viernes, 26 de abril de 2013

Todos tienen derecho a opinar... ¡Y yo opino que tu opinión es estúpida!



Uno de los problemas más frecuentes e irritantes con los que uno se topa como criticón profesional es que a los demás se les confunda el derecho a creer, decir o hacer una u otra cosa con alguna especie de inmunidad a la crítica inherente a aquello que se cree, dice o hace. O que, por lo mismo, una crítica, sátira o burla sea entendida como un intento de privar a otro de su sagrado e inalienable derecho de creer, decir o hacer lo que se le venga en gana.

Dicho de otra manera, cuando a un especialista en despotriques como su seguro servidor le da por criticar las creencias, dichos o acciones de alguien, es común que alguien revire con un "¡Eh, no critiques! ¡Si tienen derecho!", como si mi crítica equivaliera a un intento de despojarlos de ese derecho.

Va un ejemplo sencillo y muy común: cuando critico alguna magufería, digamos, la creencia en las Profecías del 2012 o algún otro sinsentido por el estilo, es muy frecuente que me respondan: "¡Hey, si ellos tienen derecho a creer en lo que quieran!". Y sí, es cierto, cualquier persona tiene derecho a creer en cualquier cosa y a expresar libremente esa creencia. Pero de la misma manera, yo tengo derecho a opinar que esa creencia es estúpida y a expresarlo. Es lo que mucha gente no entiende y tiene que entender: al criticar algo, al decir que esa creencia es estúpida, no estoy tratando de quitarle a las personas su derecho a creer en las Profecías de 2012 ni quiero quitarles su derecho a expresarlo; simplemente estoy ejerciendo mi derecho a opinar al respecto. A lo mucho, me gustaría persuadir a las personas de que eso en lo que están creyendo es estúpido, y también tengo derecho a intentarlo, siempre y cuando no recurra a la coerción o a la violencia.



A veces critico los gustos musicales o cinematográficos de otras personas, con algo así como "Chale, ¿por qué a tanta gente le gustan las comedias de Adam Sandler? ¿No se dan cuenta de que son estúpidas?", a lo que no falta quien responda "Tss, déjalos; si tienen derecho. No puedes obligarlos a que les guste lo que a ti". ¡Coño, que no estoy tratando de obligar a nadie a que le guste nada! A lo mucho, lo único que puedo hacer es (once again) intentar persuadirlos y que se den cuenta de que las películas de Adam Sandler son estúpidas, pero aún si no logro convencerlos de ello, tengo todo el derecho del mundo a expresar lo que pienso.

Si la hija de algún rico magnate se luce con su chihuahueño, el cual es asimismo dueño de su propio mini iPad incrustado de diamantes y yo digo "No mames, pinches ricos ojetes, habiendo tanta hambre en el mundo", no es un contraargumento válido el decir "¡Epa, si ellos tienen derecho a gastar su dinero como ellos quieran! ¿O los vas a obligar a darle su dinero a los vagabundos, maldito chairo comunista?", porque no estoy atacando su derecho a gastar su fortuna como le dé la gana, sino criticando su forma de hacerlo. No quiero que se le prohiba por ley comprar un mini iPad incrustado de diamantes para su chihuahueño, pero sí me gustaría que todos se dieran cuenta de que hacer ese tipo de cosas es irresponsable y estúpido.



Entonces, lo que quiero decir es que criticar lo que piensa, dice o hace alguna persona no equivale a tratar de quitarle su derecho a pensarlo, decirlo o hacerlo. Entonces, responder con "Ash, goe, es que tienen derecho", es inválido. Tengo derecho a expresar mi propia opinión y, es más, tengo derecho a, mediante argumentos y persuasión, tratar de convencer a otros de ella. Lo que no tengo derecho a hacer es utilizar la fuerza (física, económica, institucional), para hacer que una persona deje de expresar sus propias opiniones, por más estúpidas que sean.

