sábado, 1 de septiembre de 2012

El Necronomicón en la Biblioteca de Babel (Parte 3)




Leer la primera parte: EL LABERINTO
Leer la segunda parte: LA CIUDAD PROHIBIDA

There are more things in heaven and Earth, Horatio,
than are dreamt in your philosophy.
Hamlet, Acto I, Escena V


EXISTEN MÁS COSAS…

Pero hay un cuento de Borges del que podemos estar seguro que su composición y tema fueron influidos por las lecturas que el argentino hizo de Lovecraft: There Are More Things [leer aquí], que el mismo Borges le dedica al autor de Providence.

“A la memoria de Howard P. Lovecraft” reza el epígrafe que encabeza el cuento, aparecido en la colección El libro de arena, de 1975. En el epílogo de dicho libro, Borges dice:

“El destino que, según es fama, es inescrutable, no me dejó en paz hasta que perpetré un cuento póstumo de Lovecraft, escritor que siempre he juzgado un parodista involuntario de Poe. Acabé por ceder; el lamentable fruto se titula There Are More Things.”
            El texto, de nueva cuenta, está narrado en primera persona y el protagonista es, como suele ser, un alter-ego del mismo Borges, que viaja a la campiña argentina para investigar acerca del misterioso extranjero, llamado Max Preetorius, que adquirió la propiedad rural de su difunto tío. El protagonista hace algunas indagaciones entre los vecinos, que sólo pueden decirle que había algo muy extraño en cuanto a las modificaciones que Preetorius hizo a la vieja casa. Un evento fortuito, una tormenta, sirve de excusa para que el protagonista entre en la casa y descubra que tanto la construcción como el mobiliario están adaptados para un habitante que no puede ser humano, y que incluso debe estar constituido de acuerdo a desconocidas leyes de la biología y de la física. Al final, el protagonista se enfrenta a la aparición del ser desconocido.



          Las referencias a Lovecraft son bastante obvias en cuanto a la trama se refiere. Si los relatos del estadounidense tienen como escenario predilecto la Nueva Inglaterra rural, Borges nos traslada aquí a la campiña argentina. En muchos de los textos del escritor de Providence hay un narrador en primera persona que investiga algún suceso extraño, aterrador y prohibido, impulsado por una curiosidad que le resultará fatal. Así se describe el protagonista de There Are More Things:

“Sé que mi rasgo más notorio es la curiosidad que me condujo alguna vez a la unión con una mujer del todo ajena a mí, sólo para saber quién era y cómo era, a practicar (sin resultado apreciable) el uso del láudano, a explorar los números transfinitos y a emprender la atroz aventura que voy a referir. Fatalmente decidí indagar el asunto.”
Como en muchos cuentos del estadounidense, en el de Borges ocurren hechos extraños alrededor de la llegada del curioso personaje, tales como la aparición de un perro mutilado y decapitado. De la misma forma que en la mayoría de los cuentos del ciclo de Cthulhu, un aroma nauseabundo emana de la aborrecible casa. Y como en El horror de Dunwich (uno de los cuentos lovecraftianos mencionados por Borges en su Introducción a la literatura norteamericana, leer aquí), la casa del cuento de Borges es modificada para albergar a una criatura de origen desconocido. En There Are More Things el protagonista describe lo siguiente:

“Ninguna de las formas insensatas que esa noche me deparó correspondía a la figura humana o a un uso concebible. Sentí repulsión y terror […] ¿Cómo sería el habitante? ¿Qué podría buscar en este planeta, no menos atroz para él que él para nosotros? ¿Desde qué secretas regiones de la astronomía o del tiempo, desde que antiguo y ahora incalculable crepúsculo, habría alcanzado este arrabal sudamericano y esta precisa noche?”



Al igual que los personajes de Lovecraft (como en El color que cayó del cielo, otro de los cuentos mencionados en la Introducción, leer aquí), el alter-ego literario de Borges empieza sus pesquisas entre los vecinos, recogiendo rumores y confusos testimonios que le insinúan la verdad poco a poco y de forma vaga (“La abominación tiene muchas formas”, le dice un testigo). Como el protagonista de Las ratas en las paredes (también mencionado en la Introducción, leer aquí), el narrador de There are more things sufre de un sueño perturbador que anticipa el descubrimiento final. Lovecraft escribe:

“Me retiré temprano, muy cansado, pero me vi turbado por sueños de la más terrible naturaleza. Me pareció haber estado mirando hacia abajo desde una altura inmensa, hacia una gruta en penumbras, llena de suciedad, en la que un demonio porquero de barbas blancas guiaba con su bastón a un rebaño de bestias fofas, cubiertas de hongos, cuya apariencia me llenó de una repugnancia innatural. Entonces, mientras el porquero se detenía y cabeceaba reflexionando sobre su trabajo, una enorme multitud de ratas llovió sobre el hediondo abismo, cayendo para devorar bestias y hombres por igual.”



