jueves, 10 de noviembre de 2011

La Era de los Imperios



"No hay camino para la paz. La paz es el camino."
Mahatma Gandhi


"Hacer la guerra en nombre de la paz es como follar en nombre de la virginidad"
Anónimo


La Pax Romana era el ideal y la justificación del Imperio. Llevar la luz de la civilización romana a un mundo caótico, oscuro y bárbaro. A lo largo y ancho del Imperio, desde el norte de África hasta Britania, desde las Columnas de Hércules hasta Mesopotamia, se respiraba la paz. 

Pero era una paz falsa, una paz mantenida por la fuerza de las legiones romanas. Para que en el Imperio hubiera calma y tranquilidad, se luchaba una guerra constante en las fronteras contra los pueblos que se negaban a ser sometidos. No importaba cuánto expandiera Roma esas fronteras, ni cuántos pueblos quedaran bajo el abrazo civilizador del Imperio: siempre habría otros contra los cuales era necesario combatir para asegurar la Pax Romana. Al fin, el Imperio cayó. Lo que se impone por la fuerza, es destruido por la fuerza.

Pero el ideal de la Pax Romana no se desvaneció, y durante los siglos siguientes no pocos trataron de alcanzar ese sueño. El Imperio Carolingio, el Reich de Barbarroja, el Imperio Español (imperio en el que no se ponía el sol), el Imperio Napoleónico, el Imperio Británico, el Tercer Reich, la Unión Soviética, el Imperio Americano... La idea era la misma: unir a todos los pueblos mediante la fuerza bajo un solo gobierno, eliminar todas las diferencias para que sólo existiera una cultura, una religión, una ideología, una raza, una civilización... La paz llegaría cuando todos los enemigos fueran suprimidos y todos viviéramos bajo una sola forma de vivir y ver la vida. 

Todos esos intentos, por supuesto, fracasaron una y otra vez. Y parecía que el mundo no aprendía la lección. Tuvo que ocurrir el horror de la Primera Guerra Mundial, con sus casi 10 millones de muertos, para que el mundo que se decía civilizado (negándole esta cualidad al resto del planeta) empezara a replantear sus ideas y su forma de actuar. Los últimos grandes imperios de Europa, el Austro-Húngaro, el Alemán, el Ruso y el Otomano, dejaron de existir (aunque las democracias burguesas que resultaron vencedoras no eran menos imperialistas, e incluso lo eran mucho más). Nació la Sociedad de Naciones para evitar nuevos conflictos. Nació un nuevo ideal (o se recuperó uno viejo, con el que ya antiguos sabios soñaban), un  objetivo de la civilización occidental: buscar la paz por medio de la negociación y la diplomacia, y evitar la guerra a cualquier costo.

Pero si las democracias liberales habían aprendido su lección, no así los estados fascistas (Alemania, Italia) y militaristas (Japón), que reinstauraron el culto a la guerra y a los valores castrenses de valentía, obediencia, lealtad y sacrificio. Gran Bretaña y Francia, pensando que estaban lidiando con entidades igualmente civilizadas que consideraban la paz como un fin deseable (y también con la esperanza de que sirvieran de barrera contra el avance soviético), trataron inútilmente de apaciguar a estos monstruos y los dejaron crecer. Y una vez más, las huestes de un Imperio se lanzaron a la conquista de Europa, para someterla toda bajo el ideal de una sola raza, una sola ideología y una sola civilización. 



Fue necesaria la unión de casi todas las naciones de la Tierra para detener el avance de esa fuerza de muerte, guerra y conquista. Incluso el capitalista Estados Unidos y la comunista Unión Soviética, enemigos irreconciliables antes y después, unieron sus fuerzas para detener a un enemigo que amenazaba a la humanidad entera. Pero también hay que recordar que, si bien fue necesaria la violencia para detener al Eje, éste se convirtió en esa terrible amenaza precisamente porque logró eliminar, por la fuerza, los elementos pacifistas de sus sociedades y construir una cultura de exaltación a la guerra. 60 millones de seres humanos murieron en los frentes de batalla, en las ciudades bombardeadas (por el Eje y también por los Aliados), en los campos de exterminio y por la bomba atómica.

