miércoles, 29 de julio de 2009

Las diecinueve tragedias

Creo que los grandes libros de la humanidad son aquéllos en los que puede encontrarse verdadera sabiduría. Eurípides (480-406 AC), el último (y para muchos, el mayor) de los trágicos griegos, nos dejó una obra fundamental: sus diecinueve tragedias, cargadas de la sabiduría de un verdadero filósofo y poeta.


Acusado de misoginia por su eterno sátiro Aristófanes, Eurípides en realidad creó a los personajes femeninos más ricos del teatro griego: Medea, Hécuba, Andrómaca, Electra... Espíritu sensible, se rebeló contra muchos de las coveniencias de su tiempo, y demostró la repugnancia que le causaba la barbarie que en su época era vista como cosa de todos los días. Incluso se atrevió, en boca de sus personajes, a elevar sus reclamos contra la injusticia de los dioses.


El destino, la venganza, la locura, la libertad y el deber son algunos de sus temas recurrentes. Verdadero artista, Eurípides osa ignorar las versiones originales de los mitos en los que se basan sus obras y los interpreta a su propio gusto. Meda, Orestes y Electra aparecen como verdaderos psicópatas. El poeta hace descripciones de brutalidad tales que serían la envidia de muchos autores de horror.


Pero para que vean ustedes la sabiduría del poeta, les dejo con los siguientes fragmentos. Vean sus reflexiones sobre sociedad, ciencia, religión y política. A mis amigos escépticos recomiendo leer lo que dice sobre los adivinos:



“De cuantos seres tienen alma y pensamiento somos las mujeres los más desdichados. Primero hay que gastar grandes caudales por lograr marido. Ya lo tenemos. Hay que hacer de él un déspota de nuestro cuerpo. De los males quizá el más duro. Y el punto más difícil: ¿será bueno o malo? No se concede a las mujeres repudiar al esposo, ni desatar el vínculo nupcial.”

“Dicen que nosotras pasamos la vida seguras en el hogar, sin pena, sin peligro… y ellos, van a la guerra, combaten con la muerte a la vista. ¡Mal piensan! ¡Tres veces en el frente de batalla, y no parir un hijo!”

“¡Cuán conveniente es que el varón que nació sensato haga que no resulten sus hijos demasiado sabios! Saber mucho les consigue fama de haraganes y se concilian el odio de sus conciudadanos. Si das a los tortuosos ciencias nuevas, resultas un inútil y no un sabio. Y si hay quien te considere superior en saber a los que pasan por sabihondos, te verán en la ciudad como un ser ofensivo. ¡Esa mi suerte fue! Lista soy y sé algo. Entonces, para unos odiosa soy: inactiva, sin fruto; para otros, perjudicial y mala. ¡Y no sé lo que debía saber!”

Medea


“Para mí es amable la juventud. A cambio de la juventud, no quisiera yo ni la opulencia de un asiático imperio, ni una mansión en que se acumula el oro. ¡Bello es ser joven en dichosa riqueza; bello es ser joven en la miseria misma!”

La locura de Heraclés


“Porque hay tres clases de hombres en una ciudad: Primero, los ricos, inútiles y siempre ansiando con ardor aumentar sus caudales; segundo, los pobres, que aún de lo necesario para la vida están faltos. Fácil presa de las malas doctrinas. Peligrosos, porque crían odio en sus almas y seducidos por otros, se abalanzan contra los que tienen bienes. De estas tres clases es la media la que salva a las ciudades. Guarda el recto orden y salva a la comunidad.”

Suplicantes


“Ah, dioses, si llegara un día –no llegará: sólo hago una suposición- en que hubierais de rendir cuenta a los hombres por vuestros amores ilegales, tú Poseidón y tú Zeus que riges el cielo, ¡para pagar la multa por tales injusticias tendríais que dejar vacíos vuestros templos! Buscáis sólo placeres sin tener discreción acerca de sus consecuencias. Ya no habrá que llamar malos a los hombres, si imitan, no lo que parece bueno a los dioses, sino lo que ellos le enseñan a practicar.”

