jueves, 17 de enero de 2013

Debilidades mentales, Parte I: Ver lo que no está ahí



Nosotros, los seres humanos, nos vanagloriamos de ser el único animal racional, el pináculo de la evolución, los seres más perfectos de la creación y yada, yada, yada. Claro, teniendo en cuenta de dónde venimos, el hecho de que seamos capaces de prodigios del pensamiento como el descubrimiento de leyes físicas o la creación de grandes obras literarias es como para maravillarse todos los días de la vida y agradecer a la evolución o a Dios o al Monstruo Spaghetti Volador, dependiendo de lo que crean ustedes, de no ser una piedra sin consciencia, o un animal de basto intelecto, o un reguetonero cualquiera.

Eso, sin embargo, no quiere decir que seamos infalibles o que hayamos alcanzado la perfección en cualquier sentido. Nuestro cerebro nos hace víctimas de muchas equivocaciones, ilusiones y auto-engaños. No es para menos; somos, a fin de cuentas, animalitos, extraordinarios si se quiere, pero animalitos al fin y al cabo, cuya inteligencia evolucionó para adapatarse y sobrevivir, no para saberlo y comprenderlo todo.

No obstante, tenemos la capacidad hasta de darnos cuenta de nuestras limitaciones, para aprender a superarlas, o por lo menos a rodearlas. En este par de entradas les hablaré de algunas de las debilidades mentales que nos hacen proclives a errores de todo tipo, desde pequeñas confusiones,  pasando por actitudes necias y hasta llegar grandes sistemas de pensamiento irracional, como las supersticiones, las pseudociencias o las teorías de la conspiración.

Estrictamente hablando, éste no es un tema de lógica, sino que pertenece a las ciencias de la mente, pero como el propósito de la lógica es razonar de manera correcta y ésas debilidades son algunos de los factores que nos impiden hacerlo, de todos modos voy a etiquetar estas entradas como Breve lección de lógica. Dicho esto, comencemos:

PAREIDOLIA

Todos de pequeños jugamos a encontrar formas en las nubes, a verlas transformarse de un animal en un barco y luego en un dragón o así por el estilo. Quizá en clases, mientras el profe estaba con su bla, bla, bla, te quedaste mirando hacia el techo descubriendo formas en las irregularidades de su superficie. A mí en particular me gustaba descubrir formas en las vetas de la madera, en especia de las enormes puertas del clóset de mis papás.

¿Por qué hacemos esto? Bien, pues resulta que nosotros, los seres humanos, tenemos la capacidad de identificar patrones. La tenemos tan desarrollada que sentimos un placer inmenso cuando descubrimos algún patrón. El problema es que también eso nos predispone para identifica patrones donde sólo hay estímulos vagos y aleatorios. Lo que es más, nuestra mente no busca por default cualquier patrón, sino un patrón que resulte por lo menos un poco familiar, que signifique algo para nosotros. A este fenómeno psicológico se le conoce como pareidolia Y entonces nos suceden cosas como ésta:



La famosa Cara de Marte, fotografía tomada por la sonda Viking en 1972, es una de las imágenes favoritas de los ufólogos y proponentes de la teoría de "antiguos astronautas". Después de todo, en esa fotografía se puede ver claramente un rostro humano o semihumano, ¿no es cierto? Y sólo una civilización avanzada podría haber construido esa cara en la roca marciana. Digo, nadie se creería que Monte Rushmore las líneas de Nazca son productos de fenómenos naturales, ¿verdad? Pero lo que rara vez suelen compartir las publicaciones y sitios de Internet que tratan este tema es otra fotografía tomada por una sonda posterior, el Mars Global Surveyor, en 2001:




Ésa es otra fotografía de la misma área que la anterior, y aquí no vemos cara alguna, sino sólo formaciones geológicas. ¿Qué nos pasó con la primera imagen? Una enorme y simpática concidencia: el ángulo en el que la sonda tomó la fotografía y la luz de esa hora del día nos hicieron una jugarreta y nuestra mente se encargó del resto: reconoció un patrón conocido para nosotros (en este caso, un rostro humano) donde no había tal. Estas cosas nos suceden todo el tiempo.

Por ejemplo, no es raro que Jesús o la Virgen suelan aparecerse en manchas de moho o en las vetas de la madera o cosas por el estilo. Cualquier cosa que parezca un hombre barbado será entendida como Jesús, y cualquier cosa que parezca una figura con una túnica será entendida como la Virgen. Entonces la gente religiosa atribuye estos fenómenos a milagros divinos, les prenden veladoras y les rezan sus oraciones.



