viernes, 19 de diciembre de 2014

La Guerra Mundial de George Griffith



Hola, personas. Estos días quiero volver a uno de los temas más importantes del año: la Primera Guerra Mundial. Como sabrán, este 2014 se conmemora el centenario del inicio del conflicto bélico más grande hasta entonces, y he publicado algunas entradas al respecto, a partir de ésta. Pero esta ocasión será especial, ya que en vez de hablarles de la guerra en sí, les voy a platicar de uno de los temas favoritos de este blog: la ciencia ficción. Vamos a revisar una de las obras de ciencia ficción que predijeron la Primera Guerra Mundial... más o menos.

Verán, la segunda mitad del siglo XIX fue fecunda en lo que hoy llamamos ciencia ficción y que en ese entonces se conocía como scientific romance. Seguramente conocen las obras de Julio Verne y de H.G. Wells, aunque sea de oídas, pero hubo muchos otros autores que se adentraron al terreno de la literatura especulativa. Viajes espaciales, máquinas imposibles y sociedades utópicas son algunos de los temas más recurrentes que diversos escritores trataron en las páginas de libros, revistas y antologías. 

Entre la mitad del siglo XIX y el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, el mundo se encontraba viviendo la segunda etapa de la Revolución Industrial, cuyo epicentro era Gran Bretaña, el mayor imperio del mundo. Europa se encontraba en el pináculo de su evolución social y material, el progreso era la piedra angular de la ideología dominante y parecían no existir límites a las maravillas y avances que la ciencia y la tecnología tenían que ofrecer todos los años. Además, ninguna guerra a gran escala se había dado en Europa desde la derrota de Napoleón, y las únicas dos guerras importantes (la de Crimea de 1853-1856 y la Franco-Prusiana de 1870-1871) fueron relativamente breves. En este contexto existía un sentimiento de optimismo sobre el futuro, en que la ciencia y la tecnología acabarían poco a poco con todos los males de la humanidad.



Así llega nuestro personaje de hoy, George Griffith (1857-1906), un prolífico escritor británico de scientific romance. Entre 1893 y 1894 publicó un par de novelas, Angel of the Revolution y su secuela Syren of the Skies. Déjenme contarles brevemente de qué va la cosa:

Richard Arnold, un joven y brillante científico inglés descubre el principio que permitirá volar a los objetos más pesados que el aire, lo que haría posible la construcción de vehículos aéreos. Quien tuviera el acceso a tal tecnología tendría una enorme ventaja sobre todas las naciones de la Tierra. Nuestro héroe, que ha dedicado los últimos años en desarrollar esta tecnología, se encuentra en la calle sin un centavo. Por pura casualidad es hallado y reclutado por un agente de la Brotherhood of Freedom (o Hermandad de la Libertad, pero en español sueña feo por la rima interna), una sociedad secreta de -chequen esto- socialistas, nihilistas y anarquistas de todo el mundo civilizado, que se han propuesto a derribar el orden existente para reemplazarlo por uno más justo.

Su peor enemigo, por supuesto, es la horrible tiranía del Zar de Rusia. El líder de la Hermandad es Natas, un sabio judío que sufrió terriblemente y perdió a su esposa a manos del régimen zarista. Mutilado y confinado a una silla de ruedas, Natas ha desarrollado impresionantes habilidades mesméricas e hipnóticas (lo que hoy llamaríamos "poderes psíquicos"). Su hija, la hermosa Natasha, una mujer fuerte, inteligente y valiente, funge como su mano derecha y es llamada por eso "el Ángel de la Revolución" (de ahí el título del libro).

Pero mientras la Hermandad prepara su gloriosa revolución gracias a las máquinas voladoras de Arnold, las situación se pone calamitosa con la sombra de una ¡guerra mundial! El Zar, en una pérfida coalición con Francia, ha lanzado una ofensiva contra la Alianza Anglo-Teutónica (Inglaterra, Alemania y Austria), que tiene todas las posibilidades de resultar en una victoria para el absolutismo, pues los rusos han desarrollado sus propias máquinas voladoras: unos buques de guerra suspendidos en el aire mediante globos, desde los que bombardean a sus indefensos enemigos.

La Hermandad decide permanecer al margen del conflicto, esperando a intervenir sólo en el momento preciso, para que después de la guerra un nuevo orden pueda surgir de las cenizas. Todo lo anterior, además, sirve de telón de fondo para el romance entre la valerosa Nastasha y el tímido Arnold.

¿Suena bien, no? ¿Cómo es posible que una obra de ciencia ficción, aventura, guerra y geopolítica no haya alcanzado la fama? ¿Cómo es posible que Griffith, contemporáneo de HG Wells, no tenga un estatus similar en la historia de la literatura? Bueno, pues porque una cosa es tener una idea fabulosa para un libro y otra es ejecutarla. La trama puede sonar padrísima, pero Griffith no era muy buen escritor y el resultado es una novela mucho menos interesante de lo que podría parecer. Griffith es un narrador mediocre, sin intuición del ritmo o de la intriga, y para ser sinceros, la obra resulta bastante aburrida.



De hecho, lo más interesante de esos libros (además de lo curiosa que resulta como pieza de retrofuturismo) es la forma en la que refleja el contexto de su época, y es eso de lo que voy a tratar en esta entrada. Como habíamos visto cuando estudiamos las causas de la Primera Guerra Mundial, la idea de que un conflicto generalizado era inevitable se encontraba firmemente asentada en el imaginario colectivo europeo. Sólo que, curiosamente, nadie se imaginaba en realidad cómo llegaría a ser esa confrontación. 

Por ejemplo, habrán notado que en la novela de Griffith las alianzas que se enfrentaban era Gran Bretaña, Alemania y Austria contra Rusia y Francia. Cuando la Primera Guerra Mundial estalló, los bandos eran Alemania y Austria contra Gran Bretaña, Rusia y Francia. ¡Griffith puso a su propio país en el bando equivocado! Pero esto no es culpa suya, pues en 1893 la mayoría de los británicos creía que, en caso de guerra total, ellos estarían aliados con los alemanes. Verán, Francia había sido el enemigo de Gran Bretaña por siglos, y no parecía haber razones para pensar que esa rivalidad terminaría pronto. Por su parte, Rusia había sido su enemigo en la reciente Guerra de Crimea, y había graves tensiones entre ambos imperios por las fronteras de la India con Afganistán (la tensión llegaría a su punto máximo en 1904, cuando un buque de guerra ruso hundió un barco pesquero inglés).

Además, el régimen zarista era visto en Europa occidental como una vergüenza, un atavismo de tiempos feudales que no tenía cabida en el mundo civilizado. Esto último quedaba reflejado en diversas expresiones de la cultura popular tanto en Europa como en Estados Unidos, lo cual resulta muy curioso, porque después de la Revolución Rusa, cuando el bolchevismo se convirtió en el nuevo villano favorito, la Rusia zarista sería romantizado en la cultura mediática de Occidente, hasta llegar a presentarla como una perdida era dorada.

Por otra parte, hasta ya comenzado el siglo XX, Alemania y Gran Bretaña tenían buenas relaciones políticas (el Káiser era nieto de la reina Victoria) y aún mejores relaciones comerciales (cada uno era el mayor socio comercial del otro). Además, estaba el mito ideológico de la "raza": alemanes e ingleses (y austriacos) pertenecían a la raza germánica, distinta y superior a las razas latina y eslava. Esta racismo está presente en la obra de Griffith, en que llama a la anglosajona "la raza que domina", cuyo destino es precisamente gobernar el mundo.

De hecho, Griffith no era ni de lejos el único en especular a través de la literatura sobre el inminente conflicto total entre potencias. William Le Queux escribió The Great War in England 1897 (publicada en 1894), en la que pronostica una invasión a Inglaterra por parte de Francia y Rusia. Como muestra del panorama de temores cambiantes, Le Queux publicó en 1906 otra obra de invasión titulada The Invasion of 1910, sólo que esta vez era Alemania la que atacaba Inglaterra. Esta paranoia, que recuerda un poco a los temores americanos de una invasión comunista en tiempos de la Guerra Fría, produjo entre 1870 y 1914 una plétora de novelas y cuentos en los que las Islas Británicas se veían asoladas por enemigos del continente.



