martes, 2 de noviembre de 2010

¡Los muertos caminan!

Aprovechando la popularidad de la serie The Walking Dead (y que es Temporada de Brujas), quiero compartirles esta reseña hace tiempo escribí sobre el cómic del mismo título, y que se públicó en la entonces impresa y hoy digital revista Soma.


En los primeros años del siglo XXI la ficción de zombis experimentó un auge que continúa, tanto en el cine (28 Days Later, Rec), como en el cómic (Marvel Zombies) y hasta en la literatura (World War Zombie, Pride and Prejudice and Zombies). Sin embargo, el zombi se ha convertido en un personaje tipo, casi una mera utilería, y la ficción de zombis se ha consumido tanto a sí misma que parece que la única solución decente es la autoparodia (como en la cinta Shaun of the Dead). No obstante una sobresaliente obra del noveno arte le ha dado un impulso revitalizador al género: The Walking Dead.

The Walking Dead es la obra del escritor Robert Kirkman y los artistas Tony Moore (hasta el séptimo número) y Charlie Adlard (del séptimo hasta la fecha) y ha sido publicado por Image Comics desde 2003. El cómic relata las andanzas de un grupo de personas tratando de sobrevivir en un mundo infestado de muertos vivientes.


Lo genial y novedoso de este cómic no se halla en los zombis (que tienen las mismas características que en las películas de George A Romero), sino en el talento narrativo de Kirkman, que se expresa en una excelente construcción de los personajes y un profundo conocimiento de la psicología y la naturaleza humanas. Por ser ésta una obra de largo aliento (la serie continúa hasta la fecha y el creador ha expresado que no tiene deseos de concluirla jamás), pueden en ella explorarse muchos aspectos que por lo general quedan fuera en otros ejemplos de ficción de zombis. Podemos presenciar, por ejemplo, la evolución psicológica de los sobrevivientes a lo largo de semanas, meses y años, y conocer el cambio que se ha efectuado en el mundo y en la civilización humana desde el comienzo de la plaga de zombis.

No se trata de un cómic de horror, ni de una aventura divertida en la que los lectores podemos disfrutar de ver a los personajes matando zombis a diestra y siniestra. The Walking Dead es un cómic maduro, un drama de supervivencia, una obra de terror psicológico y un ensayo sobre la barbarie a la que pueden descender los seres humanos tras la caída de la civilización con sus normas e instituciones.

The Walking Dead es un cómic realista, a pesar del detalle de que los muertos vuelven a la vida y se comen a los vivos. Es realista porque los personajes son verosímiles, tienen personalidades definidas, sufren, lloran, ríen y se lastiman. No se la pasan corriendo de aquí para allá baleando muertos vivientes, sino que los vemos enfrentándose a un sinnúmero de problemas que nada tienen que ver con los zombis. Los conocemos y los vemos desarrollarse; les tomamos cariño y sufrimos cuando mueren. No son héroes de acción, sino personas comunes y corrientes que logran sobrevivir en gran parte debido a la casualidad. Y lo más importante: son personajes con los que uno puede identificarse. Seguramente más de uno de nosotros se ha sentido frustrado porque los personajes de las películas o de las series no actúan de la forma en la que una persona de verdad lo haría, sino de la manera que más conviene al desarrollo de la trama. Ése no es el caso de The Walking Dead; aquí los personajes reaccionan de forma verosímil.


En The Walking Dead no hay héroes ni niños bonitos. Los personajes llevan las huellas físicas y psicológicas de sus desventuras: tienen cicatrices, pierden miembros, enloquecen. Ningún personaje, por más querido y protagónico que sea, está exento de morir en cualquier momento, y lo más probable es que no tenga una muerte digna y heroica que conmueva a todo el mundo, sino un deceso cruel, horrible, súbito y absurdo, como sucede en la vida real. Y es que al leer este cómic uno no puede dejar de pensar: “Sí, así sería. Si el mundo experimentara una plaga de zombis, sería exactamente como en The Walking Dead”. A eso me refiero con decir que es un cómic realista.

Como en toda buena obra de zombis (que no son muchas las buenas, por cierto), aquí el verdadero peligro no son los muertos vivientes, que apenas son algo más que una molestia. La verdadera amenaza son los otros seres humanos. Cuando cae la civilización y las ciudades y caminos se llenan de cadáveres ambulantes, cada quien ve por sí mismo y está listo para luchar y matar con tal de sobrevivir. Por ejemplo, un arco argumental gira alrededor de un grupo de personas que cazan a los forasteros para comérselos y los protagonistas caen en su mira; no deja de ser irónico que en un mundo lleno de zombis uno tenga que preocuparse porque los vivos no se lo coman. Quizá el autor trata de decirnos que el canibalismo, literal o figurado, forma parte de nuestra naturaleza.

La humanidad desciende, así, hasta la barbarie, y los personajes protagónicos no están exentos de sufrir esta transformación. Los vemos cambiar de personas comunes y corrientes, buenos vecinos incapaces de violar la ley, a seres psicológicamente atormentados, moralmente ambiguos y preparados para defenderse de sus enemigos con toda la crueldad y furia que sea necesaria. Los personajes pierden la cordura, borran sus barreras morales y cometen actos atroces como el asesinato, la tortura y la mutilación. Y es que, como dice el protagonista en una ocasión, “Nosotros somos los muertos andantes”.


La mayor fuerza del cómic radica en su carga filosófica y psicológica. Es más, me atrevería a decir que en cuanto a ensayo sobre el descenso de la humanidad hacia la barbarie, The Walking Dead está muy cerca del nivel de obras como El señor de las moscas, El día de los trífidos o Ensayo sobre la ceguera. Así de buena es.

El arte en blanco y negro es simplemente perfecto para esta serie. Tanto Moore como Adlard son artistas talentosos que saben imprimir a la obra el efecto dramático necesario. Kirkman, por su parte, no sólo es un escritor talentoso, sino un hombre amable y accesible que responde cada mes a los correos que le envían sus lectores. The Walking Dead es, sin duda, una obra destinada a convertirse en un clásico de la literatura gráfica.

8 comentarios:

Pancho "el autor" dijo...

Ayer vi el estreno y me pareció muy buena, no lo pensé con las mismas palabras que los describes, pero la verdad es que tienes razón.

Ahora me dedico al spam, checa mi historia de zombies... voy en el capítulo 8... no la actualizo muy frecuentemente, pero no voy a dejar que se muera...

http://livingbeforemidnight.blogspot.com/

Si tienes chance me dices que te parece :D

Ricardo E. Tatto dijo...

Es inédita? No es la que publicaste en Soma???

Ego dijo...

No, nunca salió, fue cuando pasó lo de la bronca con Elfego.

La Diabla dijo...

No me llamaba nada la atencion la serie, por con esta reseña tan deliciosa voy a buscar el comic.

Que bueno que estes de vuelta.

Danielov dijo...

Tu reseña me ha parecido más interesante que la de el Huevo en su momento. Corro a descargarla. :P

Ego dijo...

Sí, les recomiendo mucho el cómic antes de entrarle a la serie.

Ricardo E. Tatto dijo...

Mike, sí salió, en el número 12 de Soma. La separación ocurrió en el 13, así que no es inédita, alcancé a publicarla mi buen.

P.D. Podrías agregar una leyenda: Este texto fue publicado en el número 12 Año 02 de Soma, Arte y Cultura (suena más currriculero)

Saludos!

Ego dijo...

¿De veras? ¡Nunca la llegué a ver! ¿Tienes un ejemplar?

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