Por el contrario, cuando alguien dice "Es que tú no tienes derecho a criticar las opiniones de los demás, así que cállate" sí que está muy equivocado. Claro que tengo derecho a criticar lo que me dé la gana, y por supuesto que la persona que se sienta ofendida tendrá derecho a defender sus posturas, a decir que mi crítica es idiota y a mentarme la madre si lo desea. Lo que no tiene derecho es a tratar de quitarme mi derecho a expresar mis opiniones sobre las opiniones de otros. Eso sí sería censura, eso sí sería un atentado contra la libertad de expresión.

Ahora bien, siguiendo esta misma lógica que planteo, una persona tiene todo el derecho del mundo a expresar opiniones racistas, sexistas u homofóbicas. Sabríamos que el tipo en cuestión es probablemente un imbécil que no merece nuestro respeto, pero no podríamos tomar ninguna acción coercitiva en su contra. Podríamos, eso sí, mentarle la madre, exponerlo ante la sociedad como un cretino y, sobre todo, argumentar el porqué sus ideas están equivocadas y son dañinas para la sociedad; pero no valdría exigir leyes que lo hicieran callar, ni mucho menos usar la violencia para tal propósito (sería un caso distinto si, por ejemplo, la persona en cuestión estuviera activamente llamando a la violencia contra otras personas o grupos; ahí ya pueden y deben intervenir las autoridades).



Por ejemplo, yo me sumé a la campaña en contra de cierta publicidad de Tecate, porque me pareció, al igual que a muchas personas, que era denigrante contra mujeres y hombres por igual (a unas, por considerarlas objetos de placer y a los otros, por reducir su valía a esa capacidad para conseguir dichos objetos) reproduciendo así un sistema de valores que me parece erróneo. Debo aclarar, no obstante, que mi intención (no sé la de los demás) no era que se aplicara la censura contra la campaña, ni que se fuera a aprobar una ley que monitoreara los contenidos de la publicidad (siempre estaré en contra de una medida así porque haría peligrar la libertad de expresión), pues Tecate tiene el derecho de tener su campaña publicitaria misógina si quiere. Personalmente, lo que me motivó a participar fue la esperanza de hacer que más personas hicieran consciencia de que ese tipo de mensajes están mal y gritarle a Tecate "¡hey, date cuenta de que eso es una mamada!". Mis expectativas fueron sobrepasadas cuando la cervecera retiró la campaña.

Sí creo que hay un límite entre la mojigatería de la corrección política, que busca material ofensivo donde el gato tiene cuatro pies, y un discurso descaradamente despectivo. Pero esa es mi opinión, y así como yo tengo derecho a manifestar mi objeciones ante la publicidad de Tecate, cualquier persona tiene derecho a manifestar su apoyo a decir "mexicanos y mexicanas" o "mexicanxs", si eso le parece bien. Y, por supuesto, cualquiera tienen derecho a decir que la publicidad de Tecate no tiene nada malo, como yo tengo el derecho de argumentar que eso de "mexicanxs" es una estupidez supina. Y que gane el que tenga los mejores argumentos.



Una asociación de padres de familia tiene derecho a expresar que ellos piensan que los videojuegos generan violencia, y a recomendar a otros padres que no dejen a sus hijos jugarlos. De lo que no tienen derecho es a presionar para quitarle a otros su derecho a decidir si quieren o no que sus hijos jueguen videojuegos. Además, esa idea de que los videojuegos generan violencia es estúpida.

Cuando el Movimiento Yo Soy 132 inició como una reacción contra la falta de imparcialidad en los medios, no faltó el cínico que respondiera "Hey, si los medios tienen derecho a ser parciales". Y es cierto, pero aunque hubo personas (dentro y fuera del movimiento) que pensaron que esto se trataba de establecer algún tipo de mecanismo regulatorio de los contenidos de la TV (lo cual sería censura, simple y llanamente), la demanda real era "¡Carajo, tengan tantita ética profesional!". No, no existe forma legal de coercionar a las televisoras para que no sean tan descaradamente sesgadas, pero sí tenemos el derecho de criticar esas acciones, de señalarlas para que las demás personas se den cuenta de ellas, y de expresar el repudio que nos causan. Responder "es que ellas tienen derecho, y ustedes los quieren obligar a decir lo que ustedes quieren", es volver a la anti-lógica de la que hablábamos unos párrafos más arriba.

