martes, 30 de abril de 2013

Películas animadas que marcaron mi infancia (y que NO son de Disney)



Seguramente muchos de ustedes atesoran en sus infantiles corazones aquellas joyas del cine de animación que por uno u otro motivo formaron parte importante de su niñez. Estoy seguro, por ejemplo, de que la mitad de mi generación quedó traumada con la muerte de Mufasa en El Rey León.

Pero si bien fueron las películas de Disney las que, a fuerza agresivas campañas mercadotécnicas, lograron imponerse omnímodamente en nuestras vidas, sin duda hubo uno que otro clásico olvidado que los acompañó en su días de inocencia. En mi caso, hubo cinco películas que marcaron mi primera niñez (estoy hablando de mis primeros años en primaria) y que al redescubrirlas mucho tiempo después me percaté de que eran verdaderas joyas de la cinematografía, con mucho más que aportar a la mente y la sensibilidad de un niño de lo que podían hacerlo las inocuas cintas de Disney.

Es por eso que hoy, Día del Niño de 2013, les traigo esta recopilación de las cintas animadas que marcaron mi infancia. No las puse según las que más me gustan, sino en orden cronológico, empezando por:


LA CASETA FANTASMA
(The Phantom Tollbooth, 1970)
Dir: Chuck Jones




Como en el caso de muchas películas que estaban en la casa materna, desconozco de dónde salió y cómo llegó hasta nosotros. Sólo sé que ahí estaba, en un cassette Beta (pirata, desde luego) y que amaba verla una y otra vez. De hecho, ahora que me doy cuenta de ello, si estas películas me marcaron fue porque por alguna razón ahí estaban, en casa, en copias Beta piratas (pero de buena calidad, que la piratería en tiempos del Beta era otra cosa). Tiempo después, ya como joven adulto, la volví a ver por casualidad y me di cuenta de lo grandiosa que es.

Empezamos con la animación dirigida por Chuck Jones, uno de los grandes más grandes, conocido sobre todo por su trabajo con los Looney Tunes y con Tom y Jerry. La animación posee ese brillo colorido y esa fluidez alocada que marcaron el estilo de Jones y que será una delicia para todos los que gustan este arte.



Pero lo más importante está en la historia y en lo que un chico puede sacar de ella. La primera parte de la película está como acción en vivo. Milo es un niño aburrido que vive en el mundo real, hasta que de pronto, un día, en su cuarto aparece la Caseta Fantasma, y él la atraviesa para transportarse a un mundo de fantasía (aquí inicia la animación), donde vive un viaje y una serie de aventuras de crecimiento y autoconocimiento.

Milo se enfrenta a las Aguas Mansas, los seres que lo invitan a sumergirse en la pereza y la apatía, pero es rescatado de ahí por Tock, un perro con una gran reloj en la panza y que es la personificación del tiempo ("No pierdas el tiempo, el tiempo es tu mejor amigo") quien lo insta a usar su imaginación y creatividad para escapar de las Aguas Mansas.




Después nos adentramos con Milo en este mundo fantástico, para descubrir que, por causa de una absurda guerra entre los Números y las Letras, el reino se encuentra sumergido en el caos. Milo deberá escalar la Montaña de la Ignorancia para rescatar a las princesas Rima y Razón y restablecer el orden.

Entre los personajes que conoce Milo se encuentran el Farsante ("todo el mundo quiere a un farsante"), personificación de la actitud que lleva su nombre; a un policía-juez-carcelero extremista que busca culpables para condenar todo el tiempo, a un monstruo que es algo así como el avatar de la procrastinación pues invita a nuestros héroes a perder el tiempo en las cosas inútiles ("si te ocupas en las cosas inútiles, no tienes que hacer las útiles... ¡Y hay tantas cosas inútiles que hacer!"), y por supuesto, al rey de las Letras y al rey de lo Números, que por creerse cada uno más importante que el otro, rompieron el diálogo del conocimiento y sumieron al reino en la ignorancia.



Como pueden ver, se trata de una hermosa alegoría sobre la búsqueda del conocimiento, de crecer a través de la maravilla que causa el encuentro con el mundo, de dejar atrás la apatía y otros vicios para emprender el camino hacia la sabiduría.


EL ÚLTIMO UNICORNIO
(The Last Unicorn, 1982)
Dir: Jules Bass y Arthur Rankin




Se trata de una adaptación de la novela homónima de Peter S. Beagle (quien colaboró con el guión), considerada una de las mejores obras de fantasía de todos los tiempos (abajito de JRR Tolkien y Ursula K Leguin). Esta película me impactaba de niño por su mezcla de imágenes de increíble belleza con otras macabramente perturbadoras. De entre las primeras están, por supuesto, la Unicornio protagónica, tanto en su forma de criatura mitológica, como en su forma humana (la secuencia de la transformación es un gran logro). De entre las segundas, recuerdo que la Arpía y el Toro Rojo simplemente me aterraban. 

Además del trabajo de animación, que es una belleza, creo que esta peli es de las mejores obras de dibujos animados de toda la historia, y sin duda la mejor de esta lista, gracias a lo bien delineado de los personajes y a la profundidad de su historia.



Amalthea es la última de los unicornios del mundo. El Toro Rojo se los ha llevado a todos al Rey Haggard (voz de Christopher Lee) y arrojados al mar. ¿Por qué? Porque Haggard está en busca de la felicidad, siempre yendo de un deseo a otro, pero jamás alcanzando lo que busca y sintiendo cada vez ese vacío interior aunque logre obtener la posesión anhelada. (¿No son así muchos espíritus humanos?) Por eso ha atrapado a los unicornios, porque su vista hace feliz al amargado rey.

Mientras, para proteger a Amalthea, el mago Schmendrick (un tipo bastante torpe) la transforma en una mujer humana. Poco a poco, Amalthea se va adaptando a la vida humana, pero comienza a perder su identidad y su recuerdo. A Schmendrick y Amalthea se les une Molly, la antigua amante de un jefe de forajidos, para completar esta pandilla de inadaptados. Y es que la marginación (como la monstruosidad) es uno de los temas centrales de esta obra maestra.




Sin duda una de las mejores secuencias es la del circo, en la que la bruja Fortuna exhibe animales comunes como si fueran bestias legendarias, lo que nos recuerda que vivimos en un mundo de engaños e ilusiones. Ahí sólo dos monstruos son verdaderos, la maligna mujer y la arpía que ha capturado viva.

Es una historia de magia, misterio, horror y de un profundo sentimiento melancólico que me conmueve de sólo recordarla. Es una película tan buena que siento que cualquier intento de penetrar en sus significados sería baladí por parte de este blog. Lo único que puedo hacer es insistir en recomendarla y que la vean una y otra vez.


QUIERO DETENER EL TIEMPO
(Twice Upon a Time, 1983)
Dir: John Korty




Ésta es la única película que no tenía en copia Beta pirata en la casa materna, sino que para verla tenía que ir a rentarla al Videocentro. Y debí haberla rentado decenas de veces.

Esta poco conocida cinta de animación le va a encantar a los amantes del género por su diseño de arte tan poco ordinario y, sobre todo, por la entonces novedosa técnica del cut-out, que consiste en hacer animación con recortes de papel, cartón o materiales similares. Ello le da a esta película una textura y atmósfera muy especiales.




Además se trataba de una aventura divertidísima: la lucha entre unos "magos de los sueños" y una especie de terrorista de las pesadillas. El villano vive en una guarida gris llena de máquinas y utiliza buitres para transportar y lanzar sus misiles de pesadillas contra la población. El viejo mago cuenta con la ayuda de adorables criaturitas para hacer soñar a los mortales.

Pero cuando el viejo es secuestrado por el villano, quien también roba el resorte de un reloj cósmico que hace marchar el tiempo, sólo dos héroes improbables pueden salvar el mundo, un par de marginados en los que nadie confía: un animal mágico que puede cambiar de forma y un tipo mudo que está igualito a Chaplin. El resto de la cinta es así de imaginativa y locochona e incluye a un arrogante superhéroe y una sexi damisela en peligro, que no está realmente en peligro y que además es mucho más competente que el encapotado.




Escenarios, situaciones y personajes que desbordan de imaginación van a maravillar a niños y a adultos por igual. Pero no es sólo la inusual e imaginativa estética de la película lo que la hace especial. En realidad tiene una buena historia, muy distinta a los cuentos de hadas a los que los largometrajes de Disney nos acostumbraron, pero al mismo tiempo un cuento de hadas muy contemporáneo, que mezcla ese encanto y misterio que tenían las narraciones folclóricas con motivos y símbolos propios de la cultura pop del siglo XX y que apelará a personas de todas las edades.



KATY LA ORUGA
(1984)
Dir: José Luis y Santiago Moro




Esta joya de la animación mexicana, basada en el libro de Silvia Roche (quien también colaboró con el guión) ha sido injustamente olvidada y quizá muchos de ustedes la recuerden sólo como una peli cursi. En realidad es mucho más. Katy la Oruga es en realidad una hermosa metáfora sobre la niña que se convierte en mujer. Katy deja su hogar en una ramita y a sus conformistas hermanas y emprende un viaje en busca de su identidad, de lo que quiere ser.

En el camino conoce a una gran variedad de seres, algunos de los cuales se le presentan como opciones de lo que puede llegar a ser, mientras que otros son caricaturas de la sociedad moderna. En el primer caso, tenemos que Katy podría convertirse en una araña, que utiliza la belleza de su tela para atrapar insectos (una alegoría de la mujer fatal, devoradora de hombres); o puede ser una abeja, un número anónimo en una sociedad masificada en la que sólo existe el trabajo; o puede ser un camaleón, como esos tipos que sólo cambian de color para adaptarse a la situación y se dedican a fiestear, pero que en su hedonismo egoísta nunca hacen nada por nadie.




