jueves, 4 de agosto de 2011

Filosofía de la ciencia, postmodernismo y pensamiento crítico (Los libros, Parte 2)

El aspecto más triste de la vida hoy en día es que la ciencia acumula conocimiento más rápido de lo que la sociedad acumula sabiduría.

Isaac Asimov

Leer la Introducción.
Leer la Primera Parte.

Y seguimos, para concluir, con las recomendaciones de libros sobre filosofía de la ciencia y pensamiento crítico, tomando como punto de partida el debate acerca del postmodernismo. Los siguientes libros, a diferencia de los dos anteriores, no se centran en esta corriente filosófica, pero sí le dedican unos buenos capítulos para tratarla y, más importante aún, se concentran en presentar los argumentos para demostrar la validez de la ciencia y su importancia para nuestra sociedad.


Denying Evolution: Creationism, Scientism, and the Nature of Science
Massimo Pigliucci (2002)




Massimo Pigliucci es un pensador muy interesante. Inició su carrera como biólogo evolucionista, pero más tarde tomó el camino de la pedagogía y la filosofía de la ciencia y de la educación. Es una de esas mentes tan valiosas cuan inusuales cuya erudición abarca tanto las ciencias naturales como las humanidades.

Pigliucci está especialmente interesado en las implicaciones filosóficas, sociales y políticas del "debate" creacionismo-evolución, y ello lo llevó a escribir este libro. Dice que comenzó a interesarse en la cuestión tras leer el libro de Douglas Futuyma, Science on Trial: The Case for Evolution (1995), pues siendo Pigliucci un biólogo evolucionista, le extrañó sobremanera que un científico de alto nivel como lo es Futuyma dedicara tiempo y esfuerzo a combatir la charlatanería que constituye el creacionismo. Pero Pigliucci se dio cuenta de que, aunque en los círculos científicos no existía tal debate, en la mente del público sí lo había, y que era de mucha importancia para el futuro de la ciencia, la educación y la democracia. De hecho, una idea central de su libro es que los científicos deben descender de su torre de marfil para asumir la importante tarea de sostener un diálogo con el público general, la política, los medios de comunicación y las ciencias sociales.

Más allá de sólo destrozar las falacias con las que los creacionistas confunden al público, Pigliucci decide analizar las causas y los orígenes de este debate y sus implicaciones para diversos aspectos del quehacer humano. Pigliucci advierte que el creacionismo no es una propuesta científica, ni siquiera filosófica, sino un movimiento ideológico que tiene sus raíces en el más férreo de los conservadurismos religiosos de derechas. Los dos primeros capítulos nos hablan del origen y la evolución (el juego de palabras es del autor) de este supuesto debate.

Los capítulos tercero y cuarto son los que más nos interesan en cuanto al asunto de las posturas postmodernistas, relativistas y deconstructuvistas en la filosofía de la ciencia. En The Dangers of Anti-Intellectualism, el autor hace una breve historia de cómo el anti-intelectualismo se ha cimentado como parte de la cultura norteamericana, donde son admirados los atletas, las estrellas de la farándula y los magnates multimillonarios, pero no los científicos ni los intelectuales.

Señala que el anti-intelectualismo ha sido blandido tanto por la izquierda como por la derecha, y que en su base está una extraña forma de anti-elitismo: "esa gente que piensa y estudia se cree mucho, no es como usted y yo, gente común y trabajadora del pueblo". Es aquí donde entra la postura del postmodernismo, que sostiene que la visión que tenga un astrónomo sobre el cosmos no es más válida que la tenga la señora de la tiendita de la esquina. Para el postmodernismo, argumentar lo contrario es una forma de apoyar las estructuras jerárquicas. Pigliucci rebate tales argumentos con gran facilidad y hasta humor.

Pigliucci encuentra otras bases del anti-intelectualismo en el prejuicio de que las personas racionales son frías y amorales; en la filosofía capitalista extrema que opina que lo único que tiene valor es lo que sirve para hacer dinero; y en la filosofía hedonista extrema de la sociedad de consumo mediatizada, que opina que lo único que tiene valor es lo que entretiene y divierte.