Así que, recapitulando, el que tengas derecho a hacer, decir o pensar algo no quiere decir que por eso tus ideas, opiniones o acciones tengan alguna especie de inmunidad contra la crítica. Es más, ni siquiera significa que sean buenas ideas. Hay que aclarar algo muy importante: que todos tengamos derecho a tener y expresar nuestras propias opiniones no significa que todas las opiniones sean igualmente válidas. Parecería obvio, pero a mucha gente se le confunde una cosa con la otra.



Veamos, una persona que cree que el Sol gira alrededor de la Tierra tiene el mismo derecho a decirlo que alguien que sostiene que la Tierra gira alrededor del sol, aunque ambas ideas no sean igualmente válidas. Yo tengo tanto derecho a expresar mi opinión de que hombres y mujeres deben tener los mismos derechos en todos los ámbitos como el que opina que las mujeres son inferiores a los hombres. Pero desde luego que eso no significa que ambas opiniones sean igualmente válidas. Querer defender la validez de las ideas con base en el derecho que todos tenemos de expresarlas es simplemente una estupidez.

A veces he criticado a activistas que asisten a marchas y plantones, por querer defender al mismo tiempo la causa por la que están luchando y su derecho a vestirse pandrosos. Su argumento: tienen derecho a vestirse como les da la gana. Mi argumento: sí, tienes derecho, pero ¿es buena idea? ¿Es buena estrategia? ¿Va a servir mejor a tus propósitos principales o va hacer que tus detractores se enfoquen en detalles como la ropa en vez de la causa justa y los argumentos con que la defiendes? Y a menudo se molestan conmigo porque piensan que cuestionar la prudencia de esa decisión equivale a violentar su derecho a tomarla.

Entonces aquí ya tenemos dos principios básicos: 1.- El que se critique lo que haces o dices no violenta tu derecho a hacerlo o decirlo. 2.- El que tengas derecho a algo no quiere decir que hacerlo sea una buena idea ni que esté exento de ser criticado.

Esto va también para algunos de los que abogan por el "derecho a ofender". La idea original y sensata es que cualquier persona tiene derecho a expresar sus ideas y a criticar lo que le parezca criticable, y que se ofenda quien se tenga que ofender. Esto es importante y no hay que perderlo de vista. No existe ley alguna que proteja a nadie de ser ofendido (a menos que sigan apareciendo leyes mojigatas como ésa que prohíbe el uso de palabras homofóbicas), así que en efecto, todos tenemos el derecho de decir lo que queramos, y si eso ofende las creencias o ideología de otras personas, pues ni modo. ¿Ni modo? Bueno, no tanto, porque resulta que la persona ofendida tiene el mismo derecho de revirarle al primero para explicarle porqué lo que está diciendo es una pendejada o simplemente mandarlo al carajo (siempre y cuando no quiera coercionar, he ahí el límite).



Pero algunos extremistas del derecho a ofender muchas veces parecen creer que su propio derecho es inmune a las críticas y que si el ofendido les contesta "oye, no me insultes", es porque es un intolerante que no respeta el derecho a ofender del otro. Si el ofendido contesta, el primero gritará "¡intolerante!", y eso no se vale, pues tiene que ser una relación de ida y vuelta. Así es, mi procaz amigo: sí tienes derecho a ofender, y los demás tienen el derecho a ofenderte de vuelta. Oigan, pero todo esto nos llevaría a construir un mundo de constantes intercambios de insultos en el que no sería muy agradable vivir. Entonces viene de vuelta este principio que debemos tener siempre en cuenta: Sí, tienes derecho, pero ¿es buena idea?

Claro, tienes derecho a salir a la calle e insultar a todos los transeúntes que te encuentres, ¿pero qué necesidad hay de ello? ¿Qué vas a lograr? Sí, tienes derecho a decir de forma altisonante de lo mucho que te cagas en Dios durante una reunión con tu abuelita y tus tías, pero ¿para qué? ¿Para qué deteriorar la posibilidad de llevar la fiesta en paz con las demás personas? ¿Vas a probar algún punto? ¿Vas a lograr que los demás aprendan a respetar tu ateísmo? Y esto es sólo por poner algunos ejemplos extremos para poner en claro el punto: el mundo no necesita más trolls.

