lunes, 23 de enero de 2012

Recursos humanos de alto nivel



  No hace mucho visité una de esas “ferias de oportunidades” que se realizan ocasionalmente en los centros de convenciones de nuestra ciudad. Esperaba encontrar algunas ofertas de becas para maestrías, pero me topé con que la mayor parte de la oferta educativa estaba dirigida a estudiantes próximos a graduarse de bachillerato, y por lo tanto se presentaban licenciaturas, principalmente de universidades privadas. Recorriendo los pasillos de dicha feria, me llamó la atención el puesto de una universidad privada que prometía con grandes letras impresas en un vistoso cartel de lona “Formar recursos humanos de alto nivel”.

Al momento de leer dicha frase, empecé a tener una serie de reflexiones sobre la filosofía de la educación que se tiene en nuestro país. ¿Qué nos dice el concepto “recursos humanos de alto nivel”? Nos dice que el objetivo de la educación en tal escuela, y en la mayoría de las universidades privadas (aunque no lo expresen de forma tan clara y directa), y aún más, en los bachilleratos y secundarias, es que la persona se convierta en un recurso, un recurso humano, pero recurso al fin y al cabo, del cual los dueños del capital puedan echar mano para la producción de riquezas. Un recurso, al igual que el agua, el combustible, o la tinta de una fotocopiadora, que permita a la empresa desempeñar sus actividades de forma eficaz, eficiente y efectiva.

¿Es esto negativo en principio? No, ciertamente, pues lo que hará que una empresa quiera contratar a un profesionista es la certeza de que dicha persona será un elemento valioso y productivo. El problema es cuando se reduce el concepto de educación superior a ese simple y único objetivo: formar profesionistas útiles.



En la entrada anterior mencionábamos la filosofía de Robert Hutchins sobre la educación: que ésta debe ayudar a cada ser humano a desarrollar todo su potencial, a ser miembros de una democracia, a construir una sociedad más justa, libre y equitativa. Todo ello queda fuera del concepto que de educación superior se tiene en nuestro país. Esta filosofía de objetivos individualistas y a corto plazo denuesta por completo la función social de la educación: la formación de seres humanos completos que ayuden a la construcción de una mejor sociedad. He ahí una de las tantas razones del cada vez mayor atraso de nuestro país.

En el mundo contemporáneo están surgiendo nuevos e insospechados gigantes en la escena internacional: China, India y Brasil. Estas tres potencias emergentes han logrado desarrollarse notoriamente en diferentes aspectos en gran parte gracias al impulso que se la ha dado a la educación en los últimos años. Su filosofía educativa no ha sido solamente proveer a sus jóvenes con la capacitación que los convirtiera en empleados eficientes de prestigiosas corporaciones. No, va más allá: se trata de formar individuos capaces de generar nuevos conocimientos, desarrollar la ciencia nacional, crear nuevas tecnologías, poner la cultura de dichos países en un lugar notorio en el concierto de las naciones y encontrar soluciones a los problemas de las sociedades a las que pertenecen. La sencilla, y fórmula se presenta de nuevo: el saber es poder, una sociedad fuerte se construye con individuos que tengan conocimientos y sepan usarlos.


En nuestro país, esos objetivos parecen ser perseguidos (no digamos ya, alcanzados) únicamente por las instituciones de educación superior pública (con la UNAM a la cabeza) y algunas universidades privadas con larga trayectoria y mucho prestigio (como el ITESM). Las demás universidades “de garage”, como se ha llegado a llamarlas, que proliferan por las ciudades de nuestro país como máquinas expendedoras de títulos, cuando mucho ofrecen a sus estudiantes la oportunidad de conseguir un buen empleo al graduarse.

Pero el panorama de la educación en México no sería tan desolado si de verdad fuera así, es decir, si realmente estas instituciones de educación prepararan a los jóvenes a desempeñar eficientemente una profesión. Pero la experiencia de muchísimos recién graduados que se insertan al mercado laboral ha demostrado que muchas veces lo aprendido en la carrera les sirve de poco para la profesión con la pretenden ganarse la vida, mientras que las empresas manifiestan constantemente que los egresados de las universidades llegan cada vez menos preparados. En el excelente documental Esperando a Superman (de Davis Guggenheim, estrenado en 2010), el mismo Bill Gates asegura que en el futuro existirán muchos puestos en empresas de vanguardia, que no podrán ser llenados porque no habrá gente lo suficientemente preparada para ocuparlos. El documental se centra en los problemas educativos de los Estados Unidos, pero mucho de ello se aplica a la situación de México.


Dado este panorama, existe entre los mexicanos en general, y los jóvenes en particular, una visión profundamente decepcionada de la educación. No de las escuelas en particular, sino de la escuela como concepto. En México la escuela, desde la primaria hasta la universidad, es vista como uno de tantos trámites inútiles por los que tenemos que pasar para conseguir un documento, en este caso el título, que nos permitirá obtener un fin deseado, en este caso un empleo bien remunerado. Desde que están en la secundaria, los estudiantes se preguntan con desdén “¿para qué me va a servir tal o cual materia si yo quiero dedicarme a otra cosa?”, y esa misma actitud se mantiene hasta pasada la universidad. Una vez ahí, el objetivo de los estudiantes, que consideran inútil el conocimiento que se les imparte, es obtener el título y hacer “palancas” entre conocidos. 

En muchas ocasiones he escuchado a estudiantes y graduados decir que realmente estudiar una carrera no sirve para nada: lo que sirve es junto a quién te sientas, a quién conoces, con quién haces “palanca”. Los ejemplos de muchachitos que en la escuela son flojos o hasta patancillos, pero que por ser carismáticos y amigueros al salir se colocan muy bien en el escalafón social, son las anécdotas favoritas de muchas personas. 

