martes, 29 de noviembre de 2011

Geek es el nuevo cool

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¿Alguien se acuerda de los nerds? Ya saben, individuos flacuchos u obesos con la cara llena de acné y peinados relamidos, que usaban gafas de pasta, frenillos, zapatos ortopédicos y ropa que no les quedaba bien; esos chicos que eran socialmente ineptos, pero brillantes para áreas arcanas del conocimiento como las matemáticas, la computación y las ciencias duras, y demás cosas que no tenían utilidad en la "vida real". Feos y desprestigiados, estaban condenados a pasar la niñez y adolescencia como blanco de bravucones y niños carita, y la vida adulta como vírgenes viviendo en el sótano de casa de sus padres viendo repeticiones de Star Trek y jugando Dungeons and Dragons.

O así solía ser en tiempos pretéritos y oscuros, en que los nerds vivían escondidos bajo las rocas con el temor de que los seres menos avanzados los aplastaran con sus garrotes. En los 80 y los 90, ser nerd no era nada cool. Me remito a mi área de expertise: la cultura pop. Oh, sí... lo recuerdo perfectamente... En los productos culturales pop de esa época (en especial de series de TV), el nerd tenía dos opciones: o era un chistoso pero incómodo patiño del o los protagonistas, o era un ser despreciable cuya arrogancia y ñoñez debía ser castigada por la buena onda de los chicos cool.

Nerds de "Salvados por la campana" a punto de recibir su merecido. ¡Eso es, Slater: dale una lección a esos ñoños!

En el primer caso, los nerds utilizaban sus extraños conocimientos para ayudar a los chicos cool a lograr su cometido (tipo, inventar una bomba de sostenes o una mamada por el estilo). En el segundo, servían de antagonistas, a los que el público podía odiar fácilmente por el hecho de ser mamones, torpes, diferentes y, sobre todo, inteligentes y sabihondos. Porque saber cosas no era cool, ¿eh? En un mundo de adolescentes analfabetas y apáticos no puedes colocar un producto que no entienda su completo desdén por el uso del cerebro.

En cualquier caso, eran personajes que sólo podían aspirar a ser elementos cómicos y chuscos, pero jamás de los jamases un modelo popular a seguir. Y desde luego, eran las constantes víctimas de abusos por parte de los bravucones o bullies. La película La venganza de los nerds (1984), aunque trataba de ser empática con este grupo, sólo reforzó los prejuicios.

Screech podía ser aceptado como personaje simpático porque reconocía su lugar en la escala social: ser el bufón de un chico cool. Si un nerd se atrevía a tratar de subir a un lugar que no le correspondía, era justamente castigado y humillado.

Eso en la cultura pop gringa. En México nunca fue tan así. El término "nerd" ni siquiera se popularizó sino hasta que los que hacen el doblaje y los subtítulos en nuestro país dejaron de sustituirlo por otras palabras como "bicho raro", "cerebrito", "sabelotodo", "matado", etcétera. Aunque ya en los 80 había personajes nerdosos en la TV mexicana (Calisto, de Cachún Cachún Ra Ra, 1981-89) que más o menos copiaban el modelo gringo.

En la vida real era distinto. Los que sacaban buenas calificaciones podían ser llamados nerds, pero rara vez su aspecto y actitud coincidían con el estereotipo. Mas el avance de la cultura mediática fue atroz y el estereotipo se impuso, si no en la realidad, por lo menos sí en la percepción (en mi experiencia). Si te gustaba leer y te interesaba el conocimiento, en especial la ciencia, eras un nerd, y si eras un nerd debías ser mamón, presumido, tímido, ñoño, torpe, y en general merecías ser segregado de la sociedad y recibir lapos y calzones chinos. Así, a mí me tocó que me llamaran nerd, a pesar del hecho de que era una lacra en la escuela (y de que mi entusiasmo por la tecnología siempre ha sido mínimo), sólo porque sabía cosas que no se suponía que alguien de mi edad debía saber (como por qué el cielo es azul o cuál es la capital de Mozambique).




Pero la percepción del nerd tenía que cambiar. Lo hizo poco a poco, sobre todo en la cultura pop. Ya a finales de los 30, teníamos a Clark Kent con su apariencia nerdosa y su actitud pusilánime. Pero Kent, sobre todo el de la Edad de Plata (entre las décadas de los 50 y 70), era un disfraz de Superman, una forma de ocultar el hecho de ser más cool que todo el mundo, bajo la apariencia de la ñoñez absoluta. El primer nerd cool fue Peter Parker, a finales de los 60, que usaba anteojos, le gustaba la ciencia y recibía golpizas de los bravucones de la escuela hasta que un buen día tuvo la suerte de que lo mordiera una araña radiactiva y se convirtiera en Spider-Man. Aún así, Peter siguió siendo un nerd y lo seguirá siendo por el resto de su vida. Con gran inteligencia, su creador Stan Lee se dio cuenta de que la mayoría de los lectores de cómics de superhéroes eran adolescentes de clase media y nerds, y que por lo tanto se sentirían más identificados con uno de su tipo que con extraterrestres todopoderosos o playboys millonarios. Además, a Peter Parker le fue requetebién en la vida amorosa: Mary Jane, Betty Brand, la Gata Negra, Gwen Stacy... ah, no... olviden esa última.




A finales de los 90 comenzaron a aparecer las novelas de Harry Potter. El héroe, aunque no era muy listo y tenía más buena suerte que talento, era un chico flaquito, rechazado y que usaba anteojos. Creo que Harry demostró que se podía tener un look nerdesco y ser cool al mismo tiempo. Pero la realmente genial era Hermione Granger, la chica nerdosa (más en su actitud que en su apariencia), súper genial y súper sexi, verdadera heroína de estas historias. La saga literaria y más aún, su contraparte cinematográfica, ayudaron a elevar al nerd al estatus de cool.

Pero el gran salto vendría con la popularización de las computadoras caseras, las consolas de videojuegos y demás gadgets que pasaron a formar parte de la vida cotidiana de muchas personas. Mientras la tecnología se volvía más y más necesaria para la sociedad, aquéllos que tenían los conocimientos para crearla y sacarle provecho se volvieron más y más valorados. Los nerds crecieron y ocuparon, gracias a sus capacidades intelectuales, puestos lucrativos e influyentes en industrias del primer mundo (donde no siguen mandando los cavernoides y los iletrados). En particular, muchos de los actuales magnates de la tecnología fueron nerds de libro de texto, y hoy influyen en las vidas de muchas personas gracias a sus creaciones.

Rockefeller y Steve Jobs. El magnate de antaño y el magnate de hoy.


La época del nerd clásico terminó. ¡Contemplad el ascenso del geek! El geek rompía con los estereotipos del nerd flacucho y bueno para nada. El geek era cool, un hombre (o mujer) de  mundo, que impresionaba a los demás con sus conocimientos y atraía a miembros del sexo opuesto (o del mismo, o de ambos) que supieran valorar la inteligencia. El conocimiento se volvió sexy. Y los geeks, por décadas víctimas de bravucones analfabetas, se convirtieron a su vez en bullies, usando sus conocimientos en computación para atacar y chantajear por la red a los cabezas huecas que antes les hicieron la vida imposible. Payback, bitches!




Y éste es un buen momento para caracterizar al geek. De entrada para ser geek hay que ser inteligente. Lo siento, puedes tener mucho entusiasmo, pero si no tienes un IQ alto, pues "gracias por participar". Siempre tendrás la oportunidad de ser gris oficinista o ama de casa. Segundo, los geeks se caracterizan por una fascinación extrema hacia las cosas que les gustan. No son sólo pasatiempos, sino estilos de vida. ¿Qué les gusta a los geeks? La tecnología, en especial la computación y los gadgets; las ciencias, sobre todo las ciencias duras, en especial física y matemáticas; la cultura pop, en particular libros, películas y series de TV de ciencia ficción, fantasía y terror; videojuegos, juegos de rol y figuras de acción coleccionables; pendejadas varias.


Dios supremo de los nerds. ¿No sabes quién es? Oh, quizá prefieras irte a ver Betty la fea, o algo así...


El afán de los nerds por el entretenimiento y por las ciencias se popularizó gracias a su otra gran pasión: la tecnología. Internet puso al alcance de todos la cultura geek, que antaño sólo estaba en manos de algunos pocos connosseurs y coleccionistas en el mundo anglosajón: películas, series, videojuegos y cómics de todos los lugares y tiempos,  y sitios de divulgación científica quedaron al alcance de nuevas generaciones de geeks en potencia. Se conformó algo así como una cultura geek global, en principio dominada por los productos culturales de Estados Unidos, Gran Bretaña y Japón, pero pronto enriquecida por insospechados creadores de contenido geek en todo el mundo. Surgieron así algunos sitios web básicos, como Gizmodoio9, Wired y Nerdist; más tarde siguieron contrapartes en español como Hipertextual y Extraordinerd, y por supuesto la tienda ThinkGeek, donde se venden productos fascinantes como éste:

Ay, ¿no lo entiendes? No importa: no esperaba que lo hicieras


El avance de la tecnología en efectos especiales permitió que a principios del siglo XXI se experimentara un "boom" del cine de superhéroes (que aún vivimos) y que dio a conocer al gran público historias y personajes que durante décadas fueron sólo del conocimiento de comiqueros apasionados. Además, sagas cinematográficas como El Señor de los Anillos, Harry Potter y Star Wars (y, en menor medida, The Matrix) ganaron público geek de entre las nuevas generaciones. Series de TV de contenido francamente geek como, Lost y Heroes, ganaron mucha popularidad hasta entre los legos (aunque decayeron después de sus respectivas segundas temporadas). O sea, cada vez había más geeks y lo geek era notorio hasta la casi omnipresencia.

Más aún, la influencia de los nerds en la sociedad quedó manifiesta con dos fenómenos ocurridos en los últimos dos años. WikiLeaks, cuyas revelaciones sacudieron al mundo y desencadenaron la Primera Guerra Cibernética Mundial, es un proyecto fundado por Julian Assange, programador de computadoras y encarnación del geek moderno. Anonymous, el colectivo de hacktivistas que le han causado dolores de cabeza a más de un gobierno, está compuesto por geeks que le saben muy bien "a eso de la computadora", como dicen mis papás. Y no se puede dejar de lado que el ícono que tanto Anonymous como de la nueva generación de manifestantes de Occupy Wall Street no es el Che Guevara, sino un superhéroe anarquista surgido de un cómic de culto. Si antes del nerd era apolítico y su participación en movimientos sociales era invisible, ahora está protagonizando una revolución global.

Guerrilleros: tradicionales y modernos

En México están tiras cómicas como Bunsen y Kid A, y proyectos como Bully Magnets, que no solamente copian modelos anglosajones, sino que crean productos con una identidad propia, combinando referencias geeks universales con rasgos muy característicos de nuestra cultura (y desde España tenemos a El Joven Lovecraft y El Desván del Abuelito).

Moneros mexicanos de ayer y hoy.


Para mayores ejemplos, chequen este poema:




Y ya que estamos en esto, lean mi poemario Poeta que jugó videojuegos, el primer ejemplo de poesía geek en la Península de Yucatán (que yo sepa).

Las convenciones de ánime, cómics o ciencia ficción se hicieron más frecuentes en todo el mundo de habla hispana. Junto con los geeks ascendieron los frikis, que coinciden en gustos, pero éstos se decantan más por la cultura pop que por la ciencia y la tecnología, y se destacan por su orgullosa excentricidad (como en el caso de otakus, cosplayers y similares).

Frikis de mierda

Ross Geller en Friends y Eric Forman en That 70's Show, ya eran bastante nerdos y simpáticos, así como otros personajes esporádicos en diversas series de TV. Quizá los primeros nerds que tuvieron su propio protagónico fueron Dexter y Jimmy Neutrón, pero su representación de lo nerd no era muy favorable (menos en Dexter que en Jimmy). La serie de TV que realmente le dio a los geeks su lugar fue The Big Bang Theory, que empezó en 2007. Esta divertida comedia, como todos saben, fue la primera en tener a un grupo de nerds como protagonistas, además de estar llena de referencias a la cultura geek. Sin embargo, la verdad es que el humor de esta serie no es tan intelectualmente elevado como algunos pretenden, es bastante condescendiente con los que no son nerds (muchas veces se trata de hacer sentir bien a los vivales humillando a los nerds) y en realidad sigue las fórmulas típicas de la sitcom gringa, pero con referencias geek por aquí y por allá, como haciendo algunos guiños.


Ser cool en los 90's. Ser cool hoy. Es mucho más cool ser cool hoy.

Otras series como Eureka, Fringe, Chuck están también dirigidas a un público geek, pero todo el mundo puede disfrutarlas, porque no son realmente tan hardcore como lo fueron Star Trek, Stargate, Babylon 5 o Battlestar Gallactica (sin hablar de Dr. Who), por mencionar algunas con versiones más recientes, cuyo público estaba formado casi sólo por nerds.

No podemos decir que ser geek se puso de moda así no más; de hecho, ha sido una evolución muy lenta. Pero para los mortales que no han estado en el medio geek desde el principio, debió haber parecido una súbita revolución. Además, los hipsters tomaron mucho de lo geek, como el look desaliñado, las gafas de pasta, las camisas de cuadritos y los sombreritos, además de su gusto por lo vintage, de tal forma que ahora geeks y hipsters se confunden en esta generación millennial, y hasta se habla de geeksters. La verdad de la verdad es que la mayoría de las personas no pueden clasificarse en una cosa y en la otra, y eso es un intento realmente simplista (sólo simplones sin identidad propia tratan de seguir al pie de la letra el estereotipo de lo que se supone debe ser un geek, un hipster, un nerd, un emo, un punk, un darketo, etc.)

En esta época surgen las Geek Godesses

Ahora ser geek está de moda. En cosas muy superficiales como usar gafas de pasta, decir que te gustan los gadgets, lamerle las bolas a Steve Jobs, amar a Sheldon Cooper o ponerse a leer cómics alternativos (sin entenderlos, pero diciendo que están muy chidos); cualquiera sintió que podía participar. La industria del entretenimiento se ha aprovechado de esto, y ahora se ve a los "famosos" con sus antiparras, y MTV, esa gran puta de la vacuidad, tienen algunas series protagonizadas por geeks o frikis de diversos tipos (en versiones muy light, desde luego). El ambiente geek se ha llenado de posers, como siempre pasa, y esta moda pasará con el tiempo, como todas. Mientra tanto, yo la disfruto.

Pero los verdaderos geeks, los que han estado desde el principio, seguirán siéndolo. Porque ser geek es una forma de vida, no una moda pasajera. Tampoco es una moda pasajera que estemos viviendo en una sociedad en la que el conocimiento y las habilidades intelectuales se vuelven cada vez más importantes y que por lo mismo las personas que tienen esos conocimientos y esas habilidades tienen la ventaja.

Que tiemblen los brutos, bravucones e iletrados ante una revolución geek. Los geeks no tienen nada que perder en ella sino sus cadenas. Tienen un mundo que ganar. ¡Geeks de todos los países, uníos!

jueves, 24 de noviembre de 2011

Revolución 2011: Noviembre

Saludos, ciudadanos del mundo. Vaya que se está volviendo difícil seguirle la pista a los acontecimientos que están zarandeando al mundo (o que por lo menos lo intentan). Rápidamente, les dejo algunas breves:

El Frente Oriental




Como les comentaba en la entrada anterior, tras la caída de Hosni Mubarak en Egipto, una junta militar tomó el poder. Este cambio de gobernantes no es una ruptura verdadera, pues el mismo sistema que el encabezaba el dictador es el que se encuentra ahora gobernando. Los rebeldes que estuvieron en la plaza Tahrir desde principios de 2011 no están contentos con esta situación y las manifestaciones se han reanudado con mayor fuerza a partir del pasado 18 de noviembre. No es suficiente la sustitución de un dictador, no para un pueblo que ansía libertad y democracia [ver aquí]. Pero la junta militar no ha sido tan clemente como lo había sido Mubarak, y las fuerzas armadas han chocado en varias ocasiones con los manifestantes, lo que ha ocasionado muertes, heridos y detenciones [ejemplo aquí]. También se han cometido arrestos y torturas en contra de periodistas y blogueros [ver aquí]. Era de esperarse: el poder de la fuerza siempre ha odiado y temido el poder de la palabra y del pensamiento. En testimonio de un egipcio manifestante:

La junta militar está luchando contra el pueblo egipcio... Quieren enviar el mensaje de que han regresado con mayor fuera y dureza que en el pasado. Pero, por otro lado, el pueblo egipcio les ha respondido: tenemos más valor y estamos listos para resistirles. No retrocederemos.

Un miembro del Comité para la Protección de Periodistas declaró que la táctica de arrestar y maltratar ciudadanos no ha resultado efectiva para intimidar al movimiento. Los blogueros, cineastas y periodistas que fueron arrestados, recibieron oleadas de muestras de simpatía y apoyo, y cuando finalmente fueron liberados, compartieron sus testimonios y experiencias, lo que ha alentado a los activistas [de nuevo, aquí].

Mona Eltahawy, una de las varias periodistas arrestadas por el régimen militar egipcio

La Revolución Egipcia está, por tanto, en su segunda etapa. Habrá elecciones para elegir un parlamento el próximo 28 de noviembre y también se redactará una constitución. Pero la junta militar seguirá gobernando hasta las elecciones presidenciales (que no sucederán antes de un año) y supervisará la redacción de dicha constitución; 80 de los 100 miembros del congreso constituyente serán designados por los militares. Es decir, la democracia aún está muy lejos de llegar al País del Nilo.

El experto en historia del Medio Oriente Aaron Jakes señala que el actual régimen egipcio es heredero no sólo de Mubarak, sino del sistema colonial británico, que se basaba en imponer el orden mediante la fuerza y en negar a los egipcios la capacidad de regirse por sí mismos. La lucha actual es contra ese sistema y quienes la sostienen están conscientes de ello [leer más aquí].

Por otra parte, el profesor de economía Adeel Malik compara la Primavera Árabe con las revoluciones democráticas ocurridas en la Europa de 1848: muchos levantamientos populares simultáneos, unos pocos cambios menores y después la vuelta al viejo orden. Señala que el gobierno de Libia tras la caída de Gaddafi ha actuado de forma tan autoritaria, cruel y represiva como en tiempos del dictador y que el único cambio democrático real y ordenado se ha llevado a cabo en Túnez, la cuna de la revolución. Quizá, dice Malik, el futuro de la Primavera Árabe dependa de lo que ahora está sucediendo en Egipto.

Pero si bien la estructura política del régimen de Mubarak no ha cambiado, hay una esperanza optimista: la misma resistencia de los manifestantes egipcios, que a pesar de toda la brutalidad represiva, no han tirado la toalla, y ello podría obligar a la junta militar a hacer concesiones con tal de no perder el poder. Ya sea mediante la negociación o la presión, la tendencia es que la sociedad civil poco a poco vaya liberándose del poder sus gobernantes militares. Aún quedarán pequeñas "batallas" en las que el pueblo vaya ganando uno por uno los derechos y libertades que les han sido negados, pero a veces las batallas pequeñas son las que traen los cambios más grandes [leer texto completo aquí].

Mientras tanto, en Yemén, Alí Abdalah Saleh se convirtió el pasado miércoles 23 de noviembre en el cuarto dictador en caer en lo que va del año. Después de más de tres décadas de gobierno, después de más de 10 meses de manifestaciones y después de más de mil muertos, Saleh acordó firmar un pacto para dejar el poder dentro de 30 días a cambio de que se le concediera inmunidad.




Aún queda mucho por hacer: los yemeníes no están contentos con que no se castigue el terrorismo de Estado vivido desde enero de 2011, y exigen que todos los miembros de la familia de Saleh sean retirados de las posiciones de poder. El futuro de Yemén es incierto: ¿seguirá el camino de Túnez o el de Egipto? [más información aquí]. Sea como sea, es importante tener en la mirada a este país de la Península Arábiga: de no establecerse pronto un gobierno democrático sólido que devuelva la estabilidad al país, toda una serie de problemas podrían desatarse o agravarse: guerra civil, piratería somalí, crisis económica, caída del comercio de petróleo y gas, migraciones masivas de refugiados y el fortalecimiento de Al Qaeda en la zona [más información, aquí].

Y finalmente, tenemos a Irak, país en el que la población lucha por deshacerse del gobierno títere impuesto por Estados Unidos tras la invasión de 2003, al mismo tiempo que trata de construir una sociedad que deje atrás el modelo autoritario de la dictadura de Saddam Hussein, y que a la vez tiene como objetivo librarse de la injerencia iraní. Por lo pronto, Barack Obama ya ordenó la retirada definitiva de Irak el 31 de diciembre de este 2011. La otra plaza Tahrir, la de Bagdad, es el escenario en el que se encuentran quienes anhelan un Irak desarrollado e independiente, bajo el lema: no entregaremos nuestro país [ver más aquí].


El Frente Occidental

Remember, remeber
The fifth of November
The gunpowder treason and plot.
I know of no reason
why the gunpowder treason
should ever be forgot...


El 5 de noviembre se conmemora en Inglaterra el fracaso de la Conspiración de la Pólvora de 1605, en la que Guy Fawkes intentó hacer estallar el Parlamento como parte de un complot de católicos fundamentalistas en contra de la religión anglicana impuesta desde tiempos de Enrique VIII y sus sucesores Isabel I y Jacobo I. Pero gracias a la novela gráfica de Alan Moore, V de Vendetta (1982-1989), y a su adaptación cinematográfica (2006), la fecha se convirtió en una celebración de la rebeldía en contra de los gobiernos autoritarios.

Estados Unidos

Un movimiento iniciado por Kristen Christian, que tiene una galería de arte en Los Ángeles, fijo el 5 de noviembre como fecha para protestar masivamente en contra de las altas tarifas de los bancos y de su mal servicio a los clientes. El Bank Transfer Day fue todo un éxito: alrededor de 40 mil personas retiraron sus ahorros de sucursales de los grandes bancos americanos y los traspasaron a cuentas en cooperativas de ahorro locales y pequeñas. Esto, además de fortalecer la alternativa que representan estas instituciones de apoyo comunitario y darle un golpe (leve, pero significativo) al sistema bancario, obligó al gigantesco Bank of America a cancelar una cuota de 5 dólares que planeaban cobrar a sus clientes por el uso de tarjetas de débito [información completa aquí y también vean este video]. 



Otro éxito alcanzado por un movimiento popular de masas en la Unión Americana fue la detención del proyecto de extender el oleoducto de Keystone, que porta crudo desde Alberta, Canadá, hasta varios destinos en los Estados Unidos. El oleoducto existente ha sido criticado por ambientalistas y políticos, e incluso por algunas refinerías. La extensión del conducto causaría mayores daños al medio ambiente. Un movimiento masivo en Washington, iniciado desde agosto de este 2011, logró presionar a Obama para que suspendiera el proyecto por lo menos hasta 2013. Lo importante de este caso no es sólo que se impidió un proyecto más que dañaría el medio ambiente, sino que es parte de una lucha global en contra de una economía basada en el petróleo y que no puede sostenerse por más tiempo si se quiere preservar la integridad de nuestros ecosistemas y se anhela alcanzar la justicia económica y detener las guerras por "oro negro". Y no podemos esperar hasta que se acabe la última gota de crudo para que eso ocurra [ver más aquí].



Aunque estos movimientos coinciden en tiempo y circunstancias con el de Occupy Wall Street, y miembros de unos han manifestado simpatía y apoyo moral hacia los demás, no están coordinados ni vinculados directamente. OWS sigue sus propios cauces. Se originó en Nueva York como una protesta en contra de la corrupción de financieros, bancos y corporaciones que se han apoderado de la política en EUA, llevado al mundo a una crisis económica, expoliado el tesoro nacional (formado por los impuestos de los ciudadanos) y salido muy contentos. El movimiento alcanzó notoriedad global el pasado 15 de Octubre, cuando se dieron protestas en más de 90 ciudades alrededor del mundo, y hoy por hoy se ha extendido de forma permanente a no menos de 28 ciudades en los Estados Unidos.



Recientemente, los enfrentamientos entre policías y manifestantes se han hecho comunes. Ha habido centenares de arrestos y los activistas han denunciado el uso indiscriminado de gas pimienta por parte de la policía. Ésta, por su parte, alega que los manifestantes se han vuelto progresivamente más conflictivos y  violentos. El movimiento tiene ya 10 semanas de existencia y no da signos de debilitarse, sino de todo lo contrario, y se ha ganado el apoyo popular: las encuestas señalan que un 67% de los neoyorquinos apoya el movimiento, contra sólo un 27% que está claramente en contra y el resto que no tiene una opinión definida.

La cantidad de información que se está generando sobre Occupy Wall Street es inmensa y no sería posible seguirla toda, además de que mucha de ella pierde actualidad con rapidez y es mejor esperar un tiempo para ver qué es lo que tiene consecuencias importantes y qué se queda en lo anecdótico. Ante esta situación, les recomiendo revisar el excelente artículo de Wikipedia, que ha hecho una labor admirable para mantenerse actualizada sobre estos eventos. A partir de ahí pueden revisar las fuentes noticiosas originales (literalmente, cientos de ellas) en las que los colaboradores de la Enciclopedia Libre se han basado para mantener la información fresca y completa.



Pero lo más importante es que, ya sea que uno esté a favor o en contra del movimiento, y ya sea que éste triunfe o no, está generando debates y discusiones, despertando a la gente y recordándole la importancia del ágora, tal como les comentaba en la entrada anterior.

México



En nuestro país ha ocurrido una serie de sucesos inesperados y sorprendentes. Parece ser que todo empezó  en Agosto con una falsa noticia difundida en Twitter, en el estado de Veracruz, según la cual habría (o ya había ocurrido) un ataque narcoterrorista en contra de una escuela. En respuesta, el gobernador del estado, Javier Duarte, ordenó el arresto de dos tuiteros, a los que acusó de terrorismo, en un desplante autoritario ridículo y pueril. Según los tuiteros, ellos fueron los primeros en subir la noticia, pero porque la habían escuchado de fuentes orales, es decir, que el rumor ya se estaba corriendo antes de ser subido a Twitter. En cualquier caso, ninguna ley obliga a decir la verdad en Twitter, y decir una falsa noticia no es terrorismo.

Una de los dos tuiteros detenidos, Marichú Bravo, declaró haber sido maltratada por hombres armados no identificados y golpeada hasta perder el conocimiento. Fue llevada a un cuartel militar donde le obligaron a firmar un acta en la que se comprometía a nunca más usar ninguna otra red social. La intimidación pudo más y ambos tuiteros se han retirado de las redes. Todo lo que hicieron fue repetir un rumor del que no estaban seguros [leer más aquí].

