domingo, 28 de agosto de 2016

Las Verdaderas Cazafantasmas: sexismo y mame



El fin de semana pasado llevé a mi hijo mayor a ver la nueva versión de Cazafantasmas, después de haberlo dudado un poco. Miren ustedes, Los Cazafantasmas (1984, el año en que nací) es una película a la que le tengo mucho cariño, pero sobre todo soy fan from hell de la serie animada Los Verdaderos Cazafantasmas. Mi chiqui salió fan de ambas también, y él tenía muchas ganas de ver la película, así que fuimos a verla. En resumen, esto pienso...

Lo bueno:



El reparto es el elemento más fuerte de la película. Las cuatro protagonistas hicieron un trabajo estupendo; se ve que son todas comediantes de talento y que de verdad se comprometieron con el proyecto. Además, me gustó que no fueran simples versiones femeninas de Egon, Winston, Peter y Ray, sino personajes nuevos, atractivos en sí mismos y que evitan caer en los estereotipos. A ellas les doy un aplauso sin reservas y añado que Holtzmann es mi nuevo crush (ni pedo, me gustan locas).

Por cierto, añado que la peli se sostiene bastante bien por sí misma. Me gustó que presentara una historia nueva, y tratara de explorar nuevas situaciones (aunque es una lástima que el clímax tuviera que tener, una vez más, a un monstruo gigante aplastando Nueva York). Tiene sus cameos y referencias a la versión clásica, es cierto, y son todos muy lindos, pero la peli tampoco depende de ellos.

Las secuencias de sustos y de acción funcionan muy bien. Incluso las últimas superan a la original: vemos a las Cazafantasmas teniendo una verdadera batalla contra un ejército de espectros y usando una variedad de armas locochonas. Eso está padre, junto con todos los gadgets y la nerdosidad intensa que sólo puede darnos el mumbo jumbo pseudocientífico de una cosa que no es ni fantasía ni ciencia ficción sino algo que sólo existe en sí mismo.

Lo malo:



El humor. Y no es poca cosa, porque se supone que esto es una comedia. Es un revolitjo entre una mayoría de chascarrillos bobos pero inocuos, con algunas puntadas ingeniosas y otros chistes pendejísimos que dan ganas de ir a golpear a los guionistas. A veces no sólo cuentan un chiste malo, sino que agarran un chiste que había salido bien en un principio y lo explotan como a la Cándida Eréndira, hasta que no queda nada de su dignidad. Hay escenas que no contribuyen a la trama pero para nada, y sólo existen como pretexto de un chiste... de un chiste malo, además. Y tampoco es que la original sea una cosa en la que te carcajeas en el suelo hasta perder control de esfínteres, pero no llenaba los momentos muertos con chistes idiotas.

El aspecto visual. Oigan, Los Cazafantasmas tenían un diseño súper creativo y un aspecto sui generis. Algunas de las escenas bien podrían haber estado en Poultergeist o en Evil Dead. Algunos de la serie animada parecían cosas lovecraftianas; eran una verdadera chulada. Los fantasmas de la nueva versión están hechos sin ingenio. Peor: sus colores neón le dan una apariencia ridícula, como de Disneylandia. Es más, el aspecto de la película me recordó, en este orden, a las adaptaciones cinematográficas de Scooby-Doo, La Mansión Embrujada y Casper. Son referencias terribles, que nunca deberían venir a la mente de nadie. Mal, película, mal.

El villano. Es un sujeto cualquiera. Un tipín que aprendió a construir tecnología para atraer fantasmas leyendo un libro. Al parecer era un maldito genio, pero aún así era un weirdo. Porque, güey, hay que odiar a los weirdos y los losers, especialmente si son inteligentes, porque algo se traen entre manos. En fin, un villano sin chiste, que ni intimida, ni es gracioso, ni nada. Pésimo a la sombra de Gozer el Gozeriano, que sale pocos minutos, y sí parece Liza Minelli, pero caray, le hacen un build-up excepcional. Y digan lo que digan de Los Cazafantasmas II, Vigo el Cárpata es un personajazo. Y puedo pensar en como 10 villanos de las series animadas mucho mejores que el pendejo que pusieron aquí. 

Haciendo un balance:



Es una película regular, que se inclina ligeramente hacia el lado positivo. Divertida, mejor que el promedio de comedias gringas bobaliconas y bastante mejor que los muchos refritos nostálgicos con los que nos bombardea Hollywood todos los años, pero al fin y al cabo intrascendente. Creo que una secuela con un mejor guión, o un director's cut podría darnos algo mejor.

¡Ah! Pero ésta es la película intrascendente más importante de todos los tiempos, porque su importancia no está en la película en sí, sino en EL MAME. De eso se trata, ¿no? Eso es lo que todos quieren, eso es lo que vinieron a buscar: mame. ¡Mame por todos lados! ¡Todo mundo mamando! Pues buen, aquí lo vamos a abordar. Agárrense que hay mame.

El mame:



Cuando supe que iban a hacer un refrito de Los Cazafantasmas me molesté, porque por cuestión de principios de vida odio los refritos (aunque me gusta uno que otro). "Bueno", pensé "ojalá que pongan una chica en el equipo, como en Extreme Ghostbusters, porque estamos en el siglo XXI y la cosa no está ya para que los personajes femeninos sean sólo secretarias". Cuando supe que iban a hacer un equipo de sólo mujeres pensé "Hey, es buena idea", y cuando se rumoró que una de ellas sería mi amada Tina Fey, quedé encantado (y me decepcioné cuando no fue).

No pensé que fuera buena idea en sí, porque el hecho de que fueran mujeres haría que la película fuera buena ipso facto (ni lo opuesto), sino porque prometía plantear algo diferente, y por lo mismo interesante, que podría hasta justificar la existencia del refrito: no hacer exactamente lo mismo, sino explorar opciones distintas. Además, me gustan las historias protagonizadas por mujeres (debe ser por eso que cuando juego videojuegos, si es posible hago que mi personaje sea mujer).

Luego salieron los primeros avances y fue descorazonador. Los chistes eran malísimos. Pero para entonces el mame había alcanzado grandes proporciones, y por encima de todas las voces resonaban las de dos extremos: la de quienes odiaban la misma idea de esta película, y las de quienes la mamaban a huevo porque feminismo o algo.

Experimentar



La cosa va más allá de esta película y nos lleva a hablar de la experimentación con materiales clásicos. Últimamente hemos estado viendo un fenómeno en la cultura pop, en especial en los cómics de superhéroes una tendencia a experimentar como no se había visto desde principios de los 90 en que mataron a Superman. Como en aquellos años los nombres y mantos de héroes y villanos clásicos ha sido retomado por nuevos personajes, pero esta vez la diferencia es que se experimenta con género, raza y orientación sexual. Esto es natural, pues responde a las inquietudes de la época. A principios de los 90 la experimentación iba por otros rumbos, con nuevos personajes que eran más jóvenes, más imperfectos, con personalidades más atribuladas o con vidas más parecidas a las de los lectores promedio (piensen en Azrael como el nuevo Batman, o en Kyle Ryner como el nuevo Linterna Verde de esos años).

Estos experimentos pueden o no resultar bien. Puede ser que el nuevo personaje funcione, o puede que no. El simple hecho de cambiarle la edad, el género o la raza a un superhéroe no es garantía ni de éxito ni de fracaso; tiene que haber un buen trabajo creativo detrás. Sobre todo, el cambio tiene que justificarse. Creo que se nota cuándo sinceramente los creadores de cómics quieren explorar nuevos horizontes y cuándo sólo están metiendo cosas en apariencia novedosas no más para parecer cool con la chaviza, pero sin entender las implicaciones de los cambios que están haciendo. Es como cuando creadores chavorrucos quieren poner en onda a un personaje dándole un actitud juvenil y les sale ridículo, o cuando meten a un personaje negro no más pa' que no digan que son racistas, pero dicho personaje termina siendo un estereotipo. "¡Hay que mostrar que todavía somos relevantes maldita sea!"

Ahora bien, hay que aclarar un punto: en la nerdósfera hay muchos puristas. El cambio no cae bien. Les dice alguien que vivió el Superman eléctrico y que Ben Reilly fuera Spider-Man. La nerdiza se rasgas las vestiduras cuando le cambian mucho a sus personajes. Para ejemplos más recientes, acuérdense del Superior Spider-Man, cuando la mente de Otto Octavius (alias Dr. Octopus) ocupó el cuerpo de Peter Parker. Los fanboys pusieron el grito en el cielo, pero con el tiempo se dieron cuenta de que 1.- ¡Hey, en realidad no eran tan mala idea! 2.- De todos modos, todo volvió a la normalidad al poco tiempo, como suele pasar.

