lunes, 25 de marzo de 2013

Tres discursos estudiantiles





La semana pasada, justo antes de salir de vacaciones, tuvo lugar un concurso de oratoria interno. Como soy el profesor de español, me encomendaron entrenar a la joven y los dos jóvenes de secundaria que concursarían. Mi experiencia en oratoria es de poca a nula, por lo que después de dos o tres sesiones, insté a las autoridades escolares para que escogieran a una maestra con mayor experiencia para la parte de la oratoria en sí, lo cual hicieron.

Mientras tanto, como en eso de la ensayística sí tengo algo de experiencia, me quedé con la parte de la redacción de los discursos. Ahora bien, quiero aclarar que estos discursos son enteramente de los chicos que después los enunciarían en el concurso. Ellos escogieron sus temas y elaboraron los primeros borradores. Al principio sólo los ayudé a aterrizar sus ideas; después me pasaron los textos en digital y les corregí la ortografía y la redacción, y añadí algunos ejemplos para ilustrar lo que ellos decían y para completar el tiempo requerido. Pero en realidad los discursos son de ellos. 

En fin, su participación y sus mismos discursos me parecieron tan admirables que aquí se los comparto. Seguramente que pondrán a varios de ustedes a echar coco.

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN
Rafael Reveles


"Hace más ruido un hombre gritando que cien mil hombres callados" 
José de San Martín

Buenos días estimado jurado, señoras y señores e invitados que nos acompañan. El día de hoy he venido hasta este podio para traerles un mensaje muy importante que nos afecta a todos y cada uno de nosotros: el derecho a la libre expresión.

El derecho a la libre expresión es uno de los muchos derechos que nos respaldan. Este es, sin duda, uno de los más especiales ya que es esencial para la lucha pro-respeto y la promoción de los derechos humanos.

Cierto día escuché una historia acerca de un hombre sabio que tuvo la ocurrencia de expresar su opinión acerca del gobierno. Lamentablemente, nuestra historia termina con una horca y un verdugo. ¿Por qué? Porque el peor temor de la tiranía y el mal gobierno es un poder mayor, el de nuestra voz. Por ende podemos afirmar que tenemos un escudo, un arma, que nos da seguridad y nos protege contra esa corrupción, contra ese gobierno tirano, que se entierra como una espina sobre la llaga y crece como la mala hierba. Es hora de levantar la voz y decirle a todos esos tiranos ¡ALTO!¡No nos silenciarán más! Porque el silenciar a su pueblo no es mas que activar una bomba de tiempo y uno se puede acostumbrar al tic tac pero si algo sé, es que algún día, después del tac vendrá el boom.

En la actualidad enfrentamos un gran problema con respecto a este tema, pues a pesar de estar vigente nuestra libertad de expresión, los mismos que antes nos callaron hoy han dado un nuevo giro a su estrategia, en vez de silenciarnos a la fuerza nos han hecho demeritar la libertad de expresión dándole una importancia mínima, hemos llegado a un punto en el que la gente pierde sus principios básicos para opinar, nos hemos sumido en la ignorancia, nuestra cultura ha ido decreciendo con una rapidez que asusta. Porque, ¿cómo podemos externar lo que nos aqueja, si no sabemos nuestro padecer? La información es un poder y es nuestra obligación externar el conocimiento que se nos ha conferido, por que como se dice “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad“.

No debemos dejarnos llevar por lo que oímos o por lo que “se dice“; en cambio debemos investigar y buscar la opción que nos favorezca mas a todos.

Es común pensar acerca de todos los problemas que nos afectan a todos y podríamos decir “ojalá que algo cambie“o “esperemos que alguien haga algo“, pero sabemos que si queremos algo hay que hacerlo nosotros; si en realidad queremos un cambio debemos empezar alzando la voz, opinando, intentando entender, pero sobre todo permanecer unidos y triunfar. No estamos aquí por azar todos tenemos un propósito y un fin.

