martes, 20 de agosto de 2013

El día en que el mimo rompió el silencio



Uno encontraría difícil de creer, sobre todo después de décadas de propaganda a través del cine hollywoodense, pero hubo una época en la que Adolf Hitler no era visto como un mal tipo en los países democráticos de occidente. Francia e Inglaterra estaban a la expectativa, confiando en que su política de apaciguamiento calmaría los ánimos expansionistas de Hitler y que el feroz anticomunismo de los nazis contendría el peligro soviético. Gran chasco se debieron haber llevado cuando la Alemania Nazi y la Unión Soviética firmaron un pacto de no agresión para repartirse la indefensa Polonia.

Henry Ford, el gran héroe del capitalismo americano, no ocultaba su antisemitismo y su simpatía por los nazis, así como su adherencia a delirantes teorías conspiranoicas como expresó en el imfame libelo El judío internacional (1920), por el cual recibió una condecoración por parte de la Alemania Nazi. En Estados Unidos existía desde la década de 1930 una organización pro-nazi: la German American Bund, a la que se le permitía difundir su ideología libremente. Adolf Hitler apareció cuatro veces en la portada de la revista TIME en 1931, 1933, 1936 y 1939, esta última vez con el título de "Hombre del año". Incluso por los que no eran nazis, Hitler era admirado como un gran estadista.




Las corporaciones americanas General Motors e IBM colaboraron con el régimen nazi, y Hollywood autocensuraba sus propias películas y despedía a artistas judíos con tal de caerle bien a los nazis y que les permitiera distribuir sus películas en Alemania. Más aún, si una película hollywoodense que contraviniera la ideología nazi se mostraba en cualquier parte del mundo, Alemania aplicaría sanciones contra la industria cinematográfica americana.

La Segunda Guerra Mundial empezó en septiembre de 1939, pero no fue sino hasta diciembre de 1941 que Estados Unidos entró al conflicto, por lo que incluso mientras las huestes de Hitler asolaban Europa, las simpatías pro-nazis eran expresadas libremente por figuras públicas americanas. Franklin D. Roosevelt, el presidente que dirigiría través de la guerra, era acusado por la extrema derecha americana de ser un bolchevique a favor de los judíos. La leyenda (repetida acríticamente por los antiyanquistas latinoamericanos más rabiosos) de que Roosevelt provocó o escenificó el ataque a Pearl Harbor para meter a EUA en guerra contra las hermanas Fuerzas del Eje, fue acuñada y difundida por los pro-nazis gringos.




Y mientras, los judíos, gitanos, testigos de Jehová, homosexuales y disidentes en los países conquistados por el Tercer Reich sufrían toda clase de abusos; se les arrebataban sus propiedades, eran hacinados en guetos o campos de concentración, se les mantenía en constante hambruna, y eran golpeados, torturados o asesinados impunemente. Y a nadie le importaba porque, al fin y al cabo, eran sólo parias de la sociedad.

***

El cine sonoro existía desde el año 1927. Para 1940 ya nadie hacía películas silentes. Nadie, excepto Charles Chaplin, director, escritor, actor y compositor; ese gran genio del cine mudo, ese mimo capaz de transmitir un sinfín de mensajes con su magnífico arte. Chaplin se había negado a adoptar el cine sonoro; consideraba que abarataba la magia del cine, e insistía en que lo suyo eran las películas silentes. Ni sus más cercanos colaboradores podían hacerlo cambiar de idea. Y aunque el cine sonoro alcanzó grandes niveles artísticos casi de inmediato, lo cierto es que Chaplin seguía produciendo maravillas y capturando al público sin decir una sola palabra. Sin embargo, esto tuvo que cambiar.

Desde un principio Chaplin se había identificado con las clases oprimidas. Desde su cortometraje El Inmigrante (1917) hasta Tiempos Modernos (1936), había hablado por los pobres, los explotados, los desposeídos, los marginados (habiendo crecido en pobreza, Chaplin conocía esa vida). Y ya desde temprano se había ganado la antipatía de quienes lo consideraba un peligroso socialista (no lo era, pero ciertamente estaba más del lado izquierdo del espectro político) y sufrió los acosos del paranoico anticomunista y director del FBI, J. Edgar Hoover.




