martes, 11 de febrero de 2014

Neostalgia: Videoclubes



Hola, niñatos. Hoy vamos a hablar de videoclubes, ¿se acuerdan de los videoclubes? ¿Han pisado alguno recientemente? Si tu respuesta fue un "sí" y un "no", estás como yo. los videoclubes van rápidamente para convertirse en cosa del pasado, como las arcadias, los autocinemas, lo blogs y los buenos modales. Pronto desaparecerán y reaparecerán en unos años como una "experiencia vintage" para los hipsters del futuro. Hagamos un recorrido neostálgico por los videoclubes a lo largo de mi vida. Si no son demasiado jóvenes ni demasiado viejos nuestras experiencias serán similares, espero.

El primer videoclub que recuerdo era un Video Centro que estaba en la Plaza Galerías de Villahermosa. Debía ser principios de los 90, pues recuerdo que lo que yo quería rentar era Dick Tracy, que estaba en la sección de Estrenos. La tienda era bastante pequeña, no más que el local promedio de cualquier centro comercial: prácticamente un solo pasillo con anaqueles a ambos lados.

Después se trasladó a un local mucho más grande, dentro de la misma Plaza Galerías, y se llamó Macro Video Centro. Ahora tenía muchas más películas. La mitad de la tienda estaba reservada para Beta y la otra para VHS (y en esos tiempos había que rebobobinar las películas antes de devolverlas; teníamos hasta un rebobinador para ese propósito). Es raro: nunca he vuelto a ver video clubes así al interior de los centros comerciales grandes. Por lo regular están en sus propios edificios, o en placitas pequeñas, de forma que uno accede a ellos directamente desde la calle. Pero ese Video Centro y su versión digievolucionada estaban en medio del centro comercial. Ir a rentar películas era todo un paseo. De hecho, por lo regular iba con mis padres y hermanos a pasear por la plaza, y el paseo terminaba con una visita al Macro Video Centro para rentar unas pelis.



Así fue desde el principio para mí: ir a rentar películas era un paseo familiar. Significaba prepararnos para salir, vestirnos, viajar en coche hasta la plaza, pasearnos entre los pasillos en busca de la película deseada, experimentar el proceso de elegir una, y salir. A menudo veíamos las películas todos en familia, o por lo menos mis hermanos y yo juntos. Y mi hermana nos hacía palomitas de olla. Sin importar cómo cambiaran las tiendas, rentar películas fue casi siempre para mí una experiencia de ese estilo.

Años después abrieron un Blockbuster Video casi en frente de la privada donde vivía. Ello hizo que dejáramos de ir por completo al Video Centro de Plaza Galerías, el cual cerró poco después. Ya andaba por la segunda mitad de mi primaria cuando esto pasó. Blockbuster fue una experiencia un poco distinta. Al no estar en la plaza, no formaba parte de un paseo, aunque a veces alguna salida por otras partes de la ciudad (ir a cenar, por ejemplo), podía terminar en una visita a Blockbuster.

Además, allí se tenía un sistema distinto al de Video Centro; si en éste tomabas la cuja original de la película y la llevabas al cajero para te cobrara, en Blockbuster tenías que tomar la cuja del videoclub, que estaba detrás de la cuja original. Pa' colmo, la tienda no estaba dividida en secciones de Beta y VSH, sino que había cujas de cada formato detrás de las originales. Eso me sacó mucho de onda la primera vez. Por cierto, en ese entonces los videoclubes te pedían toda clase de documentos, requisitos y firmas de contratos para poder sacar hacerte socio y empezar a rentar.

De todas formas, pronto nos acoplamos a la dinámica del Blockbuster y éste se convirtió en nuestra fuente principal de películas, sobre todo por la cercanía. Creo recordar que para entonces mis papás ya casi no nos acompañaban a rentar, sino que mi hermana era la encargada de llevarnos. En auto, pues Villahermosa es una ciudad peligrosa y mis padres no querían que nos arriesgáramos a salir caminando de la privada ni aunque fuera unas cuadras más allá. Esto fue así hasta que tuve "edad suficiente" (unos 10 u 11 años) para ir caminando yo solo, siempre y cuando aún fuera de día. De hecho, en esos años prepúberes, cuando alguno de mis amigos Toño o Mario iba de pasadía a mi casa, era tradicional salir a la calle a rentar alguna película.