Volviendo a las Cazafantasmas, estoy seguro de que muchos fans están indignados porque les cambiaron un producto que amaban y que quisieran ver preservado en su estado prístino. Muchos odian la idea de un refrito en sí, y temen -absurdamente- que les arruine para siempre la versión original. El sexismo no está necesariamente detrás del rechazo a esta nueva versión (además, es una película bobalicona y no tiene por qué gustarle a todos). Es tonto e injusto acusar a todos quienes se nieguen a verla, o que le hayan dado una crítica negativa, de ser monstruos misóginos. 

Los machitrolls



Dicho esto, mucho del rechazo a la nueva versión sí ha sido misógino, y tampoco es muy inteligente negarlo. Pueden ver las evidencias aquí, aquí y aquí. De que existe sexismo en la nerdósfera, lo hay, y se puede ver cada vez que se hace una crítica feminista hacia algún producto de la cultura pop, o se hacen esfuerzos para hacerlo más incluyente: en seguida viene el acoso masivo, los insultos machistas, las amenazas de violación y muerte; en fin, las cosas que terminan convirtiendo la experiencia online en una pesadilla para la víctima. 

Incluso hay quien trata de disfrazar sus razones sexistas con otros argumentos. Me tocó alguien en mi fanpage que comentara "No me molesta que hagan un remake, peeero, ¿por qué tenían que hacerlas mujeres?" Le contesté que era para probar algo diferente, para que valiera la pena una nueva versión. Me respondió "Podrían haber hecho alguna otra cosa, no tenían que ser mujeres". O sea "aceptaré cualquier cosa menos que sean mujeres".

Hubo quien señaló que si se hubiera cambiado de género a un personaje clásico como Blanche DuBois o Scarlett O'Hara, la gente habría puesto el grito en el cielo y acusado de sexismo. Primero, bájale de huevos: Los Cazafantasmas no es ni Un tranvía llamado Deseo ni Lo que el viento se llevó, no mames; es una comedia de acción-horror muy original y propia de una década bien extraña, no una obra maestra del cine y la literatura. Dos, sí ha habido experimentos con clásicos de ese tamaño. Yo una vez vi en teatro una adaptación de Tranvía en la que el equivalente a Blanche era un hombre y seducía al machista y homófobo equivalente de Stanley. Y ahí tienen la versión homoerótica de El Lago de los Cisnes. Nada de esto arruina la versión original, sino que son experimentos artísticos que juegan con la intertextualidad y la deconstrucción de símbolos arraigados en la cultura.

Alguien incluso tuvo el tino de señalar "es LOS Cazafantasmas". No, pedazo de zoquete, es Ghostbusters y no hay nada en el concepto de atrapar espectros con rayos de protones que implique que para hacerlo haya que ser hombre. El único argumento que podría haber tenido algo de sentido decía que la original era una cinta guiada no tanto por el concepto, sino por los personajes. Que si no eran Egon, Winston, Peter y Ray interpretados por Harold, Ernie, Bill y Dan simplemente no podría funcionar. Era un temor bastante válido y con fundamentos, pero creo que al final resultó estar equivocado: Abby, Erin, Jillian y Patty, interpretadas por Melissa, Kristen, Kate y Leslie, supieron llevar adelante la película con mucha gracia y dignidad.

Muchos argumentaron que este tipo de cambios (como Thor mujer) son sólo corrección política, cosas que esas malditas feminazis y millennials hipsters arruinan al empujarnos que todo sea de viejas y negros. Una queja común va más o menos así: "está bien que quieran introducir más mujeres y negros, pero que mejor lo hagan en algo nuevo en vez de cambiar algo que ya existe." Creo que tienen un punto, no sólo porque es comprensible que a alguien no le guste que le cambien lo que conoce y ama, sino también porque nos convendría dejar de regodearnos en tanta pinche nostalgia y empezar a crear una cultura pop propia de esta década. Pero, por otro lado, es en estos espacios ya conocidos donde se puede llamar la atención del público e irlo acostumbrando a la idea de que no todos los héroes del pop mainstream tienen que ser hombres blancos heterosexuales.

¿Qué? ¿Una película protagonizada por viejas que no están ahí luciendo buenorras para mí?
¡Malditas feminazis, todo lo arruinan!


Además, hay una sección de la nerdiza a la que le molesta no el cambio, sino la inclusión. Por ejemplo, en la nueva película de Star Wars la protagonista es mujer, y dos de los personajes principales son un negro y un latino. Una queja común fue que esto se hace sólo por corrección política, sólo por cumplir cuotas. Pero aquí no se cambió nada: se trataba de nuevos personajes en una historia nueva. Para estas personas, ¿cuándo sería aceptable incluir a mujeres o gente de razas no blancas en la cultura pop? ¿Cuándo no lo desestimarían como simple corrección política? Sospecho que detrás de esta actitud muchas veces lo que se quiere decir es "está bien, pongan mujeres y negros si quieren, pero en un lugar donde yo no tenga que verlos".

Cuando salió The Force Awakens hubo grupos que gritaron que la inclusión del actor afroamericano John Boyega era racismo contra los blancos. Ahora se dice que Cazafantasmas es sexista contra los hombres. ¿Por qué? Porque en una sociedad tan racista y sexista como la actual basta con que un par de películas, entre decenas cada año, tengan protagonistas negros o mujeres para que los hombres blancos se sientan amenazados (en Latinoamérica, donde a una parte de la población le gusta sentirse aria y caucásica, la reacción racista me es todavía más chocante).

En fin, ésta es la banda que arguye un montón de motivos sin sentido para odiar de antemano una película, sin importarles la calidad de la misma en cuanto a guión, actuaciones y realización; y todo porque su verdadera motivación, de forma velada o explítica, es el sexismo.

Lxs Social Justice Warriors



Pero también hay mame del otro lado, no se crea. Hubo una bandita que nos presentaba esta película como el traje nuevo del emperador: quien no veía su grandeza, era misógino. No podía haber otras razones, como que a los fanboys no les gusta que le cambien la jugada o como que de hecho se trata de una película medio pendeja y no para el gusto de todo mundo: si no te gustó, eres un cerdo misógino y mereces toda la furia de los Social Justice Warriors. 

El ejemplo primordial lo encontré en el sitio io9, que otrora fuera más inteligente de lo que es en aquestos días, ya que degeneró en lo más chafa del politicorrectismo (tan gradualmente que no me di cuenta). Porque así como hay fanáticos que desestiman toda crítica contra la discriminación y todo intento a favor de la inclusión como simple corrección política, hay otros mamadores que dicen que la corrección política no existe y que toda acusación de malrollismo y toda medida tomada a favor de la inclusión son completamente válidas, legítimas racionales y, sobre todo, de vital importancia, y quien diga lo contrario es un engendro del mal.

io9 es el mismo sitio que hiciera un mame porque la página web de Hasbro se atrevió a decir que las velociraptor de Jurassic World eran machos cuando todos sabemos que son hembras (¡cerdos misóginos!). Bien, pues este sitio le ha estado echando porras a la nueva película de las Cazafantasmas, sin importar qué, incluso diciendo que el tráiler era graciosísimo, y por supuesto, acusando de sexista a cualquiera que pudiera no gustarle. Incluso llegó a decir que era sexista referirse al equipo como Female Ghostbusters. y que era mejor simplemente decir The new Ghostbusters

Ya es bastante confuso que a veces te digan que señalar que son chicas es sexista y que a veces te digan que no reparar en las diferencias de género lo es, pero además los argumentos para este asunto carecían de pies y cabeza, incluyendo que los que usaran esa frase creían que las mujeres no pueden ser comediantes. WTF?! Y ése es un problema con el puritanismo moral de los SJW Millennials: una expresión, el uso de una palabra, el vestir una prenda, el tener gusto por algo, bastan para categorizar a una persona como un monstruo discriminador; los contextos y los matices no importan, si dices esto es porque eres así, y eso es todo lo que se necesita saber de tu calidad como ser humano. 

El que uno pudiera usar la frase Female Ghostbusters porque, coño, eso era lo que principalmente distinguía a esta película de la original, que hasta podías usarla para expresar cosas positivas de la película, era inconcebible para los hinchas de io9. En la sección de comentarios una chica incluso se atrevió a señalar que estaban mamando, y fue atacada por los trolls que la acusaron de tener esa opinión sólo para parecer cool con los machirrines. ¡Ah, chinga! Pues si algo me parece sexista es decir que el único motivo de una mujer para pensar como piensa es darle gusto a los hombres.

Estas actitudes sólo lo hacen todo peor. Alienan a quien pudiera tener una opinión distinta con ataques a priori a su persona, y le quitan todas las ganas de querer entender el otro punto de vista. Le dan causa a los machistas para acusar a todo el feminismo de ser cosas de ñoños de primer mundo que pontifican dogmáticamente hasta por tonterías. Por eso no podemos tener nada bonito, pinches internetz.

En conclusión




A pesar de su calidad mediana como película, la tormenta de arena alrededor de Cazafantasmas, la hace un fenómeno cultural de cierta relevancia. O sea, la discusión sobre la cinta es más importante que la cinta misma. No es que sea radicalmente feminista, ni que quiera meter un discurso feminazi a huevo por las orejas. Como dice mi camarada Felipe Oliva, es más bien una película post-feminista. 

En efecto, aquí tenemos por extraordinario algo que debería ser común a estas alturas de la vida: una película protagonizada por mujeres en un género que no es tradicionalmente el de mujeres (no es un drama de amor o una comedia romántica), y ni siquiera se trata de "mujeres que triunfan en un mundo de hombres". Sólo cuatro mujeres chistosísimas, que no están ahí haciendo de taco de ojo, sino teniendo aventuras y hablando de cosas ñoñas por dos horas.

¡Además, hay niñas encantadas con la idea! Que mi sobrinitas quieran ser Cazafantasmas como yo quería serlo cuando tenía su edad me parece maravilloso. Qué bueno que tengan modelos a seguir diferentes de princesas y niñas mimadas: científicas y heroínas de acción.

En lo personal me gustaría ver más de esto, y ya espero que vengan otros ejemplos en otros subgéneros que se atrevan a dar ese paso, le duela cuanto le duela a los haters, hasta que llegue el momento en que no cause revuelo, y podamos valorar una película de zombis o superhéroes, de espías o detectives, de científicos o de aventureros, no por si sus protagonistas son hombres o mujeres, sino por su calidad.




Excepto si es de ninjas, porque ésos son putos ¬¬

viernes, 19 de agosto de 2016

Si un árbol cae en medio del bosque...



Inicia otro nuevo curso de Filosofía en segundo de prepa. Eso significa que tengo desde la primera clase que plantear algo que les llame la atención y al mismo tiempo les dé una probadita de lo que será una materia que tiene fama de aburrida e inútil. El truco que utilizo es recurrir al viejo y choteado experimento mental "Si un árbol cae en medio de un bosque y no hay nadie ahí para escucharlo, ¿hace ruido?".

No se me alebresten, mis queridos contertulios. Ustedes saben que no estoy aquí para hacer reflexiones magufas de libro de autoayuda y que me huixo solemnemente en el posmodernismo relativista de "nuestra percepción crea la realidad, maese". Pensar en el árbol en medio del bosque solitario NO es filosofía, ustedes lo saben y yo también. Pero escojo este mame con un motivo, y es que puede ser el desencadenador de la serie de reflexiones que acercarán a mis educandos a la filosofía.

El proceso suele ir más o menos así: algunos chicos responden "no", otros responden "sí", y lo que les preguntó es por qué. Ahí empieza el meollo del asunto, porque pasan a preguntarse si existe sonido sin que haya un oído que lo detecte. Pero tiene que existir algo aunque nadie lo perciba, ¿no? Si los chicos son sensatos, no tardarán en llegar a una respuesta: la caída del árbol produce ondas sonoras, pero sin un ser con un sistema auditivo que las detecte y las interprete como ruido, no se puede hablar de tal.

Hasta aquí todo muy bien, ya hicieron un ejercicio de pensamiento que los llevó más allá de la respuesta fácil y automática. Pero aquí les planteo una nueva cuestión: ¿cómo saben que la caída del árbol producirá esas ondas sonoras? Tardarán un poco en formular sus pensamientos coherentemente, pero al cabo los presentan de la siguiente manera: que cuando un cuerpo choca con otro se producen siempre esas ondas sonoras. 

Muy bien, chicos, pero ¿cómo lo saben? Me encanta ver su cara de estupefacción en este punto, y su reacción de que "¡güey, es obvio!" Pero, ¿lo es? Es aquí donde pasan a apelar al conocimiento científico: lo saben porque lo dice la ciencia. Pero, ¿cómo lo sabe la ciencia? Porque se ha comprobado mediante observación, experimentación, etcétera. Entonces les planteo el problema de la inducción (del cual ya les había hablado en el breve curso de lógica práctica que les puse por acá).



Yo golpeo la puerta, y se produce ruido; la golpeo otra vez y se produce ruido; la golpeo una vez más y también hace ruido. Luego concluyo que todas las veces que golpee la puerta ésta hará ruido. De la misma manera, todas las veces que hemos observado a dos cuerpos chocar constatamos que se producen ondas sonoras, y podemos predecir confiados en que siempre que dos cuerpos choquen se producirán ondas sonoras. Todo esto es muy sensato, pero ¿cómo sabemos que simplemente no nos ha tocado uno de los pocos casos en los que dos cuerpos que chocan NO hacen ruido? ¿Cómo sabemos que ya hemos observado suficientes veces el mismo fenómeno para establecer que siempre va a ser así? Así es como empieza dolerles la cabeza.

Si no se rinden antes de tiempo, la respuesta puede llegar a ser: no lo sabemos, chingados, pero lo más sensato y seguro es confiar que sí. Pues bien, he ahí una revelación importante. Porque, verán, el punto de plantear la pregunta mamona del árbol no es encontrar una respuesta definitiva, sino hacer que los estudiantes se cuestionen las respuestas que ya tienen de antemano. Que se pregunten por qué creen en lo que creen y si pueden confiar en el conocimiento que les ha sido dado, ya sea por sus padres, sus maestros o los medios. 

Sobre todo, es un punto de partida para una de las lecciones más importantes sobre la ciencia: que, a diferencia de otras formas de conocimiento, no debemos admitir la que se nos presenta como científica sólo porque alguien nos dice que así son las cosas, sino que podemos cuestionarla y siempre preguntarnos cómo y por qué. Y nos dará respuestas, aunque sean parciales y tentativas. Así empezamos a damos cuenta de que la ciencia, si bien imperfecta y limitada porque los seres humanos somos imperfectos y limitados, es la mejor forma de conocimiento de la que disponemos. 




Como yo lo veo, la materia de Filosofía cumple dos finalidades primordiales. La primera es ésta: enseñar a pensar. Partimos de las respuestas que algunas de las grandes mentes de la humanidad le han dado a las mismas grandes preguntas que nos seguimos haciendo, para que cada uno de nosotros haga sus propios razonamientos y llegue a sus propias conclusiones. Estamos llenos de respuestas prefabricadas, y estudiar filosofía nos obliga a preguntarnos ¿por qué creemos esto? Nos obliga a cuestionarnos nuestros criterios de lo que es bueno, verdadero, justo o bello: nos saca de nuestra zona de confort intelectual.

Preguntarse sobre si los árboles hacen ruido no tiene mucha utilidad en la vida real, pero sí lo será preguntarse cuándo una acción es éticamente correcta, cómo podemos alcanzar la felicidad o en qué tipo de sociedad queremos vivir. Quizá no sean preguntas que nos vayamos a hacer todos los días, pero sí son preguntas importantes que nos haremos en momentos importantes. La filosofía no nos da respuestas definitivas (ni pretende, ni es justo exigírselas), pero nos enseña a plantearnos las preguntas. Puede ser que al final los chicos se queden con sus mismas respuestas pero ahora tendrán las bases para decir por qué. 

La otra finalidad es la de dotar a los estudiantes de los elementos para entender el mundo en el que viven. ¿De dónde vienen las ideas que todo mundo sostiene? ¿Por qué algunas formas de pensar triunfan y otras fracasan? ¿Cómo es que algunas que hace siglos eran compartidas por un puñado de personas al final terminan convirtiéndose en doctrinas casi universales? ¿Por qué tenemos el sistema político que tenemos y por qué estamos convencidos de que (en teoría) es el mejor?

Como creo con firmeza en ambas finalidades de la Filosofía, lamento profundamente el embate que sufre la asignatura en los nuevos planes educativos. Éste es el último año en que daré la materia completa; a partir del siguiente quedará reducida a sólo la mitad, y todo para satisfacer a un sistema educativo obsesionado con lo inmediato, lo cotidiano y lo laboral; un sistema que no quiere individuos pensantes, sino empleados útiles.

En fin, sólo me queda educar a esta última generación lo mejor posible, hacer mi mejor trabajo a partir del próximo año a pesar de las limitaciones y tratar de crear otros espacios para la reflexión que hará falta en las escuelas, por lo menos hasta que lleguen tiempos menos insensatos.

miércoles, 10 de agosto de 2016

¿Es Star Wars ciencia ficción?



Como ustedes saben, quien esto escribe ama Star Wars como a la madre que le dio la vida. Pueden comprobarlo en algunas de las entradas que le he dedicado a mi franquicia cinematográfica favorita: aquí, aquí, aquí y más recientemente aquí. Entre tanta plática al respecto, surge siempre una duda, una pequeña polémica: ¿es Star Wars ciencia ficción? 

La respuesta rápida dice "Obvio sí, duh. ¿No ves las naves espaciales, los robots, los rayos de energía, los extraterrestres y todo eso. Baboso." Una respuesta un poco mejor pensada dice "No. Es una historia de magia y fantasía, al estilo de El Señor de los Anillos, pero en un escenario de ciencia ficción. La Fuerza es prácticamente magia, y la historia está llena de profecías, destinos y elegidos, mientras que los elementos tecnológicos sólo son accesorios, adornos, pero ésta es una historia clásica de fantasía heroica."

La discusión va más allá, porque nos obliga a plantearnos el problema de la clasificación en géneros, que no es nada sencillo: ¿cómo diferenciamos la ciencia ficción de lo que no lo es? Una respuesta típica nos dice que, a diferencia de otros géneros especulativos, como la fantasía o el horror, la ciencia ficción está cimentada en, pues, la ciencia, o por lo menos lo que se consideraban posibilidades científicas en el momento en el que fue escrita.

Pero este criterio es engañoso, como podemos ver. Por ejemplo, muchos autores considerados cienficcioneros sin ambigüedades han hecho caso omiso de los conocimientos científicos de la época, incluso abrazando lo que saben es científicamente imposible, porque lo que les interesa es explorar diversos temas, como la sociedad, la psique humana o los dilemas morales. Así lo hicieron desde H.G. Wells hasta Ray Bradbury, y nadie los quiere sacar del Olimpo de los maestros del género.

Quizá lo más útil ahora sería recordar la diferencia entre la ciencia ficción dura y la ciencia ficción blanda. La primera es la que busca rigor científico como cimientos para la creación. La segunda es la que sólo toma conceptos científicos pero juega con ellos libremente, dándole mayor importancia a otros aspectos.



En los terrenos de la soft science fiction encontramos el subgénero de la space opera, la clásica historia de aventuras y guerras espaciales, con héroes asombrosos, extraterrestres malvados y cosas así. O sea, la tradición en la que se inserta Star Wars. La cosa sería preguntarnos: si clásicos de la space opera como A Skylark of Space o Northwest Jim o Flash Gordon han sido considerados sin lugar a dudas ciencia ficción ¿por qué Star Wars no?

Veámoslo desde otro punto de vista. Podría ser que en efecto Star Wars sólo fuera una historia de fantasía con algunos elementos de ciencia ficción. Si esto fuera así, podríamos sustituir todos esos elementos con otros más típicos de los géneros fantásticos, en particular de la fantasía medievalista tipo El Señor de los Anillos. En vez de naves espaciales podríamos tener barcos; en vez de planetas, islas; en vez de sables de luz, espadas mágicas; en vez de monstruos extraterrestres, dragones, ogros, trasgos y cosas por el estilo.

Pero, ¿podríamos hacer una sustitución total? Se me ocurren varias dificultades, pues creo que hay en Star Wars conceptos de ciencia ficción que son mucho más que adornos o ambientación. Por ejemplo, la Estrella de la Muerte. ¿Cómo la "traducimos" a una historia de fantasía? Podría ser un artefacto mágico, o una fortaleza maldita, pero no sería igual. El punto de la Estrella es que es un "terror tecnológico", como dice Darth Vader, una estación espacial del tamaño de una luna, capaz de viajar entre sistemas estelares y destruir planetas enteros. Cambiarla por algún concepto proveniente de la fantasía haría que Star Wars perdiera mucho de su identidad. Además, no veo cómo se podría hacer el asalto final a la Estrella con barcos o caballos sin que fuera algo totalmente distinto.

La primera cinta, Una nueva esperanza, tiene como parte medular un arco argumental que sigue el típico modelo cienciaficcionero: una nueva tecnología causa una disrupción en el statu quo, y queda ver qué hacen los personajes al respecto, ya sea para restaurar la realidad antes de ese invento o para adaptarse a una nueva realidad. 

Otros conceptos serían igualmente difíciles de traducir. Tenemos ejércitos de droides y de clones. Podríamos sustituirlos con golems, esqueletos reanimados o cosas así. Darth Vader es mitad máquina. Supongo que en una obra de fantasía podríamos decir que tiene una armadura mágica que lo mantiene vivo mediante alquimia a pesar de sus heridas, pero creo que se perdería algo importante de la esencia de esta saga:

Verán, la tecnología que amenaza con sustituir a la vida es un tema fundamental de Star Wars. Se ve en la oposición del tecnológico Imperio y los precarios Rebeldes. Se acentúa todavía más con la imagen de la segunda Estrella de la Muerte flotando como una calavera gris metálico sobre el verdor de Endor, donde viven los primitivos Ewoks. 



Sin embargo, éste no es un tema exclusivo de la sci-fi: en El Señor de los Anillos, Saruman cumple esa misma función con su "mente de engranes y ruedas", que devasta el bosque de Fangorn para crear armas para su ejército de Uruk-Hai. Por otro lado, la evolución tecnológica en Star Wars es prácticamente estática. Las dos Estrellas de la Muerte son destruidas antes de que tengan la oportunidad de incidir en la vida de la Galaxia (¿no les saca de onda la poca importancia que le dan a la destrucción de Alderaan?). Los ejércitos de droides y de clones en las precuelas eran más grandes de cuantos se hubieran creado en la historia reciente de la Galaxia, pero en sí no eran cosas que jamás se hubieran visto. Es decir, mientras la tecnología existente tiene un papel importante en Star Wars, el avance tecnológico es casi nulo.

Entonces, ¿qué concluimos? En lo personal, creo que nos hemos dejado engañar por un falso dilema: la pregunta de si Star Wars es ciencia ficción o es fantasía. La respuesta es que Star Wars es ciencia ficción Y fantasía. No es simplemente un cuento de hadas en el espacio, sino que tiene elementos de sci-fi que son parte vital de su esencia, además de que entra en una categoría considerada tradicionalmente como parte legítima del género, la space opera. Pero sí, en efecto, mucho de su trama, elementos y personajes podría funcionar bien en un escenario típico de fantasía, y las especulaciones tecnológicas tienen muy poca importancia.

Si definitivamente Star Wars no es ciencia ficción pura, tampoco es fantasía pura. Al final, eso es lo que la hace tan genial: esa conjunción de tradiciones disímbolas, de diferentes territorios de la imaginación humana que se encuentran en un producto a la vez nuevo y familiar, es lo que le da la energía mítica que emana de ella. Como dijera George Lucas en su momento: "he creado un mito para una generación sin mitos".

Que la Fuerza esté con ustedes.

martes, 2 de agosto de 2016

There is no try



Como profesor de filosofía, intelectual de Internet y ser humano que intenta no ser un completo imbécil siempre recurro a dos textos fundamentales de la cultura occidental en busca de guía ética: Superman y Star Wars. 

Creo que podemos estar de acuerdo en que la substancia del sistema ético contenido en Star Wars se expone principalmente en El Imperio contraataca, durante el entrenamiento de Luke con el maestro Yoda. Uno de los momentos más memorables es cuando Luke debe usar la Fuerza para sacar su X-Wing, atorada en el fango del pantano de Dagobah. Luke le dice a Yoda que lo intentará, a lo que el milenario maestro Jedi responde:

"Do, or do not. There is no try".

Hazlo o no lo hagas. No hay intentos. Un aforismo bastante absolutista para un maestro Jedi, sobre todo teniendo en cuenta que Obi-Wan nos dice otras cosas como "Sólo los Sith piensan en absolutos" y "La mayoría de las verdades a las que nos aferramos dependen de nuestros puntos de vista". Además de eso, desde un inicio la sentencia de Yoda ha causado bastante desconcierto entre los exégetas de la filosofía Jedi. ¿Qué significa realmente? ¿Acaso tiene ahí una enseñanza importante? ¿Es sólo otra de esas frases que suenan profundas pero en realidad no significan nada?




Quizá puedo arrojar una luz al respecto, partiendo de una reciente crisis que tuve en mi vida personal, un suceso doloroso que me ha permitido entender mejor (o adaptar a mi situación) la frase de Yoda. No sé si esto que voy a exponer sea lo que Lucas tenía en mente al escribir estas escenas, pero por lo menos da para una buena reflexión. No digo que sea la interpretación correcta, pero ustedes síganme la corriente un rato. Para entender mi punto hay que recordar que la Fuerza no tiene solamente un componente físico y uno mental, sino también uno moral.

Para usar la Fuerza, Luke debe no solamente tener control sobre su cuerpo, su pensamiento y sus emociones, sino que debe abrazar los principios morales del Lado Luminoso, del Bien, y ejercerlos plenamente. Ésta es una decisión de tipo ético y quizá la parte más difícil, la parte en la que no hay intentos.

Obviamente, para poder hacer algo primero hay que intentarlo. Intentar correr diez vueltas seguidas a la manzana. Intentar resolver este complicado problema de matemáticas. Esos son esfuerzos físicos y mentales que pueden o no tener resultado. Pero no puedes intentar hacer lo correcto. Puedes no saber qué es lo correcto y equivocarte, hacer algo indebido pensando que estaba bien (como cuando intentas ayudar, pero perjudicas). O puede ser para llevar a cabo la acción debida tengas que hacer un esfuerzo físico o mental que al final no dé resultado (como un médico intentando salvar una vida). 

Pero cuando sabes qué es lo que debes hacer no puedes intentar elegir la acción debida. Si te gana la tentación de hacer algo que sabes que es inmoral, algo que te da algún placer o beneficio cuando sabes que va a lastimar a alguien más, no puedes decir que lo intentaste. Por ejemplo, no puedes decir "intenté no golpear a mi esposa", "intenté decir la verdad", "intenté serle fiel a mi pareja", "intenté no espiar por le rendija", "intenté no enredarme con una persona casada", "intenté ser honesto", "intenté no robar el dinero que me fue confiado", "intenté perdonar a quien me lastimó". Lo haces o no lo haces. No hay intentos.

Si partimos de la noción de "intentar hacer lo correcto", estamos adelantando la posibilidad de que al final no lo hagamos, y justificando nuestra falta de antemano. Lo cierto es que Luke no creía que podría mover la nave, como muchas veces nosotros no creemos que haremos lo correcto y nos ponemos una excusa diciendo que lo intentaremos. Pero recuerden el intercambio entre Luke y Yoda cuando el maestro finalmente le muestra cómo mover la X-Wing:

-¡No puedo creerlo!
-Por eso fracasas.



Tratemos la teoría ética del filósofo Immanuel Kant -y así es como meto a Kant y a Yoda en la misma entrada, ¿no es genial?-, la cual establece la diferencia entre una moral utilitaria y una moral autónoma. Una moral utilitaria nos dice que hay que hacer el bien porque eso nos traerá algún beneficio: "debo ser honesto, porque una reputación de persona honesta es buena para mi negocio", "ayudo a los necesitados porque así me ganaré el cielo", "soy un nice guy con las chicas porque así me darán sus favores". Una moral autónoma es una que nos dicta hacer lo correcto sin importar las consecuencias para nosotros: "Debo ser honesto, debo ayudar a los necesitados, debo ser un nice guy porque eso es lo correcto. Punto." No importa si eso me va a reportar beneficios, o por el contrario, si me va a perjudicar. Debo hacer lo que es correcto.

¿Cómo sabemos qué es lo correcto? Kant tiene una fórmula: "actúa de tal forma que tu conducta pudiera ser una ley universal". Es decir, actúa como quisieras que toda persona que se encontrara en la misma situación que tú lo hiciera. Así sabes que algunas acciones, por más benéficas que pueden ser para ti, no pueden ser correctas: engañar, robar, matar. No podríamos vivir en un mundo en el que se considerara universalmente válido hacer todo ello; de hecho, cada persona que lo hace quiere ser la única y por lo general mantenerlo en secreto. En cambio ayudar, ser generoso, respetar a los demás, decir la verdad, mantener las promesas, ser fiel, perdonar y dar segundas oportunidades son principios que todos quisiéramos que todos los demás observaran. He ahí nuestras leyes universales. Fernando Savater lo explica mejor:



Entonces, cuando Luke está frente a la nave y empieza a moverla con la Fuerza para sacarla del fango, no sólo tiene que hacer un esfuerzo mental y físico: tiene que escoger el camino correcto, el Lado Luminoso. Es en esto último, en elegir el Bien sobre la Oscuridad, en donde no hay intentos. Hazlo o no lo hagas. Y si no lo hiciste, ten por lo menos la responsabilidad y la integridad de decir "no lo hice" o "no lo he hecho", porque no es atenuante ni pretexto decir "lo intenté".

O no sé, igual y sólo estoy mamando bien duro. En fin, buen día y que la Fuerza les acompañe, ñoños. xD



viernes, 22 de julio de 2016

El amor es una cosa horrible



Amor. Para los griegos, un dios tan poderoso que los mismos Olímpicos no podían evitar someterse a su voluntad. Sentimiento idealizado y reinterpretado de forma distinta en diversas sociedades a través de las edades, desde el eros griego, pasando por el amor cortesano de finales de la Edad Media, la fuerza fatídica de la naturaleza según los románticos, y hasta las nuevas formas de concebirlo en relaciones poliamorosas y anárquicas contemporáneas.

Relaciones, he ahí el meollo. El amor es algo abstracto, que quizá cada ser humano concibe y experimenta de diferente manera. Pero las relaciones amorosas están ahí, podemos observarlas, podemos vivirlas. El ideal quiere que el amor sea puro, generoso, abnegado. La realidad nos da relaciones amorosas que incluyen el dolor, la traición, el abuso y la destrucción mutua. "Quien bien te quiere, te hará llorar", "Amar es sufrir, querer es gozar" y otras frases hechas legitiman como inevitable la relación amor=dolor. No es muy sano para una sociedad pensar así.

Pero no podemos negar que las relaciones humanas son intrínsicamente complejas, puesto que enfrentan necesariamente los sentimientos, voluntades y deseos de dos o más seres que existen en sí mismos y de los que no se puede esperar, ni de los más generosos, una absoluta abnegación y renuncia para satisfacer los del otro. El conflicto es inherente en la interacción humana y no hay forma de interacción más compleja que la de la relación amorosa.

A veces sucede que los humanos que se encuentran en una relación son seres rotos, heridos. A veces sucede que hieren y se rompen poco a poco hasta la destrucción final. Algunas relaciones amorosas son como adicciones a drogas muy dañinas; otras están mediadas por drogas literales. Algunas veces la lujuria hacia alguien fuera de la pareja lleva a la traición y el deterioro. Otras veces la lujuria hacia la propia pareja hacen que la relación se vuelva más y más tóxica. El mundo está lleno de historias así, y también el cine.

La siguiente selección de películas explora el lado oscuro del amor. Aquí no hay historias conmovedoras de amantes que no pueden estar juntos porque sus familias se odian, o uno de ellos tiene una enfermedad incurable o una condición anormal que le hace dar saltos por el tiempo (¿?). Lo que verán aquí son ejemplos del daño que los amantes se hacen unos a otros: celos incontrolables, inseguridades, infidelidad, traición, maltrato emocional, manipulación, violencia, adicciones, desilusión, crueldad, deseos de venganza... Todo aquello que nos hace ver que el amor puede llegar a ser una cosa horrible.

Procuré armar una selección que abarcara casi todas las etapas de la historia del cine, de diferentes países, y que abordaran los asuntos del amor desde diferentes puntos de vista. Encontrarán retratos de la realidad contemporánea, dramas históricos y hasta ciencia ficción; y si bien la visión de todas estas cintas es en conjunto pesimista, el tono varía entre lo sórdido y lo cómico. Sin duda hay algunas obras maestras que faltan aquí, pero traté de no repetir temas y quise limitarme a sólo una por director. Cualquier sugerencia es bienvenida.

Anímate. Quién sabe, si decides aventarte a ver todas estas películas y al final no quieres cortarte las veas con galletas de animalitos mientras escuchas canciones rancheras, quizá descubras que tu decepción amorosa en realidad no fue tan mala...


La caja de Pandora (Die Büchse der Pandora, Alemania, 1928) 
Dir: G.W. Pabst. 
Con: Louise Brooks, Fritz Kotner, Francis Lederer, Carl Goetz y Alice Roberts

En este clásico del cine silente, la legendaria femme fatale Louise Brooks (una de las mujeres más hermosas que han existido) interpreta a Lulú, una joven flapper que disfruta de recibir la atención de los hombres. Resuelta a casarse con el rico y viejo Schön, se las arregla para seducirlo y que su prometida los encuentre juntos. El compromiso se rompe, naturalmente, y Lulú se casa con Shcön, pero los celos de este hombre no toleran la personalidad desenvuelta de Lulú y la tragedia acude pronto a visitar a la pareja. Lulú no es mala, pero tiene el talento involuntario de hacer que hombres -y una que otra mujer- se obsesionen con ella. Por supuesto, los celos, a menudo violentos, son parte de esa obsesión, esa necesidad de poseer por completo al objeto deseado. Sin quererlo ni merecerlo, la vida de Lulú y de quienes la rodean desciende en una espiral de crimen, violencia, persecución, pobreza y prostitución forzada.