Aquí en mi blog expreso siempre mis opiniones, y si alguien se ofende, puede contestarme en los comentarios. Yo tengo derecho a hacerlo y ustedes también. Pero quedaría como un simple troll si fuera a meterme a los espacios de otras personas y a ofenderlos sólo porque tengo derecho a hacerlo. Sí, tendría el derecho, pero sería una estupidez.

En este blog no se censura nunca. Si estoy en desacuerdo contigo, procuraré explicarte el por qué. Si ya me aburrí de lo que dices, simplemente te ignoraré, pero nunca voy a borrar tus comentarios, por más ofensivos o estúpidos que puedan ser.

Volatire dijo (con otras palabras, pero la idea es lo que cuenta), "No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con la vida tu derecho a decirlo", a lo cual me gustaría agregar un corolario: "Toda persona tiene derecho a decir lo que quiera, y toda persona tiene derecho a mentarle la madre por ello".

14 comentarios:

Alvaro Murga dijo...

Me ha gustado mucho esta entrada Maik. Muchisimo. Hace rato que no te leía algo que no solo me llegara tanto intelectualmente, sino que tambien me llegara emocionalmente.

Pablo Cabañas dijo...

Me ha tocado una vez en que un chavo de mi ciudad, por atreverme a criticar la mentalidad provinciana de donde vivo, me pidió de favor que ya no lo criticara. Y la neta, es muy complejo cuando de opinión se trata, y a los que no soportan un buen argumento, salen con su "Vive y deja vivir", "Si no te gusta, no lo veas/oigas", "Apaga la TV", "Antes de criticarme intenta superarme" y joyitas por el estilo.
Saludos!!

Sir David von Templo dijo...

Bravo, mi estimado, bravisimo... Aunque el texto tiende a ser redundante (aunque, viendo las criaturitas del señor qe caen a este espacio a trollear, uno entiende perfectamente el porqué), dejas en claro una cosa. Podemos tener el derecho a hacer, pensar, y decir lo que queramos, siempre que no dañemos realmente a quienes nos rodean. Sin embargo, todo derecho conlleva una obligación: La obligación de decirnos ¿No estoy abusando de mi derecho? ¿No puede ser tomada mi accion como un acto hostil? De aqui la importancia de una buena educación que permita sensibilizar a las personas, al mismo tiempo que permita estructurar las ideas y formar argumentos lógicos, para que de esta forma, lo que pudiera convertirse en una trifulca o un pleito de secundaria, se convierta en una discusión digna del Ágora. Es decir, que el intercambio de las opiniones sea eso precisamente, un intercambio de opiniones que permita a ambas partes un aprendizaje, y no un intercambio de mentadas de madre, una pelea, un mitin, o algo peor...

Y si, no tienes idea de lo pinche cagante que es que te salgan con el "argumento" de "Déjalos, es su pedo". Si, es su pedo, pero cuando ellos vienen a hacerse los ofendidos, entonces ya no es solo su pedo.

Saludos.

incognia dijo...

Chinga tu madre.

incognia dijo...

Muy buena entrada. Te felicito.

incognia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
incognia dijo...

La gente se llega a ofender sólo por el hecho de qué opines diferente a ellos. El derecho a ofender parte de ahí. Es simple y cómodo es pensar que sólo se trata de mentar madres o sacarte la riata enfrente de tu abuela pero, va más allá.

¿Es buena idea ofender a las personas? ¿Es buena idea expresar tu opinión? ¿Es buena idea ejercer la libertad de expresión?

Maik Civeira dijo...

Yo sé que no sólo se trata sólo de eso, sino de defender el derecho de decir lo que creemos y de criticar lo que nos parece criticable, aunque se ofenda quien se ofenda. Por lo mismo digo que no se trata de ofender sólo por el hecho de hacerlo, no hay que perder eso de vista. Si tú no eres de los cree en el trolleo por sí mismo, entonces la crítica no era para ti...

