lunes, 11 de agosto de 2014

¿Y a mí qué me importa la Primera Guerra Mundial?



Adivino lo que muchos de ustedes han de estar pensando, mis queridos contertulios: “Ego, eso de la Primera Guerra Mundial ocurrió hace cien años, ¿para qué seguir perdiendo el tiempo con cosas tan remotas? El mundo está lleno de problemas ahora, ¿no crees que deberías dedicarle más espacio a los conflictos de nuestro entorno contemporáneo? Además, eso de ‘mundial’ ni es tan cierto, porque fue más bien un conflicto europeo y ya hay que dejar de ver el pasado y el presente desde un enfoque eurocentrista.”

Pues qué actitud, ¿eh, joven? La Primera Guerra Mundial sigue siendo un asunto de enorme importancia, cuyas consecuencias aún nos afectan en el presente, a lo largo y ancho de todo el globo terráqueo. No sólo hablamos de los millones de muertos, las ciudades y campos arrasados, las poblaciones desplazadas, la caída definitiva del absolutismo monárquico, la desaparición de imperios, el surgimiento de nuevas naciones, la aparición o perfeccionamiento de tecnologías novedosas (aviones, tanques, submarinos, radiocontrol, etc.) o el cambio en la forma de hacer la guerra, sin mencionar las lecciones históricas que podemos extraer de este magno acontecimiento, siendo quizás la más importante cómo toda una civilización puede irse a la mierda estando en el pináculo de su desarrollo material y social. Aquí hablaremos de consecuencias palpables en nuestra vida contemporánea y de conflictos modernos que tienen su origen directo en la Gran Guerra.



Si eres de los que se interesan en asuntos contemporáneos, desde las luchas del feminismo hasta el actual conflicto en la franja de Gaza, este post es para ti, pues en él me propongo demostrar cómo para comprender mejor estos asuntos es importante retroceder hasta tiempos de la 1GM. Ahora que si usted es de los que no se interesan en el pasado, ni en el presente, pues este post no es para usted. De hecho, este blog no es para usted, pero no se preocupe, que haciendo click en este enlace encontrará algo de su agrado.

Ahora sí, les presento una selección de apenas CINCO razones (sólo como una muestra) de por qué debería importarles la Primera Guerra Mundial.

5.- EL CONFLICTO EN LOS BALCANES Y EUROPA ORIENTAL

Durante cientos de años la región que conocemos como los Balcanes ha pasado de manos de un imperio a otro: romanos, bizantinos, otomanos y austro-húngaros, todos en algún momento dominaron o se disputaron el dominio de esta región montañosa y agreste, crisol de múltiples etnias, lenguas, idiomas y tradiciones. Lo que es una novedad es eso de que cada uno de esos grupos humanos deseara tener su propio Estado-nación.



Miren, esto del nacionalismo es un concepto muy moderno, que se remonta cuando mucho por ahí entre los siglos XVIII y XIX. Durante siglos, los pueblos balcánicos habían vivido en una paz relativa. Pero para principios del siglo XX, en los años anteriores a la Gran Guerra, el nacionalismo se había convertido en una fuerza política e ideológica de mucho peso. Como vimos en la entrada anterior, antes del inicio de la guerra, el Imperio Austro-Húngaro se enfrentaba a los sentimientos nacionalistas de las múltiples etnias que lo componían, como checos, eslovacos, polacos, rumanos, eslovenos, croatas y los más problemáticos de todos, los serbios. Fue un fanático nacionalista serbio, Gavrilo Princip, quien asesinó al archiduque Franz Ferdinand y fue el ataque de Austria-Hungría contra Serbia lo que desencadenó el desmadre que duraría cuatro años.

Bien, pues al finalizar la guerra, los serbios lograron su objetivo: unificar a todos los pueblos eslavos del sur de Europa en un solo país: Yugoslavia (cuyo nombre significa precisamente “tierra de los eslavos del sur”). Ah, pero resulta que después de todo, los eslavos del sur no eran tan amiguitos como creían, y de nuevo el nacionalismo empezó a marcar las sutiles diferencias entre los diversos grupos étnicos: croatas, eslavos, bosnios, montenegrinos, albaneses y demás. Después vino la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), en la que las Potencias del Eje invadieron y conquistaron Yugoslavia; pero más importante aún fue que al finalizar esta otra gran guerra la región quedó en la esfera de influencias del comunismo.


