viernes, 20 de julio de 2018

Niños en jaulas: desinformación y miseria moral




La noticia sacudió a buena parte del mundo hace un par de meses: las autoridades estadounidenses, bajo las órdenes del presidente Donald Trump, estaban deteniendo a migrantes hispanos (muchos de ellos de origen mexicano) en la frontera sur y procesándolos como delincuentes, sin importar si eran migrantes económicos o solicitantes de asilo. Si los migrantes viajaban con niños, éstos eran separados de los padres, sin importar su edad, y puestos en centros de detención por tiempo indefinido. Alrededor de 2,000 menores sufrieron los efectos de esta política [aquí, aquí, aquí]. Diversas asociaciones pediátricas y por los derechos de los niños, incluyendo la ACLU y la UNICEF, criticaron duramente estas medidas [aquí y aquí]

Las redes sociales y los medios de comunicación se llenaron de imágenes de niños muy jóvenes en lo que algunos llamaron “campos de concentración”. En particular, la fotografía de un pequeño que lloraba tras los barrotes de una jaula sacudió las emociones de muchas personas. Figuras públicas, políticos y celebridades alzaron la voz para denunciar estas atrocidades.

El asunto acaparó la atención de medio mundo por unos días, hasta poco después de que Trump, presionado por la opinión pública, se vio obligado a firmar una orden ejecutiva que daba fin a esa política. Como ocurre siempre en nuestra época de exceso de información, el tema pasó a un plano secundario.

Pero eso no quiere decir que el fenómeno hubiera perdido relevancia. La cantidad de noticias falsas y desinformación que surgieron a su alrededor es un punto que vale la pena discutir. La postura que muchos usuarios de Internet manifestaron ante este tópico sirven como termómetro de la xenofobia y falta de empatía generalizadas en el actual auge de las ideologías de ultraderecha. Además, las acciones de la administración Trump, aunque escandalosas por su escala, no son necesariamente novedosas ni únicas. En esta entrada vamos a discutir sobre lo verdadero, lo falso, lo importante y lo preocupante del asunto.

Medias verdades



La mayor parte de la desinformación ha venido de fuentes que niegan, minimizan o justifican estas acciones del gobierno de Trump. Para desarmar a estos traficantes de mentiras hay que primero reconocer algunas cosas, como que muchas personas indignadas por estos sucesos también han compartido información falsa o engañosa.

Por ejemplo la imagen que encabeza este texto, y que se convirtió en la más viral, no es lo que la mayor parte de la gente ha creído. El niño de la imagen no es un inmigrante arrojado a una jaula; la foto fue tomada durante una protesta contra la política de Trump [aquí]. Estrictamente hablando, la imagen no es falsa, pero se ha compartido con información falsa.

Es importante hacer esta distinción porque los trumpeteros han dicho que la imagen es “parte de un montaje publicitario”, como si hubiera sido tomada a propósito para engañar a la gente cuando, según ellos, nada de ello estaba pasando. Descalifican la foto y con ello pretenden negar lo que sucede. Otro bulo que se ha dicho es que la mayoría de las fotos compartidas son en realidad de tiempos de Obama. Ésta es una afirmación engañosa.

Vean la siguiente foto:



Los medios de ultraderecha, como Breitbart, han dicho que se trata de los campos de concentración para menores separados de sus padres, iniciados bajo la administración de Obama. Lo irónico es que cuatro años antes, Breitbart compartió la misma foto como evidencia de que Obama estaba introduciendo inmigrantes para inundar a los Estados Unidos con ellos (ya saben, el complot judío para sustituir la población de países blancos con inmigrantes de razas inferiores).

¿De qué se trata realmente? Snopes nos informa:

“Aunque la fotografía es real, no muestra niños separados de sus padres por la administración Obama. En junio de 2014, la imagen fue publicada como parte de numerosas historias noticiosas (y ocasionalmente junto a piezas editoriales que protestaban contra la presencia de niños no acompañados).”

Aunque se han compartido muchas fotos que definitivamente no muestran niños detenidos por la administración Trump, tampoco se muestran a niños separados de sus padres y encarcelados por Obama. Sobre esta clase de noticias escandalosas, de crisis humanitarias o de desastres, se ha vuelto común que circulen por las redes fotografías que no corresponden a los acontecimientos reportados y es difícil determinar la procedencia de cada una.

¿Qué sí es real? Fotos como las que pueden ver en FactCheck y esta grabación de niños llorando Ni siquiera podría decirse que esos campos de detención, donde los menores son concentrados mientras sus padres esperan juicio en prisión, sean jaulas, en un sentido estricto, aunque sin duda su aspecto no es muy amigable, y es cierto que hay rejas y candados. 




Desinformación

Los partidarios de Trump han dicho que esta política de separar a los niños migrantes de sus padres inició con los demócratas. Esto es falso. Es cierto que Trump trabajaba dentro de un marco legal existente, y que su administración no inventó ninguna ley para poder hacer esto. Lo que es inaudito es la política de “cero tolerancia” de este gobierno, que juzga como criminal a cualquiera que cruza la frontera ilegalmente. La persona es arrestada y llevada a la cárcel a esperar un juicio, y como los menores no pueden estar en prisión, se les separa de sus padres y son llevados a los centros de detención que hemos visto.


Ninguna ley hecha por los demócratas dicta que éste sea el procedimiento a seguir, y ningún otro gobierno anterior lo había llevado a cabo de esta manera. La inmensa cantidad de niños separados de sus familias es resultado directo de las decisiones del gobierno trumpista [aquí]. Es cierto que Obama se caracterizó por el gran número de deportaciones que llevó a cabo, pero los migrantes expulsados tenían un perfil distinto, y se trataba principalmente de individuos con antecedentes penales y sospechosos de terrorismo [aquí]. Esto no es para justificar las acciones del gobierno de Obama, sino para dejar en claro cómo se diferencian de las de Trump, y que éste no tiene excusas. Lean la siguiente explicación [fuente]:
 “La política de separar padres e hijos es nueva y fue instituida el 6 de abril de 2018. Fue una creación de John Kelly y Stephen Miller para servir como disuasivo para la inmigración ilegal, aprobada por Trump y adoptada por Sessions. Administraciones anteriores detenían a familias migrantes, pero no practicaron una política de separar por la fuerza a los padres de sus hijos, a menos que los adultos fueran declarados no aptos.”

