lunes, 21 de enero de 2008

Lo que los medios nos han hecho creer sobre la literatura...

Existen libros cuyas tramas y personajes todo el mundo conoce, aunque nunca se les haya leído. Son tan conocidos porque han sido difundidos por otros medios, principalmente el cine, pero también la televisión y el cómic. Se han creado convenciones y lugares comunes alrededor de los clásicos literarios, pero muchas cosas que asumimos son inexactas, o a veces ni tienen su origen en las obras literarias originales. Veamos algunos ejemplos:


Sherlock Holmes: La clásica gorra y gabardina con la que se le representa, nunca es descrita en los libros, fue el invento de un ilustrador. Además, Holmes jamás de los jamases dijo "Elemental, mi querido Watson" en los libros escritos por Doyle. La primera aparición de esta frase se dio en una obra teatral.

Además, Watson no es el viejito gordito y torpe que suele aparecer en las versiones mediáticas de Holmes (parodias incluidas), sino un hombre joven, alto, atlético, un médico y veterano de guerra, que además tiene mucho pegue con las mujeres. Aunque las versiones más recientes, como las cintas de Guy Ritchie y la serie de la BBC se han apegado más a la versión original, le han de resultar extrañas a quien creció con las encarnaciones de todo el siglo XX (leer más sobre Holmes en la cultura mediática, aquí).


La vuelta al mundo el 80 días: A pesar de que todas las adaptaciones cinematográficas así lo representan, en esta novela de Julio Verne nunca aparece ni un solo globo aerostático. El viaje se da en diversos medios de transporte: tren, barco e incluso elefantes, pero nunca un globo (para ello, remitirse a otra aventura verniana, Cinco semanas en globo). Jean Paspartú (en francés se escribe Passepartout, que significa que "pasó por todo"), el acompañante del protagonista Philleas Fogg no es un individuo chaparrito y chistoso tal cual se le suele representar (como Cantinflas o Jackie Chan), sino un francés alto, fornido y valiente.


Don Quijote: La imagen de Sancho, como un gordito chaparrito y rechoncho, se la debemos al ilustrador Gustave Doré. En realidad, Sancho es descrito como un individuo larguirucho, de piernas ridículamente largas y delgadas para soportar su voluminoso abdomen, que le cuelga como una bolsa. Por cierto, la frase de "si oyes ladrar a los perros, Sancho", no sale en el libro.




20,000 leguas de viaje submarino: Volvemos a Verne. El capitán Nemo no era ningún viejecito, sino un hombre de mediana edad (alrededor de los 40) fuerte y saludable. Originalmente Verne pensaba que fuera un noble polaco que hubiese perdido a su familia en las guerras con Rusia (en esos años Polonia había sido partida y dividida entre los imperios ruso, alemán y austro-húngaro), pero sus editores le obligaron a abandonar esta idea, para no ofender a los lectores rusos. Así, en 20,000 leguas se omite la nacionalidad de Nemo; sin embargo, en La Isla Misteriosa, su secuela, se revela que es un príncipe indio (de la India, se entiende) que lucha contra el imperialismo británico (imagen que respeta Alan Moore en sus cómics de The League of Extraordinary Gentlemen).


Drácula: La mayoría de las frases célebres que asociamos con Drácula ("Yo nunca bebo... vino"), nunca aparecen en la novela, sino que fueron introducidas por la película dirigida por Tod Browning y protagonizada por Bela Lugosi (ver más sobre el cine clásico de monstruos). Drácula no era sexy, sino repulsivo (más parecido al Orlok de Nosferatu), y nunca tuvo un romance con Mina. Además, podía sin problemas salir de día bajo la luz del sol. Sobre las diversas adaptaciones cinematográficas de la novela de Bram Stoker, leer aquí.

Frankenstein: La imagen más famosa del monstruo es creación del genio del maquillaje Jack Pierce en la película de James Whale protagonizada por Boris Karloff. La descripción del monstruo en la novela es muy distinta (léanla), además de que esta criatura desarrolla una inteligencia sorprendente y habla con un lenguaje muy poético. Por otra parte, aunque la creación del monstruo en la cultura mediática siempre ha estado relacionada con los rayos y la electricidad, en la novela nunca se describe el proceso de creación de este ser.


Tarzán: No es criado por gorilas, y nunca se especifica que sean chimpancés, sino que el libro los llama simplemente "simios", aunque su comportamiento se asemeja más al de nuestros parientes más cercanos (por la violencia y el carnivorismo, por ejemplo). En el libro Kerchak es un maldito tirano, y no el papá adoptivo de Tarzán, y Kala muere por causa de una cazador nativo. Chita nunca aparece en las novelas, sino sólo en las películas... y por cierto, a pesar de los errores de traducción y doblaje, Chita era macho.

Conan el Bárbaro: No es un bruto casi afásico como lo ponen en las películas de Schwarzenegger (que sí es un bruto casi afásico, por cierto), sino un personaje multidimensional. Un guerrero feroz y salvaje, sí, pero un individuo inteligente, astuto y sagaz, que aprende a hablar una docena de idiomas, a dirigir ejércitos y a gobernar un imperio. Howard, autor de estas historias, nos dice de Conan que es un hombre con "gigantescas melancolías y risa gigantesca", además de tener sus momentos de verdadero filósofo. Más sobre Conan aquí.



Así que ya saben, no se dejen guiar por las representaciones mediáticas de los clásicos literarios. Mejor vayan a leer los libros ;)

2 comentarios:

Raúl H. Pérez dijo...

En Estudio en escarlata de Arthur Conan Doyle aparece un "Elemental, Watson", según recuerdo.

Un saludo.

TORK dijo...

Y en Frankenstein, hasta donde recuerdo, nunca se dice que así se llame la criatura. Ese era el apellido del creador. Y me recuerda el Juego de los Darkstalkers, donde esa criatura se llama "Victor"

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