sábado, 19 de noviembre de 2011

El cómic como literatura iniciática




Saludos, ciudadanos. El siguiente ensayo está dividido en tres partes: una reflexión mafufa, un aburrido episodio autobiográfico y una conclusión igualmente mafufa.

Reflexión mafufa

La reflexión parte de la premisa que da título a la presente ponencia: “el cómic como lectura iniciática”, lo que nos lleva a hacernos una pregunta que suelen acosar las mentes de profesores, escritores, intelectuales, padres de familia o gente lectora por igual: ¿cómo difundir la lectura? Es decir, ¿cómo hacer que la gente lea? Esta pregunta podría desembocar en otra aún más tortuosa y difícil de contestar ¿por qué queremos que la gente lea?

Ante la usual la respuesta romántica del lector idealista “lo maravilloso de la lectura es que no tiene que servir para nada”, me gustaría responder con la felizmente recibida noticia de que, en efecto, leer sí sirve y para mucho. Resulta que, según estudios recientes de diversas disciplinas, entre las que se encuentran las neurociencias, las ciencias cognitivas, la culturonómica y la memética, leer y producir literatura, en especial buena literatura, resulta beneficioso para sociedades e individuos, por diversos motivos que les dejaré de tarea investigar.

Ahora bien, ¿puede ser el cómic una herramienta para iniciarnos en la lectura? Para contestar a esta pregunta, primero quisiera hacer una aclaración importante: la lectura es una capacidad de la mente humana, y como tal debe ser desarrollada y ejercitada. Permítaseme, (y espero que no ofenda demasiado a quienes quieren defender una cualidad esotérica en el acto de la lectura) comparar la lectura con la aritmética, en cuanto a que son habilidades mentales. Se suele criticar que en las escuelas se marque la lectura como tarea obligatoria, porque el descubrimiento de la literatura debe estar motivado por la decisión libre y espontánea del sujeto. Pero yo digo, “¡pamplinas!”. No podemos obligar a los estudiantes a amar la aritmética, pero necesitamos que nuestros alumnos desarrollen un mínimo de capacidades numéricas, y para ello necesitamos, por obligación si es necesario, ponerles ejercicios y tomarles exámenes.

Tampoco podemos obligarlos a amar la literatura, pero debemos desarrollar en ellos un mínimo de capacidades lectoras, y para ello hay que ponerles ejercicios y aplicarles pruebas. Y habiendo desarrollado ya sus habilidades para leer y comprender lo que leen, a ellos les será más fácil adquirir el gusto por la literatura. Y como en el caso de las habilidades numéricas, habría que empezar por lo más sencillo (si quieren matar el gusto de un adolescente por la lectura, háganlo empezar por El Quijote).

Ahora quiero hacer una diferencia entre arte y entretenimiento. El arte es algo grandioso, sublime, elevado en un sentido estético, intelectual y hasta espiritual, y que me maten si cometo la pedantería de pretender definirlo. Más fácil es definir el entretenimiento como aquello con lo que buscamos evadirnos de la realidad y descansar mente y cuerpo de las fatigas que nos impone la vida. Dicho sea de paso, el entretenimiento es una necesidad humana tanto como lo es arte. Puesto que no podemos sólo dedicarnos a trabajar para proveer a la familia, ni clavarnos con profundas meditaciones metafísicas todo el día, necesitamos la distensión que nos proporciona el entretenimiento.

Existe también una diferencia entre el entretenimiento barato y el entretenimiento de calidad. El último es original, ingenioso, efectivo para despertar emociones y respeta la inteligencia del público. El primero es repetitivo, trillado, apela a las emociones más bajas y confía en la pasividad, conformidad y falta de memoria del público.

Pues bien, existe literatura de arte y literatura de entretenimiento. De la primera tenemos a Víctor Hugo y en la segunda tenemos a Julio Verne, por mencionar a dos de la misma nacionalidad. Julio Verne, Arthur Conan Doyle y Emilio Salgari y otros hacían entretenimiento de calidad.



Como bien se sabe, los autores mencionados produjeron obras de literatura iniciática, es decir, obras con las que muchas personas, en su infancia, empiezan a leer. Seguramente muchos de nosotros tuvimos La Isla del Tesoro o Viaje al Centro de la Tierra como uno de nuestros primeros libros, como desde hace más de una década, muchos niños y niñas se han iniciado en la lectura con los libros de Harry Potter, y más recientemente con Los juegos del hambre.

