miércoles, 2 de noviembre de 2011

Cinco poemas clásicos sobre la muerte


"Naturaleza muerta con cráneo" de Paul Cézanne (1839-1906)


Buenas noroches. Este Día de Muertos quiero compartir con ustedes cinco poemas que tienen como tema central la muerte, con muy diversas maneras de interpretarla y reflexionar sobre ella. Espero que estos pensamientos, tristes, profundos o macabros, les lleguen a lo más hondo de los sentimientos, como hicieron conmigo.



"Coplas por la muerte de su padre" (fragmento)
de Jorge Manrique (1440-1479)



Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

Leer poema completo aquí.



"Miré los muros de la patria mía"
de Francisco de Quevedo (1580-1645)

"En un abrir y cerrar de ojos" de Juan de Valdés Leal (1622-1690)

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.
 
Salime al campo: vi que el sol bebía        
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.
 
Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,            
mi báculo más corvo y menos fuerte.
 
Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.




"Dios mío, que solos se quedan los muertos" (fragmentos)
de Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)


"Ophelia" (detalle) de John Everett Millais (1829-1896)


Cerraron sus ojos,
que aún tenía abiertos;
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron.

La luz, que en un vaso
ardía en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho;
y entre aquella sombra
veíase a intervalos,
dibujarse rígida
la forma del cuerpo.

Despertaba el día,
y a su albor primero,
con sus mil ruidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio,
medité un momento:
“¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!”

[…]

En las largas noches
del helado invierno,
cuando las maderas
crujir hace el viento
y azota los vidrios
el fuerte aguacero,
de la pobre niña
a solas me acuerdo.

Allí cae la lluvia
con un son enterno;
allí la combate
el soplo del cierzo.
del húmedo muro
tendida en el hueco,
¡Acaso de frío
se hielan sus huesos!

¿Vuelve el polvo al polvo?
¡Vuela el alma al cielo?
¡Todo es vil materia,
Podredumbre y cieno?
¡No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
que al par nos infunde
repugnancia y duelo,
al dejar tan tristes,
tan solos los muertos!


Ver poema completo, aquí.



"Noche rustica de Walpurgis" Canto X: "Los muertos"
de Manuel José Othón (1858-1906)



"El Árbol de los Muertos" de Frank Frazetta  (1928-2010)



¡Piedad! ¡Misericordia! . . . Fueron vanos
tanto soberbio afán y lucha tanta.
Ay, por nosotros vuestra queja santa
levantad al Señor. ¡Orad, hermanos!

Si oyerais el roer de los gusanos
en el hondo silencio, cómo espanta,
sintierais oprimida la garganta
por invisibles y asquerosas manos.

Mas no podéis imaginar los otros
tormentos que hay bajo la losa fría:
¡la falta, la carencia de vosotros;
la soledad, la soledad impía! . . .
¡Ay, que llegue, oh Señor, para nosotros
de la resurrección el claro día!

Ver poema completo aquí.




"Boda negra" de Julio Flórez Roa (1867-1923)

"La Muerte y la Doncella" de PJ Lynch (n. 1962)



Oye la historia que contome un día
el viejo enterrador de la comarca:
era un amante a quien por suerte impía
su dulce bien le arrebató la parca.
 
 Todas las noches iba al cementerio
a visitar la tumba de la hermosa;
la gente murmuraba con misterio:
es un muerto escapado de la fosa.
 
 En una horrenda noche hizo pedazos
el mármol de la tumba abandonada,
cavó la tierra... y se llevó en los brazos
el rígido esqueleto de la amada.
 
 Y allá en la oscura habitación sombría,
de un cirio fúnebre a la llama incierta,
dejó a su lado la osamenta fría
y celebró sus bodas con la muerta.
 
 Ató con cintas los desnudos huesos,
el yerto cráneo coronó de flores,
la horrible boca le cubrió de besos
y le contó sonriendo sus amores.
 
 Llevó a la novia al tálamo mullido,
se acostó junto a ella enamorado,
y para siempre se quedó dormido
al esqueleto rígido abrazado.




Espero que estas rimas macabras les hayan movido una fibra sensible o dos. Esta vez les dejo a ustedes los análisis, comentarios y reflexiones. ¡Feliz Día de Muertos!

1 comentario:

andrea dijo...

El último poema tiene una versión interpretada por julio jaramillo, mis papás la ponían cuando era chica y me quedaba como perro muy atento parando oreja. Ahora me recuerda mucho a mi infancia y es de mis favoritas. escucha ( http://www.youtube.com/watch?v=X-w5zWBrjM0 )

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