Chaplin fue de las pocas mentes preclaras que vio el peligro que significaba Hitler y el ascenso del fascismo. Vio los horrores de opresión y falta de libertades enmascarados por el oropel de la recuperación económica y el esplendor germánicos. Hizo suyo el sufrimiento de los perseguidos y torturados por el régimen nazi. Llegó el momento en que se dio cuenta de que tendría que ser él quien alzara la voz. El mimo tenía que hablar, porque todos los demás callaban.

El Gran Dictador (1940) fue la primera película sonora de Chaplin. Era una feroz burla y crítica contra Hitler, el nazismo y todo lo que ellos significaban. Fue entonces que el gran genio del cine mudo usó el poder de la palabra.




La polémica rodeó a la cinta desde su producción. A Chaplin lo acusaban de estar resentido sólo por ser judío (no lo era tampoco, pero su medio hermano sí). Gran Bretaña anunció que prohibiría la exhibición de esa cinta, pues aún seguía en su política de apaciguamiento (aunque para cuando se estrenó ya había empezado la guerra y entonces sí fue bien recibida).

En esta película, mi favorita de las de Chaplin, el artista hace dos papeles brillantes. Como Adenoid Hynkel, el dictador titular, y como un barbero judío, que es, por una extraña coincidencia, exactamente igual. Hay dos discursos en El Gran Dictador. El primero lo dice Hynkel. Chaplin no dice nada; no habla alemán, solamente hace aspavientos y sonidos que parecen alemán. Su mensaje es muy claro: Hitler no dice nada, su discurso está vacío y sólo contiene odio.


El segundo discurso es uno de los mejores de la historia y uno que todas las veces consigue sacarme lágrimas. Lo pronuncia el barbero judío cuando es confundido con el dictador. Pero es también el discurso que quiere decirnos Chaplin, que nos advierte a todos, sus contemporáneos, y la gente de la posteridad, en contra de los tiranos, en contra de los hombres mecánicos y sus mentes mecánicas que sólo saben obedecer órdenes, en contra de quienes glorifican la guerra, la esclavitud y la explotación; a favor de la paz, de la libertad y de la hermandad de todos los hombres. 

Contemplad al mimo que rompió el silencio porque ya no puede seguir callando:



viernes, 9 de agosto de 2013

Los magos del cine (Parte II)



Seguimos con este breve homenaje a aquellos artistas que hacen realidad nuestros sueños más locos, por lo menos en la pantalla grande: los magos de los efectos especiales. Por supuesto que no podemos reconocerlos a todos en este pequeño espacio, y quedarán fuera de la lista algunas figuras notables.

Por ejemplo, hay artistas que trabajaron en una o dos películas con efectos especiales muy sobresalientes, como John Chamber, quien creó el maquillaje de El planeta de los simios (1968); John Dykstra, quien desarrolló un buen número de técnicas buevas que revolucionaron el cine en la original Star Wars (1977); o Tom Savini, creador del maquillaje y los efectos visuales en El amanecer de los muertos (1978). No forman parte de este listado porque fuera de uno o dos grandes logros no tienen una filmografía muy destacable. 

Y, como dije la vez pasada, aunque admiro también el trabajo de los artistas de CGI, en esta ocasión me concentraré sólo en los artistas de vieja escuela, porque es impresionante y admirable su creatividad para trabajar con recursos y materiales que muchas veces ni estaban diseñados para ese propósito.

También cabe destacar que estos genios no trabajaban solos, sino que contaban con asistentes, colaboradores y aprendices, cuyo esfuerzo y talento hicieron posible crear tanta magia. Sin embargo, espero que esto sirva como un reconocimiento para todo el gremio y que despierte en los lectores la curiosidad por aprender más al respecto.

Jan Švankmajer (1934)
Especialidad: Animación cuadro por cuadro




Este realizador checo no solamente escribe y dirige sus cintas, sino que se encarga de sus hermosos efectos especiales, sobre todo usando animación en stop-motion, así como marionetas. Su estilo surrealista y ensoñador, pero al mismo tiempo perturbador y extraño, que parecen a la vez fantasías y pesadillas, le han ganado muchos admiradores en todo el mundo y ha influido a directores como Terry Gilliam.

Una de sus técnicas favoritas es la llamada pixiliation en la que utiliza actores reales a los que anima cuadro por cuadro, de tal forma que coexisten con objetos animados de la misma manera. Así, puede usar sus efectos de animación junto con imágenes reales. Otra de sus técnicas es la de animación de arcilla; puesto que todos los objetos y personajes están hechos de arcilla o plastilina, son infinitamente moldeables y pueden cambiar de forma en cualquier momento.


