lunes, 25 de marzo de 2013

Tres discursos estudiantiles





La semana pasada, justo antes de salir de vacaciones, tuvo lugar un concurso de oratoria interno. Como soy el profesor de español, me encomendaron entrenar a la joven y los dos jóvenes de secundaria que concursarían. Mi experiencia en oratoria es de poca a nula, por lo que después de dos o tres sesiones, insté a las autoridades escolares para que escogieran a una maestra con mayor experiencia para la parte de la oratoria en sí, lo cual hicieron.

Mientras tanto, como en eso de la ensayística sí tengo algo de experiencia, me quedé con la parte de la redacción de los discursos. Ahora bien, quiero aclarar que estos discursos son enteramente de los chicos que después los enunciarían en el concurso. Ellos escogieron sus temas y elaboraron los primeros borradores. Al principio sólo los ayudé a aterrizar sus ideas; después me pasaron los textos en digital y les corregí la ortografía y la redacción, y añadí algunos ejemplos para ilustrar lo que ellos decían y para completar el tiempo requerido. Pero en realidad los discursos son de ellos. 

En fin, su participación y sus mismos discursos me parecieron tan admirables que aquí se los comparto. Seguramente que pondrán a varios de ustedes a echar coco.

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN
Rafael Reveles


"Hace más ruido un hombre gritando que cien mil hombres callados" 
José de San Martín

Buenos días estimado jurado, señoras y señores e invitados que nos acompañan. El día de hoy he venido hasta este podio para traerles un mensaje muy importante que nos afecta a todos y cada uno de nosotros: el derecho a la libre expresión.

El derecho a la libre expresión es uno de los muchos derechos que nos respaldan. Este es, sin duda, uno de los más especiales ya que es esencial para la lucha pro-respeto y la promoción de los derechos humanos.

Cierto día escuché una historia acerca de un hombre sabio que tuvo la ocurrencia de expresar su opinión acerca del gobierno. Lamentablemente, nuestra historia termina con una horca y un verdugo. ¿Por qué? Porque el peor temor de la tiranía y el mal gobierno es un poder mayor, el de nuestra voz. Por ende podemos afirmar que tenemos un escudo, un arma, que nos da seguridad y nos protege contra esa corrupción, contra ese gobierno tirano, que se entierra como una espina sobre la llaga y crece como la mala hierba. Es hora de levantar la voz y decirle a todos esos tiranos ¡ALTO!¡No nos silenciarán más! Porque el silenciar a su pueblo no es mas que activar una bomba de tiempo y uno se puede acostumbrar al tic tac pero si algo sé, es que algún día, después del tac vendrá el boom.

En la actualidad enfrentamos un gran problema con respecto a este tema, pues a pesar de estar vigente nuestra libertad de expresión, los mismos que antes nos callaron hoy han dado un nuevo giro a su estrategia, en vez de silenciarnos a la fuerza nos han hecho demeritar la libertad de expresión dándole una importancia mínima, hemos llegado a un punto en el que la gente pierde sus principios básicos para opinar, nos hemos sumido en la ignorancia, nuestra cultura ha ido decreciendo con una rapidez que asusta. Porque, ¿cómo podemos externar lo que nos aqueja, si no sabemos nuestro padecer? La información es un poder y es nuestra obligación externar el conocimiento que se nos ha conferido, por que como se dice “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad“.

No debemos dejarnos llevar por lo que oímos o por lo que “se dice“; en cambio debemos investigar y buscar la opción que nos favorezca mas a todos.

Es común pensar acerca de todos los problemas que nos afectan a todos y podríamos decir “ojalá que algo cambie“o “esperemos que alguien haga algo“, pero sabemos que si queremos algo hay que hacerlo nosotros; si en realidad queremos un cambio debemos empezar alzando la voz, opinando, intentando entender, pero sobre todo permanecer unidos y triunfar. No estamos aquí por azar todos tenemos un propósito y un fin.

