viernes, 29 de febrero de 2008

¡Ciencia! (Conclusión)

Ciencia para humanistas


Los que se dicen humanistas porque practican las artes y las humanidades, pero desdeñan los conocimientos científicos no son diferentes a otros profesionistas, empresarios o políticos que desdeñan a las artes y las humanidades: son especialistas que creen que sus conocimientos son los únicos que tienen valor.

Antaño era más común toparme con "artistas" e "intelectuales" que no tenían ninguna consciencia ecológica, pero se sentían muy comprometidos con las causas sociales. Desconocían que la defensa del medio ambiente es tan vital e importante como la defensa de los derechos humanos. Hoy, quizá por tendencias como el veganismo, el ciclismo y demás modas hipsteriles, más individuos de este estilo dicen apoyar causas ambientales. El problema es que muchas veces se basan en conocimientos pseudocientíficos y tienen un entendimiento muy básico de los problemas, además de que apoyan soluciones descabelledas o poco viables.

Recuerdo el caso de unos activistas ecológicos que liberaron a un grupo de armiños que tenía capturada una industria peletera. ¡Enhorabuena! El problema es que los liberaron en una zona en la que nunca había habido armiños y estos animales causaron un desastre ecológico mucho mayor que si sólo hubieran sido despellejados y puestos a adornar los hombros de una estrella de cine. He ahí el porqué se necesitan conocimientos científicos y no nada más hacer las cosas por el puro impulso, aunque se tengan las mejores intenciones.




También es gracioso y un poco indignante que artistas (escritores sobre todo) incluyan algunos elementos que denotan su ignorancia sobre temas científicos. No conocen aquella sabia frase: "Es mejor quedarse callado y aparentar ser tonto, que abrir la boca y demostrarlo" o aquella otra, "Si no sabes, no digas". Si alguien en la comunidad de jóvenes "intelectuales" y "bohemios" ignora que Cervantes dijo tal o cual cosa, se vuelve un escándalo y motivo de escarnio. Pero si anda por ahí escribiendo disparates sobre el espacio o la velocidad de la luz, para todos pasa desapercibido.




Recuerdo una película muy buena: Mi vida sin mí. Hay un momento en que una enfermera está contando como dejó morir a unos siameses, porque de todos modos no tenían posibilidad de vivir. Es un momento muy emotivo y desgarrador hasta que la enfermera nos dice que los siameses eran un niño y una niña. Entonces, la emotividad se pierde y la escena se va al demonio cuando sabes que los siameses son monocigóticos (producto de la unión de un solo espermatozoide con un solo óvulo) y por lo tanto no pueden ser de diferente sexo. Para mí, ese momento rompió la ilusión cinematográfica de la misma forma como si hubiera visto la escenografía tambalearse y caer. La película habría sido perfecta si sus realizadores se hubieran tomado la molestia de consultar a un médico. Y éste es el caso de una cinta mundialmente reconocida, aclamada y premiada. Imagínense las cosas que escriben nuestros modestos literatos locales.


¿Dónde me instruyo?

Hay que leer. Recomiendo las revistas National Geographic y, en especial para chicos y adolescentes Muy Interesante. Ambas abordan las ciencias naturales y las humanas. La última también aborda temas de física, química, mecánica y tecnología. La NatGeo profundiza más en sus temas, mientras que la Muy ofrece gran variedad de artículos sobre muy diversos tópicos, aunque analizados sólo de forma introductoria.

A menos que seas un adolescente calenturiento, evita revistas como Quo y Conozca Más, que son nada más para exhibir tipas y tipos, (eso sí, muy buenotes todas y todos), e insistir en que hay que experimentar con todas las parafilias posibles (de acuerdo con eso, pero tampoco es ciencia).

Recomiendo enérgicamente que vean la serie Cosmos de Carl Sagan. Les va a cambiar la vida, y no estoy exagerando. La venden en DVD y no es muy cara. (NOTA de 2014: tampoco se pierdan la serie actual con Neil deGrasse Tyson)





No confíen en el Discovery Channel y afiliados, que hace mucho que dejaron de lado la divulgación científica para vender sensacionalismo y cuando no se dedican a patrañas esotéricas, sus programas tratan sobre gente que repara camiones y motocicletas [¿Existieron los dragones?]. Sin embargo, todavía tiene algunos programas destacables, como Cazadores de Mitos, que pone a prueba las creencias de gente con poca capacidad de raciocinio y los errores de películas hollywoodenses. Penn and Teller: Bullshit es bueno cuando trata de temas pseudocientíficos, pero tiene un sesgo libertariano muy notorio tratándose de temas sociales y políticos.

Lean blogs. En la blogósfera de habla hispana hay una excelente red de blogs de divulgación científica y escepticismo. Empezamos por Xataka Ciencia y Naukas, quizá los más importantes en español. Seguimos con La Corte de los Milagros, Ahuramazda, El Retorno de los Charlatanes, La Ciencia por Gusto, Sin Dragones en el Garage, De razones y sinrazones, Scientia, Los expedientes Occam, El escéptico de Jalisco, Mitos y Timos, El efecto Rayleigh, Los productos naturales ¡vaya timo!, Papá escéptico y Solos no sabemos nada, juntos lo sabemos todo son algunos de los mejores.

Si leen en inglés, no dejen de visitar los sitios Science, Scientific American, The Skeptic Magazine, Skeptical Inquirer, The Richard Dawkins Foundation, I Fucking Love Science, Rational Wiki, The Skeptic's Dictionary y los blogs de los científicos-divulgadores Phil Plait, PZ Myers y Massimo Pigliucci.

Sobre todas las cosas, recomiendo libros. Entre los rockstars de la divulgación científica podemos encontrar a autores como Carl Sagan, Isaac Asimov, Stephen Jay Gould y Richard Dawkins. Aquí hay algunos títulos:




