viernes, 18 de abril de 2014

Falacias, Parte IV: Confundir la gimnasia con la magnesia




"Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa" dice el viejo y conocido refrán, y otro menos redundante y decoroso pero más directo dice "¿qué tienen que ver el culo con las tetas?". Pero los listillos de Internet gustamos de usar expresiones como "estás confundiendo la gimnasia con la magnesia". ¿Qué significa esto? Se refiere a ciertas falacias que hacen precisamente eso: confundir dos cosas entre sí cuya relación es irrelevante para lo que se discute. En esta ocasión veremos algunos ejemplos de esas falacias, para las cuales la respuesta más sensata es recordar que "una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa".

LA FALSA ANALOGÍA

¿Cómo funciona la gravedad? Una de las analogías usadas con frecuencia en los libros de divulgación científica va más o menos así. Imagina que tienes una cama elástica, no demasiado tensa, ni demasiado huanga, y en ella colocas una bola de bolos. La bola de bolos hunde la lona hacia el centro, claro está. Ahora deja caer en la cama elástica pelotitas de golf. Éstas rodarán hacia el centro, porque la presencia de la bola ha deformado la lona, ¿correcto? Bien, es así como funciona la gravedad: la presencia de cuerpos con masa provoca una curvatura en el espacio-tiempo lo que resulta en el efecto que conocemos como gravedad. Mientras mayor es la masa del cuerpo, mayor es la curvatura del espacio-tiempo y que afecta incluso a la luz, haciendo que se doblen los rayos, que de otra forma serían rectos, lo cual se pudo demostrar observando la luz de las estrellas durante un eclipse solar.



Ahora bien, ¿mi ejemplo de la cama elástica probó que la masa deforma el espacio-tiempo? En lo absoluto, lo único que hice con esta analogía fue explicar cómo funciona la gravedad según la física einsteiniana. Así aparece en libros de divulgación para que legos como yo podamos entenderlo, pero no sirve como una prueba de que así es como funciona la gravedad. 

Éste es un punto importante que mucha gente no entiende: las analogías sirven para explicar y para comprender, para invitar a la reflexión, no para probar ni demostrar, no son evidencias de que lo que uno dice es correcto o falso. Pero las discusiones en Internet y en la vida se llenan de analogías que además, no son válidas. Mi favorita es la que me gusta llamar "la falacia del corazón de papel". La vi alguna vez en un video sobre educación sexual impartida, obviamente, por conservadores religiosos. En el video una señorita explica a su audiencia los nocivos efectos del sexo premarital. Toma un corazoncito de papel y dice "Éste es el amor de Juan y María", entonces prende un encendedor "Y éste es el sexo premarital", acto seguido le prende fuego al corazoncito que arde en cuestió de segundos "Ahí está lo que pasa con el sexo premarital. ¿Vieron lo que le hizo a su amor? ¿No lo hizo más fuerte, verdad?".

La cosa con las analogías es que el que las usa parte del supuesto que una cosa es realmente como la otra, que la relación entre sexo y amor es igual que la relación entre fuego y papel, y entonces la conclusión es obvia. ¡Pero no! Antes de pasar a usar la analogía, uno tendría que estar seguro de que realmente esas equivalencias son válidas. Por ejemplo, si digo que Batman es al Guasón como Superman es a Lex Luthor, estoy haciendo una analogía válida, porque en ambos casos tenemos al superhéroe y su archienemigo. Si digo que la Estatua de la Libertad es a Nueva York como la Torre Eiffel es a París, estoy haciendo una analogía válida, porque éstos son los monumentos más famosos de sus respectivas ciudades. Pero, ¿es realmente el sexo al amor como lo es el fuego al papel? Tendrías que demostrar eso primero.



En una ocasión, un viejo jefe, el tipo religioso que se volvió loco, me hablaba sobre el infierno. Cuando yo le dije que no creía en él, me empezó a echar sus verborrea. "Mucha gente dice que si Dios es infinitamente bueno, no puede haber condenación. Pero yo digo que Dios no sólo es infinitamente bueno, sino infinitamente justo. Mira, si una maestra tiene un alumno que siempre cumple y otro que siempre se porta mal, ¿como es muy buena le pone la misma calificación a los dos? No, ¿verdad? Por lo tanto, la condenación tiene que existir. ¿No te parece lógico?".

"¡No, pinche viejo loco!" pensé para mis adentros, pero no lo dije porque no quería que me despidieran y nada más le di por su lado. De entrada, estamos tomando por ciertas algunas cosas que no pueden demostrarse como tales: que Dios existe, que es infinitamente bueno, que es infinitamente justo, que tenemos almas inmortales y que éstas reciben un premio o un castigo dictado por Dios en la otra vida (nótese que cualquiera de estas afirmaciones podría ser vedad sin que las siguientes lo fueran y que ninguna puede demostrarse; son hipótesis ad hoc). Pero los que nos importa ahora es que su analogía no es válida: Está asumiendo que la relación entre Dios y sus creaciones es la misma que entre una maestra y sus alumnos, y que una mala calificación es análoga a la condenación eterna.

Los creyentes en el Karma a menudo dicen cosas como "así como una pelota que tiras a una pared rebota, todo lo que haces, bueno o malo, se te regresa". Algunos van más allá citando la ley newtoniana de la acción y la reacción. La analogía es falsa porque las leyes de Newton se aplican a fenómenos físicos (como la pelota rebotando en la pared), mientras que el bien y el mal son conceptos de tipo ético, que dependen de la concepción que individuos y sociedades tengan de ellos y no tienen existencia física, por lo que no pueden estudiarse mediante las ciencias empíricas (para eso está la filosofía) y mucho menos establecerse leyes al respecto. O sea, si una acción es buena o mala lo saben las personas, no el universo, los átomos o la energía, para los cuales los conceptos éticos son inexistentes y nuestras nociones sobre ellos son indiferentes. Además, ¿por qué tendría que ser como lanzar una pelota a una pared y no como, digamos, lanzar un frasco de mermelada a una pared, o una pelota a un precipicio, con efectos totalmente distintos?



La falacia de la falsa analogía no sólo se presenta en discusiones y argumentos, sino que, como todas las otras falacias, puede ser una forma de autoengañarnos. A menudo encontramos comparaciones entre las relaciones que se dan entre maestros y alumnos, jefes y empleados, padres e hijos, o gobernantes y ciudadanos, sin reparar en que esas relaciones en realidad son diferentes, y no mutuamente intercambiables.

Un ejemplo famoso es el usado por derechairos para "rebatir" las ideas de izquierda: si un maestro suma y promedia las calificaciones de todo un grupo, de forma que a todos les toque lo mismo, los huevones que no trabajaron tendrán una calificación más alta, mientras que los aplicados e inteligentes tendrán una calificación más baja, lo que no sería justo.

En primer lugar, nos enfrentamos a un hombre de paja (más adelante lo veremos), porque no es el propósito de la izquierda tomar lo que todos tienen y repartirlo por igual (y si de verdad crees que de eso se trata la cosa, necesitas aprender más sobre teoría política). Luego es una falsa analogía enorme porque asume que a) el maestro es como el gobierno b) los alumnos son como ciudadanos c) las calificaciones son como la riqueza d) el esfuerzo en clases es como el trabajo en el mundo laboral e) las condiciones en las que inicia un curso escolar son como las condiciones en las que uno empieza la vida laboral, etcétera. Si la analogía del "reparto equitativo de las calificaciones" parece ridícula, es porque lo es. Pero los invito a hacer una analogía de cómo funcionaría un salón de clases con un sistema de "libre mercado de calificaciones" con una "intervención mínima del maestro en la asignación de puntos" y verán que es igualmente absurda. Y esto es porque la relación entre gobierno y ciudadanos no es análoga a la relación entre maestros y estudiantes.

El pensamiento de Sócrates, o por lo menos según lo plantea Platón en sus Diálogos, está lleno de falsas analogías por todas partes. Se le perdona, porque para ese entonces Aristóteles no le había puesto orden a la lógica. Es natural utilizar analogías para tratar de explicarnos el mundo, tomar como punto de referencia lo conocido para entender lo desconocido, lo simple para comprender lo complejo. Lo importante es tener en cuenta si una comparación entre dos cosas de naturaleza distinta es realmente válida y que aún así las analogías no sirven como prueba ni evidencia.

CULPABLE POR ASOCIACIÓN

Monsanto es una corporación con un historial bastante negro, que incluye el desarrollo de productos controversiales, incluyendo el terriblemente dañino Agente Naranja, que dejó problemas ambientales en Vietnam y problemas de salud tanto para los vietnamitas como para veteranos norteamericanos. Además, se trata de una entidad poderosísima cuya influencia se hace sentir en el cabildeo y presión que ejerce hacia los gobiernos, socavando así las democracias.



Otra cosa son los organismos genéticamente modificados (OGM), llamados popularmente transgénicos, que son vegetales con genes injertados artificialmente para que tengan ciertas características deseadas: un ciclo de vida más rápido que permita más cosechas al año, resistencia a plagas o inclemencias climáticas, o que produzcan nutrientes que de ordinario no producirían.

Muchas personas se oponen al cultivo y comercialización de los OGM por diferentes motivos, algunos válidos y muchos otros falaces. Entre los falaces está el suponer que como Monsanto es una corporación malvada, los transgénicos en sí deben ser malvados. Éste es un ejemplo de la falacia de culpable por asociación.

Concluir que los transgénicos son dañinos sólo porque Monsanto los desarrolla es (aquí viene una analogía) como concluir que las ruedas son malas sólo porque las usan corruptas compañías automotrices. O que las computadoras son malignas porque IBM vendió sus servicios al gobierno Nazi. Es sensato desconfiar de Monsanto con todo su historial, y es prudente no querer dejar en sus manos un cuasi monopolio sobre algo tan importante como lo es nuestra alimentación. Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, y los activistas anti-transgénicos, al oponerse por de fault a la ingeniería genética en sí están poniendo trabas para que instituciones sin fines de lucro como universidades y ONG desarrollen sus propios cultivos transgénicos y los pongan a disposición del público, lo sería la solución a algunos problemas del mundo contemporáneo.

Otro ejemplo del mismo tipo está en posturas anticientíficas que consideran que la "ciencia occidental" o la "razón occidental" son falsas o malvadas porque provienen de una civilización que ha estado jodiendo a las demás culturas desde hace 500 años. Bueno, sí; en los últimos siglos los avances científicos más importantes se han dado en Occidente (en los milenios anteriores se dieron en otras culturas como China, India, Mesopotamia, Egipto, Grecia, Mesoamérica y el mundo árabe), y ciertamente ello constituyó una enorme ventaja técnica y económica que permitió a los países europeos imponerse sobre todos los demás, aparte de darles un pretexto para creerse superiores cultural o racialmente. ¿Y? Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa: eso no nos dice nada sobre si la ciencia funciona o no, o sobre si es mas efectiva que otras formas de conocimiento o no (la respuesta es, por cierto, un enfático ).

  

Ejemplos de la falacia de asociación los suelen cometer los republicanos fanáticos en Estados Unidos, con su odio a Obama, que es muy divertido si es que siguen las noticias de Gringolandia. Por ejemplo, en algún punto de la campaña presidencial de 2008, John McCain dijo que Obama era una celebridad muy popular, como Paris Hilton, quien, como sabemos, es una putizorra cabezahueca. McCain le planteaba a los votantes si querían ser gobernados por un héroe condecorado de guerra o por una celebridad como Paris Hilton, dando a entender que Obama es también una putizorra cabezahueca, el tipo de persona que nadie querría tener como gobernante, excepto tal vez los priistas de Chiapas.

