martes, 10 de julio de 2012

Carl Sagan, la Biblioteca de Alejandría y tú



La destrucción de la Biblioteca

En uno de los capítulos de su magnífica serie Cosmos, Carl Sagan habla de la inteligencia colectiva, y de cómo hemos ido construyéndola a lo largo de los siglos, a través de estructuras creadas por los seres humanos, tales como los templos egipcios cubiertos de inscripciones, las bibliotecas, las escuelas y universidades, los medios de comunicación, etc. Un momento fundamental para la construcción de nuestra inteligencia colectiva fue la Biblioteca de Alejandría, ese bastión del conocimiento que iluminó al mundo mediterráneo en la Antigüedad. 

En la Biblioteca de Alejandría se guardaban obras literarias, filosóficas y científicas de todo el mundo conocido. Muchas de estas obras, por desgracia, se perdieron para siempre en actos de mezquindad humana. En el año 48 fue destruida en el contexto de la Guerra Civil Romana; en 391 fanáticos cristianos la saquearon y la destruyeron por considerarla un templo pagano; finalmente, en 642, cuando los árabes tomaron la ciudad, el Califa Omar dijo al respecto de los libros de la biblioteca "si dicen lo mismo que el Corán, no sirven de nada; si dicen algo diferente al Corán, deben ser destruidos".


Carl Sagan se esfuerza por hacernos entender la tragedia que esto significa. De cada uno de los grandes trágicos griegos, Sófocles y Esquilo, sólo nos quedan siete obras, de las decenas que escribieron. Entonces Sagan dice "imagínense que sólo hubieran quedado siete obras de Shakespeare, y que de entre todas las perdidas, de Hamlet, MacBeth y Romeo y Julieta sólo supiéramos por referencias". También nos habla del filósofo griego Anaximandro, quien postuló que el hombre y los demás animales descienden de formas de vida inferiores. Sus ideas sólo se conocen por referencias secundarias, y Sagan se lamenta que nunca podamos conocer cómo Anaximandro alcanzó esas conclusiones. ¿Y si esa idea se hubiese seguido desarrollando?

Dejando de lado a Julio César, que destruyó la biblioteca por accidente y de quien sabemos era un tipo brillante y muy culto (aunque tampoco iba a permitir que una biblioteca se interpusiera entre él y la conquista del poder), la fuerza que destruyó la Biblioteca fue la ignorancia (en su faceta de fanatismo religioso). Y a nosotros, a tantos siglos de distancia, nos parece algo abominable, y no podemos dejar de preguntarnos: ¿Cómo fue posible que esos palurdos ignorantes hayan sido capaces de destruir algo tan grande? ¿Cómo no pudieron darse cuenta de que la sabiduría que allí se guardaba era benéfica para toda la humanidad, incluyendo ellos mismos?


Sí, es muy fácil juzgar a ese montón de ignaros, pero Carl Sagan nos hace reflexionar desde una óptica diferente: ¿qué hacía la Biblioteca de Alejandría por todos ellos? ¿Cómo podrían tener idea del valor de lo que en ella se guardaba? En la Biblioteca sólo trabajaba y estudiaba una élite intelectual; la mayor parte del pueblo veía a esos eruditos (hombres y mujeres), entrar y salir de la Biblioteca, pero no tenían ni idea de qué era lo que hacían allí. El conocimiento guardado en ese magno templo sólo estaba al alcance de algunos elegidos, y en general no hacía ningún bien al pueblo hambriento y harapiento. "Los sabios de Alejandría" dice Carl Sagan de forma ominosa "nunca cuestionaron el orden social y político de su época". ¿Cómo esperar que el populacho sintiera algún respeto o reverencia por ese lugar?

La teoría de los grandes hombres



Durante mucho tiempo, la concepción que sobre la historia se tenía se basaba en gran parte en la "teoría de los grandes hombres", según la cual la humanidad permanecía la mayor parte del tiempo estática, hasta que aparecían grandes genios, científicos, artistas, líderes o pensadores, que traían grandes cambios y hacían avanzar al género humano, el cual de otra forma habría seguido prácticamente igual.