Desde entonces, el gobernador Javier Duarte ha anunciado que propondrá leyes para limitar la libertad de expresión en las redes sociales y vigilar lo que sus usuarios publican en ellas. La propuesta va tras cualquiera que exprese en Internet críticas contra el gobierno. Por supuesto, hay una fuerte oposición contra estas iniciativas, por parte de usuarios de las redes sociales, activistas y medios de comunicación. Como decía más arriba, hablando de la represión del régimen militar egipcio: el poder de la fuerza le teme al poder de las palabras y las ideas. Es signo de nuestros tiempos que la actitud de un gobernador priísta sea análoga a la de una dictadura militar del Norte de África.

Otro suceso aparentemente relacionado: Anonymous, la organización hacktivista internacional, declaró la guerra a los Zetas. Esto ocurrió tras que en agosto en Veracruz, un integrante de Anonymous fuera secuestrado por los narcotraficantes. El colectivo anunció el 6 de octubre que si los Zetas no liberaban a su camarada, revelarían información que vinculaba al grupo delictivo con políticos, empresarios, militares y policías. Durante los días siguientes, Anonymous llamó a hackers de todo el mundo hispano a unirse a la campaña, pero advirtiendo que era una operación muy peligrosa y que sólo los más hábiles debían comprometerse.



El 4 de noviembre Anonymous anunció que habían liberado a su camarada y que suspendían la operación. ¿Qué pasó aquí? Es cierto, Anonymous no pudo vencer a los Zetas y tuvo que echarse para atrás, pero en realidad ambos grupos se quedaron en tablas. Los narcos tuvieron que liberar a la persona secuestrada; es decir, se sintieron tan intimidados por el poder de este colectivo que tuvieron que negociar. ¿Cuándo fue la última vez que el gobierno de Calderón logró liberar a un rehén del poder de los narcos? Aunque no se trata de una victoria definitiva, sí es una señal de esperanza [ver aquí].

Otro golpe de Anonymous en Iberoamérica: el 13 de noviembre ejecutaron la Operación Corrupción, para atacar a los políticos corruptos de México, sin importar su color o denominación, como una forma de apoyar al pueblo mexicano, que se ha visto en los últimos años atrapado entre el gobierno y el crimen organizado. Varias páginas fueron hackeadas, así como la cuenta de Twitter de la gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega. Como dato curioso, en este contexto, las entradas que aquí he publicado sobre esta ilustre estadista recibieron literalmente miles de visitas ese día. Ahora Anonymous ha anunciado que próximamente habrá una #OpTranzas. Hay que estar pendientes.




¿Qué está pasando? ¿Qué pasará? Todo esto me abruma y supera por mucho mi capacidad de análisis y entendimiento. Creo que sólo nos queda estar informados y esperar. Pero de una cosa estoy seguro: pase lo que pase, después de esta marea, de esta tormenta, despertaremos en un mundo distinto...


lunes, 21 de noviembre de 2011

En el Ágora: Algunos principios para un debate entre caballeros (o damas)




Cuando se habla de mayo del 68, se dice: “Bueno, eso no cambió nada.” Nos cambió a muchos de los que estuvimos allí. No sé si salvaría el mundo, pero a mí me vino bien. Estoy convencido de que mucha gente que estaba allí quizá no tenía grandes ideas ni soluciones, pero redescubrieron el Ágora.

Eso dice el filósofo Fernando Savater en uno de los textos que citaré en esta entrada. De lo que se trata es de debatir, de discutir, de intercambiar ideas. Decía Robert M Hutchins que la humanidad, a través de los libros, sostiene una Gran Conversación. Bien, creo que esa Gran Conversación se lleva a cabo no sólo en los libros, sino en todos los medios que tiene el ser humano para expresarse. Estos meses, parte de esa Gran Conversación se ha dado en torno a un tema.

El movimiento Occupy Wall Street es más que sólo un montón de ninis ociosos estorbando el tránsito. Uno puede estar a favor o en contra, verlo con indiferencia o condescendencia, pero por lo menos tendría que reconocer que este movimiento social tiene alcances más allá de las calles. Y es que ha generado un intenso debate a través de los medios de comunicación, sobre todo (y por mucho) en Internet. Esto ya de por sí es bueno, pues sea cual sea el resultado a largo plazo, ahora mismo se discuten ampliamente temas que por mucho tiempo se dieron por sentados, y personas que nunca antes se interesaron en política, sociedad y economía están al pendiente de las noticias, presenciando los debates e intercambiando ideas. Es decir, que si algo ha logrado Occupy Wall Street es que muchos redescubrieran el Ágora.


Veamos algunos casos muestra del debate que se sostienen en los Internetz. En un artículo de George Monibot, publicado en el periódico inglés The Guardian, señala con datos duros la decadencia de las clases media y baja, y el empoderamiento de la clase alta en los últimos años en el mundo desarrollado:

Entre 1947 y 1979 [los años del capitalismo de bienestar], la productividad en EUA aumentó un 119%, mientras que las ganancias del 20% más pobre de la población aumentaron un 122%. Pero entre 1979 y 2009 [los años del capitalismo neoliberal], la productividad aumentó sólo un 80%, mientras que el ingreso del 20% más pobre cayó en un 4%, y las ganancias del 1% más rico aumentaron 270%.


El punto central de su artículo es que ese 1% no ha logrado aumentar la riqueza mundial: lo único que ha conseguido es concentrarla en sí mismo. También señala que el argumento de que ese 1% de ciudadanos más ricos han logrado lo que tienen debido a que son más inteligentes o más trabajadores que el resto de la población, es un mito, y que muchos de ellos están ahí por una combinación de factores favorables, principalmente el haber nacido en una familia de clase alta. Además, en el medio de ese 1% se fomentan valores y conductas que en medios normales serían consideradas antisociales, pero que como allí son útiles para captar la riqueza, se premian.

Si tienes tendencias psicópatas y naces en una familia pobre, probablemente vayas a prisión. Si tienes tendencias psicópatas y naces en una familia rica, probablemente vayas a la escuela de negocios.


Pueden leer el artículo completo aquí. Mientras tanto, tengamos otro ejemplo: En un artículo de T.M. Scanlon, aparecido en el Boston Review, se habla acerca de liberalismo económico y de la libertad. El objetivo del autor es demostrar que ni el liberalismo económico como doctrina se desprende lógicamente de la defensa de la libertad como valor moral, ni la libertad individual es resultado del liberalismo económico. Básicamente, el liberalismo económico permite que pocas corporaciones acumulen poder económico y político, coartando de facto la libertad individual de trabajadores y consumidores por igual, y en general de cualquiera que no pertenezca al círculo de poder.

Un mercado sin regular deja a muchos trabajadores con poco control sobre sus propias vidas. Su libertad también tiene importancia moral.