El dictador Josef Tito (que gobernó de 1953 a 1980 y quien por cierto se curtió en la 1GM) logró mantenerse bastante independiente de la URSS al mismo tiempo que con su amoroso puño de hierro mantuvo unidos a los conflictivos eslavos del sur. Pero tras la muerte de Tito y el final de la Guerra Fría esas diferencias resurgieron, ahora alimentadas por mitos nacionalistas de reciente invención que hablaban de enemistades seculares y exaltaban la superioridad de una u otra nación sobre las demás. Y para variar, los más problemáticos y agresivos fueron los serbios, cuyos ejércitos cometieron atroces actos de genocido durante las Guerras Yugoslavas (1991-1999), guiados por un nacionalismo acompañado de xenofobia que tienen su origen directo en la ideología extremista de los años anteriores a la 1GM.

Hoy por hoy, el nacionalismo serbio sigue vivo. En fechas recientes, precisamente en el marco de las conmemoraciones del inicio de la Primera Guerra Mundial, los serbios decidieron boicotear los eventos que se llevarían a cabo en la ciudad de Sarajevo para recordar el asesinato de Franz Ferdinand. Eso no es todo: levantaron una estatua en honor de Gavrilo Princip, a quien muchos aún consideran un héroe nacional. Las tensiones nacionalistas siguen existiendo en la región y todavía son una causa de preocupación para los líderes mundiales.

Serbios actuales, rindiendo homenaje a Gavrilo Princip

Si eso no les parece suficiente, vámonos más al norte y al oriente, y piensen en el reciente conflicto en Ucrania, que se debate entre la Unión Europea y Rusia. Si tenemos en cuenta que Alemania es indiscutiblemente el estado más poderoso e influyente de la UE, la actual crisis podría considerarse un episodio más de la competencia entre Alemania y Rusia por esta nación rica en campos de cultivo y con atractivos puertos del Mar Negro. Hay que remontarnos a tiempos de la Primera Guerra Mundial, cuando tras el repliegue de Rusia por causa de su revolución, Alemania se extendió hacia Ucrania, de la que sólo retrocedió tras ser derrotada en 1918. La región volvió a ser campo de batalla durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Alemania la ocupó de nuevo.

En nuestros días la política de Vladimir Putin, que se sigue erigiendo como protector de los serbios y que se anexó parte de Ucrania con el pretexto de proteger a los rusos étnicos de ese país, tiene un eco del nacionalismo paneslávico que llevó a Rusia a declarar la guerra a Austria-Hungría para proteger a Serbia, convirtiendo así un conflicto balcánico en una guerra mundial.

4.- EL CONFLICTO ÁRABE-ISRAELÍ



Antes de la Primera Guerra Mundial, esa parte del mundo que llamamos Medio Oriente y que abarca una multitud de países, en su mayoría árabes y en su mayoría musulmanes, se encontraba casi por completo bajo el poder del Imperio Turco Otomano. Para ganarse el apoyo de los árabes durante la Gran Guerra los británicos hicieron vagas promesas sobre la independencia de sus naciones.

El Imperio Otomano fue destruido como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, pero los ingleses no cumplieron sus promesas, sino que junto a los franceses se repartieron los despojos como parte del pacto secreto Sykes-Picot. Por ello, trazaron fronteras según sus propios intereses y sin tomar en cuenta etnias, lenguas, religiones e identidades nacionales de los pueblos de la región, y esas mismas fronteras siguen vigentes hoy en día (de ahí que, por ejemplo, los kurdos, sigan divididos entre varias naciones sin tener una patria propia).

Entre los territorios que le tocaron a Gran Bretaña estaba justamente el de Palestina, habitado en su mayoría por árabes musulmanes, pero también por muchos judíos que desde el siglo XIX habían estado emigrando a esta región, como parte del proyecto sionista de establecer un Estado judío en su tierra ancestral. Palestina, ahora bajo mandato británico, siguió recibiendo inmigración judía, cada vez en mayores cantidades.

Esto fue así porque si los británicos no cumplieron sus promesas a los árabes, sí cumplieron la que habían hecho a los judíos: la Declaración de Balfour, en la que aseguraron un hogar para los judíos dentro del mandato de Palestina. Tanto la ocupación británica como la inmigración judía provocaron reacciones de rechazo por parte de los árabes, y casi desde el principio hubo disturbios y confrontaciones.



