jueves, 30 de octubre de 2014

Monstruos



De entre todas las formas de maguferías, mi favorita es la pseudociencia de la criptozoología. Las pseudomedicinas son aburridas hasta el fastidio; la magia y la brujería son simpáticas, pero como narrativas les falta coherencia interna; los fantasmas sí que dan miedo, pero sus historias son siempre más o menos iguales. De entre las maguferías modernas, sólo dos tienen una mitología, un cuerpo de narrativas y creencias más o menos coherentes que las hacen fascinantes como objeto de estudio para folcloristas y antropólogos culturales: la ufología y la criptozoología. Pero la primera es tan amplia que se pierde en una marisma enorme de relatos contradictorios; en cambio, la criptozoología tiene toda una colección de fábulas exquisitas.

¿Qué es la criptozoología? Es una pseudociencia (una falsa ciencia, digan lo que digan los criptozoólogos) que se encarga de "estudiar" a los animales causi míticos que supuestamente no existen. O sea, es la disciplina que "estudia" a los monstruos de los que se dice que pueblan nuestro mundo: Pie Grande, el Monstruo del Lago Ness y el Chupacabras. Insisto en entrecomillar eso del "estudio", porque está muy difícil estudiar algo sobre lo que ni siquiera tienes pruebas de que existe (te estoy viendo a ti, teología). Los criptozoólogos se dedican sobre todo a tratar de reunir evidencias sobre la existencia de estos bichos y a especular sobre su naturaleza y orígenes.


El infame hombre mono de De Loys, supuestamente cazado por una expedición en el Amazonas, era en realidad un mono araña al que le habían arrancado la cola.


Ahora, quizá a ustedes les sorprenda, mis queridos contertulios, pero cuando yo era un mozalbete granuliento anduve bien clavado con todas las cosas sobrenaturales y misteriosas que pudiera ofrecerme el mundo y los Internetz (excepto la astrología; esa mamada nunca me pareció tener el menor sentido), y de entre todas esas cosas fue la criptozoología la que más me llamaba la atención. Quizá también me parecía la menos disparatada. Es decir, para creer en Pie Grande no necesitas creer en magia, hadas, fantasmas u otros seres sobrenaturales, y la existencia del buen Sasquatch no contraviene a las leyes de la física. Después de todo, el bicho sólo sería algún animal desconocido viviendo en un área poco explorada del mundo. ¿Acaso es tan insensato pensar que puede haber alguna criatura simiesca no identificada morando en los bosques de Norteamérica?

Pues resulta que sí, es muy insensanto. Conforme salí de la adolescencia y aprendí más de ciencias (gracias, Carl Sagan), fui dejando atrás mi fe en los misterios insondables de lo desconocido. Uno de los aspectos que más me decepcionó fue darme cuenta de que, por más que pasaban los años (y habían pasado los años antes de mí) la gran revelación que probaría sin duda que somos visitados por extraterrestres o que en el lago Ness vive un enorme plesiosaurio, nunca llegó. Por más que Jaime Maussán y otros misteriólogos que hacen fortuna con la credulidad de la gente anunciaran que estábamos a punto de tener evidencias feacientes e incontrovertibles de la existencia de monstruos y alienígenas, eso nunca sucedía. Y nunca sucederá, porque no existen.



¿Cómo sabemos que esos monstruos no existen? Bueno, tenemos la falta absoluta de evidencias. Fotografías borrosas de orígenes inciertos y testimonios de campistas asustados no nos sirven de mucho, sobre todo si tenemos en cuenta que los criptozoólogos han dedicado décadas para tratar de encontrar a esos bichos. Es cierto, los científicos reales siguen descubriendo nuevas especies de plantas y animales, y eso parecería dejar la esperanza de que algún día un Pie Grande vivo sea capturado. Pero sucede al contrario: si todas esas especies, que son en su mayoría pequeñas, son descubiertas a cada rato sin que nadie las esté buscando, ¿cómo es posible que no hayan podido encontrar a un animal del tamaño de un gorila tras décadas de búsqueda?

Los criptozoólogos llaman críptidos a los animales objeto de sus "estudios". Cada críptido tiene su historia en particular, y sus razones para descartar su existencia. Existen críptidos de diversos tipos. Algunos más o menos terrenales en cuanto a su naturaleza y sólo aparentan ser animales desconocidos, como el bueno de Pie Grande. Otros tiene características más extravagantes y recuerdan más a las extrañas quimeras de mitologías antiguas que a bestias que pudiesen existir en el presente o el pasado: Mothman cae en esta categoría. Algunos monstruos sólo se aparecen por un periodo determinado de tiempo, como el misterioso Mothman. Otros se convierten en parte del folclor local y sus leyendas y avistamientos trascienden las décadas, como Nessie.



Los entusiastas de la criptozoología a menudo se apoyan en leyendas folclóricas como indicios a favor de la existencia de los críptidos. Si en el lugar donde se ha visto a un ser parecido a un brontosaurio existen leyendas antiguas sobre dragones o serpientes gigantes, los criptozoólogos toman eso como un argumento a su favor. Lo que suelen ignorar es que los seres de las leyendas antiguas difieren mucho de lo que testigos modernos afirman haber visto, tanto en la descripción de la criatura como en su naturaleza. Los criptozoólogos a menudo tuercen las leyendas para hacerlas parecer que corresponden con los avistamientos modernos.

Por supuesto, entre otros rasgos en común que comparte la criptozoología con las otras maguferías es la presencia de "mitos zombi". Como en el campo de las pseudociencias hay de poca a ninguna investigación, las publicaciones que tratan estos temas se repiten y copian las unas a las otras sin verificar fuentes ni testimonios. Así, historias y fotografías que se han demostrado falsas una y otra vez, vuelven a la vida como zombis en diferentes publicaciones, y de vez en cuando adquieren nuevos bríos. Este fenómeno se ha incrementado con la llegada de Internet.

Por ejemplo, tenemos al misterioso Monstruo de Montauk, cuyo cuerpo fue encontrado en una playa del estado de Nueva York. Aunque se le identificó como el cadáver de un mapache en descomposición, en diversos sitios de Internet podrán encontrar su imagen acompañada de un texto que advierte que la identidad del animal es un gran misterio. Es fácil encontrar muchos casos así (ver la sección del Chupacabras).





Alterar fotografías no es difícil, menos ahora que todo el mundo puede hacerlo con sencillos programas de computadora. Uno pensaría que saber eso haría a la gente un poco más precavida sobre lo ve en medios e Internet. Pero no, la fuerza psicológica de una imagen puede ser muy poderosa.

Además, algo que se puede notar estudiando la historia de los avistamientos de críptidos es cómo sus descripciones se modifican a lo largo del tiempo, correspondiéndose con los conocimientos de la época y siendo fuertemente influenciados por la cultura pop. Al principio de la Era Ovni los extraterrestres vistos y contactados tenían formas muy variadas, desde humanos de perfecta raza aria, hasta hombrecitos peludos, porque para esa época tales criaturas eran plausibles. Hoy en día esas descripciones parecen ridículas, sacadas de películas de serie B de mediados de siglo (¡lo son!) y entonces ha prevalecido la forma de los "grises", igualmente por la influencia de la cultura pop. El mismo fenómeno ocurre con los críptidos que se han visto por todo el mundo (ver el apartado sobre los dinosaurios).

Los criptozoólogos tienen, con todo, una circunstancia que le da un poco de fuerza a su caso: la de los animales cuya existencia fue negada por los científicos hasta que fueron presentados más allá de toda duda. Nativos y exploradores hablaron a los científicos occidentales sobre criaturas como el gorila, el oso panda, el ornitorrinco y el okapi, pero se encontraron con un escepticismo obstinado. Al final, bajo el peso de las evidencias, no hubo más remedio que admitir que dichas bestias sí existían.

El caso más exitoso de esto es seguramente el del Kraken, el mítico calamar gigante de las leyendas nórdicas, y sobre los cuales marineros de todo el mundo y todas épocas juraban sobre su existencia, incluyendo a autores como Herman Melville y Julio Verne. No obstante, los científicos occidentales descartaron estas historias como supersticiones de marineros ignorantes. Hoy en día, para su vergüenza eterna, sabemos que existen por lo menos dos especies de cefalópodos monstruosos: el calamar gigante y el calamar colosal.




Claro que aceptar eso como argumento sería caer en el vergonzoso 'efecto Galileo' ("Galileo tenía razón y se rieron de él; ahora se ríen de mí, así que debo tener razón"). Los científicos que dudaban de la existencia del Kraken, el panda, el gorila, el ornitorrinco y el okapi podían estar equivocados a final de cuentas, pero tenían razón en no creer en la existencia de un animal sin que se les presentara pruebas. Eso, sin tener en cuenta que los descubridores del calamar gigante fueron científicos reales, no criptozoólogos siguiendo la pista de leyendas populares.