Cuando se enfoca en el postmodernismo, Pigliucci expone brevemente sus posturas y cita algunos ejemplos de los disparates que han dicho los postmodernistas (parecidos a los de los libros anteriores). Advierte del peligro que el postmodernismo significa para la izquierda, y señala que el mejor argumento contra él, es la postura misma. El siguiente ejemplo lo ilustra a la perfección:

El postmodernismo sostiene que la ciencia no hace descubrimientos sino invenciones, es decir, que se crea explicaciones de acuerdo a la ideología y la cultura de su origen. Partiendo de esa premisa, uno puede sacar dos conclusiones mutuamente excluyentes:

A) Esa afirmación sostenida por el postmodernismo es un hecho comprobable. Por lo tanto, el postmodernismo tiene la fórmula para hacer verdaderos descbrimientos que no sean invenciones. Por lo tanto, es posible descubrir hechos comprobables. ¿Por qué los postmodernistas sí pueden hacerlo y los científicos no? Hombre, que rolen la receta.

B) Esa afirmación es otra invención que surge de la ideología y la cultura de quien la sostiene, luego se refuta a sí misma y no tiene sentido ni siquiera enunciarla... En suma, Pigliucci concluye que lo más coherente que podría hacer un postmodernista es callarse la boca.

Sin embargo, el autor no se queda ahí. En el siguiente capítulo, Scientific Fundamentalism and the True Nature of Science, dirige sus cañones contra el cientismo. Yo no había definido este término en las entradas anteriores con la intención de abordar el asunto ahora. El cientismo (o cientificismo) es la postura que sostiene que el conocimiento científico, medible, cuantificable y observable es el único que tiene validez, y que las ciencias (más las exactas que las biológicas) son la única herramienta posible para adquirir ese conocimiento.

Pigliucci traza las diferencias entre el cientismo y el pensamiento científico; importante porque el postmodernismo acusa a todos los científicos de ser cientistas. El autor dice que la ciencia es obviamente una actividad humana, que los científicos no son necesariamente menos subjetivos, prejuiciosos, ambiciosos, corruptibles o falibles que el resto de los mortales, y que tanto los descubrimientos científicos como sus aplicaciones están fuertemente influidos por el ambiente social, político y económico en el que se producen.

También recuerda que la misma lógica tiene sus limitaciones (piénsese en el hasta ahora irresoluble problema de la inducción) y que los conocimientos científicos son siempre parciales y provisionales. Pero advierte que ello no merma la validez de la ciencia; por lo contrario, ésta es la única forma de conocimiento que admite sus propias limitaciones y fallas y se esfuerza por corregirlas. Además, la ciencia sigue siendo mucho más confiable que las pseudociencias, las religiones, las tradiciones y demás, pues sigue arrojando resultados.

Por supuesto, le recuerda a los científicos que el mundo de las emociones, de los valores o de la estética no es menos real que el mundo físico, aunque aquéllos no puedan medirse y cuantificarse. Finalmente, Pigluicci desmiente algunas falsas creencias que se tienen sobre la ciencia.

Los capítulos 5 y 6 están dedicados a rebatir de lleno las falacias creacionistas (lo que no es nada difícil, por cierto). En el capítulo 7 señala los errores que cometen los científicos y educadores de la ciencia y que han propiciado el avance del creacionismo. Uno de ellos es el desinterés general de los científicos por entrar a debatir con los magufos, por considerarlo indigno. El otro es la famosa "falacia racionalista", la falsa creencia de que para convencer a cualquier persona de una verdad es sólo necesario planteársela con argumentos racionales y coherentes. Pigliucci, educador y filósofo, sabe que para que un individuo o grupo acepte un hecho se involucran muchos otros factores. El capítulo 8 termina proponiendo una serie de estrategias para que científicos y educadores contribuyan a formar una ciudadanía más racional y consciente.


Nonsense on Stilts: How to Tell Science from Bunk
Massimo Pigliucci (2010)


Pues me gustó tanto el primer libro de Pigliucci que decidí leerme el siguiente, y ello me llevó a descubrir a los demás autores de esta lista. Nonsense on Stilts es un manual para distinguir la ciencia de las maguferías, a partir de la comprensión de lo que es en verdad la ciencia. Quizá no tan bueno como el anterior (por momentos el autor parece querer abarcar mucho y por eso aprieta poco), es muy interesante y divertido.

