martes, 15 de noviembre de 2011

Action Comics #1 y el mito fundacional del superhéroe



Ah… los treintas. Época de las grandes bandas de jazz, de los aparatos de radio que hacían que voces lejanas llegaran a todos los hogares, de naves aéreas surcando los cielos, de avance tecnológico que parecía indetenible. Pero también… El mundo apenas se recuperaba de la Gran Depresión, y la amenaza del fascismo y una nueva guerra mundial le quitaba el sueño a más de un ciudadano. La Unión Americana había dejado atrás el despropósito de la Prohibición, pero los grupos criminales que se fortalecieron en esos años continuaban siendo el azote de las grandes ciudades de la Costa Este.

En este contexto surge la primera historia de Superman: Action Comics #1, en junio de 1938, de la mente del escritor Jerry Siegel y del artista Joe Shuster. Quisiera sólo mencionar de pasada, pues es inevitable, a los antecedentes culturales de esta historia: los héroes de las revistas de pulp (Flash Gordon, Doc Savage…), y los aventureros de las historietas anteriores (El Fantasma, Mandrake el Mago…) o de seriales de radio (La Sombra…) y, por supuesto, la historia The Reign of the Superman, de los mismos creadores del Hombre de Acero, pero  en la que el personaje epónimo no tiene nada que ver con nuestro héroe. Superman es el primer superhéroe verdadero de la historia.


El propósito de este ensayo es explorar Action Comics #1 como el mito fundacional de Superman y como un producto de su tiempo. Veamos la primera página del cómic (hagan click para agrandar). En ella se cuenta en unas cuantas viñetas (9, sin contar acotaciones) y en un despliega de destreza narrativa por parte de los creadores, la historia del origen de Superman. El planeta condenado, el bebé milagroso, los poderes extraordinarios y la decisión de usarlos para beneficio de la humanidad. Así nació SUPERMAN. ¡El campeón de los oprimidos!


Basta ver esta página para darnos cuenta de que está llena de conceptos modernos de una era de avances científicos increíbles: planeta lejano, cohete espacial, rascacielos (terminados y como obra en construcción) la locomotora… Incluso es importante para los creadores dar una explicación “científica” de los poderes de Superman, como se ve en el cuadro “extra”, al final de la página. Superman es, pues producto de una época fascinada con la ciencia y la tecnología.

Pero no es eso lo más destacado. Fijémonos en la primera línea que aparece después del nombre de SUPERMAN. No dice “hombre de acero”, ni “hombre del mañana”… Dice “campeón de los oprimidos”. ¿Campeón de los oprimidos? ¿Cuáles oprimidos? ¿Por quién? Bueno, pues resulta que tanto Siegel como Shuster eran hijos de inmigrantes judíos y que les tocó vivir una era en la que el antisemitismo era común, incluso en el país que después se alzaría como vencedor de la Alemania nazi. Siegel y Shuster sabían, pues, lo que es ser oprimido, y aunque en Cleveland podían estar seguros, las historias de las barbaridades de Hitler seguramente les causaban eventuales escalofríos.

Nota curiosa: fíjense en la segunda viñeta de la segunda línea de esa misma página. Allí aparece el joven Clark Kent en una obra en construcción, rodeado de obreros y vestido de overol. No es una imagen que se repita en otros cómics ni en otros medios relacionados con el Azulote. ¿Está acaso insinuando un origen proletario de Superman? Como sea, después se establecería la niñez y juventud de Clark Kent en una granja de Kansas, pero la idea es la misma: Superman es un hombre del pueblo.

Este Superman de Siegel y Shuster, que podría haber sometido sin esfuerzo a este débil planeta, decide usar sus poderes para ayudar a la humanidad. ¿Cómo la ayuda? ¿Qué imaginan Siegel y Shuster que este hombre todopoderoso podría hacer por las demás personas? No combate monstruos extraterrestres, ni científicos locos, ni robots gigantes... eso vendría después. Los entuertos que Superman desface son bastante mundanos.

De hecho, la primera injusticia que Superman corrige tiene que ver con la falla de las autoridades y la vida que salva estaba en peligro de ser segada por el Estado. En dos memorables páginas y media, cargadas de acción y suspenso cinemático, Superman entra a la casa del gobernador, pasa por encima de su guardaespaldas, rompe dos puertas e insta al mandatario a perdonar a un hombre injustamente acusado de un crimen y que estaba a punto de ser ejecutado.

¿Qué significa esto? Una persona común puede sentirse impotente cuando algo en el sistema falla y un inocente es castigado. Superman tiene la fuerza y la voluntad para corregir esa injusticia, lo que lleva incluso a enfrentarse a las autoridades. ¿Y no será este episodio un comentario velado en contra de la ineficacia de la pena de muerte?


La siguiente aventura de Superman consiste en detener a un hombre que azotaba a su esposa. Es decir, los creadores nos plantean una situación desgraciadamente común, un caso como alguno que seguramente sus lectores habrán conocido y les habrá movido a la indignación…  y Superman detiene la injustica. De nuevo salva al débil del abuso fuerte.


Tercera aventura: el clásico enfrentamiento de Superman con los gángsters. Famoso episodio porque en él aparece por vez primera Lois Lane (la mujer fuerte, inteligente y audaz que se ganó el corazón de un Superhombre) y porque aquí tiene lugar la celebérrima viñeta en que Superman destroza el automóvil de los criminales.

Los gángsters eran figuras poderosas y temidas en los EUA de los años treinta. Hacían lo que les daba la gana, imponían su voluntad e infundían el miedo a ciudadanos comunes y se salían con la suya. Entonces llega Superman, los aterroriza (como ellos lo habían hecho), los humilla y, para colmo, destruye su lujoso automóvil, símbolo de su opulencia malhabida.


Última escena: Clark Kent viaja a Washington y le sigue el rastro a un senador corrupto y aun lobbyist, es decir, una persona encargada de influir en las acciones de los políticos para favorecer intereses privados. Su objetivo: hacer que el Congreso apruebe un proyecto de ley que meterá a los Estados Unidos a una guerra con Europa, para beneficio de intereses desconocidos. Después de hacer su trabajo como reportero y reunir la información necesaria, Clark Kent se pone las mayas y le da una buena zarandeada al perpetrador del cohecho. ¿Qué pasa entonces? ¡Lo sabrán en el próximo número!


Lo importante aquí es que, una vez más, tenemos a Superman castigando a aquéllos que por lo general se quedan impunes, salvando a los desvalidos de las decisiones de los poderosos. Además, fijémonos en los retratos que Shuster hace de estos dos últimos villanos: tipos bien vestidos, claramente adinerados, con actitudes arrogantes y altaneras (el senador es un calvo obeso). Por si fuera poco, en Action Comics #2 se revela que el hombre para el que trabaja el lobbyist es un magnate de la industria armamentista. ¿Una corporación de armamentos sobornando políticos para iniciar una guerra y así amasar una gran fortuna? ¡Nah, esto es ciencia-ficción!

Ahora, mexicanos del siglo XXI, imaginemos de nuevo esta historia en nuestro contexto. Imaginemos que Superman se aparece para salvar a una persona injustamente capturada por nuestras autoridades ineptas y corruptas; imaginen que después rescata a una mujer golpeada por su marido bravucón; que después le da una buena lección a un montón de narcos (y se chinga su troca) y que termina su jornada vapuleando a un agente corporativo que soborna políticos. Entonces nos será muy fácil comprender el sentimiento de quienes leyeron Action Comics #1 en aquel lejano 1938. Recordemos que la mayoría de los lectores de cómics y revistas pulp en esa era pertenecían a la clase trabajadora. Jerry Siegel y Joe Shuster crean un personaje con la capacidad de hacer lo que todos queremos y que rara vez podemos.

Superman y aún más, el superhéroe, no nace como un agente del poder ni una fuerza de la ley. Nace de un anhelo por parte de quienes carecen de poder y son oprimidos por los que sí lo tienen, nace como una oportunidad para que aquéllos sublimen sus sentimientos de impotencia y su deseo de justicia, imaginando que un superhombre puede venir a deshacer estos males. El mito fundacional del superhéroe, en sólo 14 páginas, narra la victoria contra esos poderes corruptos. Es el mito fundacional de un campeón de los oprimidos.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que ya habías escrito sobre esto

Sir David von Templo dijo...

Genial... Es bastante interesante la forma en la que surgió Superman... ¿Cuantos hemos soñado con poder castigar ese tipo de injusticias? Y el hecho de que las cosas sean tan idénticas hoy en día, no nos deja bien parados como sociedad.

Saludos.

Pablo Cabañas dijo...

Nunca había sabido de ese origen de Superman, era algo subversivo, o bueno, no sé :$

Saludos...

Rígel Solís Rodríguez dijo...

Gracias. Me encantó, sobre todo por eso de "Los entuertos que Superman desface son bastante mundanos". ¡De poca madre!

Beto Vélez dijo...

maaaa maaaa!!!! no sabia k unos judios habian creado al vato, pero es logico, de todos modos esta chingon, jua jua jua... gracias al ull alias rigel solis por recomendarme este blok jua jua.. chido sigan asi k seguire leyendo... au revoire ijines e ijinas k la fuerza les acompañe..

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