Muchas de sus películas son narradas desde el punto de vista de los niños. La comida es uno de sus temas favoritos, y secuencias de extraños comportamientos alimenticios son acompañadas de efectos de sonido extravagantes.

Pueden apreciar su talento en películas como Alice (1988), adaptación de la clásica novela de Lewis Carroll, y Fausto (1994), así como en sus muchos cortometrajes, uno delos cuales les dejo a continuación.



Jim Henson (1936-1990) y Frank Oz (1944)
Especialidad: Marionetas y animatrónicos.




Jim Henson es recordado por ser el genio que creó tanto a los Muppets como a los personajes de Plaza Sésamo (el primer show de televisión pensado para educar a los niños). Su camarada Frank Oz estuvo con él desde el principio. Ambos titiriteros lograron darle vida y personalidad únicas a sus creaciones, que han encantado a chicos y grandes de todo el mundo.

En cine, llevaron el arte de las marionetas a niveles insospechados hasta entonces con la creación de los clásicos de culto El Cristal Encantado y Laberinto. Los rostros de sus personajes tenían una versatilidad nunca antes vista, capaces de expresar un amplio número de emociones. Más allá de las marionetas tradicionales, Jim y Frank crearon animatrónicos, marionetas robóticas operadas con control remoto y con músculos faciales individuales. Esto les permitió hacer reales a los personajes de la serie de TV Dinosaurios, que también se ha convertido en un clásico.


La magia de Jim y Frank puede ser apreciada en El Cristal Encantado (1982) y Laberinto (1986). También está la serie de cortos de Henson El cuentacuentos (1988) y por supuesto la serie Dinosarios (1991-1994). Frank Oz, por su cuenta, dirigió la estupenda versión musical de La tiendita del horror (1986) y tres de las películas de los Muppets. Sin embargo, será mejor recordado por haber dado vida a Yoda, de las películas de Star Wars, pues fue él quien prestó la voz y operó la marioneta de nuestro maestro Jedi favorito.


Brian Johnson (1940)
Especialidad: efectos visuales



De pronto existen artistas que colaboran para crear grandes obras inmortales, pero pocos pueden presumir de haber contribuido a hacer realidad no uno, sino varios clásicos amados por miles de fans. Brian Johnson es el creador de los efectos especiales de cuatro de las más grandes cintas de ciencia ficción de todos los tiempos. 

Gigantescas naves espaciales viajando por un fondo estrellado, ya sea a la velocidad de una saga épica, o con la parsimonia de una representación realista. Bestias de nieve corriendo por parajes helados con grandes máquinas de guerra a punto de atacar. Monstruos espaciales que sembraron el terror en un espacio en el que nadie escuchará tus gritos. Brian Johnson lo hizo todo con maquetas, miniaturas y diversos mecanismos ingeniados por él.


Johnson produjo los efectos de las naves espaciales de 2001: Odisea del espacio, que siguen impresionando por su realismo. Las naves de Alien son su creación. El crítico Roger Ebert alabó su trabajo en La historia sin fin diciendo que daba la impresión de que se creaba un mundo nuevo jamás visto.

Este galardonado artista demuestra su talento en 2001: Odisea del espacio (1968), Cuando los dinosaurios gobernaban la Tierra (1970), Alien (1979) y El Imperio contraataca (1980), que le ganaron sendos premios Óscar; La historia sin fin (1984) y Aliens (1986).



Douglas Trumbull (1942)
Especialidad: Efectos visuales




Aquí otro grande. Su prolífica carrera incluye el mérito de haber participado en algunos de los clásicos más grandes del cine fantástico. Mucho antes de que las imágenes generadas por computadora fueran una opción, Trumbull creó algunos de los efectos especiales más impresionantes que siguen apantallando al público de todas las edades. 

Es hijo de Donald Trumbull, quien creó los efectos espciales de El mago de Oz (1939). El joven Trumbull llegó a 2001: Odisea del Espacio como asistente para crear secuencias de animación que simularan gráficos de computadora. Su talento le ganó que Stanley Kubrick le comisionara mayores responsabilidades. Terminó creando toda la alucinante secuencia del viaje astral, con una técnica desarrollada por él y que se llamó slit-scan, la cual distorsionaba la imagen filmaba para crear el efecto de que algo fluía.


Después trabajó con Steven Spielberg en Encuentros cercanos del tercer tipo. Harto de hacer "naves blancas y anodinas" sobre fondo negro, decidió no volver a trabajar bajo las órdenes de otro director que no fuera él mismo y se dedicó a sus propios proyectos. Eso fue hasta que Ridley Scott se le acercó a él y le ofreció Blade Runner. La posibilidad de hacer algo diferente lo entusiasmó y ahí tenemos otro gran clásico.

Recapitulando, podemos apreciar el trabajo de Trumbull en 2001: Odisea del espacio (1968), Encuentros cercanos del tercer tipo (1978) y Blade Runner (1982). Su trabajo más reciente es en la obra de Terrence Malick (quien es gran fan de Trumbull), El Árbol de la Vida (2011).

Ben Burtt (1948)
Esepcialidad: Efectos de sonido




La magia del cine no son sólo imágenes. Para hacer verosímiles las ensoñaciones visuales de los artistas de los efectos especiales, éstas deben estar acompañadas de los sonidos adecuados. Y quizá no hay un artista de efectos de sonidos que haya creado tantos y tan icónicos como Ben Burtt.

¿No lo ubican? Piensen en el sonido de cañones láser disparando por el espacio, los motores de naves futuristas, las voces de robots entrañables y de extraterrestres tiernos. Piensen en el zumbido de una espada de luz y en la respiración del villano más emblemático del cine. Ben Burtt no sólo es el responsable de los efectos de sonido de TODA la saga de Star Wars (incluyendo videojuegos), sino que también colaboró en la saga de Indiana Jones, y en E.T. 



Como buen artista de la viena escuela, Burtt creó sus sobresalientes efectos de sonido utilizando objetos comunes: golpear un cable de metal y acelerar el sonido se convertía en un disparo láser; él mismo soplando a través de una vieja máscara de buceo se volvió la respiración de Darth Vader; un motorcillo zumbante dio voz a los sables de luz. El detallismo de Burtt es impresionante: cada sable de luz tiene su propia "voz" y el de Darth Vader tiene un registro más bajo y siniestro. Sé que muchos de ustedes se cagan en el Episodio I, pero fíjense en la secuencia de carreras de vainas: el motor de cada nave tiene un sonido individual y característico.

Además de diseñar efectos de sonido, Ben es editor cinematográfico (suya es la hermosa frase "las películas no se terminan, se escapan") y ha usado su propia voz en las películas. Por ejemplo, él es la voz de Wall-E, el robotito (y su esposa acatarrada dio su voz a E.T.).

Pueden escuchar los grandes logros de Ben Burtt en las dos trilogías de Star Wars (1977-1983 y 1999-2005) la saga de Indiana Jones (1981-1989), E.T. El extraterrestre (1982), y Wall-E (2008). Disfruten la siguiente secuencia con los ojos cerrados.



Rick Baker (1950)
Especialidad: Maquillaje



Hemos llegado al final de nuestro recorrido para volver a la categoría de maquillaje. Rick Baker es el heredero no oficial de la tradición iniciada por Jack Pierce. Claro que él ya utiliza los materiales más modernos, fabricados industrialmente (máscaras de látex, modelos de cera, prostéticos, silicón, etc), algo a lo que Pierce se negó rotundamente hasta el final de su carrera.

Con todo ello, lo que hace Baker es impresionante, quizá el que logra los maquillajes más verosímiles en el cine hoy en día. No todas sus películas son buenas, pues ha tenido una larga carrera en el cine de terror y de serie B, en cintas para las cuales creó maquillaje grotesco y asqueroso (pero muy bien hecho). Empezó con trabajos menores en cintas como El Exorcista (1973) y en Star Wars (1977), pero también ha participado en películas clásicas y en el inolvidable video Thriller (1983) de Michael Jackson.


Su trabajo puede apreciarse en Un hombre lobo americano en Londres (1981), Videodrome (1983), Ed Wood (1994, en la que transformó a Martin Landau en Bela Lugosi), Men in Black (1997), El Planeta de los Simios (2001) y Hellboy (2004).

Saludos, espero que este par de entradas haya sido de su agrado.

martes, 6 de agosto de 2013

Los magos del cine (Parte I)




Ah, el cine, ese maravilloso medio que puede ser a la vez arte y escapismo, confrontación con la realidad y ensoñación. El séptimo arte, con poco más de ciento diez años de existir, ha llegado a formar parte de la cultura mundial, y tiene un lugar especial en la vida de muchos de nosotros. Pero, ¿qué sería del cine sin los efectos especiales?

Esta parte del quehacer cinematográfico ha sido casi siempre despreciada por cultos y cultosos, sobrios individuos que fruncen el ceño ante algo que consideran poco más que espectáculos de fuegos artificiales que frivolizan la cinematografía. Pero yo digo que los efectos especiales son también un arte. En serio. Veamos...

Los efectos especiales requieren de una gran creatividad, talento y sobre todo esfuerzo para llevarse a cabo. Es cierto que unos buenos efectos especiales no hacen buena a una película; es más, muchas veces se usan para enmascarar una historia carente de contenido y una realización floja. Pues bien, tampoco una magnífica banda sonora o una excelente fotografía hacen bueno a un filme malo, pero nadie discute que la música y la fotografía son artes. Así, hay grandes películas que además cuentan con efectos especiales extraordinarios, como un elemento más de la suma de perfecciones que hacen a un film clásico. Piénsese en películas como Blade Runner o 2001: Odisea del espacio, o más recientemente una joya como La vida de Pi



Con el advenimiento del CGI los efectos especiales han dejado de asombrar, pues sabemos que con las computadoras puede hacerse lo que sea: seres extraordinarios, tecnología futurista, paisajes imposibles, recreaciones de épocas pasadas... Esto hace que se olvide que el trabajo detrás de la creación de efectos especiales sigue siendo arduo y sus resultados dignos de admiración.

Pero eso sí, si ahora vemos una película y pensamos "eso lo hicieron con computadora", antes veíamos las grandes superproducciones y atónitos nos preguntábamos "¡¿cómo lo hacen?!". Si bien reconozco la labor de quienes hacen efectos especiales digitales, hay cierto encanto, cierta magia en los efectos como los hacían a la manera antigua, en la que había que ingeniárselas para lograr que algo se viera como en la imaginación de los realizadores, y que no sólo fuera la creación de una imagen tridimensional en la computadora.

Es por eso que hoy, a manera de homenaje al arte de los efectos especiales, los dejo con los grandes magos del cine, aquellos cuyo talento hicieron realidad los sueños de los directores y escritores, y que nos dieron imágenes maravillosas, siendo los primeros en convertir los sueños (y las pesadillas) en realidad...


Georges Méliès (1861-1938)
Especialidad: Efectos visuales


La historia del cine empieza con Méliès. Él fue el primero que usó el invento de los Lumiére para contar historias. Siendo empresario teatral, vio el potencial de este nuevo medio. Fue él quien le dio al cine lo que lo caracteriza: director, actores, libreto, vestuario, escenografía... Y, por supuesto, efectos visuales. 

El título de Mago del Cine le queda a la perfección, ya que Méliès era un ilusionista desde antes de dedicarse al cine. Con la cámara como su nueva herramienta, adaptó muchos de los trucos que ya sabía e inventó unos tantos nuevos. Entre sus logros se encuentran el uso de escenografía, vestuario, maquetas y maquillaje para contar historias fantásticas, así como el truco para hacer que objetos y personas aparecieran y desaparecieran en pantalla, o se transformaran en otras cosas. (simplemente dejando de rodar, quitando a la persona, y rodando de nuevo).



Así, Méliès nos llevó a la luna, al lejano ártico, al fondo del mar o reinos de fantasía. Poleas, cuerdas, trampas en el piso y otros artilugios mecánicos eran usados con gran ingenio por este mago y su tropa, lo que permitió a actores y actrices volar, cargar pesos extraordinarios, surgir de entre las estrellas o transformarse en sirenas. También fue el primero en usar color, pintando a mano los fotogramas de sus producciones

Puedes apreciar su trabajo en joyitas como Viaje a la luna (1902) y El viaje imposible (1904), entre más de sus mil cortometrajes.




Lon Chaney (1883-1930)
Especialidad: Maquillaje




No por nada llamaban a esta estrella del cine mundo "El Hombre de las Mil Caras". Chaney sumaba a su versátil capacidad histriónica y a la habilidad de jugar con su cuerpo (gestos, postura, ademanes) un extraordinario talento para el maquillaje fantástico (y un gusto morboso por lo deforme y lo monstruoso que compartía con su igualmente chiflado amigo, el director Tod Browning).

