domingo, 18 de noviembre de 2007

Las señoritas de Dante


Después de mucho investigar con ayuda de algunos camaradas de la facultad de Antropología y otros de la de Veterinaria, llegamos a descubrir el origen de las señoritas de Dante (la cadena de librerías, no el poeta florentino).

Antes de ser llevadas a trabajar en las librerías, estas féminas protohumanas viven en clanes matriarcales en medio de la selva, en donde subsisten de los restos de cabeza de pescado que dejan los coatíes, sin hacer uso alguno de sus facultades mentales (si es que las tienen).

Ahora bien, cuando los dueños de la cadena de librerías Dante necesitan semiesclavos para que sirvan en sus establecimientos comerciales, -sin necesidad de cumplir con los más elementales principios de la Ley Federal del Trabajo, o de la Declaración de los Derechos humanos, o de la decencia- contratan a un equipo de mercenarios guaraníes (que salen más baratos que pagar el salario mínimo a un trabajador durante dos meses) para que con uso de cerbatanas narcoticen a esas mujeres y las capturen.

Una vez en Mérida, los ejecutivos de Dante bañan a estas amazonas con mangueras de presión que disparan agua fría y salada. Luego les enseñan (no muy bien) a adoptar una postura erecta, hablar, cobrar y, lo más importante, teclear en la computadora, después de lo cual las mandan a trabajar a las librerías a cambio de seis cacahuates diarios.

Es importante saber que estos primitivos seres nunca podrán hacer más que teclear el nombre de los libros. Si a una de ellas se le pregunta algo así como “¿Tiene usted algún libro sobre la Revolución Cubana?”, lo más que se puede esperar es que escriba rebolusion cuvana en la computadora, tras lo cual le dirá en un burdo intento de español “no tenemos”. También hay que tener en cuenta que si el nombre del libro tiene más de tres sílabas o algún diptongo (ni se diga palabras en otro en idioma), a la señorita de Dante en turno le será imposible teclearlo. De hecho, ellas sólo podrán encontrar un libro que esté tan obviamente dispuesto a la vista de todos que no sea necesario preguntar por él.

Cuando el dueño de Dante recuerda el dinero que se ahorra al esclavizar a estas criaturas, gusta de ir a su bóveda llena de oro y masturbarse con billetes de a mil pesos.

2 comentarios:

Wanted Man dijo...

Una vez pregunté si tenian algo de Robert Ludlum, tuve que deletrear el nombre para que la encargada lo escribiera en el buscador.

Anónimo dijo...

Yo trabajo en la librera y no me dan seis cacachuates, y con respecto que somos primitivas pues si no te gusto porque no te quejas con el dueño que creo que de haya viene el problema, tal vez si nos asesorán más, y ahora por el de Ludlum, pues cuando escuchaste del autor, creo que ni tu sabias escribir el nombre y te pasa como a las demas personas que leen unos cuantos autores y ya creen saber todo, y como nosotras no lo sabemos nos tachan de ignorantes.

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails