sábado, 29 de junio de 2013

El Otoño Carioca



Y mientras la clase media en Turquía se ha cansado del autoritarismo del régimen conservador que gobierna ese país, del otro lado del mundo, en Brasil, otra nación que ha experimentado un espectacular crecimiento económico en los últimos años, un movimiento similar en muchos sentidos ha estallado. Como en Turquía, está protagonizado por jóvenes de clase media molestos con el statu quo que utilizan principalmente medios pacíficos (aunque ha habido notorios actos de violencia y vandalismo) para luchar por un cambio en pos de una mayor democratización de la sociedad [¿Por qué los jóvenes de clase media? Porque son los que están educados y conectados, y comparten los ideales democráticos. Ver aquí].

Pero existe una gran diferencia: en los países árabes se trataba de dictadores; en Turquía es un gobierno autoritario de derechas; en España han sido gobiernos tanto de izquierdas como de derechas bastante incompetentes y corruptos unos y otros... Por el contrario, en Brasil nos topamos con que los últimos gobiernos, de Luiz Ignácio da Silva (2003 - 2011) y de Dilma Rousseff (2011 a la fecha), son gobiernos liberales de izquierda, continuación el segundo del primero, elogiados ambos por su desempeño. 

Tanto Lula da Silva, como su sucesora, son lo que podríamos clasificar como socialdemócratas; esto es, demasiado socialistas para los neoliberales y demasiado neoliberales para los socialistas. Con todo, no se pueden negar sus logros tanto en materias de justicia social como de crecimiento económico y de posicionar a Brasil como una nación influyente en el concierto mundial; aunque, desde luego, no están exentos de críticas.



Por supuesto, las cosas en Brasil están ahora mucho mejor que hace 15 años: se convirtió en la octava economía del mundo, 20 millones de personas salieron de la pobreza y la clase media creció del 35 al 50% de la población [más info acá].

En una entrevista que se publicó en el diario La Jornada [ver aquí], se da esta semblanza de Lula:

"Luiz Inacio Lula da Silva es un ser práctico, intuitivo, que busca la resolución concreta de los problemas. Fue en buena medida gracias a esa capacidad, que se desarrolló en Brasil un complejo proceso de articulación política que tornó posible la prioridad de lo social y la promoción de políticas igualitarias, la soberanía externa y la recuperación del papel activo del Estado en la construcción de los derechos ciudadanos."

Pero esto no significa que en Brasil ya TODO esté bien. No sólo el país arrastra décadas de atraso económico, social y educativo, que no es fácil superar ni con el gobierno más eficiente, y no debe olvidarse que las administraciones de Lula y de Rousseff han tenido lo suyo en cuanto a insuficiencias, metas no alcanzadas, inseguridad, crimen y corrupción.

Luego, el gobierno de Rousseff puede presentarse como una continuación del de Lula, y en gran parte fue el prestigio del primero lo que le permitió ganar las elecciones. Pero la política de Rousseff se ha concentrado más en convertir a Brasil en potencia mundial, cueste lo que cueste, que en la inclusión social que caracterizaba al gobierno de Lula. En cambio, a partir de su gobierno se ha vivido un fortalecimiento de las rancias élites políticas y económicas.



El sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos sintetiza los rasgos del gobierno de Dilma Rousseff de la siguiente manera [nota completa aquí]:

"Las políticas de inclusión social se agotaron y dejaron de responder a las expectativas de quien se sentía merecedor de más y mejor. La calidad de vida urbana empeoró en nombre de los eventos de prestigio internacional, que absorbieron las inversiones que debían mejorar los transportes, la educación y los servicios públicos en general. El racismo mostró su persistencia en el tejido social y en las fuerzas policiales. Aumentó el asesinato de líderes indígenas y campesinos, demonizados por el poder político como 'obstáculos al crecimiento' simplemente por luchar por sus tierras y formas de vida."

A esto añadamos que ninguno de los últimos dos gobiernos le ha dado importancia al diálogo con los jóvenes. Como dice el sociólogo brasilero Emir Sader [mismo enlace]:

"Pero, en ese marco, no hay políticas para la juventud por parte del gobierno federal. Consultados, seguramente la gran mayoría de los jóvenes vota al candidato del gobierno. Pero, sobretodo por los efectos de la mejoría en la situación general de las familias, así como por la existencia de muchos más cupos en las universidades, y también más puestos de trabajo.

Sin embargo, los temas específicos de la juventud no son atendidos por programas dirigidos directamente hacia ella. Ni respecto a la descriminalización de las drogas livianas, ni respecto a la legalización del aborto, entre otras cuestiones. El mayor líder político que Brasil ha tenido -Lula- no tiene un discurso específico hacia los jóvenes, no dialoga directamente con ellos."


Así que es natural que haya sectores insatisfechos con lo que no se ha hecho bien o lo que falta por hacerse. No obstante, hasta el momento no se habían dado muestras de descontento tan masivas (y en ocasiones, violentas) como las que están ocurriendo ahora. ¿Qué pasó? El detonante es la suma de dos situaciones: El alza a los costos del pasaje público y la ENORME inversión que el gobierno brasileño para la celebración de la Copa Mundial de Futbol y los Juegos Olímpicos.



¿Cómo está eso? Para decirlo de forma simplificada, los manifestantes se quejan de que en vez de invertir dinero en salud, educación, seguridad y otros servicios básicos que el Estado debería proveer a la ciudadanía, se gaste tanto (que, recuérdese, proviene de los impuestos que todos pagan) en la celebración de los dos magnos eventos deportivos. ¿Pero qué tiene esto de malo? ¿Acaso no el Mundial y las Olimpiadas traerán muchas ganancias para Brasil como país sede? Sí, pero no.

Hay que entender un punto muy importante sobre estos eventos: su principal problema es que socializa los gastos y privatiza las ganancias. El país puede ganar dinero por los turistas que lo visiten, pero lo que se gana por las Olimpiadas y el Mundial pasa directamente a las corporaciones privadas que los organizan. Entonces, el gobierno invierte dinero de la ciudadanía (y muchas veces hasta se endeuda, dejando dicho saldo para que los ciudadanos lo sigan pagando por los años venideros) para organizar un evento con el que van a lucrar las corporaciones [ver más al respecto aquí].



Es como si un gobierno invirtiera en la infraestructura de una sala de espectáculos y todo lo necesario para realizar un concierto de los Jonas Brothers, y al final Disney sólo cobrara por las entradas (carísimas) y toda la parafernalia mercadológica, y ni siquiera se quedara a limpiar después del desmadre. Es exactamente así, sólo que a una escala mucho mayor. Entonces, lo que se reclama es que el gobierno meta todo ese dinero en proyectos que no benefician a la ciudadanía en vez de atender a las necesidades no resueltas de ésta. 

Como antecedentes de estos eventos tenemos las protestas realizadas en las localidades de Natal y Porto Alegre en agosto-septiembre de 2012 y marzo de 2013, respectivamente, en las que los manifestantes lograron convencer a las autoridades de reducir los precios de los pasajes de autobús.

Las actuales protestas iniciaron por motivos y demandas similares en la ciudad de Goiânia en mayo de 2013 y se extendieron rápidamente a otras ciudades. El 11 de junio miles de brasileños salieron a las calles. Al descontento por el alza en los precios del transporte se sumaron la indignación por la brutalidad policiaca que se aplicó contra los primeros manifestantes, la sensación de impotencia por recientes escándalos de corrupción en la clase política y el rechazo al gobierno, al que muchos consideran traidor a sus orígenes marxistas y palero del neoliberalismo (es lo que les decía sobre ser socialdemócrata) [ver más aquí y también aquí y si no quedan convencidos, también aquí].



Ahora bien, lo que hace tan especial especial el caso del Otoño Carioca es el hecho que el gobierno de Rousseff se ha manifestado abierto al diálogo y a la negociación. A diferencia de otros gobiernos, como el de Erdogan en Turquía, que desdeñan la importancia de los movimientos y la legitimidad de sus demandas, la administración brasileña inició por cancelar el alza en los precios de transporte, reconoció la validez de los reclamos de los manifestantes, propuso que se lleve a cabo un referéndum para tratar precisamente los temas que detonaron y alimentaron las protestas: educación, salud, transporte público y manejo de recursos [más info aquí]. 

Siguiendo esta línea de escuchar las demandas de los manifestantes, la Cámara de Diputados de Brasil aprobó que se destinaran porcentajes de los ingresos nacionales del petróleo a la educación (75%) y a la salud pública (25%); así como también se aprobó la abolición del cobro de impuestos al transporte público (que además será gratuito para estudiantes) y la categorización de la corrupción política y la malversación de fondos públicos como delitos mayores. Para terminar, el mismo cuerpo legislativo rechazó por abrumadora mayoría una propuesta de ley que habría limitado los poderes del ministerio público para investigar actividades criminales en el gobierno [aquí, acá, allá y acullá].

Objetivos logrados por las protestas. Fuente: Wikipedia.


¡Joder! ¡Eso es democracia en acción! Y es que la acción directa y la protesta social son también parte de la democracia, junto con la participación ciudadana, las asambleas populares y otras formas de incidir en la vida pública de una nación fuera de las instituciones gubernamentales establecidas. Los que quieren reducir el concepto de democracia a sólo elecciones, partidos y parlamentos son precisamente los que se benefician de que dicho sistema se mantenga intacto.

Vuelvo a citar a Boaventura de Sousa Santos:

"Las manifestaciones revelan que, lejos de haber sido el país que se despertó, fue la presidenta quien se despertó. Con los ojos puestos en la experiencia internacional y también en las elecciones presidenciales de 2014, la presidenta Dilma dejó claro que las respuestas represivas solo agudizan los conflictos y aíslan a los gobiernos. En ese sentido, los alcaldes de nueve capitales ya han decidido bajar el precio de los transportes. Es apenas un comienzo. Para que sea consistente, es necesario que las dos narrativas (democracia participativa e inclusión social intercultural) retomen el dinamismo que ya habían tenido. Si fuese así, Brasil mostrará al mundo que sólo merece la pena pagar el precio del progreso profundizando en la democracia, redistribuyendo la riqueza generada y reconociendo la diferencia cultural y política de aquellos que consideran que el progreso sin dignidad es retroceso."

Brasil entonces se presenta como un caso que podría volverse paradigmático en el contexto de la serie de movimientos sociales que se iniciaron a finales de 2010 con la Primavera Árabe. Si la negociación entre los manifestantes y el gobierno trae un resultado positivo, será un precedente para otros movimientos en otros países: "¡Hey, mira! Los brasileños alzaron la voz y el gobierno los escuchó. ¿Por qué no lo intentamos nosotros? ¿Por qué nuestro propio gobierno no nos escucha?"

Pero si las cosas no salen bien, podría ser una mal precedente. La envergadura de las manifestaciones ha disminuido después de los anuncios del gobierno, pero aún continúan, y ha habido no pocos incidentes violentos: destrucción de propiedad pública y privada. Si alguna de las dos partes, manifestantes o gobierno, se pone intransigente, lo que se diría es "¡Ajá! Miren el caso de Brasil: el gobierno quiso verse buena onda con esos revoltosos, pero por más que les daban ellos sólo querían seguir en su desmadre. ¡Lo único que funciona es la mano dura!". Sólo nos queda esperar a ver qué sucede.

"Profesor: Yo deseo para usted el salario de un diputado y el prestigio de un futbolista"


POSDATA: El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan ha declarado que lo que sucede en Brasil es parte de la misma conspiración llevada a cabo por oscuras fuerzas internacionales para desestabilizar al país [aquí]. La lógica conspiranoica afecta no solamente al chairo promedio, sino a una élite gobernante que se muestra incapaz de comprender los tiempos en los que actúa y los pueblos a los que gobierna.

martes, 25 de junio de 2013

La Primavera Turca




Tradicionalmente, desde fines de la Segunda Guerra Mundial, se ha entendido el Medio Oriente, y en particular los países árabes, como una dicotomía: el fundamentalismo musulmán o la dictadura militar laica. Dado que el integrismo musulmán viene por lo general con una actitud anti-occidental bastante violenta (Arabia Saudita representa un caso especial de un Estado islámico aliado de Occidente), las potencias europeas y sobre todo Estados Unidos han apoyado históricamente dictaduras militares laicas para proteger sus intereses en la región. Saddam Hussein, Hosni Mubarak, Bashar Al Assad y el mismo Muamar Gaddafi fueron el algún momento aliados de Occidente, y cumplían muy bien su parte de mantener el fundamentalismo islámico a raya.

De ahí que muchos se lamenten e incluso se alarmen ante la caída de estos regímenes: temen el fortalecimiento del fanatismo musulmán en la región. Sus temores no son infundados: en Egipto los Hermanos Musulmanes están haciendo todo lo posible para ocupar el vacío de poder que dejó Mubarak. Y eso es sólo un ejemplo de organizaciones integristas que tratan de jalar agua para su molino aprovechando la coyuntura.

Pero lo que resulta inédito en estos movimientos es que ya no sólo se trata de dictaduras militares vs fundamentalistas islámicos; la Primavera Árabe vio el auge de un tercer elemento: una clase media educada, con valores laicos y democráticos, y que es el motor de estas revoluciones. Es este componente el que logró en Túnez una transición democrática más o menos tersa, y que en Egipto ha mantenido la lucha que impide tanto a la junta militar como a los fundamentalistas musulmanes consolidar el poder. Esto es lo que hay que entender, para no reducir el conflicto a la retórica binaria que al caos islámico sólo proponía la "mano dura" de los dictadores.



Turquía es un caso especial en Medio Oriente. No es un país árabe, pero sí es una nación musulmana, una que además se erigió como la defensora del Islam por casi ocho siglos como el Imperio Otomano. Destruido y disuelto el Imperio tras la Primera Guerra Mundial, en los últimos años Turquía ha experimentado un auge económico que se ha clasificado como milagroso. De los países del Medio Oriente es el más cercano a Europa e incluso se plantea como un candidato muy serio para formar parte de la Unión Europea. Más aún, Turquía está en la lista de las economías emergentes que se podrían convertir en potencias en los próximos años.

Pero este progreso ha sido desigual. Al crecimiento económico no se ha sumado un desarrollo democrático o en materia de derechos humanos. Así, cuando la Primavera Árabe alcanzó su apogeo en 2011, Turquía se unió a la lista de países en los que se estaban dando protestas. En ese entonces escribí lo siguiente:

Este país, que se está convirtiendo rápidamente en una potencia mundial, tiene una deuda pendiente con los derechos humanos. La etnia de los kurdos ha sido siempre reprimida, ignorada y perseguida en este país, así como en Siria y en Irak. Este año, inspirados por la Primavera Árabe, los kurdos de Siria e Irak se han unido a las manifestaciones en contra de los gobiernos de los respectivos países. En Turquía las cosas están más tranquilas, pues los kurdos "sólo" piden respeto a sus derechos. No obstante, el gobierno también ha sido represivo y se han reportado más de 2 mil detenidos [todo aquí]. A esto se suma la participación de Anonymous, quien declaró la guerra al gobierno turco en apoyo a la población y en contra de la censura en Internet.

Ahora podríamos estar viendo una nueva etapa u oleada primaveral y esta vez tiene precisamente su foco en Turquía. La historia la hemos visto con anterioridad: un gobierno corrupto y autoritario, injusticia social, falta de oportunidades para los jóvenes... Todo ello causa descontento, pero éste no se expresa hasta que entra en juego un catalizador. Fue la autoinmolación de Mohamed Bouazizi en Túnez a finales de 2010. Fue la cobertura sesgada de los medios sobre el incidente en la Universidad Iberoamericana en México en 2012. Este 2013 fue el aumento en los precios del transporte público en Brasil... y en Turquía fueron las intenciones de destruir un parque para levantar un centro comercial.



Inició como una protesta el 28 de mayo de 2013, que estaba integrada por unas 50 personas y cuyo objetivo era para proteger el parque de Gezi, una de las pocas áreas verdes que sobreviven en la gran ciudad de Estambul, y muy apreciada por la comunidad.  La respuesta brutal de las autoridades, ocurrida el primero de junio, contra un plantón completamente pacífico, fue lo que encendió la chispa. El movimiento se extendió a varias ciudades y encontró eco en las comunidades turcas en Europa. En cuestión de días, las protestas ya no se trataban del parque, sino que eran un alzamiento en contra del gobierno del Primer Ministro Recep Tayyip Erdoğanquien lleva diez años en el poder y cuyas políticas autoritarias y ultraconservadoras (que incluyen la implantación de valores islámicos y la censura en Internet) amenazan la democracia y el laicismo del país anatolio [Ver aquí].

El movimiento tiene mucho en común con los que reseñamos en la entrada anterior: está conformado principalmente por jóvenes (aunque incluye a personas de todas las edades), tiene una estructura horizontal sin jerarquías ni mandos centrales y sin lazos ni compromisos con instituciones políticas tradicionales (lo cual no excluye que varios de los participantes se afilien a éstas), utiliza las redes sociales como su principal medio de comunicación e información (especialmente porque los medios tradicionales no les dan la cobertura merecida), sus métodos son principalmente (pero no exclusivamente) pacíficos... 

Y la reacción del gobierno es también una repetición de lo que ya hemos visto antes: desdeñar a los manifestantes, primero diciendo que "son unos cuantos" buenos para nada y que su movimiento es intrascendente; después, cuando la fuerza del movimiento se hace sentir, acusándolos de ser vándalos, un peligro para la nación, que sólo quieren desestabilizar el "orden y progreso" del país, probablemente manipulados por fuerzas extranjeras; y no falta el uso de infiltrados encapuchados cometiendo actos vandálicos para desprestigiar el movimiento [Leer más aquí].

Y aunque el viceprimer ministro, Bülent Arınç, pidió disculpas por la brutalidad policiaca, la postura sigue siendo que los manifestantes están equivocados y que además el centro comercial se construirá a como dé lugar.



Los alcances y consecuencias de este movimiento aún quedan por verse. Por lo pronto, es casi seguro que afectarán negativamente la carrera política de Erdoğan y su partido, el conservador AKP, y sus pretensiones de instaurar un sistema presidencialista con el actual primer ministro como jefe del ejecutivo.

El fenómeno turco, como el de otros movimientos similares que se han dado en los últimos años, se presenta como una ampliación del concepto de democracia (reducida comúnmente a las elecciones, partidos e instituciones), para admitir también los métodos directos (siendo la protesta social y las asambleas vecinales algunos de ellos), en especial cuando se pierde la conexión entre los poderes y la ciudadanía a la cual supuestamente representan. La democracia no se puede limitar a las urnas y boletas, especialmente cuando la ciudadanía no se ve representada por ninguna de las opciones que puede elegir.

Daron Acemoglu, economista turco y profesor del MIT, señala que el caso de Turquía desmiente la "teoría de la modernización", según la cual el crecimiento económico trae de forma tersa y automática la democratización de un país (teoría con la cual se justifica la aplicación de políticas neoliberales en el Tercer Mundo: primero viene el progreso económico, luego la democracia y equidad). Según Acemoglu, la historia reciente ha demostrado que el desarrollo no es suficiente y países que prosperaron económicamente en las últimas décadas, como Corea del Sur y Taiwán, sólo alcanzaron la democracia después de confrontaciones políticas, incluso violentas, entre instituciones de gobierno y ciudadanía, en procesos en los que movimientos estudiantiles y sindicatos tuvieron un papel fundamental. Tal es la fuerza y el potencial del movimiento turco. [Leer el artículo completo aquí]



Ademán, tantos días de lucha y 4 mil heridos no pasan en vano. La palabra despectiva çapulcu, misma que significa "vándalo" o "revoltoso", y que usó el primer ministro para referirse a los manifestantes, ha dado lugar al neologismo çapuling, que usa el movimiento para referirse a la acción de luchar por los derechos (hasta tiene un equivalente hispanizado: chapulear) [Más info aquí]

Finalmente, los dejo con una canción del grupo Kardeş Türküler, que celebra las protestas en Turquía:



lunes, 24 de junio de 2013

¿Una nueva Primavera Global?



A finales de 2010 se inició una serie de procesos sociales que bien podríamos calificar de revolucionarios (o que intentaron serlo) y que tuvieron su apogeo a lo largo de 2011. Se trató de fenómenos muy diversos, ocurridos en los senos de culturas muy distintas y con alcances variados, que sin embargo tenían una serie de características en común: fueron movimientos espontáneos, de la sociedad civil, sin ataduras con instituciones políticas establecidas, formados principalmente por jóvenes con un sentimiento prodemocrático que venía con la exigencia por parte de la población civil de que no se permitiera más que los poderes fácticos (dictadorzuelos, partidos políticos, corporaciones, bancos, televisoras, iglesias) decidieran unilateralmente sobre las vidas y bienestar de los ciudadanos.

Todo inició con la Revolución del Jazmín en Túnez, una serie de manifestaciones pacíficas que exigían y lograron la renuncia del dictador Ben Alí. Esta victoria detonó un movimiento hermano en Egipto, el cual a su vez provocó la caída del dictador Hosni Mubarak. Se le llamó la Primavera Árabe y las protestas se extendieron por todo el mundo árabe, y más allá, hasta Irán y Turquía.



