lunes, 31 de agosto de 2009

¿Tienen salvación los tontitos?

¿Se puede lograr que una persona ignorante y que no quiere aprender de pronto se interese por hacerlo? ¿Es posible que a un individuo al que no le gusta leer se le enseñe el gusto por la lectura? ¿Se puede atraer hacia los eventos culturales a las personas a las que no les interesa nada de eso? ¿Alguien que sólo consume música, cine y televisión basura, puede cambiar y empezar a consumir buenos productos culturales? En otras palabras, ¿tienen salvación los tontitos?




Habría que empezar por definir qué es un tontito. Aunque existen varios paradigmas más o menos arbitrarios para medir la inteligencia y ciertamente hay muchos niveles intermedios entre la genialidad más sublime y la absoluta estupidez, creo que se puede trazar una línea más o menos nítida que define a los tontitos.


Sabio es, decía Sócrates, quien reconoce su propia ignorancia; o sea alguien inteligente sabe que aún tiene mucho que aprender. Es una persona que no quiere quedarse estancada con lo que sabe y con lo que conoce, sino que quiere ampliar su universo intelectual. Es alguien que siempre quiere algo más, que no se queda con los productos culturales que le llegan casi de forma automática y pasiva, sino que activamente busca nuevas alternativas que estimulen su mente. Alguien inteligente sabe, como Sócrates, que no sabe nada, y quiere aprender más.


Un tontito es aquél que cree que lo que sabe es lo único que necesita y lo único que tiene valor. Es quien no sólo no quiere aprender, sino que considera el conocimiento como inútil y hasta pernicioso. Es alguien que se limita a escuchar la música que le ponen en la radio, que ve la película que sea que le pongan en el cine y que ve la telenovela que sea que le pongan en televisión. Es alguien que rehuye del aprendizaje y de la cultura, que vive en un universo minúsculo y que se siente muy cómodo en él.


Decía Sherlock Holmes "La mediocridad no conoce nada mejor que sí misma, pero el talento reconoce al genio". He ahí lo que marca a los tontitos: son tan estúpidos que no se dan cuenta de lo estúpidos que son. En cambio, una persona con tantito seso, que ya rebasó la frontera de la estupidez, se percata de que hay otros que son más cultivados, o más sabios, o mejor instruidos y que pueden aprender de ellos.


Yo, por ejemplo, no me atrevería a llamarme "culto", pero ni de lejos. Sé que nunca podré pensar como lo hace Stephen Hawking y que nunca lograré acumular el conocimiento que tiene Umberto Eco, obviamente, pero tampoco podré hacerlo mejor que la mayoría de mis pares. Pero me consuela el hecho de que por lo menos intento luchar contra mi propia ignorancia todos los días, pues aún puedo aprender mucho, mucho más. No seré muy inteligente, pero creo que no soy un tontito.


Y es que el tontito ignora cuán ignorante es y se siente muy cómodo al respecto. Aquí va un ejemplo. Me quejaba con una amiga y su esposo sobre mis alumnos, que tenían la cabeza tan dura que no lograba hacer que les entrara la historia. El esposo de mi amiga dijo muy orgulloso "Pues mira, eso es por cultura. Ese conocimiento no lo tengo y nunca lo he necesitado". Entonces le dije que el conocimiento de la historia es fundamental en una sociedad democrática, en la que cada individuo tiene la responsabilidad de tener conciencia social, histórica y política, porque hasta en el simple acto de votar etc, etc. Y él me contestó, muy elocuente "Te repito: eso es de cultura", como diciendo: "Es una cosa sin valor real". He ahí un tontito.


Pero mi pregunta es: ¿Ser tontito es producto de la educación, la cultura y el medio ambiente y por tanto puede ser corregido con la instrucción adecuada? ¿O es una condición biológica, una especie de determinismo intelectual que no puede salvarse? Dicho de otra forma ¿están jodidos los tontitos? Bueno, ni tanto, jodidos están los inteligentes, porque los tontitos son mayoría en todas partes, tiene poder y dinero, y hasta llegan a ser presidentes. Creo que fue Ambrose Bierce quien lo dijo: "Los idiotas son una tribu grande y poderosa que han influido en la mayoría de los acontecimientos de la historia de la humanidad".