Griffith plasma las ideas que sus contemporáneos tenían no sólo sobre la guerra venidera, sino sobre lo que esa guerra significaría para Europa. El conflicto total era visto como un fuego purificador que acabaría con la decadencia de una sociedad aburguesada y comodina. La paz, como se concebía en esa época, llegaría con la destrucción definitiva del enemigo, en este caso el absolutismo zarista (y en la propaganda de la Gran Guerra, la autocracia alemana). Una vez derrotado ese enemigo, no habría ningún obstáculo para lograr un mundo de progreso y sin guerras. La unión de las naciones se daría cuando todas ellas fueran conquistadas (violentamente) por las fuerzas del Bien y obligadas (mediante la fuerza) a seguir los preceptos adecuados. Ingenuos, no se daban cuenta de que con esa filosofía siempre habría un enemigo por combatir.

Otra de las ingenuidades de la época que Griffith comparte fielmente es su optimismo por la tecnología y su papel en la guerra. Como otros pensadores, Girffith creía que si la tecnología bélica llegaba a tal punto de ser completamente devastadora, la guerra se haría imposible. Así, al poseer las naves voladoras, la Hermandad no tendría enemigos a los cuales temer y podrían llevar a cabo sus planes reformadores. Eso es, claro, porque "los buenos" serían los que tuvieran el acceso a esa tecnología, porque ellos nunca abusarían de ella, sino que usarían su poder para impartir justicia.

Me permito una ligera digresión para señalar que estas mismas ideas son reiteradas por Griffith en A Honeymoon in Space (1901, y de la que ya habíamos hablado aquí). En ella también se perfila el estallido de una guerra entre las razas germánicas y una malvada alianza franco-rusa. En esta historia, la guerra es evitada cuando un científico crea una máquina voladora (esta vez con antigravedad). Cuando los anglosajones obtienen esta máquina, los franceses y rusos desisten de sus nefarios planes, y de hecho la guerra queda obsoleta, pues nadie podría oponerse a una máquina tan terrible. Claro, los británicos no la usarían para nada malo como el colonialismo o para borrar de la faz de la tierra a sus enemigos franceses porque, lads and lassies, ellos sí son los Buenos.

El etnocentrismo de Griffith alcanza niveles ridículos en A Honeymoon in space cuando nuestros héroes llegan en su máquina antigravedad a Marte, donde los habitantes ¡hablan inglés! ¿Cómo? Pues porque los marcianos son una civilización perfectamente racional, y el inglés es la lengua más perfectamente racional que puede existir o existirá, de forma que es natural que ellos la hayan desarrollado.



Volviendo a lo nuestro, hay también algunos interesantes pasajes de comentario social y político en Angel of the Revolution. Son superficiales, por supuesto, dado que ésta se trataba principalmente de una novela de aventuras.  Griffith se ocupa poco de analizar lo que está tan mal con la sociedad de su tiempo, y aunque los integrantes de su Hermandad puedan llamarse socialistas y anarquistas, lo cierto es que el autor casi nunca expone esas ideas. Sí lo hace en algunas ocasiones, bastante significativas, como en el caso de su objetivo explícito de destruir por completo el orden social establecido para establecer uno nuevo, en el que no existan Estados, ni gobernantes, ni guerras:

La era de los estados y los imperios, y de la consecuente lealtad a soberanos, ha terminado. La historia de las naciones es una de intrigas, conflictos y baños de sangre, y estamos determinados a ponerle fin a la guerra de una vez por todas.

Otro de los pasajes interesantes es en el que se relata la historia de Natas, el líder de la Hermandad. Su caso retrata los muy reales horrores del antisemitismo en Europa, y en particular en Rusia. Otro episodio, y quizá el más visionario, es una breve semblanza de la evolución política de Estados Unidos, que suena perturbadoramente actual:

El gobierno representativo en América era para ese entonces una farsa. La maquinaria política y los recursos internos de los Estados Unidos estaba ahora a disposición de un Círculo de Capitalistas quienes, a través de los grandes monopolios que controlaban y las enormes sumas de dinero que poseían, tenían al país en sus manos. Estos hombres carecían totalmente de sentimientos humanitarios o conciencia pública. Se habían enriquecido gracias a su desdén por cualquier principio de justicia o misericordia, y no tenían otro objetivo en la vida que el de incrementar sus ya de por sí gigantescas fortunas y multiplicar los enormes poderes que ya ejercían. 

Este panorama de unos Estados Unidos dominados por el capital es quizá el párrafo más crítico que Griffith se permite incluir en su novela. Casi todo lo demás son puras aventuras y batallas, pero como dije, no muy bien narradas. Por cierto, todo lo anterior se refiere a Angel of the Revolution. No les he hablado de The Syren of the Skies porque éste es un libro aún más aburrido y menos interesante.

Se sitúa 100 años después de la revolución narrada en la primera parte. El mundo occidental vive en paz y armonía, organizado en una Federación, que controlan los descendientes de la Hermandad (que son venerados casi como semidioses) gracias a las máquinas voladoras cuyo secreto sólo ellos conocen. Pero la última descendiente del zar Alejandro de Rusia, que ha vivido en secreto por años, se infiltra entre la Hermandad, logra seducir a uno de sus líderes y roba el secreto del vuelo. Después se alía con el sultán de Egipto para formar un nuevo Califato e inicia una guerra total contra la Federación. Mientras tanto, un cometa mortal se acerca a la Tierra... En fin, una historia sin pies ni cabeza y todavía más sosa que la anterior.



No me puedo resistir a comparar a George Griffith con HG Wells (de cuyas obras les he hablado aquí). Me llama la atención que habiendo sido contemporáneos (Wells apenas era 10 años más joven), pertenecido a la misma clase social, dedicado al mismo subgénero literario, y tenido los mismos intereses por la ciencia y la tecnología y cómo éstas podrían afectar la vida humana, haya una diferencia tan enorme en cuanto a la calidad de sus trabajos. Heliograph, la editorial que rescató las obras de Griffith para volverlas a publicar, dice que la falta de popularidad de este escritor se debe a sus ideas socialistas. Pero lo dudo mucho: Wells también era socialista, y sus ideas feministas y anticolonialistas lo hacían mucho más radical que Griffith, quien en sus obras justificaba el colonialismo y defendía los roles tradicionales para las mujeres.

Pienso en esa vieja postura igualitaria de que no existen los genios, sino simplemente hombres y mujeres que son los productos de sus tiempos, sociedades y experiencias. Pues Wells y Griffith vivieron en la misma época, en la misma sociedad y tuvieron experiencias de vida similares. Sin embargo, Wells dejó una obra extraordinaria y Griffith apenas sobrevive como curiosidad para los fans del retrofuturismo y el steampunk. Creo que esto sólo se puede explicar por el genio del primero. Para captar los prejuicios, estereotipos, temores y anhelos de una época se necesita a un escritor perspicaz. Pero son los verdaderos genios los que ven más allá de lo que sus contemporáneos alcanzan a vislumbrar.




Una cosa más antes de irnos. Resulta que Heliograph revivió a Griffith como parte de un plan de crear una biblioteca que sirva de referencia a un juego de rol steampunk que ellos publican, y que se titula Forgotten Futures. Como parte de su estrategia mercadotécnica, llamaron a las dos novelas Tsar Wars (o sea, "las guerras del Zar"), e hicieron énfasis en sus más bien rebuscadas similitudes con la saga fílmica de George Lucas, para presentar la obra de su tocayo Griffith como si se tratara de una especie de Star Wars decimonómico. No lo es.

PD: Las imágenes son de Fred T. Jane y son las que acompañaron los textos de Griffith en sus publicaciones originales.

jueves, 11 de diciembre de 2014

#YaMeCansé: Todo lo que tengo que decir sobre Ayotzinapa y la actual crisis de México



El pasado mes de septiembre 43 estudiantes de la escuela normal rural de Ayotzinpa fueron desaparecidos por la policía municipal por órdenes del alcalde de Iguala, Guerrero. Este suceso ha despertado una ola de indignación por todo el país, desencadenado una serie de protestas masivas, puesto a México en la mirada internacional y hecho tambalearse al gobierno de Enrique Peña Nieto. Incipientes movimientos se están organizando a raíz de estos acontecimientos, mientras que intentsos debates se dan en los medios de comunicación y las redes sociales.

Los hechos ya son (o deberían ser) bien conocidos por todos y no es necesario repasarlos. El propósito de esta entrada es clarificar. Con ella pretendo por un lado defender la necesidad y justicia de la protesta y la indignación que la mueven, frente a acusaciones y críticas falaces y mañosas, y por el otro quiero ayudar a desterrar ideas turbias y dañinas del discurso de los movimientos de protesta. Vamos tema por tema; en cada apartado les dejo también enlaces a textos para informarse y reflexionar.

[Nota preliminar: esta entrada es LAAARGA, preparé una versión PDF para que les sea más cómoda. Pueden descargarla aquí.]