Con más cinismo aun, los simpatizantes del plutócrata anaranjado han dicho que es él quien puso fin a la política de separación de familias. Sí, es cierto, pero porque él la inició en primer lugar. La orden ejecutiva que firmó para detenerla no es más que un performance de Trump para parecer heroico; no había ninguna necesidad de hacerlo, pues simplemente podría haber ordenado que se detuviera la política de “cero tolerancia” [fuente]: 
“En un giro drástico, los adultos arrestados no serán entregados al Departamento de Justicia cuando enfrenten los cargos penales. En su lugar, permanecerán detenidos con sus hijos detenidos en el Departamento de Seguridad Nacional. El recurso no se dirige a ninguna familia ya separada. Además, las políticas existentes dejan en los padres la responsabilidad de encontrar a sus hijos bajo custodia del HHS y de intentar reencontrarse con ellos. El decreto también ordena a las agencias federales –especialmente al Departamento de Defensa– empezar a preparar instalaciones que podrían albergar a las miles de familias que ahora serán detenidas por el gobierno.”

Como no era posible mantener la política de “cero tolerancia” y al mismo tiempo evitar la separación de las familias, el gobierno trumpista tuvo que abandonar la práctica de detener a toda persona que cruzara la frontera para procesarla criminalmente [aquí].

¿Y ahora?



En teoría, allí acabaría la historia, pero lo cierto es que aún es incierto el futuro que les espera a los niños y sus familiares. Antes de que Trump echara para atrás la política de “cero tolerancia”, muchos niños fueron separados de sus padres y no han tenido contacto con ellos. Algunos adultos fueron deportados mientras los niños permanecieron en los campos de detención. Es decir, todavía hay familias separas que no saben si volverán a reunirse, y otras familias ya reunidas que pueden enfrentar la deportación [aquí].

Durante las últimas semanas se ha estado investigando denuncias de abusos físicos y emocionales contra los menores detenidos en los campos de Trump (las condiciones en los mismos varían mucho, entre lo medianamente decente y lo inaceptable), incluyendo medicación forzada para mantener tranquilos a los niños [aquí]. Las consecuencias de estos hechos van para largo, y aunque el público ya no esté poniendo tanta atención, sigue siendo afectando las vidas de miles de personas.

¿Qué importa todo esto?

¿Por qué se me ha ocurrido hablar de esto un mes después de que la administración Trump diera fin a la política de “cero tolerancia”? Bueno, en parte es que de hecho ya había empezado a trabajar en este texto hace unas semanas, pero se me atravesaron las elecciones, las vacaciones de verano y el mundial de futbol. Sin embargo, sí considero que esto es relevante por varios factores.

De lo más alarmante de todo esto fue encontrar quien defendiera las acciones del gobierno de Trump entre los mismos latinoamericanos. No solamente han aparecido tipos que defienden las mismas causas, sino con los mismos discursos y con las mismas fuentes que la alt-right gringa. Los argumentos eran una clásica “defensa del taladro”: 1.- Eso no está pasando; 2.- Sí está pasando, pero no es culpa de Trump; 3.- Sí es culpa de Trump, pero todo el mundo lo hace y está bien (incluso se difunde un bulo sobre que Obama entregó niños a traficantes).

 

Los trumpeteros intentaban desviar la conversación con un burdo tu quoque, acusando de hipocresía a los que nos indignábamos. A ellos sólo puedo decirles: sí, es posible que el gobierno de Obama llevara a cabo acciones similares, pero si es ése el caso, seguiría estando mal, y si entonces no nos escandalizamos es porque no nos enteramos, no porque pensáramos que estaba bien. Que de todos modos, no hay que olvidar que las acciones del anterior presidente diferían mucho en naturaleza y escala.

En los últimos años, los demagogos de la derecha han recurrido a una de sus viejas confiables: acusar de los males de sus países a los extranjeros de países pobres (y razas no blancas), con todo y que los datos nos dicen que la inmigración favorece la economía de los países huéspedes y que no aumenta la criminalidad [aquí y aquí]. Los demagogos se aprovechan del sentimiento de inseguridad y de los instintos tribales que sobrecogen a las personas en tiempos de crisis.

En Hungría, por ejemplo, el gobierno del ultraderechista de Viktor Orban introdujo una ley para criminalizar la ayuda humanitaria a inmigrantes ilegales y pretende cobrar altos impuestos a ONGs que ayuden a los extranjeros [aquí y aquí]. En Italia, Mateo Salvini anunció que se llevaría a cabo un censo para contabilizar a los gitanos y expulsar a los de origen extranjero. Salvini lamentó que a los gitanos italianos “desgraciadamente” habría que quedárselos [aquí y aquí]. 

Bajo el mandato de la presidenta de Croacia, Kolinda Grabar-Kitarovic, fueron expulsados refugiados sirios, se restringió el acceso a la salud pública a miembros de la minoría gitana, y se prohibió dar servicios básicos (salud, vivienda, etc.) a inmigrantes en situación irregular. Como en Hungría, se intentó criminalizar la ayuda humanitaria a estas personas [aquí y aquí]. Cuando he compartido estas noticias, no falta quien las aplaude.



Los mexicanos suelen indignarse mucho cuando saben que sus connacionales son maltratados en Estados Unidos, pero no prestan igual atención cuando los centroamericanos son maltratados en la frontera sur [aquí]. En tiempos recientes, inmigrantes haitianos se han establecido en el norte de México, y también han sufrido discriminación. Cuando un grupo de estudiantes haitianos pasó el examen de admisión para una universidad pública, algunos mexicanos reaccionaron con el mismo discurso xenófobo que se ha escuchado en otras partes [aquí].


El racismo y la xenofobia siempre han existido y ésta no es la primera vez que en años recientes se llevan a cabo acciones indignantes contra poblaciones de origen extranjero en Estados Unidos, Europa o América Latina. Ni siquiera ha sido exclusivo de gobiernos de derechas. Las acciones de Trump o las de sus análogos europeos pueden escandalizarnos por su discurso de odio descarado y el nivel de deshumanización y falta de empatía, pero tienen precedentes en políticas que pasaron desapercibidas o fueron consideradas más o menos aceptables para la opinión pública.

