miércoles, 26 de septiembre de 2012

La del pirata cojo...



Saludos, mis estimados contertulios. Resulta que ayer fue mi cumpleaños y me parece que lo justo sería entonces aburrirlos con cosas sobre mí. En particular les quiero platicar sobre mi perfil, que hasta hoy apareció en la barra lateral del blog.

He sido: Niño de coro, vendedor de limonada, ecologista, policia estudiantil, tenista maleta, cinta amarilla en karate, basquetbolero mediocre, paleontólogo aficionado, coleccionista de monedas, vegetariano tramposo, creyente en ovnis, aprendiz de teclado, carnívoro, ajedrecista premiado, argumentista de cómics, webmaster, creador de campañas para Age of Empires, fan-fictioner, elfo druida, darketo depresivo, mochilero sin casa, escéptico mamón, videasta, fan de Star Wars, actor, modelo, esgrimidor, universitario, freak de la generación, cuentista, poemista, articulista, papá soltero, vendedor de revistas, corrector de ortografía, ponente en congresos, presentador de películas, activista de colchón, intelectual de café, bloguero, redactor de notas periodísticas, psiconauta, reportero, licenciado en letras hispánicas, desempleado desesperado, empleado aún más desesperado, profesor de historia, literatura, etimologías, lógica y cívica... pero si me dan a elegir entre todas las vidas yo escojo la del pirata cojo con pata de palo, con parche en el ojo y cara de malo...

Quienes conocen este blog desde hace tiempo sabrán que a veces me gusta hacer bromas a costa de mí mismo, bromas que otras veces pueden ser confundidas con presunción o altanería. Tal es el caso de mi perfil. Aunque parece que en él estoy presumiendo un montón de cosas, en realidad mi primera intención era parodiar los perfiles de otros blogueros (que siempre ponen currículos exagerados) y reírme un poco con cosas de mí mismo, que son ciertas, pero exageradas.

Hoy, que acaba de pasar mi cumpleaños, y aprovechando que ese perfil está por desaparecer (pues voy a unificar mi cuenta de Blogger con la de Google), les quiero aclarar, punto por punto, qué tan veraz y qué tan falaz es todo lo que ahí se dice:

Niño de coro: Cuando estaba en la primaria formé parte del coro infantil de la escuela, como por dos años, si mal no recuerdo. Incluso formé parte del Gran Coro Infantil Tabasqueño y tuve el "honor" de cantar para el entonces gobernador Roberto Madrazo. Entonces tenía muy bonita voz y cantaba bien. Luego me crecieron los testículos, me cambió la voz y todo se fue a la mierda.

Vendedor de limonada: Típico que cuando eres chamaquito te nacen las ganas de hacer dinero y típico que consideras que la mejor forma de hacerlo es vendiendo limonada. Lo hacía en la privada en la que vivía en Villahermosa. El negocio decayó cuando terminaron la construcción de todas las casas y se fueron los albañiles, que eran mis principales clientes. También tuve brevemente un negocio de alquilar mis películas a otros niños de la privada. Mi madre soñaba con que estas experiencias me inspiraran para convertirme en un exitoso hombre de negocios. Hoy soy escritor.

Ecologista: También cuando estaba en la primaria, influido por Widget y el Capitán Planeta, decidí que debía luchar por salvar a la Madre Tierra. Formé con mis amiguitos del recreo un grupo de ñoños defensores del medio ambiente. Nos llamábamos Las Abejas. Un grupo de niños bravucones, llamados Las Tarántulas, trataban de hacernos la vida imposible (pero luego nos íbamos a jugar "las traes" todos felices). En mi mente Las Abejas tenían toda clase de aventuras dignas de una serie con Rico MacPato que, por supuesto, nunca ocurrieron.

Policía estudiantil: Después de la experiencia como Abeja, decidí ir aún más lejos y que era necesario luchar por la verdad y la justicia en el patio del recreo. Creé entonces, con mis amiguitos, PECA: Policía Estudiantil del Colegio Americano, para vigilar y castigar a los bravucones, vándalos, rateros y demás. Incluso presente el proyecto a la directora, pero como era de esperarse, me mandó por un tubo.

Tenista maleta: Cierto día vi las raquetas con las que mis papás jugaban tenis en el Club Campestre de Villahermosa; me parecieron lindas y les dije que me habría gustado aprender a jugar con ellas. Al día siguiente mis padres me había comprometido a una laaarga carrera (como de 4 años, a mediados de mi primaria) para aprender a jugar tenis. Uno de mis recuerdos más traumantes de la infancia fue cuando fui humillado públicamente en un torneo al que me obligaron a entrar sin saber ni qué era un "set". Mi madre me alentaba hablándome de lo mucho que ganaban los tenistas profesionales, mi padre no dejaba de hablar de "sacarnos de pobres" y ambos soñaban con que esto me inspirara para comvertirme en un exitoso tenista profesional. Hoy soy escritor.

Basquetbolero mediocre: Durante los últimos años de mi primaria y todos los de la secundaria practiqué basquetbol por las tardes. Hasta quedé en la selección y jugué en torneos y toda la cosa. No porque fuera bueno, sino porque no había suficientes jugadores en el equipo y pos peor es nada. No me gustaba particularmente este deporte, pero mis padres insistían (¡y tenían razón!) en que debía hacer alguna actividad física y odio, pero con odio jarocho, el pinche futbol.

Cinta amarilla en karate: Cuando estaba a un año de ingresar en la secundaria, mis padres se dieron cuenta de que estaba hecho un alfeñique y que entonces no sobreviviría entre adolescentes, los cuales, como bien sabemos, son unas bestias caníbales. Por ello decidieron meterme a clases de karate. Me gustaban mucho y llegué a ser cinta amarilla. Me aprendía bien las katas y había una chica que me gustaba cuyo nombre no recuerdo. Pero era demasiado huevón, así que ya no le seguí. Tampoco logré jamás romper ni una pinche tabla.

Paleontólogo aficionado: Léase "me gustaba leer cosas de dinosaurios y así..."

Coleccionista de monedas: Ya desde pequeño me aficioné a coleccionar monedas. Lo hacía sin orden, ni seriedad, y sin conocimiento alguno del arte de la numismática. Pero mis tíos y abuelos me daban monedas antiguas o que traían de sus viajes de otros lugares. Incluso coleccionaba fichas de maquinitas. Aunque lo que más me gustan son los billetes, por el nivel de arte que llegan a alcanzar. Ahora lo tengo todo guardado por ahí.

Vegetariano tramposo: Estaba en alguno de mis últimos años de primaria... de hecho, estaba pasando un verano en la hacienda de mis padrinos cuando me topé con el infame libelo de Rius "La panza el primero", según el cual hay que ser ovolactovegetarianos porque [inserte aquí mamadas pseudocientíficas]. Decidí volverme vegetariano contra la voluntad de casi todas las personas que conocía, excepto mi anciano padre, quien se volvió ovolacto cuando empezó a tener problemas de colesterol. Como se podrán imaginar, eso me dejó hecho un preadolescente flacucho, chaparrito y que sufría de catarros cada mes. Poco a poco empecé a hacer trampa con eso del vegetarianismo (amo los embutidos y las carnes frías), hasta que con el tiempo lo dejé por completo.

Creyente en OVNIS: Cuando andaba en la primaria y la secu me aficioné al estudio de la ufología, la criptozoología y otras patrañas. Poco a poco fui saliendo de estas ideas erróneas, pero no sin antes hacerme de un bonito acervo cultural sobre pseudociencias. Hoy ya no creo en ello, pero los temas me siguen fascinando, pues son como una especie de mitología moderna. Curiosamente, nunca creí en la astrología, porque me parece que no tiene el más mínimo puto sentido.

Aprendiz de teclado: En la secundaria yo quería aprender a tocar guitarra, pero el cupo de esa clase se llenó y tuve que meterme a flauta (sin albur), lo cual bloqueó para siempre cualquier posibilidad de convertirme en bohemio ligador. Tiempo después, cuando la única música que se podía escuchar en una computadora era la de los midis, decidí que quería aprender a tocar teclado. Me compraron uno, me metí a clases, y no lo hacía mal, para alguien a quien le fue diagnosticada una disfunción neurológica que le impediría cualquier precisión o destreza (ésa es otra historia). Aún tengo el teclado, pero ya no tengo tiempo para practicar.

Carnívoro: Véase "Vegetariano tramposo"

Ajedrecista premiado: El último año de prepa gané el torneo de ajedrez, en parte porque mi gran amigo Miguel, quien casi siempre me gana, no llegó a tiempo para inscribirse. Eso es todo.

Argumentista de cómics: Estando en la prepa, mi gran amigo Jorge Luis y yo creamos un cómic llamado "La gente bonita", para burlarnos de popis, fresas y populares. El cómic fue un rotundo éxito: hasta la dirección terminó censurándolo. Pueden leer algunas tiras aquí.

Webmaster: Tenía una página en Angelfire, La Página de Civi, que se volvió inmensamente popular en la prepa por burlarse de los maestros y de Jocelyn. La abadoné al terminar la prepa, la retomé el primer año de carrera y luego la dejé definitivamente. Todavía vaga como un fantasma de Internet por aquí.

Creador de campañas para Age of Empires: Desde que mi gran amigo Mauricio me introdujo al vicio en la prepa, he sido un adicto al Age. Incluso hice algunas de campañas para el Conquerors, que incluyen una de Vlad el Empalador y otra de la Segunda Guerra Mundial, pero con tecnología de la Edad Media. También hice un escenario basado en El Rey Lear de Shakespeare, muy complejo y con muchos finales diferentes, dependiendo de las decisiones que tomaras. Fue mi opus magnum.

Fan-fictioner: Un buen día me dio por escribir fan fictions. La que más éxito me ganó entre mis compañeros de la prepa fue una en la que Superman y la Liga de la Justicia se enfrentan a Gokú y a los demás personajes de Dragon Ball. Obviamente, gana Superman U.U

Elfo Druida: Cuando estaba en tercero de prepa, mi amigo Jorge Luis me invitó a formar parte de su campaña de Dungeons & Dragons. Es un juego bastante soso, a menos que lo juegues con un montón de frikis a toda madre, chistosísimos como las cosquillas, con quienes pasé unas veladas de lo más divertidas. Es tan ñoño como suena.

Darketo depresivo: No fui emo, porque cuando tuve mi etapa emo, no existían los emos. En vez de ello, me convertí en un pseudodarketo que amaba las películas de terror, usaba playeras negras, tipo, todos los días, y tenía como saludo en el Messenger "Saludos, desde el Infierno". También llegué a usar indumentaria como collares y pulseras con piquitos, cruces de metal y camisas de mangas cortas sobre camisas de mangas largas y me perforé una ceja y una oreja. Escribía cosas "macabras" y andaba con mi actitud de "los odio a todos". Poco a poco, de manera imperceptible, fui pasando de esta etapa darketo-geek a la otra hippie-geek y finalmente a la que ahora habito: la hípster-geek.

Mochilero sin casa: Cuando estudiaba en Florencia, Italia, de vez cuando me lanzaba de "mochilero" a otras ciudades y países, quedándome a dormir en ocasiones en hostales, o en estaciones del tren, o en el tren mismo, comiendo donde pudiera o lo que pudiera. Pero eso es de lo más normal. Hubo una semana en la que literalmente no tuve casa: mi contrato con el casero acabó y no estaba listo para ello. En lo que la escuela me consiguió otro depa, anduve viviendo de un lugar a otro, a veces con amigos que me brindaron un rincón en el suelo, otras en un McDonald's, una noche en una caseta de fotografías instantáneas en la estación del tren y, más bajo no pude caer, una noche con una ex....

Escéptico mamón: Ya me estaba dando cuenta de que lo de los extraterrestres eran mamadas cuando leí El Mundo y sus Demonios y llegó a cambiarme la vida. Conocí a blogueros escépticos y aquí estoy con mi sección El Skepticón, para que ustedes también dejen de creer en mamadas.

Videasta: Estudié cine en Florencia. Hice un cortometraje. Estaba chido: mudo y en blanco y negro, antes de que El Artista lo pusiera de moda.

Fan de Star Wars: Entraba todos los días a discutir en los foros de starwars.com. Realmente me gustan mucho estas películas, pero eso sí: nunca, nunca he coleccionado figuritas de acción.

Actor: Tomé un curso de actuación con el Actor's Studio e hice un escena para una antología. Un tranvía llamado Deseo, con Silvia Káter como Blanche DuBois. 

Esgrimidor: Cuando estaba en primer año de carrera descubrí que en esta ciudad existía un deporte que me habría gustado hacer: ¡esgrima! Me metí a clases, aunque estaba demasiado viejo para ello, y a pesar de que no era muy bueno, en verdad lo disfrutaba. Además, el ejercicio era vigorizante y me puse muy en forma. De hecho, quedé muy buenote en esas fechas, con el abdomen marcado y toda la cosa. Así atrapé a mi actual esposa. Muajaja.

Modelo: Pues la esgrima me puso en tan buena forma que conseguí trabajo en una agencia de modelos. Aunque estuve en ella por algunos meses, sólo tuve una pasarela. El momento más memorable: cuando pasé a los vestidores con modelos femeninas y ellas, así sin tantita pena, comenzaron a desvestirse para cambiarse de atuendo. ¿Qué más iba a hacer yo, sino imitarlas?

Universitario: Estudié Letras Hispánicas. Sí, ya sé, no tienen que decirlo.

Freak de la generación: Gané el premio del Freak de la generación porque Robin y Christian no llegaron a la premiación. Di mi discurso de aceptación en huttese... Claro que Christian habla con extraterrestres, así que él se lo debía haber llevado.

Cuentista y poemista: Por mis dos libros publicados, Las siete formas de combate y Poeta que jugó videojuegos, de cuento y poesía respectivamente.

Articulista: Por artículos que escribí para revistas universitarias como Al Pie de la Letra y otras de circulación extinta.

Papá soltero: A los 20 años mi novia y yo nos embarazamos y tuvimos un bebé a los 21. Aunque siempre he estado con ella, vivimos en unión libre por 5 años, así que como no estaba casado, técnicamente fui papá soltero todos esos años. Sin mencionar que ha habido temporadas en las que literalmente me quedo como papá soltero.

Vendedor de revistas: Durante unos dos años o poco más trabajé como vendedor de espacios publicitarios para una revista de Campeche. Para un antisocial retraído como yo, el tener que tratar con gente desconocida para convencerla de que me diera dinero fue una experiencia positiva. Conocí toda clase de personas en este trabajo.

Corrector de ortografía / Redactor de notas periodísticas / Reportero: Un buen día me contrataron para trabajar en una editorial local como corrector de ortografía y estilo. Poco a poco, cuando vieron que a diferencia de la mayoría de mis compatriotas, YO SÍ SÉ ESCRIBIR, me fueron subiendo la carga de trabajo (no así el sueldo), pasando a redactar notas periodísticas y hasta reporteando y entrevistando. Entrevisté, entre otras personas, a Miss Yucatán y al actual gobernador del estado, Rolando Zapata. Y por supuesto, fue allí donde conocí a mi jefe, el tipo religioso que se vuelve loco, y que un día me despidió, porque lo que necesitaba la empresa no era alguien que supera escribir, sino más vendedores de espacios publicitarios.

Psiconauta: No, hijo, no estoy comiendo sapos.

Ponente en congresos: Los congresos de literatos son fiestas de alcohol. Si además eres ponente, puede que te vaya bien. Aún presento ponencias y conferencias, cuando alguien me invita. Una vez, asaltaron el camión en el que viajaba. Así conocí a Issac Ventura

Presentador de películas: Trabajo como presentador de películas en un cineforo local. Programo las películas, las presento e invito al público a discutir sobre ellas al terminar la función. Es un trabajo que disfruto mucho.

Activista de colchón: Meh... He estado en algunas marchas, asambleas y demás a lo largo de mi vida. Mi primera actividad de chairo fue cuando en la primaria hice que mi hermanito y yo marcháramos por la privada para defender nuestro derecho a ver las Tortugas Ninja. Estando en Europa estuve en el Social Forum y participé en las marchas contra la invasión a Irak. En la universidad participé en las marchas contra el alza a los precios del transporte público y después contra la visita de George Bush Jr a esta ciudad. Hoy #YoSoy132, pero claro que el título "activista" me queda grande, como casi todos en esta lista.

Intelectual de café: Típico que cuando estás en la uni sientes que tienes los conocimientos necesarios para cambiar al mundo y te reúnes con tus amigos a dialogar a profundidad sobre la política, la sociedad, la filosofía y demás cosas de las que no te das cuenta que no entiendes ni madres.

Bloguero: Ego Sum Qui Sum

Licenciado en Letras Hispánicas: Después de dos años de tratar de hacer una tesis, me titulé tras presentar un examen de conocimientos.

Desempleado desesperado: Cuando mi jefe, el tipo religioso que se volvió loco, me despidió, pasé por un etapa de mala suerte tan grande que hasta se murió mi conejo. Probé con varias actividades infructuosas, entre las que se incluyen vendedor de subscripciones para cursos de inglés (en una oficina en la que TODOS eran magufos) y después como traductor para un gringo loco que quería hacer un reportaje sobre un chamán maya con superpoderes (¡magufos! ¡magufos everywhere!).

Empleado aún más desesperado: Para poder mantener a mi familia tuve que aceptar chambitas; ninguna era de tiempo completo ni me pagaba lo suficiente. Llegué a mantener 5 empleos diferentes a la vez: Maestro en prepa particular, maestro en prepa semiescolarizada, clases particulares, editor en una editorial y colaborador en el cineforo. ¡Estaba para volverme loco!

Profesor de historia, literatura, etimologías, lógica y cívica: Materias todas que he dado alguna vez a lo largo de los últimos 5 años. ¿Cómo la ven? Pueden leer algunas de mis tragicómicas anécdotas como docente aquí y aquí, o en mis fabulosos Egocómics.

Y ésa, señoras y señores, es la historia de mi vida. Como ven, no intentaba presumir, sino pitorrearme un rato. Ahora, para relajarnos, los dejo con el maestro Sabina:




miércoles, 19 de septiembre de 2012

Mientras tanto, en México...



¿Es México un país rico o un país pobre? Y de serlo, ¿de quién es mérito o culpa? Se nos ha dicho mucho que es un país tercermundista o, para que no se oiga tan feo, un "país en vías de desarrollo". ¿Qué significa esto? Podemos no saberlo exactamente, pero nos queda la noción de que no vivimos tan bien como el llamado primer mundo, entiéndase Estados Unidos, Canadá, Japón y Europa Occidental, por citar los ejemplos que de seguro nos vienen a la mente cuando escuchamos la frasecilla.

Pero ¿qué tan jodidos estamos realmente? Una de las formas más populares de ubicar a un país en el jodidómetro internacional es viendo cuál es su producto interno bruto (PIB), medida que expresa el valor monetario de la producción de bienes y servicios en un país durante un año; es decir, expresa cuánta riqueza se produce en ese país. ¿Cómo está México en ese aspecto en la escala internacional? Esta gráfica representa a los 20 países con el PIB más alto del mundo (en millones de dólares, o sea, a cada cifra, pónganle otros 6 ceros):

Fuentes: Aquí y aquí



Como pueden ver, México es una de las primeras 20 economías del mundo (por eso forma parte del G-20, ¡duh!). Es como para sentirse orgullosos, ¿no? Digo, algo debemos estar haciendo bien. Claro, no hay que emocionarse demasiado: fíjense en la enorme diferencia que hay entre el primer lugar y los dos siguientes, o entre el segundo y tercero y todos los demás. O sea, no es que de verdad estemos codeándonos con los gringos, chinos y japoneses... (Y ya que estamos en eso, para aquéllos que mojan sus sábanas segurísimos de que China está por suplantar a EUA, fíjense que los gringos todavía son casi el doble de ricos que los chinos.)

Pero un momentito, esa gráfica y esos datos pueden decir lo que quieran, pero no puede ser que México esté mejor que Corea del Sur, los Países Bajos y Suiza... ¿O sí? Digo, ésos son tres países muy desarrollados, en los que la gente tiene buena calidad de vida, ¿no? Si nosotros somos más ricos, ¿por qué hay tanta pobreza, tanta violencia y tanto pinche priista en nuestra nación? Quizá haya otros indicadores que debamos checar...

¿Qué tal entonces el producto interno bruto per capita? Éste es el índice que expresa el valor monetario de la producción de bienes y servicios por cada habitante de un país, o sea cuánta riqueza produce cada paisano, y se obtiene dividiendo el PIB entre el número de habitantes. ¿Cómo está México en esta escala? Veamos el siguiente gráfico (que está en dólares anuales por persona).

Fuentes: aquí y aquí


Como ven, aquí la cosa está más pareja. Un país más rico, con menos habitantes tendrá un PIB per cápita más alto que un país con muchos habitantes, pero no tan rico. Ahora, ¿qué cree usted que importa más para que un país sea un buen lugar para vivir? ¿Que produzca mucha riqueza en su totalidad o que en promedio cada uno de sus habitantes produzca mucha riqueza? La pregunta es sincera: yo no sé, por eso le pregunto...

Ahora pasemos con un divertido juego que me gusta llamar ¡Une las columnas! ¿Qué pasa si comparamos la lista de los 20 países con PIB más alto, con la lista de los 20 países con el PIB per cápita más alto? ¿Cuántos de ellos se repiten? ¿En qué rango quedan en cada lista? ¿A dónde se fueron los demás?

PIB vs PIB per cápita

Los países coloreados y señalados son los que aparecen en ambas gráficas de los primeros 20. ¡Cuánta diferencia, eh! Se preguntará dónde quedaron potencias como Reino Unido, Japón, Francia y Corea del Sur... Bien, no se preocupe, ellos ocupan los lugares 23, 24, 25 y 26 respectivamente de los países con mayor PIB per cápita. ¿Qué...? ¿México? Ah, sí, de nuestro país se trataba todo esto, ¿no? De acuerdo, ¿en qué lugar se encuentra México en la lista de países con mayor PIB per cápita?



Sí: aunque México está en el lugar 14 de las naciones con más alto PIB, se encuentra en el lugar 64 de las naciones con más alto PIB per cápita. (para poner las cosas en proporción, los países de la lista son en total 181). O sea, México como país tiene un PIB muy alto, pero cada uno de los mexicanos tiene un PIB más bajo que el de la gente de San Cristóbal y Nieves. México produce mucha riqueza, pero porque somos un chingo (México es el undécimo país más poblado del mundo). O, podemos expresarlo así: un noruego produce 3.58 veces más riqueza para su país que un mexicano.

Pero eso no es todo. El PIB mide la riqueza monetaria producida en un país, pero existen otros criterios para medir otras cosas que quizá sean más importantes que el PIB. Por ejemplo, tenemos el índice de desarrollo humano (IDH), que es un indicador social estadístico que mide salud, expectativa de vida, educación y nivel de vida digno. Puesto de otra forma, el IDH pretende medir cuáles son los lugares con la mejor calidad de vida, en dónde se vive mejor. Las calificaciones se dan del 0 al 1. Veamos:

Fuentes: aquí y aquí.

Vaya, vaya. Aún más diferencias. Parece ser que no necesariamente el país con el PIB más alto es en el que se vive mejor... Vamos a hacer un contraste para que quede aún más claro:




Podemos notar algunas curiosidades, como que muchos de los países que no están entre los de PIB más alto, pero sí entre los del PIB per cápita más alto, luego aparecen entre los del IDH más alto. Vemos también que de entre los 10 con PIB más alto, sólo tres (Estados Unidos, Alemania y Canadá) se encuentran entre los 10 con IDH más alto. ¿Qué significa todo esto? No tengo la menor idea, porque no soy economista ni experto en estadística. 

Y nuevamente, México no se encuentra entre los primeros 20 lugares. "Vivir mejor" era el lema de Felipe Calderón... ¿qué tan bien vivimos en México?



Entonces, México está en el lugar 14 de PIB, pero en el lugar 64 de PIB per cápita y en el lugar 57 de IDH. ¿Por qué? ¿Por qué ser una de las primeras economías del mundo no nos ayuda a ser un buen lugar para vivir? ¿Qué es lo que estamos haciendo mal?

Bueno, quizá este mapa nos ayude un poco. Es sobre el coeficiente de Gini, un índice que mide la desigualdad en los ingresos de las personas dentro de un país. Se obtiene midiendo la diferencia de ingresos entre el 20% más rico de un país y el 20% más pobre. Los países de verde más obscuro son aquéllos en los que existe menor desigualdad y mientras el rojo se va haciendo más intenso, la desigualdad social es mayor:

Fuentes: Aquí y aquí


Claro que hay que matizar ciertos puntos: algunos países de esos que nadie puede ubicar en el mapa tienen un bajo coeficiente de desigualdad económica no porque todos estén más o menos parejos en la clase media, sino porque todos sus habitantes están más o menos igual de jodidos. Azerbaiyán es el país con menos desigualdad social del mundo, y como ése hay varios. Pero también muchos de los países que vimos entre los primeros 20 de los diversos tops ahí arriba se encuentran entre los primeros lugares aquí.

Para ponernos en contexto, les pongo también esta gráfica con varios países de los que hemos conocido en los otros tres índices y su coeficiente de Gini, y entre paréntesis junto al nombre del país, el rango que ocupa entre los países con equidad de ingresos (mientras mayor es el número, mayor es la desigualdad):



Entonces México está en el lugar 127 en equidad económica de una lista de 147 países... Ok, ahora para recapitular, veamos una gráfica con varios de los países que hemos visitado hoy y cómo se encuentra cada uno en cada uno de los diferentes índices que hemos checado. El eje vertical indica el rango del índice en que se encuentra el país; mientras más alto sea el número, más alta será la barra, por lo que mientras más bajita esté, mejor (son muchos datos, así que es mejor hacer click para agrandar):




¿Qué podemos aprender de esta gráfica antes de que todo esto se vuelva demasiado aburrido como para seguir leyendo? Vemos países que tienen un alto puesto en la escala del PIB, pero no en la del IDH. Uno podría pensar que un alto lugar en el top de IDH implica un lugar alto en el top de equidad económica, pero no es así en todos los casos. Podemos ver el caso de Noruega, que no es una potencia en el PIB, pero que está en los primeros lugares en PIB per cápita, y en equidad económica y el primero en desarrollo humano. Por otro lado, tenemos el caso de China, que es la segunda potencia en PIB, pero que está en lugares muy, pero muy bajos en los tops de PIB per cápita, IDH y equidad. Y claro, tenemos a Estados Unidos, que es la primera potencia en PIB, y está en los primeros lugares en PIB per cápita e IDH, pero que tiene una desigualdad económica bárbara.

Mi hipótesis es que los países con más alto índice de desarrollo humano aprovechan su gran PIB para crear programas e instituciones que brindan servicios básicos a su población (educación, salud, seguridad), y elevando así la calidad de vida de sus ciudadanos y limando las asperezas que surjan por la desigualdad económica. Después todo, cuando una persona no tiene que preocuparse por la supervivencia inmediata, puede hacer más cosas y desarrollarse más a sí misma y a su comunidad (contrario al punto de vista según el cual si una persona no es capaz de sobrevivir por sí misma, no merece vivir, y que si le dan esos servicios básicos le quitarán las motivaciones para esforzarse y prosperar).

Seguramente se puede discutir mucho al respecto, pero a manera de dato curioso, desde 2009 hasta 2011, EUA subió 9 lugares en el top de IDH, mientras que Francia cayó 6 lugares. Esto corresponde, grosso modo, con las presidencias de Barak hago-programas-sociales-aunque-me-digan-comunista Obama (desde 2008) y de Nicolàs destruyo-programas-sociales-muajaja Sarkozy (desde 2007)... yo nomás digo. 

Pero vamos a lo que nos cruje: México, que está en el lugar 14 en PIB, en el lugar 64 en PIB per cápita, en el lugar 57 en IDH y en el lugar 122 en equidad económica. La pregunta obligada es: ¿cómo un país tan rico puede estar tan jodido? ¿Por qué un país en el que hay tanta riqueza hay tanta gente que no tiene acceso a los servicios básicos, tanta inseguridad y criminalidad, tanta corrupción,  niveles educativos tan bajos? Digo, porque la verdad creo que ser una de las primeras 20 economías del mundo no es mucho consuelo para una señora que espera horas para ser atendida en un hospital público, ni para el padre de familia que después de una jornada laboral de 10 horas mal pagadas regresa a casa para ver que sus hijos no están aprendiendo nada en la escuela.

¿Qué es lo que estamos haciendo mal? ¿Es el gobierno que es corrupto e ineficiente? ¿Es nuestra cultura del mínimo esfuerzo? Quizá un poco de todo, pero antes de tratar de responder, veamos algunas estadísticas más. El índice de desarrollo humano mide, entre otras cosas, nivel educativo. ¿Cómo estamos nosotros, una de las primeras 20 economías del mundo, en este rubro?

La prueba del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) es realizada por la Organización para Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) para medir el nivel en que los estudiantes de cada país se encuentran en tres rubros principales: habilidades matemáticas, lectura de comprensión y formación científica. ¿Cómo les fue a los estudiantes mexicanos en 2009, comparados con otros países?

Fuentes: Aquí y aquí


Antes de que pregunten: No, no sé por qué en las tablas China aparece como primer lugar y en los mapas dice que no hay datos sobre dicho país.

¿Cómo es posible que una de las primeras 20 economías del mundo tenga un nivel educativo tan patético? Más aún: vivimos en un mundo en que la profesionalización de las ocupaciones, la generación de conocimientos nuevos, la investigación científica, la interdisciplinariedad y el desarrollo de nuevas tecnologías son cada vez más los puntos clave para la economía de una nación (en vez de, por ejemplo, ofrecer mano de obra barata para maquiladoras o recursos naturales en abundancia para vender al mejor postor), y entonces nos preguntamos ¿con un nivel educativo tan bajo, cuánto tiempo nos queda de ser uno de los primeros 20? ¿Por qué estamos tan pendejos? ¿Será que nuestro gobierno no invierte en educación? Odio seguirlos aburriendo, pero aquí les va otra gráfica, esta vez sobre el porcentaje del PIB invertido en educación por país:

Fuente: Aquí


Pues no parece haber una correlación necesaria entre el dinero que se invierte en educación con lo bien que salen los muchachos en la prueba PISA. Es decir, invertimos casi lo mismo que, digamos Canadá, ¿no? ¿Entonces cómo puede ser que Canadá esté en los primeros lugares en educación, en bonito color azul, mientras en México estamos de un alarmante color naranja. ¿Será que simplemente somos pendejos?

Calma, que no panda el cúnico, recuerde que el PIB de Canadá ($1,804,575,000,000 anuales) es bastante mayor que el de México ($1,397,776,000,000 anuales), y si Canadá invierte el 4.9% de su PIB en educación, eso significa unos $88,424,175,000 anuales, mientras que México, que pone el 4.8% de su PIB, invierte en realidad unos $67,093,248,000. Pero eso no es todo: tenga en cuenta que la población de México (115,550,000 habitantes) es mucho mayor que la de Canadá (33,920,000 habitantes), lo que significa que por cada habitante, el gobierno de Canadá invierte 2,606 dólares anuales en educación, mientras el gobierno de México invierte 580 dólares anuales. Del nabo, ¿no?

Aún así, hay países que se las arreglan mejor que nosotros con el dinero que le ponen a su educación. Repito, ¿será que somos pendejos? Bueno, según este mapa, estamos apenas por arriba del retraso mental (no se sorprenda que los chinos y los japoneses sean los más listos del planeta):

Fuente: Aquí

Pero ya, no se preocupe, la investigación que dio como resultado estas estadísticas ha sido totalmente desestimada y no hay un estudio confiable que mida el IQ de los países del mundo.

Pero ya que estamos en eso, veamos una gráfica más. ¿Cuánto porcentaje del PIB invierte el gobierno mexicano en investigación científica y desarrollo tecnológico? ¿Cuántos investigadores tenemos trabajando en nuestro país?

Fuentes: Aquí y aquí

Enlace aquí


Ok, entonces México no invierte lo suficiente en ciencia y en educación (y lo que sí invierte no lo usa bien) y no tiene suficientes investigadores generando conocimientos nuevos. Dos de los rubros que nos sacarían de la jodidez son desatendidos... Cabe preguntarse entonces en qué demonios invierte su dinero la potencia económica número 14 del mundo. Quizá revisando los salarios (en pesos) de nuestros insignes funcionarios públicos lo sepamos...


Fuente: Aquí

(-.-) Bueno, pues nuestro presidente gana muy bien (y el gobernador del Estado de México gana mejor, aparentemente), ¿cuál es el problema? Seguro que ése es un sueldo adecuado para el primer mandatario de un país en vías de desarrollo, ¿no? Digo, no es que México le pague a su presidente una suma cercana a la de un presidente de país europeo, ¿no?

Fuente: Aquí


Fuck! Ok, entonces México invierte una gran parte de su PIB en pagarle jugosísimos sueldos a sus políticos, mientras descuida rubros importantísimos como educación y ciencia... ¡Pero qué diablos! Lo que importa no es quien gobierne, ¡hay que ponerse a trabajar! Y seguramente los mexicanos invierten una buena parte de su tiempo en cultivarse y aprender por sí mismos para crecer por su propia cuenta, y compensar las fallas del sistema, independientemente de lo que gaste el Estado, ¿no? Seguramente las familias mexicanas invierten buena parte de sus ganancias en cultura y seguro los mexicanos leen muchos libros, ¿verdad?

Fuente: Aquí

Fuente: Aquí


FFFFFFFFFFFFFFFFUUUUUUUUUUUUUUU!!!!!!!!!!!! Uf, uf, uf... Bueno, entonces somos un país de iletrados mecos, de familias que no invierten en cultura, de personas que no leen, que eligen gobiernos que no invierten en educación ni ciencia, y con un coeficiente intelectual promedio de 90 (tal vez). No me extraña que un descerebrado como Enrique Peña Nieto sea el presidente electo.

¡Ah! Y seguro aquí vendrá algún Godínez a decir "Es que eso de la cultura no sirve para nada, we. Yo lo único que tengo qué saber es cómo hacer mi chamba y cómo le va a mi equipo de futbol". No, mi primitivo amigo. Este asunto de la inversión en cultura es por lo menos lo suficientemente importante como para que la OCDE (que es un organismo con preocupaciones principalmente económicas) se preocupe por medirlo.

Además, según he estado leyendo recientemente en diversos libros (The Literary Animal, The Origin of Stories, Darwin's Dangerous Idea) y en revistas de divulgación (Muy Interesante), investigaciones de ciencias cognitivas, sociobiología, psicología evolutiva, memética y culturonómica (ciencias enfocadas al estudio de la mente humana, la cultura y la sociedad), señalan que la lectura de libros (sobre todo, de buenos libros) y el consumo de productos culturales desarrollan las capacidades intelectuales de las personas y son un boost para la evolución de las sociedades. O sea, beneficia a los individuos y a los grupos. Esto, claro, lo han sabido (intuitivamente) desde siempre los sabios, filósofos y personas cultas en general, y los palurdos idiotas lo siguen negando...


"Wey, ¿por qué critican al presidente? ¡Si no hay que leer libros para saber gobernar!"
Ok, entonces en México somos todos unos zafios, ¿hay algo más que deba saber?


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¡A la verga...! Entonces vivimos en un país de mierda. ¿Quién tiene la culpa? ¿Es culpa del gobierno? ¿Es culpa de los ciudadanos? De ambos, creo yo, como podemos en el ejemplo de que ni el gobierno invierte en educación o ciencia, ni los ciudadanos en lo particular invierten para cultivarse y crecer intelectualmente. Preguntémonos, ¿somos un país subdesarrollado, porque somos personas subdesarrolladas?

Sí, hemos tenido gobernantes incompetentes, corruptos y criminales, que merecen nuestro repudio, y más aún, nuestro odio. Pero a esos políticos no los envió el rey de España, ni son depositados en nuestro país por una nave extraterrestre. A fin de cuentas, la clase política mexicana surge de entre los mismos mexicanos. Quizá ya es hora de dejar de vernos como un país víctima de políticos corruptos y empezar a asumirnos como un país que produce políticos corruptos. Y entonces habrá que preguntarnos qué está mal en nosotros que ésa es la única clase de políticos que podemos producir.

¿Qué hacer? ¿Protestar contra el gobierno? ¿Trabajar cada quien en lo suyo? Bien, cuando surgió el #YoSoy132 no faltaron comentarios como los de "mejor pónganse a trabajar, we", y fotitos que circularon en Facebook señalando que lo que había que hacer no era ser "132" sino ser UNO, uno que respeta las leyes, que se porta bien, que cumple con su trabajo, etcétera. Ok, eso está bien, por una parte, pero equivocado en otra.



Sí, cada uno de nosotros tiene que cumplir con sus deberes laborales, académicos y familiares, cada uno debe respetar las leyes (no existe cultura de la legalidad en México), ser amable y educado con las demás personas, tratar de cultivarse a sí mismo, separar su basura, y todo eso. ¡Pero eso no es suficiente!

Hace poco tiempo tuve una discusión en Facebook con una inteligente señorita que sostenía que cada quien debe trabajar para sí mismo y que con eso es suficiente. Me puso como ejemplo que con que cada uno recicle su basura, ya se está haciendo algo y no tienen que estar "todos unidos". Retomé su ejemplo y se lo devolví: si TÚ sola reciclas tu basura, no sirve de gran cosa, pues los demás seguirán haciéndolo mal y el haber sido TÚ la que lo hizo bien no será de gran consuelo cuando vivas en un medio ambiente contaminado.

Tienes que convencer a los demás miembros de tu comunidad de que reciclar es importante, tienes que difundir la idea de diversas maneras. Más aún, tienes que presionar al gobierno para que lo haga, y para que cree la infraestructura necesaria para que el reciclaje por parte de los ciudadanos tenga sentido. El mismo concepto se puede aplicar a cualquier tema de interés para una sociedad: corrupción, economía, educación, etcétera.

Puedes trabajar arduamente en tu empleo, pero tu enorme esfuerzo no rendirá tantos frutos si un gobierno corrupto reduce los derechos laborales, o jode a la economía de tal forma que se devalúa la moneda y se encarecen los productos que compras. Puedes ser un ciudadano muy respetuoso de la ley que nunca se mete en problemas, pero eso no te será de consuelo cuando seas víctima de un delito y las autoridades incompetentes no hagan nada por ayudarte. No basta con que lo hagas tú solito para ti, son necesarias acciones colectivas.




Por otro lado, tampoco sirve la postura de "¡vamos a berrear hasta que el gobierno nos haga caso y lo resuelva todo!". En cierto sentido, organizar una marcha o un plantón es un gran trabajo, pero asistir a uno es cosa relativamente fácil y cómoda, sobre todo si eso es lo único que el "activista" en cuestión hace. Pues sólo ir a marchar y gritar consignas es al fin y al cabo tan inútil como sólo ir a votar. Y sí creo que el voto y las manifestaciones pueden ser útiles, pero son insuficientes por sí mismas.

La transformación de un país implica mucho más esfuerzo que ése, y empieza por uno mismo, pues he conocido casos de personas que van mucho a la protesta, pero que luego se revelan como individuos bastante ignorantes en cuestiones de política, economía y sociedad, y realmente hacen poco más que formar bulto. También he conocido a uno que otro que se cree muy activista y muy luchador social por la verdad, la justicia y demás, pero que es absolutamente mierdero en su trato con el prójimo. Eso tampoco sirve.

Dicen que Gandhi dijo (porque no he encontrado fuentes que lo corroboren) que si quieres cambiar al mundo debes empezar por cambiarte a ti mismo. Entonces a los mexicanos nos toca encontrar ese equilibro entre crecer y convertirnos en mejores ciudadanos, pero a la vez vigilar y presionar al gobierno para que cumpla con su deber, no se pase de gandalla, y cree las condiciones para la existencia de un México mejor. Cada quien para lo suyo no es suficiente, pero esperar el cambio desde la autoridad (ya sea votando, o gritando consignas) tampoco es suficiente: hay que hacer ambas cosas, y muchas más.

Digo, si es que queremos que los datos de estas estadísticas sean diferentes en el futuro...



¡Y viva México...! Creo... :/

viernes, 7 de septiembre de 2012

La indefendible defensa de Televisa y el PRI


(NOTA: Como de costumbre, aclaro que no pretendo hablar a nombre del #YoSoy132, en cuyos eventos he participado ocasionalmente, sino sólo por mí mismo)



Como si para querer un país mejor fuera necesario carecer de pajas en los ojos y ser intachablemente virtuoso, los enemigos del #YoSoy132 lo observan con lupa en busca de los más mínimos defectos e incongruencias en cualquier persona que se diga formar parte del movimiento que le perdonarían a cualquier otra persona o grupo, y cuando los hallan parecen creer que eso basta para invalidar toda la lucha, todas las exigencias y todos los argumentos. Como si al “perder” el 132, por “default” ganaran Televisa y el PRI, y todo lo que han hecho y hacen fuera legal, moral y bonito.

Pero fuera de las críticas simplonas de siempre al 132 (no es realmente apartidista, no sabe a dónde ir, es intolerante, está manipulado por AMLO, y etcétera) que ya hemos discutido antes (aquí, aquí y aquí), y que puedo comprender por las preferencias políticas, el sesgo ideológico o la desinformación de quien las enuncia, lo que me parece inaudito por su cinismo e hipocresía es el discurso de quienes defienden a Televisa y al PRI ante las críticas del 132 (y de otros muchos grupos y personas que han estado haciéndolas desde hace tiempo). Que se nieguen las acciones corruptas de Televisa y el PRI es una necedad, pero que se defiendan es una indecencia y que se diga que éstas fueron las elecciones más limpias de la de historia de México es un insulto. El propósito de esta entrada no es ya defender al 132 (ni mucho menos a AMLO), sino demostrar que las críticas contra Televisa y el PRI no sólo son válidas sino necesarias (ya había abordado uno de esos "argumentos", aquí).

¿Por qué estar en contra del PRI? Un activista a favor de la equidad racial no puede sino repudiar a un grupo como el Ku Kux Klan, y de la misma manera (salvando las diferencias, claro está) un grupo que se manifiesta a favor de la democracia no puede dejar de repudiar al PRI. Pues en realidad PRI no es un partido como cualquier otro, ni siquiera uno especialmente corrupto. No nació como partido político, es decir, no surgió como un grupo de personas con intereses e ideología en común que se propusieran a conquistar el poder democráticamente y llevar a cabo tales o cuales proyectos. El PRI nació como una herramienta del grupo que ya estaba en el poder para controlar los diferentes sectores de la sociedad. Por eso nunca podrá ser un partido democrático, porque su único ideal es tener el poder.