El Ángel Azul (Der blaue Engel, Alemania, 1930)
Dir: Josef von Sternberg

Con: Emil Jannings, Marlene Dietrich y Kurt Gerron

Conozcan la historia del profesor Immanuel Rath, respetado educador de la juventud local, hombre recto y severo, del tipo que no tolera tonterías. Es buscando atrapar a sus estudiantes en actos inmorales que Rath se escabulle en el cabaret "El Ángel Azul", donde conoce a la bailarina estrella Lola, de quien queda prendado de inmediato. Un romance entre el adusto profesor y la joven beldad inicia a su segunda visita al cabaret. Consumido por el deseo y la obsesión, Rath abandona toda su vida para seguir a Lola. Con el paso de los años, Rath se deja caer en una posición cada vez más humillante, hasta que, desprovisto de toda su antigua dignidad y enloquecido por los celos que le produce la popularidad de Lola, se convierte en un hombre violento. En esta imperdible película, la primera del cine sonoro alemán, las actuaciones de Jannings y Dietrich siguen siendo objeto de admiración.

Las reglas del juego (La Régle du jeu, Francia, 1939)
Dir: Jean Renoir
Con: Nora Gregor, Paulette Dubost, Marcel Dalio, André Jureiux y Jean Renoir

El juego es, por su puesto, el del amor, y la regla principal es mantener las apariencias. Todo es válido siempre y cuando se aparente seguir las convenciones sociales que se esperan sobre las relaciones monógamas. Los jugadores son los esposos Christine y Robert, sus respectivos amantes André y Geneviève; los novios Lissette y Schumaccher, y el pretendiente de ella, Marceu. La partida tiene lugar en la casa de campo de Robert durante un fin de semana en el que todos se encuentran reunidos. Las tentaciones y las tensiones son demasiado fuertes, las confusiones son caóticas. ¿Quién ama a quién? ¿Quién quiere realmente estar con quién? Mientras vemos a los amantes infieles exigir fidelidad a sus parejas, los celos y la furia escalan a cada momento, y el asesinato entra en la mente de más de uno. Este clásico sobre la hipocresía de la moral aristócrata nos pone a pensar qué tanto de nuestras concepciones sobre lo que deben o pueden ser las relaciones amorosas se basan en simples mentiras.

Lo que el viento se llevó (Gone With the Wind, Estados Unidos, 1939)
Dir: Victor Fleming
Con: Vivien Leigh, Clark Gable, Leslie Howard y Olivia de Havilland

Si existe una gran épica de la cultura norteamericana, es ésta película. Situada en el sur en el contexto de la Guerra Civil, nos cuenta la historia de Scarlett O'Hara, una caprichosa joven de la aristocracia sureña, quien desprovista de su lujoso estilo de vida trata de sobrevivir mientras todo su mundo se desmorona a su alrededor. Además del interés que tiene como retrato de una civilización a la que el viento se llevó (el sur esclavista), esta obra maestra también se centra en la relación de amor/odio entre Scarlett y Rhett Butler, un juego de atracción y desdén que se da durante años y que trasciende los dos matrimonios de ella y la guerra misma. Cuando dos individuos de personalidades fortísimas se atraen y a la vez chocan, la tragedia y la devastación no se da sólo en los combates bélicos o el incendio de Atlanta. El conflicto destructivo se da entonces a dos escalas, la de las relaciones personales y la de sociedades enteras. Una trabajo de proporciones magníficas, epítome de la grandilocuencia del cine de la Edad Dorada de Hollywood.

Un tranvía llamado Deseo (A Streetcar Named Desire, Estados Unidos, 1951)
Dir: Elia Kazan
Con: Vivien Leigh, Marlon Brando y Kim Hunter

En circunstancias misteriosas, Blanche DuBois deja su trabajo y su hogar y viaja hasta Nueva Orléans para hospedarse en casa de su hermana Stella. Desde un principio el abusivo esposo de Stella, Stanley, se muestra receloso hacia Blanche, una boca más que alimentar, alguien ocupando espacio en un hogar de por sí reducido a la pobreza. Stella de todo corazón quiere ayudar a su hermana, y hasta pretende emparejarla con Mitch, el cortés amigo de Stanley. Por su parte, Blanche no deja de advertir a Stella de la brutalidad de Stanley y la necesidad de terminar su relación, pero ella presta oídos sordos a estos consejos. Las cosas se complican más y más cuando se da a conocer la historia de Blanche, llena de promiscuidad e inestabilidad emocional -era maestra y se había metido con uno de sus estudiantes. Mientras Stella está dando a luz al bebé de Stanley, él viola a Blanche. El infierno y la locura caen sobre este pequeño grupo de personas en este desgarrador clásico basado en la obra de Tennesse Williams.

Un verano con Monika (Sommaren med Monika, Suecia, 1953)
Dir: Ingmar Bergman
Con: Harriet Andersson y Lars Ekborg

El amor es idealizado sobre todo en la primera juventud. El enamoramiento adolescente, se nos dice, está marcado por la inocencia, la ingenuidad y por la creencia auténtica de haber encontrado a "esa persona especial" más bien temprano en la vida. Así, Harry y Monika viven una fantasía romántica al escaparse en un bote por el río. En su idilio no importa el futuro, no importan las reglas de la sociedad, sólo importa estar el uno con el otro en perfecta alegría navegando como si el verano fuera a durar por siempre. Pero no es así y la realidad regresa para golpearlos. Monika queda embarazada y de pronto ella y Harry tienen que aceptar una vida de adultos, con responsabilidades, problemas y crisis. Esta no es la vida que Monika imaginaba y desea; en busca de un ideal romántico destruirá a su joven y frágil familia. Del inmortal Bergman nos llega este desencanto de los sueños de juventud.

La calle (La Strada, Italia, 1954)
Dir: Federico Fellini
Con: Anthony Quinn, Giuletta Masina, Richard Basehart 

Zampanò prácticamente compra a la pobre Gelsomina, una joven con ligero retraso mental, inocente y crédula, pero de gran corazón. Ella parece entender esta relación como una especie de matrimonio, pero en realidad Zampanò la posee como poco menos que a una esclava, pues en su espectáculo de hombre fuerte Gelsomina es la payasita que recoge las propinas. Esto no excluye que existan celos también, en este caso contra el equilibrista 'Il Matto', quien a diferencia de Zampanò trata a la joven con dulzura. En busca de un significado para su vida, Gelsomina intenta una y otra vez ver romance donde sólo hay brutalidad. Pero Zampanò será incapaz de mantener su dominio sobre ella -o sobre sí mismo- por demasiado tiempo. Quizá de forma menos evidente y menos hiperbólica, ¿cuántas relaciones habremos conocido que sean justo eso, una ilusión de amor donde sólo hay egoísmo y explotación?

Días de vino y rosas (Days of Wine and Roses, Estados Unidos, 1962)
Dir: Blake Edwards
Con: Jack Lemon, Lee Remick y Charles Bickford

En esta ocasión tenemos una historia diferente, pues lo que vuelve tormentosa la relación entre Joe y Kristen es el alcoholismo de ambos. Jóvenes con un futuro por delante, se conocen, se enamoran y se casan. Les gusta divertirse y beber socialmente. Pero conforme pasa el tiempo la bebida se va apoderando de sus vidas, y pasan de tomar una copa en el almuerzo a emborracharse durante el día. Como es de esperarse, su forma de actuar no tarda en empezar pasarles factura: él pierde empleo tras empleo y ella provoca un accidente que casi le cuesta la vida a su pequeña hija. Las cosas a partir de entonces sólo van empeorando, con algunos momento esporádicoss en los que parece que se podrán recuperar. Y quizá lo hagan, pero el precio que habrán pagado no será bajo. Es que a veces aquello con lo que las parejas se divierten juntas es lo mismo que termina destruyéndolas.