Con muchos menos elementos de pesadilla, y con más erudición, pero con igual capacidad de perturbar el ánimo del lector, Borges relata el sueño de su protagonista:

“Aquella noche no dormí. Hacia el alba soñé con un grabado a la manera de Piranesi, que no había visto nunca o que había visto y olvidado, y que representaba el laberinto. Era un anfiteatro de piedra, cercado de cipreses y más alto que las copas de los cipreses; no había puertas ni ventanas, pero sí una hilera infinita de hendijas verticales y angostas. Con un vidrio de aumento yo trataba de ver el minotauro. Al fin lo percibí. Era el monstruo de un monstruo; tenía menos de toro que de bisonte y, tendido en la tierra el cuerpo humano, parecía dormir y soñar. ¿Soñar con qué o con quién?”
Recursos como los anteriores permiten que el terror se destile con lentitud, hasta que en el desenlace el protagonista se enfrenta con una terrible realidad que su cordura no puede soportar[1]. Así se enfrenta el narrador de There Are More Things a la revelación final:

“Me sentí un intruso en el caos. Afuera había cesado la lluvia. Miré el reloj y vi con asombro que eran casi las dos. Dejé la luz prendida y acometí cautelosamente el descenso. Bajar por donde había subido no era imposible. Bajar antes que el habitante volviera. Conjeturé que no había cerrado las dos puertas porque no sabía hacerlo. Mis pies tocaban el penúltimo tramo de la escalera cuando sentí que algo ascendía por la rampa, opresivo, lento y plural. La curiosidad pudo más que el miedo y no cerré los ojos.”
El escenario rural, la fatal curiosidad del protagonista, el narrador en primera persona, la participación de un misterioso extranjero, el repulsivo hedor, la pesadilla, la lenta decantación del miedo, la presencia de un ser de naturaleza indescriptible e incomprensible… todos son elementos que remiten directamente a la narrativa del escritor de Providence.



            Pero la intención de Borges no es simplemente escribir un cuento de Lovecraft y no se constriñe a hacer una imitación. El erudito y sobrio Borges conserva su característica prosa en el cuento, sin pretender por un instante igualar el abigarrado estilo de Lovecraft. Borges es también más directo (minimalista, diría Umberto Eco) y no abunda, como Lovecraft, en rodeos y prolijas descripciones; el argentino resuelve en diez páginas lo que al estadounidense le tomaría treinta o más.

            Nótese, por ejemplo, el último párrafo del cuento de Borges, arriba citado. En un cuento lovecraftiano típico, el protagonista habría visto al ente extraño, para después huir enloquecido (piénsese en cuentos como Dagón, El que acecha en la oscuridad o En las montañas de la locura). En ese momento el autor nos habría dado una confusa y prolija descripción de la criatura (recuérdense los tentaculares, gelatinosos y plurales monstruosos lovecraftianos), con los adjetivos usuales que lo caracterizan: indescriptible, inenarrable, inefable, inconcebible, blasfemo, etcétera. Borges, en cambio, renuncia a tratar de describir aquello que es “indescriptible” y deja la apariencia del ser a la imaginación de los lectores, lo que resulta incluso más estremecedor.



El anterior es un buen ejemplo de lo que se decía antes, acerca de cómo Lovecraft, visceral, busca lo que repulsa a la razón, mientras que Borges, intelectual, apunta hacia lo que desafía a la inteligencia.

            Más bien, en There Are More Things, es como si Borges se viera atrapado en un cuento de Lovecraft. El lugar es Argentina, el estilo narrativo es el de Borges y el protagonista el típico alter-ego borgiano, un hombre extraordinariamente culto y obsesionado con la filosofía, la metafísica, la teología, el ajedrez y los laberintos. Lovecraftianos son la atmósfera y los sucesos. Y es precisamente esta oportunidad de leer a un gran escritor adentrándose en los mundos de otro lo que hace de There Are More Things un cuento tan valioso y sobresaliente, pues es siempre muy grato para el lector apasionado encontrar estos pequeños milagros en los que confluyen las obras de dos de sus autores más admirados.

FIN

Espero que este recorrido por las obras de Borges y Lovecraft haya sido de su agrado y que les haya motivado a leer a estos autores, o a releerlos bajo una nueva luz. Muchos saludos.



[1] Hay que admitir que después de leer muchos cuentos de Lovecraft esta estrategia pierde su capacidad de impactar, puesto que el lector ya puede adivinar desde muy temprano para dónde va el relato.

3 comentarios:

Syous dijo...

Buena trilogía de entradas, gracias de nuevo por las ligas de las lecturas.

Saludos.

Ego dijo...

Gracias a ti, Syous, nos estamos leyendo.

Obat Benjolan Kecil Di Leher dijo...

Verdadera manera de distinguirse de sus competidores es el servicio que usted proporciona

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails