miércoles, 16 de julio de 2014

Ego en Italia, Parte I



¡Saludos, mis estimados contertulios! Sé que los he dejado un poco abandonados, pero no ha sido por desidia ni desdén, que en realidad siempre pienso en vuestras mercedes, no se crean. Si han estado siguiendo la página de Facebook de este su humilde blog, habrán sabido que pasé todo el mes de junio en Italia, razón por la cual no pude conectarme tanto como quisiera. Y no es que en Italia, que es primer mundo, no tuviera a la mano una computadora y una conexión a Internet, sino que me fui de trabajo y realmente no me quedó tiempo para dedicarlo a la escritura de entradas irrelevantes como las que ustedes están a punto de leer. Eso, más los preparativos necesarios antes del viaje, y la labor que implica volver a casa a arreglar asuntos pendientes que quedaron suspendidos en mi ausencia, pero sobre todo el nacimiento de mi nuevo bebé, me han impedido ponerlos al corriente con mis chocoaventuras.

¿Que qué mierdas hacía yo en Italia? Buena pregunta. Y tiene dos respuestas. La primera me transporta 12 años al pasado, cuando un joven, inocente y virginal Ego acababa de terminar la prepa y fue lanzado al otro lado del mundo, específicamente Florencia, Italia, para estudiar cinematografía (e italiano, claro). Estuve viviendo allí por un año y teniendo muchas aventuras y experiencias que no vienen al caso. La segunda respuesta parte de la primera: una de las prepas en las que trabajo me seleccionó para acompañar a un grupo de estudiantes de bachillerato en un viaje de verano precisamente a Italia, precisamente por mi conocimiento del terreno y mi nada despreciable currículo. Los alumnos estudiarían italiano al tiempo que adelantarían una materia del siguiente semestre. Y una de dichas asignaturas, Literatura Universal, sería impartida por su seguro servidor.
La Catedral y la plaza principal de Camerino


Oigan, que si tenemos en cuenta que en 2010 el Instituto de Cultura me llevó una semana a Oaxaca con todos los gastos pagados y que este 2014 la institución educativa con la que trabajo me llevó un mes a Italia con todos los gastos pagados más mi sueldo de maestro, significa que algo estoy progresando en la vida, ¿no? Claro que no iba de paseo; además de impartir las clases de literatura tenía que tomar cuatro horas diarias de italiano, y por supuesto cuidar y vigilar a un grupo de 17 adolescentes y acompañarlos a todas sus excursiones (otras tres maestras fueron, tampoco es que me aventara el paquete yo solo).

Desde luego, el viaje está lleno de experiencias y anécdotas de todo tipo, pero no quiero aburrirlos entrando a detalles intrascendentes, porque además sé que a ustedes no les interesa mi vida personal, sino que prefieren leerme cómo le miento la madre a Peña Nieto. Así que me limitaré a hacer un recuento de mi viaje, describiendo los lugares por los que pasé, las cosas que aprendí y señalando todas esas maravillas que tiene Italia y que la hacen un país tan peculiar. Empecemos por describir el sitio en el que viví durante un mes.

CAMERINO

Camerino es un pueblito medieval diminuto en medio de las montañas en la región de Le Marche. En la Edad Media era lo suficientemente grande para ser llamado "ciudad", ostentar el título de "Ducado", tener su propia basílica (la de San Venancio), su propia universidad, ser el origen de orden de los monjes Capuchinos y hasta una pequeña fortaleza que mandó a construir César Borgia. Pero hoy en día lo puedes recorrer a pie de cabo a rabo en cosa de una hora. Literalmente, como se trata de un pueblito en la cima de una colina muy alta, puedes llegar hasta una orilla, darte la vuelta y caminar hasta la otra orilla en un santiamén. Sí, claro, tiene un suburbio más moderno al pie de la colina, pero también te los acabas tras caminar un ratito. Confíen en mí, yo lo hice.