¿Se puede lograr que un tontito deje de serlo? Me remito a varias experiencias. Por ejemplo, la Red Literaria del Sureste tiene como uno de sus objetivos la promoción de la lectura. Es decir, tiene la idea (¿quijotesca?) de invitar a leer a los que no leen. Pero aunque la mayor parte del tiempo quiero pensar que eso es posible, a veces me gana el pesimismo y lo dudo seriamente. Mi compañero de armas Mauel Tejada me dijo alguna vez que no es que a la gente no le guste leer, sino que no saben que les gusta. Por Dios que me gustaría creerlo, pero lo dudo mucho. Más bien, sospecho a veces, como mi mentor y amigo Daniel Irabién escribió (más o menos), que leer no hace inteligentes a las personas, sino que, por el contrario, los inteligentes son los que agarran y leen.

"¿Te gusta leer? Nunca había conocido a nadie que le gustara leer." Me dijo una vez un regio. Y no era uno que tuviera el pretexto de no haber tenido oportunidades: lo conocí 'estudiando' en Europa. He ahí un tontito.


Ciertamente en los últimos 10 años la vida cultural meridana ha crecido muchísimo. Hay más eventos culturales, más espacios y un público más amplio. Pero me pregunto si esto es porque de verdad el interés por la cultura se ha difundido más entre personas que antes no se sentían atraídas por ella, o es sólo que ya hay más gente en Mérida y por pura estadística a huevo tenían que aparecer personas con inquietudes intelectuales. Es más, el mismo Daniel Irabién me dijo que según su percepción hay muy poca gente interesada en la cultura teniendo en cuenta la población de la ciudad (sin contar que hay mucho poser por ahí).


Pienso en la revista Soma, que celebró su primer aniversario este mes y que cumple un importante papel en cuanto a periodismo cultural y difusión de la cultura en esta ciudad. Pero me pregunto si una publicación como ésta podrá atraer hacia la cultura a un público que no estaba acostumbrado a ella. Y es que, siendo sinceros, la gente que va a los eventos culturales es siempre la misma: nunca se ven caras nuevas. Toda la cultura en esta ciudad se produce y se consume en un mismo círculo diminuto. Son los sanos los que van una y otra vez al médico; son los profetas predicando a los conversos, que después hacen las veces de profetas y predican a los otros profetas.


En la Universidad intenté armar un cineclub especializado en películas que crearan consciencia social. Fue un total fracaso. El único público que tuve fueron amigos míos que ya tenían una consciencia social bastante desarrollada (claro, siempre hay más que aprender) y que muchas veces ya habían visto las películas que proyectábamos. Es más, mis cuates iban nomás para no dejarme chiflando en la loma. El objetivo, que era conscientizar a quienes creían que vivían en "un mundo de caramelo", fracasó. Y eso que era una escuela de humanidades, ¿eh? No era administración de empresas, ni mercadotecnia, de esas carreras que por lo regular se asocian con un desdén por el arte. Incluso proyecté un ciclo sobre "comunicadores valientes", y ni los estudiantes de Comunicación se aparecieron.


Pienso en mi experiencia como maestro y no temo decir que he tenido alumnos inteligentes y alumnos tontitos. He tenido alumnos que sabían más que yo, otros que sabían bastante para su edad, otros que no sabían nada de nada (pero que no era su culpa sino del sistema educativo) y que querían aprender, y otros que vivían muy felices en la absoluta oscuridad. "La ignorancia es como la noche de la mente, pero una noche sin luna y sin estrellas", decía Confucio.


Creo que sí les he enseñado a mis alumnos alguna cosilla o dos que estoy seguro otros maestros no les habrían enseñado. Pero sé que mis alumnos tontitos a lo mucho habrán memorizado datos para pasar el extraordinario y luego olvidarse del conocimiento. Y a veces sospecho que mis alumnos inteligentes, por serlo, de todos modos habrían seguido su propio camino hacia el conocimiento. A veces realmente temo que al fin y al cabo quizá no esté haciendo ninguna diferencia.


Estoy convencido de que en nuestro país hay no sólo una injusta distribución de la riqueza, sino una terriblemente injusta distribución del conocimiento. La ventaja es que mientras que la riqueza monetaria se divide cuando se comparte, el conocimiento se multiplica. Y aunque pocos intelectuales se ocupan de distribuir ese conocimiento entre los que menos tienen, sí hay quienes realizan esfuerzos loables. Quizá esos esfuerzos les permitan localizar a algunos inteligentes que de otra forma no habrían podido acceder al conocimiento, pero me pregunto si en verdad se podrá hacer alguna diferencia con los que de plano son tontitos.