Es chistoso cómo cuando las manchas y vetas muestran cualquier otra forma (animales, por ejemplo), la gente no tiene problemas para aceptar que son sólo curiosidades producto de la casualidad. Pero si se trata de algo que tiene un significado sagrado para ellos, lo considerarán un mensaje divino. En el Cañón del Sumidero, en Chiapas, hay una gran variedad de simpáticas esculturas hechas por el goteo de millones de años sobre las rocas (en especial me acuerdo de un caballito de mar). Pero sólo a la que, por casualidad, tiene la forma de una Virge de Guadalupe, se le adora como si fuera un milagro.

Desde luego, esto sucede así porque las personas reconocen patrones que tienen algún significado para ellas. Vemos lo que queremos ver, y nuestros conocimientos y creencias influyen en nuestras percepciones. Si estas manchas aparecieran en lugares en los que no hay cristianos a la vista, seguramente pasarían desapercibidas, o serían entendidas de otra forma. Por ejemplo, quizá ustedes hayan oído hablar del famoso Astronauta de Palenque, la lápida del Rey Pakal:




¡Hey, pero de verdad parece un astronauta! Sí, y esa nube que veo en la ventana de verdad parece un dinosaurio, y la forma rocosa en marte parecía de verdad una cara. Pero no lo son. Éste es un caso similar, con la diferencia de que aquí no hay formas vagas o aleatorias, sino verdaderas imágenes con un significado y una intención que son interpretadas a partir de un sistema de significados ajeno a la cultura que elaboró la obra en cuestión.

¿Qué es lo que sucede? El arte maya tiene una serie de símbolos y significados que son desconocidos para la mayoría de las personas. Nuestros cerebros, propios de occidentales en el siglo XXI, entonces tratan de interpretar esas imágenes con base en nuestros conocimientos e imágenes familiares a nosotros. La simbología maya nos es desconocida, pero no así la imaginería de cohetes y misiones espaciales, y entonces vemos astronautas donde no los hay (por eso mismo los que hablan del "astronauta" no son los arqueólogos que se han dedicado a estudiar y comprender los símbolos mayas, sino loquitos de Internet que no saben nada de nada).

No solamente entre creyentes religiosos y fans de los ovnis se dan estos tropezones. ¿Quién no ha visto al famoso hombre de Camels? Se trata de una figura masculina que aparece configurada entre el pelaje del camello icónico de la marca de cigarros. Una figura que presume de una potente erección. Sin duda se trata de un mensaje subliminal para que... nos masturbemos, supongo. La costumbre es atribuirle a estas curiosas formas las oscuras intenciones de publicistas que quieren lavarnos el cerebro. En realidad, es sólo otro caso de nuestro cerebro reconociendo un patrón donde no lo hay. Nada más.



Esto no nos pasa solamente con patrones visuales, sino también con patrones auditivos. Seguramente han escuchado alguna canción en otro idioma, uno que ustedes no hablen con fluidez y hayan pensado "parece que dice esto en español". Como esa canción brasileña que está de moda ahora, y cuyo estribillo pareciera decir en español "¿Quién quiere leche, quién quiere leche, quién, quién, quién?" Lo que pasa es que nuestro cerebro trata de entender el patrón auditivo y, al no lograrlo, lo interpreta con los significados que nos parecerían más familiares. Si las personas supieran eso, quizá dejarían de estar buscando milagros y mensajes subliminales donde sólo hay curiosas coincidencias.




LA RAÍZ DE LA SUPERSTICIÓN

¡Hombre, pero la cosa no para ahí! Resulta que además estamos diseñados para reconocer patrones más complejos que sólo imágenes y sonidos: relaciones de causa y efecto. Notamos que en ocasiones algún sucesos es seguidos por algún otro en particular, y entonces asumimos que el primer suceso es causa del segundo.

Por ejemplo, un estudiante usa cierto lápiz en tres exámenes seguidos, y resulta que en esos tres exámenes le va muy bien. Quizá piense entonces que ése es el lápiz de la suerte. O un apostador podría tener una muy buena racha cuando lleva puesta su corbata azul con bolitas amarillas, y entonces asumir que la corbata azul de bolitas amarillas le trae buena suerte. Entonces quizá ahí se encuentra la raíz de la superstición, y ciertamente de un par de falacias.

Por un lado, la falacia conocida como post hoc, ergo procter hoc ("después de, luego debido a"): pensar que porque B ocurre después de A, entonces A es la causa de B (como tomar chochitos,  después aliviarse de un catarro, y luego asumir que los chochitos aliviaron el catarro). Por otro, la generalización precipitada (madre del prejuicio), que consiste en tomar experiencias con ciertas situaciones o individuos y las generalizamos hacia la totalidad de las situaciones o individuos de la especie (como conocer a un par chilangos mamones y asumir por ello que todos los chilangos son mamones).

Resulta que no solamente nosotros estamos en esta situación. La capacidad de reconocer e identificar patrones ha evolucionado, si bien de manera rudimentaria, en muchos otros animales: es una capacidad clave para la supervivencia. Y aunque nuestras capacidades cognitivas están más refinadas que las de nuestros hermanos del mundo animal, distan mucho de ser infalibles. Pero dejaré que Richard Dawkins hable por mí (no son ni tres minutos, no sean huevones):

video


Entonces, como vemos, ha evolucionado en nosotros una muy eficiente capacidad para detectar patrones, pero esa misma capacidad nos puede traicionar. ¿Cómo evitar caer víctimas de esta debilidad? Es aquí donde entra la lógica como una herramienta desarrollada a lo largo de siglos. El razonamiento inductivo nos puede ayudar a descubrir si en efecto existen relaciones causales o de algún otro tipo entre dos o más fenómenos. Para saber más sobre el razonamiento inductivo, cómo funciona y sus limitaciones, ver la tercera lección de mi curso de lógica práctica.


EL SESGO DE CONFIRMACIÓN

Ya vimos cómo una experiencia que involucra dos fenómenos (la corbata azul con bolitas, o los chilangos mamones) nos puede llevar a identificar relaciones de causa y efecto donde no las hay, o a generalizaciones precipitadas. Uno pensaría que bastarán otras experiencias que demuestren lo contrario para que una persona abandonara esa creencia errónea (como tener una mala racha usando su corbata azul con bolitas o conocer a dos que tres chilangos buena onda). ¡Pero no! La mente humana es más complicada (y obstinada).

Resulta que los seres humanos sufrimos de algo llamado sesgo de confirmación. Sencillamente, se puede definir como la tendencia a favorecer la información que confirma nuestras propias creencias o hipótesis. Esto nos sucede todo el tiempo en todos los ámbitos de nuestra vida (religión, política, relaciones familiares) y el efecto es más fuerte en temas en los que las personas se ven emocionalmente involucradas: si tenemos una idea, aceptaremos preferentemente la información que confirme nuestra idea, e ignoraremos o minimizaremos la información que la contradiga. Nos aferramos a nuestras creencias, y si algo las contradice, lo bloqueamos.



Por ejemplo, el señor que confía plenamente en su corbata azul con bolitas, tenderá a ignorar las veces en las que la misma no le funcionó, y en cambio recordará todas aquellas veces en las que sí le dio resultados. Recordará aquellas veces y dirá "pero si a mí siempre me ha funcionado".

Casos similares ocurren con la medicina no científica. Seguramente hemos escuchado muchos casos en los a alguien le sirvió tal o cual remedio milagroso. Como por lo general estos pseudomedicamentos son inocuos y se usan en enfermedades que de todos modos se habrían curado solas (un catarro, una irritación del estómago), el paciente entusiasta de estos remedios se dejará llevar por su tendencia a descubrir patrones donde no los hay y caerá en un post hoc, ergo procter hoc: me alivié después de tomar mis chochitos, luego me alivié porque tomé mis chochitos.

Después, ya sólo escuchará los casos de personas que, como él, se aliviaron de un mal o de otro, ignorando los demás casos en los que los chochitos no dieron resultado alguno. Ahora, si recuerdan su lección de lógica, para decir que existe una relación causal necesaria entre un fenómeno y otro, es necesario demostrar que dadas las mismas circunstancias siempre se tendrán los mismos resultados. No podemos decir que Todo X es Y si existe algún X que no sea Y. Es decir, si hay casos en los que esa causa no tiene tal efecto, si hay casos en los que los chochitos o la corbata azul con bolitas no sirvieron para lo que se supone que servían, entonces no existe una verdadera relación causal entre una cosa y la otra. Recuerden que una excepción basta para hacer que la premisa Todo X es Y sea falsa.

Y así como el sesgo de confirmación fortalece nuestras creencias sobre patrones y relaciones de causa y efecto, también fortalece nuestras generalizaciones precipitadas: ¿No les ha pasado que lavan su auto y justamente ese día llueve? ¿No les ha pasado que están teniendo una conversación importante por celular y justamente en ese momento se acaba la pila? Y entonces se encuentran diciendo cosas como "siempre que lavo mi coche llueve" o "siempre que estoy teniendo una conversación importante se me acaba la pila". La verdad no siempre es así, pero como las veces en que sí ocurre son muy molestas, nos acordamos más de ellas que de las demás.



O tratándose de cualquier tema, muchas veces las personas tenderán a escoger las fuentes de información que confirmen sus opiniones, sin importar que dichas fuentes sean dudosas, desconfiables o que estén utilizando argumentaciones burdas. Los extremistas ideológicos y religiosos, así como los creyentes en las teorías de la ufología y otras seudociencias, se refugian en sus submundos en los que sólo reciben información (des-información, las más de las veces), que confirman sus creencias, y dichas fuentes de información se alimentan unas a las otras, cerrándose a cualquier otra fuente exterior.

