viernes, 22 de agosto de 2014

Tres legendarios personajes de la Primera Guerra Mundial que deberías conocer



Seguimos con las conmemoraciones del inicio de la Primera Guerra Mundial hace ya 100 años, y en esta ocasión quiero tomarme el tiempo para hablar de algunos legendarios personajes que participaron en esta contienda.

Cuando nos enseñan historia en la escuela, nos suelen mencionar listas de nombres feos y raros, acompañados en el mejor de los casos por algún retrato hierático y seriesote, como si los personajes históricos fueran todos aburridos rostros en blanco y negro. Una de las grandes fallas de la enseñanza de la historia a nivel escolar está en dejar que los alumnos olviden que los personajes históricos eran seres humanos de carne y hueso, llenos de pasiones, ideas, emociones, experiencias de vida únicas y visiones propias del mundo. Aún más, tanto profesores y libros de texto olvidan que muchas figuras históricas tuvieron vidas y personalidades fascinantes, que parecerían personajes de ficción surgidos de alguna película o novela de aventuras.

Y para que vean que los protagonistas de la Primera Guerra Mundial no fueron sólo generales prusianos bigotones mirando inmutables desde sus retratos color sepia, hoy les presento tres personajes que, si no hubiesen sido reales, algún autor de pulp bien los habría podido inventar.

MANFRED VON RICHTHOFFEN
EL BARÓN ROJO



Así es, leyeron bien, el mítico Barón Rojo, el terror de los aires, el más legendario piloto de combate de la historia, cuyo nombre todos han escuchado, aún sin saber quién era o que tenía algo que ver con la 1GM. Manfred von Richthoffen nació en 1892, en una familia perteneciente a a la aristocracia prusiana. A los 19 años ya era oficial de un cuerpo de caballería, pero al iniciar la guerra rápidamente se dio cuenta de que formaba parte de una institución noble pero sin futuro: los caballos y sus jinetes eran presa fácil de las ametralladoras, y su cuerpo fue relegado a misiones de reconocimiento.

Richthoffen encontró una nueva profesión digna de un caballero de su categoría: la aviación. Al principio de la guerra los aeroplanos habían sido utilizados principalmente para operaciones de reconocimiento o comunicación y los "combates" se daban cuando los pilotos disparaban desde sus naves con pistolas o rifles, o arrojaban alguna granada desde el aire. Pero la ametralladora convirtió el aeroplano en un arma de cada vez mayor importancia estratégica, especialmente tras que se inventara un sistema que permitía disparar sin que las balas rebotaran en la hélice del avión. El legendario avión de Richthoffen fue un triplano Fokker que hizo pintar de rojo, el cual le ganó el sobrenombre con el que pasaría a la historia: el Barón Rojo (también, el Caballero Rojo o el Diablo Rojo, nombres que no pegaron tanto).



El Barón llevó sus ideales aristocráticos del suelo al cielo. Se veía a sí mismo como un caballero del aire, apegado a un código de honor inquebrantable. Respetaba a sus enemigos y era respetado por ellos. A la cabeza del escuadrón de élite Jasta 11, formado los mejores pilotos alemanes (algunos entrenados por él mismo), logró espectaculares victorias. Él solo se anotó 80 victorias aéreas confirmadas, lo suficiente para convertirlo en el as de ases de toda la Primera Guerra Mundial, pero quizá ese número ascendía a más de 100 contando las victorias que no se pudieron confirmar.

En abril de 1918 el Barón Rojo peleó su última batalla, esta vez contra un piloto canadiense llamado Arthur "Roy" Brown. Tradicionalmente se pensaba que Brown había disparado el tiro que le quitara la vida a Richthoffen, pero hoy en día se manejan otras hipótesis, como que el tirador fue en realidad un soldado en tierra. Sea como fuese, tras haber sido derribado y muerto, recibió de quienes fueran sus enemigos un funeral con todos los honores militares y fue enterado en suelo francés. Tenía 26 años de edad.



Si la guerra en tierra era atroz y obscena, el cielo se convirtió en el último espacio para los ideales aristocráticos como el honor y caballerosidad, un mundo en el que los héroes mueren jóvenes y son llamados por los dioses al Valhalla. A nivel personal me incomoda que los nobles se dieran el lujo de jugar a ser caballeros del aire mientras la gente de clase trabajadora se veía condenada a pasar sus días en trincheras apestosas. Pero como romántico cursi debo admitir que algo en mí se conmueve al saber que, por lo menos en algún lugar en medio de esa atrocidad que duró cuatro años, había un espacio donde los caballeros aún existían.

En favor de Richthoffen, una vez fue herido en combate y quedó imposibilitado de volar por algún tiempo, el gobierno lo instó a dejar el cielo y tomar un trabajo de escritorio (el Barón era también un arma propagandística, pues elevaba la moral de los alemanes y aterraba a sus enemigos), a lo cual él se negó señalando que los soldados comunes no tenían la opción de abandonar el combate y que entonces él tampoco lo haría.

En palabras de Gianluca De Lucchi, "Treinta años después, entre 1939 y 1945 el mayor Erich Hartmann reportará 352 victorias con su Me-109. Es el as de ases, pero pocos lo recuerdan: en aquella guerra hasta el cielo era inmundo".

Curiosidades pop: Muchos libros y muchas películas (incluso algunos videojuegos) se han hecho sobre el Barón Rojo, pero quizá es más famoso por ser el némesis de Snoopy. En México, el personaje de Dick Dastardly, un villanesco piloto de las caricaturas de Hanna-Barbera, fue traducido primero como Pierre Nodoyuna (con acento francés) y luego como el Barón Rojo (con acento alemán), un par de giros que no tenían nada que ver con el personaje original.




MARGARETHA GEERTRUIDA ZELLE
MATA HARI



Otro nombre que seguramente han escuchado alguna vez, y que probablemente les remite a la idea de sensualidad y exotismo, pero que es posible que no hayan podido ubicar con exactitud. La historia de Margaretha Zelle es una de tragedia y osadía, de una mujer tratando de sobrevivir en un mundo de hombres arrogantes que quieren reducirla a una criatura dominada. Pero ella les viró la tortilla.

Nacida en 1876 en Holanda, a los 19 años se casó con Rudolph McLeod, un militar veinte años mayor que ella, y a quien conoció porque el señor había anunciado en un periódico que buscaba esposa. Con él se mudó a Indonesia, donde la pareja tuvo dos hijos (un varón que murió a los dos años y una niña que vivió para ver el final de la guerra, sólo para morir de sífils al año siguiente). El matrimonio sólo duró cinco años, que para Zelle fueron de frustración e infelicidad, pues el hombre era alcohólico, abusivo e infiel. Ella se refugió en el estudio intensivo de la cultura local, en especial sus danzas. Por un tiempo abandonó a su esposo y se convirtió en bailarina exótica, adoptando el nombre artístico de Mata Hari, que en lengua malaya significa "El Ojo del Día". Al volver a los Países Bajos, la pareja se divorció.

Entonces ella se mudó a París e inició una exitosa carrera como bailarina y modelo, cautivando a las audiencias con su exótico y sensual estilo dancístico y su coquetería. Elevó la danza exótica a un espectáculo artístico de altos vuelos que se ganaban los comentarios favorables de críticos prestigiosos.



Poco antes de la guerra, al cruzar la barrera de los 30 años, su carrera comenzó a declinar. Entonces se convirtió en cortesana de tiempo completo. Aunque no poseía una belleza espectacular, encantaba a los hombres con su personalidad sexy y desinhibida, consiguiendo así muchos privilegios de sus adinerados amantes. Y cuando inició la guerra, sus habilidades le permitieron hacerse de una nueva fuente de dinero.