Se vuelve desalentador toda vez que han sido por lo menos dos pedagogos en cursos de formación continua los que me han citado ejemplos así para alegar que no nos debemos esforzar mucho por exigir a nuestros alumnos en la parte académica, pues de todos modos la escuela sirve para que los chicos socialicen. En concreto, uno mencionó al alumno vagales que ahora tiene "un puestazo" en el gobierno, mientras que la otra mencionó a un estudiante flojo y desmadroso que terminó siendo jefe del muchacho aplicado en una empresa local. 




Pero es un error el suponer que como la escuela sólo está sirviendo para que los muchachos adquieran habilidades sociales, entonces sólo debería servir para ello, y que se debería desestimar o abandonar como imposible cualquier otro objetivo. Es una visión reduccionista y equivocada de lo que debe ser la educación: reducir la escuela a club social. Básicamente, nos están diciendo "Ya que en este país no se recompensa el conocimiento, la inteligencia y el trabajo intelectual, no debemos tratar de desarrollar todo esto en nuestros alumnos".

El propósito de la escuela no debe ser sólo preparar a los estudiantes para conseguir "puestazos", (de ser así bien podríamos impartir cursos de "Lamer las botas del de arriba", "Chingar al de al lado" y "Explotar al de abajo"), sino formar individuos capaces de construir una sociedad más justa. Venga, si a ésas nos vamos, hemos tenido a perfectos descerebrados analfabetas como presidentes del país, ejemplos de lo lejos que se pueda llegar en la estructura política mexicana sin tener ni tantita educación, pero no es ése el tipo de personas que queremos formar en nuestras escuelas, ¿o sí?





Con esa actitud pesimista y derrotista que los mexicanos tienen hacia la educación, no es de extrañarnos que nuestro país esté como está: atrasado en alfabetización, en habilidades verbales y matemáticas, en creación de tecnología y en generación de conocimiento. Y las nuevas estrategias pedagógicas que se ponen y pasan de moda en cada sexenio, con cada nueva tecnología que se aplica a la enseñanza, que pueden ser todas maravillosas, no servirán de nada mientras la filosofía que los mexicanos tienen sobre la educación no experimente una transformación radical.

7 comentarios:

Sir David von Templo dijo...

Buen texto... Pero yo le agregaría algo más. No solo es ese desprecio al conocimiento que presentan los jóvenes, lo que tiene al aís bien jodido. El tambien el echo de que crean que todo lo van a resolver por "palancas". En México, en muchas empresas, principalmente las de caracter público, puedes ver que casi todos los empleados son o parientes, o se conocen desde la escuela, o son compadres, etc, etc, etc. Así, en lugar de que los puestos los ocupen aquellos que realmente tienen la disposición y las capacidades, son ocupados por el hermano, el primo, el cuate, el compadre...

Como decía Edgar Clement en uno de sus comics: "[Los mexicanos]Son una sociedad de clanes familiares y caciques, que sin embargo juegan a ser una democracia..." Es decir, que socialmente, los mexicanos seguimos en la Edad de Bronce...

Saludos.

Raúl H. Pérez Navarrete dijo...

Acertado como siempre, Mike.

Me gusta pensar al ver a algunos de mis alumnos del CELA que todavía hay esperanza.

Saludos.

Mario dijo...

Cierto. Mil veces cierto. Quedé francamente decepcionado de los estudiantes universitarios actuales mientras daba clases en un par de universidades públicas (en tiempos diferentes). Estamos, como nación, produciendo una colección de imbéciles sin sentido crítico, curiosidad, iniciativa, etc.

¿Has escuchado hablar sobre el modelo de ¨Educación Basado en Competencias¨? Si ya los chavos llegan preocupantemente deficientes del bachillerato, ese sistema les da su pulidita final de pendejez.

Saludos.

Omega Rodo dijo...

Parafraseando el pensamiento de Piaget (palabras más palabras menos) que los niños aprenden a hablar expresando sus deseos y pensamientos internos, pero cuando se les enseña a escribir se les limita a copiar texto o hacer planas. Yo considero que un estudiante mexicano es un ser limitado, carece de la capacidad de creación porque nunca se le fomento, nuevos sistemas de enseñanza tienen como base que el alumno sea un ente creativo una esponja que no solo absorba sino que también suelte conocimiento. (disculpen mi analogía tan mundana) Citando a Piaget:
“…para mí, la educación significa formar creadores… Volverlos inventores, innovadores-no conformistas…”

Ego dijo...

@Sir David: Ni hablar, tienes razón.

@Raúl: Debemos creer en la esperanza. Si dejamos de hacerlo, dejaremos de ser maestros y nos convertiremos en burócratas grises.

@Mario: Gracias. Próximamente hablaré del modelo de competencias.

@Omega: Me late :)

Alexander Strauffon dijo...

Tú lo has dicho: apuntan a convertir al talento humano en recurso. Algo usable, y desechable.

Algunas empresas actualmente quieren disfrazar eso cambiando el nombre de su depto. de RH por "Talento", "Capital Humano", etcétera. Pero es a fin de cuentas lo mismo.

El profesionista debe ser alguien que valore el pensar, crear, buscar aprendizaje continuo, y el ser ético. Y no muchos lugares estan orientados a enseñarle eso a los alumnos; la mayoria son unicamente para que sepan hacer cosas, que tengan alguna gracia, que les permita hallar un empleo aqui o alla. Y punto.

Anónimo dijo...

Eso explica el porqué cuando quiero realizar trabajo personal fuera de la oficina, me da mucha hueva

La escuela me condicionó para ser un empleado más =S

Saludos
Joako
=P

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