Esto no es para minimizar lo que sucedió con los niños hispanos bajo el régimen de Trump; al contrario, es para hacer ver que lo hemos hecho mal en el pasado al desentendernos de lo que sufren migrantes y refugiados en todo el mundo. El caso del gobierno trumpista es especialmente escandaloso, pero si llegó hasta esos niveles es porque hubo antecedentes que se pasaron por alto en otros gobiernos y otros países. Más aún: éste bien podría no ser el peor caso de abuso que veamos en los próximos años. Sin embargo, que la reacción mundial fuera abrumadoramente en contra de estas injusticias me da algo de alivio y esperanza.

En su libro Los orígenes del totalitarismo, Hannah Arendt nos cuenta que lo ocurrido con los refugiados de guerra entre finales del siglo XIX y principios del XX, fueron de las primeras experiencias de lo que bajo el régimen nazi se convertirían en los campos de exterminio. Estos seres sin patria fueron arrojados a campos donde se les sometía a abusos sistemáticos pues carecían por completo de derechos:

"Que los nazis encontraran tan poca resistencia por parte de la policía de los países que ocuparon y que fueran capaces de organizar el terror con la ayuda de las fuerzas policiacas, se debió en parte a la posición de poder que la policía había obtenido durante años de dominio arbitrario e irrestricto sobre los apátridas y refugiados [...] Lo que no tenía precedentes no era la pérdida del hogar sino la imposibilidad de encontrar uno nuevo. De pronto no había lugar en la tierra a donde los migrantes pudieran ir sin las más severas restricciones; ningún país en el que fueran asimilados, ningún territorio en el pudieran fundar una nueva comunidad propia. Esto no tenía que ver con problemas materiales o sobrepoblación; no era un problema de espacio, sino de organización política [...] Los refugiados eran perseguidos no por lo que hubieran hecho o pensado, sino por lo que inalterablemente eran; por haber nacido en la raza o clase social equivocada, o por haber sido conscriptos por el tipo equivocado de gobierno."

Niños armenios refugiados. Primera Guerra Mundial.

Las señales de lo que está ocurriendo las tenemos frente a nuestros ojos y las lecciones de la historia están allí para que nosotros las tomemos: ya sabemos hasta dónde puede llegar este camino. Así que una revisión de nuestros valores, como ciudadanos del mundo, es necesaria. Debemos tener en cuenta que la xenofobia es siempre irracional; que aunque la inmigración plantea algunos problemas, los peores males que se les atribuye (crisis económica, delincuencia) son ficticios. Es preciso recordar que la observancia de una ley no puede estar por encima de los derechos humanos fundamentales y que ninguna persona es ilegal. 

Podemos conceder que las preocupaciones de seguridad nacional pueden ser legítimas y que el terrorismo y la delincuencia organizada son peligros reales, pero que la respuesta no es la criminalización de los otros, los ajenos, los diferentes. Tenemos que estar conscientes de que en un mundo irremediablemente interdependiente como el nuestro, la solución no será cerrar fronteras, sino aliviar los males que afectan a las personas en los países pobres, procurar paz y prosperidad en ellos, para que sus habitantes no tengan que ir buscando mejores condiciones. Finalmente, no podemos olvidar las palabras del filósofo Immanuel Kant en su todavía vigente ensayo La paz perpetua:



jueves, 12 de julio de 2018

Bienvenido a Pejekistán




Hola, mexicanos y vecinos del sistema solar. Estoy de regreso tras la recuperación que requería la cruda postelectoral… y la cruda literal de las primeras fiestas del verano. Sé que están ansiosos de que comparta mis pensamientos acerca de la esperada y al mismo tiempo sorpresiva victoria de Amlo en las elecciones del pasado 1 de julio. Bueno, quizá “ansiosos” no están, pero yo sí necesito escribir estos debrayes para poner mis ideas en orden.

Decía que la victoria de Amlo era esperada porque así lo anunciaban las encuestas y prácticamente todos los textos de análisis político que se publicaron en los meses anteriores a la votación. Pues creo que éramos varios los que, con todo y eso, temíamos que la mafia del poder nos pudiera salir con alguna sorpresita y que se nos cayera el sistema a media noche para dar como ganador a Anaya o Meade.

Pero si el triunfo de Amlo era esperable, lo que sorprendió fue la aplastante victoria de su partido, Morena en diversas gubernaturas, alcaldías y en las cámaras. Eso sí yo no lo vi venir; pensé que los tres poderes y los tres niveles de gobierno quedarían divididos más o menos parejamente entre PRI, PAN y Morena. Ahora nos enfrentamos a un escenario en el que el partido de Amlo tiene una presencia inusitada en todas partes.

Eso puede ser bueno y puede ser malo. Morena podrá hacer y deshacer con mucha libertad de maniobra. Dependerá mucho de cómo use Morena ese poder, si para traer el cambio que se necesita, o para beneficio exclusivo  de sus militantes y aliados (en especial de la panda de papanatas que están subiendo al poder ahora). Muchas cosas pueden salir bien o mal, pero nosotros, como sociedad, podemos hacer nuestra parte para empujar el timón hacia el rumbo que nos conviene a todos.

La esperanza de México



En mi debraye sobre el Peje y qué esperar de él, decía yo que como persona es mucho menos progre de lo que muchos de nosotros quisiéramos. Es un viejito mocho, pues. Pero un viejito mocho que de verdad se preocupa por los pobres (le creo) y que promete acabar con la corrupción (creo en su sinceridad, soy escéptico de su capacidad).

En cuanto a Morena, a las personas que ahora suben junto con Amlo, hay una diversidad tan enorme que es muy difícil saber qué esperar de cada caso. Están todos aquellos oportunistas del PRI y el PAN que se pasaron a Morena cuando vieron quién sería el ganador. Pero también hay personas que merecen todo mi respeto, gente comprometida con las causas e ideales de la izquierda.

Un pequeño, pero significativo ejemplo: Olga Sánchez Cordero, ex ministra de la Suprema Corte de la Nación y virtual secretaria de Gobernación del próximo presidente. Como ministra se destacó por sus posturas progresistas y su trabajo a favor de los derechos humanos. Como Secretaria de Gobernación ocuparía el que es prácticamente el segundo cargo más importante del país (además de ser la primera mujer en hacerlo).

En las últimas semanas ha anunciado que trabajará en pos de políticas como la despenalización de la marihuana, la legalización del aborto, la amnistía para que delincuentes que no han cometido crímenes violentos relacionados con el narcotráfico (como el narcomenudeo o el cultivo de marihuana) puedan apartarse de la vida delictiva y reintegrarse a la sociedad (por favor, lean bien de qué se trata antes de escandalizarse), el derecho a la eutanasia y la autonomía del poder judicial en los estados (además de refrendar su compromiso con los derechos humanos). ¡Vaya, no es poca cosa!