Estar en contacto con ideas diferentes o contrarias a las nuestras (no necesariamente para dejarnos convencer por ellas) a través de la lectura y el diálogo es muy útil para mantener la mente flexible y aprender a evitar el sesgo de confirmación.


ANUMERISMO

Las ciencias matemáticas son uno de los logros más impresionantes del desarrollo de la inteligencia humana, aunque la forma en la que la mayoría de los escolares sufren esta materia parecería indicar que no todos los seres humanos somos muy duchos para ellas. Lo cierto es que la mayoría de las personas chafeamos bien gacho con los números y no se nos dan bien.

A la falta de competencia matemática se le llama anumerismo, así como a la falta de competencia lectora y escritora se le llama analfabetismo. Y muchos seres humanos padecemos este defecto, incluso para temas matemáticos que ni siquiera son tan avanzados.



Quizá les ha sucedido que de pronto se pusieron a recordar una canción que no escuchaban desde hacía mucho tiempo y... ¡toma, ese mismo día la escuchas en la radio, incluso varias veces! O quizá estabas pensando en una persona y ¡sopas, en ese mismo momento te habla por teléfono de forma inesperada!

¿Qué podemos entender de esto? Quizá los seres humanos tenemos poderes psíquicos. Quizá mis pensamientos se transmitieron en forma de energía y se materializaron para hacer que la canción sonara en la radio o mi amigo me llamara. Quizá las energías que están a mi alrededor me trajeron inconscientemente la información de que esa canción sonaría o de que mi amigo me iba a llamar y por eso empecé a pensar en ellos... O quizá todo tiene una explicación mucho más terrena.

Nuestro anumerismo nos juega el primer truco sucio: el que suene una canción en la radio justo cuando estábamos pensando en ella, o que nos hable un amigo justo en el momento en que estábamos pensando en él, parece un suceso altamente improbable... y de hecho lo es. Pero resulta que habiendo tanta gente en el mundo, tanta gente pensando en otra gente, y tanta gente llamando a otra gente, es sólo cuestión de probabilidades para que le suceda a muchas personas cada día, y a una sola persona varias veces en su vida.

¿Creen que una persona podría adivinar qué lado de una moneda caerá tres veces seguidas? Quizá. ¿Qué tal 25 veces seguidas? Parece poco probable, ¿no? Pero imaginemos que tenemos un torneo por eliminatorias de lanzamiento de monedas. En cada encuentro hay dos jugadores, uno pide cara y el otro cruz, y el que le atine pasa a la siguiente ronda. A fuerzas, en cada encuentro alguien tiene que ganar, pues cada jugador elegirá una cara distinta y a fuerzas tiene que caer una de las dos.

Si empezamos con ocho competidores habrá tres rondas en total, lo que significa que alguien, a huevo, tendrá que adivinar la cara de la moneda tres veces seguidas. Pero si empezamos con un número lo suficientemente grande (33,554,432, para ser exactos) de competidores, habrá un total de 25 rondas, lo que significa que, a huevo, quien llegue al primer lugar habrá adivinado la cara de la moneda 25 veces seguidas. Eso también incluye a dos personas que la habrán adivinado 24 veces seguidas, a cuatro que la habrán adivinado 23, a ocho que la habrán adivinado 22... y así sucesivamente. En fin, ésta es sólo una ilustración para demostrar que cuando tenemos números lo suficientemente grandes, eventos que parecen improbables se vuelven comunes, y hasta inevitables.

En un torneo con cuatro rondas, el ganador habrá ganado necesariamente cuatro rondas seguidas. El mismo principio se aplicaría su hubiera 25, 50 ó 100 rondas.


Entonces, nuestro anumerismo nos hace creer que un evento bastante común es algo extraordinario. El segundo truco sucio nos lo juega nuestra tendencia a identificar patrones aunque no los haya. Así, al toparnos con que en ocasiones pensamos en una persona justo antes de que nos llame, asumimos que debe haber una relación entre el hecho de que pensamos en alguien y el hecho de que nos llame, y que esa relación debe ser que una es causa de la otra.

El truco sucio final nos lo juega nuestro sesgo de confirmación. Como el hecho de que un amigo nos llame justo cuando estábamos pensando en él es algo bastante notorio, tendemos a recordar todas las veces en las que pasó algo así, y mientras más veces sucede, más quedamos convencidos de que debe haber una relación entre una cosa o la otra (¡hasta llamamos a estos episodios "pruebas" de que así es!) y en cambio olvidamos o ignoramos todas aquellas veces en las que la persona en la que estábamos pensando no nos llamó, y todas esas otras veces en las que nos llamó alguien en quien no estábamos pensando.


