sábado, 7 de enero de 2012

2011: El año en que pasó todo

Pues bueno, ha terminado un año más de nuestras vidas y, como es mi gusto y costumbre, hoy toca hacer una semblanza de los últimos 365 días vividos. Esta entrada es sobre todo para que yo aclare mis ideas y le dé orden a mis recuerdos, así que probablemente no les interese mucho. En fin, aquí vamos.



2011 fue un año inesperadamente intenso. La cantidad de cosas que acontecieron en mi vida es tal, que resulta imposible acordarse de todas. Algunos pocos sucesos grandes y significativos opacan una plétora de eventos agradables, divertidos y anecdóticos que otros años de mi vida habrían sido lo suficientemente sobresalientes para que les dedicara una buena crónica a cada uno.

No es que este año haya hecho cosas muy extremas ni muy alocadas. No me fui a la guerra, no salté de un avión con paracaídas, no recibí un premio Nobel, no viajé a la China y no cambié al mundo. Más bien, ocurrieron en mi vida acontecimientos de una gran intensidad emocional, me enfrenté a problemas personales y familiares que pusieron a prueba mi fortaleza y la fortaleza de mis uniones afectivas, y que me llevaron al punto de casi derrumbarme, para luego levantarme más fuerte. Fue un buen año, no porque no tuviera problemas, sino porque, junto con mis seres queridos, logré superarlos, aprender de ellos, y siento que eso me hizo crecer. Si algo sucedió este año, es que siento que maduré.

También siento que experimenté un "boost" de maduración intelectual. Experiencias y lecturas me expusieron a nuevas ideas, nueva información, que a su vez desencadenaron en mí una serie de reflexiones tan intensas en el plano intelectual como lo fueron las experiencias en el plano emocional y vivencial. Este fue un año de mucho pensar y mucho reflexionar.

Muchos de estos asuntos de los que les hablo son más bien íntimos y poco espectaculares para un observador externo. Trataré de mantener un equilibrio ahora que intento compartirlos, sin que parezca que soy un indiscreto sin pudor o que estoy presumiendo.



La primera mitad de 2011 aún trabajaba en una preparatoria semiescolarizada. Me gustaba dar clases ahí, y en ese lugar conocí a algunos de los mejores alumnos que he tenido, como estudiantes y como personas. Pero me dieron más horas en otra escuela donde pagan mejor, así que dejé la prepa definitivamente. 

Constantemente me quejo o me burlo de mis alumnos. Pero la verdad es que los perfectos idiotas son una minoría (salvo en algunas generaciones que me han tocado) y lo justo sería reconocer que he tenido muchachos maravillosos y extraordinarios. Hay un grupo al que nunca olvidaré, por su calidad humana, por la hermosa amistad que trabaron entre ellos y por la entrañable relación que entablaron conmigo: Feer, Gigi, Rox, Sami, Vale, Sabrina, Maggie, Karen, Moni, Greta, Jacquie, Héctor, Franco, Estefan, Padre, Reo, Tori, Manu, Jonny, Fabro, Mario, Pancho, los Gemelos... Como les dije en el improvisado discurso de despedida que ellos me pidieron dar el día de su graduación: son el grupo más genial al que le he dado clase. Sniff  :'(

Dos experiencias que viví con ellos me enriquecieron y me dejaron maravillosos recuerdos. La primera fue el proyecto de fin de año que realizamos. Se trató de un documental sobre la desigualdad social en cuanto a la educación en México. Fue un proyecto que nos costó mucha sangre sudor y lágrimas, muchas horas de trabajo bajo presión, y que al final nos dejó mucho. El resultado fue excelente, aunque lo diga yo.

La otra experiencia fue haber acompañado a mis chicos en su viaje de graduación a la Riviera Maya. No fue sólo que la escuela me pagó el viaje a un hotel de lujo con todo incluido (ni lo disfruté tanto, porque estaba enfermo del estómago), sino la convivencia con los chicos fuera del salón, en un ambiente de sincera camaradería, en especial con los 4 muchachos con los que compartí habitación, y con los que hasta planeamos hacerle una broma a las niñas. Jejeje, fue como revivir algunos días de adolescencia. También fue especial la última noche en la playa, en que sólo nos quedamos en playa platicando y los chicos y chicas se sinceraron y empezaron a preguntarme cosas sobre mi vida, que por primera vez les respondí con toda sinceridad. Fue algo realmente hermoso.



