viernes, 19 de diciembre de 2014

Tsar Wars: La guerra mundial retrofuturista de George Griffith



Hola, personas. Estos días quiero volver a uno de los temas más importantes del año: la Primera Guerra Mundial. Como sabrán, este 2014 se conmemora el centenario del inicio del conflicto bélico más grande hasta entonces, y he publicado algunas entradas al respecto, a partir de ésta. Pero esta ocasión será especial, ya que en vez de hablarles de la guerra en sí, les voy a platicar de uno de los temas favoritos de este blog: la ciencia ficción. Vamos a revisar una de las obras de ciencia ficción que predijeron la Primera Guerra Mundial... más o menos.

Verán, la segunda mitad del siglo XIX fue fecunda en lo que hoy llamamos ciencia ficción y que en ese entonces se conocía como scientific romance. Seguramente conocen las obras de Julio Verne y de H.G. Wells, aunque sea de oídas, pero hubo muchos otros autores que se adentraron al terreno de la literatura especulativa. Viajes espaciales, máquinas imposibles y sociedades utópicas son algunos de los temas más recurrentes que diversos escritores trataron en las páginas de libros, revistas y antologías. 

Entre la mitad del siglo XIX y el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, el mundo se encontraba viviendo la segunda etapa de la Revolución Industrial, cuyo epicentro era Gran Bretaña, el mayor imperio del mundo. Europa se encontraba en el pináculo de su evolución social y material, el progreso era la piedra angular de la ideología dominante y parecían no existir límites a las maravillas y avances que la ciencia y la tecnología tenían que ofrecer todos los años. Además, ninguna guerra a gran escala se había dado en Europa desde la derrota de Napoleón, y las únicas dos guerras importantes (la de Crimea de 1853-1856 y la Franco-Prusiana de 1870-1871) fueron relativamente breves. En este contexto existía un sentimiento de optimismo sobre el futuro, en que la ciencia y la tecnología acabarían poco a poco con todos los males de la humanidad.



Así llega nuestro personaje de hoy, George Griffith (1857-1906), un prolífico escritor británico de scientific romance. Entre 1893 y 1894 publicó un par de novelas, Angel of the Revolution y su secuela Syren of the Skies. Déjenme contarles brevemente de qué va la cosa:

Richard Arnold, un joven y brillante científico inglés descubre el principio que permitirá volar a los objetos más pesados que el aire, lo que haría posible la construcción de vehículos aéreos. Quien tuviera el acceso a tal tecnología tendría una enorme ventaja sobre todas las naciones de la Tierra. Nuestro héroe, que ha dedicado los últimos años en desarrollar esta tecnología, se encuentra en la calle sin un centavo. Por pura casualidad es hallado y reclutado por un agente de la Brotherhood of Freedom (o Hermandad de la Libertad, pero en español sueña feo por la rima interna), una sociedad secreta de -chequen esto- socialistas, nihilistas y anarquistas de todo el mundo civilizado, que se han propuesto a derribar el orden existente para reemplazarlo por uno más justo.

Su peor enemigo, por supuesto, es la horrible tiranía del Zar de Rusia. El líder de la Hermandad es Natas, un sabio judío que sufrió terriblemente y perdió a su esposa a manos del régimen zarista. Mutilado y confinado a una silla de ruedas, Natas ha desarrollado impresionantes habilidades mesméricas e hipnóticas (lo que hoy llamaríamos "poderes psíquicos"). Su hija, la hermosa Natasha, una mujer fuerte, inteligente y valiente, funge como su mano derecha y es llamada por eso "el Ángel de la Revolución" (de ahí el título del libro).

Pero mientras la Hermandad prepara su gloriosa revolución gracias a las máquinas voladoras de Arnold, las situación se pone calamitosa con la sombra de una ¡guerra mundial! El Zar, en una pérfida coalición con Francia, ha lanzado una ofensiva contra la Alianza Anglo-Teutónica (Inglaterra, Alemania y Austria), que tiene todas las posibilidades de resultar en una victoria para el absolutismo, pues los rusos han desarrollado sus propias máquinas voladoras: unos buques de guerra suspendidos en el aire mediante globos, desde los que bombardean a sus indefensos enemigos.