En tiempos más recientes se desarrolló otro tipo de postura, según la cual no existieron grandes hombres (ni mujeres), sino que todos fueron producto de sus épocas, de las fuerzas sociales   e históricas de cada momento y lugar, y que si no hubiera sido el tal hombre o mujer en cuestión, habría sido cualquier otro el que hubiese ocupado su lugar.

Ambas posturas extremistas son bastante absurdas. Sí han existido genios: individuos con una inteligencia, talento, visión o ambición extraordinarias. Aunque formas extremas de igualitarismo sostienen que no existen personas más inteligentes que otras, esto es pura ideología desmentida por estudios en psicología y neurociencias. Pero tampoco es como si todos los que no somos genios fuéramos un montón de borregos, esperando a que lleguen los superhombres para guiarnos. En realidad, las condiciones históricas y sociales son las que permiten que los individuos extraordinarios influyan en el curso de la humanidad, de qué forma lo harán y con cuánto alcance.

Pongamos un ejemplo: sin duda Herón de Alejandría (10-70 d.C.) fue un hombre extremadamente inteligente, pues aparte de escribir varios tratados sobre mecánica, inventó el primer motor de vapor. Sin embargo, su invención no tuvo más usos que ilustrar el funcionamiento de ciertas fuerzas físicas. En su época no existían los otros desarrollos tecnológicos, ni las motivaciones económicas, ni las condiciones sociales como para que fuera posible aplicar esta invención en la construcción de grandes máquinas. Todo existía, empero, en tiempos de otro gran genio de la mecánica, James Watt (1736-1819), quien volvió a inventar la máquina de vapor, lo que permitió que hubiera una Revolución Industrial.




Charles Darwin sin duda tenía una inteligencia privilegiada, a la que sumaba otras cualidades personales extraordinarias, como su curiosidad y su disciplina. Pero no habría podido llevar a cabo sus investigaciones de no provenir de una familia adinerada, ni habría podido hacer su famoso viaje  o recibir tanta información de tantos lugares si no hubiese vivido precisamente en una época en la que el Imperio Británico alcanzaba su máximo poderío y se expandía por todos los confines de la Tierra.

Pero no son solamente las condiciones socio-históricas las que permiten que las obras de mentes brillantes lleguen a existir y a influir: las participación de muchos individuos, sin ser genios, lo han hecho posible. El mismo Darwin recibía muchos datos de naturalistas, viajeros, exploradores, médicos, criadores, etcétera, que gustosos le compartían su información. Ellos también tienen parte en el gran avance para la ciencia que fue el descubrimiento de la evolución por selección natural. (Alfred Russel Wallace llegó a las mismas conclusiones que Darwin, y él también tiene su historia).


Sócrates, Platón y Aristóteles fueron los hombres más brillantes de la Grecia Antigua, y quizá no hubo mentes así de brillantes en el mundo occidental hasta el Renacimiento, o cuando mucho, hasta Tomás de Aquino. Pero para que sus ideas hayan podido sobrevivir a lo largo de los siglos, y seguir influyendo en el pensamiento de la gente, significa que desde el principio hubo personas lo suficientemente inteligentes para entender que dichas ideas eran valiosas e importantes, desde los mismos discípulos de cada uno de ellos, pasando por los monjes cristianos y los copistas islámicos que preservaron sus obras a lo largo de la Edad Media, hasta el profesor de filosofía que te las explicó en la prepa.

Martin Luther King fue un gran líder y un genio moral, pero su revolución no la hizo él solito, sino que tuvo que contar con muchas personas que se dieran cuenta de que la causa era justa y de que los medios para luchar por ella eran los adecuados. No todos pueden ser Martin Luther King, pero sí muchos pueden ser aquéllos que tengan la consciencia suficiente para seguirlo, o quienes cuenten su historia para inspirar a generaciones futuras.

