miércoles, 28 de octubre de 2009

La casa de los originales monstruos (Conclusión)

¡Alto! Antes de leer esta entrada necesitas leer la primera parte y la segunda.


Y llegamos a la última entrega de esta serie. Repasemos la influencia que han tenido estas películas en la cultura pop. La más obvia está en el Halloween. Estas películas aportaron la imaginería de la Noche de Brujas. Antes, ésta incluía fantasmas, brujas y calabazas; las pelis de horror de Universal agregaron a los hombres-lobo, a los vampiros, a los frankensteins y a las momias. Vayan a cualquier tienda de decoración, y véanlo ustedes mismos.


Desde que estas películas aparecieron en los 30, los monstruos que las protagonizaron parecen haber entablado una relación que duraría por siempre. Véanlo en parodias y homenajes: donde sale uno, salen todos. Piensen en películas como Scooby-Doo y la escuela de los monstruos, El escuadrón anti-monstruos y hasta la vomitiva Van Helsing (¡maldito seas, Stephen Sommers!). Además, estas películas parecen venir por rachas: los estudios empiezan refritando (¿refríendo?) alguna como Drácula o Frankenstein y se entusiasman y siguen con todas las demás: después de la serie Universal en los 30, hubo la de la Hammer Films en los 50 y la de Coppola en los 90, y ya se viene otra racha de Universal para la próxima década.


Pero basta de choro, vamos a lo bueno:


MENCIÓN HONORÍFICA: Fenómenos (Freaks, 1932) de Tod Browning



Si esta película estuviera en la competencia, con mucha facilidad subiría hasta el segundo lugar. Es más, estoy seguro de que muchos de ustedes argumentarán que esta cinta debe estar en el primero. ¿Por qué no está en la competencia? Tiene mucho en común con las otras películas de esta lista: blanco y negro, un director consagrado en el género, monstruos que son las víctimas... etcétera, etcétera. Pero a) No tiene un escenario gótico, b) no la produce Universal, y c) LOS MONSTRUOS SON REALES.


Sí, señores, esta película fue realizada no con actores ni maquillaje, sino con fenómenos de circo reales. Verán, Tod Browning (a quien recordarán como el director de Drácula) trabajó en un circo ambulante durante su juventud, y además era un loco morboso obsesionado con la deformidad. Por ello, sabía muy bien de lo que hablaba cuando se decidió a hacer esta película.


La historia es, como se dijo, sobre unos fenómenos de circo. El hombre fuerte, Hércules, y la trapecista estrella, Celopatra, formulan un complot para seducir y asesinar al enanito del circo y quedarse con su cuantiosa herencia. Y ya no les cuento qué pasa para que vayan corriendo a verla.


En su momento causó escándalo y se convirtió en una de las películas más censuradas de la historia. Cuenta la leyenda que el impacto de esta película ocasionó que una mujer sufriera un aborto en el cine. Los censores obligaron a Browning a cortarle pedazos por aquí y por allá, que por desgracia se han perdido. Aún así, la cinta es perturbadora como muy pocas, y no es extraño que sólo haya podido ser apreciada por su calidad sino hasta 30 años después de su estreno. Sólo quiero agregar que es una cinta excelente, a pesar de la mutilación que le hizo la mochez.



Y ahora, el primer lugar...


Fanfarrias por favor....


¡Chan-chan-chan!



NÚMERO UNO


La Novia de Frankenstein (The Bride of Frankenstein, 1935) de James Whale, con Boris Karloff, Colin Clive, Elsa Lanchester y Ernest Thesiger



Lo chido: ¡TODO! Después del éxito de Frankenstein y El Hombre Invisible los productores estaban tan extasiados que le dijeron a Whale, ¡haz lo que quieras! Y él hizo lo que quiso. No es ésta una película de estudio, sino un filme de autor. No es una película de horror, sino una obra maestra del cine. Considerada una de las mejores 100 películas de la historia y, junto a El Padrino II y El Imperio Contraataca, la única secuela que supera a la original.


¿Por qué es tan chingona esta película? Vamos por partes. La historia: aunque sigue sin ser realmente fiel a la anécdota narrada en la novela, sí lo es a su espíritu. El monstruo es un ser mucho más empático que en la primera entrega, y lo vemos vagar por un mundo que lo odia y que lo persigue. De hecho, había una escena, que fue censurada, en la que el monstruo se topa con un crucifijo de tamaño natural y, al creer que Jesús es un perseguido como él, trata de bajarlo de la cruz. Es más, hay una escena en la que prácticamente se repite el calvario y la crucifixión de Cristo. Al pobre monstruo no se le permite tener ni un momento de paz. James Whale era abiertamente gay, algo inusitado para la época, y como tal, sabía muy bien lo que significa ser "el otro", el perseguido, el marginado, y traslada muy bien este sentimiento a la pantalla.


No sé si fue a propósito o por pura casualidad, pero esta película parece seguir la simbología del Tarot: a lo largo de la cinta vemos aparecer al Ahorcado, al Diablo (tanto un diablillo en miniatura, como el diablo encarnado en la figura del Dr. Pretorius), al Ermitaño, a la Muerte, al Rey, a la Reina, al Mago (el Dr. Frankenstein), los Amantes, etcétera, para culminar con una gloriosa Torre Fulminada.


No faltan las ligeras blasfemias (especialmente cuando se compara el trabajo de los científicos locos con la obra del Dios creador), el contenido gay (que no digan que Pretorius no lo es) y demás elementos ocultistas y de alquimia (como los homúnculos).


El reparto y los personajes son insuperables: Karloff se la rifa de nuevo como el monstruo, Clive se supera como Frankenstein y Thesigier por poco se roba la película como Pretorius. Además, el papel de Elizabeth es interpretado ahora por Valerie Hobson, cien veces más guapa y mejor actriz que la que actuó en la primera parte. Elsa Lanchester hace el doble papel de Mary Shelley y de la Novia, un toque simplemente genial.