Del segundo grupo, Katy conoce a un sapo comerciante, caricatura del materialismo consumista de nuestra sociedad. El sapo vende cosas, porque todos quieren cosas, y vale la pena endeudar hasta lo que no se tiene por poseerlas. Y ése es el punto de las cosas: "no se usan, tan sólo se poseen", como le dice el sapo a Katy, y logra convencerla de firmar un pagaré para adquirir un botón roto.

También aparece un caballo, resignado a servir a su amo. "Pero tú eres más grande y más fuerte", le dice Katy, y el triste jamelgo no deja de repetir "debo servir a mi amo"; he ahí una alegoría del mexicano oprimido y agachado.




Uno de los pocos personajes empáticos es un humilde ratón de campo, cuyo ideal bucólico se contrapone a la violencia y bullicio de la ciudad. Pero de pequeño uno no se percata de nada de esto, sólo ve a Katy y al Ratón escapar de un par de cuervos y un gato que quieren comérselos. El viaje de Katy sólo se aprecia por completo cuando uno vuelve a ver este clásico y ya sabe dos que tres cositas de la vida.




LA TIERRA ANTES DEL TIEMPO
(The Land Before Time, 1988)
Dir: Don Bluth



Hemos llegado al final. Ya les había comentado anteriormente sobre esta cinta, cuando hablé de las pelis con dinosaurios, y mencioné que ésta es, a mi gusto, la mejor que se haya hecho sobre el tema. Al igual que La Caseta Fantasma y Katy la Oruga, esta película es un bildungsroman, es decir, una historia de iniciación, en la que un joven héroe parte en un viaje en busca de sí mismo y del crecimiento personal.



¿Qué tenemos aquí? En apariencia una historia de cachorros de dinosaurio. En realidad, tenemos a un grupo de niños que quedan huérfanos (temporalmente, como Cera, Patito y Petrie; definitivamente como Piecito y Púas) y son lanzados a los peligros del mundo. De la noche a la mañana tienen que madurar, dejar de lado su egoísmo y sus actitudes intolerantes (se suponía que los dinosaurios de una especie no debían juntarse con los de otra), aprender a colaborar y a cuidarse los unos a los otros, porque ésa es la única forma de sobrevivir.




Esta película nos dejó uno de los momentos más tristes de nuestra infancia, el de la muerte de la mamá de Piecito. El resto es, como suelen ser las películas de Don Bluth, una mezcla de momentos difíciles y de otros divertidos (porque así es la vida, ¿no?), de obstáculos a los que los protagonistas deben enfrentar, y que los hacen crecer. Cosa inusual en las películas para niños que se ven hoy en día, es que de hecho los personajes evolucionan y maduran (en 90 minutos muy bien narrados), por lo que se convierte en un excelente obra para introducir a los niños algunos temas difíciles pero importantes de la vida (como la muerte, el cambio, la soledad o la lucha por lo que se quiere conseguir). 

Eso es todo por hoy. Si alguno de ustedes ha visto alguna de estas películas, me gustaría conocer sus opiniones. Por lo demás, ¡les deseo un muy feliz Día del Niño!

viernes, 26 de abril de 2013

Todos tienen derecho a opinar... ¡Y yo opino que tu opinión es estúpida!



Uno de los problemas más frecuentes e irritantes con los que uno se topa como criticón profesional es que a los demás se les confunda el derecho a creer, decir o hacer una u otra cosa con alguna especie de inmunidad a la crítica inherente a aquello que se cree, dice o hace. O que, por lo mismo, una crítica, sátira o burla sea entendida como un intento de privar a otro de su sagrado e inalienable derecho de creer, decir o hacer lo que se le venga en gana.

Dicho de otra manera, cuando a un especialista en despotriques como su seguro servidor le da por criticar las creencias, dichos o acciones de alguien, es común que alguien revire con un "¡Eh, no critiques! ¡Si tienen derecho!", como si mi crítica equivaliera a un intento de despojarlos de ese derecho.

Va un ejemplo sencillo y muy común: cuando critico alguna magufería, digamos, la creencia en las Profecías del 2012 o algún otro sinsentido por el estilo, es muy frecuente que me respondan: "¡Hey, si ellos tienen derecho a creer en lo que quieran!". Y sí, es cierto, cualquier persona tiene derecho a creer en cualquier cosa y a expresar libremente esa creencia. Pero de la misma manera, yo tengo derecho a opinar que esa creencia es estúpida y a expresarlo. Es lo que mucha gente no entiende y tiene que entender: al criticar algo, al decir que esa creencia es estúpida, no estoy tratando de quitarle a las personas su derecho a creer en las Profecías de 2012 ni quiero quitarles su derecho a expresarlo; simplemente estoy ejerciendo mi derecho a opinar al respecto. A lo mucho, me gustaría persuadir a las personas de que eso en lo que están creyendo es estúpido, y también tengo derecho a intentarlo, siempre y cuando no recurra a la coerción o a la violencia.



A veces critico los gustos musicales o cinematográficos de otras personas, con algo así como "Chale, ¿por qué a tanta gente le gustan las comedias de Adam Sandler? ¿No se dan cuenta de que son estúpidas?", a lo que no falta quien responda "Tss, déjalos; si tienen derecho. No puedes obligarlos a que les guste lo que a ti". ¡Coño, que no estoy tratando de obligar a nadie a que le guste nada! A lo mucho, lo único que puedo hacer es (once again) intentar persuadirlos y que se den cuenta de que las películas de Adam Sandler son estúpidas, pero aún si no logro convencerlos de ello, tengo todo el derecho del mundo a expresar lo que pienso.

Si la hija de algún rico magnate se luce con su chihuahueño, el cual es asimismo dueño de su propio mini iPad incrustado de diamantes y yo digo "No mames, pinches ricos ojetes, habiendo tanta hambre en el mundo", no es un contraargumento válido el decir "¡Epa, si ellos tienen derecho a gastar su dinero como ellos quieran! ¿O los vas a obligar a darle su dinero a los vagabundos, maldito chairo comunista?", porque no estoy atacando su derecho a gastar su fortuna como le dé la gana, sino criticando su forma de hacerlo. No quiero que se le prohiba por ley comprar un mini iPad incrustado de diamantes para su chihuahueño, pero sí me gustaría que todos se dieran cuenta de que hacer ese tipo de cosas es irresponsable y estúpido.



Entonces, lo que quiero decir es que criticar lo que piensa, dice o hace alguna persona no equivale a tratar de quitarle su derecho a pensarlo, decirlo o hacerlo. Entonces, responder con "Ash, goe, es que tienen derecho", es inválido. Tengo derecho a expresar mi propia opinión y, es más, tengo derecho a, mediante argumentos y persuasión, tratar de convencer a otros de ella. Lo que no tengo derecho a hacer es utilizar la fuerza (física, económica, institucional), para hacer que una persona deje de expresar sus propias opiniones, por más estúpidas que sean.

Por el contrario, cuando alguien dice "Es que tú no tienes derecho a criticar las opiniones de los demás, así que cállate" sí que está muy equivocado. Claro que tengo derecho a criticar lo que me dé la gana, y por supuesto que la persona que se sienta ofendida tendrá derecho a defender sus posturas, a decir que mi crítica es idiota y a mentarme la madre si lo desea. Lo que no tiene derecho es a tratar de quitarme mi derecho a expresar mis opiniones sobre las opiniones de otros. Eso sí sería censura, eso sí sería un atentado contra la libertad de expresión.

Ahora bien, siguiendo esta misma lógica que planteo, una persona tiene todo el derecho del mundo a expresar opiniones racistas, sexistas u homofóbicas. Sabríamos que el tipo en cuestión es probablemente un imbécil que no merece nuestro respeto, pero no podríamos tomar ninguna acción coercitiva en su contra. Podríamos, eso sí, mentarle la madre, exponerlo ante la sociedad como un cretino y, sobre todo, argumentar el porqué sus ideas están equivocadas y son dañinas para la sociedad; pero no valdría exigir leyes que lo hicieran callar, ni mucho menos usar la violencia para tal propósito (sería un caso distinto si, por ejemplo, la persona en cuestión estuviera activamente llamando a la violencia contra otras personas o grupos; ahí ya pueden y deben intervenir las autoridades).



Por ejemplo, yo me sumé a la campaña en contra de cierta publicidad de Tecate, porque me pareció, al igual que a muchas personas, que era denigrante contra mujeres y hombres por igual (a unas, por considerarlas objetos de placer y a los otros, por reducir su valía a esa capacidad para conseguir dichos objetos) reproduciendo así un sistema de valores que me parece erróneo. Debo aclarar, no obstante, que mi intención (no sé la de los demás) no era que se aplicara la censura contra la campaña, ni que se fuera a aprobar una ley que monitoreara los contenidos de la publicidad (siempre estaré en contra de una medida así porque haría peligrar la libertad de expresión), pues Tecate tiene el derecho de tener su campaña publicitaria misógina si quiere. Personalmente, lo que me motivó a participar fue la esperanza de hacer que más personas hicieran consciencia de que ese tipo de mensajes están mal y gritarle a Tecate "¡hey, date cuenta de que eso es una mamada!". Mis expectativas fueron sobrepasadas cuando la cervecera retiró la campaña.

