sábado, 26 de diciembre de 2009

¡Golpeen a los niños!

Mi padre me envía casi cada semana cartas en cadena de aquéllas en las que los tiempos pasados eran mejores. Ni quien lo culpe, el santo varón tiene 60 años. ¡Pero de verdad cómo me irrita esta forma de pensar! Eso de "en tiempos pasados" lo viene diciendo la gente desde Sócrates. ¡Patrañas! Los tiempos cambian; las cosas son distintas, algunas son mejores, otras son peores y la GRAN MAYORÍA sigue igual.


Muchas de estas cartas en cadena se centran en el tema de violencia. No en eso de "En mis tiempos no había tanta violencia", argumento que se cae por tierra cuando uno les recuerda las Cruzadas. Sino en eso de "En mis tiempos no éramos tan maricones como para asustarnos por la violencia".


Va un ejemplo de la cadena más reciente enviada por el venerable autor de mi existencia:


Escenario: Francisco y Marcos se dan unos puñetazos después de clase.

Año 1969: Los compañeros los animan, Marcos gana. Se dan la mano y terminan siendo colegas.

Año 2009: La escuela se cierra, TV Azteca proclama el mes antiviolencia escolar. El periódico Reforma dedica cinco columnas al asunto y Televisa manda a Loret de Mola a transmitir su noticiero durante una semana desde a la puerta del colegio.


Independientemente de la no muy ingeniosa caricatura que se hace de las televisoras nacionales, la cadena idealiza la lucha física entre dos varones: no sólo es algo normal, sino que es algo positivo. "En mich tiempoch loch muchachoch nos agarrábamoch a golpech y no pachaba nada malo" Dile eso a tu hermanito, papá, muchachito pendenciero como él solo hasta que alguien le sacó el ojo (y no digo "se lo pinchó", sino que se lo sacó de la cuencua) en una riña de cantina cuando era apenas un adolescente.


Creo yo que estamos en un mundo más civilizado si creemos que eso de entrar a los golpes debe evitarse a cualquier precio. Pero de todos modos éste no es el escenario, pues aunque en el discurso la violencia física es reprobable, en la realidad las cosas no han cambiado, porque los muchachos siguen rajándose la madre y a nadie le importa un pito.


Ahora, veamos el argumento preferido de los viejos cascarrabias que piden a gritos su cocol y un cambio de pañal: ¡Hay que golpear a los niños! Los viejos creen que TODO el mal de los tiempos modernos (desde Al Qaeda hasta Michael Jackson, RIP) proviene del hecho de que ahora los padres no golpean a los hijos.


Escenario: Luis rompe el cristal de un coche en su colonia; su padre saca el cinturón y le pega unos buenos latigazos con él.

Año 1969: Luis tiene más cuidado la próxima vez, crece normalmente, va a la universidad y se convierte en un hombre de negocios con éxito.

Año 2009: Arrestan al padre de Luis por maltrato a menores. Sin la figura paterna, Luis se une a una pandilla. Los psicólogos convencen a su hermana de que el padre abusaba de ella y lo mantienen en la cárcel de por vida. La madre de Luis se enreda con el psicólogo. Adela Micha abre la final de Big Brother con un discurso relativo a la noticia.


Escenario: Disciplina escolar

Año 1969: Haces un relajo en clase. El profesor te mete dos zopapos. Al llegar a casa tu padre te arrea otros dos.

Año 2009: Armas un relajo en clase. El profesor te pide disculpas. Tu padre demanda al profesor y a ti te compra una moto para que se te olvide el disgusto.


No olvidemos que todo esto pretende ser chusco, y dudo que el vejete que escribió la carta piense realmente que un LATIGAZO haga la diferencia entre los buenos hombres (representado como hombre de negocios exitoso, chequen eso) y los malos. Lo que sí me parece obvio es que el vejete piensa que HAY QUE GOLPEAR A LOS NIÑOS (y que los psicólogos son gente perversa: los vejetes les tienen pavor a los psicólogos).


Vean cómo idealiza el castigo físico: funciona a la primera. La otra opción, la de los maricones (somos maricones porque no golpeamos a los niños) deriva en una serie de problemas sociales. Aclaro que no estoy totalmente en contra de una eventual nalgada, zape o jalón de orejas, aunque deberían evitarse lo más posible, a veces los padres no tienen el tiempo ni la energía para ponerse a terapear a sus hijo, y necesitan que los obedezcan de inmediato. Pero los golpes tampoco son una maldita panacea.


"En mich tiempoch lech pegábamoch a loch niñoch y no había tanta delincuenchia", dice el vejete, como también podría decir "En mich tiempoch lech pegábamoch a lach mujerech y no eran tan putach", que de hecho, también muchos dicen.


Al fin que no sé de qué chingados se quejan si hoy en día, en este país, se sigue golpeando a niños y a mujeres de formas abominables.


Entiéndanlo, vejetes: No es que "sus tiempos" fueran mejores. Es que en ese entonces eran jóvenes, fuertes, sanos y bellos y todo les parecía maravilloso, y ahora que ya tienen zopilotes rondándoles las cabezas todo les es muy feo. De la misma forma alguien que sufre un ataque de migraña puede pensar que todo el mundo es horrible, mientras que alguien que acaba de tener un orgasmo chido canta "Sunshine, lolllypops and rainbows".


"En mich tiempoch jugábamoch yo-yo, balero y trompo, y no como ahora que juegan Nintendo"

"¿Y eso por qué era mejor, señor vejete?"

"¡Porque echo hachíamos en mich tiempoch y mich tiempoch eran mejorech!"

"¿Y por qué sus tiempos eran mejores, señor vejete?"

"Puech porque en mich tiempoch jugábamoch yo-yo, balero y trompo..."


Y así ad infinitum.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Causas y consecuencias

Pues otra vez estoy dando clases de historia en prepa, y mientras algunos alumnos contestan que Napoleón y Lenin fueron los padres fundadores de la Unión Americana, me doy cuenta de que la mayoría no sabe lo que son causas y consecuencias.



No es que no sean capaces de deducir las causas de un acontecimiento o de prever las consecuencias de un suceso, ni digamos ya que puedan entender las relaciones causales entre una y otra cosa. No, el problema es que no saben lo que es una causa ni lo que es una consecuencia. Es decir, no saben lo que significa la palabra "causa" ni lo que significa la palabra "consecuencia".


Empecé a notar esto cuando en el examen parcial les hice dos preguntas: mencionar tres causas de la Primera Guerra Mundial y mencionar tres consecuencias de la Primera Guerra Mundial. Los alumnos me llamaban a sus lugares para hacerme notar que la pregunta estaba "repetida", o sea, que ellos pensaban que causa y consecuencia eran lo mismo. (Y eso que escribí en el pizarrón sendos cuadros con las causas y consecuencias de la 1GM, así como lo hago sobre cualquier tema de historia que explico).


"No." les dije "En una pregunto causas y en otra pregunto consecuencias" y les señalé las palabras en la hoja del examen.


"¿Causa es lo que va primero o lo que va después?" preguntó uno de ellos.


Pero las cosas no se quedaron allí. Cuando revisé sus exámenes me di cuenta de que no sólo ponían consecuencias en la lista de causas y causas en la lista de consecuencias. Si sólo hubiesen intercambiado no habría mayor problema: era sólo que no entendían las palabras, pero tenían la idea... El problema fue que en sus respuestas mezclaban tanto causas como consecuencias en una sola lista.


Verbi gratia: Causas: 1) Querían más territorio 2) 6 millones de muertos 3) Enfermedades. En esta respuesta vemos en la misma lista una causa y una consecuencia (y una mamada que no viene al caso). ¿Qué nos indica esto? Que no hay aquí solamente un problema de ignorancia léxica, sino que los muchachos no tienen el concepto de causas-consecuencias, o sea, fallan en la forma más elemental del pensamiento lógico.


Y luego se preguntan porqué este país está como está.

jueves, 10 de diciembre de 2009

El Estudiante


"Blah, blah, blah, está buenísima", escuché decir a mucha gente, y de hecho, la trama se escuchaba muy interesante: un viejito que decide entrar a la universidad a estudiar Literatura e influye en la vida de todos ahí. Pero esta película resultó ser para mí una terrible decepción.


Empezaré a hablar de lo bueno. La actuación de Jorge Lavat es excelente. Es para pararse y aplaudir. En general, las actuaciones de todo el reparto son muy buenas. Por otra parte, hay momentos muy simpáticos. Además, la banda sonora es muy buena, y la producción y realización son impecables.


El mejor momento de toda la pelicula es cuando los chavos se ponen a leer fragmentos de Don Quijote a los transeúntes. ¡Es magnífico! Demuestra que se puede encontrar gran sabiduría en las obras clásicas de la literatura, sabiduría que podemos aplicar en nuestras vidas. Eso me parece fantástico: una mejor forma de difundir la literatura que todas las conferencias y mesas pánel en las que he participado este año.


Por lo demás, la película es bastante irregular. Oscila entre momentos inspirados y otros irritantes, entre escenas conmovedoras y otras cursis, entre algunas dosis de sabiduría con grandes tsunamis de mochez.


El personaje de Chano, interpretado por Jorge Lavat, es sumamente entrañable y transmite algunos buenos valores a los jóvenes (incluyendo otros personajes y potencial público), como el amor a los clásicos (esta película me recordó que Don Quijote es la onda) y la revalorización de la caballerosidad y el romance que, digan lo que digan los cínicos, hacen que una relación amorosa sea más bella.


Pero por otra parte, me molesta sobremanera que se pretenda que dichos valores están relacionados con las generaciones anteriores, como si todos los viejitos fueran decentes y todos los jóvenes fueran depravados, como si nuestras generaciones hubiesen inventado el sexo premarital, la infidelidad y el consumo de estupefacientes. ¡Por Cthulhu! ¡Que un viejito se indigne porque un chavo le roba un beso a una chica es inverosímil! Nunca dejará de irritarme la eterna mentira moralina de que los vejetes son los buenos y que los jóvenes "están perdiendo los valores". ¡No: hay gente decente y gente corrupta de todas las edades, carajo!


Porque es cierto que si los jóvenes escucharan lo que los experimentados en la vida tienen que enseñarles, se ahorrarían mucas pendejadas y la humanidad progresaría más rápido. Pero también es cierto que a veces a los viejos les toca escuchar a los jóvenes. (¡Si tan sólo los viejos hubieran escuchado a los jóvenes en los 60's!)


Por otra parte, la película es predecible como la madre, moralina hasta el cansancio y estereotipada hasta el culo. Claro: al muchacho que consume drogas le va mal; la chica que tiene sexo premarital se embaraza. ¡¿Cuándo dejarán de jodernos los mochos con esos discursitos!? Chinguen a su madre: en una universidad hay muchos chavos que cogen y se drogan Y NO LES PASA NADA. (Y a los que les pasa no es por drogarse ni coger, sino por no hacerlo con prudecia).


Por cierto, la chica embarazada... ¿Podría abortar? ¡No! ¡Eso es inconcebible! ¿Podría vivir feliz como madre soltera? ¡Jamás! ¡Debe conseguir un padre para la criatura y que así formen una familia tradicional como Dios manda! Carajo, la película parece escrita por Carlos Cuautémoc Sánchez.


En general, la película está bien, si dejamos de lado su irritante mochez. Es adecuada porque podría darle una idea o dos a muchos jóvenes despistados que de otra manera no lsaben nada de la vida, y piensan que, eso sí, todo es drogas y cogederas. Para adolescentes, la recomiendo mucho, pues les hará más bien que daño. Con que uno de ellos, por lo menos, se ponga a leer Don Quijote, esta película ya podrá considerarse un triunfo.


miércoles, 2 de diciembre de 2009

¡Caricaturas ochenteras al rescate!

Trasladémonos a un año oscuro que sirve de puente oscuro entre dos décadas oscuras: 1990. En ese entonces George Bush Sr. gobernaba el Imperio Americano, la Unión Soviética estaba a punto de caer y Michael Jackson parecía inmortal. Ese año Bush se aburrió de matar niños iraquíes y decidió invitar a los niños de EUA a no consumir drogas (Bush Jr. no atendió el llamado, pero sí mató niños iraquíes). Para ello, contó con la participación de las más "grandes" estrellas de la televisión animada de la época. No les voy a quemar los nombres de todos los personajes que aparecen en este corto, sino que dejaré que se sorprendan.


O que vean el póster.

Básicamente, lo que veremos aquí será a algunos de nuestros más amados personajes de la televisión diciéndonos que no debemos drogarnos. Con marihuana. Es difícil imaginar una motivación más ñoña para reunir a nuestros héroes, como si no hubiera problemas más graves por los que estuviera atravesando el mundo o la juventud. Además, el discurso es el típico rollo ultra mocho que sataniza a la marihuana, haciéndola aparecer literalmente como un demonio maligno que corrompe las almas de los muchachitos y arruina sus vidas. Desde un presente en el que la legalización de la cannabis en las sociedades más avanzadas se está convirtiendo en una realidad, la histeria anti-drogas del siglo XX sólo se ve más y más ridícula, en especial viniendo de esos malditos doblecara que son los gringos republicanos.

Además de nuestros héroes de la infancia, el corto contó con la participación del gran actor George C. Scott, que hace la voz del humo de marihuana. Para acabar de amolar, en la versión original el mismo Bush junto con su esposa Bárbara aparecía presentando el episodio. Éste salió al aire el 21 de abril en las cadenas ABC, CBS y NBC.





Algunas consideranciones:

  • ¡Ya dejen Cuento de Navidad en santa paz!
  • Una Tortuga Ninja definitivamente no tiene la autoridad moral para decirme que no me drogue.
Y ahora, una reseña del mayor experto en Neostalgia de la red:





¿Y qué pasó con la chica sexy del sombrero negro? Oh, aquí está:


LinkWithin

Related Posts with Thumbnails