En este preciso momento estoy consciente de muchas cosas que nos afectan a todos, este día no estoy aquí para decirlo, pero lo hare algún día, por que estoy convencido de que es mi deber. No esperemos a ver el cielo caer, pongamos énfasis en externar nuestras ideas. Porque, ¿Qué seria de nuestro mundo sin los grandes héroes que nos regalaron su opinión? ¿Qué sería de nuestro mundo sin un Gandhi o un Martin Luther King? ¿Seremos acaso libres sin pedir la libertad?

Señoras y señores, ¡defiendan su libertad de expresión! Y sobre todo, ¡úsenla! ¡Úsenla para denunciar lo que está mal! ¡Úsenla para promover las buenas ideas, las soluciones a nuestros problemas! ¡Úsenla para combatir la ignorancia, a frivolidad, la corrupción y la tiranía!

El día de hoy espero haber despertado en ustedes la importancia que tiene la libertad de expresión en nuestras vidas, porque todo lo que hacemos no sólo nos afecta a nosotros, también afecta a los demás; piensen en sus hijos esos pequeños retoños que sin nuestra voz no serán mas que presas delante de una fiera. Luchemos, señores, ¡LUCHEMOS! Por un mejor futuro, un futuro en el que todo sea armonía y amor.

LA EDUCACIÓN QUE REALMENTE IMPORTA
David Vega


“La verdadera educación, lo mismo de la juventud que de todas las demás edades de la vida, no consiste en reprender, sino en hacer constantemente lo que se diría a los demás al reprenderlos.”

Platón

Buenos días, señoras y señores del jurado, autoridades académicas aquí presentes, y demás invitados a esta justa de las ideas.

Hoy he decidido romper el silencio. Hoy he decidido gritar muchas cosas de las que llevo dentro. Hoy he decidido gritar a los cuatro vientos, ¡Basta ya! Basta ya de engaños, de corrupción, de faltas a la integridad.

¿Qué pasa hoy en día con la educación? Claro que hay que valorar las clases de la escuela: matemáticas, español y ciencias... Pero, ¿y qué hay con lo demás? ¿Qué hay con aquella educación que más importa, la que forma personas? ¿Qué hay con eso que sólo podemos aprender mediante el ejemplo?

Hoy he decidido romper el silencio, y protestar. Sí, yo protesto, protesto ante todos ustedes,  los adultos por esa imagen que han puesto a nosotros los jóvenes. ¿Quién de ustedes no se ha expresado o pensado más de una vez, caracterizándonos como apáticos, irresponsables o rebeldes?

¡Mentira! Si algo caracteriza a la juventud de hoy es su desbordante energía. Un joven quiere y debe probar sus fuerzas, salir adelante, abrirse camino en la obscuridad del mundo que le ha tocado vivir.

Pero, ¿dónde está el ejemplo que nos dan, para apartar las tinieblas de nuestro camino?  ¿Saben ya de lo que estoy hablando? ¿Quién sabe hoy en día lo que es la educación, la integridad? ¿Quién puede mostrarnos cómo vivir bien? ¿En qué escuela dan clases para ser una mejor persona?

¿Apáticos nosotros? ¿Y qué nos han enseñado ustedes cuando se quedan como si nada ante la corrupción, la violencia y la pobreza que afectan nuestro mundo? ¿Irresponsables? ¿Qué nos enseñan ustedes cuando faltan a sus deberes como padres, como esposos, como ciudadanos? ¿Rebeldes? ¿Y cuando ustedes se rebelan contra las reglas y las leyes más sencillas, porque así parece que conviene?

Los adultos nos dicen que hay que ser honestos, que hay que tratar a todos como nos gusta que nos traten, que hay que respetar los valores de la familia y atesorar la amistad. Pero luego los vemos traicionando esos mismos valores cuando se trata de buscar provecho para sí mismos. Los vemos violar las reglas, hacer trampa y hacerse de la vista gorda. ¿Lo niegan? ¿Cuántas veces les han dicho a sus hijos que no deben mentir? ¿Y cuántas otras los han incitado a hacerlo? “Dile al señor que eres más chico para que nos salga barato el boleto.” “Diremos que te enfermaste para que podamos irnos de viaje.” Con esta forma de hacer las cosas, ¿qué clase de personas esperan formar?

Por un lado nos predican valores muy bonitos. Pero la verdad es que en este mundo, como lo han hecho ustedes, el que sigue siempre las reglas, el que respeta a los demás, el que es generoso, es tachado de “bobo”, mientras que aquél que se pasa por alto las leyes, que se aprovecha de sus vecinos, que pasa por encima de quien tenga que pasar para alcanzar una idea corrupta de éxito, es admirado como “el triunfador”. Sí, “no robarás” es un mandamiento, pero “el que no transa no avanza” parece ser la regla de oro.

Si nos enseñan que esos valores tan sagrados pueden ser violados o pasados por alto según conviene, ¿dónde está el límite? ¿Dónde está el límite entre mentirle a un maestro y mentir en una declaración fiscal? ¿Dónde está el límite entre violar una regla de tránsito y violar las leyes de la Constitución?

Estamos acostumbrados a engañarnos a nosotros mismos, diciéndonos que sólo hacemos lo que nos conviene, así como lo hace todo mundo, para tener una mejor vida. Pero así es como nos llevamos una mentira tras otra, una traición tras otra, y terminamos manchando lo que hay de bueno en nosotros, sintiendo una culpabilidad terrible en nuestro interior, o perdiendo por completo la conciencia. Cambiemos eso y seamos el tipo de personas que necesita este mundo para prosperar, ciudadanos honestos con nuestros semejantes y especialmente con nosotros mismos.

¡Basta ya! ¡Basta de no educarnos con lo que importa realmente! Basta ya de buscar los valores en donde no los hay. Hoy he decidido gritar a los cuatro vientos que todos; sí, todos nos merecemos otra oportunidad; otra oportunidad para continuar con nuestras vidas enseñando y aprendiendo lo que más importa; enseñando y aprendiendo a ser íntegros y lo más honestos posible; sacar nuestra lamparita en este oscuro mundo e iluminar nuestro propio camino y así encontrar lo que en realidad importa: vivir en amor, en armonía y especialmente sintiéndonos honrados de hacerlo, ayudando a traer el cambio, sin importar que los cínicos piensen que somos ingenuos o idealistas.

Hay que dejarnos gritar este mensaje… y escucharlo nosotros mismos, siendo honestos, para darnos cuenta de la importancia de la integridad y de los valores, y así poder educarnos y educar con la verdad, una verdad que nos llevará a ayudarnos y a ayudar a los otros, una verdad que nos llevará a una mejor vida, a un mejor mundo. Ya es hora de comprometernos a enseñar lo que son realmente el respeto y la integridad, no quedarnos con sólo engaños, hipocresía, disfraces que la sociedad nos ha llevado a usar, para sentirnos bien con nosotros mismos a base de mentiras.

Hoy he decidido decirles a todos ustedes que el momento de actuar es ahora… no mañana, ni la próxima semana, ni después ¡Ahora!  El conjunto de experiencias de ustedes, los adultos, nos pueden ayudar si lo comparten sin juzgarnos y, estableciendo una buena comunicación entre nosotros, nos mostraremos mutuamente un nuevo camino para recorrer. Uno con más luz y menos tinieblas.

Hoy invito a cada uno de ustedes a ir mucho más allá, ahí dentro donde sólo uno puede llegar, los invito a descubrir todo eso que sólo ustedes saben que tienen para dar y poder construir un mundo mejor.

Hoy hay que dejarnos decir lo que tenemos que decir, escucharlo y creérnoslo, para ver si así nos damos cuenta de lo importante que hay para valorar y así tener el valor suficiente para hacer el cambio.

