domingo, 9 de diciembre de 2007

Llámenme Grinch



Cuando era niño, la Navidad solía ser la época más genial de todo el año. El clima se ponía agradable, las canciones y los adornos alegraban las tardes, jugaba con mis primos (a quienes pocas veces veía el resto del año), veía caricaturas de Navidad, tronaba bombitas y por supuesto, esperaba la llegada de Santa Claus y de los Reyes Magos.


Pero ahora la Navidad ya no es lo que era. O quizá siempre ha sido así, pero sólo me di cuenta cuando me convertí en un adulto cínico. Para mí, la Navidad es muy distinta ahora. Así que agárrense, porque ahí les va un despotrique de viejo amargado.


Para empezar, me irritan todas esas pinches banalidades sin sentido que nada más están ahí para que los miembros de esta sociedad estúpida se restrieguen mutuamente su capacidad para ser superficiales. Antes bastaba con el arbolito, una corona en la puerta, el nacimiento y algún centro de mesa. Ahora todo tiene que estar atiborrado de luces y adornos navideños que sólo tienen un significado: no vaya a ser que los vecinos piensen que no tenemos suficiente dinero como para llenar hasta el último rincón con un paisaje nevado de porcelana.


Ya ni siquiera voy a decir cosas como "el significado verdadero de la Navidad tiene que ver con el nacimiento de Jesús", porque eso hace bastante tiempo que valió madres, además de que la Navidad tiene su origen en un montón de fiestas paganas que no vienen al caso. Todo se trata del pinche consumismo: comprar, comprar, comprar. Y para que tengas que comprar a huevo, te meten la idea en la cabeza de que tienes que regalar obligatoriamente. Regalar debería ser un impulso espontáneo, una forma de demostrar cariño. ¡Pero ahí nos tienen estresándonos pensando en qué le vamos a regalar a esa tía con la que nunca hablamos y que no podría importarnos menos, pero a quien hay obsequiarle algo para no quedar mal!


Ahora ya hasta hay modas de Navidad. No basta con los adornos de todos los años, ¡hay que estar a la moda! El año pasado la navidad fue azul y este año será en colores pastel. ¿Cómo? ¿No tienes tus adornos en color pastel? Pues ve a comprarlos. Compra, compra, compra. ¿No querrás estar pasado de moda, verdad?


Y luego están los compromisos familiares que acaparan todos los fines de semana, que yo podría aprovechar para hacer cosas que de verdad disfruto. Cuando era niño tenía una sola familia. Ahora que vivo en pareja, tengo cuatro. Y como tengo cuatro familias, la mitad de la Noche Buena me la pasaré manejando para ir a saludarlas a todas. Y no es que esté mal, pero ya me aburren, siempre criticándose unos a la espalda de otros, y luego haciendo de cuenta que se llevan de maravilla. Pero a los que de plano no soporto son a los ñores panzones que ignoran a sus hijos y se la pasan fumando y hablando de sus chambas y sus coches. Debe ser que la gente cree que porque vivo en pareja y tengo hijos mis únicas relaciones sociales deben ser con los miembros de mi familia y mis únicos intereses deben estar restringidos a asuntos pedestres y mundanos.


La Navidad ya no es para mí una época alegre, es muy estresante. Hay demasiados gastos que hacer como para poder dormir tranquilo. Hay que ser perfectamente felices en esta época, porque la más pequeña imperfección nos sumirá en la depresión. Nos programamos para estar contentos la noche del 24. Nada puede salir mal en Navidad. Y entonces, estamos todos estresados. ¡No se puede agendar la felicidad! A lo mucho se puede organizar una agradable reunión y esperar pasárnosla bien. Pero ningún día del año tiene la obligación de ser perfecto. Quien así lo espere, sólo se decepcionará.


Eso es en lo que la Navidad se ha convertido para mí: reuniones aburridas, compromisos inventados, gastos innecesarios, regalos que no disfruto... No quiero decir que la Navidad no pueda ser celebrada de forma honesta. La familia, la cena, una linda reunión... deberían ser suficiente. Los adornos y las canciones alegran estos días tan fríos y oscuros. Un regalo que viene del corazón siempre conmueve de verdad.


Estos años, son mis hijos y mis sobrinos los que rescatan la Navidad para mí. Ellos sí la celebran con sinceridad y sin preocupaciones. Para escaparme de las conversaciones sobre negocios y lanchas, me voy a ver jugar a los chiquitos (o con mi hermano, porque los dos somos unos niñotes). No tienen más obligación que disfrutar la fiesta e irse a dormir temprano para que que los visite Santa. Una de las cosas más hermosas de ser padre es la oportunidad de convertirme en Santa para mis hijos. Como dice el papá de Mafalda, uno se siente terrorista de la felicidad. Y quiero que para mi hijo la Navidad sea siempre tan feliz como lo es ahora, no una serie de compromisos estúpidos y gastos inútiles que desgarran la economía familiar y ponen a papá de malas.


Por lo pronto, seguiré con esa relación amor / odio con la Navidad. Me llamarán Grinch... pero ¿quién dice que el Grinch no se divierte en Navidad?


6 comentarios:

Frodou dijo...

enojon

Raúl H. Pérez dijo...

Eres la neta.

Un saludo.

Ego sum qui sum dijo...

Ok, ok. Quizá ayer me pasé un poquito en lo que se refiere a los compromisos familiares. No vayan a creer que odio a mi familia o algo así. De hecho, disfruto las reuniones familiares. Y cuando hablaba de los ñores panzones no me refería a mis tíos ni a mis primos, sino a los esposos de las primas de mi novia...

Todo lo demás lo sostengo. ¡Esta Navidad celebremos como el Grinch!

Ego sum qui sum dijo...

Olvidaba mencionar el hecho de que en Mérida, la Navidad comienza en Agosto, mes en el que empiezan a montar el (horrendo) arbolote de Carrefour, y que en las plazas ya se empieza a decorar en Noviembre. Noviembre es un mes blasfemo en el que conviven los adornos de Halloween retrasados con los de Navidad adelantados. El caso es que al ser bombardeados desde tan temprano con los fetiches navideños, la temporada pierde su encanto, pues ya no se trata de unos cuantos días especiales, sino de una rutina que va desde Agosto hasta Febrero.

También quiero despotricar contra el hecho de que se supone que la Navidad es una época para compartir y ser mejores personas. En realidad, nada es más falso: en efecto, durante los días de Diciembre, la gente se pone más neurótica, agresiva y egoísta. Las calles se llenan de coches y las plazas de gente, todos atropellándose los unos a los otros y buscando agandallar. Diciembre es cuando la gente es más gandalla y culera.

Aleya Li dijo...

Maestro, mis mejores recuerdos de la navidad son en merida con la familia. Era bien chingon juntarse todos y por lo menos una vez al anio ver como estaban. Y aqui en el defectuoso todo esta imposible, no puedes ni salir a la pinche calle sin que te tardes minimo dos horas en llegar a donde vas. Mejor uno sale ya tarde y directititito al pub. jojojjo besos!

Zer0MX dijo...

Pues tienes razón en varias cosas ahí, aunque yo por mi parte, he decidido sacarme de varias de esas cosas le guste a quien le guste, por ejemplo, en nuestra familia nos reunimos, pero no con los que no nos vemos casi nunca, sino con los que siempre convivimos y nos la pasamos bien, si alguien no va en cierto año, pues ni pedo, no siempre se puede y la gente debería entender eso, otra cosa, en cuanto a regalos yo a los únicos que les regalo y porque me nace de verdad hacerlo no por obligación es a mi hermano, mamá y mi novia.
Por otra parte, no sabía eso de los adornos, yo uso los mismos de hace muchos años y sólo en el interior de la casa en la sala, en fin, yo creo que como en muchas otras ocasiones del año, todo depende de que tanta obligación o deseo tenga alguien de celebrar algo, por lo menos en un punto de vista personal, me agrada pasar una reunión agradable en estas fechas sin fijarme tanto en los demás, aunque lo que si me caga es la pinche hipocresía que muchos muestran y esperan que uno muestre también, aunado a lo de que quieren vender la idea del "verdadero significado" cuando en realidad sólo quieren que compres, en fin, como en muchos temas, no es tan sencillo tomar postura con respecto a esto, de momento me dedico a disfrutar las vacaciones mientras duren y pues si se puede, pasarla bien con quien se pueda pasarla bien...

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