Como ven, la falacia de asociación se cruza con la falsa analogía (al encontrar similitudes superficiales entre dos asuntos que no tienen nada que ver) y con la falacia ad hominem (al atacar a una persona por características irrelevantes en vez de concentrarse en sus argumentos).

Recuérdese que lo importante para detectar una falacia es su relevancia. Si Monsanto es malvada es irrelevante para tratar el tema de los transgénicos en sí. Que Obama sea famoso y popular como lo es Pari Hilton es completamente irrelevante. Pero si un individuo pertenece a un grupo terrorista, no es insensato esperar de él que cometa, ayude a cometer o promocione actos terroristas, aunque él mismo no lo haya hecho aún. Si un joven político pertenece a un partido con un pasado y un presente de corrupción, autoritarismo y crimen, lo insensato sería esperar de él otra cosa que corrupción, autoritarismo y crimen.

Con todo, hay una forma de falacia de asociación que se lleva las palmas por ser tan común hasta la casi omnipresencia, la falacia favorita de los Internetz. Me refiero a:

AD HITLERUM

En la historia reciente de la humanidad, no ha habido nadie más ojete que Adolf Hitler (segundo lugar disputado entre Mao y Stalin) y las atrocidades cometidas por los nazis, en particular el Holocausto, se han quedado como historias que muestran lo bajo que puede caer la especie humana. Así, cuando detectamos algo que podría estar relacionado con Hitler y los nazis, se activan nuestras señales de alerta.

Un argumento ad Hitlerum es en realidad una forma de falacia de asociación, así como una de las formas de argumentación más chafa, en especial porque quien la esgrime suele no tener ni puta idea sobre historia. Consiste en condenar o rechazar cualquier cosa sólo porque está relacionada de alguna forma con Hitler y los nazis. La relación, por supuesto, suele ser irrelevante o inexistente. En el ámbito de la política, la forma más facilota y simplona de descalificar a alguien que cae mal es comparándolo con Hitler. Los republicanos en Estados Unidos, que suelen ser el sector más oscurantista e iletrado de la sociedad gringa, lo han hecho con Obama en repetidas ocasiones:


Obama es un gran orador, como Hitler; promete un cambio, como Hitler y hasta tiene su propio símbolo, como Hitler. Ergo, ¡Obama es igual que Hitler! No se necesita ser un genio para darse cuenta del bajísimo nivel intelectual de quien habría podido construir tales argumentos. Por ejemplo, Abraham Lincoln y Martin Luther King eran también grandes oradores y buscaban un gran cambio, ¿eso los hace Hitler? Y como los gringos a menudo no entienden la diferencia entre nazi y comunista y se imaginan que todos son iguales porque son los malos de sus películas (como McBane, que luchaba contra los comunistas-nazis), a Obama también se le compara con los dictadores soviéticos, sin más razón que porque usan la palabra "socialista" en algún lado.


Y claro, los Tea Partiers no son los únicos derechairos idiotas en el mundo que no entienden ni puta madre de historia o corrientes políticas:

Demostrando que la cultura política en este país está para llorar


El argumento ad Hitlerum suele ser usado también por los creacionistas para atacar la teoría de la evolución. Como Hitler creía en la evolución, y de hecho era parte fundamental de su ideología racista y de su concepción de la lucha de razas para que la más fuerte sobreviva, entonces la evolución es una creencia nazi y malvada. En realidad, Hitler creía en un montón de cosas, pero eso no quiere decir que éstas fueran reales o no. Que Hitler creyera en la evolución es irrelevante para determinar si es un hecho.

Quizá ustedes no lo sabían, pero Hitler era vegetariano y dictó leyes de protección para los animales. Esto es algo con lo que los cínicos no dejan de chingar a vegetarianos y veganos: "ñaña ñaña, son iguales que Hitler". Pero que Hitler fuera vegetariano no nos dice nada sobre qué tan ético o saludable es esta opción alimenticia. A lo mucho, nos muestra que un vegetariano amante de los animales no es necesariamente una buena persona. No obstante, el ad Hitlerum está tan enraizado en la mente de algunos, que hay vegetarianos que niegan que Hitler lo fuera y dicen que todo fue un invento de Goebbels. "El vegetarianismo es bueno y Hitler es malo; luego, Hitler no podría ser vegtariano" nos dicen quienes temen ver su fe alimenticia contaminada por el estigma nazi.

Otros aspectos irrelevantes sobre Hitler: que si los niños lo querían mucho, que si le gustaba la música de Wagner, que si odiaba el tabaco, etcétera. Nada de eso significa que un líder que le agrade a los niños, o que le guste la música clásica o que pretenda regular el consumo de tabaco vaya a ser otro Hitler. Vamos, que hasta el bigote estilo Hitler quedó arruinado para siempre por la asociación con el tirano.

¡Su bigote es como el de Hitler! ¡Debe ser nazi!

Claro, hay algunas cosas relacionadas con Hitler que no son irrelevantes. Obviamente, el racismo, el nacionalismo, la homofobia, el militarismo. Si un gobernante empieza a querer culpar de todos los males del mundo a un grupo minoritario y marginado para perseguirlo y marginarlo aún más, es momento de prender las alarmas y recordar que Hitler hizo lo mismo. De igual forma si un gobernante empieza a censurar contenidos que no le gustan y a ordenar que se prohíban y quemen libros. Aunque claro, todo ello sería alarmante no tanto porque Hitler lo hizo como porque son cosas negativas en sí mismas, pero no está demás recordar que esas actitudes son capaces de llevarnos a un abismo hitleriano.

Los nazis ganaron el poder en Alemania democráticamente, no mediante golpes de Estado o revoluciones, y el führer se ayudó mediante una campaña publicitaria que fue prácticamente el momento fundador del marketing político. Eso no significa que todo político que recurra a estrategias mercadológicas intensivas y muy bien planeadas sea un nuevo Hitler, pero sí nos hace mantenernos en alerta y nos invita a recordar que si no nos ponemos buzos una buena campaña publicitaria nos puede hacer votar por Hitler.

En México y en América Latina en general somos muy chairos y Hitler no nos impresiona ni nos importa tanto. Nosotros tenemos otro villano favorito: los gringos. Los mexicanos aceptan por de fault que los gringos son los malos y de ahí nos viene el pensar que todo aquél que sea enemigo de los gringos, ya sean gobiernos tiránicos como el de Rusia, Corea del Norte o Irán, son "los buenos". También culpan a los gringos de todo lo que pasa, especialmente si le pasa a alguien que no se lleva bien con ellos: las guerras en Medio Oriente, la muerte de Chávez, el tsunami en Asia, las protestas en Ucrania, Pussy Riot... En fin, y todo sólo basándose en que los pinches gringos son bien pinches malos, aunque no sepan una mierda de historia o geopolítica. A esto me gusta llamar el argumento ad gringum: si tiene algo que ver con los gringos (aunque sea de lejitos) es malo, si se opone a los gringos es bueno, y si algo pasa que podría convenirle a los gringos de alguna manera muy remota, seguro fueron ellos.

LA FALACIA NATURALISTA

Újule, ésta es de las GRANDES. Tanto, que podría escribir una entrada completa sobre ella, pues es una de las más comunes y que más afecta nuestro pensamiento y nubla nuestro buen juicio. Voy a tratar de sintetizar lo más posible. La falacia naturalista consiste en juzgar que algo es bueno, correcto, adecuado (ya sea para la salud, ya sea moralmente) basándose sólo en que es "lo natural".

En su faceta de "es bueno para la salud porque es natural" podemos encontrar esta falacia en los remedios naturales, alimentos orgánicos y otras cosas que venden para engatuzar a gente bien intencionada.



Miren ustedes, no es que la naturaleza humana no cuente para nada a la hora de decidir si algo es bueno para nosotros o no. Por ejemplo, por naturaleza tenemos que comer y dormir, así que no sería bueno para nuestra salud dejar de hacerlo. Y por naturaleza algunas substancias nos hacen daño, como el cianuro. El cianuro es natural, en el sentido de que se encuentra en la naturaleza (en microorganismos, plantas e insectos). El cianuro nos puede matar, como bien se sabe. Peeeero, aquí lo importante es que puede matarnos sin importar que provenga de una fuente natural o que haya sido sintetizado en el laboratorio.

De todas las "medicinas alternativas" del mundo y de la historia, la única que ha demostrado su efectividad es la herbolaria, y esto tiene sentido porque las plantas y hongos tienen substancias que afectan para bien o para mal el organismo humano. Lo que no tiene sentido es asumir que si dichas substancias provienen de la planta como es encontrada en la naturaleza  deberán ser mejores para la salud que si provienen de un laboratorio y han sido sintetizadas para ser tomadas en una tableta. Por ejemplo, la aspirina, o ácido acetilsalicílico, fue descubierta por primera vez en la corteza de un árbol y después sintetizadas para poder tomarlas en pastillas. Ir y masticar la corteza del árbol no te va a quitar mejor la cruda que tomar un par de aspirinas. De hecho, será menos eficaz, porque en las pastillas la substancia activa ya está concentrada y medida para lograr el efecto deseado.




El mejor ejemplo de esta falacia se encuentra en la oposición a los alimentos transgénicos. Como decíamos, nuestro cuerpo por naturaleza ha evolucionado de forma en que algunas substancias le hacen bien o mal, pero no importa si dichas substancias provienen de la naturaleza o no. Por ejemplo, el betacaroteno es un compuesto que se encuentra en las zanahorias y otros vegetales y frutos. Es importantísimo para la dieta humana: reduce el riesgo de ataques cardiacos, es un antioxidante, ayuda a la vista y aumenta la eficiencia del sistema inmunológico, aunque, como todo, en exceso es malo. Ahora bien, lo importante es cuáles son los efectos de esa substancia en el organismo humano, no de dónde proviene. Así sea que provenga de las zanahorias "naturales" (que en realidad son producto de muchos siglos de selección artificial) o de arroz genéticamente modificado, el betacaroteno es esencial para nuestra salud.

Pero muchos antitransgénicos se oponen a los organismos genéticamente modificados con el argumento de que no son naturales, y si no son naturales deben ser malos. Es decir, no les importa saber cuáles genes fueron modificados en cuáles organismos, qué substancias se encontrarán en éstos y cómo afectan estos compuestos al cuerpo humano. No, el crimen de haber modificado algo en la naturaleza es suficiente para considerar que este algo es no sólo malo para la salud, sino maligno.


Los compuestos químicos: no importa si son de origen natural como en esta manzana, o fueron sintetizados en un laboratorio: lo que importa es su efecto en nuestra salud.


Muchas cosas de las que hacemos no son naturales, desde usar zapatos hasta lavarnos los dientes, desde construir casas con agua corriente y electricidad hasta comer alimentos cocinados. Pero para saber si son buenas para la salud o no, el sólo decir "es natural" o "no es natural" no cuenta como argumento porque no nos dice nada. En todo caso, se debería estudiar cada cosa y saber qué efectos produce en nuestro organismo, sin importar si origen es natural o artificial.

