viernes, 8 de noviembre de 2013

La vital diferencia entre especular e investigar


La clase de la maestra Tere.

La maestra Tere Miyar, quien fuera mi profesora de Metodología de la Investigación en la Universidad, es una persona extraordinaria. Recuerdo la primera clase inició con un ejemplo de una himbestigasion para mostrarnos cómo no debe hacerse. Era sobre una niña que había intentado quemar su propia casa después de ver un capítulo de Los Simpson. El autor del documento no vaciló en culpar a la violencia televisiva como causante de la violencia real. Con la acidez que la caracterizaba, la maestra Tere nos fue demostrando paso por paso cómo el "estudio" era una estupidez, empezando con que en el planteamiento de sus objetivos, el himbestigador ya estaba dando por hecho a priori el resultado que quería encontrar.

Esto viene a cuento porque recientemente he estado leyendo en las redes sociales pontificaciones sin sustento cuyo tenor recuerdan las exclamaciones alarmistas de la mojigatería conservadora: "El Heavy Metal incita a los adolescentes al delito", "los videojuegos vuelven violentos a los niños", "Harry Potter les hace creer que en la vida todo se puede solucionar fácilmente con magia" o "las caricaturas japonesas llevan al satanismo". Todas tienen en común que son afirmaciones sin sustento, sin datos, sin investigación, emitidas desde la propia víscera, desde los gustos y antipatías, desde la convicción religiosa o ideológica.



Ahora veo declaraciones similares, pero en gente de la filo-izquierda, y en particular desde el feminismo. "El reguetón incita a la violencia contra las mujeres", "Los cómics de superhéroes vuelven misóginos a sus lectores", "la pornografía induce a la violación". Y, al igual que los conservadores mojigatos y los religiosos locos, estas personas demandan políticas de prohibición y censura contra los materiales que les parecen nocivos.


No niego que los mensajes e ideas pueden transmitidos por tales productos culturales lleguen ser negativos y criticables en sí mismos, y que no estaría nada mal revisarlos y empezar a modificarlos. Vamos, ni siquiera descarto que pueda existir una correlación entre estos contenidos y actitudes dañinas o violentas. Pero algo que la maestra Tere me enseñó es que una persona seria no puede hacer afirmaciones de ese tamaño sobre relaciones de causa y efecto sin algo que lo sustente. Y por mi parte pienso que es aún peor pretender legislar al respecto con esas mismas bases endebles. Es decir, para convencerme, necesitan algo más que sólo argumentos que parezcan sensatos o sólo repetir "es que es obvio".

No bastan argumentos sensatos; se necesitan evidencias.

El razonamiento discursivo, el del reino de la filosofía, se bastaba a sí mismo. Las disertaciones filosóficas son valiosas por su racionalidad, su coherencia consigo mismas y el alcance de su razonamiento a partir de ciertas premisas básicas. Un filósofo puede decir "nuestro deber moral es tal..." y construir sus argumentos de forma discursiva para sostener su premisa, y sus ideas serán aplaudidas, vilipendiadas o ignoradas dependiendo de si tienen o no sentido. No digo que el conocimiento discursivo no sea válido o útil; ¡claro que lo es! Plantea retos e interrogantes que vale la pena tratar, aborda temas por cuya naturaleza no han podido tratarse desde otras disciplinas, brinda respuestas provisionales que resultan útiles a falta de otras mejores, y en general es una parte fundamental del avance del conocimiento humano. Además, yo lo hago todo el tiempo en este blog. Lo que digo es que hay temas sobre los que no se puede simplemente especular, sino sobre los que se debe investigar.

Mi ejemplo favorito sobre las limitaciones del razonamiento discursivo tiene que ver con unicornios. Los comerciantes escandinavos e islandeses vendían colmillos de narval a reyes y nobles europeos como si fueran cuernos de unicornio. Ahora bien, la vieja superstición decía que los cuernos de unicornio eran capaces de neutralizar el veneno en una bebida o alimento si se introducía la punta en él. También que si se ponía un cuerno en una mesa en la que había algún veneno, el cuerno empezaría a sudar, por lo que sería una excelente alarma contra los bastante usuales intentos de magnicidio.



