lunes, 13 de enero de 2014

El lugar más feliz de la Tierra



¿Pos qué creen? Que me fui con mi esposa y mi hijo mayor a Disney World en Orlando, Florida. Hay varias cosas que podría comentar sobre este viaje, empezando por las anécdotas chistosas que seguramente les aburrirían de lo lindo, hasta las reflexiones rebuscadas que igual y pegan con ustedes.

Bien, sepan para empezar que ésta es mi cuarta visita en la vida a los parques de diversiones de Florida. Sepan también que amo los parques de diversiones con la fuerza de diez mil soles. Por los instantes que uno pasa ahí, se encuentra en un ensueño maravilloso en el que todo está limpio y bonito, todos son sonrientes y amables, y uno se puede dar el privilegio de olvidar que afuera existen la violencia, el hambre, la pobreza y la injusticia. Y ahí puedes cantar "Qué pequeño el mundo es". Pero en fin, que si quienes pudiéramos no nos dedicáramos a la diversión de vez en cuando nos volveríamos locos. Además, todo vale la pena por ver a los niños felices.

Como todo viaje al extranjero, éste empezó con un infierno burocrático para obtener pasaportes y visas para todos. Mi esposa fue la encargada de enfrentarse a todo ese papeleo, porque ella es súper eficiente, y a mí me dan fobia los documentos, de forma que sólo tuve que presentarme en el lugar y a la hora que ella dijera y poner mi firma donde hiciera falta. Por un momento temí que me fueran a denegar la visa para entrar a Gringolandia debido a mis "actividades subversivas" (entiéndase, mentar madres en este blog), pero pos no, los godínez que nos entrevistaron no mencionaron esto ni mi gusto perverso por las mujeres dibujadas. De hecho, en realidad, todo el trámite fue bastante sencillo, tanto para la visa como para el pasaporte. O así me pareció porque mi esposa se hizo cargo.



El viaje en avión fue plácido, así como el traslado al hotel. Nunca antes me había hospedado dentro de los parques de Disney. El hotel tenía como tema los deportes, así que había imágenes y motivos de Mickey, Donald y Goofy jugando futbol, baloncesto y así... Fue una experiencia interesante, porque estando ahí teníamos algunas comidas incluidas, así como el transporte a los parques de Disney.

Ese mismo día visitamos Magic Kingdom. Cuentan mis venerables padres que la primera vez que me llevaron, cuando era un escuincle de seis años, dije me aburría en Magic Kingom. Lo cual es comprensible, porque yo era un chavito mamonsete y prefería apartarme de todo mundo e irme a pensar mis cosas sin que nadie me molestara. Pero ya desde entonces había quedado fascinado por Universal Studios, porque ya amaba el cine...

Volviendo a Magic Kingdom, muchas cosas habían cambiado desde mi última visita 12 años antes. Florida siempre había estado llena de hispanos, pero ahora los empleados de los parques y hoteles llevaban en el prendedor que indica su nombre, el idioma que hablaban (además del inglés, claro está). Así, uno casi siempre podía encontrar a alguien que hablara español, lo cual es muy bueno, porque aunque mi inglés es bastante pro, entre angloparlantes soy muy tímido porque temo sonar como esa gente en West Side Story. También se podían ver letreros y escuchar anuncios biblingües, que aunque no los necesitábamos, sí se sentían como una muestra de amabilidad.



Otra cosa que noté fue precisamente la cortesía con la que todos los empleados de Disney nos trataban. Siempre con una sonrisa, siempre con la máxima atención, con más amabilidad incluso de la que nosotros pedíamos. Y no se sentía falso o forzado. No sé si los tienen dopados todo el día, o será que les pagan muy bien y no les hacen trabajar jornadas demasiado largas. Espero que sea lo segundo.

También noté la gran diversidad que hay entre los empleados de los parques. No recuerdo haberme fijado antes, pero entre los trabajadores había personas de todas las edades, colores y tamaños, incluyendo personas mayores o en silla de ruedas. Me parece muy bien que incluyan a toda la gente, dándoles la oportunidad de ser productivos. Ah, y también muchos gays, pues Disney es un lugar muy gray friendly (hay recuerditos con la bandera del arcoíris y toda la cosa).