No es sólo Ayotzinapa




Éste es quizá el punto más importante que deberían entender los críticos del movimiento. No se protesta sólo por Ayotzinapa, ni sólo por los estudiantes desaparecidos y muy probablemente asesinados. La rabia es contra la inseguridad, la impunidad, la corrupción del gobierno; es contra los juegos de poder de la partidocracia que hace y deshace sin tener en cuenta a los ciudadanos a los que supuestamente representa; es contra la forma de operar de los agentes de la ley que violan los derechos humanos.

Ayotzinapa fue simplemente un detonante, un catalizador, fue "la gota que dearramó el vaso". En 2010 el joven tunecino Mohamed Bouazizi, agobiado por la desesperanza tras que el Estado le quitara su medio de subsistencia (una carreta de frutas), se prendió fuego frente a un edificio de gobierno. En cuestión de unos meses un movimiento popular masivo había tomado las calles de Túnez y derrocado al dictador Zine El Abidine Ben Alí. Pero este movimiento no se dio por Mohamed Bouazizi; su inmolación fue sólo el evento desencadenador; años de inconformidad y frustraciones estaban detrás, justo como ahora sucede en México.




Ayotzinapa es una muestra, un ejemplo de la situación en la que el país se encuentra: una crisis de derechos humanos y gobernabilidad. Veamos sólo algunos ejemplos, que pueden leer ampliados, con datos y fuentes incluidos, en mis entradas Mientras tanto, en MéxicoIndígnate, México:

  • En cuanto a economía, el país no crece. Los pronósticos de crecimiento económico se van ajustando cada año, y cada vez se promete menos. México es el único país de América Latina en el que la pobreza ha crecido, mientras que los jóvenes se ven orillados al desempleo o el subempleo.
  • La violencia y la inseguridad son terribles azotes para la sociedad mexicana: asesinatos, desapariciones forzadas, secuestros, extorsión, instancias de gobierno infiltradas por el crimen organizado... Más del 90% de los delitos en México quedan impunes.
  • Ayotzinapa no es la única matanza reciente; están la de Tlatlaya en el Estado de México y la de Allende en Coahuila, y todo Guerrero está sembrado de fosas clandestinas. Las noticias diarias son como historias de terror.


  • Los casos de corrupción, nepotismo y abuso de poder por parte de los gobernantes quedan impunes, pues entre ellos se protegen. Desde la red de explotación sexual de Cuauhtémoc Gutiérrez hasta la "casa blanca" de Peña Nieto, los escándalos de corrupción ocupan un tiempo en los medios y luego se olvidan bajo el tapete.
  • Muchas mujeres jóvenes están desaparecidas, secuestradas para el tráfico de esclavas sexuales. La violencia sexual y de género está normalizada en el país y las autoridades no la persiguen. En equidad de género, México está peor que países del Medio Oriente.
  • Desde el poder se promueven leyes para permitir la censura gubernamental en Internet, limitar la libertad de expresión, restringir el derecho a la protesta pública y militarizar la policía como aparato represor.



Cuando decimos #YaMeCansé, es que nos hemos hartado de todo lo anterior y, en un clima así, movilizarse y organizarse a raíz de Ayotzinapa no es solamente un acto de solidaridad, sino de supervivencia: cualquiera de nosotros puede ser la próxima víctima de un delito que quede impune, o de un acto de corrupción o de violencia arbitraria por parte de las autoridades.

Entonces, ¿Por qué Ayotzinapa y no algún otro caso antes? Quién sabe. Quizá porque el descontento había llegado a tal grado que ya no se iba a tolerar nada más. Quizá por las mismas características del caso, en que el gobierno coludido por el narco fue tan obvia y descaradamente el culpable. Quizá porque las víctimas eran jóvenes y estudiantes, pero también eran de origen humilde y campesino, naciendo así una causa en común con la que podían identificarse tanto las personas del campo como las de la ciudad. El caso es que éste es el momento para movilizarse.





Para leer más:

43 claves para entender el caso Ayotzinapa
Cronología del caso Ayotzinapa
Cuarenta y tres
Ten Things Everyone Should Know About Violence in Mexico


Es un movimiento muy diverso




Ni siquiera puede hablarse de UN movimiento, aunque en esta entrada use el término para simplificar. Obviamente, hay toda clase de personas en este asunto, algunas más lúcidas y mejor enteradas que otras. Habra gente que tendrá causas, ideales y objetivos en común, otros complementarios, otros paralelos pero no excluyentes y otros contradictorios. Claro está, que se si ponen a buscar tarugos o gente incoherente o chairos que nada más gritan sin entender de qué hablan, los van a encontrar, así como podrán encontrar fulanos de calidad cuestionable y gente que sólo está cagando la banana.

Pero que haya individuos menos espabilados que otros no deslegitima las exigencias del movimiento, ni alcanza a invalidar las razones del descontento popular. ¿Que Sandino es un vagales bueno para nada? Es muy su problema. ¿Algún chairo puso un comentario estúpido en el que demuestra que no entiende de lo que habla? Hay miles de esos por todas partes, en todo Internet, en todas las ideologías y apoyando todas las causas. Y sí, las críticas hacia ellos son válidas, pero no crean que con eso ya comprobaron que el movimiento está mal. Se trata de un discurso tramposo y malicioso que responde al afán de escrutinar el movimiento en busca de cualquier paja en el ojo, de cualquier imperfección o contradicción, con el objetivo de invalidarlo por completo. 

Dado que no se trata sólo de Ayotzinapa, diversos grupos se han unido a la agitación social persiguiendo cada uno sus propias metas, haciendo sus propios reclamos. Ahí están el SME y la CNTE, aprovechando el descontento generalizado contra el gobierno para impulsar sus propias agendas. Ahí está la organización campesina que marchó con 43 tractores exigiendo justicia por Ayotzinapa, pero también haciendo demandas relacionadas con su propio movimiento campesino. También diferentes formas de lucha: no será lo mismo las marchas de (principalmente) jóvenes estudiantes en el DF que han sido (mayoritariamente) pacíficas, que la acción directa de grupos de protesta en Guerrero que han tomado o destruido edificios de gobierno. No faltarán los actores políticos que traten de jalar agua para su molino, o los que sólo aprovechan el desmadre para robar o divertirse.

Estos grupos actúan de forma independiente unos de otros y cada caso merece ser analizado por separado, considerando sus características y su contexto, y no simplemente juzgando los reclamos de un grupo por las acciones de otros. O sea, no es como si los estudiantes en el DF se hubiesen puesto de acuerdo con los insurrectos de Guerrero "mientras aquí marchamos pacíficamente, allá ustedes saquean tiendas, ¿va?"

Dada la enorme diversidad de movimientos, con sus diferentes motivos, métodos y objetivos, con sus variadas formas de entender la situación actual, en esta entrada trataré siempre de presentar la interpretación que a mí me parece más razonable y la que yo apoyo, pero eso no significa (nunca significa) que yo hable a nombre de todos. Habrá quien lo entienda de otra forma y quien opine justamente lo contrario.


Los normalistas




Los normalistas de la escuela de Ayptzinapa robaban camiones y mercancías, secuestraban choferes, tomaban casetas o instalaban retenes ilegales para pedir "cooperación" a los transeúntes. Todo esto se hacía con la justificación de que el gobierno federal no cumplía con proporcionar a la escuela los fondos necesarios. La narrativa que los presenta como los abnegados mártires que se estaban preparando para dedicar su vida a la difícil tarea de educar a los niños pobres del campo es, si no falsa, por lo menos incompleta. Poco ayuda a la causa la canonización de estos jóvenes, en primer lugar porque es fácilmente desmentible, y en segundo porque finalmente no se trata sólo de ellos.

Pero la narrativa opuesta, que presenta a los normalistas como simples vándalos y criminales no sólo es igualmente incompleta sino que es descaradamente perversa. Se enfoca en las acciones delictivas de los normalistas y en el fondo subyace la idea de que "ellos se lo merecían" o que por lo menos "se lo buscaron", y que de cualquier forma no son dignos que todo este movimiento se realice por ellos.