La segunda mitad del año tuve la inmensa fortuna de volver a dar a clases a algunos de esos alumnos, esta vez en su primer año de prepa. Ahora me tocó un nuevo proyecto bimestral: un juego de mesa que era un laberinto lleno de zombis y que para sobrevivirlo había que resolver problemas de lógica. No fue una obra maestra como lo había sido el video, pero fue divertido hacerlo y una vez más convivir con ellos (y con nuevos chicos) para lograr este propósito. 

También como parte de los proyectos semestrales, con mis alumnos de tercero de prepa escribimos y montamos una obra de teatro. Se trataba del encuentro de diversos personajes de obras de teatro, escogidos por los muchachos, quienes también escribieron cada quien sus propias líneas. Los ensayos parecían ser un desastre, pero la presentación final de la obra fue todo un éxito. Aunque hubo momentos en que me ganó la desesperación, en realidad disfruté mucho trabajar con ese grupo.

A principios de año quise establecer los domingos como días en los que saldría de aventuras con mi esposa y mi hijo. Así lo hicimos, yéndonos a explorar sitios de interés cercanos, o sólo yendo a pesar al zoológico, o al museo de ciencias, o al teatro, o a esas diversiones que le agradan mucho a mi pequeño. En varias ocasiones nos fuimos él y yo solos, en un viaje de chicos. Eso fue hermoso. También éste fue el primer año en que mi hijo asistió a un concierto de la orquesta sinfónica, el cual le encantó, porque el tema era música de películas, las cuales él ya conocía.

Bueno, esto no duró mucho, pues a finales de febrero sucedió algo que marcó el rumbo de todo el año. No me lo van a creer, y quizá piensen que es una ñoñada, pero ese evento fue un maratón de las versiones extendidas de El Señor de los Anillos que armé en mi casa con mi novia y unos amigos. Lo que hizo de una función de cine una epifanía, fue su carácter lisérgico. No fue sólo que esta experiencia resultó ser emocional e intelectualmente intensa (fue como una especie de retiro espiritual, pero chingón), que me sacudió el cerebro y me hizo pensar muchas cosas, sino que desencadenó una serie de acontecimientos que definirían el año.




El primero fue una crisis emocional que afectó mucho la salud de mi pequeña familia de tres. Fue un dura prueba de la que salimos adelante después de muchas dificultades y mucho sufrimiento durante muchos meses. Al cabo de este proceso me di cuenta de lo que realmente significa ser adulto.

El segundo, relacionado con aquél, fue mi boda. Después de 7 años de novios y de haber criado a un chiquillo de 5 años, por fin me casé con el amor de mi vida. Ahora bien, una boda implica muchas cosas, muchos preparativos, muchos problemas, mucha neurosis. Además, debo decir que mi boda fue la mejor a la que ido en mi vida. De veras, nunca había estado en una boda tan divertida. Y ni hablar de la noche de bodas... y de todas las celebraciones que la antecedieron y la siguieron. Mucho baile, mucha música, mucha diversión, locuras, familia, brindis, abrazos, buenos deseos y, sobre todo, ver que todos los amigos y familiares se la estaban pasando a todo dar. Es uno de los tres momentos de la vida que me gustaría poder volver a vivir.

Y así como mi novia se fue a ver pingas una noche con sus amigas (me contó unas cosas que aún me producen cosita), mis amigos me prepararon una despedida de soltero. Mis amigos de la prepa me llevaron a comer y beber. Mis amigos de la uni me prepararon una fiesta con sustancias recreativas y señoritas danzantes. ¿Y saben qué? La mejor fiesta fue la de mis amigos de la prepa. Verán ustedes, nunca he ido a un teibol, ni visto un strip-tease, y la única vez que he entrado a un tero fue en París y para acompañar a un amigo que tenía curiosidad. Así que por lo menos quería tener la experiencia de que me hicieran un lap-dance. Pero resulta que no llegó la señorita, mi amiga loquita que siempre bebe de más amenazó con quitarse la blusa (once again) y para colmo nadie quiso entablar un clásico duelo de sables de luz conmigo. Aprecio mucho el esfuerzo y cariño que mostraron mis amigos de la uni, y siempre les estaré muy agradecido, pero vaya que esa debió ser la despedida de soltero más ñoña que se ha hecho en la historia. De todos modos los quiero, muchachos. :D



No puedo dejar de mencionar el proceso de elaboración de la tesis de mi primero novia y después esposa, que nos causó muchos dolores de cabeza y tensión a todos en la familia, y que fue parte de todo eso de las crisis emocionales que les dije. En fin, ella terminó y salimos adelante.