El problema es que quizá no hay forma de hacer una diferencia en lo absoluto. Quizá los tontitos siempre serán tontitos y los listos de cualquier modo encontrarán su camino. En fin, a veces me desanimo :(

Nenas ochenteras: Pitufina

Nunca pensé en Pitufina como un símbolo sexual. Es decir, no tiene curvas, ni nada. Pero aparentemente muchos locos sí tuvieron a Pitufina como objeto de sus fantasías más cachondas. Prueba de ello son las siguientes imágenes:










Mi favorita:


viernes, 28 de agosto de 2009

Nenas ochenteras



Y para rematar esta serie de entradas sobre las caricaturas de nuestra infancia (1, 2 y 3), les dejo una galería fotográfica con imágenes de algunas de las chicas más hermosas de caricaturas ochenteras. Casi todos los varones crecidos en los ochentas y principios de los 90 nos enamoramos de alguna de ellas (y estoy seguro que más de alguna mujer también).



Cheetara de "Thundercats"

Otra vez Cheetara



She-Ra de "She-Ra"


April O'Neil de "Tortugas Ninja"

Otra vez April


Janine Melnitz de "Los Verdaderos Cazafantasmas"



Ágata Junio de "Fuerza G"


Baronesa Cobra de "G.I. Joe"


Octavia de "Los Tigres del Mar"

Sarah de "Dinoplatívolos"


Acerina de "Los Halcones Galácticos"



Rainbow Brite


Ahhh... ¡Qué tiempos!

miércoles, 26 de agosto de 2009

Neostalgia III

(Ver la primera y la segunda partes)



Ahora pasemos a las series de aventuras que veíamos en nuestra infancia. Son series dirigidas a los niños, en especial los varones, pero que no tienen la violencia de las series de acción que tenían otras tipo Thundercats. Están protagonizadas por animalitos antropomorfos que tienen todo tipo de aventuras en mundos fantásticos. Hay peligro y emociones, pero nadie sale lastimado, y son un despliegue de imaginación. Aquí van algunas de mis favoritas:


Chip 'n Dale Rescue Rangers: ¿Se acuerdan de la canción? "Chi-chi-chip y Dale... Rescatadoores" Etcétera. Estaban muy chidas. Chip, Dale, Monterrey Jack, Gadget (la ratoncita que en México conocimos como Gaby) y una mosca verde llamada Zipper eran una especie de equipo de superhéroes que frustraban los planes de villanos como el gato Mala Cara o el científico loco, el doctor Nimnul. Era una serie bstante divertida, pues los Rescatadores siempre se metían en toda clase de problemas y tenían que ver cómo salir de ellos.


Ewoks: ¡Maravillosa! Yo veía los Ewoks incluso antes de saber que provenían de un universo más grande y hermoso llamado Star Wars. Los Ewoks son lo máximo: ositos de peluche y máquinas letales. Los Ewoks tenían aventuras fantásticas, llenas de magia, peligro y criaturas extrañas. Los personajes principales, Wicket y sus amigos, eran niños pequeños, pero valientes como los mejores guerreros Ewok. Además, esta canción es una maravilla. ¡Achawawa!



Gummi Bears:
Otra de Disney, basada en los "ositos de goma" que aquí conocemos como Panditas. Los escritores se esforzaron para partir de ese concepto y hacer una magnífica serie de aventuras en la Europa medieval, con todo y dragones, ogros y nobles sin escrúpulos. Era graciosa, pero emocionante, como toda serie que debiera ver un niño, y no como esas ñoñadas que hacen hoy en día. ¿Quién me da un poco de jugo de gummibaya? (esa madre tenía coca, sin duda)




Los pequeños magos: ¿Se acuerdan? ¿Acaso no era fantástica? Esos tres monstruitos, cada uno con sus poderes, y el joven aprendiz de mago y Fidias, el mago bueno y los malos, etc... Todos luchando para recuperar el reino que un malvado había usurpado. En fin, era muy divertida, pero no pegó mucho en EUA y rápido se olvidó, aunque por lo que he comentado con mis coetáneos, en México es recordada con mucho cariño.




DuckTales: Si Thundercats fue lo máximo en series de acción, Patoaventuras lo fue en cuanto a series de, valga la rebuznancia, aventuras. El tío Rico y sus tres sobrinos tuvieron tal cantidad de emociones y peripecias que era increíble. Magia, robots, fantasmas, seres subterráneos, reinos perdidos, dinosaurios, extraterrestres, viajes en el tiempo... ¡Esos patos hicieron de todo! Los personajes eran entrañables, graciosos, divertidos y adorables. La aventura de los Soles Dorados fue de lo más apasionante, así como la película del Tesoro de la Lámpara Perdida. Hubo capítulos llenos de referencias literarias, históricas, mitológicas o a la cultura pop, como ése en el que van a Inglaterra y aparecen Sherlock Holmes, Jack el Destripador y la fórmula del Dr Jeckyll. De verdad ya no hacen aventuras así*.




