lunes, 2 de mayo de 2011

Confesiones de un bibliómano obsesivo compulsivo


Yo, Ego, bibliómano obsesivo compulsivo, confieso que:

  1. Me gustan los libros, no sólo por lo que contienen, sino como objetos. Amo el olor de los libros viejos de hojas amarillentas. Amo el olor de los libros nuevos recién traídos de la tienda. Me gusta hojearlos para que su aroma llegue hasta a mí. El olor de un libro influye en si tomo la decisión de comprarlo. Me gustan los libros de pasta dura, bonitos. Si existen varias ediciones disponibles, trato de comprar la más bonita, aunque salga más caro.
  2. Aunque tengo una tablet con lector de Kindle y iBooks, no dejaré de adquirir libros impresos, poque son objetos hermosos y todavía me son más cómodos para leer. Y la funda de mi tablet es de ésas que parecen libros antiguos de pasta dura.
  3. ¡Los libros de una misma colección se ven tan bonitos en un librero! Cuando estoy en busca de un libro, trato de comprarlo en una edición que forme parte de alguna línea o colección que ya tengo. Si no existe tal edición, compraré el título que buscaba y, lo más pronto posible, compraré otros libros de la misma colección para que el otro no se sienta solito en mis libreros.
  4. La sala de mi casa es mi biblioteca. Ahí también tengo mis revistas, cómics, papeles, documentos, artículos de papelería, una tele, videojuegos y un escritorio para trabajar. Es una sala un poco rara.
  5. No fui un niño lector. Cuando niño, leí pocos libros de literatura y más de ciencia y naturaleza. Como adolescente, leía, sobre todo, cómics. De vez en cuando leía algún libro, si se me antojaba mucho. Comencé a leer en serio hacia el año 2005. Para entonces ya estaba en la carrera de Letras Hispánicas, así que no es como para sentirse orgulloso.
  6. Desde 2005 leo continuamente. Siempre estoy leyendo un libro. Termino un libro un día y al siguente empiezo uno nuevo.
  7. También en ese año empecé a hacer intentos por organizar mis lecturas, lo que incluía tomar nota de los libros que leía (en mi diario secreto), para así poder revisar y decir... "Mmm, he estado leyendo mucha fantasía, es tiempo de leer literatura clásica" o así por el estilo. Decidí que leer "lo que se me antoja" no era suficiente, y que si quería formarme bien como profesional de las letras, debía atreverme a visitar esos "libros que hay que leer".
  8. El libro en turno es como mi mantita de Linus: lo llevo a todas partes, incluso si sé que probablemente no tendré oportunidad de leerlo en ese lugar. Si no lo tengo al alcance de mi mano, me empiezo a estresar. Cuando manejo solo, me gusta poner el libro en el asiento del conductor y estirar la mano para pasar mis dedos entre sus páginas cuando llego a un alto.
  9. Por culpa de un cuento de Bioy Casares decidí empezar a leer con más orden. En el cuento, el personaje lee para convertirse experto en cierto tema hasta agotarlo. Por ejemplo: leer toda la literatura griega hasta agotarla, luego toda la romana, luego toda la hindú... y así. Intenté hacer eso, pero no funcionó, eso fue demasiado loco para mí.
  10. Entonces empecé a leer por "bloques", es decir, leer tres o cuatro libros de un mismo tema, corriente, género, autor, época, etc... Eso me ha sido muy útil: cada libro le da un sentido diferente al anterior y al siguiente, y puedo ordenar mejor el conocimiento recién adquirido. Les recomiendo intentarlo.
  11. Sin embargo, este hábito me ha llevado a una nueva compulsión: no puedo leer un libro, a menos que haya otros dos o tres con qué acompañarlo y así formar un "bloque".
  12. A veces escribo ensayos sobre el libro o libros que acabo de leer. Esto me ayuda a comprenderlos mejor. Desde 2014 escribo breves reseñas de los libros que he terminado de leer. Las pueden checar en mi fanpage de Facebook.
  13. Mi novia casi no lee libros. Pero es tan cabronamente inteligente que yo necesito chutarme unos cinco o diez libros para llegar a ideas que a ella le nacen solita. No dejo de preguntarme cómo sería si ella leyera.
  14. Hubo una época en mi vida en la que podía chutarme fácilmente 30 ó 40 libros en un año. Ahora con tantos deberes y con lo mucho que me distrae Internet, si llego a los 20 me doy por afortunado.

9 comentarios:

Pancho "el autor" dijo...

Eso de los bloques yo lo hago también, y de hecho lo empecé a hacer sin darme cuenta.

No leo mucho, pero me gusta leer y la neta me gusta lo que leo. Ahorita ando con un bloque de libros/ensayos de análisis económico del derecho... se escucha mamón... [490].

Saludos!!

Pancho "el autor" dijo...

Por cierto, la frase sobre la misantropía que tienes debajo del título ¿es tuya? Es muy buena.

Enrique Arias Valencia dijo...

Bella entrada. Me sentí identificado cuando confesaste que de niño leías más sobre ciencia y naturaleza que sobre literatura. Hoy en mi caso es al revés, leo más sobre literatura y filosofía que sobre ciencia.

Un abrazo

Sir David von Templo dijo...

Yo recuerdo que cuando mocoso leia cualquier cosa que callerá en mis manos. Así fuera un empaque de shampoo.

Lo malo es que cuando uno estudia Ingenieria, y más si es mecatrónica, uno no puede leer libros muy seguido. Nomás se la pasa uno construyendo robotitos pedorros. Y lo peor es que hay cabrones que se sienten orgullosos de construir robotitos pedorros.

Saludos.

B dijo...

¿Y no usas http://www.goodreads.com/ ?

Viejo Verde en Sodoma dijo...

El sentido común me dice que ya leíste la Rebelión en la granja, ojala que algún día la lectura te quite ese tufo socialistoide.

Ego dijo...

@Viejo Verde: Olvidas que el autor de ese libro, George Orwell, era socialista él mismo, y aún así, el crítico más feroz del ESTALINISMO, porque lo consideraba una traición al verdadero socialismo.

Aurore Dupin dijo...

Tu novia es como Lia, la de Casaubón.

Ego dijo...

OH, perdón, me clavé con el comentario del Viejo Verde y no les contesté a los demás.

@Pancho: Sí, la frase es mía. Gracias XD

@B: Gracias por la recomendación.

@Aurore: Exácatamente.

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