Los días pasan y yo sigo escuchando una pequeña voz en mi mente que me dice que es momento de hablar. Hoy he decidido escuchar a esa voz para poder decirles a todos ustedes lo que podemos hacer, cambiar la educación, o tan solo agregarle lo que sea necesario para tener una mejor vida. Y ahora que el viento lleve el mensaje para transmitirlo a todo el mundo.


Gracias. 

LA RESPONSABILIDAD DE LOS JÓVENES EN EL MÉXICO CONTEMPORÁNEO
Alondra de la Rosa


“Por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad.”

Diego Luis Córdova, pensador colombiano

Mis más cordiales saludos, maestros, maestras, jurado, compañeros, y público presente el día de hoy. He venido para hablarles de un asunto de suma importancia para nuestra actualidad.

¿Qué responsabilidades tenemos los jóvenes en el México contemporáneo? Hay muchas respuestas para esta pregunta; una de ellas se puede resumir en una palabra: educación. La educación, que desarrolla las cualidades del ser humano al máximo, que lleva a los pueblos hacia el futuro y el progreso; ese complejo ideal que es a la vez derecho y obligación.

¿Derecho? Se ve y se lee a menudo en los medios que muchos jóvenes dejan la escuela. Pero no lo vean en la tele; salgan a la calle y cuenten cuántos jóvenes ven de 19, 15, 12 hasta de 10 años que trabajan. Estamos acostumbrados a ignorar estas realidades incómodas, pero aunque sea por un día, salgan y cuenten a los muchachos y jovencitas que deberían estar en la escuela, pero no están ahí, y yo les digo que no van a poder sacar cuentas. ¿Saben por qué? Porque son incontables. Ahora imaginen cuántos jóvenes que trabajan hay Mérida, en el estado, en el país. Dense cuenta: ¡es una realidad!

No es como el niño pequeño que teme a un monstruo que vio en la tele, pero que tiene a su mamá para decirle que no existe. ¡Este monstruo en real! ¡Y sólo un necio vendrá a decirles que no existe! La mayoría de los niños que entran a la primaria no llegan ni a la prepa. ¿Por qué?

Hay varias razones para esto. Una de ellas es jóvenes que prefieren trabajar, que a la primera oferta de trabajo van tras ella como un perro a un hueso. Ellos son jóvenes que ya quieren ganar su dinero (y gastarlo como ellos quieran), crecer y ser independientes. “¡Qué irresponsables!”, pensarán ustedes “¡Qué ingenuos!”.

Pero en esto no toda la culpa se dirige a ellos. ¿Cómo convences a un adolescente que pase los siguientes 10 años de su vida sentado en un aula, cuando podría empezar a ganar dinero ahora? ¿Cómo lo convences de que esa espera vale la pena cuando muchos profesionistas con carrera y título están desempleados o subempleados? ¿Cómo lo apartas de la tentación de vivir sólo el aquí y el ahora, cuando en un país con crisis y violencia el mañana es incierto? ¿Cómo los convencemos de volver a la escuela, cuando muchas de ellas tienen mala infraestructura, maestros mal preparados y programas mal hechos?

Pero si algunos adolescentes abandonan sus estudios por voluntad, hay muchos otros en que lo hacen por necesidad. Aquí en México hay mucha pobreza, desgraciadamente, y es un problema que ha existido desde hace muchos años y muchos jóvenes, aunque lo quisieran, no podrían estudiar porque necesitan mantenerse a ellos mismos y a veces hasta a sus familias.

¿Y qué hay de los adolescentes que lo tienen todo, que no tienen que trabajar porque a sus padres les alcanza el dinero, que tienen acceso a las mejores escuelas de paga, a los mejores recursos, a Internet, a libros…? ¿Cuál es su excusa? Lo tienen todo y no lo aprovechan. Dejan a un lado lo que es importante, de lo que depende su futuro, por cosas que sólo los satisfacen al momento. Esto incluye la vida social, los juegos, y hasta los vicios y adicciones, entre otras cosas.