Es decir, no es suficiente que un genio tenga una gran idea. Es necesario que haya personas capaces de comprenderlas, explicarlas, difundirlas, preservarlas o desarrollarlas. Piensa: cuando lees una gran obra literaria o filosófica, es porque hubo, por lo menos, un editor que pensó que sería bueno publicarla y un librero que pensó que sería bueno ponerla en venta. Así, pues, nos damos cuenta de que el avance del conocimiento no depende solamente de los grandes genios, sino de todos los que puedan dar su parte. Lo que nos regresa a Carl Sagan...

La Sociedad del Conocimiento la hacemos todos

He leído declaraciones de colegas y contemporáneos de Carl Sagan que se quejaban de la fama injustificada del astrónomo. "¿Por qué, si él no ha hecho nada?". Y en efecto, Carl Sagan nunca hizo ningún descubrimiento importante. Pero lo que hizo a lo largo de su vida fue algo no menos valioso: supo explicar, poner al alcance de miles de personas en todo el mundo el conocimiento que los genios habían descubierto, e inspiró a muchas personas a dedicarse a la ciencia ellos mismos. Carl Sagan tuvo la visión, la voluntad, la energía y el talento para comprender conceptos muy complejos y explicárselo a las personas de a pie.


Muchas veces miramos la estupidez del mundo y nos preguntamos, ¿cómo es posible que haya tanta idiotez después de las obras de Aristóteles? ¿Cómo es posible que 150 años después de Darwin sigan existiendo creacionistas? ¿Cómo es posible que exista misoginia después de Sor Juana? ¿Cómo es posible que después de 1984 de Orwell, sigamos dejándonos manipular hacia las distopías totalitarias? ¿Cómo es posible que los mexicanos hayan votado por el PRI con la historia que tiene ese partido? Bueno, la respuesta a esas preguntas está en otras preguntas ¿Cuántas personas en el mundo han estado expuestas a las ideas de Aristóteles, de Confucio, de Darwin, de Orwell, de Sor Juana? ¿Y de quiénes lo estuvieron, cuántas tenían las bases para comprenderlas realmente, para apreciarlas, para aprender algo de ellas? ¿Cuántas han estado en posición de conocer bien la historia de México y relacionarla con el presente?

Y eso nos lleva de vuelta a la Biblioteca de Alejandría: ¿cómo es posible que esas personas hayan destruido ese baluarte del conocimiento? Pues porque no significaba nada para ellos, porque los sabios de Alejandría nunca se habían tomado la molestia de salir de su torre de marfil y educar a las masas, de enseñarles que esas ideas que le parecerían tan ajenas y extrañas, podían tener algún efecto positivo en sus vidas (y, ¿por qué no? aprender algo de ellos también). Quién sabe, igual y habrían reclutado al próximo genio de entre los pueblerinos hambrientos, como el físico Michael Faraday (1791-1867), quien fue "descubierto" por Humphry Davy, químico miembro de la Royal Society, cuando el joven paupérrimo trabajaba para un librero.

El punto es que para avanzar en la construcción de una sociedad del conocimiento no es suficiente con los descubrimientos, invenciones o creaciones de los grandes genios (y aunque aquí usé ejemplos sobre todo de científicos, la idea se aplica también a los genios del arte, de la filosofía, del pensamiento político, etc.). Es necesario que todos los miembros de la sociedad contribuyan con su parte. No tenemos que ser genios como Einstein o Hawking, ni siquiera grandes talentos de la divulgación como Sagan y Asimov; ¡todos podemos hacer nuestra parte! Y tú también.