En Libia, la insurrección se convirtió en guerra civil contra las fuerzas del dictador Muamar Gaddafi, que incluyó la intervención de fuerzas de la OTAN para finalmente derribar al régimen. En Siria se dio la otra guerra civil, que continúa, principalmente porque las potencias del Consejo de Seguridad de la ONU no se ponen de acuerdo sobre el curso de acción a tomar (a diferencia del caso de Libia). EUA, el Reino Unido y Francia están a favor de derrocar al dictador Bashar Al-Assad, mientras que China y Rusia apoyan su régimen. Ambos bandos se acusan mutuamente de intervencionismo y de dar armas y apoyo al enemigo, así que lo más probable es que ambos lo estén haciendo.

Egipto y Yemen, los otros dos países que derrocaron a sus dictadores, están experimentando una dura transición, y ni es seguro que logren establecer democracias. Marruecos, Jordania, Kuwait, Líbano y Omán experimentaros reformas constitucionales o de gobierno como respuesta a las manifestaciones. En Baréin todavía se vive una insurrección civil y las protestas siguen ocurriendo de vez en cuando en Arabia Saudita.

Las redes sociales e Internet en general se volvieron parte medular de estos movimientos, pues era a través de estos medios, que hasta entonces no eran vigilados por los gobiernos, que los manifestantes se organizaban y compartían información. Visto el gran potencial de la Red de Redes para la democratización del mundo, muchos se han lanzado a la defensa del Internet libre,  mientras que gobiernos y políticos no dejan de insistir en que hay que "ponerle límites" a este maravilloso medio.



A finales de 2010 se dio el escándalo del Cablegate, en el que WikiLeaks filtró a los principales medios una serie de cables diplomáticos secretos de los Estados Unidos, que revelaban información sobre actividades cuestionables (por decir lo menos) de gobiernos, corporaciones y otros poderes. Parte de esta información fue uno de los detonantes de la Primavera Árabe en Túnez y Egipto.

Julian Assange, fundador y presidente de WikiLeaks ha sufrido desde entonces la persecución de Estados Unidos y sus aliados, y ahora se refugia en la embajada de Ecuador en Londres, pues el país andino le ha ofrecido asilo político. Peor suerte corrió Bradley Manning, el soldado estadounidense que filtró documentos y grabaciones que contenían información sobre crímenes de guerra cometidos por el ejército norteamericano en Irak. Manning fue tomado prisionero y ha sufrido torturas psicológicas y confinamineto solitario.

A las acciones de Assange se suman las del colectivo hacker Anonymous, con un número indefinido de miembros y que opera en todo el mundo. Ya sea proporcionando canales para facilitar información, o atacando páginas web de gobiernos e instituciones autoritarias, Anonymous estuvo presente desde la Primavera Árabe, hasta los movimientos Okupa en Occidente.

Hablando de ello, éstos tienen sus antecedentes en movimientos como los de Islandia y Grecia, pero dieron un gran salto con el movimiento 15M o de los Indigandos de España, en el que miles de personas, principalmente jóvenes, se manifestaron contra la corrupción y el autoritarismo de los gobiernos (llámese de izquierdas o derechas) que no trabajan para su ciudadanía sino para sí mismos, los bancos y las corporaciones.



En el último tercio del 2011, la misma capital del mundo se vio contagiada por el sentimiento de rebeldía anti-sistémico con el surgimiento de Occupy Wall Street, que le dio nombre a los movimientos Okupa de todo el mundo. El 15 de Octubre de 2011 se dio una serie de manifestaciones a nivel mundial, en más de 90 ciudades en los cinco continentes. Se había convertido en una Primavera Global. Finalmente, a mediados de 2012 se dio una manifestación tardía de esta ola, con el Yo Soy 132 Mexicano, que compartía con los otros movimientos sus características principales.

Se trataba de movimientos diversos y heterogéneos. Leyendo y escuchando las voces de los que participaban en ellos se podía ver tal diversidad. Había quienes querían que se regulara los poderes fácticos para que no se perdiera la democracia, y había quienes querían abolir de plano el capitalismo. Había jóvenes de una lucidez y consciencia impresionantes, que manifestaban con precisión sus críticas al estado de cosas actual; y había los conspiranoicos clásicos, seguros de que eran sociedades secretas las que controlaban todos los gobiernos en el New World Order.

Quizá esta misma diversidad y el hecho de que fueran movimientos espontáneos, horizontales y sin dirigencia fueron las causas de que se diluyeran o estancaran poco a poco y perdieran poder de convocatoria. Pero sus lecciones no se olvidan. Estos movimientos pusieron sobre la mesa de discusión temas que antes no se discutían; provocaron el interés en temas públicos de una generación que era juzgada por ser apática; y demostraron la fuerza de los jóvenes en particular, y de los ciudadanos en general, cuyo poder puede hacer temblar a gobiernos y corporaciones. Los efectos a largo plazo aún quedan por medirse.

Todo lo anterior no es más que un breve resumen de lo que fueron estos movimientos. Quien quiera leer todo lo que escribí cuando les daba seguimiento a estos procesos, puede remitirse a esta compilación de artículos. Lo recuerdo porque parece que se inicia una nueva ola de movimientos revolucionarios. Las manifestaciones en Turquía recuerdan a la Primavera Árabe, las protestas en Brasil son como un renacer de los movimientos Okupa y el caso de Edward Snowden, que reveló el programa del gobierno de EUA para espiar a todo el mundo a través de Internet, es como otro Cablegate. De todo ello hablaré en las próximas entradas. Por ahora, sirva esto como una introducción y para refrescar la memoria.

+La Primavera Turca
+El Otoño Carioca
+La caída del Gran Hermano
+Egipto: la revolución que no termina

sábado, 22 de junio de 2013

No es sólo la escuela



En semanas recientes se ha estado compartiendo información acerca del sistema educativo de Finlandia, el país europeo que ha obtenido los resultados más altos en la prueba internacional PISA. Dos son los artículos principales en los que puede leer sobre el sistema educativo de ese país escandinavo: uno es del periódico ABC y el otro de Animal Político (les recomiendo enfáticamente leerlos). 

México, por otra parte, es un país que siempre obtiene resultados lamentables en la prueba PISA, y algunos mexicanos, preocupados por mejorar la calidad educativa del país (de la cual, bien se sabe, depende el desarrollo de una nación), han empezado a tomar nota de los métodos finlandeses.



Varios puntos llaman la atención de la situación en Finlandia. Uno de ellos es que allí se invierte casi un 7% de su producto interno bruto (PIB) en educación, en oposición al poco más de 4% del PIB que invierte México; con todo y que Finlandia tiene un PIB menor (234 mil 500 millones de USD anuales, en contraste con nuestros orgullosísimos 2 billones 224 mil millones; datos de 2015), decide invertir un porcentaje más alto de ese dinero en su desarrollo educativo.

Otro aspecto notable es que en Finlandia la profesión de maestro es a la par muy exigente y muy prestigiada. A los maestros se les exige mucha preparación, dedicación y resultados, y aunque no ganan mejor que en el promedio de los países europeos, gozan de un alta estima y reconocimiento social. Sólo los mejores profesionistas son seleccionados para ocuparse de algo tan importante como la formación de niños y jóvenes.