Hay otros géneros de los que se puede hablar, como comedia (Conde Pátula, Inspector Gadget), las que eran para niños más chicos (Muppet Babies, Bosque Mágico), las que eran para niñas (Mi Pequeño Ponny, Los Cariñositos, Rainbow Brite, Rosita Fresita) y claro, los animes pre-Caballeros del Zodiaco: Astroboy, Voltron, Robotech, Fuerza G. ¡Y cómo olvidar los dramas! (Candy Candy, Remy, La Ranita de Metan). Y en fin, mucho mucho más.

¿Y a ustedes cuáles les gustaban más?

FIN



*Nota de 2015: Creo que sólo recientemente Hora de Aventura ha podido alcanzar a este show en cuanto a niveles de imaginación y emociones.

viernes, 21 de agosto de 2009

Neostalgia II


Las series animadas que vimos en los 80 pueden ser clasificadas según el público al que iban dirigidas. En esta entrada hablaré de las series de acción. Estas series son un género en sí mismas: no son de superhéroes, aunque sus protagonistas están cerca de serlo.


Todas tienen más o menos el mismo esquema:

  • Las series combinan elementos de ciencia ficción (tecnología futurista, extraterrestres, robots, viajes por el espacio) con elementos de fantasía (magia, espíritus, demonios).

  • Son sobre equipos de héroes que luchan contra las fuerzas del mal. En estos equipos siempre hay un negro o una mujer (o ambos), lo que es la novedad de la época (the token character).

  • Cada héroe tiene una habilidad y personalidad característica, así que todos son valiosos y cada uno de ellos tiene por lo menos un episodio en el que es el protagonista.

  • El equipo de héroes tiene una o más mascotas chistosas para darle comic relief a los niños. Por lo general, dichas mascotas son insoportables para los televidentes más grandes.

  • El villano es excéntrico, con una apariencia que busca ser memorable, a la vez que macabra. Suele ser de lo mejor de la serie.

  • Por lo general no hay una "galería de villanos" como las que tienen los superhéroes, sino un sólo grupo de villanos trabajando para el mismo líder de siempre. Hay excepciones, sin embargo.

  • En cada episodio el villano intenta un nuevo plan rebuscado que fracasa, tipo "rayo congelador" o "rayo encogedor". A veces el villano parece triunfar al final del capítulo; entonces éste termina en "Continuará" y el villano es derrotado en el capítulo siguiente.

No todas estas series fueron buenas, sino que muchas eran imitaciones de las imitaciones de las series que tenían éxito. Es decir Thundercats rifaba, entonces salían Los Halcones Galácticos y al final Los Tigres del Mar. Las Tortugas Ninja produjeron Moto-Ratones de Marte y Tiburones del Asfalto. Y así suscesivamente.

Pero algunas de estas series eran simplemente geniales. Cuando veo Thundercats le descubro siempre cosas nuevas que cuando era niño no podía apreciar, como la complejidad de algunas historias y la forma en que se conjugan los diversos elementos mitológicos. Pero veo otras series que me gustaban mucho, como Dinoplatívolos y ¡uay! me saca de onda semejante ñoñez. Eso sí, como placer culpable no tiene desperdicio.

Ahora sí, con las series. No las voy a describir, porque ustedes ya las conocen y me limitaré a decir lo mucho que me gustaban:

Capitán Planeta: Rifaba bien chido, aunque no se acuerden. A veces por la moraleja conservacionista daba hueva a algunos niños, pero a mí me encantaba. Había unos capítulos bien cañones. En uno se hablaba se SIDA y en otro el primo de Linka moría por consumo de drogas. Por Capitán Planeta aprendí sobre el conflicto árabe-israelí y que tanto musulmanes como judíos honraban a Abraham. También supe de los líos en Irlanda del Norte. Hubo una historia de distopía sobre la superpoblación y los gobiernos totalitarios, ejemplificada con ratones antropomorfos, y que me traumó mucho.




