Mi padre me envía casi cada semana cartas en cadena de aquéllas en las que los tiempos pasados eran mejores. Ni quien lo culpe, el santo varón tiene 60 años. ¡Pero de verdad cómo me irrita esta forma de pensar! Eso de "en tiempos pasados" lo viene diciendo la gente desde Sócrates. ¡Patrañas! Los tiempos cambian; las cosas son distintas, algunas son mejores, otras son peores y la GRAN MAYORÍA sigue igual.

Muchas de estas cartas en cadena se centran en el tema de violencia. No en eso de "En mis tiempos no había tanta violencia", argumento que se cae por tierra cuando uno les recuerda las Cruzadas. Sino en eso de "En mis tiempos no éramos tan maricones como para asustarnos por la violencia".
Va un ejemplo de la cadena más reciente enviada por el venerable autor de mi existencia:
Escenario: Francisco y Marcos se dan unos puñetazos después de clase.
Año 1969: Los compañeros los animan, Marcos gana. Se dan la mano y terminan siendo colegas.
Año 2009: La escuela se cierra, TV Azteca proclama el mes antiviolencia escolar. El periódico Reforma dedica cinco columnas al asunto y Televisa manda a Loret de Mola a transmitir su noticiero durante una semana desde a la puerta del colegio.
Independientemente de la no muy ingeniosa caricatura que se hace de las televisoras nacionales, la cadena idealiza la lucha física entre dos varones: no sólo es algo normal, sino que es algo positivo. "En mich tiempoch loch muchachoch nos agarrábamoch a golpech y no pachaba nada malo" Dile eso a tu hermanito, papá, muchachito pendenciero como él solo hasta que alguien le sacó el ojo (y no digo "se lo pinchó", sino que se lo sacó de la cuencua) en una riña de cantina cuando era apenas un adolescente.
Creo yo que estamos en un mundo más civilizado si creemos que eso de entrar a los golpes debe evitarse a cualquier precio. Pero de todos modos éste no es el escenario, pues aunque en el discurso la violencia física es reprobable, en la realidad las cosas no han cambiado, porque los muchachos siguen rajándose la madre y a nadie le importa un pito.
Ahora, veamos el argumento preferido de los viejos cascarrabias que piden a gritos su cocol y un cambio de pañal: ¡Hay que golpear a los niños! Los viejos creen que TODO el mal de los tiempos modernos (desde Al Qaeda hasta Michael Jackson, RIP) proviene del hecho de que ahora los padres no golpean a los hijos.
Escenario: Luis rompe el cristal de un coche en su colonia; su padre saca el cinturón y le pega unos buenos latigazos con él.
Año 1969: Luis tiene más cuidado la próxima vez, crece normalmente, va a la universidad y se convierte en un hombre de negocios con éxito.
Año 2009: Arrestan al padre de Luis por maltrato a menores. Sin la figura paterna, Luis se une a una pandilla. Los psicólogos convencen a su hermana de que el padre abusaba de ella y lo mantienen en la cárcel de por vida. La madre de Luis se enreda con el psicólogo. Adela Micha abre la final de Big Brother con un discurso relativo a la noticia.
Escenario: Disciplina escolar
Año 1969: Haces un relajo en clase. El profesor te mete dos zopapos. Al llegar a casa tu padre te arrea otros dos.
Año 2009: Armas un relajo en clase. El profesor te pide disculpas. Tu padre demanda al profesor y a ti te compra una moto para que se te olvide el disgusto.
No olvidemos que todo esto pretende ser chusco, y dudo que el vejete que escribió la carta piense realmente que un LATIGAZO haga la diferencia entre los buenos hombres (representado como hombre de negocios exitoso, chequen eso) y los malos. Lo que sí me parece obvio es que el vejete piensa que HAY QUE GOLPEAR A LOS NIÑOS (y que los psicólogos son gente perversa: los vejetes les tienen pavor a los psicólogos).
Vean cómo idealiza el castigo físico: funciona a la primera. La otra opción, la de los maricones (somos maricones porque no golpeamos a los niños) deriva en una serie de problemas sociales. Aclaro que no estoy totalmente en contra de una eventual nalgada, zape o jalón de orejas, aunque deberían evitarse lo más posible, a veces los padres no tienen el tiempo ni la energía para ponerse a terapear a sus hijo, y necesitan que los obedezcan de inmediato. Pero los golpes tampoco son una maldita panacea.
"En mich tiempoch lech pegábamoch a loch niñoch y no había tanta delincuenchia", dice el vejete, como también podría decir "En mich tiempoch lech pegábamoch a lach mujerech y no eran tan putach", que de hecho, también muchos dicen.
Al fin que no sé de qué chingados se quejan si hoy en día, en este país, se sigue golpeando a niños y a mujeres de formas abominables.
Entiéndanlo, vejetes: No es que "sus tiempos" fueran mejores. Es que en ese entonces eran jóvenes, fuertes, sanos y bellos y todo les parecía maravilloso, y ahora que ya tienen zopilotes rondándoles las cabezas todo les es muy feo. De la misma forma alguien que sufre un ataque de migraña puede pensar que todo el mundo es horrible, mientras que alguien que acaba de tener un orgasmo chido canta "Sunshine, lolllypops and rainbows".
"En mich tiempoch jugábamoch yo-yo, balero y trompo, y no como ahora que juegan Nintendo"
"¿Y eso por qué era mejor, señor vejete?"
"¡Porque echo hachíamos en mich tiempoch y mich tiempoch eran mejorech!"
"¿Y por qué sus tiempos eran mejores, señor vejete?"
"Puech porque en mich tiempoch jugábamoch yo-yo, balero y trompo..."
Y así ad infinitum.


