amerita que le dedique no una, ni dos, sino toda una serie de entradas a la Gran Guerra que marcó el inicio del mundo en el que vivimos. Y qué mejor manera de empezar, que por el principio, la gran pregunta: ¿por qué chingados se dio esta guerra?

Si ustedes le pusieron atención a su maestra de de historia de secundaria y prepa, probablemente hayan escuchado un discurso similar a éste: "en 1914 mataron al Archiduque Francisco Fernando y por eso empezó la Primera Guerra Mundial". Pero nunca te dicen quién carajo es este Francisco Fernando o por qué el asesinato de un príncipe austriaco a manos de un serbio llevó a que Alemania se fuera a la guerra contra Inglaterra y Francia. Te explican confusamente lo de la Triple Alianza y la Triple Entente, lo cual se vuelve más confuso porque una vez empezada la guerra los de la Triple Entente, y no los de la Triple Alianza, son llamados "los Aliados". 

De modo que para aclarar sus dudas, en este post nos dedicaremos a tratar de rastrear los orígenes de este conflicto que cobró unos 9 millones de víctimas, destruyó imperios, dio a luz a nuevas naciones, sembró las semillas de un conflicto global aún peor, y traumatizó tanto a toda una generación de autores que se pusieron a hacer arte moderno.


Esto es tu culpa, Kaiser Guillermo (-.-)


Es curioso, como señala el historiador Eric Hobsbawm, que las causas de la Segunda Guerra Mundial siempre han estado bastante claras: Hitler era un ojete. Es decir, los países agresores fueron sin duda los del Eje y si ellos no hubieran tirado la primera piedra (las primeras miles de piedras, de hecho) todo ese desmadre no habría ocurrido. Pero cuando se trata de los orígenes de la Primera Guerra Mundial, se han escrito páginas y páginas con el objetivo de hallarlos, y existen aún muchos puntos debatibles, pues todo lo relacionado con esa guerra fue un pinche caos. Claro está que yo no voy a encontrar la respuesta definitiva, pero sí puedo acompañarlos en un recorrido histórico por el sinuoso camino que nos lleva hasta 1914, cuando Franz Ferdinand fue asesinado en Sarajevo. Y, como siempre cuando se trata de guerras mundiales, debemos empezar por Alemania.

¿Alemania? ¿No vamos a hablar de cuando mataron a Franz, que era austriaco?

Vamos por partes. Desde el final de las Guerras Napoleónicas, Europa había estado experimentando un periodo de paz sin precedentes, interrumpido solamente por guerras focalizadas y breves, como ésta que voy a contarles: la Guerra Franco-Prusiana. Ésta se dio entre Francia y el reino de Prusia. Sí, Prusia, con una P, y no, no tiene nada que ver con Rusia (tengo que hacer esta aclaración todos los años cuando doy este tema). Miren ustedes, hasta el año de 1871 no existía el país que hoy llamaos Alemania. En su lugar, lo que existía desde tiempos medievales era un montón de reinos y principados, como Baviera, Baden, Württemberg y, el más grande y próspero de todos, Prusia.


Y también usaban los cascos más geniales


Por ese entonces, el rey Wilhelm gobernaba Prusia y uno de los estadistas más brillantes de la historia era su canciler: Otto von Bismarck. Este señor no sólo había conseguido posicionar a Prusia como una potencia ascendente, sino que, gracias a sus habilidades diplomáticas y su lúcida comprensión de la geopolítica, había logrado establecer en Europa cierto equilibrio entre las potencias... Hasta que Napoleón III quiso pasarse de la raya

¿Se acuerdan de Napoleón III? Napoleón le petit, como lo llamó Víctor Hugo, el mismo señor de barba chistosa que mandó a su ejército a conquistar México e imponer a Maximiliano de Habsburgo en el trono de nuestro país. Bien, pues a ese señor se le ocurrió que a Francia lo que le hacía falta era tener un Luxemburgo, por lo que decidió que lo más sensato era anexarse este país. Esta y otras agresiones de Francia terminaron por colmar la paciencia de Prusia y chocaba directamente con los proyectos de Bismarck, y los dos países se fueron a la guerra.

Francia pensó que la tendría fácil, pero Prusia sorprendió con su poderío y disciplina. La victoria prusiana fue tan definitiva que no sólo se conformó el nuevo Imperio Alemán (el Segundo Reich) y no sólo Alemania se quedó con las ricas regiones francesas de Alsalcia y Lorena, sino que el rey de Prusia fue coronado como Kaiser Wilhelm I de Alemania en el Palacio de Versalles. Además Napoleón III perdió el trono y en Francia se proclamó (una vez más) la República. Sobra decir que los franceses, desde aquella vez, se quedaron con un profundo rencor contra los alemanes y ganas de buscarles la revancha. Igual que los brasileños después del último mundial.


La nueva potencia europea


Ah, por eso Alemania y Francia se pelearon cuando mataron a Franz, ¿no?