Tras la Segunda Guerra Mundial, y en el marco de la desintegración de los grandes imperios coloniales europeos, los antiguos dominios de Francia y Gran Bretaña alcanzaron su independencia, y como parte de lo mismo fue que se estableció el Estado de Israel en el otrora mandato británico de Palestina, y para detrimento de las poblaciones árabes locales. Desde entonces el conflicto ha seguido, con Israel expandiéndose a veces como medida de defensiva (como tras las guerras Árabe-Israelí, la de los Seis Días o la del Yom Kipur) y a veces de forma arbitraria y por completo injustificable. El resto es historia.

Otros muchos conflictos de la actualidad tienen sus orígenes en el nuevo orden surgido tras la 1GM. Gran parte del recelo que los países árabes sienten hacia las potencias occidentales viene de ese periodo de colonialismo que siguió a la desintegración del Imperio Otomano y existen hoy en día movimientos que exigen la eliminación de las fronteras que fueron trazadas hace casi 100 años al final de la Gran Guerra por el tratado Sykes-Picot. Uno de ellos es el infame Estado Islámico, o ISIS por sus siglas en inglés, un grupo fundamentalista islámico radical y muy violento que ha conquistado militarmente amplios territorios de Irak y Siria, causando con ello una severa crisis internacional en la región.

Y hablando de la guerra civil en Siria, recordarán que el año pasado hubo un gran revuelo cuando el gobierno de Al Assad usó gas venenoso contra los rebeldes. Bien, pues fue en la Primera Guerra Mundial la primera vez que esa arma fue utilizada y fue después de terminada la guerra que se proscribió por considerársele demasiado brutal. Desde entonces el gas venenoso ha sido un tabú y su utilización por parte del régimen de Al Assad fue lo que convirtió el conflicto sirio en un asunto internacional, pues por un lado Estados Unidos consideraba que se debía castigar a Siria para disuadir a cualquier otro dictadorzuelo de usarlo y por otro Rusia se oponía rotundamente a ello.

Siria en la Primera Guerra Mundial

Otro caso importante es el de los actuales disturbios en Turquía, en donde el actual presidente Recep Tayyip Erdoğan, trata de echar para atrás el orden político laico creado por tras la desintegración del Imperio Otomano por Mustafa Kemal Atatürk, el fundador y primer presidente la moderna República de Turquía, y quien, por cierto, fue entrenado como estratega militar por los alemanes que ayudaron a modernizar el ejército Otomano antes y durante la Primera Guerra Mundial.


3.- LA LIBERACIÓN FEMENINA



Ya desde el siglo XIX existieron movimientos feministas con cierto peso político. No sólo las famosas sufragistas, sino mujeres afiliadas al socialismo o anarquismo hicieron sentir su presencia en la vida pública de los países más desarrollados de Occidente. Pero la Primera Guerra Mundial fue el catalizador que permitió que se acelerara el proceso de transformación de la sociedad hacia una cada vez más equitativa para los géneros.

El reclutamiento masivo de varones en todos los países beligerantes conllevaba el peligro de dejar la industria sin obreros. Por lo regular los trabajadores de sectores económicos estratégicos estaban exentos de ser reclutados. Pero al mismo tiempo que era necesario tener más hombres en el frente se hacía necesario aumentar la producción de armas y toda clase de productos industriales porque una guerra no se gana sólo con gente disparando sino que se necesita de una sólida economía industrial que produzca todo desde balas hasta comida enlatada y agujetas para las botas.

La forma de cubrir las necesidades de mano obra fue reclutar mujeres, en un principio solteras con experiencia laboral en otros campos, pero más tarde las mismas madres, hermanas y esposas de los hombres que estaban en el frente. Durante cuatro años de guerra, muchas mujeres probaron lo que era ganar y administrar su propio dinero, sin necesidad de rendir cuentas a ningún hombre. Es decir, saborearon la independencia económica, un primer paso hacia la emancipación.




Y no sólo conocieron la autonomía individual, sino que también descubrieron su poder colectivo como una fuerza política de peso real. En un principio las mujeres inglesas se manifestaron a favor de la guerra, animando a los hombres a luchar contra el enemigo, y expresaban solidaridad con las mujeres de la Bélgica ocupada por Alemania, que sufrían brutales violaciones por parte de los ejércitos del Káiser. Incluso algunas mujeres andaban por la calle y repartían plumas blancas (símbolo de cobardía) a los hombres vestidos de civil, por no haber tenido las pelotas de enlistarse en el ejército para defender la patria.

Pero conforme la guerra fue avanzando y se reveló como la locura cataclísmica que era, las mujeres constituyeron una de las fuerzas más importantes en pos de la paz. Como la mayoría de los hombres en edad de combatir estaban en el frente, en muchas ocasiones las protagonistas de las grandes manifestaciones en contra de la guerra fueron las mujeres. De hecho, recuerden que la Revolución Rusa inició cuando un grupo de damas, que conmemoraban el Día de la Mujer, encabezó una protesta contra la carestía ocasionada por la guerra.

Terminado el conflicto, mujeres de toda Europa se hallaban empoderadas como nunca antes, y no es casualidad que en los años que siguieron ellas obtuvieran el derecho al voto en la mayoría de los países desarrollados. Oh, es cierto que entonces los gobiernos las obligaron a abandonar sus empleos y volver a sus hogares con el objeto de que hubiesen plazas laborales para los soldados que volvían a reintegrarse a la vida civil. Pero no fueron pocas las que se resistieron (duramente criticadas por la prensa: "malas mujeres que no quieren devolver sus empleos a nuestros héroes de guerra") y de cualquier forma la experiencia de la libertad no puede borrarse por decreto. Finalmente con la Segunda Guerra Mundial el reclutamiento de las mujeres como fuerza laboral se dio a una escala incluso mayor, y después de la guerra los países que aún faltaban poco a poco reconocieron el derecho de las mujeres a participar en la vida política.




La segunda ola de feminismo se dio a mediados de siglo y hoy estamos viviendo una tercera, pero todos estos logros muy probablemente se habrían retardado de no ser por el triunfo de la primera ola de feminismo gracias a la Primera Guerra Mundial


2.- EL SOCIALISMO REAL



La historia es muy conocida: las condiciones en las que vivía el pueblo ruso en la época zarista eran insoportables, y la entrada del Imperio Ruso en la Primera Guerra Mundial sólo agravó las cosas, que llevaron al estallido conocido como la Revolución Rusa, la cual a su vez dio origen a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y el primer y más poderoso estado comunista del mundo. Pero hay que matizar un poco.

Sí, las condiciones en la Rusia imperial eran deplorables. El régimen zarista ya había enfrentado una revuelta importante en 1905 tras la derrota de Rusia a manos del Japón, que llevó a que el zar hiciera concesiones democratizadoras, como la aceptación de una constitución y la conformación de un parlamento (la Duma). Aún así el régimen se tambaleaba y poco antes del estallido de la 1GM, los asesores de Nicolás II ya le habían advertido que Rusia no estaba preparada para otra confrontación o sufriría una revuelta mayor. Y dicho y hecho, en el tercer año de la Gran Guerra, el hartazgo del pueblo y los soldados rusos llegó a tal nivel que estalló la revolución.

Pero la Revolución de Febrero (que fue en marzo; Rusia estaba tan atrasada que no tenía ni siquiera buenos calendarios) no fue una revolución comunista. El régimen zarista se terminó y el poder fue asumido por un gobierno provisional organizado por la Duma, que a su vez representaba los intereses de las clases altas y medias, mucho más que los de los obreros y campesinos. Aunque se puede argumentar que una revolución en Rusia ya era cuestión de tiempo, su rumbo pudo haber sido otro muy distinto: podría haberse establecido en Rusia una democracia parlamentaria burguesa al estilo occidental, o alguno de los otros grupos socialistas no tan radicales como los bolcheviques pudo haberse hecho con el poder. Pero la Gran Guerra llevaría al país por otro rumbo.

El gobierno provisional tomó una decisión que selló el destino de su fracaso: continuar con la guerra. Y no es que fueran estúpidos; de hecho temían que una victoria de Alemania, que tenía un régimen monárquico conservador como había sido el zarista, tuviera como consecuencia una contrarrevolución en Rusia. Pero el pueblo ruso estaba harto de la guerra, y cuando Lenin y los bolcheviques hicieron de la paz una parte importante de su programa revolucionario, muchos rusos, civiles y soldados por igual, se les unieron cuando estalló la Revolución de Octubre (que fue en noviembre, ver paréntesis anterior).

El Soviet de Petrogrado

Y ya que hablamos de Vladimir Ilich Ulianov, alias Lenin, debemos recordar que hasta 1917 él se encontraba exiliado en Suiza. Si llegó a Rusia a tiempo para iniciar la Revolución fue que gracias a… adivinaron: la Primera Guerra Mundial. Fueron los alemanes quienes le dieron un salvoconducto y todas las facilidades a Lenin para que pudiera llegar hasta Rusia, con la esperanza de que la presencia del líder socialista desestabilizara al gobierno provisional y sacara a su país de la guerra.

El apoyo de las Potencias Centrales a los bolcheviques no se detuvo ahí. Aunque a menudo se dice que la revolución sacó a Rusia de la guerra, en realidad fue parte de la misma. Los Aliados no reconocían al régimen de Lenin ni su armisticio con Alemania, y así tropas inglesas, canadienses, estadounidenses y japonesas invadieron territorio ruso con la esperanza de provocar su caída y permitir que algún otro grupo tomara el poder. Los Aliados no sólo repudiaban el proyecto político de los bolcheviques sino que aún tenían la esperanza de que Rusia continuara en la guerra presionando el Frente Oriental, algo que los bolcheviques no pensaban llevar a cabo. Las Potencias Centrales tampoco simpatizaban con Lenin, pero su régimen estaba dispuesto a negociar para terminar la guerra, mientras que un gobierno apoyado por los Aliados seguramente continuaría con las hostilidades. Y de cualquier forma, apoyar a los bolcheviques significaba prolongar el caos en Rusia, algo que convenía a Alemania, cuyos ejércitos ya se expandían por Europa Oriental, desde los países del Báltico hasta Ucrania (ver primer apartado). Sin las Potencias Centrales reconociendo a los bolcheviques como parte de su estrategia para ganar la 1GM, quizá el régimen de Lenin no habría sobrevivido.

Tropas americanas en Vladivostok, Rusia, en 1918

Y como dije, no sólo fue la Primera Guerra Mundial lo que permitió que hubiera una Revolución Rusa y una Unión Soviética, sino que marcó la forma en que se desarrollaría el socialismo real a lo largo del siglo XX. Marx imaginaba que el socialismo se debería dar en un país industrializado con una clase obrera fuerte y bien organizada, como Francia, Inglaterra o Alemania (de hecho, esa última tenía un mayor número de socialistas que cualquier otro país de Europa, mientras que Rusia tenía sobre todo gente encabronada). La Revolución Rusa hizo de la exégesis leninista de los postulados de Marx el dogma y doctrina de los movimientos socialistas de mayor peso alrededor del mundo, y marcó el modelo de las naciones en las que se establecerían regímenes socialistas (la inmensa mayoría de las veces por las armas): países atrasados, principalmente agrícolas, con una burguesía casi inexistente y con poca industrialización. Sin la Primera Guerra Mundial, ese enfrentamiento entre capitalismo y socialismo que marcó la mayor parte de la historia del siglo XX habría sido muy diferente.

1.- LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL



Pues obvio, sin Primera Guerra Mundial no habría existido una segunda. Para empezar, el Tratado de Versalles, con el que se acordaba la paz entre las naciones beligerantes, acusaba de forma por demás injusta y arbitraria a Alemania de ser la causante de la guerra, cuando todos, Aliados y Potencias Centrales por igual tenían su parte de culpa en el desmadre.

Las condiciones del Tratado de Versalles significaba una humillación injustificable contra Alemania: reducía su territorio, le quitaba sus colonias, le prohibía construir ejércitos grandes y la obligaba a indemnizar a sus enemigos por los gastos de guerra. Si el propósito de los Aliados al imponerle a los alemanes tales castigos era neutralizarlos para que no se fueran a convertir en una futura amenaza, lo que lograron fue alimentar el odio y rencor en tierras germánicas. Este ambiente de resentimiento fue el escenario propicio para el surgimiento de una ideología revanchista y ultranacionalista que exaltaba la violencia y la sed de conquistas: el nazismo. Alemania quedó convertida en el equivalente geopolítico de ese chico extraño al que todos hacen bullying en la escuela hasta que un buen día llega a clases con un par de armas semiautomáticas y masacra a medio mundo. O sea, miren ustedes a este garrido mocetón:



Ése es Adolf Hitler, quien combatió en la Primera Guerra Mundial y sufrió por un ataque con gas venenoso (uno de los episodios candidatos a explicar porqué el tipo estaba chiflado). Cuando Hitler se recuperó del ataque, Alemania ya se había rendido. Como muchos otros, él creía que el Reich aún tenía oportunidad de ganar y que había sido una traición orquestada en el corazón del mismo imperio la que los había llevado a la rendición y humillación posterior. Esta teoría conspiranoica de orates fue conocida como el mito de la “puñalada por la espalda”, y Hitler no sólo se la creía a pies juntillas sino que acusaba que detrás de esa traición estaban… ¡los judíos!

