sábado, 1 de marzo de 2008

Juzgar es muy fácil


"Juzgar es muy fácil", dice el lugar común. "No", digo yo. Abstenerse de juzgar es muy cómodo, no hay consecuencias ni responsabilidades; nos evita pensar. Y prejuzgar es muy sencillo, sólo hay que guiarnos por las creencias que de antemano tenemos, sin reflexionar sobre ellas, sin cuestionarlas en lo absoluto. Condenar sin antes juzgar es fácil y divertido, nos hace sentir poderosos, con superioridad moral.

Pero juzgar, realmente hacer un juicio utilizando nuestra razón, tomando en cuenta todos los aspectos a ser considerados, cuestionando lo que creemos saber, dejando a un lado los preconceptos, tratando de ser lo más objetivos posibles (aunque la objetividad total sea inalcanzable), aceptando la responsabilidad de las consecuencias que nuestro juicio pueda tener y, sobre todo, reconociendo que no tenemos la autoridad para condenar, es condenadamente difícil.

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