  • El más importante y por el que habría que empezar es El mundo y sus demonios, de Carl Sagan; es uno de esos libros que te abren los ojos. Realmente pienso que si todos leyeran ese libro, la humanidad sería menos estúpida. Trata del valor de la ciencia para la sociedad y aborda muchos temas de pseudociencia interesantes, como la ufología.
  • El Universo de Isaac Asimov narra la historia de nuestro conocimiento sobre el Cosmos. No sólo nos lo describe, sino que nos cuenta cómo fuimos aprendiendo cada cosa sobre él. En la escuela nos enseñan física de una forma muy árida, y llegamos a soslayar que saber de esta ciencia puede ser fascinante. Además, es un excelente relato de cómo progresa el conocimiento científico. Del mismo autor recomiendo Cien preguntas para la ciencia.
  • El universo en una cáscara de nuez es una maravilla de Stephen Hawking; verás el cosmos de otra manera. Es un viaje alucinante y un libro en verdad hermoso. Del mismo autor recomiendo Breve historia del tiempo y Agujeros negros y pequeños universos.
  • El mono desnudo, de Desmond Morris es un libro que deberían leer todos los antropólogos, psicólogos y sociólogos. Trata del ser humano en cuanto a animal: su evolución, sus características biológicas, etcétera. Si bien algunos de sus planteamientos están superados y otros son muy controvertidos, sirve para recordarnos que el ser humano es, primero que nada, un animal.
  • Ciencia o vudú, de Robert L Park, nos ayuda a distinguir entre las ciencias verdaderas y las pseudociencias. Para ejemplificar las diferencias, aborda los temas del movimiento perpetuo, la homeopatía y otras linduras.
  • Denying Evolution, de Massimo Pigliucci, rebate el creacionismo de los fundamentalistas religiosos y al mismo tiempo el anticientismo posmodernista que ha invadido las ciencias sociales.
  • Hay un libro de Pierre Rousseau que en español recibió el desafortunado título de La vida extraterrestre, pero que en francés se llama L’universe et ses fortiers, o sea “El universo y sus fronteras”. Es un hermoso libro que describe el sistema solar y cuenta la historia de su formación. También explica el origen y la evolución de la vida en la Tierra y concluye demostrando que no puede haber vida en los planetas cercanos al nuestro.



Sean escépticos [visiten mi sección El Skepticón]. Creer en OVNIS, fantasmas y el monstruo del Lago Ness puede ser pintoresco, pero algunos conocimientos científicos básicos son suficientes para darnos cuenta de que todo ello son falsedades, incluso si creemos haber visto a alguno de esos ilustres personajes deambulando por ahí. Se los digo por experiencia: me clavé toda la adolescencia con esas ondas esotéricas, criptozoológicas y conspiranoicas, y me gustaría evitar que pierdan su tiempo.

Creo que eso es todo lo que puedo decir por ahora. Sólo me queda recordar que un verdadero humanista aprecia el conocimiento, no lo desdeña. Y que el ignorante no es aquel que no sabe, sino quien cree que lo sabe es lo que único que importa y que lo demás carece de valor.


¡Ciencia! (Parte 3)

(Anterior)




El método científico


Los conocimientos científicos son adquiridos de manera metódica, siguiendo una serie de pasos (planteamiento del problema, observación, hipótesis, experimentación, comprobación o refutamiento de la hipotésis, y generalización de los hallazgos elevándolos a la categoría de ley). El método científico ha sido diseñado para evitar errores. No es infalible, principalmente porque los seres humanos somos falibles y podemos cometer errores en cualquiera de los pasos. Pero es mucho más acertado que el conocimiento obtenido mediante la tradición, la intuición o la revelación divina.

Pero tampoco hay un sólo método científico, ni la receta es única, inamovible, ni se debe seguir a pie juntillas, sino que cada ciencia y cada investigador diseña sus métodos y sus instrumentos teniendo en cuenta los que les podrán dar mejores resultados.

La ciencia no pretende ser infalible. De hecho, uno de los principios básicos de la ciencia es que puede corregirse a sí misma. Supongamos que se desarrolla un antídoto contra el veneno de serpiente. Supongamos que dicho antídoto se prueba en un laboratorio varias veces con resultados exitosos. Supongamos luego que se aplica a la víctima de una mordedura, y falla. ¿Qué sucedió? ¿Por qué falló el antídoto cuando fue probado fuera de situaciones controladas? Las variables pueden ser miles. Los quimícos, biólogos y farmacólogos que desarrollaron el antídoto deberán volver a laboratorio y encontrar qué fue lo que falló, para la próxima vez obtener mejores resultados.

Si, por otro lado, se hubiese llevado a la víctima de una mordedura de serpiente con un curandero, y éste le hubiese hecho un ritual curatorio, pero aún así la víctima pereciera, el curadero diría que la persona no tenía suficiente fe, o que un rival interfirió con el encantamiento, o que la víctima fue llevada demasiado tarde. No pondrá en duda la efectividad de su rito, sino que culpará a diferentes causas de su fracaso.




En las ciencias, las cosas deben ser comprobadas una y otra vez para dejar fuera todas las dudas. Una sola falla o irregularidad puede hacer que todo sea revisado. La superstición puede fallar una y otra vez, sin perder su prestigio (por lo menos ante los cortos de mente), porque tiene algunas anécdotas en la que su método acertó.

Ahora, podría decirse que algunos curanderos tienen verdaderos conocimientos que nunca fallan. Y es cierto, los médicos indígenas prehipánicos conocían mucho de métodos con hierbas curativas que daban resultados mientras en Europa los médicos (haciendo mal uso del nombre de la ciencia) ponían ventosas y sanguijuelas a sus pacientes. Los conocimientos de esos médicos sobreviven en muchos curanderos hoy en día. ¿En dónde radica su efectividad? En que han obtenido esos conocimientos mediante el raciocinio, mediante pruebas, ensayo y error. Es decir, de forma más cercana a la ciencia que a la magia.

El chamán o curandero se plantea un problema: ¿cómo curar tal o cual enfermedad? Luego observa que el consumo de ciertas plantas puede ayudar a disminuir el malestar. Después supone que la cura se encuentra en la planta y empieza a experimentar con diferentes dosis de la planta y diferentes maneras de prepararla y combinarla. Al final, comprueba o desmiente sus suposiciones y desarrolla un nuevo medicamento de origen natural [ver Ciencia maya].

Como ven, el curandero ha recurrido a su capacidad de raciocinio para dar con una cura efectiva. Y en ella no hay nada de mágico: las plantas tienen sustancias que afectan, para bien o para mal, al organismo que las ingiere. Claro, el curandero podrá completar esto con un ritual mágico, pero éste tendría una función en nada relacionada con la curación: dotar sus conocimientos de un aire de misticismo que los vuelve incomprensibles e inalcansables para los profanos y así legitimar su autoridad como médico-sacedote. Recordemos que entre los pueblos prehispánicos los límites entre el mundo natural y el sobrenatural no estaban muy claros.

También se nos dice que los conocimientos científicos son verificados en su confrontación con la realidad. Es decir, se comprueban al compararlos con la realidad. Algún romántico dirá que no porque algunas cosas no se puedan comprobar no quiere decir que no existan. Y tendría cierto grado de razón. Algún imbécil nos dirá la mentada "no puedes ver el aire, pero sabes que existe". Sí, sé que existe porque puedo sentirlo y olerlo, pero también porque puede ser medido de muchas diferentes maneras. Aparte de que lo respiramos.