Pueden leer el artículo completo aquí. ¿Qué tiene que ver esto con Occupy Wall Street? Bueno, pues que este movimiento se da en contra de banqueros y financieros corruptos que precipitaron la crisis económica mundial y además se quedaron con ganancias obscenas. De ahí la relevancia de un artículo que desmitifique a los plutócratas del 1% y de otro que trate de echar por tierra las doctrinas del neoliberalismo que los enriquecieron y causaron la crisis. Desde luego, ambos textos, sobre todo el segundo, generaron sendos comentarios de lectores, algunos de los cuales atacaron su contenido, otros lo defendían y pronto empezaron a discutir entre ellos sobre otros aspectos que no formaban parte del escrito. 

Veamos la otra cara de la moneda. En un artículo publicado en The New York Times, Adam Davidson dice que aumentar los impuestos a las corporaciones, como lo pide el movimiento OWS, serviría sólo para calmar la furia anti-corporativa de los manifestantes y de los populistas, pero que ni de lejos ayudaría a solucionar la crisis. Es más, señala, ningún político tiene realmente intenciones de hacerlo, ni siquiera el presidente Obama. 

Gravar la actividad corporativa significa menos inversión, menos contratación, menos empleos y  una economía más reducida.



Lo realmente importante aquí, dice Davidson, no es cobrarle más impuestos a los ricos (ni dejar de hacerlo),  sino hacer reformas a la administración financiera de los Estados Unidos. Pueden leer el artículo completo aquí.

Finalmente, el movimiento Occupy Wall Street forma parte de una serie de movimientos sociales variopintos que se han desatado en muchos países del mundo capitalista, incluyendo Grecia, Irlanda, Portugal y, desde luego, España, en donde el movimiento ha sido más amplio y notorio [ver el Frente Occidental, y ya que, de forma menos directa, todos se relacionan también con la Primavera Árabe, ver el Frente Oriental]. Fernando Savater, a quien mencioné al principio de esta entrada, tiene que decirnos lo siguiente sobre la crisis y el sistema que la causó:

No hace falta ser marxista ortodoxo para darse cuenta de que la economía es el sustrato de muchas otras cosas, y de que cuando en el mecanismo económico la rueda gira en el vacío, cuando en vez de producirse objetos se producen especulaciones, todo se empieza a cuartear.


Sobre el movimiento de los Indignados españoles, que inspiró al movimiento OWS de los gringos, el ilustre filósofo dice que su reacción es lógica, pero los critica por su falta de propuestas reales:

Los movimientos de indignación son lógicos –¿cómo no van a serlo, si no se solucionan esos problemas?–, pero la crítica a los políticos no es creíble más que cuando los ciudadanos son capaces de hacer autocrítica. Y no se ve más que una crítica de los políticos, como si los políticos hubieran llegado en unas naves extraterrestres para causar el daño en la tierra. Muchas veces los políticos están ahí porque los hemos puesto, los hemos tolerado, no los sustituimos. Los ciudadanos han vivido felices mientras duraba esa irreal prosperidad y ahora echan la culpa a todo el mundo de que esa prosperidad no sea real.



Pueden leer la entrevista completa aquí. Pero no sólo entre periodistas e intelectuales se da este debate. Como dije, en círculos en los que este tipo de discusiones no se solía tener, ahora se están suscitando con no menos vehemencia. Hace poco, el argumentista de cómcis Frank Miller (famoso por Batman: Año Uno, Sin City y 300), publicó una dura crítica contra el movimiento Occupy Wal Street. io9, una revista digital de temas geeks (ciencia ficción, fantasía, videojuegos, cómics, cine, ciencia, tecnología, etc.) señaló que Miller ya desde hace tiempo perdió el rumbo y que no más dijo una serie de disparates. 

Y de hecho, la revista tiene razón, pues Miller no utiliza argumentos razonables y mucho más que una crítica, su texto parece una rabieta:

"Occupy" no es más que un montón de vagos, ladrones y violadores alimentados por una nostalgia de la era Woodstock y un falso sentido de pútrida superioridad moral. 

Miller dice que America [sic] se encuentra peleando contra un terrible y poderoso enemigo: Al-Qaeda y el islamismo, y que mientras los manifestantes hacen de las suyas, los terroristas deben estar riéndose al ver cómo ese montón de vagos destruyen por dentro la nación. La anacrónica paranoia post 9/11 de Miller guía su diatriba hasta recomendar a los manifestantes que se unan al ejército para que les quite lo jotos, o que regresen al sótano de la casa de sus padres a jugar Lord of Warcraft [sic].


Pongo el texto de Miller como contraejemplo de lo que debe ser un debate. Por supuesto, el señor Miller tiene todo el derecho a despotricar como él quiera, y al que no le guste que se joda. Pero no puede esperar entablar una conversación adulta y enriquecedora con esa actitud. 

También lo pongo como ejemplo de que el tema se cuela hasta en la sopa. Y aunque Miller no está debatiendo, la verdadera discusión se dio, como es usual, entre los comentarios de los lectores. Así, hasta en los medios geeks, tradicionalmente centrados en ciencia, tecnología y entretenimiento, se discuten temas de relevancia mundial. Pueden leer el texto de Miller en io9 aquí.

En fin jóvenes, el debate se da en diversos medios y a distintos niveles. Lo mejor es que, gracias a este medio democratizador que es Internet, todos podemos participar de la Gran Conversación. Eso sí, sean cuales sean sus posturas, todos debemos comportarnos con la sobriedad y el decoro de los ejemplos arriba mencionados (y no como Frank Miller). Para contribuir a que esta Gran Conversación se dé con toda civilidad y sensatez, les dejo algunos principios del debate entre caballeros o damas:


1.- Los debatientes no deben impedirse los unos a los otros defender o atacar las tesis que se debaten. No se puede descartar a priori ningún argumento, ni afirmar que algunas cosas son "indiscutibles" de antemano.

2.- Si vas a plantear una tesis, debes defenderla si se le ataca, sin desestimar las críticas del opositor. No evadas la responsabilidad de dar pruebas y argumentos, ni pretendas trasladar esa responsabilidad al contrario. Contraejemplos: "¡Es que es obvio!" "¿Ah sí? Tú demuestra que lo que digo es falso".

3.- Si criticas una tesis, la crítica debe ser sobre la tesis que de hecho fue planteada. No pongas palabras en la boca de tu interlocutor, ni ataques cosas que no dijo. Es deshonesto atribuir al contrario una versión exagerada o simplificada de lo que en realidad dijo y después atacarlo por ello (falacia del "hombre de paja").

4.- Debes atacar o defender una tesis por la tesis en sí misma. Es deshonesto concentrarse en las características, cualidades o defectos personales de quien sostiene una tesis (falacia ad hominem), o en el origen de las tesis y argumentos (falacia ad verecundiam), o desviar la atención hacia detalles que no tienen relevancia para los argumentos (falacia del señuelo). Contraejemplos: "Noam Chomsky vive en EUA y por lo tanto se beneficia de sus guerras intervencionistas; por lo tanto, sus argumentos en contra de tales guerras carecen de validez" "Los Indignados tienen iPhones, y por lo tanto no pueden estar en contra de la corrupción financiera y corporativa".