No es tan sencillo. Pero sigamos con nuestra historia. El Imperio Alemán, o Alemania para ser más cortos, se fue convirtiendo rápidamente en una potencia europea. Realmente rápido, superando a viejos imperios como Rusia y poniéndose casi al nivel de Gran Bretaña. Económica, diplomática y militarmente, todos respetaban a los alemanes, que además gozaban de buenas relaciones con Rusia y Gran Bretaña, aunque con Francia llevaba una relación de tensa calma. 

¿Que qué fue lo que pasó? ¿Cómo fue que el orden creado por Bismarck se desmoronó? La culpa la tiene en gran parte el nieto de Wilhelm I, Wilhelm II. O Guillermo II, por ese afán de traducir los nombres históricos al español. Tras la muerte del viejo Kaiser en 1888, su hijo Federico III asumió el trono. Federico era un tipo liberal y progresista que quería transformar la monarquía alemana en algo más parecido al sistema parlamentario británico. Es una lástima que se haya muerto tras sólo 99 días de reinado, porque estaba enfermo de cáncer en la garganta.

Su hijo, quien asumió el trono como Wilhelm II, era todo lo contrario. Cuenta la leyenda que estaba acomplejado por haber nacido con el brazo dislocado y deforme (hasta escribí un cuento sobre eso), pero el caso es que era un tipo con serios problemas emocionales, que pasaba de la euforia a la depresión con preocupante facilidad, y que estaba obsesionado con el pasado glorioso de la raza teutónica (tipo, con nibelungos y así), con la gloria de la autocracia y el derecho divino de los reyes, y con la gloria de un futuro para Alemania como potencia mundial (esto último lo está cumpliendo muy bien la Merkel). 


Le gustaban tanto los uniformes que creó cuerpos militares nuevos sólo para poder usar más medallitas de comandante supremo. Es en serio.


Excéntrico y voluble, el nuevo Kaiser era conocido por alejar de sí a los gobernantes de Europa con declaraciones torpes, indiscretas e impertinentes (como Vicente Fox, pues), y a menudo violentas y comprometedoras, llegando a decir en una vista en Italia y refiriéndose al Julio César del pasado, pero a la Francia contemporánea "A mí también me gustaría destruir las Galias", o tras una visita al Imperio Turco Otomano declarar con lágrimas en los ojos que "los musulmanes tendrían siempre un amigo y protector en el Kaiser alemán" (tomen nota porque todo esto es importante).

Ahora bien, si Wilhelm hubiera sido un rey de adorno como el de Inglaterra, o hasta uno completamente alejado de la vida de su país como el zar de Rusia, sus disparates no habrían significado gran cosa. Pero tal como funcionaba la estructura política de Alemania, el Kaiser tenía un peso muy real y era el que decidía sobre cuestiones importantes como la diplomacia o el ejército. El Kaiser simplemente metía sus bigototes en todo y nadie podía decirle que no.

Así, no contento con haber destituido a Bismarck, Wilhelm se dedicó a destruir poco a poco el orden diplomático que había logrado, enemistándose cada vez más no sólo con Francia, sino con Gran Bretaña y Rusia. Esto fue particularmente doloroso para Wilhelm, que era primo del rey Jorge V de Inglaterra y del zar Nicolás II de Rusia, los cuales fueron los gobernantes de sus respectivos países durante la Primer Guerra Mundial. De hecho, Wilhelm, a pesar de las ignominiosas acusaciones que se le hicieron después de la guerra, nunca tuvo la intención de iniciar un conflicto armado e hizo lo que pudo para mantener la amistad con sus reales primos, la cual sólo se fue deteriorando tras la muerte de la reina Victoria de Inglaterra, quien era la abuela de los tres.


Nicky, Georgy y Willy


Entre esas torpezas, las más grandes fueron su afán en crear una gran flota militar que pudiera competir con la británica y en hacerse de un imperio colonial en África y Oriente. Era en una época en la que los europeos les daba por creerse los dueños del mundo (como a los gringos hoy, pues) y que el resto de la humanidad estaba ahí no más para repartirse entre ellos. El país europeo que no tenía colonias ultramar era como el niño que no tenía los nuevos tazos de Pokèmon (o no sé qué mierda jueguen los niños hoy en día). Así, Alemania adoptó una política de expansión y se hizo con algunas colonias, aumentando así la tensión en un mundo ya de por sí tenso por la competencia imperialista.

Pero lo peor que se le pudo haber ocurrido al Kaiser fue la creación de una gran flota. Piensen, ¿quién tenía la flota más grande y poderosa del mundo? Gran Bretaña, por supuesto. Entonces, cuando los ingleses vieron que Alemania estaba construyendo más y más grandes barcos de guerra, lo primero que pensaron fue que querían vérselas con ellos. En realidad, lo que quería tener Wilhelm era una flota lo suficientemente poderosa no para derrotar a la británica, sino para demostrar que ahora Alemania era una potencia a la que había que tomar en serio, obligando así a las demás a negociar. Los ingleses no vieron esto, desde luego, sino que interpretaron el crecimiento de la flota alemana como intenciones agresivas, por lo cual ellos se pusieron también a modernizar y agrandar su flota.


El mundo repartido entre los europeos


Esto sólo provocó un círculo vicioso: la carrera naval. Los alemanes se dieron cuenta de que si la marina británica crecía, la suya propia no sería tomada en serio, así que también ellos se pusieron a hacer más y mejores barcos. Gran Bretaña respondió haciendo lo propio y así siguieron, a ver quién sacaba el barco más grandote, con la única consecuencia de que a final de cuentas los ingleses ya no confiaban en los alemanes para nada, y éstos habían gastado más dinero del que podían en una flota que ni siquiera llegó a ser lo suficientemente grande para negociar con Gran Bretaña. Lo más irónico del caso es que a fin de cuentas, las batallas navales entre estos dos países durante la guerra fueron pocas y prácticamente insignificantes...

Oye, ¿pero eso qué tiene que ver con Franz?

Uy, todavía falta para eso. En cuanto a Rusia, no es que Alemania tuviera problemas particularmente con ella, o viceversa. Lo que sucedió fue que Rusia se fue acercando cada vez más a Francia, de la que recibía mucho, desde préstamos bancarios y tecnología, hasta influencia cultural. Esto llevó a que Rusia y Francia formaran una alianza defensiva.

Por su parte, Alemania estaba ya más que comprometida con un aliado incómodo: el Imperio Austro-Húngaro, el cual era, para poner las cosas más complicadas, enemigo de Rusia. ¿Por qué? Bueno, creo que es momento de tocar un tema crucial para entender el por qué de la Gran Guerra: el nacionalismo.





Entendamos el nacionalismo como esa idea de "mi país es mejor que el tuyo", de "right or wrong, my country" que lleva a desdeñar o de plano deshumanizar a los habitantes de otro país y a justificar cualquier acción, por barbárica que sea, cometida por la propia madre patria. El nacionalismo estaba teniendo un auge especial desde finales del siglo XIX. Por ejemplo, el socialismo pretendía ser un movimiento internacionalista que uniera a todos los trabajadores, sin importar sus nacionalidades, para luchar por sus derechos. Los intelectuales socialistas se sorprendieron y decepcionaron cuando quedó claro que esos fervores nacionalistas eran compartidos con mucha intensidad por la clase obrera. Imagínense todos los demás.

El nacionalismo a menudo era acompañado de una exaltación de los valores militares. La paz en Europa había durado tanto tiempo que muchos temían que esto llevara a una decadencia de virilidad para las naciones. La solución era recuperar esos valores hombrunos de antaño, como el valor, la disciplina y el autosacrificio en aras de la patria. En las escuelas se les enseñaba a los niños a enorgullecerse de las hazañas bélicas de sus antepasados. Toda una generación de jóvenes que no había conocido la guerra estaba entusiasmada por el prospecto de participar en alguna y demostrar que eran "hombres de verdad". Estos sentimientos eran aprovechadas por los políticos para desviar la atención de los problemas internos hacia amenazas extranjeras, imaginarias o reales, pero siempre exageradas. Es cierto que las guerras nunca las hacen los pueblos sino las élites que los gobiernan, pero también es cierto que para esta guerra los habitantes de Europa estaban más que dispuestos a pelear.

Por ese entonces era parte del mito nacionalista la creencia de que los pueblos que compartieran lengua, origen, religión, cultura y mitos fundacionales deberían formar estados independientes y soberanos. Pero en la Europa de principios del siglo XX aún existían muchas naciones que no tenían estados, o que se encontraban divididos entre varios imperios.

Austria-Hungría, Rusia y el Imperio Turco Otomano eran los tres grandes estados multinacionales, es decir, que dentro de su territorio tenían a poblaciones que se identificaban a sí mismas como naciones y que anhelaban formar sus propios países. Austria-Hungría era un caso especialmente complicado: aunque los reyes Habsburgo gobernaban tanto Austria como Hungría, cada una de estas naciones tenía su propio parlamento y burocracia. Además, dentro del imperio convivían serbios, croatas, eslovenos, eslovacos, checos, polacos, rumanos e italianos. Las cosas se ponían más complicadas si tenemos en cuenta que Serbia, Italia y Rumania ya existían como países independientes y consideraban que sus connacionales dentro del Imperio Austro-Húngaro vivían en la opresión y debían ser liberados para unirse a sus patrias (con todo y el territorio que habitaban, claro), lo cual, como se podrían imaginar, hacía que dichos tres países fueran un fastidio continuo para la monarquía de los Habsburgo.



El Imperio Austro-Húngaro


Había otras naciones que se encontraban en los territorios de los grandes imperios: polacos, divididos entre Alemania, Rusia y Austria-Hungría; armenios, entre Rusia y el Imperio Otomano; árabes en el Imperio Otomano, e irlandeses en la Gran Bretaña, por mencionar a los más importantes. Todas estas nacionalidades participarían de una forma u otra en la Primera Guerra Mundial, complicando aún más el conflicto.

Eso no es todo: el Imperio Otomano ya venía desintegrándose desde hace tiempo y las potencias europeas pensaban que en cualquier momento colapsaría y que entonces ellas podrían quedarse con un pedacito del pastel. La retirada del Imperio Otomano en los Balcanes fue dejando a su paso nuevas naciones independientes, precisamente como Serbia, Rumania, Bulgaria y Montenegro, pero también excitaba la ambición tanto de Austria-Hungría como de Rusia, que anhelaban la oportunidad de expandirse hacia el sur, y ello provocaba rivalidad entre ambas potencias.