Lolita (Estados Unidos, 1962)
Dir: Stanley Kubrick
Con: James Mason, Shelley Winters, Sue Lyon y Peter Sellers

Ah, Lolita. Novela, filme, concepto que aún causa escozor en las buenas conciencias (quizá hoy más que ayer). Es la arquetípica historia del profesor Humbert, un hombre maduro que se obsesiona con la precoz adolescente Lolita, hija de su casera Charlotte. Para estar cerca del objeto de su deseo Humbert inicia una falsa e insatisfactoria relación Charlotte. Humbert desea con locura a Lolita y a ella no le es indiferente la atención de este hombre mayor. La historia plantea muchos dilemas morales. ¿Estaba Humbert abusando de la infantil Lolita? ¿O era ella, sexualmente activa desde antes de conocerlo, tan culpable como él? Sea cual fuere el caso, la relación es enfermiza y la diferencia de edades y la intensa sexualidad de Lolita poco a poco deterioran las vidas de ambos. Si esto no es suficiente, tengan en cuenta de Peter Sellers es asombroso.

El último tango en París (Ultimo tango a Parigi, Francia/Italia, 1970)
Dir: Bernardo Bertolucci
Con: Marlon Brando, Maria Schneider y Jean-Piérre Leaud.

Intensamente erótico, este filme nos relata el encuentro casual entre Paul, un hombre de mediana edad, y Jeanne, una joven próxima a casarse. Inician una relación basada enteramente en el arrebato de sus deseos, en la que se prometen nunca decirse nada el uno del otro, ni siquiera sus nombres. Pero pronto Paul necesita más que eso, se enamora -a su manera, posesiva, dominante-, le revela su identidad de Jeanne y le cuenta que aún sufre por el suicidio de su esposa. La ilusión de esta aventura, que le permitía a Jeanne escapar de su realidad, se rompe al instante. Ellos no podrían estar juntos nunca, y Jeanne hará hasta lo impensable para poner fin a la relación. Una de las películas más cachondas de la vida, con un par de las actuaciones más memorables de la historia del cine.

El imperio de los sentidos (Ai no korīda, Japón, 1976)
Dir: Nagisa Oshima
Con: Aiko Matsuda y Tatsuya Fuji

Inspirada en una historia real que ocurrió en la década de 1930, esta escandalosa cinta -que presenta coito real en pantalla- nos relata la tormentosa relación entre Sada Abe y Kichizo Ishida, una antigua prostituta y el dueño de un hotel. Su relación es salvajemente erótica, pues ellos dos van escalando en la intensidad de sus experiencias sexuales, cada vez más fuera de lo ordinario, sin importarles cuánto se lastiman o dañan a las personas que les rodean. Entregados a una interacción enfermiza, son capaces de soportar violencia, infidelidad y humillaciones con tal de poseerse el uno al otro. Porque es verdad que a veces la atracción sexual que sientes por esa otra persona es tan intensa que puedes saber que te está destruyendo pero que necesitas estar con ella teniendo el sexo más rico que podrías imaginar. Claro, ese idilio no puede durar por siempre, pues nadie puede aguantar todo lo que la lujuria impone.

Manhattan (Estados Unidos, 1979)
Dir: Woody Allen
Con: Woody Allen, Diane Keaton, Michael Murphy, Meryl Streep y Mariel Hemingway

No podía faltar un experto en las relaciones humanas con todas sus vicisitudes como lo es Woody Allen. En ésta, mi película favorita del director, Davis (Allen en su papel de siempre), es un hombre de mediana edad, dos veces divorciado y con un trabajo insatisfactorio, que sostiene una relación romántica con Tracy, una chica de 17 años. La cosa empieza mal, como ven. Pero se pone peor cuando conoce a Mary, la amante de su amigo Yale (quien, por cierto, está casado), y se enamora de ella. Davis trata de encontrar sentido a su vida y a las relaciones que ha tenido con las distintas mujeres -incluyendo su ex esposa, que ahora vive con su pareja lesbiana y no oculta el profundo desdén que ambas sienten por él. Abrumado por la complejidad de la vida, Davis podría descubrir que quizá, después de tanto intento de alcanzar el amor, cada uno de nosotros está solo en el mundo.

Las relaciones peligrosas (Dangerous Liaisons, Estados Unidos, 1988)
Dir: Stephen Fears
Con: Glenn Close, John Malkovich, Michelle Pfeiffer, Uma Thurman y Keanu Reeves

Finales del siglo XVIII en Francia, una época memorable por los excesos de una clase aristocrática decadente, hastiada por el aburrimiento y ansiosa por experiencias extremas. La marquesa de Merteuil y el vizconde de Valmont, expertos manipuladores, tiburones de la alta sociedad, maquinan un plan para destruir la relación entre el conde de Bastide y su joven prometida, la virginal Cécile. Mientras para esta pareja de cínicos todo es un juego, otras personas sufren de corazones rotos y ven sus vidas destruidas. Esto deja en evidencia lo débiles que somos los humanos y lo frágiles que son nuestras relaciones: basta que alguien astuto y taimado sepa qué decir y qué hacer, para que la fidelidad jurada se apague tan fácilmente como se sopla una vela. Pero los efectos de tan perverso complot no tardarán en alcanzar a Merteuil y Valmont, pues éste es un juego que en realidad nadie puede ganar.

Luna amarga (Bitter Moon, Estados Unidos/Reino Unido/Francia, 1992)
Dir: Roman Polanski
Con: Peter Coyote, Emmanuelle Seigner, Hugh Grant y Kristin Scott Thomas

Ésta es una de mis películas favoritas de la lista. Aquí tenemos a una pareja de esposos, Nigel y Fiona, en un crucero que se dirige hacia la India. Su relación es armoniosa pero aburrida y él ve la oportunidad de tener la aventura de su vida con la hermosa y sensual Mimi. La única condición para que esto suceda es que él escuche el relato que su esposo Oscar -un hombre mayor, en silla de ruedas y muy amargado- tiene que contarle. Así, noche tras noche Nigel escucha la historia de la relación entre Oscar y Mimi, que inicia con toda normalidad, una atracción entre una joven hermosa y un hombre maduro a quien ella admira. Pero conforme va pasando el tiempo, en busca de emociones cada vez más intensas, los experimentos sexuales de ellos se tornan cada vez más enfermizos. Él la violenta y la humilla; ella deja de ser inocente y aprende el arte de manipulación para obtener de Oscar lo que quiere. Nigel escucha sin aprender la lección de esta historia y, pensando solamente en cómo le hará para escabullirse de Fiona y pasar la noche con Mimi, ignora que durante todo este tiempo alguien más ha estado seduciendo a su esposa...

Batman regresa (Batman Returns, Estados Unidos, 1992)
Dir: Tim Burton
Con: Michael Keaton, Michelle Pfeiffer, Danny DeVitto y Christopher Walken

Bruce y Selina son dos seres marcados por la tragedia y consumidos por la ira; él contra el crimen que le arrebató a sus padres; ella contra la sociedad que la ha rebajado y humillado por años y a la que Bruce ha jurado defender. Ambos usan máscaras, las que portan durante el día a día ante todos los demás; los que muestran en la noche son sus verdaderos rostros. Colocados de forma fatídica en lados opuestos de la ley, estas criaturas rotas se encuentran en la noche y descubren que tienen mucho más en común de lo que los separa, y que su amor salvaje -literalmente animal- puede ser más fuerte que su ira. Pero ése es precisamente el problema: ¿cómo pueden dos almas igualmente quebradas estas juntas sin seguirse desbaratando? No puede haber un final de cuento de hadas. Tal como le dice Selina "no podría vivir conmigo misma". Porque el muérdago puede ser mortal si te lo comes, pero es más mortal un beso que viene del corazón.

La edad de la inocencia (The Age of Innocence, Estados Unidos, 1993)
Dir: Martin Scorsese
Con: Danel Day-Lewis, Michelle Pfeiffer y Winona Ryder

Todo está listo para la boda entre Newland y la inocente May cuando él conoce a la prima de su prometida, Ellen. Ella es una mujer moderna, inteligente y audaz que a lo largo de su vida a escandalizado a la sociedad victoriana y recientemente ha abandonado a su esposo, un aristócrata europeo que la maltrataba. Newland no tarda en quedar prendido de la personalidad de Ellen, a la par que se desilusiona de la "demasiado perfecta" May. Dividido entre su amor por Ellen y su sentido de responsabilidad, trata de apresurar su compromiso para escapar de las tentaciones. Realmente dispuesto a cumplir con el deber, le es difícil darse cuenta de que debe renunciar al amor de su vida para seguir el camino del honor y la respetabilidad. Pero más difícil será reconocer que la inocente May, junto con su familia y toda la sociedad neoyorkina, son menos incautos y más hábiles en el juego de manipulación de lo que él se imagina.

