jueves, 30 de agosto de 2012

El Necronomicón en la Biblioteca de Babel (Parte 2)



Lee la primera parte: EL LABERINTO


LA CIUDAD PROHIBIDA

Pasemos ahora a la otra pareja de relatos. La ciudad sin nombre (The Nameless City, leer aquí) fue escrito por Lovecraft en 1921 y se publicó ese mismo año en la revista The Wolverine. Un narrador anónimo relata cómo se obsesiona con la búsqueda de una ciudad tan antigua que no sobreviven leyendas de su nombre o de cómo era cuando estaba viva. Sólo los árabes hablan temerosos de sus ruinas en medio del desierto. El protagonista logra encontrarla y la explora, descubriendo así que sus proporciones no corresponden a las humanas. Siguiendo el rastro de un viento misterioso y subterráneo, encuentra en una gruta un templo que guarda las momias de horribles criaturas reptiloides, mismas que se ven representadas en detallados murales. En un principio cree que tales seres son los ídolos totémicos de los antiguos habitantes de la ciudad, pero al final descubre que ellos eran los pobladores, y que sus espíritus infernales se mueven con la ráfaga de viento que se percibe salir de la cueva en las noches y volver a entrar cada mañana.

El inmortal [leer aquí], por su parte, también apareció por vez primera en El Aleph. El narrador y protagonista es Marco Flavio Rufo, tribuno militar de una legión romana, que se aventura en busca de una ciudad perdida en algún lugar del desierto africano, junto a la cual corre un río que concede la inmortalidad a quien bebe de sus aguas. Rufo finalmente encuentra la ciudad, de antigüedad inconcebible y proporciones monstruosas, y bebe del famoso río, convertido en un riachuelo fangoso. Tras pasar horas de angustiosa pesadilla en laberintos subterráneos, entra en la Ciudad de los Inmortales, la recorre y, al salir de ella nuevamente, descubre que los hombres salvajes que habitan las grutas circundantes son, de hecho, los Inmortales, uno de los cuales es el mismo Homero, quien le cuenta lo que sabe de la legendaria ciudad. De esto tratan las cuatro primeras secciones del cuento; la quinta resume la longeva vida del protagonista, hasta que éste logra deshacerse de la onerosa inmortalidad. Como se ve, es en las primeras cuatro secciones en las que se halla el eco de Lovecraft, así que trataré de ellas al hacer la relación.




Ambos cuentos están, una vez más, escritos en primera persona, y tanto en el texto de Lovecraft como en el de Borges los respectivos protagonistas buscan ciudades perdidas en medio de desiertos y de las cuales sólo se conocen extrañas leyendas. Los personajes descubren un perturbador secreto sobre la identidad de los habitantes de tales ciudades: en Lovecraft, que pertenecían a una horrible raza pre-humana; en Borges, que son los degenerados trogloditas que se alimentan de la carne cruda de serpientes. Ambas ciudades son, además, inexorablemente antiguas y monstruosamente abominables. Lovecraft escribe:

“Cuando me aproximé a la ciudad sin nombre, comprendí que estaba maldita. Recorría un valle terrible y reseco a la luz de la luna, y la vislumbré a lo lejos, resaltando de forma increíble sobre la arena, tal como los miembros de un cadáver podían sobresalir de una tumba poco profunda. El miedo se albergaba en ese vetusto superviviente del diluvio, esa tatarabuela de la más antigua de las pirámides.”
            Borges, por su parte, nos dice:

“Antes que ningún otro rasgo de ese monumento increíble, me suspendió lo antiquísimo de su fábrica. Sentí que era anterior a los hombres, anterior a la tierra. Esa notoria antigüedad (aunque terrible de algún modo para los ojos) me pareció adecuada al trabajo de obreros inmortales. […] Este palacio es fábrica de los dioses, pensé primeramente. Exploré los inhabitados recintos y corregí: Los dioses que lo edificaron han muerto. Noté sus peculiaridades y dije: Los dioses que lo edificaron estaban locos. Lo dije, bien lo sé, con una incomprensible reprobación que era casi un remordimiento, con más horror intelectual que miedo sensible. A la impresión de enorme antigüedad, se agregaron otras: la de lo interminable, la de lo atroz, la de lo complejamente insensato.”
Y más adelante agrega:

“Esta ciudad –pensé- es tan horrible que su mera existencia y perduración, aunque en el centro de un desierto secreto, contamina el pasado y el porvenir y de algún modo compromete a los astros. Mientras perdure, nadie en el mundo podrá ser valeroso o feliz.”
        


        Las similitudes entre el texto de Borges y el de Lovecraft, si no en las palabras, decididamente sí en las ideas, saltan a la vista. Pero los ecos del escritor de Providence en las letras del argentino no se limitan a estas referencias directas a La ciudad sin nombre. Según la mitología lovecraftiana, en los rincones más oscuros del mundo se levantan ruinas ciclópeas de antigüedad espantosa, cuya existencia el autor describe frecuentemente como “blasfema”, así como el universo está poblado por dioses “idiotas e insondables”, tales como el mismo Cthulhu, Azathoth o Nyalathotep, que nada tienen que ver con las representaciones antropomorfas que los humanos han hecho basados en sus ingenuas religiones.

Borges, a su vez en El inmortal, escribe:

“Con las reliquias de su ruina erigieron, en el mismo lugar, la desatinada ciudad que yo recorrí: suerte de parodia o reverso y también templo de los dioses irracionales que manejan el mundo y de los que nada sabemos, salvo que no se parecen al hombre.”
            La sensación de claustrofobia y locura que se apodera del narrador anónimo de   La ciudad sin nombre es paralela a la que sufre Rufo en El inmortal. Lovecraft describe así el descenso del protagonista por la gruta que constituía el templo más sagrado de la innombrable ciudad:

“Mi cabeza bullía de locas ideas, y las palabras y advertencias de los profetas árabes parecían flotar cruzando el desierto desde las tierras conocidas por los hombres hasta llegar a esa ciudad sin nombre que la humanidad no se atreve a conocer. […] Tan sólo en las terribles fantasías de las drogas o el delirio puede ningún otro hombre haber realizado un descenso similar. El angosto pasaje iba hacia abajo sin fin, como si se tratase de algún odioso pozo fantasmal, y la antorcha alzada sobre mi cabeza no llegaba a iluminar las desconocidas profundidades hacia las que me deslizaba. Perdí la cuenta del tiempo y olvidé consultar el reloj, aun cuando me sentía espantado al pensar en la distancia que debía haber recorrido. […] Yo estaba bastante desequilibrado por culpa de esa ansia de lo extraño y lo desconocido que ha hecho en mí un vagabundo y un buscador de lugares lejanos, antiguos y prohibidos[1].”



