miércoles, 27 de noviembre de 2013

Con V de Venganza




Remember, remember, the fifth of November
Gunpowder treason and plot.
I know of no reason why gunpowder treason
Should ever be forgot


Este post está dedicado a Nadia, quien nació el Día de Guy Fawkes ;)


Hola, mis queridos contertulios. Vaya que llevo rato queriendo escribir esta entrada, pero por equis o por ye no había podido. Es sobre V for Vendetta, uno de mis cómics y películas favoritos de toda la vida, lo cual podrán inferir por la presencia constante de su imagen en este Blog. Quizá ustedes estén familiarizados con la máscara de V, pues la han popularizado los chicos de Anonymous y hoy en día se le ve por todas partes en casi cualquier protesta anti-lo-que-sea. Quizá, incluso, hayan visto la popular película con Hugo Weaving y Natalie Portman. Pero, ¿cuál es el origen de V y por qué se ha vuelto tan famoso? Vamos por el principio.

V for Vendetta es una novela gráfica británica que fue publicada de forma serial entre 1982 y 1989, y es producto del trabajo del escritor Alan Moore y el ilustrador David Lloyd. El primero, como bien sabe todo geek, es uno de los grandes maestros del noveno arte, responsable junto con otros creadores de que los cómics alcanzaran la madurez en los 80, con obras como Watchmen y The Killing Joke (la primera, considerada entre las grandes obras literarias del siglo XX). Su compatriota David Lloyd es poco conocido en el ámbito del cómic comercial, pero en el mundo del cómic de autor se le recuerda por ser el creador de Night Raven.



V for Vendetta se ambienta en el futuro de esa época (o séase, los 90), en el que, tras una tercera guerra mundial, Inglaterra ha caído bajo la bota de un gobierno totalitario fascista que vigila y oprime a toda su población. En este escenario, un misterioso personaje conocido como V, que usa un atuendo y una máscara en memoria de Guy Fawkes (más adelante vamos con él), funciona como un anti-superhéroe: en vez de proteger el orden social, busca derribarlo.

Como nos cuenta el mismo Moore, la gestación del concepto fue lenta y pasó por procesos diversos. Ambos creativos estuvieron barajando distintas ideas sobre qué tipo de historia querían hacer. Tenían en claro que querían hacer una especie de cómic noir, pero con una identidad muy británica que no sólo copiara los modelos americanos. Las ideas fueron cayendo poco a poco en su lugar: el futuro distópico, el antihéroe subversivo, la filosofia anarquista...



Lo único que faltaba era un aspecto para este héroe que no resultara demasiado obvio ni trillado. Fue Lloyd a quien se le ocurrió usar la imagen de Guy Fawkes. Ahora bien, ¿quién fue ese señor? Guy Fawkes (1570-1606) fue un católico fundamentalista británico que, junto con otros fanáticos, querían asesinar al protestante rey Jacobo de Inglaterra para restaurar una monarquía católica. Para ello, el 5 de noviembre de 1605 intentaron llevar a cabo el infame y fallido complot de la pólvora: pretendían volar el parlamento británico con barriles de pólvora colocados en el sótano. Las autoridades descubrieron y arrestaron a Fawkes mientras éste custodiaba la pólvora en espera de sus cómplices. Fawkes fue torturado, interrogado y sentenciado a morir en la horca, pero la mañana en la que lo iban a ejecutar, él mismo saltó del patíbulo y se rompió el cuello. En Inglaterra se conmemora cada 5 de noviembre la frustración del malvado plan de Guy Fawkes, y se hacen hogueras en las que queman la efigie de este pérfido personaje.


¿Por qué, entonces, Loyd y Moore escogieron como símbolo de lucha libertaria a un fanático religioso terrorista monárquico? Bien, hay que entender que la novela gráfica toma solamente la anécdota de Guy Fawkes y su intento de destruir el parlamento, no la personalidad ni la ideología de este sujeto. Es sólo Fawkes como símbolo de la destrucción del orden imperante lo que Lloyd pretendió usar para crear la imagen de su héroe, V. Guy Fawkes, como personaje histórico, no tiene mayor relevancia para la trama o contenido ideológico de la novela. Hago la aclaración porque no falta el simploncito que diga, cuando ve a alguien con la máscara de V "Jeje, chairo idiota, estás llevando el símbolo de un católico fanático; por lo tanto, tus críticas son inválidas".