En este preciso momento estoy consciente de muchas cosas que nos afectan a todos, este día no estoy aquí para decirlo, pero lo hare algún día, por que estoy convencido de que es mi deber. No esperemos a ver el cielo caer, pongamos énfasis en externar nuestras ideas. Porque, ¿Qué seria de nuestro mundo sin los grandes héroes que nos regalaron su opinión? ¿Qué sería de nuestro mundo sin un Gandhi o un Martin Luther King? ¿Seremos acaso libres sin pedir la libertad?

Señoras y señores, ¡defiendan su libertad de expresión! Y sobre todo, ¡úsenla! ¡Úsenla para denunciar lo que está mal! ¡Úsenla para promover las buenas ideas, las soluciones a nuestros problemas! ¡Úsenla para combatir la ignorancia, a frivolidad, la corrupción y la tiranía!

El día de hoy espero haber despertado en ustedes la importancia que tiene la libertad de expresión en nuestras vidas, porque todo lo que hacemos no sólo nos afecta a nosotros, también afecta a los demás; piensen en sus hijos esos pequeños retoños que sin nuestra voz no serán mas que presas delante de una fiera. Luchemos, señores, ¡LUCHEMOS! Por un mejor futuro, un futuro en el que todo sea armonía y amor.

LA EDUCACIÓN QUE REALMENTE IMPORTA
David Vega


“La verdadera educación, lo mismo de la juventud que de todas las demás edades de la vida, no consiste en reprender, sino en hacer constantemente lo que se diría a los demás al reprenderlos.”

Platón

Buenos días, señoras y señores del jurado, autoridades académicas aquí presentes, y demás invitados a esta justa de las ideas.

Hoy he decidido romper el silencio. Hoy he decidido gritar muchas cosas de las que llevo dentro. Hoy he decidido gritar a los cuatro vientos, ¡Basta ya! Basta ya de engaños, de corrupción, de faltas a la integridad.

¿Qué pasa hoy en día con la educación? Claro que hay que valorar las clases de la escuela: matemáticas, español y ciencias... Pero, ¿y qué hay con lo demás? ¿Qué hay con aquella educación que más importa, la que forma personas? ¿Qué hay con eso que sólo podemos aprender mediante el ejemplo?

Hoy he decidido romper el silencio, y protestar. Sí, yo protesto, protesto ante todos ustedes,  los adultos por esa imagen que han puesto a nosotros los jóvenes. ¿Quién de ustedes no se ha expresado o pensado más de una vez, caracterizándonos como apáticos, irresponsables o rebeldes?

¡Mentira! Si algo caracteriza a la juventud de hoy es su desbordante energía. Un joven quiere y debe probar sus fuerzas, salir adelante, abrirse camino en la obscuridad del mundo que le ha tocado vivir.

Pero, ¿dónde está el ejemplo que nos dan, para apartar las tinieblas de nuestro camino?  ¿Saben ya de lo que estoy hablando? ¿Quién sabe hoy en día lo que es la educación, la integridad? ¿Quién puede mostrarnos cómo vivir bien? ¿En qué escuela dan clases para ser una mejor persona?

¿Apáticos nosotros? ¿Y qué nos han enseñado ustedes cuando se quedan como si nada ante la corrupción, la violencia y la pobreza que afectan nuestro mundo? ¿Irresponsables? ¿Qué nos enseñan ustedes cuando faltan a sus deberes como padres, como esposos, como ciudadanos? ¿Rebeldes? ¿Y cuando ustedes se rebelan contra las reglas y las leyes más sencillas, porque así parece que conviene?