  • Puedes ser quien que le regale un buen libro a un sobrino en su cumpleaños, o quien que le recomiende una buena película a un amigo, o quien que ayude a un adolescente con un tema escolar que no entiende bien.
  • Puedes ser quien que colabore con la Wikipedia en el área de tu especialidad (ya sea la literatura mexicana o la historia de los videojuegos), o quien done sus 10 dólares cuando la Enciclopedia Libre haga su colecta anual.
  • Puedes ser quien suba a Internet libros, películas o discos que creas que todos deben conocer, o quien traduzca contenidos que sólo se encuentran en otros idiomas (o sólo en Español), o simplemente ser quien comparte en las redes sociales enlaces a contenidos de calidad.
  • Puedes ser quien organiza un bazaar de libros, o quien arma un club de lectura o un cineforo en su comunidad; puedes ser quien propone a sus amigos que, para variar, este fin de semana vayan a un museo, un concierto o un obra de teatro.
  • Puedes ser quien escribe en el periódico escolar, o en cualquier medio local, o en un blog. Puedes compartir tus ideas y opiniones, contribuyendo así a la Gran Conversación de la raza humana. O quien decide impartir una plática sobre un tema que domina, o simplemente quien decide comentar con los demás noticias y temas de interés y relevancia. 
  • Pero sobre todo, puedes ser una persona que nunca deje de aprender, pues nunca sabes qué conocimientos van a ser útiles para ti mismo o alguien más, o qué ideas van a inspirarte a realizar acciones valiosas, o incluso a desarrollar tus propios pensamientos.
En fin, la Sociedad del Conocimiento, y la esperanza de tener un mundo más justo y equitativo, la construimos todos. ¿Cuál será tu aporte?


Para saber más, te invito a leer mi serie de entradas WORLD WIDE WEBOLUTION sobre el largo camino que hemos recorrido para construir una Sociedad del Conocimiento.

17 comentarios:

Reinhardt dijo...

Hermoso, Maik <3

Esta entrada es totalmente inspiradora :D

¡Saludos desde Tabasco!

Reinhardt dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Kelly Key dijo...

Gracias por esta entrada, necesitaba algo de inspiración despues de mi semi-depresión post-electoral jaja. Me recordaste que sí estoy poniendo mi granito de arena con mi club de té literario y me devolviste las ganas de retomar mi proyecto de cuenta cuentos en el parque de mi colonia. Saludos!

Master of Doom dijo...

Esa es la actitud que debemos tener. El propagar el conocimiento, los avances culturales, cientificos, etc. Saludos camarada.

Georgells dijo...

Hola Ego!

Hoy por hoy, la sociedad del conocimiento es un destino, para la mayor parte de las comunidades humanas. La mitad de la población humana aún subsiste en una economía agrícola, muy similar a la que vivieron los humanos de los 7,000 años previos...

Apenas otro tercio de la población vive en una economía de la producción, donde la fuerza bruta y los ciclos naturales son reemplazados por ciclos y fuerza mecánicos... algo que lleva 200 años de existir...

Más o menos la sexta parte de todos los humanos viven una economía del cómputo, donde el núcleo son las tareas lógicas y no las físicas. Donde el conocimiento ya es la moneda corriente.

Y menos de un veinteavo de la población mundial vive la economía de la red, donde lo importante es compartir ese conocimiento de manera cotidiana.

Tardamos 10,000 años en lograr llegar a este punto donde todos podemos ser maestros de todos, pero aún hoy, una gran parte de la población no tiene y jamás gozarán de ese beneficio. Lo poco que podamos hacer, cada uno, cuena mucho más de lo que creemos.

Hoy, compartir el conocimiento no es un acto de generosidad... es un acto de supervivencia...

Abrazo,

G.

Ego dijo...

"Hoy, compartir el conocimiento no es un acto de generosidad... es un acto de supervivencia..."

Ésa es una hermosa frase, Gio :)

Enrique Arias Valencia dijo...

Una bella entrada con muy hermosa intención.

Rodrikk dijo...