La introducción aborda el viejo problema de la demarcación de ciencia y cómo ésta se diferencia de la no-ciencia. No puede pasar por alto la definición de Karl Popper, en la que muchos críticos de la ciencia se basan para atacarla, pero que ha sido superada desde hace tiempo.

En el primer capítulo, Hard Science, Soft Science, analiza las diferencias entre las ciencias sociales, las naturales y exactas. Pigliucci defiende que las ciencias sociales son tan serias y científicas como las otras y que si sus avances y resultados no han sido tan espectaculares y contundentes, no se debe a que los científicos sociales sean menos inteligentes, sino a que su objeto de estudio es mucho más complicado. En efecto, la sociedad y la mente humana son infinitamente más complejas que los átomos o los sistemas planetarios. Además está el factor de que el sujeto que estudia forma parte del objeto estudiado: estudiamos la mente humana con la mente humana, y estudiamos la sociedad siendo miembros de la misma. Así, Pigliucci rebate la posición del cientismo, al mismo tiempo que desarma a los postmodernistas que suelen utilizar la famosa falacia de la arrogancia: "los científicos han sido arrogantes y despectivos con las ciencias sociales; luego los científicos están equivocados".

El segundo capítulo, Almost Science, Pigliucci trata sobre áreas de estudio que él considera se encuentran en una etapa pre-científica o casi científica, como el proyecto del SETI o la psicología evolutiva. El tercer capítulo, Pseudoscience, aborda de plano a las pseudociencias y explica por qué lo son: la ufología y la astrología son aquí destrozadas. Pero además advierte que las pseudociencias no son sólo creencias pintorescas e inofensivas, sino que pueden ser muy peligrosas, como en el caso de las diversas formas de negacionismo del SIDA.

El capítulo 4 critica duramente a los medios de comunicación, que en su afán por obtener mayores audiencias, privilegian la superstición sobre la ciencia; el autor también se lamenta de que las opiniones de celebridades como actores y cantantes, que suelen sostener todo tipo de creencias magufas, sea tan influyente en la sociedad.

El capítulo 5 es muy importante. Expone cómo los intelectuales en su papel de figuras públicas, respetables y cuyas opiniones contaban para el público y los políticos, ha declinado, para dar paso a los Think Tanks. Éstos son grupos de expertos que ponen sus conocimientos, credenciales y capacidad argumentativa al servicio del mejor postor. Sofistas y prácticamente mercenarios intelectuales, los Think Tanks conducen estudios y arrojan resultados que favorecen a quienes los financian. Los ejemplos clásicos son los de científicos que niegan el calentamiento global o que concluyen que el tabaco no produce tanto daño a la salud.

Y hablando del calentamiento global, pasemos al capítulo 6, también muy importante. Los críticos postmodernistas de la ciencia la acusan de ser, entre otras cosas muy feas, capitalista. Pigliucci demuestra cómo la ciencia puede ser una herramienta de gran utilidad para quienes se oponen al capitalismo. Así es: el calentamiento global es consecuencia directa de la forma que ha tomado el capitalismo neoliberal en los últimos años, basado en la ideología del crecimiento y desarrollo ilimitado. Aunque algunas corporaciones han contratado Think Tanks para negar o minimizar el peligro del calentamiento global, éste es un fenomeno ampliamente reconocido por la mayor parte de los científicos del mundo (se debaten sus alcances y posibles soluciones, pero no su realidad). Es decir, aunque el poder se esmere en hacer ocultar la verdad para asegurar su beneficio, la ciencia seguirá sacando los hechos a la luz.

En el capítulo 7, Pigliucci trata sobre la relación entre la ley y la ciencia, ejemplificando con el caso creacionismo-evolución, y argumenta que el conocimiento científico es una herramienta muy importante para la procuración de justicia. En los capítulos 8 y 9 hace un breve recorrido por la historia de la ciencia, no tanto una colección del descubrimientos e inventos, sino del desarrollo intelectual de esta actividad.

Los capítulos 10 y 11 son los más interesantes para nuestro tema. Titulados respectivamente The Science Wars I: Do We Trust Science Too Much? y The Science Wars II: Do We Trust Science Too Little?, abordan los temas del cientismo, el postmodernismo y el relativismo epistémico. En el capítulo 10 Pigliucci recuerda que la ciencia no nos proporciona el "punto de vista de Dios", omnisciente y objetivo, sino que es falible, que los científicos pueden cometer errores o hacer trampa y que nada es 100% definitivo.

En el capítulo 11 se dedica a rebatir una vez más los postulados del postmodernismo mediante argumentos razonables y evidencias, así como a trazar un retrato fiel de uno de sus gurús, Paul Feyerabend, autor de Contra el método, quien después confesaría que la idea de comparar a la ciencia con la religión organizada le había nacido de las ganas de crear controversia (él se declara "anarquista epistémico"). Tampoco deja de revisar el trabajo de Thomas Khun, historiador de la ciencia que sostenía que los cambios de paradigmas científicos se daban por cuestiones sociales y que nada tenían que ver con descubrimientos del mundo natural. Finalmente, Pigliucci recomienda los trabajos de científicos sociales más sensatos, como Helen Longino y Ronald Giere.

El capítulo 12 trata de la noción de "experto" o "autoridad" en ciencias. Después del recorrido, el autor nos deja una interesante conclusión sobre lo que es en verdad la ciencia y nos invita a la reflexión razonada.


A Short Course in Intellectual Self-Defense
Normand Baillargeon (2007)



Y llegamos al final. El autor de este libro. Normand Baillargeon es profesor de pedagogía y filosofía de la educación en la Universidad de Quebec, y se basó en una célebre cita de Noam Chomsky: "Pienso que los ciudadanos de las sociedades democráticas deberían tomar un curso de auto-defensa intelectual para protegerse de la manipulación y el control, y sentar las bases de una democracia más solida". El libro pretende ser precisamente un manual de auto-defensa intelectual y promete al lector ayudarlo a encontrar "su Chomsky interior" (no es éste el único autor de esta lista que cita a Chomsky, por cierto; Pigliucci y Sokal también lo hacen).

El libro quiere proveer de las herramientas indispensables para el pensamiento crítico. En una introducción, Baillargeon nos recuerda el famoso "detector de camelos" de Carl Sagan. El libro en sí empieza por hablar del lenguaje, reflexiona brevemente sobre su naturaleza, y proporciona algunas bases para el análisis del discurso. Continúa con la lógica, un arma fundamental para defenderse de las mentiras y manipulaciones, y hace una exposición de las falacias lógicas más comunes. Por cierto, los ejemplos de falacias y manipulaciones a lo largo del libro son tomados en su mayoría de la publicidad, las pseudociencias y la derecha política, pero también pone algunos ejemplos de falacias cometidas por la izquierda.

Después, Baillargeon aborda las matemáticas, otra herramienta fundamental. Presenta las formas más comunes de anumerismo (el equivalente matemático al analfabetismo y mucho más difundido que éste) y lo que cada uno puede hacer para resolverlas. También trata ampliamente de la probabilidad y de las estadísticas, dando al lector algunos principios básicos, además de presentar ejemplos de cómo los pillos juegan con los números para engañar a los incautos sin necesidad de mentir.

A continuación el autor trata de algunos rasgos inherentes a nuestra psicología que nos hacen víctimas de engaños, ilusiones, alucinaciones, supersticiones y demás, y nos da las claves para superar estas limitaciones que nos son naturales, y que otra gente aprovecha para su propio beneficio.

El capítulo cuatro es el que nos interesa, pues aborda el tema de las ciencias, y de cómo el conocimiento de éstas es una herramienta básica para el pensamiento crítico y la auto-defensa intelectual. Y no se trata sólo de acumular conocimientos científicos, sino de saber qué es la ciencia y cómo funciona. Esto implica también ser crítico con ella, pues no se debe olvidar que los resultados de la ciencia son parciales y provisionales y que los científicos son tan humanos y falibles como cualquier otra persona. Decididamente, Baillargeon se manifiesta en contra del relativismo epistémico, que no le sirve a nadie y, por el contrario, permite que los mitos del poder permanezcan incólumes.