Claro, el Capi en sí era un ñoñazo: le tiraban lodo y ya no podía seguir jugando. Los planetarios eran la jugada. Sí, eran todos valientes y luchaban y se partían la madre. Eran personajes interesantes, con pasados difíciles. Poco importa que sólo al gringo y a la soviética le concedieran ser de un país concreto (y había tensión sexual entre ellos, qué interesante). Y Linka... ¡Linka, yo te amo! Por cierto, un joven prometedor llamado Al Gore trabajó como consultor en esta serie, mire usté...

El Capitán Planeta frustró los planes de más de un villano...


Teenage Mutant Ninja Turtles: Es una de ésas que, viéndolas en retrospectiva, eran medio ñoñas. Las Tortugas casi nunca daban un golpe de verdad, y los villanos eran vencidos de formas tontas. ¡Pero qué importa! Era muy divertida. Miguel Ángel era mi tortuga favorita, por razones por demás obvias. Bibopp y Rocoso me daba mucha risa. Del sensei Splinter provenían chorros de sabiduría. Además, sólo por la locochonada de tener ninja tortugas adolescentes mutantes que comen pizza, valía la pena ver la serie. Sheredder el Destructor rifaba aunque pareciera un rip-off de Darth Vader. La canción rulea y debe ser una de las mejores canciones de esa época. Los videojuegos, además, eran de lo mejor. Y por si fuera poco, gracias a las Tortugas participé en mi primera marcha de protesta...







He-Man and the Masters of the Universe: Tiri tititi, tirí titititi, tirí titititi, ti-rín. No hay nadie más macho que He-Man; no sólo es Él-Hombre, sino que se llama Adam (Adán, pues). He-Man era súper, los personajes que lo rodeaban muy divertidos y locochones. El escenario, Eternia, es un mundo digno del mejor pulp. ¡Por el Poder de Greyskull! Juajuajua. Skeletor era un villanazo, de los mejores que nos dieron los 80. Orco me parecía muy simpático, hoy no lo tolero. Lo malo son las moralejas que siempre querían dar al final. No importa, He-Man era todo un despliegue de imaginación y por ello vale la pena.




En los 80, esto era considerado masculino

She-Ra, Princess of Power: Y no podemos hablar de He-Man sin mencionar a su versión con tetas. Mejor que su contraparte masculina y con más aventuras locochonas. She-Ra la tenía más difícil. Para empezar, por lo que se insinuaba en la serie, Hordak era más malvado y poderoso que Skeletor y mientras que He-Man sólo tenía que impedir que Skeletor conquistara el Castillo Greyskull, She-Ra trataba de liberar su mundo del poder de Hordak. Además, tenía que enfrentar los prejuicios de que nadie la tomara en serio por usar faldas tan cortas.







Transformers: ¡Son autos! ¡Son robots! ¡Son autos que se convierten en Robots! ¿Cómo no quieren que a un chico le encante? Optimus Prime es un líder por el que lanzarías a la batalla. Megatrón es otro de los grandes villanos. Y... ya, no me gustaba mucho entonces, ahora la aprecio un poco más.





The Real Ghostbusters: Mi favorita. Los Cazafantasmas eran la neta del planeta. De chico quería ser un cazafantasmas. Su diseño de monstruos, casi lovecraftiano, superaba por mucho cualquier espectro que hubiera aparecido antes en televisión. La música era fenomenal. Los personajes, entrañables. Estaba repleto de referencias a mitología, literatura y cultura pop. Una cantante de rock ochentero era una banshee, el Jinete sin Cabeza andaba en motocicleta por Manhattan, un hombre construye una pirámide para mandar sus tesoros a la otra vida. Sí, es cierto, al final la serie chafeaba, sobre todo debido al despido del escritor Michael J Staczynski (creador de Babylon 5, geeks), pero eso no quita que hubiera momentos gloriosos. Porque la verdad, si hay algo raro en tu vecindario, ¿a quién vas a llamar?







Bravestarr: Quizá lo mejor de la serie era el caballo 30-30 y su bazuca Sara Juana. Bravestarr era una serie muy extraña, una especie de western futurista (y mucho antes de Cowboy Beebop, que es mejor, pero no tan simpático). Lo genial es que el sheriff Bravestarr era un nativo americano, con poderes que le había otorgado un shaman, algo inusual para las caricaturas de ese entonces.