Debo admitir que me gustaría creer que el mundo está poblado por monstruos en sus rincones más obscuros. ¿Acaso no sería interesante viajar por todas partes buscando a esos abominables críptidos?Sería un poco como vivir en aquel mundo mítico de dragones y unicornios en el que creían los antiguos. Pero no, ya sé que no es así, aunque los canales de pseudociencia como el Discovery Channel hagan su agosto con esas historias. De todas formas, les quiero dejar con algunos de mis monstruos favoritos.

PIE GRANDE



Se trata de un homínido o simio, quizá incluso un "eslabón perdido", que habita en las zonas boscosas de Estados Unidos y Canadá, y que ha sido avistado desde mediados del siglo XX. Ah, claro, existen leyendas indígenas sobre "hombres del bosque"... Como las que tienen prácticamente las mitologías de todo el mundo, y aún así los hombres simio escasean. Es curioso que fue a partir de la popularización de Pie Grande que los avistamientos comenzaron a multiplicarse, incluso a través de muy distantes y de climas muy variados, para lo cual sería necesario que existiera una población muy grande de dichas criaturas, lo que sólo hace aún más sospechoso que no existan evidencias físicas. Tras años de búsqueda, sólo tenemos fotografías y videos nebulosos, testimonios de personas confundidas y algunas huellas que han sido descartadas como falsas.

También está el hecho de que todos los primates originarios del Nuevo Mundo son de tamaño pequeño. Nunca hubo homínidos ni simios tan grandes como se dice que es Sasquatch en el continente americano, además de que toda la línea evolutiva del Homo sapiens se encuentra en África; el "eslabón perdido", de existir, estaría ahí y no en América. Sería imposible que un animal como Pie Grande hubiera evolucionado en nuestro continente; encontraríamos restos fósiles no sólo de él, sino de sus ancestros.

EL ABOMINABLE HOMBRE DE LAS NIEVES



Bueno, éste tiene un mejor caso que su primo americano Sasquatch. Historias sobre el Hombre de las Nieves se remontan al folclor de los habitantes del Himalaya, y los exploradores occidentales ya hablaban de la criatura en el siglo XIX. De hecho, otra "curiosidad" de Pie Grande es que empezó a ser avistado cuando el Yeti ya era popular en Occidente, qué casualidad. Además, está el hecho de que en Asia existe una especie de simio grande, el orangután, y que justo en el área donde supuestamente vive el Yeti existió un primate colosal llamado Gigantopitecus.

Pero el caso es que sigue sin haber evidencias físicas de la existencia del Hombre de las Nieves. Las reliquias que se exhiben y hasta venden en diversos lugares de Asia son ingeniosas falsificaciones hechas con piel, pelaje y huesos de otros animales, así como antaño se vendían colmillos de narval como si fueran cuernos de unicornio. Además, fueron los europeos quienes reinterpretaron a la criatura mítica, considerada más como un ser de naturaleza espiritual (al igual que muchos otros espíritus de los bosques presentes en las mitologías de todo el mundo) y empezaron a especular que podría tratarse de un animal desconocido... Porque, claro, esos nativos pendejos, son capaces de ponerse a adorar cualquier cosa como si fuera dios, y de confundir a un mono con un monstruo sobrenatural, qué bueno que los exploradores ingleses son más sensatos slurp slurp *bebe de su taza de té.

Así que sigue sin haber pruebas de la existencia del Yeti, por más años que llevan buscándolo. Sus avistamientos pueden explicarse por otros animales elusivos de la zona montañosa, tales como osos, leopardos o monos. No se descarte que la soledad y silencio de los montañas son ideales para que la imaginación nos juegue malas pasadas.

EL MONSTRUO DEL LAGO NESS




Es uno de los favoritos a nivel mundial. Según las leyendas, se trata de un animal de gran tamaño y forma serpentina que habita en el Lago Ness, en Escocia. Muchos testigos afirman haber visto al monstruo nadando apenas bajo la superficie del lago, e incluso sacando su elegante cuello de cisne para respirar. El lago es extenso, profundo y de aguas turbias; si a eso se le agregan antiguas leyendas celtas de kelpies, espíritus acuáticos con forma de caballo, y del monstruo fluvial al que se enfrentó San Columba, el evangelizador de Escocia, uno podría empezar a considerar la veracidad de estas sospechas.