Pero en lo personal, lo que me llamó la atención es que en Finlandia la educación no termina en el aula. Los estudiantes finlandeses pasan menos horas en la escuela y se llevan menos tareas a sus casas. Peeero, resulta que en este país hiperbóreo se tiene una cultura en la que se aprecia el conocimiento. Las personas cultas son apreciadas y respetadas. Las bibliotecas públicas y los museos son lugares muy frecuentados. Los finlandeses leen mucho y asisten a eventos culturales como parte de sus actividades familiares. Incluso los medios de comunicación ayudan con el estímulo a la lectura y al conocimiento. Es decir, un niño finlandés, al terminar su día escolar, se encuentra en un ambiente en el que sus mentes son estimuladas constantemente, de forma que pasar tantas horas en clase y sobrecargarse de tareas ya no es necesario.



En México, en contraste... Uff, ¿por dónde empiezo? Los mexicanos no acostumbran a leer como actividad placentera; el conocimiento que vaya más allá de "lo que me va a servir para mi profesión" no es valorado; las personas cultas no son prestigiadas, mientras que ser ignorante es cool; los medios de comunicación con más consumidores (principalmente la TV, pero también revistas y radio) son de un nivel cultural e intelectual ínfimo, y en general existe una cultura del mínimo esfuerzo, sobre todo si se trata de un esfuerzo intelectual.



Nos quejamos de los maestros, porque muchos de ellos son personas con poca preparación, mediocres y hasta corruptos, que se gastan los días protestando para que no les quiten plazas hereditarias, no les hagan evaluaciones ni los obliguen a tomar cursos de formación continua. Pero como con el caso de los políticos corruptos, los maestros mexicanos no nos son impuestos por una potencia extranjera ni son depositados en nuestras escuelas por naves extraterrestres: surgen de nuestra misma sociedad, son producto de nuestro mismo sistema educativo, de nuestra misma cultura de la conchudez, el gandallismo, la mediocridad intelectual y el desdén hacia el conocimiento.



La mema de Josefina Vázquez Mota quería mandar a los niños a la escuela prácticamente todo el día, lo cual en su momento califiqué como una reverenda estupidez, porque los niños necesitan desarrollarse en ambientes diferentes al académico y ello sólo lograría que los alumnos odiaran más la escuela de lo que lo hacen ahora. Ya muchos colegios tienen horarios más largos que cuando yo estudié (a la secundaria iba de 7:30 a 13:30; mis alumnos van de 7:00 a 14:20) y sospecho que esta expansión de los horarios tiene menos que ver con el mejoramiento de la educación que con el hecho de que ahora ambos padres de familia trabajan y sus horarios laborales son más extendidos, por lo que tienen que dejar a sus chiquillos en algún lado.

Pero reducir los horarios y la carga académica estaría muy lejos de ser la solución porque al salir de clases los chicos no tendrán más estímulos que los impulsen a aprender y usar sus cerebros. Esto es a menos que las familias mexicanas se comprometan a crear en cada hogar un espacio de aprendizaje, que las ciudades se llenen de centros culturales y que éstos se llenen de personas, que los medios de comunicación muestren mejores contenidos, que los gobiernos se preocupen realmente por elevar los niveles de educación e impulsar la cultura, y otros milagros utópicos que no espero ver que sucedan en esta vida. 

Educando a los mexicanos desde 1950


¿Cómo podríamos llevar a cabo un cambio cultural de esa magnitud? No lo sé, porque parece un círculo vicioso. Por lo pronto, el hogar es el primer espacio en el que los chicos aprenden y estimulan sus mentes; los padres deben comprenderlo y no dejar toda la responsabilidad a las escuelas y profesores. Si en casa el afán por el conocimiento y la lectura no son estimulados, está muy difícil que los chicos lo aprendan en la escuela.

Por otro lado una buena escuela debe desarrollar en sus alumnos las herramientas para continuar aprendiendo en todos los demás aspectos de su vida; y si en casa no les están fomentando el interés por leer y cultivarse, en la escuela debemos intentarlo. Otro espacio es Internet, pero hay que enseñarles a los chavos que la Red de Redes no es sólo un medio de para entretenimiento frívolo y efímero, sino que puede ser una herramienta para el enriquecimiento personal. ¿Quién se lo enseña? La familia y la escuela, desde luego.

Un cambio así requeriría de la suma de muchas voluntades para que cada quien realice pequeños cambios en los ambientes a su alcance. Es por eso que yo, como profesor, como padre y también como bloguero, voy a seguir aquí intentándolo.


Para una reflexión sobre cómo todos podemos contribuir a la construcción de la sociedad del conocimiento, lean esta entrada.

martes, 18 de junio de 2013

El Hombre de Acero



Si han seguido este blog desde hace tiempo, ya se habrán dado cuenta de que soy fan de Superman, y todo lo que tenga que ver con el Último Hijo de Kryptón. También sabrán que la última película del Azuloso, Superman Returns, no me pareció ni buena ni mala, sino inútil y de hueva. Y habrán adivinado que sin falta iría a ver la novísima versión del mito supermaniano, El Hombre de Acero, dirigida por el "visionario" Zack Snyder, escrita por David S. Goyer y producida por Christopher Nolan. No se equivocarían en suponer que les tendría una reseña de este magno acontecimiento comiquero-cinematográfico. Y aquí está:

He notado en las redes sociales que esta película ha dividido las opiniones de cinéfilos y comiqueros por igual. se podría decir que hasta se polarizaron las posturas: hay gente que la ama y gente que la odia (justo lo que pasó con Watchmen, también de Snyder). Me temo que me voy a colar en el equipo de los primeros. Me gustó. Me gustó mucho. Me alucinó. Me tuvo diciendo WOW desde el principio hasta el final. Tiene sus fallas, cierto, pero también tiene sus virtudes y en mi opinión éstas compensan las primeras. Pero vayamos por partes.

SPOILER-FREE

Número uno y quitémosnoslo de encima: Sigue siendo mejor la versión de Richard Donner de 1978. Christopher Reeve sigue siendo Superman, y el tema de John Williams sigue siendo insuperable. Las comparaciones son injustas y están fuera de lugar. Donner y Reeve hicieron una película casi perfecta, una buena película no sólo dentro del género, sino como filme; la primera cinta de superhéroes hecha en serio. Man of Steel es una película chingona, cine palomero del mejor. No tiene mayores pretensiones y hay que verla así.

Empecemos por el principio, por lo más notorio de la película: la acción. Es GIGANTESCA. Las secuencias de acción son tal como lo que estamos acostumbrados los comiqueros a ver en las viñetas, y superó en tamaño e intensidad a la secuencia final de The Avengers. La acción inicia desde el principio y sólo sigue en aumento hasta el final climático. Además, es acción muy bien hecha (si para algo es bueno Snyder es para esto), y uno puede apreciar cada golpe, cada explosión, cada vuelo, sin perder la secuencia ni los detalles.



Peeero, abusa de la acción. Ya hacia la mitad de la película, la acción ya estaba chingonsísima, no era necesario poner tantas secuencias violentas ni subirle tanto al volumen. Al tener una batalla épica detrás de otra, cada una más grande que la anterior, uno llega a sentirse cansado. Como narrador cinematográfico, Snyder debería saber que no se puede mantener la tensión y la atención si pone escenas explosivas unas detrás de otras. Sentí que el ritmo era tan vertiginoso que no me daba un respiro.