En su faceta como falacia ética, se sostiene que lo que sucede en la naturaleza es lo correcto, moralmente hablando. El ejemplo más brutal de esta falacia se encuentra en la historia del darwinismo social y la eugenesia: si en la naturaleza los más fuertes sobreviven y lo débiles mueren quitando sus malos genes de nuestra población, eso debe ser lo correcto, por lo tanto hay que permitir que esto suceda. Así, no hay que ayudar a los débiles, ni a los enfermos, ni a las "razas inferiores", porque eso sería contra natura.

Esta visión falaz se dio por una mala interpretación de la teoría de la selección natural de Darwin, quien nunca apoyó el darwinismo social y quien sólo explicó lo que sucede en la naturaleza, no lo que debe ser una norma moral para los seres humanos. Esta misma idea torcida y pervertida del darwinismo no tiene que llegar a extremos como los campos de exterminio nazis o las campañas de esterilización humana en los Estados Unidos de principios de siglo; se expresa también en la idea de que no hay que ayudar a los pobres porque si están así es que han sido menos aptos para desarrollarse en un sistema de libre competencia, el cual está bien porque es como la naturaleza, donde todos compiten y sólo los más aptos triunfan.

En la naturaleza no existe democracia, ni equidad de género; la naturaleza es violenta (diversos animales practican la guerra, el canibalismo y el infanticidio) y a la mayoría de los seres vivos sólo les interesa comer, coger y sobrevivir. Pero eso no significa que tengamos que vivir así. Afortunadamente somos seres racionales capaces de pensar en lo que nos conviene y lo que no. Nuestros impulsos naturales pueden hacernos querer golpear a un imbécil que nos hace enojar, pero como seres racionales podemos concluir que eso no sería correcto y nos contenemos. Por naturaleza tendemos a buscar el beneficio propio y, cuando mucho, el de nuestros familiares (porque comparten nuestros genes), pero como seres racionales podemos comprender la conveniencia de buscar el bien común. Tenemos impulsos que nos llevan a la agresión y al egoísmo, pero también por naturaleza tenemos impulsos que nos permiten negociar y cooperar, y como seres racionales podemos elegir los que más nos convienen y crear las condiciones en que éstos puedan florecer.



No es que la naturaleza humana sea por completo irrelevante en cuestiones morales. De hecho, puede llegar a ser muy relevante. Por ejemplo, somos animales sociales que encuentran satisfacción en la interacción con sus congéneres; así, sería inmoral condenar a las personas a la completa soledad. Si por naturaleza los pubertos y adolescentes de nuestra especie tienden a masturbarse, sería cruel torturarlos con ideas de pecado y efectos secundarios inexistentes. Si por naturaleza hemos evolucionado para comer carne y ésta forma parte de una dieta saludable (más info aquí), sería absurdo tratar de imponer el veganismo para toda la humanidad, incluso si hay algunas personas a las que les ve bien viviendo así. Si por naturaleza los cada individuo humano nace con diferentes aptitudes, capacidades y rasgos de personalidad, tratar a todos como si fuéramos lienzos en blanco o masilla Play-Doh que se puede moldear a la voluntad de un sistema ideológico sólo llevaría al desastre y al sufrimiento de miles de personas.

La homosexualidad se da en la naturaleza, y si algunas personas nacen con la característica de sentirse atraídas sexualmente, y aún más, de amar sólo a otras personas de su mismo sexo, entonces sería altamente inmoral negarles la posibilidad de buscar el amor libremente. Pero si resultara que la homosexualidad es de hecho una elección libre y consciente, aún así sería algo completamente respetable pues en sí no tiene nada de malo, porque ultimadamente el argumento de "no es natural" carece de importancia ante cuestiones como "es practicada por adultos conscientes y no le hace daño a ninguno de ellos ni a terceros".

Sobre la falacia naturalista en su variante "si es natural es bueno para la salud" escribí una parodia aquí. Sobre la idea falaz de que "todo en la naturaleza es moralmente bueno", escribí una breve reflexión aquí.

LA FALACIA MORALISTA

Es el gemelo malvado de la falacia naturalista. Si ésta consiste en confundir lo que es con lo que debe ser, la falacia moralista consiste en tomar lo que se considera como moralmente bueno y asumir que por ello es lo natural, o sea confundir lo que debe ser con lo que es.

Por ejemplo, las religiones judeo-cristianas considera a la masturbación un acto inmoral. Ello los hace imaginar que la sana práctica de Onán tiene consecuencias funestas para la salud humana: desde la provervial ceguera hasta graves problemas nerviosos.



Los veganos consideran que comer productos de origen animal es inmoral, lo cual es una postura muy respetable. Es problema cuando algunos de ellos saltan a la conclusión de que también es dañino para la salud, inventándose toda clase de consecuencias imaginarias. Obviamente todo en exceso es malo, y es cierto que comemos más carne de la que deberíamos, pero eso no quita que los alimentos de origen animal sean parte de una dieta saludable. A esto, algunos veganos hacen una extrapolación aún más radical: "comer carne no es natural", sino que fue un "invento reciente" y que "el ser humano es herbívoro por naturaleza". Se trata de una noción absurda que se opone a todo lo que sabemos sobre anatomía y evolución humana (llevamos millones de años comiendo carne, incluso desde antes de ser Homo sapiens), pero que ellos repiten una y otra vez, con la única base de que consideran el consumo de carne como un acto inmoral (mis pensamientos al respecto aquí).

Otra forma en la que se manifiesta esta falacia en la romantización de la naturaleza, en la que todos los seres viven en paz y armonía (lo cual no es cierto) o en el mito del Buen Salvaje. Lo que sucede es que nosotros aspiramos a construir una sociedad justa, pacífica y equitativa, lo cual es muy loable y necesario, pero cometemos el error al querer buscar las bases de ese ideal en la naturaleza. Los animales se matan y depredan entre sí todo el tiempo, y nunca existió el "buen salvaje": las sociedades tribales de cazadores-recolectores son terriblemente violentas y un alto porcentaje de sus varones muere en actos bélicos (más de los varones que mueren por actos bélicos en el "mundo civilizado"), mientras que el rapto y la violación son muy comunes. Y la vida de los hombres prehistóricos estaba muy lejos de ser un paraíso (leer aquí).



AD CONSECUENTIAM

En un capítulo de la serie House, cuando nuestro buen Greg está buscando nuevos patiños para su equipo mientras trata de resolver la enfermedad misteriosa del día (sabemos que no lo hará sino hasta los últimos cinco minutos, porque cada capítulo de esa serie es igual al anterior). Una de sus candidatas es una joven doctora de la sala de emergencias. La verdad no me acuerdo de qué iba la trama, así que no me hagan mucho caso, pero recuerdo bien que House le describe a la joven doctora los síntomas del paciente y ella enumera algunas opciones. House le pregunta "¿por qué no la enfermedad X?" No recuerdo el nombre, pero era una condición sin cura, a lo que la doctora responde "Porque eso significaría... que no tiene salvación." La joven doctora estaba buscando opciones que dejaran una esperanza de supervivencia para el paciente; sin quererlo, suprimió la opción que no daba lugar a esperanzas. Ella estaba cometiendo una falacia ad consecuentiam.

Se trata de elegir una opción como verdadera o descartarla como falsa, sólo basándonos en si deseamos o tememos las consecuencias de que esa opción sea verdadera. En la vida diaria el "seguro que todo está bien", nos sirve para autoengañarnos y no aceptar la probabilidad de algo malo pueda estar sucediendo, porque la opción de que lo malo sea verdad nos asusta demasiado. Pero cuando algo es real, es real sin importar que nos gusten las consecuencias de ello.



Por ejemplo, muchísimos negacionistas del cambio climático son libertarianos, randianos o anarcocapitalistas que creen que lo mejor para el mundo es la mínima o nula intervención del gobierno en los asuntos económicos y empresariales. Si existe un cambio climático provocado por la actividad humana, entonces el Estado tendría que intervenir regulando la actividad industrial [leer aquí y aquí]. Como ellos odian ese prospecto, no les queda más que negar que existe un cambio climático. Más aún, llegan a la conclusión opuesta: que la noción de un cambio climático es un fraude de los estatistas que quieren un gobierno más fuerte facultado para intervenir en la economía. Las evidencias científicas del cambio climático los tienen sin cuidado, porque lo que temen son las consecuencias de que sea verdad. Pero un hecho es un hecho sin importar que nos gusten o no sus consecuencias.

Desde la izquierda, el paradigma del último siglo ha sido asumir que todos los seres humanos nacemos en blanco, y que por tanto tenemos las mismas capacidades, mientras que la personalidad, la inteligencia, los gustos y otros rasgos como la orientación sexual pueden no son innatos, sino moldeados por la cultura, la educación y el medio ambiente. Pero las investigaciones recientes demuestran que no es así, sino que hay un fuerte (aunque no absoluto) factor genético en todos esos rasgos: personalidad, inteligencia, gustos y orientación sexual; o sea, no nacemos todos iguales como lienzos en blanco.



Estos descubrimientos encuentran mucha resistencia porque se teme a las consecuencias de que sean verdad: si no somos exactamente iguales, el ideal ético de la equidad (de género, de razas, de clases sociales) quedaría en peligro. Los ataques a la noción de que no somos una tabla rasa suelen concentrarse en que "serviría a posturas derechistas". Sobre la metodología y los resultados de las investigaciones no se dice nada, ni se ofrecen estudios que sirvan como contra evidencia; sólo se trata de negarlo porque sus consecuencias son aterradoras para algunos.

Pero si en verdad tenemos características psicológicas innatas, pues es así, sin importar que eso cuadre con nuestra ideología o no. La buena noticia para los izquierdistas (entre los que yo me cuento, por cierto) es que este descubrimiento no tiene que afectar para nada el objetivo de construir una sociedad equitativa: sin importar características como la inteligencia o la orientación sexual, todos merecemos los mismos derechos, las mismas oportunidades y el mismo respeto porque somos humanos, y aunque seamos diferentes en lo superficial, somo iguales en lo importante.

LA FALACIA ETIMOLÓGICA



Es una falacia muy chistosa y bastante boba que consiste en tomar como argumento el significado etimológico de una palabra. La etimología de "etimología" es etymos = verdadero, logos = palabra, sufijo -ía = ciencia o arte. Etimológicamente, la etimología sería la ciencia o arte del verdadero significado de las palabras. En la realidad, la etimología de una palabra puede ser muy ilustrativa, pero no necesariamente nos revela el significado verdadero de la misma, sobre todo teniendo en cuenta que los significados cambian con el uso y con el tiempo. Querer, además, argumentar sobre la realidad basándose en la etimología de una palabra es muy estúpido.

Un ejemplo clásico lo tenemos en quienes se oponen al matrimonio entre personas del mismo sexo. Uno de los argumentos suele ser que como la palabra matrimonio viene del latín mater que significa "madre", entonces es impensable que pueda haber matrimonios sin que hubiera una madre (lo cual haría que las parejas sin hijos no contaran como matrimonios, pero que las parejas de lesbianas con hijos sí, jo). Desde luego que el argumento es estúpido y falaz, porque el origen de una palabra hace dos mil años no tiene por qué determinar las reglas de nuestra sociedad actual. Algunos de estos sofistas piden que a la unión legal de parejas del mismo sexo se les llame de otra forma, pero no "matrimonio", incluso hasta con los mismos derechos; tanto miedo les da la desacralización de esta palabra.