Durante siglos, los sabios y filósofos debatieron sobre la veracidad de estas leyendas usando meramente argumentos discursivos: "Las propiedades atribuidas al cuerno de monoceros deben ser verdaderas por esto, esto y esto" o "Tales asunciones  no pueden ser ciertas porque..." A ninguno de ellos se le ocurrió meter el cuerno a una copa de vino envenenado o asentar el cuerno en una mesa con venenos para ver qué pasaba. ¿Por qué? Porque la comprobación empírica estaba muy desprestigiada en esos tiempos; durante 2000 años desde Platón (y con la notabilísima excepción de Aristóteles) se había creído que el solo razonamiento y la cita de autoridades bastaban para solucionar cualquier problema y que la experimentación y comprobación empírica eran indignas de los intelectos superiores.[1] Gracias a la Revolución Científica, parte misma del Renacimiento, hoy en día esas opiniones nos parecen necias.

El conocimiento científico requiere de evidencias, de datos, de números, y de la interpretación de los mismos. Eso incluye tanto a las ciencias sociales como a las naturales. Obviamente, si quieres saber si el cuerno del unicornio puede neutralizar el veneno, deja de especular al respecto y citar a Plinio (que en su puta vida vio un unicornio) y mete el maldito cuerno en el veneno para comprobarlo.

Y si quieres saber si los organismos genéticamente modificados (transgénicos, para los cuates) son aptos para el consumo humano, deja de argumentar sobre si lo natural es mejor por ser natural o si atentar contra la madre naturaleza es jugar a ser Dios y wara wara. Mejor analiza las sustancias que contienen los OGM y verifica si en efecto producen daños al organismo. Encontrarás que quienes ya llevaron a cabo estas investigaciones coinciden en que los transgénicos son inocuos para la salud.[2] Todos, excepto uno, el infame estudio de Seralini, cuya metodología ha sido expuesta como deficiente (por no decir fraudulenta), precisamente por todo lo que me enseñó a evitar la maestra Tere: partió de ideas preconcebidas, seleccionó los datos que apoyaban dichas ideas e ignoró los que las contradecían, que su muestra no era representativa sino seleccionada, y muchas más[3]. O sea, este tipo hizo mala ciencia, ciencia mal hecha.



Si quieres establecer si de verdad hay una relación entre ver pornografía y ser violento contra las mujeres, no te deberías quedar solamente con argumentos que suenen sensatos y citas de Foucault; debes recurrir a las ciencias sociales: estudios de psicología para saber si los hombres que consumen pornografía tienden más a las actitudes misóginas que los que no la consumen; estudios sociológicos para saber si en las comunidades en las que la pornografía está más accesible o menos restringida existen más casos de violencia sexual contra mujeres.

Pues resulta que dichos estudios han encontrado que los hombres que ven material pornográfico explícito no tienen actitudes más negativas hacia los derechos de las mujeres ni tienden más a justificar la violación que los hombres que no consumen dichos materiales. Y que en los países en los que aumentó la disponibilidad de material pornográfico no se experimentó un correspondiente aumento en casos de violación. Y que Suecia y Dinamarca, dos de los países con mayor equidad de género y menor índice de violencia contra las mujeres, tienen también leyes muy laxas y permisivas con respecto al porno.[4] O sea, no hay correlación. 

[Aclaro que esto no va sobre otros posibles o reales aspectos negativos de la producción y consumo de pornografía, temas que van desde lo desagradable hasta lo horrible, pero que deberían analizarse por su parte; aquí se abordó sólo la supuesta relación entre ver porno y volverse violento contra las mujeres].

Fuente


En casos así, las personas a quienes estas conclusiones no les agradan por estar en contra de sus ideas preconcebidas por lo general no tenderán a realizar o consultar investigaciones rigurosas que arrojen resultados distintos o analicen la metodología de esos estudios en busca de errores o engaños. No, lo que harán será echar mano de pseudoargumentos como "ah, pero es que esos científicos de los transgénicos están todos controlados por el capitalismo"  o "ah, pero es que esos estudios los hacen hombres blancos heterosexuales que viven en situaciones privilegiadas", o mi favorita: “ah, pero es que eso de pensar que puedes llegar a comprobarlo todo científicamente es positivismo” (implicando que el positivismo es del diablo y que con sólo decir que algo es positivista se le puede descartar sin miramientos). Es decir, tratarán de alejar la cuestión del terreno de lo científico, de lo demostrable, y traerla al campo del conocimiento discursivo, donde podrán argumentar, argumentar y argumentar sin tener que probar nada nunca.

