miércoles, 27 de mayo de 2009

¡Ma', qué calor! ¡Sembremos árboles!

Queridos conciudadanos:

Seguramente han notado que en nuestra Blanca Mérida hace un calor infernal. Esto se debe al clima natural de la región, que es muy cálido y húmedo. Vivimos, al fin y al cabo, en el trópico, y además mayo es el mes más caluroso. Para los que leen este blog desde otras partes del mundo, pueden hacerse una idea del calor que hace aquí teniendo en cuenta de que no es raro alcanzar temperaturas de más de 40º centígrados.

Como dice el maestro Jorge Cortés en esta entrada (no se la pierdan), en nuestras tierras la sombra es, y con mucha razón, reverenciada, pues nos protege de un sol inclemente y de un calor asesino.

Pero, ¿sabía ustedes que Mérida podría ser una ciudad más fresca (y de paso, más hermosa)? ¿Sabían que Mérida no tendría que ser tan calurosa? ¿Que la experiencia de salir a sus calles no tendría que ser una tortura? ¿Cómo? Se preguntan. Pues muy sencillo: sembrando árboles.

Mérida está creciendo de una forma alocada e irresponsable. En las nuevas colonias y fraccionamientos construidos no se dejan parques ni áreas verdes. En los últimos gobiernos municipales, se han colocado hectáreas y hectáreas de planchas de cemento sobre lo que antaño fue vegetación.

"Ah, pero es lo necesario para lograr el progreso", me dirán. "No hay tiempo de pensar en cursilerías como los pajaritos y los arbolitos". Y pues sí, así piensa mucha gente. En nuestro país aún se tiene la idea de que la protección al medio ambiente es una fantasía romántica de algunas mentes ociosas y que como somos un país en desarrollo no podemos detener nuestro avance por un montón de mariguanadas jipitecas que no tienen consecuencias reales sobre la vida cotidiana.

Se equivocan, por supuesto, pero los mexicanos tardarán todavía mucho para llegar al nivel de países que consideran la protección del medio ambiente como una prioridad de vital importancia para su desarrollo. Para cuando los mexicanos caigan en la cuenta, ya estará todo jodido. Pero nada pierdo en intentar desperezar un poco a la gente (aunque estoy seguro de que a ustedes, queridos lectores, no tengo nada nuevo que decirles, pero igual cae algún adolescente despistado en este blog y bien podría aprender una cosilla o dos).

Bien, decía que sembrando árboles podríamos hacer que Mérida (o su ciudad, si sufre del mismo problema) sea más fresca. ¿Cómo ayudan los árboles? Muy sencillo. Como todo el mundo sabe, los árboles dan sombra. Tener muchos árboles sembrados en parques y avenidas impide que la luz y el calor del sol lleguen hasta el suelo de concreto y la calle de asfalto. Las copas de los árboles absorben el calor del sol, a diferencia del concreto, que lo refleja y lo vuelve a arrojar contra nosotros. Veamos estos diagramas (sic) que hasta un político podría entender:


Aquí está un meridano disfrutando de la sombra de un árbol. Los rayos del sol caen sobre la copa, que absorbe el calor, lo que hace que el área cubierta por su sombra sea fresca.




Aún cuando no se tienen árboles, es mejor tener pasto que concreto, pues el pasto y la tierra también absorben el calor.




Lo peor es no tener árboles y sí planchas de concreto o asfalto (como en nuestra ciudad). Así, los rayos del sol no sólo caen sobre nuestras grandes cabezotas, sino que además rebotan en el concreto y nos vuelven a pegar. Hasta el aire se pone caliente y duele respirarlo. Se podría cocinar un huevo en el asfalto a medio día (no es broma).


Así, la sombra de los árboles haría a nuestra ciudad un poco más fresca. Y seguramente han notado que la sombra de un árbol es mucho más fresca que la de un toldo o una cornisa. El toldo deja pasar el calor y las cornisas lo rebotan para todas partes. Pero no es solamente la sombra de los árboles la que nos ayudaría, sino el agua.