Pero luego te enteras de que no. Que, fuera de las leyendas antiguas (y en todo el mundo hay leyendas sobre espíritus acuáticos, desde las sirenas hasta los ahuizotl, pero no vemos monstruos por todas partes), los avistamientos comenzaron en los años 30 del siglo XX. Desde entonces, ninguna evidencia ha sido presentada, con todo y que ha habido diversas exploraciones, incluso con ayuda de submarinos, para encontrar al monstruo.

La hipótesis del plesiosaurio es fácilmente descartable; que un animal anfibio de tales dimensiones sobreviviera durante 65 millones de años después de la extinción masiva del Cretácico tardío es inconcebible. Además, geológicamente, para cuando el lago se formó, ya había pasado mucho tiempo desde la época de los grandes reptiles. Por si fuera poco, los cuellos de los plesiosaurios se extendían rígidos hacia adelante, y no los llevarían flotando sobre la superficie del agua como periscopios. Finalmente, los plesiosaurios eran animales de aguas cálidas que no habrían podido sobrevivir al frío de Escocia.

Este cadáver fue recuperado por un barco japonés cerca de las costas de Nueva Zelanda. ¿Un plesiosaurio? Esto podría darle algo de credibilidad a Nessie...
Pues no. Era sólo el cadáver de un tiburón peregrino.

Se ha especulado que Nessi podría ser entonces algún otro animal, como una anguila gigante o un esturión de gran tamaño. El caso es que, de cualquier forma, la ecología del Lago Ness no permitiría a una población de animales de grandes dimensiones vivir en él: sus aguas son pobres en nutrientes. Si existiera toda una especie de anguilas gigantes en el lago, no sólo ya habríamos encontrado alguna hace tiempo, sino que para mantenerlas se necesitarían cardúmenes y cardúmenes de peces menores que las alimentaran. Simplemente no hay suficiente biomasa en el Lago Ness.

¿Qué es, entonces, lo que ha visto la gente? Con Nessie sucede lo mismo que con Pie Grande: los reportes de avistamientos se dispararon conforme aumentó la popularidad del mito. Si tenemos en cuenta que los turistas van al Lago Ness precisamente a buscar a Nessie, no es de extrañarnos que, sugestionados, vean justo lo que quieren ver. Un tronco podrido que flota repentinamente a la superficie puede parecer un monstruo que asoma la cabeza sobre el agua. Una pata y sus patitos nadando el fila sobre el agua pueden parecer a lo lejos el cuerpo sinuoso de una serpiente que desliza sobre la superficie. Y así y así.

MOKÈLÉ-MBÈMBÉ



Otro supuesto fósil viviente. Se trata ni más ni menos que un saurópodo (dinosaurio de cuello largo) que se dice que habita las selvas del Congo. Su nombre significa "el que detiene el curso de los ríos" y nunca ha sido visto por un hombre blanco, sino que los nativos del área son los que cuentan sus leyendas. Exploradores occidentales lo han estado buscando desde finales del siglo XVIII; sin hallarlo, por supuesto. Se ha hecho mucha alharaca sobre que los nativos identificaron imágenes de un saurópodo como el Mokèlé-mbèmbé, pero también han señalado fotografías de rinocerontes y elefantes. Eso es porque en realidad ninguno de ellos lo ha visto, y las descripciones se encuentran sólo en las leyendas de la localidad.

Por supuesto, la existencia de un dinosaurio en el África plantea los mismos problemas que Nessie: ¿cómo habría sobrevivido un animal de grandes dimensiones no sólo a la gran extinción sino a todos los cambios ambientales durante 65 millones de años? Ah, claro, a veces se menciona el caso del celacanto, un pez que se creía extinto desde tiempos prehistóricos y que resultó que aún existía en los mares de África. Pero ése era un pez, con mucha agua para esconderse. No un reptil gigantesco que no ha podido ser hallado por más que se le busca.

Por cierto, que el bestiario criptozoológico incluye otros muchos dinosaurios en África, basándose en las leyendas de los nativos: Emela-ntouka sería un triceratops, al igual que Ngoubou; Mbielu-Mbielu-Mbielu sería un estegosaurio, y Kongomato, una especie de pterosaurio. Lo más "curioso" es que las descripciones más antiguas de los avistamientos coinciden con las ideas erróneas que sobre los dinosaurios se tenían en la época, y no con los conocimientos más recientes sobre cómo los dinosaurios son realmente. Es como si yo viera un velociraptor, pero como salieron en Jurassic Park, no como de verdad fueron.