Los adultos nos dicen que hay que ser honestos, que hay que tratar a todos como nos gusta que nos traten, que hay que respetar los valores de la familia y atesorar la amistad. Pero luego los vemos traicionando esos mismos valores cuando se trata de buscar provecho para sí mismos. Los vemos violar las reglas, hacer trampa y hacerse de la vista gorda. ¿Lo niegan? ¿Cuántas veces les han dicho a sus hijos que no deben mentir? ¿Y cuántas otras los han incitado a hacerlo? “Dile al señor que eres más chico para que nos salga barato el boleto.” “Diremos que te enfermaste para que podamos irnos de viaje.” Con esta forma de hacer las cosas, ¿qué clase de personas esperan formar?

Por un lado nos predican valores muy bonitos. Pero la verdad es que en este mundo, como lo han hecho ustedes, el que sigue siempre las reglas, el que respeta a los demás, el que es generoso, es tachado de “bobo”, mientras que aquél que se pasa por alto las leyes, que se aprovecha de sus vecinos, que pasa por encima de quien tenga que pasar para alcanzar una idea corrupta de éxito, es admirado como “el triunfador”. Sí, “no robarás” es un mandamiento, pero “el que no transa no avanza” parece ser la regla de oro.

Si nos enseñan que esos valores tan sagrados pueden ser violados o pasados por alto según conviene, ¿dónde está el límite? ¿Dónde está el límite entre mentirle a un maestro y mentir en una declaración fiscal? ¿Dónde está el límite entre violar una regla de tránsito y violar las leyes de la Constitución?

Estamos acostumbrados a engañarnos a nosotros mismos, diciéndonos que sólo hacemos lo que nos conviene, así como lo hace todo mundo, para tener una mejor vida. Pero así es como nos llevamos una mentira tras otra, una traición tras otra, y terminamos manchando lo que hay de bueno en nosotros, sintiendo una culpabilidad terrible en nuestro interior, o perdiendo por completo la conciencia. Cambiemos eso y seamos el tipo de personas que necesita este mundo para prosperar, ciudadanos honestos con nuestros semejantes y especialmente con nosotros mismos.

¡Basta ya! ¡Basta de no educarnos con lo que importa realmente! Basta ya de buscar los valores en donde no los hay. Hoy he decidido gritar a los cuatro vientos que todos; sí, todos nos merecemos otra oportunidad; otra oportunidad para continuar con nuestras vidas enseñando y aprendiendo lo que más importa; enseñando y aprendiendo a ser íntegros y lo más honestos posible; sacar nuestra lamparita en este oscuro mundo e iluminar nuestro propio camino y así encontrar lo que en realidad importa: vivir en amor, en armonía y especialmente sintiéndonos honrados de hacerlo, ayudando a traer el cambio, sin importar que los cínicos piensen que somos ingenuos o idealistas.

Hay que dejarnos gritar este mensaje… y escucharlo nosotros mismos, siendo honestos, para darnos cuenta de la importancia de la integridad y de los valores, y así poder educarnos y educar con la verdad, una verdad que nos llevará a ayudarnos y a ayudar a los otros, una verdad que nos llevará a una mejor vida, a un mejor mundo. Ya es hora de comprometernos a enseñar lo que son realmente el respeto y la integridad, no quedarnos con sólo engaños, hipocresía, disfraces que la sociedad nos ha llevado a usar, para sentirnos bien con nosotros mismos a base de mentiras.

Hoy he decidido decirles a todos ustedes que el momento de actuar es ahora… no mañana, ni la próxima semana, ni después ¡Ahora!  El conjunto de experiencias de ustedes, los adultos, nos pueden ayudar si lo comparten sin juzgarnos y, estableciendo una buena comunicación entre nosotros, nos mostraremos mutuamente un nuevo camino para recorrer. Uno con más luz y menos tinieblas.

Hoy invito a cada uno de ustedes a ir mucho más allá, ahí dentro donde sólo uno puede llegar, los invito a descubrir todo eso que sólo ustedes saben que tienen para dar y poder construir un mundo mejor.