Sí creo que hay un límite entre la mojigatería de la corrección política, que busca material ofensivo donde el gato tiene cuatro pies, y un discurso descaradamente despectivo. Pero esa es mi opinión, y así como yo tengo derecho a manifestar mi objeciones ante la publicidad de Tecate, cualquier persona tiene derecho a manifestar su apoyo a decir "mexicanos y mexicanas" o "mexicanxs", si eso le parece bien. Y, por supuesto, cualquiera tienen derecho a decir que la publicidad de Tecate no tiene nada malo, como yo tengo el derecho de argumentar que eso de "mexicanxs" es una estupidez supina. Y que gane el que tenga los mejores argumentos.



Una asociación de padres de familia tiene derecho a expresar que ellos piensan que los videojuegos generan violencia, y a recomendar a otros padres que no dejen a sus hijos jugarlos. De lo que no tienen derecho es a presionar para quitarle a otros su derecho a decidir si quieren o no que sus hijos jueguen videojuegos. Además, esa idea de que los videojuegos generan violencia es estúpida.

Cuando el Movimiento Yo Soy 132 inició como una reacción contra la falta de imparcialidad en los medios, no faltó el cínico que respondiera "Hey, si los medios tienen derecho a ser parciales". Y es cierto, pero aunque hubo personas (dentro y fuera del movimiento) que pensaron que esto se trataba de establecer algún tipo de mecanismo regulatorio de los contenidos de la TV (lo cual sería censura, simple y llanamente), la demanda real era "¡Carajo, tengan tantita ética profesional!". No, no existe forma legal de coercionar a las televisoras para que no sean tan descaradamente sesgadas, pero sí tenemos el derecho de criticar esas acciones, de señalarlas para que las demás personas se den cuenta de ellas, y de expresar el repudio que nos causan. Responder "es que ellas tienen derecho, y ustedes los quieren obligar a decir lo que ustedes quieren", es volver a la anti-lógica de la que hablábamos unos párrafos más arriba.

Así que, recapitulando, el que tengas derecho a hacer, decir o pensar algo no quiere decir que por eso tus ideas, opiniones o acciones tengan alguna especie de inmunidad contra la crítica. Es más, ni siquiera significa que sean buenas ideas. Hay que aclarar algo muy importante: que todos tengamos derecho a tener y expresar nuestras propias opiniones no significa que todas las opiniones sean igualmente válidas. Parecería obvio, pero a mucha gente se le confunde una cosa con la otra.



Veamos, una persona que cree que el Sol gira alrededor de la Tierra tiene el mismo derecho a decirlo que alguien que sostiene que la Tierra gira alrededor del sol, aunque ambas ideas no sean igualmente válidas. Yo tengo tanto derecho a expresar mi opinión de que hombres y mujeres deben tener los mismos derechos en todos los ámbitos como el que opina que las mujeres son inferiores a los hombres. Pero desde luego que eso no significa que ambas opiniones sean igualmente válidas. Querer defender la validez de las ideas con base en el derecho que todos tenemos de expresarlas es simplemente una estupidez.

A veces he criticado a activistas que asisten a marchas y plantones, por querer defender al mismo tiempo la causa por la que están luchando y su derecho a vestirse pandrosos. Su argumento: tienen derecho a vestirse como les da la gana. Mi argumento: sí, tienes derecho, pero ¿es buena idea? ¿Es buena estrategia? ¿Va a servir mejor a tus propósitos principales o va hacer que tus detractores se enfoquen en detalles como la ropa en vez de la causa justa y los argumentos con que la defiendes? Y a menudo se molestan conmigo porque piensan que cuestionar la prudencia de esa decisión equivale a violentar su derecho a tomarla.

Entonces aquí ya tenemos dos principios básicos: 1.- El que se critique lo que haces o dices no violenta tu derecho a hacerlo o decirlo. 2.- El que tengas derecho a algo no quiere decir que hacerlo sea una buena idea ni que esté exento de ser criticado.

Esto va también para algunos de los que abogan por el "derecho a ofender". La idea original y sensata es que cualquier persona tiene derecho a expresar sus ideas y a criticar lo que le parezca criticable, y que se ofenda quien se tenga que ofender. Esto es importante y no hay que perderlo de vista. No existe ley alguna que proteja a nadie de ser ofendido (a menos que sigan apareciendo leyes mojigatas como ésa que prohíbe el uso de palabras homofóbicas), así que en efecto, todos tenemos el derecho de decir lo que queramos, y si eso ofende las creencias o ideología de otras personas, pues ni modo. ¿Ni modo? Bueno, no tanto, porque resulta que la persona ofendida tiene el mismo derecho de revirarle al primero para explicarle porqué lo que está diciendo es una pendejada o simplemente mandarlo al carajo (siempre y cuando no quiera coercionar, he ahí el límite).



Pero algunos extremistas del derecho a ofender muchas veces parecen creer que su propio derecho es inmune a las críticas y que si el ofendido les contesta "oye, no me insultes", es porque es un intolerante que no respeta el derecho a ofender del otro. Si el ofendido contesta, el primero gritará "¡intolerante!", y eso no se vale, pues tiene que ser una relación de ida y vuelta. Así es, mi procaz amigo: sí tienes derecho a ofender, y los demás tienen el derecho a ofenderte de vuelta. Oigan, pero todo esto nos llevaría a construir un mundo de constantes intercambios de insultos en el que no sería muy agradable vivir. Entonces viene de vuelta este principio que debemos tener siempre en cuenta: Sí, tienes derecho, pero ¿es buena idea?

Claro, tienes derecho a salir a la calle e insultar a todos los transeúntes que te encuentres, ¿pero qué necesidad hay de ello? ¿Qué vas a lograr? Sí, tienes derecho a decir de forma altisonante de lo mucho que te cagas en Dios durante una reunión con tu abuelita y tus tías, pero ¿para qué? ¿Para qué deteriorar la posibilidad de llevar la fiesta en paz con las demás personas? ¿Vas a probar algún punto? ¿Vas a lograr que los demás aprendan a respetar tu ateísmo? Y esto es sólo por poner algunos ejemplos extremos para poner en claro el punto: el mundo no necesita más trolls.

Aquí en mi blog expreso siempre mis opiniones, y si alguien se ofende, puede contestarme en los comentarios. Yo tengo derecho a hacerlo y ustedes también. Pero quedaría como un simple troll si fuera a meterme a los espacios de otras personas y a ofenderlos sólo porque tengo derecho a hacerlo. Sí, tendría el derecho, pero sería una estupidez.

En este blog no se censura nunca. Si estoy en desacuerdo contigo, procuraré explicarte el por qué. Si ya me aburrí de lo que dices, simplemente te ignoraré, pero nunca voy a borrar tus comentarios, por más ofensivos o estúpidos que puedan ser.

Volatire dijo (con otras palabras, pero la idea es lo que cuenta), "No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con la vida tu derecho a decirlo", a lo cual me gustaría agregar un corolario: "Toda persona tiene derecho a decir lo que quiera, y toda persona tiene derecho a mentarle la madre por ello".

miércoles, 24 de abril de 2013

El conflicto coreano o cómo aprendí a amar la bomba y a dejar de preocuparme



¡Saludos, mis queridos tertulianos! A petición de algunos de ustedes he decidido aventarme a escribir esta entrada, explicando los puntos básicos y antecedentes históricos necesarios para entender el conflicto entre las dos Coreas, especialmente porque sé que algunos de ustedes les gustan mis agudos comentarios y porque la mayoría son muy perezosos para leer los artículos de Wikipedia :D

Bien, para hablar del conflicto entre las dos Coreas (sí, en castellano se escribe "Corea", no "Korea", por favor no sean ridículos), tenemos que retroceder en el tiempo, y como casi todo los asuntos importantes en nuestro mundo contemporáneo, nuestra historia comienza con la Segunda Guerra Mundial.

La Península de Corea había pertenecido al Imperio Japonés desde el año de 1910. Los coreanos ocupaban en su propio país una posición de ciudadanos de segunda clase, y eran llevados a suelo japonés para trabajos de ésos que "ni los negros quieren hacer" (de hecho, cuando los gringos bombardearon Hiroshima y Nagasaki, una cuarta parte de los muertos eran coreanos que trabajaban en Japón). A los pobres coreanos llegaron a prohibirles su propio idioma y cultura y a adoptar la japonesa a huevo (que me imagino debía incluir dejar el Gangman Style y empezar a aprender a entrenar Pokèmon, pero ésas son sólo mis especulaciones).





Cuando empezó la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) Japón usó mano de obra forzada de los coreanos, además de que les incautó sus cosechas y sus ganados para financiar los esfuerzos bélicos, dejando a los coreanos en la calle de la amargura. En este contexto surge la figura de Kim Il-Sung, líder comunista fanático y megalómano pero, eso sí, muy valiente y patriota el señor, pues dirigió una feroz resistencia contra la ocupación nipona, por lo cual se ganó la admiración y lealtad de muchos coreanos.

Bien, como todos sabemos, Japón terminó perdiendo la Segunda Guerra Mundial. Poco tiempo antes de la rendición final del Imperio Japonés, la Unión Soviética, como parte de los pactos contraídos con los aliados, invadió Manchuria y el norte de península coreana hasta el paralelo 38. Posteriormente, los Estados Unidos ocuparon la parte sur de la península. Ojo, porque es aquí cuando empieza el desmadre.