Miren esta foto de uno de esos monstruos, el Kasai Rex, supuestamente un tiranosaurio vivo en la región de Kasai, en África. Es obviamente la foto de un lagarto, pero en su momento, a principios del siglo XX, pasó por aceptable. ¿Por qué? Bueno, porque en esa época se consideraba a los dinsaurios poco más que iguanotas.



Esta otra foto de Kasai Rex, una falsificación más reciente, muestra lo que parece ser un dinosaurio de escayola, probablemente tomado de alguna película de animación cuadro por cuatro (el efecto especial más usado para crear dinosaurios antes del CGI). Su representación corresponde con la imagen que se tenía de los T. Rex a mediados del siglo XX, y no con lo que la ciencia sabe ahora sobre la apariencia del rey de los dinosaurios.

EL DIABLO DE JERSEY



Aquí las cosas empiezan a ponerse extrañas. El Diablo de Jersey ha sido visto desde el siglo XVIII en la remota zona de los Pine Barrens en el estado de Nueva Jersey. En sus orígenes legendarios, era literalmente un demonio, hijo de una mujer que después de haber tenido 12 dijo que prefería parir al diablo que tener un hijo más. ¿y qué creen que pasó? ¡Pos que parió al diablo, chan chan chan! Dio a luz a un monstruo con cabeza de cabra, pezuñas en vez de pies, cola bifurcada y alas de murciélago que aterrorizó la zona hasta que un exorcismo lo expulsó por ahí de 1740. Sin embargo, ha habido diversos avistamientos desde entonces.

Fue sólo hasta el siglo XX que empezó a considerarse que el Diablo de Jersey pudiera ser un animal de carne y hueso. Quizá una especie desconocida de reptil volador... quizá un pterodáctilo (aquí vamos de nuevo). Si tenemos en cuenta que ya los nativos llamaban a la zona donde se aparece el Diablo de Jersey "el lugar del dragón", y los exploradores suecos la llamaron "el río del dragón", podríamos pensar que la existencia del bicho es anterior a la leyenda del décimotercer hijo diabólico, quizá inventada por los colonos anglosajones para explicar la presencia de una criatura desconocida en la zona.

Pero no, siguen sin encontrarse rastros del monstruo. Todo parece ser una mezcolanza de leyendas locales con visiones modernas sobre dinosaurios o críptidos en general. Como en otros casos, las descripciones de los avistamientos cambian según la idea que tiene la gente sobre lo que quiere ver, y así pasamos de un demonio con patas de cabra a un dinosaurio volador; las versiones que se han popularizado en la cultura mediática sustituyen a las del folclor local.

MOTHMAN



Uno de los críptidos más extraños e inusuales. Cae a la vez en la categoría de los que sólo fueron vistos en una época determinada y en la de los que son casi una cosa sobrenatural. Todo un monstruo, pues. Fue avistado entre noviembre de 1966 y diciembre de 1967 en los alrededores de la localidad de Point Pleasant, Virgina. Era descrito como una figura alada de forma humanoide y tamaño humano, pero sin cabeza ni cuello, sino con un par de ojos brillantes a la altura de lo que debía ser el pecho. Se aparecía siempre de noche y aterrorizaba a los testigos.

Sus avistamientos estuvieron relacionados con historias de ovnis, teorías conspiratorias (que se le viera cerca de una antigua planta de municiones le echó sabor al caldo) y fenómenos paranormales. Las suposiciones sobre la naturaleza del Hombre Polilla van desde que pudiera tratarse de un animal de carne y hueso, quizá alguna especie de mutación o un ser extraterrestre, a que fuera un ser sobrenatural o un demonio visitante de una dimensión paralela.

Para hacer la historia aún más sabrosona, tenemos el hecho de que los avistamientos del Hombre Polilla se detuvieron justo después del colapso de un gran puente colgante llamado Silver Bridge, tragedia ocasionó la muerte de 46 personas. Uno pensaría que después de este trágico episodio nadie estaría pensando en el monstruo y por eso nadie lo vio, pero conforme pasó el tiempo la gente razonó que dos más dos es igual a pez, y concluyó que las visitas de Mothman estaban relacionadas con el desastre; quizá lo provocó, quizá quería advertir sobre él.

Además de los testimonios de gente muy sacada de onda, no tenemos evidencias de que el Hombre Poilla haya paseado por Virginia. Sí hay, sin embargo, confesiones de bromistas que ataron linternas a globos de helio para espantar a la gente por las noches. Los avistamientos también se pueden explicar por una mezcla de sugestión causada por los primeros reportes, más la fauna local nocturna, tales como grullas y búhos. Vamos, que es muy fácil ver lo que no está ahí.