Un aspecto un poco ñoño de mi parte: es algo raro, pero ya no se sentía tanto como estar en otro país. No es sólo que siempre había gente hablando español por todas partes. Es que lo que uno encuentra ahí ya no es tan único ni tan excepcional. Verán, cuando viajé por primera vez a Florida, hace más de 20 años, también fue la primera vez en la que me encontré con bandas transportadoras, puertas automáticas, máquinas expendedoras, lavabos con sensores en los baños y otras tecnologías que me parecían futuristas, y que hoy forman parte de la cotidianidad del mexicano de clase media. 

También las tiendas (y las máquinas expendedoras futuristas) estaban llenas de productos, principalmente golosinas, que aquí no existían. Hoy en día todas esas cosas pueden comprarse en un Oxxo. En la TV del hotel uno veía programación (y hasta comerciales) que uno ni sabía que existían. Ahora todo eso está en la televisión de paga (o en Internet). Y de la tecnología de entretenimiento de los parques, no toda era muy impresionante que digamos: animales animatrónicos pueden verse cada año en la feria local, y el 4D es cada vez más común. Vamos, hasta mi hijo me comentó que no se sentía en otro país, pues de todos modos ya todo lo vemos en inglés todo el tiempo.



Claro, esto no es necesariamente malo. Ya no es necesario viajar a otro país para disfrutar de las frivolidades del capitalismo, pero algo se pierde en la experiencia de viajar y encontrar lo mismo. Ni hablar, así funciona la globalización. Por cierto, que un viaje a los Estados Unidos de verdad, el de afuera de los parques y hoteles, me sigue quedando pendiente.

Otra de las cosas que noté en este viaje fue lo pinche gordos que están los gringos, caray. O sea, no mamar,¿qué mierda comen?. Difícilmente se ve a un adulto de más de treinta años que no tenga, por lo menos, una panzota chelera. Y es que además no son solamente barrigones: son enormes. Su obesidad les chorrea no sólo en el vientre, sino en lonjas y lonjas por todas partes, en los brazos, en las piernas, la papada, los cachetotes. Ahora veo porqué el estereotipo de gringo promedio es un Homero Simpson o un Peter Griffin, sólo que sus mujeres no están como Marge o Lois, sino igualmente gigantes (en ocasiones más). Y además se dan el lujo, los más voluminosos, de andar en motonetitas como si fueran discapacitados por alguna enfermedad o accidente, y no gente que se dedicó toda su vida a tragar como cerdos. O sea, Wall-E no es el futuro, ya es el presente en ese país, y eso me asusta, sobre todo por el amor que le tengo a las pizzas y a las hamburguesas. Pero después del viaje quedé tan cimbrado que decidí bajarle, pero en serio. Es más, terminando de escribir esta entrada me pongo a hacer abdominales.



Una cosa muy positiva que noté de los parques es lo mucho que han mejorado en cuestiones de logística. Gracias a los "fast pass", que te asignan un horario para ir a tres juegos de tu elección sin hacer cola, y a que hay más juegos, y atracciones que no son juegos mecánicos (como los playgrounds para los niños) las filas de espera son más cortas. Justo a la entrada de cada juego hay un letrerito en constante actualización que indica cuánto tiempo de espera hay para entrar, de modo que uno puede escoger los más rápidos primero y dejar los otros para cuando se disperse un poco la gente. Además, de forma muy astuta, en los lugares en los que se hace cola hay también entretenimiento, como pantallas, consolas, juegos empotrados a la pared y demás, para que papás y niños no se aburran mientras esperan. Todo ello contribuye a que la experiencia sea más agradable en general.

Hablando de logística, me maravilló lo bien organizados que están los parques para manejar las multitudes, en especial cuando tuvieron que mover a todo mundo a un lado para dejar que pasara el desfile o empezara el espectáculo de fuegos artificiales. Y es que cuando uno viaja a estos lugares como adulto son nuevas cosas las que lo impactan. Esa capacidad de logística fue una de ellas; la otra fue la tecnología. Que se haya desarrollado tecnologías tan impresionantes exclusivamente para el entretenimiento me maravilla, me entusiasma y a la vez me asusta un poco. Lo mismo me hace sentir el TAMAÑO de los complejos. Disney World no es sólo los parques, sino los hoteles, centros comerciales, avenidas, terrenos inmensos (más de 8 mil hectáreas, sin contar los 27 km2 de la ciudad Celebration, también de Disney). Tan grande como un condado, y todo es propiedad de la Walt Disney Company. ¿A poco no les provoca escalofríos?

Sin mencionar la admiración que me provoca el pinche genio de Disney, capaz de concebir y llevar a cabo algo así.


Pero la "epifanía" (jojojo) que me llegó al cabo de unos cuantos días de estar entre parques de diversiones fue que toda esa tecnología, esa enorme capacidad de organización, esa monumentalidad son posibles únicamente porque millones de personas cada año están dispuestas a pagar una muy buena suma de dinero (muchas veces, producto de meses o años de ahorro), para tener unos días de diversión. El turista se queja de los otros turistas, pero sin esas multitudes gastando en Disney, una monstruosidad así de grande e increíble no podría existir.

Es decir, la motivación es individual: yo quiero pasarme unos días de diversión y asombro con mi familia (y eso es muy válido), pero las acciones (pagar toneladas de dinero) y los resultados (la existencia de este Xanadú futurista) son colectivos. Y el percatarme de esta obviedad soslayada me hizo pensar, si de forma inconsciente la suma de nuestras acciones individuales es capaz de lograr cosas como este complejo inmenso con tecnología de punta y organización impecable, imagínense lo que se podría conseguir si todas esas mismas personas fueran conscientes de ello. Claro, en el caso de Disney World tuvo que haber antes la iniciativa y inversión privada para desarrollar el proyecto, y después vino el público consumidor que hizo posible mantenerlo y hacerlo crecer. Pero ¿qué se podría lograr si hubiera iniciativas así, privadas o públicas, individuales o colectivas, capaces de convencer a millones de personas para que aporten enormes cantidades de dinero, no simplemente para donarlo como limosna, sino para usarlo en proyectos que encuentren soluciones a los problemas que aquejan a la humanidad?

Voy a dejarlos que reposen pensando en ello.

CONTINUARÁ...

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Que decepción!
Pensé que eras de izquierda pero veo que apoyas a esos cerdos capitalistas!!
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Jejeje no es cierto, es broma.

hablando de la gente obesa, México no era ya el primer lugar en obesidad? o era una cortina de humo?
Yo tenía entendido que las abdominiales son más para hacer músculo, si quieres quemar grasa es corriendo.

Y con respecto a tu reflexión, ya existe algo más o menos así:
http://www.kickstarter.com/ (donde la gente pone un proyecto a realizar y la gente que se convence de que es algo chido apoya), hay proyectos de arte y cultura, y pues otros de tecnologia y así, mira cuanto junto una persona en un proyecto de una pluma: http://www.kickstarter.com/projects/1171695627/polar-pen-both-tool-and-toy-pen-stylus-made-from-m?ref=live esperaban 14000 dolares y recaudo casi un millón =O
Hay una versión de España http://www.lanzanos.com/

hay que hacer la de México.

Saludos
joako

Anónimo dijo...

Ya encontré la versión mexicana: http://www.fondeadora.mx/

Me sorprendió ver que muchos de los proyectos exitosos son culturales (Cine, teatro, música), parece que en México sí hay mucha gente interesada en ello y dicen que somos incultos
=P
Saludos
Joako

Maik Civeira dijo...

Gracias, conocía Kickstarter, pero pensé que era para proyectos artísticos, libros, pelis y así, no sabía que había otro tipo de proyectos, e ignoraba la existencia de su contraparte mexicana. Ojalá este tipo de proyectos crezca hasta abarcar más gente.

Y bueno, Wikipedia es también un proyecto colectivo impresionante. Ojalá más gente aportara con donativos, porque todos la usamos.

Anónimo dijo...

En general la gente gringa es obesa pero ya de mayor. De jovenes suelen cuidarse mas y de hecho suelen encontrarse mas personas jovenes con sobrepeso entre los hispanos y entre los negros

Alexander Strauffon dijo...

Nunca he ido. Espero hacerlo alguna vez. De igual forma poder visitar otros lugares.

Están gordos, los gringos, debido a la facilidad respecto a la comida engordadora y poco saludable, tanto en el precio como en su disponibilidad en todas partes. Y muchos hispanos viviendo allá se dejan seducir por ello también. Les entiendo, la comida es deliciosa y adictiva. Pero tristemente, viene con consecuencias.

Tu post me recordó la biografia de Marilyn Manson, de cuando vivió ahí de chavo veinteañero. Comento que una de sus aficiones era chingarse un acidito e irse asi a Disney World, y que la experiencia era mágica y como volver a la niñez.

Beto Vélez dijo...

chidox ijin, esas fotos tu las tomaste??

Maik Civeira dijo...

Noup, son de Google :P

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