Kim Il-Sung, recordando a las víctimas de sus campos de concentración


Terminada la Segunda Guerra Mundial, empieza la Guerra Fría (1945-1991), ese magno juego de ajedrez geopolítico en el que los Estados Unidos y la Unión Soviética, para no enfrentarse mutuamente, sublimaban sus tensiones haciendo que países del tercer mundo se jodieran unos a otros o a sí mismos, en vistas de extender su modelo socioeconómico por el mundo (capitalismo y comunismo, respectivamente).

Pues bien, antes de empezar la partida, las potencias vencedoras de la 2GM debían ponerse de acuerdo sobre la configuración del tablero, valiéndoles madre, claro está, lo que países debiluchos y sin importancia pudieran opinar al respecto, y ahí tenemos cosas como entregarle toda Europa Oriental a los soviéticos, o mantener a regímenes fascistoides como el de Francisco Franco en el poder (y de paso, olvidar la colaboración de su gobierno con las fuerzas del Eje), o como la que viene a cuento: la división arbitraria y unilateral de Corea en dos Estados: el norte, controlado por la URSS, y el sur, controlado por los EUA.

La Unión Soviética estableció en el norte (como era de esperarse) un gobierno comunista encabezado por Kim Il-Sung (quien gobernó de 1948-1994), que se convertiría en una dictadura totalitaria delirante y megalómana, y el inicio de una dinastía de dictaduras totalitarias delirantes y megalómanas, cuya tercera generación gobierna actualmente Corea del Norte (nombre oficial: República Popular de Corea; capital: Pyongyang).

Los gringos, por su parte, siguieron su célebre política de posguerra "como somos los campeones de la libertad y la democracia, no podemos permitir que el comunismo se extienda por la tierra y, por lo tanto, estableceremos dictaduras fascistoides por todas partes, porque así le gusta a Jesús", de modo que establecieron una serie de gobiernos autoritarios, corruptos y represores, (pero muy comprometidos con el anticomunismo), de entre los cuales el primero fue el de Sygnman Rhee (1948-1960), presidente de la ahora llamada República de Corea, con capital en Seúl.

Pues ahí lo tienen: de víctima del imperialismo japonés, Corea pasó a ser un escenario más en el que la URSS y lo EUA se disputaban a ver quién la tenía más grande, el país quedó dividido y los coreanos del norte aprendieron a odiar a los del sur y viceversa. Pero la cosa no se quedó en sólo mirarse con odio, pues pronto estallaría una guerra entre las dos coreas.

Pero antes hay algo que tenemos que entender: China. Este país fue uno de los cinco grandes Aliados que sufrieron los ataques del Eje y finalmente vencieron en la Segunda Guerra Mundial, aunque no se hagan muchas películas hollywoodenses al respecto (los otros cuatro, por si tenían la duda son los EUA, la URSS, el Reino Unido y Francia). Eso le ganó a China un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU y el privilegio de ser una de las potencias que participarían en las decisiones sobre el nuevo orden mundial tras la 2GM.

Mao Zedong, antes de saltar a la fama como modelo de Andy Warhol


Pero hubo un problema. Mao Zedong y sus comunistas fueron los principales líderes de la resistencia china contra la ocupación japonesa (China fue uno de los países que más destrucción sufrió por la agresión imperialista nipona), lo que les ganó la admiración y el respeto de muchos chinos. En 1949 los comunistas tomaron el poder en China, tras lo cual Mao tuvo la oportunidad de establecer su propia dictadura totalitaria, delirante y megalómana. Los enemigos de Mao, el Kuomingtang, o Partido Nacionalista Chino, tuvieron que salir huyendo a Taiwán, desde donde lloriqueaban diciendo que eran ellos los verdaderos gobernantes legítimos de China.

Como era de esperarse, el gobierno de Mao Zedong y el de Kim Il-Sung se estaban llevando de maravilla y entonces Mao le empezó a meter a los norcoreanos la idea de que no tenían porqué tolerar un gobierno servil a los extranjeros al sur de su frontera y que lo justo era que Corea se unificara bajo el glorioso liderazgo de Kim Il-Sung. Así, en 1950, Corea del Norte invadió Corea del Sur.

Guerra de Corea: Resumen gráfico


Al principio empezaron a ganar los norteños, que casi terminan de conquistar todo el sur, de no ser por la pronta intervención de los Estados Unidos que, al mando de una fuerza internacional, llegó al rescate de los surcoreanos. Entonces empezó el retroceso de los comunistas, y una vez que éstos fueron regresados al norte de la frontera, los gringos dijeron "hey, ¿por qué no acabamos con el comunismo de una buena vez?" y decidieron irse con todo. De hecho, los gringos ya estaban a punto de terminar con los norcoreanos cuando los chinos le entraron al quite y obligaron a las fuerzas americanas a retroceder hasta el sur de la frontera.

Así, en 1953 las cosas quedaron como al principio: Corea del Norte siguió siendo comunista y Corea del Sur siguió siendo capitalista. Pero (y esto es lo importante) aunque las acciones bélicas terminaron, nunca hubo una firma de paz entre las dos Coreas por lo que, oficialmente, ambos países continúan en estado de guerra hasta la fecha. Y por cierto, tanto los ejércitos norcoreanos como surcoreanos cometieron toda clase de atrocidades contra la población civil enemiga, incluyendo la masacre de 900 personas en el hospital de Seúl por parte de los norteños, y la purga paranoica que hicieron sureños al ejecutar 100 mil prisioneros políticos (sospechosos de ser izquierdistas y sus familias), antes de que llegaran los ejércitos del norte.



Como parte de la culerez habitual de las dos potencias durante la Guerra Fría, la URSS siguió apoyando la dictadura de Kim Il-Sung (hasta 1994) en Corea del Norte, a la que le debemos bonitas acciones como desaparición de miles de personas, purgas, establecimiento de campos de concentración, (se calcula que sus crímenes dejaron un saldo de un millón de víctimas), una paranoia que hacía que hasta los gobiernos de Pekín y Moscú le dijeran que estaba exagerando y un culto chiflado a su propia personalidad que sería la envidia del mismo Stalin (hoy en día, las novias coreanas dejan sus flores al pie de la estatua de Kim, como si de la Virgen se tratara).

Por su parte, los Estados Unidos apoyaron el régimen de Sygnman Rhee (el mismo que ordenó la masacre de prisioneros políticos) y, a partir de 1961 y hasta 1979, el de Park Chung-hee, quien declaró ley marcial, suspendió los derechos constitucionales y se hizo proclamar presidente vitalicio. Tras su asesinato en 1979 le sigue el general Chun Doo-hwan, quien gobernó como dictador militar hasta 1988, y a quien se le recuerda por la Masacre de Gwanju, en la que sus tropas asesinaron a unas 2,000 personas que se habían rebelado contra el régimen.

Durante todos los años que duró la Guerra Fría (o sea, entre 1945 y 1991), las hostilidades entre las dos Coreas escalaron o se apaciguaron, hubo momentos de tensión y otros de tranquilidad. Ya hacia finales de la Guerra Fría, Estados Unidos empezó a prescindir de sus dictadores / títeres anticomunistas, y poco a poco los gobiernos autocráticos fueron cayendo por su propio peso. En 1988, en Corea del Sur tomó el poder Roh Tae-woo, quien inició las reformas democráticas que llevaron a este país a ser uno de los más avanzados del mundo en este aspecto. Además, los gobiernos dictatoriales habían impulsado la economía, por lo que ahora los surcoreanos pueden gozar de una sociedad muy desarrollada, con una alta calidad de vida, una buena economía e instituciones democráticas sólidas (aunque con la desigualdad económica y social característica de las economías capitalistas y con un 15% de la población viviendo por debajo de la línea de la pobreza).

Fotografía nocturna de la península coreana, que muestra las diferencias en cuanto a desarrollo entre ambos países


Por el contrario, tras la muerte de Kim Il-Sung, su hijo Kim Jong-Il ocupó su lugar como líder supremo hasta su muerte en 2011 (según la versión oficial, Jong-Il nació escondido en el seno de una montaña sagrada, y un arcoíris y una nueva estrella aparecieron en el cielo para anunciar su llegada). Ahora es su hijo, Kim Jong-Un, el líder supremo de Corea del Norte. Y con sus descendientes, las tradiciones del gobierno de Kim han continuado: culto a la personalidad en el que el líder es adorado como un semidiós, ausencia de las libertades civiles más básicas (expresión, asociación, prensa), una cerrazón absoluta al mundo exterior, y una paranoia tipo Gran Hermano, según la cual, el Enemigo está siempre a punto de destruir a su amada madre patria.

Por alguna razón, la bandera de Corea del Norte aparece abajo y la del Sur, arriba


Es decir, mientras Corea del Sur se modernizó y democratizó, Corea del Norte sigue siendo, como Cuba, la izquierda mexicana y James Bond, un fósil de la Guerra Fría. Pa' colmo de males, Corea del Norte cuenta con armas nucleares y le gusta alardear de ello. De hecho, mientras el pelele de Bush Jr. vociferaba demencialmente sobre las armas de destrucción masiva que tenía Irak, y medio mundo le decía "¡no es cierto!" , ya Corea del Norte gritaba "¡Nosotros sí tenemos y las usaremos contra ustedes, muajaja!". Pero Bush hizo caso omiso... ¿Será porque Corea del Norte no tiene grndes reservas de petróleo crudo?

Entonces, ¿puede el reciente intercambio de bravuconerías entre las Coreas desencadenar la Tercera Guerra Mundial? No. Una guerra mundial requiere la participación en el conflicto de grandes potencias, y las grandes potencias ya no se hacen la guerra entre sí, sino que dejan que los países del tercer mundo se ensucien las manos. Estados Unidos sin duda apoyaría a Corea del Sur, al igual que Japón. Pero aunque Rusia y China son aliados de Corea del Norte, su papel es el de decirle a su pequeñín amigo que no mame porque le van a partir la madre y ellos no se van a meter en pedos por su culpa.