Ego, como siempre, muy interesante nota.
Hay un punto que señalas que me parece muy importante, la idea de la participación de los individuos que hacen posibles las obras intelectuales (científicas, filosóficas, artísticas, y demás). Es esencial reconocerlo. En ese mismo tenor, también sería interesante reflexionar en cómo interviene el fenómeno del poder. Por ejemplo, ¿qué idea es considerada "genial" y por qué?, ¿de acuerdo a qué criterio? Una vez que esa idea es considerada genial, ¿quiénes la publican, la legitiman, la difunden, la reproducen?, ¿por qué, para qué?
Claro, la cuestión de la recepción de las ideas es un fenómeno muy complejo, una idea puede ser formulada con un fin y ser interpretada de formas muy distintas. Pienso en cómo el relativismo cultural, la idea de que todas las culturas son igualmente valiosas y deben ser entendidas en sus propios términos, fue muy progresista en algunas sociedades y muy conversadora en otras (justificó, por ejemplo, el apartheid en Sudáfrica). Entonces sí, uno se pregunta, ¿cómo es posible que después de Darwin existan creacionistas, teorías del diseño inteligente, y demás?, pero también, ¿qué nos dice Darwin hoy, en nuestro contexto actual? cuando es conocido, ¿cómo es leído?
Las acciones concretas que señalas me parecen muy buenas. Acabo de leer una nota hoy que puede resultar muy motivadora también, sobre cómo usar la literatura para dar voz a muchos: http://www.sinembargo.mx/opinion/14-07-2012/8100
Y siguiendo tus propuestas concretas, comparto a un sociólogo portugués, Boaventura de Sousa Santos, que está trabajando en ideas semejantes, a partir de la tesis de que si no hay equidad epistémica, de saberes, no puede haber equidad social: http://www.boaventuradesousasantos.pt/media/INTRODUCCION_BSS.pdf

Rodrikk dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

gay

Angel Guevara dijo...

Recién descubrí tu blog (literal, hace unas horas) y en verdad no puedo dejar de leer las entradas. Creo que hace mucha falta gente como tu, que escriban sus ideas y pensamientos no por ser reconocidos si no simplemente por compartir conocimientos con los demás (como bien lo señalas).
Esa es la verdadera razón por la que nació internet, para compartir conocimientos, ideas, descubrimientos, etc. Si todos entendiéramos eso y diario aportáramos un poco de lo que sabemos, otra cosa sería.
Felicidades por este espacio.

Maik Civeira dijo...

Órale, muchas gracias por tus comentarios. Yo también creo que ésa es la función más valiosa de Internet, si no su finalidad.

Bryan Samos Albornoz dijo...

Sin palabras, simplemente excelente post, era y es lo que pienso y lo que hago, aunque las personas ignoren los enlaces que pongo o no me hagan caso cuando les diga algo que deberían saber me siento bien por el simple hecho de intentar compartir el conocimiento. Saludos :P

Benly Liliana Ramírez Higareda dijo...

Efectivamente muy inspirador y congruente con lo que te dedicas y publicas. Tu blog es una joya y un deleite, mis respetos!

Maik Civeira dijo...

Muchas gracias :)

EIxharus dijo...

Hola ego,soy una persona nueva que lee tu blog y realmente me hiciste acordar cuando vi cosmos por primera vez.
Actualmente estoy leyendo un libro bastante recomendado el mundo y sus demonios,y este blog me hizo acordar algo curioso.
Al principio de cosmos Carl Sagan habla de la biblioteca de Alejandria y en el ultimo capítulo concluye con la historia de Hipatia me pareció una manera excelente de concluir el programa especialmente por la frase "Quien hablara en nombre de la tierra".
Pero otro dato también es que la raza humana es joven hemos nacido en los últimos minutos del 31 de diciembre del diario cósmico y solo hace unos pocos segundos hemos aprendido a ser buscadores de conocimiento,tenemos un largo camino por delante.

Maik Civeira dijo...

Así es, Exharus. Te doy la bienvenida y te agradezco tu comentarios :)

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