Por otro lado, entiendo la razón de ser. Hay que tener en cuenta que ésta era la última oportunidad de DC de anotarse un éxito cinematográfico fuera de la serie de Batman. Superman Returns y Green Lantern fueron fracasos, el primero en taquilla y el segundo tanto en taquilla como en críticas. Superman tenía que apelar no a nosotros, los rancios comiqueros que crecimos con las versiones de Donner, de John Byrne y de Bruce Timm, sino a la chaviza que ha crecido con las pirotécnicas películas de Marvel. Tenía que mostrarles que Superman no es ñoño ni aburrido, sino que puede ser intenso y patear más traseros que todos los Avengers juntos. 

Entonces había que poner tantos fuegos artificiales como fuera posible, no tanto para hacer una película sólida, sino para llamar la atención, para crear una franquicia a partir de un primer éxito. Y por lo visto lo lograron, porque el éxito taquillero en la primera semana ha sido suficiente como para que Warner confirme una secuela. Lo cual es bueno, porque una secuela puede ser mejor.

Man of Steel se centra DEMASIADO en la acción, y ésta es de nivel épico, pero por lo mismo falla en otros sentidos. El principal es el desarrollo de los personajes y sus relaciones entre sí. No hay muchos momentos en los que se puede profundizar mucho en ellos (y el universo de Superman, por si usted no lo sabía, tiene personajes muy interesantes). Cuando parece que van explorarse más sus personalidades o que van a construirse relaciones, una secuencia de acción llega para interrumpir. 

Sin embargo, en los pocos momentos que sí le dedican al desarrollo están muy bien escogidos. Goyer escribió diálogos y momentos que, apenas colocados por aquí y allá en cantidad y frecuencia mínimamente suficientes, insinúan que en los personajes tienen cierta dimensión, algo dentro de ellos que va más allá de lo que se ve. En particular me impresionó cómo el escritor logró, con unos pocos diálogos (y con el talento de Michael Shannon), construir un personaje tan interesante como Zod. Eso es saber manejar bien los elementos de un relato. Eso sí, tengo que decirlo: la cámara maraquera de Snyder estorba y marea, sobre todo en momentos tranquilos en los que lo importante son los diálogos y las emociones. Espero que Nolan le dé un zape por eso.


Hablando de actuaciones: Cavill, como Superman, muy bien. Kevin Costner como Jonathan Kent, muy bien. Russel Crowe como Jor-El, se roba la película. Lawrence Fishburne como Perry Black, ok. Amy Adams como Lois Lane... Ay, se ve que ella hace un gran esfuerzo, pero es que el papel no era suyo. Ella es muy "niña dulce" y en cambio Lois es una cabrona. Lo intenta, pero no le sale.

No obstante, una vez que se ha llamado la atención del gran público y que se ha demostrado que Superman puede ser súper, espero que en la secuela le bajen a la velocidad y al volumen, y se concentren en el desarrollo de los personajes y de la trama. Además, no se puede mantener ese nivel de acción sin que se vuelva trivial, y para que algo así de grande vuelva a suceder, ya no más falta que metan a Doomsday (pero es muy pronto para eso), sin mencionar que lo que sigue es que aparezca Lex Luthor, por lo que el conflicto deberá ser más de intelectos y emotividades.

Le hace MUCHA falta a esta película explorar la reacción del mundo ante la existencia de Superman (más sobre eso en la sección con spoilers) y cómo sobrelleva el mismo Kal los acontecimientos trágicos y catastróficos que ocurren en el último tercio del filme.  Una secuela tiene que hacerlo, porque si no la saga se reducirá a un montón de secuencias de acción sin contenido; y puede hacerlo, porque esta película sentó las bases para ello.

¡Escote gratuito!


SPOILERS AHEAD

Ahora sí, vámonos con cuestiones específicas. En particular dos asuntos que han causado polémica: Pa' Kent y Zod.

Sobre Pa' Kent casi todos están de acuerdo e que Kevin Costner lo hizo muy bien, pero en cuanto a sus acciones hay muchos que se rasgan las vestiduras, sobre todo en eso de que "tal vez" Clark debía haber dejado morir a todos en el camión escolar con tal de no exponerse, así como el asunto de la misma muerte del señor Kent y eso del tornado.

Pero es que no lo están entendiendo bien. Un padre protege a sus hijos por encima de todas las cosas. Y el amor que Jonathan le tiene a Clark es evidente y poderoso. Es obvio que ningún padre le va a decir a su hijo "Sacrifícate por los demás", porque el temor de perder a un hijo (a su único hijo) puede quitarle a uno el sueño. Aún así, Pa' Kent le enseña a Clark la valiosa lección del sacrificio, de darlo todo por los otros, no con palabras, sino con acciones. A Clark le dijo siempre que no se expusiera, que no se arriesgara, pero el mismo Jonathan decidió arriesgar la vida para salvar a otras personas y prefirió morir antes que exponer a su propio hijo. He ahí la enseñanza : no "protégete aunque los demás se chinguen", sino "mírame, hijo, un hombre de verdad hace lo que es correcto aunque le cueste la vida". Para mí, eso funcionó muy bien.


La muerte de Zod, y en general la actuación de Superman durante el ÉPICO enfrentamiento final también causó mucho escozor. Sí, Supes la cagó. Muchas veces. No pudo evitar que murieran cientos de miles de personas y al final tuvo que tomar una vida él mismo. Se muestra como un héroe inefectivo y los fans se quejan de que "¡Superman habría encontrado una manera!". Sí, Superman la habría encontrado. Pero éste no es Superman. Es un aprendiz de Superman; es un tipo que ha pasado toda su vida desorientado y perdido y que de pronto tiene que enfrentarse a un reto que está más allá de todo lo que hubiera imaginado. Era natural que cometiera tantos errores. 

¿Qué había cinco maneras de evitar que Zod matara a esa familia sin ejecutarlo? Igual y sí, pero éste es un Super novato, inexperto, que tenía que tomar una decisión en chinga. Además no se hagan güeyes: la vez que Superman mató a alguien en el cómic, fue precisamente a Zod. Y la película dejó en claro que el haberlo hecho le estaba partiendo el alma (a diferencia del Batman de Nolan, que se la pasa cacareando sobre cómo él no mata y luego mata a todo el mundo).

¡Los cambios! Yo esperaba muchos cambios, desde luego. De no haberlos habido, me habría decepcionado. No tenía ningún interés en ver el cómic simplemente trasladado al cine: quería ver cómo Goyer y Snyder lo interpretaban. 


Me gustó Kryptón como un planeta moribundo y violento, casi salvaje; parece sacado de una obra pulp (en oposición a la ascéptica utopía que antes nos mostraban). Me encantó que Jor-El fuera un badass. Me gustó que Zod matara a Jor-El, y que la rebelión se diera al mismo tiempo que el fin de Kryptón. Lo que no me gustó fue que Lara muriera sola y desconsolada; tradicionalmente tenía por lo menos a su marido a su lado cuando llegaba el final. 

Me parece muy interesante la relación entre Lois y Clark. Que ella sepa quién es desde el principio dará menos problemas y abre posibilidades, pues además de su amante, puede ser su aliada. Y nos quita esa ya choteada dinámica en la que el héroe tiene que ocultar su identidad de la mujer que ama.

Me gustó que la historia del joven Clark fuera contada a manera de Flashbacks, porque de lo contrario nos habríamos tenido que chutar toda una historia que ya conocemos de memoria antes de que empiece lo bueno. Y deja la posibilidad de que en una secuela se explore más el pasado de Clark, como su relación con Lana Lang o sus viajes por el mundo.

Si quieren ver una película como la del 78, que vean la película del 78. Alguien llegó a decir que debían tomado esa película y mejorar los efectos especiales, y que todos la amarían. Pero ése no es el chiste. Esa visión de Superman ya está hecha. El chiste era intentar algo nuevo.


En cuanto a lo peor logrado de la cinta, fuera de la falta de desarrollo de los personajes y la trama, está la relación del mundo con Superman. Se anuncia que hay extraterrestres que amenazan a la Tierra, y dos días después la gente sigue como si nada: uno pensaría que se llenarían los templos de fieles orando, que habría pánico en las calles, que las fuerzas militares de todo el mundo estarían en alerta... Pero dos días después, cuando los kryptonianos llegan por fin a Metrópolis parece que no más estaban interrumpiendo un domingo cualquiera. Es más, mientras Zod y Superman mataban a cientos de miles de personas, la gente en la parte de la ciudad en que no estaban ocurriendo los madrazos seguía su vida cotidiana, cuando uno imaginaría que estarían tratando desesperados de evacuar la ciudad.

Finalmente, está eso de los muertos. La película no le da la más mínima importancia. No vemos a las familias destrozadas, a nadie llorando por sus seres queridos difuntos, o alguna escena patriotera y cursi tipo post-9/11. En cambio, perdemos tiempo viendo a Perry Black salvar a un personaje que nos importa un bledo. En el cómic, después de una escena de ese tamaño, habríamos visto todas las secuelas de tal catástrofe; Superman mismo habría aparecido ayudando a reconstruir, o guardando un respetuoso silencio ante un campo cubierto de cruces blancas. Aquí no, en la escena siguiente aparece con Ma' Kent y acto seguido aceptando un empleo en el Daily Planet (en un edificio nuevo, hemos de suponer). Quizá es cosa de Goyer, y que parte de su forma de pensar es que mientras gane el bueno, el súper-hombre, los personajes secundarios, inferiores e irrelevantes pueden morir a centenares, como vimos en las películas de Batman.

En fin, me gustó The Man of Steel. Creo que es tan buena para Superman, como Batman Begins lo fue para el Encapotado (y si una película es mejor que la otra es porque, you know, he's the goddamn Batman). Recuérdese que cuando esta última muchos pensamos "Pues está bien, pero sigue siendo mejor la de Burton". Ahora decimos "Sí, está bien, pero sigue siendo mejor la Donner". Veamos si este equipo es capaz de traernos una secuela a la altura de The Dark Knight.


miércoles, 12 de junio de 2013

Catorce consejos para mejorar la educación científica




En su libro Denying Evolution, el biólogo, educador y filósofo Massimo Pigliucci encuentra una de las causas del auge de doctrinas irracionales como el creacionismo en la falta de cultura científica de la población en general, y ésta se debería a una deficiente educación en ciencias en las escuelas y universidades. Para superar estas deficiencias, propone los siguientes puntos. Algunos se refieren específicamente la universidad, mientras otros se aplican a la escuela en sus distintos niveles. Pigliucci espera que si la comunidad educativa los adopta, se dará un cambio notable en las próximas generaciones. Lo ideal es que lo acepten instituciones completas, pero una facultad o sección, incluso un solo maestro, pueden hacer la diferencia.

1.- Los científicos deben bajar de sus torres de marfil:

Los científicos deben estar conscientes de su papel en la sociedad y tratar de aportar algo a ésta. Encerrarse en sus laboratorios u oficinas, concentrados en asuntos que los tontos mortales no pueden entender, no sirve de mucho. Los científicos que no aportan a sus comunidades deberían considerarse a sí mismos parásitos sociales. Según Pigliucci, dicha aportación puede ser de cuatro tipos: 1.- La posibilidad de que sus estudios den como resultado algo que beneficie a la humanidad. 2.- El hecho de que están añadiendo ladrillos al "edificio del conocimiento". 3.- La enseñanza. 4.- El contacto directo con la comunidad.

Los científicos puede realizar labores de divulgación, como ofrecerse para impartir conferencias, o escribir en publicaciones populares, o participar en debates sobre temas polémicos y atractivos (evolución vs creacionismo, calentamiento global). Esto redundaría en beneficio para los mismos científicos, pues una sociedad que se interese y valore las ciencias estaría mejor dispuesta a invertir más en investigaciones e institutos. No es necesario ser un cruzado de la divulgación como Carl Sagan, Stephen Hawking o Richard Dawkins; todos pueden hacer su parte.

2.- Las universidades deben cambiar sus prácticas de contratación:

Para Pigliucci, la idea de que un buen investigador es un buen maestro es una falacia. Hay excelentes investigadores que son pésimos maestros, y para los que la docencia es una obligación fastidiosa que les impide desarrollar por completo su trabajo de investigación. Y hay excelentes profesores que no tienen interés alguno en hacer investigación. Las políticas universitarias que obligan a los investigadores a ser docentes y a los profesores a investigar perjudican la práctica de ambos.

Pigliucci cree que las universidades deberían contratar a investigadores para investigar y a profesores para enseñar y, claro está, aprovechar a los que pueden hacer bien ambas cosas (dato cultural: se dice que Kepler era un muy mal maestro). También comenta que, en Oxford, Richard Dawkins es el encargado del departamento de "entendimiento público de la ciencia" y cree que todas las universidades deberían tener una posición así, que explique al público lo que se hace en materia de ciencias en cada institución educativa.



3.- Debe haber educación continua para los profesores:

El aprendizaje continuo se convertirá sin duda en una necesidad en todas las profesiones, así que les recomiendo empezar de una vez en sitios web como Coursera o Khan Academy, que ofrece cursos gratuitos.

Pigliucci opina que un maestro debe ser un aprendiz de por vida y señala que un problema grave en la enseñanza de la evolución es que muchos profesores de ciencias no han sido bien entrenados para explicar correctamente este importante tema. Lo mismo sucede con otros temas de diversas asignaturas; algunos de ellos requieren de una preparación especial para que sean enseñados de forma correcta y que así el alumnado los pueda comprender.

4.- Las mismas universidad deberían entrenar a sus profesores:

Un experto es un experto, y puede saber mucho sobre un tema. Incluso puede ser alguien sinceramente interesado en la docencia y con ganas de practicarla. Pero eso no significa que sepan enseñar bien. Para ser maestro no bastan los conocimientos y la vocación, hace falta entrenamiento. Las universidades deberían contratar no solamente a expertos en ciertas áreas, sino que, si quiere que se desempeñen bien como docentes, deben entrenarlos para tal actividad.

5.- Las escuelas deberían instituir cursos verdaderamente interdisciplinarios:

Esto se celebra mucho en el papel, pero en la vida real no se lleva a cabo. Puede pensarse en actividades que conecten asignaturas como: historia de la tecnología (historia + ciencias), redacción de artículos de divulgación (ciencias + lectura y redacción), ciencia ficción y su relación con la ciencia real (ciencias + literatura), movimientos ambientalistas (ciencias + estudios sociales), etcétera.



6.- Los libros de texto deberían ser reescritos:

El problema con los libros de texto sobre ciencias es que se limitan a enumerar datos, datos, datos, y dejan de lado las ideas que subyacen tras ellos, la forma en la que se llegó a ellas, y la relación que guardan entre sí. Más importante aún, necesitamos que los libros transmitan la idea de que la ciencia es una actividad vibrante, viva, con un pasado brillante lleno de triunfos y errores, y con un futuro lleno de promesas y territorios por explorar. Los niños sienten curiosidad por el mundo natural y acribillan a los adultos con preguntas. De alguna forma, el sistema escolar logra matar esa curiosidad.

7.- Debemos abandonar el formato expositivo:

Desde que existe escuela, ésta se ha basado en el siguiente formato: el profesor habla y los alumnos escuchan; el sabio vierte sus conocimientos y los educandos los recogen. Para Pigliucci, este sistema es fallido. Él opina que los discursos o conferencias son una excelente forma de transmitir una gran cantidad de información en poco tiempo, y esto es bueno cuando se habla de congresos profesionales o seminarios, o sea, en situaciones en las que el oyente quiere estar ahí y es receptivo a lo que dice el expositor. Tal no es el caso del salón de clases.

Pigliucci propone que se adopten modos activos y multimodales, en los que los estudiantes participen activamente en la construcción del conocimiento. En el caso particular de las ciencias, existen muchas actividades educativas que pueden llevarse a cabo para que los alumnos aprendan sus contenidos: realizar experimentos es una de ellas. 

8.- Debe estimularse la investigación con resultados abiertos:

La ciencia no se trata de seguir las instrucciones de un manual para obtener un resultado preestablecido. De la misma forma, para que los escolares aprendan a apreciarla, hay que dejarlos llevar a cabo investigaciones y experimentar por su cuenta, para ver a qué resultados pueden llegar por sí mismos, qué pueden llegar a descubrir. Lo importante es que sepan que el razonamiento sólido y la evidencia empírica puede ayudar a encontrar respuestas a preguntas y soluciones a problemas. Las preguntas y los problemas pueden ser casi cualesquiera.

9.- Se debería hacer mayor énfasis en el "cómo" de las ciencias, y menos en el "qué":

Uno de los mayores problemas de la educación en ciencias es que en las escuelas se les enseña a los estudiantes un repertorio de conocimientos obtenidos mediante la ciencia, pero no se les enseña cómo se llegó a esos conocimientos. Si a los chicos se les dice "¡evolución!", pero no se les explica cómo funciona la evolución y, sobre todo, cómo sabemos que así funciona la evolución, en realidad no estamos enseñando ciencias; sólo entrenamos para repetir.

Más que los hechos científicos hay que enseñarles a pensar científicamente. Seguramente olvidarán muchos de los datos que se les enseñe, pero la habilidad de aproximarse a los problemas con base en el pensamiento racional y la evidencia empírica se les quedará por siempre, y ello se puede aplicar a todos los aspectos de la vida, desde comprar un auto hasta escoger una carrera.



10.- Debemos enseñar pensamiento crítico a todos los estudiantes:

Pigliucci dice que "pensamiento crítico" es ahora una frase de moda muy trillada y que por ello corre peligro de perder su significado. Señala la ironía de que se impartan cursos sobre pensamiento crítico, cuando el pensamiento crítico debería ser el punto central de la educación. Por eso recomienda que todos los estudiantes, sin importar su disciplina, tomen un curso de este tipo.

11.- Las habilidades de escritura y comunicación de los estudiantes deben ser fomentadas:

La ciencia, como actividad social que es, no sobrevive si no existe comunicación, y a Pigliucci le parece asombroso cómo muchos estudiantes, incluso de nivel universitario, esencialmente no saben escribir y apenas son capaces de expresarse oralmente sobre temas complejos. La mejor manera de aprender algo es tener que comunicarlo a los otros. Pigliucci sentencia: si no sabes explicar algo, entonces no lo entiendes. Ciertamente será bueno para cualquier nación tener una ciudadanía elocuente y articulada con el habla, y competente con la escritura.

12.- La tecnología debe estimular las mentes de los alumnos; no evitar que ellos las usen:

Hay una tendencia hacia la creciente digitalización de los entornos de aprendizaje y sin duda marcará el futuro de la educación. Pigliucci no se opone a esta tendencia, pero advierte que debe usarse "con el cerebro prendido". Trasladar el formato aburrido expositivo al medio digital no hará ninguna diferencia. Hay muchas aplicaciones para la tecnología en el aprendizaje, desde ejercicios interactivos en línea hasta simuladores de situaciones que ayudan a los estudiantes a comprender conceptos complejos. Para Pigliucci hay buenas posibilidades para el uso de la tecnología en la educación, pero aplicar la tecnología sólo por hacerlo no lleva a ningún lado.



13.- Los maestros deben usar temas controvertidos como una forma de estimular el pensamiento:

Las escuelas suelen ser temerosas de abordar temas polémicos por miedo de ofender o inquietar al alumnado y a los padres de familia. Pigliucci opina que si la escuela no hace sentir incómodo a un estudiante por lo menos una vez por semana, entonces no está cumpliendo su cometido. La educación debe retar las propias visiones del mundo y someterlas a escrutinio.

La escuela debe ser además un espacio de debate en el que las ideas puedan enfrentarse. En el caso del debate creacionismo-evolución, se podría tomar para enseñar no sólo evolución, sino la ciencia como proceso y, aún más, pensamiento crítico. No se trata de enseñar creacionismo, ni de poner al creacionismo al mismo nivel que la ciencia evolutiva, pero tampoco se trata de ignorar que existe tal postura. El tema se debe abordar para demostrar cuál postura es la correcta y cómo se puede estar seguro de ello.

14.- Los académicos deben organizar actividades comunitarias:

Finalmente, y para enfatizar la importancia del contacto universidad-comunidad, Pigliucci recomienda que se organicen eventos que expongan a la población lo que se lleva a cabo en la torre de marfil de la academia. Estos eventos presentarían a los estudiantes, profesores e investigadores y los acercarían a la comunidad. Pigliucci toma como ejemplo el Día de Darwin que él mismo organiza en la Universidad de Tennessee, para ilustrar al gran público sobre ciencia evolutiva. Departamentos de ciencias y humanidades de otras universidades llevan a cabo eventos similares, y esta iniciativa debería convertirse en algo común de la experiencia académica.



El autor termina con la siguiente conclusión: El propósito de todo lo anterior es mejorar la calidad de la educación y no será fácil, ni barato. Requiere energía, dinero, ideas y entusiasmo, además de que no tendrá resultados espectaculares de inmediato, así que sólo las personas con visión y tesón se comprometerían con esto. Pero sus resultados serían mucho más duraderos que slogans simplistas y la humanidad ya ha pagado un precio incalculable por la ignorancia de sus multitudes. Kurt Vonnegut alguna vez escribió "es vergonzoso ser humano". A los educadores corresponde hacer lo posible para aminorar esa vergüenza para las generaciones venideras.

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