jueves, 25 de diciembre de 2014

Paz en la Tierra



Felices días, mis queridos contertulios. La semana pasada exploramos la obra de George Griffith para comprender un poco el panorama mental de Europa en los años antes de la Primera Guerra Mundial. Ahora nuestra máquina del tiempo nos llevará a los Estados Unidos después de la Gran Guerra y justo al iniciar la Segunda. En esta ocasión la obra que nos permitirá recorrer el escenario de entreguerras será nada más ni nada menos que una caricatura clásica.

¿Se acuerdan de cuando Cartoon Network era chido y pasaban caricaturas viejitas? Bien, yo amaba todos esos cortos de la Era Dorada de la Animación y hubo uno en especial que me cautivó por lo fuerte de su imaginería y lo ñoño cursi conmovedor de su mensaje. Se trata de Peace on Earth, una caricatura post-apocalíptica de Navidad con animalitos que hablan. Sí, sé que oye loco, pero ustedes sigan leyendo.

Corría la temporada navideña de 1939; la Segunda Guerra Mundial ya había iniciado en Europa ese mismo septiembre y enviar un mensaje navideño alentador no parecía cosa fácil. Aún así, los estudios Metro-Goldwyn-Meyer aprobaron la realización de un corto animado producido por el legendario Fred Quimby, dirigido por el galardonado Hugh Harman y con el talento actoral del gigantesco Mel Blanc. O sea, puro peso pesado de la Era Dorada, y como bonus, la participación del Coro Infantil de Hollywood. 

Después de ver al clásico e inolvidable león de la Metro, inicia el corto animado con escenas invernales. La nieve cae sobre las ruinas de la civilización humana y sus artefactos de guerra, mientras un angelical coro entona la clásica canción navideña I Heard the Bells on Crhistmas Day, que contiene el verso "paz en la tierra, y buena voluntad a los hombres".



La cámara se mueve y vemos una ciudad diminuta en la que algunas de las casas están construidas en los cascos de los soldados muertos hace mucho. Imagen poderosa. Luego descubrimos que quienes entonan la celestial melodía son un grupo de ardillitas tan adorables que dan ganas de sacarse los ojos.



Un viejito ardilla camina entre las calles nevadas hasta llegar a casa de sus adorables nietos, quienes le preguntan intrigados el significado de la canción, en especial esas líneas sobre "buena voluntad a los hombres". Porque, verán, ellos no saben qué son los hombres, y eso se debe, como dice el abuelo, a que los hombres se han extinto desde hace tiempo. Zaz.

Es entonces cuando el abuelo ardilla cuenta la historia de la muerte de todos los hombres, y ésta la mejor parte de todo el cortometraje. Los hombres son descritos como monstruos cubiertos de metal que se dedicaban a matarse unos a otros, a tal grado que guerrearon hasta extinguirse por completo.



Esta última guerra de la humanidad es retratada con imaginería sacada directamente de la Primera Guerra Mundial: máscaras de gas, alambres de púas, rifles con sus bayonetas, ametralladoras, tanques, morteros, trincheras, fango... Todo el diseño corresponde al del conflicto que destrozó Europa entre 1914 y 1918 (aunque los aviones se ven ya más modernos, de acuerdo a la época en que se realizó la caricatura). La lucha bélica termina con otra poderosa imagen: la mano del último hombre hundiéndose en el fango.



Luego, después de la destrucción, la vida continúa. Los animalitos del bosque (más ternura insoportable) salen de sus madrigueras una vez que las explosiones han terminado. Encuentran entre las ruinas de la humanidad una iglesia y en ella un libro, la Biblia. El Señor Búho, con su sabiduría legendaria, entiende que la Biblia es un buen libro de reglas sencillas para vivir en paz. Tras leer las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, los animalitos del bosque desarrollan su propia civilización, con todo y Navidad, pero a diferencia de los malvados humanos, ellos sí viven en paz. La Tierra sin hombres conoce así la paz eterna. Y entonces todos vomitamos miel.



Ok, hay bastantito que se le puede sacar a este breve cortometraje. Para empezar podemos y debemos admirar su realización. La animación es estupenda, tanto en las sombrías secuencias de guerra y destrucción, como en los momentos de animalitos adorables. Por favor, tómense un momento para apreciar la pintura de los fondos, la maestría con la que se maneja la luz y las sombras, la animación de la nieve, el agua, el lodo.... y claro, las caritas de esas ardillas, por Deos, que me derrito de tanta bonitez.




Pero también hay algunos aspectos este cortometraje que seguramente les han llamado la atención, pues reflejan la mentalidad de la época de entreguerras. Empecemos por eso del fin del mundo. Miren ustedes, la Primera Guerra Mundial fue algo inédito en la historia humana, y eso que llevamos bastante tiempo dedicados a matarnos los unos a los otros. No es raro que los años que vinieron fueran vistos como una era post-apocalíptica. Los ideales de la modernidad habían fracasado o sido traicionados, la civilización había demostrado ser una cosa sumamente frágil, y la tecnología al servicio de la guerra se convirtió en la nueva pesadilla para la humanidad. Así, ya no parecía imposible que una gran guerra fuera capaz de barrer a la civilización humana de un plumazo. Como reflejo de este sentir tenemos como Beyond Thirty, del maestro del pulp, Edgar Rice Burroughs (el creador de Tarzán y John Carter), que también trata de una Europa que queda reducida a la barbarie después de una guerra continental.  Vaya, y eso que todavía no habían vivido la Segunda...