La Hermandad decide permanecer al margen del conflicto, esperando a intervenir sólo en el momento preciso, para que después de la guerra un nuevo orden pueda surgir de las cenizas. Todo lo anterior, además, sirve de telón de fondo para el romance entre la valerosa Nastasha y el tímido Arnold.

¿Suena bien, no? ¿Cómo es posible que una obra de ciencia ficción, aventura, guerra y geopolítica no haya alcanzado la fama? ¿Cómo es posible que Griffith, contemporáneo de HG Wells, no tenga un estatus similar en la historia de la literatura? Bueno, pues porque una cosa es tener una idea fabulosa para un libro y otra es ejecutarla. La trama puede sonar padrísima, pero Griffith no era muy buen escritor y el resultado es una novela mucho menos interesante de lo que podría parecer. Griffith es un narrador mediocre, sin intuición del ritmo o de la intriga, y para ser sinceros, la obra resulta bastante aburrida.



De hecho, lo más interesante de esos libros (además de lo curiosa que resulta como pieza de retrofuturismo) es la forma en la que refleja el contexto de su época, y es eso de lo que voy a tratar en esta entrada. Como habíamos visto cuando estudiamos las causas de la Primera Guerra Mundial, la idea de que un conflicto generalizado era inevitable se encontraba firmemente asentada en el imaginario colectivo europeo. Sólo que, curiosamente, nadie se imaginaba en realidad cómo llegaría a ser esa confrontación. 

Por ejemplo, habrán notado que en la novela de Griffith las alianzas que se enfrentaban era Gran Bretaña, Alemania y Austria contra Rusia y Francia. Cuando la Primera Guerra Mundial estalló, los bandos eran Alemania y Austria contra Gran Bretaña, Rusia y Francia. ¡Griffith puso a su propio país en el bando equivocado! Pero esto no es culpa suya, pues en 1893 la mayoría de los británicos creía que, en caso de guerra total, ellos estarían aliados con los alemanes. Verán, Francia había sido el enemigo de Gran Bretaña por siglos, y no parecía haber razones para pensar que esa rivalidad terminaría pronto. Por su parte, Rusia había sido su enemigo en la reciente Guerra de Crimea, y había graves tensiones entre ambos imperios por las fronteras de la India con Afganistán (la tensión llegaría a su punto máximo en 1904, cuando un buque de guerra ruso hundió un barco pesquero inglés).

Además, el régimen zarista era visto en Europa occidental como una vergüenza, un atavismo de tiempos feudales que no tenía cabida en el mundo civilizado. Esto último quedaba reflejado en diversas expresiones de la cultura popular tanto en Europa como en Estados Unidos, lo cual resulta muy curioso, porque después de la Revolución Rusa, cuando el bolchevismo se convirtió en el nuevo villano favorito, la Rusia zarista sería romantizado en la cultura mediática de Occidente, hasta llegar a presentarla como una perdida era dorada.

Por otra parte, hasta ya comenzado el siglo XX, Alemania y Gran Bretaña tenían buenas relaciones políticas (el Káiser era nieto de la reina Victoria) y aún mejores relaciones comerciales (cada uno era el mayor socio comercial del otro). Además, estaba el mito ideológico de la "raza": alemanes e ingleses (y austriacos) pertenecían a la raza germánica, distinta y superior a las razas latina y eslava. Esta racismo está presente en la obra de Griffith, en que llama a la anglosajona "la raza que domina", cuyo destino es precisamente gobernar el mundo.

De hecho, Griffith no era ni de lejos el único en especular a través de la literatura sobre el inminente conflicto total entre potencias. William Le Queux escribió The Great War in England 1897 (publicada en 1894), en la que pronostica una invasión a Inglaterra por parte de Francia y Rusia. Como muestra del panorama de temores cambiantes, Le Queux publicó en 1906 otra obra de invasión titulada The Invasion of 1910, sólo que esta vez era Alemania la que atacaba Inglaterra. Esta paranoia, que recuerda un poco a los temores americanos de una invasión comunista en tiempos de la Guerra Fría, produjo entre 1870 y 1914 una plétora de novelas y cuentos en los que las Islas Británicas se veían asoladas por enemigos del continente.



Griffith plasma las ideas que sus contemporáneos tenían no sólo sobre la guerra venidera, sino sobre lo que esa guerra significaría para Europa. El conflicto total era visto como un fuego purificador que acabaría con la decadencia de una sociedad aburguesada y comodina. La paz, como se concebía en esa época, llegaría con la destrucción definitiva del enemigo, en este caso el absolutismo zarista (y en la propaganda de la Gran Guerra, la autocracia alemana). Una vez derrotado ese enemigo, no habría ningún obstáculo para lograr un mundo de progreso y sin guerras. La unión de las naciones se daría cuando todas ellas fueran conquistadas (violentamente) por las fuerzas del Bien y obligadas (mediante la fuerza) a seguir los preceptos adecuados. Ingenuos, no se daban cuenta de que con esa filosofía siempre habría un enemigo por combatir.

Otra de las ingenuidades de la época que Griffith comparte fielmente es su optimismo por la tecnología y su papel en la guerra. Como otros pensadores, Girffith creía que si la tecnología bélica llegaba a tal punto de ser completamente devastadora, la guerra se haría imposible. Así, al poseer las naves voladoras, la Hermandad no tendría enemigos a los cuales temer y podrían llevar a cabo sus planes reformadores. Eso es, claro, porque "los buenos" serían los que tuvieran el acceso a esa tecnología, porque ellos nunca abusarían de ella, sino que usarían su poder para impartir justicia.

Me permito una ligera digresión para señalar que estas mismas ideas son reiteradas por Griffith en A Honeymoon in Space (1901, y de la que ya habíamos hablado aquí). En ella también se perfila el estallido de una guerra entre las razas germánicas y una malvada alianza franco-rusa. En esta historia, la guerra es evitada cuando un científico crea una máquina voladora (esta vez con antigravedad). Cuando los anglosajones obtienen esta máquina, los franceses y rusos desisten de sus nefarios planes, y de hecho la guerra queda obsoleta, pues nadie podría oponerse a una máquina tan terrible. Claro, los británicos no la usarían para nada malo como el colonialismo o para borrar de la faz de la tierra a sus enemigos franceses porque, lads and lassies, ellos sí son los Buenos.

El etnocentrismo de Griffith alcanza niveles ridículos en A Honeymoon in space cuando nuestros héroes llegan en su máquina antigravedad a Marte, donde los habitantes ¡hablan inglés! ¿Cómo? Pues porque los marcianos son una civilización perfectamente racional, y el inglés es la lengua más perfectamente racional que puede existir o existirá, de forma que es natural que ellos la hayan desarrollado.



Volviendo a lo nuestro, hay también algunos interesantes pasajes de comentario social y político en Angel of the Revolution. Son superficiales, por supuesto, dado que ésta se trataba principalmente de una novela de aventuras.  Griffith se ocupa poco de analizar lo que está tan mal con la sociedad de su tiempo, y aunque los integrantes de su Hermandad puedan llamarse socialistas y anarquistas, lo cierto es que el autor casi nunca expone esas ideas. Sí lo hace en algunas ocasiones, bastante significativas, como en el caso de su objetivo explícito de destruir por completo el orden social establecido para establecer uno nuevo, en el que no existan Estados, ni gobernantes, ni guerras:

La era de los estados y los imperios, y de la consecuente lealtad a soberanos, ha terminado. La historia de las naciones es una de intrigas, conflictos y baños de sangre, y estamos determinados a ponerle fin a la guerra de una vez por todas.

Otro de los pasajes interesantes es en el que se relata la historia de Natas, el líder de la Hermandad. Su caso retrata los muy reales horrores del antisemitismo en Europa, y en particular en Rusia. Otro episodio, y quizá el más visionario, es una breve semblanza de la evolución política de Estados Unidos, que suena perturbadoramente actual:

El gobierno representativo en América era para ese entonces una farsa. La maquinaria política y los recursos internos de los Estados Unidos estaba ahora a disposición de un Círculo de Capitalistas quienes, a través de los grandes monopolios que controlaban y las enormes sumas de dinero que poseían, tenían al país en sus manos. Estos hombres carecían totalmente de sentimientos humanitarios o conciencia pública. Se habían enriquecido gracias a su desdén por cualquier principio de justicia o misericordia, y no tenían otro objetivo en la vida que el de incrementar sus ya de por sí gigantescas fortunas y multiplicar los enormes poderes que ya ejercían. 