No falta el listillo que maliciosamente cuestiona porqué nunca se hizo un movimiento por el empleado de gasolina que murió en una explosión en 2009, o por los camioneros secuestrados por los normalistas. A estos obtusos individuos hay que recordarles que:

1. El descontento y la inconformidad no es sólo por Ayotzinapa, sino por la situación del país (ver el primer apartado).

2. La situación en Ayotzinapa es también responsabilidad de las autoridades, que no saben perseguir el delito en un marco de legalidad, sino que sólo actúan brutalmente para amedrentar cuando sus intereses se ven amenazados. Si alguien comete un delito, se le debe detener y juzgar conforme a derecho. El gobierno había permitido que (algunos de) los normalistas llevasen a cabo ese tipo de acciones sin jamás detenerlos ni mover un dedo para proteger a sus víctimas. En cambio, cuando dichas acciones empezaron a perjudicar directamente al gobierno local, éste recurrió a un crimen inconmesurablemente más horroroso que cualquier cosa que esos estudiantes hubieran podido cometer jamás.

3. Contexto, personas: contexto. Los métodos de lucha que tienen que tomarse en una ciudad en la que existe cierta participación ciudadana, una clase media politizada, diversas organizaciones civiles, oposición política al gobierno y medios de comunicación atentos, serán necesariamente diferentes a los que se deben tomar en el campo o en pueblos pequeños, donde hay caciquismo, aislamiento, dictaduras de partido, familias oligarcas, células criminales y grupos paramilitares. Las acciones de los normalistas de Ayotzinapa podrán estar equivocadas, en cuanto a que dañan a terceros que no son los culpables de su situación (y eso no es justificable), pero responden al contexto en que ellos viven, y que nosotros desde la comodidad de nuestras casitas de clase media urbana apenas y podemos empezar a entender.

Pues sí, de seguro habrá quienes se guían por principios radicales y violentos, o quienes sólo quieran robar y hacer desmadre, o quienes ven su tiempo en la Normal de Ayotzinapa como un trampolín para hacer carrera en la política sindical. Pero leyendo sobre estos jóvenes, sobre sus vidas, sobre sus ideas, uno puede ver que, por lo menos algunos de ellos, de verdad están ahí estudiando para convertirse en maestros para cambiar la situación en la que viven, ya sea a nivel personal -ser maestro es prácticamente la única opción que tiene el hijo de un campesino para salir de la pobreza- o social -de verdad creen en la educación como una herramienta para transformar el mundo.

Los normalistas de Ayotzinapa podrán no ser héroes ni mártires inmaculados, pero en lo personal se han ganado mi simpatía y mi apoyo. Tú no tienes que compartir este sentimiento, desde luego, pero si vas a hacer un juicio, que sea conociendo la complejidad del asunto y no sólo basándote en tus preconceptos.




Para leer más:

Así vivían los normalistas desaparecidos.
Por qué vivir como normalista... Por qué morir como normalista.


Vivos se los llevaron, vivos los queremos




A estas alturas, esperar que regresen vivos a los muchachos es ingenuo. Los padres "saben en su corazón" que sus hijos están vivos, y si mi hijo estuviera perdido tampoco lo daría por muerto hasta tener la oportunidad de llorar sobre su cuerpo sin vida. Pero siendo objetivos, esperar su regreso no es lo más sensato. Han pasado más de dos meses, y ningún grupo criminal tendría motivos para mantenerlos vivos por más tiempo; para los secuestradores es más simple matarlos.

Se pone peor cuando entran las interpretaciones conspiranoicas y se llega al extremo de asegurar que el gobierno federal sabe que están vivos y dónde se encuentran (incluso que el gobierno federal los tiene), una aseveración que no tiene sentido ni más lógica que la de achacarle al gobierno peñista la autoría directa de todos los males del país.

¿Qué es entonces lo que se reclama con el "vivos los queremos"? Desde mi punto de vista el reclamo puede ser válido si al hacerlo se tienen en cuenta algunos puntos. La frase no nació con Ayotzinapa; se viene expresando desde tiempos de Calderón, cuando los secuestros y las desapariciones forzadas se convirtieron en un flagelo que destruía miles de vidas al año en todo el país. Decimos que "vivos los queremos" no sólo por los normalistas sino por todas las personas que han desaparecido desde que empezó la desquiciada guerra contra el narco. Repetir la frase significa recordar al gobierno que no ha estado cumpliendo con su función básica de garantizar la vida, seguridad y libertad de sus ciudadanos, es recordarles su negligencia y su fracaso.

También significa solidarizarse con el dolor de los familiares de las víctimas; aunque no haya esperanzas de encontrarlos a todos vivos, es un reclamo que no debe dejar de hacerse, un grito que no debe dejar de tener eco. Además, los padres tienen el derecho de que los restos de sus hijos sean identificados más allá de toda duda y les sean entregados. Finalmente, es una forma de decir que no vamos a "superar" este asunto hasta que se esclarezcan los hechos y haya justicia.


Fue el Estado




Esta frase se ha repetido en múltiples ocasiones y ha sido entendida mal tanto al interior del movimiento, como por parte de sus críticos. Por "fue el Estado" no debe entenderse que el gobierno de Peña Nieto fuera directamente responsable de la desaparición de los 43 estudiantes. Algunos de los que protestan deben quitarse tal idea conspiratoria de la cabeza. Quienes critican a los manifestantes, deben entender que no estamos diciendo que Peña Nieto haya mandado a matar a los normalistas.

A nivel local, sin lugar a dudas fue un crimen de Estado: ordenado por un alcalde (José Luis Abarca) en sus funciones de alcalde, y ejecutado por la policía en sus funciones de policía. Que Iguala no es "el Estado", dicen, y vaya que es una respuesta estúpida. Es parte del Estado mexicano, y el crimen fue ordenado y perpetrado desde ahí. Alguien dice "pues no por cualquier miembro de gobierno que cometa un delito ya va a ser crimen de Estado", y pos no, pero no se trató de individuos violando alguna ley como individuos, sino de un crimen cometido con el aparato de poder estatal. No hay vuelta de hoja.

En segundo lugar, el ahora depuesto gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, y su partido el PRD (y hasta cierto punto, el mismo AMLO), tienen responsabilidad por no saber, o no haber querido saber, que Abarca tenía fuertes nexos con el crimen organizado, por haber apoyado su candidatura y por haberlo dejado escapar después de que el incidente se hiciera conocido.

La responsabilidad del gobierno federal es más indirecta, pero no por ello menos real. Es su responsabilidad haber desatendido los problemas de inseguridad, corrupción e impunidad del país, queriendo minimizarlos mientras promocionaban su Mexican moment. Su manejo inmediato del asunto fue tardío, torpe y negligente; de no ser por la presión popular ni si quiera le hubiera prestado atención. Pero sobre todo, se sabe que la policía federal y el ejército estuvieron presentes en el lugar de los hechos y no hicieron nada por ayudar a los estudiantes cuando estaban siendo secuestrados. ACTUALIZACIÓN: Nuevas investigaciones apuntan a que la policía federal no sólo estuvo presente, sino que participó activamente en el secuestro de los normalistas, y que el ejército estaba bien informado al respecto y dejó que todo pasara (leer aquí). 

Y no, no son sólo los chairos revoltosos que no entienden de lo que hablan los que lo califican de crimen de Estado: Amnistía Internacional y el Alto Comisionado para Derechos Humanos de la ONU lo califican así. Pueden leer el por qué en los enlaces que les puse más abajo:





Para leer más:

¿Fue el Estado?
Fue el Estado
Iguala: por qué fue el Estado
Para hablar de "crimen de Estado"

Renuncia, Peña




Ya acordamos que ni Enrique Peña Nieto ni su gobierno son directamente responsables de la tragedia de Ayotzinapa, más que de forma indirecta. ¿Por qué, entonces, se pide su renuncia? Es importante aclarar las cosas.

Primero, recordemos que esto no se trata sólo de Ayotzinapa. El gobierno de Peña Nieto sí que tiene la culpa de no haber sabido, o no haber querido, solucionar los problemas de inseguridad, violencia, corrupción e impunidad del país. Muchas cosas andan mal en el país desde que Peña está en el poder; muchas de ellas, es cierto, por la herencia del pelele de Calderón, pero tampoco esos asuntos los ha resuelto ni dado muestras de querer hacerlo. Por último, y si lo anterior no los convence, está el asunto de la "casa blanca", como muestra de la política corrupta basada en el tráfico e influencias y pago de favores que caracteriza el modus operandi del grupo mexiquense al que pertenece Peña. Súmese a eso el descontento que generó el ascenso del priista al poder, con un proceso electoral, por decir lo menos, turbio. Como quiera que se le vea, Peña Nieto no debería ser presidente del país.

Yo no espero que Peña Nieto renuncie, ni creo que de hacerlo solucionaría gran cosa. Firmé una petición de su renuncia más bien para que quedara testimonio del repudio que muchos mexicanos sentimos por ese sujeto. Esto lo entiendo yo, y así lo entienden muchos con los que he platicado o a los que he leído, pero no aseguro que así sea para todos los que están en el movimiento. Es más, ¿para qué hacernos tontos? Sí hay mucha gente que de verdad quiere que Peña renuncie porque piensa que eso sería bueno. 