Otro punto sería la vieja y conocida misantropía, el odio o desprecio hacia la raza humana, y que muchos ambientalistas y animalistas practican hoy en día: la idea de que la humanidad es esencialmente maligna y que el mundo estaría mejor si los Homo spiens nos extinguiéramos toditos. Esta ingenuota noción llega al colmo de la ridiculez al asumir que los animalitos lo harían mejor que nosotros. Por supuesto, estas ideas se caen por tierra cuando uno sabe que los animales, hasta los más bonitos y pacíficos, llevan vidas terriblemente violentas; que el mundo animal está lleno de muerte, canibalismo, infanticidio, violación, guerras, territorialidad y otras linduras; que de hecho nuestros impulsos agresivos no son el resultado de la civilización corrupta, sino la herencia de nuestro origen animal, y que si hemos ido temperando o desterrando esos impulsos poco a poco ha sido un proceso lento y tortuoso (sí, Hobbes tenía razón). No puedo dejar de pensar que en ese momento el Señor Búho no se pondría a leer la Biblia, sino que se comería a los bebés ardilla sin tantita pena.

Pues sí, sin la humanidad la Tierra no estaría sufriendo ahora los efectos de la desforestación, las extinciones masivas, la contaminación de los ecosistemas y el cambio climático. En vez de eso, tendríamos un mundo en el que todas las criaturas llevarían una vida rutinaria de nacer, crecer, reproducirse y morir, sin arte, sin ciencia, sin filosofía, sin creación; un universo maravilloso sin una inteligencia que se maraville de él. Y si piensan que no hay forma objetiva de decir que un mundo con seres inteligentes sea mejor que un mundo sin ellos, pues tienen razón, pero siguiendo esa lógica, tampoco cabría afirmar que un mundo con seres vivos es mejor que uno sin ellos; por lo menos este último carecería de todo dolor y sufrimiento.

Hablando de aspectos incómodos del cortometraje, también podría mencionar su etnocentrismo: una guerra como la 1GM podría dejar a Europa y hasta sus colonias en ruinas, pero difícilmente podría acabar con toda la humanidad, aún si la mayor parte de los países del mundo participó en ella. Dudo mucho que "los últimos dos hombres" fueran un par de europeos en una trinchera. Además, la religión que salva a los animalitos y los lleva de comerse mutuamente en el bosque a usar pantalones para esconder sus genitales es la cristiana; los animalitos no encontraron el Corán 

Last but not least, tenemos la religiosidad. La noción de que sólo hacía falta que se siguieran los preceptos religiosos para que de verdad hubiera paz en la Tierra. Claro, que si uno se fija en los Diez Mandamientos, fuera de los que tienen que ver directamente con Dios, son un cuerpo de reglas muy sencillas y sensatas para una convivencia pacífica y si de verdad TODOS los siguieran, éste sería un mundo más decente. El problema es que la Biblia no es sólo el Decálogo, sino muchos otros pasajes que incluyen como mandato exterminar a los enemigos, quemar a las brujas, ejecutar a los homosexuales y someter a las mujeres. Sin mencionar que media humanidad ha estado haciéndole casi a la Biblia desde hace como 1,500 años y eso difícilmente ha traído la paz (antes al contrario). Algunos dirán "bueno, es que no le han hecho caso al verdadero espíritu de la Biblia", pero a mí se me hace tramposo decir que "No matarás" es más el verdadero espíritu de aquel libro que "No tolerarás a una bruja vivir" (Éxodo 22:18). Darse cuenta de que eso de matar gente no está bien es un triunfo de la reflexión ética, un descubrimiento que diversas culturas han alcanzado a lo largo de la historia, y no el resultado de revelación divina alguna.

Sin embargo, la buena fe de los realizadores de este corto no puede negarse, como tampoco la valentía de mostrarle a los niños imágenes así de fuertes para transmitir su mensaje. A fin de cuentas, la guerra es una atrocidad absurda, y darle a entender a una generación de chicuelos que con la misma peligra la humanidad entera no es cosa fácil. Quizá el mensaje no influiría los líderes del mundo (y ciertamente no iba a conmover a bestias como Hitler y Mussolini), pero a lo mejor algo de él llegaría a los niños de generaciones venideras, y ya sea de forma ingenua o consciente, enseñarlos a desear paz en la Tierra.



En 1955, ya después de la Segunda Guerra Mundial y en plena Guerra Fría, Fred Quimby produjo un refrito de este corto animado, ahora en colaboración con William Hannah y Joseph Barbera (trío detrás de Tom y Jerry; de hecho, si se fijan es el estilo de animación y de diseño de personajes es el mismo) Hay varias diferencias entre ambas obras -la más importante siendo que ahora sí, y más allá de toda duda, la vida misma en la Tierra peligraba ante la posibilidad de una guerra atómica- pero la idea sigue siendo la misma. Les dejo el video a continuación y me despido de ésta, la última entrada del año, deseando paz en la Tierra y buena voluntad para todas las personas.



3 comentarios:

Alexander Strauffon dijo...

Animación con trasfondo sombrío. Nunca me canso de ello.

Alvaro Murga dijo...

Recuerdo esta historia, fue de hecho que la vi en las mismas circunstancias que Ego, una navidad por Cartoon Network. Impresionante el nivel y me pregunté porque no se hicieron más de este tipo. Una joya realmente, dejando de lado los peros con los que coincido con Ego.

Maik Civeira dijo...

Gracias por sus comentarios. Felices dias!

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