Para acabarla de amolar, resulta que los serbios y los rusos pertenecen a la misma "raza": los eslavos. Por esos días una forma particular de nacionalismo estaba en voga, el paneslavismo, que propugnaba por la unión de todos los pueblos eslavos de Europa. Rusia, con base en este principio se arrogaba el papel como protectora de Serbia, lo cual la ponía en confrontación directa con Austria-Hungría. Por su parte, los austriacos y los alemanes pertenecían a la misma "raza germánica", por lo que su alianza era también una cuestión de honor.


Alguna vez gran imperio y ahora en decadencia, con tantos problemas internos y tantos enemigos externos, Austria-Hungría anhelaba la oportunidad de demostrar que todavía era una potencia relevante en el medio y que debían tomarla en serio. Algo así como Nintendo cada vez que saca una nueva consola. 
En ese entonces estaba gobernada por el viejo cascarrabias del emperador Franz Joseph, o Francisco José.


"Putos todos"


El señor había tenido una vida tipo Bad Luck Bryan: a su hermano Maximiliano lo mandó a fusilar Benito Juárez para enseñar a los europeos que el respeto al derecho es la paz y que con México no hay se juega. A su esposa, la emperatriz Elisabeth (Sissi, pa' los cuates) la mató de una puñalada por un anarko italiano (oh, más adelante volvemos con los anarkos). Su hijo y heredero se murió de suicidio, y Franz Joseph tuvo que conformarse con su sobrino Franz Ferdinand, o Francisco Fernando, quien ni siquiera le caía bien, y que además había deshonrado a la familia al casarse con Sophie, que era de un nivel más bajo en la escala de nobleza (de todos modos era de familia aristocrática, pero ya ven ustedes cómo son los europeos con su sangre azul...)


Ah, ya entiendo. Y entonces ése fue el momento en que mataron a Franz...


Esperen, aún no llegamos a eso. Lo importante es que esta situación llevó finalmente a Rusia y a Alemania a quedar en bandos opuestos, para dolor de Wilhelm, que quería mucho a su primo Nicky. Y esto nos lleva a hablar del sistema de alianzas. Después de la Guerra Franco.Prusiana, Alemania formó, junto con 
Austria-Hungría e Italia, la Triple Alianza con el objetivo de aislar a Francia.

Con ese mismo objetivo, Alemania quería acercarse a Gran Bretaña, porque además ambos eran de la "raza germánica" y tenían en común a Francia como su enemigo de toda la vida. Pero la torpeza de Wilhelm y la carrera naval alejaron a los ingleses. Además, Gran Bretaña tenía la tradición de mantenerse sanamente aparte del resto de Europa con sus constantes conflictos, ideas revolucionarias y perverso sistema métrico. Pero también tenía la política de mantener un equilibrio en Europa, de que ninguna potencia dominara definitivamente sobre todas las demás. Por ello le preocupaba el espectacular crecimiento de Alemania, y temía que si ésta se iba a la guerra contra Francia, pudiera destruirla y convertirse en el amo indiscutible de Europa sin otra potencia que le hiciera contrapeso. Así, para sorpresa de todo mundo y desilusión total de Wilhelm, Gran Bretaña se unió a la alianza de Francia y Rusia, formando así (fanfarrias, por favor) la Triple Entente.


La Triple Entente


Pero no fue con esta alineación que los equipos se fueron a la guerra. Verán, al igual que Alemania, Italia era un país apenas recién unificado que quería ganarse un lugar entre las grandes potencias europeas. También se hizo con colonias en África y tenía la intención de anexarse los territorios de Austro-Hungría habitados por hablantes de lengua italiana. Esto último fue lo que llevó a que la Triple Alianza no prosperara: los austro-húngaros y los italianos no se llevaban bien, y cuando inició la guerra Italia no sólo se negó a entrar con sus dos antiguos aliados sino que se cambió de bando y pasó con la Entente a cambio de los territorios que anhelaba. Esto debía haberle enseñado a Alemania una lección: no se puede confiar en Italia. Para ya ven...

Entonces la alianza con Austria-Hungría le bloqueó a Alemania de la amistad tanto de Rusia y le ganó la traición rastrera de Italia. Pero por más incómodo que fuera como aliado, Alemania no podía abandonar al viejo imperio Habsburgo, y no sólo por la unidad de las "razas germánicas", sino porque ambas eran monarquías conservadoras (como Rusia, por cierto), en oposición a las democracias liberales de Francia y Gran Bretaña. Así, Alemania se vio encadenada a un aliado incompetente. 

La única otra opción que tenía Alemania era el Imperio Turco Otomano. Además de la promesa del Kaiser de proteger al Califato, Alemania tenía grandes inversiones en Turquía, que habían ayudado a modernizar el imperio (por ejemplo, con vías férreas) y hasta había enviado a oficiales militares para entrenar al ejército turco. El problema es que, como dijimos, el Imperio Otomano estaba por desintegrarse y cada vez tenía menos relevancia. Su participación en la Primera Guerra Mundial fueron patadas de ahogado. 