De hecho, el escenario postapocalíptico de entreguerras era ideal para el florecimiento de ideologías extremistas. En Italia se gestó desde antes un movimiento hermano: el fascismo de Benito Mussolini. Italia alimentaba rencor contra los Aliados porque al final de la guerra no obtuvo todo lo que se le había prometido. Si en Alemania circulaba el mito de la “puñalada por la espalda”, en Italia figuraba el de la “victoria mutilada”.

Por su parte, las democracias occidentales dejaron crecer estos movimientos políticos extremistas y totalitarios y hasta en sus propios países muchos los veían con buenos ojos. ¿Por qué? Porque la Revolución Rusa (a su vez consecuencia de la Primera Guerra Mundial) los hacía cagarse de miedo ante la posibilidad de que el comunismo se expandiera por toda Europa. Ellos esperaban que Hitler, Mussolini y los de su calaña contuvieran el avance del comunismo. Lo mismo se puede decir de las clases altas al interior de esos países, que se aliaron con los fascistas, o por lo menos no se les opusieron: pensaban “bueno sí, son unos orates, pero por lo menos no son comunistas…” Qué ternura.

En verde, lo que le prometieron a Italia y no le dieron


Además, resultaba que si Francia y Gran Bretaña se miraron al terminar la guerra y se dijeron “goey, ya no hay que volver a hacer estas mamadas”, y pensaban que Alemania tampoco querría más madrazos, en realidad el Führer se estaba preparando para otra ronda chingadazos. Así que mientras los Alidos apostaban por una política de apaciguamiento pensando que todos querían lo mismo, los nazifascistas se aprovechaban de su buena fe para fortalecerse.

Del otro lado del mundo, la lucha en Europa tenía tan distraídos a los grandes imperios que nadie tenía cómo detener la expansión japonesa. El Imperio del Sol aprovechó la guerra y se declaró como uno de los Aliados para hacerse con las posesiones coloniales alemanas en Oriente, con algunas de las cuales se quedó una vez terminado el conflicto. Y si antes de la 1GM, eran las potencias europeas quienes esperaban zopilotescamente a que la decadente China terminara de colapsar, al final fue Japón quien la convirtió en su patio de juegos. De hecho, el país nipón no tenía mucho interés en intervenir en la Revolución Rusa (ver apartado anterior), pero lo hizo porque vio en ello la oportunidad de avanzar en sus planes expansionistas hacia China.

La Alemania nazi y la Italia fascista son productos directos de la Primera Guerra Mundial, la cual también dio la oportunidad a Japón para expandir su imperio. Estos tres países formarían las principales Potencias del Eje, indudablemente las partes agresoras en el conflicto que después conocimos como Segunda Guerra Mundial.

Ocupación japonesa de Siberia, parte de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa

Y bueno, ni qué decir que la 2GM forjó el mundo el que vivimos. Ya vimos en cada apartado cómo la Segunda Guerra Mundial magnificó y aceleró los procesos de cambio que la Primera ya había iniciado. Las consecuencias de este conflicto global nos siguen afectando diariamente. Ustedes escojan una: la consolidación de Estados Unidos como superpotencia mundial, la expansión del comunismo por Europa Oriental, la Guerra Fría con todo lo que implica, la descolonización de Asia y África con la consecuente aparición del Tercer Mundo, el triunfo de Gandhi en la India y los movimientos inspirados por aquél, el triunfo de la revolución maoísta en China, el conflicto entre las Coreas, la creación de la Organización de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el auge económico de mediados de siglo, la energía atómica, la carrera espacial, la computación, la filmografía de Steven Spielberg y un largo, larguísimo etcétera. Si la Primera Guerra Mundial fue el doloroso trabajo de parto del siglo XX, la Segunda fue su ritual de paso.




FIN

4 comentarios:

Alejandro Maximiliano González Leiton dijo...

Excelente, y pusiste la imagen genial.

¿Va a haber algún tema mas de WW o ya se terminó?

Maik Civeira dijo...

Serán todo el mes ;)

Alvaro Murga dijo...

¡La invención del superheroe, caramba! ¿Cómo se te pudo pasar por alto lo más importante?

Danielov dijo...

Apoyo a los alemanes. Hay que pegarles a todos.

Jajajaja, saludos, mi estimado.

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