Tuvieron que ocurrir esas dos impensables catástrofes para que la humanidad como conjunto empezara (apenas empezara) a pensar en modificar el rumbo. Uno de los resultados, de los más importantes, fue la Organización de la Naciones Unidas. Celebro la ONU no como hecho, sino como ideal: por primera vez en la Historia, los países independientes del mundo se unían, de forma casi siempre libre y voluntaria, sin importar sus diferencias culturales, raciales o ideológicas, con el objetivo de mantener la paz, de evitar la guerra, de impedir que el horror de las guerras mundiales se repitiera. 



Y bien, la guerra no se abolió. Corea, Vietnam, Afganistán y cientos de conflictos más a lo largo del doloroso siglo XX dieron cuenta de ello. Pero la violencia se trasladó al Tercer Mundo y por lo menos la idea de una guerra entre las potencias del Primero era inconcebible. Para quien creció en los años de la Guerra Fría, debió haber sido horrible vivir sabiendo que en cualquier momento la locura en cualquiera de los dos bandos podía llegar a ser tal, que bastaría apretar un mítico Botón para borrar de una vez toda forma de vida en la Tierra. Pero eso no pasó.

Estados Unidos y la Unión Soviética tenían la capacidad para destruir el mundo varios cientos de veces. Y no la usaron. A pesar de algunas posturas demenciales (como la de los generales que le sugirieron a Kennedy iniciar la guerra a gran escala contra la URSS durante la Crisis de los Misiles) la prudencia prevaleció. Estuvimos así del precipicio y decidimos no saltar. Creo que eso indica que, por lo menos, no estábamos tan mal. La mayoría de los conflictos entre ambas potencias se resolvió mediante la diplomacia o con las famosas guerras periféricas, que destruyeron miles de vidas en el Tercer Mundo.

Pero pudo haber sido peor. Mucho peor. Sin la ONU, otras muchas guerras que no ocurrieron habrían sucedido, y otras tantas que sí tuvieron lugar habrían sido mucho más desastrosas. Eso sí: no puede negarse que la ONU ha sido muchas veces un instrumento para asegurar los intereses de Occidente. Además, en su mismo seno ocurre una terrible y monstruosa paradoja: mientras los países miembros dicen ser defensores de la democracia, la ONU misma tiene una estructura antidemocrática. 

Si en una sociedad los votos de cinco individuos contaran más que los de los otros 188, no sería considerada una democracia. Pero en la ONU el Consejo de Seguridad está integrado por cinco naciones (Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Rusia y China, los países ganadores de la Segunda Guerra Mundial), que tienen poderes de veto y resolución de los que los demás miembros carecen. Así, no importa que la población de cada país elija a sus propios gobiernos, y que esos gobiernos democráticamente electos designen representantes para la ONU: las decisiones que afectan a todos las toma una minoría que no fue electa por la mayoría.

Aún así, soy optimista (¿ingenuo?) y pienso que como ciudadanos de los países que forman parte de la ONU podemos empezar a exigir y trabajar por la democratización de nuestras propias naciones y, como consecuencia lógica, de ese organismo, de tal forma que cada estado miembro tenga igualdad frente a todos los demás. Hoy son ya muchas voces las que demandan este cambio. Necesitamos democracia real, democracia global. Ya.




Otro punto me hace sentir optimista: si bien aún hoy en las escuelas y a través de los libros y las películas se nos enseña a admirar al Imperio Romano y poco se nos habla de su crueldad (en México se nos enseña a admirar al Imperio Azteca, en detrimento de los otros pueblos que fueron sojuzgados por aquél), en nuestros tiempos los imperios ya no son bien vistos. Antaño, destacarse en guerras de conquista y poseer amplios dominios daba prestigio a una nación. Hoy, la palabra "imperialismo" tiene connotaciones indiscutiblemente negativas. Tratándose de Roma, Persia o Tenochtitlan la palabra "Imperio" quizá aún se relaciona con imágenes de esplendor y grandeza, pero hablando del siglo XX en adelante, "Imperio" remite, en la mente del ciudadano contemporáneo, a ideas de invasión, sojuzgamiento, destrucción, esclavitud, explotación y genocidio. Los simpatizantes del intervencionismo yanqui, dentro o fuera de Estados Unidos, no lo defienden diciendo que ser un imperio esté bien, sino negando que ese país lo sea.