Rufo, cuando se extravía en el laberinto por el que debe pasar antes de entrar a la ciudad, tiene una experiencia similar:

“El silencio era hostil y casi perfecto; otro rumor no había en esas profundas redes de piedra que un viento subterráneo, cuya causa no descubrí [...] Horriblemente me habitué a ese dudoso mundo; consideré increíble que pudiera existir otra cosa que sótanos provistos de nueve puertas y que sótanos largos que se bifurcan. Ignoro el tiempo que debí caminar bajo tierra  […]”
Como se ve, incluso la misteriosa ráfaga de viento subterráneo de Lovecraft está presente en el cuento de Borges. Hay otro paralelismo interesante; en los siguientes pasajes Lovecraft y Borges describen cosas distintas, pero igualmente monstruosas. Lovecraft habla de las criaturas momificadas y que resultan ser los habitantes originales de la ciudad sin nombre:

“Resulta imposible hacerse una idea de tales monstruosidades. Eran reptilescas, con siluetas que sugerían a veces un cocodrilo, a veces una foca, pero más a menudo nada de lo que naturalistas o paleontólogos puedan haber conocido jamás. […] No podía comparar esas cosas con nada del pasado; podría establecer relación con seres tan dispares como el gato, el bulldog, el fabuloso sátiro y el ser humano.”
De forma similar Borges se expresa sobre la ciudad misma:

“No quiero describirla; un caos de palabras heterogéneas, un cuerpo de tigre o de toro, en el que pulularan monstruosamente, conjugados y odiándose, dientes, órganos y cabezas, pueden (tal vez) ser imágenes aproximativas.”




      El parecido entre uno y otro texto es, considero, evidente, y una vez expuestas estas similitudes, conviene preguntarnos sobre su naturaleza. ¿Alusiones deliberadas, influencias inconscientes o simple casualidad? No podemos saberlo. Borges no dice nada sobre lo que inspiró a escribir El inmortal y no sabemos si alguna vez leyó La ciudad sin nombre. Pensar que es posible y que dicha lectura lo haya influido consciente o inconscientemente me parece sensato.

Este encuentro termina con EXISTEN MÁS COSAS...




[1] Compárese esta última oración con el párrafo que está la siguiente entrada, cuando el protagonista de There Are More Things describe su propia y fatal curiosidad.

martes, 28 de agosto de 2012

El Necronomicón en la Biblioteca de Babel (Parte 1)

Este mes se celebraron los cumpleaños de dos de mis escritores favoritos: Jorge Luis Borges y HP Lovecraft. Para celebrarlos a ambos, les comparto en tres partes un ensayo que escribí sobre ellos. Espero que les guste y les motive a leer a estos autores tan disímbolos como grandiosos:


EL NECRONOMICÓN EN LA BIBLIOTECA DE BABEL



Es un hecho que Jorge Luis Borges leyó la obra de Howard Philips Lovecraft y al parecer la disfrutó con cierta pasión. Ello queda manifiesto en la entrada que el argentino dedica al estadounidense en su Introducción a la literatura norteamericana (1967):

[Lovecraft] imitó el patético estilo de Poe y escribió pesadillas cósmicas. En sus relatos hay seres de remotos planetas y de épocas antiguas o futuras que moran en cuerpos humanos para estudiar el universo o, inversamente, almas de nuestro tiempo que, durante el sueño, exploran mundos monstruosos, lejanos en el tiempo y el espacio. De su obra, influida por Poe y Machen, destacan El color que cayó del cielo, El horror de Dunwich y Las ratas en la pared.
            Las influencias literarias que se hallan en la obra de Borges son cuantiosas y sería una tarea ardua y tardada para quien se propusiera rastrearlas todas. He decidido ponerme una meta infinitamente más modesta: rastrear a Lovecraft en Borges.

            Es curiosa la relación que existe entre narradores tan disímbolos y no deja de ser notable, quizá insólito, que uno haya influido en el otro. El estilo de Lovecraft es abigarrado, barroco, demencial, apela a las emociones y a los sentidos. La prosa de Borges, en cambio, es sobria, elegante, emana erudición y apela sobre todo al intelecto. Cada uno tiene una idea distinta de lo fantástico: en Borges, lo metafísico, lo que desafía a la inteligencia; en Lovecraft, lo horrendo, lo que repulsa a la razón. Me parece que Lovecraft, sin dejar de ser grandioso, es un autor menor que Borges. Aquél tiene toda una plétora de obras, algunas de las cuales son geniales mientras que otras tantas son mediocres y repetitivas.[1] Por otra parte, prácticamente cada uno de los relatos de Borges es una obra maestra. Lovecraft pertenece a la literatura pulp (y, por tanto, pop); la de Borges es una literatura culta.



            Con todo, tienen algunos rasgos en común: su amor por lo extraño, lo fantástico e inusual, su prodigalidad al momento de crear mundos fantásticos, la presencia en su obra de literaturas imaginarias y el hecho de que sus obras de ficción se basan mucho más en lo leído, lo soñado y lo imaginado que en lo vivencial. Prueba de que el laureado Borges leyó al oscuro Lovecraft y se dejó influir por él es el hecho de que le dedica un relato titulado There are more things. Y no sólo en ese cuento de Borges están presentes los rastros de Lovecraft. Me parece haber encontrado huellas del autor de Providence en los relatos La casa de Asterión y El inmortal, que tienen ecos de El intruso y La ciudad sin nombre, respectivamente. A continuación me dedicaré a explorar dichas influencias.

            Aquí recomiendo al lector que no conoce los relatos, que se detenga de inmediato y, antes de continuar, se remita a ellos. Para el siguiente análisis es necesario revelar detalles de la trama que de acuerdo a la intención del texto deberían ser sorpresivos. ¿Ya? Bueno, empecemos.