The Super Powers Team, Galactic Guardians: Ok, los Superamigos pasaron por etapas muy ñoñas (empezando por el nombre de la serie). Primero teníamos que aguantar a unos superniños con su supermascota y después a los insufribles gemelos fantásticos. Pero en los 80 la cosa se puso buena, principalmente porque tenían que competir con otras series. Aquí ya no salían todos los superhéroes a rescatar a un niño atorado en un elevador... ¡No! Aquí se aparecía la Legión de la Maldad (que sigue siendo el arquetipo de un grupo de gente muy mala) y el villanísimo Darkseid. Aquí los superhéroes no aparecían al final de cada segmento enseñando manualidades, sino partiéndose la madre. Y recuerdo un capítulo especial en el que hay una plaga de hombres-gato, que cuando rasguñan a otros los convierten en hombres-gato. ¡Me moría de miedo! Al final, sólo Batman y El Dorado (!?) no eran hombres-gato. ¡Y esto fue mucho antes de Marvel Zombies!



G.I. Joe: No me gustaba entonces. No me gusta ahora. ¡Siguiente!

Thundercats: Ahora sí, la mejor de su tipo, el non plus ultra de serie ochentera. Una mitología elaborada y propia, mezcla de ciencia-ficción y fantasía, personajes que fueron evolucionando a lo largo de la serie. ¿Qué puedo decir que no haya dicho Tork? Ésta es una serie que aún hoy veo y digo "wow". Claro, hay momentos ñoños, y capítulos malos y repetitivos y la animación a veces chafea, pero ¡vamos! eran los 80. Thundercats eran supremos en ese entonces, y lo sigue siendo. (¿Sabían que la voz de León-O en español mexicano la hacía Víctor Trujillo?) Feel the magic, hear the roar!





Y al que no le guste, se puede ir a freír tapioca


En el siguiente post, hablaré de series de otros géneros.

martes, 18 de agosto de 2009

Neostalgia

Una generación nostálgica


Me decidí a hacer esta entrada porque ya vi que eso de los textos nostálgicos es muy taquillero, y porque sé que si no lo hago yo, lo hará él.


Los nacidos a finales de los 70 y en los 80 somos una generación inusualmente apegada a los productos de cultura pop de su época, principalmente a las caricaturas con las que crecimos. Somos una generación nostálgica; "neostálgica", me dijo alguien, queriendo decir que somos jóvenes que prematuramente se pusieron a añorar mejores tiempos, algo que antes sólo hacían los viejitos.


¿De dónde viene la neostalgia? Parece ser que es producto del ritmo vertiginoso con el que cambia el mundo. Generaciones anteriores sentían que el mundo de su vejez era muy distinto al mundo de su juventud. A a nosotros nos tocó experimentar la sensación de que el mundo de nuestra adolescencia era muy distinto al mundo de nuestra infancia, y que el mundo de nuestra veinteañerez era muy distinto al de nuestra adolescencia.




Esto se aplica también a nuestras fábulas. Generaciones anteriores crecían con las mismas fábulas que después les entregaban a sus hijos. Como eran fábulas que se transmitían de forma oral o a través de libros, uno a lo largo de toda su vida podía volver a ellas. Ya fueran los cuentos de hadas que se conocen por todo el mundo occidental, o tradiciones específicas de una región, estas narraciones pasaban de una generación a otra, y abuelos, padres e hijos crecían con las mismas. Pero nuestras fábulas nos fueron dadas a través de la televisión y el cine. Crecimos con ellas y luego nos fueron arrebatadas de golpe.


Por todo esto, no es extraño que en todo grupo de jóvenes de no mucho más de 30 años, tarde o temprano la conversación derive en hablar de caricaturas ochenteras y neventeras. Y es que esas caricaturas nos marcaron de una forma inédita. Llegaron a ocupar un lugar inamovible en nuestro imaginario, y todavía las recordamos pensando "ésas si eran buenas". Como maestro, he incluso escuchado a mis alumnos de 15 años recordar con añoranza las caricaturas que veían "antes". Lo bueno es que ahora nuestras fábulas ya están accesibles en DVD o en la web, pero por muchos años sólo nos quedó el recuerdo.


Nuestras caricaturas


Las caricaturas de los 80 fueron muy especiales, no sólo porque nosotros crecimos con ellas, sino porque marcaron el inicio de una nueva era. La llamada Edad de Oro de la Animación se dio hasta los años 40. Después de eso, hubo una cierta Edad Oscura. Si uno se fija en las caricaturas hechas antes de los 40 y las que se hicieron entre los 50 y los 70, podrá ver que estas últimas tienen una mucho menor calidad de animación y una misma fórmula que se repetía hasta la locura. Los 80 fueron el inicio del Renacimiento.