En esos años empezaban a rentar juegos de Super NES en el Blockbuster. Recuerdo que la tienda era tan grande que hasta había una sección para que los niños esperaran; era un área alfombrada con uno o dos balancines y una tele con un SNES y dos controles, en la cual los chicos podían esperar mientras los grandes escogían sus películas. Mi hermano, que desde entonces ya era gamer, por lo general se quedaba ahí.

Recuerdo también que en ese entonces muchas caricaturas que no pasaban en la tele (no había Canal 5 en Villahermosa y no teníamos cable) se rentaban en volúmenes en Beta, cada uno de los cuales incluía tres o cuatro capítulos del show en cuestión. Así vi Alvin y las Ardillas, Los Osos Gummi, Los Wuzzles, Garfield y sus amigos, y otras.

Algo curioso, en ese Blockbuster había en una esquina una sección llamada "comedia picaresca". O sea, porno. Y, obvio, mis prepúberes amigos y yo alguna vez nos fuimos a curiosear a esa sección con MUCHO miedo a ser cachados, para ver a las señoras encueradas que aparecían en las contraportadas. Bueno, debieron haber sido una o dos veces, porque yo ni era tan osado. Nunca he vuelto a ver una sección de porno en ningún Blockbuster; en videoclubes pequeños, si las hay, se encuentran en algún pasillo oculto al público en general. Yo atribuyo la necesidad de tener porno a plena luz en el Blockbuster a la mundialmente famosa cachondez de los tabasqueños...



Cuando nos mudamos a Mérida teníamos tanto un Macro Video Centro como un Blockbuster a muy poca distancia de casa, sobre la misma avenida, y casi el uno en frente del otro. Bueno, Mérida es otro pedo, y en esos años de primera adolescencia yo solía perderme paseando en bicicleta sólo por el gusto de hacerlo, mucho antes de que los hipsters lo pusieran de moda. Ir a rentar pelis en bici era algo que hacía normalmente.

Recuerdo que uno de mis paseos favoritos era ir a Video Centro a ver qué tenían de nuevo. Por un tiempo se les ocurrió promocionar sus películas con minifolletos en cuya portadita aparecía el póster de la película y en cuyo interior proporcionaban una breve sinopsis. Me dio por coleccionar estos folletitos, muchos de ellos con películas que jamás vi. Supongo que no les funcionó porque al poco tiempo dejaron de hacerlos.

No fue sino hasta entonces, para mi primer año en secundaria, que tuvimos una videocasetera VHS. Nuestras primeras películas en ese formato fueron, obviamente, la Trilogía de Star Wars. Poco después llegó Jurassic Park, y a partir de ese momento comencé a hacerme de una pequeña videoteca con mis títulos favoritos, que de cualquier forma nunca pasaron de la veintena, de las cuales muchas de ellas siguen en casa de mis papás. Hoy en día tengo una colección de DVD nada despreciable.





Antes de eso, en Villahermosa, mis papás nos compraban películas piratas del Chetumalito, no porque fuedan papad pidatad, sino porque no había donde conseguir las originales. Nos compraban películas o episodios de series de Disney, de ésas que venían en cujas de cartón de casset virgen marca SONY (en el mejor de los casos), pero con una fotografía de la carátula original pegada en la misma (no fotocopia, una foto Kodak, de ésas que revelaban en las tiendas especializadas antes de que hubiera cámaras digitales). Gracias a Blockbuster, empezó a haber películas originales en Beta, y entonces mis papás nos compraban películas de pura calidad. No muchas, pero teníamos, por lo menos, El Rey León, que mi hermano y yo veíamos casi cada semana.

Volviendo a los videoclubes. En Mérida me reencontré con un primo bastante cultoso que no se cansaba de decirme que las películas que veía eran pura mamada y que debía ver más cine clásico y de arte. ¿Pero dónde conseguirlo? Video Centro tenía un catálogo patético en ese entonces, con películas no más viejas que una década. Bluckbuster estaba un poco mejor, pues tenía algunos clásicos y una sección para "películas extranjeras" (Curiosa categoría teniendo en cuenta que la inmensa mayoría eran películas extranjeras: de Estados Unidos. Pero el título se refería a cintas europeas.)

El lugar adecuado para conseguir ese cine del que hablaba mi primo era Video Ted. Éste era un videoclub IN-MEN-SO, tres pisos llenos de películas en VHS y Beta. Lo más impresionante de Video Ted es que era el único especializado en cine clásico y de arte, que tenia películas antiguas que nadie más tenía, que traía películas europeas y de realizadores cultosos que nadie más traía. Allí pude ver varias, incluyendo algunas de mis películas favoritas: Ciudadano Kane y King Kong, entre otras.




Pero Video Ted cerró bastante poco después de que yo lo hubiera "descubierto" y como además me quedaba lejos de casa y dependía de que un adulto me llevara, lo aproveché más bien poco. No sé por qué cerró. Quizá no tenía en Mérida el público suficiente para mantenerlo con vida. El Macro Video Centro siguió por el mismo camino. Primero redujo su tamaño, y luego fue absorbido por el Omega de al lado (ambos pertenecen a la misma compañía). Finalmente hasta el Omega desapareció y hoy el mismo local cambia de giro constantemente. Mi vida videocinéfila en la prepa, a finales de los 90 y principios de los dosmiles (o sea, ya en tiempos del DVD), estuvo dominada casi exclusivamente por Blockbuster.

Tan es así que hasta teníamos cuenta en el Blockbuster de Cancún para cuando íbamos a pasar las vacaciones allá. Mi papá trabajó en Cancún por unos tres años, y teníamos una casita allí, así que pasábamos largas vacaciones de primavera, verano e invierno en esa ciudad. Ir muy seguido a la playa, a las plazas, a las discos o a otros atractivos para el turista que visita Cancún no era viable para quien permanece allí por varias semanas, de modo que ver películas era nuestra principal diversión.

El año que viví en Italia, tras concluir la prepa, no lo iba a pasar sin ver cine. En los países de Europa la gente no subtitula las películas extranjeras, sino que las dobla todas impúdicamente. Y, contrario a lo que uno podría imaginar de este lado del charco, los cines europeos están llenos de la misma mierda que acá, sólo que como las pelis europeas que nos llegan son lo mejor de lo que producen, nos figuramos que todo lo que sale en sus pantallas ha de ser una maravilla y que los europeos son gente cultísima, sin imaginarnos que tienen a sus equivalentes a Eugenio Derbez y Ádal Ramónez acaparando las pantallas.



En fin, si uno quería ver pelis gringas, francesas o británicas en Florencia, había que ir al Odeón, que cada semana ponía dos o tres funciones de películas hollywoodenses en su idioma original. La otra opción era rentar. El principio, mis roomies y yo sacamos nuestras credenciales de Blockbuster. Meses más tarde, me mudé de depa (y de roomies) y el Blockbuster me quedaba muy lejos, así que mi roomie Gladys nos sacó una cuenta en un videoclub pequeñito de ésos "del barrio". Seguí usando su cuenta para rentar y ver películas incluso cuando ella se hubo regresado a México.

Fue curioso, porque hasta entonces nunca había recurrido a esos videoclubes pequeñitos de la localidad, excepto cuando iba a Campeche y mis primos me llevaban a rentar en alguno de ésos, porque en esa linda ciudad durante muchos años no hubo Blockbuster, ni siquiera Video Centro.

De vuelta en Mérida, decidí abrir mi propia cuenta en Blockbuster, para ya no tener que usar una tarjeta adicional de la cuenta familiar. Durante más o menos un año me puse a ver una película casi diario. Sólo no veía películas cuando asistía a algún evento importante, como una fiesta, obra de teatro o concierto. Vi muchísimas películas en ese entonces, lo que me ayudó a superar un poco la ignorancia en la que me encontraba. 

Ésa fue una era dorada del video para mí, en la que podía ver las películas que yo quisiera sin depender de los antojos de nadie más. Para mejorarlo todo, en esa época pareció haber una especie de "boom" de la cinefilia en Mérida. Cursos de apreciación, historia o realización de cine aparecieron ofrecidos por distintas instituciones. Se formaron cineclubes en diversas escuelas y centros culturales. Hasta se llevó a cabo un primer festival de cortometrajes de Yucatán. Para mí, por esos día, abrió Redicom.



Redicom fue el primer videoclub desde tiempos de Video Ted que se especializó en cine clásico, de arte y alternativo. Allí tenían gran cantidad de películas que nunca había visto, y promociones fabulosas, como 5 películas por 10 días a 100 pesos y cosas así. Obviamente, comencé a devorarlas. Y Redicom tenía un amplio mercado entre una nueva generación de cinéfilos con ganas de volverse cultosos. Su éxito fue tal que la tienda se amplió en seguida a un local del doble de tamaño, y poco después abrió una segunda sucursal bastante cerca de mi casa.

No mucho después apareció El Cairo, también especializado en buen cine, y que además de ser videoclub, tenía sala de proyecciones y cafetería, y en donde frecuentemente también se impartían cursos sobre el séptimo arte.

Como Redicom era una competencia real, Blockbuster tuvo que responder inaugurando su propia sección de "Cine de Arte". Que tenía sus bemoles, de seguro, como que allí metieran cualquier cosa que no fuera gringa o cualquier pseudodocumental tipo El Secreto. Pero era muy respetable, sobre todo la del Blockbuster que estaba por mi casa, el cual era de los más grandes de la ciudad. En esa sección las películas estaban organizadas por país y por director, y la gran mayoría de ellas eran completamente nuevas en el catálogo de la tienda.



Así que ahí andaba yo, feliz de la vida con mi casi una película diaria. Pero luego tuve novia. Y como ustedes saben, las novias demandan atención. Y sexo. Mucho sexo. El caso es que ya nunca pude volver a mi viejo ritmo de ver pelis como loco; por más que lo he intentado, la vida, la paternidad, el trabajo, este estúpido blog y demás vicisitudes me lo han impedido. Ah, mas nuestra historia no acaba ahí.

Llegó Internet. Bueno, ya tenía rato existiendo, pero fue a partir de la segunda mitad de los dosmiles que el intercambio de contenido gratuito (pirata) en la WWW se hizo más fácil, cómodo y accesible, en especial el de películas, pues el de música y software igual ya tenía rato. También aparecieron los hipsters, desesperados por presumir a todo mundo que eran muy originales y que veían películas que no estaban en los videoclubes y de las que nadie había oído hablar. Bueno, lo cierto es que la piratería en Internet ponía al alcance de muchos, un cine muy variado que hasta entonces resultaba inaccesible.

A mí nunca me ha acomodado ver películas en la compu. Prefiero verlas en una pantalla de cine, como se debe, pero si no, de perdido en una buena tele. Además, me cansa mucho eso de estar buscando el enlace de descarga correcto, que no sea fraude, que no tenga virus, que la película esté en buena resolución, que no se desfase el sonido, etc. Por eso no empecé a ver realmente películas en Internet sino hasta el año 2011, en que tuvimos una tele grande que podía conectarse a la compu, y cuando los sitios de películas para descargar o ver online eran más cómodos, rápidos y mejor surtidos. Sí, tuve también mi buena dosis de Cuevana y Taringa para ver cine.




Cuando atacaron MegaUpload, todo volvió a irse al caño. De nuevo se volvió para mí demasiado trabajoso y cansado estar buscando el enlace correcto y bla, bla, bla. Sé que Cuevana sigue ahí, y que existen otros sitios similares, pero las últimas veces que he intentado ver una peli surgen todos esos problemas frustrantes. Volví a los videoclubes. En 2012 me llevé una agradable sorpresa. A la vuelta de mi casa, en Chuburná, había ¡un Video Centro! Sí, un Video Centro. Un señor muy amable y amistoso aún mantenía la franquicia, o algo así. Sus películas eran originales, y aunque de estrenos no tenía muchos, disponía de un catálogo nada despreciable que nunca llegué a agotar. Además, rentaba muy barato, y tenía películas viejitas que no se encontraban en ninguna otra parte. Para acabar con la joya nostálgica, el señor aún tenía los cassettes en VHS con los comerciales de Video Centro de los 90, en los que salían Gariabldi y la Bibi Gaitán y toda la cosa. Los reproducía en las dos teles de la tienda los domingos por las tardes, que era cuando había más clientela.





Ya para entonces tenía a mi hijo mayor y el segundo hizo su aparición por esos años. Ir al videclub, ya fuera Redicom, Blockbuster, El Cairo o el Video Centro, significaba revivir esa bonita experiencia que cuando era niño: un paseo que se hacía en familia, para luego ver películas en familia. Sólo que ahora yo era el papá.

Pero esos días estaban contados. Redicom fue el primero en caer. La segunda sucursal cerró, y la primera volvió a su primer local diminuto, para luego desaparecer por completo. Incluso el gigante Blockbuster se redujo a la mitad de su tamaño, y con él se fueron muchas de sus películas. Poco después, la compañía cerró en Estados Unidos, y en México ya hasta lo compró Elektra, por lo que sólo es cuestión de tiempo para que, como dice mi esposa, empiecen a vender películas "en abonos chiquitos para pagar poquito" y a aceptar envíos de dinero. Hace poco, cuando salí a caminar después de la comida, me topé con que el Video Centro ya había cerrado; tenía meses sin visitar al buen caballero, que me hacía recomendaciones y se ponía a platicar conmigo sobre películas y sobre la vida. Poco después, el Blockbuster cercano a mi casa desapareció. Sólo El Cairo permanece en pie. [Nota de 2015: Blockbuster, que sobrevivía en México, se transformó ahora en The B Store (qué nombre más mamón). De plano ha muerto una parte de mi infancia, adolescencia y juventud.] Descorazonado, decidí escribir esta entrada.




En diciembre del año pasado abrí por fin una cuenta en Netflix. La verdad es que es una idea muy brillante: tomar lo que ya estaba haciendo la piratería y empezar a hacerlo legalmente y cobrando. Vale la pena pagar esos 100 pesos mensuales a cambio de no tener que estar buscando el enlace que no esté roto y el torrent que esté completo y que tenga subtítulos y así. Pero su catálogo sigue siendo muy limitado, y los estrenos siguen llegando primero al Blockbuster. Yo la he usado principalmente para ver series, porque me gustan, pero la TV me da hueva, con sus comerciales y con que yo tenga que estar pendiente de sus horarios y canales. Y claro, tiene la ventaja de que uno no tiene que estar apresurado para ver la película pronto antes de tener que devolverla. Supongo que es cuestión de tiempo para que el servicio vaya mejorando y los catálogos sean más completos. Si no, sigue habiendo sitios de cine para los cultosos que odian lo mainstream.

Y los videoclubes desaparecerán. Entiendo que es algo inevitable, que servicios como Netflix son más prácticos y convenientes pero no deja de ser triste cuando desaparece toda una forma de vida, una experiencia única. Los ñoños que odian el contacto humano estarán complacidos de poder ver todas las películas que quieran sin tener que despegar sus planos culos de sus sillas con rueditas ni tener que hablar con personas existentes. Pero para mí, rentar películas involucraba experiencias más allá de sólo ver la película. Ya fuera ir al cine, o a un cineforo, o a rentar en un videoclub; ya fuera en familia, con amigos, o yo solo, ver una película implicaba contacto, diálogo, salir a ese lugar de encuentros y encontrar a las otras personas con quienes comparto mi amor por las películas. Así que sí, hoy estoy triste, estoy nostálgico. Lo bueno de todo esto, es que hay cosas que no cambiarán:




6 comentarios:

Anónimo dijo...

Entiendo perfectamente como te sientes. Cuando niño, mi familia entera visitaba la plaza central de la ciudad. Visitábamos las bibliotecas y librerías, pasábamos horas en las arcadias, jugando torneos de maquinitas, futbolito y hocky en aire. Finalmente íbamos al Blockbuster por alguna película y la veíamos por 2 o 3 días. Hace dos años cerraron la plaza. Las ya débiles franquicias no pudieron costear el cambio a otra plaza o a otra locación supongo, porque las tres desaparecieron. Yo de 25, sentía que aquellos sitios representaban lo que quedaba de mi a tan corta edad, o de mi familia antes de que se dividiera. Me reconfortaba pensar que la plaza siempre estaba ahí, y que podía ir cuando quisiera o llevar a mis hijos cuando crecieran. Ahora que cerró siento, precisamente, mucha nostalgia. Es una desgracia que ocurra ésto, pero al igual que tú, entiendo que hay que avanzar. Es sólo que es triste.

Luis M. Montes de Oca dijo...

Genial entrada, aunque soy menor (tengo 22), si me tocó el MacroCentro y era toda una experiencia....Actualmente ahora prefiero la pagina de cultmoviez, pero no hay nada como ver una pelicula clásica en una sala de cine; de vez en cuando la UNAM o las sedes de la Cineteca Nacional se les antoja proyectar ciclos de cine clásico (que también está plagado de hipsters, ni modo :p)

Alexander Strauffon dijo...

Anduviste de nómada en distintas ciudades, entonces. Qué envidia, yo he estado siempre en el mismo rancho.

A mi me tocó Videocentro y su transición a Macrovideocentro también. Y aún voy a Blockbuster a rentar, seguiré haciéndolo mientras estén. No uso el Netflix por lo que ya mencionaste... bastante limitado, aunque afirman ser el hit y tener muchos titulos. Tal vez luego, cuando hayan mejorado.

Alvaro Chans dijo...

que buena entrada , recuerdos aquellos de sus tres pisos del video ted y escaleras metalizadas, recuerdo que vivía en el campestre y me iba en bici hasta plaza fiesta a los 12 años para rentar videojuegos y jugar un rato en el supernes de muestra del videoted ahora ni loco dejo a mi hijo ir ni a 1km de mi casa en bici solo..saludos y suerte

Beto Vélez dijo...

esecabron del video de videocentro es gaerl garcia???? gagagaggaga que cagado, pos la neta yo tengo 33 años y nunca fui de ir en familia a esos gediondos lugares por que pos no tuve familia jejejjejejeje. netlflix esta chingon aunque podría estar más chingón, saludos keson.

Henry Ceh dijo...

Uuuy que buena entrada, recuerdo igual pasar por todos esas vídeos pero solo en Mérida y tener mis periodo de rentar a diario en más de un sitio. Recuerdo había uno llamado Video América que era grandecito y creo aun tiene algunas sucursales, igual de repente habían videoclubs pequeños que tenían sus cosillas buenas. Tambien en lugares como la alianza francesa tenían pelis que no había en otro sitio, nunca estudie francés pero con un dinerito me dejaban sacar cosas. En el centro de extensión cultural de la uady igual tenían muchos vhs's que podías sacar dejando tu credencial de la escuela o el ife, varias películas eran ediciones bien antiguas que en ningún sitio había, recuerdo ahí descubrir a Tarkosvky,Godard,Wenders, Saura y un montón. Era una experiencia recorrer toda la ciudad para ver cine y siempre lo recuerdo, era como un trabajo historiográfico o arqueológico pasarse horas buscando entre los anaqueles y los lugares. Saludos!

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