¿Lo sería? El argumento más común de quienes critican al movimiento es que las disposiciones legales de la República mexicana harían que la renuncia de Peña generara mayores conflictos de los que solucionaría. "Ay, pendejos" dice el fulano complacido en su inteligencia superior "Si renuncia Peña lo que va a pasar es esto: el mismo gobierno elegirá a un sustituto para que termine el sexenio; alguien por el que ninguno de nosotros podrá votar, mientras Peña se va a disfrutar de su retiro en compañía de su Gaviota".



Vaya que son estrechos de miras estos individuos si piensan que la presión popular que puede hacer renunciar a un presidente se quedaría satisfecha con eso y no podría también obligar a que cambien aún más cosas. En el caso poco probable de que renunciara Peña, el movimiento podría seguir presionando y presionando para que se realizaran elecciones presidenciales extraordinarias. Sí, cambiando la ley de forma drástica e inmediata, o llevando a cabo procesos extraordinarios, porque la ley existe para servir a los ciudadanos, no al revés. ¿Creen que un movimiento de tal envergadura se detendría ante tecnicismos legales?

Además, la hipotética renuncia de Peña Nieto sentaría un precedente ENORME de empoderamiento ciudadano capaz de derribar al mismísimo presidente. Todos los demás funcionarios entenderían que ninguno de ellos está a salvo y se verían obligados a tener más cuidado con sus acciones si es que no quieren verse en la misma situación. O podría sentar un antecedente totalmente negativo, unas nuevas reglas de juego en las que, en un futuro, bastaría tener suficientes seguidores en las calles para tumbar un gobierno electo mediante el voto. La democracia electoral se vería derrocada por una dictadura de la calle. Vaya usté a saber.

¿Temen a la inestabilidad? Sí, yo también. Tengo una vida agradable y cómoda. Tengo casa y coche y una bonita biblioteca. Me acuerdo del caso de Egipto, en el que una revolución pacífica en 2011 derrocó a un dictador, pero no por ello trajo la paz y la justicia, sino una inestabilidad que, ahora sí, se ha tornado violenta, en una crisis de la que el país no ha podido emerger.

Pero millones de mexicanos viven ya en la inestabilidad, y nosotros desde la clase media no ganamos mucho con decirles que se estén tranquilos para que no desestabilicen nuestras vidas comodinas. Hay mucha gente que no tiene nada que perder probando a ver qué pasaría si se da un cambio radical en el país. Si tanto temen a la inestabilidad, deberían exigir que se atienda el descontento social, en vez de pedirles a las víctimas de la situación actual que se calmen y actúen como gente decente.




Para leer más:


Protestar no sirve de nada




Bueno, hay que estar comatoso para decir eso a estas alturas. ¿Cómo que no cambia nada? Un alcalde y varios de sus colaboradores fueron arrestados, y un gobernador renunció. ¿Creen que eso habría sucedido sin la presión popular, misma que se manifiesta no sólo en las marchas, sino también en las redes sociales y los medios de comunicación? El gobierno federal ha prometido una serie de reformas y medidas para atacar el problema de la inseguridad y la corrupción. Sí, son medidas insuficientes, pero demuestra que hasta el presidente siente la presión y se ve obligado aunque sea a guardar las apariencias. En semanas recientes también se logró la liberación de los 11 jóvenes detenidos arbitrariamente en la manifestación del 20 de noviembre y la renuncia de Jesús Rodríguez Almeida, el director de la policía del DF, acusado del uso desmedido de la fuerza para reprimir las manifestaciones y de emplear infiltrados para sabotearlas.

Esa misma presión es la que lo llevó a cancelar la licitación del proyecto del tren y presentar su información patrimonial (ahora sí, dicen, completa), así como a hacer que su esposa apareciera en TV "explicando" cómo obtuvo la infame "casa blanca" para después deshacerse de ella. Les repito en caso de que no estén captando la magnitud del asunto: la presión popular obligó al presidente y a la primera dama a rendirnos cuentas, así fuera a regañadientes. ¿Creen que los Peña hicieron eso por pura "bonditud"? ¿Que medio país esté encabronado con él y vigilando cada uno de sus movimientos no tiene algo que ver?



No me digas que protestar no cambia nada. Será que ni te enteras de lo que pasa en tu país y en el mundo, que sólo ves en las noticias las marchas que estorban y a los vándalos que avientan piedras y ni te pasa por la cabeza informarte bien de las consecuencias de todo ello. Pero sí cambia, y mucho.

Otra de las criticas contra este movimiento (y que se dijo en su momento del 15M y del Occupy Wall Street) es que se queja mucho, pero no ofrece propuestas. Es un argumento mañoso, como los otros. Los reclamos no carecen de validez sólo porque la persona que lo emite no tenga las soluciones al problema. Querer supeditar la validez de estas exigencias a la existencia o no de propuestas, es querer reducir la acción de un movimiento social a la lógica del discurso dominante: o hablas en MI idioma con MIS términos, dice el gobierno, o no tengo por qué escucharte. Es otra de las artimañas discursivas que le exigen perfección al movimiento o de lo contrario lo declaran inválido.

En todo caso, el #YaMeCansé no está compuesto solamente por personadas indignadas y apasionadas, aunque desde luego son las más visibles porque son las que conforman las manifestaciones multitudinarias. Pero las acciones no se detienen ahí. A raíz de este movimiento muchas personas se están organizando para llevar a cabo acciones más discretas, pero de efectos más duraderos. Por lo pronto se han creado espacios de reflexión y análisis en el que estudiantes y académicos empiezan a discutir la situación actual del país. De ahí podemos esperar no sólo criticas más puntuales y analíticas (porque las consignas que expresan indignación no son suficientes), así como propuestas para empezar a lograr cambios. Mesas pánel, conferencias, proyecciones de películas, toquines y lectura de poesía son también acciones de este movimiento, aunque no acaparen el espacio noticioso de Televisa, como sí lo hacen los actos vandálicos.





Anarkos, violencia y mame




Ha habido actos de vandalismo en el contexto de las protestas. Desde la quema de edificios gubernamentales en Guerrero hasta la destrucción de propiedad pública y privada en el DF. Eso no puede negarse. Pero, a pesar de la cobertura de los medios afines al gobierno, estos hechos han sido siempre minoritarios y marginales, y han recibido el repudio explícito del grueso de los manifestantes, que en toda ocasión se han expresado a favor de los medios pacíficos para la protesta. Más aún, está comprobadísimo que elementos inflitrados del gobierno han provocado, cometido o incitado a estos actos de vandalismo [ver acá].

Pero también sería ingenuo pensar que todos y cada uno de esos actos vandálicos han sido perpretados exclusivamente por porros infiltrados. Es muy fácil darse cuenta que no: hay muchos en las redes sociales, incluso amig@s mí@s (lo escribo así porque sé que a ell@s les gustaría), que defienden el uso de la violencia como forma legítima de lucha.

Varias veces en este blog he expresado mi rechazo a los métodos violentos de protesta. No soy pacifista radical; creo que hay usos legítimos de la violencia, incluso fuera de la ley. Pero sólo como defensa (propia o de quien no puede defenderse por sí mismo), en contextos en los que de verdad cualquier otra medida sea inviable y cuando de hecho peligren la vida y la libertad de las personas si no se actúa. Sí creo, por ejemplo, en el sabotaje siempre y cuando esté dirigido a las armas y recursos del opresor, y no haya víctimas humanas, y creo que dañar a terceros que no la deben ni tienen por qué temerla, ya sea en sus personas o sus propiedades (quemar sus coches o saquear sus negocios), es algo que no puede justificarse.

El contexto de las guerrillas rurales o las autodefensas de campesinos es muy particular, porque su lucha se da en un ambiente en el que es imposible recurrir a los cauces institucionales y en el que se está defendiendo de una agresión inminente por parte de grupos armados (narcos, paramilitares, etc.) que no podrrían ser disuadidos con marchas y protestas.

No es éste el caso de las ciudades. En ellas, la protesta pacífica no sólo es posible, sino que es la mejor opción en cuanto a que es la que da los mejores resultados (ver apartado anterior). Los defensores de la violencia esgrimen argumentos como que la violencia sistémica es peor, que el pacifismo es una postura comodina de las clases privilegiadas, o que el descontento social es tal que no se puede pedir que la gente se mantenga tranquilita y bien portada todo el tiempo. Y puede ser que tengan razón, pero me parece que una cuestión más importante de si la violencia está moral o ideológicamente justificada: ¿funciona?