Seduciendo hombres de uno y otro bando, Mata Hari obtenía información tanto de los alemanes como de los franceses y la vendía a ambos. Los franceses creían que trabajaba para ellos, mientras los alemanes pensaban lo mismo y así ella obtenía dinero de ambos.



Sin embargo, en 1917 las autoridades francesas habían interceptado telegramas alemanes y con ayuda de los británicos los habían descifrado. Estos mensajes hablaban de un misterioso agente cuyo nombre código era H-21, que la inteligencia francesa identificó como Mata Hari. Ella fue arrestada y acusada de espionaje, y por sus acciones se le achacó la muerte de 50,000 soldados franceses. En realidad, las acciones de espionaje de Mata Hari no habían tenido un impacto apreciable en el resultado de los combates, pero por esos días el ejército francés enfrentaba fuertes motines y tomó a la bella mujer como chivo expiatorio como parte de sus esfuerzos propagandísticos para demostrar que tras las sublevaciones estaba la manipulación extranjera (cuando fueron las deplorables condiciones en las que vivían los soldados las verdaderas causas de que se rebelaran).

Tras un juicio cuyo veredicto había sido decidido desde antes de que comenzara, Margaretha fue ejecutada por un pelotón de fusilamiento a la edad de 41 años. Se dice que antes de morir, le envió besos a los soldados que estaban por dispararle y un periodista presente en la escena afirmó que ella no quiso que la ataran ni que le vendaran los ojos, y que tras recibir las descargas ella mantuvo la frente en alto y la expresión digna, siempre mirando a los hombres que le estaban quitando la vida.

Al no tener familia, su cuerpo fue usado para investigaciones médicas y su cabeza fue embalsamada y conservada en el Museo de Anatomía de París, de donde desapareció en una fecha indeterminada.

Tragedia, exotismo y sensualidad marcaron la existencia Mata Hari, la extraordinaria femme fatale que engañó y manipuló a hombres que dirigían ejércitos, una mujer cuyos últimos años de vida bien habrían podido formar la trama de una inverosímil novela de espías.

Curiosidades pop: Tres películas sobre Mata Hari se han realizado, la más famosa de ellas fue a protagonizada por la diva Greta Garbo y dirigida por George Fitzmaurice en 1931. También muchos otros personajes basados en ella han aparecido en diversas expresiones de la cultura pop. A diferencia de la Mata Hari real, sus versiones en la cultura pop hacen énfasis en una supuesta figura escultural y voluptuosa que ella no tenía; de hecho, Marghereta era muy consciente de tener un busto muy pequeño y nunca se quitaba el sostén en sus espectáculos desnudistas.





THOMAS EDWARD LAWRENCE
LAWRENCE DE ARABIA



La vida de TE Lawrence fue verdaderamente épica. Nació en 1888 como hijo ilegítimo y el segundo en una familia de cinco. Recordaba haber sido golpeado constantemente en su juventud. Bajo de estatura, delgado y de aspecto frágil, tenía toda la pinta de un ratón de biblioteca, y su vocación como historiador orientalista se ajustaba a esta imagen. Ciertamente no delató lo que sería de su vida.

Estudió en Oxford y se graduó como historiador. Como parte de expediciones arqueológicas, visitó Palestina, Siria y Mesopotamia, para estudiar desde los castillos de los cruzados hasta las ruinas de civilizaciones antiguas. Y mientras hacía esto comenzó a trabajar como espía para la inteligencia británica, interesada en lo que sucedía en el decadente Imperio Turco Otomano.

Cuando la Primera Guerra Mundial inició en 1914, Lawrence recibió una nueva misión. Sus conocimientos de la lengua y la cultura árabe (hablaba con fluidez y conocía ampliamente el Corán), lo llevaron a ser elegido por el ejército británico para contactar a los árabes, que  entonces vivían sometidos bajo dominio otomano. Inteligente, carismático y afecto a ser el foco de atención, Lawrence se ganó en 1916 la confianza del rey Hussein y su hijo Faysal, a quienes incitó y aconsejó para que se rebelaran contra los turcos.



Las campañas de Lawrence tuvieron un éxito arrollador. Los árabes bajo su liderazgo tomaron la hasta entonces inexpugnable Medina en 1917, y en 1918 su amigo Faysal tomó la ciudad de Damasco. El amor de Lawrence por el pueblo árabe fue sincero, y aún a sabiendas de que estaba manipulándolo en beneficio de los Aliados, compartía con ellos el sueño de un reino árabe unificado e independiente, sueño que se derrumbaría tras el final de la guerra, cuando franceses y británicos se repartieron el Medio Oriente de forma arbitraria y atendiendo a sus intereses imperialistas.

Desilusionado, Lawrence buscó desaparecer de mundo. Se cambió el nombre a John Ross y se unió a la Royal Air Force en 1922. En 1935 apareció su autobiografía titulada Los Siete Pilares de la Sabiduría, con una amorosa dedicatoria a una misteriosa figura, alguien llamado SA, cuya identidad sigue siendo motivo de debates. Lawrence murió de una forma por demás mundana, en un accidente de motocicleta, en mayo de ese mismo año. Tenía 46 años.



Además de su astucia, valentía y su amor por la cultura árabe, hay un aspecto de Lawrence que ha llamado siempre la atención: su sexualidad. Aunque nunca se le conocieron amantes (ni hombres ni mujeres), se cree que era homosexual debido a la forma tan conmovedora en la que en su libro se refiere al "amor perfecto" entre hombres. Se ha especulado que las misteriosas siglas SA corresponderían a algún hombre, una mujer o al pueblo árabe, pero uno de los candidatos más probables es el excavador Selim Ahmed, su compañero en las expediciones arqueológicas, y quien muriera de tifus en 1918. También hay declaraciones suyas y pasajes de su vida que indican que disfrutaba sexualmente al recibir azotes.

No se puede dejar de mencionar el trágico episodio de 1917, cuando fue hecho prisionero por los turcos y torturado y violado por sus captores. Lawrence pudo escapar al ganarse la simpatía de los mismos soldados turcos.

Cual fuera el caso, Lawrence es una figura contradictoria. El pequeño intelectual que lideró una rebelión en medio del desierto, el espía de las potencias imperialistas que manipuló a un pueblo, el romántico que estaba dispuesto a dar la vida por la libertad de una nación que había robado su corazón, Lawrence de Arabia queda como uno de los personajes históricos más fascinantes de la Primera Guerra Mundial.

Curiosidades pop: La representación más famosa de T.E. Lawrence es la que aparece en la película Lawrence de Arabia (1962), protagonizada por un estupendo Peter O'Toole y dirigida por David Lean. La cinta tiene varias inexactitudes históricas, revuelve la cronología de los hechos y omite mucho de la historia de la Primera Guerra Mundial, además de que O'Toole era demasiado alto y fornido para interpretar al menudo Lawrence. Sin embargo, eso no le quita ser una de las más grandiosas películas de la historia del cine, una que no deben perderse.


2 comentarios:

Oliver Bernal dijo...

Magnífica entrada, Ego, magnífica entrada.

Esto me recuerda que leí en alguna ocasión sobre otro personaje así llamado Rafael de Nogales Méndez que peleó junto a los turcos y llegó a ser General. También peleó en la guerra hispano-estadounidense, la ruso-japonesa, en una revolución que hubo en Venezuela y en la revolución mexicana.

Alexander Strauffon dijo...

Leí la entrada de principio a fin con gusto, diste un muy buen enfoque en ella hacia lo llamativo de ellos y no el texto cuadrado y resumido que se usaría en una exposición en la escuela. Como bien dices, hacen que los estudiantes crean que las personalidades notables del pasado eran grises y aburridos como en los retratos. Y no fue así.

Con la historia de México y la forma en que la imparten en las escuelas debería ser igual, orientarse a desmitifcar y manejarles de forma más real, con detenimiento, y no estar memorizando como católicos aprendiendo y repitiendo letanías.

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