Vean a Corea del Norte como Scrappy-Doo, que siendo un cachorrito chistosón, anda diciendo "déjenmelo, yo le daré una lección con mi poder perruno!", mientras que China y Rusia son como Shaggy y Scooby siempre sacándolo del peligro. Si Corea del Norte lanza un ataque nuclear, es probable que el sistema antimisiles de Estados Unidos lo pare a tiempo. Lo demás sería sólo un suicidio para Corea del Norte, aunque supongo que podría haber consecuencias desastrosas en la región si deciden usar su armamento nuclear.



Así que eso es todo. No tienen que temer el inicio de una guerra mundial ni una hecatombe nuclear. A lo mucho, lo único que se perdería es otro fósil más de la Guerra Fría.

¡Salud!

miércoles, 17 de abril de 2013

Cosas de Batman que no tienen sentido



Batman es la onda. No sólo es el mejor personaje de DC, no sólo es el mejor superhéroe del cómic, no sólo es el personaje más rico surgido de la cultura pop: es uno de los grandes personajes de la literatura universal. Y no lo digo sólo porque Batman sea tan chingüengüenchón que ha derrotado a todos los otros héroes o villanos de todos los universos frente a los cuales se ha parado, incluyendo al mismísimo Superman (you know, he's the goddam Batman).

Batman es un personaje complejo que se ha convertido en arquetipo, parte del imaginarium cultural de nuestro mundo contemporáneo. Y, desde luego, los cómics de Batman siguen siendo los que tienen mejores historias de entre el mundo de los superhéroes (hagan una lista de las 10 mejores novelas gráficas de superhéroes que se han hecho y verán que más o menos la mitad son de Batman).

Pero con toda su chingonería, conforme uno va pasando años y años (y años) leyendo a Batman, se da cuenta de que hay muchas cosas que simplemente no tienen sentido, y se pregunta por qué las siguen haciendo. Y no me refiero a básicos como la tecnología imposible de la que dispone Bruce Wayne, o que un accidente de laboratorio baste para engendrar fenómenos como Hiedra Venenosa o el Señor Frío o, para el caso, que presenciar la muerte de sus padres sea suficiente para que un individuo decida pasar los primeros 20 años de su vida entrenando para luego pasar todos los demás años de su vida demás saltando por los callejones y repartiendo karatazos vestido como un murciélago gigante.

No, ese tipo de cosas uno las acepta como parte de la lógica de un cómic de superhéroes, que constituye mucho del encanto de este género. Me refiero a cierto tipo de insensateces que revuelven hasta la congruencia interna del cómic, a esas cosas que después de tantas veces que se han repetido ya sólo se vuelven ridículas y que causan cierta sensación de agotamiento. Me refiero a cosas como:

#5


Número 5: El Universo DC

A todos nos gusta el Universo DC. Bueno, no a todos, pero a mí sí (pinches marvelitas, los oigo murmurar). El caso es que hay historias muy buenas sobre la Liga de la Justicia (que incluye a Batman, claro está), así como de los World's Finest, o sea Superman y Batman. Contraponer al Caballero de la Noche (frío, calculador y sin súper poderes) con los brillantes y ultrapoderosos superhéroes de DC (a los que además siempre se pendejea), resulta muy atractivo.



Sin embargo, uno se pregunta a veces si no sería mejor que Batman existiera en su propio universo para él solito. Y es que difícil de creer que, en un mundo poblado de superseres, Batman tenga una galería de villanos en la que muy pocos tienen superpoderes (por ejemplo, tuvo suerte de que Doomsday no se hubiera cruzado por Gotham). Es decir, qué casualidad que las invasiones extraterrestres siempre llegan a Metrópolis, pero los asesinos en serie andan sueltos por Gotham. Es muy afortunado, ¿no? Más aún, muchos de los problemas que enfrenta Batman podrían ser resueltos en un periquete por Superman, Flash o Green Lantern, y uno se pregunta por qué cuando ocurren esos desastres gigantescos en Ciudad Gótica no se aparece el Kryptoniano a echar una mano.

(En Marvel es aún más difícil de justificar, porque casi todos los héroes viven en Nueva York, y a menudo me pregunto por qué cuando el Duende Verde hace de las suyas el primero en aparecerse para detenerlo es Spider-Man y no, digamos, Thor.)

Si supiéramos que en el mundo de Batman no existe Superman, sería más verosímil... Pero, eso sí, nos perderíamos algunas de las mejores historias del mundo del cómic, así que voy a dejar pasar ésta.

#4


Número 4: La cantidad de gente que muere en cada historia

Algunas de las mejores historias de Batman son realmente GRANDES, es decir, de proporciones épicas, con mucha acción y mucho riesgo (¡si Bats pierde, morirán miles de inocentes y la Ciudad colapsará para siempre...! Cosas así). Hablo de sagas como Contagio y Legado, en las que una epidemia azota Ciudad Gótica; o Tierra de Nadie, en la que un terremoto destruye la ciudad y ésta es abandonada por el gobierno de EUA, convirtiéndose literalmente en una tierra de nadie durante un año; o Juegos de Guerra, en la que las mafias de la ciudad se declaran la guerra unas a otras, causando mucha muerte y destrucción; o más recientemente La Noche de los Búhos, en la que una especie de sociedad secreta envía a asesinos no-muertos a liquidar a la gente más importante de Ciudad Gótica y a los desafortunados que se metan en su camino.


En todas estas sagas, desde luego, ocurren un titipuchal de muertes. Pero no se queden con las historias épicas; tomen al azar cualquier cómic de Batman y cuenten las muertes de inocentes: policías, guardias de seguridad, peatones que no la debían ni la temían... Hasta los millonarios y políticos son víctimas constantes de homicidio en estos cómics. Eso de que "maten a los más importantes de Gotham" sucede muy seguido. Caray, no sé a cuántos alcaldes de Gótica he visto morir a lo largo de los años.

¿Cuál es mi problema con esto? Varios. De entrada, ¿cómo puede Ciudad Gótica recuperarse después de cada espectacular masacre? ¿Por qué la gente querría seguir viviendo en un lugar así, en particular una ciudad en la que cualquiera en cualquier momento puede ser víctima del Joker? Es que, vamos, ninguna ciudad podría sobrevivir con una tasa de homicidios y magnicidios tan alta.

Bah, olvídenlo.

Mi otro problema con este asunto es que deja a Batman como un héroe más bien ineficiente. Antaño, lo que los hacía tan grandiosos a los héroes era sus capacidad para proteger a su pueblo. Ahora el "pueblo", sólo está ahí de extra, como personaje secundario de película de asesino enmascarado, cuya única función es morir de maneras horribles para que todos veamos qué tan malo es el malo. El héroe ya no es héroe por la gente que salva, sino por lo canijo que está el villano al que derrota. Francamente, a mí no me gustaría vivir en el mundo del cómic, donde la gente normal importa tan poco y en cualquier momento nos puede matar cualquier supervillano.

Finalmente, lo que me molesta de esto es que nos remite a la ideología gringa para la cual el que importa es el individuo extraordinario y los demás que se jodan. Mientras el héroe viva y salga triunfante, no importa cuántos pobres diablos mueran en el proceso.

Las maxisagas que implican un gran número de héroes combatiendo una amenaza cósmica y en la que muere mucha gente se han puesto de moda en los últimos años (hay anualmente un evento así). Pero una historia grande no es lo mismo que una gran historia. A veces una historia sencilla de misterio e instrospección (recuérdese que Batman inició como una publicación detectivesca) puede ser mucho mejor que una Crisis Infinita.

Así, yo me quedo con la serie animada de los 90 que, sin que hubiera muertos a diestra y siniestra, era bastante más inteligente que muchas historias que están apareciendo ahora.


#3


Número 3: El Asilo Arkham

El Asilo Arkham... Sí, es otro elemento fundamental en el mito del Señor de la Noche y sobre él se han escrito muy buenas historias y producido un par de videojuegos extraordinarios. Pero, come on! Vamos a pensarlo desde la lógica interna del cómic, ¿sí? ¿Quién fue el genio al que se le ocurrió que un castillo siniestro lleno de pasadizos secretos, con fama de estar embrujado, era el mejor lugar para tratar de curar a un montón de lunáticos psicópatas? (Amadeus Arkham, lo sé; era una pregunta retórica.)

Pero eso no es lo peor: los villanos de Batman entran y salen del Asilo más fácil que si tuviera puertas giratorias. Además, ¿por qué los ponen a todos juntos ahí? Cada vez que ocurre una fuga masiva (recurso argumental que usan a cada rato, por cierto), mueren decenas de personas inocentes. Sería más seguro repartir a los internos en diferentes instituciones mentales a lo largo de país, lejos de Ciudad Gótica, donde su obsesión con Batman quizá estaría más sosegada y por lo menos no podrían organizar superequipos de lunáticos que azoten la ciudad todos al mismo tiempo, ¿no lo creen?



¿Y por qué tienen en Arkham a cosas como el Señor Frío, Hiedra Venenosa o Clayface? Ésas son criaturas con superpoderes, ¡deberían estar en Belle Reve (la prisión para súpervillanos de DC), no recibiendo psicoterapia!