Ión


“¡Nada me vino de los dioses, si no fue tormentos! A Troya odiaron más que a ciudad alguna. Vanas eran las hecatombes que se les ofrecían. Y hay que reconocer, con todo, que si los dioses no hubieran hundido en el polvo nuestra ciudad, seríamos unos infelices sin fama ni nombre y nunca, como somos, objeto de cantos de las Musas y de los hombres, los de hoy y los del futuro.”

Las Troyanas


“¡Los hombres sanguinarios de esta tierra inventaron tal falsa doctrina, ellos son amantes de matar a los hombres, y a la diosa lo atribuyen! ¡Ningún dios admito que sea cruel y llegue a tal maldad!”

Ifigenia en Tauris


“¡Ay, ser un buen hombre no tiene marca fija, y el desconcierto rige la humana progenie! ¡Cuántas veces he visto a un hombre que engendró un noble padre, pero él se muestra como una criatura vil! Y vi, también, nacidos de padres sin valor ni estimación, hijos que llegan a mostrar su nobleza. Mil veces vi prudencia y sabiduría muy grande en un miserable y pobre cuerpo. ¿Para juzgar a un hombre qué base escogería uno? ¿La riqueza? ¡Es un pésimo juez! ¿La pobreza? Tampoco. Es falaz y fuente de necesidad que induce al hombre al mal. ¿Las armas son un criterio? ¿Qué, basta ver a alguno con su lanza para afirmar que es valiente? ¡En confusión tan grande, es preferible dejar a la ventura y a lo imprevisto el juicio!”

Electra


“¡Ah, pero esos videntes del destino, qué falaces son y un tesoro de engaños! ¡Nada de cierto dicen los presagios del fuego, nada los cantos que las aves agoreras lanzan! ¡Simple será quien piense que pueden las aves dar luces acerca del destino a los mortales! Quede la adivinación fuera, como una ficción para engañar al hombre, para ensombrecer la vida. La llama del altar nada ayuda al inactivo: bienes mejores son la decisión y la ciencia: la profecía es vanidad.”

Helena


“¡Cuánto mejor es venerar la igualdad! Ella une y estrecha amigos, ciudades con ciudades, aliados con aliados. Tener los mismos fueros es base de ser fuerte en el cimiento. Para los hombres nada hay más provechoso que ella. Cuando hay cada uno con diversos privilegios, se engendran guerras y es un llamamiento a la enemistad.”

Las fenicias


“La muchedumbre es algo espantoso, si son malvados los que la mueven. Pero, si toma buena determinación, son tremendas sus resoluciones.”

“Adquiere amigos: la sangre no es bastante. Un hombre que congenia con nosotros, que por su pensamiento se hace uno, debe venir de fuera. Un amigo vale más que mil consanguíneos.”

Orestes

4 comentarios:

Kyuuketsuki dijo...

El fragmento que pusiste de Ion me parece excelente. Yo no he leído las 19; apenas leí Medea y las clásicas tragedias de Sófocles. Ahora deberé darme tiempo para leer estas obras. Sobre todo Ion, insisto.

Frodou dijo...

la orestiada es simplemente una pbra magnifica y alucinante...y para su tiempo, muy dificil de interpretar en teatro.

Frodou dijo...

ha si...jamaz se atrevan a ver la porqueria de pelicula de Medea que salio de la mente del "cineasta" Arturo Ripstein, es mas alla de una mala pelicula, es una abominacion y una oda al ego del supuesto director, mas cuando el "sin darse cuenta" se enfoca a si mismo en un espejo.

Aguamojada dijo...

Pero quien diría, otro amante de la literatura en Mérida. Lo que no entiendo, que eres, hombre o lesbiana. Me gustaría hablar de literatura con un lustre, pero aún no te llego a definir. Insisto, un poco de literatura no está mal discutir, te dejo mi correo para ver si nos ponemos en contacto y charlamos un poco de todo. aguamojada10@hotmail.com

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