EL LABERINTO

Tomemos a la primera pareja. El Intruso (The Outsider) [leer aquí] es un relato compuesto por Lovecraft en 1921 y aparecido por primera vez en la revista Weird Tales en 1926. La casa de Asterión, por su parte, fue publicado por primera vez en la colección de cuentos de Borges titulada El Aleph, que data de 1949.



El intruso está escrito en primera persona. El anónimo narrador y protagonista resume en unos párrafos su vida en la perpetua oscuridad de un castillo en ruinas. Dicho castillo se encuentra rodeado por un bosque tenebroso de árboles “grotescos, gigantescos, cubiertos de plantas trepadoras, agitando en silencio sus ramas hacia lo alto”. En las ruinas hay dos torres; una de ellas es accesible, pero su altura no alcanza a superar aquélla de los árboles. La otra se alza más allá de lo que el narrador puede dilucidar, pero está por completo derruia y es inaccesible. Atrapado desde siempre en esa prisión, no conoce más luz que la de las velas ni más compañía que la de los libros. En una ocasión, sin embargo, se decide a escapar trepando por la torre más alta hasta alcanzar la cima. Entonces descubre que había estado todo el tiempo en un inexplicable bosque subterráneo en algún lugar de Egipto y ahora, en la superficie, se decide a explorar los alrededores. Así, llega a un salón donde se celebra una alegre fiesta. Pero a su arribo cunde el pánico y los convidados salen huyendo y gritando. El narrador ve la causa del espanto, un monstruo horrible y deforme que está frente a él. Instantes después, descubre que está mirando un espejo.

La casa de Asterión [leer aquí], de igual forma, está escrito en primera persona. El narrador es el mismo Asterión, que habla de sí mismo y de su vida en una casa con infinitas puertas, corredores, galerías y columnatas. Aunque lamenta con amargura su soledad, Asterión niega ser un prisionero e incluso declara haber salido alguna vez de su casa y haber visto la calle, en donde la gente huyó de él y a su vez él se espantó de la plebe. Poco a poco, el lector se adentra en la psique del personaje y descubre a un ser que sufre y por el que es imposible no compadecerse. Después Asterión revela que cada nueve años entran en su casa nueve hombres para que los “libere de todo mal”. Uno de ellos le profetiza la llegada de su redentor y “desde entonces ya no me duele la soledad”. Termina el monólogo de Asterión y el cuento concluye con un diálogo entre Teseo y Ariadna. Entonces sabemos que Asterión era el Minotauro.

Obra de George Frederick Watts en la que se inspiró Borges

Hay varios puntos de contacto entre ambos cuentos como el lector se podrá percatar. Los dos tratan de monstruos que pasan toda su vida encerrados en sendas prisiones, ante los cuales se espanta la gente cuando logran salir de su encierro. Incluso se parecen en cuanto su ubicación temporal y espacial: el antiguo Egipto y la antigua Grecia. Pero más importante, en los dos relatos se le da una voz al engendro, al monstruo, al marginado, al otro. Ambos textos pretenden (en mi opinión) que el lector se identifique con la otredad, para después revelarle su verdadera naturaleza.

Hay otras similitudes y también diferencias. El Intruso (como llamaré a partir de ahora al personaje de Lovecraft) ignora su condición de monstruosidad:

“Mi apariencia física me resultaba igualmente desconocida, ya que no había espejos en el castillo, y yo sencillamente me creía, de forma instintiva, parecido a las juveniles figuras que veía dibujadas y pintadas en los libros. Estaba convencido de ser joven debido a los pocos recuerdos que guardaba.”[2]
En cambio, Asterión se sabe un minotauro, o por lo menos, se sabe diferente a la gente exterior, como nos lo sugieren un par de frases. La primera habla de “las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta”, que se oponen a la cara de Asterión, que es, como sabremos al final, la de un toro. La otra frase dice:

“Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión”.
            Las palabras finales de Asterión adelantan la revelación que después se da por boca de Teseo:

“¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?”
Pero a pesar de saberse único y diferente, Asterión no comprende su propia monstruosidad, no entiende el tamaño de la abominación que su existencia implica. Él se siente filósofo y se vanagloria por ser hijo de una reina. Como dije antes, niega ser un prisionero, así como también rechaza las acusaciones de soberbia, misantropía y locura que sospecha se han hecho en su contra. De cierta forma, Asterión es tan ignorante de su propia condición como el Intruso de Lovecraft.



Hay una diferencia importante: mientras que El intruso se centra en el escape del protagonista y en el descubrimiento de su monstruosidad, en La casa de Asterión, lo más importante es la oportunidad que el lector tiene de asomarse al alma del personaje y conocer la existencia trágica y solitaria que lleva en el laberinto. Es quizá por ello que el cuento de Borges resulta más entrañable y conmovedor, a la vez que perturbador.

No podemos estar seguros de que Borges haya leído El intruso, aunque existe la probabilidad de que así haya sido. El propio Borges atribuye su inspiración a una tela del artista George Frederick Watts, pintada en 1896 y que representa al Minotauro mirando hacia el mar con tristeza[3]. Pero es posible que, aunque el mismo Borges lo olvidara, una lectura temprana de El intruso haya influido en la composición de La casa de Asterión.

Este encuentro continuará con LA CIUDAD PROHIBIDA



[1] Algo comprensible si tenemos que Lovecraft vivía de la escritura y, como le pagaban muy poco por cada txto, se veía obligado a producirlos a un ritmo acelerado, lo que dio como resultado una gran cantidad de opúsculos olvidables.
[2] La versión en español de los textos de Lovecraft corresponde a la que realizó José A. Álvaro Garrido para la editorial EDAF.
[3] En El Zahir, otro cuento también contenido en El Aleph, Borges propone escribir un cuento en el cual el narrador se presente como un asceta que ha dedicado su vida a resguardar de la codicia humana un tesoro infinito. Al final, se revela que el asceta no es otro que la serpiente Fafnir, de la leyenda de Sigfrido.

sábado, 25 de agosto de 2012

Mis cuentos favoritos de Borges


Jorge Luis Borges es uno de mis escritores favoritos por diversos motivos. Es un estilista magnífico, un erudito que no deja de impresionar, un filósofo elegante y agudo. 

Quizá lo que más me agrada de su obra es que supo dejar atrás el provincianismo que afectaba las letras hispanoamericanas y las puso al dialogar al tú por tú con la alta literatura universal. Durante mucho tiempo, e incluso hasta la fecha, se ha querido reducir la literatura hispanoamericana a la folclorización de la miseria, como si los nacidos en estos países fuésemos incapaces de otra cosa más que reportar sobre la vida rural, las culturas indígenas, las dictaduras militares o la pobreza y la violencia que afectan nuestra región. 

Borges rompió con estos cánones y trabajó una literatura en cuyos temas se eleva hasta lo metafísico, a los conceptos más complejos, a las ideas más sutiles, que sólo puede apreciar un espíritu con una delicadeza y un intelecto y un cuerpo de conocimientos nunca por debajo de cierta altura.

Sobre todo, Borges es la prueba, que ni los académicos más obtusos y mamones pueden refutar, de que la literatura fantástica puede alcanzar los mismos niveles de grandeza y perfección que la literatura realista. Aún hoy los académicos pueden mirarte con una ceja alzada si manifiestas tu preferencia por Poe o Wells, pero nadie se atreve a cuestionar que Borges es absolutamente admirable.

Aún así, en la academia no faltan quienes quieran demeritar la obra fantástica de Borges señalando que sus mejores cuentos son los realistas, como diciendo "Sí, los cuentos fantásticos de Borges son muy buenos, pero porque Borges es un gran escritor, y de cualquier forma sus cuentos realistas son los mejores". Burdo enobismo academicista que se sigue resistiendo a conceder tantito reconocimiento a la literatura fantástica.

En mi opinión, esos cuentos "realistas" de Borges, que se trasladan a la Argentina rural y tratan de gauchos y matarifes son más bien olvidables. Son buenos, porque Borges es un gran escritor, pero no tienen en ellos nada que impacte, que mueva al lector como lo hacen sus cuentos fantásticos. Más aún, se sienten falsos: uno siempre tiene la impresión de que Borges, cuando trata de Babilonia o de la Edad Media, sabe más de lo que habla que cuando se va al campo argentino.

Curiosidades de la vida: Borges es un escritor con cuya ideología política no podría estar en mayor desacuerdo: predicaba el elitismo intelectual, tachaba a la democracia de ser una superstición, despreciaba la cultura popular, y su repudio al comunismo lo llevó al grado de aplaudir a la dictadura de Pinochet. Pero no por eso deja de ser uno de los escritores que puedo leer y releer una y otra vez, fascinado, admirado y agradecido por que haya existido y escrito.




Por eso, sin más preámbulos, aquí les va una lista de mis cuentos favoritos de Borges, con una breve sinopsis para cada uno y que de esa forma se animen a leerlos (incluyo los enlaces para que puedan empezar de una vez):

El inmortal: Un militar romano se interna en los desiertos africanos en busca de un río cuyas aguas, se dice, dan la inmortalidad a quien las bebe. Encuentra una antiquísima ciudad abandonada y construida con locura, levantada a orillas de dicho río. Pero ¿es la inmortalidad un don o una carga? [Leer]

Los teólogos: Dos teólogos de la Europa medieval se enfrentan durante años mediante publicaciones en las que el uno al otro se acusan sutilmente de herejía. Curiosamente, la Iglesia Católica cambia sus posturas respecto al dogma cuando la política así lo exige, pero uno de los teólogos no está dispuesto a traicionar sus convicciones. [Leer]

La casa de Asterión: En un palacio con infinitas puertas, corredores y galerías, vive Asterión, hijo de una reina, en completa soledad, esperando a que venga alguien a liberarlo. Pero, ¿quién es Asterión? Éste es uno de los cuentos de Borges más estremecedores. [Leer]

Deutsches Requiem: Un oficial nazi oculto en Sudamérica hace una perturbadora apología de sus acciones, de cómo matar al inocente lo liberó de la debilidad de la compasión y lo convirtió en un súperhombe, por lo que nadie tiene derecho a juzgarlo. Un perturbador descenso a la filosofía nazi. [Leer]

Los dos reyes y los dos laberintos: El rey de Babilonia invita al sultán de Arabia a visitar su capital y su palacio. Por jugarle una broma al rey del desierto, al que considera un bárbaro inculto, el babilonio lo hace extraviarse en su laberinto. El sultán planea la venganza. [Leer]

El Aleph: En un lugar de una casa existe un punto del universo que contiene a todo el universo, que puede ser visto en su totalidad sin que las imágenes se confundan ni se superpongan. Uno de los cuentos más hermosos de Borges y también en el que hace gala de su agudo sentido del humor. [Leer]

Tlön, Uqbar, Orbis Tertius: Un grupo de intelectuales descubre una entrada en una enciclopedia dedicada a un país del que nadie ha oído hablar. Se dan cuenta de que una organización secreta poco a poco está insertando entre la cultura conocimientos ficticios como una forma de apropiarse del mundo. [Leer]

Pierre Menard, autor del Quijote: ¿Y si alguien intentara reescribir el Quijote? ¿Importaría que la obra fuera exactamente igual a la de Cervantes? ¿O tendría valor por el ejercicio de haberla escrito sin ser Cervantes? [Leer]

La lotería en Babilonia: Borges imagina una sociedad en la que todo, las instituciones, las profesiones, la vida y la muerte están regidas por el azar, a través de un sorteo que decide las vidas de todas las personas. [Leer]


Examen de la obra de Herbert Quain: Borges analiza la obra de un autor ficticio, porque lo importante no es que se escriban esas obras, sino que alguien haya tenido la idea de escribirlas. [Leer]

La Biblioteca de Babel: Uno de los mejores cuentos de Borges, trata de una biblioteca infinita. Contiene todos los libros que han existido o podrían existir, en todos los idiomas y en todas las variantes. Como no tiene fin, si uno se mueve en cualquier dirección jamás encontrará una salida. [Leer]

El milagro secreto: Un escritor está a punto de ser fusilado por un pelotón. Su único deseo sería poder terminar de escribir. Como acto de compasión por alguna deidad desconocida, el tiempo se detiene para todos, menos para su mente. Entonces, de pie, inmóvil frente a los fusiles, el escritor comienza la redacción mental de su última obra. [Leer]

