martes, 14 de julio de 2009

La Búsqueda Onírica de la Desconocida Kadath


"Cuando el mundo se sumió en la vejez, y la maravilla rehuyó la mente de los hombres; cuando ciudades grises se elevaron hacia cielos velados por el humo de torres altas, temibles y feas, a cuya sombra nadie podía soñar con el sol ni las praderas floridas de la primavera; cuando el conocimiento despojó a la tierra de su manto de belleza, y los poetas no cantaron sino a distorsionados fantasmas, vistos a través de ojos cansados e introspectivos; cuando tales cosas tuvieron lugar y los anhelos infantiles se hubieron esfumado para siempre, hubo un hombre que empleó su vida en la búsqueda de los espacios hacia los que habían huido los sueños del mundo".






La obra del autor norteamericano Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) puede dividirse en cuatro etapas:

  1. Los relatos macabros: cuentos de terror inconexos entre sí y en los que aún se ve muy clara la influencia de Poe y otros escritores góticos.
  2. La primera fase de los Mitos de Cthulhu: en la que Lovecraft crea una compleja y coherente mitología, en la cual dioses oscuros, criaturas extradimensionales, saberes arcanos y civilizaciones perdidas son los protagonistas.
  3. La segunda fase de los Mitos de Cthulhu: en la que reinterpreta su propia mitología desde un paradigma de ciencia-ficción: los "dioses oscuros" son extraterrestres antiquísimos y poderosos.
  4. Los relatos oníricos: de los que trataré a continuación.


Así nació Cthulhu



La originalidad de Lovecraft, que hace que se le considere el maestro del terror, se debe sobre todo a sus rasgos únicos: la imaginación y sensibilidad de este autor son poco usuales y si hubiese aplicado estas virtudes a la literatura realista o a la filosofía, el buen Eich Pi no se encontraría tan relegado del canon literario occidental como lo está por haber cometido el pecado de dedicarse a la literatura fantástica. Lovecraft va más allá de los vampiros y fantasmas que pululaban en la literatura de horror de la época. Él observa las esquinas oscuras del tiempo y el espacio y atisba el entramado de la realidad misma. Y lo que ve es algo abominable.

Lovecraft nació en Providence, Rhode Island, en el seno de una familia aristócrata venida a menos. La enfermedad mental corría por las venas de su familia y su padre enloqueció y fue recluido en un manicomio cuando el pequeño Howard tenía apenas tres años de edad. Lovecraft fue criado por su madre, una mujer dura y dominante que, como había deseado que su vástago fuese niña, lo vistió como tal hasta que él cumplió los seis años. Además, la señora Lovecraft mantenía a su hijo apartado de todo contacto con gente externa. Así, sus únicos amigos en la primera infancia fueron sus excéntricas tías y su abuelo, quienes le inculcaron un absurdo sentido de orgullo por su ascendencia aristocrática.

Howard fue un niño débil y constantemente enfermo, que además sufría de espantosas pesadillas y terrores nocturnos que duraron hasta la muerte del autor. También fue un niño prodigio; recitaba poemas de memoria a la edad de tres años y componía los propios desde los seis. Como adulto, conoció penurias económicas, pues su trabajo creativo nunca fue valorado durante su vida. Fue amigo de otros prominentes autores de literatura fantástica, entre ellos Robert E Howard y Clark Ashton Smith. Murió entre terribles dolores ocasionados por un cáncer de colon, que el autor nunca quiso tratarse debido a su extraño sentido del pudor y del orgullo.

Lovecraft, crecido entre dolor, locura y pesadillas, se burla de todas las esperanzas humanas. Critica con dureza los ideales de la Ilustración, del Romanticismo y del humanismo cristiano. "El humor", nos dice "es un hombre que silba para darse coraje mientras transita a través de una carretera oscura"[1]. Esa carretera oscura es la vida, y el silbido son todas esas cosas grotescas y risibles con las que tratamos de llenarnos de valor mientras atravesamos la existencia. Lovecraft entiende esto y por eso es un maestro del horror: porque él vio el lado oscuro de la vida. Pensamos ridículamente en un Dios bondadoso, como un hombre barbado, sabio y benévolo, pero Lovecraft nos revela que Dios es un gigante monstruoso con cabeza de pulpo... que te quiere comer.


Lovecraft se asomó más allá de la realidad visible

Lovecraft era un escéptico estricto. Tenía amplios conocimientos científicos y no creía en ningún dios. La religión le parecía grotesca y ridícula, con sus rituales, sacrificios y su pretensión de solemnidad. La rechazaba no sólo por su falsedad sino por razones estéticas. Por lo mismo rechaza el ocultismo y el esoterismo, a los que considera carentes de imaginación.