Es que en muchas ocasiones la pregunta no es si tengo o no el derecho a hacer algo, sino si es buena idea hacerlo. ¿Cómo contribuyen los actos de destrucción al cambio al que se aspira? ¿Dañan de alguna forma a los poderosos? ¿Traen justicia para las víctimas? Desde mi punto de vista, no. Peor aún: resultan contraproducentes para el movimiento mismo. Le dan material a la prensa vendida para que satanice a los manifestantes como una bola de malvivientes, se ganan el temor y el odio de los ciudadanos neutrales, y le dan pretextos al poder para justificar la represión de todo el movimiento (pacíficos y violentos por igual). Finalmente, hacen que el debate general se desvíe de la que era la causa inicial (violencia de Estado, corrupción, represión) hacia interminables discusiones sobre la violencia misma, creando discordias y disputas internas que pueden acabar por destruir el movimiento. Hay que rechazar las acciones violentas, si no por principios morales, por pragmatismo: recurrir a ellas son mala idea, pues constituyen una estrategia estúpida y contraproducente.


Ejemplo de la peor prensa mexicana

Dicho lo anterior, reitero que tales actos han sido minoritarios y marginales y que no le quitan una pizca de legitimidad a un movimiento que se ha manifestado de forma abrumadoramente mayoritaria a favor de medios y objetivos pacíficos (eso en el DF y en general en México, porque en Guerrero la cosa está que arde). El enfoque de los medios de comunicación en la violencia es desproporcionado en relación a su importancia y magnitud (con excepción de algunos medios críticos, la mayoría en México le dedicó mayor cobertura a la quema de la puerta de Palacio Nacional que a la "casa blanca" de Peña Nieto).

Desviarse de asuntos realmente graves para escandalizarse por los vidrios rotos demuestra una falta de perspicacia que por momentos parece estupidez y por otros parece malicia. Especialmente por parte de personas o medios de comunicación que sólo insisten en eso de "ah, mira qué destructivos son los anarkos, qué horror, qué bárbaros", pero sin jamás dedicar un comentario sobre los problemas realmente graves del país, sin jamás contribuir con algo más inteligente que el rasgarse las vestiduras por algunos chavales atolondrados que difícilmente podrán hacer más daño que incendiar un camión o saquear un Oxxo.

Como he dicho antes, más que horrorizarse por las expresiones poco civiles del descontento social, valdría la pena reflexionar en las causas de ese descontento. Eso es precisamente lo que el gobierno no quiere que hagamos; prefiere que nos indignemos por las puertas quemadas antes de empezar a cuestionarnos el estado de cosas actual y, sobre todo, empezar a pensar en cómo cambiarlo.

Por cierto, paleros del gobierno en medios masivos, ya dejen de usar la expresión "anarquista" tan a la ligera; se ven idiotas. Anarquista no es equivalente a vándalo. ¿Cómo saben que los encapuchados que lanzan molotovazos son anarquistas? ¿Acaso los escucharon citando a Bakunin? ¿Les estuvieron hablando de Proudhon? El anarquismo engloba una amplia gama de filosofías y posturas políticas, y no se reducen a ponerse una capucha y tirar adoquinazos.

Queridos contertulios, mejor lean esto:

En los últimos años han estado surgiendo grupos anarquistas de múltiples colores, sabores y prácticas. Eso es un hecho. Hay anarquistas veganos, queers, feministas, liberacionistas animales, comunitarios, etc. Son pocos, muy pocos, pero son proporcionalmente más numerosos y más visibles que antes.
No todos defienden estrategias de "acción directa" que busquen confrontar a las autoridades en un plano físico pero todos comparten una llamada a cuestionar las formas del espacio público, del Estado -tanto de su legitimidad como de su eficacia y necesidad como instrumento garante de justicia- y de las democracias formales, republicanas y representativas. Comparten, asimismo, un rechazo a las categorías que desde esas visiones estructuran la acción política de la Sociedad Civil. Son antisistémicos por eso mismo. Eso es otro hecho.
No sólo son más que antes sino que, y esto es un tercer hecho, hoy en día hay sin duda un desencanto ante la eficacia de las vías institucionales que ha hecho atractivo para varios sectores el acercarse, al menos discursivamente, a estas propuestas antisistémicas. De entre mis propios conocidos no son pocos los que han radicalizado sus posturas y comienzan a plantearse seriamente un nuevo tipo de estrategia de acción política.
Ante esos hechos resulta intelectualmente estéril condenar la violencia bajo un punto de partida político que el otro ha puesto en duda. El deber de la intelectualidad y la clase política debería ser el preguntarse por qué se están gestando estos grupos, por qué se les ve de formas cada vez más atractivas entre juventudes urbanas que incluso estudian en universidades privadas e incluso tienen estudios de posgrado. Esa pregunta DEBE ser planteada antes de que nos entreguemos a una condenación de sus posturas ya que si hacemos esto último NO vamos a poder comprender cómo se está reconfigurando el campo político y por qué. Si no entendemos eso muy probablemente seamos incapaces de fortalecer el espacio público y las instituciones que se buscan defender al rechazar a la violencia.
En otras palabras, reconocer la postura política del otro en tanto una postura política y no una mera necedad infantil es una condición indispensable para argumentar en favor de una cierta noción del espacio público. Ello no implica ni abanonar nuestra propia posición de tal suerte que minimicemos los riesgos que vemos en esa violencia ni tampoco implica concederles el punto. Lo que se concede es la posición de interlocutor. Y si la posición mayoritaria considera que es capaz de construir por medio de razones y argumentos, entonces no debiera tener miedo a la hora de buscar argumentar en su propia defensa. El riesgo, por supuesto, es que NO logre argumentar de forma cabal por qué se presenta a sí misma como la mejor estrategia. Si eso pasa entonces quiere decir que es la inercia y no la razón la que ha llevado a muchos a aceptar ciertas distinciones. Pero lo más probable es que este escenario no suceda aunque sin duda nos permitirá entender qué pasa. 
Ahora bien, siempre habrá alguien que no sea interpelable y que no sea afectado por la argumentación, pero lo más probable es que una discusión de este tipo tenga como efecto un reacomodo de las preferencias políticas en favor de canales no violentos. Quizás me equivoco. Quizás lo mejor sea condenar y ya y pasar por alto los efectos de denegarle al otro su estatus de agente político. Quizás me equivoco y si permitimos el cuestionamiento descubriremos que no tenemos razones para la confianza en esta modalidad del Estado. Yo no sé qué pueda pasar pero en un afán por comprender al otro estoy dispuesto a preguntarme esto y ver si soy capaz de dar una respuesta coherente.



Sandino Bucio




Ok, de verdad que no quería hablar de esto porque me parece el colmo de lo irrelevante. Lo hago sólo para que nos demos cuenta de cuán irrelevante es y podamos dejarlo de lado. Lo más importante del caso de Sandino Bucio es que fue secuestrado por oficiales vestidos de civil sin orden de aprehensión, que fue privado de sus derechos al ser incomunicado y amenazado con muerte y violaciones. Si Sandino es  sospechoso de haber roto alguna ley (y parece que así es), la policía debió haber llegado con una orden de arresto, detenerlo, permitirle comunicarse con sus familiares y sus abogados y ser sometido a un juicio con todas las de la ley. Este caso es importante porque demuestra que las autoridades mexicanas no saben actuar conforme al principio de legalidad, ni siquiera cuando el perseguido es en efecto culpable. ¿Que confianza o respeto se puede tener por una autoridad así? ¿Qué legitimidad pueden arrogarse las instituciones? ¿Con qué derecho piden a los manifestantes que respeten las leyes si ellos van a ser los primeros en violarlas?

Lo segundo más importante fue la reacción de la gente al secuestro (que no detención, porque fue un caso de privación ilegal de la libertad). Que el momento del plagio fuera grabado y subido a las redes (no denunciado a las autoridades porque de ellas no se puede esperar justicia); que de inmediato decenas de personas se movilizaran para protestar y exigir la liberación del joven; que la liberación se lograra y que los policías culpables del deliito fueran imputados... Todo eso nos muestra que aunque el poder quiera seguir actuando de la misma manera autoritaria y represiva de siempre, algo ha cambiado: hay organización, hay solidaridad y ahora, gracias a Internet, más herramientas para que la sociedad civil se entere y se defienda mejor de estos abusos, y que a los poderosos les cueste, aunque sea un poquito, querer pasarse de la raya.

Lo demás, la personalidad de Sandino, que si está guapo, que si es un hijo de mami, que si es un mal poeta, son cuestiones en absoluto carentes de importancia para el debate de la situación actual del país. Querer insistir una y otra vez en volver a ello va entre lo necio y lo tramposo.



Una cosa más: la caricatura de arriba es de una perversidad indignante, y demuestra la falta de claridad mental y de coherencia ética (y el burdo sentido del humor) del derechairo promedio que hace y difunde este tipo de contenidos. Trivializar el acto ilegal, las amenazas de muerte y violación, acusando a la víctima de sólo ser un "llorón hijo de mami", centrar la discusión no en la maldad del victimario sino en la falta de méritos de la víctima, es lo que se llama tener muy poca madre.




Para leer más:


Represión





Los manifestantes se quejan de que la policía no cumple con su deber, pero cuando ésta quiere meter orden, ellos lloriquean "represión, represión". Ése es el "argumento" que muchos esgrimen, y no sólo a través de comentarios despistados en las redes sociales, sino comunicadores desde los foros de los medios masivos. Es, desde luego, un argumento falaz y estúpido.

No, jenios. No nos quejamos de que la policía cumpla con su deber. Tengan por su seguro que nadie se quejará cuando arresten a los políticos corruptos, a los líderes de la mafia, a los narcopolicías, a los curas pederastas o a los esclavistas sexuales. Nos quejamos porque la policía no persigue a los criminales reales, pero cuando se realiza una manifestación pacífica caen con todo contra los que protestan. Nos quejamos porque en dichas manifestaciones, de forma por demás sospechosa, no van tras los encapuchados que lanzas las bombas molotov, y en cambio sí arrestan a los manifestantes pacíficos y en muchas ocasiones a gente que sólo estaba en un mal momento y en un mal lugar (incluyendo niños y gente mayor). Nos quejamos porque queda claro que el propósito del uso de la fuerza pública no es castigar el delito penado por la ley, sino intimidar a quienes ejercen su derecho a manifestarse garantizado por la ley.



También nos quejamos y nos horrorizamos porque cuando la fuerza pública arremete contra manifestantes y activistas utiliza métodos que no debería usar ni siquiera contra delincuentes de verdad: golpes, amenazas, tortura física y psicológica, incomunicación y, en el caso de las mujeres, abuso sexual. Y no, no son casos aislados de policías coruptos o mal entrenados, es una política institucional que se aplica sistemáticamente. Ahora, si crees que un delincuente merece ese trato, pues eres un bárbaro incivilizado, pero si además crees que "los revoltosos" se lo merecen porque hacen cosas que estorban, entonces no solamente eres un bárbaro incivilizado, sino un enano moral oligofrénico, y espero que pronto encuentres el tren que te lleve de regreso a la Edad Media. Como dije en esta entrada:

En un Estado de derecho, con cultura de la legalidad y un gobierno decente, la fuerza pública podría detener a los que cayeran en desmadritos inútiles, sin repartir madrazos parejo ni a lo pendejo y sin detenciones arbitrarias contra quien no la debía ni la temía. La fuerza del orden sabría distinguir a quienes estaban formando parte de los disturbios de los que se manifestaban pacíficamente y de los transeúntes que tuvieron el mal tino de vestirse jipiosos ese día, pero no lo hizo, y ahí tenemos cabezas rotas y ojos sacados a personas inocentes.
En un Estado de derecho, con cultura de la legalidad y una ciudadanía consciente, los que simpatizaran con la manifestación sabrían reconocer que las fuerza policíacas tenían el derecho y el deber de detener a los que estaban causando destrozos, y no los justificarían con la consigna de "es que el pueblo está encabronado"; y los que no simpatizaran con la manifestación sabrían reconocer que no se debe castigar a quien no participaba en los destrozos, y que a los que sí estaban causando destrucción se les debe castigar conforme a lo que marca la ley y dentro del respeto a los derechos humanos, y no justificar cualquier tipo de abuso o brutalidad con la consigna de que "se lo merecen, por revoltosos".




Para leer más:



El cambio está en ti mismo




Éste debe ser el "argumento" que más me irrita. Se dice que si uno quiere que el país cambie hay que trabajar duro, estudiar, ser amable con el prójimo y respetar las leyes. Todo eso está muy bien, y de verdad sería un país mejor si más gente se comportara como miembros conscientes de una sociedad civilizada; el error se halla en creer que es suficiente. Hay muy poca relación entre que yo le ceda el asiento del autobús a los ancianos y que los políticos se hagan de la vista gorda con los crímenes del narco, o de plano colaboren con él. Como ya había dicho en esta entrada:
Sí, cada uno de nosotros tiene que cumplir con sus deberes laborales, académicos y familiares, cada uno debe respetar las leyes (no existe cultura de la legalidad en México), ser amable y educado con las demás personas, tratar de cultivarse a sí mismo, separar su basura, y todo eso. ¡Pero eso no es suficiente!
Hace poco tiempo tuve una discusión en Facebook con una inteligente señorita que sostenía que cada quien debe trabajar para sí mismo y que con eso es suficiente. Me puso como ejemplo que con que cada uno recicle su basura, ya se está haciendo algo y no tienen que estar "todos unidos". Retomé su ejemplo y se lo devolví: si TÚ sola reciclas tu basura, no sirve de gran cosa, pues los demás seguirán haciéndolo mal y el haber sido TÚ la que lo hizo bien no será de gran consuelo cuando vivas en un medio ambiente contaminado.
Tienes que convencer a los demás miembros de tu comunidad de que reciclar es importante, tienes que difundir la idea de diversas maneras. Más aún, tienes que presionar al gobierno para que lo haga, y para que cree la infraestructura necesaria para que el reciclaje por parte de los ciudadanos tenga sentido. El mismo concepto se puede aplicar a cualquier tema de interés para una sociedad: corrupción, economía, educación, etcétera.
Puedes trabajar arduamente en tu empleo, pero tu enorme esfuerzo no rendirá tantos frutos si un gobierno corrupto reduce los derechos laborales, o jode a la economía de tal forma que se devalúa la moneda y se encarecen los productos que compras. Puedes ser un ciudadano muy respetuoso de la ley que nunca se mete en problemas, pero eso no te será de consuelo cuando seas víctima de un delito y las autoridades incompetentes no hagan nada por ayudarte. No basta con que lo hagas tú solito para ti, son necesarias acciones colectivas.


Entonces, mi amigo mexicano, en un clima de inseguridad, violencia, corrupción e impunidad tales, ¿crees que será suficiente con "trabajar duro" en tu chamba, con sólo esforzarte todos los días, y no quejarte y no estar anhelando la llegada del fin de semana? ¿Cuando una persona es víctima de un delito y las autoridades no hacen nada para ayudarla; o cuando una persona se encuentra en el fuego cruzado entre dos bandas armadas, o llegan los narcos a cobrarle derecho de piso, es porque no trabajó lo suficiente, porque no se mantuvo "pensando positivo"?



El discurso de "el cambio está en ti mismo" forma parte de una visión individualista de la sociedad, en la que los asuntos públicos no son competencia de los particulares. La intromisión del ciudadano común en los asuntos que atañen al país hasta causa indignación en quienes creen que la única responsabilidad de uno está en lo individual y lo inmediato. Pero en realidad el deber de un buen ciudadano incluye también vigilar las acciones del gobierno y exigir que éste cumpla con su trabajo porque nadie vive aislado de la sociedad, sino que lo que le sucede a la comunidad afecta a los individuos, y las acciones de los individuos afectan a la comunidad. 

Una verdadera democracia requiere que los ciudadanos comunes y corrientes asuman esa responsabilidad. Los movimientos sociales que han estado surgiendo por todo el mundo desde 2010 tienen como principio la recuperación de la política por parte de la ciudadanía, la negativa a dejar el rumbo de la nación exclusivamente en manos de los políticos y los poderes fácticos. Por desgracia, estos movimientos, que representan una forma renovada de entender la política y la ciudadanía, se encuentran con la hostilidad de los individualistas, una hostilidad que me es difícil de comprender pues su propósito es, al fin y al cabo, lograr un mundo mejor para todos.







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¿Todos somos corresponsables?

#Ferguson es #Ayotzinapa






Desde que inició el #YoSoy132 he insistido en la importancia de ubicar los movimientos mexicanos en el marco del surgimiento múltiples movimientos revolucionarios prodemocráticos a nivel mundial. Creo que a los mexicanos nos hace falta superar nuestra visión provinciana de la realidad y empezar a comprender que nuestro país forma parte de un escenario global cada vez más interconectado. Las similitudes entre la lucha de los mexicanos a raíz de Ayotzinapa y de lo que sucede actualmente en Estados Unidos no son caprichosas ni meramente superficiales.