Othello (Estados Unidos/Reino Unido, 1995)
Dir: Oliver Parker
Con: Laurence Fishburne, Kenneth Brannagh, Irène Jacob y Nathaniel Parker

El moro Othello tiene todo Venecia, su patria adoptiva: honor, posición, riquezas y el amor de la bella Desdémona. Pero hay una serpiente en el paraíso, su falso amigo Iago. Él sospecha que en algún momento Othello se acostó con su esposa, y además envidia a este moro advenedizo que ha conquistado el éxito. Iago urde un plan: convencer a Othello de que Desdémona le ha sido infiel con Cassio. Con perfidia, el traidor manipula a todos cuantos le rodean con el propósito de destruir la vida de los felices amantes. Othello tiene dos grandes debilidades: es propenso a la cólera, y se sabe feo mientras Desdémona es de una belleza extraordinaria y a demás vive rodeada de hombres más jóvenes y apuestos que el moro, precisamente como Cassio. Una vez que el virus de la sospecha es sembrado en su mente por Iago, el descenso de Othello hacia la violencia es inevitable. Una excelente adaptación del clásico de Shakespeare, con una actuación soberbia por parte de Brannagh.

Amores perros (México, 2000)
Dir: Alejandro González Iñárritu
Con: Gael García Bernal, Vanessa Bauche, Álvaro Guerrero, Goya Toledo y Emilio Echevarría

En esta película ya clásica, primer largometraje del ahora celebérrimo González Iñárritu, tres historias se entrelazan a partir de un hecho fortuito, un accidente de auto. Primero están Octavio y Susana, dos adolescentes de clase baja que sienten atracción y cariño el uno por el otro. Pero ella es madre del bebé de Ramiro, el hermano mayor de Octavio, un bravucón abusivo e infiel, dedicado al crimen. Luego están Daniel y Valeria; ella una guapa modelo española, él un adinerado hombre mayor que ha abandonado a su esposa e hijos para vivir con ella. Pero tras el accidente Valeria ve su carrera truncada y, con la pierna rota, no puede abandonar el departamento que Octavio le ha puesto; poco a poco la soledad y la depresión la invaden. Finalmente está El Chivo, vago y matón a sueldo. Alguna vez fue un brillante profesor universitario, pero abandonó su vida y su familia para unirse a la guerrilla. Décadas después, con la única compañía de sus perros, vive de la fantasía retroactiva de haber sido un padre para su hija Maru. Hay muchas formas de amar, hay muchas formas de construir relaciones unos con otros. Y hay muchas formas en las que todo ello puede irse al diablo.

El último suspiro (Lost and Delirious, Canadá, 2001)
Dir: Léa Pool
Con: Piper Perabo, Jessica Paré y Mischa Barton

El amor, como bien sabemos, no es sólo cosa de hombres y mujeres. Puede ser entre dos hombres, o entre dos mujeres (o más). El desamor también. Después de que la melancólica Mary es dejada por su padre y su madrastra en un internado para señoritas, descubre que sus compañeras de cuarto, Paulie y Tori, mantienen una relación romántica y sexual. Mary no tiene problemas con ello, y ve en las dos chicas un amor apasionado y muy sincero. Pero la sociedad sí que tiene un problema, y cuando un grupito de niñas descubre a las amantes durmiendo juntas, el escándalo se desata en el colegio. Esto no es lo peor, pues Paulie está lista para gritar al mundo su amor por Tori. Lo peor es que ella no está en el mismo lugar y, temiendo por su reputación y conexiones sociales, rompe la relación y la niega por completo, llegando hasta acusar a Paulie de ser una acosadora. Lo que sigue es la estrepitosa caída de Paulie hacia la desesperación. Traicionada por el amor de su vida, se hunde más y más, hasta llegar a medidas extremas. A veces no le importamos tanto a esa persona como ella nos importa a nosotros, y basta una dificultad para revelarlo.

Llevados por el deseo (Closer, Estados Unidos/Reino Unido 2004)
Dir: Mike Nichols
Con: Natalie Portman, Julia Roberts, Jude Law y Clive Owen

Chico conoce chica por casualidad. Chico y chica se enamoran. Todo muy lindo, pero ¿qué sucede con el tiempo? Un año después de que Alice y Dan se conocieran, él ya está comenzando a desviarse del camino y hacerle avances a Anna. Alice se entera y sufre en silencio, mientras Dan va tras Anna, incluso después de arreglar una relación entre ella y Larry. La situación se complica entre los cuatro, cuando cada quien comienza a serle infiel a su pareja con la del otro. Las relaciones se rompen, y surgen otras nuevas, pero éstas no son más armoniosas, pues siempre están marcadas por la infidelidad, la traición, los celos y la voluntad de dominar sobre la persona deseada. Todos son infieles, todos mienten, pero exigen fidelidad y honestidad de los demás, y nadie está dispuesto a renunciar a lo que desea, así traiga sólo dolor para los demás. Así es la vida, ¿no?

Competencia de talentos (Rocket Science, Estados Unidos, 2007)
Dir: Jeffrey Blitz
Con: Reece Thompson, Anna Kendrick y Nicholas D'Agosto

Con el primer amor viene la primera desilusión, y lo que se vive apenas despuntando la adolescencia puede rompernos el corazón tanto como lo que nos pasa conforme crecemos. Quizá más, porque entonces somos inocentes y no sabemos como escudarnos del desencanto. Esa persona a la que conocemos en tal momento crucial de nuestras vidas puede hacernos soñar con un romance idílico para luego dejarnos caer el suelo sin saber ni siquiera qué nos pasó. Eso es lo que le ocurre a Hal con la linda Ginny, una chica inteligente, fuerte y ambiciosa, por la que se mete al concurso de debate de secundaria. ¿Es real lo que ella le hace sentir o sólo lo está manipulando? ¿Siente ella algo por él, aunque sea sólo atracción? ¿Será sincera con sus sentimientos o se dejará llevar por sus ambiciones?



Sólo un sueño (Revolutionary Road, Estados Unidos/Reino Unido, 2008)
Dir: Sam Mendes
Con: Leonardo DiCaprio, Kate Winslet y Michael Shannon.

Es la década de 1950, una edad de oro para la clase media americana. Frank y April son dos jóvenes talentosos e inteligentes, con sueños y ambiciones que van más allá de las metas que establecen las convenciones de su tiempo. Pero la realidad se ríe de sus planes y en cambio se convierten en un matrimonio ordinario, en un barrio ordinario con una vida laboral y familiar ordinaria. La cotidianidad es la tragedia en esta historia de amor, pues la anodina existencia suburbana y clasemediera va amargando su relación. Cada quien tiene resentimiento hacia el otro por sus sueños perdidos, lo que los empuja a infidelidades y malos tratos. Cuando por fin toman la radical decisión de salir de la zona de confort y lanzarse a la aventura en busca de los sueños de juventud, la vida les juega, una vez más, un truco sucio. Si alguna vez se preguntaron qué habría sido de Jack y Rose si se hubiesen bajado del Titanic, ésta es la respuesta: que el sueño americano es sólo eso, un sueño.

Ella (Her, Estados Unidos, 2013)
Dir: Spike Jonze
Con: Joaquin Phoenix, Scarlett Johansson y Amy Adams

Llegamos al final de nuestro recorrido para dar vistazo al futuro. Theodore es un hombre solitario, introvertido y melancólico, prácticamente sin relaciones personales, que llena su vida con gadgets de última generación. Por eso adquiere un nuevo sistema operativo avanzadísimo, una voz femenina que se da a sí misma el nombre de Samantha. Conforme pasa el tiempo, Theodore y Samantha descubren que ella es mucho más que una voz de ordenador, y que tiene inteligencia y personalidad propias; no tardan en quedar enamorados el uno del otro. Pero nada es para siempre; mil problemas hacen pronto su aparición, pues una mente sin límites como Samantha no puede reducir su capacidad de amar hacia un solo individuo. Además de ser una triste fábula de nuestro mundo moderno, en el que el contacto humano está progresivamente mediado por la tecnología, este filme nos plantea un interesante punto de vista sobre los celos. Éstos suelen manifestarse como un deseo de exclusividad física, pero ¿qué sucede cuando lo físico no es importante -de hecho inexistente? Nos damos cuenta de que la posibilidad de no tener todo el pensamiento y todos los sentimientos de una persona puede ser todavía más doloroso que no tener su cuerpo.

Con eso terminamos, mis queridos contertulios. Ahí tienen un ciclo de cine para ver solos, con sus parejas, para discutir fríamente con sus amigos intelectuales o para hallar en ellos paralelismos con lo que les ha sucedido en la vida. Si se avientan todas estas películas seguidas no dejen de responder, ¿qué piensan del amor después de todo esto? ¿Acaso no es una cosa horrible?

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