martes, 12 de agosto de 2008

Discurso de graduación de la XIX Generación de Biología

La XIX generación de Biología de la UADY se graduó la semana pasada. Mi inteligentísima y sexy novia dio el siguiente discurso en la ceremonia de entrega de certificados. Me pareció valioso incluirlo aquí, porque su mensaje no sólo se dirige hacia la generación que se graduaba, sino a todos los jóvenes y todos los mexicanos pensantes:

Buenas noches, miembros del presídium, maestros, familiares y compañeros. Me dirijo a ustedes esta noche en nombre la XIX generación de Biología, una carrera que pese a provenir de una ciencia con larga tradición, aún es desconocida por algunos que la reducen a simple “materia” y es incomprendida por muchos que no entienden de qué vamos a trabajar, porque son incapaces de ver más allá del mercado laboral de las carreras más convencionales. Para nosotros, que hace más de cuatro años elegimos esta vocación, la biología es una forma de ver el mundo que no podríamos separar de nuestra mente sin dejar de ser quienes somos. Sabemos que no escogimos un camino fácil, porque hacer ciencia en el tercer mundo no es para los débiles, pero hemos decidido afrontar este reto con integridad, paciencia y dedicación.


Es ésta una generación consciente, activa y motivada. Desde el primer momento decidimos no conformarnos con lo establecido y nos convertimos en los legendarios pavos vengadores, valientes y combativos, para hacer frente a las primitivas prácticas de iniciación tribal que se nos pretendían imponer y de las que escapamos invictos con un poco de suerte. De la misma manera, en asuntos menos triviales, somos una generación que cuestiona los paradigmas dominantes, exponiéndolos a la luz de la razón. Es por eso que somos una generación politizada, porque queremos que las políticas públicas se basen en conocimientos y no en intereses, porque estamos preparados para involucrarnos activamente como ciudadanos, pues lo que queremos defender vale más que todo el dinero del mundo: la Naturaleza.

En estos cuatro años aprendimos a apreciar y a maravillarnos con todas las formas de vida que habitan este planeta. Aprendimos a valorar la diversidad en todos sus niveles, porque sabemos que es el resultado de múltiples procesos genéticos, evolutivos, biogeográficos y ecológicos, históricos y actuales, que pusimos todo nuestro empeño en entender. Es por esto que, independientemente de nuestro campo de trabajo, estamos decididos a proteger al medio ambiente, que es nuestro hogar y la fuente de innumerables servicios de los que depende nuestra vida como seres humanos.

Pero para nosotros ser conservacionistas no es una moda pasajera y el desarrollo sustentable no es un discurso vacío para atraer a los países primermundistas y a la juventud que se hace llamar ecologista sin saber qué es la ecología. Nosotros entendemos que los problemas ambientales no pueden resolverse sin atender a los problemas sociales a los que se encuentran intrínsecamente ligados. Nosotros comprendemos que no podemos conservar la biodiversidad solamente mediante reservas, que se van aislando cada vez más por un crecimiento urbano desmedido y sin escrúpulos y un desarrollo industrial con la constante presión de abastecer a una población humana consumista y en aumento constante.

Nosotros hemos asimilado que no podemos esperar una solución mágica que venga desde un nivel superior, sino que es cada uno de nosotros, somos tú y yo quienes tenemos que cambiar nuestros hábitos para minimizar el impacto negativo de nuestra presencia en este planeta y quienes tenemos que poner el ejemplo para sensibilizar a los que nos rodean y así impulsar desde el nivel individual un cambio que permee a todos los niveles de la sociedad y se traduzca en políticas gubernamentales. Es esta la forma en la que le pagaremos a la sociedad que nos dio educación superior, compartiendo nuestra visión y nuestra voluntad de generar un cambio significativo. Quizá la sustentabilidad sea una utopía y el balance perfecto entre desarrollo y conservación, una paradoja, pero no tenemos otra alternativa sino poner todo nuestro esfuerzo para acercarnos lo más posible a este ideal, si queremos asegurar la protección de la Naturaleza y con ella nuestra propia existencia.

En estos cuatro años hemos aprendido mucho más de lo que puede reflejar un número escrito en un papel. Siendo un grupo de personas tan disímiles en todos los aspectos, hemos aprendido a tolerar diferentes opiniones, aún mientras defendíamos nuestro punto de vista en intensos debates, que podían parecer interminables.

Hemos aprendido que un equipo no es simplemente un grupo de personas con las que se hace un trabajo, sino una hermandad incondicional e indisoluble, puesta a prueba en las más rigurosas condiciones de presión y emociones exaltadas, en la que cada miembro tiene la oportunidad de aportar algo a los demás según sus habilidades.

En el campo hemos puesto a prueba nuestra fortaleza física, constatando que cuando hay hambre se puede comer cualquier cosa y cuando hay sueño se puede dormir en cualquier lugar, hemos soportado lluvias, mal karma y hasta cocodrilos, nos hemos expuesto a toda clase de enfermedades, pero también hemos descubierto que no se necesitan servicios básicos para estar en el paraíso y que la mejor terapia es gratis en una cabaña de Hobonil.

Queremos agradecer a nuestras familias por haber comprendido nuestras ausencias durante las salidas de campo y los finales de semestre, por haber dado alojamiento y alimento a todo nuestro equipo a veces por más de un día, por haber aceptado en casa toda clase de animales, ya sea vivos, en alcohol, disecados o clavados en alfileres, por habernos soportado cuando el estrés nos impedía pensar con claridad y por habernos apoyado y alentado a seguir aún sin comprender del todo por qué habíamos elegido esta carrera.

Queremos agradecer infinitamente a todos nuestros maestros, pues ya sea que nos dieran clase una semana o varios semestres, contribuyeron a formar a los biólogos que somos hoy. Por enseñarnos a hacer ciencia, aún con tiempo y presupuesto limitados. Por habernos exigido hasta nuestros límites, porque así aprendimos a conocerlos y a rebasarlos. Por transmitirnos mediante el ejemplo el respeto y admiración por los seres vivos. Por haber destinado parte de su tiempo para asesorarnos aunque no se tratara de su materia y tuvieran una montaña de trabajo que atender. Por habernos prestado toda clase de material, aunque les hubiera costado mucho conseguirlo. Porque sabemos que también ustedes tuvieron que dejar a sus familias para acompañarnos en las salidas y lo hicieron porque saben que la biología se hace en el campo. Por habernos enseñado a valorar el conocimiento de los pueblos indígenas y comunidades rurales que han manejado los recursos naturales desde tiempos remotos. Por haber sido nuestros amigos cuando necesitábamos amigos y nuestros maestros cuando necesitábamos figuras de autoridad. Por todo esto y mucho más, gracias.

Compañeros, muchas felicidades a todos por haber logrado tan ansiado objetivo, confío en que tengan la fortaleza de defender aquello en lo que creen y espero que siempre tengan luz contra la oscuridad, ciencia contra la superstición y verdad contra la mentira. Gracias.


Ésta es ella.

3 comentarios:

Frodou dijo...

ha?

Ana Pel dijo...

Qué maravilla leerlo después de 3 años de haberlo escuchado por primera y única vez. Habría que releerlo seguido.

Alvaro Murga dijo...

Cuerpo y cerebro, la combinación perfecta.

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