Este panorama de unos Estados Unidos dominados por el capital es quizá el párrafo más crítico que Griffith se permite incluir en su novela. Casi todo lo demás son puras aventuras y batallas, pero como dije, no muy bien narradas. Por cierto, todo lo anterior se refiere a Angel of the Revolution. No les he hablado de The Syren of the Skies porque éste es un libro aún más aburrido y menos interesante.

Se sitúa 100 años después de la revolución narrada en la primera parte. El mundo occidental vive en paz y armonía, organizado en una Federación, que controlan los descendientes de la Hermandad (que son venerados casi como semidioses) gracias a las máquinas voladoras cuyo secreto sólo ellos conocen. Pero la última descendiente del zar Alejandro de Rusia, que ha vivido en secreto por años, se infiltra entre la Hermandad, logra seducir a uno de sus líderes y roba el secreto del vuelo. Después se alía con el sultán de Egipto para formar un nuevo Califato e inicia una guerra total contra la Federación. Mientras tanto, un cometa mortal se acerca a la Tierra... En fin, una historia sin pies ni cabeza y todavía más sosa que la anterior.



No me puedo resistir a comparar a George Griffith con HG Wells (de cuyas obras les he hablado aquí). Me llama la atención que habiendo sido contemporáneos (Wells apenas era 10 años más joven), pertenecido a la misma clase social, dedicado al mismo subgénero literario, y tenido los mismos intereses por la ciencia y la tecnología y cómo éstas podrían afectar la vida humana, haya una diferencia tan enorme en cuanto a la calidad de sus trabajos. Heliograph, la editorial que rescató las obras de Griffith para volverlas a publicar, dice que la falta de popularidad de este escritor se debe a sus ideas socialistas. Pero lo dudo mucho: Wells también era socialista, y sus ideas feministas y anticolonialistas lo hacían mucho más radical que Griffith, quien en sus obras justificaba el colonialismo y defendía los roles tradicionales para las mujeres.

Pienso en esa vieja postura igualitaria de que no existen los genios, sino simplemente hombres y mujeres que son los productos de sus tiempos, sociedades y experiencias. Pues Wells y Griffith vivieron en la misma época, en la misma sociedad y tuvieron experiencias de vida similares. Sin embargo, Wells dejó una obra extraordinaria y Griffith apenas sobrevive como curiosidad para los fans del retrofuturismo y el steampunk. Creo que esto sólo se puede explicar por el genio del primero. Para captar los prejuicios, estereotipos, temores y anhelos de una época se necesita a un escritor perspicaz. Pero son los verdaderos genios los que ven más allá de lo que sus contemporáneos alcanzan a vislumbrar.




Una cosa más antes de irnos. Resulta que Heliograph revivió a Griffith como parte de un plan de crear una biblioteca que sirva de referencia a un juego de rol steampunk que ellos publican, y que se titula Forgotten Futures. Como parte de su estrategia mercadotécnica, llamaron a las dos novelas Tsar Wars (o sea, "las guerras del Zar"), e hicieron énfasis en sus más bien rebuscadas similitudes con la saga fílmica de George Lucas, para presentar la obra de su tocayo Griffith como si se tratara de una especie de Star Wars decimonómico. No lo es.

PD: Las imágenes son de Fred T. Jane y son las que acompañaron los textos de Griffith en sus publicaciones originales.

3 comentarios:

Alexander Strauffon dijo...

Dibujando de forma curiosa una línea base inspiracional, el personaje de Natas, para cierto profesor que los fans de cómics leeríamos después.

Ni recuerdo ya la última vez que vi o leí a alguien hablando de Griffith. Como dices, es para gustos mas selectos y del particular género. Pero sí vale la pena de conocer.

Alvaro Murga dijo...

Vaya cosas que se aprende gracias a la mercadotecnia. Una curiosidad sin duda.

Zer0MX dijo...

Es curioso, la verdad me dan ganas de leerlos para ver por mi cuenta que tal están, aunque tu análisis creo que no me.deja ser demasiado optimista al respecto en fin, excelente entrada como siempre, aprovechando, que libros de ciencia ficción recomendarias? Seria una buena entrada también

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