Alguien dirá que como no se puede comprobar que algo no existe, entonces debe existir. Este razonamiento fallido es conocido como "falacia ad ignorantiam". Me remito al ejemplo de Carl Sagan sobre el dragón en la cochera.

Tengo un dragón en mi cochera. Es invisible, intangible, flota sobre el suelo, no genera ruido ni calor y el aire no se mueve a su alrededor. No hay forma de detectar que está ahí. Tampoco hay forma de detectar que no esté ahí. Luego, ¿existe? Algunos necios dirán ¿y cómo sabes que no? ¿Cómo sabes que los loquitos que ven duendes no son capaces de ver más allá de nuestro plano existencial? A ellos les respondo: pues igual y sí, pero para efectos prácticos es como si no.




Sonará extremadamente pragmático de mi parte, pero es verdad. La ciencia funciona, la superstición, no. Los conocimientos científicos nos permiten mejorar nuestra vida, por lo menos en el aspecto material. Podemos mejorar nuestra vida como individuos y como sociedad gracias a los conocimientos de la medicina, la física, la química, las matemáticas, la ecología (hoy en día tan importante) y las ciencias sociales. Pero no podemos planificar nuestra existencia partiendo del supuesto de que hay un dragón en la cochera. La superstición será, en el mejor de los casos, una inofensiva pérdida de tiempo, y en el peor, un peligro para nuestra existencia.

Alguien dirá que la ciencia es la responsable de la bomba atómica y del calentamiento global. En cuanto a lo primero, déjenme decirles que la ciencia no se tiene la culpa de que sus conocimientos hayan sido usados para matar a miles de japoneses, porque la ciencia es neutra. Ha sido utilizada para el mal, pero ella misma es neutra... Lo cual no significa que los científicos, como seres humanos, no tengan sus preferencias ideológicas, sus ambiciones económicas, y sus manías, y que puedan poner sus conocimientos al servicio de quien sea y por la causa que fuere.

De cualquier forma, aquí se demuestra de nuevo que la ciencia da resultado: la bomba atómica funciona y no se habría podido ganar la Segunda Guerra Mundial con vudú. La ciencia es una herramienta. Puedes emplear un martillo para construir un albergue para niños pobres, o usarlo para matar focas bebés, pero eso no quita que un martillo bien fabricado sea una mejor herramienta que, digamos, una piedra.

En lo referente al calentamiento global, es verdad que el mal uso de la tecnología (que es la aplicación práctica de los conocimientos científicos) es el causante de este problema. Pero también es verdad que la respuesta la tiene la misma ciencia y que la ignorancia (muchas veces voluntaria) por parte de políticos, corporaciones y ciudadanos es el peor de los peligros en cuanto a este asunto. En efecto, son los científicos los que detectaron este problema, no los líderes religiosos, ni los astrólogos, ni los jipitecas que van a peregrinar en busca de peyote. Y son los científicos quienes están proponiendo soluciones, creando nuevas tecnologías y formas de aprovechar la energía, de manera que no se siga haciendo daño al medio ambiente.




Por lo demás, al decir que los conocimientos científicos se sistematizan orgánicamente y son susceptibles de ser transmitidos, creo que estoy siendo bastante claro y que no se necesitan muchas explicaciones. Todo conocimiento científico forma a su vez de un campo más amplio; nada está aislado. Mi esposa, que es bióloga, hizo su tesis sobre las relaciones entre unas orugas, unas florecillas y unas avispas que parasitan a esas orugas; el conocimiento generado por su investigación no se queda en la anécdota o la curiosidad, sino que forma parte del campo más amplio de los estudios de relaciones entre los seres vivos y su medio ambiente, que a su vez se inserta en el estudio de la vida. Y los conocimientos necesitan poder ser transmitidos; experiencias subjetivas como "ésas que no podemos explicar con palabras", aunque pueden ser muy valiosas para cada uno de nosotros, no cuentan como conocimientos científicos.

Creo que lo anterior es suficiente para demostrar la superioridad de los conocimientos científicos sobre la superstición, y para comprobar la importancia de estos conocimientos en una democracia que se precie de serlo. Ahora más que nunca es importante tener estos conocimientos, para poder hacernos responsables de las decisiones que tomamos como miembros de una sociedad democrática.


miércoles, 27 de febrero de 2008

Test: Taglines de caricaturas de los 80



Creo que mi generación es una especialmente nostálgica. El haber crecido en una época en la que el cambio se da a un ritmo inédito ha hecho que ancláramos una parte de nuestra identidad en los productos mediáticos que consumimos durante nuestras infancias. No podemos identificarnos con todo lo que nos es contemporáneo, porque lo contemporáneo deja de serlo demasiado pronto, y entonces nos identificamos con aquello que ya quedó asentado y seguro: el pasado. Nuestros ancestros tuvieron cuentos de hadas y leyendas, nosotros tenemos series animadas.

Disfruté mucho la película de Transformers, aunque la serie no era mi máximo, y lo mismo me pasó con Speed Racer, aunque esa serie no me gustaba para nada. Estos productores de Hollywood han sabido darle en el clavo...

¿Qué tal están tus conocimientos sobre caricaturas ochenteras? ¿Puedes relacionar algunas de estas diez frases con las caricaturas de las que provienen? Demuestra que eres un niño de los 80 y llégale:

"More than meets the eye" --- Ésta es muy fácil

"Feel the magic, hear the roar" --- Clásica de clásicas

"I have the power!" --- Ésta seguro la has dicho tú mismo

"Part in metal, part in real" --- Se está poniendo difícil, ¿no?

"Who're you gonna call?" --- No puedes no saberla

"Eyes of a hawk, ears of a wolf" --- Sólo para iniciados

"Fighting for freedom wherever there's trouble" --- Ésta no me gustaba

"The power is yours!" --- Chido

"Heroes in a half shell!" --- Fuck yeah!

"We care a lot" <--- Váyanse al demonio

domingo, 17 de febrero de 2008

¡Ciencia! (Parte 2)

El conocimiento científico nos evita ser víctimas de fraudes: si la gente supiera cómo funciona el aparato digestivo, no se dejarían engañar con tantos productos “milagrosos” para adelgazar que “encapsulan la grasa”; si los adolescentes supieran qué son los rayos X, no serían embaucados por quienes prometen una forma de espiar la ropa interior de las muchachas con sólo mandar un mensaje de texto al número tal.