El agua es una substancia maravillosa, con muchas propiedades químicas y físicas bien locochonas. Entre estas propiedades está la dificultad con la que el agua cambia de temperatura. Habrán notado que el agua de una alberca o del mar no está más caliente al medio día, sino al atardecer. ¡Al agua le ha tomado todo el día calentarse con los rayos del sol! Y no hay hora en la que esté más fría que al amanecer, porque le toma toda la noche deshacerse del calor que ha absorbido durante el día.

Los árboles contienen agua. ¿Por qué en los desiertos hace tanto frío en la noche y tanto calor en el día? Pues porque no hay agua, ni árboles. ¿Por qué las selvas tropicales mantienen una temperatura constante tanto durante el día como durante la noche? Pues porque hay un rechingo de plantas con un rechingo de agua guardada en ellas. Lo que quiero decir es que teniendo muchos árboles sembrados por toda la ciudad, la temperatura ambiente en los calurosos medios días meridanos sería más tolerable. Y si a esto se le suman las propiedades de su sombra, tendremos una ciudad más fresca.

Noten cómo las colonias más antiguas de la ciudad (sin contar el centro histórico) están llenas de árboles y son más frescas, mientras que lugares como Francisco de Montejo, las Américas y otras colonias distópicas de casitas minimalistas todas iguales, están pelonas como la Luna y en ellas hace un calor de la chingada.

Pero no sólo las colonias prefabricadas y baratas diseñadas para ser hogar de la calse media están por completo deforestadas. Hasta los centros comerciales más pipirisnáis de Mérida acusan está terrible falta de vegetación. ¿Por qué? Mi inclino a culpar a la arquitectura minimalista.

El minimalismo es un estilo arquitectónico que a veces puede ser muy elegante, pero que muchas veces no va con nuestro país. No va con nuestra cultura, tan barroca. Vean que la gente en México podrá comprarse sus casas minimalistas, pero luego las llenan de talaveras, figuras de barro y santitos. Después de todo, nosotros inventamos los estilos plateresco y churriguresco.

El minimalismo tampoco va con nuestros tórridos climas. El blanco con el que todo se pinta hace que el sol se refleje para todas partes y sea imposible abrir los ojos. Además, el minimalismo exige vegetación minimalista, lo que le parte la madre al medio ambiente urbano. El minimalismo suele venir con pasto bien podado, arbustitos insulsos, bambú y... ¡palmeras!

No hay árbol más inútil que una palmera, planta propia de los oasis del desierto y de las costas, es decir, de ecosistemas difíciles, donde nada más crece. Pero en medio de la ciudad, donde otrora hubo ceibas, chayas, ramones, balchés y una infinidad de árboles nativos, una palmera no tiene nada que hacer. Las palmeras apenas dan alguna sombra y no sirven para que los pájaros construyan sus nidos (y los pájaros controlan la población de insectos en las ciudades). Eso sí, las palmeras son delgadas y echan poca raíz, y por ello bien podrían sembrarse en espacios en los que no cabría ningún otro árbol, como en los camellones o en los estacionamientos (atravesar a pie el estacionamiento de Chedrahui norte es como cruzar el Atacama).

Pero los gobernates y muchos profesionistas mexicanos parecen incapaces de crear algo adecuado para las propias condiciones del país y sólo copian lo que esté de moda en otros lugares del mundo. Las palmeras están de moda y así, donde se pudo haber sembrado árboles frondosos que den sombra fresca, tanto los arquitectos snobs como los gobiernos municipales han sembrado palmeras. (Hace unos años los flamboyanes estuvieron de moda y hay algunas avenidas en las que no hay ningún otro árbol; por lo menos los falmboyanes son frondosos). Pero mientras esté de moda sembrar palmeras, nuestros gobernantes y empresarios yupis ignorarán estos hechos y nos dirán: "Ash, pues si tienen calor, cómprense un aire acondicionado, pinches güiros".