SOBREATRIBUCIÓN DE LA AGENCIA Y LA INTENCIONALIDAD

Imaginen que hay dos homínidos en la sabana africana. Uno de ellos es muy tranquilo y confiado; el otro se mantiene alerta, quizá demasiado. Ambos escuchan un ruido tras unos arbustos; el primero lo ignora porque sabe que el viento siempre está haciendo ruido en los arbustos; el seguro se pone alerta, pues el primer pensamiento que le llega es que puede haber un depredador acechando. En otra ocasión, una noche oscura, se encuentran con una figura sinuosa en el suelo; el primero la ignora, suponiendo que se trata de una rama; el segundo se pone alerta, pues lo primero que le viene a la mente es que puede ser una víbora.

Ahora pensemos, ¿cuál de los dos tiene más probabilidades de sobrevivir? Si a lo largo de toda su vida, ambos se topan sólo con arbustos movidos por el viento y ramas tiradas en el piso, la extrema precaución de nuestro segundo homínido no le habrá servido de mucho, pero tampoco le habrá hecho daño. Pero con una sola vez que detrás del arbusto haya un león, con una sola vez que la figura sinuosa sea una serpiente, nuestro primer homínido estará perdido.



Desde luego, no podemos demostrar que fue de esta manera en que evolucionó nuestra predisposición a atribuir agencia e intencionalidad a los fenómeno que nos rodean. Pero de este escenario hipotético podemos extraer una valiosa lección: es más prudente asumir que detrás de un fenómeno que experimentamos hay un ser con intenciones específicas, a asumir que se trató de solamente de un asunto natural, quizá aleatorio, que sólo involucra a objetos inertes.

Sea ése o no el origen de nuestra predisposición, el caso es que es muy real. Bien podría ser que esta debilidad mental nuestra esté en parte detrás del origen del animismo y de las religiones: nuestros ancestros vieron los fenómenos naturales, la lluvia, el relámpago, las estaciones, las mareas y todo eso, y asumieron que detrás de ellos había alguien, un ser o seres que lo provocaban todo porque así querían hacerlo.

Claro, conforme fue avanzando nuestro conocimiento del mundo, fue quedando menos lugar para los agentes y las intenciones; sabemos cómo funcionan los fenómenos naturales, porqué ocurren lluvias y porqué hay diferentes estaciones. Sabemos que no dependen de la voluntad de ningún dios (y que, por lo tanto, no se puede negociar con ellos mediante rituales, sacrificios u oraciones). Sin embargo, muchísimas personas siguen atribuyendo agencia e intencionalidad a otros muchos fenómenos, especialmente cuando sus explicaciones naturales aún no nos son comprendidas del todo, o cuando son demasiado complejas como para que cualquier hijo de vecino pueda comprenderlas.



Entender cómo funciona la evolución, por ejemplo, es bastante complicado, requiere de unos buenos fundamentos de educación científica y un mínimo de conocimientos. Como la mayoría de las personas carece de una educación científica de calidad y no ha tenido acceso a ese mínimo de conocimientos, no puede comprender los fenómenos naturales que hay detrás de la evolución, así como las personas de la antigüedad no tenían los recursos para comprender cómo y porqué llovía. Y así como las personas de la antigüedad, los religiosos llenan ese vacío de conocimiento con una respuesta fácil, cómoda y a la que además estamos predispuestos: detrás de la gran diversidad de la vida tiene que haber un agente que la haya creado con la intención de hacerlo.

Pero esos agentes que tendemos a ver en todas partes no son solamente sobrenaturales. Los dioses pierden terreno, pero eso no quiere decir que nuestra predisposición a sobreatribuir agencia e intencionalidad esté menos presente, y sucesos de los que antes se responsabilizaba a las deidades ahora se le atribuyen a extraterrestres o a sociedades secretas muy poderosas.

La teoría de la conspiración nace también de esta predisposición nuestra. Si antes los terremotos eran atribuidos a la agencia e intencionalidad de los dioses, hoy no faltan quienes los atribuyan a la agencia e intencionalidad de los hombres, en específico de sociedades secretas que controlan a los gobiernos (como la creencia de que los Estados Unidos y el proyecto HAARP están detrás de los últimos grandes terremotos que han sacudido a diversos países del mundo).

Crisis económicas, epidemias, guerras, inestabilidad social, movimientos de protesta... los partidarios de la teoría de la conspiración no tienen los recursos intelectuales necesarios (conocimientos, capacidad de razonamiento lógico) para empezar a entender las multiplicidad de factores relacionados con estos fenómenos (factores sobre los que nadie en particular tiene el control), y entonces no les queda más que atribuirlo todo a un agente que mueve los hilos porque de algún modo eso le conviene.



Esto nos sucede no sólo con grandes explicaciones del mundo, sino con pequeños fenómenos de la vida cotidiana. Si escuchamos un ruido en casa durante la noche, o más aún, observamos por varios una serie de fenómenos como cosas que aparecen movidas del lugar en que las dejamos y ruidos inexplicables, muchos de nosotros atribuiremos su causa a alguien, un ser con voluntad e intenciones y la capacidad de actuar acorde a ellas (en especial, fantasmas). O sea, antes de pensar en las muchísimas otras explicaciones posibles, escogemos aquélla que involucra a un agente con intenciones.