¡Otra cosa! ¿Que los escritores de cómic no hacen su tarea? ¿Creen que el tratamiento psiquiátrico sigue el modelo de "loquito habla, doctor anota en su libretita"? En la reciente saga La Noche de los Búhos, el Señor Frío pelea contra los Outlaws como a las 10:00 pm (no invento las horas, la historia ocurre literalmente en una noche y se va indicando cuándo pasa qué), es derrotado y llevado a Arkham; una hora más tarde hay... Adivinen qué... ¡Una fuga masiva de Arkham! Bueno, los internos se salen de sus celdas, pero no lograr escapar del edificio y pronto los encierran de nuevo. A eso de las 12:00, un psiquiatra de Arkham decide que es un buen momento para terapear a Frío. ¡Sí, porque a media Noche de los Búhos, a una hora de la fuga masiva y con Frío acabado de llegar de una pelea es el mejor momento para darle terapia!

OBVIAMENTE, el Sr. Frío mata al doctor (usando los tubos refrigerantes de su celda), se escapa (porque, claro está, en el Asilo guardan siempre su traje frigorífico, y en ocasiones hasta sus armas, en caso de que el buen Victor Fries lo necesite), y tiene que ser detenido por Batman (pero no sin que antes mate a un montón de gente, faltaba más). Ah, casi lo olvidaba... ¿Saben qué tipo de terapia le estaba dando aquel doctorcito al Sr. Frío? ¡Adivinaron! Sentarse frente a él con una libretita y decirle "cuéntame de tu infancia". #DoMeTheFuckingFavour

No, gente, así no funcionan los hospitales psiquiátricos hoy en día. Existen toda clase de tratamientos, muchos de los cuales recurren a fármacos. En el mundo real a vatos desquiciados como el Joker los tendrían narcotizados 24/7. Lo que me lleva a la otra cosa que no tiene sentido de los cómics de Batman:


#2

Número 2: El Joker

El Guasón (me gusta decirle Guasón, así que se aguantan) es uno de los villanos más celebrados del cómic y de la cultura pop en general. Es la antítesis perfecta de Batman, pues si el Encapotado representa la locura contenida y encauzada a la preservación del orden, el Guasón es la demencia liberada, un agente del caos. Casi todas las grandes historias de Batman involucran al Príncipe Payaso del Crimen. Es un antagonista a la altura de nuestro Guardián de Gótica.

Y ya me trae hasta la madre. Siendo el villano más popular de Batman, está sobreexplotado, hasta el punto de que ya no es un personaje, sino una especie de tropo narrativo. Como si se tratara de una categoría fija que definiera el estilo de historia que se va a contar, el Guasón aparece como Jason o Freddy Krueger; uno ya sabe qué estructura tendrá el relato, qué clichés se repetirán y cómo acabará todo: llega el Guasón, siembra el caos, mata a mucha gente, Batman lo detiene, fin. Ya ni siquiera se profundiza en la psique del personaje como lo hiciera Alan Moore con su genial The Killing Joke; en realidad, el Guasón se ha convertido en un estereotipo de sí mismo.

Y aunque de vez en cuando todavía sale una historia buena del Guasón (la última que leí se titula simplemente The Joker y es una joya), ya prácticamente se hizo con él todo lo que puede hacerse: mató a Robin, paralizó a Batichica, asesinó a la esposa del Comisionado Gordon, convirtió a los villanos más peligrosos del Universo DC en versiones súperpoderosas de sí mismo y (no es broma), llegó a dominar el Universo. ¿Ya qué más se va a hacer con él? Ya viene la nueva saga Death of the Family y me cae que con uno o dos spoilers ya puedo predecir de qué se trata.



Pero ni ése es el meollo del asunto. El meollo del asunto es ¿por qué mierdas sigue vivo? Sí, sí, ya sé que Batman tiene un código ético que le impide quitar una vida, aunque sea para salvar a las cientos de personas que al Guasón todavía le quedan por matar. Vale, Batman prefiere sacrificar vidas inocentes antes que mancharse las manos y perder la superioridad moral con la que sermonea a todo mundo.

¿Pero qué hay de las autoridades de Ciudad Gótica? ¿Por qué lo mantienen vivo? Y no me vengan con eso de que "está demente, no es responsable de sus actos y no se le puede hacer más que meter al manicomio para que le hable de su infancia a los doctores que sostienen libretitas". ¡Recontra! ¡Eso no se lo cree nadie! Ted Bundy estaba loco de atar y aún así lo mandaron a la silla eléctrica, porque era un maldito asesino en serie, demasiado peligroso para dejarlo vivo. Y la veintiúnica vez que el Guasón iba a ser ejecutado por las autoridades, Batman le salvó la vida probando su inocencia (y, con ello, condenando a muerte a decenas de personas en los años venideros).

Y como dije, si no lo quieren matar, deberían por lo menos tenerlo bajo los efectos de un coctel de drogas sedantes y antipsicóticos, o lo que sea necesario para que se quede tranquilo. Es más, me sorprende que algún guardia de Arkham o algún policía no lo haya ejecutado de una buena vez. Otra cosa que casi olvidaba, el Guasón es famoso por matar aleatoriamente a sus secuaces si le parece divertido... ¿Cómo sigue consiguiendo gente que trabaje para él?

La verdadera razón por la que Batman o el gobierno de Ciudad Gótica no matan al Guasón es extraliteraria: es cuestión de dineros. Sí, el Guasón es el villano más popular de Batman, y la publicación no podría jamás darse el lujo de perderlo, aunque eso signifique que las historias de Batman caigan en la repetición ad aeternum, habiendo perdido la lógica hace mucho tiempo. Pero esto es sólo un resultado del verdadero problema con los cómics de Batman y con todos los cómics de superhéroes del mundo:

#1


Número 1: Batman es para siempre

Los cómics de superhéroes están hechos para durar hasta que la publicación deje de ser redituable. Los editores no tienen un final en vista; no son como series de TV tipo Lost o House, que tendrán un final alguna vez, o ni siquiera como series de cómics tipo Planetary o Irredeemable, que tras decenas de números cierran la historia y se acaban.

No, los cómics de superhéroes son para siempre. Esto conlleva ventajas y desventajas. La principal ventaja es, desde luego, que ¡queremos seguir leyendo historias de Batman! Ello deja abierta la posibilidad de que nuevas historias buenas sigan apareciendo, y la verdad es que nunca (o casi nunca) nos cansamos de leerlas.

Por otro lado, las desventajas no son pocas: los personajes no pueden evolucionar demasiado (Peter Parker hasta se casó, pero de ahí no pasó, y hasta eso ya lo deshicieron retroactivamente), no puede haber grandes cambios permanentes, porque de seguirse hasta sus últimas consecuencias tendríamos personajes totalmente transformados (de hecho, cuando los cambios ya fueron muchos, los editores recurren a resetear toda la continuidad y empezar más o menos desde el principio) y, por último, pero no menos importante, tiene que haber siempre una nueva historia, un número mensual, una maxisaga anual, y a ese ritmo está claro que muchas historias van a ser mediocres y repetitivas.



Piensen en todas las veces Batman ha recibido golpes que lo dejan inconsciente, balazos, puñaladas. Vamos, una vez le rompieron la columna y otra vez le fracturaron el cráneo de forma que necesitó neurocirugía. Y una vez Superman casi lo mata a golpes. Se supone que Batman no tiene superpoderes, pero se recupera casi tan bien como Wolverine. Vean a atletas como jugadores de futbol americano o boxeadores: los golpes que reciben a lo largo de su carrera los dejan todos jodidos en cosa de una década. Sin embargo, Batman ahí sigue y no pierde la apostura. Eso como que da hueva.

Además, es el hecho de que los cómics tengan que seguir por siempre lo que causa que todos los puntos anteriores carezcan de sentido. Si hubiera una sola saga en la que Ciudad Gótica es casi destruida y Batman casi muere, sería épico; como sucede a cada rato, se vuelve ridículo e inverosímil; y lo mismo con el asunto de Arkham y del Joker: prolongar indefinida y artificialmente (esto es, contra toda la coherencia interna del relato) la presencia de estos elementos para poder echar mano de ellos cuando algún escritor (o más probablemente, a un editor) se le ocurre que ya es tiempo de otra fuga masiva de Arkham u otra carnicería del Joker, han hecho que se vuelva injustificable y absurdo.

Quizá lo mejor para Batman habría sido que, a partir de Año Uno, la saga que narra el origen del Encapotado, los editores hubieran planeado algo como: "Bueno, vamos a mantener este cómic por diez o veinte años; va a ser una historia con un principio, un desarrollo y un final. El Guasón aparecerá dos que tres veces y significará el reto más difícil para Batman. Más o menos hacia el final de la serie, haremos un arco argumental de proporciones épicas, de tal forma que el cómic termine de la manera mas heroica posible".

Pero meh, sabemos que eso nunca va a pasar, y además, como dije antes, ¡queremos que siga habiendo más historias de Batman! Porque, la verdad sea dicha, todas esas insensateces, todas esas incongruencias, son parte de lo que hace de los cómics de superhéroes una delicia para los paladares más finos (frikis, pues).

¡Saludos!

miércoles, 10 de abril de 2013

Hay que estar más informados y menos opinionados



En el último episodio de ese inmenso clásico literario que es Los viajes de Gulliver, nuestro desventurado protagonista es abandonado en una isla, la cual está habitada por los Houyhnhnms, una raza de caballos inteligentes cuya armónica sociedad sirve de pretexto para que el autor Jonathan Swift exponga algunas de sus ideas utópicas. En fin, para no quemarles este gran libro (que deberían leer, ¿eh?) sólo quiero contarles una cosa. Gulliver nos informa que los Houyhnhnms desconocenel concepto de "opinión", y que en cambio sólo tienen lo que se sabe, lo que no se sabe y lo que se puede inferir mediante la recta razón.

