sábado, 5 de abril de 2008

Sobre elegancia y formalidad.




Es sobradamente sabido que en nuestras escuelas está prohibido para los estudiantes y maestros asistir a clases con sandalias, huaraches, chanclas y otros similares. La insistencia de los estudiantes por llevar este tipo de calzado se debe a que para ellos es más cómodo por las características climáticas de nuestra tierra. La insistencia de las autoridades escolares en prohibir el uso de sandalias es que éstas son un tipo de calzado informal, de segunda categoría, y cuyo uso denigraría a la institución. En pocas palabras, se prohibe el uso de sandalias en pro de la elegancia y la formalidad.


En cierta ocasión platicaba con un querido amigo mío que tuvo la suerte de nacer y crecer en el DF. Cuando le comenté que en nuestras latitudes pocas personas se visten de traje y corbata para ir a trabajar (eso fue a principios del siglo XXI), a mi camarada esta actitud le pareció propia de salvajes incivilizados e, indignado, comparó nuestra desidia en el vestir con el celo que ponen otros provincianos en siempre ataviarse de forma elegante, sin importar el calor.


Ahora que hay muchas más empresas extranjeras y nacionales en nuestra ciudad, es más común que las personas se vistan de traje para ejercer sus funciones laborales. Todo esto en nombre de la elegancia y la formalidad.


¡Son mamadas! ¡Es pura mierda apestosa! Es estúpido vestirse de forma incómoda, incluso poco saludable, para satisfacer unos ideales de elegancia traídos de climas completamente ajenos a los nuestros. Debería dejarse a los estudiantes asistir en chancletas y sus uniformes deberían ser de telas ligeras. Y deberían dejar a los trabajadores vestirse de acuerdo a estos climas. ¿Qué tienen de malo una guayabera, unos pantalones ligeros y unos huaraches?


¿Quién decide qué es lo elegante? La cultura dominante, que en este caso, es una copiada de climas templados: Norteamérica y Europa. Siendo éstas las sociedades cultural, política y económicamente hegemónicas, como sucede siempre y en todas las épocas, influyen en los usos y costumbres de todas las demás. Así, para demostrar que no somos simios incivilizados y que sí somos tan progresistas, civilizados y modernos como ellos, tenemos que adoptar desde su lengua y sus costumbres, hasta su forma de vestir.  ¡Son puras mamadas!


Imaginen que vienen los habitantes de Hoth y conquistan nuestro planeta.



Hoth


Como eso del xenocentrismo y la lamida de huevos se nos da de perlas, haríamos todo lo posible por agradar a los nuevos amos. Lo bello para ellos sería lo bello para nosotros. Lo elegante para ellos, será lo elegante para nosotros. Y si para ellos es elegante vestirse con las pieles de un wampa, pues nos vestiremos con pieles wampa, carajo.


Un wampa


Todo esto son ficciones, desde luego, porque, como todo el mundo sabe, no hay gente en Hoth (sólo wampas y tauntauns). Deberíamos mandar a la chingada todas estas pendejadas y vestirnos como es adecuado a nuestro clima. Podríamos ser elegantes y tener buen gusto, pero con nuestro clima en mente, sin usar piel de wampa, que sería casi tan ridículo como usar traje y corbata en este clima. Incluso, para poder usar accesorios estúpidos, como chalequitos y bufandas, los centros comerciales de esta ciudad ponen a toda potencia sus aparatos de aire acondicionado (pero sólo en en invierno, ¿eh? Para que la moda invernal yucateca corresponda a la de Nueva York). Deberíamos usar sandalias y ropa ligera todo el tiempo. 


Pero si queremos mamar los modelos neoyorkinos, podemos seguir poniéndonos corbatas. Miren, eso ni siquiera me parece mal. Se me hace divertido ponerse accesorios fuera de lugar. ¡Y no es que tenga algo contra las modas de otros lugares! Eso sería caer en xenofobia. ¡Que cada quien se vista como quiera! Sólo me parece absurdo que la norma de elegancia y formalidad sea la de otros climas y se nos obligue a estudiantes y profesionistas a vestirnos de formas que simplemente no pueden usarse aquí.

4 comentarios:

Raúl H. Pérez dijo...

La guayabera es más que sifuciente: elegante y fresca.

Davicho dijo...

cuando presenté en la facultad de derecho, a muchos no dejaron entrar a presentar precisamente por ir con bermudas y chanclas, la neta no se a quien se le ocurre ir con ropa de playa a presentar pero pues que bueno que no los dejaron, a lo mejor por eso hubo lugar para mi jejje. Tienes razón, se ve ridículo ir a la chamba con traje, como dice raúl, con guayabera se ve mas chido y cómodo.

Esteban Benítez dijo...

¿No has oído hablar del síndrome del cancunense? Apenas la temperatura baja 5 grados y eso le basta para que sienta "frio" y corra a sacar gabardinas y chamarras que todo el año no ha podido presumir.

Zer0MX dijo...

Esta entrada me recuerda a cuando estaba en la uni y algunos maestros(que afortunadamente no me tocaron) le pedían a sus alumnos que para exponer algún tema, se pusieran traje, en lo personal me parece estúpido por parte de esos profesores ya que como ya les he dicho a varios amigos "un traje no te quita lo pendejo" y pues eso viene de lo mismo que planteas, lo elegante es decidido por cuestiones políticas y estereotipos que abundan en la población

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