Ignacio dijo...

Muy interesante tu entrada, conozco gente que se ofende si criticas lo que dicen y otros los defienden a capa y espada, como si al criticarlo hubieras atentado contra la humanidad y por ello se burlan de forma despectiva o hacen comentarios "inteligentes" tratando de refutar la critica hecha (en ciertas profesiones es fácil darse cuenta de ello). Desafortunadamente, en este país muchos han aprendido que si criticas o no estás de acuerdo con lo dicho o hecho por alguien, entonces uno es el problema y por lo tanto estás mal. Pero bueno, hay de todo en esta vida.
Por otra parte, en tu comentario con respecto a si los videojuegos hacen violentas a las personas, existe información publicada al respecto (el 50% a favor y el 50% en contra), así como teorías que apoyan y no dichas investigaciones. Creo que el punto están en cuanto tiempo se dedican a jugar y a que no saben diferenciar entre un simple videojuego y la vida real. Además, se debe de tener en cuenta que algunas personas, por sus propias características de personalidad, son más propensas a ser violentas que otras. Yo estoy de acuerdo contigo, los videojuegos no hacen violentas a las personas (sino ya hubiera matado a alguien).
Muchas gracias por tu entrada, permite reflexionar sobre un tema tan sencillo, pero del que la gente prefiere hacer un problema.

Vannesa Cortés dijo...

Un amigo se quejó que le decían sexista a su humor.
Yo le dije "pues yo entiendo porque te digan eso y no deberías enojarte que opinen eso, tú no te vas a censurar y ellas no van a dejar de opinar que eres un puerco machista aunque personalmente me parece que no lo seas tú (tu humor sí)"

Después de eso me dijo hipócrita feminazi y mocha persinada. Pero esta en su derecho. Así como yo estuve en mi derecho de decirle, pos sí tu humor raya en lo sexista y a mí no me da risa.

Me dio algo de tristeza eso. Su tremenda furia ante los comentarios de otros. ¡Porque lo de mocha persinada estuvo bien chingón!

Me gustó la entrada. :)

Maik Civeira dijo...

Ándale, Vanessa. Ése es un buen ejemplo de los que piden que se respete su "derecho a ofender" como una especie de inmunidad a que lo que dicen sea también criticado.

Anónimo dijo...

Es que a la gente le gusta escudarse en lo políticamente correcto y en citas de Voltaire para darle un estatus de derecho de libre expresión a lo que sólo es una situación incómoda. ¿No has visto gente, sobre todo relativistas, que por el contrario "te otorgan" ese supuesto derecho pero precisamente por no valorar lo qué dices? Por ejemplo opinas sobre algo y te dicen "tienes todo el derecho de opinar así" pero en el fondo les importa tres lo que estás diciendo, así sea una crítica bien elaborada y sensata.
Por eso el trolleo estúpido y los actos hostiles tienen algo de valor, no como "derechos", sino como técnicas para que esa suceptibilidad y esa maña de enmascarar las disputas bajo esas posturas ilustradas se diluyan. Y además ofender por ofender también es divertido.

Arturo Moreno dijo...

Una entrada excelente, concuerdo y siempre he dicho que si critico tus ideales y te ofendes, allá tu que me importa un carajo, yo lo seguiré haciendo.

Sin embargo si discrepo en un punto, y es que pienso que realmente uno no tiene derecho de meterse directamente con las personas. Es decir, no es lo mismo excalamar "Tu oponión es pendeja!" a decir "Eres un pendejo!". En el primer caso estoy atacando la opinión, en el segundo caso estoy atacando al que expresó la pendejada. A fin de cuentas, estoy cometiendo una agresión y eso no debería ser tolerado. Vamos, que seguramente sería una mamada poner un renglón en la constitución penando de alguna manera a alguien que profiera insultos,de hecho serpia peligrosísimo, pero pienso que debería ser parte del manual de las "reglas no escritas". Saludos.

Maik Civeira dijo...

Gracias, Arturo! De hecho. Estoy de acuerdo con lo que comentas. Saludos!

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