Otras razones para sembrar árboles:

  1. Producen oxígeno, por lo que el aire en una ciudad llena de árboles será más sano.
  2. Absorben CO2, el gas causante del calentamiento global que estamos viviendo.
  3. Las grandes masas de árboles contienen a los huracanes, que cada año regresan a partirnos la madre y cada vez más feo. Claro que para que funcionara habría que sembrar todo un bosque y restaurar los manglares y eso es harina de otro costal...
  4. Evitan que la tierra se erosione.
  5. Contribuyen al ciclo del agua. Donde hay más árboles, llueve más.
  6. Sirven de hogar a los pájaros y a los murciérlagos, que controlan las poblaciones de insectos en esta ciudad.
  7. La vista de los árboles proporciona tranquilidad mental a los seres humanos, pues alguna vez vivimos en ellos.


Tampoco se trata de esperar a que el gobierno ponga todas las soluciones: tú puedes ayudar. Si tienes un espacio en tu casa, planta un árbol. Si es muy reducido, pues ya de a perdis, una palmera. Puedes contribuir proponiendo que se haga lo mismo en tu escuela o tu lugar de trabajo. E invitando a otras personas a hacerlo. 

11 comentarios:

Rodrigo dijo...

Pues tienes razón en eso de la deforestación. Hace 18 años viví en Monterrey y ya era famosa por su calor y porque era más fácil toparte con un marciano que con un árbol.

Del minimalismo estoy harto: casas minimalistas, bares minimalitas, edificios minimalistas, locales comerciales minimalistas y mentes minimalistas (cuadradas) de los arquitectos de moda y que hasta premios nacionales reciben.
salu2

pez dijo...

pues las palmeras dan cocos o dátiles

y los cocos, asustan a los niños

y .... los niños se hacen pipí en las albercas

mmmm, creo que están mal planteadas estas premisas, jeje

hay dos maneras de hacerse rico. una de ellas, no querrás saberlo

la otra, es contar las películas e imaginar que es dinero, y que estás cuente y cuente. bueno, por ahí iva el sentido del post. ya luego habrá iva en alimentos y medicinas

chales, estoy de mamer hoy

Pablo Cabañas dijo...

Las ideas, por supuesto que son buenas, pero desafortunadamente quién político lo va a adoptar en sus campañas políticas (sólo en un sueño producido por hongos podría suceder)...

Saline dijo...

Personalmente, me gusta el calor. El clima como está ahora me parece perfecto, y me parece más perfecto que en mi colonia sí hay árboles bajo los cuales tumbarse.

Aún así, deberíamos plantar más árboles, es una inversión que no tiene pierde (a no ser que siembre, no sé, un baobab al lado de tu casa), empezando por el hecho de que los árboles son hermosos! (sí, los beneficios estéticos cuentan).

Pero no todo debe quedar en manos del pueblo, después de todo, es función del gobierno ver por el bienestar de los ciudadanos, ¿no? Las campañas políticas deberían incluir muchos árboles para muchas personas!

Pero, ¿qué partido lo va a hacer? Ah, sí, ahí está el verde ecologista...

La Diabla dijo...

me recordaste mi viaje a sinaloa a mas de 40 grados donde efectivamente respirar duele y cualquier calzado es atravezado por el asfalto caliente y solo basta 15 minutos caminando para que la piel quede tostada!

Es cierto, en mexico pensamos que cosas como el medio ambiente son lujos que solos los paises tercermundistas se permiten, nosotros tenemos que ahorrar lo mas que se pueda.

por cierto nunca he ido a yucatan... cual es la mejor epoca para ir? mencionas que tienen grandes cabezas, es cierto? jajaja

Ego sum qui sum dijo...

¿Estás hablando en doble sentido?

Kyuuketsuki dijo...