La palabra rival, que significa "adversario" o "enemigo", viene de rivus = río, y el sufijo -al, que indica relación. Se refería originalmente a "el que vive del otro lado del río". En tiempos primitivos en los que las sociedades se organizaban en tribus, la que vivía más allá del río era una tribu competidora o incluso enemiga. Pero en nuestros tiempos la palabra rival ya no tiene ese sentido etimológico.

El adjetivo ciclópeo significa "gigantesco". Viene de kyklós = círculo, ops = ojo y el sufijo -eo, que indica similitud. Etimológicamente significaría algo así como "parecido a un ojo redondo". Lo que pasa es que la palabra cíclope signfica "ojo redondo", porque estos seres mitológicos tenían un solo ojo circular en medio de la frente. La otra característica de estos bichos es que eran gigantescos. De ahí que la palabra ciclópeo no tenga nada que ver con los ojos ni los círculos sino con un tamaño colosal. Entonces, como vemos, las palabras no tienen que quedarse con su origen etimológico, sino que su significado va evolucionando con el tiempo. Cualquiera que quisiera argumentar que si alguien no vive del otro lado del río no puede ser tu rival, o que no puedes llamar ciclópeo a un monumento porque no tiene ojos redondos, quedaría como un idiota.

Sin relación con Scott Summers

Otro ejemplo de esta falacia es el clásico "no podemos ser objetivos, porque somos sujetos no objetos". A eso se debe responder, "felicidades mi sagaz amigo, acabas de reducir una compleja cuestión de epistemología a un asunto de etimologías, resolviendo incontestablemente el problema; de seguro te sientes muy inteligente ahora".

Los ejemplos para cada uno de estos tipos de falacias son muchísimos y no puse todos los que me vinieron a la mente porque de lo contrario el post habria sido interminable. Sólo recuerden, cuando se topen con alguien que les salga con alguna de estas burradas, las respuestas adecuadas son cualquiera de estas tres:

-Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
-No confundas la gimnasia con la magnesia.
-¿Qué tienen que ver el culo con las tetas?

Parte V: Simplemente hacer trampa

martes, 8 de abril de 2014

Falacias, Parte III: ¿Ah, sí? ¿Quién dice?

Introducción
Parte I: Formalmente estúpido
Parte II: Eso no tiene sentido



Hoy vamos a tratar sobre las falacias que consisten en validar o rechazar un argumento con base en el origen del mismo. Para poder entender las implicaciones y alcances de esta falacia, y no quedarnos a medias tintas, será necesario ir más allá de lo que es lógico, estrictamente hablando, y adentrarnos en los terrenos de la confiabilidad, y de lo que es prudente y sensato; es decir, no sólo nos quedaremos en el terreno de la lógica como ciencia formal, sino que será necesario hablar del conocimiento factual del mundo y de las decisiones prácticas que es inevitable tomar en la vida cotidiana. Para no enredarnos, debemos empezar a abordar estas falacias una por una, empezando por la principal de todas ellas.

AD VERECUNDIAM

Esta falacia consiste en validar o rechazar un argumento o una información basándose exclusivamente en la fuente de la cual proviene. Se dice que un argumento es inválido o válido, o se determina que una información es falsa basándose únicamente en sus fuentes, o en características irrelevantes de éstas. Lo importante aquí es recordar que un hecho es un hecho y existe independientemente de quien lo enuncie o lo crea, y que la validez de un argumento debe analizarse en sí misma y no por circunstancias perfiéricas. Así, por ejemplo, si ocurrió un hecho como que fuerzas militares rusa ocuparon Crimea, este hecho sigue siendo verdadero, aunque sea que lo reporte un medio respetable como Reuters o un pasquín como RT. Si un columnista está expresando su opinión, ésta debe ser tomada en cuenta y valorada en sí misma, fijándonos en puntos relevantes como si dicha opinión se basa en hechos y se plantea como conclusión de razonamientos válidos, siéndonos indiferente si el columnista publicó su nota en The Guardian o en SDP Noticias.

Una persona comete la falacia ad verecundiam cuando rechaza lo que una fuente dice sólo porque esa fuente lo dice. Como cuando un derechista denuesta de antemano lo que dice La Jornada o cuando un izquierdista rechaza a priori algo sólo porque salió en Letras Libres. O, viceversa, da por cierto e incontestable lo que se publicó en una fuente o en la otra sólo por ser dichas fuentes. Quizá el mejor ejemplo de un ad vericundiam sea la frase trilladísima "la Biblia lo dice".



Pero aquí es donde entramos al problema de la confiabilidad de las fuentes, que va más allá de la clasificación de las falacias en la lógica formal. No debemos olvidar que una cosa es real sin importar quién la diga, que los argumentos tendrían que analizarse en sí mismos para saber si son pertinentes y que la información que se presenta tendría que corroborarse para saber si lo que se dice es cierto. Sin embargo, en el mundo real no podemos comprobarlo todo por nosotros mismos. Uno tiene que confiar constantemente en lo que le digan los demás, pues intentar corroborarlo todo empíricamente o mediante el método científico es simplemente impráctico, por no decir imposible.

¿Cómo sé yo que Napoleón nació en Córcega? Bueno, lo sé porque todos los libros de historia lo dicen. Claro, podríamos argüir que se tienen las evidencias de ello, pero realmente sólo sabemos que existen esas evidencias y que de ellas se infiere que Napoleón nació en Córcega, precisamente porque los libros nos lo dicen. ¿Cómo sabemos los legos que la Tierra gira alrededor del sol y no al revés? Bueno, lo sabemos porque nos lo dicen los libros de ciencias, los cuales a su vez nos explican cómo se sabe esto, desde las observaciones y los cálculos de Copérnico, Kepler y Galileo hasta la exploración espacial moderna. Pero si no somos matemáticos, astrónomos o cosmonautas, no podemos comprobarlo nosotros mismos (por lo menos yo no, aquí desde un habitación en el culo del mundo). Sin embargo, nos parece sensato confiar en el hecho de que todas las fuentes al respecto nos lo afirman. A mí no me consta personalmente que tropas rusas estén en Crimea; no he ido a Crimea a comprobarlo por mí mismo. Pero veo en los diferentes medios noticiosos que reportan lo que ha ocurrido, y confío en ellos, no ciegamente, sino después de haberme formado un criterio propio.



¿Entonces no estaríamos cayendo constantemente en los ad verecundiam? Pues no en realidad. Recuerden que una falacia es tal cuando le falta coherencia y relevancia. Es relevante y coherente que todos los libros de historia digan que Napoleón nació en Córcega. Y como no podemos ir a comprobarlo por nosotros mismos, es prudente creerlo. Es relevante y congruente que todas las fuentes científicas nos informen que la Tierra gira alrededor del sol. A menos, claro, que seas un historiador o un astrofísico con hipótesis alternativas, en cuyo caso deberás conducir por ti mismo tus propias investigaciones para demostrarlas. Suerte con eso. Pero la mayor parte de nosotros sólo tenemos libros, diarios y otros medios de comunicación para enterarnos sobre la mayoría de los temas.

Una persona sensata va aprendiendo cuáles son las fuentes confiables y cuáles no. Después de todo, es coherente y relevante desconfiar de alguien que sabes que suele decir mentiras. Es relevante si la fuente es amarillista o sensacionalista, si se sabe que ha publicado noticias falsas, sesgadas o exageradas; si la información que aparece en ella es contrastable con lo que aparece en otras fuentes o si son es la única fuente que hace tales afirmaciones; si tiene motivos ideológicos, religiosos o políticos para inclinar la información hacia uno u otro lado, o si la información que suele presentar se contradice con los hechos que se conocen, por ejemplo, en ciencia o en historia. 

Ejemplo obvio: uno sabe que si una nota es de El Deforma, será información ficticia con motivos humorísticos, y uno no estará cometiendo un ad verecundiam si con sólo leer que se trata de una nota de este diario, se sonríe y asume que lo están vacilando. De la misma manera, uno puede descartar de plano las publicaciones de una revista como Año Cero, que habla de "fenómenos paranormales" debido a todo lo anterior: suelen presentar historias falsas o exageradas (y muy frecuentemente reciclan casos que ya han sido desmentidos); la información que presentan nunca la vamos a ver repetida en otros medios serios (si acaso se recicla en publicaciones de la misma calaña), y lo que dicen contradice todo lo que sabemos sobre cómo funciona el mundo.



Es relevante si un artículo sobre la evolución aparece en Scientific American o en un blog de cristianos creacionistas. Es relevante si el tema del Holocausto es abordado en un compendio elaborado por la Universidad de Oxford,  o en una página de neonazis. Es relevante si un informe sobre los efectos de la leche en nuestra dieta provienen de la Escuela de Salud Pública de Harvard, o de un gurú en un video de YouTube. Es relevante si una compilación de evidencias sobre el cambio climático aparece en el banco de datos de la NASA o en un sitio web de libertarianos apasionados por el libre mercado. Pero esta relevancia no viene sólo del nombre o afiliación de los sitios, sino que, en todos los casos, los segundos ejemplos de cada par se han caracterizado por utilizar falacias y falsedades en la construcción de sus argumentos, reiterar afirmaciones que se han desmentido, contradecir lo que se conoce sobre el mundo y tener un fuerte sesgo ideológico que los inclina a la mentira, mientras que las otras son instituciones caracterizadas por el rigor en sus investigaciones.

Vamos, hasta los investigadores científicos confían en el consenso establecido dentro de su profesión. Hacen sus investigaciones a partir de lo que ya está establecido, confiando en que si forma parte de un consenso es porque ha sido demostrado más allá de toda duda razonable mediante el rigor del método científico. No es necesario para cada físico o biólogo recién graduado comprobar empíricamente todo lo que decían todos sus libros de texto a lo largo de la carrera. Tampoco se ven en la necesidad de replicar todas y cada una de las investigaciones que hacen sus colegas, sino que confían en el arbitrio de los journals. A menos, claro, que un investigador tenga muy buenas razones para pensar que el consenso está equivocado, o que un colega en particular ha cometido un grave error y quiera ponerlos a prueba.



¡Mucho ojo! Aquí estamos hablando de confiabilidad, no de factualidad. Si la revista National Geographic publica que Jane Goodall descubrió que los chimpancés en ocasiones comen carne, ello no hace verdadero que los chimpancés coman carne, ni es prueba de que los chimpancés comen carne. Sólo significa que es sensato confiar en dicha información. Asimismo, si Pijamasurf reporta que directores como Orson Welles, Akira Kurosawa y Peter Greenaway hicieron notables adaptaciones de obras de Shakespeare, esto no deja de ser verdad aunque el resto del tiempo esa infumable página se la pase publicando estupideces (ah, perdón, "noticias alternativas"). Y si de repente abrimos una National Geographic y leemos un encabezado que reza "Hallan cadáver de pie grande en pirámide maya sumergida en Xochimilco", no pensaríamos "es verdad porque lo dice esta excelente revista", sino que nuestra primera reacción sería WTF?, consideraríamos que alguien en NatGeo nos está jugando alguna broma y buscaríamos en otros medios para saber qué rayos habrá pasado, precisamente porque una noticia así contradiría lo que ya sabemos sobre el mundo.

En realidad, hasta ahora me he limitado a hablar de la falacia ad verecundiam en los casos de medios de comunicación y fuentes de información. Pero el tema va más allá de esto y de hecho las siguientes falacias son formas de ad verecundiam o están relacionadas con ella.

AD HOMINEM

Consiste en atacar no al argumento que dice una persona, sino a la persona en sí. Se da mucho en los casos de ideología política o creencias religiosas, en las que se rechaza o se avala lo que alguien dice sólo porque quien lo dijo comparte las propias creencias o posturas. "Enrique Krauze es de derecha, no hay que hacer caso de nada de lo que diga" o "¿Eso dijo Carmen Aristegui? Pfff, chairo pendejo".



A menudo estos ataques se centran en características personales del sujeto que son completamente irrelevantes para lo que se debate y que además suelen tener una carga despectiva "No le hagas caso, él es gay", "Ignórala, está en sus días", "Dice pura pendejada, ya está ruco". Estas descalificaciones no son solamente falacias lógicas, sino que además revelan los prejuicios de quien las blande. En una sociedad machista se tiende a ignorar o minimizar el testimonio de las mujeres. En una sociedad racista se tiende a ignorar o minimizar el testimonio de las minorías raciales.

En su famoso y controvertido libro Imposturas intelectuales, los autores Alan Sokal y Jean Bricmont, discutiendo el asunto de la competencia para discutir ciertos temas, citan positivamente a Noam Chomsky, quien a su vez narra sus experiencias como académico. Como saben, Chomsky es lingüista de profesión, pero como intelectual sus intereses lo han llevado hacia diversas áreas del conocimiento. Chomsky platica que él no tiene entrenamiento profesional en matemáticas, y que para hablar de lingüística matemática ha tenido que instruirse a sí mismo. Sin embargo, cuando ha tenido que hablar del tema frente a matemáticos, ha notado que ellos nunca le cuestionan si tiene los títulos o credenciales en matemáticas requeridos para discutir del tema; no, ellos está más interesados en si lo que Chomsky dice es correcto y tiene sentido; es decir, lo importante era siempre el objeto de la discusión, no la autoridad que Chomsky pudiera tener o no para hablar de él.

Sin embargo, continúa el buen Noam, cuando toca temas políticos (algo que él hace muy a menudo), constantemente se le ha cuestionado de qué credenciales dispone para arrogarse el derecho de hablar del asunto (es decir, se le hacen ataques ad hominem). Chomsky señala que parecería que mientras más rica es la substancia intelectual de un campo (las matemáticas son inconmesurablemente más objetivas que la política y menos sesgadas por las pasiones personales), menor es la preocupación por las credenciales y mayor el interés por el contenido.

Pues sí: rechazar lo que alguien dice sólo porque no es una autoridad en el tema seria caer en la falacia ad hominem. Después de todo, un lego puede ser una persona sensata o informada y bien puede ser que lo que está diciendo sea completamente válido. No necesito ser médico para poder decir que si tienes una infección viral tomarte una dosis del antibiótico amoxicilina no te va a servir de nada. De lo que se trata es recordar que el título de experto o la falta de él no hacen que lo que se dice sea válido o no.

A veces no es un ad hominem, a veces simplemente te están insultando

Pero claaaaaaro, esto nos regresa al tema de la confiabilidad. Si le pregunto a un compañero de trabajo "¿Qué hiciste el fin de semana?" y me responde "Fui al cine a ver la película de Lego", no tengo que exigirle evidencias al respecto, porque en general lo considero una persona que no me mentiría, menos en un asunto tan trivial. Por otro lado, es sensato desconfiar de una persona que sabemos que ha mentido, o que tendría buenos motivos para mentir sobre alguna cuestión. Si alguien de quien sabemos que no tendría los conocimientos para interpretar un fenómeno astronómico viene a contarnos que vio un ovni, no haríamos mal en levantar la ceja con escepticismo. Si alguien que sabemos que es esquizofrénico viene a decirnos que le está hablando la Virgen, es recontrasensato desconfiar de su testimonio. Aunque, claro, si ese mismo esquizofrénico nos dice que la Tierra gira alrededor del sol, tal dato no deja de ser verdadero porque lo haya dicho nuestro atribulado amigo.

Después de todo, también es prudente confiar en los expertos. Que ellos digan algo no hace que ese algo sea verdad ni es prueba de que ese algo es verdad, pero por lo general es pertinente confiar en ellos. ¿Cómo, por ejemplo, podrían asegurarse de que mi anterior declaración sobre las infecciones virales es acertada? Consultando con un médico o con un texto de medicina, por supuesto (o haciendo la prueba ustedes mismos; suerte con eso). Estarían cometiendo un ad hominem si creyeran en todo lo que les digo sólo porque soy ridículamente guapo.

¿Lo ven?

La clave consiste en detectar si es relevante esa característica de la persona en relación con lo que dice. ¿Es un conocedor del tema? Ésa es una pregunta relevante, pero nótese que no se plantea si el sujeto tiene un doctorado en la materia, sino si conoce del tema. Es decir, bien puede tratarse de un autodidacta muy culto y perspicaz (como Chomsky), o de un lego suficientemente informado. El título no es relevante, pero los conocimientos sí lo son.

¿Es una persona que tiende a decir mentiras? ¿Es alguien que tendría motivos poderosos para mentir sobre este tema? ¿Es alguien que suele decir cosas disparatadas sobre estos asuntos? ¿Es alguien cuyas creencias personales sesgarían su opinión sobre el tema? ¿Es un testigo presencial de lo que declara? ¿Es una persona que sufre delirios o alucinaciones? Y más importante que todo lo demás, ¿puede esta persona presentar evidencias o dirigirnos hacia donde se encuentran esas evidencias? Todas éstas son cuestiones relevantes cuando tratamos de establecer la credibilidad de un sujeto. En cambio, preguntarse su edad, ocupación, raza, orientación sexual, su gusto al vestirse, si tiene tatuajes, su profesionalismo en campos que no están relacionados o su ética en asuntos que no vienen al caso, sería caer en la falacia ad hominem. De nuevo, recuérdese que estamos hablando de confiabilidad, de lo que resulta prudente creer, pues los hechos seguirán siendo los hechos sin importar quién los enuncie (uf, perdonen que lo repita tanto), y siempre es posible que hasta la fuente más confiable y el tipo más brillante se equivoquen.

Existen formas de ad hominem muy particulares: la falacia ad crumenam, que consiste en aceptar lo que alguien dice sólo porque es rico; y la falacia ad lazarum que da por válido cualquier cosa que diga alguien pobre. Y por supuesto...

MAGISTER DIXIT





Cuenta la leyenda que los discípulos de Pitágoras, al explicar algo de su filosofía, si alguien les preguntaba "¿y por qué?", ellos respondían magister dixit, es decir, "el maestro lo dijo". Esto es una falacia. Una cosa no es verdad porque el más maestrazo de los maestrazos lo haya dicho, ni tampoco que el maestrazo lo haya dicho es prueba de que sea verdad. Claro que el teorema de Pitágoras es correcto, pero no es correcto porque el maestro lo haya dicho; antes bien, sucedió que el maestro era un tipo muy listo y pudo descubrir el teorema. Sus alumnos debían haberse tomado la molestia de explicar cómo había sido que el maestro había llegado a esas conclusiones. Y claro que es leyenda, porque los pitagóricos hablaban griego, no latín.

También llamada "falacia de apelación a la autoridad", consiste en asumir que algo es verdadero sólo porque lo dijo una figura de autoridad. Ésta puede ser alguien con poder político de algún tipo, o una autoridad de tipo académico, científico o artístico. El dogma de la infalibilidad del Papa es una falacia de este tipo.

Una forma frecuente en la que se presenta esta falacia es mediante las citas célebres de grandes figuras del pasado. Las citas son excelentes para reflexionar y dialogar, y si provienen de personajes cuyo pensamiento y obra respetamos, en sensato tomarlas en cuenta, pero en sí mismas no prueban nada. Es decir, que un escritor famoso haya dicho algo sobre el sentido de la vida, ello no significa automáticamente que ese pensamiento sea cierto. Compartir citas célebres puede ser muy provechoso, siempre y cuando no las tomemos como axiomas que son verdaderos sólo porque alguien sabio los dijo.

Los escolásticos medievales censuraban el pensamiento independiente; sus argumentaciones se basaban en puros ad verecundiam y apelaciones a la autoridad. Para probar un punto, se volvían a la Biblia, a los padres de la Iglesia (como Agustín de Hipona) y en ocasiones a Aristóteles. El que alguna de esas figuras de autoridad hubiera dicho algo era tomado como prueba suficiente para considerarlo cierto. Es irónico, porque estoy seguro de que Aristóteles no habría aprobado dicho método, habiendo dicho frases como "Amo a Platón, pero amo más a la verdad"; esto es, ni el respeto que puedas sentir por tu maestro debe nublar tu buen juicio e impedirte buscar la verdad por tus propios medios.

Magister dixit también han cometido los seguidores de pensadores de diferentes tipo, por ejemplo los marxistas dogmáticos, que han buscado hacer exégesis de las palabras del maestro, para saber lo que "realmente quería decir" (no fueran a caer en herejía) y sin cuestionar nunca (¡impensable!) si sus análisis sobre economía, sociedad y política estaban siempre en lo cierto, sino antes bien, tratando de explicar la siempre cambiante e impredecible realidad contemporánea, ajustándola a las palabras del maestro (cuando uno debería adaptar las explicaciones a los hechos, no al revés). Sospecho que a Marx tampoco le habría parecido bien esa falta de criterio propio.



Esta falacia también se presenta cuando se recurre a una autoridad cuyo campo de conocimientos no es relevante para lo que se trata. Los creacionistas gustan alardear que grandes científicos del pasado como Isaac Newton creían en el relato bíblico del Génesis. ¿Y quiénes somos nosotros para llevarle la contraria a Sir Isaac Newton, fundador de la física moderna? Bueno, Newton decía que él y sus contemporáneos sólo eran enanos parados sobre hombros de gigantes (los genios que le precedieron) pero que por ello podían ver más lejos. Bien, pues nosotros somos los enanos parados sobre los hombros de Newton, y podemos ver más lejos gracias a él y a los otros gigantes que le siguieron, entre ellos Darwin. Dicho más claro: Que Newton creyera en el Génesis es irrelevante porque él porque murió casi 100 años antes de que Darwin naciera; en sus tiempos no se había desarrollado la ciencia evolutiva, así que no había forma que pudiera conocerla.

Hemos visto casos de premios Nobel que de pronto dicen cosas que no vienen al caso y que no tienen sentido, pero a quienes pareciera que hay que tener en alta consideración porque, después de todo, ganaron un premio Nobel. Como Linus Pauling, premio Nobel de química por su descripción de los enlaces químicos, pero que tarde en su carrera hizo una serie de declaraciones extravagantes sobre la vitamina C, a la que le atribuía propiedades curativas fantásticas, así como atribuía toda clase de males de salud a la deficiencia de esta vitamina. Sus afirmaciones fueron desmentidas por investigadores del área médica, pero muchos legos crédulos siguen repitiéndolas, señalando que Pauling era premio Nobel y por lo tanto no podía estar equivocado.

Otro ejemplo es con Einstein. Además de que en Internet se le suele atribuir toda clase de tonterías que nunca dijo ni habría dicho, algo que sí hizo fue volverse vegetariano hacia el final de su vida. Sí, cuando estaba viejito y ya tenía problemas para digerir la carne, las grasas y los lácteos. Pero los veganos lo toman como evidencia: si el gran genio Einstein fue vegetariano, TODOS deberíamos serlo. Magister dixit, pues.