Pero si estos camelos sólo dejarán gordas a señoras perezosas y decepcionados a pubertos libidinosos, los hay que pueden afectar a toda una nación. Como les comenté en cierta entrada, en 2009 la SEDENA invirtió más de $17 millones de pesos en adquirir 300 “detectores moleculares”, llamados GT200, los cuales, supuestamente, deben servir para detectar armas, bombas y drogas, de acuerdo a lo que uno está buscando. Los aparatos, se dice, detectan la composición molecular del objetivo, además de que funcionan sin pilas porque adquieren su energía de la electricidad estática del usuario. Ahora, con conocimientos básicos de física y química, cualquiera podría saber que la existencia de tal aparato es imposible con la tecnología actual, que embaucaron al gobierno y que el gobierno nos embaucó a nosotros. Pero aparentemente, el gobierno calderonista no tenía ni a un solo científico a quien consultarle y sobra recordar que los políticos mexicanos no saben de ciencia (ni de nada, en realidad). Más información aquí.

Si los medios, los publicistas y los políticos tratan de engañarnos constantemente asuntos tan básicos, ¿con qué no lo harán? Los políticos hacen promesas que alguien con conocimientos de historia, economía o política puede identificar como fraudulentas. De la misma forma, la gente ignorante de biología, química o física puede ser víctima de fraudes de merolicos y charlatanes, así ofrezcan productos milagros para librarse de todos los males, o soluciones milagrosas para los males de la nación.


Ciencia y superstición:



Conozco mucha gente, brillante para las humanidades, pero completamente ignorante de ciencia, que ha caído en la superstición. Astrólogos, profetas de todo tipo, espiritistas, curanderos, lectores del Tarot, médicos "alternativos", etcétera, son consultados por estas doctas personas (y por muchísima gente más, que no tiene nada de docta).

Estas cultísimas personas tienden a pensar que todo tipo de conocimiento es igual de válido. Acostumbrados como están a luchar contra la discriminación, sostienen que nadie puede decir que el conocimiento científico tenga mayor validez que prácticas milenarias de muchos pueblos. Afirmar lo contrario sería racista, excluyente y políticamente incorrecto.

Cierto es que las culturas de todos los pueblos y de todos los tiempos deben ser respetadas (mientras no atenten contra los derechos de las personas; uno de estos días me explayaré con mi opinión al respecto), pero así como se habla de relativismo moral o cultural, hablar de relativismo científico o epistémico sería necedad. Claro, no faltará el intelectual postmoderno que diga que cada quien tiene su propia visión del mundo y que nadie puede decir que la suya sea la verdadera. Creo que eso es posiblemente aplicable a religión, normas sociales, estética y un largo etcétera. Pero ese relativismo no se puede aplicar a la materia, a la energía, a la cantidad, a la forma, a los organismos vivos... en fin, a las ciencias naturales y exactas, y a sus objetos de estudio.

Los estudiosos de las humanidades y las ciencias sociales estamos acostumbrados a tener la facultad de elegir posturas. Uno puede acercarse a la literatura desde un enfoque estructuralista o desde el análisis del discurso. Un estudiante de psicología puede elegir entre el constructivismo o humanismo. Un sociólogo puede ser marxista o funcionalista. Pero en cuanto a física no podemos escoger entre si el mundo está hecho de átomos o de los "cuatro elementos", y en medicina no podemos elegir entre explicar las enfermedades con la presencia de microorganismos o con mal de ojo. Bueno, de que podemos, podemos, pero sería una tontería mayúscula.



¿Por qué? ¿Quién dice que el mundo no es como lo imaginaban los antiguos hindúes: un domo de cristal sostenido por cuatro elefantes a su vez parados sobre una tortuga? ¿Quién dice que las limpias de los hmen no son tan válidas como el paracetamol?

Lo dice la ciencia.

Bueno, pero ¿quién es la ciencia? La ciencia dirá una cosa, un rabino dirá otra y un brahamán dirá otra, ¿cómo sabremos quién dice la verdad? Pues la ciencia, al igual que las religiones, es un conjunto de dogmas y principios arbitrarios que tratan de imponerse desde una posición de poder, ¿no?

No. Es un error poner al mismo nivel los conocimientos científicos que los conocimientos que brinda la religión, la intuición o la tradición.

Veamos cuál es la diferencia entre el conocimiento científico y otros tipos de conocimientos. La ciencia se define como el conjunto de conocimientos racionales, ciertos o probables que, obtenidos de manera metódica y verificados por medio de la contrastación con la realidad, se sistematizan orgánicamente con referencia a objetos de una misma naturaleza, y cuyos contenidos son susceptibles de ser transmitidos.



Vamos por partes. En primera, la ciencia es un conjunto de conocimientos racionales. No se obtienen por medio de la fe, ni de la intuición, ni de los sentimientos. El agua bulle a una temperatura de cien grados centígrados creamos en quien creamos y nos guste o no. Pero, ¿quién dice que es mejor la razón que la fe y los sentimientos? Ciertamente no los románticos. La respuesta es bastante simple: la razón, por lo general, tiene razón (!). Cuando un pensamiento en apariencia razonable se equivoca, es que o no se razonó bien (o sea, no fue en realidad razonable) o no tomó en cuenta todos los elementos a considerarse (la información de la que se partió era errónea o incompleta). El raciocinio funciona. Un silogismo funciona, una ecuación matemática también. Una corazonada puede "atinar", pero no siempre. La religión puede sobrevivir mientras la razón no demuestre lo contrario de lo que predica, y entonces se demostrará que la fe no tenía razón. ¿Me explico? (Pueden aprender más al respecto con este breve curso de lógica).

Los conocimientos de la ciencia son ciertos o probables. Ciertos porque ya han quedado comprobados más allá de toda duda razonable. La Tierra es redonda. Los microorganismos causan enfermedades. No se trata de dos principios repetidos una y otra vez desde un púlpito o tribuna. Son verdades que han sido comprobadas y que pueden volver a ser comprobadas en cualquier momento. Sólo alguien que se niegue a ver las evidencias es capaz de cuestionar los hechos. Como algunos "naturistas" que la enfermedad sea causada por microorganismos y ciertos cristianos fundamentalistas que siguen diciendo que la Tierra es plana.

Probables, no en el sentido de "puede que", sino porque son susceptibles de ser probados, si es que no lo han sido ya. Por ejemplo. No se ha podido comprobar la evolución de manera empírica (por la experiencia) porque no hemos visto a una especie transformarse en otra. Pero tenemos el registro fósil y la datación por diversas técnicas; tenemos la diversidad de las especies, tenemos el ADN y los estudios en el campo de la genética que demuestran el parentesco entre las especies, y tenemos gran cantidad de pruebas de la selección natural. No podemos, mediante un experimento, reproducir que un simio se convierta en hombre, pero tenemos todas la pruebas y, al juntarlas (aquí es donde entra nuestra razón) nos daremos cuenta de que la teoría de la evolución (o para ser más precisos, la síntesis evolutiva moderna) explica perfectamente los fenómenos biológicos observados.

Dos son los problemas. Uno, se le llama "teoría" de la evolución. Tendemos a pensar que "teoría" significa "explicación probable" o "suposición". Por ejemplo, si alguien me pregunta "¿Por qué tu amigo Pepito no tiene novia?" y yo le repondo "Mi teoría es que es gay", en realidad por "teoría" quiero decir "suposición", que puede o no tener fundamento. Pero hablando de una teoría científica, como la de la evolución, o la de la relatividad, nos referimos a un sistema lógico compuesto de observaciones, axiomas y postulados con coherencia y congruencia internas. No se podrá comprobar empíricamente la evolución por las causas ya explicadas, ni se podrán comprobar todos los aspectos de la teoría de la relatividad porque no podemos viajar a velocidad luz. Pero con base en a mejor información de la que disponemos, podemos decir que todo indica que tanto Darwin, como Einstein, tenían razón, .





El segundo problema por el que la gente duda de la teoría de la evolución, y que se aplica a muchas otras verdades científicas, es que está mal enseñada. A un niño se le dice en la escuela "el hombre desciende del mono" y ya. Entonces no tiene motivos para pensar que esa explicación sea más válida que "Dios creó al hombre del barro y le sopló el alma por la nariz". Pero si se le explica porqué se sabe que el hombre proviene del mono (antes de que su razón sea embriagada por la sociedad en la que vive), el individuo sabrá reconocer dónde está el acierto (ver Catorce consejos para mejorar la educación científica).

Está bien cuestionarse. La ciencia no plantea dogmas: invita a cuestionarlos. No debemos aceptar nada como una verdad absoluta, debemos pedir explicaciones. Y los conocimientos científicos tienen esas explicaciones. ¿Se pueden cuestionar? ¡Por supuesto! He allí la clave del espíritu científico. Pero si a un científico se le pregunta por qué es así tal cosa, responderá "por esto, esto y esto" (y cada "esto" tendrá, a su vez otra explicación), y una persona razonable sabrá darse cuenta de que lo que dice tiene sentido. Mientras, un sacedote responderá "Porque así quiso Dios" o "Debes tener fe", mientras que un curandero o chamán dirá que "Así lo hacían nuestros ancestros". Y el creyente debe aceptar esas explicaciones como tales, haciendo la razón a un lado.

(Continuará...)

lunes, 11 de febrero de 2008

Diccionario de política gringa

[Retropost con humor de 2008; si no sabe qué onda, no le va a agarrar el pedo]

Se acercan elecciones en EUA y me pareció conveniente sacar este pequeño glosario para que los lectores sepan de qué se trata la cosa:


Gringo: Habitante de los Estados Unidos de América que no es hispano, indio, negro, asiático, judío, árabe, persa, nativo, irlandés, italiano ni ruso.


Partido Demócrata: Organización política de gringos de derecha.


Partido Republicano: Organización política de gringos de ultraderecha.


Hispano: Latinoamericano que se fue a EUA, pues ahí gana más un bracero de lo que aquí gana un profesionista. Una vez allá vota por los republicanos, los cuales apoyan leyes y medidas contra los hispanos. Esto demuestra que, estén donde estén, los latinos eligirán a quien más se los chingue.


Terrorismo: Acto cobarde y repugnante en el que paramilitares con tecnología casera matan a decenas de civiles.


Guerra: Acto heroico y noble en el que miltares con la más alta tecnología matan a millones de civiles.


Judíoamericano: Gringo de raza hebrea por lo general inmigrante o descendiente de inmigrantes de Europa Oriental. Los hay de dos tipos:

1) Capitalista conservador hijoeputa (véase Henry Kissinger).

2) Genio liberal del arte o las ciencias que ha cambiado el mundo con sus pensamientos y obras, y al cual hay que agradecer por las buenas películas que hace (véase, Woody Allen).


Primera Enmienda: Enmienda constitucional que protege la libertad de expresión e imprenta de los gringos.


Segunda Enmienda: Protege el derecho de los gringos para tener armas de fuego en sus hogares con el objeto de evitar que el Rey de Inglaterra quiera cobrarles impuestos.


Decimooctava Enmienda: Impopular ley que prohibió el consumo, producción y comercio de bebidas alcohólicas en el territorio de la Unión Americana. Sólo sirvió para enriquecer a Al Capone y provocó que cientos de personas murieran a manos del crimen organizado. Como lo que pasa en México con la marihuana y los narcos...


Vigésimoprimera Enmienda: Revocó la decimooctava enmienda para felicidad de todos los irlandeses en EUA. Esto demuestra que la Constitución de los EUA no está escrita en piedra ni es sagrada y puede ser modificada para adaptarse a las necesidades de la sociedad, algo que los defensores de la Segunda Enmienda parecen no entender.


Liberal: Gringo a favor del aborto y en contra de la pena de muerte. Defiende la Primera Enmienda y cuestiona la Segunda.


Conservador: Gringo a favor de la pena de muere y en contra del aborto. Defiende la Segunda Enmienda y cuestiona la Primera.


Bill Clinton: Asesino de masas con el coeficiente intelectual más alto que han tenido los gringos (que no debe ser mucho). Mató a un montón de personas en los Balcanes y aparentemente nadie lo notó ni lo recuerda.


George Bush Jr: Asesino de masas más reciente y con el coeficiente intelectual más bajo que han tenido los gringos (que debe ser muy muy bajo). Mató a un montón de gente en Medio Oriente, pero todos se dieron cuenta. Para castigarlo, los gringos eligirán como gobernante a la esposa del asesino de masas anterior.


Barack Obama: Precandidato demócrata a la presidencia de EUA. Es de raza negra y se rumora que es musulmán. Egresado de Harvard, ha dedicado su vida política a causas sociales. Los gringos con más alto grado de educación y cultura votarán por él, por lo que sin duda perderá las elecciones. [Actualización: lo negro no le quita lo gringo].


Hillary Clinton: Esposa del asesino de masas Bill Clinton. Le perdonó sus infidelidades con tal de no dañar su carrera política. Fue sobornada por las aseguradoras y las compañías farmacéuticas para no reformar el sistema de salud y así evitar que los trabajadores y la gente de escasos recursos tuvieran servicios médicos gratuitos. Los trabajadores y la gente de escasos recursos la apoyan en su precampaña presidencial.


Mike Huckabee: Clon de Richard Nixon.


John McCain: Republicano conservador, veterano de Vietnam e hijo de un militar con todo lo que ello acarrea. Cuando le preguntaron qué opinaba sobre que Bush Jr planeaba ocupar Iraq por 50 años, McCain dijo "Que sean cien. Llevamos 60 años en Japón y 50 en Corea. " Es el precandidato republicano que va a la cabeza en las votaciones.



