miércoles, 12 de diciembre de 2007

Católicos y Guadalupanos

Partamos de este principio: cada quien tiene derecho a creer en lo que quiera.

Ahora vayamos por partes: el catolicismo, en teoría, es una religión que predica el amor al prójimo, la paz, la compasión, la no violencia, el perdón, la justicia, la igualdad, la sabiduría y el desapego a las cosas terrenales.

Sin embargo, en muchas de sus prácticas y a lo largo de la mayoría de su historia, ha sido un culto que predica el fetichismo, la idolatría, la misoginia, el ritualismo, las jerarquización de la sociedad y la intolerancia. Y no crean que con esta diatriba contra el catolicismo estoy demostrando simpatía hacia las religiones protestantes, porque aunque pudieran entrarle menos a la parte del fetichismo y la ideolatría, no son menos intolerantes y algunas de ellas pregonan la misoginia y la homofobia con más virulencia que el mismo catolicismo.

La sacerdotes católicos exigen que los llamemos "padres", aún cuando Jesús dijo que sólo llamemos "padre" a Dios. Uno de los Diez Mandamientos prohíbe la adoración de imágenes, pero allí andan los católicos adorando imágenes y estatuillas. La Iglesia Católica nos achaca miles y miles de oraciones, aún cuando Jesús dijo que no seamos como los paganos que tienen miles y miles de oraciones, sino que nos limitemos al Padre Nuestro, el único rezo que Cristo instituyó.

Pero en fin, si con creencias o sin ellas o a pesar de ellas una persona es un buen ser humano, importa menos qué tan absurdas o contrarias al sentido común sean. Lo importante es que los creyentes sean felices y procuren la felicidad de los demás. Por desgracia, el catolicismo en México no siempre cumple esta función. Los católicos de la ultraderecha, en sus sectas más siniestras, el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, son intolerantes hasta el punto de llegar a la violencia (verbal e institucional, pero también física), y se caracterizan por su elitismo, su clasismo y por ser excluyentes y discriminativos contra la gente que no es tan rica como ellos (o sea, son snobs de la peor calaña). Esta gentuza, que se cortaría los brazos antes de admitir que, como todos los mexicanos, tiene ascedencia indígena, representa la forma en la que los europeos, un montón de paganos idólatras y orates que adoran al Emperador de Roma, interpretaron el cristianismo, y si no andan por ahí quemando brujas y herejes, pues debemos estar agradecidos.

En el otro extremo de la escala social están aquéllos que tienen su ascendencia indígena más presente. Pero a muchos de ellos sus creencias tampoco los hacen necesariamente mejores personas. A lo largo de todo el país hay capillas con vírgenes y santos patronos de los ladrones, bandidos y narcotraficantes. A estos templos los fieles delincuentes llevan retablos pidiéndole a sus divinidades que les ayuden a matar "cabrones policías", y otros similares. Los narcotraficantes, muchos de ellos de extracción humilde, son de los católicos más fanáticos que hay, y la Iglesia no deja de recibir de ellos sus colosales donaciones, aunque a los narcos les guste practicar algunos actos poco piadosos como lo son la tortura, la violación y el asesinato. Estas personas representan la forma en la que los paganos idólatras y orates autóctonos interpretaron el cristianismo, y si no andan por ahí haciendo sacrificios humanos y practicando el canibalismo, pues debemos estar agradecidos.

De esta forma de interpretar el cristianismo, sobresale el culto guadalupano. Mucho se ha dicho sobre que la Virgen de Guadalupe es nada más la diosa Tonantzin con otro nombre. También se ha discutido mucho sobre cómo no se necesita ser católico para ser guadalupano. En efecto, el culto guadalupano es como una galletita indígena con chispas de chocolate europeas. Y ello se ve en que el culto guadalupano tiene todas las características de las antiguas religiones americanas, incluidos el fetichismo y la autolaceración.

Y el culto guadalupano tampoco necesariamente hace de sus fieles mejores personas. Los mismos hombres que durante todo el año se emborrachan y golpean a su familia son los que suben el cerro con corcholatas en las rodillas. Hay pandilleros que se tatúan lo mismo Guadalupes que suásticas. No quiero decir que un guadalupano o un católico sean malos por el hecho de serlo; de hecho yo creo que la mayoría son buenas personas, pero que su calidad moral no proviene de sus creencias, sino de otros factores.

Si alguna vez la religión dictaba la conducta moral de las personas, eso se va al caño cuando los preceptos principales de la religión tienen que ver más con ritos y formalidades que con principios éticos. Así, los Diez Mandamientos de los católicos y guadalupanos no incluyen el No robarás, no matarás, no codiciarás las cosas ajenas, no cometerás adulterio, pero sí los que dicen No hablarás mal de los padres, darás todo el dinero que puedas a la Iglesia, adorarás a las imágenes, tendrás sexo a condición de sentirte culpable y, por supuesto, no votarás por la izquierda. Con este panorama, la construcción de los principios morales de una persona debería depender de la consciencia del individuo, pero eso es harina de otro costal.

De la unión de los paganos idólatras y orates europeos con los paganos idólatras y orates autóctonos no pudo surgir otra cosa que un pueblo de paganos idólatras y orates. Muestra de ello es que, mientras escribo estas líneas los vecinos adoran a su deidad reventando cohetes. Seguramente a la Madre de Dios los petardos la hacen más poderosa, o más milagrosa o le permiten aparecer en más manchas de moho en la pared...

5 comentarios:

Ego sum qui sum dijo...

Quiero agregar que esos paganos idólatras y orates al estilo europeo todavía adoran al Emperador de Roma...

Chale, mis despotriques son cada vez más largos, con razón nadie lee mi blog, ni siquiera mi novia. :(

Raúl H. Pérez dijo...

"De la unión de los paganos idólatras y orates europeos con los paganos idólatras y orates indígenas no pudo surgir otra cosa que un pueblo de paganos idólatras y orates".

Jajajajajajaja

Triste pero cierto.

Un saludo Mike. Yo sí leo tu blog.

TORK dijo...

el culto guadalupano es como una galletita indígena con chispas de chocolate europeas.

La mejor explicación del guadalupanismo que haya leído.

Alberto D' Jesús Alcocer dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alberto D' Jesús Alcocer dijo...

Sorry era un escrito de 2007 jajaja no vi, esto ya fueee :D saludos

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