AD POPULUM

La falacia ad populum (que significa, "al pueblo"), consiste en suponer que algo es verdad sólo porque mucha gente lo dice o lo cree. El viejo slogan publicitario "tantas personas no pueden estar equivocadas" es el ejemplo por excelencia de esta falacia. Por supuesto que muchas personas pueden estar equivocadas, lo han estado la mayor parte de las personas por la mayor parte de la historia humana: con que la Tierra es plana, que el sol gira alrededor de ella, que las mujeres son naturalmente inferiores a los hombres, que los fenómenos naturales tienen causas sobrenaturales, que existen las brujas, que existen la buena o la mala suerte y que podemos influir en ella con ritos o amuletos, que el mundo fue creado en seis días hace menos de diez mil años... En fin, aún hoy en día hay toda clase de creencias erróneas (algunas muy difíciles de desarraigar) a la que mucha gente en todo el mundo se aferra.

¡Coma mierda: millones de moscas no pueden estar equivocadas!


"Un momento, Ego. ¿Qué hay del consenso científico? Eso es un montón de científicos poniéndose de acuerdo sobre algo y cuando llegan a ese acuerdo deciden que eso es verdad. ¿No es eso ad populum?" Buena pregunta, mi imaginario interlocutor. Y la respuesta es: NO. El consenso científico funciona de diferente manera. No es que simplemente se reúnan un montón de científicos como si fuera un cónclave vaticano o la RAE y decidieran cómo son las cosas basándose en lo que les late. 

Lo que sucede es que hay investigadores que mediante el rigor del método científico (que no, no es perfecto ni infalible, pero siendo lo mejor de lo que se dispone) llegan a conclusiones y pretenden publicar sus resultados. Idealmente, sus trabajos son revisados por pares para encontrar fallas metodológicas evidentes; si no las encuentran, el trabajo se publica. Digo idealmente, porque, como en todas las actividades humanas, siempre se corre el riesgo de corruptelas, favoritismos y compradazgos, "me dio hueva leerlo y lo aprobé" y cosas así, pero la buena noticia es que cuando eso sucede los escándalos salen a la luz más temprano que tarde. Después se busca replicar los resultados de la investigación, se contrastan con otros (si dos investigaciones sobre lo mismo dieron resultados diferentes uno se pregunta "¿qué pasó ahí?"). En fin, el caso es que para que haya un consenso científico tiene que haber una acumulación de evidencias lo suficientemente grande que sería necio ponerla en duda.

Esta aclaración sobre el consenso científico es importante para hablar de otro grupo de sofistas muy tramposo: los negacionistas del calentamiento global. Existe un sólido consenso científico sobre que hay un cambio climático, que es provocado por la actividad humana y que tendrá graves consecuencias en el futuro próximo. Sin embargo, los negacionistas suelen decir que el apelar al consenso científico o al hecho de que todas las publicaciones científicas, desde las más especializadas hasta las de divulgación más popular (hice una breve compilación aquí), coinciden en que hay un cambio climático antropogénico, es a la vez una falacia magister dixit (porque los científicos y las publicaciones son figuras de autoridad) y ad populum (porque son la mayoría de los científicos y publicaciones quienes lo afirman).

Fuente: Universidad de Yale


Mientras, ante el señalamiento de que los pocos científicos negacionistas son tomados cada vez menos en serio (hay más ideólogos e ideologizados que científicos en el negacionismo) y que sus espacios para publicar sus ideas se han reducido a blogs y sitios webs con declaradas afiliaciones políticas, lejos de las publicaciones científicas y revistas arbitradas, ellos responden acusando a los otros de ad verecundiam y ad hominem. Esto está a medio camino entre lo malicioso y lo estúpido; siguiendo esa lógica, apelar a cualquier consenso científico o a cualquier publicación científica sería falaz, y cualquier charlatán podría acusar de falaces a quienes le hicieran más caso a los científicos y a las publicaciones que a él y a su blog. 

Pero lo importante es que, aparte de las fuentes y los expertos, del lado que asegura que hay un cambio climático están las evidencias (como este banco de datos, gestionado por la NASA), mientras que todas las objeciones de los negacionistas han sido contestadas (por ejemplo, aquí y aquí) mediante datos, investigaciones y evidencias.

AD ANTIQUITATEM y AD NOVITATEM

La primera es también llamada "apelación a la tradición" y consiste en tomar una creencia como válida sólo porque tiene mucho tiempo de ser considerada tal. Los ejemplos son abundantes, pero escogeré los de las pseudomedicinas. Prácticas antiquísimas como la acupuntura son defendidas, sobre todo por occidentales despistados, porque son muy antiguas (el otro argumento falaz para defenderlas tiene que ver con "la culpa del hombre blanco", pero ése lo veremos en otra ocasión). Después de todo, si no funcionaran ya se habrían abandonado, ¿no?

"¿Cómo te atreves a burlarte de las creencias de nuestros ancestros y sus manboobs?"


Pues no es tan sencillo. Muchas prácticas ineficaces continuaron y continúan llevándose a cabo a pesar de sus pocos resultados. Desde arrojar vírgenes al cenote sagrado para que Chaak haga llover, hasta las sangrías, sanguijuelas y ventosas que eran comunes en Europa antes del desarrollo de la medicina propiamente científica. Éstas eran costumbres que definitivamente no daban resultado, pero ello no impedía que se siguieran practicando, lo cual indica que somos una especie bastante testaruda y boba.

Otras creencias absurdas también fueron sostenidas durante siglos o milenios antes de que fueran descartadas. Ya mencionábamos el geocentrismo y el creacionismo, pero también están la generación espontánea, el flogisto, la inercia según Aristóteles y muchas otras ideas, desde las que uno entiende cómo llegaron a esa conclusión teniendo en cuenta los medios que tenían a la mano, hasta las que hacen que uno se pregunte "¿qué mierda estaban fumando?", pero todas las cuales fueron sostenidas por mucha gente y durante mucho tiempo hasta que se demostraron falsas.

"Todas las generaciones están mal, excepto la mía."


La falacia ad novitatem es su opuesto. Consiste en creer que algo es verdadero o efectivo sólo porque es nuevo o moderno. Los publicistas la usan a menudo con frases como "este novedoso tratamiento" o "este revolucionario método" o "este sistema que está rompiendo todos los esquemas". Sea cual sea la cosa que venden, puede ser efectiva o no, pero argumentar que es buena sólo porque es nueva es totalmente falaz. También es un ad novitatem afirmar que una reforma es buena sólo porque es un cambio (cof, Peña Nieto, cof).

FALACIAS ÉTICAS

Antes de concluir, me parece buen momento para señalar que todas las falacias que hemos visto en esta entrada se aplican regularmente no sólo en cuestiones de lo que es verdadero o falso, sino de lo que es bueno o malo. Es decir, se usan también para construir argumentos sobre cuestiones de índole moral, para hacer una pseudoética.

Por ejemplo, si se quiere justificar que la homosexualidad es una aberración porque la Biblia lo dice, se está cometiendo un ad verecundiam. Será un pecado para la religión de quienes creen la Biblia, pero ello no sirve como argumento para quienes no lo hacen. Si se quiere argüir que comer carne es malo porque lo dice Maharishi Mahesh Yogi es un magister dixit. Si, por el contrario, se rechaza algún consejo moral que puede ser muy sensato, digamos la ética de lo no violencia de Gandhi, sobre la única base de que el Mahatma creía en toda clase de tonterías supersticiosas, estaríamos cometiendo un ad hominem

Cuando se quiere justificar una acción porque todo el mundo la lleva a cabo, como sobornar a los policías de tránsito, se está cayendo en el ad populum. Por último, cuando una práctica se califica como buena porque tiene muchos años llevándose a cabo, por ejemplo la violencia escolar, también llamada bullying, cuyos defensores suelen decir "eh, si así ha sido siempre, es lo normal" es nada más ni nada menos que un ad antiquitatem.

"Esto está bien porque es una tradición de siglos"


Con eso terminamos por esta semana, mis queridos contertulios. No se pierdan la próxima entrada de este curso para aprender a no dejar apendejarse.

Parte IV: Confundir la gimnasia con la magnesia

jueves, 27 de marzo de 2014

Falacias, Parte II: Eso no tiene sentido



Leer la Introducción
Leer la Parte I

Después de haber repasado por las falacias formales, es tiempo de atacar las falacias informales. No se trata de falacias que gustan de andar en fachas o que no conocen el protocolo, sino fallas en el razonamiento que van más allá de las estructuras formales de la lógica, y en las que simplemente las premisas no soportan la conclusión que plantea quien sostiene el argumento.

En esta ocasión repasaremos algunas formas de llegar a conclusiones que simplemente no tienen sentido.

POST HOC ERGO PROPTER HOC Y CUM HOC ERGO PROPTER HOC




Es la falacia que ya mencionábamos en la introducción. La primera frase significa "después de, por lo tanto debido a" y consiste en creer que si un evento Y sucede después de un evento X, entonces X es la causa de Y. La segunda es muy similar, significa "con esto, por lo tanto debido a esto", y consiste en creer que si un factor X se presenta junto con un factor Y, entonces X es la causa de Y.

Los ejemplos clásicos suelen estar en la pseudociencia y sobre todo en las pseudomedicinas. Tenías una gripe molesta y no se te curaba. Visitaste al homeópata y ¡pum! Se te curó. Debieron haber sido los chochos, ¿no? No necesariamente. Después de todo, no hay que olvidar que las gripas tienen un ciclo natural y que si no se complican en neumonía o algo así, por lo general se curan solas.

Otro ejemplo: vacunaron al bebé de una actriz famosa, y al crecer este niño se le detectó autismo. Como desarrolló autismo después de la vacuna, ésta debe ser la causa del autismo. Pues no, en realidad. La vacuna es sólo uno de muchos factores, y no podemos concluir que una cosa es resultado de la otra sólo porque una sucedió antes y otra después. O el caso de unos muchachos mataron a un montón de condiscípulos y maestros en una escuela. Ellos escuchaban música de Marilyn Manson y jugaban videojuegos violentos. Conclusión: Marilyn Manson y los videojuegos violentos te vuelven loco y te hacen matar gente. Todos los anteriores serían ejemplos de falacias post hoc.



O para casos de cum hoc vean las conclusiones a las que suele saltar la gente cuando nota que un factor X se presenta junto a un factor Y. Mi ejemplo favorito data de la Edad Media, de la peste negra, para ser exactos. Algunos pre-médicos medievales notaron que los pacientes con la peste no tenían pulgas, mientras que las personas sanas estaban infestadas de pulgas. La conclusión: ¡las pulgas curan la peste! La solución: ¡echémosle pulgas a los enfermos! Dejándose llevar por el cum hoc, confundieron la causa con el efecto: eran las pulgas las que evitaban a los enfermos.  

Como vimos cuando hablamos de nuestras Debilidad mentales, tenemos la necesidad de encontrar un orden al aparentemente caótico mundo que nos rodea, y por ello buscamos patrones de causas y consecuencias en lo que observamos. Muchos ejemplos los dan las teorías de la conspiración. Resulta que hubo una reunión del G20 antes de un atentado terrorista en una ciudad europea. El conspiranoico clásico asumirá que el atentado fue planeado en esa reunión del G20.