Y bueno... eso debe ser suficiente para entender qué tan jodida está la cosa, ¿no?

sábado, 9 de febrero de 2008

¡CIENCIA!

"Hemos construido una civilización en la que los elementos más cruciales dependen profundamente de la ciencia y la tecnología. También hemos ordenado las cosas de tal forma que nadie entiende de ciencia y tecnología. Ésta es una receta para el desastre. Quizá podamos seguir así un tiempo, pero tarde o temprano esta volátil combinación de poder e ignorancia va a explotarnos en la cara" 

 Carl Sagan






Carl Sagan, astrónomo y uno de los más tenaces divulgadores de la ciencia del siglo XX, dijo estas líneas. Creo que tenía razón.

Con la siguiente serie de entradas me dirijo a toda clase de personas: mis colegas profesores, las amas de casa, los interesados en la política, los artistas, los padres de familia, los estudiantes, los profesionistas de cualquier tipo, los retirados, los servidores públicos, los ciudadanos responsables, los que aspiran a ser cultos, los hípsters, los emos... en fin, a todo el mundo, incluso a los mismos científicos, quienes ya se saben todo lo que voy a escribir.


Pero en especial va dirigida a los que practican las humanidades y las ciencias sociales: literatos, artistas, comunicólogos, sociólogos, antropólogos, etcétera. Está claro que nosotros nos pronunciamos en contra de la superespecialización del saber humano: de que un individuo se especialice en un área de conocimiento e ignore todo lo demás. El peligro de la especialización es que lleva a los individuos (especialistas) no sólo a estar inconscientes de la íntima relación que existe entre todas las áreas del conocimiento humano, sino a despreciar todos los conocimientos que no posee.

Como humanistas, nos ofendemos mucho por el desdén con el que aquellos que no practican las humanidades denuestan nuestras áreas de conocimiento. Está claro que muchos administradores, empresarios, profesionistas y muchos, pero muchísimos políticos (y sobre todo en México), desdeñan a las humanidades y a las disciplinas sociales tachándolas de inútiles. Y desde, luego, esta actitud refleja su ignorancia y falta de conciencia. Nos indignan aún más los bajos índices de lectura que hay en nuestro país. Si somos literatos, queremos que todo el mundo lea, porque estamos conscientes de la relación que hay entre el hábito de la lectura y la capacidad de reflexión, crítica y análisis de las personas. Leer hace a las personas pensar y sabemos que un país de lectores sería ya por ese sólo hecho un país de gente más consciente, crítica y comprometida, o sea, con un electorado más educado, y por lo tanto, un país en camino de ser más democrático.


Porcentaje del PIB invertido en investigación científica


Nos molesta la superespecialización porque creemos que toda persona, independientemente de su profesión, carrera y empleo, debería acercarse a la literatura y lo que se suele entender por "cultura". Leer un libro casi nunca proporcionará a nadie ganancias económicas, pero el sólo hecho de convivir con la belleza y la grandeza de las obras maestras nos enriquece como personas y mejora nuestra calidad de vida. Quizá suene cursi, pero cuando pienso en la gente que no lee y que no se acerca a las artes creo que es como si se perdieran de una parte del universo que hace bella la vida. En serio, cuando leo un buen libro o veo una buena película, compadezco a aquellos que se pierden de ellos, que voluntariamente declinaran vivir una hermosa experiencia. Claro, esto es muy difícil de explicar a alguien que haya pasado su vida alejada de las artes y de lo que se llama "la cultura", mientras que muchos políticos, empresarios y profesionistas en general desprecian cualquier actividad que no retribuya directamente con dinero.

Pero, ¿qué tan especialistas somos nosotros, los humanólogos? Un estudiante de literatura puede saber mucho de su disciplina, así como casi sin duda sabrá de música, de cine, y casi siempre de historia, porque son intereses afines a los suyos. Pero, ¿qué tanto sabe de ciencias? Aquí la respuesta de algunos que se creen humanistas sólo por el hecho de dedicarse a las humanidades, podría ser que el conocimiento científico es "oficialista", por ser parte del sistema; que no le interesa por ser "inhumano" o "deshumanizante"; que la ciencia es sólo otro sistema arbitrario de creencias; que todo el conocimiento es igual de válido y que nadie puede decir que la ciencia sea más correcta que la tradición oral de los indígenas bantas; que la ciencia sólo le ha hecho daño a la humanidad y, finalmente, que no necesita el conocimiento científico para su profesión y su vida o que simplemente no le interesa.


Einstein tocando el violín


Claro, aquí hablo de "algunos que se creen humanistas", conozco a mucha gente realmente inteligente que se dedica a las humanidades y que tiene conocimientos de ciencia. Varios profesores en la carrera (estudié Letras Hispánicas) me impresionaban por sus conocimientos en muchos temas, incluyendo ciencias. Uno de ellos encontraba poesía en la astrofísica. Dos de mis compañeros de clases habían estudiado carreras relacionadas con las matemáticas antes de entrar a Letras.

Y es que un verdadero humanista, como los humanistas del Renacimiento, sabe que el ser humano tiene capacidades intelectuales muy amplias, poco exploradas y a menudo desaprovechadas, y que por lo tanto tiene la responsabilidad de desarrollarlas en la medida de lo posible. Eso incluye tanto las artes como las ciencias sociales, naturales y exactas.

Desde luego, es imposible saberlo todo. Si uno quiere dedicarse a algo, no tendrá más opción que emplear el grueso su tiempo y esfuerzo para adquirir conocimientos relacionados a aquello a lo que quiere dedicarse. No todos podemos ser literatos, ni todos podemos ser científicos. Pero el hecho de que no todos podamos ser atletas no significa que no debamos estar saludables y en forma, por el bien de nuestra salud física, ni el hecho de que no todos vayamos a ser políticos significa que no debamos estar enterados de lo que sucede en nuestro país y en el mundo.

Carl Sagan era un científico con una vasta cultura humanística que estudió siguiendo el plan de Robert Hutchins, un educador humanista con amplios conocimientos científicos. Einstein tocaba el violín y leía mucho. El escritor Isaac Asimov redactó tanto textos de divulgación científica como estudios sobre Shakespeare, el cual por cierto, estaba al corriente de los asuntos científicos de su tiempo, lo cual refleja en algunas de sus obras. Homero demuestra en sus textos saber mucho de anatomía humana y procedimientos de medicina de combate. Julio Verne sabía muchísimo de geografía, geología, ingeniería, astronomía, zoología, química, aereonáutica y un largo etcétera. Y ni mencionar a Aristóteles que escribió tratados de medicina y zoología junto a su Poética, y a Da Vinci, que aplicó sus conocimientos de matemáticas y anatomía humana a la creación de sus hermosas pinturas.