Si pensamos en las atrocidades ocurridas en el siglo XX, quizá el panorama parezca desolador. Pero si tenemos en cuenta los milenios en los que la guerra, la conquista, la dominación y la destrucción del otro han sido aceptados como algo natural, incluso admirable, y el poco tiempo en que la paz verdaderamente ha sido un anhelo, apreciaremos un avance, por pequeño que sea, en la concepción misma de los valores de nuestra civilización.

Una lección no debemos olvidar del fracaso de los imperios: en nuestra era nació la Unión Europea. Lo que los césares, Carlomagno, Napoleón y Hitler no lograron por la guerra, se logró por la paz, por el mutuo y libre acuerdo de naciones independientes, para coexistir unidas. Y aunque en lo económico la Unión Europea podría estar a punto de colapsar, en lo cultural y social este sentimiento de unión paneuropea difícilmente podrá echarse para atrás. La unión se logra en libertad y mediante acuerdos, no por la conquista.

Pero si estas naciones prósperas y poderosas aprendieron a vivir en paz entre ellos y a colaborar en vez de enfrentarse, no han aprendido a hacer lo mismo con los demás países del mundo. Tras la retirada de los imperios coloniales de África, el continente ha sido azotado por incontables guerras civiles que el dominio europeo mantenía controladas. Pero lo cierto es que muchas de esas rivalidades tribales y étnicas detrás de estas guerras fueron azuzadas, e incluso creadas, por las potencias europeas para controlar a la población con la vieja estrategia de "divide y vencerás". La paz europea en África se impuso por la violencia, y aunque esa paz fue efectiva mientras duró, se construyó a costa de mantener a los habitantes como ciudadanos de segunda, en constante humillación y al retirarse, surgieron los monstruos que habían estado creciendo debajo. Sin mencionar que Occidente sigue explotando África, pero ahora sin la responsabilidad que implicaba gobernarla como a una verdadera colonia. En África, los países de Occidente venden armas, extraen diamantes, carbón y petróleo, imponen y deponen gobiernos. La violencia en África no se debe a que los africanos sean demasiado salvajes como para gobernarse a sí mismos, es decir, no se debe a que el imperialismo se haya ido, sino a que, mutado, continúa allí.




Otra región que fue azotada por el imperialismo fue Medio Oriente, repartido entre las potencias europeas tras la caída del Imperio Otomano. Cuando los imperios europeos se debilitaron después de la Segunda Guerra Mundial, concedieron la independencia a las naciones de la región. Pero no tardaron en imponer dictadores y gobiernos títere para asegurarse de que sus intereses no fueran afectados. Durante décadas, Occidente concibió el Mundo Árabe como una región en la que sólo había dos opciones: dejar crecer al fundamentalismo islámico, o apoyar gobiernos de mano dura para tenerlo a raya. Optaron por la segunda y, una vez más, al imponer la paz por la fuerza, lograron que los pueblos musulmanes identificaran a esos gobiernos con las fueras externas e infieles que los imponían y, así, que el Islam, el cual tradicionalmente proporciona identidad y cohesión a estos pueblos, se fortaleciera y radicalizara. Las consecuencias se siguen presentando hasta hoy.

Ahora bien, nada justifica el terrorismo. Sin importar cuán desesperada sea la situación de una persona, creo que siempre se tiene la opción de no segar vidas inocentes. Pero el terrorismo surge cuando un grupo se ve aplastado por otro mucho más fuerte y, al no poder combatirlo de frente, lo hace desde las sombras. Nunca apoyaré ni simpatizaré con ningún grupo que asesine a civiles inocentes, pero hay que reconocer que muchas veces el terrorismo es la consecuencia directa de que se haya querido sojuzgar a las naciones por medio de la fuerza y se les ha negado su libertad y su patria. 