Otros dos asuntos fueron impactantes para mi familia y seres queridos. El primero fue la trágica muerte de un tío, hermano de mi madre. Fue trágica, porque empezó como un intento de suicidio, que al fallar en un principio, terminó con el deceso de mi tío y sólo prolongó el dolor de toda la familia. Lo extrañaremos mucho. El otro fue la muerte del abuelito de mi esposa. Pero no fue trágica: el señor tenía 96 años de edad y su salud se había estado deteriorando desde hacia algunos años. Todo el mundo lo veía venir y todos estuvieron aliviados ya que por fin pudo descansar. Además, el santo varón se fue de este mundo sabiendo que había tenido una vida fructífera y que estaba rodeado de hijos, nietos y bisnietos (muchísimos de estos últimos) que lo querían mucho.

En cuanto a lo intelectual, los libros que leí este año fueron parte fundamental de mi crecimiento mental, y creo que no había experimentado un "boost" cerebral así desde que estudiaba la carrera. No fueron sólo los libros, sino lo mucho que estuve leyendo mucho en Internet, las revistas, los cómics las películas y documentales que vi... fue como si, sin quererlo, hubiera tomado algún diplomado muy extraño, ecléctico y rico que construyó muchos nuevos pisos en mi visión del mundo y de la vida. Entre esos materiales quiero resaltar la serie Cosmos, de Carl Sagan. Creo que ese crecimiento se puede reflejar en el contenido de este blog. Si se dan una vuelta por ahí, creo que verán que muchos de mis mejores y más sesudos textos los escribí este año.



Hay muchas otras cosas que podría mencionar: un viaje a Campeche, una semana que pasé el Telchac, una excursión a un cenote perdido en medio de selva (y en el que sentí que casi me iba morir cuando bajé la escalera de mano de como 10 metros, estando además canabo), la presentación de mi poemario (que se publicó en 2010, pero en 2011 se presentó con toda la pompa), el segundo Coloquio del Cómic en la Cultura, las fiestecitas a las que fui, las obras de teatro, las pelis que vi, la vez en que mi novia metió a mi hijo a clases de ballet (idea que no me encantó, pero cedí cuando vi que al chiqui le gustaba mucho), los meses que fui al gimnasio y me puse buenote otra vez, las clases de francés en las que conocí gente muy buena onda (pero que tuve que dejar, al igual que el gimnasio, por cuestiones de tiempo y dineros), la Fiesta de Dinosaurios que hice para celebrar mi cumple y que fue la segunda mejor fiesta a la que asistí este año, la Navidad que pasé en Campeche, los maratones y ciclos de cine que armé con novia y amigos (Harry Potter y el Planeta de los Simios fueron los principales) y otras cosas que aunque no les parezcan de mucha relevancia, me dejaron gratos recuerdos, de ésos que te causan una sonrisa y te hacen sentir que has estado teniendo una buena vida.

Ahora bien, no puedo soslayar un aspecto importante de mi vida este año. No sé bien cómo plantear esto sin que suene vulgar ni presuntuoso, pero en fin... mi vida sexual nunca había estado tan bien. No les voy a contar con detalles, porque sería de mal gusto, pero baste decir que en mi relación con mi primero novia y ahora esposa las cosas no han estado mejor que a partir de finales del 2010 y a lo largo de 2011. Sólo añadiré que la apertura y la experimentación han sido la marca de este año. And it's only getting better.

Por si todo lo que me pasó este 2011 no fuera suficiente, el año se despidió de mi dejándome un regalo: ¡voy a ser papá otra vez! :D Esperamos su nacimiento para este verano y entonces sin duda empezará una nueva etapa en mi vida.

¿Qué me espera para 2012? No lo sé. He aprendido que muchas cosas están fuera de nuestras planeaciones. Uno puede pensar "este será el mejor año de mi vida" o "este año me la voy a llevar tranquilo", pero la verdad nadie sabe lo que está esperando en el futuro. Este 2012 podría no pasar nada emocionante, o podría ser como 2011, un año en el que pasó todo.

3 comentarios:

Sombrerudo dijo...

¡Bien por ti! Fue un gusto leerte este año. Sin duda tu sitio escaló rapidamente al puesto número uno en mi lista de blogs.

Sir David von Templo dijo...

Es bueno que a pesar de todas las neurosis hayas logrado salir adelante. En cambio para mi el 2011 fue un año no muy bueno. Luego te platico en el Face...

Saludos. :D

NifuNifa dijo...

bueno pues si interpretamos tu ultima imagen el baby puede ser tuyo o de alguien mas jojo saludos!

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