Antes, las caricaturas y casi todos los programas eran para toda la familia. Como había pocos canales de TV y pocos televisores en los hogares, padres e hijos de reunían a ver Los Picapiedra o Mi bella genio, y ya cuando los chiquillos se iban a dormir, pasaban los programas para adultos, principalmente noticieros. En los 80 se empezaron a especializar: había programas para los muy chiquitines (Muppet Babies), para las niñas (My Little Pony), para los niños (Pato Aventuras), para los preadolescentes (Thundercats) y así sucesivamente. Estos programas eran muy buenos. En muchos de ellos participaron animadores japoneses, lo que revolucionó la animación americana. Los que después serían escritores reconocidos en el medio del cómic o la TV trabajaron en la creación de historias novedosas y originales.


Y así surgieron muchos shows memorables. Shows que capturaron nuestra imaginación, personajes que odiamos y admiramos (y que nos dieron nuestras primeras fantasías sexuales), música que nos llenaba de entusiasmo, momentos que recordaríamos por siempre. Sí, nuestras caricaturas eran algo especial y una prueba de ello es la fiebre de adaptaciones cienmatográficas que se está dando en Hollywood. Pero, ¿qué les pasó?


Si uno mira los 80 y los 90 podrá ver una gran diferencia en el tipo de caricaturas que se hicieron en ambas décadas. En los 80 hubo series épicas de acción y aventura. A partir de la segunda mitad de los 90 se le dio preferencia a la comedia basada en lo absurdo. Las series de acción y aventura se olvidaron y casi se extinguieron. ¿Por qué?


Les diré por qué. Tres palabras: Caballeros del Zodiaco (hoy los otakus consideran que usar ese título es de nacos y prefieren Saint Seya). Caballeros del Zodiaco se atrevía a cosas que Thundercats o He-Man no osaban: había muertes, sangre, violencia y destrucción. Y más importante: había continuidad. En las series americanas el conflicto se debía resolver en un capítulo, o dos a lo mucho, si era un caso especial. En Caballeros del Zodiaco el conflicto se resolvía a lo largo de toda la temporada.


Caballeros del Zodiaco abrió el camino para las series japonesas: Sailor Moon y sobre todo Dragon Ball, llegaron poco después. Sí, claro, antes vimos series como Astroboy, Fuerza G y los dramones Remy y Candy Candy, pero ni cuenta nos dábamos de que eran japonesas (por lo menos yo no). Y el caso es que las series de acción ochenteras americanas, al no poder competir con las japonesas, se fueron quedando en el olvido. Entonces surgieron las comedias: Ren y Stimpy, La Vida Moderna de Rocko, El Laboratorio de Dexter, Las Chicas Superpoderosas... y demás caricaturas que provenían el recién llegado sistema de cable, como las de Cartoon Network y Nickelodeon.




Pero fuera de la violencia y la continuidad ni Caballeros del Zodiaco ni Dragon Ball, eran ni de cerquita tan buenas como Thundercats y Los Cazafantasmas, y si León-O se hubiera atrevido a darle una estocada a alguno de los mutantes, esta serie se llevaría de calle a cualquier animé chaqueto que le pongan en frente.


En el siguiente post hablaré con más detalle de las mejores series animadas de los ochentas. No se lo pierdan.

jueves, 13 de agosto de 2009

¿Qué está mal en esta imagen?

Ésta es una pintura del artista canadiense David Nicholson (nacido en 1970). Se cataloga como arte kistch. ¿Qué está fuera de lugar en esta imagen? Fíjense bien, hasta en los detalles más chicos. El que le atine se gana un chocolate.


Si saben la respuesta, esperen a los demás, para que traten de adivinarla.

miércoles, 12 de agosto de 2009

¿Por qué no llueve?

"Estuvo lloviendo toda la tarde
el campo está fresco, muy verde y fragante"*




Estamos en época de lluvias, aquí en Yucatán. Y sin embargo, no llueve. Recuerdo que no hace muchos años épocas de lluvia significaba torrenciales aguaceros todas las tardes, muchos bichitos revoloteando por todas partes, y sapos y ranas saliendo después de su letargo bajo el jardín, que se ponía de un verde vigoroso. Ahora pasan semanas sin llover, hace calor hasta en la noche, no recuerdo la última vez que oí croar a un batracio y mi jardín está más muerto que Michael Jackson. La cosa no es sólo local: parece ser que el país está enfrentando una de sus peores sequías. La imagen favorita de los medios: el cadáver de una vaca famélica en un suelo árido y erosionado.