Regresemos a nuestra novela gráfica. ¿Por qué es tan buena? Como todo lo que hace Alan Moore, está perfectamente bien escrita y narrada: tiene excelentes diálogos, personajes fascinantes, suspenso, drama y acción logrados con maestría... Y el arte: con su cualidad cinemática, su manejo del detalle y la profundidad, y esa extraña y atmosférica tonalidad poco saturada de sus colores... En fin, es magnífica, pero no quiero deshacerme en adjetivos favorables ni abundar en los detalles técnicos o de realización de la novela. Todo ello, claro, contribuye a su fama, pero lo que sin duda ha llamado más la atención sobre ella es su espíritu de rebeldía.


La novela plantea explícitamente una oposición entre fascismo y anarquismo, es decir, los polos diametralmente opuestos del espectro político. El Estado dirigido por Adam Susan (el Líder) y su partido Norsefire, son completamente fascistas, con lo peor de estos regímenes: utiliza la tecnología para vigilar y oprimir a su pueblo, persigue y extermina a las minorías (negros, asiáticos, homosexuales, judíos, comunistas o subversivos en general), exalta el chauvinismo y el sexismo, y censura y destruye libros y todo material cuyo contenido no esté aprobado por su ideología, que es la única que puede expresarse.

V, por su parte, tiene las características de todo superhéroe: es inteligente hasta la genialidad, posee habilidades físicas extraordinarias y hasta tiene una guarida secreta. Lo que lo hace diferente es que él es anarquista y quiere derribar al sistema fascista, y para ello recurre a métodos indiscutiblemente violentos como el asesinato, el sabotaje y el terrorismo. V había sido prisionero en un campo de concentración del gobierno (aunque nunca se sabe el porqué) donde fue sujeto de experimentos horribles. La venganza, la vendetta de V va primero contra todos aquellos que formaron parte del campo de concentración, y después en contra de todo el sistema.

Es cierto que Norsefire había surgido del caos consecuencia de la guerra que azotó al mundo. El gobierno fascista trajo orden, paz y justicia, cuando sin autoridades ni leyes la gente se robaba y mataban en las calles, habiendo descendido al salvajismo. Pero el costo del orden es demasiado alto: el exterminio de las diferencias, la pérdida de la libertad y de la privacidad, la carencia, el abuso de poder y la corrupción... Para V esta justicia del poderoso no es tal, es sólo un sinsentido. Sin libertad, nada de lo "logrado" por el gobierno fascista tiene validez y antes prefiere retornar al caos que continuar viviendo seguro en esa prisión.



V no pretende gobernar, o siquiera dirigir la construcción del nuevo orden que seguiría a la destrucción del anterior. Lo único que le interesa es dejar al Estado fascista en ruinas, para que la gente en libertad elija su propio destino. Está consciente de que con el vacío de poder vendrá una etapa de caos y violencia descontrolada, pero él explica la diferencia fundamental entre caos y anarquía: la anarquía no significa ausencia de orden, sino ausencia de líderes; es el orden verdadero emanado de la libre voluntad de todos los individuos.



El caos que sigue a la destrucción del poder es inevitable, y será más grande cuanto mayor haya sido la opresión en la que vivía la gente. Lo que V señala, sin embargo, es que ese caos es hijo mismo de la tiranía, no de la libertad. Las personas acostumbradas a vivir bajo la opresión tienden a volverse rencorosas y egoístas; cuando la bota que oprime se debilita, el que fuera un súbdito obediente se convierte en un feroz destructor (recuérdese a las turbas iracundas e incoherentes de la Revolución Francesa).



Claro, V también sabe muy bien que en ese nuevo orden él mismo no podría existir. Él es un monstruo, engendrado por el mismo Estado fascita al que busca derribar. V es una fuerza de la destrucción y una vez lograda su misión, él mismo debe desaparecer, para que la reconstrucción sea posible. Por eso mismo se deja morir a manos del inspector Finch, a quien observa desde hace tiempo y del que sabe que es un buen hombre. También sabe que Finch sostenía una relación sentimental con la doctora Delia Surridge, a quien V mata por haber sido parte del campo de concentración. Delia no era una mala persona, pero tenía que "purgar sus pecados" y por ello es la única a la V diera una muerte digna y sin dolor. V sabe que Finch ahora tiene derecho a su propia venganza, y por ello lo escoge como su "ángel de la muerte". Al morir V a manos de Finch, el ciclo de venganzas se cierra y el arma de destrucción queda destruida.