Necesitas mejores bases si quieres legislar

Uno puede argumentar que el reguetón incita a la violencia contra las mujeres y armar argumentos discursivos que suenen sensatos e inviten a la reflexión, pero que no servirán de mucho si no están sustentados por evidencias. Si no pueden demostrar que existe una relación causal entre escuchar o producir reguetón y los niveles de violencia de género mediante datos y estadísticas, sus reclamos tienen la misma validez de los religiosos que culpaban a Marilyn Manson por la masacre de Columbine.

Cuando este tipo es el que dice las cosas más sensatas en toda la maldita película...

Claro que uno puede criticar los mensajes de reguetón... y Cthulhu sabe que yo comparto la opinión de que sus letras son sexistas, denigrantes y ofensivas, y que no lo considero ni siquiera digno de ser llamado "música". Desde luego, hay formas intelectualmente honestas de expresar esa inquietud. Por ejemplo, como una duda razonable: “Hey, ¿no será que este tipo de canciones promueven una actitud misógina que deriva en violencia contra las mujeres?”. O como opinión personal: “Pues yo pienso que un hombre que escribe letras de reguetón o escucha esa porquería de música no ha de tener mucho respeto por las mujeres”. En fin, pensamientos muy válidos que podrían desencadenar reflexiones y debates interesantes, y motivar a investigaciones al respecto.

Pero brincar de ello a considerar como certeza que este subgénero del ruido molesto produce violencia sexual es pueril. Sobre todo porque creo que no se puede exigir que se apliquen medidas coercitivas, tales como la prohibición que piden a gritos muchas de estas personas, basadas en suposiciones no demostradas. Si quedara comprobado ese supuesto perjuicio reguetonero más allá de toda duda razonable, hasta yo apoyaría dichas medidas de censura.

Esta noticia es falsa, por cierto...

 Llevo años leyendo cómics de superhéroes. Sí, son muy sexistas y ese aspecto suyo me desagrada  bastante y me gustaría que cambiara, y sí el geekdom puede llegar a ser muy misógino (un día me aviento una entrada sobre el tema). Y por cierto, los cómics transmiten también otro mensaje negativo: que puedes arreglar los problemas del mundo a karatazos. Pero leer cómics por años no me ha hecho ni misógino ni violento, ni de lejos la mayoría de los comiqueros que yo haya conocido lo son, así que habría que preguntarse qué es causa y qué es efecto de qué, e investigar bien antes de señalar culpables.

En 1954 varios de los principales líderes de la industria del cómic fueron citados a declarar ante el Senado de los Estados Unidos. Los cómics de superhéroes, horror y policiacos eran culpados de fomentar la violencia, la homosexualidad y el comunismo (eran los días del Macartismo). La única base que se tenían eran las fraudulentas himbestigasiones del psiquiatra Fredrich Wertham, quien había hecho muestras selectivas, falseado testimonios, ignorado a propósito datos que contravenían sus hipótesis e inventado evidencias para sostener sus prejuicios[5]. Es decir, había hecho todo lo contrario a como se debe hacer una investigación científica; curiosamente los mismos métodos falaces que se le critican tanto a los estudios antitransgénicos de Seralini como a algunas feministas radicales que insisten en que "la pornografía es la teoría y la violación la práctica". Es decir, es mala ciencia, ciencia mal hecha.



Pero con base en esa mala ciencia el Senado consideraba seriamente prohibir los cómics. No lo hicieron al final, pero se creó la Comic Code Authority para vigilar y regular el contenido de las historietas, lo cual llevó a una era de mediocridad y empobrecimiento de la que sólo empezaría a recuperarse tras las dos siguientes décadas. La libertad de expresión quedó coartada y las posibilidades creativas de un medio se vieron limitadas porque algunas personas se dejaron llevar por prejuicios, argumentos sin sustento y una investigación muy mal hecha. ¿Querríamos que eso sucediera otra vez? ¿Tener las especulaciones sin sustento de grupos de presión como criterio para reglamentar sobre las personas deben ver, leer o comer?

Voy a cerrar esta entrada con un comentario meramente discursivo, cuyo propósito no es probar nada, sino simplemente invitar a la reflexión si les parece sensato:

En el contexto de la "caza de brujas" contra los cómics, William Gaines, el primer editor americano en publicar cómics de horror, dijo ante el Subcomité de Delincuencia Juvenil del Senado americano: "Aquellos que quieren prohibir los cómics ven a los niños como pequeños monstruos sucios, taimados y perversos que usan los cómics como pautas para sus actos [...] ¿A qué le tememos? ¿A nuestros propios niños? ¿Creemos que nuestros niños son tan malvados, de mentes tan simples que basta una historia de robos para que roben, una historia de asesinatos para que asesinen?".[6]



Caray, hoy planteo esa misma pregunta de otra manera: Los que claman por la censura, por la “depuración” de los contenidos en música, cómic o audiovisuales, parecen ver a los varones como monstruos sucios, taimados y perversos que usan esos contenidos como pautas para sus actos. ¿Acaso creemos que los varones son tan malvados y de mentes tan simples que basta un cómic con mujeres voluptuosas semidesnudas para volverlos misóginos, que basta una canción de reguetón para volverlos golpeadores, que basta una película pornográfica para volverlos violadores?






[2] “Massive Review Reveals Consensus on GMO Safety”, en Real Clear Science, 2013
(http://www.realclearscience.com/blog/2013/10/massive-review-reveals-consensus-on-gmo-safety.html)
[4] “Crossing the Abyss”, Catherine Salmon, en The Literary Animal, 2005

10 comentarios:

Oneechan dijo...

Que buena entrada y en buena hora la vengo a encontrar. Estoy totalmente de acuerdo en que para opinar hay que estar informados, pero bien informados con base en datos sólidos, comprobados, no nada más porque si.
Por cierto, tu argumento de los cómics me parece muy interesante, a mi me gustan los cómics y soy mujer pero hasta cierto punto si me molesta el sexismo en el mismo :/ se me hace algo lamentable pero también es cierto que el material leído o visto no vuelve al receptor violento, malvado o sanguinario, no son elementos suficientes y si se "vuelve" así es que ya lo era desde un principio y no fue un cómic o una pelicula lo que lo causo.
En fin, me gustaría que abordaras este tema del sexismo en los cómics :)
Saludos, gran entrada.

Anónimo dijo...

totalmente de acuerdo como esos loquitos del 132 que querían "regular los medios" porque eran los culpables del retraso en el país. sin pruebas ni nada sólo censurar por su santa palabra. este tipo de argumentos con investigaciones es propio de los dictadorzuelos y sus seguidores como hugo chávez o amlo en mexico. buena entrada.

Reinhardt Langerhans dijo...

Suprema tu entrada, mi estimado Ego :D

A mi gusto, de las mejores que van de esta segunda mitad del año xD

Ese comentario meramente discursivo del final fue LA cereza del pastel *-*

Saludos ^^

Alvaro Murga dijo...

Me ha gustado tanto que la compartiré por Facebook.
Lo perturbador es como muchas politicas son legisladas no en base a los datos cientificos sino para satisfacer la opinión publica, que no siempre es la más acertada. Creo que ahí muchos fallamos como ciudadanos por no informarnos de ciertos temas. Antes diría que no había tiempo, pero con internet y un razonamiento claro, las excusas son más endebles.

Alvaro Murga dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alvaro Murga dijo...

Ok, en una segunda lectura, me acaba de venir a la cabeza el como funciona el sistema legal de USA (que lo conoce cualquiera que haya visto una serie policial o de abogados de factoría yanqui) y la extraña contradicción que es: tienen todas las pruebas, pero al final la decisión descansa en la habilidad del abogado de presentar un discurso que convenza al jurado a pesar de las evidencias.
No sé como será el sistema judicial mejicano pero me doy cuenta que el sistema chileno con tres jueces decidiendo, aunque paresca engorroso, es puede resultar mas eficiente. (No puedo creer que haya escrito eso).

Alexander Strauffon dijo...

Muchos de los elementos que incluyes son los que me llevaron a escribir mi entrada sobre los chivos expiatorios; una forma incorrecta de razonar y juzgar les lleva a encontrar a sus villanos, sus culpables, sus "cosas malas". Les sobran culpables en su lista.

Mariana dijo...

típico de los gringos: nunca es culpa de lo que ellos hacen, siempre es culpa de la música, las películas o los videojuegos y cómics...actitud que se ha ido diseminando por todo el mundo, y que es bastante lamentable...

Rick dijo...

Me recordaste a la revista gorila (revista punketa bien maciza) en la que decian : si empiezan a prohibir el regeton... despues querran proibir el rock, el skate.. etc.


saludos y chingona entrada

dario dijo...

http://www.ohdios.net/view/Humor-Grafico/264570-La-violencia-y-los-videojuegos-que-problema-

aproposito
jajaja

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