Así, queda demostrado que las artes y las humanidades no están peleadas con las ciencias. Claro, en aquellos ejemplos mencioné genios, pero creo que todos nosotros tenemos la capacidad de aprender mucho si nos lo proponemos (no creo que la mente pueda ser llenada en el transcurso de una vida), y la responsabilidad de aprender todo lo que podamos.

Sin embargo, sucede que cada uno desprecia los conocimientos de los demás. Los que se dedican a las ciencias exactas denuestan las ciencias naturales y sociales. Los que se dedican a las ciencias naturales desprecian las ciencias sociales. Algunos de los que se dedican a las ciencias sociales (algunos estudiantes de antropología que me he topado) demuestran ignorancia y desdén hacia las ciencias naturales y exactas. Muchísimos empresarios y políticos desprecian cualquier tipo de conocimiento que no sirva para hacer dinero. Conozco muchos bohemios con aspiraciones a artistas que no saben nada de nada, ni siquiera de ciencias sociales.





Pero ¿por qué es importante aprender todo lo que nos sea posible? Bueno, Sagan y Hutchins sostienen que en una sociedad democrática, en la que la responsabilidad de la nación recae no ya en los hombros de un rey, dictador u oligarquía, sino en cada uno de los miembros que conforman la democracia, la responsabilidad de saber recae también en cada uno de ellos. No podemos confiar en que otros tomen decisiones de vital importancia, (desde decisiones económicas y programas sociales hasta el cuidado del medio ambiente) sino que debemos vigilar a nuestros representantes y asegurarnos de que hagan lo correcto, y para ello necesitamos saber.

El saber es poder; la democracia es el poder del pueblo; luego, para que la democracia funcione, el pueblo tiene que saber. Para construir una democracia funcional, debemos dejar de ser una sociedad de consumo y convertirnos en una sociedad de conocimiento.

Pero la importancia de saber sobre ciencia para cada individuo no termina allí. En los próximos días defenderé la importancia del conocimiento científico en la vida de las personas que no se dedican a la labor científica y rebatiré algunos argumentos (muy poco racionales) que oigo que las personas que se dedican a las humanidades usan en contra de la ciencia.




Mientras tanto, los dejo con este pequeño test para que comprueben sus conocimientos generales:

  1. ¿Cuántas estrellas hay en el sistema solar?

  2. ¿Qué dinosaurio era el principal depredador del hombre de las cavernas?

  3. ¿Qué ríos desembocan en el Mar de la Tranquilidad?

  4. ¿Cuál es la fórmula para sacar la hipotenusa de un círculo?

  5. ¿En qué se diferencian los insectos de los animales?

Continuará...

Hablando de ficción...



Curioso. En nuestro lenguaje común nos referimos a ciertos arquetipos que antaño construyeron la mitología y la literatura, y en los que ahora participa la cultura pop con cada vez más fuerza.

Me explico. Antes se decía "Ese joven es un Adonis" o se hablaba de "Los placeres de Baco". Compartimos conocimientos básicos de mitología griega y todos sabemos a quién nos referimos. Después viene la literatura que se ha vuelto clásica y decimos "Este tipo es un Don Juan", o "Elemental, mi querido Watson". Y no sólo en el lenguaje común; en psicología hay un "Complejo de Edipo" un "Síndrome de Munchausen" y un "Complejo de Peter Pan".

Esto es porque la mitología cumple la función social de proporcionar una base de conocimientos y referencias para todos que explican el mundo, no sólo en la cosmogonía, sino, a través de analogías, en la vida cotidiana. Esa misma función la cumplió después la literatura, pues hasta los que no han leído a José Zorrilla o a Tirso, o no vieron la ópera de Mozart, saben a qué se refieren los demás con "Don Juan".

Ahora, esa misma función la cumple hoy la cultura de masas. Mucho se ha dicho cómo la cultura pop, sobre todo el cine, ha venido a sustituir las funciones de la mitología. Veamos unos claros ejemplos en nuestro lenguaje cotidiano:

"Ese tipo, cuando toma, se cree Superman."

"Esa vieja es una Barbie: güera, buenota y pendeja."

"Cuidado, porque este cabrón cando se molesta se pone como Hulk"

"Ya no me apures, no soy Flash"

"No te me vayas al Lado Oscuro"

"No mames, ese güey anda todo raro, parece zombi"

"Ese güey es un amargado. Chingado Grinch"

"Este Patricio es como Patricio Estrella"

"Al infinito... y más alla"

"¡Ou!" (tipo Homero Simpson)

"Bueno, pues vamos a ponernos a trabajar. A darle átomos"

En fin, esos son todos los ejemplos que se me ocurren por ahora. Si ustedes tienen algunos otros, mándelos, por favor.

lunes, 4 de febrero de 2008

Sobre fetichismos

En el estudio de las religiones se le llama "fetichismo" a la adoración de objetos que se cree que tienen un valor sagrado o un poder en sí mismos, o bien que se confunden en la mente del religioso con aquello que representan. Para, digamos, un polinesio, el ídolo con la imagen de su dios no es sólo una representación del dios, sino que es la deidad misma, a la que hay que dejar ofrendas y tratar con respeto.


Así, para algunos de esos paganos idólatras y orates que se hacen llamar católicos, la cruz no es solamente la representación del máximo acto de amor que un Dios puede hacer por sus creyentes: morir de una forma horrible y humillante. No, para ellos, la cruz es sagrada, protege a quienes la portan, trae desgracias si es rota y es capaz de espantar a los vampiros.


El término "fetichismo" no sólo se aplica al estudio de las religiones. En sexología, fetichismo es cuando un individuo convierte en parte importante de su vida sexual a un objeto determinado. A veces, el individuo no puede tener placer o siquiera excitarse sin la presencia / uso del objeto en cuestión.


"Fetichismo" también se aplica, desde luego, en sociología. Aquí se usa para designar al fenómeno que se da mucho en nuestras sociedades consumistas de dotar a un objeto de un valor simbólico mucho mayor que su valor real. Las productos de ciertas marcas son adorados por quienes los poseen y los desean y son vendidos en cantidades absurdas aunque su costo de producción sólo haya sido lo suficiente para pagarle al niño vietnamita que los hizo, y que éste pueda seguir trabajando sin morir (por algún tiempo).


También se puede llamar "fetichista" al patrioterismo mexicano que confunde a la propia nación con los emblemas que la representan. El mal uso de los símbolos patrios es un delito penado por la ley. Vender el patrimonio natural y cultural de los mexicanos, aparentemente no lo es. Mientras se respete al fetiche y a Paulina Rubio no se le ocurra envolver su raquítico cuerpo desnudo en la bandera nacional, todo va bien.