El otro: El viejo Borges se encuentra consigo mismo, un joven idealista, en una banca de parque y tienen una inolvidable conversación en la que el muchacho y el viejo confrontan sus ideas. [Leer]

There Are More Things: Borges escribe un cuento de Lovecraft. Borges. Lovecraft. ¿Tengo que decir algo más? [Leer]

El Espejo y la Máscara: Un juglar escribe para un rey medieval una gesta épica que ensalce sus hazañas. Cada versión es mejor que la anterior. La última es sólo una línea y es tan hermosa que... [Leer]

Utopía de un hombre que está cansado: Borges, vagando por el campo, se ve transportado al futuro y encuentra una sociedad utópica que lo ha superado todo lo que estaba de más. Es el sueño de un hombre cansado de las fatigas de la vida. [Leer]

El libro de arena: Borges imagina un libro infinito, que contiene todo lo que podría ser escrito. La misma página no puede encontrarse dos veces. [Leer]

La memoria de Shakespeare: ¿Te gustaría tener en tu mente la memoria de Shakespeare? No su talento, no su inteligencia, ni su sensibilidad, ni ninguna de sus cualidades. Sólo su memora. ¿Qué harías con ella? [Leer]

Espero que estas sinopsis les motiven a leer estos cuentos. Por ahora, sólo les dejo una recomendación para mayor disfrute de todos esos relatos:






martes, 14 de agosto de 2012

Cosas que me cagan de Batman




Ya antes los había hecho soportar mi rabieta contra las cosas que me cagan de Harry Potter, y no mucho después les compartí las cosas que me cagan de Star Wars. Y como algo que me gusta mucho en la vida es mentar madres, les voy a contar lo que más me caga de la saga de Batman de Christopher Nolan.

No voy a enumerar las cosas que me cagan del Batman de Joel Schumacher, porque no vale la pena, pues nunca terminaría. Empezaré por decirles lo que me caga de las películas de Tim Burton... En realidad es sólo una cosa: Batman mata. Mata no sólo a sus enemigos principales en cada una (el Guasón y el Pingüino), sino que con mucho desenfado mata también a sus secuaces. Y eso me molesta, porque una parte importante de la personalidad de Batman es que él ha jurado nunca quitar una vida humana... 

Aunque, por otro lado, el Batman original, el de los 40's, mataba también a medio mundo muy quitadito de la pena (Superman también, por cierto), así que ésa la puedo dejar pasar, porque además las dos pelis de Burton me gustan mucho, mucho.

La trilogía de Nolan también me gustan mucho, de verdad. La saga completa, pero sobre todo las últimas dos (la primera se me hizo medio floja). Lo cierto es que Nolan ha hecho una gran contribución al mito del Caballero Nocturno. Realmente disfruté mucho y me emocioné viendo cada una de ellas, y pienso que esta última se pone grandiosamente épica. Incluso aunque use a todo el reparto de Inception en Batman...



Pero como a mí me gusta mucho quejarme, aquí están, con ustedes, para su disfrute y cotorreo, las cosas que me cagan de Batman:

#5

#5 Los títulos de las películas: Sí, esto puede parecer un poco mamón y quisquilloso... y en realidad lo es. Es que los títulos de las películas del Batman de Nolan nunca me cuadraron. La cosa viene desde las de Burton. Hay una película sencillamente titulada Batman, como debe ser. La siguiente, en vez de ser Batman 2 se llama Batman Returns, en homenaje a la clásica historia de Frank Miller The Dark Knight Returns. Hasta ahí todo muy bien, pero a partir de entonces les da por titular a las películas como Batman hace algo.

Entonces, después de Batman Forever y Batman and Robin llega Batman Begins. De entrada queda confuso, porque parece un capítulo más de la serie anterior y no el inicio de una nueva. ¿Por qué no le pusieron sólo Batman? Después de todo era un reboot, podían comenzar desde el principio...



Pero además el título Batman Begins suena mal. Es tonto, obvio, sin impacto alguno... Que tenga doble B es Bastante Bobo. En español es peor: Batman Inicia, pero pudo haber sido Batman Comienza o Batman Empieza. Suena tan ñoño, el nombre del personaje seguido de un verbo que no describe nada impresionante... No sé ustedes, pero a mí me suena algo así como Elmo se baña, o Quique haciendo cosas.

La segunda película tiene un título brillante: The Dark Knight. El problema es que lo tiene precisamente la segunda película. Éste debía ser el título sencillo y limpio de la primera entrega. Es más, el hecho de que la frase Dark Knight se encuentra en dos de tres, sólo hace resaltar el inadecuado e incómodo título de la primera parte. Finalmente, el título de la tercera cinta se me hace en extremo largo y mamón: El Caballero de la Noche Asciende... Me suena a Ernesto salva la Navidad.

#4


#4 Batman no mata, excepto si le conviene a la trama: El Batman de Tum Burton mataba. Ok, eso va contra el cómic, pero bueno, es algo que se establece casi desde el principio y se sigue con coherencia en ambas películas. Pero el Batman de Nolan no mata. Excepto que sí lo hace. Mucho.

El Batman de Nolan se la pasa alardeando de su superioridad moral diciendo que no mata ni usa armas de fuego. Pero ambas son mentiras descaradas. Veamos, en Batman Begins, Ra's al Ghul le presenta a Bruce Wayne un criminal asesino y le ordena ejecutarlo. ¿Qué hace Bruce? Incendia el templo, causando la muerte de Ken Watanabe, de quién sabe cuánta gente más y, muy seguramente, del mismo prisionero que se había negado a matar. Neta, hermanos Nolan, Goyer... ¿no pensaron en eso?

Y no es como si les hubiera dicho a los ninjas ésos: "No, no mataré a este hombre y no pueden obligarme. Prefiero morir luchando por defender su vida que manchar mis manos con el homicidio..." Sino que de forma por demás traicionera los hace creer que está  punto de ejecutar al prisionero cuando de pronto hace volar todo en pedazos. Eso no es muy heroico, Batman.



En la misma película, cuando la policía lo persigue, aparte de destruir un montón de propiedad ajena, Batman deja toda clase de explosivos que hacen volar por los aires las patrullas. Como Alfred dice "es un milagro que no haya muerto nadie". Sí, es un milagro. De hecho, no es verosímil, porque Batman no se estaba preocupado por hacer las cosas de forma que nadie corriera el riesgo de morir: si nadie murió en esa secuencia es porque los escritores decidieron intervenir a través de maravillosas coincidencias y preservar las vidas de los agentes de la ley.