Pero, ¿por qué no llueve? No hace mucho la National Geographic dio una explicación muy sencilla: el cambio climático. Para explicarlo, echaré mano de mis dibujitos de quinto de primaria. Verán, cuando el planeta está saludable y las cosas son como debieran ser, pasa lo siguiente:





Llueve, luego sale el sol, con cuyo calor se evapora el agua y sube de nuevo a la atmósfera. Aquí la humedad se condensa, se forman nubes y vuelve a llover. Y así el ciclo se repite por siempre.





Con el cambio climático ocurre otra cosa. Los lugares cálidos son más cálidos que antes. La humedad en aire y suelo sube hasta la atmósfera, pero ahora hace demasiado calor para que se condense. Entonces sucede que la humedad se va a zonas más frías, en donde sí puede condensarse y entonces ahí llueve. En otras palabras, toda nuestra lluvia se fue a climas más fríos, que está recibiendo lluvia de otros lares, lo que provoca que haya inundaciones allí y sequías acá.


Comprobadísimo está que el clima está cambiando y todo a punta a que nosotros tenemos la culpa. Pero el punto es que, como pueden ver, afecta nuestras vidas...


*Una canción de Cri-Crí

viernes, 7 de agosto de 2009

¡Dinosaurios al ataque!

Y si creyeron que las tajertas de los marcianos estaban locochonas, éstas les van a sacar mucho de onda. Resulta que las tarjetas de Mars Attacks fueron un éxito, pero eso mismo les logró persecución por parte de la censura y fueron retiradas de circulación. Sin embargo, las tarjetas se convirtieron en artículos de colección, y más aún de culto, y su popularidad y legendareidad aumentaron con los años.


Luego llegó esa época de oscurantismo conocida como "Los Ochenta", en la que la censura valía madres y las generaciones vueltas de Vietnam se habían vuelto locas y se ponían a hacer cine gore. Por esos días, la compañía Topps, creadora de Mars Attacks, decidió sacar al mercado una nueva colección de tarjetas que fueran dignas sucesoras de la popular serie de los 60. El resultado fue Dinosaurs Attack, que se puso más gore y más loca que su antecesora. Sólo denle una ojeada.



La cosa es así: unos científicos están haciendo un extraño experimento en el espacio con tecno bla bla, cuando por un espantoso accidente, traen al mundo actual todas las formas de vida del mesozoico.


Las cuales, desde luego, enseguida se ponen a destruir todo lo que encuentran.



Los dinosaurios bien podrían ir a la selva a comer elefantes, pero prefieren irrumpir en las ciudades para comerse a los niños y secuestrar a las maestras cachondas. (¿Ya notaron que los dinosaurios tienen pulgares?)



Hasta los dinosaurios más veganos se vuelven zombis carnívoros indestructibles.


Como siempre, la destrucción de Washington es señal del fin de la civilización humana.



No hay que perder la tradición.



Jajajajajajajajajajajajajajajaja.



Ah... Los Ochenta...


¡Hora del recreo!



Sin palabras


Jurassic Park. Je.


El texto del reverso de la carte dice una genialidad: "Se me apareció en un sueño un sauriano, un dinosaurio evolucionado y benévolo y me dijo que la diferencia entre los dinosaurios y nosotros es que nosotros entendemos la diferencia entre el bien y el mal, porque tenemos alma y hemos agregado significado cósmico a la lucha del bien contra el mal"



Comienza el contraataque.



Para que quede que nuestras bestias actuales no son nada comparadas con los grandes saurios.


Damisela en peligro.



Lo peor es que al parecer todos los dinosaurios están unidos en su odio contra la humanidad.


¡Y llegan los trilobites! Todos sabemos que la carne humana les encantaba a estos horrendos gusanos prehistóricos.


¿Y esto a qué venía?



Pero la cosa se pone mejor... ¡Cuando se aparece el dios-demonio de los dinosaurios!



Pero la sexy científica con aretes de estrella logra revertir el efecto y los dinosaurios vuelven a su era.



Ahora sólo nos queda reconstruir nuestro mundo.


Tim Burton quería hacer una película de estas tarjetas, pero después del estreno de Jurassic Park dejó de lado la idea. En vez de eso, hizo Mars Attaks! Se ven diferencias entre las tarjetas de los marcianos y las de los dinosaurios. Aparte de ser mucho más gory, las de los dinosaurios están hechas con un sentido irónico: sabían que estaban haciendo mierda. Por cierto, no resultaron exitosas. Pueden ver la colección completa aquí.


Y... Fin.

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