Por lo mismo entrena a Evey (E-V) como su sucesora, para que ella pueda contribuir a crear un mundo mejor en el que no existan monstruos como Norsefire, ni como el mismo V. Claro, ella adopta la imagen del vengador enmascarado, pero ya no como un arma destructora, sino como un símbolo y como una ayuda para la nueva sociedad que resurgirá de las ruinas. Eso sí, cuando la novela termina, aún no vemos la consecución de esa utopía anarquista, sólo que la posibilidad queda abierta para que las personas elijan su camino.

El lector también tiene libertad total de elegir; Moore mismo ha declarado que no pretendía adoctrinar sino plantear dilemas dignos de reflexionarse, y quería dejarle al público la posibilidad de llegar a sus propias conclusiones, entre las cuales bien cabe considerar que V era un psicópata sin escrúpulos que al final hizo mucho más daño que bien. Con todo, a pesar de las declaraciones extradiegéticas que Moore pudiera hacer, leyendo el cómic está clarísimo que sus simpatías están con V.



Ahora bien, toda esta dicotomía fascismo versus anarquía resulta muy llamativa para muchos de nosotros sin necesidad de ser anarquistas o de enfrentar el fascismo como tal, puesto que se puede extender y ampliar como una oposición de autoritarismo y dominación versus rebeldía y libertad. Es justo esta interpretación más amplia lo que hace la película.

Y hablando de la película...


V FOR VENDETTA
(Reino Unido, 2006)
Dir: James McTeigue
Con: Hugo Weaving, Natalie Portman, John Hurt y Stephen Fry
Escrita por: Andy y Lana Wachowski

Como dije antes, la adaptación fílmica de V for Vendetta es una de mis cintas favoritas de todos los tiempos. Pero, y entendiblemente, los fans más puristas del cómic la han vilipendiado mucho. Eso incluye al autor Alan Moore. Pero hay que tener en cuenta dos cosas: 1. Moore es un mamón. 2. Está emputado, y con razón, por lo que Hollywood hizo con The League of Extraordinary Gentlemen y From Hell. David Lloyd, por el contrario, elogió la película. Quiero hacer una breve defensa de la cinta, al tiempo que la comparo con el cómic.

Ciertamente la no es tan rica ni compleja como la novela gráfica. Dicho llanamente, no es tan buena como el cómic, y no dudo en aceptarlo. Eso siempre será así con adaptaciones cinematográficas (a menos que el libro sea mediocre y el director sea un genio, como Hitchcock con Psycho o Kubrick con The Shining, pero éste no es el caso). Sin embargo, aún así tiene muchas virtudes muy notables.



Creo que la primera de ellas es que, a pesar de que obviamente, por cuestiones de duración, tiene que eliminar personajes, episodios y subtramas, la película sigue bastante fielmente a la novela gráfica. Más importante aún: a diferencia de otras adaptaciones fílmicas de materiales anteriores, V for Vendetta está tan bien estructurada y narrada que funciona a la perfección por sí misma y nunca se siente que queden agujeros argumentales o detalles importantes no explicados. Ello requiere que la cinta sea algo más que un resumen del cómic, se necesitó verdadera creatividad para lograrlo (creo que como película es mucho mejor que Watchmen, que es simplemente el cómic filmado).

Quizá lo más controvertido de la película sean los cambios que se permite hacer con respecto a la novela. De entrada, el contenido anarquista que es tan explícito en el cómic, en la versión cinematográfica está solamente sugerido (que no ausente; si se fijan bien, allí está). Siempre es un placer ver actuar a John Hurt y me encantó su caricatura hitleriana para interpretar al Líder (aquí llamado Sutler, en vez de Susan), pero el personaje en el cómic es mucho más interesante que sólo un tipo malo: es un fascista orgulloso y tiene sus razones para serlo. Y claro, no está exenta de momentos cutres, como la escena inicial, que deja a Guy Fawkes como un héroe romántico, algo totalmente alejado del sentido del cómic.