5.- Puedes criticar las premisas implícitas en una tesis planteadas por tu interlocutor, y estás obligado a defender las premisas implícitas en las tesis planteadas por ti mismo. Pero hay que asegurarse de que esas premisas estén realmente implícitas y no sean casos de hombres de paja, señuelos y demás falacias.

6.- Para defender una tesis, utiliza argumentos que comparten un punto de partida. No te vayas por las ramas ni tienes por qué discutir detalles insignificantes.

7.- Además, para un mismo debate, tus argumentos deben ser construidos dentro de un mismo marco. No se vale utilizar criterios diferentes, ni cambiar de definiciones a los términos a lo largo del mismo debate.

8.- Ten en cuenta la lógica: los argumentos deben ser lógicamente válidos o debe poder probarse su validez a través de la explicación de una o más premisas implícitas. No confundas las condiciones necesarias con las condiciones suficientes, ni las propiedades de alguna de las partes por las propiedades del todo. Contrajemplo: "El 15 de Octubre hubo manifestaciones en 90 ciudades; en Roma y en Santiago de Chile se registraron disturbios violentos; por lo tanto, el movimiento es violento en esencia".

9.- El fracaso en defender una tesis debe llevar a quien la sostiene a retirarla; el éxito debe llevar al antagonista a retirar sus objeciones en cuanto a la tesis en cuestión. Si una tesis ya fue rebatida o demostrada, no hay por qué volverla a traer a colación, a menos que haya nuevas evidencias o argumentos al respecto.

10.- Las declaraciones nunca deben ser vagas, incomprensibles, confusas y ambiguas. Deben ser planteadas de tal forma que todas las partes entiendan lo mismo.

Tomado de A Short Course in Intellectual Self-Defense, de Norman Baillargeon.

sábado, 19 de noviembre de 2011

El cómic como literatura iniciática




Saludos, ciudadanos. El siguiente ensayo está dividido en tres partes: una reflexión mafufa, un aburrido episodio autobiográfico y una conclusión igualmente mafufa.

Reflexión mafufa

La reflexión parte de la premisa que da título a la presente ponencia: “el cómic como lectura iniciática”, lo que nos lleva a hacernos una pregunta que suelen acosar las mentes de profesores, escritores, intelectuales, padres de familia o gente lectora por igual: ¿cómo difundir la lectura? Es decir, ¿cómo hacer que la gente lea? Esta pregunta podría desembocar en otra aún más tortuosa y difícil de contestar ¿por qué queremos que la gente lea?

Ante la usual la respuesta romántica del lector idealista “lo maravilloso de la lectura es que no tiene que servir para nada”, me gustaría responder con la felizmente recibida noticia de que, en efecto, leer sí sirve y para mucho. Resulta que, según estudios recientes de diversas disciplinas, entre las que se encuentran las neurociencias, las ciencias cognitivas, la culturonómica y la memética, leer y producir literatura, en especial buena literatura, resulta beneficioso para sociedades e individuos, por diversos motivos que les dejaré de tarea investigar.

Ahora bien, ¿puede ser el cómic una herramienta para iniciarnos en la lectura? Para contestar a esta pregunta, primero quisiera hacer una aclaración importante: la lectura es una capacidad de la mente humana, y como tal debe ser desarrollada y ejercitada. Permítaseme, (y espero que no ofenda demasiado a quienes quieren defender una cualidad esotérica en el acto de la lectura) comparar la lectura con la aritmética, en cuanto a que son habilidades mentales. Se suele criticar que en las escuelas se marque la lectura como tarea obligatoria, porque el descubrimiento de la literatura debe estar motivado por la decisión libre y espontánea del sujeto. Pero yo digo, “¡pamplinas!”. No podemos obligar a los estudiantes a amar la aritmética, pero necesitamos que nuestros alumnos desarrollen un mínimo de capacidades numéricas, y para ello necesitamos, por obligación si es necesario, ponerles ejercicios y tomarles exámenes.

Tampoco podemos obligarlos a amar la literatura, pero debemos desarrollar en ellos un mínimo de capacidades lectoras, y para ello hay que ponerles ejercicios y aplicarles pruebas. Y habiendo desarrollado ya sus habilidades para leer y comprender lo que leen, a ellos les será más fácil adquirir el gusto por la literatura. Y como en el caso de las habilidades numéricas, habría que empezar por lo más sencillo (si quieren matar el gusto de un adolescente por la lectura, háganlo empezar por El Quijote).

Ahora quiero hacer una diferencia entre arte y entretenimiento. El arte es algo grandioso, sublime, elevado en un sentido estético, intelectual y hasta espiritual, y que me maten si cometo la pedantería de pretender definirlo. Más fácil es definir el entretenimiento como aquello con lo que buscamos evadirnos de la realidad y descansar mente y cuerpo de las fatigas que nos impone la vida. Dicho sea de paso, el entretenimiento es una necesidad humana tanto como lo es arte. Puesto que no podemos sólo dedicarnos a trabajar para proveer a la familia, ni clavarnos con profundas meditaciones metafísicas todo el día, necesitamos la distensión que nos proporciona el entretenimiento.

Existe también una diferencia entre el entretenimiento barato y el entretenimiento de calidad. El último es original, ingenioso, efectivo para despertar emociones y respeta la inteligencia del público. El primero es repetitivo, trillado, apela a las emociones más bajas y confía en la pasividad, conformidad y falta de memoria del público.

Pues bien, existe literatura de arte y literatura de entretenimiento. De la primera tenemos a Víctor Hugo y en la segunda tenemos a Julio Verne, por mencionar a dos de la misma nacionalidad. Julio Verne, Arthur Conan Doyle y Emilio Salgari y otros hacían entretenimiento de calidad.



Como bien se sabe, los autores mencionados produjeron obras de literatura iniciática, es decir, obras con las que muchas personas, en su infancia, empiezan a leer. Seguramente muchos de nosotros tuvimos La Isla del Tesoro o Viaje al Centro de la Tierra como uno de nuestros primeros libros, como desde hace más de una década, muchos niños y niñas se han iniciado en la lectura con los libros de Harry Potter, y más recientemente con Los juegos del hambre.

También los cómics constituyen lecturas iniciáticas. Valdría la pena, antes de seguir, preguntarnos si los cómics son literatura. Personalmente, creo que no. Creo que son un arte independiente, con un lenguaje propio. Es tan diferente el cómic a la literatura, como el cine al teatro; y el cómic no es “literatura ilustrada” como el cine no es “teatro filmado”. Pero cómic y literatura tienen algo en común: el lenguaje escrito (aunque hay cómics “mudos”), y el acto de leer como forma de fruición. También, por cierto, hay en el cómic una diferencia entre arte y entretenimiento. Sea como sea, lo cierto es que las primeras obras leídas por muchos niños y niñas son precisamente historietas y éstas pueden llegar a ser muy atractivas en la cultura ferozmente visual en la que nos vivimos.