EL CHUPACABRAS



A este bicho le tengo especial cariño por haber formado parte de mi infancia. Yo era un chicuelo crédulo e impresionable, con una fascinación morbosa por todo lo que fuera macabro y monstruoso, y además crecí en una tierra de superstición y magia idónea para cultivar mi apetito por lo supernatural: Tabasco. Todos los latinoamericanos lo conocemos; el Chupacabras, ese misterioso ser de aspecto contradictorio (o sea, contradictorias las descripciones de la criatura) que atacaba animales de granja y les chupaba toda la sangre cual vampiro. Dícese que los primeros ataques fueron reportados en Puerto Rico, y luego que el animal comenzó a emigrar hacia el norte, pasando por México y desapareciendo por ahí de Texas, dejando un rastro sangriento a su paso.

Estaba en la primaria cuando la histeria del Chupacabras cundió por todas partes. En un viaje por carretera mi madre se llevó su pistola en el coche (única vez en la vida que lo hizo), sólo en caso de que nos fuera a aparecer el monstruo. Hubo muchísima especulación al respecto: ¿extraterrestre, vampiro, experimento genético fallido, una nueva especie? Hasta se produjo parafernalia y souvenirs de la criatura y, por supuesto, se compuso una cumbia.



Fue realmente inusual la atención mediática que recibió el Chupacabras, llegando a aparecer notas de sus ataques hasta en los noticieros más formales, y no sólo en los programas de misteriología a los que esta clase de asuntos solían circunscribirse. Incluso hubo una teoría conspiratoria que afirmaba que los medios de coumnicación, en especial Televisa y TV Azteca, habrían centrado su atención en el monstruo como tapadera de las acciones del gobierno de Carlos Salinas, que estaba a punto de llevar al país a una crisis económica y política. Versiones más extremas decían que habría sido el mismo gobierno mexicano el que preparó el montaje del Chupacabras. La segunda versión se cae solita, porque el bicho comenzó a ser reportado en otros países, y porque requeriría una capacidad de manipulación inverosímil por parte del gobierno (incluyendo eso de ponerse a matar ganado). La primera, más moderada, puede ser que tenga algo de sentido, pero habla menos de la malignidad del Innombrable que de la estupidez mexicana.

Lo que originó la histeria del Chupacabras fue el hallazgo de restos de animales de granja a los que les habían bebido toda la sangre. Dejando de lado la histeria colectiva, el sensasionalismo mediático y las posibles falsificaciones, hay que admitir que en algunos de esos casos había un misterio en verdad interesante. Algo había matado a esos animales y se había bebido su sangre. Se sabe que algunos depredadores, como coyotes o felinos, a veces actúan de esa manera, pero de todos modos seguimos sin poder afirmar a ciencia cierta qué pasó ahí. Claro que de eso a concluir que un monstruo mutante   extraterrestre estaba chupándose a nuestras cabras hay un gran trecho.


La anterior foto de una amenazadora y repulsiva criatura circula en las redes como prueba de la existencia del Chupacabras. En realidad es un oso con una rara afección de la piel que le ha hecho perder el pelo (y además está en un zoológico en Alemania). Fotos y videos de animales como coyotes, zorros, mapaches, coatíes u otros carnívoros pequeños, con alguna afección de la piel, como sarna o alopecia, o de sus cadáveres en un estado avanzado de descomposición, circulan por las redes como imágenes definitivas del Chupacabras.

Las descripciones de los que avistaron al monstruo, como dije antes, son muy contradictorias. Hubo que lo describía como un ser bípedo, una especie de canguro con hocico canino y dos grandes colmillos que usaba para sangrar a sus víctimas; otros testimonios lo describen como una versión monstruosa de los alienígenas "grises", de cuerpo delgado, gran cabeza e insondables ojos oscuros, pero con el añadido de escapas, púas, garras, colmillos y alas como de murciélago. Fue una imagen parecida a esta última versión la que se popularizó a través de la cultura mediática. Hoy en día, aunque ya no se reportan avistamientos del Chupacabras, la bestezuela ha pasado a formar parte del imaginario colectivo.

EL HOMBRE BÚHO DE CORNUALLES



Quiero hablarles de este críptido poco conocido porque su leyenda me fascinó cuando era adolescente y la verdad es que hasta miedito me dio. Cuentan que dos niñas de Cornualles se lo toparon mientras acampaban en el bosque, cerca de una antigua iglesia. Una de ellas salió de la tienda de campaña para investigar unos ruidos, y vio lo que pensó que era un hombre con un disfraz del búho. Tras un primer susto, las niñas rieron pensando que se trataba de alguien que les quería gastar una broma, pero en ese momento la criatura se echó a volar, lo que aterrorizó a las chicuelas.