Pero a cambio tenemos que algunos de los mejores momentos de la novela gráfica están magistralmente realizados en la pantalla grande: el asesinato del obispo, la muerte de Delia Surridge, sus recuerdos sobre el campo de concentración, la tortura y renacimiento de Evey, la historia de Valery... Y la verdad Hugo Weaving es per-fec-to como V.

También añade algunos otros elementos. Me encantó que la película favorita de V fuera El Conde de Montecristo, la historia de venganza por excelencia. Me gustó la Overtura de 1812 como tema musical. Algunas frases que el filme se inventa casan tan bien con el personaje que de no ser porque acabo de volver a releer el cómic me habría quedado con la idea de que de ahí venían. Como la primera cita que adorna esta entrada, u otras como "La violencia tiene sus usos..." y "Robar implica propiedad...", y claro, la verborrea que se echa V cuando se presenta ante Evey en la que verbaliza con varios vocablos que inician con V: "The only veredict is vengeance".



El cambio más radical que hace la película es adaptar la historia de V a nuestros tiempos. En un contexto de Guerra Fría era más plausible que un desastre nuclear generara un caos total, el campo perfecto para que surgiera el totalitarismo. Pero el mismo Alan Moore admite en la introducción a la primera edición compilatoria de V for Vendetta que fue ingenuo de su parte pensar, a principios de los 80, que sería necesaria una guerra nuclear para que se instaure una dictadura fascista en Inglaterra. En la segunda mitad de la década, cuando Moore escribió la introducción, el país estaba regido por el gobierno ultraconservador de Margaret Tatcher (y del otro lado del Atlántico, Ronald Reagan; fueron días feos), el cual seriamente pensaba en medidas como campos de concentración para enfermos de sida y la erradicación de la homosexualidad incluso como concepto.

Como Moore, los creadores de la película se dieron cuenta de que un grupo de ultraderecha que aprovechaba una serie de crisis (bastante menos apocalíptica que una guerra global) y llegaba al poder usando la manipulación, la demagogia y el miedo, era bastante más creíble y afín a nuestros tiempos. Así, vemos a un gobierno totalitario que se basa tanto en la manipulación sutil como en el uso de la fuerza, surgido de una planeación maquiavélica y perversa, más que del colapso del orden anterior. Todo ello apela más y mejor a las nuevas generaciones que el escenario original ideado por Moore y Lloyd. El discurso de V en la película es distinto del que hace en el cómic, pero la idea es más o menos la misma (somos nosotros quienes elegimos a nuestros tiranos) y el efecto que causa en quien lo escucha es igualmente emotivo:



Una cosa más, el final, también muy diferente al del cómic, me gusta mucho: con toda la gente con sus máscaras, unidos contra la tiranía y dispuestos a tomar las riendas de sus propios destinos. Es ciertamente mucho más idealista que el original, pero a la vez más positivo e inspirador. Finalmente, no podemos ignorar que mientras el cómic permaneció desconocido durante años para el gran público, admirado sólo por comiqueros conocedores, la película fue la que catapultó los mensajes y símbolos del V for Vendetta a la popularidad, lo que le ha permitido influir en la iconografía de la lucha social contemporánea.


Como dije antes, no es necesario siquiera ser anarquista o estar enfrentando un gobierno totalitario, ni ser partidario de los métodos de V (ni mucho menos ser seguidor de Guy fawkes), para sentir que el mensaje del V for Vendetta le llega a uno, puesto que esa oposición de autoritarismo y dominación versus rebeldía y libertad puede encontrarse en diversos aspectos de la vida humana en sociedad.

Mientras existan diversos poderes fácticos (y esto va desde dictaduras descaradas que anulan abiertamente las libertades civiles, hasta corporaciones que cabildean y presionan a los gobiernos socavando el poder de decisión de los ciudadanos) que afectan las vidas de los individuos y limitan sus posibilidades para desarrollarse, sin que éstos puedan hacer nada al respecto, habrá quien comprenda la lucha de V en contra del gobierno de Norsefire. Y, añado, sobre todo cuando se es de un país de América Latina, donde en tiempos muy recientes los gobiernos han actuado en contra de sus ciudadanos con censura, persecución, desapariciones forzadas, torturas y asesinatos, el mundo imaginado por Moore y Lloyd no parece tan lejano ni tan imaginario. Citas como la siguiente siempre encontrarán eco:



Mientras existan formas diversas de autoritarismo (desde las más evidentes y brutales, hasta las más sutiles) las historias sobre rebelión en contra de la tiranía siempre tendrán un público, y se además las aderezamos con algunos de los elementos más geniales de la cultura pop, es natural que tengan éxito (vean mis respectivas entradas sobre Star Wars y The Matrix). No debe de extrañarnos que tanto el cómic como la película hayan encontrado eco en una generación decepcionada con mucho de la situación actual, y de allí que muchos jóvenes hayan tomado la imagen de V como símbolo de rebeldía (algo de lo que Lloyd y Moore están muy complacidos, por cierto).

Como todo símbolo, depende mucho de quién lo adopta y el uso que se le dé. Obvio que cuando yo lo uso en este blog, no estoy haciendo apología del terrorismo ni del asesinato, ni creo que vivamos en una distopía como la controlada por Norsefire ni que ello amerite el uso de métodos violentos como los que V emplea. Mucho menos que abogue por la restauración de la monarquía católica, no me jodan.

No es que uno idolatre la máscara como fetiche sagrado, ni que tome su ideología totalmente de la película o el cómic (es decir, no dudo que haya bobalicones que lo hagan, pero no es el caso de los más que he conocido), es que V for Vendetta proveyó de símbolos que representaban a la perfección lo que muchos de nosotros hemos sentido, y proporcionó citas que expresaban con precisión cosas que siempre habíamos pensado, pero que no sabíamos cómo articular.

Siempre habrá una parte de la humanidad que se rebele de formas muy diversas contra lo que considera injusticia u opresión, y siempre existirá una fascinación por los símbolos, ya sea para adoptarlos o para satanizarlos. No deja de parecerme fascinante que el símbolo de rebeldía más visto en estos tiempos no sea la efigie del Che, o la clásica A anarquista o el símbolo de Amor y Paz que usaran los hippies, sino la máscara de V, un personaje ficticio creado para un cómic de culto. Como geek de izquierda que soy, eso me hace sonreír. :)

Su seguro servidor en su Galería de las Sombras personal, con su edición de V for Vendetta


Si no lo han hecho, les recomiendo mucho leer la novela gráfica y ver la película; son una parte de la cultura contemporánea de la que no querrán perderse.

Y tampoco se pierdan la próxima entrada en la que hablaré de otro clásico cómic anarquista, menos conocido, pero que también vale la pena revisar. ;)

viernes, 8 de noviembre de 2013

La vital diferencia entre especular e investigar


La clase de la maestra Tere.

La maestra Tere Miyar, quien fuera mi profesora de Metodología de la Investigación en la Universidad, es una persona extraordinaria. Recuerdo la primera clase inició con un ejemplo de una himbestigasion para mostrarnos cómo no debe hacerse. Era sobre una niña que había intentado quemar su propia casa después de ver un capítulo de Los Simpson. El autor del documento no vaciló en culpar a la violencia televisiva como causante de la violencia real. Con la acidez que la caracterizaba, la maestra Tere nos fue demostrando paso por paso cómo el "estudio" era una estupidez, empezando con que en el planteamiento de sus objetivos, el himbestigador ya estaba dando por hecho a priori el resultado que quería encontrar.

Esto viene a cuento porque recientemente he estado leyendo en las redes sociales pontificaciones sin sustento cuyo tenor recuerdan las exclamaciones alarmistas de la mojigatería conservadora: "El Heavy Metal incita a los adolescentes al delito", "los videojuegos vuelven violentos a los niños", "Harry Potter les hace creer que en la vida todo se puede solucionar fácilmente con magia" o "las caricaturas japonesas llevan al satanismo". Todas tienen en común que son afirmaciones sin sustento, sin datos, sin investigación, emitidas desde la propia víscera, desde los gustos y antipatías, desde la convicción religiosa o ideológica.



Ahora veo declaraciones similares, pero en gente de la filo-izquierda, y en particular desde el feminismo. "El reguetón incita a la violencia contra las mujeres", "Los cómics de superhéroes vuelven misóginos a sus lectores", "la pornografía induce a la violación". Y, al igual que los conservadores mojigatos y los religiosos locos, estas personas demandan políticas de prohibición y censura contra los materiales que les parecen nocivos.


No niego que los mensajes e ideas pueden transmitidos por tales productos culturales lleguen ser negativos y criticables en sí mismos, y que no estaría nada mal revisarlos y empezar a modificarlos. Vamos, ni siquiera descarto que pueda existir una correlación entre estos contenidos y actitudes dañinas o violentas. Pero algo que la maestra Tere me enseñó es que una persona seria no puede hacer afirmaciones de ese tamaño sobre relaciones de causa y efecto sin algo que lo sustente. Y por mi parte pienso que es aún peor pretender legislar al respecto con esas mismas bases endebles. Es decir, para convencerme, necesitan algo más que sólo argumentos que parezcan sensatos o sólo repetir "es que es obvio".

No bastan argumentos sensatos; se necesitan evidencias.

El razonamiento discursivo, el del reino de la filosofía, se bastaba a sí mismo. Las disertaciones filosóficas son valiosas por su racionalidad, su coherencia consigo mismas y el alcance de su razonamiento a partir de ciertas premisas básicas. Un filósofo puede decir "nuestro deber moral es tal..." y construir sus argumentos de forma discursiva para sostener su premisa, y sus ideas serán aplaudidas, vilipendiadas o ignoradas dependiendo de si tienen o no sentido. No digo que el conocimiento discursivo no sea válido o útil; ¡claro que lo es! Plantea retos e interrogantes que vale la pena tratar, aborda temas por cuya naturaleza no han podido tratarse desde otras disciplinas, brinda respuestas provisionales que resultan útiles a falta de otras mejores, y en general es una parte fundamental del avance del conocimiento humano. Además, yo lo hago todo el tiempo en este blog. Lo que digo es que hay temas sobre los que no se puede simplemente especular, sino sobre los que se debe investigar.

Mi ejemplo favorito sobre las limitaciones del razonamiento discursivo tiene que ver con unicornios. Los comerciantes escandinavos e islandeses vendían colmillos de narval a reyes y nobles europeos como si fueran cuernos de unicornio. Ahora bien, la vieja superstición decía que los cuernos de unicornio eran capaces de neutralizar el veneno en una bebida o alimento si se introducía la punta en él. También que si se ponía un cuerno en una mesa en la que había algún veneno, el cuerno empezaría a sudar, por lo que sería una excelente alarma contra los bastante usuales intentos de magnicidio.



Durante siglos, los sabios y filósofos debatieron sobre la veracidad de estas leyendas usando meramente argumentos discursivos: "Las propiedades atribuidas al cuerno de monoceros deben ser verdaderas por esto, esto y esto" o "Tales asunciones  no pueden ser ciertas porque..." A ninguno de ellos se le ocurrió meter el cuerno a una copa de vino envenenado o asentar el cuerno en una mesa con venenos para ver qué pasaba. ¿Por qué? Porque la comprobación empírica estaba muy desprestigiada en esos tiempos; durante 2000 años desde Platón (y con la notabilísima excepción de Aristóteles) se había creído que el solo razonamiento y la cita de autoridades bastaban para solucionar cualquier problema y que la experimentación y comprobación empírica eran indignas de los intelectos superiores.[1] Gracias a la Revolución Científica, parte misma del Renacimiento, hoy en día esas opiniones nos parecen necias.

El conocimiento científico requiere de evidencias, de datos, de números, y de la interpretación de los mismos. Eso incluye tanto a las ciencias sociales como a las naturales. Obviamente, si quieres saber si el cuerno del unicornio puede neutralizar el veneno, deja de especular al respecto y citar a Plinio (que en su puta vida vio un unicornio) y mete el maldito cuerno en el veneno para comprobarlo.