Desde luego que debe combatirse y castigarse el terrorismo (y el crimen, a propósito) y a quienes lo perpetran, y debe hacerse mediante la fuerza y la inteligencia, pero también se debe, al mismo tiempo, eliminar las causas que lo engendran. Eliminando la agresión y la opresión se eliminará en gran parte el sentimiento de que es necesaria la resistencia o la insurgencia. Algunos extremistas seguirán pregonando ese sentimiento, pero ya no se ganarían la simpatía de las mayorías, como sucedió cuando después de la malhadada invasión a Irak de 2003, el extremismo islámico se radicalizó aún más, ganó adeptos en todo Medio Oriente, y tuvo como consecuencias los atentados terroristas en Madrid y Londres.

Lo mismo se puede decir con respecto a las naciones indígenas de América. Durante los casi dos siglos de independencia de las naciones latinoamericanas, éstas han ejercido una especie de imperialismo hacia adentro, tratando de hacer que pueblos los indígenas abandonen su propia cultura y acepten la dominante, con argumentos como que "ya están dentro de nuestro país y se tienen que acoplar" o que son demasiado estúpidos como para alcanzar, desde su propia cultura, los ideales modernos de igualdad, democracia y derechos humanos. Cada pueblo tiene derecho a buscar la prosperidad, y fracasar en el intento, pero por sí misma, sin la opresión de los demás, y sin ser agredidos. Se dice de algunos pueblos que por su cultura e idiosincrasia aún no están listos para vivir en libertad y adoptar la democracia. Pero sólo se puede aprender a vivir en libertad, viviendo en libertad. Y aunque no creo viable la creación de Estados-nación para los pueblos indígenas (creo, de hecho, que el Estado-nación es un concepto en vías de extinción), sí me parece factible el establecimiento de regiones autónomas que libremente acepten formar parte de los Estados nacionales latinoamericanos dentro de cuyos límites geográficos se encuentran.




Otorgar patrias propias a los pueblos que carecen de ellas podría ser considerado por muchos como "capitular ante la violencia", pero habría que considerar cuál sería el mayor costo a largo plazo. Quizá dejando a estas naciones ser dueñas de sí mismas, después, en un futuro, decidan unirse voluntaria y pacíficamente a las demás, para crear una comunidad de Estados libres. Europa Occidental, después de siglos de luchas internas, conflictos religiosos, baños de sangre y guerras de conquista, aprendió la lección y se lo ha permitido. ¿Por qué no pueden permitírselo a las otras naciones de la Tierra? 

La sola libertad de los pueblos no traería la paz total y eterna, desde luego. India dejó a los musulmanes separarse y fundar su propia nación: Pakistán. Pero aún así los conflictos entre estos dos países, ambos libres e independiente, han marcado la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, las guerras civiles dentro de una India que tratara de forzar a una minoría musulmana a vivir marginada en un país mayoritariamente hinduísta, habrían sido mucho peores, como lo fueron los conflictos internos antes de la separación de Pakistán. La independencia de las naciones no eliminaría la guerra, pero sí quitaría un gran obstáculo para la paz.




Necesitamos libertad. Libertad real, no sólo nominal, no sólo tener el propio himno y la propia bandera y unas fronteras bien definidas en el mapa de un atlas, sino ser libres de imposiciones por parte de otros Estados. De hecho, poco me importa todo eso de banderas, himnos y fronteras. No creo en los nacionalismos, y sí en cambio sueño con una sociedad en la que, más que sentirnos mexicanos, o canadienses, o franceses, o chinos, cada uno de nosotros se sienta humano. Pero no se pueden eliminar los nacionalismos con violencia e imposición, sino dejando que cada pueblo aprenda la conveniencia de estar libremente unido a los demás. Los nacionalismos extremos surgen en un contexto en que las naciones se sienten atacadas o sometidas por grupos ajenos, extraños y diferentes. Eliminando esas agresiones y sometimientos, es decir, dejando a cada pueblo en verdadera libertad, quizá entonces cada nación decida unirse a las otras. Tendríamos paz y unión basadas no en la eliminación de la diferencia, sino en la riqueza de la diversidad, para crear un mundo en el que quepan todos los mundos.

Es por eso que la Era de los Imperios debe terminar.



12 comentarios:

Sir David von Templo dijo...