También los cómics constituyen lecturas iniciáticas. Valdría la pena, antes de seguir, preguntarnos si los cómics son literatura. Personalmente, creo que no. Creo que son un arte independiente, con un lenguaje propio. Es tan diferente el cómic a la literatura, como el cine al teatro; y el cómic no es “literatura ilustrada” como el cine no es “teatro filmado”. Pero cómic y literatura tienen algo en común: el lenguaje escrito (aunque hay cómics “mudos”), y el acto de leer como forma de fruición. También, por cierto, hay en el cómic una diferencia entre arte y entretenimiento. Sea como sea, lo cierto es que las primeras obras leídas por muchos niños y niñas son precisamente historietas y éstas pueden llegar a ser muy atractivas en la cultura ferozmente visual en la que nos vivimos.

Los más optimistas ven esto con muy buenos ojos: si empiezan a leer Harry Potter, con el paso del tiempo se convertirán en férreos lectores y llegarán a las grandes obras de la literatura. Después de todo, uno puede empezar leyendo Spider-Man y llegar hasta Maus. Pero esto me lleva  a preguntarme si en realidad empezar por el entretenimiento lleva a los lectores tarde o temprano al arte. Según veo, una persona puede pasarse la vida viendo churros hollywoodenses sin jamás echarle un ojo a una película de Fellini; o consumir pasivamente basura como el reguetón y jamás prestarle oído a una sinfonía de Tchaivkosky. De la misma manera, conozco gente que empezó leyendo best-sellers y en su vida adulta continúa leyendo best-sellers, sin atreverse a agarrar Crimen y castigo; conozco gente que de niños leían Superman y que hasta la fecha siguen con lo mismo y le rehúyen a Watchmen, porque les parece complicado, aburrido y con muchas palabrotas.



Quizá hay personas cuyas mentes no dan para pasar del entretenimiento al arte. Quizá como dicen algunos pesimistas, la literatura no es para todos, y el hecho de que suene presuntuoso o elitista no lo hace menos verdadero. Como dijo una vez un camarada: “Leer no hace inteligente a nadie, son los inteligentes los que agarran y leen”. Entonces, ¿eso significa que maestros, padres de familia, escritores, intelectuales y demás, perdemos el tiempo en tratar de difundir el hábito de la lectura?

¡No, por cierto! Quizá a muchos jamás puedan leer dos palabras juntas sin sufrir de jaquecas, y otros nunca sean capaces de dar el brinco desde best-sellers baratos hacia literatura de verdad. Pero habrá muchos que descubrirán la indescriptible satisfacción de la lectura en las páginas de X-Men y que, en busca siempre de novedades y más elevadas satisfacciones, las encontrará en las grandes obras de la literatura. Y aquí viene el aburrido episodio autobiográfico…




Me inicié casi al mismo tiempo en la lectura en tres medios: los libros de cuentos para niños, los libros sobre ciencia y naturaleza (también para niños), y las historietas. Los primeros cómics que leí fueron los de Garfield el Gato, seguidos casi simultáneamente por Mafalda. Dos tiras con un estilo muy diferente, que ayudaron a definir mi sentido del humor. En casa de unos primos descubrí los Astérix de Goscinny y Uderzo, que fueron los primeros cómics “largos” que leí y que despertaron en mí la fascinación por la historia de las culturas antiguas. 



Mi primer cómic “serio” estaba basado en una obra literaria: era una adaptación de Tarzán de los monos de Edgar Rirce Burroughs, ilustrada por el gran Hugh Hogart. Recuerdo que me impactó mucho la lectura de este libro, por la violencia y el drama que podía alcanzar lo que antes creí que era una historia para niños. A su vez, descubrí la magnificencia que podía alcanzar el arte en un cómic.



El año de 1992 será recordado por muchos de mi generación. Una noticia apareció en televisión, radio y prensa y nos sacudió a todos: Superman había muerto. Como muchos de mi generación, empecé a leer cómics de superhéroes, especialmente de Marvel y DC, justo después de La Muerte de Superman (antes sólo conocía a los superhéroes por películas y series animadas). En esos años (estaba aún en la primaria) descubrí que los superhéroes de cómic eran mucho más complejos que sus contrapartes de la televisión. Me impactó el nivel de violencia, tragedia y hasta sensualidad que podía alcanzar las historietas de justicieros encapuchados. Recuerdo en especial una novela gráfica de Gambit, que era tan cachonda, que para mí y mis amiguitos era un tesoro como para otros niños menos nerdosos podía serlo una Playboy robada al hermano mayor.