Los más optimistas ven esto con muy buenos ojos: si empiezan a leer Harry Potter, con el paso del tiempo se convertirán en férreos lectores y llegarán a las grandes obras de la literatura. Después de todo, uno puede empezar leyendo Spider-Man y llegar hasta Maus. Pero esto me lleva  a preguntarme si en realidad empezar por el entretenimiento lleva a los lectores tarde o temprano al arte. Según veo, una persona puede pasarse la vida viendo churros hollywoodenses sin jamás echarle un ojo a una película de Fellini; o consumir pasivamente basura como el reguetón y jamás prestarle oído a una sinfonía de Tchaivkosky. De la misma manera, conozco gente que empezó leyendo best-sellers y en su vida adulta continúa leyendo best-sellers, sin atreverse a agarrar Crimen y castigo; conozco gente que de niños leían Superman y que hasta la fecha siguen con lo mismo y le rehúyen a Watchmen, porque les parece complicado, aburrido y con muchas palabrotas.



Quizá hay personas cuyas mentes no dan para pasar del entretenimiento al arte. Quizá como dicen algunos pesimistas, la literatura no es para todos, y el hecho de que suene presuntuoso o elitista no lo hace menos verdadero. Como dijo una vez un camarada: “Leer no hace inteligente a nadie, son los inteligentes los que agarran y leen”. Entonces, ¿eso significa que maestros, padres de familia, escritores, intelectuales y demás, perdemos el tiempo en tratar de difundir el hábito de la lectura?

¡No, por cierto! Quizá a muchos jamás puedan leer dos palabras juntas sin sufrir de jaquecas, y otros nunca sean capaces de dar el brinco desde best-sellers baratos hacia literatura de verdad. Pero habrá muchos que descubrirán la indescriptible satisfacción de la lectura en las páginas de X-Men y que, en busca siempre de novedades y más elevadas satisfacciones, las encontrará en las grandes obras de la literatura. Y aquí viene el aburrido episodio autobiográfico…




Me inicié casi al mismo tiempo en la lectura en tres medios: los libros de cuentos para niños, los libros sobre ciencia y naturaleza (también para niños), y las historietas. Los primeros cómics que leí fueron los de Garfield el Gato, seguidos casi simultáneamente por Mafalda. Dos tiras con un estilo muy diferente, que ayudaron a definir mi sentido del humor. En casa de unos primos descubrí los Astérix de Goscinny y Uderzo, que fueron los primeros cómics “largos” que leí y que despertaron en mí la fascinación por la historia de las culturas antiguas. 



Mi primer cómic “serio” estaba basado en una obra literaria: era una adaptación de Tarzán de los monos de Edgar Rirce Burroughs, ilustrada por el gran Hugh Hogart. Recuerdo que me impactó mucho la lectura de este libro, por la violencia y el drama que podía alcanzar lo que antes creí que era una historia para niños. A su vez, descubrí la magnificencia que podía alcanzar el arte en un cómic.



El año de 1992 será recordado por muchos de mi generación. Una noticia apareció en televisión, radio y prensa y nos sacudió a todos: Superman había muerto. Como muchos de mi generación, empecé a leer cómics de superhéroes, especialmente de Marvel y DC, justo después de La Muerte de Superman (antes sólo conocía a los superhéroes por películas y series animadas). En esos años (estaba aún en la primaria) descubrí que los superhéroes de cómic eran mucho más complejos que sus contrapartes de la televisión. Me impactó el nivel de violencia, tragedia y hasta sensualidad que podía alcanzar las historietas de justicieros encapuchados. Recuerdo en especial una novela gráfica de Gambit, que era tan cachonda, que para mí y mis amiguitos era un tesoro como para otros niños menos nerdosos podía serlo una Playboy robada al hermano mayor.




Dejé los cómics de superhéroes por unos cuantos años, hasta que los retomé durante una crisis de varicela en la adolescencia. Durante esta conflictiva etapa, las historietas fueron casi exclusivamente mi única lectura. Pero lo importante es que me mantuvieron leyendo, es decir, mantuvieron mis capacidades lectoras activas y ejercitándose, y cuando decidí madurar como lector para pasar a las bellas letras, los cómics me habían dejado un bagaje cultural muy valioso. Por esos años leí Arkham Asylum, Kigndom Come, Batman: Year One y Dark Knight Returns, The Killing Joke, Marvels, Daredevil: Born Again y muchos títulos más que me mostraron que el cómic, hasta en el género de superhéroes, podía ser una pieza de arte.



Además, los cómics editados por la finada línea de superhéroes de Editorial Vid tenían un plus: incluían breves artículos que contaban el origen y desarrollo de las historietas, hablaban de grandes escritores y artistas del medio, filosofaban sobre la ideología o las implicaciones sociológicas del cómic e invitaban a los lectores a conocer títulos como Watchmen o V for Vendetta (que a su debido omento conocí). A veces compraba los cómics de Spider-Man sólo para leer dichos artículos.

Otro impulso hacia la buena lectura provino del cómic japonés, que descubrí cuando una de las tantas efímeras tiendas de cómics que han pasado por esta ciudad abrió sus puertas en Gran Plaza. El título era Neon Genesis Evangelion de los estudios Gainax (el anime no era conseguible por acá). Yo detestaba animes como Dragon Ball y Sailor Moon, lo que me hizo pensar que los japoneses hacía puras jaladas. Pero Evangelion me impactó por la profundidad humana de sus personajes. De hecho, toda la parte de robots gigantes peleando con monstruos y derribando edificios, me parecía muy aburrida; ¡Yo quería saber qué pasaría con los problemas existenciales de Shinji!



Cuando a los 18 años decidí ponerme a leer en serio, el cómic siguió acompañándome. Alan Moore, Frank Miller, Art Spiegelman, Daniel Clowes, Robert Crumb, entraron a mi vida en mis primeros años de joven adulto, junto con Dostoievsky, Borges, Unamuno, Stendhal, Flaubert, Milton y Chéjov. Y pues aquí sigo, después de una licenciatura en Letras y dos libros publicados, no sólo leo a los autores que acabo de citar, sino que sigo dedicándole algunas horas felices a Superman y a Spider-Man, como también al Capitán Nemo y a Sherlock Holmes.


Conclusión mafufa


En conclusión: sí, un rotundo sí: el cómic puede ser la puerta de entrada al maravilloso mundo de la lectura. Puede ser el milagro que haga que un niño (y ¿por qué no? también un adulto) descubra que disfruta lo que la literatura le tiene que ofrecer.

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