El colmo de esa mamada de "no mato porque soy bueno" se da en The Dark Knight. Batman salva al Guasón de morir por una caída (¿por qué no le aplicó ésa de "no te mataré, pero no tengo que salvarte" con la que se deshizo cómodamente de Qui-Gon Jinn?). Segundos más tarde mata a Harvey Dent arrojándolo de una gran altura. ¡¿GUA DA FOC?! ¿Por qué le salvó la vida al peor asesino serial de la historia? ¿Por qué mató a Harvey Dent? ¡¿Qué está pasando aquí?!

Me molesta que Batman mate, pero me encabrona realmente que digan que no mata y que lo haga todo el tiempo. Ahora bien, no creo que los realizadores estén tratando de ser hipócritas a propósito, más bien pienso que cometieron varias tropiezos, quizá por pereza mental, y se les fueron estos detalles.

En cuanto a lo de las armas... Bueno, es cierto que Batman no carga con una ametralladora, pero su auto, su moto y esa puta madre que quién sabe qué era pero volaba, ¡están cubiertas de armas de fuego que disparan balas de verdad! No es como el Batimóvil de los cómics y la serie animada, equipados con herramientas y armas no letales. ¡No! ¡Esas madres disparan balas! Y las balas sirven para matar gente, como lo demuestra Gatúbela cuando se despacha a Bane en la muerte más deshonrosa para un villano desde tiempos de Boba Fett.



Ok, el Batimóvil y el Batijet de Burton también las tenían y Batman las usaba para matar, pero en esas películas se establece desde el principio que eso es justo lo que hace Batman. En las de Nolan sólo lloriquea contra las armas, pero abre fuego contra la gente todo el tiempo.

Otra cosa: algo muy importante del mito de Batman que las industrias Wayne no fabrican armas. ¡Pero aquí sí lo hacen! ¡Y Batman luego las usa! ¿Qué está pasando aquí? El Batman de Nolan bien podría pertenecer a la National Rifle Asociation. Lo que me lleva a la siguiente cosa que me caga...


#3


#3 El discurso ultraderechista de las películas: Okey, ningún producto de la cultura de masas gringa es precisamente una apología de los valores de la izquierda, porque la sociedad estadounidense es muy conservadora, y una obra así no pegaría muy bien, por lo que se necesitan tener unos huevos enormes y ser británico como Alan Moore para hacer un V de Vendetta.

Es más, ciertamente el personaje de Batman conlleva valores de nobleza aristocrática: no sólo Bruce Wayne es millonario, sino que desciende de una larga línea de ancestros ilustres que se han caracterizado por su inteligencia, su generosidad y sus cualidades morales. De hecho, los Wayne descienden de una familia noble inglesa, y entre los ancestros de Bruce hubo caballeros, literalmente hablando. 

Bruce Wayne es entonces lo mejor de lo mejor, el más grande eslabón de un gran linaje, un superhombre, y como tal, es quien tiene el derecho de imponer el orden en una sociedad  en la que nadie más tiene la capacidad ni la voluntad de hacerlo. De cierta forma, Batman es como el Señor Feudal que sale de su castillo y arregla las cosas entre sus siervos (pero también es muchas otras cosas; Batman es un personaje muy complejo).



Este sentido aristocrático no me molesta en lo absoluto, de hecho es parte importante del mito, pero Nolan hace de Batman una apología del neoconservadurismo a la George Bush Jr que, si bien no le quita ni una gota de chingonería a su saga, sí hace que por momentos me sienta un poquitín incómodo.

Dejando de lado que en Batman Begins todos los malos son extranjeros, ya en The Dark Knight, el Batman de Nolan llega hasta el punto de intervenir los celulares de toda la ciudad para encontrar al Guasón. ¡Santo Patriot Act, Batman! pensé yo cuando lo vi. Sí, es cierto, yo también dejaría que intervinieran mis llamadas si el Guasón estuviera en mi ciudad, y también confiaría en que Batman renunciaría a esos poderes emergentes en cuanto la contingencia se hubiera resuelto.¡Pero eso es precisamente lo peligroso del mensaje! "Existen casos en los que es necesario dar todo el poder a nuestros guardianes".

En esa misma película hubo una subtrama que no sólo me parecía innecesaria, sino que hasta me chocó: cuando Batman irrumpe en China para capturar a un banquero de dicho país que lavaba dinero de los mafioso de Ciudad Gótica. Cierto que Batman siempre se pasa las leyes por el baticinturón (finalmente, es un superhombre, y su moral está por encima de las leyes de los hombres inferiores), pero aquí se estaba volando tratados internacionales y abduciendo a un ciudadano de su propio país (¿no sería ése un acto de guerra?). Claro, el chino en cuestión es un tipo muy malo y debía ser capturado... Justo lo que Nolan parece decirnos: "A veces es necesario violar hasta las leyes internacionales y la soberanía de otras naciones para atrapar a los malos" (¿alguien más pensó en los operativos con drones en Pakistán? ¿nadie?).

Pero estuve dispuesto a dejar pasar estos detalles (a lo mejor eran figuraciones mías), hasta que vi Dark Knight Rises, en la que el discurso ultraderechista se hizo mucho más obvio. Ya lo han señalado muchos, y yo mismo lo noté mientras veía la cinta: el discurso de Bane parecía una caricatura grotesca de Occupy Wall Street. Eso de "vamos a acabar con la opresión de los que más tienen contra los que no tienen casi nada, vamos a regresar el poder a pueblo, etc.". De hecho, a Bane sólo le faltaba andar con su letrero de "We are the 99%". Nótese cuántas veces se usa la palabra "revolución" para referirse a lo que Bane hace en Ciudad Gótica.



Claro, podría argumentarse que quien lo hace es un supervillano, no un verdadero revolucionario, que no quiere realmente liberar a la gente, sino sumirla en el caos y llevarla al sufrimiento. ¡Pero ese precisamente parecería ser el mensaje de la película! "Gente del pueblo, aquéllos que dicen que quieren liberarlos sólo quieren el mal para ustedes, es mejor que sigan viviendo bajo la severa pero justa protección de las élites y sus mecanismos de control, como las fuerzas policiacas." Yuck.