Sí, existen muchas personas que votan por el PRI y no son ni idiotas ni corruptos. En mi opinión, sólo están equivocados (pero ése es sólo mi punto de vista). Incluso estoy seguro de que existen personas dentro del PRI que son muy honestas y creen que desde adentro pueden hacer un cambio positivo. No es a esas personas a las que se pretende atacar u ofender cuando se repudia al PRI como institución. Después de todo, ha habido gente de lo más decente hasta en los grupos e instituciones más despreciables.

¿Intolerancia? Debemos ser tolerantes y respetuosos con las personas que piensan diferente a nosotros. Pero no tenemos que tolerar las acciones corruptas que dañan al país y destruyen la democracia. No tenemos que tolerar las mafias políticas porque no se tratan solamente de personas con objetivos o formas de pensar diferentes a los míos, sino de grupos, como una asociación criminal, como el Ku Kux Klan, como un colectivo neonazi, cuyo triunfo significaría el debilitamiento de la democracia, y la pérdida de los derechos y libertades de las personas.

Por ejemplo...


Y mientras al #YoSoy132 se le acusa de ser intolerante y difundir el odio, más y más evidencias que vinculan a Enrique Peña Nieto o a sus correligionarios con escándalos políticos y hasta con el crimen organizado, surgen casi todos los días (dos obvios ejemplos, aquí y aquí).

Se pretende defender a la “instituciones” de los ataques de quienes “quieren destruirlas” (por ejemplo, aquí). Pero las instituciones no deben ser un fin en sí mismas; si no cumplen con el propósito para el que fueron creadas deben ser cuestionadas, criticadas y en su debido momento, reformadas o sustituidas. Defender a toda costa instituciones ineficientes o corruptas no ayuda a la democracia. Los que dicen defender las instituciones hacen parecer que quienes las critican quieren destruirlas por completo y en su lugar establecer un régimen en el que un caudillo o la masa gobiernen por decreto. Plantean un falso dilema en el que debemos aceptar un conjunto de instituciones corruptas sin criticar ni denunciar, porque de lo contrario sobrevendrá la anarquía y el caos. Nada más lejos de la realidad: lo que queremos es que las instituciones sirvan a la democracia en realidad, no sólo en apariencia, pues, como ya lo había advertido Aristóteles:



He escuchado un viejo argumento contra el #YoSoy132 y en general contra los que denunciamos del poder de los medios masivos de comunicación y su capacidad para manipular la opinión de las personas: nos preguntan si acaso creemos que toda la demás gente es demasiado estúpida como para dejarse manipular y que nosotros somos tan chingones que somos los únicos inmunes a la manipulación. Bien, no puedo hablar por todos, pero en mi caso la respuesta es SÍ. Pero hay que matizar.

¿Soy más inteligente que las personas que se forman una opinión a través de Televisa y TV Azteca? No lo sé, lo más probable es que no, pero sí sé que tengo más conocimientos, que estoy más consciente y que he desarrollado mejor mi capacidad de usar el pensamiento crítico, y que eso me da las herramientas para resistir manipulación mediática, de la misma manera en que el conocimiento y el pensamiento crítico me hacen resistente a la manipulación de los merolicos esotéricos o de los sacerdotes de las religiones organizadas.

No es que yo sea más chingón, ni que los demás sean inferiores. Es que vengo de una posición privilegiada, de una familia que me proveyó de la mejor educación disponible, de una casa en la que había libros. Sé que tengo privilegios que muy pocos poseen, pero en vez de sentirme culpable por ello, como quieren los críticos del movimiento, uso esa posición de privilegio para tratar de contribuir algo valioso para la sociedad, a través de mis críticas.

No, no creo que la gente común sea estúpida. Estoy seguro de que las personas es posiciones económicas más desafortunadas que la mía tiene muchos conocimientos, sobre todo experiencia de vida, que yo ni siquiera me imagino. No estoy para darles cátedra sobre su díficil situación. Pero sí tengo, en cambio, otros conocimientos, conceptos y nociones que muchas de esas personas no poseen, precisamente porque no han tenido la oportunidad de adquirirlos y desarrollarlos en particular cuando se habla de ciertos temas concernientes a la política y a los medios de comunicación.

Cuando los críticos de quienes critican a los medios recurren a este argumento, en realidad están usando la falacia de la arrogancia. Si el argumento de una persona implica que esa persona está insinuando ser más lista que otros, el sofista en cuestión atacará por ahí: “lo que dices no puede ser cierto, porque eso significaría que eres más inteligente”, y como a nadie le gusta que una persona pretenda ser más lista que los demás, tal revire pueden provocar que quienes lo escuchan rechacen su argumento, o que el mismo que lo propuso se retire avergonzado. Pero podemos ver fácilmente que esto es un ardid discursivo y no argumento: claro que una persona puede ser más inteligente que muchas otras o, por lo menos, estar en lo correcto en algún punto mientras las demás están equivocadas. Los que defienden a Televisa y al PRI son expertos sofistas, pero aún no he descubierto si es por maliciosos o por estúpidos.



A veces algunos reviran que medios como Proceso, La Jornada o el noticiero de Carmen Aristegui son claramente inclinados a AMLO, y que de ellos nadie se queja. Aquí nos enfrentamos a dos falacias lógicas: una es conocida como “red herring”, en la que se trata de desviar la atención de lo que se discute para caer en otro tema; la otra es conocida como “tu quoque” y consiste en acusar a una persona de lo mismo que esa persona acusa, apelando a la vergüenza para acallar los argumentos del otro. Aún así, hay varios puntos que vale la pena matizar.

En cuanto a Carmen Aristegui, yo la he escuchado casi todas las mañanas desde hace varios años y aunque ciertamente se esfuerza en presentar información negativa, primero sobre el gobierno de Calderón, y después sobre el PRI de Peña Nieto, nunca le he escuchado emitir opiniones subjetivas favorables o desfavorables de ningún actor político: se limita a presentar la información tal cual, y a lo mucho podría acusársele de omisión, al no presentar tanta información igualmente desfavorable de los políticos de izquierda (que la hay, pero ningún partido tiene una historia como la del PRI).

En cuanto a La Jornada y Proceso, sería descarado negar que estas publicaciones se inclinan claramente hacia la izquierda. Pero sus parcialidades son producto de la convicción ideológica, no de chanchullos ni pactos con el diablo. Si Proceso expresa una ideología de izquierda no es para meterse en el bolsillo a funcionarios y legisladores que le aseguren exenciones fiscales, o que les permitan concentrar el mercado, o mantener un monopolio casi absoluto, o que les den jugosas concesiones. Ninguno de los dos tiene una telebancada, y no existe una Ley Proceso, ni una Ley Jornada, pero sí una Ley Televisa. 



Ninguno de estos medios tiene el alcance ni la omnipresencia de Televisa: sus parcialidades y sesgos, que los tienen, no llegan a tantas personas. Quienes consultan Proceso o La Jornada, lo hacen por decisión consciente, y se tienen que tomar el trabajo de ir a buscarlos al estanquillo (o buscar en Internet) y elegir entre las diversas opciones que ahí se ofrecen, mientras que el que se "informa" a través de Televisa, lo hace porque ésta llega a huevo hasta la sala de su casa.

Además, quienes llegan hasta medios impresos como Proceso o La Jornada, y también a medios “de derecha”, como Reforma o Letras Libres, tienen por lo general un mínimo de conocimientos previos y competencias lectoras que no suelen ejercitar quienes se limitan a informarse mediante la televisión, de la misma manera en que muchas capacidades cognitivas están por lo general más desarrolladas en quien lee grandes novelas que en quien ve telenovelas.

Por lo mismo, por lo general quienes se acercan a los medios impresos o digitales, tienen mayor criterio para discernir entre la información y la basura, además de que no suelen quedarse con uno solo y pueden complementar la información recibida con muchos, pues tienen una gran variedad de opciones. Yo, por ejemplo, sigo en Internet tanto a La Jornada y Proceso como a Letras Libres (a Reforma no, porque cobra) y a muchos otros. Quizá no todos traten de hacerse de un panorama amplio, pero las opciones allí están.

Quien sólo tiene televisión abierta, se queda únicamente con la visión de las dos grandes televisoras.  Y sí, es cierto que existen multitud de cadenas locales en los estados de la República, pero éstas se limitan a retransmitir o imitar los contenidos de las dos grandes cadenas, por lo que no constituyen una alternativa real. Argumentar que existe competencia porque hay televisoras locales es o una ingenuidad o una burla cínica.



Finalmente, ninguno de esos medios impresos tiene un poder tal que le permita comprar políticos. Tan es así que ahora mismo el gobierno federal, en aparente contubernio con Televisa, estuvo presionando a MVS para que saquen a Carmen Aristegui del aire (aquí). Mientras, hay quienes acusan de intolerantes y de esparcir el odio a quienes exigen a las dos grandes televisoras que tengan tantita ética y presenten información veraz, completa y lo más objetiva posible.

Otro argumento estúpido que se esgrime constantemente va algo así como "¿Manipulación? ¿A poco los obligan a ver televisa?". No, güey, a nadie le ponen una pistola en la cabeza, eso sería coerción, no manipulación. Lo que hacen las televisoras es tratar de persuadir a las personas de sus propias posturas (que coinciden casi siempre con las del poder político, a menos que vayan directamente contra los intereses empresariales, como la querella entre Televisa y los partidos por la reforma electoral), y para ello recurren a información sesgada, incompleta o de plano falaz y estrategias discursivas sofísticas y maliciosas.

No, tampoco creo que todos los que no son 132 sean títeres fácilmente manipulables a los que sólo haya que decirles "vota por tal" y lo hagan. Por lo general, si no hay coerción ni presión, las personas toman sus decisiones de forma individual y pensando en su beneficio (aunque la teoría libertariana del actor racional ya está más que descartada). Pero las personas toman sus decisiones con base en la información que poseen, y cuando la información que han recibido es incompleta, sesgada, o de plano falsa (como la que ha difundido Televisa en su campaña a favor de Peña), es de esperarse que las personas tomen decisiones equivocadas sin saber que lo son. Si eso no es manipulación, por lo menos es desinformación, y es algo reprobable.

Hay quien defiende el derecho de Televisa a negociar con el PRI, o con quien quiera, para favorecer a un candidato y asegurar así cuantiosas ganancias. Después de todo, son una empresa privada y tienen derecho a perseguir el lucro. Además, el pretender controlar los contenidos de esta empresa, como quieren hacerlo los del #YoSoy132 sería propio de una dictadura, ¿no?

Aquí nos ponen una falacia más, el falso dilema que se plantea de esta manera: debemos permitir que las corporaciones hagan y deshagan a su antojo y permitiendo sus intereses, sin importar el poder que lleguen a tener, o de lo contrario nos veremos atrapados en una dictadura comunista. Pero no es tan simplón como lo plantean.

Los antiguos atenienses practicaban algo llamado ostracismo, que consistía en expulsar de la ciudad a los habitantes que lograran acumular demasiadas riquezas. ¿Por qué? Porque sabían que cuando un individuo o grupo particular adquirían demasiado poder económico, la democracia se ponía en peligro. ¿Cómo? Simple: tal individuo o grupo podía usar ese poder para manipular la política en su beneficio, eliminando efectivamente la democracia. Los atenienses no les quitaban a estos plutócratas un óbolo de su fortuna, sólo los mandaban a vivir a otra parte.

Claro que tal práctica sería indeseable y hasta barbárica en nuestra sociedad actual, pero no se puede ignorar lo que los griegos sabían hace más de dos mil años: que la riqueza excesiva acumulada en pocas manos pone en peligro a la democracia. Televisa tiene demasiado poder, demasiada riqueza, a un nivel que no pueden ser regulados mediante las sagradas leyes de la oferta y la demanda, de la misma manera en que el sufragio no podría derribar a una dictadura que ya está establecida y consolidada. Tienen que existir mecanismos que controlen el poder que tienen las televisoras para manipular a la población, para comprar políticos, para presionar a funcionarios, para eliminar a la competencia. No es que una corporación no deba tener derecho al lucro, es que su derecho al lucro no puede estar por encima del derecho de los ciudadanos a vivir en una democracia verdadera.


Siendo sinceros, debo admitir que yo no tengo idea de cómo deberían funcionar esos mecanismos (y por lo que he escuchado y leído, nadie en el 132 la tiene), y también comprendo a quienes temen que el darle a una institución o grupo el poder de regular los contenidos de los medios de comunicación abre las puertas a la censura y la opresión. Pero no por tratarse de un tema complicado debe sencillamente descartarse, pues ésa es la solución de los perezosos y los conformistas. Es un asunto que debe analizarse y discutirse a profundidad, y eso es precisamente lo que el #YoSoy132 ha logrado: ponerlo en la mesa de discusión. Lo que quieren sus adversarios es guardar el tema otra vez y no volverlo a sacar jamás.

Volviendo a los sesgos y parcialidades de otros medios de comunicación, no se trata de decir que estén bien. Por ética profesional los periodistas deben presentar la información de la manera más verás, completa e imparcial posible; aunque ninguna ley les obligue, deben hacerlo por decencia. Que la neutralidad absoluta sea inalcanzable no es pretexto para tener favoritismos descarados. Eso es precisamente lo que reclama el #YoSoy132, y si sus reclamos se han centrado en las dos grandes televisoras es porque éstas, como ya se ha dicho, son las que tienen mayor capacidad de hacerle daño a nuestra sociedad.



Lo que no es aceptable es que nos quieran convencer de que hacer tratos para favorecer a un político en los medios no tiene nada de malo, que ofrecer monederos electrónicos para ganar votos tampoco tiene nada de malo, que la cobertura favorable de Televisa a Peña Nieto no es desinformación, que nos digan que estas elecciones han sido las más limpias en la historia del país… Si seguimos así pronto se nos querrá convencer que patrocinar a un legislador para asegurar políticas benéficas a quien lo financia es algo completamente legal y buena onda.

Sí, es cierto que estas cosas hace mucho que suceden en la práctica, pero por lo menos la poca decencia y dignidad que le quedaba a este país obligaba a que esto se tratara de negar o disimular; ahora corremos el riesgo de que nos hagan aceptarlas como parte ordinaria, e incluso deseable, de toda democracia. Ése es el mayor peligro, uno que no podemos ignorar, y por eso hay que mantener estas críticas presentes y estos temas abiertos en el Ágora de nuestra sociedad. Si dejamos que sean encajonados de nuevo, podríamos perder la oportunidad de volverlos a poner sobre la mesa.



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