Me quito el sombrero, o me lo quitaría si usara uno. Muy buena entrada. Ojala los Chepillines, chairos, mochos, y fundamentalosos varios entiendan estas cosas. Son importantes. De hecho, esos mundos qeu soñaron los conquistadores donde solo hay una cultura, una raza, una religión en todo el mundo, (sea la cultura que sea) es mi infierno particular. Lo que hace interesante a este pequeño pedrusco azul a la deriva en materia oscura son todas las culturas, toda esa diversidad, que se complementa para poder alcanzar desde diferentes perspectivas esos ideales, libertad, igualdad, solidaridad, paz. No todas lo logran por supuesto, pero por eso es que tenemos raciocinio...

Saludos mi estimado.

arg dijo...

Me gana la hueva para comentar bastantes puntos de tu entrada por lo que mi único comentario es que esta entrada esta llena de ingenuidad, parece dictada por algún predicador Mormón,Lama, evangélico o lo que sea,buena entrada para un catecismo.

Sombrerudo dijo...

A arg:

Yo más bien creo que está llena de fe en la humanidad. Y es que alguien tiene que creer en ella ¿No?

A Ego:

Muy buena entrada, como la anterior.

JorgeLaris dijo...

Todavía no lo leo, pero la segunda frase (la de follar en nombre de la virginidad) es una frase de Mägo de Oz, de su canción "Polla dura no cree en Dios". Por cierto, vienen a Mérida el 15 de Diciembre.

JorgeLaris dijo...

Ya leí bien la frase y no son exactamente iguales, así que quien sabe cual fue primero.
En general concuerdo con tigo.
Te recomiendo checar si te interesa este libro (que no he leído, pero que quiero) http://blogs.discovermagazine.com/gnxp/2011/10/relative-angels-and-absolute-demons/

Y checa este video: http://www.youtube.com/watch?v=d1ZX-x7sySI

DutchPower117 dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Pancho dijo...

"And when you kill a man, you're a murderer Kill many, and you're a conqueror Kill them all ... Ooh ... Oh you're a God!"
Megadeth - Captive Honour

Yo la verdad no le tengo tanta fe a la humanidad, siento que incluso por naturaleza somos así, pero también creo que son un poco de solidaridad [que desgraciadamente tenemos muy olvidada] podemos evitar este tipo de situaciones.

Ribozyme dijo...

¿Usos y costumbres para los indígenas? ¿Que se vendan las hijas, que las mujeres no puedan ostentar posiciones de autoridad, linchamientos? La Unión Europea exige una serie de requisitos respecto a modernidad y derechos humanos ¿Por qué crees que Turquía no ha podido ingresar?

Ego dijo...

¿Y yo cuándo dije eso? Lee bien (-.-) Pero sí, que puedan seguir sus usos y costumbres, siempre y cuando no se violen los derechos humanos, ni las leyes que los protegen. El problema es muchos piensan que por ser indígenas serán incapaces de adoptar una cultura de los derechos humanos, y entonces sólo los blancos ilustrados deben regular que no porten como animales.

Ribozyme dijo...

Es cuestión de lógica. Si son comunidades autónomas quiere decir que se van a guiar por los principios que les den las ganas. Si ahorita, con las presiones externas de las leyes no respetan dichas cuestiones ¿por qué lo harían sin ellas? Veamos el caso de países musulmanes como Arabia Saudita, Yemen o Pakistán. Si, como ya dije, hay países que con todo y su deseo de entrar a la Unión Europea no logran establecer dichas situaciones.

Ego dijo...

Autonomía no es lo mismo que independencia. Hay diferentes formas en las que las regiones dentro de un mismo país puedan tener diversos grados de autonomía.

beto velez dijo...

pues la neta yo soy belico por naturaleza, casi me salen unos tentaculos azules cuando veo las iniciales SPQR, soy fan de la antigua roma y le leido varios autores unos mas mariguanos que otros, me gustaria haber sido un trajanvs o algun scipio el africano o el gladiador marcio.. ni pex me corresponde esta epoca de balas inmundas e indignas.. ave ego morituri te salutant hahaha, ya saque mis traumas de loco thineroso..

buen post la neta.. pero pense k ibas a hablar mas de roma... esta pendiente un post mas extenso..

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