martes, 28 de agosto de 2012

El Necronomicón en la Biblioteca de Babel (Parte 1)

Este mes se celebraron los cumpleaños de dos de mis escritores favoritos: Jorge Luis Borges y HP Lovecraft. Para celebrarlos a ambos, les comparto en tres partes un ensayo que escribí sobre ellos. Espero que les guste y les motive a leer a estos autores tan disímbolos como grandiosos:


EL NECRONOMICÓN EN LA BIBLIOTECA DE BABEL



Es un hecho que Jorge Luis Borges leyó la obra de Howard Philips Lovecraft y al parecer la disfrutó con cierta pasión. Ello queda manifiesto en la entrada que el argentino dedica al estadounidense en su Introducción a la literatura norteamericana (1967):

[Lovecraft] imitó el patético estilo de Poe y escribió pesadillas cósmicas. En sus relatos hay seres de remotos planetas y de épocas antiguas o futuras que moran en cuerpos humanos para estudiar el universo o, inversamente, almas de nuestro tiempo que, durante el sueño, exploran mundos monstruosos, lejanos en el tiempo y el espacio. De su obra, influida por Poe y Machen, destacan El color que cayó del cielo, El horror de Dunwich y Las ratas en la pared.
            Las influencias literarias que se hallan en la obra de Borges son cuantiosas y sería una tarea ardua y tardada para quien se propusiera rastrearlas todas. He decidido ponerme una meta infinitamente más modesta: rastrear a Lovecraft en Borges.

            Es curiosa la relación que existe entre narradores tan disímbolos y no deja de ser notable, quizá insólito, que uno haya influido en el otro. El estilo de Lovecraft es abigarrado, barroco, demencial, apela a las emociones y a los sentidos. La prosa de Borges, en cambio, es sobria, elegante, emana erudición y apela sobre todo al intelecto. Cada uno tiene una idea distinta de lo fantástico: en Borges, lo metafísico, lo que desafía a la inteligencia; en Lovecraft, lo horrendo, lo que repulsa a la razón. Me parece que Lovecraft, sin dejar de ser grandioso, es un autor menor que Borges. Aquél tiene toda una plétora de obras, algunas de las cuales son geniales mientras que otras tantas son mediocres y repetitivas.[1] Por otra parte, prácticamente cada uno de los relatos de Borges es una obra maestra. Lovecraft pertenece a la literatura pulp (y, por tanto, pop); la de Borges es una literatura culta.



            Con todo, tienen algunos rasgos en común: su amor por lo extraño, lo fantástico e inusual, su prodigalidad al momento de crear mundos fantásticos, la presencia en su obra de literaturas imaginarias y el hecho de que sus obras de ficción se basan mucho más en lo leído, lo soñado y lo imaginado que en lo vivencial. Prueba de que el laureado Borges leyó al oscuro Lovecraft y se dejó influir por él es el hecho de que le dedica un relato titulado There are more things. Y no sólo en ese cuento de Borges están presentes los rastros de Lovecraft. Me parece haber encontrado huellas del autor de Providence en los relatos La casa de Asterión y El inmortal, que tienen ecos de El intruso y La ciudad sin nombre, respectivamente. A continuación me dedicaré a explorar dichas influencias.

            Aquí recomiendo al lector que no conoce los relatos, que se detenga de inmediato y, antes de continuar, se remita a ellos. Para el siguiente análisis es necesario revelar detalles de la trama que de acuerdo a la intención del texto deberían ser sorpresivos. ¿Ya? Bueno, empecemos.

EL LABERINTO

Tomemos a la primera pareja. El Intruso (The Outsider) [leer aquí] es un relato compuesto por Lovecraft en 1921 y aparecido por primera vez en la revista Weird Tales en 1926. La casa de Asterión, por su parte, fue publicado por primera vez en la colección de cuentos de Borges titulada El Aleph, que data de 1949.



El intruso está escrito en primera persona. El anónimo narrador y protagonista resume en unos párrafos su vida en la perpetua oscuridad de un castillo en ruinas. Dicho castillo se encuentra rodeado por un bosque tenebroso de árboles “grotescos, gigantescos, cubiertos de plantas trepadoras, agitando en silencio sus ramas hacia lo alto”. En las ruinas hay dos torres; una de ellas es accesible, pero su altura no alcanza a superar aquélla de los árboles. La otra se alza más allá de lo que el narrador puede dilucidar, pero está por completo derruia y es inaccesible. Atrapado desde siempre en esa prisión, no conoce más luz que la de las velas ni más compañía que la de los libros. En una ocasión, sin embargo, se decide a escapar trepando por la torre más alta hasta alcanzar la cima. Entonces descubre que había estado todo el tiempo en un inexplicable bosque subterráneo en algún lugar de Egipto y ahora, en la superficie, se decide a explorar los alrededores. Así, llega a un salón donde se celebra una alegre fiesta. Pero a su arribo cunde el pánico y los convidados salen huyendo y gritando. El narrador ve la causa del espanto, un monstruo horrible y deforme que está frente a él. Instantes después, descubre que está mirando un espejo.

La casa de Asterión [leer aquí], de igual forma, está escrito en primera persona. El narrador es el mismo Asterión, que habla de sí mismo y de su vida en una casa con infinitas puertas, corredores, galerías y columnatas. Aunque lamenta con amargura su soledad, Asterión niega ser un prisionero e incluso declara haber salido alguna vez de su casa y haber visto la calle, en donde la gente huyó de él y a su vez él se espantó de la plebe. Poco a poco, el lector se adentra en la psique del personaje y descubre a un ser que sufre y por el que es imposible no compadecerse. Después Asterión revela que cada nueve años entran en su casa nueve hombres para que los “libere de todo mal”. Uno de ellos le profetiza la llegada de su redentor y “desde entonces ya no me duele la soledad”. Termina el monólogo de Asterión y el cuento concluye con un diálogo entre Teseo y Ariadna. Entonces sabemos que Asterión era el Minotauro.