“Le fueron mostradas la pequeñez y vanidad de oropel de los pequeños dioses de la Tierra, con sus insignificantes y humanos intereses y conexiones; sus odios, rabias, amores y vanidades, su avidez de rezos y sacrificios, y sus demandas de fe contraria a la razón y la naturaleza.”[1]

Los horrores de Lovecraft no son, pues, una simple invocación a lo sobrenatural, sino alegorías de los aspectos más terribles de la existencia, que él conoce muy bien. Sus personajes (cuando sobreviven) quedan traumatizados y, conscientes de los horrores del mundo, no pueden entender que la gente a su alrededor, ignorantes de la abominación acechante, pueda sobrellevar una vida  repleta de espantos.

Cuando Lovecraft utiliza sus socorridos adjetivos, "indescriptible", "inenarrable", "innombrable", "inefable", no se trata sólo de un recurso para evocar ciertas emociones en su lector; yo creo que Lovecraft concibió cosas que no podía explicar con palabras. Pues sí, ha habido genios que pudieron pensar más allá de las limitaciones del lenguaje.


Pero el genio de Lovecraft va aún más lejos. Su sabiduría es producto de la observación, no con los sentidos, sino con la mente, de la realidad, no simplemente de una "realidad social", a la que normalmente se circunscribe este concepto en la literatura, sino más allá, a una realidad cósmica, metafísica. Entonces, Lovecraft deja atrás la primera y la segunda etapa de sus mitos de Cthulhu (esta última, considero, bastante mediocre) y va más allá, hacia los relatos oníricos.

“Todo en la vida no es más que un grupo de imágenes del cerebro, no hay diferencia entre las provenientes de cosas reales y las nacidas de sueños interiores, y no existe motivo para dar preeminencia a unas sobre otras”.[2]

Los relatos oníricos tienen su centro en el ciclo de Randolph Carter, personaje que es un reflejo del autor. Carter, al igual que Lovecraft, creció en la misteriosa Nueva Inglaterra, para después desarrollarse como autor de “ficción extraña”. Randolph Carter comparte las ideas de su creador y le sirve a éste para expresarlas y pregonarlas. La historia de los viajes de Carter a través de los diferentes planos de la existencia pueden ser interpretadas como alegorías del mismo proceso de aprendizaje de Lovecraft, empezando por el espanto y pasando por la maravilla hasta que llega a la comprensión de la realidad.

 Carter aparece en cuatro relatos: Lo innombrable (1923), La declaración de Randolph Carter (1926)[3], La Llave de Plata (1926) y A través de las puertas de la Llave de Plata (1933). Pero la obra más importante de las que tienen como protagonista a Carter es la novela corta La búsqueda onírica de la Desconocida Kadath (1927).

En sus relatos oníricos, y sobre todo en el ciclo de Randolph Carter, Lovecraft supera los conceptos imperantes en sus relatos anteriores: del bien y del mal, del orden y el caos y nos hace conscientes de la pequeñez y mezquindad de tales conceptos en la inmensidad del cosmos. Lovecraft, no más horrorizado, se maravilla ante la grandiosidad de lo que existe y puede existir y nos revela que nuestra realidad, la que percibimos, la que somos capaces de comprender, no es más que una nimiedad y que nuestros temores no son más que pesadillas infantiles. Todo esto llegó a ver Lovecraft antes de morir a los 47 años. ¿A qué conclusiones habría llegado de vivir un poco más?



La búsqueda onírica de la Desconocida Kadath es la culminación de los relatos oníricos y, quizá, de toda la ficción de Lovecraft. El protagonista, Randolph Carter, se aparta de la grosera realidad cotidiana para entrar en la realidad onírica, en la que otras leyes y conceptos imperan. Hay una "Tierra Onírica", más o menos material, pero el Cosmos Onírico es mucho mayor, poblado por criaturas y entidades incomprensibles. Carter está en busca de la ciudad de sus sueños:

"Toda dorada y magnífica, resplandecía en el crepúsculo, con sus murallas, templos, columnatas y puentes curvos de mármol veteado, fuentes con jarrones de plata y surtidores con los colores del arcoíris en amplias plazas y perfumados jardines, anchas calles corriendo entre delicados árboles y jarrones cargados de flores, y estatuas de marfil dispuestas en hileras resplandecientes; mientras, por la empinada ladera norte, ascendían hileras de tejados rojos y viejas buhardillas picudas cerniéndose sobre pequeñas callejas de adoquines entre los que crecía la hiedra. Era una fiebre de dioses, una fanfarria de trompetas sobrenaturales y un resonar se címbalos inmortales. El misterio pendía sobre ella como una nube sobre una montaña fabulosa nunca hollada..."

Y para encontrar esto que soñó (¿hay algo más propio y nuestro que los sueños?), Carter viajará por múltiples ciudades y puertos, (cada uno diferente y especial), surcará los mares, atravesará el inframundo y bosques encantados y se enfrentará a los mismos dioses y a su mensajero, el Caos Reptante, Nyarlathotep, para al final descubrir que... Bueno, léanla ustedes mismos.

Como se ve, en esta odisea onírica ya no está el Lovecraft espantado hasta casi perder la razón. Hay un Lovecraft maravillado con las infinitas posibilidades de la mente, con un asombro casi infantil, pues sabe bien el autor que no somos más que niños ante la Realidad, con mayúsculas. Y por ello, Kadath es una especie de cuento de hadas macabro. ¿Sería posible que Lovecraft, al final de su vida, a pesar de sus traumas infantiles, sus pesadillas perennes, su terror al mar y sus atroces dolores causados por el cáncer, dejó de lado el horror y encontró la maravilla? La búsqueda onírica de la Desconocida Kadath parece sugerirnos que sí, y deja un asomo de esperanza entre todas las abominaciones que el escritor de Providence nos había heredado. Pero para contemplar esa maravilla, primero debemos enfrentarnos, como él, a lo innombrable, lo indescriptible, lo inenarrable, lo inefable, el horror absoluto que proviene de los primeros atisbos de la Realidad definitiva. Después de la pesadilla, vendrá el sueño.

Posdata: A continuación se presenta una lista de otros relatos pertenecientes al ciclo onírico, pero en los que no figura Randolph Carter. Todos ellos tienen en común una prosa pausada y exquisita, magníficas descripciones que atiborran los sentidos, y la insistencia sobre la validez del sueño por encima de la realidad vigil:

“Cuando somos niños oímos y soñamos, albergamos ideas a medio cuajar, y cuando al hacernos hombres intentamos recordar, nos vemos estorbados y convertidos en seres prosaicos por el veneno de la vida.”



            Estos relatos se ubican en la Tierra Onírica y en ellos aparecen personajes, lugares y sucesos mencionados en Kadath, por lo que se lectura se recomienda a quienes quieran comprender cabalmente la novela. Estos relatos, junto con los de Carter, constituyen una maravillosa cosmogonía de la Tierra Onírica.



  • La nave blanca (1919)
  • La maldición que cayó sobre Sarnath (1920)
  • Los gatos de Ulthar (1920)
  • Polaris (1920)
  • Celephaïs (1922)
  • Azathoth (1922)
  • Los otros dioses (1933)
  • La búsqueda de Iranon (1935)




[1] De A través de las puertas de la Llave de Plata, escrita en colaboración con E Hoffman Price.
[2] La Llave de Plata (1926).
[3] Estas dos historias pertenecen más bien a la etapa de los relatos macabros.



[1] El horror sobrenatural en la literatura (1927)

9 comentarios:

Stuka dijo...

Lovecraft Rocks

Kyuuketsuki dijo...

¿Que te puede decir este humilde fan de Lovecraft?

Me has ganado todo lo que yo tenía que decir. Y es que pensaba hacer un post sobre Lovecraft en relación al nombre de mi blog, próximamente, pero creo que ahora solo podré referenciar a tu post o buscar darle otro giro al tema. Estuvo magnífica la descripción. Me gustó mucho el post.

Kyuuketsuki dijo...

Oye, ya leíste el comic de el joven lovecraft?

stuka dijo...

oie tengo unos comics de lovecraft, uno de los cuales es mas satirico que fiel a su esencia,pero son buenos.

Karate Pig dijo...

La entrada es una buena aproximación a Lovecraft, una de las mentes más incomprendidas del "largo siglo XIX"

Ego dijo...

Kyuu y Stuka: no he leído tales cómics, ahí los rolan, ¿no?

Kyuuketsuki dijo...

Búscalo en mi blogroll; aparece simple y sencillamente como "El Joven Lovecraft". Es buenísimo. En serio.

Soma dijo...

Uno de mis adjetivos favoritos de Lovecraft: Ominoso.
El joven Lovecraft está chido, ahora bien, el otro cómic que menciona Stuka no lo conozco. Que pongan el link para todos no?

Anónimo dijo...

Parece que George RR Martin es otro fan de Lovecraft. En los mapas de "The Lands of ice and Fire" igualmente aparece Kadath. El final de ASOIAF será que Ojo de cuervo despierte a Cthulu

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