Y si quieres saber si los organismos genéticamente modificados (transgénicos, para los cuates) son aptos para el consumo humano, deja de argumentar sobre si lo natural es mejor por ser natural o si atentar contra la madre naturaleza es jugar a ser Dios y wara wara. Mejor analiza las sustancias que contienen los OGM y verifica si en efecto producen daños al organismo. Encontrarás que quienes ya llevaron a cabo estas investigaciones coinciden en que los transgénicos son inocuos para la salud.[2] Todos, excepto uno, el infame estudio de Seralini, cuya metodología ha sido expuesta como deficiente (por no decir fraudulenta), precisamente por todo lo que me enseñó a evitar la maestra Tere: partió de ideas preconcebidas, seleccionó los datos que apoyaban dichas ideas e ignoró los que las contradecían, que su muestra no era representativa sino seleccionada, y muchas más[3]. O sea, este tipo hizo mala ciencia, ciencia mal hecha.



Si quieres establecer si de verdad hay una relación entre ver pornografía y ser violento contra las mujeres, no te deberías quedar solamente con argumentos que suenen sensatos y citas de Foucault; debes recurrir a las ciencias sociales: estudios de psicología para saber si los hombres que consumen pornografía tienden más a las actitudes misóginas que los que no la consumen; estudios sociológicos para saber si en las comunidades en las que la pornografía está más accesible o menos restringida existen más casos de violencia sexual contra mujeres.

Pues resulta que dichos estudios han encontrado que los hombres que ven material pornográfico explícito no tienen actitudes más negativas hacia los derechos de las mujeres ni tienden más a justificar la violación que los hombres que no consumen dichos materiales. Y que en los países en los que aumentó la disponibilidad de material pornográfico no se experimentó un correspondiente aumento en casos de violación. Y que Suecia y Dinamarca, dos de los países con mayor equidad de género y menor índice de violencia contra las mujeres, tienen también leyes muy laxas y permisivas con respecto al porno.[4] O sea, no hay correlación. 

[Aclaro que esto no va sobre otros posibles o reales aspectos negativos de la producción y consumo de pornografía, temas que van desde lo desagradable hasta lo horrible, pero que deberían analizarse por su parte; aquí se abordó sólo la supuesta relación entre ver porno y volverse violento contra las mujeres].

Fuente


En casos así, las personas a quienes estas conclusiones no les agradan por estar en contra de sus ideas preconcebidas por lo general no tenderán a realizar o consultar investigaciones rigurosas que arrojen resultados distintos o analicen la metodología de esos estudios en busca de errores o engaños. No, lo que harán será echar mano de pseudoargumentos como "ah, pero es que esos científicos de los transgénicos están todos controlados por el capitalismo"  o "ah, pero es que esos estudios los hacen hombres blancos heterosexuales que viven en situaciones privilegiadas", o mi favorita: “ah, pero es que eso de pensar que puedes llegar a comprobarlo todo científicamente es positivismo” (implicando que el positivismo es del diablo y que con sólo decir que algo es positivista se le puede descartar sin miramientos). Es decir, tratarán de alejar la cuestión del terreno de lo científico, de lo demostrable, y traerla al campo del conocimiento discursivo, donde podrán argumentar, argumentar y argumentar sin tener que probar nada nunca.

Necesitas mejores bases si quieres legislar

Uno puede argumentar que el reguetón incita a la violencia contra las mujeres y armar argumentos discursivos que suenen sensatos e inviten a la reflexión, pero que no servirán de mucho si no están sustentados por evidencias. Si no pueden demostrar que existe una relación causal entre escuchar o producir reguetón y los niveles de violencia de género mediante datos y estadísticas, sus reclamos tienen la misma validez de los religiosos que culpaban a Marilyn Manson por la masacre de Columbine.

Cuando este tipo es el que dice las cosas más sensatas en toda la maldita película...

Claro que uno puede criticar los mensajes de reguetón... y Cthulhu sabe que yo comparto la opinión de que sus letras son sexistas, denigrantes y ofensivas, y que no lo considero ni siquiera digno de ser llamado "música". Desde luego, hay formas intelectualmente honestas de expresar esa inquietud. Por ejemplo, como una duda razonable: “Hey, ¿no será que este tipo de canciones promueven una actitud misógina que deriva en violencia contra las mujeres?”. O como opinión personal: “Pues yo pienso que un hombre que escribe letras de reguetón o escucha esa porquería de música no ha de tener mucho respeto por las mujeres”. En fin, pensamientos muy válidos que podrían desencadenar reflexiones y debates interesantes, y motivar a investigaciones al respecto.

Pero brincar de ello a considerar como certeza que este subgénero del ruido molesto produce violencia sexual es pueril. Sobre todo porque creo que no se puede exigir que se apliquen medidas coercitivas, tales como la prohibición que piden a gritos muchas de estas personas, basadas en suposiciones no demostradas. Si quedara comprobado ese supuesto perjuicio reguetonero más allá de toda duda razonable, hasta yo apoyaría dichas medidas de censura.

Esta noticia es falsa, por cierto...

 Llevo años leyendo cómics de superhéroes. Sí, son muy sexistas y ese aspecto suyo me desagrada  bastante y me gustaría que cambiara, y sí el geekdom puede llegar a ser muy misógino (un día me aviento una entrada sobre el tema). Y por cierto, los cómics transmiten también otro mensaje negativo: que puedes arreglar los problemas del mundo a karatazos. Pero leer cómics por años no me ha hecho ni misógino ni violento, ni de lejos la mayoría de los comiqueros que yo haya conocido lo son, así que habría que preguntarse qué es causa y qué es efecto de qué, e investigar bien antes de señalar culpables.

En 1954 varios de los principales líderes de la industria del cómic fueron citados a declarar ante el Senado de los Estados Unidos. Los cómics de superhéroes, horror y policiacos eran culpados de fomentar la violencia, la homosexualidad y el comunismo (eran los días del Macartismo). La única base que se tenían eran las fraudulentas himbestigasiones del psiquiatra Fredrich Wertham, quien había hecho muestras selectivas, falseado testimonios, ignorado a propósito datos que contravenían sus hipótesis e inventado evidencias para sostener sus prejuicios[5]. Es decir, había hecho todo lo contrario a como se debe hacer una investigación científica; curiosamente los mismos métodos falaces que se le critican tanto a los estudios antitransgénicos de Seralini como a algunas feministas radicales que insisten en que "la pornografía es la teoría y la violación la práctica". Es decir, es mala ciencia, ciencia mal hecha.



Pero con base en esa mala ciencia el Senado consideraba seriamente prohibir los cómics. No lo hicieron al final, pero se creó la Comic Code Authority para vigilar y regular el contenido de las historietas, lo cual llevó a una era de mediocridad y empobrecimiento de la que sólo empezaría a recuperarse tras las dos siguientes décadas. La libertad de expresión quedó coartada y las posibilidades creativas de un medio se vieron limitadas porque algunas personas se dejaron llevar por prejuicios, argumentos sin sustento y una investigación muy mal hecha. ¿Querríamos que eso sucediera otra vez? ¿Tener las especulaciones sin sustento de grupos de presión como criterio para reglamentar sobre las personas deben ver, leer o comer?

Voy a cerrar esta entrada con un comentario meramente discursivo, cuyo propósito no es probar nada, sino simplemente invitar a la reflexión si les parece sensato:

En el contexto de la "caza de brujas" contra los cómics, William Gaines, el primer editor americano en publicar cómics de horror, dijo ante el Subcomité de Delincuencia Juvenil del Senado americano: "Aquellos que quieren prohibir los cómics ven a los niños como pequeños monstruos sucios, taimados y perversos que usan los cómics como pautas para sus actos [...] ¿A qué le tememos? ¿A nuestros propios niños? ¿Creemos que nuestros niños son tan malvados, de mentes tan simples que basta una historia de robos para que roben, una historia de asesinatos para que asesinen?".[6]



Caray, hoy planteo esa misma pregunta de otra manera: Los que claman por la censura, por la “depuración” de los contenidos en música, cómic o audiovisuales, parecen ver a los varones como monstruos sucios, taimados y perversos que usan esos contenidos como pautas para sus actos. ¿Acaso creemos que los varones son tan malvados y de mentes tan simples que basta un cómic con mujeres voluptuosas semidesnudas para volverlos misóginos, que basta una canción de reguetón para volverlos golpeadores, que basta una película pornográfica para volverlos violadores?






[2] “Massive Review Reveals Consensus on GMO Safety”, en Real Clear Science, 2013
(http://www.realclearscience.com/blog/2013/10/massive-review-reveals-consensus-on-gmo-safety.html)
[4] “Crossing the Abyss”, Catherine Salmon, en The Literary Animal, 2005

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