viernes, 6 de diciembre de 2013

World's Finest



            En ocasiones anteriores me he dado a la tarea de analizar el mito de Superman. Así, ya les he traído sendas entradas sobre el origen casi subversivo delHombre de Acero, y sobre el antagonismo entre Clark Kent y Lex Luthor como caras opuestas del Sueño Americano. El paso lógico era comparar a Superman con el otro personaje emblemático de DC y del cómic de superhéroes en general: Batman.

            Cuando alguien me pregunta “¿Quién es tu superhéroe favorito?”, siempre vacilo un poco antes de contestar. Quizá debería responder “Superman y Batman, empatados”, pero tampoco sería tan sencillo, puesto que cada uno me gusta por distintas razones y no están exactamente en el mismo nivel. Vamos, si alguien me preguntara “¿Quién es tu tercer superhéroe favorito?” respondería sin tapujos “¡Spider-Man!”. Pero tratándose de los primero y segundo lugares no estoy tan seguro… Así que pensando en qué es lo que me gusta de cada uno, me puse a cavilar sobre cómo son diferentes, representan valores diversos y casi tienen ideologías antagónicas.

Empecemos por lo más obvio: Superman tiene increíbles poderes innatos que lo hacen prácticamente un semidiós, mientras que Batman, gracias al entrenamiento duro y obsesivo, se ha convertido en un campeón de las artes marciales, experto criminalista y brillante científico. Lo segundo más obvio: Batman es un personaje más sombrío; vive en un mundo oscuro y trágico, y protagoniza historias que rayan en la sordidez. Superman es luminoso y sus aventuras son de corte épico, en las que lo más importante son el asombro y el heroísmo. No es de extrañarnos: Superman proviene de una tradición de heroísmo que viene de las antiguas leyendas míticas (Hércules, Sansón, el Ciclo Artúrico…) y que bebe profusamente de la reciente tradición de la ciencia ficción. Batman, por otro lado, desciende de las historias policiacas, del pulp y hasta del cómic de horror.



Superman surge en 1938, en el legendario primer número de Action Comics. Batman aparece sólo al año siguiente, 1939, en el no menos legendario número veintisiete de Detective Comics. Batman fue en gran parte una respuesta a la popularidad de Superman, pero siempre dentro de la línea policiaca y noir que caracterizaba a la publicación en la que debutó.

Los dos personajes saltaron a la popularidad rápidamente, así que la editorial decidió poner historias de ambos en una antología titulada New York World Fair’s Comics. Este número especial dio lugar a la famosa serie regular World’s Finest Comics, que antologaba historias de sus dos estrellas, pero en las que Batman y Superman nunca se encontraban. El primer crossover real entre el Hombre de Acero y el Caballero Oscuro se dio en 1952, en el número 76 de Superman y desde entonces World’s Finest convirtió estas historias de encuentros superheroicos como su marca distintiva.



El chiste de estas historias era solamente juntar a los dos personajes más populares de la compañía, es decir, tenía un propósito puramente comercial. Batman y Superman eran prácticamente los mejores amigos, y durante los años ñoños de la década de los 50 y los apenas menos ñoños de las dos siguientes la situación cambio poco (vean aquí para comprobar el nivel de ñoñez). A nadie se le ocurrió explorar la relación entre los dos personajes como una oposición con la posibilidad de convertirse en conflicto, sino hasta 1986, en que aparecieron The Dark Knight Returns  de Frank Miller, y The Man of Steel de John Byrne. Desde entonces, los buenos escritores han encontrado en las diferencias que distinguen a Batman y Superman oportunidades para crear obras muy interesantes.

            Si hablamos de cuál de estos dos tiene las mejores historias y los mejores personajes, la respuesta sería también fácil y obvia: Batman. El Caballero Nocturno ha protagonizado un sinfín de historias soberbias y clásicas, algunas de las cuales han marcado la historia del cómic en su evolución a la madurez. No creo que haya por ahí una historia de Superman al nivel de The Dark Knight Returns o Batman: Year One o The Killing Joke. Tengo que decirlo: Batman es el mejor personaje de cómics que existe. Diré aún más: Batman es uno de los grandes personajes de la literatura universal.



            No es que Superman no tenga historias muy buenas. Las tiene, sólo que no son ni tantas ni tan buenas como las que ha protagonizado Batman. Entonces, ¿por qué me gusta tanto Superman? Creo que lo he identificado: para mí, es una cuestión un poco sentimental y cursi. Batman tiene las mejores historias, pero Superman me inspira. A lo largo de las décadas, Superman me ha enseñado que hay que dar lo mejor de uno mismo; que cuando se tiene una habilidad especial no debe usarse para ponerse por encima de los otros, sino para beneficio de todos; que a veces te vas a estar muriendo de miedo, o de ira o de tristeza, pero no puede perder la entereza: tienes que levantarte y seguir peleando contra Doomsday. Y es que lo más importante de Superman no son sus poderes, ni su origen extraterrestre, ni los villanos a los que enfrenta. Lo que hace a Superman ser Superman es que es, ante todo, un buen hombre.

            ¿Qué hay acerca de Batman? Bueno, él ciertamente es un buen hombre, pero también está bastante tocado del cerebro. Si el impulso principal de Superman es la compasión, el de Batman es la ira. Más que hacer el bien, a Batman lo mueve el deseo de castigar al mal. Superman se convierte en un héroe porque sus padres le enseñaron que ayudar a los demás es lo correcto. Batman se convierte en un héroe porque sus padres murieron desangrados frente a sus ojos. Desde luego, todo ello es lo que hace a Batman un personaje bastante más complejo e interesante que Superman. Y eso es lo que hace a Superman un personaje bastante más entrañable e inspirador que Batman.

Nótese cómo la palabra que resalta en el cómic de Superman es PAZ y en el de Batman es GUERRA


En cuanto a los orígenes de cada uno, no deja de llamar la atención que Clark Kent sea un granjero (y recordemos que desde su primera aparición se le da a Superman un origen popular), mientras que Bruce Wayne es un millonario. Sí, es cierto que Kal-El desciende de una familia kriptoniana notable, pero esa herencia no tuvo mayor influencia en su formación sino hasta que él era un joven adulto. Fue el haber crecido en una granja con gente sencilla y trabajadora lo que forjó su sentido de la moral.

Formación recibida por Clark de sus padres.

Por el contrario, Batman es un personaje totalmente aristocrático: no sólo tiene una fortuna prácticamente inagotable, no sólo vive en una mansión (que está a la vez por fuera y por encima del resto de Ciudad Gótica) y no sólo es llamado el Caballero Oscuro, sino que desciende de una familia que en Europa había pertenecido a la nobleza y en la que literalmente habían existido caballeros. Batman vive cual señor feudal en su castillo, del que emerge para poner orden entre sus vasallos. Imponiéndose mediante la violencia, como un ente hobbesiano, Batman llega a poner orden en un mundo salvaje y caótico, en el que los seres humanos se depredan unos a otros. Los monstruos a los que Batman combate son engendros de la misma sociedad enferma, producto de la corrupción, la pobreza, la locura y el crimen, vicios que se generan y alimentan unos a otros en un círculo vicioso interminable. El Joker, su peor enemigo, es la encarnación extrema de ello: una fuerza del caos que sólo quiere ver arder el mundo.

Formación recibida por Bruce de sus padres

La relación de Superman con el poder igualmente compleja, pero distinta. Sólo utiliza el suyo cuando el poder de alguien más pone en peligro la vida o libertad de la gente común. Desde su primera aparición su misión ha sido defender a los débiles del abuso de los poderosos, ya fuera el marido golpeador, el político corrupto, el gángster, el conquistador extraterrestre o el capitalista corrupto como Lex Luthor. Este último, su peor enemigo, es alguien que utiliza el poder (económico) para ponerse por encima de los demás y aprovecharse de ellos; el trabajo de Superman es mantener a raya ese abuso de poder. Y como Clark Kent, su trabajo periodístico se centra en historias de interés humano y en el destape de la corrupción. Pero fuera de ello, Superman rara vez tiene que poner orden; por lo general sólo tiene que defender a la gente común de amenazas externas y extraordinarias, tales como invasores extraterrestres, monstruos mutantes o científicos locos. Estos seres se aparecen en medio de la normalidad de Metrópolis, y el Hombre de Acero llega para detenerlos de forma que la sociedad pueda seguir con dicha normalidad. Mantenido a raya el abuso de poder, la gente común tiende al bien, y es el bien intrínseco en cada ser humano algo en lo que Superman cree firmemente. Si Batman es Hobbes, Superman es Rousseau.

Hay un par de cómics clásicos que representan especialmente bien la oposición entre Batman y Superman. El primero de ellos es The Dark Knight Returns, en el que un anciano Bruce Wayne vuelve a su papel como Batman cuando se da cuenta de que su ciudad ha vuelto al caos descontrolado. En el último acto Superman aparece para detener a Batman, pues pone en peligro el frágil equilibrio social. En un mundo en el que los héroes se han retirado porque el pueblo ya no confía en ellos, Superman acepta el trato impuesto por la sociedad y trabaja en secreto con el gobierno de Estados Unidos. Pero Batman regresa para restaurar el orden, y le importa un comino que la gente quiera o no a los superhéroes. Ello es lo que lleva al enfrentamiento final entre ambos héroes.



En la novela gráfica Kingdom Come, un Superman de edad madura se enfrenta a la realidad de que la gente ya no lo quiere, ya no confía en él, y piensa que sus métodos son demasiado blandengues para protegerlos. Al ver que ahora prefieren a “héroes” violentos que no duden en usar métodos letales, un decepcionado Hombre de Acero parte al exilio. Batman, por su parte, nunca se retira; viejo y débil, sigue cuidando Ciudad Gótica con una tropa de robots que vigilan y castigan el crimen. Batman no se decepciona porque no tiene nada de qué decepcionarse; siempre ha sabido que el mundo es una jungla salvaje, y que su trabajo no es construir ninguna utopía, sino mantener el caos a raya (y se ríe de Superman y su ingenuidad sentimentaloide).



Esto nos dice mucho sobre los principios democráticos que rigen la moral de Superman. A él le importa que la gente lo acepte, que le brinde su confianza; le importa ser un buen ejemplo. Esa fidelidad a la democracia es la que lleva a Superman a aceptar incluso que Lex Luthor, su peor enemigo, sea electo presidente de los Estados Unidos. A Batman, por el contrario, no le importa nada de eso. Siendo un aristócrata, está por encima de las opiniones que la plebe ignorante tenga sobre él; no necesita la aprobación de nadie porque sabe que su misión es la correcta y que nadie más puede llevarla a cabo.  Su objetivo es sembrar terror en los corazones de los malvados, y si bien es cierto que cuando se topa con gente inocente es cortés (recuérdese que es un caballero), prefiere no tener mayor contacto con ellos (incluso prefiere que su existencia sea considerada una mera leyenda urbana).





En este sentido, Batman es, irónicamente, mucho más un superhombre nietzscheano que Superman. Éste es solamente un hombre bueno, justo y valiente, que hace lo que cualquier persona buena, justa y valiente haría de tener la posibilidad de hacerlo. Más bien kantiano, Superman cumple con su deber por el deber mismo. Batman en cambio supera sus propias limitaciones humanas, se dota a sí mismo de poder y autoridad, y luego los utiliza de la forma en la que cree que es correcta, pasando por encima de las leyes y los convencionalismos. Superman, a pesar de sus enormes poderes innatos, no se pone por encima de los demás, incluso si en ocasiones viola o tuerce las leyes para hacer justicia. Batman, por su parte, rompe las leyes metódicamente, pues su misión personal es más importante que todo lo demás.


Además, el compromiso de Batman con su causa es aún mayor y más obsesivo que el de Superman. Batman prácticamente ha renunciado a una vida más allá de la capa; Burce Wayne es un disfraz que le cuesta mucho trabajo usar; casi todas sus relaciones son otros héroes, sus discípulos o villanos. Clark Kent, en cambio, tiene toda una vida, una carrera, amigos, seres queridos. Cuando tiene que actuar como Superman, se pone el disfraz, pero él en realidad es Clark Kent. Batman es justo lo contrario.

Ambos, con todo, se han enfrentado al poder de diversas formas: empresarios, políticos y policías corruptos se han visto en algún momento frustrados en sus planes por uno u otro superhéroe. Si algo tienen en común estos superamigos es que, independientemente de  la forma en la que ellos tienen el poder y lo usan, uno de sus objetivos es que aquellos otros que también tienen poder nunca abusen de él ni lo empleen en contra de la gente inocente. Por supuesto, eso implica que deben asegurar a toda costa que sean ellos quienes tengan el poder y no alguien “equivocado”. Aunque sus intenciones sean benévolas, lo cierto es que tanto Batman como Superman ejercen una forma de dominio cuasi político sobre sus poblaciones, pero Bruce Wayne abraza por completo esta realidad, mientras que Clark prefiere pensar que sólo está echando una mano y nunca intervenir más de lo estrictamente necesario.



No podemos olvidar, finalmente, que ambos están luchando por la justicia, tal como ellos la entienden. A su manera, Batman y Superman están del lado del bien. En manos de un buen escritor, Batman y Superman tienen excelentes historias, en las que sus mismas diferencias pueden ser interpretadas como oposiciones irreconciliables o como actitudes complementarias. No ha habido personajes de cómics con mayor influencia en la historia del medio que ellos; todos los demás superhéroes le deben algo a uno u a otro o a ambos: por un lado los héroes brillantes, poderosos e inspiradores, y por el otro los personajes oscuros y atribulados que se encuentran al margen de la ley y de la cordura (Spider-Man está más o menos en medio).


Éste ha sido un texto más bien escueto e incompleto en el que planteo mis desordenados pensamientos sobre mis superhéroes favoritos. En realidad, hay muchísimo que se podría escribir sobre Batman y Superman (literalmente, es un tema de tesis). El tiempo y el espacio no me permiten extenderme más, así que me despido ahora con la esperanza de haberlos motivado a leer y reflexionar sobre estos dos héroes pues son, en mi opinión y de muchos, los mejores del mundo.



7 comentarios:

Alvaro Murga dijo...

Esta entrada la debías hace rato.
Yo por mi parte prefiero a Superman, no siento gran afinidad con playboys millonarios (de cualquier compañía, debo agregar. Ellos son el 1%). Ojala algún escritor aprovechara esta diferencia social
Morrison comentaba que lo relevante en Superman es que a pesar de ser un tipo que podia ver partirse los atomos, también podia ser herido en el corazón (que cursis suena este parafraseo). Pero la verdad es que me emociona y me llegan e inspiran más las historias de Superman que las de Batman (que terminan por ser deprimentes) y que te hacen preguntarte porque no lo han encerrado en Arkham junto con el resto de sus villanos. Y después de la película de Nolan, no puedo evitar pensar que el granjero es más liberal en sus posturas. Pero esto último es ilusión mía.

Maik Civeira dijo...

Estoy completamente de acuerdo, pienso igual que tú.

Danielov dijo...

De las portadas ramplonas de World's Finest, mi favorita era aquella donde Superman, Batman y Robin juegan carreras de carritos hechos con cajas de jabón. XD
Concuerdo con tu visión de esta dicotomía. Así como Spiderman es el balance de ambos en Marvel, Green Lantern hace lo mismo en DC: poder, responsabilidad, inicios trágicos y una humanidad aderezada con el arma más poderosa del universo. Como alguna vez comentaba, en palabras de Van Sciver: Batman representa la oscuridad y el temor; Hal Jordan, la luz y el valor.

Saludos.

TORK dijo...

Uffff.

Empiezo por aclarar mi postura como admirador acérrimo de Superman (lo que todos saben) y por el hecho de que simple y sencillamente me caga Batman (cosa que, creo, nunca he dicho).

Volviendo a Kingdom Come, Marvila describe en 2 palabras a Batman: un bastardo aristócrata y, creo, Batman es la imagen perfecta del despotismo ilustrado. Personalmente disfruto cuando es exhibido («¿Qué es Batman cuando uno no le tiene miedo? Sólo un hombre») o humillado (una de mis imágenes favoritas de cualquier cómic es cuando Hal Jordan lo derriba).

Superman no siempre ha tenido momentos de luz. En Kingdom Come ─donde por cierto, no se exilia porque no lo quieren, sino por la culpa de lo ocurrido en Kansas─, The Dark Knight Returns ─donde el hijoputa de Miller lo trata de forma muy injusta, pues el Superman reflejado es una parodia incluso para la época. Miller hizo una demostración gráfica de la falacia del hombre de paja─ y otras historias se muestra deseoso de ayudar y poner orden, pero en la práctica suprime la libertad de elección de los demás al asumir la postura tajante de «con nosotros o contra nosotros».

Una buena oportunidad de explorar la relación entre ambos y que sin embargo no cuajó fue Generaciones de John Byrne. Ellos prácticamente no interactúan entre sí y eso que emparentaron.

Coincido en que las historias más inspiradoras son las de Superman (aunque «la última vez que inspiraste a alguien fue cuando estabas muerto») y que aunque Batman es muy rico como personaje de cómic, Superman sigue siendo EL superhéroe.

Y ya. Pude hacer el comentario sin recurrir a la cita cliché de La noche final de «Son los más grandes héroes. Todos los demás admiran a uno o al otro»... chale, ya la dije.

Maik Civeira dijo...

No, lo que pasa en Kansas sucede mientras él está en el exilio, chécalo.

TORK dijo...

Cierto. Se va después de la absolución a Magog.

Alexander Strauffon dijo...

Batman, en su moral caótica-neutral, plantea situaciones y emociones mucho más reales que el mundo cuadrado luminoso de Superman.

¿Qué puedo decir? Soy fan de Batman; de Superman tengo algunos comics en mi coleccion, siendo mis favoritos los de los 4 Supermanes que surgieron luego de su muerte ante Doomsday. Ah, el Superman-Erradicador, ese sí que sabía ser intenso con quien se lo buscaba.

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