Esto quizá tiene sentido. Recordemos a nuestros homínidos y traslademos su dilema al mundo contemporáneo: si escuchas un rasguño en tu ventana, ¿qué será más prudente? ¿Ignorarlo porque puede ser una rama movida por el viento o ponerte alerta por si se trata de un intruso?

Volvamos a nuestros ejemplos de la pareidolia. Ésta nos juega sucio al hacernos ver un hombre con un gran pene en el pelaje del camello. Y nuestra predisposición a encontrar culpables nos hace concluir apresuradamente que si el hombre penezudo está ahí es porque alguien quería que estuviera ahí, sin duda con una oscura intención. Entonces la pareidolia nos hace buscar "mensajes subliminales" en la publicidad, los medios de comunicación y las obras de arte o entretenimiento, y nuestra mentecilla loca se los atribuye a alguien que nos quiere manipular.



Incluso en ciertas expresiones se puede identificar nuestra tendencia como en atribuirle a la Historia (como hacen muchos izquierditas) o a la mano invisible del Mercado (como hacen los capitalistas) sabiduría o voluntad. Estamos cayendo en esa misma trampa del pensamiento: considerando una gran serie se fenómenos diversos como si fuera una sola fuerza a la que se le puede describir con cualidades propias solamente de los seres humanos.

Esto también incluye atribuir una intención que no está ahí a las acciones de las personas. A veces las acciones de las personas tienen consecuencias no planeadas. Por eso hay que recordar la máxima: "nunca atribuyas a una mala intención aquello que se pueda explicar por estupidez".



Entonces, recapitulando, nuestra mente nos hace vulnerables a lo siguiente:


  • Tendemos a ver patrones familiares en donde sólo hay estímulos vagos y aleatorios, o en donde hay símbolos (visuales o auditivos) que significan otra cosa totalmente distinta.
  • Tendemos a reconocer relaciones de causa y efecto donde sólo hay aleatoriedad.
  • Tendemos a preferir la información y las experiencias que confirman nuestras ideas y creencias, y a ignorar o minimizar aquéllas que las contradicen.
  • Tendemos a ignorar que muchas coincidencias aparentemente improbables en realidad son bastante comunes.
  • Tendemos a atribuir agencia e intencionalidad donde sólo hay eventos fortuitos o una inmensa suma de diversos factores sobre los que nadie en particular tiene el control.
Entonces, como ven, en realidad no somos tan listos. Pero somos lo suficientemente listos para darnos cuenta, lo cual es una buena noticia. En la próxima entrada, trataremos más de estas debilidades mentales. Espero que esta Información les haya interesado y sido útil. Hasta la próxima.

15 comentarios:

Fernando dijo...

La tendencia de lo que nos resulta fácil y sencillo, atribuirle a los Dioses o bien a las cosas sobrenaturales de lo que NO podemos explicar y de lo cual no tenemos explicación lógica.

Buena entrada, siempre leo tu blog :)

Alexander Strauffon dijo...

Muy bien explicado, como siempre, profesor Ego. Y sí, el sesgo en cuestión del segundo punto es el que nos hace también favorecer otras épocas de la vida... dando preferencia a los buenos recuerdos y minimizando los malos.

De la derivación numérica, un ejemplo sería la película "23", una de las pocas -muy pocas- en las que el actor Jim Carrey ha hecho un papel aceptable. Con los números y la mente humana en libre asociación, puede crearse lo que sea, y hacerlo parecer convincente. Recuerdo un documental en que alguien, para probar que las "señales" podían elaborarse donde sea, usó el libro de Moby Dick para inventar una profecía del 9/11. No faltó quién empezó a llamar profético al libro, en vez de entender el punto que quería demostrar el hombre...

Sir David von Templo dijo...

Guau... Me encanta la forma en la que resumes en 3 patadas un tema tan complejo...

Solo puedo decir, que aquel que este libre de estos sesgos y errores de pensamiento, que arroje la primera piedra...

Saludos

Kelly Key dijo...

jajjaja me rei mucho con el ejemplo de los 2 homínidos porque me sentí identificada. Mi novio es el homínido que cree que detras de cualquier sonido hay un "fantasma" o algo oscuro y misterioso. En casa siempre que escuchamos un sonido "no familiar" me dice: escuchaste? que fue eso? y empieza con su choro de que ya lo habia escuchado y a la misma hora y en dia 12 y si es en el mes que murio su hermano peor! sale con que vino a visitarnos y bla bla bla y yo todo lo contrario, puede sonar hasta un disparo y permanezco inmutable sin interrumpir mis actividades, y siempre le digo lo mismo, que obvio que el sonido o movimiento de la cosa esa tiene una explicacion y que seguro es una explicacion tan aburrida que no pienso pararme a investigar para que el se quede tranquilo jajaja. Pero supongo que es el equilibrio de esta relacion los dos completamente distintos y al extremo de los contrarios.