Chaney, famoso por interpretar a monstruos como Cuasimodo y el Fantasma de la Ópera, diseñaba, preparaba y aplicaba su propio maquillaje, con una maestría tal que lo hacía quedar irreconocible. En una época en la que no existían máscaras de látex, ni silicona, Chaney echaba mano de su ingenio y utilizaba los materiales más insospechados con tal de hacer realidad lo que tenía en su mente: cartílago de pescado podía servirle para aparentar protuberancias faciales; clara de huevo podía simular un ojo tuerto. Sus coestrellas se quejaban del terrible hedor de emanaba de él, pero su público no podía dejar de admirar al Hombre de las Mil Caras.


Puedes apreciar su talento sobre todo en El Jorobado de Notre Dame (1923) y en El Fantasma de la Ópera (1925). Por desgracia las copias de la que debió ser de sus mejores películas, London after midnight, se han perdido para siempre. Era también un gran ventrílocuo e imitador de voces, pero sólo pudo hacer una película sonora, The Unholy Three (1930), que fue su última.


Willis O'Brien (1886-1962)
Especialidad: Animación cuadro por cuadro




Prácticamente por sí solo, este artista creó toda una técnica, que también se convirtió en un género por sí mismo, el de la animación en stop-motion. La técnica, como se sabe, consiste en fotografiar una figura, después moverla un poco, fotografiarla de nuevo, moverla otro poco, y así hasta que se tenga completa una secuencia en la que parezca que dicha figura se mueve ante las cámaras. Es un trabajo que, como se imaginarán, requiere de muuuucha paciencia. Además, fue O'Brien quien inventó los modelos de arcilla construidos sobre un armazón o esqueleto articulado móvil. 

A O'Brien le gustaban los dinosaurios y el corto animado que le presentó a los estudios para demostrarles su talento fue precisamente titulado El eslabón perdido, e impresionó tanto a los productores que desde ese momento su carrera sólo fue hacia arriba. Su punto más alto llegó con la producción de El mundo perdido, adaptación cinematográfica de la novela de Sir Arthur Conan Doyle. Doyle también quedó tan impresionado con la secuencia de los dinosaurios, que decidió jugarle una broma a sus amigos del club y mostrarla como si fuera footage de dinosaurios reales; los amigos de Doyle se quedaron boquiabiertos.


Además de que la misma manufactura de los modelos era impecable, O'Brien le daba a sus creaciones un sinfín de detalles que los dotaban de un realismo impresionante: los dinosaurios se rascaban, comían, tropezaban, reaccionaban a su medio, sangraban y hasta respiraban (con una cámara neumática colocada dentro los muñecos). Para King Kong, logró mostrar al gorila y a los actores humanos en el mismo cuadro, al mismo tiempo. Esto lo consiguió animando personalmente los fotogramas de los actores y asegurándose de que quedaran a la misma velocidad que la del gran Kong.

Pueden maravillarse con el trabajo de O'Brien en los clásicos El mundo perdido (1925) y su obra maestra (y una de mis películas favoritas de toda la vida), King Kong (1933).




Jack Pierce (1889-1968)
Especialidad: Maquillaje




Una cosa es ser un extraordinario artista del maquillaje, que Pierce definitivamente lo fue. Otra aún más impresionante es crear una imagen que se vuelva inmortal a lo largo de las décadas. Eso fue lo que hizo Jack Pierce: diseñó, creó y aplicó el maquillaje de los monstruos clásicos de Universal Pictures.

Piensen en el monstruo de Frankenstein. ¿Qué es lo que se imaginan? ¿Un rostro verde y cadavérico, una cabeza plana y tornillos en el cuello? Bien, esa imagen icónica que vemos todos los años en Halloween no se corresponde ni de lejos con la que hace Mary Shelley en su clásica novela. En realidad, es creación de Jack Pierce, como lo son las imágenes de la momia, el hombre lobo y otros monstruos de Universal Pictures. También trabajó con el maquillaje mucho menos espectacular de otros personajes.


Pierce tenía fama de ser gruñón y terco. Creaba sus maquillajes con los materiales que tuviera a la mano: goma, algodón, grasa, tela, pelo de animales, y otros elementos menos extravagantes. Sus sesiones de maquillaje con los monstruos protagónicos podían durar hasta cuatro horas. Cuenta la leyenda que estudió técnicas de embalsamamiento egipcias para crear el maquillaje de la momia. También que maquilló al hombre lobo teniendo un lobo enjaulado a su lado para que le sirviera de modelo y que, cuando terminó, el licántropo aterró tanto al pobre lobito que se retrajo al fondo de su jaula temblando y chillando. Probablemente no sea verdad, pero ¿no sería genial que lo fuera?

Los mejores trabajos de Pierce son en Frankenstein (1931), La Momia (1932), La novia de Frankenstein (1935), El hijo de Frankenstein (1939) y El hombre lobo (1941).


John P. Fulton (1902-1965)
Especialidad: Efectos visuales



Su padre le dijo "¡No trabajarás en películas! ¡Serás ingeniero en electrónica!". Lo que el señor Fulton no esperaba, era que su hijo se colaría al mundo del cine gracias a sus conocimientos en electrónica, pues obtuvo su primer trabajo como asistente de camarógrafo. 

Experto en fotografía, impactó al mundo con los efectos especiales de Frankenstein. Pero lo que realmente dejó a todos con la boca abierta fue su trabajo creando los efectos especiales que dieron vida al hombre invisible. Éstos no son efectos chafa de hilos moviendo objetos para que pareciera que un hombre invisible los cargaba. ¡No! Utilizaron la técnica del terciopelo negro, en la que el actor se cubría con este material y luego era borrado de la imagen; las técnicas actuales no difieren mucho de este principio. Así, vemos al hombre invisible no sólo levantar objetos, sino usar ropa, ponerse y quitarse los vendajes frente a un espejo y hasta fumar. En películas posteriores logró hacer incluso que el hombre invisible se lavara las manos y se untara crema. ¡Increíble!



Fulton también trabajó en Los diez mandamientos, en la que multiplicó multitudes con cuidadosas composiciones de cuadros, creó los monumentos del Egipto faraónico con modelos a escala y dividió en dos el Mar Rojo con una impresionante combinación de pintura mate y tanques de agua verdaderos.

Para conocer la obra de este gigante de los efectos especiales, chéquense Air Mail (1932), El hombre invisible (1933), Los Diez Mandamientos (1956) y Vértigo (1958)




Ray Harryhausen (1920-2013)
Especialidad: Animación cuadro por cuadro



Para terminar la ronda de hoy, nada mejor que un gigante entre los gigantes, el enorme Ray Harryhausen. Fue alumno de Willis O'Brien, con quien colaboró en Mighty Joe Young (1949). Harryhausen se enfrentó al mal carácter de su mentor y terminó rompiendo con él, para superarlo en cuanto a la técnica de animación. 

Harryhousen perfeccionó la técnica de O'Brien en una nueva llamada  Dynamation, que funcionaba a la perfección para películas a color. No todas las películas en las que participó son buenas, pero valen la pena por la calidad de su trabajo artesanal, no sólo en cuanto a la animación, sino a la creación de los modelos mismos, que se destacan por su realismo y sus detalles. Hacer animación cuadro por cuadro no es fácil, y menos aún ponerla en pantalla a la vez con acciones reales. Hay muchos detalles a tomar en cuenta, como que la escala sea siempre regular y que las luces y sombras coincidan. El gran RH lo lograba de una forma que sigue impresionando. Una de sus mejores secuencias, que causó impacto en público y críticos,y sigue siendo muy valorada, fue la pelea entre Jasón y siete esqueletos animados cuadro por cuadro.


Ray se especializó en monstruos y dinosaurios, pero también dio vida a artefactos, como los platillos voladores de La Tierra contra los platillos voladores (1956) y toda la secuencia de destrucción de esa misma cinta. En alguna ocasión animó también seres humanos, para tomas en las que se veían de lejos (es casi imperceptible).

Hoy es recordado como un artista cuyo trabajo influyó a gran cantidad de creadores, incluyendo Terry Gilliam, Tim Burton, George Lucas, Steven Spielberg, James Cameron y Peter Jackson. Para apreciar lo mejor de su trabajo, no dejes de ver La Tierra contra los platillos voladores (1956), El séptimo viaje de Sinbad (1958), Jasón y los Argonautas (1963), Un millón de años antes de Cristo (1966) y Furia de Titanes (1981).


En la próxima entrada continuaremos con algunos otros genios de la magia del cine. ¡No se la pierdan!

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