El 9 de agosto de 2014 Michael Brown, un afroamericano de 18 años, fue detenido arbitrariamente junto con un amigo por un policía blanco, mientras caminaban por la calle. Después de un altercado, el oficial disparó sobre los jóvenes, los cuales huyeron en direcciones opuestas. El policía persiguió a Michael y le disparó doce veces más. Ocho balas entraron en el cuerpo del joven, causándole la muerte.

Desde entonces protestas pacíficas y disturbios violentos se han sucedido en Ferguson, Missouri, el lugar del suceso, así como a lo largo y ancho de los Estados Unidos, y han tomado mayor fuerza desde que un jurado decidiera que el policía que mató a Michael Brown lo hizo en defensa propia. Más recientemente, otros casos han acrecentado el fuego del descontento social: el de Eric Garner, otro afroamericano asfixiado hasta morir por policías blancos, por el delito de vender cigarrillos individuales fuera del paquete; y el de Tamir Rice, un niño negro de 12 años, también asesinado por un policía, porque el chico llevaba un arma de juguete.





Las protestas y disturbios que se han suscitado a partir de estos casos no responden específica ni solamente a la muerte de Michael Brown, de la misma forma en que las protestas en Túnez no se debieron sólo a la inmolación de Mohamed Bouazizi, ni los movimientos actuales en México son sólo por Ayotzinapa. Los casos de Micahel Brown, Eric Garner y Tamir Rice no son aislados: son la muestra de un orden social en el que las personas de raza negra en Estados Unidos son criminalizados, y muchas veces asesinados impunemente, por el hecho de ser negros. Pero ahora la gota ha derramado el vaso, y mucha gente se está movilizando con miras a cambiar las cosas.

Como en México con Ayotzinapa, en Estados Unidos con Ferguson ha salido a la luz una situación de muchos años y que está generalizada por todo el país. También ha provocado un intenso debate acerca del racismo en ese país (muy lejos de haber sido superado, aunque en la ley no exista ya la segregación), así como sobre la creciente militarización de la policía o el papel mismo de las fuerzas de seguridad: ¿están ahí para servir y proteger o para vigilar y castigar?

Al igual que en México, las protestas han obligado al gobierno a tomar ciertas medidas, como revisar la práctica de las policías de adquirir equipos militares, o repensar políticas de vigilancia de barrios pobres y peligrosos. Como Ayotzinapa, Ferguson ha polarizado la opinión pública, con las voces de la derecha centrándose en la culpabilidad de las víctimas o en la barbaridad de los disturbios violentos como forma de protesta. Pero a diferencia de México, los medios de comunicación en Estados Unidos son mucho más plurales y se pueden hallar voces críticas hasta en las plataformas más mainstream.

Desde aquí debemos estar pendientes de lo que sucede al norte de nuestra frontera, pues los pueblos de México y Estados Unidos están ahora mismo luchando contra lo mismo: un Estado policíaco que se siente con el derecho de matar impunemente a aquéllos que considera ciudadanos de segunda clase.




Para leer más:

Ask an American: Explaining Ferguson, Eric Garner and Tamir Rice
Ferguson, Eric Garner Protests Spread Worldwide
The Police in America are Becoming Illegitimate

Actitudes que no ayudan




Hoy en día hay muchas personas que se manifiestan de diferente manera en solidaridad con las víctimas del crimen y en contra el gobierno corrupto. La indignación, la rabia, e incluso el entusiasmo optimista de quienes ven en esta coyuntura una oportunidad para lograr un cambio, se sienten sin duda. El peligro es que en estas circunstancias suelen aparece también el maniqueísmo, la cerrazón al diálogo, el sospechosismo y la conspiranoia. Estas actitudes irracionales no ayudan, sino que perjudican y entorpecen. Pasión hay de sobra. Lo que nos falta es sensatez.

El maniqueísmo, el entender que el mundo está dividido en "ellos y nosotros", olvidando lo compleja y diversa que es nuestra realidad social, nos lleva a considerar como enemigo a todo aquél que no esté de acuerdo con nosotros. La crítica se considera un ataque, disentir se considera una traición, y no se tolera nada menos que la absoluta e incondicional alineación con los ideales y principios propios.

El divisionismo está presente incluso en espacios en los que se supone que todos deberíamos estar más o menos de acuerdo por lo menos en cuanto al enemigo que se combate. Alguien lleva una pancarta que dice "putos políticos" y empiezan las discusiones y condenas por homofobia; alguien dice que "estamos luchando por la patria", y empieza el mame porque el concepto de patria es excluyente y heteropatriarcal; un contingente feminista se une a la marcha para recordar a las muchas desaparecidas y asesinadas en los últimos años, y los machirrines les cuestionan por qué traen sus propias agendas a una marcha que es por LOS (con O) normalistas de Ayotzinapa. Y así, y así. Esa incapacidad de poner de lado las diferencias momentáneamente y concentrarnos en lo que nos une para lograr nuestros propósitos ha sido un obstáculo que muchas veces termina autosaboteando un movimiento revolucionario.

El chairo fue fusilado de Bully Magnets


También hay que evitar el adanismo, la idea de que somos los primeros humanos, que todo lo que hacemos es nuevo y que vamos a inventar el hilo negro. Puede ser que tú y tus amigos a quienes apenas despunta el bozo hayan salido por primera vez a las calles a raíz de Ayotzinapa, o incluso desde el Yo Soy 132. Entonces quizá te imagines que "ahora sí" las cosas van a cambiar porque lo que está sucediendo es inédito. Pues no; es cierto que muchas cosas han cambiado y que ahora hay más oportunidades para transformar la sociedad, pero no hay que creer que de esta generación de jóvenes clasemedieros depende exclusivamente el rumbo del país. Hay muchas personas y colectivos que llevan años, incluso toda una vida, peleando por hacer de México un lugar en el que se respeten los derechos humanos. Hay que aprender de ellos, unirnos a ellos cuando sea propicio, y no pensar que solitos tenemos todo lo necesario para la salvación de todos.

También hay que hacer consciencia de que la lucha no va a ser breve ni va a ser fácil, ni las transiciones serán tersas. No vaya a ser que se me desilusionen después de unos meses de andar en las calles (o tuitear hastags), y entonces al ver que no llega la utopía lo manden todo a la mierda o decidan que ya no queda más salida que la revolución armada. Desde organizaciones de campesinos hasta asociaciones de profesionistas, hay quienes luchan incansablemente por mejorar este país desde hace mucho tiempo y saben que los logros se van conquistando poco a poco.

Por favor, tampoco se dejen llevar por explicaciones simplonas sobre lo que está pasando, ni se dejen seducir por propuestas facilonas para solucionarlo. No crean que con decir "es el capitalismo, goe" significa que ya entendieron de qué se trata, ni que con la renuncia de Peña todo va a quedar solucionado. No cometan el error de interpretar esta situación como un combate bipolar entre buenos y manos. La realidad social siempre es mucho más compleja de lo que parece a simple vista y cualquier persona que quiera transformarla tiene que estar consciente de ello.




Y recuerden esto, chicos y chicas: la izquierda también desinforma. Mucha información falsa circula por las redes, pero como es información que critica al gobierno y apoya al movimiento, se comparte acríticamente y sin investigar. Que si Lucerito dejo "la verdadera verdad" sobre el Teletón, que si va a haber cárcel para los que critiquen al gobierno en Internet, que si a Derbez le pagaron 560 mil pesos por hablar bonito, que si hay fotos de supuestos infiltrados en vehículos del ejército, que si unos paracaidistas en Dubai expresaron su apoyo a los normalistas de Ayotzinapa...

Pues nada de eso era cierto, pero como ahora da por actuar más con el hígado que con el cerebro, ahí se está difundiendo todo a gran velocidad, lo cual sólo da más excusas para que los críticos del movimiento digan "vean: esos chairos se creen muy pensadores críticos y que a los nos manipulan los medios, pero ahí están compartiendo como pendejos cualquier cosa que vean". Y lo más triste es que es verdad. Hay que informarse bien e investigar, no sólo quedarse con la primera nota que corresponde con nuestros prejuicios y deseos. Si quieres cambiar el mundo no puedes darte el lujo de ser crédulo o ingenuo. No seamos ese rebaño estúpido del que habla Maupassant.




Y ya. Esto es todo lo que tengo que decir al respecto. Por ahora. Espero que de algo sirva. Mientras tanto, la lucha sigue, pues.

FIN

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