Viendo lo que sucede en Ciudad Gótica con la revolución de Bane, uno pensaría que en dicho lugar sólo había dos clases de personas: los ricos, frívolos pero ultimadamente inocentes, que vivían en sus palacios y penthouses; y los pobres sedientos de sangre y ansiosos por pasar a los ricos a la guillotina. Ante eso yo me pregunto, y todos los estamentos de clase media en Ciudad Gótica, ¿dónde estaban? ¿No había gente pobre o de clase media, decente y honesta, que se opusiera al régimen del terror de Bane? ¿Acaso todos los que no eran ejecutivos de grandes corporaciones se unieron a los criminales liberados de Blackgate? ¿Es que Nolan no ve ninguna diferencia entre el pueblo y los criminales de Blackgate? Esto último me preocupa especialmente.

Quiero hacer una comparación entre Bane y otros "villanos idealistas". El mejor ejemplo es Magneto de los X-Men, tanto en los cómics, como en la adaptación fílmica. Magneto sufrió en carne propia uno de los episodios de odio más atroces de la historia humana: el Holocausto. Además, ha vivido en una sociedad que lo odia y le teme por ser quien es. Cuando en la película, en la brillante interpretación de Sir Ian Mckellen, lamenta que la belleza de la Estatua de la Libertad sea engañosa, porque promete falsamente una tierra de la paz y la tolerancia, uno puede comprender su dolor y su ira. Magneto no está diseñado así para decir "miren, son los malos quienes critican a la Estatua de la Libertad", sino para darle dimensión al personaje, algo por lo que el público se pueda sentir identificado y aunque sea por un momento pueda decir "ah caray, quizá tiene razón..."

Pero en esa misma película Wolverine le dice a Magneto que no es más que un hipócrita, porque si fuera tan noble, él mismo estaría sacrificando su vida. ¡Ése es un momento fundamental, el que define a Magneto como un villano, no como héroe, ni víctima! Magneto está dispuesto a sacrificar vidas inocentes, sin piedad ni misericordia, con tal de lograr sus propósitos, y eso lo hace malvado. Lo que diferencia al héroe del villano no son sus ideales, sino sus métodos.

Bane es completamente distinto. Él no está tratando de hacer justicia por los medios equivocados, como Magneto o incluso el Ra's al Ghul de la primera cinta: él está tratando de hacer el mal, de causar sufrimiento, de ser gratuitamente cruel, y su forma de llevar a cabo ese acto de maldad es dándole el poder al pueblo. Es decir, parecería que para Nolan, el entregarle el poder al pueblo es un acto de maldad en sí, del que sólo puede venir el dolor.



Ahora, yo no creo que Nolan y los otros dos escritores estén tratando de adoctrinar a nadie, ni mucho menos que esto sea parte de la "maquinaria propagandística estadounidense", como si en EUA no hubiera autores con libre albedrío y todas las películas, cómics, libros y series de TV fueran dictadas por el Pentágono (¿Saben dónde sí todos los contenidos culturales eran dictados por el gobierno por motivos ideológicos? En los países comunistas). Yo creo más bien que Nolan realmente cree lo que está diciendo, que ésa es su ideología y la ideología de todo autor se traspasa a su obra, de forma consciente o inconsciente.

Nolan dice que no estaba tratando de hacer ningún comentario sobre OWS y yo le creo. Más bien, de la misma forma en que George Lucas no estaba haciendo comentarios específicos sobre George Bush Jr. con Episodio III, sino señalando el proceso por el cual una democracia puede transformarse en tiranía, Nolan estaba expresando sus ideas sobre el bien y el mal, que se aplican perfectamente al panorama social de estos días.

Pero como yo no soy de las personas que juzgan una obra de arte por su contenido ideológico, a menos que sean panfletos descarados, después de hacer una leve rabieta, puedo olvidarlo y pasar a lo que sigue... Lo que realmente me emputa es...

#2


#2 El supuesto realismo de esta serie: Si algo me puede encabronar es que digan que estas películas son realistas y las alaben por ello. ¡No lo son! ¿Creen ustedes que porque no hay un Pozo de Lázaro, ni el Guasón ha sido deslavado por químicos y Bane no usa el superesteroide conocido como Venom ya es una película realista? ¡NO! Las Batman de Nolan son tan realistas como las películas de James Bond o las de Misión Imposible: muy poco.

¿Ya saben cómo hay gente que no ve películas de ciencia ficción o fantasía porque "eso no es real", pero luego se chaquetean con Rápido y Furioso o se conmueven con comedias románticas estúpidas? Bueno, esa gente me desespera un poquitín, porque no es que sean muy exigentes en cuanto a una representación justa de la realidad, porque tampoco se van a poner a ver películas que reflejen la vida real de este mundo miserable. Lo que pasa es que son estrechos de mente y no toleran nada que desafíe su imaginación.

Un retrato de la realidad digno de Émile Zola


Yo "anduve" con una chica que decía que El Señor de los Anillos no podía ser una buena película porque "eso no es real", y sin embargo, unas noches después, vimos El Santo (con Val Kilmer) y ella estaba toda alucinada (no me culpen, fui joven y estúpido y estaba caliente). Bueno, ésa es la mentalidad obtusa que me molesta. Como si ser "realista" fuera una virtud en sí, y ser "fantasiosa" fuera algo malo. Las novelas de Carlos Cuauhtémoc Sánchez pueden ser muy "realistas", en cuanto a que se ubican en escenarios cotidianos, pero nadie se va acordar de ellas en 100 años, y en cambio sí se va a seguir leyendo La Odisea.

Pero divago... Las películas de Batman de Nolan no son realistas: están llenas de momentos exagerados e irreales. ¿El escape de Batman con el criminal chino? ¿La captura del avión por parte de los hombres de Bane? Coño, ya desde el momento en que haces una película de un millonario que se viste de murciélago para salir a repartir karatazos por los callejones no es realista. ¿Quieren realismo? Pues deberían hacer su tarea y sabrían dos cosas: que los silenciadores de armas en realidad silencian poco los disparos (no suena como un silbido, a diferencia de lo que nos hacen creer las películas), o que en EUA ya no existen orfanatos como a la antigua sino foster homes,  o que una mujer con las tetas de ese tamaño no podría ser prima ballerina del Ballet Ruso:

Un centro de gravedad bastante inadecuado para una ballerina...