Hablando de “la primera mujer que”, de estas elecciones resulta el primer gabinete paritario de la historia, es decir, que tendrá una mitad de hombres y una mitad de mujeres. Sorprendentemente, esto mismo ha ocurrido en ambas cámaras: nunca las proporciones habían sido tan equitativas. Sí, sé que muchos piensan que no importa el género de los funcionarios, sino que sean honestos y competentes, y en principio tienen razón, pero no me van a decir que los otros gabinetes y las otras legislaturas, predominantemente masculinas, han sido súper equipos de ensueño en los que cada uno de sus miembros había ganado su lugar por sus propios méritos. Así que, como se quiera ver, esto representa un avance, aunque sea simbólico, y abre las puertas a una mayor participación de las mujeres en la política, que puedan estar allí para representar sus intereses y defender sus derechos.

Factores como éstos, y detalles como que en uno de sus discursos de victoria, Amlo se ha convertido en el primer presidente en hacer referencia a las personas de todas las preferencias sexuales, pueden parecer pequeños a simple vista, pero teniendo en cuenta el atraso en que México se encuentra en esos temas, pueden llegar a ser muy significativos y los anuncios de grandes cambios por venir.

Zombies everywhere!



Pero así como las cosas pueden resultar bien, pueden resultar mal, o por lo menos ser decepcionantes. La victoria de Morena mandó al PRI a un agujero más profundo del que había estado después de 2006. El PRI perdió todas las gubernaturas en las que hubo elecciones este año y se ha convertido en una fuerza insignificante en las cámaras. ¡Eso es digno de celebración! Espero que a ese grupo delictivo disfrazado de partido político le queden pocos años de vida. Pero también temo que el PRI pueda sobrevivir entre las filas de Morena como Hydra en SHIELD… Ya muchos priistas están allí, pero además el ADN político del PRI, la forma de concebir el actuar el político, es muy insidioso y tiende a permanecer en nuestra cultura, sin importar los partidos. El afán de Amlo de no enemistarse con Peña me parece preocupante.

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional anunció que se mantendrá distante de Amlo. Esto es completamente congruente con la trayectoria del EZLN, que siempre ha mantenido una postura escéptica y desconfiada de las instituciones políticas mexicanas y de la democracia electorera. El texto con el que lo anunciaron está medio mamón, pero el punto es comprensible: mientras el sistema siga siendo capitalista, el cambio no será significativo. De todas formas, me alegro de que los zapatistas estén ahí, porque se necesita de una oposición que no deje de señalar las deficiencias del sistema político mexicano, y de proponer vías alternativas para la mejora de las condiciones de vida de los indígenas.



Por supuesto, cuando salió esa noticia, no tardaron en aparecer los fans incondicionales del Peje, que se dedicaron a tachar a los zapatistas de “traidores”, “ridículos” y hasta “perros del PRI”. Ésa es la parte que me preocupa: que cuando haya críticas, disenso u oposición al Peje, no importa de dónde vengan, sus seguidores se encargarán de deslegitimarlas y ningunearlas. Esto puede ser un obstáculo para quienes quieran transformar al país de formas que vayan más allá del proyecto morenista.

Como ya había dicho antes, los zombis anti-peje son por lo menos tan tontos como los pejezombis. La victoria de Amlo los hizo deshacerse en berrinches llenos de clasismo y racismo. Una parte privilegiada de la población de verdad cree que a) son ricos porque lo merecen, porque son mejores y más listos que los demás; y b) su rechazo al Peje proviene de esa superioridad intelectual y moral. Para empezar, creerse la falacia de la meritocracia capitalista ya requiere sus buenas dosis de ingenuidad e ignorancia. Pero además es de risa loca ver a un montón de nenes fresas vomitar ignorancia mientras acusan a los demás de ignorantes.



Quienes rechazan al Peje tienen la oportunidad de convertirse en una verdadera oposición… si se educan en historia y política, si empiezan a leer libros, periódicos y artículos de análisis. Es la oportunidad para que mejoren su cultura política. Pero si en vez de eso se quedan con memes y prejuicios de clase, entonces lo único que lograrán será jugar un papel análogo al de los rednecks que se oponían a Obama: hacer el ridículo repitiendo la consporanoia de que el señor es comunista y va a quitarles sus escopetas. Y no porque Amlo sea comparable a Obama, sino porque hasta ahora los anti-Amlo han demostrado tener la profundidad de análisis que el televidente habitual de Fox News (o peor: InfoWars). Por los menos los rednecks  tienen la justificación de ser mayormente pobres y no tener acceso a una buena educación… Los niños fresas y las señoras fufurufas, ¿qué excusa tienen para seguir creyendo tanta pendejada?

El Trump mexicano




Por último, quisiera despejarnos (pun not intended) de algo que se ha estado repitiendo mucho desde hace tiempo: la noción de que Amlo es el equivalente mexicano a Trump. Es una idea tan absurda que no puede ni siquiera tomarse en serio, y que sin embargo ha estado apareciendo en diversos medios de opinión.

Pero, ¿en qué se parecen Amlo y Trump? Las similitudes relevantes son pocas; es cierto que Amlo es populista, en el sentido de que apela a las emociones de las masas y plantea una dicotomía entre el pueblobueno y la élite en el poder que ha echado a perder a un país que podría ser grandioso. Otra similitud es que ambos parecen estar excesivamente convencidos de su propia grandeza y de que estar en el poder es todo lo que se necesita para solucionar las cosas.

Pero, fuera de eso, ¿qué hay de comparable? ¿Acaso Amlo ha mantenido discursos de odio contra los inmigrantes o los musulmanes? ¿Hay grabaciones de él alardeando de haber abusado sexualmente de las mujeres? ¿Acaso Amlo está siendo respaldado por grupos de odio como el Ku Kux Klan o la Alt-Right? El Peje ha dicho algunas tonterías, como lo de los ventiladores de energía eótica y lo de que sacar petróleo no tiene ciencia, pero ¿ha hecho burla de los discapacitados? ¿Ha dicho Amlo que los derechos humanos deban ser ignorados o violentados? ¿Ha amenazado con guerras comerciales contra otros países o ha alienado a nuestros aliados tradicionales? O los miembros de su equipo, ¿acaso Olga Sánchez o Tatiana Clouthier se parecen en algo a los racistas y misóginos como Michael Pence y Jeff Sessions?


Baia, baia


Ya sé: algunos comparan las constantes alusiones del Peje a la ambigua “mafia del poder” con el discurso de odio trumpista contra los inmigrantes (¡o incluso con el odio de Hitler contra los judíos!). Esto es absurdo a niveles de subnormalidad. Aunque el concepto de “mafia del poder” es fluido y convenenciero, ¿quién negaría que la clase política mexicana tiene un problema de corrupción y abuso de poder gigante? Ciertamente no los datos. ¿Cómo puede compararse el achacar culpas a ricos, poderosos y sabidamente corruptos, con predicar el odio hacia grupos históricamente perseguidos? Digo, a menos que quieran invocar los fantasmas del “clasismo a la inversa” y otras ficciones.

Entonces, ¿de dónde viene esta insistencia en compararlos? En México, me parece, viene de la tradicional pejefobia y de que el discurso de la “guerra sucia” de 2006 ha cambiado poco. Pero, cuando se trata de medios anglosajones como The Washington Post, The Wall Street Journal y The Economist, ¿cómo explicarlo? Bueno, cuando pensamos que la misma gente hizo la igualmente ridícula equivalencia entre Trump y Bernie Sanders, la cosa me parece que se explica por una miopía en el establishment liberal centrista (ése que quería hacer pasar a Clinton como "izquierda").

De hecho, leyendo esos artículos, parece que lo que más les preocupa es que la política económica del Peje sea nacionalista, proteccionista y con miras a coartar el libre comercio. Tampoco es que Amlo sea una amenaza al neoliberalismo, pero por alguna razón su discurso pone nerviosos a algunos. Como ya había dicho, hablando de las razones económicas del ascenso de la ultraderecha en los últimos años:

La ceguera de los defensores del establishment se ve también en su incapacidad de distinguir entre diferentes manifestaciones de descontento, y entonces ponen al Tea Party y a Donald Trump en el mismo saco que Occupy Wall Street y Bernie Sanders. Desde el punto de vista del establishment, todos son movimientos de advenedizos que se atreven a cuestionar la sabiduría de la clase política y la eficacia del sistema, y que enardecen a las masas (que de otra forma no darían lata).
Que de un lado se predique el odio, el miedo y el regreso a un pasado idílico que nunca existió, mientras que del otro se predique la esperanza, la justicia social y un futuro que puede ser mejor para todos, no parece marcar ninguna diferencia para los defensores del establishment.


Baia, baia

Una y otra vez, los intelectuales del liberalismo centrista fallan en reconocer las causas del descontento social y en vez de combatirlas o por lo menos denunciarlas, insisten en defender un statu quo caduco con la premisa de que “podríamos estar peor”. Este texto de Yascha Mounk de Foreign Affairs, que también cité en aquella entrada, lo explica muy bien:

“El populismo de izquierda, que se revitaliza entre las democracias occidentales, se concentra en asuntos económicos. A diferencia de su contraparte en la derecha, cuyas plataformas se basan en amenazas exageradas o inventadas, ellos se enfocan en problemas muy reales: corrupción gubernamental y corporativa, desigualdad económica creciente y el estancamiento de la calidad de vida.
Estos populistas económicos están en lo cierto al señalar que las democracias contemporáneas están lejos de ser infalibles. Dejada a sí misma, la democracia capitalista tiene una tendencia a poner más poder en manos de los ya poderosos y más riqueza en manos de los ya ricos. Para contrarrestar esta gradual erosión de la justicia económica y política, las democracias necesitan ocasionales erupciones de ira popular. En este sentido, el populismo de izquierdas puede ser un correctivo importante a la tentación autocomplaciente a la que toda élite es susceptible a caer tarde o temprano.”

Tampoco es que Amlo sea un Bernie Sanders mexicano; le falta la congruencia ideológica y el compromiso con las causas sociales progresistas, entre otras virtudes. Pero sí las formas de pensar izquierdistas que encontraron su cauce en la candidatura de Sanders son muy similares a las que se han sumado al proyecto del Peje.

En fin, para leer artículos más centrados acerca de Amlo, es mejor checar las siguientes piezas de The New Yorker, Al Jazeera, The Jacobin y sobre todo Democracy Now. Hasta la cobertura de John Oliver, aunque simplificada, es bastante más equilibrada que otras en medios nacionales y extranjeros. El comediante británico dijo que Amlo es una extraña mezcla con un poco de Trump y un poco de Bernie Sanders… La mayoría de los medios, por supuesto, sólo tomaron nota de la comparación con Trump.

Epílogo




¿Qué nos espera? Les voy a confesar algo: como a muchos mexicanos, el triunfo de Amlo me llena de optimismo, pero no por él, sino por las oportunidades que se abren. Lo cierto es que no podemos permanecer pasivos hasta que nos lluevan soluciones del cielo. La participación de la ciudadanía sigue siendo tan vital como siempre, si no es que más, porque tengo la confianza que se abrirán muchos nuevos espacios para que ésta tenga más influencia. Éste es el momento para que grupos activistas y organizaciones de la sociedad civil encaminen sus esfuerzos a impulsar los cambios que no serán iniciativa del nuevo gobierno.

Es el momento para que grupos feministas y LGBTQ+ presionen a los nuevos funcionarios electos para que saquen a nuestro país del atraso en materia de derechos para estos grupos. El momento para atacar el clasismo y el racismo en nuestra cultura, que se manifiestan furibundamente en el descontento de los anti-peje ardidos. En fin, que se nos anuncia la oportunidad de crear, construir, transformar muchas cosas en nuestro país. Éste podría ser el inicio de una nueva primavera democrática para nuestro país.

viernes, 29 de junio de 2018

¡Los aztecas cabalgaban dinosaurios y nosotros tenemos las pruebas!




Buenos días, habitantes del Cenozoico. Este domingo hay elecciones y por eso ¡no hablaremos de política! Pues estamos hartos, cansados, y de todos modos nada de lo que pueda decir aquí cambiará la opinión de nadie sobre por quién votar. En cambio, para relajarnos un poco y con el pretexto del estreno de Juanito y los Clonosaurios 5 (reseña aquí) hablemos de ¡DINOSAURIOS!

Muchos de nosotros, desde chavillos, soñábamos con algún día llegar a ver dinosaurios vivos. Pues algunas personas piensan que los seres humanos de hecho convivieron con dinosaurios y otras bestias supuestamente extintas. ¿Cómo pueden demostrarlo? El arte de civilizaciones antiguas, por supuesto.

Es decir, así como hay personas que se la pasan buscando evidencias de que los egipcios tuvieron contacto con extraterrestres, hay otros expertos que opinan que hay muestras de arte antiguo que retratan dinosaurios. Como los antiguos no tenían paleontología ni técnicas modernas de reconstrucción anatómica de especies extintas, sólo podemos suponer que si tallaron imágenes de dinosaurios es porque vieron vivos a estos animales.

Es decir, miren este grabado en un antiguo templo camboyano:



¿Acaso no representa claramente a un estegosaurio? ¿No es una prueba irrefutable de que los antiguos camboyanos vieron alguna vez a este animal pastando por sus selvas? Respuestas: No y no. Pues esto de los “dinosaurios ancestrales” (todos los dinosaurios son ancestrales, pero ustedes saben a qué me refiero) es pura pseudociencia y magufería. En esta entrada les voy a explicar por qué.

Miren, los principales promotores de esto de “los egipcios vieron dinosaurios” son nuestros viejos amigos, los creacionistas de la Tierra Joven, religiosos fundamentalistas que creen que el relato del Génesis en la Biblia debe ser interpretado literalmente, así que Dios creó el mundo en seis días hace seis mil años.

¿Qué pasó con los dinosaurios? No se extinguieron hace 65 millones de años (¡la Tierra sólo tiene 6 mil!) como dicen los científicos ateos liberales. No, éstos fueron creados con el resto de los seres vivos, y se fueron extinguiendo gradualmente a lo largo de los siglos, al igual que sucedió a otros animales como el león europeo o el dodo. Así que los fósiles de dinosaurios que los científicos han encontrado son en realidad muy recientes, tanto como las primeras civilizaciones humanas. Prueba de ello es que los humanos de la Antigüedad plasmaron a los dinosaurios en su arte. ¡Incluso Jesús quizá cabalgó en un dinosaurio!


No se necesita ser creacionista. Se puede ser nada más un magufo criptozoológico, que crea que algunos dinosaurios (las especies más populares con los niños, faltaba más), sobrevivieron a la extinción de Cretáceo y fueron vistos por algunos habitantes del mundo antiguo. Esta tesis es un poco menos idiota, pero igualmente se cae por tierra. Como vimos en mi entrada sobre la criptozoología, simplemente no hay forma que un gran reptil hubiera podido sobrevivir al meteorito, y que los ecosistemas actuales no podrían sostener una población viable de estos grandes animales sin que nadie se diera cuenta.

Sé que suena completamente descabellado. Y lo es. Pero los creacionistas y los criptofans se lo creen muy en serio, y por eso dedican sus investigaciones (sic) a demostrarlo. ¿Podemos refutarlos? Facilísimo. A continuación veremos algunos de esos supuestos artefactos y cuál es la verdadera historia que se esconde tras ellos.

Dinosaurios aztecas e incas

Empecemos por el terruño, nuestro querido México. En 1944 un comerciante alemán radicado en Acámbaro, Guanajuato, se topó un día con curiosas figurillas de cerámica. Intrigado, le encargó a un granjero de la localidad que le llevara todas las figurillas que pudiera encontrar, y que a cambio le pagaría un peso por cada una de ellas. Ni tardo ni perezoso, de puro milagro el granjero le fue presentando figurilla tras figurilla hasta que el alemán acumuló unas 32 mil.

Algunas de las piezas representaban cosas bien extrañas, como civilizaciones muy lejanas (egipcios, europeos, etc.) que dispararon las especulaciones sobre contacto entre aquellas y los pueblos de Mesoamérica (que también son patrañas; escribí todo un post al respecto). Algunas otras representaban claramente dinosaurios, así que estaba la duda: ¿acaso los aztecas convivieron con los lagartos terribles?



No, obvio que no. Para empezar está la enorme coincidencia de que en un solo lugar de todo México se encontraran estas representaciones. Digo, si los aztecas hubieran visto tiranosaurios, no habrían quedado tan impactados que lo habrían dibujado en todas partes todo el tiempo? ¿Cómo es que sólo aparecieron en un ranchito en Guanajuato, justamente encontrados por un tipín que estaba recibiendo dinero para encontrarlos? ¿Y cómo es que las figuras corresponden con la representación de los dinosaurios en la cultura pop de la época, y no como los científicos actuales saben que fueron?

De hecho, las figurillas sí han sido analizadas y fechadas por expertos. Quedaba claro, a simple vista, que su manufactura era reciente, pues no mostraban desgaste ni acumulación de polvo en sus recovecos. Técnicas de datación ubican la cocción de las figurillas no más de 30 años antes de la década de los 60. Es una lástima, ¿acaso no habríamos querido imaginar guerreros águila montados en triceratops?



Bueno, los aztecas no domaban dinosaurios, ¿qué hay de los incas? En la década de los 60, en la provincia peruana de Ica, un señor llamado Javier Cabrera dio a conocer una colección de piedras talladas con técnicas desconocidas y que representaban dinosaurios. Cabrera escribió un libro sobre las piedras, argumentando que –chequen nomás- eran prueba de que los seres humanos tienen unos 405 millones de años de edad, o que humanos de otros planetas visitaron la tierra en el Mesozoico y las tallaron. Porque eso es lo que hacen los seres que han dominado el viaje interplanetario: dejar suvenires ambiguos e inútiles.



Y… ¡también son falsas! Resulta que Cabrera igual se las compraba a un granjero local, quien años más tarde confesó haberlas elaborado él mismo con un taladro de dentista, y las hacía parecer más antiguas al cocerlas en popó de vaca. El artesano confesó su fraude porque las autoridades peruanas estaban a punto de arrestarlo por el delito de vender piezas arqueológicas. Luego se dedicó a ganarse la vida haciendo más de esas rocas y vendiéndolas a los turistas. Estos casos de campesinos que estafan a ilusos citadinos me dan una alegría tremenda.

Dinosaurios en el Gran Cañón

En el estado de Arizona hay un cañón llamado Havasupai; allí se encuentra un petroglifo que representa a un animal muy extraño. ¿Lo sorprendente? Su perfil coincide a la perfección con la figura de un edmontosaurio, uno de esos dinosaurios de “pico de pato” que caminaban sobre sus patas traseras. El petroglifo y la imagen del vetusto lagarto son prácticamente idénticas, prueba de que los amerindios prehistóricos que habitaron el valle, llegaron a ver a estos grandes animales.



O no. De hecho, la imagen del edmontosaurio fue creada ex profeso para coincidir con el petroglifo y no corresponde con las reconstrucciones modernas de ese animal. Los tiempos en los que se pensaba que los grandes bípedos caminaban erguidos y arrastrando las colas han quedado atrás. Chequen la diferencia:



De hecho, el petroglifo del Havasupai corresponde con la iconografía usada por los antiguos amerindios para representar aves específicamente el águila. Confundir animales existentes con dinosaurios (o, para el caso, objetos comunes con naves extraterrestres) es algo que sólo le puede pasar a tarados y charlatanes, no a expertos en el arte y la cultura de los pueblos antiguos. Por eso no es de extrañarnos que haya otro animalejo pintado en la roca; esta vez, se trata de pterosaurio en Utah.



Impresionante, ¿no es cierto? Pero sólo si la fotografía está tomada de tal forma que tres pinturas distintas se superponen y nuestra tendencia a la pareidolia hace el resto. Los expertos nos informan que la cabeza y el cuello son de la pintura de una figura humana con los brazos extendidos; una segunda silueta antropomorfa forma el torso y las patas, mientras que la otra ala es la imagen de una víbora cornuda. Nadie había visto al pterosaurio hasta que a alguien se le ocurrió conectar las tres pinturas dentro de un contorno delineado con gis.



Otra vez en los Yunaites, la capital mundial del cristianismo fundamentalista, nos trasladamos al río Paluxy, en Texas. El río es famoso por las huellas de dinosaurios que se han encontrado en sus riberas. Los dinosaurios caminaron en el lodo de esta cuenca hace eones, y en algunos casos el lodo se endureció y las huellas quedaron para la posteridad. Ah, y también hay huellas humanas, prueba irrefutable de que los primeros hombres caminaron junto a estas magníficas criaturas.

Excepto que no (venga, ya sabían que iba para acá). Los creacionistas se la pasan diciendo que ésas son huellas humanas, pero los científicos de verdad hace mucho que establecieron que son huellas de dinosaurios bípedos, las cuales, al erosionarse con el tiempo, adquirieron la forma de huellas humanas ¡gigantes! Ah sí, porque esas pisadas no tienen el tamaño de huellas de humanos normales, sino que tienen proporciones descomunales. Los creacionistas dicen que son de los hombres gigantes de la Biblia. Porque todo el mundo sabe qué es un coloso, pero ¿quién ha oído hablar de un “igúnadon”, Lisa?




Otros supuestos dinosaurios en arte antiguo son más ejemplos de lo anterior: o se trata de fraudes recientes para engañar a los incautos, o se trata de animales incorrectamente identificados por gente que no sabe nada sobre el estilo artístico de los pueblos antiguos. ¿Qué hay de ese bajorrelieve camboyano de allá arriba? He ahí un verdadero misterio, pues hasta la fecha no se sabe si es una pieza auténtica que representa a otro animal (quizá un rinoceronte), o una falsificación reciente, dado que el templo en cuestión ha sido usado durante décadas para producir películas, y los equipos fílmicos han hecho y deshecho a su antojo, sin mucha regulación de las autoridades.

Otros algunos ejemplos antiguos incluyen: el Mosaico de Palestrina, el Mosaico de Lydney Park,  el fresco de Pompeya, una moneda alejandrina, arte rupestre en Zambia y pinturas en el Lago Superior y en Illinois. Como refutar todos y cada uno de estos casos me es imposible, les dejo para investiguen por su cuenta, teniendo presente todo lo que acabamos de ver. Les dejo imágenes por los lulz.

Un estegosario de Acámbaro

Un triceratops en una de las piedras de Ica

Un supuesto dinosaurio pintado en Agawa Rock, Canadá.
En realidad representa a un ser de la mitología de los ojibwe.

Según los creacionistas, este mosaico del 100 a.C. representa un dinosaurio.
Según los expertos, se trata de una nutria u otro mamífero acuático.

¿Dinosaurios en un fresco en Pompeya?
No, son pigmeos cazando hipopótamos y cocodrilos.

Este mosaico romano en Lydney Park, Inglaterra, muestra a dos plesiosaurios combatiendo...
O a dos monstruos de la mitología celta.

Así que ya lo saben: los dinosaurios están extintos. Es tiempo de dejar de esperar a que aparezcan en algún rincón del mundo, presente o pasado. Y es tiempo de sacarlos del gobierno. ¡Ups! Parece que al final sí metí algo de política. 😉

Para saber más:



jueves, 21 de junio de 2018

El pinche futbol





Así que hoy toca hablar del pinche futbol. Porque ustedes saben que me gusta subirme al tren del mame, y hacerlo de un solo salto, sin rodeos. Pues esto se trata de un mame, ¿eh? No voy a hablar del juego en sí, del “único deporte en el que podemos ver muchas patadas, pocas anotaciones y empate”, sino de tanta mala leche que hay alrededor.

Ok, pues va: no me gusta el futbol. Nunca me ha gustado. De hecho, aunque disfruto hacer ejercicio (como ir al gym o salir a correr), nunca he sentido particular interés por el deporte competitivo, ya sea por practicarlo o por verlo. La cultura alrededor de las actividades deportivas siempre me repelió: los entrenadores eran vulgares y autoritarios, los chavos que hacían deporte eran bien bravucones, los padres de familia se ponían bien pinches locos. Pero sé que ésa es sólo mi triste experiencia personal (aunque estoy seguro que otros las tuvieron similares).



Mis padres me metieron a clase de futbol en primero de primaria. Lo odié y no duré dos sesiones. En parte porque no tenía la habilidad para dar pie con bola y en parte porque no entendía nada (muchos años más tarde conocí el placer de jugar una cascarita sin compromisos ni presiones con los cuates). Como tenía que hacer algún deporte, aunque fuera por salud, el resto de mis años de primaria practiqué tennis y después de básquetbol en secundaria y prepa. Con mucho desgane, nomás por no dejar, y con cero interés en el mundo del deporte profesional.