En realidad X y Y podrían venir juntos debido a que ambos son consecuencia de una misma causa. O podrían estar allí por una total coincidencia. Para establecer una relación de causalidad entre una cosa y la otra son necesarios estudios rigurosos. Los mismos estudios que han dejado muy bien establecida la relación entre el hábito de fumar tabaco y el desarrollo del cáncer pulmonar, o entre la acumulación de CO2 en la atmósfera y el aumento de la temperatura global promedio. De la misma manera, no se ha demostrado relación alguna entre las vacunas y el autismo.

Como siempre, recuérdese que para detectar una falacia hay que fijarse en si la relación entre X y Y es relevante. Además no podemos hacer rigurosos estudios científicos cada vez que tengamos que actuar en nuestras vidas, pues no sería práctico. Si después de que de que te diste un golpe en la rodilla tienes problemas para caminar, es sensato asumir que una cosa llevó a la otra (pero de todos modos consulta a un médico, pues nunca se sabe).

GENERALIZACIÓN PRECIPITADA




En nuestro Rápido curso de lógica práctica hablamos del razonamiento inductivo y las formas en las que podemos llegar a conclusiones generales a partir de información particular. Hemos de recordar que tal es el objetivo de las ciencias factuales: establecer principios generales. Pero en nuestra búsqueda de estos principios a menudo caemos en pensamientos y argumentaciones falaces. La generalización precipitada, que consiste en creer que se está haciendo un razonamiento inductivo cuando en realidad no se dispone de la información suficiente como para concluir.

Por ejemplo, no sería muy propio de un científico concluir que todos los dinosaurios son enormes después de haber revisado unos cuantos fósiles. Y tampoco sería muy sensato por parte de cualquier persona asumir que todos los abogados son tramposos después de haber tenido algunas cuantas malas experiencias con miembros de este gremio. O que si te roba un gitano, asumas que todos los gitanos son ladrones, o peor aún, que son ladrones porque son gitanos.


A menudo el problema es que la muestra no es lo suficientemente amplia como para ser representativa o relevante

Ejemplos de generalización precipitada los encontramos más arriba, cuando hablamos del post hoc y del cum hoc. Sucede que no sólo cometemos un error al pensar que X es la causa de Y porque sucedió antes o porque se presentaron simultáneamente, sino que además generalizamos al considerar que, puesto que en alguna ocasión concluimos que X es la causa de Y, por tanto podemos concluir que X siempre tendrá por consecuencia Y, o que Y siempre será consecuencia de X. 

Sobre todo, generalizamos precipitadamente al pensar que nuestras anécdotas personales aplican para toda la generalidad. A esto se le llama concluir con base en evidencias anecdóticas. Lo vimos con el caso del homeópata allá arriba, y es un clásico en las pseudomedicinas: el "a mí me funciona". Me dieron un remedio naturista y me empecé a sentir mejor. Fui con el acupunturista y se me quitó el dolor de espalda. Le prendí una veladora a San Judas y se me pasó la gripe.

Es difícil que le digan a uno que su experiencia personal no significa gran cosa. Claro, significa todo para uno, sus sentimientos, el significado de la vida y así, pero no sirve como evidencia para concluir sobre aspectos generales y en investigaciones serias simplemente no tiene cabida. No, el que a ti te haya funcionado la acupuntura no significa que funcione. De entrada porque allí ya caemos en un post hoc, sin tener en cuenta que la "cura" bien pudo haberse dado solita, o ser el resultado de un efecto placebo. Después de todo, la gente sólo va a curarse con la "medicina alternativa" (alternativa a la que sí funciona, se entiende) cuando se trata de molestias menores que se curan solitas o que van y vienen sin causar mayor problema. Cuando necesitan una apendisecotmía o una operación a corazón abierto, nadie va con el homeópata.




Más importante aún, como decíamos, las relaciones de causa y efecto sólo pueden ser establecidas mediante estudios muy rigurosos. Ante numerosos estudios que indican que la homeopatía no sirve para nada, la anécdota de tu tía Chonita que se curó del hipo no tiene importancia alguna. Es feo decirlo, se siente como actitud arrogante, despectiva y elitista que denuesta todo lo que pueda decir el vulgo en beneficio de lo que dicen las autoridades científicas. Pero no se trata de lo que diga ex cathedra el hombre de bata blanca, sino de los resultados que arrojan los análisis estadísticos y las evidencias. La gente se resiste, naturalmente, sobre todo si los resultados de un estudio estadístico contradice su experiencia personal.

Un ejemplo muy común de esta falacia está en relación con la frase trillada de "los pobres son pobres porque quieren, porque no trabajan; en cambio los ricos lo han logrado debido a su esfuerzo". Para sostener esta idea, citan casos de gente que empezó desde abajo "el amigo de mi suegro era muy pobre, pero se la pasó trabajando y trabajando, y ahora tiene una empresa muy próspera". Conclusión: el sistema es fundamentalmente justo, quien quiera puede hacerse rico y quien no lo hace es por huevón. Pero esa conclusión proviene de algunas evidencias anecdóticas, o sea, que no son evidencias en lo absoluto. 

En cambio, los estudios estadísticos nos dicen que existe una fuerte correlación entre el ingreso de los padres y lo que llegarán a ganar los hijos cuando estén en edad laboral. Más aún: en sociedades con mayor desigualdad económica, esa correlación se hace aún más determinante. O sea que no, esos casos de "mucha gente" (¿cuánta? ¿diez? ¿veinte?) que ha salido de la pobreza trabajando duro no dejan de ser excepcionales y no cuentan como prueba de que la gente es pobre sólo porque no trabaja lo suficiente o rica sólo porque lo merece: los estudios estadísticos demuestran que los factores del entorno social tienen mucho peso.



En fin, mucha gente usa las evidencias anecdóticas como si fueran pruebas reales. Lo sé porque a mí me pasa muy seguido U.U

Una persona avispada se pregunta si realmente dispone de información suficiente para llegar a una conclusión. Desde luego, es impráctico esperar a tener análisis estadísticos y estudios científicos antes de tomar cada singular decisión en nuestra vida cotidiana; en esos caso no tenemos de otra más que basarnos en nuestra experiencia y sentido común. Pero conviene recordar que existen estas falacias antes de formarnos una opinión en asuntos que definitiviamente requieren de esos análisis estadísticos y estudios basados en evidencias, desde la salud humana hasta la economía.

RAZONAMIENTO CIRCULAR

Ésta es una de las falacias más divertidas. Se da cuando una persona utiliza la misma conclusión a la que quiere llegar como evidencia de las premisas o de la conclusión misma. El ejemplo más común es el siguiente:

Dios existe porque lo dice la Biblia, y la Biblia dice la verdad porque es la palabra de Dios.

¡Tadá! Jaque mate, ateos. Claro, este tipo de razonamiento falso por lo general no es planteado de una forma tan obvia. Por lo general, se dice este tipo de cosas:

Jesús obró milagros, demostrando ser el hijo de Dios. Por lo tanto, el cristianismo es la fe verdadera, y la Biblia como testamento del Dios auténtico, es el libro en el que debemos confiar. Es el relato del Génesis, y no tontería evolucionistas, lo que merece nuestra confianza absoluta.

Debemos creer en la Biblia porque es el libro de la fe verdadera. Sabemos que el cristianismo es la fe verdadera porque Jesús demostró ser hijo de Dios al hacer milagros. Sabemos que Jesús hizo milagros porque... ¡Lo dice la Biblia!




Las teorías de la conspiración se racionalizan a menudo en forma de argumentos circulares:

Mimí: ¡Los Illuminati controlan el mundo!
Momó: ¿De veras? ¿Cómo sabes?
Mimí: Por las cosas que suceden, las guerras, las crisis, los atentados...
Momó: ¿Y cómo sabes que ésas son cosas que hacen los Illuminati?
Mimí: Porque son cosas que les convienen a los Illuminati que pasen.
Momó: ¿Por qué crees que a los Illuminati les convendrían que pasaran?
Mimí: Porque son cosas que le convendrían a los que gobiernan el mundo, y los Illuminati gobiernan el mundo.

¡Cuidado! ¡Algunos magufos quieren hacer pasar ciertos argumentos como si fueran razonamiento circular! Los creacionistas con frecuencia dicen que los científicos conocen la edad de los fósiles basándose en el estrato geológico en el que se encuentran, y que conocen la edad del estrato geológico, basándose en los fósiles que se encuentran en él.

Si los científicos realmente hicieran eso, sería sin duda un despropósito. Pero no es así como lo hacen. De hecho los geólogos tienen sus métodos de datación para calcular la edad de un estrato y los paleontólogos tienen sus métodos para datar fósiles. Lo que hacen los creacionistas, que son de los campeones de la falacia más desvergonzados del mundo, es un hombre de paja, otra falacia que veremos más adelante, y que consiste en atacar no las ideas del oponente, sino versiones caricaturizadas de éstas.

AD IGNORANTIAM

Ésta falacia es de las más monas. El argumento desde la ignorancia nos dice que: 


A) No sabemos algo,  
B) Por tanto, lo que a mí me dé la puta gana.

Quizá la forma más común de esta falacia sea una que ya han escuchado muchas veces: "Debido a que no se puede comprobar que Dios no existe, debe existir" o "Que no haya pruebas de que Dios no exista, no significa que no exista". Pero el caso es que no se puede comprobar un negativo. No puedes comprobar que los unicornios no existen. No puedes comprobar que el universo no fue creado hace sólo 5 minutos y que todo lo que recuerdas no son más que datos insertados en tu memoria al momento de la creación, o sea hace 5 minutos. No se puede comprobar que una cosa X no existió o que un suceso Y nunca pasó. Lo que se puede es llegar a la conclusión de que no existen pruebas de X o de Y, o descartar como inválidas las que se presenten como pruebas (como hemos hecho analizando argumentos falaces).

Richard Dawkins lo plantea de la siguiente manera: la teteta espacial. Imagina que hay una tetera girando alrededor del sol. Está muy lejos y es muy pequeña como para ser detectada por ningún instrumento que tengamos, así que no la vemos. No sabemos si hay o no una tetera espacial, así que ¿por qué suponer que no la hay? Excepto que eso no tiene sentido en lo absoluto. Bueno, a lo mejor sí existe la jodida tetera, ¿pero a quién le importa? ¿Por qué habría de creer en cualquier cosa que se te ocurra, sólo porque no sé lo que está ahí?



Una forma en la que se manifiesta esta falacia en las diversas formas de magufería y pseudociencia, cuando dicen:

¡Es que la ciencia no lo sabe todo!

Pos no. Ni lo hará. Pero aunque no dispongamos de una explicación científica para un fenómeno tal, eso no significa que esa explicación sea el ente sobrenatural que te imagines. Antes la gente no sabía por qué llovía, y asumía que era la voluntad de Zeus. O no sabía por qué se daban los cambios de estaciones y asumían que era Ishtar que volvía a la tierra desde el inframundo. Sus conclusiones son tan coherentes como las de quien hoy en día asume que si algo no lo puede explicar la ciencia, debe tratarse de un asunto sobrenatural.