Mapa de Camerino


Camerino es un lugar encantador y pintoresco. Las callejuelas, los edificios, las placitas, los callejones... todo te da la impresión de haberte transportado a la Edad Media. El clima es templado en verano (en invierno cae nieve), con aire fresco y una hermosa vista de las montañas circundantes. De hecho, mi edificio estaba a orillas del cerro y mi cuarto tenía una vista espectacular. La disposición de Camerino es básicamente a lo largo, por la forma misma de la cima sobre la que está construido. En un extremo del pueblo se encuentra la basílica de San Venancio (el amigo de san Manolo, supongo...), y en el otro los restos de una fortaleza mandada a construir por César Borgia, pero demolida por los pueblerinos en cuanto él murió porque todo el mundo odiaba a ese hijo de puta. El centro de la ciudad se encuentra en lo alto de la colina; moverse en cualquier dirección es ir hacia abajo, por lo que uno ejercita mucho las piernas y recupera la condición física perdida tras tantos años de estar sentado frente a una pantalla aplanando el trasero y atrofiando los pulmones.

La calle principal


Camerino vive principalmente de sus dos centros educativos: la Universidad y la escuela Dante Alighieri. La primera atrae jóvenes estudiantes de toda la región. Data, como ya les dije, de la Edad Media y cuenta aún con sus estructuras medievales, además de ruinas romanas y una pintura de Rafael Sanzio (oriundo de la región). La Dante Alighieri es una escuela de italiano para extranjeros que visitan el país (sobre todo argentinos, el pueblo está lleno de argentinos, no puedes tirar una piedra sin pegarle a un argentino). Ofrece paquetes fabulosos en los que uno va a tomar clases de la lengua por dos semanas, un mes, o varios meses y que incluye también pláticas sobre historia y cultura, muestras gastronómicas, fiestas estudiantiles y, lo mejor, tours guiados a algunas de las ciudades principales de Italia.

El teatro universitario. Al fondo "La muda", una obra del pintor renacentista Rafael Sanzio


Los negocios de la localidad: papelerías, restaurantes, bares, librerías y tiendas de todo tipo, dependen principalmente de los estudiantes, tanto nacionales como extranjeros, que llegan a hospedarse en Camerino. No hay mucho que hacer ahí. Caminar por las calles, pasearse por el parque, o pasar el rato en alguno de los cafés o pubs. Por cierto, la palabra "bar" tiene un significado muy distinto en Italia que en México. Allí es una especie de cafetería pequeña en la que se sirven panini (emparedados), pizza o gelato, café, cerveza, vino y bebidas gaseosas. Se llaman bares porque no hay meseros sino que cada quien tiene que hacer su pedido en la barra. Es ahí a donde los italianos van a desayunar (sus desayunos son muy ligeros) o a comer algún bocadillo, o tomar una cerveza al medio día. Si lo que quieren es ir a un lugar donde puedan beber alcohol con los amigos en la noche, lo que necesitan es un pub.

Desayunando en un bar italiano


Pero bueno, de todos modos no nos quedaba mucho tiempo libre a los del grupo escolar (excepto la primera semana, que fue muy tranquila). Para mí, un día típico en Camerino empezaba temprano, cuando mis depertador sonaba con música clásica (para ponerme en ambiente). Después de desayunar y vestirme, salía rumbo a la escuela. Todos los de nuestro grupo vivíamos en el mismo departamento, por lo que de ordinario me topaba a mis alumnos y colegas de camino. Para llegar a la escuela debía pasar por un callejón siniestro, pues resulta que mi edificio se encontraba en el antiguo gueto hebreo de Camerino (podría ahorrarme el callejón si rodeaba, pero así era más rápido y divertido).

La puerta de mi edificio


Por lo general, en las mañanas teníamos primero las cuatro horas de italiano y después en las tardes nos tocaban las horas de mi clase de literatura, pero el horario estaba sujeto a cambios por las otras actividades de la escuela. Disfruté realmente tanto las clases que recibí como las que impartí. En mi grupo de italiano tuve compañeros de lo más simpáticos y una maestra que era adorable. Luego, amé las clases de literatura. Tuve un grupo de cinco chicos estupendos, que aunque al principio estaban medio apáticos, pronto le agarraron gusto a la clase y a la materia.

Vista desde mi cuarto


Tuve suerte, porque en la otra clase estaban todos los demás, también en su mayoría buenos muchachos, pero entre los cuales se colaron los clásicos gallitos machirrines cagapalos a los que les valía vergas la historia, el arte (desdén que expresaban a menudo y en voz alta) o el hecho de que eran increíblemente privilegiados por estar del otro lado del Atlántico y a los que sólo les importaba empedarse, fumar y ver el futbol. Esos chicos fueron el negrito en el arroz de esta experiencia, y en particular un mozalbete grosero, bravucón, impulsivo, desconsiderado, semianalfabeto y en general con una actitud que denotaba un lóbulo frontal mal desarrollado.

Y déjenme decirles algo: hace 12 años, apenas llegando a Florencia mis primeras amistades fueron un grupo de mexicanos que tenían el mismo problema, pues eran el típico grupo de machirrines gallitos cagapalos sin interés por el arte o la historia y que sólo estaban ahí para mamarse, drogarse y tratar (hago el énfasis en "tratar") de ligar extranjeras. Obviamente, pronto me aburrí de ellos (y ellos de mí), y cada quien jaló por su lado. Y no es que tuviera algo en contra de beber, drogarse y coger (Cthulhu sabe que no), pero sí estoy muy en contra de sólo tener cabeza para eso cuando estás viviendo en la puta cuna del Renacimiento.

La Basílica de San Venancio


Yo no sé qué onda con los papás que deciden mandar a chicos así a viajes como éste. Señor, señora, si su hijo no tiene interés por el arte, la cultura y la historia, no lo mande a Europa. Estará desperdiciando su dinero sin que él saque nada de la experiencia, además de que hará menos placentero el viaje para todos los otros. Mejor mándelo de spring break a Los Cabos, ésa sería una experiencia de la que un muchacho con el perfil intelectual e intereses de su hijo podrá sacar jugo. 

Por eso, cuando sea dictador de México secretario de Educación, crearé un programa de becas para que niños que merezcan y puedan aprovechar las oportunidades de crecimiento y aprendizaje que ofrecen estos viajes, tengan la oportunidad de ir, y no niños ricos que no sepan ni en dónde están parados.

Dejando la roña de lado y volviendo a las ya mencionadas actividades vespertinas, éstas incluían las pláticas culturales, visitas a lugares  de Camerino o pequeñas excursiones a ciudades cercanas. Además, uno tenía que hacer el súper, la lavandería o la limpieza, y por añadidura preparar clases y calificar (en el caso de los maestros) o hacer la tarea y estudiar (en el caso de los alumno). De modo que a veces lo mejor era simplemente irse a dormir temprano.


Una muestra gastronómica de especialidades de la egión


Y aquí viene la comparación inevitable conmigo mismo hace 12 años: la edad pesa :/ Cuando era un chaval de 17 o 18 podía hacer sólo una comida al día y vivir de una dieta basada en leche, fruta y huevos para dedicarme las más horas del día a pasear o reventarme. Ahora descubrí que no podía pasarme mucho de mi hora de la comida antes de que me empezara a doler la cabeza y me pusiera de mal humor. Y que necesito dormir todas mis horas. Y si se puede, tomar una siesta después de la comida.

Bien, les decía que Camerino es un pueblito encantador y pintoresco, lleno de gente amable, y en el que uno se la pasa bien, en especial si les gusta la tranquilidad, el arte, la historia, los bonitos paisajes naturales y conocer gente linda de todas partes del mundo. El día en que llegamos tenía lugar una fiesta nacional, el Día de la República, que celebraba la proclamación de la República Italiana y el fin de la monarquía tras la Segunda Guerra Mundial. 