Ser el único niño al que no le interesaba el futbol, no seguía los partidos y no se sabía los nombres de los jugadores, siempre me hizo sentir solo. Flotaba sobre mí la idea de que como no me gustaba ese deporte no era “un hombrecito como debía” (puta masculinidad tóxica). Así que naturalmente, para proteger mi frágil autoestima, me creé una coraza de superioridad intelectual absurda. Yo era más inteligente que esos a los que sí les gustaba el futbol, que era una actividad para tontitos y analfabetos.



Obviamente eso no podía sostenerse, ni entonces ni ahora. Los que alardean de ser muy listillos por negarse al fucho merecen las burlas que les hacen. Muchas personas brillantes y muy cultas han disfrutado del futbol, o de los deportes en general, con verdadera pasión. Eso incluye a escritores, artistas, filósofos, eruditos, etc. No hay, ahora lo sé, relación alguna entre ser un apasionado del fucho y ser listo, culto, buena gente o socialmente comprometido.

Por otro lado, mucho entretenimiento de nerds, como los cómics y los videojuegos, es disfrutado por zafios totales, ignorantes de casi cualquier otro tema, y completamente inconscientes de su realidad social. Muchos cultosos que alardean de los libros que leen, la música alternativa que oyen y el cine de arte que ven, tienen la cabeza bastante hueca, y cuando uno los oye hablar, queda clarísimo que nada más consumen cosas cultis para poder ponerlas en su lista y presumirlas.



Desde hace algún tiempo me he puesto a observar esto del deporte como espectáculo y creo haber entendido, como fan de la narrativa, por qué despierta tantas pasiones. Un partido de futbol tiene cuenta una historia muy básica, un conflicto entre dos fuerzas, con una de las cuales se identifica el espectador. Además, detrás de muchos jugadores hay verdaderas narraciones de lucha, tragedias superadas y esfuerzos para vencer obstáculos, que culminan en gloriosos triunfos, terribles derrotas o apacibles retiros. Es decir, verdadero drama, pero sin guión, así que no se puede saber a ciencia cierta qué es lo que va a pasar, y no le faltan sorpresas, suspenso ni emociones.

Además está bonito ver a la gente contenta (en especial a los niños), y comparto ese sentimiento de pertenencia cuando juega la Selección Mexicana. Es tribal, instintivo y básico, pero no tiene por qué ser negativo. Cómo no, sí me gustaban los videojuegos de soccer para Super Nintendo, alá cuando no ponían nombres de jugadores verdaderos (después ya se pusieron muy complicados esos juegos para mí). Pues tampoco voy a decir que todas las cosas que me gustan son súper sofisticadas e intelectualmente elevadas.



Tampoco creo que el futbol tenga la culpa de los problemas sociales de México y el tercer mundo en general. Ingleses y alemanes son igual muy aficionados al balompié y viven en condiciones que nosotros envidiamos. Así que querer arruinar la diversión a quienes la pasan bien con el espectáculo, diciéndoles que  “por su culpa México no avanza” es mamón, pretencioso y no sirve de nada para hacer avanzar a México.

Dicho lo anterior, sí hay mucha pendejez alrededor del futbol, desde el bullying que nos tocó a los niños a los que no nos interesaba, hasta el frenesí que lleva a los aficionados a comportarse como animales salvajes.



Es cierto que mucha gente le da una importancia absurda al futbol en sus vidas. Es cierto que esa misma gente luego tiene nulo interés en temas sociales y políticos, o en cultivarse y salir de su ignorancia, o siquiera en ser buenas personas con el prójimo. Que alrededor de este espectáculo hay mucha superstición y fanatismo casi religioso. O sea, cosas que sí están relacionadas directamente con nuestro subdesarrollo se encuentran ligadas a la cultura futbolera. Y como la cultura cívica mexicana está de la chingada, entre nosotros el fucho tiene mayor potencial de generar esas reacciones. No más vean la de cosas que mexicanos han armado en el mundial.

Pero no creo que ése sea el problema del futbol en sí: es que los humanos somos bien mierderos y estúpidos en general. Cualquier cosa puede despertar los instintos tribales más oscuros de la gente; cualquier entretenimiento puede apendejarnos y apartarnos de las cosas importantes; ninguna afición está exenta de estar llena de personas horribles. ¡Coño, vean lo tóxicos que han resultado ser los fans de Star Wars, con sus despotriques y acosos racistas y sexistas! ¡Y esto de un fandom lleno de geeks, que se supone somos más sofisticados que el hincha promedio! ¡Qué vergüenza!



Aún me siento como un alien cuando empieza la conversación sobre futbol y dura horas y horas (o lo que me parecen horas y horas), o cuando se espera que por ser hombre, por default me guste el fucho y sepa de él, o cuando conozco a algún extranjero y de lo primero que quiere hablarme es de jugadores mexicanos. Así que aprecio enormemente cuando encuentro a personas con las que puedo tener una conversación que no vaya por allá.

Los mames vienen y van por ciclos, y la gente se sube a ellos sin pensarlo mucho. A principios de esta década, lo que estaba bien visto era ser un hípster pretencioso con gustos alternativos que hace alarde de erudición y buen gusto. De un par de años acá venimos experimentando el backlash a esa tendencia y ahora lo que toca es denostar a esos mamadores y reivindicar el gusto populachero. Un día está bien burlarse de los palurdos, al otro ya no, y en cambio está bien burlarse de los cultosos.



Así, ahora vemos meme tras meme contra “los listillos a los que no les gusta el futbol” y terminamos con acusaciones de “si no te gusta eres clasista y elitista y te crees mucho”, lo cual puede ser cierto (como puede ser cierto que “los fans del futbol son machistas homófobos e ignaros”), pero no es justo andárselo aplicando a la gente por cualquier cosa y sin conocer. Además, sí se ve un cierto resquemor por parte de los fans del futbol, como si también estuvieran acomplejadillos. Y mientras la Policía del Mame sigue acusando de “elitismo” a los que no nos gusta el futbol, los hinchas más tradicionales siguen diciendo que somos putos por lo mismo.

Hace alarde superfluo y absurdo de superioridad intelectual quien cree parecer listo por el puro hecho de denostar aquello que las masas disfrutan. Hace alarde superfluo y absurdo de superioridad moral quien acusa de clasismo y elitismo a los que no disfrutan lo mismo que el pueblobueno, anunciando a todo mundo que su propia alma está pura de tales pecados. Por eso no podemos tener nada bonito.




Y, pues, que viva México, o algo.

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