jueves, 11 de noviembre de 2010

Sobre héroes y tumbas

En nuestra educación escolar se nos ha enseñado la historia a través de figuras de héroes y villanos. Los primeros eran depositarios de todas las virtudes, y los segundos eran colecciones andantes de vicios. Y esto no solamente en la escuela, sino también en el cine y otros medios, y más concretamente en el cine estadounidense, que es el que sin duda más ha influido en nuestras preconcepciones del mundo.

Al crecer nos damos cuenta de que no existieron tales héroes ni tales villanos, sino que los personajes históricos eran seres humanos con virtudes y defectos. Sin embargo, he notado una peligrosa y lamentable tendencia a pasar al extremo opuesto: de canonizar a unos y satanizar a otros, se pasa a suponer que todos eran iguales, o se cae en un cinismo extremo y se piensa que al fin y al cabo, todos eran la misma escoria, motivados por razones egoístas y mezquinas.




Esto es muy grave, pues se olvida algo muy importante: que hubo seres humanos cuyas acciones estuvieron encaminadas hacia la construcción de una sociedad más justa, y otros cuyas acciones fueron criminales. No es necesario irnos a extremos, pero lo haré para aclarar la situacion: vamos, Gandhi no es igual que Hitler. Y por más que algunos cínicos digan que Hitler ha sido satanizado en exceso porque así le conviene a EUA, y que Gandih ha sido canonizado en exceso olvidándose que era intolerante y hasta agresivo en un contexto más privado, no se puede negar que Hitler mandó a matar a 6 millones de personas, mientras que Gandhi nos dejó una hermosa enseñanza sobre el camino de la paz, que sigue inspirando a los seres humanos a ser mejores.

Pocos personajes, sin embargo, puede considerarse "héroes" de toda la humanidad, como Gandhi, o Martin Luther King. La mayoría son héroes para una nación y villanos para otra, como Napoleón. En una guerra ambos bandos matan a sus enemigos, pero aún así no es lo mismo el que lucha defendiendo la libertad de su pueblo, que el que invade a otro pueblo para sojuzgarlo. Esto lo sabemos bien, y por ello no debe extrañarnos que, aunque pertenecieron a otras naciones y tiempos, se siga recordando con admiración a los espartanos que lucharon en la Termópilas o a los numantinos que prefirieron quitarse la vida antes que caer bajo el yugo de Roma.

Pero aún sin irnos a ejemplos extremos, podemos ver que no todas las acciones humanas a lo largo de la historia son igualmente loables o condenables. Vayámonos con los nazis, a los que se ha convertido en los peores villanos de la historia reciente. Aún entre ellos no es lo mismo alguien como Heinrich Himmler que alguien como Erwin Rommel. Cierto, ambos eran nazis, pero mientras que el primero dirigía un aparato de represión brutal, la Gestapo, y era el encargado de los campos de exterminio, el segundo era un militar que, si mató gente, fue un contexto de guerra, mirando de frente al enemigo, y honorablemente, según los códigos de honor de esa época (es más, Rommel participó en la conspiración para matar a Hitler).




En pocas palabras, no puede negarse que algunos personajes merecen reconocimiento, mientras que otros merecen repudio, y que la mayoría sólo fueron el producto de sus épocas y circunstancias, pero no por ello iguales o neutrales desde un punto de vista ético. De aquellos hombres y mujeres que lucharon por defender a sus naciones, o por crear un mundo más justo, se debe aprender, sin llegar a la idolatría, pues ellos mismos tuvieron defectos y cometieron errores (de los que también se debe aprender). Es pues, para honrarlos y no olvidar las enseñanzas que nos legaron, que les levantamos estatuas, pintamos retratos, hacemos películas sobre ellos y escribimos o leemos sus biografías.




He estado gestando esta reflexión desde hace algún tiempo, motivado por la polémica de las estatuas de los Montejo en Mérida. Al final, después de una primera y apasionada indignación, resolví que no vale la pena hacer tanto coraje por un montón de piedra y bronce. Si Mérida quiere dar esa imagen al resto del país, adelante; quizá las estatuas son acertados símbolos de la ideología local.

Pero los argumentos de quienes defienden las estatuas no dejan de irritarme, no tanto porque puedan ser racistas o despectivos (no lo son, porque no se atreven a serlo, sospecho), sino por su absoluta falta de lógica y coherencia. El argumento más mentado fue el que parodié en la entrada anterior: que los que se quejan de la estatua no son mayas, y por tanto no tienen derecho a indignarse. Es fácil reducir ad absurdum ese "argumento", y responder que para reconocer, denunciar e indignarse por una injusticia no hace falta pertenecer al grupo que la sufre. Es más, añado, una persona con conciencia moral reconoce la injusticia incluso si pertenece al grupo que la comete.

El otro argumento, de los más mentados por aquí y por allá, es que al fin y al cabo en la historia no hubo héroes ni villanos. Algunos dijeron "Ay, sí, como si Benito Juárez fuera un santo." No, pos no lo era, pero tampoco era un asesino de masas, saqueador, torturador y violador. Un simploncito llegó al extremo de decir que como el homo sapiens exterminó al homo neardenthalensis (hipótesis romántica que hace muy buenas ficciones, pero que no está comprobada), entonces todos los seres humanos somos unos genocidas, y da igual ponerle estatuas a quien sea. Repito: no hubo héroes perfectos ni villanos al estilo Disney, pero eso no quiere decir que todos hubiesen sido iguales. De lo contrario, llevando a sus últimas consecuencias ese argumento, ¿por qué condenar a prisión a un criminal? ¿Por qué no condenar a cualquiera, que al fin y al cabo todos tenemos defectos? ¿Por qué otorgarle el Premio Nóbel de la Paz a tal o cual persona? ¿Por qué no dárselo a cualquiera ya que nadie es perfecto?

Otro de los argumentos simplones es que la de Conquista fue una guerra y que en una guerra todos se matan unos a otros. Que igual Gonzalo Guerrero mató gente y también tiene su estatua. Pero yo repito que no es igual el que lucha defendiendo a su pueblo, que el lucha por esclavizar a otro. Gonzalo Guerrero luchaba por su familia y su patria adoptiva. Montejo sólo quería hacer fortuna.

Un argumento más nos recuerda que los mayas también cometían sacrificios humanos y crueldades con sus enemigos. Y es muy cierto, y en Yucatán honramos nuestra herencia cultural maya, a través del estudio de su historia y le preservación de sus monumentos materiales (las ciudades) e inmateriales (sus leyendas, su conocimiento). Pero no le hacemos un monumento al cabrón que sacrificaba bebés arrojándolos al cenote.

De la misma manera honramos nuestra herencia hispánica en la preservación del Centro Histórico, en la admiración del arte colonial y en el cultivo de la hermosa lengua que llegó de ultramar. Pero no le hacemos un monumento al cabrón que masacró a cientos de personas.

El último argumento de los simploncitos es que si queremos tumbar la estatua de los Montejo y borrar todo lo que hizo, también habría que destruir el Centro Histórico. ¡Vaya razonamiento! El Centro tiene un valor cultural, histórico y artístico (y es útil: la gente trabaja, vive y comercia en él), la estatua no tiene ningún valor y no sirve para nada (excepto, tal vez, para las palomas). Además, el Centro Histórico representa precisamente esa herencia positiva que queremos conservar, que merece ser conservada.

Etimológicamente, la plabra "criterio" significa "capacidad de emitir juicios". Usemos nuestro criterio para juzgar las acciones de los personajes históricos. Nos daremos cuenta de que algunos de ellos merecen nuestro agradicimiento y reconocimiento, que muchos otros cometieron hazañas y crímenes, errores y aciertos (y que la mayoría de las veces la balanza se inclinará para uno u otro lado), y que, finalmente, muchos merecen nuestro repudio. ¿Dónde creen ustedes que caen los Montejo?

6 comentarios:

Sir David von Templo dijo...

Me quito el sombrero mi estimado Maik. Esta es una muy buena observación. Y sí, los simponcitos son irritantes, pero no se les puede simplemente mandar a la verga por que pues son la mayoria.

Saludos.

Sir David von Templo dijo...

Me quito el sombrero mi estimado Maik. Esta es una muy buena observación. Y sí, los simponcitos son irritantes, pero no se les puede simplemente mandar a la verga por que pues son la mayoria.

Saludos.

Karate Pig dijo...

Ego

Creo que los monumentos hablan más del que los erige que del que los recibe.

Así que sería muy interesante conocer la opinión de la gente que está detrás del proyecto (gente bonita?)
Claro, montejo vino a lo que la mayoria de los gachupas vino: a ganarse un varito.

Porque entonces se le dedica una estatua?
Considerar la suya como una misión "civilizadora" es un argumento racista que presupone una cultura europea-cristiana como "más civilizada" que cualquier otra.

si lo que se trata es dedicarle la esatua a un "conquistador" esta debería ser para Motolinía, De las Casas, Urdaneta, Cabeza de Vaca, etc.,

Anónimo dijo...

me decepcionas con este post :/

ps. no me refiero a las estatuas eso no me importa

Pereque dijo...

No sé mucho de la conquista de Yucatán. Pero se puede hacer el argumento de que, ante la superioridad técnica y epidemiológica de los españoles, la conquista era cuestión de tiempo, y si Montejo hubiera fracasado bien pudo haberlo hecho otro, tal vez de forma menos ojete.

De lo que concluimos que Montejo era perfectamente prescindible, y uno no le hace monumentos a cosas prescindibles. O no debería.

¡Saludos!

beto velez dijo...

se me hace que el encargado de cultura tuvo un novio español jejejeje, broma. quienes son los simplonsitos??? quien fue el encargado del gobierno en autorizar las estatuas o simplemente quien coñas fue o fueron los responsables??? estaria bueno saber.

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