Esta peli lleva al extremo los elementos bizarres que hacen a este género tan encantador. La cinta empieza en una noche tormentosa de principios del siglo XIX (con vestuario apto para la época), en la que Percy Shelley y Lord Byron escucha deleitados lo que la joven Mary tiene que contarles: la historia de Frankenstein. Después nos trasladamos a una época no específica (podría ser principios del XX o finales del XIX) en la que transcurre la historia... pero de repente Pretoruis saca ¡un teléfono! y te quedas WTF?



La fotografía es sumamente expresionista, no sólo en cuanto a iluminación, sino en cuanto a los extravagantes ángulos de cámara (varios años antes de la revolucionaria Ciudadano Kane), que incluye el novedoso plano holandés.


La escenografía es fantástica, con cementerios góticos, densos y oscuros bosques, una torre imponente y un laboratorio lleno de tubos de ensaye, pipetas que burbujean, foquitos brillantes y cosas que hacen "pip". Los efectos especiales son asombrosos, sobre todo en la parte de los homúnculos.




En fin, podría seguir diciendo y diciendo maravillas de esta película, pero es mejor que ustedes la vean y opinen por sí mismos.


Lo chafa: El humor queer de Whale puede sacar de onda a algunos ceñudos, en especial por la actuación de Una O'Connor, también conocida como "Esa-pinche-vieja-gritona".


Las frases:

"Amo a los muertos, odio a los vivos."
"¿Usted hacer hombre como yo?" "No. Mujer."
"Ustedes vivan. Nosotros pertenecemos a la muerte."
"¡POR UN NUEVO MUNDO DE DIOSES Y MONSTRUOS!"


Y.... fin. Disfruten estas películas y luego cuéntenme qué les parecieron.

viernes, 23 de octubre de 2009

La casa de los originales monstruos (Parte II)

Seguimos con la cuenta regresiva de las mejores películas de horror clásico de Universal Pictures (ver primera parte), pero antes de pasar a la número cuatro de nuestra lista, revisemos una mención honorífica:


MENCIÓN HONORÍFICA: El monstruo de la Laguna Negra (Creature from the Black Lagoon, 1954) de Jack Arnold, con Ben Chapman y Ricou Browning



Esta película a menudo se incluye entre la serie de horror clásico de Universal, como las colecciones de DVD's, y en parafernalia como muñecos o afiches. Lo cierto es que esta película tiene en común varios elementos con el horror clásico de los 30 y 40: blanco y negro, un diseño de la criatura que se volvió icónico y un monstruo que, en una segunda lectura, se revela como la verdadera víctima de una tragedia más que como el depredador de una cinta de horror.


Pero también es cierto que este film tiene más en común con el cine de ciencia-ficción de los 50 que con la racha original. De entrada, entre esta película y la segunda más reciente de la lista, El hombre lobo, hay 14 años de diferencia. Luego está el título, más acorde con la extravagancia cincuentera que con la sencillez de los 30 (piénsese en los títulos de otras películas de la época, como The Thing from Another World o Invasion of the Body Snatchers). Además, aquí no hay un escenario gótico (la película transcurre en el Amazonas), el monstruo no es de origen sobrenatural sino de ciencia-ficción (es algo así como de una rama evolutiva perdida), no hay ambigüedad sobre la época en la que se desarrolla el film, y un largo etcétera.


Pero, si fuéramos a incluir esta peli en la lista, se deslizaría fácilmente entre los cuarto y quinto lugares. ¿Por qué? Porque esta es una excelente película, con muy buenas actuaciones, una dirección de cámara sobresaliente (sobre todo en tomas submarinas), un manejo del suspenso excepcional, una fotografía fantásica y, sobre todo, una conmovedora historia sobre un "monstruo" que ve su hogar invadido de pronto por unos extraños que quieren acabar con él. No se pierda de vista la erótica escena del baile acuático entre la criatura y la bella Julie Adams (¡me caso!)


CUATRO: Frankenstein (Frankenstein, 1931) de James Whale, con Boris Karloff y Colin Clive


Lo chido: James Whale era un maldito genio. Por ello, no se extrañen de que tres de sus películas estén en los primeros cuatro lugares de esta lista. Frankenstein es una maravilla, una tragedia, una historia de horror gótico, un relato de blasfemia, locura y muerte. Boris Karloff es magnífico en su papel como el monstruo y Colin Clive como el doctor Henry (sic) Frankenstein imprime la megalomanía que requiere el papel. Los escenarios góticos son encantadores, al igual que la ambigüedad cronológica. La imagen del monstruo se convirtió en el ícono que siempre acompañaría el nombre Frankenstein y en esta película se le da al doctor un asistente jorobado (Fritz, no Ygor, ése aparecería hasta la tercera película de la saga). Asimismo, por primera vez se relacionó a Frankenstein con la energía eléctrica. Finalmente, uno no puede dejar de sentir una inmensa compasión por el monstruo; la escena en la que por primera vez sale a la luz es hermosa: la criatura es como un bebé.


Lo chafa: La poca, casi nula fidelidad que la película tiene al libro. El hecho de que en vez de Victor tengamos a Henry, indica que los guionistas no leyeron ni la solapa. La actuación de Mae Clarke es terrible.


La frase: "¡Está vivo! ¡Esta vivo! ¡Ahora sé lo que se siente ser Dios!"


TRES: El hombre invisible (The Invisible Man, 1933) de James Whale, con Claude Rains



Lo chido: Esta película no es sólo la única de la serie de Universal que le es realmente fiel al libro original (de HG Wells), sino que incluso, a mi gusto, lo supera. La virtud más obvia de esta película son sus maravillosos efectos especiales. Uno no los creería. Películas más recientes no tienen NADA que presumirle a ésta. El hombre invisible no sólo sujeta objetos en el aire, sino que se viste frente a un espejo, monta una bicicleta e incluso se fuma un cigarro. De hecho, los efectos especiales eran tan fregones que fueron secreto de los estudios durante mucho tiempo.