Obra de George Frederick Watts en la que se inspiró Borges

Hay varios puntos de contacto entre ambos cuentos como el lector se podrá percatar. Los dos tratan de monstruos que pasan toda su vida encerrados en sendas prisiones, ante los cuales se espanta la gente cuando logran salir de su encierro. Incluso se parecen en cuanto su ubicación temporal y espacial: el antiguo Egipto y la antigua Grecia. Pero más importante, en los dos relatos se le da una voz al engendro, al monstruo, al marginado, al otro. Ambos textos pretenden (en mi opinión) que el lector se identifique con la otredad, para después revelarle su verdadera naturaleza.

Hay otras similitudes y también diferencias. El Intruso (como llamaré a partir de ahora al personaje de Lovecraft) ignora su condición de monstruosidad:

“Mi apariencia física me resultaba igualmente desconocida, ya que no había espejos en el castillo, y yo sencillamente me creía, de forma instintiva, parecido a las juveniles figuras que veía dibujadas y pintadas en los libros. Estaba convencido de ser joven debido a los pocos recuerdos que guardaba.”[2]
En cambio, Asterión se sabe un minotauro, o por lo menos, se sabe diferente a la gente exterior, como nos lo sugieren un par de frases. La primera habla de “las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta”, que se oponen a la cara de Asterión, que es, como sabremos al final, la de un toro. La otra frase dice:

“Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión”.
            Las palabras finales de Asterión adelantan la revelación que después se da por boca de Teseo:

“¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?”
Pero a pesar de saberse único y diferente, Asterión no comprende su propia monstruosidad, no entiende el tamaño de la abominación que su existencia implica. Él se siente filósofo y se vanagloria por ser hijo de una reina. Como dije antes, niega ser un prisionero, así como también rechaza las acusaciones de soberbia, misantropía y locura que sospecha se han hecho en su contra. De cierta forma, Asterión es tan ignorante de su propia condición como el Intruso de Lovecraft.



Hay una diferencia importante: mientras que El intruso se centra en el escape del protagonista y en el descubrimiento de su monstruosidad, en La casa de Asterión, lo más importante es la oportunidad que el lector tiene de asomarse al alma del personaje y conocer la existencia trágica y solitaria que lleva en el laberinto. Es quizá por ello que el cuento de Borges resulta más entrañable y conmovedor, a la vez que perturbador.

No podemos estar seguros de que Borges haya leído El intruso, aunque existe la probabilidad de que así haya sido. El propio Borges atribuye su inspiración a una tela del artista George Frederick Watts, pintada en 1896 y que representa al Minotauro mirando hacia el mar con tristeza[3]. Pero es posible que, aunque el mismo Borges lo olvidara, una lectura temprana de El intruso haya influido en la composición de La casa de Asterión.

Este encuentro continuará con LA CIUDAD PROHIBIDA



[1] Algo comprensible si tenemos que Lovecraft vivía de la escritura y, como le pagaban muy poco por cada txto, se veía obligado a producirlos a un ritmo acelerado, lo que dio como resultado una gran cantidad de opúsculos olvidables.
[2] La versión en español de los textos de Lovecraft corresponde a la que realizó José A. Álvaro Garrido para la editorial EDAF.
[3] En El Zahir, otro cuento también contenido en El Aleph, Borges propone escribir un cuento en el cual el narrador se presente como un asceta que ha dedicado su vida a resguardar de la codicia humana un tesoro infinito. Al final, se revela que el asceta no es otro que la serpiente Fafnir, de la leyenda de Sigfrido.

10 comentarios:

Alexander Strauffon dijo...

Me gusto tu ensayo. Y siempre me ha agradado Lovecraft.

Syous dijo...

Precisamente ayer revisaba tu entrada sobre Borges y me puse a leer el inmortal, debo reconocer que la descripción de la Ciudad de los Inmortales ciertamente me evocó sensasiones similares a la ciudad del polo que se describe en Las Montañas de la Locura.

Saludos desde Zacatecas!

Ego dijo...

Alex: Gracias!

Syous: Muchos saludos. No te pierdas la próxima entrada, que en la que se trata precisamente de ese cuento. :)

Chris dijo...

que padre ensayo, y blog, pero ese fondo negro con letras blancas cansa mucho para leerlo.

Sir David von Templo dijo...

Ahora que ya es quincena, y que se aproxima mi cumpleaños, estas recomendaciones literarias me caen como anillo al dedo...

Saludos. :D

francisco dijo...

Sobre la influencia de Lovecraft en Borges, aparecio hace varios años un libro muy recomendable, "Borges y la ciencia ficción" de Carlos Abraham. No recuerdo la editorial. El caso es que alli analiza todas las conexiones entre ambos autores, y las de Borges con otros autores de ciencia ficcion.

Ego dijo...

Órale, Fancisco, ese libro suena estupendo. Lo buscaré, gracias.

Alvaro Murga dijo...

A modo de acotación, hace mucho que leí la casa de Asterión y fue una delicia releerlo. Pero que curiosa resulta la frase "Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida", dentro del contexto del ensayo.Como si Borges se refiriera al texto de Lovecraft.

Ego dijo...

¡Caramba! ¡Tienes toda la razón! No lo había notado...

Beto Vélez dijo...

valio quesadilla, me detuve no he leido ni madres de esos dos locos, apenas pueda y no se me atraviesen unas leonas estilo munchen compraré o robaré libros de esos autores.

me remitiré a esos autores.

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