En el capítulo final, el autor invita a los lectores a poner en práctica lo aprendido a lo largo del libro, presentándole varios ejemplos de manipulaciones en los medios de comuncación. La conclusión termina con una bella cita de Carl Sagan. No se las pongo, mejor vayan a leer el libro.


En fin, así terminamos este ciclo de recomendaciones bibliográficas con todo y comentarios. Espero que leer estas tres entradas les haya despertado el interés por aprender más del tema y, sobre todo, por leer los libros arriba recomendados.

Muchos saludos a todos y espero sus comentarios.

6 comentarios:

Sir David von Templo dijo...

Tengo que ahorrar para comprarme esos libros (más los que han recomendado Danielov y los demás en los comentarios de la entrada anterior).

La razón por la que estos autores escriben sus libros es quizá la misma por la que abrimos nuestros respectivos espacios, educar sobre la ciencia. Algunos mediante el sarcasmo y la ironía, otros mediante la ofensa, otros mediante la comedia. La finalidad es darle a la gente llana un entendimiento a la ciencia que genre confianza.

Esa frase de Asimov es tan cierta y profunda...

Saludos.

Vale dijo...

gracias haces que uno se interese en libros que me habría pasado de largo, igual ya descubrí que me gustan estos temas.

Rochy dijo...

Excelente. Alguna vez has leido "How do we know what isn't so", de Thomas Gilovich? Creo que se parece un poco al último libro que mencionas. Habla de números y de otra clase de "sesgos" que son naturales en los humanos, por ejemplo, el hecho de que no confrontemos a otros cuando tenemos otra opinión, por lo que todo el mundo asume que los demás opinan igual. En fin, a mí me abrio los ojos, ahora no confio en nada que no esté publicado en un estudio revisado por pares :D. Algo interesante y que no había escuchado antes, es que según Gilovich, son las ciencias sociales (y no las ciencias naturales) las que mejor entrenan a sus científicos en el escepticismo Compara, por ejemplo, la medicina, donde muchos médicos terminan "especializandose" en alguna magufería, con la psicología, donde se estudia mucho la pseudociencia.

Sombrerudo dijo...

Siempre he estado en contra de los divulgadores científicos que solo se burlan de las creencias ajenas. Sí, es gracioso, pero solo cumplen el papel de payaso y no el de difusión culturar. Se enfrascan en la falacia racional. Predican a conversos pues, a personas que ya usan la cabeza.

Hay que tender puentes de comunicación. No se trata de llegar y demostrar lo estúpido que se es alguien más y medir la magnitud de su ignorancia. Se trata de que la otra persona entienda los porqués.

_____________

Rochy: los médicos no pueden estudiar especialidades magufas. Si te refieres a los homeópatas, acupunturistas y demás, esos no pasan por universidades. Por lo menos no por una de médico general.
____________

Me llaman la atención esos libros. ¿Qué tal si subes los links? Si no hay¿Qué tal si los escaneas? Y si los traduces al español, qué mejor.
Bueno, bueno, yo los busco si quieres.

Pablo Cabañas dijo...

Debo confesar que todas las últimas entradas sobre estos libros acerca del actual pensamiento científico sí que ha puesto a trabajar mi cheto; espero poder leer tan siquiera uno de esos libros en español (no porque sea de esos tipos que dicen que el "inglés es la lengua imperialista", sino porque en verdad mi comprensión lectora del inglés está del carajísimo, u.u) y pues ampliar más la mente, así para evitar caer en cuestiones cientistas.
Saludos.

Aníbal A. Ruiz Armijo dijo...

Estimado Ego: Lo felicito por su excelente Blog.

Sobre el tema del anumerismo recomiendo el libro de John Allen Paulus "Anumerismo - El Analfabetismo Matemático & Sus Consecuencias" (http://www.4shared.com/document/cTQ1Hy-8/Anumerismo_-_El_Analfabetismo_.html).

El fake de Sokal e "Imposturas Intelectuales" se los dejo en:

http://www.4shared.com/document/914ydmx1/La_Parodia_De__Sokal.html

http://www.4shared.com/document/N6B62Kpc/Imposturas_Intelectuales.html

Y ya puestos los invito a visitar mi Biblioteca de Libre Pensamiento
http://bibliotecadelibrepensamiento.blogspot.com/

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