Hoy hay que dejarnos decir lo que tenemos que decir, escucharlo y creérnoslo, para ver si así nos damos cuenta de lo importante que hay para valorar y así tener el valor suficiente para hacer el cambio.

Los días pasan y yo sigo escuchando una pequeña voz en mi mente que me dice que es momento de hablar. Hoy he decidido escuchar a esa voz para poder decirles a todos ustedes lo que podemos hacer, cambiar la educación, o tan solo agregarle lo que sea necesario para tener una mejor vida. Y ahora que el viento lleve el mensaje para transmitirlo a todo el mundo.


Gracias. 

LA RESPONSABILIDAD DE LOS JÓVENES EN EL MÉXICO CONTEMPORÁNEO
Alondra de la Rosa


“Por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad.”

Diego Luis Córdova, pensador colombiano

Mis más cordiales saludos, maestros, maestras, jurado, compañeros, y público presente el día de hoy. He venido para hablarles de un asunto de suma importancia para nuestra actualidad.

¿Qué responsabilidades tenemos los jóvenes en el México contemporáneo? Hay muchas respuestas para esta pregunta; una de ellas se puede resumir en una palabra: educación. La educación, que desarrolla las cualidades del ser humano al máximo, que lleva a los pueblos hacia el futuro y el progreso; ese complejo ideal que es a la vez derecho y obligación.

¿Derecho? Se ve y se lee a menudo en los medios que muchos jóvenes dejan la escuela. Pero no lo vean en la tele; salgan a la calle y cuenten cuántos jóvenes ven de 19, 15, 12 hasta de 10 años que trabajan. Estamos acostumbrados a ignorar estas realidades incómodas, pero aunque sea por un día, salgan y cuenten a los muchachos y jovencitas que deberían estar en la escuela, pero no están ahí, y yo les digo que no van a poder sacar cuentas. ¿Saben por qué? Porque son incontables. Ahora imaginen cuántos jóvenes que trabajan hay Mérida, en el estado, en el país. Dense cuenta: ¡es una realidad!

No es como el niño pequeño que teme a un monstruo que vio en la tele, pero que tiene a su mamá para decirle que no existe. ¡Este monstruo en real! ¡Y sólo un necio vendrá a decirles que no existe! La mayoría de los niños que entran a la primaria no llegan ni a la prepa. ¿Por qué?

Hay varias razones para esto. Una de ellas es jóvenes que prefieren trabajar, que a la primera oferta de trabajo van tras ella como un perro a un hueso. Ellos son jóvenes que ya quieren ganar su dinero (y gastarlo como ellos quieran), crecer y ser independientes. “¡Qué irresponsables!”, pensarán ustedes “¡Qué ingenuos!”.

Pero en esto no toda la culpa se dirige a ellos. ¿Cómo convences a un adolescente que pase los siguientes 10 años de su vida sentado en un aula, cuando podría empezar a ganar dinero ahora? ¿Cómo lo convences de que esa espera vale la pena cuando muchos profesionistas con carrera y título están desempleados o subempleados? ¿Cómo lo apartas de la tentación de vivir sólo el aquí y el ahora, cuando en un país con crisis y violencia el mañana es incierto? ¿Cómo los convencemos de volver a la escuela, cuando muchas de ellas tienen mala infraestructura, maestros mal preparados y programas mal hechos?

Pero si algunos adolescentes abandonan sus estudios por voluntad, hay muchos otros en que lo hacen por necesidad. Aquí en México hay mucha pobreza, desgraciadamente, y es un problema que ha existido desde hace muchos años y muchos jóvenes, aunque lo quisieran, no podrían estudiar porque necesitan mantenerse a ellos mismos y a veces hasta a sus familias.