Detalles técnicos aparte, está la increíble actuación de Claude Rains como Jack Griffin, el científico que se vuelve invisible. Lo conocemos deseperado por encontrar una cura a la trampa en la que se metió, pero las intervenciones constantes de campesinos incultos lo exasperan y lo hacen estallar en ira. A partir de entonces, vemos (o no vemos) a Griffin descender hacia la locura y convertirse en un asesino serial. De hecho, el hombre invisible tiene el honor de ser el monstruo de Universal que más gente mató en una sola película. Por lo demás, es una excelente cinta de suspenso al igual, como de costumbre, que un drama en el que nada puede acabar bien.


Lo chafa: El sentido del humor tan queer de James Whale (que era orgullosamente gay), a veces parece un poco fuera de lugar.


La frase: "¡Nadie lo vería venir! ¡Nadie lo vería ir! ¡Podría robar, violar, matar! ¡Un hombre invisible puede dominar el mundo!"


DOS: El hombre lobo (The Wolf Man, 1941) de George Waggner, con Lon Chaney Jr y Claude Rains




Lo chido: La tragedia de horror por excelencia, la mayor virtud de esta obra descansa en el extraordinario guión del inteligente Curt Siodmack. Es la historia de un buen hombre, Larry Talbot, que regresa a casa después de la muerte de su hermano mayor. Larry nunca tuvo una buena relación con su padre y en su pueblo natal es visto como un extraño indeseable. Para colmo, es mordido por un hombre lobo (Bela Lugosi, por cierto). Larry no sabe si de verdad se está convirtiendo en monstruo o si está loco y debe enfrentarse a la hostilidad de los vecinos y a la condescendencia con la que lo trata su propio padre. Poco a poco, la historia se convierte en una tragedia griega: a Larry le es anunciado que matará a sus seres más queridos, y él hará todo lo posible por evitar la profecía lo que, de forma por demás fatídica, lo lleva cumplirla...


El guión es singularmente original porque, a diferencia de la mayor parte de las películas de este género, en la que la trama se concentra exclusivamente en el monstruo, Siodmack nos presenta a personajes verosímiles, que enfrentan problemas reales (en especial referidos a las relaciones humanas) y por momentos se nos olvida que estamos viendo una película de hombres lobo y nos sumergimos en las subtramas. Las excelentes actuaciones, tanto de Chaney, como de Rains y en especial de Maria Ouspenskaya (Maleva, la gitana), hacen de esta cinta un clásico. Los efectos especiales de la tranformación Larry en licántropo son sobresalientes.


Lo chafa: El guión original de Siodmack pretendía dejar en duda si Larry en verdad se convertía en monstruo o si sólo se estaba volviendo loco. Los productores dijeron que era más cool que se convirtiera en lobo sin lugar a dudas, lo que no está nada mal (de lo contrario, no tendríamos un clásico), pero con la reescritura del guión se colaron algunos elementos de la trama original lo que derivó en ciertas inconsistencias en el producto final.


La frase: "Aún el hombre bueno de corazón que reza sus plegarias por las noches puede convertirse en lobo, cuando el acónito florece y la luna de otoño brilla plena"


NOTA HISTÓRICA: Fíjense que, con excepción de Laguna Negra, El hombre lobo es la película más tardía de la serie. Para esos años, los Universal Studios habían cambiado de propietario y las reformas no se hicieron esperar. El cine de horror dejó de ser prioridad para la empresa, que rebajó las películas del género a la serie B. Después, a lo largo de los 40, Universal Studios siguió produciendo pelis de terror con las características mencionadas en el post anterior, pero que eran terriblemente malas, en su mayoría secuelas interminables de los éxitos originales y pastiches ridículos como Frankenstein contra el hombre lobo (que incluye un número musical, por Dios), que ya nada más veían los freaks (como yo). Tan malas se habían puesto las cosas que estas películas ya eran sólo parodias de sí mismas y el golpe final lo dio Abbott y Costello contra los fantasmas (1948), en la que los famosos comediantes se enfrentan a los tres grandes monstruos de Universal. En esta película Lon Chaney Jr hizo del hombre lobo y Bela Lugosi (por segunda y última ocasión) se puso la capa del Conde, pero Karloff ya estaba harto del monstruo y su papel fue interpretado por Glenn Strange.



Curiosidades: A Bela Lugosi le fue ofrecido hacer del monstruo de Frankenstein (1931), pero el maquillaje no le gustó. Sin embargo, finalmente interpretó este papel en Frankenstein contra el hombre lobo (1943), y por cierto, su actuación creó el estereotipo del monstruo que camina con las piernas tiesas y los brazos extendidos hacia el frente. Lon Chaney Jr también interpretó al monstruo en El fantasma de Frankenstein (1942). Como en El hombre lobo Lugosi interpreta a un licántropo, y en El hijo de Drácula (1943) Chaney intepreta a un vampiro, de cierta forma ambos actores lograron actuar como los tres grandes monstruos de Universal. Aunque Lugosi hizo muchas películas de horror, sólo interpretó a Drácula en las dos ya mencionadas. Otros actores hicieron el papel del Conde en las demás secuelas y pastiches. Los tres monstruos se reunirían en La casa de Frankenstein (1944) y La casa de Dracula (1945), antes de enfrentarse a Abbot y Costello

CONTINUAREMOS en la próxima entrada con el primer lugar y una mención honorífica sorpresa...

miércoles, 21 de octubre de 2009

La casa de los originales monstruos



Anticipándome a la ola de remakes de películas clásicas que se aproxima, y que dará inicio a la siguiente década con el refrito de The Wolf Man, quiero compartir con ustedes algunas impresiones sobre el cine de horror clásico de Universal Pictures e invitarlos a checar estas joyitas del cine si es que no lo han hecho todavía.