El día de hoy la tecnología hace cosas increíbles: teléfonos con wifi, cuadros touch y hasta conciertos con hologramas. Y sí, son maravillosas; y sí, todo padre querrá que sus hijos tengan lo mejor… Pero, ¿vale la pena si los jóvenes se desvelan toda la noche para pasar el próximo nivel de un videojuego? ¿Les compran iPhones a sus hijos para que se la pasen en las redes sociales en vez de atender a clases y hacer su tarea? ¿Y qué pasa con el muchacho que se va toda la noche de fiesta? Se la pasa saliendo todo el tiempo y no se interesa por su educación. ¿Y qué hay con el que cae en el alcohol, en las drogas? ¿Es que jamás tendrá un alto?

Después los papás reclaman a las escuelas por las bajas calificaciones de sus hijos. Pero ¿y cuando dejó de hacer la tarea por jugar los videojuegos que ustedes les compraron? ¿Cuando no estudió por irse de fiesta con el dinero que ustedes le dan casi sin límites? ¿Cuando faltó a clases porque ustedes se los llevaron a Disneylandia a medio año escolar? ¿Eso a quién se lo reclaman?

Mamás, papás: sus hijos no necesitan unas vacaciones de lujo, ni la última consola de videojuegos, ni que les den gastadas millonarias; lo que realmente necesitan son figuras de autoridad, guías que les hagan darse cuenta de las cosas importantes de la vida, que los preparen para el futuro.

“Ah, bueno, pero esto no es mi culpa”, pensarán algunos de ustedes “Yo sí atiendo bien a mis hijos”. Quizá como individuos no todos podamos ser culpados, pero como sociedad todos somos responsables.

En primer lugar, el adolescente: no se puede hacer nada sin que los jóvenes estén dispuestos a esforzarse y estudiar, que se dé cuenta de lo importante que es. En segundo, los adultos: apoyen a sus hijos y hagan lo imposible para que pueda ir a la escuela, y si ya va a ella, que la aprovechen. En tercer lugar, el gobierno: necesitamos su apoyo con escuelas públicas, becas para alumnos de escasos recursos y para que todos puedan estudiar; y como ciudadanos debemos exigirle todo esto a los que quieren gobernarnos.

¡Padres, ustedes como autoridades deben enseñarles a terminar todo lo que empiezan! ¡Les deben enseñar a conseguir sus metas! Porque ustedes, padres, con la experiencia de la vida, ¿creen que si sus hijos se quedan quietos sin hacer nada útil solitos van a alcanzar sus sueños?

Muchachos, ¡no se queden callados! ¡Exijan que les lleven a la escuela! ¡No es sólo una obligación, sino un derecho que cada joven debe recibir y cumplir! ¡Levanten su voz para obtener lo que merecen por derecho!

Me despido con una historia que encierra una reflexión final. Una noche un joven fue a un concierto de piano. Al escuchar al talentoso pianista el joven quedó encantado de su arte, y cuando terminó el concierto, se le acercó y le dijo: “Yo entregaría toda mi vida por tocar como tú”. Y él le respondió: “pues eso hice, entregué toda mi vida para tocar como lo hice esta noche”.

Gracias.





2 comentarios:

Gary Rivera dijo...

Vaya si que resulta interesante y gratificante, pude notar en su discurso el entusiasmo de un joven, casi niño, no sé en qué momento perdemos todo eso al convertimos en adultos. Me impactaron los tres, pude sentir en el primer discurso un aire de inconformidad increíble, de esas sensaciones que hacen que el mundo gire! Gracias por compartirlo!

fre CC dijo...

El primero tiene la extensión justa, aunque se me hizo medio mañoso el punch-line de Spiderman (totalmente valido, eso sí).

El segundo me gusta como empieza, pero al extenderse se siente un poco redundante.

El tercero es el mejor y acierta en todos los clavos.

Saludos.

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