¿Y qué hay de los adolescentes que lo tienen todo, que no tienen que trabajar porque a sus padres les alcanza el dinero, que tienen acceso a las mejores escuelas de paga, a los mejores recursos, a Internet, a libros…? ¿Cuál es su excusa? Lo tienen todo y no lo aprovechan. Dejan a un lado lo que es importante, de lo que depende su futuro, por cosas que sólo los satisfacen al momento. Esto incluye la vida social, los juegos, y hasta los vicios y adicciones, entre otras cosas.

El día de hoy la tecnología hace cosas increíbles: teléfonos con wifi, cuadros touch y hasta conciertos con hologramas. Y sí, son maravillosas; y sí, todo padre querrá que sus hijos tengan lo mejor… Pero, ¿vale la pena si los jóvenes se desvelan toda la noche para pasar el próximo nivel de un videojuego? ¿Les compran iPhones a sus hijos para que se la pasen en las redes sociales en vez de atender a clases y hacer su tarea? ¿Y qué pasa con el muchacho que se va toda la noche de fiesta? Se la pasa saliendo todo el tiempo y no se interesa por su educación. ¿Y qué hay con el que cae en el alcohol, en las drogas? ¿Es que jamás tendrá un alto?

Después los papás reclaman a las escuelas por las bajas calificaciones de sus hijos. Pero ¿y cuando dejó de hacer la tarea por jugar los videojuegos que ustedes les compraron? ¿Cuando no estudió por irse de fiesta con el dinero que ustedes le dan casi sin límites? ¿Cuando faltó a clases porque ustedes se los llevaron a Disneylandia a medio año escolar? ¿Eso a quién se lo reclaman?

Mamás, papás: sus hijos no necesitan unas vacaciones de lujo, ni la última consola de videojuegos, ni que les den gastadas millonarias; lo que realmente necesitan son figuras de autoridad, guías que les hagan darse cuenta de las cosas importantes de la vida, que los preparen para el futuro.

“Ah, bueno, pero esto no es mi culpa”, pensarán algunos de ustedes “Yo sí atiendo bien a mis hijos”. Quizá como individuos no todos podamos ser culpados, pero como sociedad todos somos responsables.

En primer lugar, el adolescente: no se puede hacer nada sin que los jóvenes estén dispuestos a esforzarse y estudiar, que se dé cuenta de lo importante que es. En segundo, los adultos: apoyen a sus hijos y hagan lo imposible para que pueda ir a la escuela, y si ya va a ella, que la aprovechen. En tercer lugar, el gobierno: necesitamos su apoyo con escuelas públicas, becas para alumnos de escasos recursos y para que todos puedan estudiar; y como ciudadanos debemos exigirle todo esto a los que quieren gobernarnos.

¡Padres, ustedes como autoridades deben enseñarles a terminar todo lo que empiezan! ¡Les deben enseñar a conseguir sus metas! Porque ustedes, padres, con la experiencia de la vida, ¿creen que si sus hijos se quedan quietos sin hacer nada útil solitos van a alcanzar sus sueños?

Muchachos, ¡no se queden callados! ¡Exijan que les lleven a la escuela! ¡No es sólo una obligación, sino un derecho que cada joven debe recibir y cumplir! ¡Levanten su voz para obtener lo que merecen por derecho!

Me despido con una historia que encierra una reflexión final. Una noche un joven fue a un concierto de piano. Al escuchar al talentoso pianista el joven quedó encantado de su arte, y cuando terminó el concierto, se le acercó y le dijo: “Yo entregaría toda mi vida por tocar como tú”. Y él le respondió: “pues eso hice, entregué toda mi vida para tocar como lo hice esta noche”.

Gracias.





jueves, 21 de marzo de 2013

El provincianismo meridano se luce en la FILEY



La Feria Internacional de la Lectura del Estado de Yucatán (FILEY) es un magno evento organizado por la Universidad Autónoma de Yucatán en colaboración con el Gobierno del Estado. Es, para no hacerles largo el cuento, una feria del libro con todo lo que suele tener una feria del libro: venta de libros con la presencia de editoriales de todo el país, presentaciones de escritores, proyecciones de películas, conciertos, representaciones teatrales y demás eventos culturales.

Ahora bien, para una ciudad que alguna vez fue nombrada Capital Americana de la Cultura, esta blanca urbe a menudo hace gala de su provincianismo al momento de la organización de eventos culturales. Este provincianismo no está en la calidad de las obras artísticas y actos culturales que se presentan, pues éstos sí que suelen ser de categoría mundial. No, el provincianismo está en lo condenadamente chafa de la organización de dichos eventos, muchas a veces a cargo de gente que no tiene mucha idea de cómo se gestiona la cultura, o de cuál debe ser el protocolo en un evento cultural que se precie de serlo.

Cierto viernes, un amigo se comunicó conmigo por chat para anunciarme que se comunicarían conmigo los organizadores de la FILEY, pues querían invitarme a presentar un libro. Minutos después me llamaron por teléfono, pero querían que les presentara el libro del día siguiente, el sábado. Les dije que así, a las carreras, no sería posible, pero que con gusto prestaría mis servicios para otro evento con un poco más de tiempo. Entonces me asignaron una presentación del lunes (y el sábado me rolaron el libro que habría de presentar).

PRIMER ERROR: ¿Desde cuándo habrían estado planeando la FILEY? ¿Desde hace cuánto que sabían qué autores se presentarían y en qué fecha y horario lo harían? Meses, por lo menos. Entonces, ¿cómo es posible que estuvieran buscando presentadores a unos días del evento?



No revelaré el nombre del libro ni de su autor para no involucrarlo en este asunto. Baste con saber que es un libro de historiografía escrito por un francés con doctorado en historia. ¿Y a quién consiguieron para esa magna presentación? A un maestro de secundaria y prepa con poco más que una licenciatura. Pero eso no es lo peor: la verdad es que los que me hablaron no sabían nada de mí (más que por la recomendación de mi amigo). No sabían quién era, ni a qué me dedicaba, ni pudieron escribir bien mi apellido. O sea, si mi cuate les hubiera recomendado que invitaran a su abuelita, probablemente los de la FILEY lo habrían hecho sin averiguar más al respecto.

SEGUNDO ERROR: El autor tiene un doctorado en historia y viene respaldado por una editorial maciza, tratando un tema importante y controvertido que concierne a nuestro país. Merecía un presentador a su altura, una autoridad local experta en historia, un profesor de la misma Universidad, por ejemplo. Ciertamente no a un chen maistro de nivel medio superior (o sea, yo).

Llegué a la FILEY temprano. Me llevaron a una oficina donde esperé mientras el autor era entrevistado por los medios locales. Me presentaron con él unos segundos antes de que tuviéramos que salir al escenario. Puedo imaginar la decepción doctor cuando le dije que era licenciado en literatura, pero la verdad es que no hice mal mi papel, y al terminar agradeció mis palabras y me firmó una dedicatoria muy cordial en el libro.

Pero volviendo al momento de la presentación, me topé con que los voluntarios de la UADY (famosos por ser explotados como elfos domésticos en esta clase de eventos) no sabían muy bien cuál era el protocolo de la presentación de un libro. No tenían moderador o maestro de ceremonias, e imaginaban que era la tarea del mismo presentador del libro guiar el evento, ante lo cual les dije que NO, que necesitaban a alguien que hiciera esa tarea. Lo hizo un chavillo, con bastante torpeza, que no pudo pronunciar bien el nombre del autor, ni de la obra, ni de la editorial (y a mí ni me mencionó).

TERCER ERROR: Encargan a muchachos sin experiencia ni conocimiento de los protocolos acostumbrados para la realización de eventos culturales, dejando muy mal parados a la FILEY, a la UADY y a Mérida.

Fue hasta que terminé de leer mi ponencia que reparé en el público. Antes, con las prisas para subir al escenario, apenas los miré de reojo, pero noté que la mayoría de los asistentes eran mujeres jóvenes. "Qué bien," pensé "Chicas inteligentes a las que les gusta la lectura y la historia". Pero mientras el autor hablaba, pude fijarme mejor en ellas y me di cuenta de que era más jóvenes de lo que había supuesto. Luego me extrañó que fueran casi exclusivamente mujeres. Entonces empecé a notar que traían camisas de uniforme escolar, y que además estaban sentadas en grupitos de diez o doce que correspondían con los colores de su uniforme. 

Entonces caí en la cuenta: eran estudiantes de prepa acarreadas (lo cual es perfectamente natural en cualquier cosa que organice un gobierno priista). Se me rompió el corazón. Ahí estaba el autor del libro, un doctor en historia, hablando entusiasmado de sus investigaciones y de las anécdotas del pasado, mientras la mayoría de sus palabras caían en saco roto. Lo sé bien, la dinámica funciona de esta manera: le dan a los alumnos unos formatos que tienen que llenar con la información de un mínimo de eventos a los que deben asistir para que se les cuente como tarea realizada. No puedo asegurar que éste fuera el caso, mas sospecho con el pecho y calculo con el cerebro que así fue.

¡Mare! ¿Qué serán estas ondas?


CUARTO ERROR: Un libro como el que se presentó esa tarde tiene su público en Mérida. Hay estudiantes y profesores de historia, o personas que disfruten de leer de estos temas en general. Si los organizadores de la FILEY se hubieran encargado de promocionar este evento en los canales adecuados, habrían tenido un salón lleno de posibles lectores, y no de adolescentes deseando salir del paso.

En fin, se acabó el evento. El autor se puso a firmar ejemplares de como una docena de compradores. Los organizadores me devolvieron mi morralito, me dieron las gracias y me despacharon sin más ni más. No me pagaron, ni esperaba que lo hicieran. Pero en estos casos lo mínimo que se le pueda dar a un participante es una constancia y un paquete de libros de la institución que organiza (siendo sinceros, ya me veía yo con dos o tres libros de esa editorial, que son bien caros). Pero esta vez, nada. 

[Nota: Desde que publiqué esta entrada, los ataques en mi contra se han centrado en mi queja de la paga. Supongo que porque no pueden responder a las otras críticas y es más fácil ponerse en plan de "miren, lo único que le impora es el dineeeeero!!!!1" que reconocer y abordar los otros defectos en la organización del evento. Aclaro que el asunto de la paga ni siquiera es la prioridad, y que la critica no va porque yo quiera dinero, sino porque de alguna manera se tiene que reconocer el trabajo de quienes participan en los eventos culturales, o nunca aprenderemos a darle importancia.]

QUINTO ERROR: En Mérida se acostumbra a que la cultura sea gratis. No solamente que se le ofrezca gratuitamente al público, sino que a los que participan en foros, presentaciones, mesas páneles y similares por lo general no se les paga (y cuando se hace, es con libros), como si lo que hacen no costara esfuerzo, como si el conocimiento necesario para hacerlo no les hubiera costado años de estudio o entrenamiento. No, aquí en Ciudad Plana se sigue pagando con "la oportunidad para darte a conocer, mi chavo", mientras que en un lugar verdaderamente cosmopolita la profesionalización de los servicios culturales es la regla.



[Nota: En una primera versión de esta entrada critiqué un evento sobre cómics en el que participé; la crítica era contra el lugar y la situación en se había dado, y sobre el hecho de que los participantes no tuvimos retribución. Después supe que tanto los otros participantes y los organizadores se habían puesto de acuerdo en las condciones, así que no podía ser un error. Además, tengo entendido que sí se tramitaron reconocimientos, sólo que éstos tardan en salir. Desde este espacio ofrezco una sincera disculpa por haber criticoneado sin conocer].

Una cosa más: la inmensa mayoría de la oferta de libros de la FILEY se puede conseguir en las librerías meridanas en cualquier época del año. En ese caso, lo que haría atractivo el evento sería que hubiesen ofertas y descuentos. Pero los del Centro de Convenciones cobraron a precios absurdamente caros los lugares para poner los stands, con lo que los libros también eran bastante costosos. El resultado: las ventas fueron muy bajas, y muchos libreros no recuperaron ni su inversión. Y es que es difícil competir en un mundo en el que puedes bajar de Internet esos mismos libros muy baratos o incluso gratis.

Esta crítica no es un grito de "muera la FILEY", sino al contrario. Mi intención es señalar lo que aún se hace mal para que en futuro se vayan corrigiendo estos errores y entonces sí contemos con un magnífico evento que contribuya a hacer realmente de Mérida la capital cultural que le gusta presumir que es.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Leer y no leer



I

Creo sinceramente que las personas que tienen el hábito de leer con frecuencia tienen vidas más intensas que las que no. Y esto no es necesariamente porque tengan experiencias extraordinarias y fuera de lo común. Es más bien que el estar en contacto con las ideas, las reflexiones y las vivencias de otros seres humanos les permiten ver las experiencias propias con una nueva óptica, más profunda, más completa, y así hasta lo más mundano se vive y se siente con mayor intensidad, con más significado.

II

También creo sinceramente que se puede notar con relativa facilidad quién es un lector y quién no lo es. Y no me refiero a tener o no referencias y conocimientos librescos; es algo más bien sutil. En una persona se nota por su forma de hablar, por su vocabulario y por la forma en que construye sus oraciones; se le nota en la profundidad de sus ideas, en la complejidad de los conceptos que maneja, en la amplitud de su criterio y hasta en el grado de madurez que tiene con relación a su edad.

III

Pero no, leer no hace a uno más listo ni mejor persona. He conocido a quienes presumen de haber leído a tales cuales autores, pero una rápida conversación con ellos demuestra que sus lecturas han sido superficiales, que las grandes ideas plasmadas por las grandes plumas no alcanzaron a tocar realmente los mediocres cerebros de estas personas. Quien sólo lee para poder decir "Yo ya leí esto y aquello", y no para ejercitar su mente, o buscar el conocimiento, o aunque sea divertirse, es decir, para ser felices, es como si no leyera.

IV

Se suele decir que no se debe obligar a los estudiantes a leer, que el hábito de la lectura deber nacer del amor. Pero no tan es sencillo como esta visión idealista lo plantea, en especial porque se confunde lectura con literatura, cuando la primera abarca más. En realidad, la lectura es una capacidad de la mente humana, como lo es, digamos, la aritmética, y como tal, debe desarrollarse y ejercitarse. No podemos obligar a nuestros estudiantes a amar la aritmética, pero necesitamos que tengan un mínimo de capacidades numéricas, y para ello es necesario que cursen la materia y hagan ejercicios y exámenes de forma obligatoria. Es lo mismo con la lectura: no podemos obligarlos a amar las bellas letras, pero necesitamos que desarrollen un mínimo de capacidades para comprender lo que leen, y para ello a veces es necesario obligarlos a leer, y ponerles tareas y hacerles pruebas. Una vez desarrollada esa capacidad será más fácil que adquieran el gusto por la lectura de la literatura.

V

Durante siglos los cínicos han preguntado "¿Para qué sirve leer?" y los románticos han respondido que "Lo maravilloso es que no tiene que servir para nada". En realidad, existe una mejor respuesta. Según he estado leyendo, nuevos estudios de disciplinas como las ciencias cognitivas, neurociencias, culturonómica y memética, leer trae muchos beneficios a individuos y sociedades. La lectura es como un boost civilizatorio. Esto en realidad lo han sabido, de forma intuitiva, los que leen. Para que los que no leen puedan descubrirlo tendrán, pues, que leer.


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