La Triple Alianza


De esta manera Alemania, rodeada de enemigos, se quedó con un par de aliados incompetentes, lo cual sellaría su trágico destino. Y es que Alemania era la primera potencia militar e industrial en Europa, pero sus aliados eran las dos últimas (Rusia era tan superior a Austria-Hungría como Alemania lo era a Rusia). Pero sus condiciones mejoraron para la Segunda Guerra Mundial, en la que ya tenía un aliado eficaz y sólo uno incompetente. Si siguen así, para la Tercera Alemania ya habrá logrado hacerse de DOS aliados eficaces...

¿Pero, para qué necesitaban estas alianzas?


Buena pregunta. Miren esta línea del tiempo de algunos de los conflictos sucedidos entre 1870 y 1913:

  • Guerra Franco-Prusiana (1870-1871): entre Francia y Prusia. Terminó con una humillante derrota para Francia y la formación del Imperio Alemán.
  • Guerra Ruso-Turca (1877-1878): Un ataque de Rusia contra el Imperio Otomano para liberar a las naciones eslavas bajo dominio turco. Como resultado de esta guerra Serbia, Rumania, Montenegro y Bulgaria alcanzaron su independencia de los otomanos.
  • Primera Guerra de los Bóers (1880-1881): entre Gran Bretaña y las Rapúblicas Bóers de Sudáfrica, de origen neerlandés. Terminó con la derrota de los Bóers, pero dejó muchos asuntos sin resolver que llevarían a un segundo conflicto.
  • Guerra Italo-Etíope (1895-1896): En un intento de Italia de hacerse con territorios en África, atacó Etiopía; Rusia y Francia apoyaron a la nación africana, que salió victoria y libre.
  • Guerra Hispano-Americana (1898): entre Estados Unidos y España. Terminó con la derrota de España, que perdió cualquier relevancia a nivel internacional.
  • Segunda Guerra de los Bóers (1899-1902): entre Gran Bretaña y las Repúblicas Bóers de Sudáfrica. Wilhelm no tuvo empacho en declarar su apoyo moral a los Bóers, lo que causó la molestia de los ingleses.
  • Primera Crisis de Marruecos (1905): Francia le estaba echando el ojo de buitre a Marruecos, lo que provocó graves tensiones con Alemania, pues el Káiser se creía protector de todos los musulmanes.
  • Guerra Ruso-Japonesa (1905): entre Japón y Rusia, obvio. Terminó con un triunfo decisivo de Japón y puso a Rusia al borde de un estallido revolucionario. Esta guerra y la Hispano-Americana demostraron que ahora había dos nuevas potencias en el mapa geopolítico y por primera vez en 400 años no eran europeas: Estados Unidos y Japón (eso va a ser importante más al rato).
  • Crisis bosnia (1908-1909): En la que Austria-Hungría se anexó la provincia de Bosnia-Herzegovina, creando más tensión con Rusia y Serbia.
  • Segunda Crisis de Marruecos (1911): El Káiser Wilhelm intentó aprovechar las ambiciones zopilotescas que Francia tenía sobre Marruecos para enemistarla con Gran Bretaña, pero ello sólo resultó en que esta última se enemistara con Alemania.
  • Guerra Italo-Turca (1911-1912): Entre Italia y el Imperio Otomano, en la que los italianos, de nuevo ambicionando territorio en África, esta vez vencedores y le arrebataron a los turcos el dominio de Libia.
  • Primera Guerra de los Balcanes (1912-1913), de Grecia, Serbia, Bulgaria y Montenegro contra el Imperio Otomano. La derrota fue para los otomanos, cuyo imperio parecía desmoronarse más y más.
  • Segunda Guerra de los Balcanes (1913) entre Bulgaria y sus antiguos aliados, Serbia, Montenegro, Grecia y, además, Rumania. Bulgaria fue derrotada y perdió muchos territorios, quedando además enemistada con las otras naciones balcánicas. 
Y así quedó la cosa


Como ven, en todos estos pequeños y breves conflictos locales, provocados por nacionalismos exacerbados, ambiciones territoriales y rivalidades imperialistas, participó por lo menos una de las potencias que después pelearían en la Primera Guerra Mundial. Y como se podrán imaginar cada una de estas escaramuzas aumentó la tensión y llevó a pensar a las naciones europeas que una gran guerra, que decidiera de una vez por todas estos pequeños conflictos, estaba a la vuelta de la esquina. Y si ése era el caso, ninguna quería verse sola contra todas las demás.


Por una de esas grandes ironías de la vida, la idea de cada potencia era demostrar a las otras que no estaba solita, sino que tenía amiguitos dispuestos a madrearse por ella, y así disuadir cualquier intento de agresión. Digo que es irónico porque ese sistema de alianzas fe de las cosas que precipitaron el desastre: cada potencia entendió que las otras se estaban preparando para la guerra, enrareciendo aún más la atmósfera con temor y desconfianza. Finalmente, fueron esas alianzas las que llevaron a que, una vez ya iniciado el conflicto, todos le entraran con todo.


Lo mismo se puede decir de las carreras armamentistas (como la ya mencionada carrera naval entre Gran Bretaña y Alemania): con el desarrollo de tecnología de guerra cada vez más destructiva, la acumulación de arsenales más grandes y la formación de los ejércitos más numerosos de toda la historia humana, cada país quería demostrarle a sus potenciales enemigos que sería mejor no agredirlo, pero lo que se entendió fue que todos los demás se estaban alistando para los madrazos. Peor aún, los mandos militares sugerían con insistencia a los gobernantes que había que movilizarse pronto, no fuera a ser que el enemigo los agarrara desprevenidos, e incluso abogaban por ataques preventivos a la primera sospecha de peligro. Ningún país quería ser el que iniciara la guerra, pero vaya que estaban dispuestos a pelearla si los demás daban siquiera la señal de querer dar el primer paso.


...Y entonces mataron a Franz, ¿no?


Ya mero. Antes les quiero hablar de los anarkos. Y cuando digo "anarkos" no me refiero a pensadores anarquistas como Henry David Thoreau o León Tolstoy, argumentando sobre la perversidad del poder estatal sobre las vidas de los seres humanos, o a cualquier anarquista ilustrado, de ésos con los que puedes estar o no de acuerdo, pero con los que sabes que puedes sostener una discusión civilizada. No, hablo del equivalente fin de siècle de estos pendejos:





Entre 1890 y 1914, el anarko-terrorismo tuvo un auge espectacular. Chavales que veían toda forma de organización social y política como herramientas de opresión se dedicaron a bombardear, disparar o a acuchillar a todos los que consideraran enemigos de su causa libertadora, y a menudo con un éxito aterrador. Además de la emperatriz Elisabeth de Austria-Hungría, los anarkos asesinaron a un presidente francés, dos primeros ministros españoles, un rey italiano, un presidente de Estados Unidos y dos nobles rusos.


No sólo víctimas célebres y famosas, sino también toda clase de autoridades, empleados de gobierno u oficiales, así como cualquier civil inocente que estuviera en un mal momento y en un mal lugar, como una función de teatro o un restaurante que los anarkos consideraran demasiado burgués para su gusto. París sufrió dos años de terror anarko a principios de la década de 1890, durante los cuales los bombazos y disparos estaban a la orden del día. Vaya, hay una anécdota de un anarko que fue a un café, tomó su merienda y luego se levantó con toda calma y mató a un comensal que estaba en una mesa cercana. "No habré matado a un inocente si mato al primer burgués que me encuentre", dijo como única explicación cuando fue detenido. P
ues en este ambiente surge un grupo anarko-terrorista-ultranacionalista-nihilista-romántico-idealista serbio: la Mano Negra. 


Versión del artista


Este organización estaba decidida a lograr la unión entre todos los serbios, para lo cual había que liberar a los hermanos sometidos bajo la feroz bota del Imperio Austro-Húngaro. Para ello, contaban con la simpatía del gobierno serbio e incluso con el apoyo total de algunos oficiales del ejército. Y para conseguir sus propósitos de una Serbia unida, estos muchachos harían lo que los anarkos saben hacer mejor: cagar la banana.

Y aquí volvemos con Franz Ferdinand. El Archiduque podría no ser una perita en dulce, pero lo seguro es que estaba activamente en favor de usar la diplomacia para resolver los problemas de Austria-Hungría y evitar la guerra a toda costa. Con la mejor de las intenciones viajó junto a su esposa Sophie (quien, por cierto, estaba embarazada) a Sarajevo, en la recién anexada provincia de Bosnia. Su objetivo era demostrar su buena voluntad a los serbios que allí vivían y así reducir las tensiones. 



Primer éxito musical del Archiduque


El plan era que el Archiduque y su esposa dieran un paseo en automóvil descapotado por la ciudad. Los encargados de la seguridad ya le había advertido que el recorrido era peligroso y que se esperaba un posible atentado, pero Franz no quiso dar muestras de temor. Así, mientras paseaban en el vehículo, un miembro de la Mano Negra salió de pronto y ¡pum! les arrojó una bomba.


¡Ajá, y así mataron a Franz!


No. El chofer viró velozmente, evitó el bombazo y los príncipes salieron ilesos (no así como veinte personas que no la debían ni la temían). El asesino se comió una cápsula de cianuro y se echó al río, pero el 
cianuro debía ser homeopático porque no sirvió para un carajo y el chaval también sobrevivió al río, por lo que sí fue detenido por las autoridades. Franz se encogió de hombros y, como ya había pasado el peligro, ordenó que el coche siguiera con el recorrido, lo cual lo haría merecedor de un premio Darwin si no fuera porque para entonces ya se había reproducido.

Es aquí cuando entra en escena nuestro héroe, Gavrilo Princip, un jovenzuelo de 19 años comprometidísimo con la causa de la Mano Negra, lleno de hormonas adolescentes y rencor contra el Imperio Austro-Húngaro. Él se encontraba en Sarajevo aquel fatídico 28 de junio de 1914, ansioso por matar a alguien que llevara una corona. Cuando el primer atentado falló, Gavrilo decidió tomar el asunto en sus manos.



Algunos hombres sólo quieren ver el mundo en llamas...


El momento se lo sirvieron en bandeja de plata. El chofer dio una vuelta equivocada en su recorrido. Cuando el auto se detuvo para echar la reversa, Gavrilo aprovechó el instante, surgió de entre la multitud de un saldo y disparó dos certeros tiros sobre los príncipes.


...Y entonces mataron a Franz

Y entonces mataron a Franz. Bien muerto. Sus últimas palabras fueron para su esposa "Sophie, no te mueras, tienes que vivir por nuestros hijos", pero de todos modos ella se murió también. Gavrilo intentó suicidarse de un tiro pero fue detenido por la multitud y la policía y, como pueden imaginarse, lo agarraron a vergazos y lo arrojaron a una cárcel sucia y maloliente, en la cual murió de tuberculosis en 1918 sin tantita pena por haber iniciado el desmadre más grande de la historia.

Bueno, ¿y qué pasó después?

Austria-Hungría sospechaba, y con razón, que miembros del gobierno de Serbia apoyaban a la Mano Negra y estaban involucrados  en el asesinato de Franz. De cualquier forma, los austro-húngaros ya estaban hartos de que Serbia ocasionara tantos problemas y quería acabar con ella de una vez por todas. Para ello, enviaron a los serbios un ultimátum tan exigente que no habrían podido hacer otra cosa que rechazarlo. Los serbios aceptaron casi todas las condiciones, pero los austro-húngaros no se iban a conforman con menos que TODO. Ellos sabían muy bien que atacar a Serbia podría provocar una guerra con Rusia, pero entre que el Kaiser les había prometido todo su apoyo y que el emperador Franz Joseph a estas alturas ya estaba en plan de bale berga la bida, el 28 de julio de 1914 el Imperio Austro-Húngaro le declaró la guerra a Serbia.

En los siguientes días todo sucedió muy rápido en efecto dominó. Rusia declaró la guerra a Austria-Hungría, y Alemania no tuvo más remedio que declararle la guerra a Rusia. Adelantándose a la reacción de Francia, Alemania atacó de inmediato a este país. Pero además, Alemania invadió Bélgica con la intención de atravesar este pequeño país neutral y sorprender a Francia en su frontera norte. La violación de la neutralidad belga (jijiji "belga") fue la condición decisiva para que Gran Bretaña se decidiera a entrar a la guerra. Para el 3 de agosto, las cinco grandes potencias de Europa estaban en guerra.


"¡Por Franz!"


Pero esta guerra europea no tardaría en convertirse en un conflicto del mundo mundial. El 23 de agosto Japón, que tenía tratados con Gran Bretaña y ya había comenzado a expandirse por Oriente, aprovechó la coyuntura para declarar la guerra a Alemania y apropiarse de sus posesiones coloniales en el Pacífico. La guerra también se extendió hacia África, cuando los ejércitos coloniales ingleses y franceses se enfrentaron a los alemanes en ese continente. También las fuerzas coloniales de las potencias fueron a engrosar las filas de combatientes en Europa. Soldados africanos y árabes fueron a pelear al lado de Francia, y bajo las órdenes de Gran Bretaña tropas provenientes de Canadá, Australia, Nueva Zelanda y la India se sumarían a la lucha en el Frente Occidental. Además se dieron escaramuzas entre buques de guerra alemanes e ingleses en diferentes partes del mundo, desde las costas sudamericanas hasta el Océano Índico.

El primero de octubre de 1914 el Imperio Turco Otomano entró a la guerra del lado de Alemania y Austria-Hungría, conformando así el equipo que fue llamado "las Potencias Centrales". El otro bando se quedó el nombre de "los Aliados". Hay más: a pesar de lo que diga la FIFA, Turquía es en realidad un país asiático, aunque tenga un cachito de territorio en Europa. La entrada del Imperio Otomano abrió nuevos frentes en Oriente Medio, específicamente en Mesopotamia, Palestina y el Caúcaso.



Italia entró a la guerra con los Aliados en mayo de 1915, con la intención de apropiarse de jugosos territorios en Austria-Hungría y el Imperio Otomano. En octubre de ese mismo año Bulgaria se unió a las Potencias Centrales, para vengarse de los países que le habían quitado territorios en la Segunda Guerra Balcánica. En marzo de 1916 Portugal se unió a los Aliados porque esperaba lograr tratados que le permitieran preservar su imperio colonial en África. Rumania hizo un pacto con los Aliados y atacó a Bulgaria en agosto de ese mismo año. En junio de 1917 Grecia entró a la guerra junto a los Aliados también ambicionando tierras otomanas.

Finalmente, en enero de 1917, los alemanes enviaron a su embajador en México instrucciones para que persuadiera al gobierno de Venustiano Carranza de interceder entre Alemania y Japón para formar una alianza en contra de los Estados Unidos. Los ingleses interceptaron el telegrama y se lo mostraron a los gringos para probarles que los alemanes nadaban comploteando contra ellos. Los Estados Unidos ya le traían ganas a Alemania, por causa de los ataques de submarinos alemanes contra barcos mercantes y de pasajeros en los que habían muerto ciudadanos estadounidenses. Conocer el contenido de este telegrama fue la gota que derramó el vaso y en abril de 1917 Estados Unidos declaró la guerra contra Alemania, aunque las tropas gringas llegaron a Europa hasta enero de 1918.