Es descrita como un búho de tamaño humano, con grandes ojos rojos, plumas en la cabeza que dan la apariencia de cuernos y, esto es lo mejor, sus patas no son como las de un ave, sino que más bien parecen pinzas como de crustáceo.

El Hombre búho fue visto sólo en dos ocasiones en 1976. Además de que sólo existen estos testimonios, quien los recogió fue un himbestigador de lo paranormal conocido por sus múltiples fraudes. Eso no ha evitado que la leyenda del Hombre Búho se propale por Internet, donde basta que alguien alguna vez haya escrito que alguien alguna vez le dijo que alguna vez vio alguna cosa para que pase a formar parte del folclor criptozoológico.

EL DEMONIO DE DOVER



Aquí tenemos otro caso de un monstruo que fue visto por un grupo de chavales en pocas ocasiones, pero que con eso tuvo suficiente para atraer la atención mundial de los misteriólogos. Se le describe como una criatura humanoide, pero de pequeña estatura, piel grisásea, cabeza grande y ojos luminiscentes. El Demonio se apareció en los alrededores de la comunidad de Dover, Massachussets. Un chaval de 17 años que pasaba manejando en la noche, lo vio posado sobre una barda derruida en el casco de una vieja granja, mientras que un quinceañero juró haberlo visto posando tranquilamente en una avenida del pueblo.

Se ha especulado sobre la identidad del monstruo. Algunos sugieren que podría tratarse de una alenígena o un animal desconocido. Otros lo comparan con criaturas del folclor indígena, algo así como duendes (muchas culturas tienen mitos sobre "gente pequeña"). Algunos escépticos generosos sugieren que los chicos podrían haber visto una cría de alce extraviada y desorientada, lo que coincidiría con la descripción. Otros, menos indulgentes, suponen que todo fue una broma perpetrada por adolescentes pendejos.

LOS MAMUTS DE SIBERIA



Estos me encantan, porque los mamuts son la cosa más bonita que haya caminado por la Tierra y qué más me gustaría que saber que están vivos en algún lugar de esa enorme estepa helada que es Siberia. Es más, una parte dentro de mí espera sinceramente que uno de estos días agarren a uno vivo (o mínimo, que lo clonen). Su posible existencia es menos descabellada que la de otros críptidos, pues se sabe con certeza los mamuts sobrevivieron en remotas islas siberianas hasta tiempos tan recientes como 1,700 años antes de Cristo. O sea, todavía existían mamuts cuando civilizaciones antiguas como los egipcios y los babilonios levantaban ciudades de piedra (pero no el mismo lugar, ¿eh, Roland Emmerich?).

¿Un mamut cruzando un río siberiano?
¿O un oso que sostiene un pez largo en el hocico?


Desde el siglo XIX ha habido testimonios de quienes aseguran haber visto a mamuts vivos en las regiones más recónditas de Siberia. Pero aunque me encantaría que fuera cierto, lo más probable es que las historias sean confusiones, mezclas de anécdotas sobre el descubrimiento de cuerpos de mamut congelados con el deseo ferviente de exploradores crédulos por encontrar a estos elefantitos peludos. Y es que los mamuts fueron animales muy grandes que vivían en manada; sería muy difícil para ellos ocultar su presencia, aún en las vastas regiones heladas de Eurasia.

BESTIARIO DEL MUNDO MODERNO




En la Edad Media se compusieron bestiarios, libros que reunan el conocimiento que la gente de esa época tenía sobre los animales. Además de que a los animales reales se les atribuían toda clase de características fantásticas, junto a elefantes, leones o castores, en los bestiarios convivían dragones, unicornios y mantícoras, porque las personas medievales no veían diferencia entre unos y otros. La criptozoología nos ha provisto de un nuevo bestiario, uno compuesto de nuevas criaturas extravagantes de orígenes desconocidos.

Entre las muchas criaturas incluidas en el bestiario criptozoológico se encuentran serpientes gigantes capaces de tragarse hombres enteros; aves de rapiña colosales (por lo general buitres o águilas) que pueden llevarse a un niño humano entre sus zarpas; hombres mono que habitan selvas y bosques de todo el mundo; hombres pez u hombres anfibios que se hallan en ríos, pantanos y cimas marinas; homínidos alados (como la mujer pájaro de Vietnam); monstruos marinos y lacustres, por lo general de forma serpentina o sauriana; dinosaurios y otras bestias prehistóricas que sobrevivieron a la extinción; algunos monstruos urbanos como las ratas gigantes o los cocodrilos de las alcantarillas; grandes carnívoros como félidos o cánidos, donde no debería haberlos; plantas antropófagas capaces de moverse a voluntad (aunque estrictamente hablando, éstas pertenecen al campo de la criptobotánica), y toda clase de híbridos extraños compuestos de partes de especies diversas ensambladas grotescamente.




Estos monstruos han pasado a formar parte de la cultura mediática, estelarizando películas, libros, videojegos, series de TV y cómics de todo tipo, ya sea de aventura, fantasía u horror. En la actualidad es común que existan universos ficticios en los que todos esos críptidos existen y conviven, por lo general con algún origen en común: todos son extraterrestres, como en La Conspiración Roswell; o todos son exiliados de una dimensión paralela, como en Monsters Inc.; o todos son criaturas mágicas camufladas como en Harry Potter. Yo mismo usé a varios de estos personajes en mi propio libro de terror.

Como sea, los monstruos son parte de nuestra cultura; reflejo de lo que nos asusta, lo que nos fascina o lo que añoramos, han llegado para quedarse con nosotros, merodeando en los rincones oscuros, si no del mundo real, sí de nuestras mentes.



PD: ¿Notaron la falta de enlaces a fuentes confiables en esta entrada? Es a propósito para ilustrar mi punto sobre por qué no hay qué creer todo lo que se ve en los Internetz, así lo diga alguien tan simpático como yo. Así que vaya e investiguen, aunque sea en Wikipedia.

7 comentarios:

Andrea Trujillo dijo...

Deberías de ver esta pagina (si no es que ya la conoces) http://www.scp-wiki.net/ es una clase de lista/registro de objetos y criaturas fantasticas/alien/dimensionales en plan hombres de negro, ¡escrita por el propio publico de los internets! El numero 173 es un buen inicio, y estoy seguro de que con lo que sabes de criptozoología de tus años pasados podrías escribir muy buenas entradas.

Pablo Cabañas dijo...

Buenísimo post; aunque la criptozoología no sea mi favorita, es muy entretenida su lectura, además de que algunas de sus especies sí que dan terror, como el Mothman o el Demonio de Jersey (no por nada, esos son mis preferidos), por cierto, había otra criatura críptida, ya se me olvidó su nombre pero se supones que es una lombriz gigante que habita en el desierto de China-Mongolia, investigaré más al rato.

PD Ultrañoño: no me había fijado que las banderas del barco atacado por el Kraken son idénticas a la usada por los insurgentes en la marina mercante.

Saludos.

Alexander Strauffon dijo...

De la criptzoologia hay que decir que, siendo pseudociencia y demás, su punto bueno es que sus fans no son tan hostiles y peleoneros como los de las otras falsedades (ovnis, por ej).

Y cómo olvidar al Chupacabras; yo también estaba chavillo y desde entonces vi algunos articulos donde lo señalaban como cortina de humo para algo que estaba maquinándose de parte del gobierno. No estaba tan errado, después de todo.

martincx dijo...

Interesantísimo post mi buen Ego, yo al igual que muchos de lo que paran por acá también fui seducido (aunque aceptémoslo el término adecuado sería asustado) por los seres crípticos, ya sabes a finales de los 90 todavía siendo un niño me quedaba horas y horas viendo la cobertura que en esa época se le daba al chupacabras monstruo de moda allende estos lares.

Ah, casi no lo menciono, desconocía lo de los mamuts de siberia, molan mucho. Por cierto ¡¡¡Mothman que ridiculez!!! Si ese ser debía causar miedo en su momento hoy provoca risas.

Antes de despedirme, recordarles que su casi paisano Ing. John Pendleton también "himbestiga" a los pterodáctilos, aunque con otros fines (para mostranos la existencia de dinosaurios en el arca)

Saludos.

Anónimo dijo...

Sabías que en Rumania los niños le tienen miedo al chupacabras y no a drácula.

Joako

Ibrahim Torres dijo...

Hola, tienes alguna entrada de criptobotánica? Nunca había escuchado de ella. Y si no, ojalá pudieras hacer una, suena interesante.

Ibrahim Torres dijo...

Hola, tienes alguna entrada de criptobotánica? Nunca había escuchado de ella. Y si no, ojalá pudieras hacer una, suena interesante.

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