Mira, que tema tan intersante tocaste, para mí, que soy arquitecto.

Creo que uno de los defectos de la arquitectura mal llamada minimalista aplicada últimamente en México es el quererla aplicar con los lineamientos europeos o japoneses. El jardín japonés es fabuloso... en japón. Aquí no tiene mucha aplicación mas que en regiones frías. Por otra parte, también está el mal uso de los materiales: la arquitectura vernácula es fundamental para conocer que materiales son los mas adecuados en determinado entorno. Y el reto es adaptarla a las necesidades "modernas", digamos.

¿Conoces la obra de Luis Barragán? Yo opto por un minimalismo a su estilo, porque no es ninguna obra a la "europea": está llena de color y es rica en simbolismos (es muy mexicana, pues) y sin embargo, contiene solo los elementos arquitectónicos precisos... ni uno más ni uno menos. Quizá le hizo falta, en todo caso, jugar mas con el aspecto constructivo para mejorar las condiciones de clima en sus interiores, pero nadie es perfecto.

Yo también soy de la idea de plantar árboles profusamente. Es increíble encontrarme con mas árboles aqui en el defe que en el pueblo donde crecí... y eso que está en un bosque.

P.D. Estás seguro que los políticos entenderán tus diagramas? Yo no estaría seguro

marichuy dijo...

Y yo que me quejo del calor de 30ºC acá en el D.F. Será que nací en la montaña, pero lo mío son los climas fríos... y aunque sea friolenta.

Con lo bonita que es Mérida, pero con ese clima... ya no resulta tan disfrutable.

El problema de la siembra de árboles, es no hacerlo correctamente. Cuando Felipito se inventó su día nacional de la siembra de árboles, el gobierno federal destinó muchísimos recursos y obligó a toda la burocracia a participar en el evento. Cinco millones de arbolitos, fueron sembrados en las inhóspitas y casi muertas tierras del ex Lago de Texcoco... creo que no se logró ninguno.

Coincido con Kyuuketsuki en su gusto por Luis Barragán; su minimalismo con ese colorido tan vivo, ya no resulta tan minimalista. Debe ser el arquitecto mexicano más influyente, su estilo se deja adivinar en muchos de los nuevos arquitectos.

Saludos

María Oceánica dijo...

El semestre pasado leímos en clase un libro de Eva Kras (Cultura gerencial México-Estados uNidos) en el que se mencionaba lo del barroquismo en nuestras casas, y recuerdo que la maestra dijo "A ver cuánto les va a durar su minimalismo".

Sobre lo de los árboles, yo igual creo que por eso me gusta mucho mirarlos y me dan ganas de subirme a ellos, pero ¿será que de verdad es un vestigio? Si es así, qué interesante, ¿no? :)

Jorge David Chalé Maldonado dijo...

Considero que también afecta el exceso de publicidad en la ciudad, cortar árboles para que el anuncio se vea, es lo de hoy; los servicios de electricidad, cable y teléfono quitan esas "estorbosas ramas" que no dejan pasar los cables y finalmente, cuando un árbol cae (por viejo, estar muerto o por los fuertes vientos), no se vuelve a plantar otro ya que el espacio que deja el árbol de vuelve "utilizable". En verdad que en la actualidad, se ve a los árboles como un adorno y no como algo vivo y útil dentro de nuestro ecosistema urbano

Jorge David Chalé Maldonado dijo...

Considero que también afecta el exceso de publicidad en la ciudad, cortar árboles para que el anuncio se vea, es lo de hoy; los servicios de electricidad, cable y teléfono quitan esas "estorbosas ramas" que no dejan pasar los cables y finalmente, cuando un árbol cae (por viejo, estar muerto o por los fuertes vientos), no se vuelve a plantar otro ya que el espacio que deja el árbol de vuelve "utilizable". En verdad que en la actualidad, se ve a los árboles como un adorno y no como algo vivo y útil dentro de nuestro ecosistema urbano

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