De cualquier forma, a veces no es "la ciencia" la que no sabe las cosas, sino tú. O sea, no porque no supiste qué era ese objeto inusual que viste en el cielo, y el astrónomo al que consultaste (y que no lo vio) no sabe qué decirte, ya por eso debes concluir que era una nave especial con visitantes de otro planeta. O que si no sabes por qué razón a tu gato le da por quedarse mirando de fijo a espacios vacíos, debas saltar a la conclusión de que el minio ve fantasmas en tu casa. Como los infames Ghost Hunters, cuyo principio básico es que si no pueden encontrar explicaciones científicas (como en la media hora durante la que "investigan") a los fenómenos que encuentran, entonces deben tener causas sobrenaturales, en específico, fantasmas, (como los que te están observando detrás de tu hombro derecho mientras lees esto... ¡no voltees!).



Argumentar desde la ignorancia es una de las cosas más tontas que uno puede hacer. Evítalo.

HIPÓTESIS AD HOC

Muy relacionados con el razonamiento circular y con la falacia ad ignorantiam, está la hipótesis ad hoc. Ésas son hipótesis o suposiciones que caen de perlas porque explican con mucha conveniencia algún fenómeno. El problema es que estas hipótesis no pueden ser comprobadas ni refutadas. No porque hagan falta recursos o los instrumentos necesarios para comprobarla; en la historia de la ciencia en ocasiones han surgido hipótesis que no pudieron comprobarse en su momento, sino mucho después, cuando se hubieron desarrollado los instrumentos para hacerlo. Las hipótesis ad hoc, en cambio, son por su misma naturaleza incomprobables. Además, suelen usarse en montón, proponiéndose como explicaciones incomprobables sobre por qué algunas afirmaciones no pueden ser comprobadas.

Aquí viene mi ejemplo favorito de Carl Sagan: el dragón en el garaje:

Pipo: Tengo un dragón en mi garaje.
Pope: ¿De veras? ¡Muéstramelo!
Pipo: No puedo, es invisible.
Pope: Bueno, vamos a tocarlo.
Pipo: No se puede, es intangible.
Pope: ¿Podemos medir su calor con un visor térmico?
Pipo: No, no produce calor.
Pope: Supongo que tampoco podemos escucharlo.
Pipo: No, no hace ruido.


Entonces el primer tipín tiene una afirmación que no puede comprobar. Para explicar por qué no la puede comprobar, ofrece hipótesis que son en sí mismas incomprobables. En realidad, después de todo el choro mareador que se propuso para explicar por qué no hay pruebas del dragón del garaje, nos quedamos iguales: para efectos prácticos, no existe dragón en el garaje. Veamos otro ejemplo:

¡El gobierno oculta las evidencias de que los extraterrestres nos visitan! Por eso no hay pruebas, ¿te das cuenta?

O sea, para justificarse el porqué no tienen pruebas de que su teoría de la conspiración es real, requieren que admitamos que su teoría de las conspiración es real (por eso les decía que se relacionaba muy a menudo con el razonamiento circular).

Las pseudociencias recurren a las hipótesis ad hoc para justificar el por qué no funcionan o por qué no pueden ser comprobadas. Si fuiste con un curandero y tu mal no se alivió, quizá te diga que no tuviste suficiente fe. Algún partidario de la ley de la atracción te dirá que si no obtuviste lo que deseabas fue porque no lo quisiste con suficiente fuerza. Son explicaciones ad hoc, por supuesto, porque para empezar la fe y el deseo son experiencias subjetivas, y no se puede medir cuánta fe tiene una persona ni con cuánta fuerza está deseando algo. Mucho menos se puede establecer una correlación para saber exactamente cuánta fe o deseo se necesita para que se obtenga el resultado deseado.

Charlatanes como los del ejemplo anterior no pueden comprobar nada, pero como tampoco se les puede refutar, por la misma naturaleza de sus afirmaciones, se cuelgan de la falacia ad ignorantiam, para protegerse de toda crítica. Por ejemplo, Gavin Menzies propuso la idea de que América fue descubierta por los chinos antes que Colón. Cuando se le pregunta por qué entonces los chinos, un pueblo altamente letrado y escrupuloso para el registro de sus acontecimientos importantes, no tiene ningún documento que hable de ese viaje, Menzies responde que esos documentos debieron haber sido destruidos. Algo que no podemos comprobar para explicar algo que no podemos comprobar.




¡Cuidado! Los creacionistas suelen atacar a la evolución de ser un conjunto de hipótesis ad hoc. Esto es una falsedad (los creacionistas son gente muy tramposa). No es éste el espacio para discutirlas, pero en realidad tanto el hecho de que los seres vivos evolucionan y los mecanismos por los cuales lo hacen están más que comprobados (y las hipótesis aún no comprobadas son susceptibles de serlo).

La hipótesis ad hoc por excelencia es, desde luego, Dios. La idea de un Dios creador cuya voluntad dio origen al universo y sus leyes es una forma de explicarnos por qué las cosas existen y son como son. Aunque, desde luego, esta explicación no explica nada. Los creacionistas suelen decir que si los chimpancés y los seres humanos son 99% genéticamente iguales, no se debe a la evolución (una explicación demostrable), sino simplemente que Dios así lo quiso (algo que no podemos demostrar ni refutar). Ante la incongruencia de tener un Dios omnipotente y bondadoso por un lado, y un mundo de sufrimiento y crueldad por otro, la explicación ad hoc es que Dios nos deja libres, o sea que no interviene porque decide no hacerlo. Al señalamiento de que ocurren tantas desgracias en la vida humana se responde que los motivos de Dios son misteriosos. Como no podemos comprobar que Dios existe, y mucho menos podemos comprobar cuáles son sus intenciones, tales explicaciones son irrefutables, pero también son inútiles.

No puedes comprobar que el mundo NO fue creado por el Monstruo Espagueti Volador

Lo mismo se aplica para cualquier fuerza sobrenatural con la que pretendan explicarse los fenómenos del mundo real, como la ley de la atracción o el karma. En una ocasión discutí con una colega literata al respecto, pues ella estaba cree en el karma, la noción oriental de que hay una fuerza cósmica que recompensa las buenas acciones y castiga las malas. Su primer argumento fue señalar que la creencia en el karma es muy antigua (falacia ad antiquitatem, que es concluir que una creencia es verdadera sólo porque es muy antiguo; la veremos más adelante).

Yo le cuestioné cómo podía creer en un mundo regido por el karma cuando en la historia reciente de la humanidad habían ocurrido atrocidades como el Holocausto nazi, en el que 6 millones de personas, entre ellas muchos niños, habían sido masacradas sistemáticamente. Ella dijo que no sabemos si todas esas personas en su otra vida cometieron crímenes ellas mismas. ¡Combo breaker!  Fuera de la repugnancia moral que me causó esta respuesta, su falta de lógica es evidente: Su explicación para algo que no se podía comprobar (la idea del karma, que no es compatible con las injusticias de la vida) era otra cosa que no se podía comprobar (asumir que la reencarnación es real y que en su vida pasada estas personas cometieron crímenes). Son hipótesis ad hoc sobre hipótesis ad hoc para explicar porqué una explicación que no explica nada no puede ser demostrada. La epítome del malabarismo mental.

Ante todas estas confusiones, es conveniente recordar el principio conocido como la Navaja de Occam, llamada así en honor al filósofo medieval William de Occam. Ésta nos dice que la explicación más sencilla es la más probable. Por "sencilla" no queremos decir "facilota", sino la que requiere de menos supuestos desconocidos o incomprobables para explicarse. ¿Asumimos que existe una fuerza cósmica que reparte justicia, asumiendo también toda una cadena de cosas que no sabemos ni podemos comprobar? ¿O simplemente asumimos que no existe tal fuerza cósmica?

TRANSFERIR LA CARGA DE LA EVIDENCIA

Este último es uno de los ardides más tramposos de los que un sofista puede echar mano. Consiste en "echarle el muerto" a otra persona, en "pasarle la bola", en hacerla responsable de algo que debería ser responsabilidad de uno mismo: comprobar lo que se dice. Como veremos, esta artimaña está muy relacionada con la falacia ad ignorantiam y con las hipótesis ad hoc

Veamos:

Tito: Yo creo que los extraterrestres gobiernan el mundo.
Tata: No manches, ¿qué tontería es esa?
Tito: ¿Ah, no me crees? Pues demuestra lo contrario.
Tata: ¿Qué? Pero yo no puedo...
Tito: Ahí está, si no puedes demostrar lo contrario, es que yo digo la verdad.

Hay muchos ejemplos de esto en las pseudociencias y la magufería. Los charlatanes a menudo retan a que se les demuestre que sus afirmaciones NO son ciertas. Es una forma cómoda de escudarse y no tener que comprobar ellos mismos lo que dicen. Ante ello, siempre es bueno seguir la máxima del gran Carl Sagan: "Afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias". Es decir, que quien asegura algo es quien tiene la responsabilidad de demostrarlo, y no quien lo pone en duda, sobre todo si tales afirmaciones son de naturaleza extraordinaria, por ejemplo cuando contradicen lo que se sabe.



En la historia de la ciencia, por supuesto, ha habido afirmaciones extraordinarias, en forma de hipótesis o teoría, que contradecían el paradigma establecido en ese entonces. Los científicos de la época hicieron bien al mostrarse escépticos ante tales ideas novedosas, porque de hecho hay mucha basura y no todos los charlatanes que proponen algo nuevo resultan ser Galileo. Cuando la hipótesis queda demostrada, ésta pasa a formar parte del conocimiento científico establecido. Pero los charlatanes, tales como astrólogos, psíquicos o pseudomédicos llevan décadas, a veces siglos haciendo afirmaciones extraordinarias, pero sin poder demostrar nada, y además tienen el descaro de exigirle a los otros que se tomen el trabajo de probar lo contrario.

En una ocasión un amigo compartía un texto que reseñaba un libro en el que se aludía a la supuesta homosexualidad reprimida de Hitler. Como nerd de la Segunda Guerra Mundial que soy, le hice notar que no había pruebas sobre esa supuesta homosexualidad reprimida, y que se trataba de puras especulaciones (hipótesis ad hoc, pues). Mi amigo pareció indignarse y me exigió que yo le demostrara que Hitler no era homosexual. Al principio traté de explicarle que no es así como funciona la cosa, pero mejor lo dejé por la paz.

Esto equivale a decir:
"El gobierno no ha demostrado que el chupacabras no esté alimentándose de animales que no hemos encontrado"

"Momento, Ego, ¿qué hay de la presunción de inocencia? Uno es inocente hasta que se demuestre lo contrario, ¿no? ¿No sería eso una falacia de transferir la carga de la evidencia?" En lo absoluto. El principio de presunción de la inocencia exige que quien acusa a alguien de cometer un delito, presente las pruebas de que dicho delito fue cometido. Es decir, que quien asegura que algo pasó, sea quien demuestre ese algo. Si no se demuestra la existencia de la culpa, se asume que no hay tal. Como la inocencia consiste en la ausencia de culpa, no se puede pedir que se demuestre la inocencia (aunque sí se pueden presentar evidencias que contrarresten lo que se presenta como evidencias de la culpa, como demostrar que el acusado estaba en otro lugar al momento de cometerse el delito). Siguiendo esta lógica, los aliens que gobiernan el mundo son inocentes de existir hasta que se demuestre lo contrario, es decir, que los aliens existen y que gobiernan el mundo.

Muy bien, eso sería todo por hoy. Ahora disponemos de mejores herramientas para llegar más fácilmente a las conclusiones. No se pierdan la próxima entrada para seguir fortaleciendo nuestra razón.

Parte III: ¿Ah, sí? ¿Quién dice?

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails