sábado, 23 de abril de 2011

Noticias y reflexiones sobre la Revolución Árabe


Hola, personas. Hoy les presento una breve actualización de los sucesos que tienen lugar en el Mundo Árabe. Para empezar, vámonos a Egipto. La revolución está aún lejos de triunfar por completo. Aún sin Mubarak, el gobierno militar del país del Nilo sigue siendo represivo y violento. Los jóvenes que derribaron la dictadura se niegan a que sus esfuerzos se traduzcan en la simple sustitución de un dictadorzuelo por otro. Pero el ejército responde con violencia contudente: el 9 de abril desalojó la plaza Tahrir ocasionando la muerte de por lo menos dos manifestantes y arrestando a muchos otros, que esperan juicio militar. Además, el régimen declaró que está listo para usar la fuerza con el propósito de acabar con las protestas [ver aquí]. Y mientras Occidente se desgarra las vestiduras por los crímenes de Gaddafi, no dice "esta boca es mía" para condenar la represión militar en Egipto. Esto no debe de sorprendernos: no necesitamos los cables de WikiLeaks para decirnos que los Estados Unidos apoyan con una mano a las revolciones que les convienen, y con la otra hacen todo lo posible para que las revoluciones indeseables no se propaguen [como revelan estos cables].

Pero hay mejores noticias para Túnez, donde, como parte del triunfo de la Revolución del Jazmín, se han establecido nuevas leyes para impulsar la equidad de género y la mayor participación de las mujeres en los asuntos públicos, algo inédito en la región. En julio habrá elecciones para el nuevo gobierno tunecino, y una nueva ley ordena que los partidos políticos deben tener igual representación de hombre que de mujeres. Aunque las voces más conservadoras condenan estas medidas, la mayor parte de los tunecinos se muestra a favor, diciendo que es simplemente lo justo y natural en una revolución que fue luchada tanto por hombres como mujeres para conseguir la democracia [ver aquí].




Por otro lado, la caída del dictador yemení, Ali Abdullah Saleh, parece algo inminente. A pesar de que él está terco con que no va a renunciar y que no va a renunciar [aquí], miembros de su gabinete lo han abandonado para unirse a la revolución [aquí]. Sería ingenuo pensar que estos políticos tomaron dicha decisión porque fueron convencidos por los ideales democráticos de los manifestantes. Lo más probable es que simplemente se hayan ido al bando que claramente tiene la posición ganadora. Ninguna revolución puede darse el lujo de rechazar a partidarios que engrosen sus filas, pero tampoco puede permitirse bajar la guardia ante oportunistas que buscan salvar sus vidas y posiciones, pues podrían demeritar la revolución y llevarla por un sendero que no era el deseado. Además, hay que tener mucho cuidado con lo que sucede en Yemén, sobre todo teniendo en cuenta que cables de WikiLeaks revelaron que un rico empresario llamado Hamid Al-Ahmar se encuentra moviendo los hilos de esta revuelta para intereses personales [aquí].

Mientras tanto, en Siria continúa la violencia contra los manifestantes. Lo más reciente: miles de personas se reunieron para el funeral de unos manifestantes asesinados por las fuerzas de seguridad del régimen sirio, encabezado por el dictador Bashar Al-Assad. Desde que el pueblo sirio se levantó contra su gobierno, han ocurrido varios homicidios por parte de la fuerza pública. Ya en otras ocasiones, los funerales de estas víctimas habán atraido a un gran número de manifestantes que, movidos por la furia e indignación, organizaron protestas multitudinarias inmediatamente después de las ceremonias fúnebres. Adelantándose a este escenario, las fuerzas sirias dispararon contra la multitud, con la intención de dispersarla, y ocasionaron la muerte de nueve personas [Ver más aquí].




Y ahora, unas reflexiones sobre la Primavera Árabe, de la mente del profesor Mark LeVine, profesor de Historia de la Universidad de California, e investigador en el Instituto de Estudios del Medio Oriente de la Universidad de Lund, en Suiza. Resumo los puntos más interesantes de su reflexión [que pueden leer completa aquí]:

LeVine señala el peligro que corre la Revolución Egipcia, en particular a partir del desalojo de la Plaza Tahrir el pasado 9 de abril, por parte del ejército. Según los manifestantes, la segunda etapa de la revolución acaba de empezar: no basta con haber expulsado a Mubarak, si el gobierno militar es continuista de la política del ex-dictador. Con todo, y a pesar del uso sistemático de la violencia por parte de las fuerzas armadas, los manifestantes en Egipto han mantenido un movimiento primordialmente pacífico. ¿Pero por cuánto tiempo?

Libia sirve como el contra-ejemplo de lo que ha sucedido en Túnez y Egipto: el gobierno respondió con brutalidad y las protestas pacíficas se convirtieron en revolución armada. ¿Podría ser una situación análoga a la de Libia el futuro que de le depara a Egipto? LeVine señala una diferencia importante entre el régimen de Libia y los de Túnez y Egipto: estos últimos constituían un sistema político, social y económico que era mayor que los dictadores a través de los cuales dicho sistema gobernaba. Para dichos sistemas, por tanto, fue relativamente fácil sacrificar a los dictadores a cambio de sobrevivir. En Libia, en cambio, el sistema es el mismo Gaddafi, que no está dispuesto a retirarse sin una buena pelea.

Pero si en Egipto no basta la remoción de Mubarak, sino que se pretende acabar de plano con todo el sistema que él representaba, ¿qué puede suceder en el país del Nilo? Al apoyar a los rebeldes libios, Occidente ha enviado un mensaje muy peligroso: que la violencia es la única forma de luchar contra la violencia. Y quizá los egipcios (y los sirios, y los bareiníes) se cansen de aceptar como mártires la violencia con la que los reprime el régimen, y decidan devolver los golpes en vez de poner la otra mejilla. Esto podría llevar a una escalada de violencia en toda la región, un escenario desalentador si tenemos en cuenta que el ejemplo de Libia ha demostrado que la violencia, ya sea por parte de los rebeldes, o de las misiones "humanitarias" de las potencias occidentales, no ha servido para acelerar la derrota del enemigo, ni para evitar las muertes de civiles. De hecho, Stephen Zunes, de la Universidad de San Francisco, ha hecho notar que los momentos de mayor éxito en al Revolución Libia fue cuando las protestas pacíficas lograron liberar varias ciudades, y desde que la violencia inició a escalar, el proceso se ha estancado, cuando no revertido.




LeVine también concluye que la verdadera transformación democrática del Medio Oriente sólo puede darse mediante las revoluciones pacíficas, contrario a las estrategias que EUA ha llevado a cabo en Libia. El problema es, desde luego, que EUA tiene muy poco interés en que haya un verdadero progreso democrático en el Mundo Árabe. ¿Y por qué lo tendría, cuando los dictadores árabes han sido aliados muy convenientes?

Cito textualmente a LeVine: "El poder, y por lo tanto, el peligro de la Primavera Árabe, está en la amenaza que ésta significa no sólo para los gobiernos locales, sino para el sistema internacional entero. Está claro que ni Estados Unidos y Europa por un lado, ni Rusia y China por el otro, están interesados en dañar a este sistema. Pero las naciones en desarrollo, o más bien, sus pueblos, sí. Siguiendo el ejemplo de potencias emergentes y recientemente democratizadas, como Brasil, Turquía e Indionesia, este nuevo 'bloque de países no alineados', cuyas fortunas económicas y políticas no están supeditadas a los complejos militares-petroleros de Occidente, podrían unirse con democracias emergentes en América Latina y África para demandar una reforma que haga del sistema internacional algo más equitativo".

Dicha reforma, o revolución global, si se quiere, implicaría que las naciones del mundo demandaran que se pusiera término al derecho de voto de los cinco países miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, para proseguir con la abolición de los "pseudo-sistemas de desarrollo" (como los llama LeVine) impuestos por el Banco Mundia y el Fondo Monetario Internacional.




El ensayo de LeVine termina con el siguiente llamado: "Los pueblos del Mundo Árabe han empezado a hacer su parte. Lo necesario para nosotros, ciudadanos de Occidente, es unirnos a la lucha, tomando acciones para transformar a nuestros gobiernos que basan su política en el militarismo, con la misma pasión con la que nuestras contrapartes en Túnez y Bárein lo han hecho contra sus autócratas. Es difícil imaginar tal despertar colectivo en Londres, Washington o París. Pero cuatro meses antes, nadie imaginaba la posibilidad de un cambio así en Túnez, El Cairo, Trípoli o Damasco. La Historia tiene una curiosa manera de proveer oportunidades para cambios radicales cuando la gente menos se lo espera. Depende de todos nosotros asegurarnos de que este momento no se desperdicie; no sea que Libia, más que Túnez, defina el curso de la Revolución Árabe."

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