Y no me molesta que las películas de Batman de Nolan no sean realistas, me molesta que alardeen de ello sin serlo. Pero me molesta más todavía que, mientras en algunas cosas se brinca el tiburón sin tantita pena, para otras se muestra muy timorato. O sea, llamar Gatúbela a Gatúbela habría sido muy irreal, ¿no? Ponerle al Espantapájaros un disfraz completo no es realista, ¿verdad? Digo, no como secuestrar un avión en pleno vuelo, eso es de documental. ¡Hasta le leí a alguien decir que los tres individuos disfrazados se veían ridículos en el contexto de estas películas tan "realistas"! Y luego se quejan de lo de la bomba atómica... ¡Aja! ¡Eso es lo que no es realista, ¿no?! Un Harvey Dent con la cara quemada, sin piel ni párpado, deambulando libremente por la ciudad como si nada... Eso sí es realista, ¿verdad?

Señor Nolan, si quiere hacer películas realistas le recomiendo que produzca adaptaciones de las novelas de Charles Dickens, no de cómics de superhéroes. Pero su negativa a arriesgarse un poco en aras del realismo me lleva a la cosa que más me caga de las películas de Nolan:

#1


#1 El poco a ningún respeto que le tiene a los fans del cómic: Algo que me gusta mucho tanto de las películas de Burton como de las de Nolan es que son cintas de autor. Ninguno de ellos se limitó a trasladar el cómic a la pantalla, sino que crearon sus propias versiones de un mito muy manoseado. No es un trabajo fácil, pues uno se arriesga a que no quede bien y que haga enojar a los fans más puristas del cómic, los cuales no quedan contentos ni con Watchmen que es prácticamente la puta historieta filmada viñeta por viñeta.

Miren, yo sé muy bien que cuando se adapta una historia de un medio a otro tienen que haber cambios. Es más, espero que los haya, me emociona saber de qué forma interpretarán tal o cuál aspecto de la fuente original. Tampoco soy de los que piensan que el apego a dicha fuente es el criterio definitivo para juzgar una película. Pero sí pienso que Nolan debía haber tenido un poco más de respeto por el cómic y por los que fuimos fans del mismo antes de ver sus filmes.

¡Me valen madres sus más queridos recuerdos de la infancia!


Ok, mucho le podrán criticar a Sam Reimi y a sus Spider-Man, pero desde el primer momento de la primera película se puede ver que están hechas por alguien que conoce muy bien el cómic y que lo ama verdaderamente. Las adaptaciones de Reimi tienen cambios importantes con respecto a la historia original, pero no deja de agasajar a su público, que sabe que serán fans como él, con momentos, diálogos y tomas que sabe que podrán reconocer y apreciar.

A veces no son cosas importantes, sólo guiños al lector del cómic. La secretaria del Daily Bugle no hace nada importante en las películas, pero sólo como llamarla Betty Brant, Reimi le sacará una sonrisa a su público. El maestro de Peter podría haberse llamado Dr. Jones, porque tampoco hace gran cosa, pero al llamarlo Curt Connors y presentarlo sin un brazo, está estableciendo un vínculo entre la película y los fans del cómic, un vínculo especial del que los espectadores legos quedan fuera.

Nolan no hace eso; hace todo lo contrario: no quiere concederle un solo gusto a los fans, muchas veces justificándose de su afán de "realismo". Selina Kyel... Ok, no se hace llamar Catwoman porque eso no es "realista"... Pero, Nolan, ¿te habría costado mucho trabajo ponerle algo que la relacionara con los gatos? ¿Que la hebilla de su cinturón o de su cremallera fuera un gatito? ¿Tener un par de gatos en su departamento? ¿Una mochila de Hello Kitty? ¿Algo? ¡Lo que sea! ¿O qué? ¿Eres un cineasta muy realista para eso?

Me quedo con Michelle Pfeifer, gracias.

¿John Daggett? El personaje en la serie animada se llama Roland Daggett... ¿Te habría matado ponerle Roland en vez de John? ¿O es que de veras nos odias tanto que no quieres darnos nada en lo que podamos reconocernos? Nolan, sinceramente... ¿tan siquiera te gustan los cómics?

Pero lo que más, más me caga de esa manía de Nolan es el personaje de John Robin Blake. No se confundan: me encantó el personaje, me encantó cómo lo presentan, cómo lo van moldeando para que se convierta en el próximo Batman. En especial me encantó la escena en la que aprende que las armas de fuego son sus enemigas (a ver cuánto le dura, porque al otro Batman... ver el punto #2). Lo que me emputa de verdad es su nombre: John Robin Blake. ¿De veras, Nolan? ¿Qué trabajo te habría costado llamar al muchacho Richard Grayson? ¿O de a perdis Timothy Drake? ¡Un nombre que significara algo, no un personaje que te sacaste del culo! Hasta un Terry McGinnis se los habría aceptado. 



Supuestamente, el nombre Richard Grayson no habría significado nada para los que no conocen el cómic... ¡Pues que se jodan! O sea, si tenemos que llegar al punto en el que hay que llamar Robin a Robin para que sepan que es el "aprendiz de Batman", creo que ya estamos perdidos y queda clarísimo que estas películas no las estaba haciendo con ninguna consideración hacia los fans del cómic. Y eso lo tomo como afrenta personal.

Y bueno, eso es todo... He ahí las cosas que me molestan de las Batman de Nolan... En relidad, me gustan mucho estas películas, y creo que Nolan realmente hizo un gran trabajo en crear una saga superheroica madura. De hecho, creo que es la mejor saga superheroica que se ha hecho en cine (las dos de Superman y las dos de Batman de Burton no cuentan como sagas). Creo que son un buen conjunto de películas bastante complejas y bien realizadas que se convertirán en clásicos y darán mucho de que hablar en los años por venir. Es más: vaticino que en el futuro hasta se harán tesis sobre estas películas.



Esto es todo lo que tengo que decir por hoy. Nos veremos en el próximo baticapítulo, a la misma batihora, por el mismo baticanal.

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