¡Oh, quién fuera tan racional y sensato como esos nobles equinos! Bien, creo que los humanos no podemos dejar de tener opiniones, pues hay muchas cosas que no sabemos, o que sabemos a medias, y tenemos que completar esos datos con las ideas que nos parecen las más probables o acertadas. Sin embargo, a menudo cometemos el error de confundir opiniones con certezas. Muy seguido basamos nuestras opiniones en nuestros deseos, temores, simpatías, antipatías, creencias, ideología y demás. Eso es muy natural, pues padecemos de algo llamado "sesgo de confirmación", que nos hace aferrarnos a la información que favorece nuestras creencias, e ignorar aquélla que las contradice. Pero las cosas pueden ponerse un poco catastróficas si partimos sólo de nuestras opiniones y nos aferramos a ellas como si fueran verdades absolutas, cuando en realidad no sabemos lo que pasa.

Va un ejemplo sencillo. Michael Jackson (o Gloria Trevi, para el caso es lo mismo) es acusado de abuso sexual de menores. Todo el mundo tuvo una opinión al respecto. ¿Y en qué se basaban esas opiniones? Muy sencillo: en lo mucho que nos gustara, disgustara o fuera indiferente la música de Michael Jackson (o Gloria Trevi). Si uno era fan acérrimo de Michael Jackson (o de Gloria Trevi), estaría absolutamente seguro de su inocencia. Y claro, la forma en la que los medios manejaron la noticia tuvo mucho que ver para influir en quienes no eran fans (en el caso de Gloria Trevi, los medios explotaron de una manera vergonzosa y mórbida su caída, manipularon la opinión pública hacia su condena y luego vendieron su redención como si nada, puaj).




Pero si somos sólo decentemente racionales no podemos menos que admitir que, aunque bien podemos tener nuestras opiniones y expresar "lo que nos late", en realidad no sabemos si Michael Jackson (o Gloria Trevi) es inocente o culpable, y que ciertamente "es que amo su música, goe, soy su fans desde la infancia!!!" no es un argumento que pueda inclinar la balanza. La culpabilidad o inocencia de Michael Jackson cae en el terreno de lo que NO SABEMOS, y un mínimo de honestidad intelectual exige que lo admitamos.

Bien, eso de formular una opinión y luego convencerse de que es una certeza es un fenómeno bastante común en las redes sociales, y en temas más trascendentes que Michael Jackson, en particular sobre política, que siempre enciende los ánimos y provoca las reacciones más viscerales y volátiles, en especial en nuestro querido país de simios fanáticos.

Veamos un ejemplo que se ha vuelto señero por lo absurdo del asunto: el de los perros del Cerro de la Estrella. A principios de 2013 se difundió la noticia de que habían sido encontrados los cadáveres de algunas personas que aparentemente habían sido atacada por perros ferales en el Cerro de la Estrella, Delegación Iztapalapa, Ciudad de México. Las autoridades capitalinas pasaron a capturar perros callejeros para hacerles pruebas y determinar si habían consumido la carne de las víctimas.

Pero, ¡oh catástrofe! En cuanto llegó a las redes sociales se convirtió en un escándalo. Muchas personas estaban indignadísimas por el trato que recibían los "perros políticos" y clamaban por su liberación, como si fueran víctimas de algún abuso. Gente de todo el país estaba segura de que los perros eran inocentes, y de que todo era parte de un complot del gobierno para inculparlos.



¿Por qué creo que éste fue un caso de mucha opinión y poca información? Porque, si somos sinceros, hemos de admitir que NO PODÍAMOS SABER si realmente fueron perros los que ocasionaron las muertes de esas personas. Claro, hay algunos datos que nos generan dudas razonables, como que los familiares de las víctimas no creían la versión de los perros (aunque eso es,¡ay!, sólo una opinión más), que los vecinos del lugar nunca antes hubiesen sabido de ataques de perros en las cercanías, o que las víctimas aparentemente no tenían nada que hacer por ahí.

Pero también había algunos datos que fortalecían la hipótesis de que había habido un ataque de perros, porque las heridas de las víctimas correspondían con lo que se sabe que es el comportamiento de perros ferales. Teniendo estos datos en consideración, lo correcto sería admitir NO LO SÉ, pero a muchas personas eso no les es nada fácil.

Mucha gente de Internet estaba segurísima de que los perros eran inocentes. ¿Por qué? No es broma, los argumentos en defensa de los perros eran del tipo "¡Míralos, es obvio que son inocentes!" (ya saben, tipo abogado de la tele "miren a mi cliente, vean su carita de inocencia") o "los perros son buenos por naturaleza, no son depredadores" (mentira: son carnívoros cazadores que descienden de los lobos y sin cuidado humano regresan a sus instintos salvajes).

La esquizofrenia por los perros alcanzó niveles ridículos. Sin tener en cuenta que las autoridades sólo capturaban a los perros para hacerles análisis y que, de resultar "inocentes", serían llevados a albergues, la gente voluble en las redes acusaba al gobierno capitalino de querer perjudicar a los perros por motivos oscuros, para proteger a los verdaderos perpretadores o para hacer un abrigo de pieles, qué sé yo.


Miguel Ángel Mancera, según la visión del #YoSoyCan26


El término "perros políticos" fue el colmo de la ridiculez y hasta una afrenta contra los verdaderos presos políticos. Un preso político es un individuo que, sin haber violado ninguna ley ni cometido delito alguno, es apresado por cuestiones políticas. Incluso en el caso de que los perros no fueran los verdaderos asesinos, detrás de su captura sólo habría incompetencia, no motivos políticos. Además, de todos modos es labor de las autoridades capturar a los perros callejeros y llevarlos a albergues, justo como lo estaban haciendo. ¿Qué esperaban los que exigían su liberación? ¿Que los soltaran en las calles donde estarían en peligro constante y con el riesgo de propagar enfermedades?

Pero independientemente de esto, está claro que en este asunto hay dos opciones: o los perros mataron a las personas, o no lo hicieron ellos (ésta incluye cualquier otra hipótesis que a usted se le ocurra). Así que los que defendían la inocencia de los canes (¿por qué a los hípsters les ha dado por llamarlos "peludos"?) bien podían estar en lo cierto. Pero ése no es el punto, el punto es que defendían su postura como si fuera una certeza absoluta con base en argumentos insuficientes, o de plano por completo errados, verbi gratia:

Amo a los perros.
Odio al gobierno.
Luego, los perros son inocentes y el gobierno trama algo.

Y no, no estoy afirmando que los chuchos fueran inocentes o culpables del crimen que se les imputaba, estoy diciendo que NO LO SÉ, PERO USTEDES TAMPOCO. Y no lo sé por la misma razón que ustedes no lo saben: porque no existen elementos suficientes para tomar una decisión.

Veamos otro ejemplo, la pelea de box en la que un tal Márquez derrotó a un tal Pacquiao. A mí los deportes me vienen valiendo madres, así que no sabía nada del tema hasta que se volvió un escándalo en las redes porque el pugilista victorioso manifestó su preferencia por el PRI y por Peña Nieto.

¡Santa Macarena! En seguida, la gente que odia a Peña Nieto empezó a hablar de complós, de que la pelea estaba comprada por el PRI para manipular a la opinión pública, etcétera, etcétera. ¿Y que argumentos había para sostener esta opinión? Pos estos:

El PRI es corrupto.
Este atleta ganó una pelea y le va al PRI.
Por lo tanto, la pelea estaba arreglada.



¡Joder! ¡Como si fuera tan difícil imaginar que una persona puede al mismo tiempo ganar una pelea de box e irle al PRI! Sobre todo teniendo en cuenta que la gente ignorante tiende a votar por el PRI y que los atletas profesionales nunca se han caracterizado por su acervo cultural (en especial alguien que se dedica a recibir golpes en la cabeza).

¡Pero noooo! Si el Márquez es priista de seguro la pelea estaba comprada. Y no es que dijeran "me late que" o "se me hace que", como sería honesto decir para alguien que estuviera expresando una simple opinión: lo sostenían como si fuera una certeza, como si estuvieran segurísimos del fraude, como si hubieran visto con sus propios ojos a Peña darle una bolsa de dinero a Márquez, a Pacquiao, al réferi y a quién chingados fuera necesario, porque yo no entiendo ese mundillo del box. Vaya, que hasta leí en las redes argumentos tipo "Pues yo no sé de box, pero ese gancho al hígado se vio medio raro".

Y ojo: no estoy diciendo que la pelea estuviera o no arreglada. Estoy diciendo que NO LO SÉ Y USTEDES TAMPOCO, porque no disponemos de los elementos suficientes para inclinarse en favor de una opinión o la otra.

Vamos por otro caso, esta vez de mayor relevancia: el de Florence Cassez. Cuando fue liberada y devuelta a su país de origen salieron varios artículos sobre ella. De los artículos que no eran escritos por blogueros mentando madres con toda la fuerza de su hígado (como suele hacer su seguro servidor), sino análisis hechos por profesionales y expertos en cuestiones jurídicas y políticas (y éste es, a mi gusto, el mejor de todos), se infería lo mismo: no hay elementos suficientes para saber si mademoiselle Cassez era inocente o culpable, porque la estupidez, corrupción e incompetencia de las autoridades mexicanas habían creado un revoltijo jurídico de proporciones kafkianas.



Ah, pero en las redes sociales la gente ya se manifestaba en contra de la malvada extranjera que había venido a depredar a los mexicanos y ahora se salía con la suya. Al igual que los analistas, los opinionistas de Internet carecían de elementos suficientes para decir con certeza si la señora es inocente o culpable, pero eso les valió madres, pues convirtieron en certeza incuestionable lo que eran simples opiniones basadas en simpatías políticas (la izquierda mexicana y en particular el lopezobradorismo se adhirieron a la causa anti-Cassez) y hasta llegaron a expresarse en contra de toda la nación francesa, en un alarde de chauvinismo ridículo al estilo freedom fries gringas.

Visión mexicana de este asunto


Y para que vean que en todos lados se cuecen habas, los franceses tampoco tenían ni puta idea de si Cassez era inocente o culpable, pero bastaba con saber que una feme fatale guapa y francesa estaba en las garras de los mexicanos salvajes y bárbaros, y ello bastaba para que estuvieran seguros de su inocencia y Sarkozy pudiera venderles la historia de que había que rescatar a esta bella dama de la situación tipo Expreso de media noche en la que se encontraba. (Es curioso cómo en el primer mundo el chauvinismo y la xenofobia son cosa de las derechas, mientras que en Latinoamérica sucede justo lo contrario...)

Visión francesa de este asunto


De nuevo: no estoy diciendo que Cassez fuera inocente o culpable. Estoy diciendo que NO LO SÉ Y USTEDES TAMPOCO.

Un ejemplo más: el alcoholismo de Calderón. Cuando salió la noticia de que se rumoraba que el ahora expresidente era un teporochito, muchos se lo creyeron más allá de toda duda, incluso cuando lo único que había era un rumor. ¿Cuál fue el raciocinio?

Me caga Calderón.
Por lo tanto lo creo poseedor de todos los defectos del mundo.
Por lo tanto es alcohólico.

Nada más, ninguna otra razón para creer en el alcoholismo de Calderón, pero pregúntenle a cualquier chairo de Internet y le dirá que ésa es una verdad científica tan sólida como la gravedad (cuando en realidad hasta parecer ser que hasta el vatito que inició el rumor lo desmintió). Y ojo, que no estoy defendiendo a Calderón; creo que es un pelele, mocho, estrecho de criterios y que la cagó tan grande con su manejo de la guerra contra el narco que propició el regreso del PRI y nunca lo perdonaré por eso. Pero en cuanto a si es o no un alcohólico, NO LO SÉ Y USTEDES TAMPOCO.



¡Y cómo olvidar uno de los asuntos que generó más debates acalorados, el de los disturbios del 1 de diciembre, de los que traté ampliamente en esta entrada. En este caso, los que odian al Peje estaban segurísimos de que el Peje y sus seguidores habían sido los perpretadores de la destrucción, y los que odian a Peña estaban convencidísimos de que todo había sido un montaje orquestado por Peña. ¡Y cuidado que se te fuera a ocurrir decir algo como "hey, pero en realidad no podemos estar seguros", porque como los fanáticos están segurísimos de sus creencias y aborrecen que se les ponga en duda, y se te tiraban encima como mono rabioso o como argentino al que le hubieras dicho que no existe Maradona.

Desde luego, no existían entonces (ni ahora) elementos suficientes para decir con certeza qué diablos pasó ahí, pero los opinionistas de las redes convirtieron sus opiniones subjetivas, basadas en simpatías y antipatías políticas, en dogmas de fe imposibles de cuestionar. Y es que a fin de cuentas los peñabots y los pejezombis tienen las mismas estructuras mentales dogmáticas e intransigentes y casi en lo único en que de distinguen es en el ídolo al que han decidido adorar.



Este tipo de "debates" o polémicas se dan gracias a esa gente de Internet que se suma a cualquier "causa justa" que se ponga de moda, sin averiguar ni de qué se trata, pero con vehemencia y energía tales que parecería que están defendiendo a su propia madre, aunque, como he repetido cual perico, no tengan la información necesaria para pontificar con la seguridad con que lo hacen (y, debo decirlo con todas sus letras, son en la mayoría de los casos gente que se identifica con la izquierda, aunque panistas y priistas también hacen lo suyo).

Sucede en las redes sociales que este tipo de personas "¡causa justa, mataré por ella!" no leen ni comparten mucha información. Leen y comparten memes, caricaturas o fotitos con dos que tres párrafos (sin confirmar fuentes), pero rara vez comparten artículos informativos de fuentes fidedignas que puedan ilustrarnos al respecto. Lo que sucede es que un artículo por lo general invita a la reflexión y al debate, mientras que las fotitos de Internet sólo refuerzan cómodamente las opiniones previamente aceptadas como verdades.

Así, aparte de los casos en que no se puede comprobar qué opinión está en lo cierto, hay otros en los que sí se podría, si las personas se tomaran la molestia de averiguar y confirmar en fuentes serias y fidedignas, y no sólo repitieran acríticamente noticias y declaraciones porque éstas se ajustan a sus ideas preconcebidas.

¿Recuerdan esa foto en la que AMLO supuestamente se negaba a darle la mano a un vendedor ambulante, dejándolo como un snob que menosprecia al pueblo? Los derechistas se creyeron a pies juntillas que era verdad. ¿Por qué? Pos porque odio al Peje, por eso. No se enteraron (ni se quisieron enterar, porque habría ido en contra de su opinión formada a priori), de que esa foto era sólo la primera de una serie que terminaba con AMLO dándole un fraternal (y populista) abrazo al vendedor.



¿O qué tal aquella otra foto en la que unos agentes del FBI supuestamente habían decomisado  unas boletas electorales falsas que se utilizarían en el fraude que estaba a punto de perpetrar Peña Nieto? En la foto sólo veíamos a unas personas con chamarras del FBI cargando cajas, y un texto que la acompañaba explicaba lo que supuestamente era. Eso fue suficiente para muchas personas ¿por qué? Pues porque me caga Peña Nieto y lo creo capaz de cualquier mal, por eso. Pues resulta que esa foto era de un asunto que no tenía nada que ver con nada.



Y esto es importante de decir y quizá le duela y saque de onda a muchos. Así que agárrense para una revelación tipo "la tierra es redonda". ¿Listos? Lléguenle:

LA IZQUIERDA TAMBIÉN DESINFORMA

Yep, así como lo leyeron. Cierto que la izquierda mexicana carece de un cómodo contubernio con poderosas cadenas de TV que difundan noticias sesgadas, como el del que goza el PRI (y, durante 12 años, el PAN). Pero en cambio tiene a tipines maliciosos, de ésos que creen como Martín Lutero que una mentira dicha en nombre del Bien es justificable, elaborando noticias falsas, y un montón de personas dispuestas a compartirlas sin averiguar si es cierto, porque se ajustan de maravilla a sus opiniones sobre a quién se debe odiar y a quién se debe admirar (la derecha también hace esto, desde luego, pero la izquierda predomina en las redes sociales y por eso le funciona mejor).

Pasando a otros temas, decía yo que hasta en el primer mundo tienen sus bemoles y qué mejor que un caso internacional para ejemplificarlo: el de Amina, la activista tunecina que se desnudó como forma de protestar contra las rígidas normas sociales sexistas imperantes en el mundo árabe y que por ello se ganó el que un clérigo loco llamara a los "fieles verdaderos" a lapidarla. 



Bien, como es costumbre, muchos liberales en Occidente sólo leyeron algún encabezado, o el breve texto que acompañaba las imágenes de esta chica sin sostén, y asumieron muchas cosas erróneas, en particular que era el gobierno tunecino quien había condenado a Amina a ser lapidada. No sabían que Túnez es un país con un importante componente laicista, no un Estado islámico, y que por lo tanto esa interpretación de los hechos tenía que ser falsa. Lo que estaban pidiendo los activistas informados era que el gobierno tunecino asegurara a Amina de posibles ataques por parte de fundamentalistas. 

Pero en Occidente existe mucha ignorancia respecto a los países musulmanes (yo mismo no sabía nada de Túnez hasta que empecé a seguir las noticias de este país, pues fue allí donde se inició la Primavera Árabe), y se figuran que por el sólo hecho de serlo, son todos iguales al Afganistán de los talibanes y que tratan a sus mujeres como ganado, y así muchas personas sólo pensaron "hey, aquí hay una causa justa, lucharé por ella hasta que pase de moda", sin averiguar bien de lo que se trataba.



En fin, las moralejas de este larguísimo debraye son:

1.- No debemos tomar por cierto cualquier cosa que se presente como noticia sólo porque corresponde con nuestras opiniones previas.

2.- Antes de opinar debemos informarnos bien del asunto, no quedarnos con lo primero que escuchamos o leemos en las redes sociales.

3.- Si no existen elementos suficientes para hacer una opinión informada y razonada, lo mejor es admitir ignorancia.

Empecé esta entrada con un ejemplo de la alta literatura. Aquí les va otro:



En un capítulo de Seinfield, Elaine tiene una discusión bastante acalorada con un restaurantero porque ella está a favor del aborto y él se opone vehementemente a esta medida. Más tarde en ese mismo episodio, Elaine conoce a un chico guapo y empieza a salir con él. Cuando le comenta a Jerry que "ellos tienen tanto en común", nuestro héroe, con sus malicia habitual, le pregunta:

-¿Ah, sí? ¿Y cuál es su posición respecto al aborto?
-¿Qué?
-¿Que cuál es su posición respecto al aborto?
-Ah, bueno... Pues estoy segura de que él es pro-choice.
-¿Ah sí? ¿Cómo lo sabes?
-Pues... ¡Es que es tan guapo!

Piensen en eso, ¿sí?

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