En la década de los 30, en un Hollywood azotado por la Gran Depresión, y en un mundo con locos fascistas brotando por todas partes, surgió una corriente cinematográfica que ha dejado huella en la historia. Se trata de el horror clásico de Universal Pictures, heredero directo del cine de horror expresionista alemán. Estas películas, producidas a lo largo de los 30 y principios de los 40, tienen en común ciertas características que las definen como un género:


  • Blanco y negro. Es lo básico.

  • Fotografía heredada del cine expresionista alemán, es decir, que utiliza los efectos de iluminación como elementos estéticos y dramáticos.

  • Atmósfera gótica, que contribuyó definitivamente a la imaginería del cine de terror y a la decoración de Halloween: castillos, caserones, abadías, lunas llenas, cementerios, bosques tenebrosos, neblina, callejones oscuros, etcétera.

  • Adaptaciones muy, muy, muy libres de clásicos de la literatura de horror.

  • Apariencia de los monstruos diseñada por Jack Pierce, y a menudo muy distinta de la descrita en la fuente literaria, que se convertiría en la imagen definitiva asociada con ellos: Drácula con larga capa y cara lívida, el monstruo de Frankenstein con la cabeza plana y tornillos en el cuello, etcétera.

  • Ambigüedad temporal y/o anacronías: la ambientación es una mezcla del siglo XIX y de la era moderna: lo mismo hay carretones y antorchas, como automóviles, teléfonos y lámparas de mano. Lo mismo campesinos de apariencia medieval y aristócratas de ciudades cosmopolitas.

  • Cualidad artística que va más allá del cine de horror; por eso han sobrevivido al tiempo.

  • Aunque la mayoría de estas películas fueron producidas por Universal, al mismo tiempo se hicieron otras por distintas casas productoras que, sin embargo, copiaban su estilo.

  • El monstruo como personaje trágico más que como villano malvado.

Y ahora, mi Top Ocho de las mejores películas de horror de Universal Pictures:


OCHO: La Momia (The Mummy, 1932) de Karl Freund, con Boris Karloff



Lo chido: Olvídense de esa mamada con Brendan Frasier, ésta es la onda. Boris Karloff se luce como Imhotep, el hechicero egipcio redivivo, que busca a su amada Anhk-es-en-Amon (y no Anaxunamún, para hacérsela fácil a los tontos). Ella ha reencarnado en la joven hija de una mujer egipcia y un diplomático inglés. Claro, a diferencia del churro de Sommers, no te cuentan toda la historia desde el principio, sino que hay que irla descubriendo a lo largo de la peli. Además, ésta es una historia de amor que va más allá de la muerte, no de un vaquero gringo estúpido salvando al mundo de una momia mala que es mala porque sí (porque no es gringa). Argh, pero no quiero hablar del remake, sino de esta hermosa historia de amor en la que, claro, están mezclados algunos asesinatos y maldiciones, que sólo el poder de los dioses egipcios pueden detener. Y por supuesto, la fotografía es magnífica.

Lo chafa: Se repiten muchos elementos de Drácula, del año anterior, y Edward Van Sloan prácticamente repite su papel de Van Helsing en esta película. Por momentos es casi como si sólo hubieran cambiado al vampiro por una momia y a Transilvania por Egipto. Vamos, hasta la música inicial, "El Lago de los Cisnes" se reutilizó.

La frase: "Mi amor por ti ha durado más que los templos de nuestros dioses"


SIETE: La Hija de Drácula (Dracula's Daughter, 1936) de Lambert Hillyer



Lo chido: Todavía considerada como una de las mejores películas de vampiros jamás realizadas, cuenta con las excelentes actuaciones de Gloria Holden como Marya Zaleska (la vampira) y de Irving Pichel como Sandor (su siniestro secuaz que la sirve por la promesa de vida eterna). Marya no es hija de Drácula, sino que fue trasnformada en vampiro por él. Tras la muerte del Conde (ver Drácula) Marya espera verse libre de la maldición, pero no es así. Ésta es la primera película en la que el vampiro sufre su condición de no-muerto y ansía encontrar la paz. Además, hay homoerotismo lésbico, lo que siempre es un plus. La fotografía es increíble, totalmente expresionista: en esta peli Londres se ve más tenebroso que nunca.

Lo chafa: Hay algunos momentos bastante sosos, especialmente en cuando al comic relief, muy ñoño hasta para la época. El personaje masculino principal es bastante antipático. Y hay una subtrama tan ingenua que no puede dejar de dar risa: Marya pretende curarse del vampirismo ¡consultando a un psiquiatra!

La frase: "Mírame a los ojos. ¿Qué ves?" "Muerte"


SEIS: Drácula (Dracula, 1931) de Tod Browning, con Bela Lugosi



Lo chido: La primera película de terror sonora... La actuación de Lugosi es in-su-pe-ra-ble. El tipo es simplemente magnífico. Su voz, sus gestos, sus movimientos... todo es sencillamente perfecto. Bela Lugosi es Drácula, punto. Y Edward Van Sloan como Van Helsing es brillante. El duelo de voluntades que sostiene con Drácula a lo largo de toda la película es memorable. Por cierto, la película esta cargada de simbolismos y es quizá, en su carga semiótica, que radica sus mayores cualidades. La ambientación es fabulosa, la dirección de cámara es muy bien cuidada y su calidad fotográfica todavía se aprecia, incluso en copias dañadas por el tiempo. Hay una carga de erotismo velado que Browning supo colar en el film a pesar de la censura. Además, esta peli introdujo en el imaginario de Drácula muchas frases, ausentes de la novela original, que después serían repetidas en prácticamente todas las versiones posteriores, como "Yo nunca bebo... vino" o "Hijos de la noche, ¡qué música ejecutan!" o "Para alguien que no ha vivido ni una sola vida, es usted un hombre sabio, Van Helsing".

Lo chafa: La censura y el poco presupuesto que le dieron a esta película la llenan de pifias. Toda la acción se circunscribe a unos pocos escenarios. El murciélago en el que se transforma Drácula es más falso que un billete 3.50 y nunca vemos al hombre lobo (alguien se limita a decir "¡hey, hay un lobo en el patio!"). La censura no permitía que aparecieran en pantalla ratas o moscas, así que en el Castillo Drácula hay ¡armadillos y abejas! WTF?

La frase: "Morir, realmente estar muerto... ¡Cuán glorioso debe ser!"


MENCIÓN HONORÍFICA: Drácula, versión en español (1931)


El cine sonoro era algo nuevo y planteaba un problema para los productores: ¿qué harían con el mercado latinoamericano? El subtitulaje no existía y el doblaje no estaba muy bien avanzado. ¿Qué hacer para no perder ese público? La respuesta fue: producir un versión en español de la película. Así, después de que el equipo de Tod Browning terminaba de filmar sus escenas, otro equipo, compuesto por puros hispanos, usaba el set y hacía las mismas escenas. El resultado: una película que, para muchos, supera a la versión original.

¿Por qué se dice que la supera? Bueno, por varias razones: 1) Después de que el equipo de Browning terminaba y le tocaba el turno al equipo hispano, ellos, que habían visto la filmación, se decían "nosotros podemos hacerlo mejor"... y lo hacían. 2) No fueron perseguidos por la censura: a los censores gringos no les importaba lo que se exhibiera más allá de sus fronteras, por ello, esta versión es más sensual y eroticona. 3) Muchas escenas que habían sido editadas de la versión original permanecen aquí.

Con todo, yo no diría que la versión en español es mejor, aunque sí tiene cosas mejores. Uno de sus defectos es el ritmo de la película, que se pierde por largos momentos en esta versión. Además, Carlos Villarias, que hace del Conde, no es la mitad de bueno que Bela Lugosi. Eso sí, Lupita Tovar como Mina (o Eva) rompe corazones.

Anécdota curiosa: el reparto estaba compuesto por actores españoles, mexicanos, argentinos y de otras nacionalidades, todos con acentos y formas de pronunciar muy diferentes y evidentes. El productor, que como buen gringo no sabía ningún otro idioma más que el inglés, no percibía la diferencia y preguntaba que cuál era el maldito problema. Entonces alguien dijo "Lo que hay que hacer aquí es hablar la lengua de Cervantes", a lo que el productor respondió "No se diga más, tráiganme a ese tal señor Cervantes de inmediato". Hoy en día los productores de Hollywood son más o menos así de cultos.

CINCO: El Hijo de Frankenstein (Son of Frankenstein, 1939) de Rowland V Lee, con Boris Karloff, Bela Lugosi y Basil Rathbone



Lo chido: Wolf von Frankenstein llega al viejo castillo de su padre para encontrarse con que la criatura a la que su progenitor dio vida, sigue por allí... Tener a Karloff y a Lugosi en escena es ya un lujo. Esta película lleva al extremo la estética del expresionismo. La fotografía y el diseño de producción son mejores incluso que en sus dos antecesoras. Además, esta película aprovecha para aclarar algunos malos entendidos que el público tenía de las dos anteriores. Y se corrigió el nombre del doctor Frankenstein de Henry a Heinrich (que sigue sin ser el de la novela, pero por lo menos ahora te crees que se trata de un suizo alemán). Tiene diálogos geniales, algunos bastante profunditos. Lionel Atwill como el Inspector Krogh y, sobre todo, Bela Lugosi como Ygor se roban la película. Los mismos personajes son expresionistas. Prácticamente sin fallas y simplemente estupenda.

Lo chafa: Después del sublime desenlace de La Novia de Frankenstein parece que sobra esta película, además de que aquí el monstruo pasa a un segundo plano, casi como un objeto de utilería, y no tiene, ni de cerca, la complejidad que tenía en la anterior.

La frase: "¿Está insinuando que esta cosa es mi hermano?"


lunes, 19 de octubre de 2009

Películas de miedo

Uy, uy, uy. Me encanta el cine de horror. No es que me gusten muchas películas de terror, sino que las que me gustan me gustan mucho. Y es que una buena película de miedo tiene que ser, ante todo, una buena película. No hay dos estándares; no se le debe permitir a la película de miedo cosas que se condenan en películas "serias". Deben tener buenas actuaciones, buenos guiones, coherencia, buenas realizaciones. Permítanme compartir algunas reflexiones sobre este cine que me gusta tanto.


Miedo y espanto



De entrada debo decir que el miedo producido por una buena obra de arte no es algo que cualquier simplón pueda sentir. Así como no caulquier inepto emocional puede conmoverse con una tragedia de Shakespeare y no cualquier pelagatos puede reírse de una comedia de Woody Allen, no cualquier simplón puede sentir miedo del buen cine de horror.


Le pondré un ejemplo sencillo. Usted puede espantar a un perro haciéndole "¡Buh!", pero no puede causarle temor leyéndole pasajes de El pozo y el péndulo de Egar Allan Poe (su cuento más aterrador, a mi gusto). De la misma manera, una película puede asustar a un incauto haciendo que un zombi maquillado aparezca de pronto en primer plano al mismo tiempo que suena un "chan-chan-chan". El incauto saldrá del cine diciendo "Órale, qué buena peli, me espantaron muchísimo". Pero ese mismo incauto será incapaz sentir miedo cuando un buen director destila lentamente el suspenso y crea la atmósfera apropiada a lo largo de toda la duración del filme.


Hay que tener en claro lo siguiente: una idea asusta más que un sobresalto. Una buena película de terror te deja pensando en ella toda la noche porque plantea una idea escalofriante. Hacer aparecer a un monstruo de pronto es muy fácil; mostrar escenas de tortura y mutilación es muy fácil. Pero meter en tu cabeza una idea espantosa que no te dejará tranquilo por las horas siguientes es un verdadero logro. Lo mismo en literatura: por eso Poe, Maupassant, Machen y Lovecraft son tan grandes.


Alguien me preguntaba cómo un libro podía darme miedo, si no me puede asustar porque sólo estoy leyendo. Es decir, que no puede llegar y hacer "¡buh!". Esa persona nunca podrá entender el buen cine de terror. Como aquel cuate al que hice ver El silencio de los inocentes y dijo después que Destino final estaba mejor porque las muertes estaban más chidas. ¡No mamar!


Por lo anteriormente expuesto, creo que las mejores películas terror no son las que más "espantan" ni las que muestran más sangre. De hecho, el gore no me gusta; me marea y desagrada. A mi gusto, las dos mejores películas de terror son El bebé de Rosemary (Roman Polansky, 1968) y El Resplandor (Stanley Kubrick, 1980). Ésas no son sólo buenas películas de miedo, sino que son grandiosas películas. Punto. No dan miedo porque salgan criaturas deformes o porque veamos a alguien serrucharle la cabeza a otra persona. Dan miedo porque tratan de temas universales e intemporales que nos producen terror: la maldad y la locura.




Películas de horror que no dan miedo


De todos modos puede darse el caso de que una buena película de terror, con el paso de los años, deje de dar miedo. Es natural: cada generación parece ser más insesible y menos impresionable que la anterior. Claro, hay algunas películas, como las dos antes citadas, que a pesar de los años siguen produciendo escalofríos (lo mismo de algunas obras literarias con más de cien años de antigüedad), lo que da cuenta de su grandiosidad. Pero son pocas las que alcanzan estos logros y son rápidamente dejadas atrás (outdated lo expresa muy bien).


No obstante, éstas fueron, antes que películas de miedo, muy buenas películas, y aunque ya no espantan, las seguimos admirando por su cualidad artística. Mis pelis de terror que no dan miedo favoritas empiezan con los clásicos del cine mudo: El gabinete del Doctor Caligari (Robert Wiene, 1920) y Nosferatu (FW Murnau, 1922) son joyas del cine, al igual que la magnífica El fantasma de la ópera (Rupert Julian, 1925) con el inigualable Lon Chaney, el hombre de las mil caras. Caligari es mucho más surrealista y locochona que muchas películas posmó pretenciosas y mamonas.




Luego viene la era del cine de terror clásico hollywoodense, del que me extendí en otro post. Algunas de mis pelis favoritas son Dracula (Tod Browning, 1931), Frankenstein y la insuperable Novia de Frankenstein (James Whale, 1931 y 1935), y la tragedia de horror por excelencia, El Hombre-Lobo (George Waggner, 1941). Todas son películas geniales, aunque ya a nadie le den miedo.




En los 50 se mezcló el terror con la ciencia-ficción y la paranoia de la Guerra Fría. Algunas películas maravillosas de esa época, que sorprenden por lo chidas que resultan, son: La Cosa (1951), El monstruo de la Laguna Negra (1954) Los usurpadores de cuerpos (1956), La Mosca (1958) y La Mancha Voraz (1958). Otra de mis pelis favoritas de miedo de esa época es La casa de la colina embrujada (1959). ¡Y cómo olvidar las clásicas de Hammer Films! Frankenstein (1957), Drácula (1958) y La Momia (1959), todas ellas con dos grandes del género: Christopher Lee y Peter Cushing.




Los 60 nos dieron a clásicos como Psicosis (1960) y Los Pájaros (1963) del súper genio Alfred Hitchcock. Ese señor sí que sabía cómo manejar el suspenso y tenerte en la orilla del asiento. Roger Corman produjo por esas fechas varias adaptaciones de obras de Poe, de entre las que destaca La máscara de la Muerte Roja (1964), con el maravilloso e inmortal Vincent Price. Pero la peli que marca la década es una de mis top ten: La noche de los muertos vivientes de George Romero. Magnífica película, oh sí.




Películas de horror que sí dan miedo


Ya a estas alturas empiezan a aparecer películas de terror que todavía dan miedo, como El Exorcista (1973) de William Firiedkin y La Profecía (1976) de Richard Donner.

Luego llegó la generación post-Vietnam, directores especializados en el género que a finales de los 70 y durante los 80 hicieron algunas joyas. Aquí sí hay mutilaciones, torturas y mucha sangre, pero combinadas con cine bien hecho. La masacre de Texas (Tobe Hooper, 1974), Halloween (John Carpenter, 1978), El despertar del diablo (Sam Reimi, 1981) y Pesadilla en la calle del infierno (Wes Craven, 1984) rulean, sobre todo la penúltima, una de las mejores pelis de terror que se han hecho jamás.



En los 90 se hicieron algunas pelis de terror que trataban de rescatar la atmósfera de los clásicos. Así tenemos el Drácula de Francis Ford Coppola (1992), Frankenstein de Kenneth Branagh (1994) y Sleepy Hollow de Tim Burton (1999), todas ellas producidas por Coppola y muy buenas películas, aunque no dan, ni de cerca, tanto miedo como las grandes obras que se hicieron más de una década antes. Una peli muy subestimada de esos años es El proyecto de la Bruja de Blair (1999).



En los últimos años el cine hecho fuera de Hollywood ha dado muchas joyitas, de entre las que me gustan especialmente las de zombis 28 días después de Danny Boyle (2002) y Rec (2007).



El cine de terror seguirá evolucionando. Veremos ir y venir diversas tendencias y rachas. Aún queda mucho por descubrir y disfrutar. Y a ustedes, ¿qué pelis de miedo les gustan?

jueves, 15 de octubre de 2009

De los simploncitos

¿Saben quiénes me desespera? Bueno, un rechingo de gente. Pero ahora estoy pensando en los simploncitos. Los simploncitos, emparentados con los tontitos y a menudo cruzados con ellos, son las personas que tienen una visión del mundo exasperantemente simplista. Los simploncitos tienden ver al mundo de forma maniquea, es decir, con sólo dos polos: blanco y negro, bueno y malo, izquierda y derecha, así y asá.


Un ejemplo de simploncito lo tenemos en mi ex-jefe, también conocido como El-tipo-religioso-que-se-volvió-loco. Vean este tipo de razonamientos:



JEFE: ¿Le has hablado a tu hijo sobre el Diablo?

YO: Bueno, en realidad, yo no creo en el Diablo...

JEFE: ¡Ah! ¿Entonces no existen el bien y el mal?


Aquí tenemos un ejemplo del simploncito del tipo religioso. De entrada niega que puedan existir concepciones del bien y del mal diferentes a las que dicta su religión. También identifica el bien y el mal con dos polos extremos e inequívocos: Dios y el Diablo. Claro, ser un simploncito permite no tener que pensar mucho en cosas de profundidad tal que han hecho doler la cabeza a algunas de las personalidades más brillantes que han existido. Ser un simploncito debe ser muy cómodo.




A menudo me topo con simploncitos del tipo político. Por ejemplo, en mis constantes despotriques contra el capitalismo actual, nunca falta quien responda "Ah, pues el comunismo está peor, porque blah, blah, blah". ¡Como si criticar las injusticias e inequidades de los modelos económicos contemporáneos equivaliera a defender al comunismo! ¡No, señores! ¡Criticar a las grandes corporaciones no equivale a defender el régimen de Mao! ¡Señalar la desigualdad y la pobreza no significa añorar los tiempos de la Unión Soviética!



Pero los simploncitos así lo entienden. Es más, tienen una respuesta prefabricada para todo: "Nadie huye de un país capitalista a uno socialista". Se trata de una frase hecha. Los simploncitos, incapaces de crear argumentos, discuten utilizando frases hechas porque es más cómodo. Esta frase me la presentó una chica cuando le presenté la Guía Para Capitalistas Malvados del Dr. Doom. Como se ve, en ningún momento de esta presentación se hace apología del comunismo (además de que es una pinche caricaturización, no un argumento serio), pero eso no impidió que la chica arremetiera con la frase hecha.



En una crítica al libro Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano, un gringuito conservador, de ésos que alardean todo el tiempo de ser conservadores, esgrimió la frase hecha en contra de la obra reseñada. Para los que no lo conocen, el libro de Galeano es una historia de América Latina que se centra en la explotación de que ha sido víctima esta región del mundo por parte de las potencias imperialistas. El tipín que escribe la reseña ignora la denuncia que hace Galeano de las atrocidades que gringos y europeos han cometido en nuestros pobres países y se limita a decir "Nadie huye de un país capitalista a uno socialista". He ahí un simploncito que además emite sus opiniones en público.



Un ejemplo reciente lo encontramos en uno de los comentadores de este humilde bló. Entre los comentarios a esta entrada, aparece el muy atinado de Karate Pig:



Tengo mis dudas, pero creo que en una sociedad en la que para subsistir tienes que competir, simplemente no puedes ser libre.



A lo que el simploncito respondió:



Me imagino que entonces te llaman la atención las ideas comunistas, si estás en contra de la competencia. No veo por qué la competencia pueda limitar la libertad, pero te puedo decir que en Cuba, donde no hay competencia, la gente tiene menos libertades que en México y sus opciones prácticamente no existen.



Creo que poco tengo que agregar al respecto y que lo que trato de expresar queda claro. No quiero dejar de mencionar a aquellas personas que siempre dicen que no hay que criticar a Calderón, porque con el Peje estaríamos peor. ¡¿Pero qué tiene que ver?! ¡Criticar a Calderón no significa apoyar al Peje! Tampoco significa invocar al Peje para que dé un golpe de Estado. Significa exigir que el presidente haga bien su trabajo. Pero un simploncito no puede entender esto.




Ejemplo clásico de la forma de pensar de un simploncito del tipo político, en este caso un gringo. El gringo simplón entiende que las críticas de Michael Moore a la administración Bush equivalen a promover el socialismo. Y no sólo su ideología es simplista, sino que su humor es bastante simplón.


Ah... ¡pero creyeron que me iba a quedar con los simploncitos derechosos, ¿verdad?! ¡Pos no! Los simploncitos izquierdositos me exasperan de igual forma que los derechosos. Si uno dice "Bueno, no hay pruebas de que la elección del 2006 haya sido fraudulenta", lo tachan de fascista. Si no reconozco al Peje como líder de la izquierda nacional, pos no soy de izquierda. Recuerdo las abominaciones cometidas por Stalin y Mao, y de cerdo capitalista no me bajan.



Si Calderón deshizo a Luz y Fuerza del Centro, pues hay que solidarizarse de forma absoluta con esta institución, aunque hubiera mucho que criticársele, pues Calderón es "malo" y sus enemigos son "buenos". Una persona nada simplona rebatiendo los argumentos de los simploncitos es Denise Dresser en este artículo. Y tampoco se trata de aplaudir sin miramientos las decisiones dictatoriales del pelele, ¿eh? Se trata de analizar cada asunto desde sus diferentes aristas, nunca quedarse con una explicación facilona y un posicionamiento inmediato y cómodo. El mundo es más complicado de lo que piensan los simploncitos.



En fin, hay en el mundo todo tipo de simploncitos, ¿cuál es su favorito?

martes, 6 de octubre de 2009

Pero... ¡Es tu presidente!


Entre mi querida hermana mayor y yo hay 6 años de diferencia. No sé si eso basta para que haya una brecha generacional, pero lo cierto es que tenemos muy diferentes formas de ver el mundo. Por ejemplo, yo creo que la pobreza es resultado de un modelo socieconómico injusto que no permite la movilidad social ni proporciona igualdad de oportunidades. Ella opina que los pobres son pobres porque quieren, ya que hay muchos ejemplos de personas que nacen en la pobreza y llegan muy lejos. Yo le respondo que aquellos son ejemplos extraordinarios, y que no debería ser necesario que una persona fuera extraordinaria para salir de la pobreza... La discusión seguiría y no llegaríamos a ningún lado.


Hacía un chiste muy grosero sobre el presidente y ella se ofendía y me decía que lo tenía que respetar porque "Es tu presidente". Discusión sin final.


Hoy recibí de mi hermana una carta en cadena de un tal señor Zuzunegui, titulada "Masiosare: ¿Un extraño enemigo?" que parte de la premisa de que los mexicanos "estamos como estamos, porque somos lo que somos", es decir, que nuestra jodidez endémica se debe a nuestra idiosincracia: somos perezosos, corruptos, irresponsables, ardidos, etcétera. En fin, cosas muy ciertas con las que en general estoy de acuerdo.


El problema es cuando el señor Zuzunegui plantea lo siguiente. En negritas está lo que dice la cadena, y en blancas mis comentarios. Esta carta expresa mucho de lo que mi hermana cree y por ello la pongo aquí.


El presidente de TODOS los mexicanos (aunque hayan votado por otro partido) se llama Felipe Calderón. El señor se fue a una gira por Europa que tuvo bastante éxito y en la que desde luego nos dejó mucho mejor parados que su antecesor. En esta gira hubo cosas interesantes, se promovió al país, se le dio buena imagen, se dio confianza al inversionista.


Felipe Calderón fue electo por más o menos un tercio de la nación, lo que significa que dos terceras partes de este país no lo quería como presidente. Pero ni hablar, así funciona la democracia. El problama es que Calderón no gobierna para TODOS los mexicanos, sino para sus seguidores. Calderón gobierna como si TODOS los mexicanos pensaran igual que él y estuvieran de acuerdo con sus acciones y medidas. Adopta una postura de "Ah, pos ya soy presidente y se chingan". En vez de reconocer la diversidad social, política, ideológica y religiosa del país, busca imponer su estrecho criterio. La democracia no es el gobierno de las mayorías, de ser así, la mayoría católica de este país podría imponer su religión a los demás. La democracia implica consenso, negociación (admitiendo que no se puede tener contento a todo el mundo), que cada sector de la ciudadanía sea representado. El gobierno de Calderón representa sólo a unos cuantos, ni siquiera a los ingenuos que votaron por él, e ignora al resto de la población.


Pero las noticias en México le dieron más importancia a los berrinches del Mico Mandante Chávez. Calderón, representante de todos los mexicanos, habló de unidad en Latinoamérica por encima de izquierdas y derechas. Mico Mandante Chávez no perdió oportunidad para arremeter en su contra, insultarlo y burlarse de él y por tanto, del pueblo de México.


Desde que el autor habla de "el señor" Felipe Calderón y se burla de Chávez, queda muy claro que su texto no es para nada imparcial. También queda claro que él votó por Calderón. Pero bueno, puede irle a quien quiera irle. Cuando Calderón habla de la unidad por encima de izquierdas o derechas, habla de una unidad falsa, impuesta. Cuando Calderón llama a la unidad, lo que quiere decir es "cállate y hazme caso". Llama a ignorar las diferencias y a abrazar incuestionablemente sus proyectos y su ideología. Llama a la izquierda a olvidar su izquierdosidad y a unirse (¿someterse?) con la derecha. Quien cuestione al presidente es un mal mexicano que quiere dividir al país.


Chávez es un fantoche entrometido que nada tiene que decir en contra de los gobernantes de otros países. Eso que ni qué. Pero yo no me siento ofendido cuando insultan a Calderón, ni creo que el que alguien insulte al presidente de México implica insulto para todo el país. Esa noción de que el presidente es MI presidente y por lo tanto una especie de figura sagrada tan propia de nosotros como la Bandera y la Virgen (que tampoco considero sagradas, por cierto) pertenece a una etapa de una historia (la dictadura priista) que creí que habíamos dejado atrás.


Fox era muy malo para la diplomacia, terrible; pero lo que le hizo Castro de grabarle conversaciones y publicarlas es una canallada, digna eso sí, de un dictador senil. Los diputados y senadores de la oposición fueron al monumento a José Martí a colocar una ofrenda al pueblo cubano en desagravio.. ., ¡y nuestro agravio... ¿qué?!


A mí no me agaraviaron. Fox insultó a un jefe de Estado para complacer a Bush y eso estuvo muy mal, sea quien fuere el otro presidente, refleja la lambisconería y torpeza de Fox. Una persona descubre a otra cometiendo un robo, y se le acusa al primero de andar espiando al segundo: es ridículo. Nada tiene que ver que uno sea MI presidente y el otro el presidente de otro país.


Precisamente cuando este suceso ocurrió tuve una discusión con mi hermana el respecto. Ella decía que debía estar del lado de MI presidente, y no de un extranjero. Yo le respondí que eso no importaba, sino quién tenía la razón. Le cité a Aristóteles: "Soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la Verdad". Me contestó "Aristóteles era gay" y se acabó la discusión.


sábado, 3 de octubre de 2009

Test: ¿tienes derecho a conmemorar el 2 de octubre?

Hola, amigos. Hoy les propongo un test para ustedes que usan el féisbuc, mejor que aquéllos de "¿qué tipo de eructo o flatulencia eres?". Ahí les va.



¿Tienes derecho a conmemorar el 2 de octubre, en especial participar en marchas y gritar consignas por la calle y portarte con mucha intensidad y así?

  1. ¿Conoces bien los orígenes, causas, consecuencias y desarrollo de los hechos del Movimiento Estudiantil del 68?
    a) Sí
    b) No

  2. ¿Conoces bien los hechos de la noche del 2 de octubre de 1968?
    a) Sí
    b) No

  3. ¿En tu vida has hecho algo para contribuir a la transformación del país (¡hay muchos caminos para hacerlo!) que sea algo más que hacer bulto en las marchas?
    a) Sí
    b) No

Si no tuviste tres "SÍ", quédate en tu casa, lee, infórmate, estudia, prepara estrategias, entabla diálogos y después sigue con la lucha. De lo contrario, no eres de mucha ayuda y sólo estás cagando la banana.

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