Completamente de acuerdo con que se deben consultar fuentes que no siempre confirmen lo que nosotros creemos, yo trato la mayoria de las veces y cuando se pueda, consultar las opiniones y estudios que respalden y los que rechacen tal o cual hecho o hipotesis. Creo que asi me formo una mejor opinión y me ayuda a tomar mejores decisiones, bueno eso creo, la verdad en algunos temas soy taaaan aferrada que por mas opiniones y pruebas en contra encuentre nomas no me mueven de mi postura.

Anyway, un gusto pasar por tu blog. Saludos!!

Anónimo dijo...

Oye Ego y el famoso sexto sentido o el presentimiento de que hay un ambiente "enrarecido" en cierto lugar que nos hacen repelerlo ¿A que se debe?

Es como los atomos, a lo mejor no podemos verlos, pero la mala vibra que se siente al entrar a un lugar en el que nunca hemos estado y nunca hemos tenido noticias pero es un ambiente pesado que hacen repler ese sitio.

Despues nos enteramos de algun hecho desagradable que ocurrió u ocurre en el lugar o cierta clase de personas que viven o vivieron ahi sin antes haber tenido conocimiento previo de este.

Mariana dijo...

lo del sesgo de información me hizo acordarme de los anti-vacunas y de jenny mccarthy...

(no niego que de vez en cuando sale peor el remedio que la enfermedad, pero de eso a no aplicar ninguna a vacuna por temor al mercurio o al autismo es una estupidez total, la supuesta cura del autismo, lo mismo)

muy buen post como siempre, maestro, ¡saludos!

Ale Guevara dijo...

Sobre anumerismo recomiendo los libros del matemático Jhon Allen Paulos: "Un matemático lee el periódico" y "El hombre anumérico". Muy amenos y de fácil lectura.

Alvaro Murga dijo...

Ego:
un gusto leer nuevamente tu blog y tus entradas.
Precisamente ayer conversaba con un amigo sobre estos temas y oh, coincidencia, hoy me topo con ellos en tu blog. Naturalmente no es porque estemos conectados psíquicamente como creerían otras personas. Es solo que a mi me interesan estos temas y sigo esta línea de pensamiento, leyendo y releyendo sobre el pensamiento critico y libros con una temática similar. Este es uno de los muchos blogs que sigo al respecto asi que era inevitable, por cuestión de números, que esto ocurriera, como que cuando más se necesita un transporte público, más demora este en pasar. (Ok, en realidad en esos momentos, estamos mas impacientes y conscientes del paso del tiempo por lo que un minuto nos puede parecer mucho más largo que cuando estamos más relajados).
Con respecto a la comparación entre las conspiraciones y los dioses, desde que decidí ser ateo y escéptico, encontraba que ambas tenían en común la idea de un poder, un agente controlando los destinos, solo que atribuyéndolo a agentes diferentes. A mi parecer en ambos casos es una forma de consuelo frente a la incertidumbre de la vida, donde no sabes que pasará mañana, pero tienes el consuelo de que hay poderes asegurándose de que las cosas funcionan.
La verdad es que ademas de aprender y recordar donde leí estas cosas me agrada, escribes de una manera clara y amena que invita a la reflexión.
Lo que me gustaría comentarte es sobre lo que dices sobre el sesgo.
Hay casos en que es la falta de evidencia lo que "confirma" una afirmación de fé, como cuenta el chiste de los arqueologos que cavaron mil metros y concluyeron que antiguamente existían teléfonos móbiles, pues no habían cables telefonicos a esa profundidad. ¿Tiene este fenómeno algún nombre en particular?
Finalmente mi aporte a este blog es para mencionar que la frase con que cierras la entrada (lo de la estupidez en lugar de maldad) se conoce como principio de Hanlon.
Lo menciono por si acaso aparece algún lector nuevo que llegue por primera vez a tu blog. Los números no mienten.

Maik Civeira dijo...

Muchas gracias a todos por sus comentarios.

@Kelly: Gracias por compartir el ilustrativo ejemplo de tu novio y tú, jejeje.

@Anónomo: Pues fíjate que no te podría dar una respuesta concreta. Pero se ha detectado y descrito un fenómeno muy curioso. Resulta que los seres humanos somos sensibles al infrasonido; aunque no podamos oírlo afecta nuestro sistema nervioso. Fuentes de vibraciones de baja frecuencia (naturales o artificiales) pueden alterar el estado de ánimo de las personas, haciéndolas sentir miedo repentino, estrés o vaga incomodidad. En algunos casos, incluso puede producir alucinaciones auditivas o visuales. Y ese fenómeno se ha detectado en famosos "sitios embrujados", y ha afectado a personas que no sabían que esos sitios supuestamente estaban embrujados:

http://www.cracked.com/article_18828_the-creepy-scientific-explanation-behind-ghost-sightings.html

Maik Civeira dijo...