Dejé los cómics de superhéroes por unos cuantos años, hasta que los retomé durante una crisis de varicela en la adolescencia. Durante esta conflictiva etapa, las historietas fueron casi exclusivamente mi única lectura. Pero lo importante es que me mantuvieron leyendo, es decir, mantuvieron mis capacidades lectoras activas y ejercitándose, y cuando decidí madurar como lector para pasar a las bellas letras, los cómics me habían dejado un bagaje cultural muy valioso. Por esos años leí Arkham Asylum, Kigndom Come, Batman: Year One y Dark Knight Returns, The Killing Joke, Marvels, Daredevil: Born Again y muchos títulos más que me mostraron que el cómic, hasta en el género de superhéroes, podía ser una pieza de arte.



Además, los cómics editados por la finada línea de superhéroes de Editorial Vid tenían un plus: incluían breves artículos que contaban el origen y desarrollo de las historietas, hablaban de grandes escritores y artistas del medio, filosofaban sobre la ideología o las implicaciones sociológicas del cómic e invitaban a los lectores a conocer títulos como Watchmen o V for Vendetta (que a su debido omento conocí). A veces compraba los cómics de Spider-Man sólo para leer dichos artículos.

Otro impulso hacia la buena lectura provino del cómic japonés, que descubrí cuando una de las tantas efímeras tiendas de cómics que han pasado por esta ciudad abrió sus puertas en Gran Plaza. El título era Neon Genesis Evangelion de los estudios Gainax (el anime no era conseguible por acá). Yo detestaba animes como Dragon Ball y Sailor Moon, lo que me hizo pensar que los japoneses hacía puras jaladas. Pero Evangelion me impactó por la profundidad humana de sus personajes. De hecho, toda la parte de robots gigantes peleando con monstruos y derribando edificios, me parecía muy aburrida; ¡Yo quería saber qué pasaría con los problemas existenciales de Shinji!



Cuando a los 18 años decidí ponerme a leer en serio, el cómic siguió acompañándome. Alan Moore, Frank Miller, Art Spiegelman, Daniel Clowes, Robert Crumb, entraron a mi vida en mis primeros años de joven adulto, junto con Dostoievsky, Borges, Unamuno, Stendhal, Flaubert, Milton y Chéjov. Y pues aquí sigo, después de una licenciatura en Letras y dos libros publicados, no sólo leo a los autores que acabo de citar, sino que sigo dedicándole algunas horas felices a Superman y a Spider-Man, como también al Capitán Nemo y a Sherlock Holmes.


Conclusión mafufa


En conclusión: sí, un rotundo sí: el cómic puede ser la puerta de entrada al maravilloso mundo de la lectura. Puede ser el milagro que haga que un niño (y ¿por qué no? también un adulto) descubra que disfruta lo que la literatura le tiene que ofrecer.

6 comentarios:

Danielov dijo...

Mmm... ¿no creciste en realidad en Aguascalientes y fuiste un compañero de primaria al que no recuerdo? ¿Por qué siento que nuestros años formativos fueron taaan similares? Creo que a mí me pasó lo mismo con la lectura de cómics y obras de entretenimiento.

¿O acaso me espías? ¬¬

Saludos.

Sir David von Templo dijo...

De no ser porque soy 7 años más joven que tu, juraría que somos contemporáneos. Comparto tu opinión. Pero no olvidemos que por cada lector de Frank Miller y Unamuno, hay como 20 lectoras de Crepúsculo, y 30 de Dan Brown... (aunque quiero volver a ver la estadística, quisiera que no fuese así, snif)

Saludos.

Ego dijo...

@Danielov, @David: Je, je, je. Es fenómeno generacional de geeks, supongo. Saludos!

Anónimo dijo...

Cuando vuelven los temas chairos?

Bruxcat dijo...

Completamente de acuerdo y además militante.

Aunque no dejo de sentir un sudor frío cada que le presto algún comic o libro inicático a alguno de mis alumnos.

Gus dijo...

Felicidades por tu artículo. Debes ser un gran pedagogo. Tomaré en cuenta la sugerencia de la cual he experimentado su realidad. La lectura de Watchmen me dejó escalofrías. La adaptación que hizo hollywood es como en la mayoría de los casos puro afrecho, puro bagazo y espectacularidad en vez de contenido. Un saludo.

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