La Fiesta del Pueblo


Camerino tiene una forma muy particular de celebrarlo, pues esta fiesta se junta con el día de Santa Camila, una de las patronas del pueblo. Ella era la hija del duque, quien la quería casar con el hijo de una familia noble para forjar alianzas políticas. Pero la niña era muy devota, así que lo que quería en la vida era ser monja. El papá, molesto con la necedad de la chamaca, la encerró en su castillo durante dos años para que se le quitara lo mojigata. Pero las monjas la ayudaron a escapar y ella se unió a la la orden de las Clarisas. Tiempo después, volvió a ver a su familia, ya ordenada monja e hizo las paces con ellos. Eso no me parece como para nombrar a alguien santo, pero como su familia era de la nobleza, seguro movieron palancas con San Pedro o quien sea chingados que se encargue de repartir los diplomas de santidad.


Santa Camila


En fin, como ésta es una fiesta que data de la Edad Media, los camerinianos (¿así se dice? la verdad no sé), se visten en ropas medievales y realizan toda clase de actividades sacadas directamente de los maravillosos siglos oscuros del mundo occidental, incluyendo una algo-así-como justa, torneos de arquería, demostraciones de banderería, procesiones y recreaciones de la historia de la santa. 

Camerino tiene cuatro barrios, cada uno con su equipo (con escudo y bandera y toda la cosa) que compiten entre sí durante estos certámenes, especialmente el que es como-una-justa-o-algo. El barrio ganador se gana el derecho de colgar su bandera de la estatua del papa Sixto V, que se encuentra justo en la plaza central del pueblo. La historia de Sixto V está chistosa. Él era un monje viejo, feo, pobre y antipático de la orden de los Capuchinos (creada en Camerino) por el que madie daba un peso. Pero un día, caminando por las calles de Ancona (una importante ciudad portuaria en la región de Le Marche) y se topó con Nostradamus, el cual se arrodilló ante el monje. Cuando le preguntaron por qué se arrodillaba ante un monje viejo, feo, pobre y antipático por el que nadie daba un peso, el charlatán favorito de todos respondió que había que arrodillarse ante el futuro papa.


Sixto V


Pues parece que a Nostradamus lo tomaban muy en serio, porque al viejo lo hicieron papa. Sólo que fue un papa muy poco popular porque quiso acabar con los lujos, los excesos, la putería y todas esas ventajas por las que la gente se une al clero. Para colmo de males, adoptó el nombre de Sixto, convirtiéndose así en el quinto para con ese nombre trollear a todos y evitar que hubiera más Sixtos a menos que quisieran llamarse Sixto Sexto, lo cual no sería cool. Bueno, eso fue lo que nos dijo el guía,  vayan ustedes a saber si así estuvo la cosa.

Para conocer los detalles de las excursiones por las ciudades italianas, continúen leyendo  en la siguiente entrada.

4 comentarios:

Alejandro Maximiliano González Leiton dijo...

Hola Ego, que bueno volver a leerte.

Interesante la historia, busqué dónde quedaba en un mapa porque no pusiste ubicación.

A ver como sigue la historia.

Saludos desde Uruguay, de otro fanático de la historia.

Gary Rivera dijo...

Que suerte la de tus alumnos y que oportunidad la tuya de tocar tantas vidas de manera tan positiva, yo tuve la suerte de tener dos profesoras de historia que eran buenisimas, no solo en el trato sino en lo académico, siempre las tengo en mis mejores recuerdos.

NayoBlogger dijo...

Me pregunte porque tus alumnos eran todos niños bonitos, pero después recordé que tu das clases en una privada ¿no?

Maik Civeira dijo...

Así es, pero los de la foto no son mis alumnos sino mis compañeros de clase. Saludos!

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