@Alvaro: Gracias por tus comentarios. SI no me equivoco, te refieres a la falacia conocida como argumento "ad ignorantiam", o sea, argumentar con base a que "no sabemos". Como diciendo que "mientras no se pueda comprobar que Dios no existe, creeremos que existe", y así...

Anónimo dijo...

Gracias por la explicación! Definitivamente esto de la parapsicología es un area todavia en pañales, pero tiene algo de lógica el planteamiento. Lo mismo ocurriría tal vez con una fuente radioactiva o una luz ultravioleta o infrarroja irradiando a una persona. No la ve, ni la escucha, pero algun elemento en su interior puede alertarle que algo no anda bien. Esto no lo vuelve necesariamente un supersticioso como pensaría un esceptico que al no ver nada, diría que es solo su imaginación.

Alvaro Murga dijo...

Para Anónimo:
Un esceptico niega algo que le es entregado sin evidencia, sin pruebas. El infrasonido es un fenómeno natural y puede ser registrado y medido, asi como sus efectos. De hecho con el desarrollo de la tecnología se han descubierto cosas que estaban más alla de los sentidos humanos como los infrasonidos de los elefantes http://scienceray.com/biology/zoology/the-secret-language-of-elephants/ o el que los escorpiones brillan en la frecuencia ultravioleta http://www.youtube.com/watch?v=c1ZfwGwcUBI . Gracias a estos desarrollos nuevos conocimientos sobre el mundo son aportados, desterrando la idea de ser por entes sobrenaturales que están más alla de la ciencia o la comprensión humana. Pero no creo que sea la "parapsicología" sea el campo de investigación adecuado para desarrollarlos.
Y gracias por la explicación Maik. Me quedo claro. Sigue así.

Anónimo dijo...

Alvaro.

Al punto que voy es que aun hay cosas que la ciencia no ha logrado explicar a cabalidad al no ser posible reproducir en un laboratorio. Hay escepticos de todo tipo, hay desde el simple poser hasta el verdadero cientifico que busca plantear una teoría con formulas matematicas. Me declaro ignorante sobre la tecnología usada por los parapsicologos para descubrir aquellos fenomenos de un ente sobrenatural, pero investigar aquellos fenomenos en apariencia inexplicables con las tecnicas mas modernas desarrolladas por la tecnología es posible que tenga cierta validez. En el caso del tema posteado por ego, menciona que aquellas casas embrujada se ha detectado una baja frecuencia que ocasiona sensación de ansiedad en algunas personas. No aclara del todo el origen de esa fuente ni tampoc que sea una regla pero ya es un punto de partida de una investigación detectar mediante algun sensor como microfono y analizar la frecuencia y la amplitud de onda en determinado sitio para ver si estas son posible reproducirlas en un ambiente controlado y analizar sus efectos.

Saludos

Maik Civeira dijo...

Anónimo: La parapsicología no es una ciencia en pañales, porque no es una ciencia en lo absoluto, y no fueron los parapsicólogos quienes descubrieron el fenómeno del infrasonido, sino un científico de robótica. Las fuentes de las vibraciones ultrasónicas pueden ser naturales o artificiales, y en el artículo que te compartí hay varios ejemplos: un sistema de ventilación defectuoso, el zumbido de maquinarias industriales amplificado por la bóveda de un sótano, la corriente de un río subterráneo resonando en las cavernas, incluso los tubos de un órgano de Iglesia.

Pero entiendo tu punto: un incrédulo de mente cerrada sólo desestimaría los testimonios de quienes han estado en "sitios embrujados", mientras que alguien con verdadero espíritu científico diría "hay algo aquí; averigüemos qué es" para encontrar la verdadera causa (no sobrenatural) de este fenómeno.

Anónimo dijo...

Mark:

En el primer punto aclaro que no digo que los parapsicologos hayan inventado la tecnología actual ni descubierto los rayos infrarrojos. Estos son utilizados tanto por quimicos, electricos o físicos y no quiere decir que ellos necesariamente los tuvieron que descubrir o inventar la tecnología para desarrollarlos, sino que la utilizan para darle forma a sus investigaciones.
A lo que voy es que si las investigaciones de aquellos parapsicologos se basan utilizando tecnología de punta, apegandose en lo posible al metodo cientifico y no solo en creencias bien pueden tener alguna validez para despejar la duda de que no se trata de algun fenomeno natural.

En el segundo parrafo, es correcta tu apreciación. Los incredulos suelen confundirse con los escepticos. Saludos

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