De hecho, la intervención gringa ya era inminente y el objetivo de Alemania era que se entretuvieran matando mexicanos para retrasar su participación el tiempo suficiente para que las Potencias Centrales pudieran ganar la guerra en Europa. Y si han estado poniendo atención, habrán notado que ésta es la tercera vez que menciono a México. Lo hago no más para que vean lo importante que somos en la historia universal U.U

Bueno, niños, ahí tienen la historia de cómo empezó la Primera Guerra Mundial y cómo y por qué cada uno de los países que entró al conflicto decidió o se vio obligado a hacerlo.


Aunque hay otras teorías al respecto...


No mames, y todo eso porque mataron a Franz. ¿Y quién ganó la guerra?

Están bromeando, ¿verdad? (-.-) Se ve que de verdad no prestaron atención en sus clases de historia, pero bueno, seguro su maestro no era tan genial como yo. Ok, el punto de este post no era explicar toda la Primera Guerra Mundial, sino sus orígenes, así que explicaré esto de la manera más breve y sencilla.

La primera etapa de la guerra fue una catástrofe para todos. Los ejércitos eran demasiado grandes y las armas eran demasiado destructivas. Los altos mandos no tenían idea de cómo hacer las cosas en las nuevas condiciones y creían que todavía se podía hacer la guerra a la antigua, con grandes ejércitos encontrándose de frente y en campo abierto. Para que tengan una idea, los oficiales prusianos aún defendían el uso de la caballería y el sable como lo propio de la gente bien, y los franceses insistían en que como caballeros que eran no podían renunciar a usar sus uniformes de colores brillantes y bonitos para vestirse camuflados como bandidos; y todos consideraban que la defensa era para nenas, que lo honorable era jugar a la ofensiva y que el valor y la fuerza de voluntad de los soldados podría superar cualquier armamento por moderno que fuera. 


Fail

Pero esas ideas demostraron ser arcaicas en una época en la que se podían disparar cañones capaces de reducir un poblado a escombros sin que los artilleros siquiera tuvieran a la vista el objetivo, o en la que dos tipines con ametralladoras podían detener el avance de una división completa. Las muertes se podían dar por miles durante un solo día, y a veces por decenas de miles (haciendo un promedio, murieron más de seis mil personas cada día entre 1914 y 1918). 

Los países beligerantes se dieron cuenta de que no se podían seguir haciendo las cosas como en tiempos de Napoleón. La guerra se estancó, con cada bando en sus trincheras y fortificaciones, incapaz de lograr avances contra el otro bando. De pronto a algún oficial atolondrado se le ocurría planear alguna ofensiva, que invariablemente resultaba en miles de bajas e incluso si tenía éxito las posiciones ganadas eran insignificantes. Estancamiento por un lado, escalada por el otro, pues con el afán de romper ese equilibrio de poder, las potencias probaban armas cada más destructivas: tanques, aeroplanos, gas venenoso, cañones más y más grandes... Las muertes se acumulaban y la guerra no parecía tener un final próximo.



Pero conforme fue pasando el tiempo, las Potencias Centrales empezaron a declinar. Austria-Hungría y Turquía simplemente eran muy inferiores a los demás (aunque Turquía al principio se defendió muy bien de las invasiones aliadas) y si Alemania pudo haber tenido una ventaja al principio (sus ejércitos eran formidables) con una guerra de desgaste a la larga tenía las de perder, pues mientras que Francia e Inglaterra podían recibir continuamente tropas y recursos de sus posesiones coloniales, Alemania se encontraba prácticamente aislada del mundo en el centro de Europa.

Bélgica, Serbia y Rumania fueron invadidas y aplastadas por las Potencias Centrales. En 1917 Rusia vivió su mundialmente famosa y controvertida Revolución, que la dejó fuera de la jugada a finales de ese mismo año. Las tropas gringas llegaron a Europa en enero de 1918 y eso fue un graaan paro para los Aliados. Durante los últimos meses de ese año las Potencias Centrales fueron derrotadas una a una. Bulgaria se rindió en septiembre; el Imperio Turco Otomano, que enfrentó además una rebelión árabe incitada por los Aliados, colgó la toalla en octubre (y se desintegró); el Imperio Austro-Húngaro también enfrentó las rebeliones de sus múltiples nacionalidades y revoluciones contra la monarquía y se rindió en noviembre (y se desintegró). Más tarde ese mismo mes Alemania enfrentó su propia revolución que obligó al Kaiser a abdicar y proclamó una república, la cual firmó el armisticio con los Aliados.

Y así terminó la Primera Guerra Mundial. Nueve millones de muertos, imperios desmoronados, nuevos países, crisis económica, deseo de venganza y comunistas por todas partes fueron algunas de sus consecuencias. Pero ésa, como dicen, es otra historia...



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