Ahora tenemos la proliferación de otro fetiche: el título académico. Un título, diploma o certificado de estudios debe ser la constancia de un conocimiento obtenido. Sin embargo, en nuestra sociedad mexicanopendeja, los títulos tienen un valor en sí mismos. No importa cuánto sepa de hecho el pelagatos que lo ostenta, porque "papelito habla". ¡Sí, el papelito tiene el poder! ¡Todos alaben al papelito! ¡Hasta habla!


A la escuela no se va a aprender, sino a obtener el título, y la manera más apropiada de elevar el nivel de educación en nuestro país, parecen creer muchos, es repartiendo esos "papelitos" a diestra y siniestra para que en las estadísticas todos salgamos como bachilleres y licenciados.


Por ello ahora tenemos preparatorias que dan diploma de bachillerato ¡EN TRES MESES! y otras que ofrecen el mismo certificado con ¡SÓLO DOS EXÁMENES! Ambos son ejemplos reales avalados por la SEP (institución cuyas siglas podrían ser Seguimos Enseñando Pendejadas). Uno piensa que ya es bastante discutible si se puede aprender todo lo necesario en tres años y salen con que sólo se necesitan seis meses. No es de extrañarse que los maestros de universidad se quejen de que los alumnos vengan tan poco preparados de las preparatorias (qué aliteración tan paradójica, ¿no?) y que los empresarios se quejen de que los egresados de universidad no tengan la preparación necesaria.


Pero no importa tener conocimientos. En nuestra sociedad fetichista, "papelito habla".

sábado, 2 de febrero de 2008

Cinepopólis o Alegoría del pueblo agachado

El fin de semana pasado, mi novia y yo fuimos a ver "El Orfanato" (muy buena, por cierto) en los nuevos cines de la nueva plaza. No llevaba 40 minutos la película cuando el proyector se apagó y la sala se quedó a oscuras. Algunos del público rechiflaron, mientras un par de espectadores salieron a dar noticia del desperfecto a los encargados.


Tardaron mucho en poner la película de nuevo y cuando lo hicieron, no estaba en donde nos habíamos quedado y, por si fuera poco, no tenía sonido. De nuevo, algunos rechiflaron, pero eso no sirve de nada porque los empleados no pueden oírnos desde donde sea chingados que estén. Esta vez, otros clientes y yo salimos a quejarnos.


Hablamos con un panzón que se disculpó mucho y se comunicó por radio con "cabina" y le avisó de lo molestos que estaban los clientes. Detuvieron la proyección y la volvieron a poner varios minutos después. De nuevo, no estaba en donde nos habíamos quedado y tenía música, pero no diálogos. Nos volvimos a quejar y quitaron la película.


Después de casi 30 minutos, continuaron con la proyección, esta vez sí en donde nos habíamos quedado y con sonido y toda la cosa. A los pocos minutos, la proyección se detuvo otra vez. Más rechiflos y mentadas de madre. Convoqué a un motín, pero nadie me hizo caso. De todos modos, no tardaron mucho en volver a poner la cinta correctamente.


La película estaba poniéndose muy buena, cuando una vez más, la proyección se detuvo. Salí furioso a hablar con los empleados del cine, uno de los cuales les estaba diciendo a unos jóvenes que pedían la devolución de su dinero:


"No se les va a devolver su dinero. Les van a dar unos pases de cortesía."


"¿Vamos a poder ver la película o no?" pregunté yo


"No." contestó el empleado "En unos momentos va a pasar el gerente para evacuar las salas"


Hecho una furia, entré corriendo a la sala y grité al público en la oscuridad: "¡No se va a poder ver la película y no nos van a devolver nada!" con la esperanza de despertar su indignación. Obviamente, no lo logré.


Llegó el gerente y anunció que no se iba a poder continuar con la función. Nos darían unos "pases de cortesía", los cuales tendrían vigencia por un mes para entrar a UNA función cualquiera. Ah, eso sí, a cada función sólo podrían entrar diez clientes con pase de cortesía, así que había que llegar temprano o esperar a que se pase el furor. "Así que, por favor, si son tan amables de salir a hacer fila con los otros centenares de personas que no pudieron ver su película, para que les demos sus pases de cortesía".


Pases de "cortesía". O sea, nos los dan porque son muy corteses. O sea, nos están haciendo un favor. Y no son tan válidos como un boleto, porque sólo tienen vigencia de un mes y sólo entran diez "acortesados" por sala. Eso sin mencionar el tiempo perdido (¡ya habían pasado dos horas!) y las molestias. ¿Pases de cortesía? Eso no nos compensa. Nosotros pagamos por un producto y no nos ha sido entregado. No pagamos por "pases de cortesía" más las molestias. No nos vamos conformar con eso, ¿verdad? ¿Verdad? ¿VERDAD?


Los miembros del público asintieron a los anuncios del gerente y, como buenos niños obedientes dijeron: "Gracias."


¿"GRACIAS"? ¿Cómo "gracias"? No cabía en mí mismo del coraje. ¿Dónde está una buena turba futbolera cuando se le necesita? Ni pedo, tuve que hacer la cola junto con el agradecido público para obtener mis pases de cortesía.


....................................


Mis padres tienen un terrenito con el cual esperan tener asegurado su retiro. Pagaban un impuesto predial de 900 pesos. Con las nuevas disposiciones del gobierno municipal, que subió el impuesto predial, ahora tendrán que pagar 3,000.


"¡Es el acabose!" pensé, "Mañana estalla la revolución". Y claro, había mucha gente indignada que mentaba madres y rechiflaba en la oscuridad, pero nadie le hizo caso, porque el de mis viejos será un terrenito extra (afortunadamente, el dinero no les falta), pero para muchas personas significó un aumento muy fuerte en los impuestos que tendrían que pagar. Los cuates de un blog llamado El Vocerito propusieron que no nos dejáramos pisotear y protestáramos simplemente absteniéndonos de pagar el injusto impuesto (así le hacía Gandhi). Una excelente idea: yo estaba muy entusiasmado con ella.


Pero, en esta ciudad, en la que la clientela es incapaz de pedir retribución después de haber pagado por un servicio que no le dieron, además de que le hicieron perder su tiempo y le causaron molestias.... En esta ciudad en la que el gerente de una empresa que dio un mal servicio a sus clientes les dice que les va a hacer el favor (¡a ellos, que son los que pagan!) de dejarlos volver al cine bajo las condiciones de la compañía... En esta ciudad en la que los clientes pisoteados dicen como niños bien portaditos "Gracias", ¿creen ustedes que se podría hacer algo así? Yo no.

Esto no se acaba aquí. Ver Cinepopólis 2 o Alegoría del gobierno populista

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